Alzamiento de Bienes.
Alzamiento de Bienes.
FACULTAD DERECHO
BOGOTA, D.C.
2020
Alzamiento de Bienes
Historia:
A lo largo de la historia, el escape del deudor frente a su acreedor ha sido una constante en
los pueblos del mundo, uno de los ejemplos para verificar este tipo la encontramos en la
corona española.
Una de las leyes más antiguas donde se haya encontrado la tipificación este delito es en las
SIETE PARTIDAS DE ALFONSO X, donde el alzamiento de bienes se identificada con
la desaparición personal del deudor con sus bienes. En estas siete partidas de Alfonso x se
concedía al acreedor el derecho de ir en búsqueda del deudor y traerlo para conseguir el
pago.
Igualmente, el profesor CARLOS FONTAN BALESTRA en su libro “Tratado de derecho
penal” nos indica que en el derecho comparado se pueden distinguir 2 tipos de corrientes
para el tratamiento de la quiebra, en reemplazo al tipo de alzamiento de bienes. Se
encuentra con lo siguiente:
El primer sistema fue influenciado por el Código Napoleónico y seguido por las
leyes españolas, donde los tipos aparecían en las leyes mercantiles y se dejaba a
la legislación penal únicamente la determinación de la sanción, de esta manera
se constituía un tipo penal en blanco.
Y el segundo sistema establecía las quiebras en las leyes penales, estableciendo
su comportamiento y no lo dejaba a merced de diferentes leyes.
Igualmente, a lo largo de la historia del alzamiento de bienes ha habido una fuerte discusión
debido a la ubicación de tipo penal y la pregunta de ¿Qué es lo que protege? Así, haremos
una muy breve mención a 2 de las posturas:
Supraindividuales:
Esta postura afirma que la tutela que se debe de ejercer en cuanto al comportamiento
típico del alzamiento de bienes radica en los aspectos macroeconómicos de la
sociedad, puesto que son presupuestos necesarios la buena fe, el pacta sunt
servanda en los negocios que se realizan entre los particulares para el buen
funcionamiento y el desarrollo del país.
A esta postura pertenecen doctrinantes de la talla de Francesco Carrara, Klaus
Tiedemann y entre otros.
Patrimonialistas:
Esta segunda línea, afirma que el alzamiento de bienes a diferencia de la teoría
supra individualista, en vez de proteger valores macroeconómicos o de fe pública,
busca la protección del patrimonio del acreedor, puesto que son las acciones y las
omisiones del deudor frente a su patrimonio, que pueden llegar a constituir un
peligro real y próximo al patrimonio de los acreedores mediante la satisfacción de
sus acreencias mediante la masa de bienes que posea el deudor.
DERECHO COMPARADO:
Argentina:
Art 176: Será reprimido, como quebrado fraudulento, con prisión de dos a seis años
e inhabilitación especial de tres a diez años, el comerciante declarado en quiebra
que, en fraude a sus acreedores, hubiere incurrido en algunos de los hechos
siguientes:
1° simular o suponer deuda, enajenaciones, gastos o pérdidas;
2° No justificar la salida o existencia de bienes que debiera tener; substraer u ocultar
alguna cosa que correspondiere a la masa;
3° Conceder ventajas indebidas a cualquier acreedor.
Tipo objetivo:
En referencia al artículo 176 del Código Penal Argentino, el sujeto activo es cualificado y
deben de darse dos presupuestos para que se pueda adquirir tal condición.
La primera característica del sujeto activo es que sea un comerciante en ejercicio y
posteriormente, su segunda característica trata que adicionalmente a su condición de
comerciante debe encontrarse antecedido por una declaración judicial que lo declare en un
estado de quiebra. Ósea que el comerciante que no se encuentre en quiebra pero que aun así
simule o suponga alguna deuda, enajenaciones, gastos o perdidas no podrá enmarcarse
dentro del injusto y sus acciones serán atípicas.
Se considera que hubo un error en el legislador al delimitar el sujeto activo como
comerciante que se encuentre declarado en quiebra, puesto que, en cualquier caso, el
comerciante puede realizar maniobras para la disminución del patrimonio sin el riesgo de
entrar en quiebra, y de la misma manera, afectar los intereses de los acreedores de la
tenencia de una garantía real para la satisfacción de sus acreencias.
Tipo Subjetivo:
El delito es doloso y según la doctrina argentina, puede ser por una parte de lesión o por
otra parte de peligro concreto. La doctrina no se ha puesto de acuerdo en particular acerca
de este punto. También, se ha venido desarrollando que este delito exige un perjuicio al
patrimonio del acreedor y no un mero engaño, dicho en otras palabras, se debe de poner o
lesionar realmente el patrimonio de los acreedores.
Otra consideración de la doctrina considera que no basta que se engañe o se ponga en
peligro el patrimonio de los acreedores, sino que, con la sola subjetividad del sujeto activo,
esto es, el ocultamiento o el alzamiento de sus bienes se concretaría el tipo penal.
Tentativa:
Para la doctrina es claro que la tentativa se realiza después del momento en que al
comerciante se le declara en quiebra, puesto que, si se considera como tentados aquellos
actos del sujeto antes de la declaración de su quiebra, una vez ocurra esta, se entenderá ya
no como un delito tentado sino como un delito acabado.
Art 179: Será reprimido con prisión de uno a cuatro años, el deudor no comerciante
concursado civilmente que, para defraudar a sus acreedores, hubiere cometido o
cometiere algunos de los actos mencionados en el artículo 176.
Tipo objetivo:
En este primer parágrafo se exige que la persona no sea comerciante, pero que se encuentre
declarada en quiebra
El momento de su consumación, a diferencia de la quiebra fraudulenta que se encuentra en
el 176, se termina por acabar el tipo en un momento anterior a que la persona natural se le
haya declarado en un estado de quiebra.
