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Entrevista a Roque Dalton

Este documento presenta una entrevista realizada por Mario Benedetti a Roque Dalton en 1969. En la entrevista, Dalton resume la evolución de su poesía desde sus inicios influenciado por Neruda hacia una poesía más compleja e ideológica que aborda los problemas políticos de El Salvador a través de personajes y anécdotas. También discute su libro ganador del Premio Casa de las Américas, "La taberna", el cual incluye poemas basados en conversaciones escuchadas en una taberna checa que reflejan las ideas de

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Entrevista a Roque Dalton

Este documento presenta una entrevista realizada por Mario Benedetti a Roque Dalton en 1969. En la entrevista, Dalton resume la evolución de su poesía desde sus inicios influenciado por Neruda hacia una poesía más compleja e ideológica que aborda los problemas políticos de El Salvador a través de personajes y anécdotas. También discute su libro ganador del Premio Casa de las Américas, "La taberna", el cual incluye poemas basados en conversaciones escuchadas en una taberna checa que reflejan las ideas de

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UNA HORA CON ROQUE DALTON

(El Salvador, 1935-1975)

Mario Benedetti

Entrevista publicada en Marcha,


28 de febrero y 7 de marzo de 1969.
Reproducida también en: Mario Benedetti: Cuaderno cubano
Montevideo: Arca, 1969, pp. 113-132

El jurado de poesía del Premio Casa de las


Américas (integrado por Efraín Huerta, de
México: José Agustín Goytisolo, de España;
Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de
Haití: y Roberto Fernández Retamar, de
Cuba) tuvo que elegir entre 221
participantes. La decisión fue sin embargo
unánime, y premió, no sólo a uno de los
poetas más vitales y removedores de América
Latina, sino también a uno de los que mejor
han sabido conjugar el compromiso político
con el rigor artístico. Roque Dalton (autor de
La taberna y otros poemas) nació en San
Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935.
Estudió antropología y derecho. Es miembro del PC salvadoreño
desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista,
participando activamente en la política de su país. En varias
oportunidades ha estado preso por su actividad revolucionaria, y en
1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar.
Posteriormente ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964
fue nuevamente apresado, pero esta vez consiguió fugarse. En los
últimos años ha residido en Checoslovaquia y Cuba. Su obra poética
y ensayística ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado tres
libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del
ofendido, 1963; Los testimonios, 1964.

MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu


poesía?

ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas lati-


noamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo
de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el
himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la
poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue
debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El
Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de
su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por
ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político,
para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria,
sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir
cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más
individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi
poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resultaron
suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización
de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más
cargada de ideas.

MB: En esta etapa precisa ¿usas también la poesía de personajes?

RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro premiado está cargado de
personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en
contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una
contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es
quien puede resolverla.

MB: ¿Y la zona subjetiva?

RD: También existe, por supuesto. Incluso para enfrentar la historia


hay expresiones de ese tipo: simplemente opiniones que surgen de
una apreciación subjetiva de la realidad.

MB: ¿Cómo calificarías La taberna y otros poemas con respecto a tu


obra anterior? ¿Continuidad o ruptura?
RD: Yo diría que ambas cosas. Desde el punto de vista del desarrollo
de la expresión, es continuidad. Ahí están presentes la poesía de
personajes, la índole narrativa, la utilización de la anécdota, etc. Pero
es también ruptura en la medida en que plantea, y acentúa de una
manera nueva, la expresión política, llevando así el conflicto a lo
ideológico, y rompiendo con una serie serie de estructuras caducas del
movimiento revolucionario en el que de algún modo estoy inmerso.

MB: Tengo entendido que el primer título fue “Poemas problemas”.

RD: Exactamente. Ese título tenía para mí dos significados: por una
parte, yo estaba entonces influido por el movimiento de poesía
concreta y quería jugar un poco con la tipografía (ahora la poesía
concreta ha dejado de interesarme como juego tipográfico): fíjate que
la palabra problemas sólo tiene tres letras más que la palabra poemas.
Aparte de eso, reflejaba, desde el punto de vista del contenido, la
esencia de lo que yo quería expresar en este libro, es decir: poemas
que, al sumergirse en la lucha ideológica, se convertían ellos mismos
en problemas.

MB: ¿Y por qué le cambiaste el título?

RD: La situación planteada en el libro es verdaderamente


problemática: acentuarla más aún desde el título, hubiera sido
repetitivo, tautológico.

MB: Creo que el gran poema del libro es el titulado “Taberna”.


También fue el que más impresionó a los jurados, a pesar de su
inusual extensión. ¿Cuál fue su génesis?

