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General Landazábal: Filósofo Guerrero

General Fernando Landazábal Reyes: el filósofo guerrero Por: Capitán (RA) César Augusto Castaño Rubiano, Revista Fuerzas Armadas No. 252
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General Landazábal: Filósofo Guerrero

General Fernando Landazábal Reyes: el filósofo guerrero Por: Capitán (RA) César Augusto Castaño Rubiano, Revista Fuerzas Armadas No. 252
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ACORE

AÑOS

GENERAL FERNANDO LANDAZÁBAL REYES:


EL FILÓSOFO GUERRERO
Por: Capitán (RA) César Augusto Castaño Rubiano1

Era el hombre del pensamiento noble: su ideal fue Colombia. Un militar en el más estricto
sentido del vocablo y de su aplicación. Presente siempre en los grandes acontecimientos y
situado en medio de estos. Un oficial humanista que cultivó su mente con el estudio constante
y la reflexión profunda sobre las disciplinas más diversas. Un militar catedrático; sus
conocimientos provenían de su consagración a las ciencias militares. Conductor operativo
exitoso, de él bien puede afirmarse que pudo cobrar la victoria porque él mismo dirigió la
batalla. Creador militar infatigable, artillero íntegro y filósofo de la milicia (Rosales, 2009).

Artículo publicado en la edición No. 252 de la Revista de las Fuerzas Armadas, Escuela Superior de Guerra, diciembre de 2020

1. Oficial del Ejército Nacional. Estudió Filosofía y Ciencias Religiosas en los Seminarios Mayor de Bogotá y Cristo Sacerdote. Especialista en Pedagogía para la Educación Su-
perior de la Universidad Santo Tomás. Es miembro de la Academia Colombiana de Historia Militar. Ha sido columnista de [Link], La Silla Vacía y la Crónica del Quindío.
Autor de escritos sobre historia y humanidades. Exasesor del Comandante del Ejército Nacional, de la Escuela Superior de Guerra, la Central de Inteligencia Militar del Ejército y
la Oficina del Alto Comisionado para la Paz. Miembro de Acore seccional Quindío.
Así se refiere a su amigo, superior y compañero de arma, el
brigadier general (H) Gustavo Rosales Ariza, académico e his-
toriador, en el libro Evocaciones. Uno de los rasgos más impre-
sionantes del general Fernando Landazábal Reyes, además de su
profundo humanismo, fue su capacidad analítica y su visión de
futuro en el estudio permanente de los graves problemas que
afectaban al país y las soluciones que proponía.

Agudo observador e investigador del diario acontecer del mun-


do y de Colombia, el general Landazábal comprendió, como
pocos, los fenómenos sociales, económicos, militares, políticos
y culturales que incidían en la violencia y en la búsqueda de la
paz. Sus adversarios y detractores encontraron en él un férreo
oponente, tanto en el campo de batalla en la confrontación ar-
mada (donde siempre actuó con absoluta legitimidad) como en
la controversia ideológica (Velásquez, 2012). En otras palabras,
encarnaba el ideal del militar e historiador griego Tucídides: era
un filósofo guerrero (Cimadevilla, 2020).

Alrededor de su figura, se fue construyendo un mito que des-


dibuja su verdadera condición, pues era un demócrata conven-
cido y absolutamente respetuoso de la institucionalidad. En va-
rias ocasiones, se alejó de quienes veían al estamento castrense
como una solución ante las crisis de la coyuntura. Por ejemplo, (por la cercanía a la frontera con Venezuela)”.
“al señalar, de manera categórica, en agosto de 1981, que in- Acerca de su ingreso a la milicia, recordaba el general: “Un día,
tentar presentar a las Fuerzas Armadas y a sus jefes como una el cabo Umaña, quien era nuestro instructor, me dijo: ‘Landazá-
alternativa de poder demostraba un desconocimiento absoluto bal, por qué no se va para la Escuela Militar, usted puede hacer
de la institución y de sus hombres” (Velásquez, 2012). una buena carrera, le iría muy bien’” (Medina, 2000). Esa invita-
ción, y el encuentro frecuente con la tropa, fueron perfilando en
Su pensamiento no puede estar reservado a menciones espo- sus años de adolescente la firme decisión de optar por la carrera
rádicas en investigaciones o publicaciones; por el contrario, es de las armas.
2 necesario elevarlo al nivel de cátedra permanente en uno de los
institutos de educación superior de las Fuerzas Militares. Luis, el hermano mayor, quien se había instalado en Bogotá,
ayudó en los trámites al aspirante pamplonés y se convirtió en
Sus orígenes su consejero y acudiente. Esa decisión matizó de verde oliva a
una familia que tuvo predilección por la profesión de las leyes
Nació en Pamplona (Norte de Santander), el jueves 13 de ju- y los hábitos.
lio de 1922. Sus padres fueron Dolores Reyes Gutiérrez (doña
Lola), quien trabajaba como profesora en la Normal para Seño- Los días en la Escuela Militar
ritas, y Luis Landazábal Tarazona, maestro de latín y griego, re-
gente del Colegio Provincial “San José” de los Hermanos Cris- El 4 febrero de 1943, ingresó a la Escuela Militar, junto con 72
tianos en Pamplona y secretario de Educación Departamental. cadetes; entre ellos, tres venezolanos, según quedó registrado en
Fue el menor de doce hermanos. Su padre murió cuando el un decreto del Gobierno nacional, emanado por el Ministerio
futuro general apenas tenía seis meses. Doña Lola fue una mu- de Guerra. Aquellos reclutas estrenaron las instalaciones de la
jer excepcional que trabajó para sacar adelante siete mujeres y Escuela, que se había trasladado de San Diego a Rionegro, y
cinco varones; entre ellos estaban Francisco, religioso, prelado soportaron el frío sabanero inclemente que calaba los huesos.
de honor de Su Santidad; Bertha, hermana de la comunidad cla- Por restricción de vacantes, Landazábal entró a cuarto de bachi-
risa; Luis, destacado abogado que ocuparía cargos importantes llerato (primero general) como parte de los ‘ovejos’2.
de nivel nacional; Rita, Aura María, Emma, Lola y Alicia (cuya
gemela falleció); José, un próspero comerciante, y Rafael, falle- En aquella fecha también hicieron su ingreso a quinto de bachi-
cido cuando hacía secundaria. llerato (segundo general) dos cadetes que tomaron rumbos dis-
tintos: Gabriel Puyana García (brillante general de la República,
Fernando Landazábal realizó sus estudios primarios en el Li- pensador, escritor y académico) y Orlando Fals Borda (funda-
ceo San Francisco de su ciudad natal. Su formación secunda- dor de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional,
ria la adelantó en el colegio en el cual laboró su padre y en el
que cursó hasta quinto año de bachillerato. Por su vena poética 2. Francisco Leal Buitrago, teniente (r) y sociólogo, comenta en el libro Al paso del
y habilidad oratoria, se convirtió en el recitador oficial de ese tiempo: mis vivencias que: “La denominación coloquial de los cadetes, según el cur-
so, era: ‘ovejos’ (los de cuarto), ‘chivos’ (los de quinto) y ‘cabros’ (los de sexto). A
plantel. Sobre el origen de su vocación castrense, comentaba: los que entraban a la Escuela con bachillerato los apodaban ‘recabros’. Estos nom-
“En Pamplona daban instrucción a los estudiantes de cuarto, bres eran símiles de la capacidad de saltar largo: un ovejo salta poco, comparado
quinto y sexto de bachillerato. Pamplona era un cuartel, había con un chivo o un cabro, y un recabro se suponía que era el que más largo saltaba,
lo cual significaba (de forma peyorativa y en sentido inverso) el tiempo transcurrido
batallón de Infantería, grupo de Artillería y grupo de brigada en la Escuela antes de graduarse como oficiales”.
bajo cuyas orientaciones se formó una generación de investigado-
res en ciencias sociales) (El Tiempo, 1943).

