Análisis del Libro de Job
Análisis del Libro de Job
EL LIBRO DE JOB
“Érase una vez un hombre llamado Job, que vivía en el país de Us…” Así comienza este
cuento…como todos los cuentos.
Era un cuento sencillo que exhortaba a la paciencia y a la confianza en Dios. Tal vez no
era de origen israelita.
Aparece relacionado con otros escritos del Medio Oriente. Tiene varios paralelos:
• Diálogo de un desesperado con su alma (Egipto, hacia 2,100 a.C.)
• Lamentación de un hombre a su dios (“Job sumerio”, 2000 a.C.)
• Alabaré al Señor de la sabiduría (“el Job babilonio”)
• Diálogo de un sufriente con su amigo (“teodicea babilonia”, entre 1400 y 800
a.C.)
• “Un hombre y su dios” (fragmentos de un poema sumerio, cercano al libro de
Job).
Estructura de la obra
Tres observaciones:
1. ¿Cómo es posible 3,1 después de la lección que da a su mujer (2, 10) y después
del respetuoso silencio de 2, 13?
2. La colocación del himno a la sabiduría del c. 28 (una interrupción).
3. Los discursos de Elihu (32-37) no tienen importancia. Pueden quitarse.
El libro de Job, sometido a una radiografía literaria, se presenta como una arquitectura
diseñada por varias manos. En sus primeros versículos describe a un hombre modélico:
justo, honrado, intachable, reverente para con Dios. Debido a ese talante poseía todo lo
que un hombre podía soñar en ese tiempo: familia numerosa, inmensa riqueza, envidiable
reconocimiento social. La personificación del hombre feliz y realizado, la estampa de una
existencia paradisíaca en este mundo… Habiendo quedado en la ruina y en la deshonra
más totales, había reaccionado con una paciencia monumental. Por lo que Dios le había
bendecido con nueva familia, bienes más abundantes y una larga y dichosa vida… Eso
era lo que narraba el cuento original (Job 1-2; 42, 7-17).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Un autor judío en torno al siglo IV a.C. retoma esa milenaria leyenda y la retoca
añadiéndole el largo poema que abarca los capítulos 3-42,6, resultando la obra que
tenemos hoy. Una obra cumbre de la literatura universal, no apta para piadosos y
conformistas (L. Alonso Schokel). Una historia que nos remite a dos abismos de misterio:
Dios y el ser humano. La versión antigua quedó integrada como prólogo (1-2) y como
epílogo (42, 7-17) de la nueva.
El autor judío del siglo IV no lo conocemos, como sucede con prácticamente todos los
libros del A.T. Pero podemos decir que se trata de un “sabio”, un pensador y un teólogo
crítico, que interroga la realidad, que se comporta como un verdadero “maestro de la
chospecha”. Intentó escribir algo que rompiese con el pensamiento tradicional y abriese
caminos nuevos al pensar y sentir de su tiempo. Se trata de un autor genial, tanto por su
lenguaje como por su temática. Y tal vez alguien que haya padecido él mismo gran
sufrimiento.
Según los especialistas, este autor no solo añadió la parte poética del libro, sino que
también podría ser creación suya los diálogos entre Dios y el satán del cap. 1 y todo el
cap. 2. Llamemos “primer Job” a la versión antigua con estos añadidos y “segundo Job”
al que aparece en la parte poética del capítulo 3 en adelante (3-27 + 29-31 + 38,1-42,6).
El cap. 28 y 32-37, son probablemente adiciones posteriores. Este “segundo Job”,
desgarrado por una atroz crisis, ya no es el “santo Job” de la historia primitiva, sino un
“Job rebelde, cuestionador y tan blasfemo como los mayores ateos”. Un Job convertido
en portavoz de los innumerables hombres y mujeres dolientes de la historia de la
humanidad, forzados a hacerse la pregunta, inevitable: “¿Por qué?”.
Si aceptamos que los caps. 28 (sobre la sabiduría inalcanzable para el ser humano) y 32-
37 (largo monólogo de Elihú sobre el valor educativo del dolor) son añadidos posteriores
el autor judio del siglo IV nos ha regalado un drama teatral en tres actos:
a. 1-2: El prólogo, con la antigua leyenda o cuento (recogido en 1,1-5; 13-19. 21a-22) y
42,7-17: epílogo. Es el “primer Job” ante la desgracia.
b. 3-27 + 29-31: Segundo acto y segunda reacción de Job. El autor ha creado un debate
o una mesa redonda entre Job y sus tres amigos en tres ruedas de diálogos. Estamos
ante un nuvo Job , llagado en su cuerpo entero y desgarrado por dentro, que cuestiona
las verdades más sagradas.
c. 38, 1-42,6: Interviene, por fin, Dios, el “otro actor” que ha estado callado hasta ahora,
objeto del debate. Aquí Dios logra la mejor respuesta que cabe a un ser humano
sufriente.
En detalle:
1-2: prólogo
3: monólogo de Job
4-14: primera rueda de diálogos
15-21: segunda rueda de diálogos
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
En un prólogo, las narraciones tienen elementos comunes con las películas y las obras de
teatro. Al principio se presentan los personajes principales y la trama. Aparecen Job,
Satán, Dios, los amigos y la familia. Tiene como contexto la doctrina de la retribución (al
justo le va bien y al malo mal) que mostraba la sabiduría clásica. La doctrina nace de la
conciencia de que en el actuar humano, en mi comportamiento, se revela la fuerza de la
elección. Cuando te va mal es porque has elegido mal.
El libro comienza con una introducción en prosa de lo principal que se va a decir. Se sitúa
a los personajes fundamentales que intervienen en este drama, tal como suele suceder al
comienzo de una novela, en la que se nos presenta la cuestión principal y los intervinientes
principales.
1,1: Hombre íntegro y recto. La cuestión central del libro aparece en este primer
versículo: “Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto,
que temía a Dios y se apartaba del mal”. Us no está en el mapa de Israel. Significa que es
alguien que es de fuera, un refugiado… Al ser un hombre justo y sabio, según la sabiduría
clásica será feliz. En el versículo 2 se cuenta que “le habían nacido siete hijos y tres
hijas”, lo que es un signo de bendición. Es un hombre justo, sabio y que es feliz.
Aparece Job como el hombre modélico, pero también hay quien duda de él, como Satán.
Satán se dedica a visitar y dar vueltas por el mundo para ver lo que hace Job, contárselo
a Dios e intentar que este piense sobre Job lo mismo que él: que su justicia y fidelidad a
Dios no son puras, sino interesadas. Además, y esto es importante para comprender el
sentido de términos tan importantes en Job como justicia, sufrimiento, etc., no solo es el
acusador de Job, del hombre, es también su tentador por excelencia, pues es el que pone
a prueba a Job tocando aquello que es sagrado en la vida del hombre, también del de la
Antigüedad: la riqueza y el bienestar, la familia y la propia salud.
Cinco cuadros o breves escenas: (leer los dos capítulos escena por escena)
1. En la tierra (1, 1-5), el hombre íntegro e intachable: Job aparece como la encarnación
misma del hombre honrado, religioso y feliz, “ogullo de Dios”. Todo le acompaña en la
vida: salud personal, felicidad familiar, riqueza, prestigio social (¿no es el premio
merecido?). Estamos ante una estampa personal, familiar, social, ética y religiosa perfecta
e irreprochable. (ver Job 29 y 31).
2. En el cielo (6-12). Aparecen Dios y “el satán”, quien representa la sospecha. Actúa
como un “inspector suspicaz”. El satán cuestiona a Dios sobre la autenticidad de la
religiosidad de Job. Le hace ver que el hombre puede practicar la religión para meterse a
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Notas sobre el libro de Job
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Dios en el bolsillo. ¿No cabe sospechar del hombre más intachable, honorable y religioso?
¿No podría este actuar como hombre justo, rezar, practicar la religión, cumplir los
mandamientos para que se lo devuelvan en bienes materiales, sociales, familiares,
afectivos? (1,9: versículo clave del relato, ley de la retribución.) ¿Es desinteresada su
religión? Es la pregunta de Satán, fiscal de la corte celeste, a Yahvé. ¿Qué motivaciones
lo mueven? Detrás de la apariencia “santa” puede haber un corazón sucio, egoísta,
interesado. Dios permite al satán ser su crítico y su opositor. Le permite ser su instigador
contra Job, incluso le permite causar el mal a Job (en su entorno, en los acompañantes
gratificantes de la vida (Job 1); luego en su propio ser (Job 2). La clave de la nueva
investigación estará precisamente aquí: el dolor es el lugar privilegiado para comprobar
la pureza de la fe, para cribar la calidad de la gratuidad, de la libertad y del amor, no
agrietada por intereses económicos.