RD: “Taberna” es virtualmente una crónica de los esquemas mentales


de un sector importante de la juventud checa, en los años 1966 y
1967. El método de trabajo fue el siguiente: hay en Praga una taberna
muy famosa, una cervecería que data del siglo XIII, llamada Ufleku,
donde se reúne la juventud checa a beber cerveza y a conversar;
también concurren muchos extranjeros residentes en Praga. En varias
oportunidades, escuché allí trozos de conversaciones; eran de tal
interés (sobre todo si se considera el marco en que se daban: un país
socialista, a veinte años de revolución) que me impulsaron a tomar
apuntes. De pronto me di cuenta de que eso era un material
sociológico y que yo estaba efectuando una suerte de furtiva encuesta
acerca de toda una ideología. Confieso que empecé sin propósitos
demasiado definidos, simplemente ordenando lo que recogía; luego
pensé que el posible mérito era la propia existencia de ese material, y
que el trato más adecuado debía ser una rigurosa objetividad. Me
decidí entonces a construir un poema, debido a que las expresiones re-
cogidas tenían suficiente calidad literaria; un poema en el que fuera
posible introducir aquellas expresiones, dejando que por sí mismas
construyeran sus posibilidades de conflicto. Las yuxtapuse y les di
algún tipo de montaje, pero sin intención de jerarquizarlas entre sí.
Algo así como un poema-objeto; sin embargo, la carga política era tal,
que dejó de ser un poema-objeto para convertirse en algo
eminentemente político.

MB: Desde un punto de vista formal ¿qué diferencia hay entre el


procedimiento que utilizaste y el corrientemente usado por etnólogos o
antropólogos? Pienso en Oscar Lewis, o, para mencionar un ejemplo
cubano, en Miguel Barnet.

RD: En el caso de Barnet, había un propósito original. No hay que


olvidar que Miguel tiene formación científica y trabajó con la intención
de reconstruir un período de la historia cubana. En cambio, mi punto
de partida fue mucho más ingenuo. Yo partí del asombro político que,
como comunista extranjero en Praga, experimenté al enfrentarme con
un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que
llevaba veinte años de socialismo. Además, la experiencia del so-
cialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido ele lo heroico, el
fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario,
eran desde luego el pan de cada día para la juventud; en cambio, la
problemática planteada por los jóvenes praguenses, era una mez-
colanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, esnobismo,
nihilismo; o sea una cantidad de formas ideológicas que el
imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se
encarga de oprimir.

MB: Ya sé que hay inevitables distorsiones de la memoria, y no me


refiero a ellas cuando te hago la pregunta: ¿nunca pusiste en boca de
los jóvenes alguna expresión inventada?

RD: Prácticamente no inventé nada. Claro que en la labor ele montaje


hubo algunos giros complementarios. Y eso daba la continuidad de un
pensamiento a otro. A veces, ante la perspectiva de que un
pensamiento pudiera ser mejor entendido con el agregado de una
metáfora, hice anotaciones en ese sentido. Por ejemplo, hay un
momento en que hablan de África en una forma un poco despectiva.
Entonces construyo una metáfora cam gala de ese contenido de
menosprecio, y pongo en boca de uno de los muchachos estas
palabras: “África, ese mercado negro”. Nadie las dijo nunca en la
taberna, pero son un afinamiento de lo que querían decir.

MB: La sección checa del libro ¿fue escrita antes o después de los
acontecimientos de agosto de 1968?
RD: Fue escrita en los años 1966 y 1967, o sea
cuando viví en Praga.

MB: Me parece importante destacarlo, porque


los sucesos de 1968 pueden cargar tus poemas
de un sentido muy particular.

RD: Desde luego. Mis poemas representan la vi-


sión de un latinoamericano, en esos aros, o sea
cuando se estaban gestando muchos de los
conflictos de hoy. La parte checa es la sección
final del libro. La parte intermedia es una visión
de mi país, a partir de una mirada extranjera.
Otra vez una poesía de personajes. Pongo a
hablar a los integrantes de una familia inglesa, muy decadente y
aristocrática, que llega a El Salvador con el objeto de rehacer su
fortuna, perdida en Inglaterra, y que se enfrenta a las condiciones de
un país subdesarrollado, con la actitud de la aristocracia inglesa venida
a menos. Tuve noticias de esa familia por expresiones que le oí a mi
padre (quien, como sabes, era norteamericano), refiriéndose a la total
incomprensión con que esos ingleses miraban el país. Esbocé esos
personajes melancólicos, y construí una serie de poemas que son una
manera de reírnos los latinoamericanos de la visión que de nosotros
tienen los europeos. Por último, y ya que seguimos un orden inverso,
la parte introductoria del libro está compuesta por una colección de
poemas sin mayor unidad, acerca de temas varios.