Uno de sus maestros favoritos fue el padre Pedro Pablo Galindo


Méndez, profesor y capellán del instituto, eminente orador, orga-
nizador del Vicariato Castrense y autor de la “Oración Patria” y
el himno de esa alma mater. La Dirección de la Escuela estaba a
cargo de un oficial virtuoso, el teniente coronel Germán Ocampo
Herrera, quien, años más tarde, se convirtió en el primer teniente
general de la República.

Durante el tiempo en la Escuela, fue testigo de los efectos del frus-


trado golpe de Estado, ocurrido el 10 de julio de 1944, en Pasto,
contra Alfonso López Pumarejo. Sin otra comunicación que el voz
a voz, alumnos y oficiales de planta se dieron cuenta del suceso
cuando el primer designado a la presidencia, Darío Echandía, llegó
a la Plaza de Armas en compañía del coronel Ocampo, antiguo di-
rector, quien ejercía el comando de la Brigada de Institutos Milita-
res, con el fin de hacerse reconocer por las tropas como presidente
de la República (encargado). Horas más tarde, en un radio desven-
cijado del Casino de Cadetes, escucharon al ministro de Gobierno,
Alberto Lleras Camargo, llamar a la calma y a la sensatez.

El tiempo siguió su curso para el cadete Landazábal, quien era


dueño de una disciplina a toda prueba y reconocido por su don
de gentes y gran cultura, virtudes que lo hicieron destacar en su
grupo. Así, el 1 de junio de 1946, recibió de manos del titular de
la cartera de guerra, Fabio Lozano y Lozano, la copa “Ahumada y
Guillén”, como mejor compañero.

Tras cumplir el tiempo de formación reglamentaria, el 6 de diciem-


bre de 1947, ascendió a subteniente del arma de Artillería, como 3
integrante del curso “José Antonio Galán”, junto con Gustavo
Matamoros D´Costa, Jaime Suárez Suárez, Manuel Rojas Ruano,
Carlos Rueda Larrota y Hernando Bocanegra, entre otros. Aquel
día, el discurso del presidente Mariano Ospina Pérez llamó su aten-
ción; en especial, el fragmento en que hizo referencia al valor del
ejemplo y al conocimiento que, como oficial, siempre cultivó: “(…)
El militar necesita educar, con el continuo ejercicio de sus virtu-
des, y aprestigiar la autoridad, con su ejemplo. El mando que le
está encomendado le impone responsabilidades y un conocimiento
profundo de las condiciones de sus subordinados y del medio en
que actúa” (El Tiempo, 1947).

El caos en Bogotá

Una vez ascendido, el subteniente Landazábal fue destinado a la


Escuela de Artillería. Los paseos dominicales al lago Gaitán y los
viajes en tranvía por la carrera 13 hasta llegar a la emblemática
Avenida de Chile fueron parte de la Bogotá que conoció. Una urbe
mucho más enigmática que su provincial Pamplona. La tranquili-
dad del oficial se esfumó pronto, pues el país enfrentaba la deses-
peranza de estar al borde del abismo de la violencia partidista.

El 9 de abril de 1948, hacia el mediodía, Jorge Eliécer Gaitán salió


de su oficina en compañía de Plinio Mendoza Neira con la in-
tención de celebrar la absolución (proferida unas horas antes) del
teniente Jesús María Cortés Poveda, su defendido, quien, diez años
atrás, alegando legítima defensa del honor, había ultimado de dos
disparos al periodista Eudoro Galarza Ossa en Manizales. Aquel
juicio se convirtió en un acontecimiento de gran trascendencia, a
tal punto que las audiencias eran transmitidas por radio y se- en un momento en el cual el Ejército estaba inmerso en un
guidas con atención en todos los cuarteles. Apenas Mendoza conflicto interpartidista.
y Gaitán habían alcanzado la calle, el caudillo liberal fue herido
mortalmente y falleció minutos después en la Clínica Central. Sobre aquellos días en que partió a librar una lucha en tierra aje-
na, el general afirmó: “Fui siendo teniente. Estábamos en plena
A las cuatro de la tarde, lo que hoy se conoce como el Centro guerra entre liberales y conservadores, otra guerra que la clase
Histórico, era un infierno. Las pocas tropas que había en el lu- política y el pueblo colombiano quieren olvidar”. Y añadió, “en
gar eran insuficientes para enfrentar la masa enloquecida; por lo Corea asistimos a un conflicto que prácticamente era el último
cual, se ordenaron refuerzos. La Escuela de Artillería, al mando de ese tipo que vivía la humanidad. También dividió la historia
del teniente coronel Alfredo Duarte Blum “dispuso tres uni- del Ejército porque llegamos con una concepción y salimos con
dades fundamentales para la defensa del Palacio Presidencial” otra” (Medina, 2000).
(Grupo de Artillería “Santa Bárbara”, 1997).
En Corea perdió a un amigo entrañable, el teniente Vladimir
Landazábal, al mando de un pelotón, tomó posición hacia las Valek Moure, el 21 de mayo de 1952. El día anterior, Valek ha-
15:30, cerca de la sede de Gobierno, y presenció la muerte del bía sido herido tras un ataque con morteros. Luego de ser res-
teniente Álvaro Ruiz Holguín, del Batallón “Guardia Presiden- catado, fue llevado a la enfermería en estado agónico: “Antes de
cial”, quien fue baleado por francotiradores. Cumpliendo con expirar, dijo pleno de orgullo al teniente Fernando Landazábal:
su deber, “defendió exitosamente, durante cinco días con sus No te afanes compañero que yo vuelvo a combatir” (Caicedo,
noches, el sector suroriental de la casa y despacho del señor 1961).
presidente Ospina Pérez” (Arias, 2018). Aquel día, se abrió para
Colombia un abismo profundo de pasión sectaria, alentada por La mirada sobre los aprendizajes derivados de esa experiencia
los partidos políticos y sus representantes. la confirma el general Valencia Tovar, quien participó allí como
capitán: “Esa guerra fue una fuente de lecciones extraordina-
Tras los luctuosos hechos, un articulista escribió en un diario rias sobre doctrina, organización, abastecimientos (...) divide en
capitalino: “Signada con sangre de oficiales gallardos y de anó- dos eras la historia moderna [del Ejército]: la anterior a Corea
nimos soldados está la heroica conducta del Ejército colom- y la posterior a esta experiencia, cuando el Ejército aprendió a
biano en esta dura prueba y ello hace aún más admirable el luchar dentro de conceptos modernos” (Revista de Historia,
comportamiento de nuestra fuerza armada. Que seguirá me- 1977). En esa conflagración, que constituyó el primer enfren-
reciendo, multiplicada, la estimación fervorosa y la irrestricta tamiento armado en el ámbito de la Guerra Fría, permaneció
confianza del pueblo” (El Tiempo, 1948). No era para menos, el joven oficial hasta abril de 1953 y luego retornó a la Escuela
el Ejército había restablecido el orden y garantizado la perma- Militar como instructor.
4 nencia del mandatario elegido democráticamente. Sobre aquella
fecha, comenta el general Álvaro Valencia Tovar: “Tan pronto
como les fue posible, los altos mandos militares se trasladaron
a Palacio, no a proponer que se les entregara el poder, sino para
asegurarle al presidente el respaldo de las instituciones arma-
das” (Valencia, 2013).

