4581 633 PB
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Ensayos.
Historia y teoría del arte Artículos
Vol. XIX, No. 29, julio-diciembre 2015
ISSN 1692-3502 ARTE
[Link]
7 Orígenes, significados y creatividad en la
orfebrería colonial: La custodia de la iglesia de
San Ignacio de la Compañía de Jesús de Santafé
(La Lechuga)
Marta Fajardo de Rueda
MÚSICA
43 César A. Ciociano (1899-1951): un músico
italiano en Colombia
Humberto Galindo Palma
La Custodia de San Ignacio (apodada La Lechuga por el verde de sus esmeraldas) es una de
las más bellas obras de nuestra orfebrería colonial. Fue expuesta en el Museo del Prado con
ocasión de la Feria de Arte ARCO que se celebró en Madrid a comienzos del año 2015, en la
que Colombia fue el país invitado de honor (Figura 1).
Como además de su extraordinaria riqueza formal la custodia pertenece a una tipología
diferente a la de la mayor parte de las custodias conocidas, nos referiremos a sus antecedentes
centro-europeos. Custodias como estas se distinguen de las tradicionales de sol porque el astil
es un arcángel que porta el viril en el cual se coloca la hostia consagrada.
En algunos casos cuentan con la presencia de la Santísima Trinidad figurada, el Padre
Eterno en la parte superior, seguido del Espíritu Santo en forma de paloma y el Cordero Místico
colocado al borde inferior del halo exterior.
Esta tipología es frecuente en la orfebrería hispanoamericana a partir de los inicios del
siglo XVIII. Se encuentran ejemplos en varias ciudades de la Nueva España, hoy México, par-
ticularmente en Oaxaca, en donde se destaca la dedicada a San Miguel Arcángel. Se conserva
otra en Santiago Chazumba, con el astil representando a Santiago el Mayor, obras de plateros
poblanos anónimos1.
[7]
Figura 1. Custodia de San Ignacio, José de Galaz, 1700-1707. Altura 80 cm, base 20 cm, oro fundido,
calado con esmaltes e incrustaciones de perlas, esmeraldas y otras piedras preciosas. Colección Banco
de la República, Bogotá, fotografía Oscar Monsalve.
El arquitecto e historiador mexicano José Andrés de Leo Martínez,7 encontró que este mo-
delo para las custodias se originó en el libro de emblemas recogidos por el sacerdote agustino
Philippo Picinelli (1604-ca. 1667) titulado Mundus Symbolicus, trabajado en la abadía de
Wettenhausen y editado en Colonia por primera vez en 1653 en toscano, libro que posterior-
2 Cristina Esteras Martín, Arequipa y el arte de la platería. Siglos XVI- XIX,, Madrid: Ediciones Tuero,
1993, pp. 102-107 y 142-143.
3 Marta Fajardo de Rueda, Oribes y Plateros en la Nueva Granada, León: Universidad de León,
Secretariado de Publicaciones, 2008, pp.95 y 100.
4 María del Carmen Heredia, “Los indianos navarros y sus donaciones de plata labrada”, Ophir en
las Indias estudios sobre la plata americana Siglos XVI-XIX, León: Universidad de León, 2010, p. 457 e
“Iconografía del ostensorio mexicano del siglo XVIII con astil de figura” en Cuadernos de Arte e Ico-
nografía, tomo IV, 1991, en [Link]/revistas/pag/cai [Link], consultado el 18 de mayo de 2014.
5 María de Jesús Sanz Serrano, “Platería iberoamericana en Andalucía” Autores Varios Ophir en
las Indias Estudios sobre la plata americana Siglos XVI- XIX, León: Universidad de León, 2010, p.529.
6 Rosa Martín Vaquero, “Piezas de platería de Oaxaca (México) en la parroquia de Manzanos
(Álava) Legado de don Juan Miguel de Viana” en Estudios de platería San Eloy 2003 p. 345 en htpp://
[Link]/books consultado el 29 de junio 2015.
7 Leo Martínez, “A propósito de la platería Oaxaqueña”, pp. 193-204.
...San Vicente Ferrer se muestra como un joven alado vestido con hábito dominico, rosario ceñido
al cinto, cruz en la mano izquierda y penacho de plumas sobre su cabeza. De estos atributos las alas
le corresponden como “ángel enviado por Dios para convertir a los pecadores”, la cruz ha sustituido
al más usual del libro y el rosario es un símbolo de la Orden de Predicadores ya que su fundador,
Santo Domingo de Guzmán, promovió su devoción. En cambio, el penacho de plumas creemos se
debe a una deformación local de la llama que el santo puede portar como atributo sobre la frente...
que, en México, se asimila y confunde con los ricos tocados de plumas de las figuras angélicas
reproducidas tanto en platería como en pintura en el Barroco hispanoamericano a lo largo de los
siglos XVII y XVIII11.
La imaginación de los plateros transformó ingeniosamente las hojas y frutos de la vid y las
espigas en nubes, como es el caso de algunas custodias quiteñas o destacándolas con rayos
luminosos, como en la custodia de San Ignacio, los cuales se rematan con estrellitas de esme-
raldas alternadas con rayos terminados en perlas.
La adopción temprana del modelo de Picinelli para la custodia de San Ignacio, 1700- 1707, y
más adelante para la que Joseph de la Iglesia hizo para el templo de San Francisco de Popayán,
como las de los templos tunjanos, se debe probablemente a la presencia del libro mencionado
en las bibliotecas conventuales. La Biblioteca Nacional de Colombia se formó en gran parte
con aquellos legados. Allí se conservan tres ediciones diferentes de la obra de Picinelli en
latín: una de 1694, otra de 1715 y otra de 1729, por lo que este modelo debió circular y ser
conocido tanto por los religiosos como por los plateros, quienes se inspiraron en él a través
del siglo XVIII. Uno de los volúmenes que hemos consultado perteneció a la orden de los
Agustinos, como lo revela la inscripción de la primera página, que dice a la letra: “Ex Libraria
Cvento St.- P.H. Aug ni Sta. Fidei”. También las bibliotecas del Instituto Caro y Cuervo y de
la Universidad Javeriana (vol.1 de 1715 y vol.2 de 1729) conservan ejemplares de esta obra12.
Es importante señalar que todas estas versiones de las bibliotecas colombianas están en latín
con la ilustración del grabado en el emblema.
Esta obra sigue en términos generales el modelo referido de Picinelli porque su astil lo con-
forma la figura de un arcángel que sostiene el viril. Fue trabajada en Santafé entre los años
1700 y1707 por el platero de oro José de Galaz y tres ayudantes. De este platero no se conocen
hasta la fecha más datos.
A su gran riqueza ornamental y simbólica, representada en 1485 esmeraldas, un zafiro, 13
rubíes, 28 diamantes, 168 amatistas más 62 perlas, se suma su extraordinaria factura propia del
trabajo de un joyero. Se afirma que el maestro Galaz la trabajó con sus ayudantes por espacio
de siete años. Esto es muy probable, pues la elección de las piedras preciosas, el trabajo de los
engastes, las labores de los fundidos y repujados y de los esmaltes son muy cuidadosas y debieron
requerir mucho tiempo y dedicación. Unos esmaltes son traslúcidos y otros opacos. Los colores
se encuentran delicadamente repartidos en la obra en perfecta armonía con las piedras precio-
sas. El traje del arcángel es verde esmeralda y las mangas van forradas en esmalte blanco. Su
capa es azu,l como también lo son las alas, en las que se alternan pinceladas verdes, amarillas
y rojas. Lleva un cinturón con una piedra en cabujón a manera de broche. La capa o toga que
lo recubre está esmaltada en blanco en la parte posterior con pinceladas de varios colores y se
12
Información personal que agradezco a María Custodia Ríos de Ardila, a Yury Gómez y a Hugo
Ramírez.
La Custodia de Sol
Sobre el origen de la custodia de sol hay varias opiniones. Unos autores afirman que se de-
sarrolla a partir del siglo XVI y otros opinan que del XVII en adelante. Es posible que haya
pasado por una gradual evolución, en la que se entremezclan los modelos de ostensorios y
relicarios y, finalmente, se haya dado lugar a la creación de las custodias mencionadas. Lo que
es bastante seguro es que la custodia de sol es contemporánea a la época de la colonización de
América. Resulta oportuno señalar que el Concilio de Trento hasta la Sesión XIII, en el año
de 1551, sancionó la difícil doctrina de la Transubstanciación, declarando como anatema a
quienes cuestionaran la presencia divina de Cristo en el Sacramento, mediante la conversión
de las especies del pan y del vino en el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo.
Incluso, la decisión del dogma se efectuó hasta la Sesión XXI de 1562. Como es sabido, en la
Edad Media y en el Renacimiento se usaron las grandes custodias de forma arquitectónica, de
las que hay numerosos ejemplos en la platería española. Este tipo de custodias no se conoció
ni se usó nunca en América.
Según los historiadores, la razón principal de su evolución se debió a la necesidad de
llevar al Santísimo por todos los poblados en las procesiones de la fiesta del Corpus Christi,
la fiesta religiosa más importante que se celebraba tanto en España como en sus colonias. Se
hizo necesaria más tarde para la exposición de la Hostia consagrada en el Tabernáculo. En su
estudio iconográfico sobre el Trono de Octavas de la Catedral de Sevilla Antonio Joaquín
Santos Márquez demuestra cómo el período de la Contrarreforma corresponde, según sus
propias palabras, al más brillante y creativo del arte religioso español, pues con el propósito de
exaltar el dogma del Sacramento de la Eucaristía se procedió a trabajar no sólo cálices, custo-
...El ostensorio o custodia de sol tiene su origen en la segunda mitad del siglo XVI pero adquiere
progresiva importancia a lo largo de los siglos XVII y XVIII porque su traza y tamaño lo hacen más
funcional y menos costosa que las grandes custodias procesionales. Estructuralmente, el ostensorio
es una pieza de astil concebida como soporte de un disco radiado que alberga la Sagrada Forma,
el cual, partiendo de unos esquemas bastante sobrios, llega a convertirse en una gloria o apoteosis
triunfal semejante a las de los retablos y transparentes contemporáneos14.
Por su parte, Pilar Nieva y Reyes de Marcos refiriéndose a la obra del platero Antonio Faraz
(1512 /14-c. 1575) señalan que “ … Mayor importancia tiene otra de sus obras, la custodia por-
tátil de Balconete Guadalajara... por ser la primera de sol conocida de la platería hispánica”15.
Resulta interesante observar que las custodias de templete se seguían haciendo junto con
las de sol, como parece demostrarlo la información que se ha recogido sobre los numerosos
encargos a los plateros madrileños a partir de la época en que los reyes y su corte se establecen
en Madrid en 1606. Se menciona entre estos notables artistas a Pedro Buitrago, quien trabajó
para el Conde Duque de Olivares y elaboró en 1636 la custodia de Astudillo en Palencia, que
sigue la tradición de las de templete, en tanto que para la Villa del Prado, hecha por el mismo
platero, sigue el tipo de sol aunque lleva nudo de templete 16.
De igual forma se hicieron las custodias llamadas ‘de asiento’, como la de la catedral de
Tortosa en Valencia, ejecutada entre 1626 y 1638, que es una suntuosa construcción arquitec-
tónica, pero que dentro lleva una custodia de sol. De manera que, como se puede observar, el
estilo evoluciona en España y finalmente se traslada a Iberoamérica la custodia portátil, que
es la de sol.
La historiadora de la plata de Guatemala, Josefina Alonso de Rodríguez dice que las
custodias de sol se trabajaron en su región a partir del siglo XVII y advierte que “No deben
13 Antonio Joaquín Santos Márquez, “Exaltación de la doctrina eucarística y de otros dogmas
católicos en el Trono de Octavas de la Catedral de Sevilla. Un estudio de su iconografía”, Ensayos.
Historia y Teoría del Arte, 22, (2012) pp. 89-111.
14 Juan Antonio Sánchez López, Juan Antonio, “Sol Iustitiae Arquitectura, culto eucarístico y
poder episcopal en la Catedral de Almería”, Revista Imafronte, Revista de Historia del Arte, 19 y 20,
(2008), p. 368.
15 Heredia, pp.223-330.
16 Pilar Nieva y Reyes de Marcos Sánchez, Orfebrería de los siglos XV y XVI, Barcelona: Editorial
Planeta Agostini, 1989, p. 48.
...viendo la grande necesidad que esta dicha iglesia ya tenia y tiene de una Custodia de plata en que
se sacase y llevase puesto el santissimo sacramento los dias del Corpus...abian acordado i mandado
que se hiziese a costa de los bienes e hazienda de la dicha Fabrica pues los tenia para ello avian
llamado al dicho Juan Beltran y madazle hacer un modelo e traerles en un papel de como habia de
ser la dicha custodia que esta firmado de Alonso Cortes notario y que la dicha Custodia tuviere
duzientos e cinquenta maravedies de plata poco mas o menos i que se le abia de dar al dicho Juan
Beltran quinientos pesos de oro de a veynte quilates para un principio de paga de la dicha Custodia
i que dentro de dos años la avia de dar acabada dandole el oro que fuese necesario para comprar la
dicha plata i que no por falta del cesase la dicha obra18.
No se precisa cuál era el modelo que debía seguir el platero, pero lo más seguro es que se
tratara de una custodia de sol.
A través de los siglos XVII y XVIII se elaboraron numerosas piezas de Iglesia para todas
las regiones del Nuevo Reino, entre las que sobresalen por su excepcional riqueza y creatividad
las custodias. La de San Ignacio resulta ser una obra ampliamente representativa de nuestra
cultura, pues posee significados simbólicos muy profundos y diversos. Fueron muchísimas
las personas, hombres y mujeres que contribuyeron a darle su esplendor. No sólo los artistas
que trabajaron los metales y las piedras preciosas, sino quienes los obtuvieron, muchas veces
afrontando enormes dificultades. Así el oro se extrajo tanto de los depósitos aluviales como
de las vetas y placeres; las esmeraldas de las montañas de Muzo, las perlas de los conchales de
17 Josefina Alonso de Rodríguez, El arte de la platería en la Capitanía General de Guatemala, Tomo
1, Glosario, Guatemala: Delgado Impresos 1977, p. 65.
18 Fajardo de Rueda, pp.18 y 19.
Carlos Jiménez
La obra de José Bedia fascina por sus impactantes composiciones y refinadísimos dibujos, pero
sobre todo por las figuras que trasgreden sin vacilaciones la interdicción de la metamorfosis1.
Esa mutación radical, cuya actual imposibilidad es una fuente inasible de sufrimiento para
el sujeto moderno, como afirma Elías Canetti en Masa y Poder. Y no me refiero a la imposi-
bilidad de cambiar de aspecto, rol social, identidad o personalidad, que son mutaciones que
ahora promueven los ideólogos y técnicos de la subjetividad posmoderna pero que ocurren
siempre sin que el sujeto que las protagoniza o padece abandone los confines de la condición
humana. La metamorfosis es en cambio una operación más radical: convierte al hombre en
un pájaro o en un ciervo o lo acopla con figuras sobrehumanas o extrahumanas, como en los
casos del hombre montaña, el hombre tren o el hombre automóvil, figurados una y otra vez
en los cuadros y en las poderosas instalaciones de Bedia.
Cierto, puede decirse que estas metamorfosis no son del todo ajenas a la Pop culture y
menos en la literatura. La larga y muy fecunda historia del comic americano está protagoni-
zada por figuras como el Pato Donald o Bugs Bunny, para citar sólo a dos de los más célebres
animales humanizados. O humanos animalizados. Eso para no mencionar que Drácula, el
inolvidable personaje de Bram Stoker, muta en algunas de sus versiones cinematográficas en
murciélago. Ni la conversión del protagonista del relato La metamorfosis de Franz Kafka en
“un monstruoso insecto”.
1 “Desde el punto de vista referencial las obras de Bedia están llenas de figuras que tienen el
potencial de la metamorfosis, y él cree que todos llevamos esa energía dentro de nosotros”. Kevin
Power, “Una práctica de campo en el alma humana” en José [Link] 1978-2006, Omar-Pascual
Castillo (ed.), Madrid: Turner/Ramis Barquet, 2006, p. 91.