MB: Y la línea amorosa, que ha sido bastante importante en tu poesía,


¿prosigue en este libro?

RD: Sí. Prosigue en todos los niveles; tanto en los poemas sueltos,
donde hay problemas amorosos personales, como en los referentes a
la familia inglesa, donde se tiene en cuenta el conflicto amoroso
decadente. Por último, están presentes algunos aspectos del amor en
el seno de una sociedad socialista, cuando el amor y la sociedad se
enfrentan desde el punto de vista de una conciencia deformada. Es el
caso de la decantación del amor sobre la base de una vida común,
cimentada en falsos valores. Hay un poema que se titula “Historia de
un amor” y que está integrado por una serie de documentos sobre el
destino trágico de una pareja, formada por un extranjero y una
muchacha checa que se casan en Praga y empiezan a vivir falsamente
el socialismo; finalmente, el matrimonio se destruye de la manera más
burguesa posible.

MB: Por los fragmentos que conozco de tu libro, y por lo que ahora me
cuentas, veo que podría ser considerado como poesía comprometida.
Ahora bien, ¿qué sentido le das al compromiso?
RD: Me parece que para nosotros latinoamericanos ha llegado el
momento de estructurar lo mejor posible el problema del compromiso.
En mi caso particular, considero que todo lo que escribo está
comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de
nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación
de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este
concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con
una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha armada. A
este nivel, entiendo que nuestro compromiso es irreductible, y que
todos los otros niveles del compromiso teórico y metodológico de la
literatura con el marxismo, con el humanismo, con el futuro, con la
dignidad del hombre, etc., deben discutirse y ampliarse, a fin de
aclararlos para quienes van a realizar prácticamente ese compromiso
en su obra y en su vida; pero en nosotros, escritores latinoamericanos
que pretendemos ser revolucionarios, el problema del compromiso de
nuestra literatura debe concretarse hacia una determinada forma de
lucha.

MB: Dentro de esa acepción ¿qué lugar dejas a aquellos autores que
escriben cuentos fantásticos, o cuentos realistas no referidos a una
concreta realidad política, y que en su actitud personal tienen en
cambio una militancia?

RD: No creo que este problema se resuelva a nivel de géneros. Un


combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura
inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las
necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve
a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-ficción, ya que la
literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes
del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los
significados, últimos o inmediatos, de una gran literatura de ficción,
estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de
analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos
razones para plantear la obligación de que el escritor militante se
reduzca genérica o temáticamente a una línea muy estrecha. Partamos
mejor del otro extremo, o sea de su actitud ante la lucha re-
volucionaria. Una vez que este problema está resuelto, el asunto de
los géneros y del rumbo literario servirán para enriquecer la línea
revolucionaria que ha escogido en su vida. Por otra parte, y tal como
lo cita la última declaración del comité de colaboración de la revista
Casa de las Américas, en la lucha de clases se cumple también el papel
de arrebatarle a la burguesía el privilegio de la belleza, como lo
sostiene Regis Debray. En el terreno literario, las relaciones entre la
militancia y la literatura como resultado de la creación de un revolucio-
nario, sólo pueden ser positivas. Hay otro terreno en el que sí podría
haber conflicto, y es a nivel ideológico. En la medida en que, a través
de la literatura, se plantearan ideológicamente posiciones que
estuvieran en contradicción con la militancia
revolucionaria, se originaría un conflicto, del
cual no tiene culpa la literatura corno tal; se
trataría más bien de un problema ideológico
del escritor. Ahí es donde cabe situar el
problema de las famosas “desgarraduras”
entre el poeta y el militante político, cuando
ambos son la misma persona. “Desgarra-
dura” es un término que se ha acuitado para
ocultar que se trata de un problema
ideológico; si se le quiere seguir llamando
así, habrá que decir que se trata de una
desgarradura ideológica, y que por tanto
debe solucionarse a nivel ideológico.

MB: En tu caso personal, ¿ha habida conflicto entre tu militancia


política y tu calidad de escritor?

RD: En alguna ocasión me han preguntado eso, y muy a la ligera he


dicho que no. Lo que he querido decir es que para mi ha sido posible
estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia
política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestinidad, en
condiciones difíciles. Pero evidentemente existe otro nivel, He tenido
conflicto cuando he tenido problemas ideológicos. Cada vez que he
experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una
contradicción entre una posición política y una posición ideológica
expresada en mi literatura. En la medida en que pude superar mis
debilidades en este terreno, di pasos hacia adelante; en la medida en
que no los pude superar, tengo aún conflictos. Hay una serie de aspec-
tos de la revolución, muchos de ellos planteados a escala mundial,
frente a los cuales yo posiblemente no tengo conceptos muy claros, y
por lo tanto siento que me afectan; pero, como te decía antes, son
cuestiones absolutamente resolubles en el plano ideológico.

