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Definición y Tipos de Contratos Jurídicos

El documento define el contrato como un acuerdo entre dos o más partes para crear, regular, modificar o extinguir una relación jurídica patrimonial. Explica los requisitos de validez de un contrato como la capacidad de las partes, un objeto posible y lícito, y el consentimiento manifestado. También distingue entre diferentes tipos de actos jurídicos como unilaterales, bilaterales, onerosos y gratuitos.

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Definición y Tipos de Contratos Jurídicos

El documento define el contrato como un acuerdo entre dos o más partes para crear, regular, modificar o extinguir una relación jurídica patrimonial. Explica los requisitos de validez de un contrato como la capacidad de las partes, un objeto posible y lícito, y el consentimiento manifestado. También distingue entre diferentes tipos de actos jurídicos como unilaterales, bilaterales, onerosos y gratuitos.

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EL CONTRATO

El contrato es definido en el artículo 1351 como: “el  acuerdo de dos o más


partes para crear, regular, modificar o extinguir una relación jurídica
patrimonial.”

El acto jurídico encuentra una definición legal en el artículo 140, así: “es la
manifestación de voluntad destinada a crear, regular, modificar o extinguir
relaciones jurídicas

Aquí podemos hallar una similitud expresa: los efectos jurídicos de ambas
instituciones; por otro lado, encontramos sendas diferencias como la
concurrencia de partes, el carácter patrimonial o extrapatrimonial y
la fuente obligacional en ambos casos.

El acto jurídico es una causa determinante de varios efectos jurídicos,


patrimoniales o extrapatrimoniales. El acto jurídico, como causa
determinante en el ordenamiento, tiene una mayor amplitud que el contrato
como fuente de obligaciones, y las obligaciones como tal y sus efectos
jurídicos.

Se dice que la obligación en general, es más extensa que el mismo acto


jurídico, toda vez que existen obligaciones que no necesariamente nacen de
un acto jurídico, por ejemplo, las legales o las derivadas de la voluntad
unilateral. En diversos casos, lo que ocurre, es que a través de un acto
jurídico se tiene la finalidad exclusiva de crear obligaciones entre las partes,
aquí estaremos hablando de un contrato, entendido como fuente de
obligaciones.

Las partes pueden celebrar todo tipo de contrato desde los nominados,


contenidos en el Código Civil desde el artículo 1529 hasta el 1949, como
compraventa, arrendamiento, mutuo, locación y servicios, entre otros

Un contrato es el acto jurídico bilateral o plurilateral, mediante el cual las


partes regulan sus derechos patrimoniales o no patrimoniales, pero
susceptibles de apreciación pecuniaria, en virtud de la aceptación que una
de ellas hace de la oferta formulada por otra
Como parte del contrato también tenemos:

3.- VALIDEZ.-está tipificado en el artículo 140 del código civil que nos exige
los requisitos de validez para el acto jurídico  que serán aplicados al
contrato. Analizamos:

3.1. Agente capaz

En este caso, solo las personas que tienen plena capacidad de ejercicio
pueden celebrar contratos, porque solo alguien con plena capacidad
podrá manifestar válidamente su voluntad o consentimiento; en este caso
tanto los menores como los incapaces no podrían celebrar contratos, salvo
que se encuentren debidamente representados por padres, tutores o
curadores, según sea el caso.

Al respecto, el artículo 1358 establece una excepción: “los incapaces no


privados de discernimiento pueden celebrar contratos relaciones con las
necesidades ordinarias de su vida diaria.” De esta manera, cualquier menor
de edad, podrá comprar una golosina, un juguete, entre otros bienes, que
son naturales a su edad y necesidades.
3.2.Objeto física y jurídicamente posible
Entendemos por jurídicamente posible, su legalidad o licitud; por
físicamente posible, aquello que el agente pueda realizar. En este punto, la
materialización del objeto como tal, es la primera aproximación, de tal
manera que nadie puede vender algo que no existe.

3.3. Fin lícito

La finalidad o fin lícito consiste en la orientación que se da a la


manifestación de la voluntad para que ésta se dirija, directa y
reflexivamente, a la producción de efectos jurídicos. Emite pues, una
identificación de la finalidad del acto jurídico con los efectos buscados
mediante la manifestación de voluntad
3.4. Forma

Todo acto jurídico y contrato deben revestir una formalidad mínima. En


ambos casos es la manifestación de la voluntad exteriorizada. Respecto al
acto jurídico, el artículo 143 establece que: “cuando la ley no designe una
forma específica para un acto jurídico, los interesados pueden usar la que
juzguen conveniente”; la misma norma se extiende a los contratos, de tal
manera que estos se perfeccionan por el consentimiento de las partes;
excepto aquellos que, además deben observar la forma señalada por ley, se
presume que la forma que las partes convienen adoptar anticipadamente y
por escrito es requisito indispensable para la validez del acto

En ambos casos, si la ley ordena determinada forma y el acto no reviste la


forma imperativa, es inválido, consecuentemente, se castiga con nulidad
absoluta este acto.

4. La declaración de voluntad y el consentimiento de las partes


El artículo 141 menciona que la manifestación de la voluntad, puede ser
expresa cuando se realiza en forma oral o escrita, o tácita, cuando se infiere
indubitablemente de una actitud o de circunstancias de
comportamiento que revelan su existencia

Para que exista el acto jurídico, se necesita que exista a su vez, el


consentimiento del agente, y que pueda ser exteriorizado a través de una
declaración. Para el derecho, la declaración de voluntad es un acto jurídico a
través del cual, el sujeto expresa intersubjetivamente algo que está en su
pensamiento. Esta declaración de voluntad es fuente del derecho cuando lo
expresado intersubjetivamente constituye una norma jurídica obligatoria y
no una simple declaración u opinión.

El contrato es un acuerdo voluntario de las partes para alcanzar


una consecuencia jurídica. Como acto jurídico, no puede verse privado de la
manifestación de la voluntad, que en este caso es bilateral

La base o el fundamento del contrato es el consentimiento o acuerdo de


voluntades de las partes sobre el objeto del contrato; sin consentimiento no
hay contrato. Este requisito es básico en todo contrato, deberá versar sobre
todos los extremos y cuestiones que conforman el objeto del contrato.
Faltando acuerdo o consenso sobre alguno de los puntos esenciales, aún no
hay contrato.

5.1. Actos unilaterales, bilaterales y plurilaterales

En este punto lo que interesa es el número declaraciones de voluntad. Al


respecto, en el acto jurídico pueden prevalecer las tres notas
características, sin embargo, en el contrato solo las dos últimas, dada su
propia naturaleza

Un acto unilateral es el reconocimiento de un hijo, la promesa unilateral o  el


otorgamiento del testamento, todos actos jurídicos. Por otro lado, un acto
bilateral tiene como paradigma el contrato como institución jurídica.

5.2. Actos inter vivos o mortis causa

El único acto  mortis causa es el testamento toda vez que, como acto
jurídico, produce todos los efectos jurídicos patrimoniales o
extrapatrimoniales a la muerte de la persona. Salvo esta distinción todos los
actos jurídicos son inter vivos, incluidos bajo esta clasificación, al contrato

5.3. Actos de forma prescrita y de forma voluntaria

Algunos actos no necesitan una forma prescrita en la ley, por ejemplo, el


contrato de donación de bienes muebles de escaso valor establecido en el
artículo 1623; contrario sensu, otros actos exigen de formalidad expresada
en la ley, por ejemplo, la donación de bienes muebles de mayor valor a 25%
de la UIT o los bienes inmuebles

5.4. Actos patrimoniales y extrapatrimoniales


Sabemos que los contratos son actos jurídicos de carácter patrimonial, por
ende, su naturaleza responde a la relación entre intereses de orden
económico, patrimonial o traslativo de riqueza. El carácter patrimonial no
solo comprende los contratos, sino también los derechos reales,
obligacionales y participatorios.

Dada la extensión del campo de los actos jurídicos, estos pueden ser
también extrapatrimoniales, cuando su naturaleza responde a cuestiones de
derechos personales e inapreciables en dinero. El carácter extrapatrimonial
comprende el derecho de personas, familia y sucesorios, sin exceptuar, que
en diversas circunstancias puedan confluir derechos y deberes de ambos
caracteres en las diversas ramas del derecho

5.5. Actos de disposición, de obligación y de administración

Los contratos pueden circunscribirse según la prestación a ejecutar en:

a) actos de disposición, cuando la parte se obliga a transferir la propiedad


de un bien (enajenación para inmuebles y tradición para muebles). En este
caso tenemos los contratos de compraventa, la permuta y otros.

b) actos de obligación propiamente dicha, cuando la parte se compromete a


realizar una obligación de dar, hacer o no hacer respecto otra parte. Cabe
precisar que las obligaciones de dar tienen carácter dispositivo, mientras
que la obligación de hacer o no hacer tienen carácter meramente
obligacional. En este caso tenemos el contrato de locación y servicios, obra
y otros.

c) actos de administración, cuando se transmite los derechos de posesión,


uso, usufructo, salvo la propiedad misma. En este caso tenemos los
contratos de arrendamiento o comodato.

5.6. Actos onerosos y gratuitos


Más que la noción de pecuniariedad, bajo esta clasificación importa para
quién se ha generado la obligación y su ejecución. Mientras que las
obligaciones sean consustanciales a ambas partes, estaremos ante un acto
oneroso, como por ejemplo la compraventa, el mutuo, el arrendamiento,
otros; si la obligación solo recae en una de las partes, estaremos ante
un acto gratuito o de liberalidad, sufriendo la carga de la obligación solo una
de ellas, entendiéndose el resquebrajo de su patrimonio, como, por ejemplo,
la donación

5.7. Actos conmutativos y aleatorios

Cuando las prestaciones y obligaciones son conocidas con certidumbre por


las partes, estamos ante un acto conmutativo, por ejemplo, una
compraventa. Cuando no se tiene certeza de la prestación o los efectos de
la obligación, nos encontramos ante actos aleatorios, por ejemplo, el juego o
la apuesta

5.8. Actos de ejecución inmediata y de ejecución continuada

Los actos de ejecución inmediata son aquellos que se ejecutan en un solo


momento. En los contratos, debemos precisar que no son aquellos cuyas
prestaciones se consuman en el momento de la celebración del mismo,
toda vez que esa distinción ha quedado observada en la práctica, donde en
muchos casos, se necesitan de otros actos posteriores para ejecutar la
obligación plenamente.

