CUENTOS EN RIMA
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El invento de don Marino
Menudo invento inventó don Marino el inventor, un invento inventado una noche
de calor.
Menudo invento inventó don Marino el inventor, un invento inventado que él
solito inventó.
Menudo invento divertido, todo de su invención, una noche de
verano don Marino se inventó.
Aquel invento inventado que don Marino inventó era un invento importante, un
invento súper genial. Era el mejor invento que se haya inventado jamás.
El inventado invento que don Marino inventó iba a acabar con lo malo, lo regular y
lo peor.
¿Y dónde está ese invento inventado que don Marino inventó?
¿Por qué nadie lo conoce, ni tú, ni ella, ni yo?
Porque el señor don Marino, el grandísimo inventor, como es muy despistado de
su invento se olvidó.
Lo metió en una caja, la caja en un gran cajón, el cajón en un armario y el armario
lo cerró.
Una semana más tarde el armario se llevó, lo bajó hasta el trastero y luego se
olvidó.
Y aquel invento inventado por don Marino el inventor sigue en aquel trastero,
encerrado en el mismo armario, dentro de un gran cajón, metidito en una caja, al
ladito de un ratón.
Fin.
Este cuento infantil con rimas que nos envía su autora, la escritora
española Dolores Espinosa para publicar en En Cuentos.
La princesa está triste ¿Quién la
podrá curar?
La triste princesita
Esta esta es la breve historia, de un palacio singular, allí vivía una niña hija
del rey del lugar. Era una niña preciosa, con las mejillas hermosas y labios
color coral. Su nana cada mañana su pelo viene a alisar, con una peineta
de oro y una horquilla de cristal. A la pequeña princesa todos van a visitar,
su voz traía alegría a la gente del lugar.
Un día por el jardín que daba hacia su ventana, mientras miraba las flores,
la princesita cantaba. Su canto dulce y alegre la bruja mala escucho, y con
su magia malvada a la princesa hechizó. Pero la bruja envidiosa su castigo
recibió, en la corona de oro, la magia se reflejó y el maleficio arrojado a la
bruja convirtió, en una pequeña oruga, que un pájaro se comió. Aun así,
en el palacio la niña triste quedó.
La princesa en palacio muy triste en su cama está.
Ha perdido su alegría y las ganas de jugar, su padre el rey preocupado al
doctor hizo llamar. Al no ver la mejoría, dijo el rey con sobriedad, que a
quien sanara a su niña mucho oro le iba a dar. Llegaron magos, doctores,
gentes de todo lugar, con sus remedios y magias para poderla sanar.
La princesita está enferma, muy enferma y pálida está, perdió el color sus
mejillas y sus labios de coral. A cantar en su ventana unos pajaritos van,
cada mañana temprano con melódico trinar. Pero el canto de los pájaros
no la hacía reaccionar, y cabizbajos y tristes no volvieron a trinar. Pasaron
días, semanas, la princesa sigue igual, está el palacio muy triste por su
cruel enfermedad.
Un día desde muy lejos llegó un mago sin igual, decía que
con su magia la podía sanar.
Con su varita de mago y su toga magistral fue al cuarto de la princesa para
el milagro lograr. Miro a la princesa serio y dijo sin vacilar, lo que tiene
esta pequeña es algo serio en verdad. Ha hechizado a la princesa, alguien
con mucha maldad.
Y moviendo su varita en una lengua ancestral dijo las palabras mágicas
que la podían curar. ¿Qué magia realizó el mago, que no se pudo
apreciar?, se preguntaba la gente al no verla reaccionar y pensaron que su
magia, no era magia de verdad. Pero la magia del mago era una magia
especial, y aunque nadie la veía, era eficaz y veraz. Su magia nadie la ve, le
dijo rey del lugar.
¿Cómo a una niña preciosa usted la piensa curar?
La magia que realicé le puse todo mi empeño, no soy un mago
cualquiera, soy un hacedor de sueños. Con mi magia conjuré la linda
tonalidad que dibujará en sus sueños toda la felicidad, de mil sueños de
alegrías que la princesa amará, con eso querido rey, su niña se curará. Y
con la magia invisible que aquel mago conjuró, en un sueño muy
profundo la princesa se durmió, en un dulce sueño mágico, mágico y
multicolor.