Corea: lucha en tierra ajena

En 1950, Landazábal fue enviado en comisión a Fort Gulick, en


Panamá, con el propósito de que adelantara el Curso de Armas
Básicas y Pesadas de Infantería. A su regreso, en 1951, realizó el
Curso de Administración Militar. Una vez finalizado, fue asig-
nado como instructor de la Escuela Militar de Cadetes. Su paso
fue fugaz, toda vez que fue transferido al Batallón de Infantería
N° 1 “Colombia”, a finales de 1951. En este aparte, vale la pena
recordar que, antes de su viaje al continente asiático, conoció a
quien sería su esposa: doña Olga Bernal Bonilla, una agraciada
dama tolimense a quien, infructuosamente, le propuso matri-
monio esa misma noche. Así, inició un romance epistolar que
concluyó dos años después en el altar.

En enero de 1952, el oficial partió a Corea para integrar la fuer-


za multinacional, creada por el Consejo de Seguridad de la Na-
ciones Unidas, bajo mando norteamericano. La guerra de Corea
(1950-1953) fue el único conflicto internacional (de proyección
extracontinental) en el que estuvieron involucradas las Fuerzas
Militares de Colombia. La participación en aquella contienda
sensibilizó a varios oficiales, en especial a Landazábal, quien
tomó atenta nota de los desafíos que planteaba la Guerra Fría
Instructor, formador y maestro campesinos que le prestaron auxilio” (Landazábal, comunicación
personal, 2020).
En el instituto, recibió con sorpresa el ascenso al poder del general
Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953, en lo que el maes- De esos días, comenta el general (H) Londoño Paredes: “Me volví
tro Darío Echandía calificó como un golpe de opinión. El 24 de a encontrar con Landazábal cuando él era ejecutivo del Batallón
julio del mismo año, representó al Ejército Nacional como orador ‘Tenerife’. El único batallón empeñado íntegramente en orden pú-
en los festejos con ocasión del natalicio del Libertador, según fue blico, en el Huila y sur del Tolima. Era el cerebro de todo. Con
consignado en el Boletín de Historia y Antigüedades: “El Ejército enorme visión, manejó la estrategia frente al grupo de Tirofijo y
hará los honores correspondientes y en su nombre llevará la pala- los demás que actuaban en el sur del Tolima. Siempre atento a las
bra el señor teniente Landazábal, de la Escuela Militar” (Cuervo, dificultades de los miembros del batallón” (Londoño, comunica-
1953). La transcripción aparece en el libro Escritos inéditos del ción personal, 2020).
señor general Fernando Landazábal Reyes, publicado en 1998, por
Esgrimiendo esa valiosa y reflexiva pluma que nunca se detuvo,
el batallón que lleva el nombre del oficial inmolado. El 17 de octu-
publicó un artículo titulado “El sentido ético de la guerra”. En él,
bre, contrajo matrimonio en la Parroquia Militar del Espíritu San-
to, en Bogotá, con doña Olga, y puso fin al amor epistolar en unallamó la atención sobre la necesaria observación y aplicación de los
ceremonia religiosa oficiada por su antiguo profesor, monseñor principios humanitarios en la conducción de las hostilidades (Lan-
Galindo. dazábal, 1960). Casi un año después, en junio de 1961, el Partido
Comunista Colombiano (PCC) llevó a cabo, en la clandestinidad,
De la época de la Escuela Militar, recuerda el general (H) Julio el IX Congreso y aprobó la tesis de la necesidad de combinar todas
Londoño Paredes, académico y excanciller de la República: las formas de lucha. Los hechos posteriores dieron cuenta de la in-
cidencia de esa decisión en la conformación de grupos irregulares.