MB: Como sabes, hace tiempo que me vienen preocupando los


problemas derivados de las relaciones entre el intelectual y el
socialismo, entre el escritor y la revolución. Muchas veces juzgamos
esa relación en base a prejuicios pequeñoburgueses y a un concepto
liberal de ciertas palabras claves; también en otras épocas fueron
propuestos como soluciones ciertos métodos relacionados con el
stalinismo. Personalmente creo que la verdadera solución no está en
ninguno de esos planteos. Quizá debamos crear una nueva relación
entre el escritor y la revolución. O acaso inventarla. Me gustaría co-
nocer tu opinión sobre esto.
RD: Bueno, tú partes de realidades concretas que nos ahorran
definiciones. Por un lado, prejuicios pequeñoburgueses que se
interponen entre el escritor y las instituciones del socialismo, entre el
artista y la revolución en el poder; y por otra parte las metodologías,
destinadas a resolver este tipo de relaciones, que otorgara el
stalinismo en el pasado. Creo también que usaste una palabra justa
para hacer la proposición: hablaste de inventar nuevos métodos y
nuevos contenidos en la relación del escritor con el socialismo
institucionalizado.

Desde luego, se trata de una labor muy amplia, que debe ser de
invención común, en la cual participen los creadores, los hombres de
cultura, el Estado, las instituciones del socialismo, pero todos en
relación con el pueblo, que en definitiva es el destinatario último y el
productor primario de toda la materia cultural, en cuya elaboración no
somos sino intermediarios. En las grandes perspectivas de esta
invención no deben por lo tanto interponerse proposiciones según las
cuales los creadores seamos simples dictadores de viejas opiniones, ni
tampoco que se introduzcan por algún resquicio los métodos stalinistas
que sentaron jurisprudencia para resolver determinados problemas en
este terreno. La cuestión es verdaderamente profunda y tiene que ver
con los fines últimos de la revolución. En la actualidad hay que darle
particular importancia a este problema; todos estamos obligados a
participar en su solución, así como a iniciar la discusión con un nuevo
estilo, dispuestos a llamar a los problemas por su nombre y a no
perder jamás la objetividad. Debemos hacerlo con un criterio
revolucionario, marxista, científico, apegado a la experiencia histórica
y a las perspectivas concretas del futuro, tal como se trabaja cuando
se planifica una zafra, la apertura de una nueva rama industrial o las
relaciones internacionales de un Estado. Entiendo que podemos ver
estas posibilidades con optimismo. En nuestros países, sobre todo en
el lugar donde el socialismo se ha encarnado realmente en nuestro
hemisferio (me refiero a Cuba), se abren reales posibilidades de una
instauración de nuevas relaciones y de inventarlas con audacia
(precisamente la audacia ha sido una característica de esta
revolución), con la mirada puesta en América Latina, ya que Cuba es
el inicio de la revolución latinoamericana.

MB: Mencionaste la dimensión histórica, y también la audacia de la


experiencia cubana. Me parece que si a esa audacia agregamos una
modestia verdadera por parte del creador, tal vez encontremos los ele-
mentos para resistir a dos de las más riesgosas tentaciones que
padece hoy el intelectual: ser fiscal de la historia, o ser víctima de ella.