Mantiene la misma estructura en cuanto a la quiebra fraudulenta a comerciantes.
Art 179.
2° parágrafo: Será reprimido con prisión de seis meses a tres años, el que durante un
curso de un proceso o después de una sentencia condenatoria, maliciosamente
destruyere, inutilizare, dañare, ocultare o hiciere desaparecer bienes de su
patrimonio o fraudulentamente disminuyera su valor, y de esta manera frustrare, en
todo o en parte, el cumplimiento de las correspondientes obligaciones civiles.
En este segundo parágrafo del artículo 179, enmarca un tipo penal pluriofensivo, a
diferencia de los tipos que enmarcaban al comerciante o no comerciante en quiebra
fraudulenta, puesto que se atenta no solamente ante el patrimonio de los acreedores, sino
que también, se atenta contra la administración de justicia cuando se encuentre dentro de un
proceso judicial o también se atenta contra el cumplimiento de las sentencias las cuales
resultaron desfavorable para el sujeto activo.
Tipo objetivo.
Se necesita que haya una sentencia condenatoria contra el sujeto activo fruto de alguna
obligación contraída e igualmente, que, con la acción del sujeto activo, se frustre la
obligación de pagar las obligaciones contraídas y ordenadas por medio de algún tipo de
sentencia condenatoria. En otras palabras, se necesita que, por medio de la destrucción,
inutilización, daño, ocultamiento o desaparecimiento de los bienes, obtenga como resultado
la imposibilidad de pagar las obligaciones contraídas.
El sujeto activo no necesariamente debe estar declarado judicialmente en situación de
quiebra, sino que es necesario que se tenga una relación jurídico patrimonial.
Tipo subjetivo:
Es un delito doloso, debido a que le sujeto activo conoce del curso actual de un proceso
para el cumplimiento de una obligación civil, o conoce de alguna sentencia condenatoria, y
a través de las acciones descritas en los verbos rectores, busca insolventarse o imposibilitar
el cumplimiento de la obligación o de la sentencia.
Su consumación se da cuando el sujeto pasivo, no puede hacer cumplir su obligación
coercitivamente o por voluntad del sujeto activo, como consecuencia de la frustración
cometida por este en perjuicio de aquel.
Chile:
Art 466: La persona deudora definidita en el número 25 del artículo 2 de la Ley de
Reorganización y Liquidación de Activos de Empresa y Persona que se alzare con
sus bienes en perjuicio de sus acreedores o que se constituya en insolvencia por
ocultación, dilapidación o enajenación maliciosa de esos bienes, será castigado con
presidio menor en cualquiera de sus grados.
En la misma pena incurrirá si se otorgare, en perjuicio de dichos acreedores,
contratos simulados.
Tipo objetivo:
Debemos referirnos en primera medida que el tipo penal establece dos presupuestos de
protección, el primero es la fe pública y el segundo el carácter patrimonial del acreedor.
Por una parte, cuando en el tipo penal se habla de “persona deudora” se habla de todas
aquellas personas que no sean empresas, accionistas, socios o trabajadores o personas que
no puedan ejercer su profesión sin una empresa, que no hayan declarado renta, evadido
impuestos o demás acciones en que contengan para la administración un interés económico,
esto es, que se encuentren en moras por el no pago de sus deudas frente al orden central.
Y, por otra parte, cuando el tipo penal se refiere a persona que se alzare con sus bienes en
perjuicio de sus acreedores, el tipo penal nos refiere a aquellas relaciones de carácter
jurídico patrimonial, donde el deudor se alzare con los bienes en perjuicio de su acreedor.
El sujeto pasivo se puede entender por un lado la administración pública y por el otro, los
acreedores del deudor,
El objeto material donde recae la acción es real, pero no recae sobre los bienes del sujeto
pasivo sino sobre los bienes del sujeto activo, que con su actuar pone en peligro real el no
pago de las acreencias contraídas por parte de este.
Tipo subjetivo:
Es un delito eminentemente doloso, y al igual que la legislación hasta hora vista (Argentina
y colombiana) requiere el elemento adicional al tipo que es la realización de la conducta en
perjuicio de los acreedores
Su consumación viene dada cuando a través del alzamiento u ocultamiento, se perjudica
realmente el interés de los acreedores o la administración en su interés de satisfacción a las
acreencias que contengan con el deudor, y su poder de satisfacción de esta por medio de los
bienes del sujeto activo o del deudor.
España:
Art 257.1.
1°: Será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a
veinticuatro meses:
1) El que se alce con sus bienes en perjuicio de sus acreedores
2) Quien, con el mismo fin, realice cualquier acto de disposición
patrimonial o generador de obligaciones que dilate, dificulte o impida la
eficacia de un embargo o de un ejecutivo o de apremio, judicial,
extrajudicial o administrativo, iniciado o de previsible iniciación.
2°: Lo dispuesto en el presente artículo será de aplicación cualquiera que sea la
naturaleza u origen de la obligación o deuda cuya satisfacción o pago se
intente eludir, incluidos los derechos económicos de los trabajadores, y con
independencia de que el acreedor sea un particular o cualquier persona jurídica,
pública o privada.
3°: En el caso de que la deuda u obligación que se trate de eludir sea de Derecho
público y la acreedora sea una persona jurídico pública, la pena a imponer será de
uno a seis años y multa de doce a veinticuatro meses.”
Tipo objetivo:
En la legislación española se encuentra necesario que haya una relación jurídica de carácter
patrimonial entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, ósea entre el deudor y el acreedor
respectivamente. De igual forma, se es necesaria la actuación del deudor de buscar frustrar
de manera dolosa el cobro por parte del acreedor de alguna obligación que los relacione ya
sea total o parcialmente.