Los actos de ejecución continuada son aquellos que derivan en una


ejecución prestaciones y producción de efectos de manera continua o
periódica.
EL CONTRATO DE COMPRA VENTA

¿QUÉ ES EL CONTRATO?

El contrato es el instrumento jurídico de la libertad que, por naturaleza, vincula a las personas
cuando preexiste entre ellas una voluntad responsable y legitimada por el ordenamiento jurídico,
aun cuando esta sea de manera general e indirecta. Su contribución a la economía y a la sociedad
es fundamental, ya que permite circular la riqueza y satisfacer necesidades. Prueba de ello es que
el contrato admite el intercambio de titularidades y posiciones contractuales, así como el
cumplimiento de prestaciones filantrópicas (contrato de donación) y humanitarias (contrato de
alimentos). El contrato se menoscaba con la mala fe o su posterior incumplimiento, emergen
entonces obligaciones y responsabilidades. Por lo tanto, el contrato contribuye a la existencia del
hombre y lo seguirá haciendo siempre que el Estado lo reconozca y garantice

Los Contratos de Compra-venta


1.1.- ORIGEN E HISTORIA.
La Compra-venta no es obra del derecho Romano, es una operación muy antigua, conocida ente
los Egipcios hace más de 1,500 años A.C. conforme a la Biblia y según la historia general, era ya
ordinaria en Babilonia, hace 900 años A.C., todas como hemos precisado, estas sociedades fueron
anteriores a Roma que aparece en 753 años A.C., como un pueblo rústico que bajo el dominio de
los Etruscos, adquieren conocimientos y cultura. Durante su evolución es que aparece la ley de las
XII tablas, donde este contrato resalta en la tabla VI, pues es la que sujetaba al que se obligaba, al
pago de una cosa comprada y caso de negativa, debía pagar el doble. Pero a través del tiempo, ese
derecho antiguo fue transformado por las instituciones del Emperador Justiniano, donde se
profundizó el carácter consensual de la venta. Ortolan en su explicación histórica de las
instituciones del emperador Justiniano, se expresó: "Las obligaciones se forman por el solo
consentimiento, en los contratos de venta, alquiler, sociedad y mandato. Se dice que en ese caso
que la obligación se contrae por el consentimiento exclusivo, porque no es necesario, para que el
acuerdo nazca, ni el escrito, ni la presencia de las partes, ni la disminución del precio de alguna
cosa…."
Sin embargo la doctrina llega aún más lejos, en el contexto práctico al expresar: "La
gran innovación sería subordinar la formación del contrato de Compra-Venta, al establecimiento
de un acto escrito". La posición no solo formula el planteamiento de las pruebas, sino los
requerimientos que la propia ley exige en ciertas materias, tales como la
inmobiliaria, ventas condicionales de muebles e inmuebles.
El Derecho Romano en su progresiva evolución se vio precisado a tutelar,
mediante acciones especiales, ciertas convenciones que no se formalizaban por la palabra,
la escritura o la entrega de la cosa, apareciendo así los contratos que no requerían solemnidades
para su celebración, pues donde bastaba el simple acuerdo de las partes para que quedaran
perfeccionados, admitiéndose que la voluntad sea expresada entre ausentes (carta o un
intermediario).
Finalmente, cuando la evolución del Derecho Romano hizo del acuerdo de voluntades el elemento
característico del contrato, se acepta que puedan ser perfeccionados por el mero consentimiento
de las partes, apareciendo así, los contratos consensuales

1.- Introducción

El contrato de compraventa (en latín emptio venditio) es indiscutiblemente el que tiene mayor


importancia entre los de su clase, en primer lugar, porque se trata del contrato tipo de los
translativos de dominio y, además, porque constituye la principal forma moderna de adquisición
de riqueza; es decir, tanto en su función jurídica como económica, debe merecer un estudio
especial.

Como contrato tipo de los translativos de dominio, aplicaremos sus reglas principales a la
permuta; sufrirán estas modificaciones esenciales en la donación; también recurriremos a la
compraventa para explicarnos ciertas especialidades del mutuo, de la sociedad, de la transacción y
de la renta vitalicia. (Rojina Villegas, 2001, p. 48)

Efectivamente, el contrato de compraventa reviste tal importancia, pero no solo porque a través
de este se transfiere la propiedad sino también porque debido a su riqueza conceptual,
modalidades y pactos que lo puedan integrar, toma más tiempo revisarlo, explicarlo y entenderlo
a cabalidad en las distintas facultades de derecho de cualquier país. Recordemos que para conocer
íntegramente esta institución se tienen que revisar la venta de bien futuro; la venta de esperanza
incierta; la venta de bien ajeno; la venta a satisfacción del comprador, a prueba y sobre muestra;
la compraventa sobre medida, la compraventa sobre documentos; la compraventa con reserva de
propiedad; el pacto de retroventa y el derecho de retracto. Asimismo, el contrato que le sigue en
nuestro Código Civil, nos referimos a la permuta, se regirá por sus disposiciones en lo que le
resulten aplicables (1603 del CC).

Por otra parte, la compraventa constituye el medio primordial de adquirir el dominio. Las formas
de adquisición del dominio están representadas por el contrato, la herencia, la prescripción, la
ocupación, la accesión, la adjudicación y la ley. El contrato es en el derecho moderno la forma
principal de adquirir el dominio, dentro de grupo de los contratos translativos, y la compraventa es
a su vez la figura fundamental para adquirir la propiedad dentro de los contratos translativos de
dominio. (Rojina Villegas, 2001, p. 48)

Comprar o vender son, pues, actividades que nos acompañan a lo largo de la vida tengamos
nociones jurídicas o no.

2.- Compraventa

De acuerdo al artículo 1529 del Código Civil (en adelante CC):

“Por la compraventa el vendedor se obliga a transferir la propiedad de un bien al comprador y éste


a pagar su precio en dinero”.

De la definición que contiene este numeral se extraen a las partes del contrato de compraventa
(comprador y vendedor) y la prestación a cargo deM cada una de las partes.

De las doctrinas y casaciones expuestas podemos definir a la compraventa como aquel contrato


en virtud del cual una parte denominada vendedora se obliga a transferir la propiedad de un bien
mueble o inmueble a cambio de que la otra parte denominada compradora le de un precio en
dinero.

2.1.- Partes del Contrato

Por un lado tenemos al vendedor que se obliga a transferir un bien (mueble o inmueble) y por el
otro al comprador que se obliga a pagar su precio en dinero.
2.2.- Prestaciones a cargo de las partes

Con respecto a la prestación a cargo del vendedor, este se obliga a entregar un bien inmueble,
verbigracia una casa o un bien mueble, por ejemplo un libro.

Con respecto a la prestación a cargo del comprador, este se obliga a pagar un precio en dinero.
Como en el caso de la prestación de la contraparte, se trata de una obligación con prestación de
dar.

Obligaciones del vendedor:


 Transmitir la propiedad o título de derecho.
 Conservar el bien objeto de la compra-venta hasta su entrega.
 Entregar el Objeto o Artículo.
 Garantizar al adquiriente una posesión útil.
 Garantizar al comprador una posesión pacífica.
 Responder a la evicción.
 Responder de los vicios y defectos ocultos que tenga la el bien.
Obligaciones del comprador:
 Pagar el precio.
 Pagar intereses en caso de demora o de compraventa con precio aplazado.
 Recibir la cosa comprada.
 Recibir en buen estado y no quedar moroso
Estas obligaciones pueden variar según las diversas legislaciones de los Estados y, especialmente,
según la voluntad de los agentes que intervienen en la celebración de este tipo de contratos en
aplicación del principio de autonomía de la voluntad privada.

2.3. Algunas particularidades sobre la transferencia de propiedad de los bienes inmuebles

De la definición de compraventa se desprende que el contrato no se confunde con la traslación de


dominio y nada impide que esta última se produzca en un momento distinto, como acontece con
la tradición o entrega posterior de los bienes muebles o con la compraventa de inmuebles con
pacto de reserva de propiedad (artículo 1583 del CC). (Arias Schreiber Pezet, 2011, p. 31)

De la opinión citada podríamos colegir que el contrato (título) per se no transmite la propiedad del
bien inmueble sino que hace falta un acto posterior (modo) que concretice el traspaso del dominio
del vendedor al acreedor.

Sin embargo vale la pena recordar que en virtud del 949 del CC:

“La sola obligación de enajenar un inmueble determinado hace al acreedor propietario de él, salvo
disposición legal diferente o pacto en contrario”.
Pareciera que en virtud de este artículo, celebrado el contrato de compraventa el comprador
adquiere automáticamente la propiedad del bien incluso antes de entrar en posesión del mismo.

Esta no es una opinión pacífica en la judicatura nacional. Por ello se alega que en el sistema civil
peruano por la compraventa no se transfiere la propiedad de la cosa objeto del contrato, sino
que el vendedor se obliga a transferirla, pudiendo versar sobre bienes ajenos. (Exp. Nº 147-1993-
Ancash. N.L. Nº 238, p. J-24.)

Es decir, el solo consentimiento generará la obligación del vendedor de transferir la propiedad del
bien al comprador pudiéndose producir la entrega efectiva del bien en un momento posterior sin
generar problema alguno. No obstante, incluso en este caso, el comprador no tendría la plena
certeza de haber adquirido la propiedad del mencionado bien sino hasta que haga oponible  erga
omnes tal derecho (título) inscribiendo la compraventa en los registros públicos.