El teniente Landazábal comandaba el primer pelotón de Adicionalmente, participó en la elaboración del Plan Lazo, bajo el
la Compañía D, cuando ingresamos a la Escuela Militar liderazgo del general Alberto Ruiz Novoa, junto a otros oficiales,
para adelantar cuarto en el año 1954. Estaba recién entre ellos: Rivas Forero, Valencia Tovar, Carvajal Muñoz y Ro-
llegado de Corea, lleno de condecoraciones que incluían bledo Pulido. Sobre aquella estrategia, que la escasa visión política
la Estrella de Bronce. Era disciplinado, ponderado e in- de entonces impidió que se prolongara en el tiempo, su artífice
teligente, ajeno a los gritos de otros oficiales. Alguna vez manifestó lo siguiente: “El plan fue elaborado con la colaboración
quedó encargado de la compañía porque el capitán José del Estado Mayor, entre quienes se contaban algunos oficiales que
Joaquín Matallana estaba participando en un campeona- habían integrado el Batallón ‘Colombia’ en la campaña de Corea.
to mundial de fusil de guerra en Caracas. Hubo entonces Contenía elementos nuevos para enfocar la lucha contra la violen-
una demostración nocturna de campaña, con espectadores, cia; se basaba en el reconocimiento de las causas políticas, sociales 5
en medio de la cual Landazábal pronunció una poesía y económicas de ese fenómeno” (Ruiz, 1997).
a la bandera colombiana que nos impresionó tanto que
jamás la olvidamos (Londoño, comunicación personal, El 21 de julio de 1962, el Gobierno nacional le concedió la Or-
2020). den de Boyacá en el grado de Oficial. Aquel día también fueron
condecorados los coroneles Matallana y Valencia Tovar, el mayor
Matamoros D´Costa, entre otros. El mismo año, publicó un texto
Nuevos desafíos
técnico titulado “Los problemas topográficos” y otro en la Revista
del Ejército, en agosto de 1962, bajo el título “El Pueblo y el Ejér-
En 1954, viajó a Fort Sill (Oklahoma), lugar en el que adelantó el
cito: una misión de conjunto ineludible”. Este último, comenta el
Curso Básico de Artillería de Campaña hasta febrero de 1955, mes
historiador Ricardo Esquivel (2007): “Fue el primero de los artí-
en el cual ascendió a capitán. Entre 1957 y 1958, viajó nuevamente
culos no dedicados a su especialidad”. Fue nombrado jefe de la
a Estados Unidos para hacer el Curso Avanzado de Artillería, del
Oficina de Relaciones Públicas del Ejército, creada por el general
cual se graduó el 6 de junio. En ese periodo, gracias al espíritu lírico
Ruiz Novoa. Ascendió a teniente coronel, en junio de 1964, en el
que jamás lo abandonó, escribió el poema “Brindis del artillero”,
mandato de Guillermo León Valencia.
mezcla afortunada de expresiones épicas, patrióticas y románticas.
En septiembre de 1958, fue trasladado a la Brigada de Institutos
En aquellos días, se desarrollaba la operación Soberanía contra la
Militares. A mediados de 1959, adelantó el curso reglamentario de
retaguardia de la guerrilla comunista comandada por Tirofijo, asen-
ascenso, al grado inmediatamente superior, en el que ocupó el pri-
tada en regiones como Marquetalia, El Pato, Río Chiquito, Guaya-
mer puesto.
bero, Sumapaz y la del río Ariari. Fueron tiempos en los que “de
los principios y procedimientos de la guerra regular aprendidos en
En marzo de 1960, durante el Gobierno del presidente Alberto
las escuelas y de la misma experiencia que muchos de sus integran-
Lleras Camargo, siendo ministro de Guerra el mayor general Ra-
tes adquirieron en la Guerra de Corea, los militares empezaban a
fael Hernández Pardo, fue ascendido a mayor y trasladado al Ba-
transitar, sin abandonar su clásica formación, hacia una prepara-
tallón de Artillería N° 6 “Tenerife”, en Neiva, donde fue segundo
ción en caliente propia de la guerra irregular” (Ugarriza y Pabón,
comandante. En esa unidad, relata su hija Olga: “Mientras se ce-
2017).
lebraba el 4 de diciembre, el día de Santa Bárbara, mi papá (que
vivía muy pendiente de sus soldados) decidió desplazarse en heli-
Designado como jefe del recién creado Departamento E-5 de
cóptero para visitar a las tropas. Cuando la aeronave volaba cerca
Asuntos Civiles, se refirió así a su nueva responsabilidad: “Quizá
de Planadas, se vino a tierra. El piloto y su pasajero inexplicable-
la parte más importante en la labor a realizar será aquella que lo
mente sobrevivieron. De allí, salió a lomo de mula, ayudado por
señala como la entidad que ha de planear, dirigir y supervisar el situación, pues sentía profunda admiración por un oficial
empleo de los recursos disponibles del Ejército, en conjunto con que, como él, había estudiado las causas políticas y sociales
los que puedan aportar los organismos nacionales, para la consoli- de la violencia que azotaba al país y proponía soluciones.
dación de la paz” (Landazábal, 1964). Con base en su experiencia y
en la tarea que le había sido delegada, publicó la “Guía de asuntos La pluma y la espada
civiles para el mantenimiento del orden público”.
En 1966, publicó un texto innovador para aquellos tiempos,
En noviembre de 1964, fue nombrado comandante del Batallón de Política y táctica de la guerra revolucionaria, en el cual deve-
Artillería N° 3 “Palacé”, en Buga, en reemplazo del coronel Álva- ló su profundo conocimiento y comprensión del escenario
ro Campo Bejarano, oficial que dio su nombre a la medalla cívica que se enfrentaba en ese entonces. En uno de los apartes del
de esa localidad. Allí, organizó una escuela de artes y oficios para libro, explicaba:
niños y jóvenes del municipio y empleó como maestros al sastre,
al talabartero, al plomero y a los rancheros de la unidad. Como
teniente coronel, Landazábal se desempeñó con éxito en varias
responsabilidades: profesor y jefe del Departamento de Estrate- La guerra revolucionaria es el resultado de ac-
gia de la Escuela Superior de Guerra; jefe del Departamento D-2 ciones de carácter esencialmente político, donde se
del Comando General, instructor en comisión de la Escuela de las utilizan, preferentemente, armas no convencio-
Américas (para dictar conferencias sobre operaciones sicológicas nales… el arma sicológica, con la propaganda,
y acción cívico-militar); profesor de Filosofía Militar de la Escuela los rumores, la creación de expectativas y descon-
Militar de Cadetes “General José María Córdova”; y representan- ciertos; la acción persuasiva, ya sea individual o
te del Ministerio de Defensa ante el Instituto Geográfico Agustín colectiva; la influencia política con sus infiltra-
Codazzi. ciones, la lucha de clases y la búsqueda de apoyo
en el extranjero; la agitación, los disturbios, los
El 7 de enero de 1965, guerrilleros del Ejército de Liberación Na- desórdenes, los motines, los incidentes provocados,
cional atacaron Simacota (Santander) e iniciaron un recorrido de las manifestaciones de protesta, las asonadas; la
sangre y fuego contra el pueblo colombiano. Pocos días después, violencia, la cooperación con grupos organizados
el 27 de enero, el general Ruiz Novoa renunció al Ministerio de para fortalecerlos y ganar adeptos y por último
Guerra, tras un lamentable episodio provocado por un sector del la resistencia pasiva para impedir la acción de la
generalato. La coyuntura fue aprovechada por el mandatario para justicia (Landazábal, 1966).
saldar una deuda antigua con el ministro, luego del impasse genera-
do por el discurso pronunciado [por Ruiz], el 27 de mayo de 1964,
6 en el Hotel Tequendama (Castaño, 2017). Landazábal lamentó la
El 1 de junio de 1968, ascendió a coronel. En medio de la cere- perdido dos generales aquilatados. Durante su gestión, organizó
monia, el presidente Carlos Lleras Restrepo pronunció un discurso los cursos para profesionales oficiales de reserva.
que destacaba aquello en lo cual siempre creyó el oficial: “El país
reposa tranquilo en sus instituciones armadas, y así lo sabe la Re- Por esa época, con el apoyo de Belisario Betancur, quien era pro-
pública, que no teme por su porvenir porque sabe que una fuerza pietario de la editorial Tercer Mundo, publicó el libro Factores de
tutelar, inspirada en los más altos principios, vela por la paz y la violencia, como parte de la colección “Tribuna Libre”. La obra fue
seguridad de Colombia” (El Tiempo, 1968). prologada por Jorge Eliécer Ruiz, escritor, ensayista y crítico litera-
rio importante, quien resumió así su contenido: “Miseria, ignoran-
En 1969, publicó el libro Estrategia de la subversión y su desarrollo en cia, injusticia: trípode siniestro sobre el que se asienta el monstruo
América Latina. El concepto de la obra, según explicaba el gene- de la violencia. El examen de estos tres factores, de su interacción,
ral Valencia Tovar: “Abarca simultáneamente los aspectos teóricos nos ubica en el camino de lograr una explicación de lo que ha sido
del fenómeno subversivo y el análisis histórico de su situación en el acaecer histórico de nuestro país en los últimos años”(Landazá-
América Latina y, particularmente, en Colombia”. Así mismo, el bal, 1975).
brigadier general Ricardo Charry Solano, quien prologó el libro, es-
cribió: “El peso de las luchas lo han llevado sobre sus hombros las El 16 de diciembre de 1975, el presidente López Michelsen lo as-
Fuerzas Militares con indiferencia casi total de otros estamentos cendió a mayor general. A mediados de 1976, en medio del clima
del Estado, bien por no medir el problema en toda su profundidad, de agitación social en que se encontraba el país, Landazábal es-
por un falso egoísmo o por creer que los interesas nacionales pue- cribió en El Pueblo un artículo titulado “Diagnóstico de la incon-
den defenderse a base del uso exclusivo de las armas” (Landazábal, formidad”. Así se refiere a las causas que, en su criterio, genera-
1969). ban inestabilidad: “El constante aumento del costo de la vida, el
desempleo, las ambiciones de lucro y el indebido enriquecimiento,
Como coronel, fue jefe de Estado Mayor y segundo comandan- la subsistencia de grandes monopolios, el contrabando, la desho-
te de la IV Brigada en Medellín; jefe del Departamento E-1 y de nestidad administrativa y la ausencia de moralidad económica en
Planes y Operaciones del Comando General. Con respecto de esa el campo individual” (Landazábal, 1976). Ese año, fue designado
época, el general Manuel José Bonnet Locarno (1998) comentó: como jefe de la delegación colombiana ante la Junta Interamericana
“Me tocó desarrollar, bajo su dirección, un plan para la defensa de Defensa y ministro consejero en la representación colombiana
antiaérea del país basado en radares, misiles y cañones. Allí recibí la en la Organización de Estados Americanos (OEA). En desarrollo
primera enseñanza contundente. Cuando le pregunté por el presu- de esa tarea diplomática, “fue enviado como observador para me-
puesto disponible para desarrollar el plan, me dijo afectuosamente: diar en el conflicto entre Honduras y Nicaragua” (Arias, 2018). De
Mi querido zurrón, la guerra no se planea ni se hace con lo que se regreso al país, ocupó el cargo de jefe de Estado Mayor Conjunto y
tiene, sino con lo que se necesita”. secretario ejecutivo del Consejo Superior de la Defensa Nacional.
Con el Decreto 2913 del 28 de noviembre de 1979, firmado por el 7
General vigoroso, pensador reflexivo presidente Julio César Turbay Ayala, ascendió al grado de general.
El 27 de febrero de 1980, un comando del M-19 ocupó violenta-
Fue nombrado agregado militar, naval y aéreo en 1970, ante el mente la embajada de la República Dominicana y secuestró a 17
Gobierno de la República de Brasil. Finalizada la misión diplomá- diplomáticos.
tica, el mando lo seleccionó para integrar el Curso de Altos Estu-
dios Militares. A mediados de enero de 1972, inició clases con los El 1 de septiembre de 1980, Landazábal fue nombrado comandan-
coroneles Gabriel Puyana García (quien fuera más antiguo, pero te del Ejército (El Tiempo, 1980). En su saludo, en la ceremonia
se había retardado dos años por efectos de una comisión en el de posesión, se dirigió así a las tropas: “Sed invencibles en la lucha,
exterior), Carlos Rueda Larrota, Manuel Rojas Ruano y José Jaime
Rodríguez. Ascendido a brigadier general, lo nombraron coman-
dante de la Tercera Brigada, con sede en Cali, cargo en el cual se
desempeñó entre 1973 y 1974 en el Gobierno de Misael Pastrana
Borrero. El 17 de enero de ese último año, un comando del M-19
ingresó a la Quinta de Bolívar y robó la espada del Libertador. Esa
fue la primera de una serie de acciones que cada vez escalarían
mayores niveles de violencia. En agosto de 1974, el liberal Alfonso
López Michelsen asumió la Jefatura del Estado.