El derecho de crédito que tengan ambos en la relación exige que esta se encuentre
constituida al momento de realizar el alzamiento, ocultamiento o cualquier otra maniobra
para eludir el pago de la deuda, orden judicial o una previsible iniciación de cobro coactivo
por parte del acreedor. Cabe anotar que no es necesario que la obligación se encuentre
exigible en el momento de la realización de maniobras por parte del deudor.
El inciso segundo del presente artículo, a diferencia de las legislaciones antes vistas e
incluyendo a la nuestra, el deudor puede resultar ser la empresa frente a sus trabajadores
que adquieren la calidad de acreedores, como por ejemplo en situaciones donde se haya
presentado un despido sin justa causa y la empresa deba indemnizar al trabajador, o el pago
de las cesantías debidas a sus trabajadores, así la empresa se insolvente con la finalidad de
evitar el pago de estos créditos.
Al igual que la codificación chilena, el inciso tercero del presente artículo agrega como
sujeto activo a toda aquella persona que tenga una obligación frente a una persona jurídica
de carácter pública.
Tipo subjetivo:
Al igual que en las anteriores codificaciones, se requiere que el sujeto activo tenga como
finalidad la defraudación en perjuicio de sus acreedores de las obligaciones contraídas por
aquel. No basta únicamente que el sujeto activo saque de su masa patrimonial aquellos
bienes que pueden ser sujetos de persecución judicial para la satisfacción de sus créditos,
sino que lo haga con una finalidad adicional al tipo subjetivo, que se encuentra en la
defraudación de esto frente a sus acreedores.
RECOPILACIÓN JURISPRUDENCIAL
Sentencia SP923-2019
M.P. Luis Hernández Barbosa
20 de Marzo del 2019
HECHOS:
El 29 de junio del 2011 GUILLERMO VILLAMIZAR arrolló al menor DIEGO
HERNÁNDEZ con vehículo de propiedad de JOSÉ PASCUAL, causándole graves
perjuicios a su integridad personal.
El 24 de junio de 2012 se intentó conciliar con JOSÉ PASCUAL sin llegar a un
acuerdo.
El 3 y 4 de septiembre de 2012, JOSÉ PASCUAL donó 8 bienes de su propiedad a
sus hijos, a la vez que vendió otro inmueble a José Arias.
GUILLERMO VILLAMIZAR se allanó a cargos y el 13 de marzo del 2013 fue
condenado como autor del delito de lesiones personales contra el menor.
El 2 de mayo del 2013 los padres de DIEGO promovieron acción de
responsabilidad civil extracontractual contra JOSÉ PASCUAL como propietario del
vehículo involucrado en el incidente además de Transporte Villa del Rosario y
Equidad Seguros, persiguiendo indemnización por los perjuicios causados.
El 19 de febrero del 2014 formuló querella contra JOSÉ PASCUAL por el delito
de alzamiento de bienes.
El 22 de septiembre del 2014 fueron imputados tanto JOSÉ PASCUAL como sus
hijos RAFAEL ALEXIS y JULIANA NATHALY QUINTERO CAPACHO,
además de el señor JOSÉ DEL CARMEN ARIAS QUINTERO, por el delito de
alzamiento de bienes agravado.
En primera instancia fue absolvió a los acusados, pero en segunda, el tribunal de
Pamplona revocó la absolución de JOSÉ PASCUAL QUINTERO para condenarlo
a 25 meses de prisión, multa de 25 SMMLV e inhabilidad para ejercicio de
derechos y funciones públicas.
Allí mismo se le concedió condena de ejecución condicional a la vez que dispuso
cancelar las escrituras públicas y anotaciones en los folios de matrícula inmobiliaria
sobre las donaciones y venta referidas
LA DEMANDA
1. NULIDAD POR VIOLACIÓN DEL DEBIDO PROCESO DERIVADA DE LA
CADUCIDAD DE LA QUERELLA
Se alega entonces que la disposición de los bienes por parte de JOSÉ PASCUAL fue el 3 y
4 de septiembre del 2012 pero la querella se instauró el 19 de febrero del 2014, 1 año y 4
meses después, lo cual acorde al artículo 73 de la ley 906 del 2004 está fuera del plazo
máximo de un año para la operancia de la caducidad de la querella
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
PIMER CARGO
SEGUNDO CARGO
En cuanto a la falta de acreditación probatoria más allá de toda duda razonable sobre la
responsabilidad de JOSÉ PASCUAL por el tipo penal de alzamiento de bienes, la corte
consideró, primero, que es una imprecisión decir que la única prueba aportada al juicio fue
el testimonio del señor Luis Alberto Hernández Hernández, padre del menor, pues también
se contó con el testimonio del señor JOSÉ PASCUAL y los folios de matrícula
inmobiliaria.
El testimonio del padre del menor aclaró de forma precisa cómo a la fecha de la audiencia
de conciliación (24/06/12) realizada con el señor JOSÉ PASCUAL, el mismo contaba con
varios bienes registrados a su nombre. Para el 3 y 4 de septiembre del mismo año, poco
tiempo tras aquel intento de conciliación y tras conocer el monto de las pretensiones de los
padres representando al menor (más de 4000 SMMLV), procedió a realizar la donación de
8 inmuebles a sus hijos y la venta de otro a José Arias. Tales operaciones se acreditaron en
los folios de matrícula inmobiliaria aportados como prueba en el proceso.
Sumado a ello, tales operaciones no se realizaron en Pamplona donde radican los bienes
objeto de donación y venta, sino que se realizaron en la notaría de Chinácota para hacer
pasar desapercibidamente tal operación tan cuantiosa e inusual.
Finalmente, del testimonio del mismo JOSÉ PASCUAL, declaró que a su nombre sólo
había un apartamento pues incluso el lugar donde residía estaba a nombre de su hijo Rafael
Alexis Quintero Capacho.