3. En la tierra (13-22). En esta tercera escena a Job le llueven los males en cascada. En
cadena, uno tras otro, sin tiempo de respiro. Hay refranes que recogen esta expriencia
vital: “la desgracia llama a la desgracia”, “una desgracia nunca viene sola”, “no hay dos
sin tres”. Son desgracias que hieren al ser humano en sus bienes y familia. Pierde un triple
entorno: el físico-biológico, el fmailiar-afectivo, el económico-profesional y el social.
¿Qué hará Job? ¿Cómo reacciona cuando Satán toca sus bienes? Su reacción nos cierra
la boca. El dolor lo postra en tierra; pero de su corazón y sus labios brota una oración de
bendición a Dios en lugar de maldición (1, 21). A pesar de todo lo sucedido, Job no pecó
contra Dios. Lo bendice y el contenido de la bendición es que Dios da y Dios quita. ¿Es
seguro que Dios quita? Según Job sí. Con esta pregunta nos estamos acercando a la
imagen de Dios, que es la cuestión principal del libro. En el AT, Dios es el dador por
antonomasia. El Pentateuco nos dice que Dios nos ha dado la tierra. Hay muy pocos textos
en los que aparece que Dios quita. Oseas 2 dice que llevará a la esposa infiel al desierto
y le hablará al corazón; pero también habla allí de lo que Dios le quitó. En general, Dios
da gratuitamente, pero hay una teología de que Dios da y quita. ¿Es así?
Dios parece que se mueve en cierta ambigüedad, no aparece como todopoderoso. Una de
las grandes preguntas del libro de Job es quién es Dios y desde este prólogo se plantea
esta gran pregunta. De manera más completa, la pregunta es quién es Dios para un
hombre justo que sufre. Durante muchos capítulos Job va a ir respondiendo a esta
pregunta. La gran enseñanza es que no hay una única respuesta. En la Biblia ponemos en
diálogo lo que sabemos de Dios y lo que queremos aprender sobre Él. Leemos desde
nuestra pre-comprensión lo que queremos preguntarnos.
4. En el cielo (2, 1-6). Hasta aquí Job ha respondido según las expectativas de Dios: su
honradez y religión se han mostrado de probada calidad. El satán ha perdido la batalla,
pero no la guerra. Ataca de nuevo pidiendo a Dios que hiera a Job en su propio ser.
El satán es el crítico del ser huamno ante Dios contra Dios mismo: le echa en cara que
espera demasiado de su criatura preferida. El hombre de repente se ve expuesto al dolor
y la prueba. Si falla el ser humano, falla el mismo Dios. Todo queda en juego y bajo
sospecha: la imagen y dignidad del ser humano y la imagen de Dios.
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Notas sobre el libro de Job
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Dios acepta el reto; se fía de Job. Confía en el ser humano y espera lo mejor de él. El
satán, por el contrario, representa la suspicacia y el pesimismo: hay razones para pensar
mal del ser humano y esperar lo peor, incluso del más justo y religioso. Si se le desnuda
hasta el fondo, ¿no se volverán su honradez y religión desesperación y blasfemia?
5. En la tierra (2, 7-10). Dios acepta el reto. A Job solo le queda la vida. También esta se
ve en peligro. La intervención de la mujer lo interpela por el por qué seguir creyendo y
viviendo si su honradez y religión le sirven solo para sufrir lo indecible. Su respuesta, una
vez más nos deja pasmados: (v. 10). Con su respuesta queda a salvo su calidad y dignidad.
Dios tiene razón al esperar tanto de él. Queda a salvo el honor de ambos. ¡Un hombre
como este Job no ha existido nunca! “Más paciente que el santo Job”, dice la gente.
Muchas expresiones de nuestros mayores recogen esa actitud: “Qué vamos a hacer”, “Así
son las cosas”, “Mala suerte”, “Es el destino, la fatalidad”, “Dios lo habrá querido”.
Al tumulto de catástrofes que hacen desaparecer hijos, bienes, alegría y que reducen a
Job al basurero extraurbano de su pueblo le sucede un silencio atónito, un silencio de
siete días y de siete noches que invade el mundo y el corazón del lector: se trata de la
incapacidad de explicar el misterio del dolor (v. 13). Pero al final este silencio se ve
desgarrado por el grito alucinante de Job, portavoz de todos los que sufren (3,1). Se abre
así el corazón de la obra, constituido por el gran diálogo poético que se establece entre
Job y sus amigos (primer acto) y entre Job y Dios (segundo acto). Pero antes abundemos
un poco más sobre el capítulo 2.
El capítulo 2 plantea otra gran pregunta. En él Satán toca la salud de Job, con una especie
de cáncer desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza (la lengua hebrea
cuando quiere expresar la totalidad lo hace por los extremos). La mujer le dice que
maldiga a Dios y se muera; no debe preocuparse de temer a Dios. Según ella, no vale para
nada creer en Dios y no merece la pena vivir sufriendo. Job contesta que es la más necia
de las mujeres (en el libro de Job todos son sabios menos ella).
Job hace una pregunta: si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal? Esta es la
segunda pregunta, si el mal procede de Dios. El prólogo intenta que no pensemos que
sabemos responderlo. Evoca el relato de la creación, que no dice que Dios creó de la nada,
sino que en el principio existía el desorden. El libro de Job nos va a ayudar a entender
qué significa que Dios es creador.
A la luz de este segundo capítulo, la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿De quién
procede el mal? ¿De Dios o de Satán? Tenemos que esperar. Lo que nos cuenta el
prólogo es que a Job no le va bien. Su mujer le riñe, viene a decirle que es estúpido y que
no viva así y Satán pone en duda la credibilidad de Dios en Job. Los amigos que vienen
de lejos lo único que hacen es consolarle en silencio. El prólogo plantea que aquí pasa
algo, porque a un hombre justo no le va bien. Por tanto, la doctrina clásica de la
retribución no funciona. Nos está diciendo que estamos en una etapa distinta a la sabiduría
clásica porque al justo le va muy mal.
De esta forma, en el libro de Job nos vamos a acercar a la cuestión sapiencial desde unas
preguntas distintas de la sabiduría clásica, porque al justo no le va bien y se va haciendo
preguntas de fondo: ¿Procede de Dios el mal? El libro de Job desde el principio nos hace
preguntarnos infinidad de cuestiones existenciales y teológicas que no hay que olvidar.
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Notas sobre el libro de Job
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El resto del libro de Job intenta responder a estas dos preguntas. Lo van a intentar
Job, los amigos, Elihú y el mismo Dios.
Dios es percibido por este “primer Job” como más importante que lo más importante de
uno mismo: que los bienes, que el honor social, que los seres queridos, que la salud. Dios
aparece como la unica fuente de sentido y de gratitud incluso en los infiernos de este
mundo. Este Job es todo un retrato y modelo de creyente. Pero, ¿es la única forma valida
de ser creyente?
La anterior no es la unica imagen de creyente que existe. El autor judío del siglo IV no
estaba totalmente conforme con ella. Ese no era un modelo de creyente válido para su
tiempo. Por eso nos pone en camino de un “segundo Job”. Por eso a la antigua leyenda
le añadió el extraordinario poema de 3-27 + 29-31 + 38-42, aportándonos así un nuevo
rostro de Job, un personaje que vive su fe de modo más complejo, tortuoso y difícil.
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Notas sobre el libro de Job
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Pero el autor tenía una tercera razón para reelaborar a fondo el antiguo cuento: no le
convencía esa figura del “primer Job”, creyente intachable, de fe tan compacta y recia,
sin dudas ni interrogantes. Tal vez le parece un modelo demasiado ideal e inalcanzable
para él y sus contemporáneos. ¿No lo es incluso para nosotros hoy? ¿Es posible no
quejarse y rebelarse ante Dios ante tanta desgracia repentina y sufrimiento acumulado,
aun siendo creyente? ¿No habían protestado contra Dios Moisés, Jeremías, distintos
salmistas? Imposible reconocerse en ese “primer Job”, un creyente sin crisis psicológica
ni tensiones teológicas. ¿Se puede llegar a una fe tan madura y serena sin pasar por crisis
e interrogantes? Pero hay otra pregunta: ¿cómo había llegado ese Job a esa madurez
psicológica y creyente? Allí no se dice nada sobre su proceso de maduración en la fe. El
autor judio del siglo IV, con sus añadidos y modificaciones al relato original, quiere
mostrar que los caminos espirituales son, a menudo, más tortuosos y largos.
Insisto, el autor quiere mostrar que hay creyentes diferentes del “primer Job”. La Biblia
nos presenta esas “otras figuras”: Jeremías (Jr 12, 1-5; 15, 10-20; 20, 7-18) Jonás,
distintos salmistas (Sal 22; 42; 77). Teniendo como parámetro esas “otras figuras” el autor
del “segundo Job” quiso “re-crear” al primero. Lo modifica en dos aspectos: primero, lo
presenta más a la medida de la psicología humana y más a tono con los malestares de
los nuevos tiempos; y segundo, lo presenta viviendo su fe a modo de un itinerario
largo, tortuoso y complejo hasta madurar su fe. Son las principales razones por las que el
autor se propone ofrecer en su poema (3-42) otro prototipo de creyente y otro camino de
fe, más válidos para los judíos de su tiempo y para tantos creyentes de todos los tiempos.