En marzo de 1975, Landazábal fue nombrado secretario ejecuti-


vo permanente del Consejo Superior de Defensa Nacional. Ese
mismo año, recibió la Brigada de Institutos Militares (BIM), luego
del traslado intempestivo del brigadier general Puyana García a la
Inspección del Ejército. Dos meses después, Puyana fue llamado
a calificar servicios. Las circunstancias en las cuales se produjo el
retiro de un oficial que gozaba de gran prestigio no fueron de su
agrado. Días después, por cuenta de un rumor infundado, fue re-
tirado del servicio activo (por voluntad del Gobierno) el general
Valencia Tovar, comandante del Ejército. De un momento a otro,
por causas ajenas al cumplimiento del deber, la institución había
continuad en la ruta de vuestras fatigas hasta coronarlas con
el máximo sacrificio; si ello fuere necesario, para el bien de
Colombia, poned vuestras armas a discreción donde así lo
sugiera la batalla por la paz”. Apenas había recibido el cargo,
decidió proyectar “la conformación de una agrupación de
Fuerzas Especiales en la Escuela de Lanceros, con la que el
Ejército pudiera realizar operaciones de alto nivel. Con este
objetivo, se planeó la compra de algunas aeronaves de ala
rotatoria” (Tovar y Figueroa, 2020). Estas, a su vez, exigían la
formación de pilotos y técnicos; tarea que se consolidó con
el paso de los años y la superación de múltiples dificultades.

Ruido de sables

Una anécdota del Ejército de Chile, ocurrida en los años


veinte, recuerda el origen de la expresión ‘ruido de sables’.
El 2 de septiembre de 1924, en el Gobierno de Arturo Ales-
sandri, se discutía largamente la dieta parlamentaria chilena
en el Senado, un hecho que se consideraba un insulto, habi-
da cuenta de la crisis económica que enfrentaba esa nación.
Previamente, los senadores habían denegado el aumento de
sueldos, la ley de planta y la de ascensos al Ejército por falta
de fondos. Un grupo de oficiales de la Guarnición de Santia-
go se hizo presente en las tribunas del Congreso esa noche
y, al día siguiente, sin pronunciar palabra, golpeó el piso con
los regatones de sus sables para manifestar su inconformi-
dad (Aldunate, 1924).

En la historia reciente del país, varios episodios dan cuenta


de rumores de golpe de Estado o de cuartel, en su mayoría,
producto de comentarios de pasillo o componendas de in-
8 teresados en sacar del camino a quien incomodara. Ocurrió
con el general Alberto Ruiz Novoa, ministro de Guerra, por su
pensamiento de avanzada para contrarrestar la acción subversiva;
con el general Guillermo Pinzón Caicedo, comandante del Ejérci-
to, por un editorial en la revista institucional en el cual criticaba la
intromisión en el presupuesto de defensa de sectores ajenos a él;
y con el general Álvaro Valencia Tovar, por una conjura entre el
presidente López y su ministro de Defensa Nacional.

El general Landazábal no fue ajeno a este tipo de acusaciones en


varios momentos. Uno de ellos sucedió en agosto de 1981, cuando
el precandidato conservador Belisario Betancur puso en tela de
juicio la lealtad de las tropas. Como respuesta, Landazábal publicó
un comunicado en el cual dejaba en claro la posición institucional:
“El Ejército jamás será postor en el ejercicio político de los pode-
res, seguirá siendo siempre postor en el ejercicio de la lealtad a su
Gobierno, a los destinos de su pueblo y a la vigencia de sus leyes”
(Landazábal, 1981).

Sobre aquellos ‘ruidos’, explicaba el general: “Los golpes milita-


res en Colombia, lejos de ser una ambición de los militares para
tomarse el poder, han sido una estrategia de la clase política para
no perderlo” (Landazábal, 1983a). Afirmación que encuentra ple-
no sentido en un comentario del profesor Eduardo Pizarro: “La
subordinación de las Fuerzas Militares al poder civil ha sido ejem-
plar en el contexto de América Latina y ha dejado una profunda
huella en la cultura política nacional” (Pizarro, 2019).