De lo esbozado, la corte concluyó que es totalmente acertado y coherente la conclusión del
tribunal al considerar que es demasiado inusual que un trabajador independiente de 44 años
proceda a hacer tales operaciones y de tal modo, por lo cual se considera acreditada la
materialidad del delito y la responsabilidad del acusado por el delito de alzamiento de
bienes.
Es así como el segundo cargo no prosperó.
TERCER CARGO
Respecto del último cargo, la corte se centra en citar la sentencia con rad. 28711 del 23 de
abril del 2008 M.P. Sigifredo Espinosa Pérez, de la cual extrae el siguiente fragmento
"La existencia del delito depende de que medie una relación jurídica obligacional en
el momento de la realización de la acción. La obligación debe estar, por tanto,
determinada o ser determinable y poder ser objeto de materialización por los medios
del derecho civil de ejecución, razón por la cual se excluyen las reclamaciones no
realizables como, por ejemplo, las provenientes de los negocios ilícitos"
Y la sentencia con radicado 35438 del 16 de enero del 2012 M.P. Augusto Ibáñez Guzmán
de donde se resalta los siguientes apartados:
"Pueden existir obligaciones que, por ser claras, expresas y exigibles gozan de título
ejecutivo y, por lo tanto, se pueden perseguir inmediatamente por la vía ejecutiva y
otras que surgen como consecuencia de alguna de las fuentes de derechos personales
y cuya cuantía en términos patrimoniales se debe definir a través de un proceso
ordinario.
(…)
Sin embargo, no se puede predicar válidamente que los derechos de crédito nacen a
la vida jurídica al momento de la declaración judicial, es decir, cuando se establece
el monto exacto de la prestación y son exigibles. No, tal como se anunció atrás, las
obligaciones pueden tener su fuente en el contrato o convenio, en el acto jurídico
unilateral (v.g. la herencia), en el delito, en el enriquecimiento sin causa, en la
responsabilidad civil y en la ley y, es a través de ellos que los derechos personales
emergen como actos jurídicos que de ser incumplidos pueden ser requeridos
coactivamente.”
De allí se concluye que con las actuaciones penales contra el conductor de su vehículo y la
fallida conclusión con el procesado, se estaba en curso de un proceso de responsabilidad
civil extracontractual respecto de tal y es más clara aún la calidad de responsable como
acreedor que tiene cuando el conductor fue condenado penalmente.
Por lo tanto, el tercer cargo no prosperó y se decidió no casar la sentencia
HECHOS
Después de que Manuel Antonio Santos Muñoz y María Constanza Arias Lozano
fueran notificados de la referida demanda en el mes de septiembre de 2001, los
esposos transfirieron el dominio de la mayoría de los bienes muebles e inmuebles
propios y de la empresa a familiares –como los padres de aquella- y personas
cercanas, de forma tal que se produjo la liquidación de la sociedad, sin que el
demandante obtuviera la cancelación de la totalidad de sus acreencias laborales.
LA DEMANDA
PRIMER CARGO:
Considera pues que para tener esa calidad debe gozar de “un derecho claro, expreso y
exigible al momento de la petición de cobro”
En ese sentido, estima errado el raciocinio del juzgador toda vez que no consulta la
naturaleza del proceso ordinario en que fueron demandados los enjuiciados, la cual es
diversa de los de carácter ejecutivo, pues solo en los de esta clase los titulares de un
derecho cierto (claro, expreso y exigible) pueden hacerlo valer.
Enfatiza que para el momento de la denuncia -12 de agosto de 2002- el ofendido no era
acreedor porque esa calidad la adquirió con el fallo condenatorio de la jurisdicción laboral.
Así mismo, que de acuerdo con el Tribunal Superior de Bogotá son títulos ejecutivos los
que contienen un derecho claro, expreso y actualmente exigible, lo que significa que
cuando se vendió el inmueble, la obligación no era actual y en ese orden, no existía
acreedor. De allí desprende su argumentación.
SEGUNDO CARGO
Fundado en las causales de casación contenidas en la ley 600 del 2000, el demandante
acusa el fallo de segundo grado de incurrir en violación directa de la ley sustancial por
aplicación indebida de los artículos 21 y 66 ejúsdem.
Esto en razón que, la orden de cancelación de los registros inmobiliarios se hizo sin
considerar que están en cabeza de terceros que los adquirieron de buena fe y no fueron
oídos en el proceso violando sus derechos a la defensa y el debido proceso.
El interés para recurrir la sentencia por este aspecto se deriva de los efectos jurídicos de la
cancelación de las anotaciones frente a los terceros afectados, ya que su prohijado y la
coprocesada tendrían que asumirlos.
A los terceros nunca se les comprobó un actuar doloso o exento de culpa para generarles tal
perjuicio patrimonial. Además, dichos folios no reflejan anotación alguna que evidenciara
la existencia del proceso penal o de alguna medida cautelar, razón por la que los terceros de
buena fe no tenían cómo conocer de las disputas que recaían sobre los bienes. El hecho de
ser familiares o amigos no los hace ser automáticamente coparticipes del actuar delictivo de
los procesados.
Remata afirmando que no habiendo sido vinculados los terceros como partícipes o
favorecedores del reato, se debe presumir su buena fe en el negocio jurídico, máxime
cuando al momento de la enajenación, los vendedores estaban en libertad de celebrarlo pues
la presunta víctima no era su acreedor y la compraventa se realizó atendiendo los artículos
745, 749, 751 y 759 del Código Civil.
CONSIDERACIONES DE LA CORTE
PRIMER CARGO
Se parte por determinar el alcance del ingrediente normativo: acreedor, contenido en el
artículo 253 de la Ley 599 de 2000 a efecto de establecer si el delito de alzamiento de
bienes se configura sólo cuando la obligación respecto del acreedor es exigible por la vía
ejecutiva o basta que sea determinable y surja por ejemplo, del mero acuerdo de voluntades.