El autor de este “segundo Job” es un sabio, un pensador analista del malestar de su cultura
y religión de su generación. Reflexiona especialmente sobre el dolor y la crisis padecidos
por los seres humanos. El dolor lleva a la crisis; la crisis a mil preguntas; y las preguntas
a “callejones sin salidas”. Dos particularmente subyacen al drama que él nos presenta:
primera, ¿por qué existe el mal, de dónde su existencia, acaso sucede el mal por castigo
de Dios?; segunda, ¿cómo compaginar la expriencia del mal con un Dios bueno y
creador de todo?
Ante la experiencia del mal y del dolor, le nacen al ser humano, incluido el creyente, las
preguntas más pavorosas, los peores sentires existenciales. Le nace cuestionar todo: la
vida y la muerte, el sentido de la existencia, la injusticia y la violencia, la posibilidad de
justicia y de esperanza, el más allá, el pecado, Dios… ¡Todo se vuelve interrogante! Los
sufrimientos físicos, los psicoafectivos y morales, los problemas económico-laborales,
los sociales… se vuelven antropológicos (pregunta por el ser y la condición humana),
existenciales (pregunta sobre la existencia humana), teológicos (pregunta sobre Dios), y
pastorales (cómo acertar a hablar de Dios y de su amor a los seres humanos heridos por
el mal). A todas estas problemáticas es que quiere responder nuestro autor y que el
“primer Job” era incapaz de convencer. Repito: lo que hace el autor del siglo IV en los
capítulos 3-42 es crear un rostro de Job nuevo, igualmente creyente como el primero, pero
de otro talante. Lo pone viviendo un largo itinerario humano y creyente; cosa que le falta
al primero. Veamos cómo lo lleva a cabo.
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Notas sobre el libro de Job
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Todo parece cambiar a partir de Job 3,1. Un nuevo Job irrumpe con fuerza. Lo que da pie
a la confrontación entre el gran sufriente y los amigos teólogos que, encerrados en la fría
torre de marfil de sus ideologías espirituales prefabricadas, quieren resolver de una
manera simplista los problemas lacerantes que Job pone ante ellos.
«Finalmente Job empezó a hablar», dice el texto, y maldice fuertemente la vida que vive,
tan llena de límites de muerte. Lo primero que dice es que es tan duro vivir sufriendo que
hubiese querido que el día de su nacimiento hubiera ocurrido una convulsión. Luego dice:
por qué no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor, o
por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre. Dice también que
por qué le acogieron dos rodillas. En el mundo antiguo cuando nacía un niño se le daba
de mamar y se le cobijaba entre dos rodillas.
Recordemos que a Job lo habiamos dejado con sus tres amigos, quienes lo consuelan en
silencio a lo largo de siete días (2,13):
1. Elifaz: Ofrece la exposición tradicional de los destinos del justo y del malvado
(retribución); la naturaleza de Dios: la virtud del hombre no beneficia a Dios (22, 3).
2. Bildad: Se centra en la descripción del destino final de los malvados (8, 11-18; 18, 5-
10)
(3) (4-5) (6-7) (8) (9-10) (11) (12-14) (15) (16-17) (18) (19) (20) (21) (22) (23-24) (25) (26-27)
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Notas sobre el libro de Job
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A esta espiritualidad mínima y jurídica le opone Job una búsqueda auténtica y libre en la
que ni Dios ni el hombre queden humillados en esquematismos simplificadores. Su
búsqueda se mueve a lo largo de dos directrices. La primera línea en la que discurren
sus palabras es la de una dramática protesta contra el mal de vivir. Pensemos, por
ejemplo, en el terrible soliloquio del cap. 3, una imitación libre de Jr 20: está escandido
por una serie de «Por qué» (vv. 11.12.20) típico también de las súplicas del Salterio.
Dice que por qué dar vida al desgraciado (v.20), la vida a los que tienen amargada el
alma. Antes le había dicho a su mujer que valía la pena vivir sufriendo, pero ahora piensa
como ella.
Luego dice de sí mismo “un hombre que ve cerrado su camino y a quien Dios tiene
cercado” (v.23). Está diciendo que la vida del justo es insoportable. Maldice la vida,
maldice la creación y, por tanto, maldice al creador, aunque no lo diga directamente (en
Génesis se nos dice que no podemos separar creador y creación). Se lamenta de que su
vida es una ruina y dice que Dios se la oscurece. Se está acercando a las dos preguntas,
aunque está más bien afirmando que de Dios procede el mal. Cuando en Oseas 2 se dice
que Dios quita, la imagen que se utiliza es la de Dios que pone una valla, que es lo mismo
que dice Job. Dios aparece como el que agota el don de la libertad. Es el libertador por
antonomasia, pero aquí pone cercas.
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Esta referencia a Dios es decisiva para el desarrollo del tema del sufrimiento y la muerte
del inocente en el resto del libro y abre la puerta a considerar en qué principios se basa la
relación entre Job y Dios. Porque, una vez que Job expresa su indignación en los textos
anteriormente mencionados, el protagonista del libro manifiesta a lo largo de numerosos
capítulos dos afirmaciones que no son en absoluto contradictorias: a) que Dios lo
persigue, acosa, molesta; b) que su mayor deseo es sentarse cara a cara con Dios y pedirle
que le explique por qué el justo sufre, cuando, según los códigos culturales del libro de
los proverbios, al justo le tiene que ir siempre bien en la vida.
Job, por tanto, cambia de parecer. Lo aprovechan los amigos, al ver que tantea y que pasa
de ser perfecto a inconsistente (capítulo 4). Elifaz le dice que él que daba consejos,
animaba, daba sentido a la vida cuando alguien sufría, se deprime, le alcanza el golpe y
se turba cuando le toca a él.
Después de ponerle contra las cuerdas, el amigo le dice que haga memoria. Está evocando
la doctrina de la retribución. Le pregunta que dónde ha visto a los justos extirpados. Si a
él le va mal es porque ha hecho algo malo y ha sido su elección. Le está diciendo que deje
que venga Dios a salvarlo y así sabrá quién es Dios.
De los capítulos 3 al 27 nos vamos a encontrar tanto a Job como a los amigos intentando
responder las dos grandes preguntas. Evocan la doctrina de la retribución y Job dice
continuamente que no ha hecho nada malo. Más que diálogos son monólogos. La fórmula
“entonces tomó la palabra y dijo”, así lo indica. No le acompaña nunca ninguna referencia
al destinatario de la respuesta. Con ello se expresa que se trata quizás de una respuesta
que se ofrecen a sí mismos Job y cada uno de los amigos.
Para los amigos, lo sucedido tiene una clara y sencilla explicación: el principio tradicional
de retribución divina. Se trata de un principio no inventado por ellos mismos, sino anclado
en una experiencia y en un pasado que se transmite de generación en generación. Según
éste, Dios retribuye a cada uno en esta vida según sus obras. Su lógica es tan simple como
la de la causa y consecuencia: el mal alcanza al que comete el mal (Dios castiga al
pecador), mientras que el justo conoce la felicidad (Dios recompensa al justo). De ahí que
piensen y repitan en más de una ocasión a Job que lo mejor que puede hacer es reconocer
su pecado y reconocerse pecador ante Dios, para que, de este modo, le alcance la felicidad
que de él procede. En el fondo, los tres amigos perciben a Dios como alguien que actúa
de manera fácilmente inteligible y perfectamente predecible, ya que reparte en la tierra el
premio y el castigo de acuerdo a una tabla inflexible.
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Notas sobre el libro de Job
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inocente y es cruel con él. Es cierto, les dice, lo que afirmáis: Dios siempre tiene razón y
el hombre no es nada delante de él. Pero tiene razón, subraya, no por lo que decís, sino
porque abusa de la fuerza a su gusto: “¿quién se le opuso que saliera ileso?” (Job 9). En
definitiva, Job señala su objeción al principio de la retribución.
Job discute con sus amigos, porque, a pesar de ser justo, está sufriendo sobremanera. Y
lo está haciendo porque es Dios el que le ha hecho daño y el que ha tendido a su alrededor
una red (Job 19,6); él es quien ha descartado su derecho y quien ha amargado su alma
(Job 27,2). Ello le crea una enorme angustia, pues no es merecedor de la situación que
está padeciendo. Una angustia que aumenta igualmente por la falta de comprensión, de
sensatez y de sabiduría que encuentra en sus amigos.