En una entrevista de Jorge Yarce, director de la revista Arco, en


1981, el general expresó su profunda preocupación por el momen-
to que vivía el país por cuenta de la violencia: “La guerra contra
quienes combaten la democracia no la gana o la pierde el Ejér-
cito ni el Gobierno, sino toda la nación, bajo la responsabilidad 9
de su clase dirigente a la cabeza de sus triunfos o fracasos”. Y
agregó: “tengo derecho a tener angustia y por eso le hablo al país”.
Sus análisis y entrevistas siempre causaron polémica. En enero de
1982, un editorial suyo causó un gran revuelo, puesto que en el Betancur inauguró la era de los procesos de paz. Comenzó por
afirmaba: “La educación está en manos de la subversión”, opinión el reconocimiento del carácter político de las guerrillas. Durante
que compartió el entonces ministro Carlos Albán Holguín. el primer año de gobierno, en cumplimiento de las promesas de
campaña, expidió una Ley de Amnistía para facilitar una posible
La búsqueda de la paz desmovilización de los insurgentes, implementó el Plan Nacional
de Rehabilitación (PNR) y creó una Comisión de Paz. Estas deci-
En julio de 1982, el general Landazábal presentó una propuesta siones fueron acompañadas por el ministro de Defensa Nacional,
pública de paz. En ella proponía un plan estratégico que contem- quien era capaz de hacer exposiciones y análisis en las reuniones
plaba seis temas estructurales que debían atenderse: agricultura, ministeriales (sobre la política de paz) que ‘descrestaban’ a sus co-
vivienda, seguridad social, desarrollo industrial, educación y el legas civiles.
campo militar. Su idea era “poner a toda la nación a la altura del
momento que vive, reconociendo la amenaza y haciendo frente En corto tiempo, el general emitió directrices para que las FF. AA.
con los medios más eficaces para llegar a la meta de convivencia, apoyaran la ejecución del PNR: “Ante la política del nuevo Gobier-
antes de que se acerque la situación a un punto que haga demasia- no y las necesidades de la nación colombiana, las Fuerzas Armadas
do costoso el precio de la paz” (El Tiempo, 1982). deben prepararse en el menor tiempo posible para poner parte de
sus medios y personal, para lo cual debe preverse la creación de
Belisario Betancur Cuartas se impuso en la contienda electoral, Unidades de Ingenieros y Comandos de Desarrollo, para llevar el
tomó posesión como presidente de la República el 7 de agosto de beneficio de su acción a las zonas afectadas por la violencia, entre
1982, escogió un gabinete (de mayoría conservadora) y designó ellas: Vichada, Guainía, Chocó, el Magdalena Medio, Caquetá, Pu-
a Landazábal Reyes como ministro de Defensa Nacional. Recién tumayo y Urabá” (Landazábal, 1985).
ocupó la cartera, varios asesinatos estremecieron al país. El presi-
dente Betancur hizo un fuerte pronunciamiento que fue secundado Además, apunta el general Arias Vivas, quien ha estudiado su obra:
por su ministro. En una circular dirigida a los comandantes de las “Impulsó la construcción de dos bases militares de carácter es-
tres Fuerzas y la Policía Nacional, el general Landazábal mencionó tratégico para la seguridad nacional; la primera, la Base Naval de
la existencia en Colombia de “organismos clandestinos llamados a Bahía Málaga en el Pacífico; la segunda, la Base Aérea de Marandúa
sí mismos paramilitares” (Revista Semana, 1982a). en el Vichada cerca al límite con Venezuela” (Arias, 2018).
Todo ese esfuerzo institucional se vio afectado por las circuns- sentimiento que se ha venido gestando sutilmente, de poner a
tancias tan difíciles que rodearon el proceso. Los hechos acaba- las Fuerzas militares como intransigentes y enemigas de la paz,
ron por quebrantar la confianza y concedieron la razón a quie- no por otra razón que la de cumplir con su deber, tenía que
nes advertían el engaño al que sometían los grupos guerrilleros ser contrarrestado” (El Tiempo, 1984a). Sobre la reunión con el
a los colombianos. Tras develarse el doble juego de la insur- M-19, en la conversación que sostuvo con el profesor Medina,
gencia, a comienzos de 1983, frente a las concesiones ofrecidas comentó: “Tal vez, el presidente no confió mucho en los man-
por el Gobierno, el ministro Landazábal escribió en la Revista dos militares, creyó más en las directivas de la subversión. No
de las Fuerzas Armadas: “El mérito de la amnistía ha sido dejar consultó con nosotros, le hubiéramos podido ayudar. Cuando
la farsa al descubierto. Los traficantes han sido despojados de recibimos la noticia y luego supimos que allí se había compro-
la máscara política con que se revistieron para la subsistencia y metido la baja de los generales Landazábal, Matamoros y Lema
el aprovechamiento del fatídico negocio” (Landazábal, 1983b). ahí la cosa se complicó” (Medina, 2000).