[21]
La diferencia consiste en que para José Bedia la metamorfosis ocurre en un plano que no es
puramente imaginario porque él mismo la ha experimentado como adherente de la Regla Palo
Monte Mayombé, una comunidad de iniciados que, al igual que la santería o el vudú y otros
cultos afroamericanos, admite, cultiva y practica “el encabalgamiento”, que es la posesión por
un loa u orisha – o sea por un dios o una deidad – de un participante en alguna de las ceremo-
nias religiosas de estas profesiones de fe2. En el curso de la misma, el participante se endiosa
o se entusiasma, para decirlo con un término en el que sobrevive en nuestra lengua sepultado
como un fósil el nombre de los endiosamientos posibilitados por las religiones extáticas de la
Grecia arcaica. A esa época histórica, codificada y a la vez clausurada por Las metamorfosis
2 La realidad actual de las religiones afroamericanas es tan compleja y diversa como las etnias
africanas de donde provienen sus actuales practicantes: los Fanti-Ashanty de Ghana, Costa de
Marfil y Togo; los Yoruba -Ñagós junto con los Ewe –Gege y Fon de Benin, Nigeria, Ghana y Togo;
los Calabar Efik – Efor de Nigeria y los Bantú – Congo procedente del Congo, la República Demo-
crática del Congo y Angola. Las religiones afroamericanas son sincréticas en un doble sentido. En
primer lugar porque, debido a las características del tráfico esclavista, los distintos grupos étnicos se
mezclaron entre sí en tierras americanas con el resultado de que igualmente se entremezclaron los
credos específicos de cada uno de dichos grupos. Y en segundo lugar porque estas fusiones estuvieron
sobredeterminadas por el cristianismo que les fue impuesto por los esclavistas. El doble sincretismo
hace que las fronteras entre las actuales religiones afroamericanas sean porosas y que en la mayoría de
ellas sea posible encontrar numerosos rasgos comunes, tanto en el panteón como en las leyendas, las
ceremonias y los ritos, los objetos de adoración y de culto, las ofrendas, las facultades adivinatorias,
proféticas y sacerdotales. En todas, además, la música cumple un papel fundamental.
Las religiones afroamericanas mencionadas en este artículo pueden clasificarse según su origen
étnico predominante de esta manera:
Con predominio Yoruba. El Vudú. Es la religión de la mayoría del pueblo haitiano. La divinidad
dominante es Bondié-Granmet, el Papá-Buen Dios. Las otras divinidades son llamadas loas y entre
ellas destacan Ogún y Eshú. Sus ritos son Aradá, Congo y Petro. Su templo es el Hunfort. Sus
sacerdotes Hugan y sus sacerdotisas Mambo. Con la emigración el vudú haitiano se ha extendido a
Cuba, República Dominicana y los Estados Unidos, entre otros países. La Santería o Regla de Ocha.
Es la religión afroamericana mayoritaria en Cuba. La divinidad dominante recibe los nombres de
Olorún u Ogún. Las otras divinidades son denominadas orishas, entre las que se cuentan Changó
y Yemayá. Los sacerdotes son los babalaos. Los lugares de culto son casas-templo con trono y altar.
La ceremonia de iniciación y consagración se denomina “hacerse hijo de santo” y pone al iniciado
bajo la protección de un orisha. Entre los objetos de culto figuran la Ceiba, la Palma, el Monte, el
Otán o piedra sagrada, el Coco, los collares y los caracoles utilizados en las adivinaciones. Se ha
extendido a Venezuela, México y los Estados Unidos. Abakuá o Ñáñigos. Son asimilables a una
cofradía u orden secreta compuesta solo por hombres que tiene a su cargo la custodia de los tambores
utilizados en las ceremonias y en los ritos. Las divinidades son orishas, entre las que sobresale Ekué.
Los sacerdotes son babalaos y los miembros son obonkués o ñáñigos. El templo se llama Famba.
Están asentados en Cuba, aunque se han extendido a México y los Estados Unidos.
Con predominio Bantú. Palo Monte Mayombé. Su principal asentamiento es en Cuba. La divi-
nidad dominante es Sambia o Sambi. Las otras divinidades son Mpungus. El templo es la casa de
la Nganga y el sacerdote u oficiante es el “padre de la Nganga”. Tiene dos ritos, uno bueno y otro
malo. La Nganga es un caldero que contiene ofrendas de vegetales y animales y resulta sagrado al
igual que la Ceiba, la Palma y la Manigua. Ver Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en
América Latina, artículo “Religiones Afroamericanas”. [Link]
org/diccionario/[Link]/RELIGIONES_AFROAMERICANAS)
3 La Enciclopedia Católica, en su artículo “El dogma de la Trinidad”, la define como “el término
empleado para designar la doctrina central de la religión cristiana: la verdad de que en la unidad de la
Divinidad hay Tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que son verdaderamente distintas
una de la otra”. A renglón seguido amplia esta definición citando la que trae el Credo de Atanasio:
“El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres Dioses sino
uno solo”. Y explica a continuación: “En esta Trinidad de Personas, el Hijo es engendrado del Padre
por una generación eterna, y el Espíritu procede por una procesión eterna del Padre y del Hijo. Sin
embargo y, a pesar de esta diferencia en cuanto al origen, las Personas son co-eternas y co-iguales:
todos semejantes no creados y omnipotentes”. Ver [Link]
La rotunda afirmación del carácter de revelación divina de la tesis del Dios trino resulta sin
embargo inconsistente con la propia historia del cristianismo, que muestra cómo dicha tesis no
surgió de golpe sino que fue resultado de arduas y prolongadas polémicas teológicas que tuvieron
un momento culminante en el Concilio de Nicea de 325 que – convocado por el emperador Cons-
tantino interesado en la unificación política e institucional del cristianismo – aprobó el Credo que
sentencia que “el Hijo es de la misma sustancia del Padre (homoosuios tou Patru).
Pero ni la aprobación del Credo ni la autoridad del que fuera el primer concilio de la cristiandad
acallaron definitivamente las arduas polémicas protagonizadas por arrianos y trinitarios que, aunque
con innegables motivaciones políticas y ricas implicaciones teológicas, estaban dominadas por la
necesidad de dirimir una cuestión crucial: la de si Jesucristo era o no Dios en la misma condición
y en el mismo rango del Dios padre. (Dale Tuggy, “Trinity. History of Trinitarian doctrine”, 2004,
Stanford Encyclopedia of Philosophy).
Hicieron falta dos concilios mas – los de Constantinopla de 381 y de Calcedonia de 451 – para
que terminara imponiéndose el dogma de la Trinidad y por lo tanto el endiosamiento tout court de
Jesucristo, un endiosamiento que se niega a sí mismo en tanto que mutación episódica, temporal
de los humanos en dioses e inclusive como endiosamiento exclusivo de Cristo dado de una vez y
para siempre, como defendían los discípulos de Arrio contrarios al dogma de la Trinidad. La exclu-
sión o forclusión del endiosamiento determina que el dogma trinitario afirme taxativamente que
la relación entre el Padre y el Hijo es la de un engendramiento “eterno”, sin antes ni después, sin
inicio, avance ni culminación. Y que la contingencia y la mortalidad del devenir humano de Jesús
queden congeladas o petrificadas en un relato de acontecimientos y de obras igualmente inmutable
y eterno. En una historia perpetuamente idéntica a sí misma, en una historia sagrada.
4 La división arcaica del mundo entre dioses, mortales y animales es recuperada y simultáneamente
reelaborada por Martín Heidegger en nuestra época en estos términos: “Tierra y cielo, los divinos y
los mortales, formando una unidad desde sí mismos, se pertenecen mutuamente desde la simplicidad
de la Cuaternidad unitaria. Cada uno de los Cuatro refleja a su modo la esencia de los restantes.
Con ello, cada uno se refleja a sí mismo en lo que es suyo y propio dentro de la simplicidad de los
Cuatro. Este reflejar no es la presentación de una imagen copiada. Despejando a cada uno de los
Cuatro, este reflejar hace acaecer de un modo propio a la esencia de éstos llevándolos a la unión
simple de unos con otros. En este juego, reflejando de este modo apropiante-despejante, cada uno
de los Cuatro da juego a cada uno de los restantes. Este reflejar que hace acaecer de un modo propio
franquea a cada uno de los Cuatro para lo que les es propio, pero a la vez vincula a los franqueados
en la simplicidad de su esencial pertenencia mutua, esencial si nos los representamos sólo como
algo real aislado que debe ser fundamentado por los otros y explicado a partir de los otros”. (Martín
Heidegger, “La Cosa” en Conferencias y artículos. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1994, p. 10)
La reelaboración heideggeriana de la relación constitutiva entre uno y otro de los términos de
la “Cuaternidad unitaria” es ciertamente post cristiana no solo por ser consecutiva en la secuencia
histórica sino por razones de hilemorfismo, porque allí donde el dogma de la Trinidad dice que es
“sustancial” la relación constitutiva entre el Hijo, el Padre y el Espíritu Santo, Heidegger afirma que la
que se da entre los términos de la “cuaternidad” es debida a un juego especular, un juego de imágenes
que se reenvían unas otras, pero no de la manera mimética, “copiada”, del espejo convencional sino
de una manera matricial: el reflejo de la imagen de los otros permite al término reflejante apropiarse
de su propia esencia despejando la esencia de los reflejados. Y allí donde el dogma reivindica la
unidad en la sustancia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Heidegger reivindica la “simplicidad
de su esencial pertenencia mutua” de los términos de la cuaternidad. Pero tanto en la Trinidad
como en la Cuaternidad unitaria ninguno de los términos implicados se transforma en otro. Por
lo que cabe concluir que tanto en la una como en la otra obra la interdicción de la metamorfosis.
5 “Lo sacro o lo excepcional, que en el comienzo de la aventura humana se adhería a las cosas y
a los seres que nos rodean, ha sido expulsado de ellos. El mundo que vive el capitalista, en el que
vivimos todos (…) está formado de materia o de seres a disposición de los hombres, destinados a ser
utilizados, transformados, consumidos y ya no exhiben los encantos del carisma”. Raymond Aron,
Las etapas del pensamiento sociológico. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte, 1976, p. 281.
6 Ver Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1972.
13 Ver Max Weber, El político y el científico. Madrid: Alianza Editorial, 1988, p. 7.
14 La mayoría de la población africana esclavizada y llevada al Caribe y las Antillas pertenecía a
dos grandes troncos lingüísticos y culturales: el Yoruba y el Bantú. El primero asentado en los países
de la cuenca del rio Niger y el Golfo de Guinea y el segundo en la cuenca del rio [Link] Kevin
Shillington, History of Africa. New York:Palgrave McMillan, 2006, pp. 51, 64; John Iliffe, Africans.
The History of a Continent. New York: Cambridge University Press, 2007, pp. 116, 120. El teólogo
católico ruandés Alexis Kagame argumentó que las distintas ramificaciones del tronco lingüístico
Bantú compartían la misma ontología (Ver Alexis Kagame, La Philosophié Bantú-Rwndaise de l´Étre.
Brussels: Collection des Memoires de l´Academie Royale des Sciences d´Outre- Mer, 1954, pp. 9,
16. La Regla Palo Monte Mayombé tiene raices Bantú. Janheinz Jahn (Janheinz Jahn , Muntu: las
culturas de la Negritud. Madrid: Ediciones Guadarrama,1970, p. 84) afirma que el vudú, la santería y
el ñañigismo – en cuyo origen predominan las etnias del tronco Yoruba – comparten dicha ontología.
15 Jahn, p. 40.
sanguinidad con la divinidad o el animal. Los dioses eran los antepasados de las tribus; el animal
sacrificial era el animal tótem del clan, igualmente un antepasado del que descendían los miembros
de la tribu; en la figura del animal se apropiaban de la fuerza de la divinidad (…) Si en el sacrificio
como oblación el yo se entrega a un poder superior, en la “communio” de la inmolación las otras
personas (eventualmente también los dioses y animales) pasan a hacer parte del yo, y al compartir
lo ofrecido, desaparece el conflicto latente; todos son “uno” en la comunión festiva del sacrificio”.
Gerd Theissen, La religión del cristianismo primitivo. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2002, p. 188.
25 El papel crucial cumplido por los espacios del arte en la determinación de lo que es arte fue subrayado
tempranamente por Brian O´Doherty en tres artículos publicados en 1976 en la revista Artforum, agru-
pados luego en un libro bajo el titulo común de Inside the White Cube. The Ideology of the Gallery Space. En
ellos afirmó que las galerías del arte sometidas al paradigma del White Cube se construyen con reglas tan
rigurosas como las que regían la “construcción de las iglesias en la Edad Media”, dando como resultado
un espacio de ventanas clausuradas, muros pintados de blanco, cielos rasos convertido en una fuente luz y
suelos cubiertos con espesas moquetas que amortigua el ruido de los pasos. “En este contexto un cenicero
de pie deviene un objeto sagrado” y “la mancha de un incendio en un museo de arte moderno no es tanto
la mancha de un incendio sino un enigma estético”. De allí que “la dimensión sacramental de este espacio”
devele claramente una de las “grandes leyes proyectivas de la modernidad: a medida que la modernidad se
impone, el contexto deviene el contenido”. (Brian O´Doherty, Inside de White Cube. The Ideology of the
Gallery Space. Santa Monica San Francisco: The Lapis Presse, 1986, pp. 13-14 (Traducción del autor) Al
igual que el rito ocupa el lugar de la fe y con frecuencia es su efectivo fundamento.
La situación actual ha cambiado significativamente. Y no porque haya remitido el paradigma del
White Cube sino porque ahora coexiste con un inesperado renacimiento de la Wunderkammera o
gabinete de las maravillas dieciochesco, que es actualmente el paradigma dominante en las bienales
internacionales de arte. En estas últimas no rige el ascetismo formal ni el imperioso silencio del White
Cube sino, por el contrario, la aglomeración, el exceso, la disolución de los límites entre las distintas
artes, la dispersión de los espacios expositivos y el ruido visual que subrayan con la fuerza de la evidencia
que el espectador convocado ya no es el individuo que se aísla y ensimisma en la contemplación ex-
tática y estética de la obra de arte sino la multitud de aficionados al arte que en un flujo sin fin invade
literalmente los heterogéneos espacios expositivos agrupados o puesto en conexión por la bienal. La
contemplación es sustituida o subyugada por la atención distraída, interrumpida aleatoriamente por
la sorpresa causada por lo chocante o inesperado de una obra. Y la función sacramental del espacio es
sobredeterminada por el efecto de prestigio producido por el logo o la marca de la bienal. (Ver Carlos
Jiménez, “Bienalización: del lector ilustrado al internauta” en Bienales de arte. Referentes teóricos. Toluca:
Editorial UAEMex, 2013, pp. 43, 55.).
26 Estos altares son presencias “auráticas” para Omar-Pascual Castillo, quien añade que “En sus
instalaciones, Bedia regresa a las parodias y simulaciones que hay en su flirteo con todo aquello que
el espectador conoce. Explota la perspectiva (utilizando lo que muchos han denominado perspec-
tiva asiática o china) y la dirige hacia el exterior que está interponiéndose: expansivo, explosivo
e interactivo, lleno de lo sensorial y lo simbólico. Se trata de un simbolismo que sin lugar a dudas
incluye lo que el artista llamaría técnica sospechosa para la alfabetización del vocabulario kikongo
que se usa en Cuba. Viene a ser como una pequeña venganza contra la ignorancia de éste por parte
de los occidentales (…) Al mismo tiempo incorpora de buen grado versos de canciones populares,
eslóganes de grafiti urbano, o cualquier otro elemento significativo de la cultura popular que pueda
ayudarle a presentar estas obras como enfáticas contingencias espirituales”. Omar-Pascual Castillo,
“Estremecimientos: confesiones dicotómicas sobre José Bedia” en Estremecimientos. Catálogo de
exposición, Badajoz: Meiac, 2002, p.13.
27 Thomas McEvilley, “Doctor, Lawyer, Indian Chief” en Primitivism and Twentieth- Century Art.
A Documentary History, Jack Flam and Miriam Deutch (eds.), Oakland: University of California,
2003, p. 341.
32 Ver Handbook of North American Indians, vol 13, Raymond DeMallie and William Sturtevant
(ed.). Washington, D.C.: Smithsonian Institute, 1978, pp. 71, 116. Bruce E. Johansen, The Native
Peoples of North America, New Brunswick: Rutgers University, 2006; Iliffe, pp. 47, 116.
33 Castillo, p. 213.
34 Ibid., p. 214.
35 Ver Omer C. Stewart, Peyote Religion: A History, Norman: University of Oklahoma Press, 1987;
Josep Maria Fericgle, “El peyote y la ayahuasca en las nuevas religiones mistéricas americanas” en
Antropologia en Castilla y León e Iberoamerica, Angel Espina (ed.). Salamanca: Instituto de In-
vestigaciones Antropológicas de Castilla y León, 1998, pp. 325-347; Mircea Eliade, El chamanismo
y las técnicas arcaicas del éxtasis.México: F.C.E., 1976, p. 5.
36 Power, p. 127.
37 Orlando Hernández, “Introducción a una cosmografía” en José Bedia Obras, pp. 17,18.
38 Ver Russel Thorton, American Indian holocaust and survival: a population history since, 1492.
Norman: University of Oklahoma Press, 1990, pp. 9, 17.