En el mismo sentido una doctrina brasileña, sigue la tesis obligacional de la compraventa como un
negocio jurídico bilateral, en el que la obligación del enajenante consiste en la entrega de la cosa,
mientras que la prestación del adquirente se traduce en el pago de un precio en dinero. Al igual
que la permuta y la donación, es un contrato traslativo que funciona como un título o
causa, mientras que la tradición y el registro son los modos de transmisión de la propiedad. Por
lo tanto, si el enajenante promueve ventas sucesivas y el primer comprador no se ocupa de
promover el registro, el primero en registrar el bien será el propietario, quedándole al comprador
primitivo el presentar una acción indemnizatoria contra el enajenante. (Rosenvald, 2010, p. 542)

De las opiniones citadas somos de la opinión que el contrato de compraventa (título) solo
generará la obligación de trasmitir la propiedad de un bien inmueble y la transmisión definitiva
(modo) se dará con la entrega del bien más su inscripción en el registro correspondiente.

3.- Caracteres del contrato de compra venta.

El contrato de compraventa es un contrato consensual bilateral oneroso, normalmente


conmutativo y traslativo del dominio.

1. Consensual porque su perfección se produce por el solo acuerdo o conformidad entre


los contratantes. Así el artículo 1450 del Código Civil insiste en la no necesidad de la entrega de la
cosa y el precio para que el contrato se perfeccione diferenciándose así la perfección del contrato
de la consumación, momento este último que se produce con la entrega de la cosa.

2. Bilateral (Obligatoria) porque produce obligaciones recíprocas para ambos


contratantes.

3. Oneroso porque supone una equivalencia de prestaciones entre comprador y vendedor.

4. Traslativo del dominio porque sirve de título para transmitir el dominio siendo


necesario para que se produzca esa transmisión de la propiedad que junto a ese título se produzca
el modo o entrega de la cosa.
5. Es autónomo porque no depende de otros contratos

6. Es un contrato típico: significa que está regulado por la ley

4.- Elementos de la compraventa (El bien y el precio) y su distinción con la permuta

La cosa, el precio y el consentimiento son presupuestos de la existencia del negocio, sin los cuales
no habrá la hipótesis de incidencia para que la compraventa penetre en el mundo jurídico. Existe
pues un intercambio de bienes por dinero -de hecho, lo que distingue a la venta de la permuta-,
que por regla general prescinde de solemnidades, con la excepción de las impuestas públicamente
para la enajenación de inmuebles que excedan los treinta salarios mínimos. (Rosenvald, 2010, p.
542)

Elementos personales
Los elementos personales de este contrato se conforman por dos partes: el comprador y el
vendedor.

a. Vendedor: aquella persona física o moral que se obliga a transferir el dominio de una cosa
o un derecho a otro.
b. Comprador: aquella persona física o moral que se obliga para con el vendedor a pagar un
precio cierto y en dinero a cambio de una cosa que pasará a su propiedad.

Elementos reales
Los elementos reales son dos: precio y cosa.
a. Precio
Como parte de la prestación que debe dar el comprador, el precio debe tener las siguientes
características:

 Cierto, es decir, que debe ser determinado y determinable, debe fijarse al celebrar el
contrato de manera precisa, matemática y exacta).
 En dinero, es decir, se puede pactar dentro del contrato que una parte se pague en
dinero y otra parte del precio se pague en especie siempre y cuando el importe en
dinero sea igual o mayor que el valor de esa cosa.
 Verdadero: no debe ser ficticio, pues si no se estaría en presencia de un contrato
ficticio o de donación.
 Justicia, No es requisito de validez del precio su justicia.

b. Cosa (bien)
Pueden ser objeto del contrato de compraventa todas las cosas (bienes) y derechos que
reúnan los siguientes requisitos:

 Debe existir en la naturaleza. También pueden ser objeto del contrato las cosas
futuras o las compras de esperanza.
 Debe estar determinado, es decir, individualizado puntualizando ciertos respecto a la
cosa.
 Debe ser determinable en especie, es decir, datos de género, calidad, cantidad, peso
o medida.
o Nota: el bien objeto del contrato de compra venta, nunca podrá ser
indeterminado.
 Debe estar en el comercio. Las cosas pueden estar fuera del comercio por su
naturaleza, es decir, no puede ser poseída por algún individuo, y cuando la ley así lo
declare.7

c. Elementos formales
Los contratos de compraventa tienen dos vertientes:

1. Contratos de compraventa de bienes muebles. La ley no exige una manera


especial para que se exteriorice el consentimiento; por lo tanto, la forma es libre.
Por lo que, este contrato puede celebrarse en escritura pública, en documento
privado, con o sin testigos, en forma verbal o por actos o circunstancias que
necesariamente supongan ese consentimiento. No obstante debe tenerse
presente que en nuestro país para el perfeccionamiento de la compra venta sobre
bienes muebles se requiere de la tradición (del latín traditio), o sea, de la entrega
física del bien.
2. Contratos de compraventa de bienes inmuebles. Este contrato en nuestro país se
perfecciona con el consentimiento, el artículo 949 del Código Civil regula que no
es necesario ninguna formalidad, lo que significa que también este contrato se
celebra con libertad de formas.

En nuestro ordenamiento tanto el bien como el precio son elementos esenciales y especiales de la
compraventa, por lo que de faltar uno de ellos podrá existir cualquier otro contrato (como la
permuta[1]) pero no compraventa.

La permuta es un contrato bilateral y conmutativo como la compraventa por el cual se promete


una cosa o derecho a cambio de otra, diferenciándose de la compraventa en que no hay precio,
pero ambos contratantes son propietarios de los bienes a permutarse. Por consiguiente, en la
permuta rigen las disposiciones de la compraventa en lo que le sean aplicables. (Exp. Nº 1338-
1994-La Libertad. M. Ledesma, p. 428.)

.5.- MODALIDADES DEL CONSENTIMIENTO EN EL CONTRATO DE COMPRA-VENTA.


 Compraventa con reserva de dominio: Es aquella en que la transferencia del dominio
queda sujeta a una condición suspensiva que puede consistir en el pago del precio o
cualquier otra lícita. No es reconocida por todos los ordenamientos jurídicos.
 Compraventa a plazo (en abonos): Es aquella en que el vendedor, por un lado, realiza
la transferencia de la propiedad, y por otro el comprador, se obliga a realizar el pago
fraccionado en un determinado número de cuotas periódicas.
 Compraventa ad gustum (al gusto): Es aquella que está sometida a la condición futura
e incierta de superar una prueba o degustación que permita averiguar si la cosa posee
la calidad expresa o tácitamente convenida.
 Compraventa con pacto de preferencia: Es aquella en la que se establece, para el
comprador, la obligación de permitir, en caso de futura venta, que una
determinada persona adquiera la cosa, con prioridad sobre el resto de eventuales
compradores. Igualmente, el comprador estará además obligado a informar al
beneficiario del pacto de preferencia sobre la puesta en venta del bien.
 Compraventa con pacto de retroventa: Es aquella en que se atribuye al vendedor un
derecho subjetivo, por el que puede recuperar el objeto vendido. Cabe añadir que la
finalidad económica de esta figura gira en torno a la posibilidad de que el vendedor
adquiera liquidez suficiente, con la futura esperanza de recuperar la cosa. De ahí que
existan grandes facilidades para simular una compraventa con pacto de retroventa,
tratándose realmente de un préstamo garantizado.
 Compraventa con pacto comisorio.
 Compraventa con arras. Esta es un acuerdo, mediante el pago de una compensación
económica de una suma de dinero, conocida como arras.
 Compraventa con garantía hipotecaria: Es aquel que se realiza cuando el comprador
adquiere un bien mueble o inmueble y en el mismo acto está adquiriendo e
hipotecando. Se hace ante la fe de un notario público y para que se pueda realizar la
compraventa en esta modalidad el bien no debe tener ningún gravamen, esto se debe
demostrar con un certificado que expide el Registro Público de la Propiedad
y Comercio del Estado en donde se esté realizando el contrato
5.- Conclusiones

El contrato de compraventa reviste tal importancia, pero no solo porque a través de este se
transfiere la propiedad sino también porque debido a su riqueza conceptual, modalidades y pactos
que lo puedan integrar, toma más tiempo revisarlo, explicarlo y entenderlo a cabalidad en las
distintas facultades de derecho de cualquier país. Recordemos que para conocer íntegramente
esta institución se tienen que revisar la venta de bien futuro; la venta de esperanza incierta; la
venta de bien ajeno; la venta a satisfacción del comprador, a prueba y sobre muestra; la
compraventa sobre medida, la compraventa sobre documentos; la compraventa con reserva de
propiedad; el pacto de retroventa y el derecho de retracto.

El contrato de permuta se regirá por las disposiciones de la compraventa en lo que sean aplicables
(1603 del CC).

Comprar o vender son, pues, actividades que nos acompañan a lo largo de la vida tengamos
nociones jurídicas o no.

El solo consentimiento genera la obligación del vendedor de transferir la propiedad del bien al
comprador, sin embargo, la entrega efectiva del bien podría producirse en un momento distinto
sin generar problema alguno.

Para hacer oponibles los derechos de propiedad erga omnes será necesario inscribir la


compraventa en los registros públicos.
El contrato de compraventa (título) solo generará la obligación de trasmitir la propiedad de un
bien inmueble y la transmisión definitiva (modo) se dará con la entrega del bien más su inscripción
en el registro correspondiente.

En nuestro ordenamiento tanto el bien como el precio son elementos esenciales de la


compraventa por lo que de faltar uno de ellos podrá existir cualquier otro contrato (como la
permuta) pero no compraventa.

