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MICROCUENTOS

El documento cuenta la historia de dos náufragos que se encuentran a la deriva en el mar y que encuentran una botella con un mensaje de auxilio escrito un año atrás por uno de los náufragos.

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El documento cuenta la historia de dos náufragos que se encuentran a la deriva en el mar y que encuentran una botella con un mensaje de auxilio escrito un año atrás por uno de los náufragos.

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Botella al mar – Rodrigo Sosa

Hacía meses que estaban a la deriva. Tantos que incluso habían perdido la cuenta. El bote
salvavidas no aguantaría mucho más. El sol pegaba fuerte todo el día, hasta que llegaba la noche y
la temperatura bajaba a lo más profundo de las entrañas de los dos náufragos. Ni siquiera les
quedaba comida. Willy y el Colo ya no soportaban la garganta-seca de tanta agua de lluvia-, el
dolor de las quemaduras, ni las llagas: estaban exhaustos.
Hacía una semana que el cielo se había nublado, una semana que todo se había oscurecido. Y
nada parecía cambiar la situación.
Una tarde, oyeron ruidos en el casco. Leves golpes contra el bote. El Colo se asomó, temeroso.
-¡Una botella, viejo! ¡Parece una botella ¡
-¡Agarrála, hermano!- se desesperó Willy- ¿Qué esperás?
El Colo estiró el brazo aguantando el dolor y, con un increíble esfuerzo, agarró la botella.
Después necesitó de un esfuerzo extra para sacar el corcho, que parecía colocado hacía muchos
años. Al fin abrió la botella y agarró el papel. A pesar de su ansiedad, consiguió desdoblarlo sin
romperlo. Enseguida, y con el último brillo que tenían sus ojos, leyó entre susurros: “Por favor…
Necesitamos ayuda… Si alguien encuentra este mensaje, venga a rescatarnos… Somos náufragos
en algún punto del Atlántico”.
En ese instante salió el sol. El Colo se frotó los ojos y volvió a leer la fecha.
Era de un año atrás. Ahí fue cuando bajo, los esplendores de aquel sol fulgurante. El Colo
reconoció su propia letra.

Un creyente - George Loring Frost

Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de
cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.


El dinosaurio – Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

La casa encantada - Anónimo

Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por
una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un
jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un
hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a
hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria,
que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo
sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a tener su
conversación con el anciano.
Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a Litchfield, donde se realizaba una
fiesta de fin de semana. De pronto tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el
automóvil. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.
-Espéreme un momento –suplicó-, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole
alocadamente. Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima
de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos detalles recordaba ahora con tanta precisión. El
mismo anciano del sueño respondió a su impaciente llamada.
-Dígame –dijo ella-, ¿se vende esta casa?
-Sí –respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Esta casa, hija mía, está
frecuentada por un fantasma!
-Un fantasma –repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿y quién es?
-Usted –dijo el anciano y cerró suavemente la puerta.

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