En el capítulo 7 Job se pregunta qué es el hombre para que Dios le ponga atención. Evoca
el salmo 8, que da al hombre atributos que solo le pertenecen a Dios. Pregunta a Dios que
por qué le ha puesto en su diana, en lugar de ser misericordioso. Reza el salmo a la inversa
–resulta que Dios no es el que me quiere sino el que me vigila. Le pregunta a Dios para
qué le sacó del seno, ya que habría muerto sin que le viera ningún ojo y le dice “apártate
de mí y me confortaré un poco”.
Resulta que lo que más quiere es ver a Dios y su gran drama es que Dios le angustia. El
proceso entablado con Dios aumenta todavía más la angustia en el hombre íntegro y
temeroso de ÉL, pues habla y se dirige a alguien que parece escapar de su presencia, que
parece alejarse cada vez más de él.
En todos estos capítulos lo que está haciendo Job es moldear su imagen de Dios. Hasta
ahora ha ido cambiando esa imagen.
En 16,13 Job dice: “me cercan sus tiros, traspasa mis riñones sin piedad y derrama por
tierra mi hiel, abre en mí brecha sobre brecha, irrumpe contra mí como un guerrero. Yo
he cosido un sayal sobre mi piel, he hundido mi frente en el polvo. Mi rostro ha enrojecido
por el llanto, la sombra mis párpados recubre. Y eso que no hay en mis manos violencia,
y mi oración es pura. ¡Tierra, no cubras tú mi sangre, y no quede en secreto mi clamor!
Ahora todavía está en los cielos mi testigo, allá en lo alto está mi defensor, que interpreta
ante Dios mis pensamientos; ante él fluyen mis ojos”. El texto evoca el de Caín y Abel.
Dios es para Job el que dio un grito a favor de Abel. No quiere que su sangre quede sin
recompensa. Por eso dice en el v.21 “ay, si hubiera por lo menos un valiente entre Dios y
yo”. Sigue delineando a Dios y pide que por lo menos haya entre Dios y él un valiente
que les acerque.
Más adelante, en 19,16 dice: “llamo a mi servidor y no responde, aunque le implore con
mi propia boca”. Job está llamando aquí a Dios. El término siervo aparece pocas veces
en la Biblia. Lo son Abrahán, Moisés y Job. Son los elegidos, como los más próximos a
Dios. Llama la atención que en este versículo Job se está atreviendo a hablar como Dios.
Una de las dificultades del sufrimiento del justo es que nos hace jugar a ser dioses. A Job
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Notas sobre el libro de Job
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le está haciendo perder de vista muchas cosas. En el libro del Éxodo cuando se presenta
la servidumbre del pueblo se dice que Dios escuchó su sufrimiento, pero aquí Dios no
escucha el sufrimiento.
Sigue diciendo: “mi aliento repele a mi mujer, fétido soy para los hijos de mi vientre”.
Huele tan mal que hasta sus propios hijos muertos le rechazan. Lo mismo pasa con su
mujer, que hasta este momento no había vuelto a ser citada. La literatura se permite decir
estas cosas para representar que todos le rechazan hasta lo que no podemos imaginar.
Y en medio de ese contexto nos dice que sus palabras queden para siempre, como la Ley
(“Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá en monumento se grabaran”). Es muy
importante el v.25 (“Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el último, se levantará
sobre el polvo”). El término hebreo Goel en el AT representa la acción del pariente más
próximo que estaba obligado a rescatar la vida de la familia, como cuando una mujer
enviudaba. Era la manera de que perdurara la familia. Job dice que Dios es su Goel, el
que le va a rescatar. Su pena es que va a salvarle cuando esté muerto y no cuando esté
vivo. Se permite cincelar tanto un Dios malvado como un Dios misericordioso. Su
mayor deseo es ver a ese Dios del que a la vez huye y que es la fuente de sus desdichas.
Sus amigos le intentan convencer de que eso le pasa por lo que ha hecho y le piden que
lo reconozca. Esos diálogos continúan hasta el capítulo 27, en el que llegamos a un
impase. Ni los amigos han convencido a Job ni él a sus amigos en la respuesta a las dos
grandes preguntas. Después de 24 capítulos ha sido imposible el diálogo. El libro nos está
diciendo que el razonamiento de ambos tiene valor (aporía). Descubrir a Dios exige
mucho diálogo y encuentro, muchas idas y venidas.
Dios sigue en silencio. Hay que incorporar ese silencio de Dios a la búsqueda de respuesta
a las dos preguntas.
1. Un ser humano en busca de sentido (Job 3; 6,7-13; 7,1-6.15; 10, 1.8-22; 12, 4-6; 14,
1-2; 17, 1.11-16).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
por el dolor, agrietado por dentro, sacudido en sus certezas, despojado de su equilibrio
psicológico, desposeído de su fe confiada en Dios. Sus fuerzas y su consistencia le
flaquean (6, 11-13).
Los malos pensamientos sobre la vida se extienden a lo largo de todo el libro. No pasa de
ser una penosa esclavitud (7, 1-6); es breve, efímera, insustancial, como “un soplo”
(7,7ss). ¿Vale la pena vivirla? ¿No sería mejor desearse la muerte? (10,1. 18-20; 14, 1-
3ss; 17,1.11-16).
Este Job supremamente cuestionador es el portavoz del ser humano doliente, expuesto a
las peores sospechas acerca de la vida y de Dios. Sus preguntas brotan de un corazón
destrozado pero capaz de rebeldía y de búsqueda. Digno representante de los hombres y
mujeres que han vivido crisis de sentido.
A pesar de todo, Job tiene intuiciones certeras: la existencia humana es un enigma que
remite al enigma de Dios. Por eso no puede menos de recordarle, sea para acusarle, sea
para suplicarle (3,20ss; 6, 8-13; 7, 7-21; 17, 1-3).
• Comparar a este Job con los profetas Jeremías (Jr 20, 14-18) y Elías (1Re 19, 1-8).
• Textos para orar: Salmos 22; 42-43; 88; Lam 3; Jr 15, 10-11. 15-21; Jon 4
2. Dios, ¿justo o cruel? (6, 24-30; 9-10; 13; 14,1-6; 16; 19, 6-22; 21; 23; 24; 29-31)
¿Por qué el sufrimiento de los pequeños e inocentes? ¿Por qué el mal? ¿Dónde tiene su
origen? ¿Quién hace justicia al hombre sufriente? Estas interrogantes, que apuntan a la
bondad de Dios, constituye el tema central y más importante del largo debate entre Job y
sus amigos, entre Job y Dios.
Job es el ser humano forzado a pensar mal de Dios (6,4; 7, 12-21; 9, 15-24; 13,24-28; 16,
9-17; 19, 6-22; 27,2). Lenguaje sincero, brutal, descarnado. ¡Cuántas razones para ser
ateo o blasfemar de Dios!
Este Job rebelde representa a muchos hombres y mujeres sufrientes. Encarna más de una
actitud:
• La capacidad de protesta del ser humano (16,18): ¿responde Dios al grito de
los inocentes y justos sufrientes de la historia, sin culpa de nadie o por culpa de
alguien?
• La protesta contra la soledad, desamparo y juicio (19, 7-22; 6, 11-30).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Job encarna en sí uno de los escándalos mayores de la historia de la humanidad: los que
padecen el mal y la crueldad no son los malvados y criminales, los opresores y tiranos; lo
son los “santos inocentes”, los pequeños y humildes de la sociedad. ¿A quién reclamarle
justicia, a la historia hecha por los humanos, a la madre naturaleza, a Dios?
¿Qué postura tomar ante la persona que se desata desde el dolor con palabras cuasi
blasfemas, contra Dios y contra la vida?
• Unos sintonizan con él, le acompañan y respetan, como los amigos de Job en un
primer momento (2, 11-13).
• Otros se escandalizan y se tapan los oídos, lo condenan y le cierran la boca, lo
abandonan.
• Hay quienes se ponen a dar lecciones de teología al que no puede con su alma.
Es lo que hacen los amigos de Job en un segundo momento (Job 4-27). Le acusan
de pecado. Insisten en que el mal es castigo merecido de Dios, no por culpa de
Dios. Los tres lo acusan sin tapujos (4, 1-9; 11; 20; 22). Además de su desgracia
y sufrimiento, padece juicio y condena.
¿Qué pensar de esos “tres amigos” de Job, teólogos defensores de Dios a costa del
inocente? Estos se ufanan de ser sabios y defienden a Dios a costa de Job. ¿Se puede
defender a Dios a costa de un ser humano magullado por la vida? (13, 4-12) Representan
la vieja teología, la idea simplista de la retribución: si hago el bien, Dios me tiene que
premiar; si hago el mal, me castiga. Pero a Job su conciencia no le reprocha nada y se
defiende, con razón y tenacidad, de la acusación de sus amigos (4-5; 8; 15; 22).
Una teología que persigue la defensa de Dios a costa del ser humano es falsa al menos
por tres motivos:
• Por ser dogmática e incuestionable: procura defender los principios de siempre
sin tener en cuenta la situación del hombre sufriente.