Podemos definir a la compraventa como aquel contrato en virtud del cual una parte denominada
vendedora se obliga a transferir la propiedad de un bien mueble o inmueble a cambio de que la
otra parte denominada compradora le de un precio en dinero. 

CLASIFICACION DE LOS CONTRATOS


 

   

1.- Contratos Unilaterales y Bilaterales:


*Contrato Unilateral: es un acuerdo de voluntades que engendra solo obligaciones
para una parte. 

*Contrato Bilateral: es el acuerdo de voluntades que da nacimiento obligaciones


para ambas partes. 
Cuando en un contrato bilateral existen obligaciones que impliquen la transferencia
de una cosa, si está se destruye por caso fortuito o fuerza mayor es necesario
poder establecer quién debe de sufrir la pérdida. La cosa siempre perece para el
acreedor (en los contratos traslativos de dominio el acreedor es el dueño;
mientras en los contratos traslativos de uso, el acreedor a la restitución es el
dueño y la cosa perece para él).
Si el contrato fuere unilateral no habría posibilidad de plantear el problema,
porque esta cuestión supone que siendo las obligaciones recíprocas, una parte no
cumple entregando la cosa, por un caso de fuerza mayor y en atención a esto la
otra parte debe cumplir, ya que no es imputable el incumplimiento del deudor.

2.- Contratos Onerosos y Gratuitos:


*Contrato Oneroso: es aquél en el que existen beneficios y gravámenes recíprocos,
en éste hay un sacrificio equivalente que realizan las partes; por ejemplo, la
compraventa, porque el vendedor recibe el provecho del precio y a la vez entrega
la cosa, y viceversa, el comprador recibe el provecho de recibir la cosa y el
gravamen de pagar. 

*Contrato Gratuito: sólo tiene por objeto la utilidad de una de las dos partes,
sufriendo la otra el gravamen. Es gratuito, por tanto, aquel contrato en el que el
provecho es para una sola de las partes, como por ejemplo el comodato. 

3.- Contratos Conmutativos y Aleatorios:


*Contrato Conmutativo: es aquel contrato en el cual las prestaciones que se deben
las partes son ciertas desde el momento que se celebra el acto jurídico, un ejemplo
muy claro es el contrato de compraventa de una casa. 

*Contratos Aleatorios: es aquel que surge cuando la prestación depende de un


acontecimiento futuro e incierto y al momento de contratar, no se saben las
ganancias o pérdidas hasta el momento que se realice este acontecimiento futuro.
Ejemplos son el contrato de compraventa de cosecha llamado de "esperanza",
apuestas, juegos, etc. 

4.- Contratos Principales y Accesorios:


*Contrato Principal: es aquel que existe por sí mismo, en tanto que los accesorios
son los que dependen de un contrato principal. Los accesorios siguen la suerte de lo
principal porque la nulidad o la inexistencia de los primeros originan a su vez, la
nulidad o la inexistencia del contrato accesorio. 

*Contratos Accesorios: son también llamados "de garantía", porque generalmente


se constituyen para garantizar el cumplimiento de una obligación que se reputa
principal, y de esta forma de garantía puede ser personal, como la fianza, en que
una persona se obliga a pagar por el deudor, si éste no lo hace; o real, como el de
hipoteca, el de prenda, en que se constituye un derecho real sobre un bien
enajenable, para garantizar el cumplimiento de una obligación y su preferencia en
el pago. 
La regla de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, sufre en ciertos casos
excepciones, porque no podría existir el contrato accesorio, sin que previamente no
se constituyese el principal; sin embargo, el Derecho nos presenta casos que puede
haber fianza, prenda o hipoteca, sin que haya todavía una obligación principal, como
ocurre cuando se garantizan obligaciones futuras o condicionales.

5.- Contratos Instantáneos y de Tracto Sucesivo:


*Contrato Instantáneo: son aquellos que se cumplen en el mismo momento en que se
celebran, es decir, su cumplimiento se lleva a cabo en un solo acto. 

*Contrato de Tracto Sucesivo: es aquel en que el cumplimiento de las prestaciones


se realiza en un periodo determinado, y que, por deseo de las partes se puede
extender para satisfacer sus necesidades primordiales y estos términos pueden
ser: 
Ejecución continuada: ejecución única pero sin interrupción. 
Ejecución periódica: varias prestaciones que se ejecutan en fechas establecidas. 
Ejecución intermitente: se da cuando lo solicita la otra parte. 

CON OTRO CRITERIO.


 Enumeración general

Al igual que los actos jurídicos y las obligaciones, los contratos pueden clasificarse de acuerdo
a criterios básicos. Hay muchas clasificaciones; señalaremos las principales en el siguiente
cuadro general:

1.       Por la naturaleza del vínculo. Unilaterales o Bilaterales:  

      Son Contratos unilaterales aquellos en los cuales una de las partes resulte la única
obligada para con la otra; contiene una sola prestación a cargo de la parte obligada, es decir,
que cada una de las partes o es solamente acreedora o solamente deudora.  

       Son Bilaterales, aquellos contratos de obligaciones recíprocas; contienen una prestación
y una contraprestación interrelacionadas, es decir, que una es causa y efecto de la otra, que
una no puede existir sin la otra; y por lo tanto, casa una de las partes es a la vez acreedora y
deudora (Art. 1.134 del C.C.).

Ej.: Unilaterales: El mutuo.

Ej.: Bilaterales: Compra-Venta, permuta, locación-conducción, sociedad.

2.       Por su objeto. Son: Onerosos y Gratuitos.  

       Oneroso cuando derivan ventajas recíprocas para ambas partes.  

       Gratuito si la ventaja es solo para una de las partes.

Son contratos onerosos: la locación-conducción, la compraventa, la permuta.

Son contratos gratuitos: el comodato. La donación pura, el mandato gratuito.

Como se podrá observar, se da el caso de que los bilaterales son onerosos, y los unilaterales
son los gratuitos.

3.       Por su forma. Son Solemnes, No Solemnes.

a.       Solemnes, son los contratos para cuya validez se requiere de forma determinada, bajo pena
de nulidad (Ej.: la sociedad).

b.      No solemnes, son aquellos en que la forma que se adopte no tiene ninguna eficacia para su
validez. Se trata acá de la “forma ad solemnitatem” (condición de validez del acto) que es
distinta de la “forma ad probationem” que solo sirve para facilitar a las partes la prueba de la
celebración del acto.
4.       Por el efecto jurídico que producen. Son Obligatorios y Resolutorios.

a.       Obligatorios. Son aquellos que generan obligaciones para con las partes contratantes;
pertenecen a este primer grupo la mayoría de los contratos.

b.      Resolutorios. Llamados también liberatorios o extintivos son aquellos mediante los cuales se


deshace “un contrato anterior precedente”.

5.       Por la forma de su existencia. Son Principales, Accesorios:

a.       Principales. Son los que subsisten por si mismos con autonomía propia. Ej.: mutuo,
sociedad, comodato, locación-conducción, compraventa.

b.      Accesorios. Son los que tienen por objeto asegurar el cumplimiento de una obligación
principal: pueden ser: 1. Reales, Derecho de Garantía; 2. Personales, la fianza. Los contratos
principales se clasifican en traslativos de domino (compra-venta, donación, permuta, cesión de
créditos) y traslativos de uso (comodato, locación-conducción).

6.       Según estén o no disciplinados por la ley. Son Nominados o innominados:

a.       Nominados. Llamado también típico, es el que tiene en la ley una denominación y una


regulación que lo caracteriza e individualizan, contrariamente a lo que sucede con el contrato
innominado o atípico.

b.      Innominados. Son aquellos que no han sido previstos por el legislador, que no tienen
disciplina jurídica propia. En realidad toda la riqueza de contratación se nutre del fenómeno
del contrato innominado o atípico, gracias a la contratación innominada, día a día se crean
nuevas figuras jurídicas contractuales.

7.       Por la forma como nacen y la manera como concluyen. Son:

a.       Contratos de ejecución instantánea. Son aquellos en los que las obligaciones se cumplen
en un solo momento, Ej.: la compra-venta.

b.      Tracto sucesivo. Son aquellos contratos en los que las obligaciones de una de las partes o
de ambas consisten en prestaciones periódicas y continuas, Ej.: Locación - conducción,
mandato, Sociedades. En este contrato es necesario el transcurso del tiempo para que las
prestaciones se vayan cumpliendo.

8.       Por la forma como se perfeccionan. Son:

a.       Contratos reales. Son los que además del consentimiento se precisa de la entrega o


tradición de la cosa, Ej.: prenda, deposito.

b.      Consensuales. Son aquellos en que para el nacimiento del contrato es suficiente el acuerdo
de voluntades.
9.       Contratos de libre discusión y de adhesión.
 
      El contrato es de libre discusión  cuando las partes, en igualdad de situaciones,
establecen de mutuo acuerdo, los extremos del contrato, sin presiones de ninguna índole.
Cada parte actúa en defensa de sus propios intereses y tienen la oportunidad de discutir,
analizar, contraofertar, etc. Llegando después de tal confrontación a una coincidencia de
pareceres. Es la forma como normalmente se formalizar los contratos.

El contrato es de adhesión cuando una de las partes impone condiciones a la otra, que no


puede discutir, porque para él solo se le presenta una alternativa; o la acepta o la rechaza. Si
acepta el contrato se formaliza, pero deberá admitir la totalidad de las condiciones ya
estipuladas. Es más, en estos contratos el oferente tiene el contrato preestablecido en
formatos o formularios que no podrán modificarse. De allí el nombre que los autores han
forjado de contrato de adhesión. Son contratos de adhesión, los de transporte terrestre,
marítimo o aéreo; los de seguros, los de suministro de electricidad, agua, teléfono, etc., y
hasta los de alquileres de locales por las grandes inmobiliarias.