RD: Tocas un problema importante. Los intelectuales tendríamos que


concurrir a la elaboración del nuevo tipo de relaciones entre el artista y
la revolución, con absoluta conciencia de ese tipo de peligros. La úl-
tima experiencia histórica nos demuestra que, precisamente por
nuestras debilidades ideológicas, por nuestros prejuicios
pequeñoburgueses, por el tipo de sociedad en la que hemos estado
inmersos y que tanto nos ha deformado, tratamos de preservar
nuestra individualidad hasta territorios que contradicen las raíces
mismas de nuestros ideales humanistas. ¿Qué les ha pasado a los
grandes poetas que han tratado de convertirse en fiscales intocables
de la vida pública, o a los escritores que, en nombre de una supuesta
libertad intocable, tratan de convertirse en víctimas de la historia? A
pesar de lo conmovedores que puedan parecernos sus avatares, de-
bemos reconocer que uno a uno han ido cayendo y han terminado por
incorporarse, muchas veces a pesar suyo, a la gran industria del
espectáculo editorial, del gran show editorial que, detrás de su
apariencia luminosa, tiene intereses concretos que pueden responder
al enemigo. Cuando una personalidad que maneja los problemas de la
conciencia, de la historia, de la cultura, y que muchas veces ha sido
portavoz de grandes inquietudes de nuestras masas, cuando un poeta
a quien el pueblo le ha dado su calor, cae n la industria del espectáculo
a que aludo, se convierte de inmediato en un elemento más de la
enajenación de nuestras masas populares y por lo tanto pasa a cumplir
una labor histórica francamente negativa, reaccionaria. Ninguno de
nosotros esta libre de caer en ese riesgo, y por eso la vigilancia sobre
nosotros mismos y sobre nuestros compañeros debe mantenerse, en
un sentido revolucionario, a pesar de que los evidentes errores
cometidos en el pasado por parte de instituciones de estados
socialistas, nos pongan muchas veces en guardia contra ciertas
palabras. Estamos entre revolucionarios y dejaríamos de serlo en el
momento en quo entregásemos las armas de la crítica; pero no
simplemente corno escritores, sino también como ciudadanos de un
país, como revolucionarios de fila. Además, como escritores, tenemos
derecho a la crítica, y a plantear los problemas en el nivel que sea, y
con la profundidad que nos imponga nuestra conciencia. Sin embargo,
debemos estar vigilantes con respecto a la otra situación: seamos
responsables ante nosotros mismos de esos peligros que tú has
señalado, en la medida en que estemos dispuestos a no ofendernos
por llamarnos servidores de nuestros pueblos. Si hay escritores a
quienes les parece denigrante servir al pueblo, francamente no vale la
pena que hablemos de ellos.

MB: Así como decíamos que conviene estudiar la relación entre el


escritor y el socialismo, dentro de un estado socialista, creo que
también deberíamos estudiar los problemas derivados de la presencia
de un escritor revolucionario dentro de una sociedad de impronta
capitalista, o sea dentro de un mercado de consumo.
RD: Cuando apuntábamos que un escritor inserto en un país socialista
puede caer en la tentación de la industria mundial del espectáculo
editorial, o sea la industria que persigue la enajenación de las masas
populares, estábamos señalando un peligro real pero también
excepcional. En cambio el escritor que trabaja en el mundo capitalista,
vive inmerso n una situación presidida por un gran aparato que por lo
general está al servicio de la ideología del enemigo, y por lo tanto co-
rre el riesgo de convertirse en su víctima inmediata. Aun el escritor
que se rebela, aun el escritor que es digno de su papel y lucha contra
la enajenación, puede ser una víctima de ese aparataje y ser aludido
desde diferentes niveles.

MB: Algo así como una “operación seducción”.

RD: O una “operación soborno”, que incluye maniobras destinadas a


dotarlo de, una buena conciencia a pesar de las concesiones que poco
a poco se le puedan arrancar. Todo está destinado a un fin último: asi-
milarlo al gran aparato de enajenación, montado en contra de nuestras
masas populares.

MB: El mero hecho de neutralizarlo, ¿no es acaso un buen dividendo


para el enemigo?

RD: Desde luego, en este aspecto el enemigo


ejerce una acción cotidiana, costosísima, que se
manifiesta en todos los órdenes de la vida
cultural: ediciones lujosas, excelente promoción
del libro, gloria efímera, la posibilidad de
convertirse en una suerte de prostituta
intelectual, muy bien pagada, o un payaso
simpático, al servicio de los intereses más
inconfesables, aunque a veces, en los mejores y
más inocentes de los casos, no se tenga
conciencia de ello. Lo que me produce preo-
cupación es que tales maniobras de seducción
alcancen a muchos de nuestros compañeros y
que éstos no adviertan que al caer en la falta de
seriedad, en la payasada, o en, las concesiones directas al enemigo,
están contribuyendo a crear en los pueblos la imagen de que al
intelectual promedio sólo le interesa la frivolidad, la publicidad, la
tontería.
MB: Por eso mencionaba la modestia. Dentro de la operación-
seducción, uno de los elementos que mejor maneja el enemigo es un
fino tratamiento de la vanidad. Frente a la modestia verdadera, una
modestia que es también orgullo, el imperialismo se siente desarmado.
Ahora, volviendo a tu poesía, ¿cómo crees que este libro que acaba de
ser premiado, y tu poesía en general, se insertan en la literatura
salvadoreña?