Es así como, la corte citando la sentencia de radicado 28711 del 23 de abril del 2008 M.P.
Sigifredo Espinoza Pérez, extrajo los siguientes apartados:
El tipo penal exige, además, que estas acciones -alzarse, ocultar o cometer
cualquier otro fraude-, sean cometidas por el autor con la finalidad de
“perjudicar a su acreedor”. Por lo tanto, la insolvencia como tal carece de
relevancia si el autor no dirige su acción a perjudicar a sus acreedores, consígase
o no el perjuicio. Advierte la Sala, no puede haber delito si, a pesar de que se
dispone de bienes, quedan otros suficientes para hacer frente a las deudas, pues
de lo contrario, la mera reclamación o incluso asunción de cualquier deuda,
impondría el inmovilismo en el patrimonio del deudor por nimia que la deuda
fuera o ingente que fuera su patrimonio.
El objeto material del delito de alzamiento de bienes, lo constituye, por tanto, los
bienes de propiedad del deudor que tengan la cualidad de embargables. De
conformidad con el artículo 63 del Código Civil, los bienes consisten en cosas
corporales e incorporales: “Corporales son las que tienen un ser real y pueden
ser percibidas por los sentidos, como una casa, un libro. Incorporales las que
consisten en meros derechos, como los créditos y las servidumbres activas”.
Como ya se advirtió, la existencia del delito depende de que medie una relación
jurídica obligacional en el momento de la realización de la acción. La obligación
debe estar, por tanto, determinada o ser determinable y poder ser objeto de
materialización por los medios del derecho civil de ejecución, razón por la cual
se excluyen las reclamaciones no realizables como, por ejemplo, las
provenientes de los negocios ilícitos.
“Las obligaciones son civiles o meramente naturales. Civiles son aquellas que
dan derecho para exigir su cumplimiento. Naturales las que no confieren
derecho para exigir su cumplimiento, pero que cumplidas autorizan para
retener lo que se ha dado o pagado, en razón de ellas.”
De allí se extrae la lógica conclusión de que será obligación civil toda aquella que es
exigible coactivamente y podría esta nacer (entre otras fuentes) del contrato.
Es cierto que hay obligaciones que por ser claras, expresas y exigibles se someten a
procesos ejecutivos directamente. Mientras que aquellos donde no es cuantificable la
onerosidad de la obligación, pero hay una fuente obligacional, debe remitirse primero al
establecimiento por vía judicial de la cantidad patrimonial adeudada.
1
BAENA UPEGUI, Mario. De las obligaciones en derecho civil y comercial. 3ª edición. Editorial
Legis. Bogotá. 2000. p. 18
Esbozado esto, la corte aclara que una obligación no surge desde el momento de
pronunciarse una sentencia judicial, es desde la aparición de una fuente de las
obligaciones y desde allí la jurisdicción ha manifestado medios de protección a los
intereses del acreedor. Es así que, considerando una amplia protección por la norma
penal, en cuanto a la posible insolvencia presentada por el deudor para afectar al
acreedor, pues no se puede abstraer del ámbito de protección de la norma penal, las
obligaciones que pese a no estar determinadas o completamente identificadas, son
determinables por su especie, género y cantidad.
En cuanto al contrato laboral como fuente de obligación que ocupa el caso, se denota
por la corte que sería un absurdo el considerar que las obligaciones surgidas allí pero
que no han sido declaradas judicialmente no son objeto de protección jurídico penal,
pues precisamente se les reconoce su estatus antes de ser cuantificadas en proceso
declarativo, y ese estatus se reconoce porque empieza a correr el término para la
prescripción de un derecho cierto y exigible.
Se cita a Muñoz Conde quien hace referencia a este tipo en la legislación española y
dice:
“el tipo objetivo de todos los delitos que hemos incluido bajo el nombre de
alzamiento de bienes descansa en la existencia de una relación jurídica
obligacional, que debe ser preexistente a la comisión del delito, aunque no es
necesario que esté vencida”
Sobre el mismo punto la corte resalta el desarrollo doctrinario por Vives Antón quien
afirma:
“La jurisprudencia ha exigido que, al menos algunas de las obligaciones que pesan
sobre el deudor, y cuyo cumplimiento pretende eludir con la ocultación de bienes,
se hallen vencidas y sean líquidas y exigibles (vid. V.g. sentencia de 9 de junio de
1986-Ar 3122-). Este parece ser el criterio adoptado por Bajo Fernández. Sin
embargo, puesto que se es deudor antes de que la obligación haya vencido, puesto
que la conducta de ocultar los bienes antes del vencimiento de las obligaciones
puede perjudicar al acreedor y, finalmente, puesto que el tipo no exige que las
deudas se hallen vencidas, parece que la exigencia de un tal requisito carece de
base”2. (Subrayado de la corte)
Concluye entonces la Corte que el tipo objetivo no se agota con el incumplimiento de la
obligación por el deudor, pues, ese es un asunto eminentemente civil que debe debatirse
allí, sino con la acción distractora del deudor de los bienes embargables de su
propiedad para impedir la satisfacción en ellos del derecho de crédito por el
acreedor.
SEGUNDO CARGO
2
VIVES ANTON. T.S. Derecho Penal. Parte Especial. Editorial Tirant lo Blanch. Valencia 1993. p.
893.
Se esboza primero que la falta de controversia frente a los resultados adversos de una
sentencia para la parte será objeto de preclusión considerando así conformidad con los
sentenciado.
El interés directo para impugnar el fallo de segunda lo tenían los actuales propietarios
quienes se ven afectados patrimonialmente con la decisión, pero también la posee el
procesado pues le afecta patrimonialmente de modo indirecto pues frente a los
compradores de buena fe derivaría responsabilidad por la cancelación de los registros.