10.   Contratos individuales y contratos colectivos.

a.       Individual. Cuando para su concertación se requiere del consentimiento unánime de las


partes que intervienen, ya sea en forma personal y directa o por intermedio de representantes.
Este contrato no siempre ha de formalizarse solo entre dos personas; puede haber una
pluralidad en cualquiera de los lados de la relación contractual; así en la compra-venta, varios
compradores frente a varios vendedores.

b.      Colectivos. No se requiere el consentimiento unánime. Afecta a los miembros de una


colectividad o agrupación, a pesar de que alguno de sus integrantes no haya manifestado su
aceptación o lo haya rechazado expresamente; obliga a un grupo de personas haciendo
abstracción de sus consentimiento. Se impone la voluntad de la mayoría.

11.   Contratos conmutativos y contratos aleatorios. Son:

a.       El contrato se llama conmutativo cuando la ventaja que cada parte pretende obtener de la
otra y el sacrificio que ofrece a cambio de aquella, pueden ser determinados por cada parte en
el mismo momento de la celebración del contrato. Tal ocurre con la venta, el arrendamiento y,
en general, con todos los contratos bilaterales que no sean de los que caracterizamos como
"aleatorios”.

b.      El contrato es aleatorio  cuando esa ventaja, en relación con el sacrificio que por ella se
paga, no resulta determinable en el momento de la celebración del contrato, sino que solo se
revelara por el curso de los acontecimientos (Art. 1.136). Para cada parte, o al menos para
una de ellas, es pues objetivamente incierto en el momento de celebrar el contrato si este le
reportara o no una ventaja en relación con el sacrificio que hace. De allí el nombre de
“aleatorio” pues “alea” significa precisamente “suerte”, “azar”. Como ejemplo de contratos
aleatorio para ambas partes se citan el juego (Art. 1.801) y el contrato de seguros (Art. 548
C.Com.), como ejemplo de contrato aleatorio en que el álea existe solo para quien debe pagar
la renta, pero no para quien ya ha recibido el bien o capital mediante la cual se la constituye,
se cita la constitución de renta vitalicia a título oneroso (Art. 1.788 y ss.). Melich Orsini, José.
Doctrina General del Contrato, Pág. 50.
EL PRINCIPIO DE AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD PRIVADA

1.ANTECEDENTES:

El marco histórico del principio de la autonomía privada, el aporte de esta misma a la


concepción o concepto moderno de contrato, incluido en los diferentes códigos civiles y de
derecho privado, influenciados directamente por la creación de los mismos recibió
influencia directa de los postulados emergidos del Código de Napoleón, impregnados como
ya se tuvo oportunidad de mencionar del individualismo propio de la época transcurrida
entre el siglo VI y el XIX.

El principio de la autonomía de la voluntad consiste en considerar que toda persona solo


puede obligarse en virtud de su propio querer libremente manifestado. Solo la voluntad de
un sujeto de derecho es apta para producir obligaciones. En el campo contractual el
principio produce efectos determinados que contribuyen a perfilar aún más sus alcances, a
saber, y así nace la autonomía privada

2.- CONCEPTO

El concepto de la autonomía privada se encuentra presente en todos los contratos privados a


través del poder, facultad o voluntad para crear relaciones jurídicas y la libertad para
determinar el contenido de lo que se quiere crear.

Así se puede notar que la libertad se encuentra intrínsecamente unida a la autonomía


privada, la cual como se ha expresado comprende en el ámbito Contractual dos facultades:
la libertad de contratar y la libertad contractual. Sin embargo, ellas constituyen derechos y
no obligaciones y, como tales, depende de las personas si las ejerce o no.

La autonomía privada es una libertad de los particulares para autorregular sus intereses
personales, familiares o patrimoniales, propia de las personas por el simple hecho de serlo,
por tanto, connatural o por el contrario, es una facultad que existe para el derecho porque el
legislador la reconoce regula y otorga a los ciudadanos. Esta facultad constituye una
expresión del imperativo categórico de la libertad individual, una expresión de ella, por lo
tanto, innata a la naturaleza humana y consecuencialmente, al legislador solo le
corresponde el reconocerla n el campo jurídico

si se acepta que todo contrato se basa en la autonomía privada de las partes, y que la misma
a su vez está conformada por la libertad de contratar y la libertad contractual, es obvio que
en la estructura de contrato clásico o tradicional ambas potestades se encuentran presentes
en toda su esencia. Pero con las restricciones impuestas al principio de autonomía de la
voluntad, manifestadas tanto en los límites y las limitaciones, estas libertades se encuentran
reducidas a su mínima expresión, o incluso anuladas.

3. NATURALEZA

El principio de autonomía privada se manifiesta en el contrato, en la posibilidad hecha


realidad en los ordenamientos jurídicos que lo reconocen de decidir, los sujetos, concertar o
no un contrato, en virtud de lo cual las partes pueden crear libremente todas las relaciones
jurídicas que entre ellas consideran pertinentes. Además, nadie puede ser obligado a
contratar contra su voluntad; no hay obligación de ofrecer y quien recibe una oferta puede a
su arbitrio aceptarla o rechazarla, y si opta por este último camino, y que es su opción de la
de contratar o abstenerse de hacerlo y de seleccionar con quien lo hace.

otra de las consecuencias de este principio de libertad de elegir el tipo contractual, que se
manifiesta además en la posibilidad de discutir el contenido del contrato unto la voluntad de
las partes es la que determina el contenido del contrato de manera que su interpretación se
atiende fundamentalmente a su intención. las partes son libres también para atribuir a los
contratos celebrados los efectos que consideren pertinentes, ya que las reglas del legislador
son, en general, meramente supletorias de su voluntad en virtud de este principio las partes
pueden también elegir la forma en que se debe constituir el contrato, y tienen igualmente
independencia para establecer el objeto del contrato y de suprimirlo o modificarlo.

4.- PARTES:

La autonomía privada en sentido amplio, está conformada por dos partes:


 Primeramente, por el poder atribuido a la voluntad respecto de la creación,
modificación y extinción de las relaciones jurídicas, considerada también como
autonomía privada en sentido estricto, referida a la esfera del negocio jurídico
 Y en segundo lugar por el poder de esa voluntad referido al uso, goce y disposición
de poderes, facultades y derechos subjetivos. Los que se concretan en torno de las
figuras más típicas, concretada en el ámbito del ejercicio de los derechos subjetivos.

Por lo que, desde esa perspectiva, la autonomía de la voluntad se analiza en dos


sentidos, como creadora de normas jurídicas del ordenamiento jurídico que pasan a
conformarlo junto a las demás. Pero además es por otra parte creadora de
relaciones jurídicas concretas y reconocidas por el derecho.

5.- CARACTERÍSTICAS:

Lo esencial y definitivo respecto a la autonomía privada, es la facultad de los particulares


de poder autorregular sus propios intereses. Lo que coloca al parecer este debate, de si es
poder atribuido o reconocido por el legislador a los particulares en el plano aparentemente
semántico. Pero su alcance no es meramente semántico, pues detrás de cada una de las
posiciones se esconde una tendencia filosófica e incluso ideológica del derecho.

El contrato y la autonomía privada asumen efectivamente la forma y dimensión


establecidas por las relaciones sociales en una determinada sociedad y época teniendo en
cuenta la base de economía social que orienta la sociedad y el derecho como su
conceptualización

6. ESTADO DE LA CUESTIÓN DE LA CONTRATACIÓN PRIVADA

Desde hace más de una década que el modelo económico imperante en nuestro país es el de
una economía de libre mercado. Recordemos que este modelo liberal se encuentra
construido, esencialmente, sobre la base de dos presupuestos: la libre competencia y la no-
intervención del Estado en las relaciones privadas.

Coincidente con esta política económica, la Constitución del Perú de 1993 en su artículo
61º establece que el Estado debe facilitar y vigilar la libre competencia, combatiendo toda
práctica que la limite, así como los abusos de posiciones dominantes o monopólicas, y,
prohibiendo la concertación de monopolios.

Completando este enunciado, en el artículo 62º el constituyente peruano ha regulado lo que


en doctrina se conoce como el “principio de la inmutabilidad o santidad de los contratos”,
al prescribir que los términos contractuales pactados válidamente por las personas,
naturales o jurídicas, no podrán ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier
clase, como ordenanzas, resoluciones, entre otras normas legales.

Ahora, para que las personas se vinculen jurídicamente y asuman derechos y obligaciones
con la finalidad de satisfacer sus necesidades requieren de una institución debidamente
reconocida y regulada por el ordenamiento jurídico. Este vehículo es el contrato.
Técnicamente, el contrato es el acto jurídico plurilateral que mediante el consentimiento
(declaración conjunta de las voluntades) de los contratantes crea, regula, modifica o
extingue una relación jurídica obligacional de carácter patrimonial.

En consecuencia, mediante los contratos, las personas, naturales o jurídicas, buscan obtener
una finalidad que el derecho les permite alcanzar. Por lo tanto, el tráfico patrimonial de
bienes y derechos tiene como vehículo más idóneo al contrato. El contrato es, pues, el fruto
del libre consentimiento de las partes contratantes, siendo la voluntad de ellas fuente
generadora de obligaciones por delegación expresa de la ley

En este orden de ideas, la Constitución peruana ha dispuesto en el inciso 14) de su artículo


2º, que todas las personas tienen derecho a contratar con fines lícitos, siempre que no se
contravengan leyes de orden público, pudiendo, en virtud de la libertad contractual
contemplada en el artículo 1354º del Código Civil, determinar libremente el contenido del
contrato sobre la base de la autonomía privada. Por su parte, el Código Civil, en el artículo
1356, establece que las normas legales son supletorias de la voluntad de las partes, salvo
que sean imperativas, en cuyo caso se incorporan automáticamente al contrato.