RD: Los orígenes culturales de mi producción, y el hecho de tratar, por


medio de la literatura, de volver a mi país, con una visión tal vez
enriquecida por la experiencia del exilio, son en realidad contribuciones
de mi país a lo que yo hago. Hay además ciertos esquemas mentales,
ciertas estructuras de lenguaje, que desde luego son absolutamente
salvadoreñas. Pero en lo que se refiere a mi obra poética, no creo que
sea continuación, o que haya recibido influencia decisiva, de quienes
han escrito poesía en El Salvador. Por el contrario, en un porcentaje
bastante alto he partido de un rechazo con respecto a la poesía que
anteriormente se había escrito en mi país, poesía muchas veces
inofensiva, que rara vez ha ido al fondo. Y esto no es sólo una
apreciación personal, sino que es también lo que dice la crítica sal-
vadoreña respecto de lo que allí se conoce de mi poesía. Precisamente
se ha señalado su carácter de ruptura.

MB: ¿De cuál de los nuevos poetas salvadoreños te sientes más cerca?

RD: Fundamentalmente, de Manlio Argueta. Es un poeta de mi edad,


que por cierto se ha convertido últimamente en un novelista muy
valioso. La poesía de Argueta está dentro de una línea muy
renovadora: es desenfadada, de gran amplitud temática. Hay también
un muchacho nuevo, muy joven: Alfonso Quijada. No ha publicado
ningún libro, pero conozco poemas sueltos que revelan un auténtico
talento. También un poeta católico, David Escobar Galindo, muy joven
también pero con grandes posibilidades de desarrollo. Y desde luego,
Roberto Armijo, de mi promoción: no sólo como poeta, también como
ensayista nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de problemas
sobre nuestra cultura nacional.

MB: Está asimismo tu inserción en la poesía latinoamericana actual.


Alguna vez escribí que había dos familias de poetas latinoamericanos,
la familia. Neruda y la familia Vallejo. ¿A cuál de ellas sientes que
perteneces?
RD: Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia
Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace
tiempo. De todos aquellos que surgimos impulsados por el clima de
Vallejo (aunque a esta altura no sé si quedará algún rastro en nuestra
expresión formal), descarnado y humano, me siento cerca de poetas
latinoamericanos como Juan Gelman, Enrique Lihn, Fernández
Retamar, Ernesto Cardenal.

MB: Y aparte de los latinoamericanos, ¿cuáles son tus poetas


mayores?

RD: Tal vez un grupo de poetas franceses, muy disímiles entre sí. De
cada uno he tomado algo. Pienso en Henri Michaux, Jacques Prevert, y
(a pesar de que nadie me crea) Saint John Perse. Los leí casi simultá-
neamente y ejercieron una notable influencia sobre mí. También
algunos poetas de lengua inglesa, como Eliot o Pound. Sin embargo,
creo que mi poesía, sobre todo a partir de El turno del ofendido, se
nutrió de otros géneros en mayor grado que de la poesía. Por ejemplo:
la novela, el cuento, y hasta el cine. Conscientemente traté de
propiciarme climas generadores de una actividad poética.

MB: ¿Y cuáles serían esos novelistas?

RD: En el caso de El turno del ofendido, hay conexión (testimoniada a


veces por epígrafes) con la novelística de Faulkner, e incluso con la de
Hemingway, a pesar de que por su sequedad no parece el más indica-
do para darle a uno aliento poético. Quizá ello se haya debido a que ya
por ese entonces me estaba orientando hacia una poesía de ideas, y lo
que encontraba en los novelistas eran precisamente ideas. Creo que
ésa fue la mecánica de la influencia. Y luego la novela latinoamericana,
con la que me he sentido especialmente a gusto en los últimos
tiempos. Aquellos escritores que hicieron novela en tanto poetas, como
es el caso de mi ex-amigo Miguel Ángel Asturias, nunca ejercieron
influencia sobre mí. Yo leía las novelas de Asturias como grandes
poemas surrealistas. Distinta es la relación con los novelistas actuales.
Para mí ha sido muy estimulante la novelística de Julio Cortázar, con la
cual siempre me entendí muy bien. Sobre todo porque Cortázar tiene
una literatura de infancia, que de algún modo se unía con mis
vivencias. A pesar de haber nacido en El Salvador, yo crecí en la órbita
del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto, etc.; así que
pude comprender muy bien esa zona del mundo Cortázar.