Concluyo formulando la hipótesis de que la obra Jose Bedia, justamente por su carácter de
summa teológica y visual de las culturas afro e indoamericanas, puede contribuir significativa-
mente a la irrupción y el despliegue de una comunidad cultural por primera vez continental
de los pueblos y naciones subalternas de las Américas, aunque solo cuente con los recursos
que ofrece el arte, que parecen escasos cuando se les compara con los impresionantes poderes
formativos y persuasivos del sistema escolar y de los media. Bedia, no lo olvidemos, no es un
predicador ni un misionero y ni siquiera un activista político en sentido estricto, sino un ar-
tista cuyo trabajo está pensado y realizado para la escena artística internacional. Escena cuya
matriz y cuyo canon es un individualismo tout court – supuesto tanto en el artista como en el
espectador – que han demostrado y siguen demostrando una notable capacidad para asimilar,
reinterpretar e incorporar obras y proyectos que, en principio, tenían o tienen un carácter
colectivo por religioso, social o político. El multiculturalismo, del que hablamos a propósito
de la exposición Les magiciens de la terre, ha permitido la inclusión en la actual escena artística
internacional de obras provenientes de culturas excluidas o simplemente distintas de la cultura
occidental, pero sólo en la medida en la que esas culturas son reinterpretadas o reelaboradas
en clave individual. Podría decirse – parafraseando el célebre aforismo de Marshall McLuhan,
“el medio es el mensaje” – que en la escena artística internacional el individualismo es hoy
el verdadero mensaje.
Pero aún contando con la capacidad de la escena artística de neutralizar e incluso anular
la promesa de una nueva comunidad cultural e inclusive de una nueva religión43, queda en
pie sin embargo la posibilidad de que el poderío de las imágenes ofrecidas por los cuadros y
las instalaciones de Bedia sea tal que rompa el conjuro individualista permitiendo que dichas
43 Si la historia de los Bantú y los Yoruba puede equipararse con las debidas salvedades a la historia
del judaísmo– cuyos reinos fueron destruidos una y otra vez y su pueblo deportado y/o esclavizado
otras tantas veces por potencias extranjeras – la obra de Bedia puede leerse como correspondiente al
momento paulista de dicha historia. Cuando, bajo la orientación de Pablo de Tarso, el cristianismo
rompe con la espera indefinida del Mesías, dando por hecho que Jesús de Nazareth es el redentor
tantas veces prometido, aunque su desempeño profético en vida no haya redundado en la esperada
liberación del pueblo judío del yugo romano sino en una profunda reforma teológica y moral que
permitirá la unión de los judíos con los gentiles y que en vez de realizar dicha liberación dará lugar a
la forja traumática de una religión que habría de convertirse en la religión oficial del Imperio romano.
Y por ende a una situación histórica en la que la independencia de Israel se aplaza sine die mientras el
cristianismo, la más notable e influyente escisión de la fe judaica, coloniza culturalmente al Imperio
que impide dicha independencia. La obra de Bedia rompe de hecho los límites fijados por la regla
Palo Monte Mayombé cuando establece una relación simpática de comunicación e intercambio
con el resto de las confesiones afroamericanas y con parte significativa de las amerindias, abriendo
así las puertas a una nueva religión universalista. Que, otra vez como en el caso del cristianismo,
no sería estrictamente una creación ex novo porque, en caso de realizarse, supondría la superación/
conservación de rasgos cruciales de su origen palero.
44 Un ejemplo sobresaliente de la congruencia entre las exigencias del ecologismo radical y el
pensamiento teológico– político de los nuevos movimientos indoamericanos lo ofrece la aprobación
por el parlamento de Bolivia, el 8 de noviembre de 2010, de un ley que reconoce los derechos de
la “Madre Tierra” y establece “las obligaciones y los deberes del Estado y la sociedad para garantizar
sus derechos”. Para dicha ley, la “Madre Tierra es sagrada” desde “las cosmovisiones de las nacio-
nes y pueblos originarios” y adopta el carácter de “sujeto colectivo de interés público”, por lo que
atribuye al gobierno boliviano, entre otras facultades, el derecho a “demandar el reconocimiento
de la deuda ambiental” y a exigir que la sociedad garantice “las condiciones necesarias para que los
diversos sistemas de vida de la Madre Tierra puedan absorber daños, adaptarse a las perturbaciones,
y regenerarse”, advirtiendo que dichos sistemas “tienen límites en su capacidad de regenerarse”.
La migración de músicos italianos en Colombia durante la primera mitad del siglo XX tuvo
repercusión en Ibagué con la institucionalización del Conservatorio del Tolima. César Augus-
to Ciociano fue uno de los pioneros, quien al lado del también italiano Alfredo Squarcetta,
contribuyó a consolidar el proyecto artístico e internacional de dicha academia, fundada en
1906 por Alberto Castilla, dándole a esta ciudad el prestigio de “capital musical de Colombia”.
Tras el hallazgo en 2013 de los archivos personales de Ciociano1, se presentan en este artículo
apartes del estudio sobre su vida y obra. Ha sido pertinente revelar desde fuentes primarias
la trayectoria profesional de Ciociano, ante su olvido casi completo en la memoria local, y
consecuentemente en los estudios musicales en Colombia. A través de su historia se revelan
las prácticas, escenarios, repertorios y circulación de la música académica y popular entre los
dos continentes, desde contextos como la música de entretenimiento, la industria editorial
musical y la internacionalización del tango en el mundo, temas que sirven de marco para
comprender el impacto de los mismos fenómenos en el contexto colombiano.
El estudio sobre la vida y obra de Ciociano se enmarca en el tópico de las migraciones de los
músicos italianos por el mundo, y pretende contribuir a una profundización de la historia de la
música en Colombia, aportando desde la periferia regional crónicas y fuentes que contribuyeron
a procesos tan sensibles como la profesionalización y el afianzamiento de la cultura musical oc-
1 El archivo fue conservado por su esposa, Fanny González de Ciociano (1931-2012) y Tras su
fallecimiento, los familiares lo donaron al Conservatorio del Tolima (Ibagué, Colombia), donde se
ha constituidooun fondo documental musical (Fondo Cesar Alberto Ciociano, FCAC en adelante).
Gracias a Carolina Gutiérrez Ciociano, nieta del compositor radicada en Barcelona, en enero de
2015 se hallaron documentos relativos se los primeros quince años de la vida del compositor, hasta
este momento desconocida. Para documentar la historia del Conservatorio y de los italianos en
Ibagué se consultaron los periódicos La Opinión (1924-1950), El Comercio (1942-1948), El Derecho
(1934-1951) y La Tribuna Gaitanista (1951).
[43]
cidental en Latinoamérica. Una caja de recuerdos se transformaría en un archivo de fuentes de
algo más de 1.200 folios de partituras, certificaciones, correspondencia y fotografías, enriquecido
con los archivos testimoniales de sus familiares en Colombia y España, registrados entre 2013 y
2015. Consultas realizadas al Research Center for the History and Analysis of Recorded Music
y la base de datos Discography of Historic American Recordings (DHAR) ayudaron a identificar
los títulos de sus obras grabadas, de las cuales únicamente se logró recuperar un rollo de pianola
localizado en Lima. La clasificación preliminar de 220 títulos hace parte actualmente del fondo
patrimonial musical del Conservatorio del Tolima. La vida y obra de Ciociano transcurren
entre las últimas décadas del siglo XIX e inicios de los años cincuenta, en un itinerario musical
que interrelaciona a Londres, París, Génova, El Cairo, Santiago de Chile y Lima, y que le trajo
como destino final a Ibagué, Colombia, donde permaneció los últimos doce años de su vida.
César Augusto Ciociano Mazzola fue hijo de una familia de inmigrantes italianos, nacido en
Londres (Inglaterra) el 21 de julio de 1899. Su padre, Michelle Ciociano (1873–?), compositor
napolitano, fue director de orquesta en el teatro londinense Royal Opera House durante el
periodo en que el teatro recibió el nombre de Royal Italian Opera –actualmente el Covent
Garden– . “Cielo Turchino”, una de las pocas composiciones conocidas de Michelle Ciociano,
fue grabada por el famoso cantante Enrico Caruso. María Amalia del Vecchio (¿?-1950), madre
de César Ciociano, fue profesora de canto y actuó como prima donna del Teatro de San Carlo
en Nápoles, en La Fenice de Venecia y en la Scala de Milán. Por su parte, su hermano mayor
Salvatore, fue violinista y compositor2.
César Ciociano inició sus estudios de violonchelo en Lieja (Bélgica) y continuó en Francia
con los profesores Andre Lemaire y Ferdinand Carubin. Extendió su formación teórica con León
Duysens, pianista y compositor de Metz. Posteriormente ingresó al Conservatorio Nacional de
París donde recibió diplomado en violonchelo, composición e instrumentación, bajo la tutoría
de Maurice Perrin y el violonchelista francés Maurice Maréchal (1892-1964), famoso éste último
por su participación en la Primera Guerra Mundial, donde junto a sus compañeros de trinchera
inventó el “Poilu”, un violonchelo fabricado con cajas de municiones3. Maréchal sería uno de los
más influyentes maestros de una generación de jóvenes violonchelistas de este conservatorio. Otros
maestros vinculados a la formación inicial de Ciociano fueron Jules Loeb, Xavier Lereux y Philippe
2 Sobre la migración de italianos a Inglaterra ver Elisabetta Girelli, Beauty and the beast: italianness
in British Cinema, Bristol: Intellect Books, 2009, p. 30. Una compilación relevante sobre el mismo
tópico a nivel latinoamericano es la de Nils Grosch y Rolf Kailuweit (eds.), Italian Migration and
Urban Music Culture in Latin America, Münster: Waxmann, 2015.
3 Este instrumento actualmente se conserva en el Musée de la musique, Cité de la musique, París,
Francia.
4 Sobre León Duysens, se conserva en el archivo de Ciociano un cuaderno de música con su firma
y comentario sobre una taranella. Tambíen se halló un registro en el Catálogo de Copyright, Bi-
blioteca del Congreso de los Estados Unidos, [Link] id=BhJhAAAAIA-
AJ&pg=PA756&lpg=PA756&dq=duysens+leon+musician&source=bl&ots=Vi0xIMNQGK&sig
=r3d5rdxAHZfXk6RXbDsEi4_9mhQ&hl=es&sa=X&ei=J-X9U9uoI8yzogT2sYGQCw&ved=0C
CwQ6AEwAw#v=onepage&q= duysens%20leon%20musician&f=false, consultado 23 de julio de
2014. Sobre Maurice Maréchal ver en:14-18 Mission Centenaire. Maurice Maréchal: a musician
in the Great War, (sitio web) consultado 14 de diciembre de 2014, [Link]
de-la-grande-guerre/maurice-marechal-musician-great-war. ).
Adriano Mazzoletti, Il Jazz in Italia: Dalle Origini alle Grandi Orchestra, Torino: EDT, 2004.
Además del Rex, los buques Conte Grande, Augustus y Conte Savioa figuraban entre la flotilla
más tarde llamada Navegazione Generale Italiana. Ver: Fundación Histamar, “Líneas de buques de
pasajeros desde Europa a Sud América”, en Historia y Arqueología Marítima (sitio web), consultado
5 de septiembre de 2014, [Link]
Adriano Mazzoletti aporta los primeros datos sobre la carrera profesional de Ciociano como
integrante de una de las orquestas de entretenimiento promovidas por Armando Di Piramo en
Génova. En un reportaje realizado en 1960 a Potito Simone, se revela la constante búsqueda de
nuevos horizontes profesionales y personales que acompañaría a Ciociano toda la vida, confian-
do su capacidad musical y cultura transnacional: “una tarde, mientras estábamos tocando, [...]
Ciociano pidió permiso a Di Piramo para ausentarse [...] Más tarde nos enteramos de que aquella
noche [...] se subió a un barco rumbo a Estados Unidos y nunca regresó”. Se trataba de la flotilla
de buques de lujo de la “Italia Fltte Riunite” que cubría los itinerarios entre Italia, Estados Uni-
dos y Sudamérica; el buque más grande y lujoso de su época fue el Rex, cuya primera operación,
partiendo de Génova a través del Atlántico hasta Nueva York fue en 1932 5. Allí se embarcó
Ciociano haciendo parte de una de las orquestas que ofrecían a los turistas tres programas mu-
sicales diarios. La industria naval italiana, como puente económico y cultural entre América y
Europa, resultó decisiva en los procesos migratorios de muchos músicos italianos de su tiempo, en
especial de los genoveses, que se enganchaban por salarios mucho más altos que los que pagaban
en hoteles y clubes nocturnos. Ciociano también hizo parte de la Orquesta del hotel Miramare,
localizada en la zona turística italiana de Santa Margherita Ligure, y de acuerdo al testimonio
de los músicos que le conocieron fue siempre un intérprete versátil: “fue un gran músico, que
pasaba del violonchelo al violín con virtuosismo (sosteniéndolos sobre sus rodillas) y también
tocaba el piano” (Figura 2)6.
Las notas de prensa y programas de mano conservados en el archivo personal de Ciociano
ilustran los nombres de directores de estas orquestas, como Orestes Giacchino, Ovidio Bruno
Cresci y Bottarelli, así como confirman las proyección de películas internacionales y celebra-
ciones importantes en dichas naves, como por ejemplo la función especial que con motivo del
aniversario de la entrada de Italia en la guerra7, se llevó a cabo un 24 de mayo de 1937 en la nave
Conte Savoia. Entre 1920 y 1938, Ciociano alternó su carrera artística entre las Orquestas Tran-
satlánticas y como chelista del Quinteto Clásico bajo la dirección de G. Sagaria, conjuntos en los
que ya se interpretaban obras de su autoría, como Canto d’amore y Charme du Brésil (Figura 3).
5 Adriano Mazzoletti, Il Jazz in Italia: Dalle Origini alle Grandi Orchestra, Torino: EDT, 2004.
Además del Rex, los buques Conte Grande, Augustus y Conte Savioa figuraban entre la flotilla
más tarde llamada Navegazione Generale Italiana. Ver: Fundación Histamar, “Líneas de buques de
pasajeros desde Europa a Sud América”, en Historia y Arqueología Marítima (sitio web), consultado
5 de septiembre de 2014, [Link]
6 Mazzoletti, p. 93. Traducción del autor.
7 Dicho aniversario se refería a la invasión italiana a Etiopía (Abisinia) de 1936, considerado
como el año XIV de la era fascista y el primero del Imperio. En el escenario mundial esta invasión
hace parte de la cadena de eventos que desembocarían en la Segunda Guerra Mundial. Ver David
T. Zabecki, (ed.). World War II in Europe. An Encyclopedia. New York: Rouledge, 2015, p.1476.
8 Derek Scott, Sounds of the Metropolis: The 19th-Century Popular Music Revolution in London,
New York, Paris, and Vienna. New York, Oxford: Oxford University Press, 2008, pp.18-19. La editorial
musical Max Eschig & Cia, fundada en 1909, introducía a Francia las publicaciones musicales de
Europa Central principalmente.
9 Durand-Salabert-Eschig, Editions musicales (sitio web), consultado 12 de diciembre de 2013, http://
[Link]/english/[Link]. Portada de catálogo de Max Eschig &
Cia, en Ibagué, Conservatorio del Tolima, Fondo César [Link] (FCAC), carpeta 27, folder, 6.
10 Sobre la música popular como un fenómeno sociológico, económico y cultural en el contexto
mundial, una amplia discusión se abre a partir de los siguientes textos: Theodor Adorno, “On popular
music”, Studies in Philosophy and Social Ciences 9, no.1, (1941); Simon Frith, “Hacia una estética
de la música popular”, en Francisco Cruces (ed.), Las culturas musicales. Lecturas en etnomusicología,
Madrid: Trotta, 2001, pp. 413-435. Derek B. Scott, Sound of the metropolis. En ellos se discute su
autenticidad y validez como producto colectivo y su recepción mediada por la industria. En el con-
texto colombiano la obra de Jaime Cortés, La Música Nacional y Popular Colombiana en la Colección
el Mundo al Día, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2008 es un ilustrativo ejemplo de la
manera en que la música popular permeó y transformó los cimientos de la cultura musical nacional,
poniéndola en contacto con este fenómeno mundial.
La faceta de Ciociano como compositor es importante por los múltiples tópicos de su producción
en contacto simultáneo con la música académica y popular, presentes en la industria editorial
musical y su circulación en Europa y Latinoamérica en la primera mitad del siglo XX. Las prime-
ras composiciones de Ciociano están fechadas alrededor de 1916, y un año más tarde aparecen
registradas ante la Prefectura de Génova, ciudad en la que se estableció hasta antes de emigrar
a Colombia. Múltiples documentos señalan el interés del compositor porque su música siempre
estuviera protegida por los derechos legales establecidos en los países donde vivió11.