Y así la linda princesa recupero su color, recuperó la alegría y recuperó su
humor ¡Está bien la princesita!, ¡Tiene ganas de jugar! Gritaba feliz gente
de aquel remoto lugar. En el palacio contentos, todos van a festejar, ya
regresó la alegría, la princesa sana está. Regresaron los colores y reina la
felicidad, hasta los pájaros cantan con un alegre trinar. La hija del rey
sonríe, tiene ganas de jugar.
Fin.
La triste princesita es un cuento con rimas de la escritora cubana Duley
Orza © Todos los derechos reservados.
Duley Orza es una joven escritora que nació el 19 de febrero 1990
en Matanzas, Cuba. A Duley le fascina la lectura y le gusta leer e inventar
historias para su pequeña hija, Nasly, quien es su principal fuente de
inspiración. Actualmente se desempeña como Especialista en Sistema de
Información en Salud en la Dirección Municipal de Salud Pública
Cárdenas.
La historia ya relatada
Os voy a contar la historia
tantas veces relatada,
es la de un hada malvada
envidiosa y descarada
que con una maldición
a un príncipe
volvió rana.
Y dónde la princesita
quedó triste y desolada.
Pero un beso de amor,
de princesa enamorada
deshizo la maldición
y al príncipe volvió príncipe
y enamorados reinaban
alejando de su vidas
a la maldición y al hada,
y comiendo las perdices
así la historia se acaba.
Fin.
La historia ya relatada es un cuento infantil que nos envió Marisa Alonso
Santamaría para publicar en el sitio EnCuentos.
Los tres ladrones
de Enrique Álvarez Henao
Época fue de grandes redenciones:
El mundo de dolor estaba henchido
y en Gólgota, en sombras convertido,
se hallaban en sus cruces tres ladrones.
A un lado, en espantosas contorsiones,
se encontraba un ratero empedernido;
en el otro, un ladrón arrepentido,
y en medio el robador de corazones.
De luto se cubrió la vasta esfera;
Gestas, el malo, se retuerce y gime;
Dimas, el bueno, su dolor espera.
Y el otro, el de la luenga cabellera,
que sufre, que perdona y que redime,
se robó al fin la humanidad entera.
Los cuatro ladrones
Ni en épocas de sórdidas pasiones
El “hurto literario” es un derecho
Para el que lleva un pan hasta su lecho,
Menos para el de altivas concepciones.
El que arrancó la firma a mis renglones
No me produce enfado ni despecho;
Solo me causa risa por el hecho
De robarse un ladrón mis “Tres Ladrones”.
El soneto que guardo en mi cartera,
Y que en mis noches a mi Dios hiciera
Meditando en sus penas infinitas,
No lo cargan las ánimas benditas;
Tal vez por liberal y no por godo
Se lo robaron con mi firma y todo.
¿Te imaginas que cambiáramos los acentos de todas las palabras? ¡Menudo lío! Es lo que
propone este ‘Cuéntico bóbico para una nénica aburrídica’, una poesía para niños muy
divertida de Elsa Isabel Bornemann con la que además podrán jugar con las palabras.
Índice de contenidos
Una divertidísima poesía infantil: Cuéntico bóbico
para una nénica aburrídica
Cuéntico bóbico para una nénica aburrídica.
Una mañánica de primavérica
hallé una láuchica en la verédica.
Era muy rárica: con dos mil rúlicos sobre la cárica,
según calcúlico.
En su cartérica guardaba heládico de rica crémica
y chocolático.
Jugó a la abuélica, también al ránguico,
pisa pisuélica, y bailó un tánguico.
Y muy ligérico
se fue en un cárrico
con su cochérico
y sus cabállicos.
No, no es mentírica
—cara de tórtica—
¿No crees nádica?
¡Pues no me impórtica!
(‘Cuéntico bóbico para una nénica aburrídica’, Elsa Isabel Bornemann)
La poetisa argentina Elsa Isabel Bornemann (1952-2013), maestra de las poesías absurdas y
extremadamente divertidas, nos propone un juego: ¿te atreves a leer una poesía en donde
las palabras se volvieron locas y cambiaron por esdrújulas? Se trata de ‘Cuéntico bóbico
para una nénica aburrídica’. ¡Todo un reto! Si estás preparado… ¡aquí la tienes!:
Poema al Ratoncito Pérez
Una niña tropezó
y un diente se le cayó
Contenta y entusiasmada,
lo puso bajo su almohada
Por la noche el ratón,
tuvo una gran confusión
“¡Pero miren lo que es eso!
¡Un rico trozo de queso!”
Con sus manos lo tomó
y con el diente marchó
La niña al despertar,
miró y su puso a llorar.