Para el cumplimiento de tales fines el juez, envestido por una serie de herramientas que
le otorga el legislador, puede para el caso previsto, cancelar los títulos y registros
obtenidos fraudulentamente. Se cita la norma en el artículo 66 de la ley 600 del 2000.
Aceptar lo contrario sería reconocer en el delito una fuente de derechos como justo
título en la adquisición de derechos reales sobre un bien.
Aún así, se requiere el llamado a terceros que puedan verse afectados, una vez
configurado el tipo objetivo y verse inminente la toma de tal decisión, para que los
terceros ejerzan su derecho a contradicción. Si no es posible su comparecencia, les
quedará la vía civil para repercutir por el pago de perjuicios e indemnizaciones debidas.
Aún así, al revisar el fallo, se denota que se ordenó la cancelación sólo de la anotación
de una transacción, dejando fuera otras que también se fundan en una causa ilícita y
permiten un restablecimiento del derecho imperfecto por lo que la Corte procedió a
casar parcialmente de oficio para así adicionar la cancelación de las demás escrituras
que contaban con una causa ilícita común
HECHOS
Con fundamento en una disputa societaria, PEDRO VÉLEZ DÍAZ y Gladys
Rosario, suscribieron, el 3 de abril de 2000, un contrato de transacción en el cual el
primero se comprometió a ceder a la segunda, a título de venta, la totalidad de las
cuotas o partes sociales que éste poseía en la compañía, o sea, 30.895 cuotas
sociales. A su turno, la señora Gladys Rosario se comprometió a pagarle la suma de
175.000 dólares de la siguiente forma: Al momento de la suscripción del contrato de
transacción US $52.000; el 30 de septiembre de 2000, la suma de US $32.347.66; el
30 de diciembre la suma de US $31.773.43; el 30 de marzo de 2001, la suma de US
$31.199.21.
Para respaldar la obligación, se pactó que la señora Gladys Rosario constituyera a
favor de PEDRO VÉLEZ DÍAZ, cuatro prendas sin tenencia de primer grado sobre
cuatro grupos de cinco mil cuatrocientos seis (5.406) cuotas sociales cada uno.
Tales prendas serían levantadas por el cedente a medida que recibiera el pago del
precio acordado para las mismas, lo cual se cumplió estrictamente en relación con el
grupo de las tres primeras.
La cuota final en dólares fue cancelada en marzo de 2001 por Gladys Rosario,
pero Vélez Díaz omitió cumplir con el levantamiento de la prenda, para lo cual
se le llamó a proceso ejecutivo para el cumplimiento de la obligación de hacer.
El mandamiento de pago ordenó que se registrará ante la Cámara de Comercio
el levantamiento de la prenda. Además se solicitó pago de “ TRECIENTOS
MILLONES DE PESOS ($[Link]) M/Cte., por concepto de perjuicios
solicitados por la actora y sus intereses del 37066% (sic) anual a partir del día
30 de marzo de 2001 y hasta cuando el pago de la obligación se produzca”
El 18 de octubre de 2001, a petición de la demandante, se decretaron medidas
cautelares de embargo y posterior secuestro sobre dos vehículos automotores del
demandado, 450 acciones que PEDRO VÉLEZ poseía en la sociedad Lexsys Ltda. y
de un inmueble ubicado en la calle 22B No. 65-28, torres 2, de Bogotá, cuya
propiedad inscrita no se hallaba a su nombre.
Para cuando se solicitó las medidas cautelares ya había sacado de su patrimonio
aquellos bienes objeto de embargo al vender los automotores y traspasado las
cuotas en la sociedad Lexys Ltda.
Finalmente, el procesado levantó la prenda el 7 de noviembre de 2001, antes de
ser notificado del mandamiento ejecutivo de pago, motivo por el cual el juez
civil, en sentencia del 4 de octubre de 2005, desestimara las pretensiones de la
demandante, entre ellas la condena a pagar los perjuicios alegados, por su falta
de demostración.
El Juzgado 18 Penal Municipal de Bogotá dictó sentencia de primera instancia
condenando a PEDRO VÉLEZ DÍAZ, como autor de la infracción por la cual se le
acusó, determinación que fue apelada por su defensor, siendo confirmada en su
integridad en el fallo de segunda instancia llegando a la corte por recurso de
casación por la vía excepcional, admitido en proveído del 28 de noviembre de 2007.
DEMANDA
1. VIOLACIÓN DIRECTA DE LA LEY SUSTANCIAL
Considera se aplicó indebidamente el artículo 253 del CP pues el ejercicio de
adecuación típica fue desacertado, ya que era atípica la conducta.
La errada consideración se funda en que se observó que la relación jurídico obligacional
podía ser de cualquier tipo cuando debe ser de carácter patrimonial implícito del cual se
pueda derivar una restricción al derecho de disposición ilimitada de toda persona sobre
su patrimonio.
En torno a estas obligaciones se desprenden dos sucesos, uno referente al
incumplimiento que no es lo que el derecho penal protege y sí lo es, el derecho a
satisfacerse en el patrimonio del deudor.
Es así como, no es procedente el delito acusado, pues se consideró que la obligación de
hacer era una obligación de contenido patrimonial que implicara al señor Pedro Vélez
Díaz el limitarse en la disposición libre de su patrimonio.
Por eso, el apoderado de la señora Gladys Rosario demandó ante el Juzgado 29 Civil del
Circuito como obligación principal la ejecución del hecho debido, obligación que según el
contrato debía cumplir el 30 de marzo de 2001, y sólo como cuestión accesoria la condena
en perjuicios, es decir, que en el caso no se podía hablar de crédito, hasta la existencia de
una sentencia en firme que declarara la responsabilidad subsidiaria, como lo dispone los
artículos 501 y 495 del Código de Procedimiento Civil.