MB: ¿Qué importancia han tenido, para tu vida y para tu obra, tus
prolongadas residencias en Cuba?
RD: La experiencia cubana ha sido para mí decisiva en muchos
aspectos. Creo que ha sido la experiencia más importante de mi vida.
Al principio, porque fue la primera ocasión que tuve de vivir la
construcción del socialismo. En las temporadas inolvidables de 1962 y
1963, tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el
dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado
que nuestros pueblos pequeños pueden ser capaces de un destino
mundial extraordinario. Como poeta, fue en Cuba donde adquirí
conciencia de lo que significa escribir en serio, de ser (para emplear
una palabra ya vieja) un escritor profesional, alguien que escoge la
literatura como oficio. No se si ello aconteció porque era simplemente
un nivel de desarrollo o porque aquí se dieron las condiciones de
libertad (material y espiritual) imprescindibles para poder expresar
toda una gama de problemas que nunca hubiera podido encarar en mi
país. Cuba sigue siendo una experiencia definitiva y definitoria para
mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo,
y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido
Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca
de la revolución en América Latina y concretamente en mi país. Ha
sido la vivencia cubana la que me ha dado los elementos
fundamentales para tomar una perspectiva, un distanciamiento (para
decirlo a la manera brechtiana) por cierto muy útil para apreciar el
problema concreto de la revolución en mi país.

MB: El premio Casa ha tenido este año un colorido especial que lo


diferencia de años anteriores. Por otra parte, fue mucho mayor la
concurrencia de obras precedentes de América Latina ¿Crees que tales
detalles tienen algo que ver con una nueva actitud del escritor
latinoamericano, o con nuevos aspectos de la realidad continental?

RD: En primer lugar, este nuevo colorido, este nuevo nivel de calidad
revolucionaria del premio Casa, está espléndidamente sintetizado en el
premio de ensayo que le fuera otorgado a Héctor Bejar, preso en las
cárceles peruanas. Quiero decirte también que yo asocié muy
curiosamente el premio a dos nombres: el de Regis Debray (fue en la
Casa de las Américas donde nos encontramos varias veces) y el de mi
querido e inolvidable hermano, Otto René Castillo, guerrillero guate-
malteco, asesinado por el gobierno de su país después de haber sido
capturado herido en la montaña. Los poemas de Castillo me llegaron
precisamente el día siguiente a la otorgación de los premios. Por eso
uno al nombre de Béjar, al de Regis Debray y al recuerdo de Otto René
Castillo, el significado del premio Casa. Cuando me dices que en este
año han participado más obras latinoamericanas que en años
anteriores, interpreto ese hecho como una señalable radicalización de
los escritores revolucionarios de América Latina, que subrayan su
adhesión a Cuba debido a que ven en ella la encarnación de sus
esperanzas y del futuro de sus pueblos. También es un modo indirecto
de apoyar una línea política de la revolución latinoamericana: la lucha
armada. Por eso me parece importante el significado del ensayo de
Béjar. Según los extractos de su libro, aparecidos después del premio,
Béjar (no se trata de una cita textual sirio de su sentido esencial)
desde la cárcel trata de expresar que nos encontramos en un
momento crucial del proceso revolucionario, y al enviar su ensayo a la
Casa de las Américas, intenta subrayar la posibilidad, la urgencia, la
importancia definitiva y la verdadera necesidad histórica, de impulsar y
desarrollar la línea de lucha guerrillera en América Latina.

MB: ¿Y qué estás preparando ahora?

RD: Trabajo en un largo poema, “Los hongos”, que de alguna manera


enfoca la pugna que existió en mi juventud entre la conciencia
revolucionaria y la conciencia cristiana, resuelta (con una manera
hasta un poco joyceana) en el centro de un colegio jesuita. Trata de
ser tina larga carta a mi profesor de filosofía en ese colegio. En otro
terreno, he terminado un ensayo sobre las tesis enunciadas por Regis
Debray en ¿Revolución en la revolución? Ese ensayo pretende en gran
parte ser una defensa y una actualización de tales tesis frente a las
posiciones de ciertas organizaciones de izquierda latinoamericanas,
como por ejemplo los PC argentino y venezolano. Luego lago un
balance objetivo de lo que ha significado el libro de Debray para la
teoría revolucionaria en América Latina, y también algunas aprecia-
ciones críticas sobre ciertos aspectos del texto de Debray.

MB: No sé si conoces el reciente libro de Jorge Abelardo Ramos, que


concluye con un largo ataque a la teoría del foco y otros planteos de
Debray.