Ciociano formalizó su actividad como compositor en 1925, afiliándose a la Società Italia-
na degli Autori ed Editori (SIAE), organización que garantizó la circulación y administración
de su música a lo largo de toda su vida. La SIAE -con sede en Milán y fundada en 1882 por
TABLA 1. S. I. A. E., Sezione Musica, Riparto Italian, 1º Semestre, Essercizio 1946, Ibagué, FCAC.
12 La afiliación del autor a la SIAE está fechada en Milán, el 14 de mayo, 1925. FCAC, carpeta
29, folder 1. Sobre Cesare Cantú y Tullo Massarani ver respectivamente en: Guido Manzanni, s.v
“Cesare Cantú Historiador, literato y politico italiano fundador del Archivo Histórico Lombardo”,
en Enciclopedia Italiana, consultado 14 de septiembre de 2014, [Link]
cesare-cantu_(Enciclopedia-Italiana). Giulio Natali, “Tullo Massarani Literato, políglota, político
y artista italiano”, en Enciclopedia Italiana, consultado 14 de septiembre de 2014 [Link]
[Link]/enciclopedia/tullo-massarani (Enciclopedia-Italiana). Sobre la Convención de Berna una
ampliación puede ser consultada en: “The Rights of Foreign Composers. The Musical times and
singing class circular”, The Musical Times, vol. 39, no. 553,(March 1, 188), pp.137-138.
El pago más alto reconocido a las primeras corrobora que la oferta y demanda de música de
entretenimiento ocupaba ya un lugar preferencial frente a géneros como la música de cáma-
ra, banda y cine, que en términos generales para ese momento ya era considerada como un
producto o servicio comercializable, sometido a impuestos similares a los de otros renglones
de la economía. Gracias a la SIAE, la obra de Ciociano predominante en las categorías 1º,
(música para baile y variedades) y Categoría 6º (música para orchestrina) se difundió como
musical impresa, en vivo y a través de la radio en Francia, Bélgica, Noruega, Holanda, España,
Suecia, Inglaterra, Portugal, Brasil y Argentina13.
Una de las primeras obras de Ciociano publicadas en 1932 por la Casa Augusta fue Élévation,
un berceuse orquestal dedicada a Pietro Mascagni. A esta se sumarían rápidamente nuevos títulos
que se difundían a través de los catálogos internacionales editados en inglés, francés, italiano y es-
pañol para su distribución masiva por Europa y América. Como parte de su servicio propagandístico
13 FCAC, carpeta, 29 folder 6, Riparto Italiano, Io Semestre – ejercicio 1946. Liquidación de
derechos de Ciociano & Julien Cesaer; y Carpeta 29, Folder 2, Registros SIAE. Riparto Estero de
Ciociano. Años 1928, 1929, 1947, 1949 y 1950. De aquí en adelante los títulos de canciones y
obras de música popular se citan entre comillas y en bastardilla aquellos de obras instrumentales y
de la tradición clásica.
Ciociano en Latinoamérica
14 Claus Tieber y Anna K. Windish, (eds.) The Sounds of Silent Films. New perspectives on history,
theory and practice, New York: Palgrave Macmillan, 2014, pp. 56, 57.
15 La tarjeta de permanencia de Ciociano en el Perú indica que era súbdito británico y que podía
dedicarse a sus labores como músico. Lima, 4 de septiembre de 1928. FCAC, carpeta 30, folder 9.
Sobre la importación latinoamericana de instrumentos asociados a la música de tango y similares
ver: Marco Moroni, Emigranti, dollari e [Link]: Affinità elettive, 2004. Como lo men-
ciona Cetrangolo “Son numerosos […] los datos de exportación de organillos u otros instrumentos
mecánicos análogos desde Europa y, en especial desde Italia a la Argentina […] país [que] figura
como el segundo comprador en el mundo de estos “armonici”. Annibale Enrico Cetrangolo, Ópera
e identidad en el encuentro migratorio. El melodrama italiano en Argentina entre 1880 y 1920, Tesis
Doctoral de Musicología, Valladolid: Universidad de Valladolid, 2010, p. 67.
16 Marty Ames Zegarra, El Oncenio de Leguía a Través de sus Elementos Básicos. Tesis de Historia,
Lima: Universidad Mayor de San Marcos, 2009, p. 27.
17 Véase Zoila Elena Vega Salvatierra, Vida musical cotidiana en Arequipa durante el Oncenio de
Leguía (1919-1930), Lima: Asamblea Nacional de Rectores, 2006. Sobre el pentafonismo andino
ver Joshua Tucker, Gentleman troubadours and Andean Pop Star: Huayno Music Media Work and
Ethic Imaginaries in Urban Peru, Chicago: University of Chicago, 2013, p.190.
18 Fuentes disponibles sobre estos intérpretes en: Boletín oficial de la República Argentina, (sitio web),
10 de julio de 1935, consultado 24 de octubre de 2014, http//[Link]/stream/Boletin Oficial
República Argentina 1ra sección 1935- 07-10 [Link]. Mediateca Regionale Toscana. [Link],
consultado 15 de marzo de 2014. Discography of American Historical Recordings, matrix BCVE-66065,
first recording Spring, 1931, [Link]/[Link]/talent/ detail/12351/Ciocia-
no_Cesar_A._composer. Una visión sobre la influencia musical italiana en Chile se puede ver en:
Juan Pablo González, “Postwar Italian popular music and the New World: The Chilean perspective
(1950–1970)”, en Grosch y Kailuweit, pp. 185-204.
FIGURA 7. Portadas: Ramoncito (Fox Trot), Torino: Chiappo, c.1931 (izq.) y Ramoncito. Fox Trot chanté, Paris: F.
Salabert, c.1933 (der.). Ibagué, FCAC, carpeta 22, folder 2, fotografías H. Galindo.
Alrededor de 1870 varios músicos italianos llegaron a Colombia como parte de compañías
itinerantes de ópera. Desde entonces fueron familiares a la vida musical nacional las com-
pañías Luisia-Rossi, D’Achiardi, Petrelli y Desantis20. Entre ellas, Oreste Sindici, en calidad
de tenor y profesor de música, llegaría a ocupar un lugar destacado como el compositor del
Himno Nacional de Colombia en 1887. La larga lista de italianos que afianzaron su tradición
musical en Colombia cierra el siglo XIX con Augusto Azzali (1863-1907), vinculado a la
19 Camoglino provenía de una familia genovesa radicada en Chile, y era abanderado del fascismo chile-
no y líder de la comunidad italiana en ese país, con gran influencia entre los jóvenes de los años 1930s.
20 Rondy Torres López, “Tras las huellas armoniosas de una compañía lírica: La Rossi-D’Achiardi en
Bogotá”, en Revista del Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega, Nº 26, (2012), pp. 161-200.
21 Las primeras academias musicales del continente fueron la de Santa Cecilia en Cuba (1916) y la de
Brasil, Río de Janeiro (1947). Sobre la migración musical italiana en Colombia ver José Ignacio Perdomo
Escobar, Historia de la Música en Colombia. Bogotá: Editorial ABC, 1963, p. 177, La Ópera en Colombia.
Bogotá: Bavaria S.A, 1979; Jaime Cortés, Hacia la formalización de la enseñanza musical en Bogotá. 1882-
1910, Bogotá: Monografía de Grado, Universidad Nacional de Colombia. Departamento de Historia,
1998, pp.138-140-142; Egberto Bermúdez, Historia de la Música en Santafé y Bogotá (1538 -1938), Bogotá:
Fundación de Música, 2000, pp. 91, 27,28; Egberto Bermúdez, “Three centuries of Italian musical presence
in Colombia 1540–1840” en Grosch y Kailuweit, pp. 15-43. Sobre aquella a América Latina en general
y además de la obra de Cetrangolo ver Ana María del Valle Cicco, “Aspectos Histórico-Geográficos
de la Emigración Italiana” en Contribuciones Científicas GÆA, Vol 23, pp. 61-67, Génova: Universidad
de Génova, 2011, p.62. Para la historia del Tolima sobre los músico italianos el principal referente es
Héctor Villegas, Reseña histórica del Conservatorio del Tolima, Ibagué: Contraloría General del Departa-
mento, 1962. Declaraciones de Squarcetta disponibles en: Ismael Santofimio, “Alfredo Squarcetta, un
gran artista”, El Mundo, número 50, Ibagué, 12 de marzo de 1949,2-3, y José Nieto, Consejería para el
Bicentenario de Barranquilla. (sitio web) consultado 18 de junio de 2014, [Link]
[Link]/2012/08/[Link]. Dos trabajos más detallados sobre la
presencia de la comunidad italiana en Colombia puede consultarse en: Luis Alvaro Gallo, Ed., Personajes
Extranjeros llegados a Colombia(Bogotá, 201), p. 440. Vittorio Cappelli, “Entre ‘Macondo’ y Barranquilla.
Los italianos en la Colombia Caribeña. De finales del Siglo XIX hasta la segunda Guerra Mundial” en
Memoria & Sociedad, 10, 20 (enero-junio 2006), pp. 25-48.
en propiedad Guillermo Quevedo Zornoza. Por cerca de veinte años, Squarcetta lideró la formación
y proyección artística del Conservatorio, hasta la llegada al cargo de director artístico de Joaquino
(Nino) Bonavolontá, quién retomaría el proyecto coral de Squarcetta como bandera institucional.
Un momento crítico de transición vivió el Conservatorio en 1950, ya bajo la dirección de
Bonavolontá. Tras un frustrado concierto del Coro del Tolima, en una de sus visitas artísticas al
municipio de Honda se produjo la renuncia irrevocable de la junta directiva del conservatorio,
incluido Squarcetta22. Las consecuencias de esta crisis derivaron en pronunciamientos por parte
del Secretario de Educación, quien sorpresivamente viajó a Bogotá a adelantar consultas para la
nacionalización del conservatorio como institución normalista. En la prensa local el Secretario
confirmaría que esta iniciativa contaría con la contratación de nuevos maestros italianos. Ese
22 “Se anuncia que Squarcetta entregaría su cargo a Bonavolontá y regresaría definitivamente a
Italia”, Tribuna Gaitanista, 10 de junio de 1951, p. 2. Villegas, Reseña histórica del Conservatorio
del Tolima, p.140.
Ciociano en Colombia
En 1939, coincidiendo con el estallido de la Segunda Guerra Mundial 23, una comunicación re-
mitida desde Colombia le indicaba a Ciociano el ofrecimiento del Gobierno Departamental del
Tolima para contratarlo como profesor del Conservatorio del Tolima, en ese momento dirigido
por Squarcetta. Ciociano aceptó y en un tiempo récord registró ante la Prefectura de Génova un
volumen completo de sus obras, al tiempo que tramitaba la solicitud de abandono definitivo de
su país, en compañía de su madre y su hermano24. El nombramiento de Ciociano se hizo el 14 de
agosto de ese año, por decreto oficial de la Dirección de Educación Pública. Tendría a su cargo las
asignaturas de cello superior, armonía, contrapunto e inspector25. El ambiente musical de Ibagué
en los años cuarenta no alcanzaba a compararse con Bogotá, Medellín o Barranquilla, o con las
ciudades capitales latinoamericanas como Buenos Aires o Ciudad de México. No obstante, era
notoria la actividad artística que emanaba de su conservatorio, centrado en la formación de instru-
mentistas y cantantes, y en la difusión –a través de sus conciertos semanales– de los repertorios de
la música europea de los siglos XVIII y XIX. Por fuera del conservatorio, tríos y murgas ocupaban
23 Este hecho se enmarca discretamente en el fenómeno de la migración italiana a América en-
treguerras como precisa Nils Grosch: “Musicians who had left Europe for other places than North
America such as Latin America or Shanghai in the 1930s and 1940s, though, were widely ignored.
And even if they had succeeded in attracting attention in their respective countries as important
figures of the artistic galaxy, the fact that they were emigrées was not significantly noticed there”
en ‘Introduction’, Grosch y Kailuweit, p.11.
24 El éxodo masivo de italianos de su país durante el periodo de entreguerras no siempre fue volun-
tario y en muchos casos obedeció la persecución política del antifascismo. Ver: Ana María del Valle
Cicco, “Aspectos Histórico-Geográficos de la Emigración Italiana”, En Contribuciones Científicas
GÆA Génova: Universidad de Génova, 2011, p.64. “Already during the Risorgimento, Italy provi-
ded less than the half of the wages that Argentina or Uruguay had to offer, and the conditions even
became increasingly attractive for immigration from the last third of the 19th century onward, as
political stability grew along with national economies in Latin America, that was a »latecomer to
the age of mass migration« (i.e. 1870–1930) en ‘Introduction’,, Grosch y Kailuweit, p.12.
25 El registro más completo sobre los nombramientos de directores del Conservatorio disponible
en Villegas, Reseña histórica del Conservatorio del Tolima, pp. 132-138. El acto administrativo de
nombramiento se cita en: Dirección de Educación Pública, Certificado 629, del 11 de octubre de
1950. FCAC, carpeta 29, folder 8.
26 A propósito se registra una noticia publicada en periódico local ibaguereño sobre “Gran Concurso
Nacional de Murgas” a realizarse en Palmira (Valle) con motivo de la Fiesta de la Agricultura. Se
mencionan tanto los instrumentos de cuerda típicos como los géneros musicales admitidos para el
concurso y se anuncia que entre los jurados asistirá el maestro Emilio Murillo. La Opinión, Ibagué,
sábado 23 de mayo de 1942, pp. 5, 7.
27 Carlos Sixirei Paredes, La Violencia en Colombia (1990-2002). Antecedentes y desarrollo
histórico, Vigo: Universidad de Vigo, 2011, p. 438. Desde un análisis sociopolítico de Colombia
en este periodo, se debe considerar el papel visible que ejerció la Iglesia Católica en el marco del
enfrentamiento bipartidista, previo a los conflictos del 9 de abril de 1948.
28 La Orquesta contó con una plantilla de veinte músicos entre quienes cabe nombrar a Oscar
Buenaventura (1920-1999) y Leonor Buenaventura de Valencia (1914-2007), dos de sus discípulos
que se convertirían años más tarde en compositores representativos de la región. Se sabe que también
fue profesor de la compositora Josefina Acosta de Varón. FCAC, Carpeta 29, folder 8.
FIGURA 10. Coros del Tolima. Humberto Galindo, Colección particular, Ibagué, fotografía H. Galindo.
30 Pese a las múltiples referencias consultadas sobre Iannini, ninguna de ellas menciona el capítulo
relacionado con Ciociano. Ver Anna Iannini, Pasquale Epifanio Iannini, Cosenza: Fasano Editore,
1990; Sergio Calderano, Ricordando il poeta Pasquale Epifanio Iannini (sitio web), 1998. Consul-
tado 12 de febrero de 2014. [Link] También ver: “Pasquale
E. Iannini. Poeta di Maratea”, en Numero Zero. Il magazzine di Maratea,(sitio web) no. 7, edizione
especiale, 25 Anniversario dellaenorte. 8 nov. 1913, consultado 12 de febrero de 2014 [Link]
com/numerozeromagazinemaratea/docs/numero_zero_-_il_magazine_di_maratea8f822457887b72.).
31 La nota sobre el estreno del Ballet Danza Sagrada fue registrado en El Mundo, Ibagué, 23 de abril
de 1949, pp. 26- 31. De acuerdo con un reporte de los conservatorios en Latinoamérica de Guiller-
mo Espinosa, encargado de la sección de música y asuntos culturales de la Unión Panamericana
con sede en Washington, la biblioteca del Conservatorio del Tolima a mediados de los cincuenta
contaba con 300 alumnos, 500 libros y 250 discos. Ver en: Guillermo Espinosa, “Informe de junio,
1954” [Link] (sitio web). consultado 1 de noviembre de 2014. [Link]
directoriomusica00pana/directoriomusica00pana_djvu.txt. )
32 La licencia como miembro del Sindicato se conserva en el archivo FCAC, carpeta 29, folder 7.
La obra de Ciociano hasta ahora identificada consta de 220 títulos, organizada parcialmente en
tres periodos de acuerdo a la trayectoria del compositor: un primer periodo: Europa (1899–1928);
el segundo periodo: Latinoamérica y retorno a Europa (1928–1939) y el tercero: Colombia
(1939–1951). Dichos periodos señalan los cambios más significativos en cuanto a los tópicos de
creación y géneros musicales abordados, si bien la tradición académica de su primera formación
en el Conservatorio de París es el único elemento que permanece en su repertorio a lo largo de su
vida. Debe considerarse que, hasta tanto no se profundice en fuentes documentales internacio-
nales no disponibles para esta investigación, este es el índice de obras más completo que se tiene
del compositor, como base para un futuro trabajo de catalogación. En su ejercicio profesional,
Ciociano se definió claramente como compositor ligado a la música popular y a las corrientes
nacionalistas de los países en que vivió, lo que explica su obra en su mayoría caracterizada por
el lenguaje musical académico a partir de material temático popular34.