Por otro lado, de acuerdo con el artículo 1355º del Código Civil, el Estado a través del
legislador, por consideraciones de interés social, público o ético, podía imponer reglas o
limitaciones al contenido de los contratos; empero, con la dación de la Constitución Política
en 1993, este precepto se encuentra derogado tácitamente por el artículo 62º del texto
constitucional, que consagra el principio de la inmutabilidad del contrato, por lo que
MANUEL DE LA PUENTE Y LAVALLE ha señalado que existiendo una clara
contradicción entre la Constitución Política y el Código Civil, debe derogarse el artículo
1355.

En conclusión, actualmente en el Perú la autonomía privada no es absoluta, sino que por el


contrario se encuentra limitada.

7. EL PRINCIPIO CONTRACTUAL DE LA AUTONOMÍA PRIVADA.

Este principio contractual también es conocido como de la autonomía de la voluntad, pues


siguiendo la doctrina de la teoría de la voluntad, la formación del contrato reposa en la
voluntad humana. Nosotros utilizaremos la expresión de autonomía privada, pues la sola
voluntad no crea nada; es el Estado que en ejercicio del ius imperium concedido por el
pueblo faculta luego a que los particulares puedan darse sus propias normas privadas, es
decir, contraten y se vinculen jurídicamente.

Siguiendo a MANUEL DE LA PUENTEY LAVALLE, diremos que la “autonomía privada


es el poder reconocido a las personas para regular, dentro del ordenamiento jurídico, sus
propios intereses y crear libremente relaciones jurídicas obligatorias entre sí”.

La autonomía privada, entonces, es una facultad que el ordenamiento jurídico le concede a


las personas, para que, en ejercicio de su libertad, puedan contratar y determinar libremente
el contenido de su contrato, creando relaciones contractuales válidas. No le falta razón a
FEDERICO DE CASTRO cuando advierte que la autonomía privada es el:

“poder complejo reconocido a la persona para el ejercicio de sus facultades, sea dentro del
ámbito de libertad que le pertenece como sujeto de derechos, sea para crear reglas de
conducta para sí y en relación con los demás, con la consiguiente responsabilidad en cuanto
actuación en la vida social”.

Pero el campo de acción, es decir, la amplitud de la autonomía privada no ha sido uniforme


en el tiempo, un breve recuento histórico nos permitirá comprenderla mejor.

El derecho romano, eminentemente formalista, reconoció el principio de la autonomía


privada, pero subordinado al cumplimiento de determinadas formalidades, como la
stipulatio. Por su parte, el derecho canónico concedió respeto a la palabra empeñada, pero
matizada por los principios de la buena fe y la caridad.

Fueron los filósofos del siglo XVIII los que sostuvieron que la voluntad era la fuente de las
obligaciones y le atribuyeron un valor moral. Así, el recordado maestro GUILLERMO
BORDA ha escrito que el siglo XIX fue testigo de la máxima exaltación de la voluntad
como poder jurígeno , y según MANUEL DE LA PUENTE, el contrato fue considerado
como la expresión de la libertad individual más absoluta7 . En el siglo XIX, era muy
conocida la frase de FOUILLE: “Quién dice contractual, dice justo”. En el mismo sentido,
los postulados de la revolución francesa concibieron una sociedad compuesta por hombres
libres e iguales que regulaban sus intereses con absoluta libertad, por lo tanto, toda
intervención del Estado aparecía como altamente dañosa. En consecuencia, el contrato
libremente discutido era necesariamente justo y equitativo, y toda intervención del
legislador implicaba una injusticia por desnaturalizar ese equilibrio. Sobre la base de estos
ideales de libertad e igualdad, y el pensamiento de los juristas franceses DOMAT y
POTHIER, se edificó el gran Código Civil francés, cuya filosofía se extendió luego a los
demás códigos civiles decimonónicos.

El Código francés en el artículo 1101 estableció que:

“El contrato es una convención por la cual una o varias personas se obligan, hacia una o
varias otras, a dar, hacer o no hacer alguna cosa”; y en el artículo 1134, que las
convenciones legalmente formadas tienen fuerza de ley entre las partes que lo han
celebrado.

Como podemos observar, el contrato no sólo es considerado como un acuerdo de


voluntades, fruto de la autonomía privada y del consentimiento de los contratantes, sino que
además es elevado a la categoría de ley privada.

El concepto del contrato, como el acuerdo de voluntades por medio del cual las personas se
obligan, tiene su fundamento en presupuestos ideológicos y sociológicos imperantes en esa
época. Siguiendo a LUIS DÍEZ-PICAZO, el primero de los presupuestos es el económico,
que en una economía liberal se funda en el lema: “laissez faire, laissez passer, le monde va
de lui même” (dejar hacer, dejar pasar, el mundo marcha por sí solo) y en la idea de que las
leyes del mercado y el egoísmo individual, actuando en el propio interés son —en palabras
de ADAM SMITH— los mejores motores de la felicidad y de la prosperidad de las
naciones. El segundo presupuesto se encuentra en la idea sustancial de la igualdad de las
partes contratantes, donde el contrato es el mejor medio de arreglo de los intereses privados
porque es la obra común de dos contratantes que se encuentran en igual situación y en un
mismo plano económico, es un arreglo entre iguales. Y por último, el tercer presupuesto
ideológico y socioeconómico se encuentra en la exaltación de la libertad individual.

No obstante, la exaltación de la libertad individual y la igualdad jurídica de las personas, el


Código Civil francés limitó la autonomía privada, al establecer en el artículo 6º, que no se
pueden derogar por convenciones particulares las leyes que interesen al orden público y a la
moral. Los MAZEAUD, irónicamente han escrito que, si bien los fanáticos de la escuela
liberal sostienen que la libertad de contratar no debe tener barreras, “ningún sistema
jurídico ha consagrado jamás esa posición utópica”.

Vemos pues, que el reconocimiento de la autonomía privada como absoluta, sin


restricciones, no ha existido legislativamente. Desde su plasmación positiva, en el Code
francés de 1804, estuvo limitada por el orden público y la moral (hoy denominada buenas
costumbres).

A fines del siglo XIX con la evolución del capitalismo y la concentración de los capitales,
la información se situó en manos de unos pocos, por lo cual el Estado, preocupado por el
marcado desequilibro de los contratantes y el abuso de los más fuertes, decide intervenir en
las relaciones contractuales con la finalidad de equilibrar las prestaciones de los
particulares. En este contexto, GUILLERMO BORDA expresaba que la“igualdad y la
libertad del consentimiento subsisten hoy en día en el plano jurídico, pero tienden a
desaparecer en lo económico” .

Así, la doctrina jurídica del siglo XX consideró necesario imponer severas limitaciones al
principio de la autonomía privada con la finalidad de corregir el abuso en la contratación,
producto de la desigualdad económica. En esta medida, la autonomía privada ya no impera
soberanamente como en otrora, pues el Estado interviene en las relaciones contractuales,
modificando sus cláusulas (dirigismo contractual y revisión judicial), forzando a veces a
celebrarlos a pesar de la voluntad contraria de los contratantes (contratos forzosos), o
dispensándolos en otras de ejecutar sus prestaciones

Al respecto, MANUEL DE LA PUENTE ha señalado que al existir una desigualdad


económica se generó un abuso de la contratación, por lo que el Estado ya no podía
continuar concediendo a los particulares tanta libertad para regular entre ellos sus
relaciones, decidiendo intervenir más de cerca en la relación contractual para intentar
equilibrar las posiciones, estrechando así el campo de la autonomía privada.

Por otro lado, en el campo jurídico, es imposible prever todas las formas de contratación,
pues el progreso de la sociedad, el avance de la ciencia y la tecnología y la consecuente
producción estandarizada de los bienes y servicios han generado que la contratación
privada no sea única y uniforme en el tiempo. Desde hace varias décadas asistimos pues, a
un nuevo sistema de contratación: la contratación masiva. En este sistema de contratación,
los contratantes ya no elaboran el contenido del contrato, éste es predispuesto
unilateralmente por una ellas con anticipación a la concertación del contrato. Por lo tanto, el
contrato tradicional, que crea relaciones jurídicas contractuales, producto de un
consentimiento libre entre dos o más partes perfectamente identificadas y donde existe la
participación de ambas en la elaboración del contenido contractual12 es una forma de
contratación excepcional, pues la regla es la contratación en masa; y con el auge del
comercio electrónico, estaremos ante la presencia, siguiendo a ALVIN TOFFLER, de una
cuarta ola, donde la contratación electrónica será la base del intercambio de bienes y
servicios.

En definitiva, el contrato ya no es producto de la libertad individual de ambos contratantes,


es la adhesión a la predisposición contractual de solamente uno de ellos. El contrato por
negociación ha cedido el paso a la contratación predispuesta o estandarizada.

El Código Civil peruano de 1984, “consciente” de los abusos que pueden presentarse en la
contratación privada ha decidido limitar la autonomía privada y permitir la revisión judicial
de los contratos en determinados supuestos. En materia de contratación predispuesta,
tímidamente ha incorporado algunas normas en la parte destinada al Consentimiento, sobre
los contratos por adhesión, cláusulas generales de contratación y control de las cláusulas
abusivas o vejatorias
8. ELEMENTOS DE LA AUTONOMÍA PRIVADA.

El principio contractual de la autonomía privada se encuentra estrechamente ligado al


concepto de libertad y como tal supone el ejercicio de dos categorías de libertades: la
libertad de contratar y la libertad contractual. A ambas, FERNANDO DE TRAZEGNIES,
ha agregado una tercera: la libertad como objeto del contrato. Veamos cada una de ellas:

8.l. La libertad de contratar

Denominada también libertad de conclusión o de autodecisión. Esta libertad es la


potestad que el Estado concede a las personas para contratar o no y, en caso de
hacerlo, elegir al otro contratante. Por ello, SPOTA señala que se contrata porque se
quiere y se contrata con tal persona porque así se desea

La libertad de contratar comprende a su vez dos libertades:

a) libertad de contratar o no, es decir, celebrar un contrato y

b) libertad de elegir al otro contratante.