• Por ser antihumana: no se puede uno poner a favor de Dios sin meterse dentro
del pellejo de los otros. Una teología que humilla al ser humano no es creíble.
• Por ser teología antidivina: ¿Acaso quiere Dios que se le defienda a costa de los
seres humanos?, ¿Y precisamente de los sufrientes?
La veradera reflexión y defensa de Dios (hacer teología) solo cabe tras empatizar con el
sufriente y compartir su dolor. Y tras hablar a Dios mismo en la oración. Solo cabe tras
vivir la doble cercanía: con el sufriente y con Dios.
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Job vive la sensación de que su estilo de vida intachable sirve para nada. Le entran duda
sobre aquello que ha vivido y practicado como algo fundamental en su vida. Aquí
representa a tantos hombres y mujeres intachables y obradores del bien que han entregado
su vida, gota a gota, por demás: ¿merecía la pena?, ¿quién los conocerá? ¿Hay alguien
que les haga justicia?
• ¡Difícil pensar bien de Dios! Difícil defenderle.
• El ser humano no cuenta: lo mismo da que haga el bien o que haga el mal. nadie
va a realizar una valoración justa de su vida.
• ¿Para qué empeñarse en ser justo, fiel y creyente? Los malvados la pasan mejor,
prosperan (21, 5-15.22-34; 24; cf. Jr 12, 1-5).
Aquí Job es portavoz de los que padecen las peores sospechas y dudas: no vale fiarse
de Dios. Da lo mismo practicar la justicia que aplastar al otro, amar que ser egoísta, salvar
vidas que eliminarlas. Job es portavoz de los que niegan el valor de toda religión y de
toda ética. ¿Dónde fundamentar la moral si no hay un Dios salvador que haga justicia?
Job estalla en gritos de rebeldía y protesta. Le nace culpar a Dios y lo hace con rabia y
violencia cuasi blasmemas. Cae en el extremo contrario de sus amigos. ¿Pero cabe una
defensa del ser humano a costa de Dios? Job mismo sabe que es absurdo meterse con
Dios, acusarlo, retarlo a un tribunal (9, 1-20; 13,3.13-27), pero no puede evitarlo. Su dolor
extremo lo lleva a retar a Dios.
Frente a sus amigos que lo acusan, Job se siente con la conciencia limpia: ha jugado
limpio en la vida; sus males no pueden ser por castigo de Dios. Da un paso importante:
en medio de sus audaces acusaciones, intuye que Dios es demasiado misterio para
culparle del mal y del sufrimiento humano. Sus amigos, ¡teólogos oficiales de Dios!,
creen tener respuesta al misterio; pero Job, por el contrario, se siente con razones para
acusar a Dios con saña. Así es como, poco a poco, de sentirse contra Dios, va pasando a
Dios.
Job no puede contar consigo mismo, tampoco pude contar con sus amigos y familiares;
¿acaso podrá contar con Dios? En principio, no lo experimenta cercano, amable, digno
15
Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
de confianza (19, 6-22; 3,23; 6, 8-23; 17, 10-16). Los golpes de la vida y la falta de
esperanza de cambio han quebrado su resistencia (6, 7-13; 7,15; 10,18ss; 17,1)
Desde el basurero el corazón de Job comienza a abrirse a Dios. Desde su infierno de dolor
ora. El dolor no es para hacer teología; es para maldecirlo, para erradicarlo si es posible
o para orarlo y confiarlo a Dios. Job decide convertirlo en oración. Ora lo que vive y le
atormenta, lo que teme, lo que sufre, lo que anhela. Ora desde su dolor, ora su dolor.
Así Dios va dejando de ser un “él” lejano, objeto de las peores sospechas y acusaciones,
para venir a ser un tú cada vez más cercano y digno de esperanza (leer las citas de más
arriba).
La oración de Job es la oración de quien se cree olvidado y hasta torturado por Dios, pero
al mismo tiempo es la oración de quien le busca apasionadamente y quiere tocar su
corazón. Oración al Dios santo desde la carne herida del hombre.
Todo el poema (Job 3-31) es un lento itinerario hacia la esperanza. Con ella Job comienza
a desear “un cara a cara con Dios”. Al principio le parece imposible lograrlo, pero corre
el riesgo (13; 23; 9,1-20; 29-31. Al final, toda la esperanza de Job se resume en estas
dos palabras: “Veré a Dios” (19,26).
En realidad, después de haber visto el vacío total que el dolor ha creado a su alrededor,
Job solo quiere aquí que Dios, al menos al final de su existencia, se revele como
«defensor», «vivo», dispuesto a intervenir y a entrar en acción. Al menos entonces,
cuando Job ya esté reducido a la piel y los huesos, en el umbral de la muerte, cercano al
polvo de la tumba, el Defensor divino pronunciará una palabra enjuiciadora y liberadora.
A Job le bastaría con este reconocimiento extremo de su inocencia, una inocencia que
él siente como innegable e indestructible, grabada casi en la roca de la historia: «¡Ojalá
se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y con plomo
se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Defensor y que al final se
alzará sobre el polvo: después de que me arranquen la piel, ya sin carne veré a Dios; yo
mismo lo veré, no como extraño, mis propios ojos lo contemplarán» (19,23-27).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Leer:
• Job 15; 21; 24, 18-25: ¿qué te parece el modo de hablar sobre Dios de los amigos teólogos
de Job?
• Job 4, 17-25; 9,1-4; 14, 1-6; 15, 14-16; 25, 1-6. Descubre la experiencia
antropológica del pecado. ¿No es algo más hondo?
La otra cuestión importante es la misma pregunta que aparece en los versículos 12 y 20:
“Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene? ¿cuál es la sede de la Inteligencia?”. La doble
repetición de esta pregunta en Job 28,12.20 y la presencia tanto en ellos como en Job
28,28 de los términos sabiduría e inteligencia acercan al lector a comprender un elemento
crucial de la vida: la sabiduría, es decir, el conocimiento del funcionamiento del
universo y su propia verdad, son inaccesibles para el ser humano, no, en cambio,
para Dios.
Tenemos un poema en tres partes (Schökel): homo faber, homo oeconomicus, homo
religiosus. El homo faber (primera parte, vv.1-12) ha ido buscando la sabiduría, ha ido
hasta las entrañas de la tierra buscándola y después de todo ello no ha encontrado el
sentido de la vida, pero sigue buscándolo (“¿dónde está”?). Por más que entre, trabaje e
ilumine las profundidades del mundo, nunca va a encontrar en sus raíces la sabiduría. El
homo oeconomicus (versículos 13-20) ha ido a ver si podía comprar la sabiduría con su
trabajo (segunda parte). En el mundo sapiencial se la compara con el oro y con la plata,
que son las cosas más preciosas. Pero tampoco la ha encontrado a través de esta vía
(“¿dónde está?”). El hombre con habilidades comerciales, que quiere comprar algo tan
sumamente precioso como la sabiduría, no puede hacerlo. No se puede comprar ni vender,
ya que solo se da.
En los versículos 21 al 28 (tercera parte) se da respuesta a las preguntas a través del homo
religiosus. En el 21 se dice “ocúltase a los ojos de todo ser viviente, se hurta a los pájaros
del cielo”. Se les vela el conocimiento a lo mejor de la creación (los vivientes). Sin
embargo, en el 22 se dice que la perdición y la muerte han tenido noticias de oídas (“de
oídas sabemos su renombre”). Quien está en situación de muerte puede conocer la
sabiduría, lo que no significa en ningún caso que haya que morir por morir. A ellos les
entra por lo sentidos, lo que se les vela a los vivientes.
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Esa es la situación de Job, tal como nos ha contado en los capítulos previos. Acercarse al
misterio de la muerte, al misterio del dolor, al misterio del sufrimiento es entonces
acercarse a la sabiduría, es acercarse al misterio y secreto de la vida.
Solo Dios, por tanto, conoce el camino de la sabiduría y sabe dónde encontrarla (Job
28,23). El hombre, que, en cambio, no lo conoce, puede, sin embargo, aceptar su
ignorancia y, al mismo tiempo, aceptar que hay otro (Dios) que sí conoce la misteriosa
sabiduría. Puede, en terminología grata al mundo sapiencial, temer a Dios.
En clave antropológica, el texto nos dice que aunque no sepamos donde está la sabiduría
sabemos que hay uno que lo sabe. La única forma de acceder a ella es acercarnos a Dios.
Temer a Dios es reconocer que hay otro que lo sabe. En el sinsentido no hay por qué no
quejarse, pero hay que temer a Dios, que es reconocerle como el que sabe. Es una
antropología, por tanto, muy positiva. Podemos tocar el sentido del sinsentido
acercándonos a Dios. En el sufrimiento se puede conocer a Dios de otra manera.