Se remata sustentando con fundamento en las sentencias de julio 24 de 1985 y 14 de
marzo de 1996 de la sala civil de la corte, que el sólo incumplimiento por sí solo, no
implica la condena al pago de perjuicios.
CONSIDERACIONES
BREVE RECUENTO HISTÓRICO
En cuanto a un breve desarrollo histórico del tipo, se encuentra desde el código penal de
1936 donde se diferenciaba la conducta típica entre comerciantes y asuntos civiles.
Luego con la expedición del código de comercio del 71 se añadió como ilícito mercantil
“los delitos de quiebra”. Ya en el Código Penal de 1980 se incluyó en el alzamiento de
bienes a los no comerciantes. No obstante, posteriormente se derogarían las normas
penales de quiebra de comerciantes dejando incluidos sólo a los civiles.
Con la entrada en vigor del Código Penal del 2000 en su artículo 253 del alzamiento de
bienes se incluyó a todos los sujetos.
PRIMER CARGO
Pese a las consideraciones del censor y procurador delegado, respecto de las
obligaciones de hacer no son de contenido patrimonial como lo exige el tipo penal, la
corte manifiesta que no puede desconocer que toda obligación conlleva una
responsabilidad de contenido patrimonial, en el caso concreto, aun siendo una
obligación de hacer, el deudor está llamado a responder con su patrimonio en caso de
incumplimiento. Al respecto se cita el artículo 1610 del C.C. sobre las obligaciones de
hacer donde se puede exigir 3 distintas pretensiones de ejecución en caso de constituirse
en mora el deudor.
Es así como realmente junto a la obligación de ejecución se encuentra otra subyacente o
correlativa del pago de su patrimonio por la mora, y es esto lo que sanciona el derecho
penal al ser maniobras del deudor tendientes a hacer ineficaz el cumplimiento de sus
obligaciones.
Lo que se pretende proteger es el contenido patrimonial de una obligación en caso de
incumplimiento, como comúnmente sucede, para evitar insolvencias que defrauden las
expectativas del acreedor.
En el caso concreto se valida que existía una obligación por la que la señora Gladys
Rosario tenía interés en satisfacer su crédito.
Además, se hace hincapié en que es falso que la pretensión de pago de perjuicios en la
demanda de la señora Gladys fuese subsidiaria, ya que nunca se establece aquello
dentro de la demanda y aunque así fuera, no desvirtúa la calidad patrimonial de la
obligación que faculta la exigencia del pago de perjuicios por la mora.
Luego, como se consideró que no se requiere la obtención de un resultado externo sino
con la mera conducta allí encaminada, pues para el caso no se requería proferir
sentencia en la jurisdicción civil para la configuración de la figura delictiva, bastaba la
demostración de que las transacciones comerciales realizadas por el procesado VÉLEZ
DÍAZ se realizaron con ocasión de las medidas cautelares.
Por ello el cargo no procedió.
SEGUNDO CARGO
Al respecto, sobre la no valoración de la ausencia del ingrediente adicional al dolo, se
rescata lo mencionado por el fallador de primera instancia, quien afirmó que no se había
acreditado tal fin de viaje con prueba sumaria. Al respecto se cita el fallo en lo
siguiente:
“No resulta creíble que si VÉLEZ DÍAZ, necesitaba suficiente dinero en
efectivo para el supuesto viaje al extranjero, primero, realizara las ventas por
valores irrisorios y a sus propias hijas, segundo, porque inclusive resulta
dudoso que hasta las hubiese concretado a cambio de libros, cuando, se insiste,
su fin era obtener dinero de forma inmediata”
Por ello, se justifica que el fallador no haya referenciado las pruebas a las que alude el
censor pues no se consideraron como suficientemente válidas para acreditar la
motivación de viaje siempre que se encuentran la irregularidades o anomalías citadas,
además de realizar las conductas tras el inminente riesgo de embargo por el proceso
ejecutivo en su contra.
También se desestimó este cargo
TERCER CARGO
Respecto del tercer cargo acerca de la insistente búsqueda de un paz y salvo para
levantar la prenda, se sigue lo esbozado por el procurador, al considerar que la no
valoración de este evento no es relevante.
La razón de esta consideración es que como se expuso, las consecuencias que se
desprenden de los derechos de crédito son 2, una referente al derecho de cumplimiento
obligacional y otra al derecho de satisfacer el incumplimiento en el patrimonio del
deudor. Es así que, lo mencionado no interesa al derecho penal, sería propio del derecho
civil. La condición aludida por el censor, no excluye la responsabilidad de responder
por el incumplimiento de sus obligaciones, manteniendo el patrimonio en condiciones
de respaldar sus deudas.
Por ello la alegación esbozada por el demandante hace referencia netamente a eventos
del incumplimiento contractual lo cual no es propio del derecho penal sino del civil
como se ha reiterado. Se concluye lógicamente no casar tampoco el último cargo.
Encontramos el tipo penal por primera vez, establecido en el código penal de 1890, el cual
en su artículo 818 nos indica que:
“Los deudores insolventes, que sean convencidos de ocultación maliciosa de bienes,
contratos simulados, suposición de deudas, o de cualquiera otra operación dolosa o
fraudulenta que demuestre claramente mala fe e intención de causar perjuicio a uno o más
acreedores legítimos, y los que, a sabiendas, cooperen a estos actos, serán castigados con
reclusión por uno a tres años, aunque el fraude o engaño no haya surtido los efectos que se
propuso el deudor. Si la cantidad de lo no pagado no excede de mil pesos, la pena será de
uno a tres meses de reclusión”.
Según la descripción típica, el tipo penal es de mera conducta porque no exige el resultado,
que serían los efectos que se propuso el deudor, se castiga simplemente la intención de
perjudicar el patrimonio o el derecho que tiene el acreedor de hacer exigible la obligación.