La libertad de contratar es un derecho fundamental de la persona que se encuentra


consagrado en nuestra Constitución en el inciso 14) del artículo 2º. Esta norma
señala que toda persona tiene derecho a:

“contratar con fines lícitos siempre que no se contravengan leyes de orden público”.

Entonces, nadie puede ser obligado a celebrar un contrato. La decisión de contratar


es personal, salvo delegación expresa mediante apoderado, pero aun en este caso,
existe la intención de contratar para sí mismo, pero por intermedio de otra persona.

La libertad de elección del otro contratante es la facultad que se tiene para decidir
con quién vamos a celebrar el contrato.

8.2. Libertad contractual

Conocida también como libertad de configuración interna o de autorregulación. La


libertad contractual es la facultad que tienen las partes contratantes para determinar
libremente el contenido del contrato, es decir, estipular el conjunto de cláusulas que
van a regir la relación contractual creada por el contrato.

Mediante el ejercicio de esta libertad, las partes acuerdan libremente cómo va a ser
el contrato, adecuándolo a los intereses que buscan satisfacer mediante la conclusión
del mismo. Es pues, la libertad que tienen los contratantes para determinar entre sí la
forma y el contenido del contrato que han convenido en celebrar.

Esta libertad se encuentra recogida en el artículo 1354º de nuestro Código Civil al


disponer:

“Las partes pueden determinar libremente el contenido del contrato, siempre que no
sea contrario a norma legal de carácter imperativo”.

La libertad contractual implica elegir:

a) El tipo de contrato: típico o atípico.

b) Las cláusulas, es decir, el contenido del contrato.

Esta libertad se encuentra limitada por el artículo V del título preliminar del Código
Civil al sancionar con nulidad el acto jurídico contrario a las leyes que interesan al
orden público o a las buenas costumbres y por el artículo 1354, cuando el contenido
del contrato atente contra norma legal de carácter imperativo.

8.3 La libertad como objeto del contrato

Siguiendo a FERNANDO DE TRAZEGNIES, la “libertad como objeto del contrato


significa que en derecho moderno no se puede establecer ni aún por consenso una
limitación grave de la libertad, en los aspectos de ésta que se consideran esenciales
para el funcionamiento de una sociedad libre”.

Esta tercera libertad impone limitaciones al libre acuerdo de la voluntad de las


partes y al contenido determinado por las mismas, pues en el ejercicio de la libertad,
como objeto del contrato, sólo se pueden celebrar contratos que sean válidos y
exigibles. Así, por ejemplo, aun cuando las partes estén de acuerdo (libertad de
contratar) y el contenido del contrato haya sido determinado libremente por ambas
(libertad contractual), no se puede establecer el arrendamiento (alquiler) de vientre o
la esclavitud de una de ellas a la otra mediante el acuerdo (libertad como objeto del
contrato).

En palabras de FERNANDO DE TRAZEGNIES, “mientras las dos primeras


libertades son de carácter procedimental o subjetivo (se refieren al procedimiento
para establecer el acuerdo de voluntades y a la disposición de las partes), la tercera
es de carácter substantivo u objetivo (se refiere al contenido mismo del acuerdo –
que sea compatible con la noción de libertad– independientemente de la voluntad
libre de las partes)”.

9. LIMITACIONES A LA AUTONOMÍA PRIVADA

Las limitaciones en la autonomía privada pueden agruparse en dos categorías

• Limitaciones legales o impuestas por el Estado.

• Limitaciones del mercado: contratación masiva o estandarizada

9.1. Limitaciones legales


Las limitaciones legales son aquellas que han sido impuestas por el Estado mediante
normas legales de carácter imperativo. Es así como el Estado interviene a efecto de
limitar la autonomía privada.

En primer lugar, el inciso 14) del artículo 2º de la Constitución Política limita la


libertad de contratación al establecer que no se puede contravenir normas de orden
público.

Por su parte, el Código Civil en el artículo V del Título Preliminar ha sancionado


con nulidad absoluta los actos jurídicos contrarios a las leyes que interesen al orden
público y a las buenas costumbres. En materia contractual, el artículo 1354 establece
que no se puede celebrar contratos que atenten contra normas legales de carácter
imperativo.

Conjugando las normas citadas, la autonomía privada se encuentra limitada por


normas legales de carácter imperativo, el orden público y las buenas costumbres. En
este sentido, acertadamente la Comisión de Reforma del Código Civil de 1984 ha
aprobado un texto sustitutorio del título preliminar que a la letra dice:

“Son nulos, total o parcialmente, según sea el caso, los actos contrarios a normas
imperativas o prohibitivas, al orden público o a las buenas costumbres, salvo
disposición legal distinta” (artículo VII del Proyecto) .

Para una mejor comprensión de las limitaciones a la autonomía privada por las
normas legales de carácter imperativo, es necesario referirnos a la definición de
normas imperativas.

Las normas legales, de acuerdo a su eficacia, pueden ser: imperativas o dispositivas.


Las normas legales de carácter imperativo son aquellas que se imponen a la
voluntad de los particulares, de manera que deben ser acatadas necesariamente por
ellos, no pudiendo sustituirlas ni alterarlas, pues no se admite pacto en contrario. A
su vez, las normas legales imperativas pueden ser: preceptivas, cuando ordenan o
imponen el cumplimiento de determinadas conductas y prohibitivas cuando
excluyen la posibilidad de realizar determinadas conductas.

No es fácil determinar cuándo una norma tiene carácter imperativo. Según GIORGI,
las normas son imperativas:

“cuando acompañen a la disposición las palabras bajo pena de nulidad u otras


equivalentes o conminatorias; cuando la proposición esté redactada con fórmula
prohibitiva de lo contrario, por ejemplo, no podrán; y cuando la disposición
contenga las expresiones debe, deben, deberán, o cualesquiera otras expresiones
equivalentes para significar el precepto”.

Como ejemplos de normas imperativas podemos citar el plazo máximo de 10 años


para el contrato de arrendamiento (artículo 1688), la prohibición de los cónyuges de
contratar entre sí sobre los bienes de la sociedad conyugal (artículo 312º), entre
otros supuestos normativos.

Las normas dispositivas son las que cumplen un carácter supletorio de la voluntad
de las partes contratantes y son aplicables en ausencia de pacto o para integrar las
lagunas de la manifestación de la voluntad . Así, el artículo 1356 del Código Civil
establece que las disposiciones de la ley en materia contractual son supletorias de la
voluntad de las partes, excepto las normas imperativas que son de ineludible
cumplimiento.

La segunda categoría de limitaciones a la autonomía privada se encuentra en la


contravención a las normas que interesan al orden público. ¿Qué entendemos por
orden público? Según MARCIAL RUBIO, “el orden público podría ser definido
como un conjunto de normas jurídicas que el Estado considera de cumplimiento
ineludible, y de cuyos márgenes no puede escapar ni la conducta de los órganos del
Estado, ni la de los particulares, para lo cual el Estado compromete sus atribuciones
coercitivas y coactivas, de ser necesario recurrir a ellas”

Por su parte, LUIS DÍEZ-PICAZO, señala que el orden público es la organización


general de la comunidad o del Estado y sus principios fundamentales y rectores.

¿El orden público es sinónimo de normas imperativas? Creemos que no.


Apoyándonos en FRANCESCO GALGANO , consideramos que el orden público
está constituido por las normas imperativas que salvaguardan los principios
jurídicos y éticos fundamentales del ordenamiento, a diferencia de las normas
simplemente imperativas que tutelan los intereses generales.

MANUEL DE LA PUENTE sostiene que de conformidad con el artículo V del


título preliminar “El ordenamiento jurídico peruano acoge, pues, el sistema
defendido por parte de la doctrina, que considera que el orden público, si bien es un
criterio rector de la validez de los actos jurídicos, requiere objetivarse en leyes para
cobrar, a través de ellas, efecto obligatorio” ; por lo tanto, para que el orden público
sea coactivo se requiere que se encuentre en una norma legal.

La tercera limitación a la autonomía privada proviene del respeto a las buenas


costumbres. DÍEZ-PICAZO comentando el artículo 1255 del Código Civil español
(las partes son libres de pactar siempre que ellos “no sean contrarios a las leyes, la
moral ni al orden público”), señala que el texto legal entiende a las buenas
costumbres como sinónimo de la moral y que por lo tanto son:
“el conjunto de las convicciones de ética social imperantes, en un determinado
momento histórico, con carácter general en la comunidad jurídica”.

Vemos pues, que las buenas costumbres se identifican con la moral, de allí que
MARCIAL RUBIO considere que las buenas costumbres: v“son determinables a
partir de la conciencia moral espacial o temporalmente ubicada” .

MANUEL DE LA PUENTE, cuestionando la denominación de buenas costumbres


sostiene que, “En realidad, lo que el ordenamiento jurídico busca con la referencia a
las buenas costumbres es una especie de telón de fondo que justifique la reprobación
de determinados actos que, siendo vituperables, no están sancionados por ninguna
ley imperativa, incluyendo las que interesan al orden público. Si no existiera la
noción de buenas costumbres los jueces se encontrarían impotentes para declarar la
nulidad de actos que repugnan a los conceptos éticos de una sociedad pero que,
precisamente por vulnerar principios ideales que más bien están vinculados a
nuestra conciencia moral, no se han considerado propios de una censura expresa
civil o penal”.

Coincidimos con MANUEL DE LA PUENTE, pues todos sabemos que son buenas
costumbres, pero lo fundamental radica en determinar cuándo un acto jurídico atenta
contra ellas. Esta es la labor del juez, que como operador del derecho tiene una
valiosa herramienta que siendo prudentemente aplicada, en función de los fines del
derecho como la justicia, la seguridad y el bien común, puede declarar la nulidad de
los actos o contratos que alteren la pacífica y correcta convivencia de los
ciudadanos.