En la clave que recorre el libro de Job, el temeroso de Dios reconoce que, aunque se le
escape el sentido del sufrimiento del justo, a Dios, en cambio, no se le escapa, porque
escruta y conoce también ese misterioso rincón. Job 28, por tanto, rompe con la doctrina
tradicional de la retribución y anticipa la gran lección que Dios va a ofrecer
posteriormente.
Se abre el segundo acto del drama, el fundamental de la obra poética. Este acto (caps.
29–31; 38–42), separado por la inserción de los caps. 32–37, que contienen las
intervenciones de un cuarto amigo, Elihú, tiene solo dos protagonistas, Dios y el
hombre, en una confrontación suprema, verdadera meta final de todo el libro. El Señor,
provocado continuamente por el sufriente que le considera como divinidad ciega y muda,
decide hacer su declaración en una especie de proceso de puertas abiertas y en un diálogo
en el que se va atenuando progresivamente la voz del hombre (Job: caps. 29–31; Dios:
caps. 38–39; Job: 40,2-5; Dios: 40,6–41,26; Job: 42,1-6).
Se podría esperar que el libro de Job resolviese definitivamente, a partir del capítulo 28,
el enigma que tanto le ocupa y preocupa a su protagonista y aclarase de manera
comprensible qué es la justicia y cuáles son sus características. Y que lo hiciese dando la
palabra a Dios, que ocupa un lugar tan central en Job 28. Ello no sucede, sin embargo,
hasta diez capítulos después. Una nueva intervención de Job y otra de otro sabio, Elihú,
en la que también está presente la doctrina de la retribución retrasan la comunicación
divina.
En el capítulo 29 el libro vuelve a dar entrada a Job. Le está diciendo al lector que lo que
tiene que hacer Job es escuchar el poema una y otra vez. Job proclama que sufre
injustamente. Su larga intervención después de la meditación sobre la sabiduría (Job 29-
18
Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
31) subraya sobremanera la ausencia y el silencio de Dios. Job no puede aceptar dicho
silencio y dicha ausencia; ambos le producen un profundo dolor.
Al final de su largo camino interior, Job calla (31, 40b). Tanto él como sus amigos han
agotado todos sus argumentos, tanto a favor como en contra de Dios. Inutil seguir
hablando sobre misterios (31, 35-39). Toca callar: al ser humano le desbordan las
cuestiones límites, los grandes interrogantes de la existencia. Pensadores y teólogos
quedan desbordados por el problema del mal y del sufrimiento. La palabra humana es
más pregunta que respuesta, su saber es más búsqueda que hallazgo. La sabiduría humana
abre incógnitas y las deja abiertas, sin poder aclararlas. La palabra mas sabia es el
silencio expectante y confiado. Solo Dios es sabio, solo Él posee sabiduría insondable
(Job 28): solo Él puede responder.
El que abre la ofensiva procesal es el hombre con la última y apasionada protesta que
mira con nostalgia al pasado feliz (cap. 29), llora por el amargo presente (cap. 30) y con
un «juramento de inocencia» ante Dios declara su no culpabilidad (cap. 31),
despreciando todos los consejos antitéticos de los amigos. La espera de Dios ha alcanzado
ahora el paroxismo: «¡Ojalá hubiera quien me escuchara! ¡Aquí está mi firma! Que
responda el Shaddaj [el Omnipotente, el Altísimo], que mi rival escriba su alegato: lo
llevaría al hombro o me lo ceñiría como una diadema; le daría cuenta de mis pasos y
avanzaría hacía él como un príncipe» (31,35-37). Job está ahí, ante el cielo que permanece
mudo hasta ese momento, con su juramento firmado. Dios ya no permanece en silencio,
acepta declarar. Nos encontramos así en la cima del libro.
Job ha aprendido a guardar silencio. A veces toca parar la máquina de la mente para que
el corazón se prepare para escuchar y vivir experiencias. Job llega aser sabio callando y
abriéndose a la palabra que le pueda venir de Dios mismo.
Quedan cortas toda teodicea y toda teología, silenciado todo pensar humano sobre Dios
elaborado por filósofos y teólogos. Solo Dios puede defenderse a sí mismo, solo él puede
revelar algo de su propio mistero y de cómo conduce este mundo. Hay que dejarle hablar
a Dios, por si quiere hacerlo en su misericordia. Es lo que ocurrira más adelante.
Con el silencio de Job termina el segundo acto del drama. Podríamos esperar que vengan
los amigos o que Dios le explique, pero lo que sucede es que viene Elihú (capítulo 32).
Se presenta de repente, sin avisar. Un autor posterior ha añadido esta nueva escena (Job
32-37); en la misma este nuevo teólogo, Elihú, actor único en esta escena suelta un largo
monólogo que nos despierta de un letargo.. Quiere corregir las tesis de los teólogos
anteriores y salir al paso de las palabras escandalosas de Job. Su tesis principal es que
Dios puede querer corregir y educar a los suyos mediate las pruebas de la vida, lo que
explicaría, al menos en parte, la experiencia del mal. No nos detengamos en esta escena.
En Job 38 (38-42) por fin interviene Dios: “Entonces el Señor habló a Job desde la
tormenta”. Así comienza una de las páginas más sobrecogedora y poéticamente bellas del
A.T. (¡Hay que leerla!)
Dios, envuelto en el silencio y en la ausencia de sus cielos lejanos, acepta el desafío que
le ha lanzado el sufriente. En 38,1 y en el 40,6 se repite lo mismo: “Yahveh respondió a
Job desde el seno de la tempestad”. La tempestad y la tormenta son lugares bíblicos
donde habitualmente Dios se revela. En el libro del Éxodo y en el del Deuteronomio,
19
Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Dios calla, tarda en hablar (9,16). Pero, por fin, habla y responde a Job. Dios no es
silencio, acaba siendo palabra: se revela. Parece lejano, invisible e insensible a los gritos
del ser humano (23,8-9); pero ahora rompe la distancia y el silencio, y habla.
Dios responde a Job preguntándole a su vez: ¡50 preguntas, en cascada! Aparecen en dos
series: 38-39 y 40-41). Con sus preguntas, Dios emplaza a Job ante las maravillas que
tiene ante sus ojos en el cosmos y en la naturaleza. Job será un turista por el universo,
viajando de la mano de Dios. De cuestionador crítico de todo, pasa a ser espectador
pasmado del museo viviente de Dios, llevándolo al límite de su estupor.
A través de sus preguntas arrolladoras Dios le concede a Job un reencuentro con Él. Job
experimenta, por fin, al Yo de Dios, presente y cercano. Tras una dolorosa andadura y
cuestionamiento en su busca, Job “ve” a Dios en su corazón, lo experimenta en su carne
herida.
Mediante las preguntas, Dios invita a ver, como en un documental, científico y poético a
la vez, las maravillas de la tierra y del mar, la belleza de la naturaleza, la grandiosidad del
cosmos y de los fenómenos atmosféricos, los portentos del reino animal… Las preguntas
se reducen a una única: el cosmos con sus fenónemos, la naturaleza con sus seres, ¿no
contienen algo de maravilloso e insondable?
Job se había quejado de su vida y había renegado de ella, porque no existía ningún orden.
Igualmente, había protestado enérgicamente contra el dolor y el sufrimiento injusto que
padecía. A Dios le culpaba de no tener un plan ordenado (actuaba sin orden ni concierto)
y de no controlar ni dominar las fuerzas del mal. En cuatro largos capítulos (Job 38-41)
Dios va a señalar a Job que el mal le está sometido y que, aunque el ser humano quiera
controlarlo y dominarlo, no está en situación de hacerlo. Al mismo tiempo, le pone
delante de los secretos del universo, de la creación y le presenta los límites que tiene
frente a los animales, frente a fenómenos meteorológicos, etc. Dios le pone en una
situación extrema tal que hace que el varón íntegro y recto y temeroso de Dios reconozca
la imposibilidad de tener en su propia mano los secretos de la existencia.
Dios pasea a Job por la creación para que vaya percibiendo en su sufrimiento el valor de
aquélla (38,16-18)
Mientras caminan, Dios hace a Job (Job 38,1-39,30) continuas e irónicas preguntas sobre
la creación, las criaturas y su belleza, pues es consciente de que es necesario confrontar a
20
Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Job con sus límites temporales, espaciales, del saber, de poder. A ninguna de ellas puede
responder Job, mostrando así su incapacidad para conocer y hablar sobre la creación.
Mediante ellas, Dios parece estar acusando a Job de estar cerrado en su pequeño mundo,
de estar bloqueado y encarcelado por el dolor que tanto le ha tocado, y de haberse perdido
todo el encanto del Dios creador: un Dios bondadoso y tierno (Job 38,9; 38,39; 38,41;
39,1-3) y que tiene humor.
Cuando la vida nos sitúa en el dolor, hay que aprovechar ese privilegio. Eso no significa
que haya que buscar el sufrimiento. Es bueno que cuando la vida nos ponga en situación
de muerte tratemos de ensancharla.