33 Un facsimil del programa de mano de dicho concierto fue pubicado en César Pagano, “Un Siglo
de Fiesta en Bogotá”, Revista Aquelarre, p. 133.
34 El índice preliminar de las obras, constituido actualmente como el Fondo Patrimonial Musical
en el Conservatorio del Tolima, aporta información, hasta donde ha sido posible corroborarse, sobre
el lugar y fecha de composición, instrumentación, tonalidad y métrica, dedicatorias, intérpretes,
medios de expresión y estado físico de la obra.
Ciociano se familiarizó con los primeros géneros del jazz y la música de baile en su ejercicio
profesional como miembro de la Soffritti’s Jazz Band y las orquestas transatlánticas. Las primeras
obras de este estilo fueron el fox-trot cómico, A Mon vieux Lapin, (1917), el one step Always
laughtings [sic], y el fox-trot oriental Salambó (1921). De este mismo periodo es el Valse Deliceuse
FIGURA 13. “Tango azul”, Rollo de autopiano Lima, Excelsior 2460, Rollos de 88 notas Humberto
Galindo Colección particular, fotografías H. Galindo.
35 Es factible que tanto el nombre de Violeta Imperio y Chao fueran realmente seudónimos o nombres
artísticos creados para impactar el mercado musical de moda. El rollo de pianola de “Tango Azul”,
se halló en un anticuario de Lima y fue traído a Colombia a finales de 2014 para su digitalización,
siendo el único archivo sonoro disponible del compositor de este periodo. Cámara se refiere al
“liscio” o “tango solar”, como la denominación que recibió una modalidad de tango en la Italia de
la posguerra, término que evoca su forma de baile y los ambientes turísticos mediterráneos donde
conjuntos musicales lo interpretaban. Enrique Cámara de Landa, “Hybridization in the Tango.
Objects, Process and Considerations” en Songs of the Minotaur, Hybridity and Popular Music in
the Era of Globalization: a Comparative Analysis of Rebetika, Tango, Rai, Flamenco, Sardana, and
English Urban Folk, Ed. Gerhard Steingress, Münster: Lit Verlag, 2002, pp. 88- 103.
36 Félix Potin (1820-1871) fue un coleccionista de arte y comerciante que a mediados del siglo XIX,
inició en París una cadena de tiendas que llevan su nombre. Ver Roger Magraw. France 1800-1914:
A Social History., NewYork: Taylor & Francis, 2002, p. 300. La partitura manuscrita incompleta se
encuentra en en el archivo FCAC, carpeta 26, folder 4.
37 José A. Lloréns, “Introducción al estudio de la música popular criolla en Lima” en Latin Ame-
rican Music Review, Revista de Música Latinoamericana, Vol. 8, No. 2, (Winter –Autumn, 1987),
pp. 262-268. El valse criollo, sería uno de los primeros aires europeos establecidos en las tradiciones
populares peruanas en las primeras décadas del siglo XX. Ciociano vivió en Perú entre 1928 y 1930.
quien fuera alumna e integrante de la misma orquesta que dirigió Ciociano diez años atrás en el
Conservatorio del Tolima. El segundo lugar fue para la obra de Ciociano. Inexplicablemente,
“Canción de la Tarde” no se conserva en los archivos del compositor y hasta el momento no
ha sido posible encontrar su partitura38.
Entre los últimos trabajos de creación de Ciociano se encuentran once arreglos corales a
ocho y diez voces mixtas, realizados por encargo del Conservatorio para el Coro del Tolima. Estos
arreglos fueron interpretados, algunos como estrenos, en la gira del Coro realizada en 1949, que
incluyó países de Centroamérica y que concluyó en Cuba. Entre los arreglos a obras colombia-
nas figuran “El Trapiche” (Emilio Murillo), “Bunde Tolimense” (Alberto Castilla), “Guabina
Huilense” (Carlos Cortés), “Hurí” (Anónimo), “Cartagena” (Adolfo ejía), “Ibaguereña” (Leo-
FIGURA 15. Carátula, Coros del Tolima. Folk Songs of Colombia South America, LP, Discos Bambuco,
BDS 4010, c. 1965, H. Galindo, colección particular, fotografías H. Galindo.
Conclusiones
Los retratos al óleo de Ciociano y Squarcetta exhibidos en la Sala de Conciertos del Conser-
vatorio del Tolima, junto al retrato de su fundador Alberto Castilla, fueron durante años los
testigos silenciosos de una tradición musical instaurada por estos italianos en la ciudad, que
sin haber sido debidamente estudiada, ameritaba una valoración más equilibrada dentro de la
historia de la música nacional. Este estudio revela desde la trayectoria personal del compositor,
los logros y el clima de incertidumbre en que vivieron los músicos inmigrantes italianos que
llegaron Latinoamérica, bajo las difíciles circunstancias del periodo entre las dos Guerras
Mundiales, pero también testimonia su impulso por conquistar el mundo, acreditados en el
prestigio de su propia nación, que hizo de la ópera una bandera internacional. La formación
musical de Ciociano como chelista y compositor dentro de la tradición académica del Con-
El territorio y el canon
El Torneo Internacional del Joropo, promocionado como el festival más importante del Llano
colombo-venezolano, se realiza en la ciudad de Villavicencio, capital del departamento del
Meta en Colombia. Este artículo muestra las transformaciones en la creación y ejecución de
las piezas instrumentales para el concurso de arpa llanera, que han sido validadas como parte
de una tradición musical regional y al mismo tiempo han delimitado procesos de cambio en
el joropo colombiano desde la creación del Torneo en 1965.
La música de los llanos del Orinoco colombo-venezolano es reconocida como un género
musical que ha sido aceptado como representativo de la cultura de la región llanera de los dos
países2. El joropo es una práctica cultural multi-dimensional que contiene elementos musica-
les, vocales, de poesía y baile, asociados de manera significativa a distintos contextos que se
han diversificado con el tiempo. Desde el punto de vista formal, la consolidación del joropo
como género parte de un conjunto de estructuras ritmo-armónicas agrupadas en golpes y pasa-
1 Este artículo hace parte del trabajo titulado Tradición e innovación en las obras de concurso del arpa lla-
nera. Torneo Internacional del Joropo (1994-2014), presentado como tesis de maestría en Musicología.
2 La planicie orinoquense es una subregión de la región de la Cuenca del Orinoco perteneciente
a Colombia y Venezuela. Ver Camilo Domínguez, “La Gran Cuenca del Orinoco” en Colombia
Orinoco, Bogotá: Fondo Fen Colombia, 1998. Esta delimitación regional ha sido conceptualizada
a partir de aspectos históricos, poblacionales, geográficos y culturales comunes a este territorio.
[71]
jes caracterizados por la alternancia o superposición de metros binarios y ternarios (6/8, 3/4 y
3/2)3, la coexistencia de dos regímenes o estructuras acentuales (por “derecho” y por “corrío”)
y por un tejido polirrítmico entre los acompañamientos (isométricos) de la base instrumental
y los patrones melódicos del canto o el arpa, de carácter variable y métrica más flexible4. Estas
estructuras sentaron las bases para procedimientos de variación e improvisación en el diseño
y ejecución de las piezas para arpa analizadas en este trabajo.
Para dar un panorama general de la práctica del joropo como música regional popular, a
grandes rasgos esta se asocia al carácter comunitario y ritual en el ámbito festivo del parrando5
dentro del contexto rural. Las llamadas “músicas de parranda” clasificadas en los golpes y pasajes
han logrado reconstituir sus lenguajes respondiendo a los cambios culturales de la región, a
las migraciones y a la urbanización. En contextos urbanos el joropo adquiere principalmente
una función de música de espectáculo para escenarios, dentro de los cuales se encuentran los
festivales folclóricos. Las expresiones del joropo rural y urbano establecen respectivamente las
categorías de “criollo” y “estilizado” para distintos estilos vocales, instrumentales y dancísticos.
Con base en las afirmaciones de Simon Frith acerca de las funciones sociales de la música
popular6, estas diversas manifestaciones y prácticas de la música llanera continúan ligadas a
los rasgos históricos y territoriales de su creación, y son empleadas en un discurso de identi-
dad regional, aún en condiciones de migración y cambio cultural. Desde el contexto de los
festivales de música llanera es preciso matizar la existencia de diversos estilos de creación y
composición para el conjunto instrumental llanero, regidos por un canon que los cataloga como
“tradicionales” y “auténticos” pero que funcionan con las lógicas de la música popular, ligadas
al mercado discográfico y al entretenimiento. Este trabajo parte de la premisa inicial de la re-
levancia del arpa en el discurso cultural llanero, así como su papel principal en la permanente
negociación entre los elementos valorados como tradicionales y los procesos de cambio en la
estética musical del joropo.
3 Para estudios formales de esta música ver: Claudia Calderón, “Estudio analítico y comparativo
sobre la música del joropo, expresión tradicional de Venezuela y Colombia”, Separata de la Revista
musical de Venezuela, No 39(1999; Carlos Rojas y Carlos Díaz, Método de formación musical a partir
de músicas [Link]á: Ministerio de Cultura, 1999.
4 Luis Felipe Ramón y Rivera, El Joropo, baile nacional de [Link]: Ministerio de Educa-
ción, 1953, pp. 16,17. Este autor denomina “melódica independiente” a la independencia recíproca
entre el canto y el acompañamiento.
5 El parrando es una fiesta rural o de pueblo dentro de un contexto familiar, ligada a celebracio-
nes de la vida cotidiana o religiosa, en la cual la práctica musical es comunitaria, participativa e
improvisatoria.
6 Simon Frith, “Hacia una estética de la música popular”, en Las culturas musicales. Lecturas de
etnomusicología, Francisco Cruces (ed.), Madrid: Trotta, 2001, pp. 413-435.
Existe una pugna regional generada por algunos cultores y públicos del joropo venezolano al
reclamar un derecho de propiedad sobre el arpa como objeto y símbolo de la cultura de ese
país7. Esto se debe posiblemente a los vacíos y contradicciones en las referencias históricas para
reconocer o justificar una tradición de larga data del instrumento en el territorio colombiano.
La introducción del arpa española de un orden de cuerdas en América desde las primeras
décadas de la Conquista acompañó el proceso de dominación de indígenas y africanos escla-
vizados en iglesias, misiones y conventos8. Egberto Bermúdez afirma que el protagonismo de
este instrumento se mantuvo en muchas regiones de América desde Estados Unidos hasta
Argentina, incluyendo los llanos del Orinoco, gracias al trabajo sistemático de las misiones,
especialmente jesuitas, del cual se derivaron tradiciones musicales que pervivieron hasta el
siglo XX entre campesinos y pueblos indígenas9.
A pesar del empeño de músicos y gestores locales por acreditar en discursos o publicacio-
nes10 una continuidad entre las prácticas actuales del arpa en Colombia y su pasado misional,
el vacío en las fuentes no permite precisar la presencia del instrumento en el siglo XIX y
comienzos del siglo XX en el llano colombiano11. En los inventarios realizados en iglesias y
reducciones de poblaciones de Casanare, Arauca y Meta, después de la expulsión de los jesuitas
en 1767, se menciona la herencia de una intensa práctica musical ligada a una tradición escrita
7 Se trata de discusiones entre los diferentes actores de la tradición musical llanera colombo-
venezolana, como los músicos, los jurados o los públicos de ambos países, que ocurren en ámbitos
no formales de los festivales llaneros o las redes sociales. Notas de campo de la autora (1994-2015).
8 Egberto Bermúdez, “The Harp in The Americas (1510-2010): A Historical Account from Mins-
trelsy to Ethno-rock and Web Videos”, en Analizar, interpretar, hacer música: De las Cantigas de Santa
María a la organología. Escritos in memoriam Gerardo V. Huseby, Melanie Plesch (ed.), Buenos Aires:
Gourmet Musical Ediciones, 2013, p. 463; Yves D’arcizas, “Un arpa de la mitad del siglo XVII en
Tópaga”, Revista Universidad de Antioquia, Vol 58, (1989), pp. 85-94.
9 Egberto Bermúdez, “The Harp”, pp. 467,472, 473.
10 Ver Miguel Ángel Martín, “Origen y Evolución de la Música Llanera”, en Revista de la Academia
de Historia del Meta Año 1 No. 1, 2ª Ed., (1988), pp. 33,34. Este escritor afirma que en 1680 se
encontraban “elementos de nuestro folclor tales como la guitarra, el tiple y el arpa”, y que en 1750
se conocían “el arpa cromática y la síncopa, elementos consustanciales del joropo”. Miguel Angel
Martín, Del folclor [Link]: Lit. Juan XIII, 1979., p. 48. Sin referencias de fuentes ni
fechas, afirma que “los jesuitas nos trajeron el arpa que nuevamente ha florecido en nuestros llanos”.
11 En Ricardo Sabio, Corridos y Coplas, Llanos Orientales de Colombia, Cali: Imprenta Salesiana,
1963, pp. 18, 38, 39, 40, 85, 115. son imprecisas las referencias y fechas que sugieren el uso del arpa
en los llanos de Casanare. Harry Davidson, Diccionario folklórico de Colombia, Bogotá: Banco de la
República, 1970, pp. 33, citando a Charles Cochrane, Diario de una residencia y viajes en Colombia
durante los años 1823 y 1824, menciona el uso del arpa en una fiesta popular en Suta, Boyacá.
12 Egberto Bermúdez, “La música en las misiones jesuitas en los Llanos Orientales colombianos,
1725-1810”, en Ensayos. Historia y teoría del arte, 5 (1999), Bogotá, Universidad Nacional de Co-
lombia, pp. 143-166.
13 Ramón Guerra Azuola, “Apuntamientos de viajes”, Boletín de historia y antigüedades, Tomo IV, No.
43, (enero, 1907), p. 429, citado en Carlos Rojas, “Llanura, soga y corrío” en Cantan los Alcaravanes.
Bogotá: Occidental de Colombia Inc., 1990, p. 102.
14 Ricardo Sabio, Corridos y Coplas, Llanos Orientales de Colombia Cali: Imprenta Salesiana, 1963,
pp. 38-39. Este texto es uno de los más citados en los artículos locales sobre la tradición del arpa
llanera en Colombia, sin embargo, son imprecisas sus referencias y fechas.
15 Davidson, Diccionario folklórico, pp. 34-35.
16 David Parales, El arpa. Estudio técnico, historia, arpegios y bordoneos, 3ª ed., Imprenta y publi-
caciones de las fuerzas militares, Bogotá, 2000, p. 198. Héctor Paul Vanegas, entrevista, Bogotá,
junio de 2014. Este arpista nacido a comienzos de siglo en los llanos del Apure venezolano, es un
personaje mencionado en la tradición oral como pionero del arpa en Arauca.
17 Alirio Díaz, Música en la vida y lucha del pueblo venezolano. Caracas: Edición de la Presidencia
de la República, 1980, citado por Darío Robayo, Ensayo sobre el arpa en los llanos de Venezuela y
Colombia. El arpa en la historia. Bogotá: Imprenta Patriótica, 1993, p. 84.
Con el establecimiento de haciendas aledañas por parte de los jesuitas en 174019, la población
que hoy se conoce como Villavicencio se convirtió en ruta de paso ganadero desde el llano
hacia el centro del país. Su poblamiento espontáneo se basó en migraciones desde el oriente
de Cundinamarca, hasta convertirse en Distrito Parroquial en 185020. Aún en las primeras
décadas del siglo XX continuaba siendo punto de contacto permanente entre mestizos llaneros
y campesinos andinos, con una temprana influencia mixta en su práctica musical21.
Por otro lado, a comienzos del siglo XX, con la influencia musical de los misioneros mont-
fortianos (1902), se fundó una tradición de música de banda22 que perduró hasta la década de
194023, manteniendo un ambiente musical diverso y la coexistencia de la música universal,
culta y popular en las fiestas civiles y eclesiásticas.
Sobre la práctica musical popular ligada a lo que se podría asociar con la música llanera
en esta población, ya en 1860 se referencia un conjunto conformado por una “guitarra peque-
ña que servía de tiple, acompañado de la vihuela ordinaria para sostener el canto”, llamada
bandolón, interpretando un galerón y una pieza denominada guarapo24. Durante los años 40
del siglo XX, los músicos populares cantaban galerones con coplas improvisadas acompañadas
de tiples, bandolas, requintos y maracas25 y se reseña también un conjunto integrado por dos
26 Mesías Bobadilla, entrevista citada en Oscar Pabón, El Joropo en Villavicencio: Momentos y
Jane Rausch plantea que la expansión de la frontera de Villavicencio en el transcurso del siglo
XX, con las migraciones y la explotación petrolera, enfrentaron a esta población a una crisis
de identidad que llevó a las élites políticas y del ámbito cultural a emprender iniciativas para
realzar los rasgos llaneros de la ciudad desde comienzos de la década de 196034.