9.2. Limitaciones del mercado

La libertad contractual también se ha visto limitada por la estandarización del tráfico


patrimonial. En la contratación masiva las partes ya no negocian el contenido del
contrato y por el contrario, una de ellas elabora, parcial o íntegramente, el contenido
del contrato, limitándose la otra a aceptarlo o rechazarlo.
En este sistema de contratación la libertad contractual o de configuración interna del
contrato se encuentra reducida o anulada en aras de la fluidez del intercambio de
bienes y servicios a un menor costo, pues en la contratación masiva se reducen los
costos que genera la contratación individual de cada contrato.

Como justificación de la estandarización contractual se afirma que la finalidad de la


contratación masiva es agilizar el tráfico patrimonial y reducir los costos de
contratar o de transacción.

Esta limitación a la autonomía privada ya no es impuesta por el Estado mediante


normas legales, sino por los particulares que para un tráfico patrimonial fluido
eliminan la etapa de la negociación del contrato.

10. LAS LIMITACIONES A LA AUTONOMÍA PRIVADA EN LA


CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE l993 Y EL CÓDIGO CIVIL DE l984

Actualmente la autonomía privada, regulada en la Constitución Política y el Código Civil


no es absoluta, muy por el contrario, se encuentra seriamente limitada. A continuación,
veremos cómo el Estado, a través del legislador, a lo largo de ambos textos fundamentales
ha limitado la autonomía privada.

10.l. Constitución Política de l93

En la Constitución Política, aprobada en medio de una larga discusión y


cuestionamiento en 1993, de los 206 artículos y 16 disposiciones finales y
transitorias que contiene, hay cinco artículos que atenúan la libertad y la autonomía
privada de las personas.

a) Título I. De la persona y de la sociedad

Capítulo I. Derechos fundamentales de la persona “Artículo 2º. Toda persona tiene


derecho:(…)14. A contratar con fines lícitos, siempre que no se contravengan leyes
de orden público”.
b) Capítulo II. De los derechos sociales y económicos
“Artículo 25. La jornada ordinaria de trabajo es de ocho horas diarias o cuarenta y
ocho horas semanales, como máximo. En caso de jornadas acumulativas o atípicas,
el promedio de horas trabajadas en el período correspondiente no puede superar
dicho máximo.

Los trabajadores tienen derecho a descanso semanal y anual remunerados. Su


disfrute y su compensación se regulan por ley o por convenio”.

c) Título III. Del régimen económico Capítulo I. Principios generales


“Artículo 62. La libertad de contratar garantiza que las partes pueden pactar
válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato. Los términos
contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de
cualquier clase. Los conflictos derivados de la relación contractual sólo se
solucionan en la vía arbitral o en la judicial, según los mecanismos de protección
previstos en el contrato o contemplados en la ley.

Mediante contrato-ley, el Estado puede establecer garantías y otorgar seguridades.


No pueden ser modificados legislativamente, sin perjuicio de la protección a que se
refiere el párrafo precedente.”

d) Capítulo III. De la propiedad.


“Artículo 70. El derecho de propiedad es inviolable. El Estado lo garantiza. Se
ejerce en armonía con el bien común y dentro de los límites de la ley. A nadie puede
privarse de su propiedad sino, exclusivamente, por causa de seguridad nacional o
necesidad pública, declarada por ley, y previo pago en efectivo de indemnización
justipreciada que incluya compensación por el eventual perjuicio. Hay acción ante el
poder judicial para contestar el valor de la propiedad que el Estado haya señalado en
el procedimiento expropiatorio”.

“Artículo 72. La ley puede, sólo por razón de seguridad nacional, establecer
temporalmente restricciones y prohibiciones específicas para la adquisición,
posesión, explotación y transferencia de determinados bienes”.
10.2. Código Civil de l984.
A continuación, analizaremos algunas instituciones jurídicas reguladas en el Código
Civil peruano de 1984 que limitan la autonomía privada de los particulares.

CONCLUSIONES

 la autonomía privada es aquel poder jurídico que se le reconoce a la persona, no sólo


para crear, modificar o extinguir aquellas relaciones jurídicas que pertenecen a su esfera
personal de libertad, sino también para establecer las reglas y el régimen jurídico
privado por el que han de regirse; es decir, se reconoce a la persona un poder jurídico
para dotar de un contenido normativo a aquellas relaciones jurídicas de las que forma
parte y que competen a su dominio personal.
 la autonomía de la voluntad privada se ve limitada en nuestro país regulada en la
Constitución Política y el Código Civil mediante el cual el legislador regula y que uno
de los límites de la autonomía privada, en el Derecho Contractual, es que las relaciones
jurídicas que se creen en virtud de ella deben tener contenido patrimonial, la autonomía
privada en el tema contractual.
 Las limitaciones a la autonomía de la voluntad contractual pueden ser subjetivas y
objetivas, las subjetivas recaen en los sujetos contratantes y las objetivas inciden
específicamente en el objeto del contrato.
 El principio de la autonomía de la voluntad permite alas personas construir una nueva
realidad jurídica en torno a sus intereses y en atención a la función social que todos
tenemos, con el fi n de que el ser humano tenga el poder de desplegar toda su
capacidad.
Transferencia del Riesgo

Transferencia del riesgo

Artículo 1567.- El riesgo de pérdida de bienes ciertos, no imputables a los contratantes, pasa al
comprador en el momento de su entrega.

Transferencia del riesgo antes de la entrega

Artículo 1568.- En el caso del artículo 1567 el riesgo de pérdida pasa al comprador antes de la
entrega de los bienes si, encontrándose a su disposición, no los recibe en el momento señalado en
el contrato para la entrega.

Transferencia del riesgo en la compraventa por peso, número o medida

Artículo 1569.- En el caso de compraventa de bienes por peso, número o medida, se aplicará el
artículo 1568 si, encontrándose los bienes a su disposición, el comprador no concurre en el
momento señalado en el contrato o determinado por el vendedor para pesarlos, contarlos o
medirlos, siempre que se encuentren a su disposición.

Transferencia del riesgo por expedición del bien a lugar distinto de la entrega

Artículo 1570.- Si a pedido del comprador, el vendedor expide el bien a lugar distinto a aquél en
que debía ser entregado, el riesgo de pérdida pasa al comprador a partir del momento de su
expedición.

CAPITULO SEPTIMO

Venta a Satisfacción del Comprador, a Prueba y Sobre Muestra

Compraventa a satisfacción

Artículo 1571.- La compraventa de bienes a satisfacción del comprador se perfecciona sólo en el


momento en que éste declara su conformidad. El comprador debe hacer su declaración dentro del
plazo estipulado en el contrato o por los usos o, en su defecto, dentro de un plazo prudencial
fijado por el vendedor.

Compraventa a prueba
Artículo 1572.- La compraventa a prueba se considera hecha bajo la condición suspensiva de que
el bien tenga las cualidades pactadas o sea idóneo para la finalidad a que está destinado. La
prueba debe realizarse en el plazo y según las condiciones establecidas en el contrato o por los
usos. Si no se realiza la prueba o el resultado de ésta no es comunicado al vendedor dentro del
plazo indicado, la condición se tendrá por cumplida.

Compraventa sobre muestra

Artículo 1573.- Si la compraventa se hace sobre muestra, el comprador tiene derecho a la


resolución del contrato si la calidad del bien no es conforme a la muestra o a la conocida en el
comercio.

CAPITULO OCTAVO

Compraventa Sobre Medida

Compraventa por extensión o cabida

Artículo 1574.- En la compraventa de un bien con la indicación de su extensión o cabida y por un


precio en razón de un tanto por cada unidad de extensión o cabida, el vendedor está obligado a
entregar al comprador la cantidad indicada en el contrato. Si ello no fuese posible, el comprador
está obligado a pagar lo que se halle de más, y el vendedor a devolver el precio correspondiente a
lo que se halle de menos.

Rescisión de la compraventa sobre medida

Artículo 1575.- Si el exceso o falta en la extensión o cabida del bien vendido es mayor que un
décimo de la indicada en el contrato, el comprador puede optar por su rescisión.

Plazo para pago del exceso o devolución

Artículo 1576.- Cuando en el caso del artículo 1574 el comprador no pueda pagar inmediatamente
el precio del exceso que resultó, el vendedor está obligado a concederle un plazo no menor de
treinta días para el pago. Si no lo hace, el plazo será determinado por el juez, en la vía incidental,
con arreglo a las circunstancias. Igual regla se aplica, en su caso, para que el vendedor devuelva la
diferencia resultante.

Compraventa ad corpus

Artículo 1577.- Si el bien se vende fijando precio por el todo y no con arreglo a su extensión o
cabida, aun cuando ésta se indique en el contrato, el comprador debe pagar la totalidad del precio
a pesar de que se compruebe que la extensión o cabida real es diferente. (*) RECTIFICADO POR FE
DE ERRATAS(170)

Sin embargo, si se indicó en el contrato la extensión o cabida, y la real difiere de la señalada en


más de una décima parte, el precio sufrirá la reducción o el aumento proporcional.

Compraventa de bienes homogéneos


Artículo 1578.- Si en la compraventa de varios bienes homogéneos por un solo y mismo precio,
pero con indicación de sus respectivas extensiones o cabidas, se encuentra que la extensión o
cabida es superior en alguno o algunos e inferior en otro u otros, se hará la compensación entre
las faltas y los excesos, hasta el límite de su concurrencia. Si el precio fue pactado por unidad de
extensión o medida, el derecho al suplemento, o a la disminución del precio que resulta después
de efectuada la compensación, se regula por los artículos 1574 a 1576.

Caducidad de la acción rescisoria

Artículo 1579.- El derecho del vendedor al aumento del precio y el del comprador a su
disminución, así como el derecho de este último de pedir la rescisión del contrato, caducan a los
seis meses de la recepción del bien por el comprador.

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