En el libro La salida del túnel, hizo referencia a ese tema: “Cuan- Finalmente, varios hechos llevaron al ministro de Defensa Na-
do el Estado indemniza el delito con dádivas y apoyos, cuando cional a renunciar a su cargo. Especialmente, las razones con-
el concepto de la vida pierde valor en la conciencia humana, la signadas en un editorial en la Revista de las Fuerzas Armadas
violencia florece, se expande, sienta su imperio y destruye la y en el informe presentado al Consejo Superior de la Defensa
norma más elemental de convivencia, en la permanente practica Nacional. Este último fue calificado por el presidente Betancur,
del quebrantamiento de la ley” (Landazábal, 1990). en la intervención que hizo ante el mismo Consejo, el 18 de ene-
ro de 1984, como un “analítico memorando”. En los dos docu-
Punto de quiebre mentos, Landazábal dejó en evidencia su distanciamiento con la
política de paz del Gobierno. Entonces, Betancur se pronunció
El 8 de octubre de 1983, el presidente Belisario Betancur se reu- haciendo referencia al discurso del expresidente Lleras Camar-
nió en Madrid con los cabecillas del M-19 (Iván Marino Ospina, go, del 9 de mayo de 1958, en el Teatro Patria: “La política es el
Álvaro Fayad y Carlos Toledo Plata) a espaldas del mando mili- arte de la controversia, por excelencia; la milicia, el de la discipli-
tar. Una situación que generó desazón y pérdida de confianza del na. Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política, lo primero
ministro hacia su comandante en jefe. En la noche del 4 de enero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en
de 1984, los televidentes escucharon a Margarita Vidal entrevis- sus filas” (Pardo, 1996).
tar al general Landazábal, en el programa Al Banquillo. En esa Al tiempo, el mandatario alistó la respuesta a la dimisión del
ocasión, le advirtió al país que “se acostumbren a escuchar a sus ministro, haciendo un elogio tardío al general: “La República de
generales porque ellos saben lo que dicen y por qué lo dicen”. Colombia no puede privarse de su generosa inteligencia. Usted
es el primero en decir que no deben desperdiciarse talentos. Por
10 Sobre sus declaraciones, que fueron recibidas con recelo en Pa- eso, habremos de solicitar el noble concurso del general Fer-
lacio, el editorialista del diario El Tiempo escribió el 6 de enero: nando Landazábal Reyes”. De inmediato, se expidió el Decreto
“Las explicaciones del general Landazábal eran necesarias, ese 0093 del 18 de enero de 1984, con el cual se aceptaba la solicitud
de retiro y la renuncia a la cartera de Defensa. Su compañero de quiénes integraban el Ejército, respondió:
promoción y amigo, el general Gustavo Matamoros D´Costa, fue
su reemplazo. Sobre estos hechos, escribiría Enrique Santos Cas- Lo que no hay en el Ejército es la clase política alta. Distinto a In-
tillo, en el editorial de El Tiempo: “El general Landazábal Reyes glaterra, donde el primero que se escalafona es el hijo de la Reina.
cumplió con su deber en las más difíciles circunstancias (...) rinde En Colombia, la clase política no está integrada con el Ejército.
a la nación un parte de honor que le permite regresar a la vida civil No consideran la educación de sus hijos en sus filas, pero sí afir-
con la cabeza en alto” (El Tiempo, 1984b). man que el Ejército tiene que cuidarlos. Esa es una de las reformas
por hacer, el servicio militar totalmente obligatorio para todo el
Curiosamente, quien fuera señalado como la piedra en el zapato en mundo. En los Estados Unidos, Kennedy era oficial de la Armada,
asuntos de paz, era el que más la había comprendido y estudiado. Bush [padre] fue oficial de la Fuerza Aérea y héroe nacional. Aquí
Hacía apenas un año, en 1983, había publicado el libro Páginas de no, el requisito para ser presidente de la República o senador es no
controversia, en el que se refirió a la necesidad de una educación haber prestado el servicio militar. Como que es ínfimo haber sido
para la paz, en la cual “a nuestro modo de ver, están los fundamen- militar. Eso hay que cambiarlo (Medina, 2000).
tos esenciales para la convivencia, la cordura y el progreso de la
nación” (Landazábal, 1983a). Sobre sus diferencias con el presidente Betancur, cuando era mi-
nistro de Defensa Nacional, dijo lo siguiente: “Desgraciadamente,
Cuando la temperatura había bajado, pues el descontento en las en el campo político, las personas interesadas en la paz con la gue-
tropas por la salida del general era evidente, Betancur ofreció una rrilla se acercaban a Belisario y no a mí. Nos fueron distanciando,
cena en honor del exministro, quien había aceptado la embajada no supe que Belisario iba a hablar en España con el M-19. Me
en los Países Bajos. El 28 de febrero, mediante el Decreto 0480 sorprendió cuando salió la noticia, pues yo era su ministro y eso
de 1984, quedó en firme el nombramiento. Cumplida esa misión, fue muy grave. Si Belisario me hubiera avisado, yo le hubiera di-
regresó al país a mediados de 1985. Pensando siempre en clave cho: ‘usted es el presidente y tiene toda la potestad, pero tenga en
de nación, de su bienestar y desarrollo, publicó El precio de la cuenta estas cosas’”.
paz, 1985; La integración nacional, 1987; El desafío: Colombia, sus
problemas y soluciones, 1988; La salida del túnel, 1990; El equili- Acerca de las élites políticas, comentó: “Recuerdo que, cuando te-
brio del poder, 1993; y La hora de la reflexión, 1997. nía tres o cuatro años, mi hermano mayor me llevó al parque de
Pamplona, donde había una gran cantidad de gente en una ma-
Esa inquietud permanente por abordar los grandes temas nacio- nifestación para el doctor López [Pumarejo]. Ya me voy a morir,
nales lo llevó a incursionar en la política y fundó el Movimiento estoy llegando a los ochenta años y la familia López sigue gober-
de Integración Nacional y de las Reservas de las Fuerzas Arma- nando el país. Esas familias siguen, no ha habido un relevo de las
das, con el cual participó como candidato a la Asamblea Nacional clases políticas, todo ha sido lo mismo”.
Constituyente, en 1991, sin alcanzar los votos necesarios para ser 11
parte de ella. En diciembre de 1992, el Partido Conservador lo Del apoyo al sector defensa por parte de sucesivos gobiernos, opi-
designó como miembro de su Dirección Nacional. A finales de nó: “En el Gobierno de Belisario Betancur, la prensa pedía que a
1994, junto con otros oficiales, fundó el Cuerpo de Generales y los soldados se les dieran botas y uniformes porque no los tenían.
Almirantes de las Fuerzas Militares. Si a los ministros militares nos hubieran dado la plata que le han
dado a los ministros civiles, habríamos ganado cinco guerras. No-
Cuatro años antes del crimen atroz que segó su vida, el 4 de di- sotros no teníamos plata, pero sí mística profesional, había convic-
ciembre de 1994, el diario El Tiempo publicó una entrevista en la ción de por qué se estaba combatiendo y qué era lo que había que
cual Landazábal se refirió a una posible negociación con las guerri- combatir”.
llas: “No encuentro una razón valedera para que las Fuerzas Arma-
das no respalden la paz, pero ¿cómo va a hacer el Gobierno para Cuarteles de invierno
hacer la paz con la guerrilla y no con el narcotráfico? El problema
de la paz es complejo en este momento porque todo está ligado En el calor del hogar, al lado de su esposa (doña Olga), con la
por detrás: guerrilla y narcotráfico son lo mismo. Se necesitan mu- cercanía de sus hijos (Olga, Fernando, Gustavo, Adriana, Claudia
tuamente. Mi opinión es que la paz tiene que hacerse teniendo en y María del Pilar), el recuerdo de su hijo Erwin y el amor de sus
cuenta todos los elementos que están perturbando al país” (Lan- nietos, dedicó sus días a la lectura, al análisis permanente de los
dazábal, 1994). hechos y a su gran pasión: escribir. Siempre vigente para la opi-
nión nacional, por cuenta de sus calidades académicas, sabiduría y
Una entrevista para la historia experiencia.