Estas circunstancias constituyen los antecedentes que sentaron las bases para el proyecto de
implantación del joropo de arpa en 1958, liderado por una delegación de folcloristas de la región
fronteriza de Arauca. Ellos traían un repertorio de canciones del canon aún vigente y habían
aprendido la ejecución de los golpes, escuchando a los conjuntos de arpa y los cantores venezolanos
a través de la radio35. Por esa época, la música llanera aún no había ganado suficientes espacios de
difusión en la ciudad y se escuchaba por lo general en lugares marginales36.
31 Otroconjunto de Villavicencio pionero en grabaciones de música llanera con guitarra, requinto y
maracas, fue el Trío Los Galanes. Melecio Montaña, entrevista citada en Diana Marcela Gómez Ruiz,
Contexto cultural histórico y de tradición oral de Villavicencio. Villavicencio: Corcumvi, 2008, p. 45. Ver
“Luis Ariel, el pionero”, Corculla, Corporación cultural llanera, en [Link]
32 Luis Ariel Rey, Todo el sabor del Llano (c.1957). En esta grabación se destaca una notoria diferen-
cia en la sonoridad del instrumento con formas de arpegios y glissandos propios del arpa paraguaya.
Ver también: Marco Antonio Guerrero, “Recorridos del joropo y sus compañeros de viaje” en La
Huella del Torneo, Boletín del 40 Torneo Internacional del Joropo. Edición Especial. Villavicencio:
IDCM, junio de 2008, p. 10.
33 “Luis Ariel Rey Roa”, Llano 7 días, Villavicencio: Casa Editorial El Tiempo, 30 de noviembre
de 1999. Consultado en: [Link]
34 Jane Rausch, De pueblo de frontera a ciudad capital, p. 175.
35 El primer paso en esta penetración, se dio con la llegada de la delegación araucana compuesta
por Miguel Ángel Martín (1932-1994), Héctor Paúl Vanegas (1939), Álvaro Coronel Mancipe
“Bayiyo” (1940-2015) y David Parales Bello (1947), quien había tomado la tradición del arpa
desde su infancia en el Estado Apure venezolano. Héctor Paúl Vanegas, entrevista, Bogotá, 2014.
36 Libia Velásquez y Luz Marina Angulo, citadas por Gómez Ruiz, Contexto cultural histórico, pp. 173,
241. En este trabajo se incluyen varias entrevistas a mujeres mayores, que afirman que las mujeres
no podían ingresar a los lugares donde se tocaba la música llanera.
37 Bajo su dirección y con la colaboración de Héctor Paúl Vanegas, Alvaro Coronel y David Parales.
38 Darío Robayo, “La transformación del lenguaje del arpa en el torneo internacional del joropo
2000-2012”, Trabajo de grado, Universidad Pedagógica Nacional, 2013, p. 59. Jaime Avella Cha-
parro, entrevista citada en “Un sogamoseño primer arpista del Cholo Valderrama”, El Tiempo, 24
de noviembre de 2008.
39 Doris Arbeláez, “La guafa en contextos urbanos y de mercantilización: contrapunteo entre las
memorias y el presente de los músicos llaneros”, Trabajo de grado de Antropología, Universidad
Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, 2005, pp. 105-113. Manuel “Chicuaco”
Torres, entrevista, San Martín, noviembre de 1997, Héctor Paúl Vanegas, entrevista, Bogotá, junio
de 2014, David Parales Bello, entrevista, Bogotá, septiembre de 2014. Programas de música llanera
en Radio Lara y la Voz del Cinaruco, alcanzaban a escucharse en las décadas de 1960 y 70 en algunas
regiones del llano colombiano, desde Arauca hasta el Meta.
40 Héctor Paúl Vanegas, entrevista. Bogotá, junio de 2014. Melecio Montaña, entrevista citada en
Diana Marcela Gómez Ruiz, Contexto cultural histórico, p. 45.
41 Juan Manuel Chaparro, “Miguel Ángel Martín: profesión de festival” en La Huella del Torneo,
Boletín del 40 Torneo Internacional del Joropo. Edición Especial. Villavicencio: IDCM, junio de 2008,
pp. 14,15.
42 Rausch, De pueblo de frontera, p. 155.
43 Héctor Paúl Vanegas, entrevista, Bogotá, junio de 2014. Ver “Dos festivales y 33 años de historia”,
El Tiempo,14 de marzo de 1995.
Con la irrupción de este formato instrumental, la diversidad de los conjuntos llaneros co-
lombianos empezó a entrar en desuso. En Arauca estaba el bandolín, semejante al requinto
andino, la bandola pin-pon, en conjunto con cuatro y maracas. En Casanare el bandolón y
guitarro, dos tiples con diversas afinaciones tomadas de los instrumentos andinos. En el Meta
se tocaba tiple y bandola andina conocida como mata-mata45. Aún en la segunda mitad del
siglo XX, como parte de estos variados conjuntos especialmente en Arauca, se utilizaban
otros instrumentos hoy considerados exóticos, como el violín, la sirrampla, –un arco musical
conformado por una cuerda atada a un madero de caña–, el furruco, –un tambor de fricción
con una vara de madera– y la carrasca46. El desinterés por el uso de estos instrumentos en la
música llanera colombiana se evidencia en la prensa local y en discursos de los mismos músicos
que promovían la presunta recuperación de los auténticos instrumentos47.
En las primeras versiones del Torneo, los conjuntos de arpa venezolanos se impusieron
sobre los conjuntos colombianos conformados por tiple, bandola, guitarras, requintos y ma-
44 Según artículo del periódico El Candil, (10 de julio, 1965), citado en Juan Manuel Chaparro,
“Torneo, festival, encuentro: ¡Joropo cuñao!”, La huella del torneo, Edición especial, 40 Torneo
Internacional del Joropo. Villavicencio: IDCM, (junio de 2008), p. 19.
45 Carlos Rojas, “Llanura, soga y corrío” en Cantan los Alcaravanes. Bogotá: Occidental de Colombia
48 Ver “Ellos se convirtieron en leyenda de la música llanera”, Llano 7 dí[Link]: Casa
Editorial El Tiempo) 28 de junio de 2005 en [Link]
1632577. Darío Robayo, “La transformación del lenguaje del arpa”, p. 76. Entre los primeros
ganadores estuvieron los arpistas que habían impuesto en sus grabaciones gran parte del canon del
joropo, como Omar Moreno, Rigoberto Varela y Joseíto Romero.
49 Carlos Enrique Pachón García, “En busca de los instrumentos perdidos”, en La Huella del Torneo,
41º Torneo Internacional del Joropo, 2a edición, (Villavicencio: ICDM, junio de 2009), p. 17. Son
pocos los documentos oficiales que contienen memorias del torneo y algunas fuentes indican que
fue en 1965 la única vez que participaron conjuntos de diapasones. Ver Juan Manuel Chaparro,
“Más argumentos para valorar nuestro folklore” en La Huella del Torneo, 42 Torneo Internacional del
Joropo. 3ª ed. Villavicencio: IDCM, junio de 2010, p. 4.
50 Henry Herrera, “El festival de la canción”, Revista Corocora, No. 6, 1972, s.p.
51 René Devia, entrevista, Bogotá, septiembre de 2015. Los músicos colombianos no tenían la
misma formación técnica ni escénica de sus contendores venezolanos.
52 Emilia Bermúdez y Natalia Sánchez, “Política, cultura, Políticas culturales y consumo cultural
en Venezuela” (Ponencia presentada en la II Reunión de miembros de LASA, Caracas 27, 28 de
mayo, 2008),[Link]
[Link] (Consultado el 12 de agosto de 2015). Katrin Lengwinat,
“Joropo”, en Bloomsbury Encyclopedia of Popular Music of The World. Vol IX Caribbean and Latin
America, Bloomsbury Publishing, 2014, [Link] (Consultado el 12 de agosto de 2015).
53 Carlos Rojas, “La canción llanera: pasado y presente” en Revista Javeriana No. 533, abril de 1987,
pp. 199-202.
54 Andrea Hermoso y Simón Herrera, “Reportaje documental: El destino del disco”.Trabajo de
grado de Comunicación Social, Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y
Educación, 2007, p. 24. Grabaciones iniciadas por la empresa Discomoda y el sello Banco Largo del
arpista J.V Torrealba. Ver Sitio Web Juan Vicente Torrealba, “Trayectoria”, [Link].
55 Carlos Rojas, “El joropo en el siglo XX: la redefinición de un lenguaje”. Ponencia. III Congreso
Latinoamericano de la Asociación Internacional para el estudio de la Música Popular IASPM.
Bogotá, ASAB, 2000.
56 Uno de los factores de esta unificación fue la imposición del estilo de la bandola barinesa, a
cargo de Anselmo López quien participó en 1965 en el Torneo. Yesid Benítez, entrevista, Bogotá,
septiembre de 1997. Hector Paúl Vanegas, entrevista, Bogotá, junio de 2014. Carlos Rojas, “Llanura,
soga y corrío”. Ver Carlos Enrique Pachón García “En busca de los instrumentos perdidos” p. 16.
57 [Link]. “Ignacio Figueredo”, Biografía. [Link]
indio_figueredo.htm (consultado 12 de enero, 2015).
58
Claudia Calderón, “El joropo llanero: 50 años de evolución”. Ponencia presentada en el IV
Congreso Nacional de Universidades sobre Tradición y Cultura Popular, Mérida, 1998.
59 Ver Calderón, “El joropo llanero: 50 años de evolución” y Robayo, “La transformación del
lenguaje del arpa”, p. 56.
Así como Figueredo y Torrealba, otros arpistas posteriores generaron tendencias de ejecución
del arpa adoptadas por los arpistas colombianos de las generaciones siguientes que empeza-
ban a concursar en el Torneo61. Entre ellos se destaca Eudes Álvarez, reconocido como “el
rey del bordón” por su estilo recio62 basado en el recurso melódico-rítmico y percusivo de la
mano izquierda en los tenoretes o cuerdas medias del arpa, denominado bordoneo, que refuerza
60 Juan Vicente Torrealba, Los Torrealberos. Banco Largo QBL-505. c.1955. El conjunto de esta
grabación incluye un contrabajo.
61 Ver Robayo, “La transformación del lenguaje del arpa”, p. 59. Ver Revista La corocora, “Editorial”,
No. 5, 1971, p. 22. Abdul Farfán, entrevista, Bogotá, agosto de 2014. Héctor Paúl Vanegas, entre-
vista Bogotá, junio de 2014. Joseíto Romero, comunicación personal, Villavicencio, junio de 2001.
62 Concepto equiparado a la fortaleza, vigor y velocidad de la interpretación, ligado también al
baile y al “leco” o grito de los golpes cantados.
Figura 2. Contraportada (v. 6), portada (v. 2), Joseíto Romero, colección de siete LPs, Arpa, cuatro y maracas,
Caracas: Discomoda, c. 1970-1982, fotografías Doris Abeláez66
Como síntesis de los diversos aportes individuales, predominaba en ese momento la técnica
de digitación con tres dedos en la ejecución de melodías diatónicas para la imitación de la
voz, el uso de tríadas en bloque o en acordes rotos para el acompañamiento vocal y un soporte
rítmico básico en los bajos.
63 Su grabación paradigmática es la de Eudes Álvarez, «El Papaúpa” Velvet LPV 2033, 1983.
64 Claudia Calderón, “El joropo llanero: 50 años de evolución”, s.p.
65
Notas de campo de la autora. Entre estas piezas están “La Reina”, “El totumo de Guarenas”, el
“Seis por Ocho”, de la mencionada colección.
66 Joseíto Romero, Arpa, cuatro y maracas, LPs, Discomoda, v. 1, DCM 643, c. 1970; v. 2, DCM
719, c. 1971; v. 3, DCM 770, c. 1972; v. 4, DCM 895, 1974; v. 5, DCM 975, 1976; v. 6, DCM 1154,
1980 y v. 7, DCM 1314, 1982.
El arpista “estilizado” que más influencia ejerció en los arpistas de ambos países a través de sus
grabaciones fue Henry Rubio, quien a mediados de los años setenta, además de sus versiones
grabadas de valses venezolanos, adaptó en sus piezas el ritmo Onda Nueva, creado y desarro-
llado para orquestas de jazz por el director y compositor venezolano Aldemaro Romero (1928-
2007) a finales de los años 6072. Fue en este período de los años noventa en que los arpistas
y conjuntos retomaron las grabaciones y el estilo de Henry Rubio en los instrumentales de
concurso73. La innovación métrica implicó también exploración melódica y armónica, con
mayor uso de modulaciones y acordes expandidos, exigiendo nuevos recursos en el arpa, tales
como la unificación de la digitación con cuatro dedos. Se creó una nueva interdependencia
entre los instrumentos, con mayor protagonismo individual en las tres dimensiones melódica,
70 Las bases del concurso ya no exigían como en la década anterior, la interpretación de los distintos
golpes llaneros, sino que determinaban de manera general, la obligatoriedad de enmarcarse en los
lenguajes del joropo. Las grabaciones de las presentaciones en vivo en el festival desde 1994 hasta
2015, hacen parte de las fuentes primarias para este trabajo.
71 Notas de campo de la autora, Torneo Internacional del Joropo, Villavicencio, 1992-97.
72 El Onda Nueva fusiona patrones métricos del joropo con el Jazz y la Bossa Nova. Henry Rubio,
entrevista, Bogotá, septiembre, 2015. Henry Rubio, (Conversatorio, II Encuentro Internacional
Maestros del Arpa, Universidad Javeriana, 11 de septiembre de 2015). “Aldemaro Romero y su
legado musical”, El [Link] (18 de septiembre, 2007),[Link]
cumento/MAM-2659226. John Shepherd, David Horn (eds.), Bloomsbury Encyclopedia of Popular
Music of the World, Genres: Caribbean and Latin American, vol. 9, s.v. “Onda nueva”, pp. 575-76.
73 Una de sus grabaciones influyentes es Henry Rubio, Lo mejor de Aldemaro Romero en arpa, León
(L.P. 1070), c.1974. Una de las piezas más citadas en el concurso es su versión del vals de Antonio
Lauro compuesto para guitarra. Henry Rubio, “Carora”, El vals es Venezuela, Manoca 910224 (CD),
1991. Henry Rubio, Lo mejor de Aldemaro Romero en arpa, León (L.P. 1070), c.1974.
74 Luis Silva, Luis Silva y sus canciones, Discorona, LP, FD-24292830, 1992.
75 El estilo romántico ya se había desarrollado desde los pasajes estilizados de Torrealba, o la música
comercial de Reynaldo Armas, pero fue Luis Silva quien alcanzó mayor impacto en el público joven.
Ver sitio web de Luis Silva, “Biografía”, [Link].
76 Ver Luis Silva, “Llanerísimas”, Luis Silva y sus canciones, corte 4, Discorona, LP 1992. Ver Darío
Robayo, “La transformación del lenguaje del arpa”, p. 62. Robayo identifica esta pieza como un
elemento homogeneizador para los nuevos estilos.
77 Arbeláez, “La Guafa en contextos urbanos”, pp. 15, 35, 98, 115. Arpistas como Carlos Rojas,
Darío Robayo y Mario Tineo, entre otros, que migraron desde los años ochenta. Escuelas como
Centro Cultural Llanero (fundado en 1982) la Embajada Llanera (1992), la Academia Llano y
Joropo (1988). Restaurantes como Los Centauros en los años ochenta, y desde los noventa sitios
nocturnos como Llanerada 57 y Las Tres Llanuras, entre muchos otros, posibilitaron la continuidad
de la práctica de estos músicos y ampliaron el consumo del joropo en Bogotá.
78 Ver Juan Manuel Chaparro, “Se les puso apretao, compadre”, La huella del torneo, edición especial.
Villavicencio: IDCM, 2008, p. 29. Ver Doris Arbeláez, “La guafa en contextos urbanos”, pp. 67-70.
Entre ellos se destacan los arpistas Yesid Castro y Gerardo Ramírez, John Harby Ubaque
(guitarra), y los hermanos Juan Carlos (cuatro) y Emmanuel Contreras (bajo). Estos músicos
hicieron parte de los primeros grupos que hacían referencia a piezas de salsa, jazz y pop en
los instrumentales de concurso (ver Ejemplo Musical 1), aportando un estilo modernizador
en el planteamiento armónico y de textura del conjunto, pero creando piezas que retomaban
los golpes de la tradición. De esta forma consolidaron un ideal de joropo innovador80 que
encontró rechazo en algunos músicos de la vieja guardia, y generó choques relacionados con
la reivindicación de lo “criollo” y la pertenencia al territorio81.
79 El grupo se presentaba sin el liqui-liqui ni el sombrero, que eran el atuendo obligatorio para los
concursantes.