También es de anotar, que el delito se consumaba en el momento en que el deudor generaba
su insolvencia de forma dolosa para no pagar sus obligaciones, por lo tanto es erróneo
afirmar que el tipo penal se consumaba cuando se le había generado algún daño económico
al creedor.
En el código penal de 1936 también encontramos el tipo penal en el artículo 422, el cual
establece: “El que no siendo comerciante, se alzare con sus bienes o los ocultare o
cometiere cualquier otro fraude, con el propósito de perjudicar a sus acreedores, incurrirá
en arresto de un mes a tres años”.
Resaltamos la expresión: “El que no siendo comerciante”, con el objetivo de explicar que
en aquellas épocas, en donde se expide el código de 1890 y 1936, se regulaba de forma
independiente el alzamiento de bienes pero para quienes tenían la posición de comerciantes,
es decir que el sujeto activo era cualificado, y este se daba cuando el comerciante era
declarado en quiebra y como consecuencia de esto, realizaba ciertas maniobras fraudulentas
para perjudicar a sus acreedores y así librarse de ciertas obligaciones que había contraído
con anterioridad. Tales maniobras fraudulentas consistían en:
1. Simular o suponer deudas, enajenaciones, gastos o pérdidas: por ejemplo simular que
enajenó todos sus bienes para pagar otra deuda, siendo esta deuda inexistente. Esto con el
fin de hacer creer a su acreedor que ya está en estado de insolvencia por otras deudas.
2° Sustraer u ocultar alguna cosa que corresponda a la masa: Por ejemplo ocultar o vender
algún bien valioso, para que el acreedor no se dé por enterado de que este bien pertenecía al
patrimonio del comerciante y así, no pueda exigirlo.
3° Conceder ventajas indebidas a cualquier acreedor, es decir permitirle a los demás
acreedores que lo dejen en situación de insolvencia, para que no pueda ser exigible el
cumplimiento de otras obligaciones.
Posteriormente en el decreto 100 de 1980, volvemos a encontrar el tipo penal de alzamiento
de bienes en el artículo 362, el cual establece:
“El que no siendo comerciante alzare con sus bienes o los ocultare o cometiere cualquier
otro fraude para perjudicar a su acreedor, incurrirá en prisión de seis meses a tres años y
multa de un mil a cien mil pesos”.
Por ultimo encontramos la ley 599 del 2000, que es el código penal actual y lo encontramos
en su artículo 253, el cual establece:
“El que alzare con sus bienes o los ocultare o cometiere cualquier otro fraude para
perjudicar a su acreedor, incurrirá en prisión de dieciséis (16) a cincuenta y cuatro (54)
meses y multa de trece punto treinta y tres (13.33) a trescientos (300) salarios mínimos
legales mensuales vigentes”.
En segundo lugar, observamos un aumento de las penas de prisión y de multa, las cuales
fueron modificadas por la ley 890 del 2004.
DOCTRINA
El tipo objetivo del delito de alzamiento de bienes descansa en presupuestos que emanan
del derecho civil de las obligaciones, pues es condición esencial de su existencia una
relación jurídica-obligacional, en virtud de la cual una persona, deudor, se obliga a la
realización de una prestación a favor de otra, acreedor.
La circunstancia que permite que el tipo sea incluido en el titulo de los delitos contra el
patrimonio económico, deriva que la obligación que vincula a los actores, debe ser de
carácter patrimonial.
El bien jurídico que se protege es el patrimonio del acreedor, pues precisamente la acción
consiste en trasladar, ocultar, o cualquier otro fraude, con el fin de excusarlos de las
acciones de los acreedores, generando así, un detrimento de los intereses del acreedor.
El objeto de tutela del tipo, va dirigido a sancionar penalmente la conducta del deudor,
dirigida a simular una situación de insolvencia con el fin de defraudar a su acreedor.
Ahora bien, la descripción típica hace referencia a retirar cualquier objeto de la masa de los
bienes, con intención fraudulenta.
Como consecuencia de esto, se debe destacar que al derecho penal no le interesa el mero
incumplimiento de las obligaciones, sino aquellas conductas fraudulentas por las que el
deudor frustra el derecho que tiene el acreedor a satisfacerse en su patrimonio.
El tipo penal exige, que la realización de los verbos alzar, ocultar o cometer cualquier otro
fraude, estén encaminados a perjudicar al acreedor. Por lo tanto la insolvencia, no adquiere
relevancia, si no se hace con el fin de perjudicar a los acreedores.
Hay que advertir que es delito de mera conducta, pues no exige el resultado de un perjuicio,
simplemente basta con la intención de perjudicar al acreedor.
Algo muy importante es que no se configura el delito, cuando se dispone de bienes, pero
quedan los suficientes para cumplir con las deudas, pues de lo contrario, estaríamos
asumiendo que con la mera adquisición de una deuda, se impone un inmovilismo en el
patrimonio del deudor.
Referencias:
Donna, Edgardo (2001) Derecho penal: Parte especial. Tomo IIB. Buenos Aires. Rubinzal
Culzoni Editores.
España, Victor. Aoulad, Abdeslam. Cooridinadores. (2015) Cuestiones Penales. A
propósito de la reforma penal de 2015. Madrid. Dykinson, S.L.
Guerra, Fernando. Hernandez, Cristobal. (2018) Aproximacion jurídico penal al injusto del
delito de alzamiento de bienes. Tesis de grado. Universidad de Chile.
MONTENEGRO, Calixto. Montenegro Beltrán, Esperanza. Delitos contra el patrimonio
económico. Segunda edición. Ediciones jurídicas Gustavo Ibáñez, Bogotá, 1997.
Suarez, A. (2019 [2003]). Lecciones de derecho penal: parte especial. Bogotá. Universidad
Externado de Colombia. Departamento de Derecho Penal y Criminología.