Dios ensancha la creación a un Job preocupado por su sufrimiento. Le dice que se abra a
la vida, no que olvide su sufrimiento. En la primera intervención de Dios se muestra como
creador. En primera instancia, es el creador del sufriente. Dios se está acercando al
sufriente para decirle que es algo más que el sufrimiento. No le quita el dolor, pero le
hace levantar la mirada.
La segunda intervención empieza en 40,6: “ciñe tus lomos como un bravo: voy a
preguntarte y tú me instruirás”. En el texto vocacional de Jeremías 1 se dice “ahora te
ceñirás los lomos”, que significa llenarse de valentía en el mejor sentido de la palabra.
Del 7 al 14 habla Dios, con palabras parecidas a las del Magnificat. Es un himno que se
dice de Dios; se están invirtiendo los papeles.
En el Éxodo se dice “su diestra le ha dado la victoria” cuando Dios libra de la esclavitud.
El pueblo alaba a Dios porque les devolvió la vida. Ahora Dios dice que cuando Job haga
de Dios le alabará (“yo mismo te rendiré homenaje, por la victoria que te da tu diestra”).
Le está diciendo que el sufrimiento no solo le puede encadenar, sino que le puede
hacer olvidar su condición de criatura, jugando a ser creador. Todo gira alrededor de
la idolatría, aquí y en toda la Biblia. Dios le dice “haz de Dios, que yo te vea”.
El sufrimiento, por tanto, nos hace equivocarnos de lugar; nos hace olvidarnos de nuestra
relación con la creación y con el creador. Pero hay que señalar, de nuevo, que no hay
ningún juicio moral contra Job.
En esta segunda intervención, Dios muestra a Job cómo ha invertido los papeles. Le
propone un cambio de suertes, un cambio de roles: Dios va a jugar el papel del hombre
(Job) y este el de Dios. De esa manera, Dios pone al justo sufriente delante de una doble
21
Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
pregunta decisiva para la suerte del ser humano: ¿quién es Dios?; ¿quién es el hombre?
El sufrimiento nos puede llevar a olvidar que no somos creadores sino criaturas,
poniéndonos en el sitio que no nos corresponde y dejando de ser quiénes somos. Pero
somos criaturas por antonomasia en relación con Dios (salmo 8). Dios le dice a Job que
se desnaturaliza al querer transformarse en Él.
Ante las bestias del capítulo 40, 15-42, Behemot y Leviatán, Job se queda despojado de
todo poder.
Es en ese momento cuando aparece la creación, la naturaleza, en estado más puro. En ella
viven Behemot y Leviatán, personificación del mal presente en la creación y que solo
Dios conoce en profundidad. En ese momento es cuando Dios pone a Job delante de la
pregunta fundamental que se puede hacer el ser humano que sufre: en tu situación
dolorosa e incomprensible, ¿quieres ser Dios o quieres ser tú, quieres ser el creador o
quieres ser la criatura? Le está preguntando si es capaz de dominar el mal, una vez que
ha jugado a ser Dios. En 40,29 le pregunta si es capaz de jugar con el mal como juega él.
Luego le dice que todo lo que hay en la tierra es suyo (41,3-4). “No silenciaré sus
miembros” significa que Dios no va a silenciar ni al bien ni al mal.
El libro de Job no explica la solución al origen o problema del mal, pero sí la superación
de dicho problema: el mal no tiene una explicación, sí un final. Ha entendido que en el
sufrimiento se puede ver la vida y a Dios de otra manera. Después de la intervención de
Dios, Job le responde. Le reconoce como creador y acepta haber sido un insensato. Se
pone en su lugar como criatura –lo que Dios le ayuda a ser– y no como creador.
No es fácil comprender con total exactitud la respuesta que ofrece Job a Dios en Job 42,1-
6, pero es posible señalar que, al ser confrontado consigo mismo y al ser puesto delante
de la eterna pregunta del ser humano (¿quién es y dónde está Dios?). Job afirma aceptarse
como persona distinta de Dios, como su criatura, que está en relación con un Dios distinto
de los hombres, que no destruye el mal ni hace milagros para eliminar el sufrimiento, sino
que es portador de una potencia que puede salvar al ser humano, conduciéndole por
caminos pacientes, misteriosos y débiles, caminos en los que está presente en muchas
ocasiones el misterio de una libertad que se niega al bien y que decide actuar el mal.
Gracias a la intervención de Dios, Job puede reconciliarse consigo mismo y con la verdad
de toda criatura y puede comprender que Dios es ante todo misterio.
El clímax de la actuación divina se encuentra en Job 42,5: “de oídas solo había sabido de
ti, mas ahora te han visto mis ojos”. “Por eso me retracto y me consuelo sobre polvo y
ceniza”, que remite a cómo estaba –sobre polvo y ceniza– cuando van a verle los amigos.
Al final del libro sigue sufriendo, pero ha visto a Dios. No quiere con ello indicar que ha
tenido una experiencia mística, sino que la relación y el encuentro personal que Dios le
ha regalado le han cambiado por completo, dejando atrás su pasado y abriéndole a un
nuevo futuro. Gracias a ellos ha podido reconocer a Dios y conocer su verdad, la
coherencia de su palabra.
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
“Me retracto”, más que hablar de un arrepentimiento de Job, expresa el consuelo que
encuentra en el sufrimiento. Así, Job detesta el polvo y las cenizas porque ciertamente la
muerte no tiene valor o dimensión positiva, pero en esa situación, difícil, oscura y
negativa, encuentra el consuelo y la tranquilidad.
Dios no ofrece ninguna respuesta directa sobre la pregunta en torno al sentido del
sufrimiento y el asunto queda abierto para el hombre. Job expresa que la situación de
dolor, de límite, le ha hecho experimentar su ser criatura y le ha hecho conocer a Dios de
una manera distinta, superior a toda la conocida por la tradición teológica de los sabios
de Israel: situándose delante de él como el misterio al que se puede temer. En él Job
expresa también que Dios es bueno y que no es el culpable de su mal. En él Job expresa
finalmente que el mal, el dolor, no tienen una explicación, pero sí un final. El mal, el
dolor, no tienen una lógica pero sí un modo de superarlo, un camino para vivirlo con
mucha dignidad.
Job dice “te conocía de oídas”. En 28,22 se había dicho en el himno a la sabiduría que
“de oídas sabemos su renombre”. Ahora ha conocido a Dios en el sufrimiento. La
experiencia de ver a Dios solo se da cuando se te revela y Job ha oído y ha visto a Dios.
Reconoce haberlo visto con sus ojos, después de lo que Dios le ha transmitido desde la
tempestad.
En su angustia y sufrimiento Job había buscado con insistencia a un Dios que no hablaba
ni se dejaba ver. Al final de su recorrido Job ve y comprende que Dios es misterio y se
encuentra más unido personal e íntimamente a él. Al mismo tiempo, tiene una conciencia
más clara de la libertad y gratuidad divinas.
A un Job tentantado de pensar que este mundo es un caos, gobernado por el poder del mal
o por un Dios arbitrario y perverso (Job 12, 13-25), Dios responde. Él vela por todo; todo
es creación suya; y por ello, todo es una teofanía suya: ámbito en el que puede ser visto
como bueno, providente y omnipotente contra el mal. Solo él puede dominar el mal,
simbolizado sobre todo por los dos animales más temibles: el hipopótamo y el cocodrilo
(Job 40).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Con su cascada de preguntas, Dios, además de cerrarle la boca a Job, lo invita a ampliar
su visión de la realidad. No hay que achicar el misterio, sino aumentarlo: el mundo mismo
en todos sus ámbitos está impregnado de impenetrabilidad. Junto a lo caótico y lo
inaceptable se dan también lo bello, ordenado, lo cuidado, lo admirable. A las preguntas
de Job, Dios responde aumentando la capacidad de admiración y pasmo, de silencio y
pregunta del mismo. Job tenía razón al plantearlas: no hay que aceptar, sin rebeldía y sin
protesta, el sufrimiento y el mal, el lado oscuro de la realidad. Pero esta queda reducida
si solo se mira una de sus caras, la mala. Hay razones para no creer en Dios o para
blasfemar de Él; pero ¿no hay más razones para creer en Él, alabarlo y confiarse a Él?
Job se escandaliza por el mal y el dolor que se dan, y está bien; pero ¿por qué no
asombrarse por el bien y la belleza que despliega Dios en el mundo?
En un segundo momento, Job se siente transformado y pasa a ser adorante (42, 1-6).
Primero, Job se siente desmontado de sus dudas y acusaciones a Dios; a ello sigue lo
importante: ha pasado a tener experiencia del Dios vivo y personal: está con él en el
basurero… ¡y les basta! ¡Qué largo proceso ha necesitado pasar para llegar hasta ahí!
• El misterio de Dios es para vivirlo, más bien que para explicarlo; para acogerlo,
más bien que para indagarlo; para agradecerlo y adorarlo, más bien que mirarlo
analíticamente.