RD: Sí, lo conozco. Me parece un libro interesante, brillante y muy


ágil. Es claro que estoy en completo desacuerdo en cuanto a sus
conclusiones sobre la lucha revolucionaria y sobre la metodología de la
actividad revolucionaria, no sólo porque parece evidente que el autor
desconoce las realidades actuales de esa lucha a nivel continental, sino
también porque hace demasiadas concesiones a su propia brillantez y
a su propia ironía, olvidándose del análisis concreto de las posibilida-
des y de la relación entre las teorías propuestas y las realidades de
nuestros países. Muchas veces se limita a dejar constancia de sus
chistes. Con esa actitud no me parece que lleguemos a ninguna parte.
Atacar por ejemplo el foco guerrillero, reduciéndolo a un grupo de atle-
tas que aprenden a sobrevivir en la selva a la manera de Tarzán, me
parece una reducción al absurdo de las posibilidades de una polémica
seria sobre materia tan compleja. En mi libro sobre Debray tomo una
posición contraria a las conclusiones de Ramos. Es curioso anotar
cómo, en los hechos, hay una coincidencia casi absoluta entre las
posiciones de Jorge Abelardo Ramos y las que, frente al libro de
Debray, la expresado el PC argentino. También sobre éstas me
permito discrepar. Por otra parte, la enajenación de Ramos al
problema del anti-stalinismo, le impide alcanzar conclusiones va-
lederas con respecto a la polémica sobre la lucha armada. Uno de los
exabruptos más típicos de los planteamientos de Ramos, es su
conclusión de que el foco guerrillero vendría a ser la revitalización del
stalinismo en América Latina.

MB: Una última pregunta. Es frecuente que en entrevistas como ésta,


se concluya por preguntarle al entrevistado qué consejos daría a los
escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa rutina, y más bien me
gustaría saber qué consejos les darías a los escritores viejos.

RD: No soy amigo de dar consejos. Pero ya que me lo preguntas, me


permitiría aconsejar a los escritores viejos sólo dos cosas. A los que
puedan, que rejuvenezcan lo antes posible; a los que sean honestos,
que sigan siéndolo, ya que de ese modo nos seguirán enseñando.
Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relativamente
honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel Ángel Asturias. Ya que a
esta altura no podría conseguir ni la juventud ni la absoluta
honestidad, quisiera aconsejarle que renuncie a la embajada de
Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un po-
quito del decoro que Sartre otorgó al premio más municipal de la
tierra.
POEMAS

COMO TÚ

Yo como tú
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle


y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.

Y que mis venas no terminan en mí,


sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
EL DESCANSO DEL GUERRERO

Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:


les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria


iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos


preguntan.

Me parece que caen en la cuenta


de ser cada vez más la mayoría!
BUSCÁNDOME LIOS

La noche de mi primera reunión de célula llovía


mi manera de chorrear fue muy aplaudida por cuatro
o cinco personajes del dominio de Goya
todo el mundo ahí parecía levemente aburrido
tal vez de la persecución y hasta de la tortura diariamente
soñada.

Fundadores de confederaciones y de huelgas mostraban


cierta ronquera y me dijeron que debía
escoger un seudónimo
que me iba a tocar pagar cinco pesos al mes
que quedábamos en que todos los miércoles
y que cómo iban mis estudios
y que por hoy íbamos a leer un folleto de Lenin
y que no era necesario decir a cada momento camarada.

Cuando salimos no llovía más


mi madre me riñó por llegar tarde a casa.
DECIRES

«El marxismo-leninismo es una piedra


para romperle la cabeza al imperialismo
y a la burguesía.»

«No. El marxismo-leninismo es la goma elástica


con que se arroja esa piedra.»

«No, no. El marxismo-leninismo es la idea


que mueve el brazo
que a su vez acciona la goma elástica
de la honda que arroja esa piedra.»

«El marxismo-leninismo es la espada


para cortar las manos del imperialismo.»

«Qué va! El marxismo-leninismo es la teoría


de hacerle la manicure al imperialismo
mientras se busca la oportunidad de amarrarle las
manos.»

¿Qué voy a hacer si me he pasado la vida


leyendo el marxismo-leninismo
y al crecer olvidé
que tengo los bolsillos llenos de piedras
y una honda en el bolsillo de atrás
y que muy bien me podría conseguir una espada
y que no soportaría estar cinco minutos
en un Salón de Belleza?
XVI. POEMA

Las leyes son para que las cumplan


los pobres.
Las leyes son hechas por los ricos
para poner un poco de orden a la explotación.
Los pobres son los únicos cumplidores de leyes
de la historia.
Cuando los pobres hagan las leyes
ya no habrá ricos.

ROQUE DALTON
(El Salvador, 1935-1975)

Nació en San Salvador, estudió Derecho y Antropología en su país, en Chile y en México. Por
su militancia política de izquierdas fue perseguido, encarcelado e incluso condenado a
muerte. La sentencia no llegó a cumplirse y se exilió en Guatemala, México,
Checoslovaquia y Cuba. Regresó clandestinamente a El Salvador como miembro del E.R.P y
murió asesinado por camaradas ultraizquierdistas de ese movimiento. Obtuvo el premio
Casa de las Américas en 1969.

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