80 Ver “El festival de la canción y reinado del joropo: ni fu ni fa”, Llano 7 días. Villavicencio: Casa
Editorial El Tiempo, 2 de diciembre de 1997. Guillermo Reinoso, “El joropo cuenta su nueva his-
toria”, Llano 7 días,Villavicencio: Casa Editorial El Tiempo, 3 de julio de 2000. Se resalta el papel
de los instrumentos eléctricos y los músicos influenciados por el jazz y el bolero.
81 Ver “Inconformismo con fallo del jurado”, Llano 7 dí[Link]: Casa Editorial El Tiempo,
10 de diciembre de 1996. “Folklore se impone”, Llano 7 dí[Link]: Casa Editorial El Tiempo,
1 de junio de 1999. El artículo menciona el rechazo de los llamados folkloristas a la inclusión del
bajo como instrumento llanero. Los músicos urbanos comentan el rechazo por parte de algunos
músicos tradicionalistas por su origen citadino, sus propuestas con el folklore o su vestimenta urbana.
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Para este momento, la pieza de concurso ya había perdido la función de los instrumentales para
acompañar el baile o el canto de los golpes, debido a los cambios de tempo, textura y armonía
que hacen perder el flujo continuo de la música de “parranda” y convierten al instrumental
en una pieza de espectáculo para la escucha.
Del conjunto de un instrumento melódico con acompañamiento ritmo-armónico (arpa,
cuatro y maracas o bandola, cuatro y maracas), la instrumentación pasó a conjuntos de arpa,
bandola, cuatro, maracas y bajo, con funciones melódicas y de acompañamiento compartidas,
diálogos contrapuntísticos, imitaciones y partes solistas a cargo de todos los instrumentos del
conjunto. Claudia Calderón reconoce tres momentos en esta transformación: la fase campe-
sina, de instrumento mayor con acompañamiento, la fase de base rítmica ritmo armónica con
la incorporación del bajo, y la fase de diálogo camerístico84. Hay que precisar que no se trata
de fases evolutivas, ya que estos distintos tratamientos del conjunto llanero coexisten y se
desarrollan en diferentes contextos, siendo el último de ellos resultado de la experimentación
de músicos profesionalizados y de las exigencias del espectáculo y la competencia.
En la primera década del nuevo siglo se creó el premio “Padrote de la Guafa”85 (2001-2004)
para el mejor arpista del concurso: título que realza la connotación machista en la práctica
del joropo, exigiendo la presentación de piezas coherentes que evitaran la cita de fragmentos
distintos sin el desarrollo de un tema musical, con el fin de recuperar la interpretación de los
83 Irakere, “Flute Notes”, Live at Ronnie Scott’s 1991, Blue Note (CD), 1993.
84 Claudia Calderón, “El joropo llanero: 50 años de evolución” IV Congreso Nacional de Univer-
sidades sobre Tradición y Cultura Popular, Mérida, 1998, s.p.
85 El término ‘padrote’ se refiere en la ganadería, al macho líder de una manada destinado a la pro-
creación. Las connotaciones machistas en la práctica del joropo pueden abrir otro tema de discusión
sobre esta música. El término ‘guafa’ –nombre local de la guadua o bambú americano– se refiere a
los golpes considerados recios del sistema “por derecho”, como el seis y el pajarillo.
91 Carlos Orozco, entrevista, Bogotá, septiembre de 2014. Paradójicamente, a pesar de las críticas
a su propuesta musical, Orozco ha sido ganador en varias versiones del Torneo y también jurado.
92 Se propone este concepto para caracterizar el múltiple uso del arpa logrado por arpistas de las
generaciones recientes.
93 Juan Pablo González, “Performatividades líquidas y juicio de valor en las músicas del siglo XX”. El
Conclusión
El propósito de este artículo es mostrar, mediante el análisis comparativo, las relaciones entre
las canciones “El gol” (Elio Boom, Colombia), “Dem Bow” (Shabba Ranks, Jamaica), “Nuff
man a dead” (Super Cat, Jamaica) y “Ellos benia” (Nando Boom, Panamá)1. Este análisis nos
permitirá ilustrar algunos de los procesos de adaptación de repertorios internacionales que
caracterizaron al género de la champeta criolla a comienzos de los años noventa.
La canción “El gol” incluida en el LP Terapia Criolla con Kusima de 1994 resulta muy
relevante para el estudio de la champeta criolla en tanto que tipifica la manera en la que
durante este periodo se tomaron materiales musicales provenientes de países como Jamaica y
Panamá para revitalizar el repertorio local2. Por su parte, el contenido del mencionado LP es
también representativo de dos formas de producción musical fundamentales para este género:
a) las adaptaciones locales de canciones africanas y caribeñas y b) la composición de temas
originales a partir de la influencia de la música internacional difundida en los picós, sistemas
de sonido ambulante y público de grandes dimensiones y volumen sonoro presentes en toda
1 Los detalles de publicación de estas canciones son los siguientes: “EL gol”, en Terapia Criolla con
Kusima, LP, 12’’, 33 rpm, Rey Records 002, 1994, A,?.; “Dem Bow”, S, 7’’, 45 rpm, Dem Bow, Digital
B, 1990; “Nuff Man a Dead”, S, 7’’, 45 rpm, Nuff Man a Dead, Wild Apache, 1990 y “Ellos benia”,
en Reggae Español, LP, 12’’, 33 rpm, Shelly’s Records, SRLP07 ,1991, A.
2 Para más información sobre sus adaptaciones de canciones africanas del Congo y Camerún en este
genero ver Andrés Guadrón, La champeta a inicios de los años noventa: de adaptaciones a creaciones,
Bogotá: Tesis de Maestría, Universidad Nacional de Colombia, 2015.
[95]
la costa norte de Colombia con los cuales se organizan fiestas populares esenciales para la
difusión de diferentes géneros musicales3.
Asimismo, los procesos de composición y producción de la canción y los diferentes as-
pectos de la biografía de su cantante nos permiten entender en qué medida a comienzos de los
años noventa se presentó una importante influencia de géneros como el dancehall y el reggae
panameño en la champeta cartagenera y en la cultura de los picós de la ciudad.
La champeta es un género musical aparecido en la costa norte colombiana durante las
últimas décadas del siglo XX e íntimamente ligado al surgimiento de fiestas públicas realizadas
con los mencionados picós. La amalgama de géneros en su mayoría africanos y caribeños que
empezaron a difundirse en estos bailes configuró, desde finales de los años setenta, una prác-
tica musical local que emuló estas influencias y que, como veremos en este texto, también se
nutrió desde los años noventa de una fuerte influencia de los estilos musicales contemporáneos
desarrollados en países como Jamaica y Panamá.
A lo largo del texto usaremos la diferenciación terminológica que los picoteros (es decir, los
empresarios de los picós) y músicos de la costa norte colombiana hacen entre lo que denominan
“champeta africana” y “champeta criolla”. En la primera categoría agrupan las canciones difundidas
en los picós que provienen tanto de grabaciones africanas como de grabaciones caribeñas. Por su
parte, el término “champeta criolla” o “terapia criolla” hace referencia a aquella música que fue
grabada en ciudades como Cartagena y Barranquilla por artistas locales y que, retomando las caracte-
rísticas sonoras de las canciones africanas y caribeñas difundidas en los picós, establece un repertorio
hecho en Colombia para estos sistemas de sonido. Así, en la champeta criolla es común encontrar
influencias del soukous congoleño, el compas haitiano, o el dancehall de Jamaica, entre otros gé-
neros. “El gol”, del cantante Elio Boom, es un ejemplo de lo que denominamos champeta criolla.
Por su parte, el género jamaiquino conocido como dancehall surge también en el entorno
de las fiestas ambulantes de esta isla y desde los años setenta tiene como característica esencial
la interpretación de un cantante e improvisador sobre una pista musical que - en muchos casos
- es extraída de una canción ya existente. Durante los años ochenta estas pistas fueron simpli-
ficándose hasta el punto de convertirse en ostinatos cortos y repetitivos, realizados por medio
de instrumentos digitales y acompañando textos cada vez más explícitos. La canción “Dem
Bow” del cantante Shabba Ranks, aquí analizada, es representativa del sonido del dancehall
de comienzos de los años noventa y es uno de los primeros éxitos internacionales del género.
El reggae panameño puede caracterizarse a grandes rasgos como una versión en español del
dancehall y “Ellos benia” -la canción de Nando Boom- está asociada a esta corriente musical.
3 Su práctica es equiparable en otras culturas musicales del mundo como los sound systems ja-
maiquinos, los sonideros mexicanos y los aparelhagens brasileros. Ver Deborah Pacini Hernández,
‘The picó phenomenon in Cartagena, Colombia’, América Negra, 6 (1993), pp, 69-113 y María
Alejandra Sanz, Fiesta de Picó: champeta, espacio y cuerpo en Cartagena, Colombia, Bogotá: Tesis de
Grado, Deptarmento de Antropología, Universidad del Rosario, 2011.
Nacido en 1974 en Turbo, Antioquia, el verdadero nombre de Elio Boom es Francisco Corrales5.
Su interacción musical con los picós de la ciudad de Turbo permite entender las múltiples simili-
tudes que existían entre las fiestas públicas de este pueblo y algunas de las prácticas de los sound
systems jamaiquinos –presentes en la población mediante su cercanía con la cultura panameña.
Manuel y Marshall describen cómo en los sound systems jamaiquinos se fue haciendo común
la práctica de hacer vocalizaciones sobre versiones instrumentales de canciones ya reconocidas
entre el público local, particularmente a partir de los años sesenta. Es importante señalar aquí
que el uso de la palabra vocalización –traducida a partir del término voicing– es intencional
en tanto se trata, como indican Manuel y Marshall y como veremos en nuestro análisis de la
canción “El gol”, de un tipo de emisión vocal a medio camino entre la recitación y el canto6.
Las versiones instrumentales mecionadas provenían, paralelamente, de la creciente
práctica de imprimir discos de 45 rpm en los que por una cara se podía escuchar la canción
completa que lanzaba un artista y por la otra únicamente su versión sin voz. Sobre esta se-
gunda cara, los artistas emergentes empezaron a hacer sus interpretaciones en vivo usando la
música instrumental como pista de fondo para su voz7. Un ejemplo de uno de estos discos es el
sencillo “Nuff man a dead”, grabado en 1990 por el artista jamaiquino Super Cat (y analizado
posteriormente en este artículo por su relación con la canción “El gol”). El lado B cuenta con
un corte instrumental donde se escucha exclusivamente la pista del disco8.
En el relato que hace del ambiente musical de la ciudad de Turbo a inicios de los años
noventa, Corrales narra cómo participó exactamente de la misma práctica:
4 Ver Sanz y Nicolás Contreras “Champeta/Terapia, más que música y moda, folclor urbanizado
del Caribe colombiano”, Huellas, 67-68 (2003), pp. 33-45.
5 Peter Manuel y Wayne Marshall “The riddim method: aesthetics, practice, and ownership in
Jamaican dancehall”, Popular Music, 25, 3, (2006), pp. 447-470 (p. 452).
Para evitar posibles confusiones con el cantante Nando Boom, en el texto nos referiremos a Elio
Boom por su apellido de nacimiento, Corrales.
6 Manuel y Marshall, p. 452.
7 Ibid, p. 450.
8 El LP Terapia Criolla con Kusima, que contiene la canción “El gol”, contiene también una versión
instrumental de cada uno de sus cortes tanto en el lado A como en el B del disco, probablemente
por la influencia mencionada del género del dancehall.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [97]
Andrés Gualdrón
Nosotros no tocábamos instrumentos ni producíamos las pistas. Hay unas versiones musicales, las
poníamos de los discos originales, de los reggae originales, porque en ese entonces el LP traía de
un lado el disco y del otro lado tenía la pista. Entonces nosotros poníamos la pista e inventábamos
nuestras letras. Entonces cantábamos, íbamos a un show o con un espectáculo, llevábamos el LP y
lo poníamos en el lado de la versión y le cantábamos su letra, que uno se inventaba”9.
Manuel y Marshall describen cómo, en el ritual grupal de los músicos emergentes al cantar
sobre estas pistas instrumentales, generalmente, en los conciertos, varios cantantes hacían
una hilera e iban uno detrás del otro improvisando sobre un mismo ritmo en forma de loop10.
En Turbo también tuvieron lugar estos encuentros, donde los improvisadores se turnaban
para cantar sobre pistas de dancehall y ‘competir’ en vivo. Las reuniones comenzaron a ser
transmitidas en vivo a través del programa Rumba Caribe, dirigido –de acuerdo con el relato
de Corrales – por el productor radial May Mosquera a través de la emisora Apartadó Estéreo:
Estamos aquí hablando del año 1990 o 91. En ese tiempo estábamos nosotros pegados con el reggae,
pero la manera que el pueblo nos escuchaba a nosotros era por medio de la emisora. O sea, a la emi-
sora llevábamos cada quien sus pistas en las versiones de los LP y las montábamos en un programa
de dos horas. Entonces varios artistas como yo llevábamos cada quien su pista en su LP o varios LP
y llevábamos versiones y nosotros cantábamos en vivo11.
Durante esta época, Corrales informaba a sus amigos y familiares los horarios de estas trans-
misiones radiales y les pedía que las grabaran en vivo haciendo uso de las caseteras de sus
equipos de sonido. Mediante este método recursivo e inusual, el cantante antioqueño se hizo
con los primeros registros de sus improvisaciones, que empezó a distribuir como demos. Con
ellos decide viajar en 1992 a la ciudad de Cartagena, donde rápidamente muestra sus cintas al
productor Yamiro Marín. Éste decide poner en contacto a Corrales con el productor William
Simancas para realizar las producciones de las canciones “El gol” y “15 Primaveras”, con las
que terminan de completar el disco Terapia Criolla con Kusima.
La decisión de viajar a Cartagena, de acuerdo con el relato de Corrales, está relacionada
con el interés por grabar y prensar su música en discos LP y de forma profesional. Esto se debe,
en parte, a que en las tiendas locales de Turbo ya había visto el primer trabajo de Anne Zwing,
el primer trabajo discografico de Kusima (titulado Baila el Son con Kusima) e, incluso, la música
de grupos como Son Palenque:
Con respecto al primer disco de Anne Zwing (1988), Corrales rememora también haber es-
cuchado la canción “Permiso”, que era frecuentemente programada en los picós de su pueblo.
La anécdota nos muestra cómo la escena musical cartagenera de la champeta criolla estaba
difundiéndose rápidamente en las discotiendas y los picós de la costa norte del país y cómo los
primeros ejemplos de producciones de champeta criolla fueron una motivación importante
para los músicos jóvenes dispuestos a emprender proyectos musicales.
“El gol”, grabada en 1993, es la primera canción de Francisco Corrales bajo el nombre Elio
Boom y prensada de forma profesional. En el álbum comparte espacio con las canciones can-
tadas por los integrantes del grupo Kusima. Aunque no fue el éxito principal del disco (en
realidad el corte de mayor difusión fue “El Salpicón”, cantada por Hernán Hernández), “El
gol” nos muestra una forma muy particular de adaptar repertorios internacionales.
Figura 1. Terapia criolla con Kusima, LP, cubierta, fotografía Andrés Gualdrón.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [99]
Andrés Gualdrón
Si canciones como “Mary” o “El Empate” ambas de Terapia criolla con Kusima, están basadas
enteramente en canciones de artistas africanos (especialmente Lokassa Ya Mbongo y Sam
Fan Thomas), “El gol” adapta al mismo tiempo materiales de diferentes fuentes musicales
del caribe. Como estructura rítmica y armónica principal, emplea un patrón que aparece
múltiples veces en diferentes canciones de acuerdo con la extendida técnica del riddim.
Simultáneamente, se apropia de la melodía de la popular canción “Dem bow”, cantada por
el artista jamaiquino Shabba Ranks y versionada por cantantes panameños como Nando
Boom y El General.
Con las siguientes palabras, Manuel y Marshall hacen una caracterización a fondo del método
del riddim:
From the early 1970’s reggae music – whose most popular form since around 1980 has been called
“dancehall” – has relied upon the phenomenon of the ‘riddim’, that is, an autonomous accompa-
nimental track, typycally based on an ostinato (which often includes melodic instrumentation as
well as percussion). While a dancehall song consist of a deejay singing (or ‘voicing’) over a riddim,
the riddim is not exclusive to that song, but is typically used in many other songs13.
Desde los años ochenta y paralelamente con la explosión comercial del dancehall en el mundo,
la práctica del riddim se conviritió en estándar dentro de la música jamaiquina –siendo cada
uno de estos patrones rítmicos la base de un sinnúmero de composiciones del género–. Asímis-
mo la separación que existe entre el riddim y la vocalización que se hace sobre él constituye
uno de los elementos fundamentales del género –lo que lo diferencia de la mayoría de los
estilos de música popular en el mundo, en los cuales la voz y el acompañamiento instrumental
se conciben como entidades indivisibles que nacen juntas durante la composición14–.