• No elimina el dolor y el mal, pero te permite integrarlos. En medio de los mismos,
Dios puede ser cielo para el ser humano que vive en los pequeños o grandes
basureros de aquí abajo.
• A la pavorosa experiencia de finitud y reducción de Job (Job 3-31) ha sucedido la
experiencia de Dios como plenituid colmante (38-42).
• Expreriencia de su palabra y experiencia de su presencia, tras pasar por la
experiencia de su silencio, ausencia y lejanía. La mejor respuesta de Dios al
clamor del ser humano es el encuentro.
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Tras un largo y turbulento recorrido, este segundo Job sigue en el basurero, pero ha
llegado a la fe serena y confiada del primer Job. Ha acabado por intuir que tiene sentido
confiar en Él también desde la tiniebla. En fe desnuda; no necesita entender con razones:
le basta acoger a Dios mismo en su misterio.
Job acaba por rendirse porque ha redescubierto a Dios. Su rendirse no es sumisión del
esclavo por miedo a su amo; es volver a fiarse de Dios. Tras un itinerario doloroso, Job
llega, por fin, a la fe madura del Job primero. Para ello, su fe ha tenido que integrar la
realidad de este mundo, pasar por el crisol de la prueba, confrontarse con los iterrogantes
que plantea la vida humana. Ha tenido que sentirse desbordado por las preguntas que
pone la historia. Ha tenido que pasar, sobre todo, por vivir una experiencia má honda del
Dios vivo para madurar en la fe.
Epílogo
En el versículo 6 del capítulo 42 podría acabar el libro. Hay, sin embargo, un epílogo,
que dice muchas cosas. Job recibe la bendición cuando ha visto a Dios y ha perdonado a
sus amigos. Pero, ¿es un final feliz? El texto dice que Job recibe el doble (“aumentó
Yahveh al doble todos los bienes de Job”). Se señala que “Tuvo Job siete hijos y tres
hijas… Murió anciano y colmado de días”. Se expresa así, por un lado, el valor de la vida
y de la bendición divinas (descendencia abundante) y, por otro, el de la ancianidad, que
es signo de la generosidad de Dios y que en la Sagrada Escritura es frecuentemente
considerada como un valor importante
Pero el texto no dice que dobló su suerte. ¿Quién va a restituir a Job sus muertos y quién
podrá restituirle los días de su sufrimiento? El sufrimiento sigue acompañándolo, sigue
estando en la memoria (los argumentos de silencio, dado que la curación supone un
cambio tal que se esperaría una notificación explícita al respecto, y de necesidad de seguir
un rito de purificación después de haber sido curado de una úlcera maligna, lo que no
aparece en el texto, parecen apuntar que no ha habido curación). Pero, sobre todo, por
mucho que se le dé a Job, nadie le va a devolver lo que ha sufrido. Su felicidad final no
cancela el sufrimiento padecido. Un sufrimiento que, por otra parte, ha sido el camino
para comprender su ser criatura en una creación llena de la bondad de Dios.
Un segundo aspecto destacado del epílogo es que Dios reconoce que Job, y no los
amigos, han sabido hablar bien sobre Dios, que Job ha dicho la verdad sobre él. Es una
verdad que el propio Dios ha revelado en Job 38-41 y que nada tiene que ver con la del
Dios de la retribución, que tan bien conocían Elifaz, Bildad y Sofar. Job es así presentado
como un modelo, como el ejemplo del hombre sufriente. Ha sabido hablar a Dios y hablar
sobre Dios en medio del sufrimiento. En dicha situación él ha sabido buscarle y dirigirse
a él, incluso por medio de frases desacertadas y heterodoxas, y comprender que, después
de un largo y sufrido recorrido, también el justo que sufre puede llegar a escuchar a Dios,
a ese Dios que con frecuencia se le presenta tan silencioso, ausente y lejano.
Ha descubierto en su largo camino que, aunque el dolor no tenga una explicación, sí puede
tener un final. Ha descubierto que Dios puede ser justo sin ser totalmente comprendido y
que el hombre, incluso el sufriente, puede encontrar un camino de fidelidad por el que
transitar, aunque no conozca la verdad y el sentido de lo que Dios ha hecho desde el
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
principio hasta el final. El final del libro viene a decir bienaventurados los que sufren. Es
una herramienta para que uno se recoloque en su sitio. Es el ámbito de la revelación.
Conclusión
• El Job creyente de Job 1-2 nos dejaba pasmados, con la sensación de “¡imposible
ser como él!”. El de Job 3-42 nos asusta por el abismo de su dolor y por la audacia
de sus preguntas. ¿Cuál de los dos nos refleja mejor?, ¿por qué?
• El segundo Job es el hombre o mujer que vive todo como camino, también la fe:
se va haciendo creyente, en itinerario tortuoso, en búsqueda apasionada, en
confrontación con lo real y dramático de la existencia.
• Así pues, el libro de Job, más que una solución al misterio del dolor, es una
invitación a destruir una falsa imagen de Dios hecha a nuestra medida y a
reconocer la existencia de una metarracionalidad, o sea, de un proyecto
trascendente (la citada ‘ēṣâ) que consigue colocar –como acontece en muchos
enigmas que existen en la naturaleza y en la historia– incluso ese mal que en la
esfera racional sigue siendo un misterio: «Te conocía solo de oídas, ahora te han
visto mis ojos» (42,5).
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
Este nuevo Job debe ser rescatado porque se parece más a nosotros que el primero. Es un
Job destrozado por fuera y por dentro, agresivo, cuestionador de todo, cuasi blasfemo,
desafiador de Dios; pero también un modelo de creyente. Encarna la “literatura de la
esperanza en la crisis” (J. Leveque).
Para pensar:
o ¿Cuál de los dos Job me cae mejor? ¿Con cual de ellos me identifico más en mi
caminar creyente?, ¿por qué?
o ¿Cómo podría ser la oración del creyente doliente? Recuerda a Jonás, a salmistas,
a Jesús… ¿Cómo es mi oración cuando sufro por cualquier causa?
o ¿Por qué los silencios de Dios? ¿Por qué su tardanza en destruir todo mal y llanto,
en hacerle justicia al ser humano? (2Pe 3,11-15).
o La cuestión central del libro de Job es la autenticidad o no de la religión (1, 7-12;
2,1-10) ¿Qué te hace pensar?
• Pareciera que Job, con sus interrogantes, pone en aprietos a Dios mismo y Éste
los desvía. En realidad, el autor del libro no puede poner en boca de Dios ninguna
respuesta satisfactoria desde el punto de vista teológico o espiritual. La respuesta
al problema del mal no puede ser solo desde las maravillas del cosmos (y de la
historia), ni solo teórica e intelectual: intento de explicación del mal, de la muerte,
del pecado y de la injusticia; debe ser histórica, fáctica, eficaz. No necesita tanto
respuesta intelectual sino solución. La solución, “la justicia plena”, solo podría
llegar en un “cielo nuevo y na tierra nueva”. Los libros de Daniel, 2Macabeos y
Sab 1-5, intentarán más tarde una respuesta, la cual llegará a su cima en el misterio
pascual de Jesucristo.
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Notas sobre el libro de Job
Recopilador: P. Miguel Marte, cjm.
• El mal no es para ser interpretado y explicado, sino para ser protestado, combatido
y eliminado en la medida en que se pueda y/o confiado a Dios en oración confiada
y espranzada.
• El libro de Job, con todo y ser una obra acabada, perfecta desde el punto de vista
experiencial y dramático (el protagonista Job, desde la máxima vivencia del dolor
y del desamparo, recorre un camino hasta acabar en una experiencia de Dios que
le serena y colma), es teológicamente deficiente: deja colgadas las grandes
cuestiones planteadas.
• El autor judío del siglo IV, no conoce aún apertura a un horizonte de justicia y
felicidad colmadas en una eternidad más allá de la muerte. Por ello no puede poner
ninguna respuesta teológica válida en boca de Dios (Job 38-41), como sí lo
intentarán los autores de Dn, 2Mac y Sab. Y sobre todo el Nuevo Testamento.
• Pero sí ha intuido, con gran acierto, que solo la experiencia del encuentro con
Dios, posible también en este mundo, es clave: no explica el mal, pero permite
integrarlo y asumirlo en fe esperanzada. Por ello ha creado la imagen de este
hombre Job: haciéndole pasar por los interrogantes y la búsqueda que crea la
experiencia del mal, le hace llegar a una fe madura gracias a una experiencia de
Dios. Dios puede ser fuente de sentido y de vida para el que vive “en el basurero”
de la existencia.
• Desde Jesús el creyente tiene otra clave teológica y existencia a la hora de abordar
el mal: tanto a la hora de reflexionarlo (debate teológico), de combatirlo (con
esperanza), como sobre todo de vivirlo en su propia carne.
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