En febrero de 1998, meses antes de su infame asesinato, el profe- Fue un hombre franco, íntegro, directo y de carácter. Su hijo Fer-
sor Medófilo Medina lo entrevistó. Dos años después, publicó el nando lo recuerda como “una persona tranquila, un soldado poeta,
texto bajo el título “Las tropas siguen al líder, si se compromete lector consumado y autodidacta. Sin importar la hora de regreso
con ellas”. Allí, el general Landazábal habló sobre su familia, su al hogar, él leía hasta muy tarde, no sin antes llevar el café (que él
experiencia en la guerra de Corea, sus recuerdos de la época de la mismo preparaba) a los soldados que prestaban guardia. Siempre
violencia, los avatares del proceso de paz, el papel de las élites en la lo hizo, incluso siendo ministro” (Landazábal, comunicación per-
confrontación armada, su opinión sobre las guerrillas, la tozudez sonal, 2020).
de la clase política y el combate al narcotráfico, entre otros temas.
Varias respuestas dejaron en claro el carácter del oficial y su cono- En un lugar especial, pero austero, como todos sus espacios, re-
cimiento de la realidad nacional. Cuando Medina le preguntó sobre posaban las condecoraciones nacionales y extranjeras con las que
había sido distinguido a lo largo de 36 años de carrera, entre obra, además de sus entrevistas en medios de comunicación,
ellas: la Medalla al Deber Cumplido del Batallón “Colombia”; los uniformes, medallas y fotografías, para darle el lugar que
la Estrella de Bronce, otorgada por el Gobierno de Estados le corresponde, pues, al final, la historia le dio la razón” (Leal,
Unidos de América; y la medalla Cruz de Oro de la Liberación, comunicación personal, 2020).
12
de Corea del Sur. Así como la Cruz de Boyacá, que obtuvo en
el grado de mayor, por sus aportes a la pacificación del Huila y El 4 de diciembre de 1998, el entonces Batallón de Artillería
del Tolima. N° 13 “Capitán Francisco De Paula Aguilar”, cambió su nom-
bre por el de “General Fernando Landazábal Reyes”. El 2 de
En los días en que recibió el ministerio, la Revista Semana lo diciembre de 2005, 491 alféreces ascendieron al grado de subte-
llamó, con razones justificadas, “sociólogo con quepis” (Revista niente. A esa promoción, le fue otorgado el nombre del general
Semana, 1982b). Su producción intelectual supera la veintena que, 58 años atrás, en el mismo campo de paradas, se graduó
de obras y de cuarenta artículos. Autor de un centenar de poe- como oficial de Artillería.
mas en distintos estilos literarios: “El niño mártir de la violen-
cia”, “Jardín de amor”, “Desdén”, “Despedida”, “Delirios de En un artículo sobre el general Landazábal, publicado en la re-
juventud” y “Añoranzas”, entre otros. Su inspiración lírica está vista Ecos del Cuerpo de Generales y Almirantes en retiro de
presente en los cuarteles con los himnos de la Escuela de Lan- las Fuerzas Militares de Colombia, el mayor general Javier Arias
ceros y el Batallón “Guardia Presidencial”. propuso que se implementara una cátedra en las escuelas de
formación y capacitación. Una idea que no debería quedar en el
El brigadier general (H) Augusto Pradilla Giraldo, eximio jurista papel, puesto que, al igual que otros oficiales (como Ruiz No-
y académico, quien era su amigo personal, lo describe como un voa, Valencia Tovar y Puyana García, por citar algunos de ellos),
“hombre de letras, columnista reconocido en revistas y perió- se hace necesario estudiar su pensamiento, su producción aca-
dicos, pero, sobre todo, autor de libros en cuyas páginas dejó démica y las lecciones de su tiempo para la posteridad. Así, se
plasmada una visión clara de la suerte que correría el país, si los abriría un espacio para interactuar en una actividad académica
gobernantes no tomaban algún día la decisión de combatir la crítica, en la que se conocieran y discutieran los problemas más
subversión, como lo reclamara en su tiempo” (Pradilla, 2008). graves que enfrenta la sociedad colombiana desde la perspectiva
de la seguridad y defensa nacionales.
Dignificar la memoria
El toque de silencio
En las instalaciones del Batallón de Infantería N° 13 “General
Custodio García Rovira”, en Pamplona, se encuentra el Museo A las 7:45 de la mañana del 12 de mayo de 1998, el general salió
“General Fernando Landazábal Reyes”, un espacio que, según de su apartamento ubicado en el norte de Bogotá. Como era
Javier Leal, sobrino del general y acucioso guardián de su le- costumbre, se desplazaba a pie para llegar a su oficina particular
gado: “Busca conservar la memoria del militar y su prolífica situada a pocas cuadras. Aquel día, vestía un impecable traje
azul oscuro, llevaba en su mano el ejemplar infaltable de la edición de soldados que, al pie de su bandera, proseguirán la lucha, con la
de El Tiempo. En medio del desprevenido recorrido, un vehículo esperanza de su Oración Patria, pronunciada al anochecer en los 13
Sprint de color rojo lo seguía de cerca, en su interior (según relata- cuarteles de Colombia: ver a su patria grande, respetada y libre
ron testigos) iban tres hombres. Uno de ellos, se apeó y se acercó (Valencia Tovar, 1998).
de frente al general, desenfundó una pistola nueve milímetros y le
disparó en cinco ocasiones. Tres impactos le produjeron heridas REFERENCIAS
mortales (Restrepo, 1998).
Aldunate, R. (1924). La revolución de los tenientes: ruido de sa-
La autoría terminó en un callejón sin salida, algo de lo cual, por bles. Escuela Litotipográfica “La Gratitud Nacional”.
respeto a los suyos, no es pertinente comentar. Así, indefenso, ‘ar-
mado’ de un diario, como símbolo de la palabra que siempre de- Arias, J. (2018). General Fernando Landazábal Reyes 1922-1998,
fendió, murió sobre una acera fría en una aciaga mañana, en la cual Revista Ecos, 154, 24-29.
una llovizna tenue vio apagar cobardemente tres soles. El soldado
que había resistido a mil batallas, que había enfrentado el fuego in- Bonnet, J. M. (17 de mayo de 1998). A la memoria del amigo, el
clemente en tierra propia y ajena, había caído por cuenta de enemi- maestro y el jefe. El Tiempo. [Link]
gos agazapados que (contrarios a su talante) jamás dieron la cara. documento/MAM-781662

En sus exequias, estuvieron presentes familiares, amigos, compa- Castaño, C. (2017). General Alberto Ruiz Novoa: un soldado de to-
ñeros, dignatarios, arzobispos, personalidades y sus soldados. En dos los tiempos. Revista de las Fuerzas Armadas, XC(239). p. 2-12.
aquella ocasión, su hija Olga, dirigiéndose a los asistentes, clamó al
cielo: “¿Hasta cuándo? ¿Cuántos más tendremos que caer para salir Cimadevilla, J. (2020). Fernando Landazábal Reyes: el filósofo gue-
de este laberinto oscuro? A esas palabras, signadas por el dolor, se rrero. Manuscrito no publicado. Centro de Investigación en Me-
sumaron las del general Álvaro Valencia Tovar, su amigo, compa- moria Histórica Militar, Escuela Superior de Guerra.
ñero, soldado de la pluma y de la espada:
Cuervo, L. (1953). Festejos patrios de 1953. Boletín de Historia y
Antigüedades (40). p. 353.
Diríase que dentro de este féretro silencioso se hubiese apagado
la llama de una vida y acallado el timbre familiar de una voz. Es
El Tiempo. (febrero de 1943). Fueron nombrados ayer 73 nuevos
lo que quienes ordenaron la muerte o accionaron las armas mag-
alumnos de la Escuela Militar. El Tiempo.
nicidas quisieron lograr. En lo que no pensaron fue que esa llama, [Link]
convertida en antorcha, seguirá iluminando el presente y el futuro dat=19430205&printsec=frontpage&hl=es
de Colombia. Su pensamiento seguirá inspirando a las formaciones
El Tiempo. (7 de diciembre de 1947). 19 alféreces recibieron su Leal, F. (2018). Al paso del tiempo. Mis vivencias. Universidad
grado de subtenientes ayer. El Tiempo. de los Andes y Universidad Nacional de Colombia.

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