Como se describió en el apartado anterior, Corrales creció en el ambiente musical de los
picós de Turbo, población al norte de Antioquia y cercana geográficamente a Panamá. Allí es-
cuchó de primera mano la explosión musical que desde mediados de los ochenta se inició con el
reggae en español. También conocido como reggae panameño, el género en mención proviene
de la adaptación realizada en Panamá (particularmente por músicos de la ciudad de Colón) de
la corriente del dancehall jamaiquino. En ocasiones, este mismo género es denominado ‘plena’
–mas su nombre no guarda relación con el género puertorriqueño15. En palabras de Corrales:
Aparte de citar el enorme éxito “La chica de los ojos café” del panameño Renato, –aparecido
en 1985 y acreditado como una de las primeros temas del reggae panameño en dar el salto a
la radio comercial17 –, vemos que ninguno de los artistas mencionados en su lista es ajeno a
la práctica de la composición sobre riddims. Jam and Suppouse, dúo de dancehall panameño
formado en 1988, usa en su éxito “Camión lleno de gun” de 1992 el riddim ‘Agony Body’,
que había aparecido también en canciones como “Soft and dead up” del jamaiquino Shaggy,
“Bun” de la cantante Sister Charmaine o “Bombshell” de Louie Rankin (editadas las tres
en 1991 por la compañía discográfica neoyorquina Rough Neck, y acreditadas al productor
Rafael). Por su parte, el también panameño Gaby (cuyo nombre original es Winston Brown
Jr.), lanza en 1988 la primera versión del éxito “El meneíto”, de la mano del sello panameño
Tamayo Records y del sello Zeida Internacional. En la composición de ésta se emplea el po-
pular ‘Duck Riddim’, atribuido al productor Lloyd “King Jammy” James, el cual fue utilizado
en por lo menos sesenta canciones distintas18.
Influenciado por este ambiente musical fuertemente marcado por el dancehall y la mú-
sica de Panamá, en el año 1993 Corrales muestra al productor William Simancas una pista
del cantante jamaiquino Super Cat19 para que, basado en ella, elaboraran “El gol”20. Aunque
durante nuestra conversación el cantante no tuvo presente el nombre exacto de la canción
sobre la cuál basó el acompañamiento de “El gol”, aspectos como la fecha y la coincidencia
del mismo patrón rítmico-armónico (es decir, del mismo riddim) indican que el tema al que
se refiere probablemente es “Nuff Man A Dead”, lanzado en 1990 como un sencillo (single)
de su sello Wild Apache.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [101]
Andrés Gualdrón
Instrumentos
En la canción de Corrales tenemos tres planos distintos (Ejemplo musical 1). En primer lugar
se encuentra el loop estático elaborado en el secuenciador QY10 (que está a su vez compuesto
por batería, piano y aplausos digitales). Este se encuentra totalmente cuantizado, es decir,
ajustado a la métrica digital del instrumento y sin ningún factor de ‘error’ interpretativo.
En segundo lugar, tenemos una pista de teclado con sonido sintetizado de piano eléctrico
sin cuantizar, probablemente grabada con el sintetizador Yamaha DX7 que emplea en las
demás canciones de Terapia Criolla con Kusima, con una interpretación rítmica más libre
–y en el mismo registro del piano original usado en el patrón cuantizado–. Éste, a lo largo
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Œ instrumental
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Ejemplo Musical 1. “El gol”, Elio Boom, patrón 26: Patrón instrumental
trasc. Andrés de El Gol
Gualdron.
(Elio Boom / Kussima)
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Bajo
Bajo
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Ejemplo musical 2. Riddim ‘Poco Man Jam’ en “Nuff man a Dead”, Super Cat, transcripción A. Gualdrón.
de toda la canción, reitera la triada de si bemol mayor. En último lugar, tenemos la voz de
Corrales, quien hace su vocalización sobre esta pista.
En la canción de Super Cat, por otra parte, tenemos no tres sino dos planos. En primer
lugar, el patrón de percusión, sumado a un sonido de teclado que, a diferencia de lo sucedido
en “El gol”, no es interpretado por un sintetizador adicional sino que se encuentra en la mezcla
del LP original de donde se extrajo el sample con el riddim. En segundo lugar, se encuentra la
vocalización del jamaiquino.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [103]
Andrés Gualdrón
“El gol” se halla en un tempo más rápido al de la pista de Super Cat (116 en el caso del
primero y 98 en el caso del segundo) y ambas se encuentran en tonalidades cercanas a Si
bemol y La, respectivamente. Los patrones de batería digital de ambas canciones varían
levemente en los timbres usados, pero generan el mismo ritmo compuesto. Sin embargo,
armónicamente, el riddim de la canción de Super Cat y el de la canción de Corrales presen-
tan diferencias: la figura característica de corchea en antecompás y primer tiempo en los
teclados haciendo notas ascendentes –reiterada en ambas versiones–, en el caso de Super Cat
dibuja una sonoridad mixolidia; por el contrario, en la canción de Corrales, se circunscribe
a un contexto completamente tonal.
Mezcla
24 El disco Terapia Criolla con Kusima fue realizado en los desaparecidos Estudios Sepima en la
ciudad de Cartagena, ubicados en el sector del Castillo de San Felipe y el parque de la Torre del
Reloj. De acuerdo con el relato de Simancas ([Link].), fue grabado en cinta magnética por medio
de una consola de dieciseis canales.
Letra y voz
La canción “Nuff man a dead”, cuyo título podría traducirse como “Suficientes hombres están
muertos”, señala el deceso de muchas de las principales estrellas del dancehall y el reggae
durante los años ochenta, reflejando la compleja situación social en la que se desarrolló este
género en Jamaica y los vínculos de algunos de sus principales exponentes con las mafias y
las actividades ilegales. Super Cat, de hecho, fue acusado del homicidio del también cantante
Nitty Gritty en 1991, aunque fue exonerado de dichas acusaciones posteriormente.
Sin embargo, la comparación textual y melódica a realizarse con “El gol” no debe hacerse
con la canción “Nuff man a dead”, pues los cartageneros extrajeron de ella el acompañamiento
instrumental mas no la melodía del tema. En “El gol” encontramos que la melodía vocal es
una repetición casi literal de la melodía de una canción distinta. En este caso, nos referimos
a la melodía realizada por el cantante Shabba Ranks en su éxito “Dem Bow”, la cual fue, a su
vez, regrabada por los cantantes panameños Nando Boom y El General durante el mismo año
de su lanzamiento, 199125.
25 Wayne Marshall, “Dem bow, dembow, dembo: “Translation and transnation in reggaeton”, Lied
und populäre Kultur/Song and Popular Culture/Jahrbuch des Deutschen Volksliedarchivs 53, (2008), pp.
131-51.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [105]
Andrés Gualdrón
Figura 2: Nuff man a Dead, S, rótulo, fotografía A. Gualdrón.
La importancia de la canción “Dem Bow” para géneros como el reggae panameño y el reg-
gaetón no puede ser subestimada. Marshall rastrea históricamente el riddim de esta canción,
mostrando cómo sus distintas versiones y reelaboraciones son la semilla del acompañamiento
rítmico que caracteriza al género del reggaetón desde finales de los años noventa hasta el
día de hoy26.
Propelling a number of popular songs around the same time as the “Dem Bow”, including Super
Cat’s “Nuff Man a Dead” (…), the ‘Poco Man Jam” riddim thus served to enhance the resonance
of the ‘Dem Bow’ and the songs associated with it for audiences in Jamaica and its diaspora, as well
as in the wider reggae listening community27.
El proceso descrito en la cita cobija a la perfección lo sucedido con la canción “El gol”.
Para entender letra de la canción “Dem Bow” debe tomarse en cuenta que, en Jamaica y
en la cultura del dancehall, imperan dos posiciones que se retroalimentan entre sí: la de la ho-
mofobia y la del sentimiento anticolonialista. De acuerdo con Marshall, varios de los cantantes
de este periodo defienden un discurso según el cual la influencia de las culturas foráneas difunde
prácticas “tabú” para la sociedad jamaiquina, como la homosexualidad. De esta forma, se ha
convertido en una bandera de muchos de los artistas del dancehall el ‘defender’ las ideas sobre
la sexualidad del cristianismo y el rastafarianismo, ratificando de esta forma la independencia
“cultural” de la isla en relación con el contexto internacional28.
Mediante los múltiples sentidos de la palabra ‘bow’ –que en español y en inglés significa
tanto inclinarse como hacer reverencia–, la letra del tema invita, por una parte, a que los hom-
bres no se inclinen ante los hombres (usando la palabra bow como un eufemismo para hablar
del sexo oral); por otra, los invita a que no le hagan ‘reverencia’ a las influencias del exterior,
ratificando con ello una postura nacionalista. Estas posiciones intolerantes les han valido no
pocos escándalos internacionales a algunos de los más famosos artistas del género.
Para nuestro análisis comparativo con “El gol”, usaremos la versión en español realizada
por Nando Boom de “Dem Bow” y titulada “Ellos benia”29. De acuerdo a Marshall, la versión
retiene de forma fiel el sentido de la canción original30 y, a juzgar por sus múltiples semejanzas
con “El gol”, probablemente fue escuchada por Corrales, quien para la época ya conocía y era
seguidor de la música de Nando Boom e incluso compartía con él su apellido artístico31.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [107]
Andrés Gualdrón
Nando Boom, “Ellos benia”, texto completo
Figura 3: Portada, Ellos benia, izq., rótulo Dem Bow, der., fotografías A. Gualdrón.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [109]
Andrés Gualdrón
junio y el 4 de julio del año en mención, el equipo colombiano tuvo una decorosa participación
en el certamen –que lo llevó a obtener el tercer lugar del evento–. Durante el mismo año, además,
el equipo clasifica al mundial de fútbol USA ’94 con un histórico partido en el que vence a la
selección de Argentina en su propio territorio por un marcador de 5-0. Este rendimiento culmina
el proceso exitoso iniciado con la clasificación del país al mundial de Italia 90 y a la segunda etapa
del certamen. La canción nombra a estrellas del fútbol colombiano como Faustino Asprilla, Freddy
Rincón o John Jairo Tréllez, nacido en la ciudad de Turbo al igual que Corrales.
De nacional cantamos el gol El gol el gol el gol El gol el gol el gol (x2)
De América cantamos el gol
Si es del Junior cantamos el gol Colombia el baile del gol (x2)
Significantly, in issuing his imperative not to bow to foreign pressures, he also calls for audience
participation. Using common phrases of the dancehall lexicon, Shabba instructs listeners to
“jump around” and “push up (one’s) hand” if they do not bow. He also endorses “a gunshot for
them” that do37.
35 Elio Boom, El caballero de la champeta, LP, 12’’, Cartagena: Rey Records, LPRR 016, 1996.
36 Nacional (Medellín) y América (Cali) son importantes equipos del futbol profesional colombiano.
37 Marshall, p. 136
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [111]
Andrés Gualdrón
Aunque no llegan a tales extremos de violencia, estas instrucciones aparecen también en la
canción de Nando Boom (‘Alza la mano si no eres un bow / Grítalo fuerte, no eres un bow
/ Saltaq y= 100 Nando
rebota, tú no eres un bow’) y en la canción de Corrales (‘Oye Boombaila el gol /
mamita
Saca tu pañuelo y canta el gol / Abre la Ellos Benia
bocota y canta este gol’). Este elemento interactivo es
común a todo el género, como lo demuestran los ejemplos en mención.
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gol, el gol el gol el gol, el gol el gol el gol.
Ejemplo musical 4. “El gol”, Elio Boom (F. Corrales), primera sección melódica, transc. A. Gualdrón.
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [113]
Andrés Gualdrón
Las dos versiones presentan también diferencias menores en cuanto a su interpretación vocal.
Mientras el cantante Nando Boom suele reiterar un glissando descendente hacia una altura
indeterminada cuando emite la palabra bow, Corrales no hace ningún cambio interpretativo
claro cuando dice ‘gol’.
Existen múltiples aspectos prácticos y económicos que vinculan al sound system jamaiquino
con el picó de la costa norte. En este punto, las similitudes que más nos interesan son aquellas
que muestran como, en ambos países, las ambigüedades en torno al tema de los derechos de
autor alimentaron y configuraron a las prácticas musicales locales. Al respecto, Manuel y
Marshall relatan:
The 1960’s saw a dramatic increase in the small-scale production of records, especially of ska and
cover versions of American songs. Such releases could take the form of an acetate for a particular
sound system (…) Authorship and ownership of compositions were often unclear, and in any case
were generally unimportant to musicians, most of whom had little knowledge of copyright, could
not envision earning royalties, and hence made records primarily for prestige, pocket money, and
future opportunities39.
Dentro del proceso creativo de Terapia criolla con Kusima se contó con materiales musicales
que ya eran familiares para el público. La pregunta por la autoría y propiedad de éstos resultó
ser secundaria durante el proceso de producción. Sus músicos y productores crecieron y apren-
dieron de música en un entorno informal que no le otorgaba importancia a estas ideas, quizás
relevantes únicamente en ambientes musicales formalizados legalmente40.
Así pues, vemos cómo existe un vínculo entre la forma en la que se reproducía la música
internacional en los picós y la manera en la que los músicos realizaron las adaptaciones musica-
les de los repertorios africanos y caribeños. Así como los dueños de los picós comercializaron y
reprodujeron música africana y caribeña sin preocuparse por dar crédito o regalías a los dueños
de los derechos de las canciones, los músicos de la champeta criolla jugaron de forma libre con
las canciones originales sin preocuparse por ideas como la atribución o la fidelidad a las ideas de
The entire situation both promoted and reflected a popular aesthetic in which audiences avidly
enjoyed ‘new’ recordings which, more often than not, were reworkings of already familiar material41.
De lo africano a lo local
De “Dem Bow” a “El gol”: del dancehall (Jamaica) a la champeta criolla (Colombia) [115]
Andrés Gualdrón
Es posible concluir que lo ‘africano’ se define no necesariamente por la procedencia de la mú-
sica sino por factores como su origen difícil de rastrear, su lenguaje exótico e incomprensible a
primera escucha y su sonido alejado del de las grandes cadenas y los medios de comunicación
masivos. Asímismo, en muchos casos, esta identificación con lo africano sirvió al público y a
los músicos como una herramienta de identificación cultural y de resistencia al abandono del
estado, en sociedades de una racismo tan estructural como la cartagenera. La champeta, así, pasó
a ser una bandera de quienes defenden las ideas propias del movimiento político panafricanista.
Estas reflexiones son importantes, en tanto canciones como “El gol” parecieran sugerir un
viraje en los intereses de los músicos y del público de la champeta criolla hacia una estética más
localista. Canciones como “El gol” o “15 Primaveras” incluidas en Terapia criolla con Kusima
denotan un interés creciente por vincular esta música al contexto lingüístico más cercano.
El enorme impacto que tuvo Corrales sobre la champeta al tomar elementos de la cultura de
masas –como la fiebre por el fútbol o los programas de televisión– y de la música panameña
–tan en boga en las radios colombianas a inicios de los años noventa–, da cuenta de cómo
esta afición por lo ‘africano’ empieza a ceder frente a un interés creciente por los asuntos del
entorno inmediato.
Las fuentes primarias de nuestra investigación reúnen música compuesta hasta el año 1995.
En el futuro, será importante desarrollar trabajos que tengan en cuenta las características de
la champeta a finales de los 1990s e inicios de los 2000s, mostrando en forma más definitiva
las transformaciones de la lógica ‘africanista’ del género y su llegada definitiva al mainstream,
a través de compilaciones como La champeta se tomó a Colombia (2001)42. Tal trabajo podría,
además, dar cuenta del momento actual del género, sus vínculos con expresiones vigentes
como el reggaetón y su enorme impacto radial durante la actual década, logrando un panorama
histórico más completo del mismo.
La revista Ensayos. Historia y teoría del arte dial, la revista acoge con especial interés aquellas
es una publicación semestral del Instituto de In- contribuciones en las áreas del arte colombiano, en
vestigaciones Estéticas (iie) de la Facultad de Artes particular, y el latinoamericano, en general. Los textos
de la Universidad Nacional de Colombia, con sede que en la revista se publican se presentan a manera
en Bogotá. Su principal propósito es dar a conocer de artículos ilustrados, reseñas de otras publicaciones
resultados de investigaciones y artículos de reflexión y reproducciones comentadas de documentos de
en torno a la historia y la teoría de las artes visuales, interés histórico. La revista Ensayos. Historia y
la arquitectura y la música. Sin descartar aportes teoría del arte está destinada primordialmente a
originales en torno a estos temas en el arte mun- la comunidad académica internacional.
Fe de erratas