Propiedad Intelectual
V.M. Deloryam de los Angeles Brown
Ostenford
Lima – 2008
Maria Magdalena : Entrelazado con el terna central de la identidad del Santo Grial. el
papel de María Magdalena es primordial en El Código Da Vinci. Brown sigue el
enfoque sobre María Magdalena el libro El enigma sagrado. analizado en otra entrada.
En esta obra se expone la teoría de que María Magdalena era la mujer de Cristo y la
portadora de Su descendencia: a saber, una niña llamada Sara, que posteriormente
dará a luz a toda la dinastía del linaje de David. Esta dinastía llegará a con‘ertirse en la
línea sucesoria de reyes merovingios de Francia, que finalmente pasará a la
clandestinidad y será protegida por una sociedad secreta conocida como el Priorato de
Sión.
Esta es la teoría, pero ¿qué datos tenemos sobre la María Magdalena que aparece en el
Nuevo Testamento?
El apelativo de «Magdalena» se cree que proviene del hecho de que María era oriunda
del pueblo de Magdala. Se la menciona sorprendentemente poco en el en Nuevo
Testamento, y sus apariciones pueden situarse en cuatro momentos definidos: como
parte del séquito de un viaje, en la Crucifixión, en el entierro de Cristo y como testigo
de la Resurrección.
Hay algo que sí se puede decir con toda seguridad: la creencia largamente sostenida de
que María Magdalena era una prostituta arrepentida es falsa. En realidad, la idea de
que era una prostituta es, por lo visto, un error. En el siglo VI, el papa Gregorio I hizo
una solemne proclamación de que María Magdalena era una pecadora, una prostituta
arrepentida, pero en realidad estaba mezclando a tres mujeres diferentes, además de
interpretar erróneamente a Lucas: 7 y 8. Desde luego, la Iglesia no ayudó a corregir
esta situación, ya que, hasta 1969, fecha en que el Vaticano emitió una tímida
retractación, no se dejó de sostener que María era una mujer descarriada.
En los Evangelios se puede ver que María juega un papel muy similar a un discípulo.
Está con Jesús en tres de sus momentos claves: lo observa mientras es crucificado,
ayuda en Su entierro y es la primera persona que se encuentra con Cristo resucitado.
Estos hechos la hacen importante, como mínimo, en el plano simbólico y pueden
explicar el hecho que Pedro sea tan despectivo con ella, como se verá más adelante.
Hay alguna prueba de que hubiera una relación más íntima entre la Magdalena y
Jesús? Lamentablemente, el Nuevo Testamento nos falla a este respecto. La lectura
convencional de los Evangelios no nos da pista alguna de una posible relación entre
ambos: de hecho, el silencio sobre el asunto resulta ensordecedor. Sin embargo, una
vez afirmado esto, deberíamos recordar que el texto del Nuevo Testamento, tal como
lo conocemos hoy, ha pasado por muchos procesos de edición y de añadiduras.
También ha pasado por muchas traducciones hasta llegar a ser lo que es ahora. Así
que, ¿qué hay de las fuentes al margen de los Evangelios tradicionales?
Uno de los llamados Padres de la Iglesia, Hipólito en sus comentarios sobre el
Cantar de los Cantares, sí que parece mencionar a María, si bien de una forma un
tanto indirecta:
Por si acaso las mujeres apóstoles dudaban de los ángeles, Cristo mismo fue a ellas
para que fueran apóstoles de Cristo y, mediante su obediencia, rectificaran el pecado
de la antigua Eva.
Después, pasa a relatar cómo Cristo se mostró ante los apóstoles varones y dijo: «Soy
Yo quien se apareció a esas mujeres y Yo quien quiso enviároslas como apóstoles».
En el Evangelio de Felipe (63: 33-6), uno de los llamados Evangelios Gnósticos
encontrados con el tesoro de Nag Hammadi en Egipto, se utiliza un lenguaje más
confuso para describir una posible relación íntima entre Jesús y María Magdalena. En
este texto se dice que Jesús solía «amarla más que a todos los discípulos» y que solía
«besarla a menudo en la boca», actitud por la cual los discípulos varones se ofendían.
Aunque no hay en ello indicio alguno de auténtico matrimonio o de convivencia, en
el lenguaje copto en que están escritos los textos se utiliza para describir a María la
palabra koinonos, que ha sido traducida por Susan Haskins (en su libro María
Magdalena, mito y metáfora, de 1993) como «consorte» o «compañera».
Uno de los textos de Nag Hammadi es conocido como el Evangelio de María. En él
encontramos una referencia al hecho de que ella era la destinataria de la revelación,
para gran disgusto de los apóstoles varones. En dicho Evangelio (17:10-18),
encontramos que Andrés duda de que María viera realmente a Cristo resucitado y que
Pedro pregunta: «Ha hablado el Salvador con una mujer sin nuestro conocimiento y a
escondidas?». Y continúa: «La prefiere a nosotros?». Más adelante, en el mismo
texto, Levi reprende a Pedro, diciéndole: «Si el Salvador la ha hecho digna, ¿quién
eres tú para rechazarla? Seguro que el Salvador la conoce muy bien. Por eso la amaba
más que a nosotros».
Lo que nos muestran estos textos es que las figuras de las mujeres seguidoras de
Jesús bien podrían haber tenido un estatus más alto de lo que se nos quiere hacer
creer, aunque no aclaran la cuestión principal de sí Jesús y María eran marido y
mujer. En lugar de ello, nos ofrecen sugerentes atisbos y posibilidades y dan pie a
líneas de pensamiento y teorías basadas en tal suposición. Debemos recordar que los
textos antes citados son solo unos pocos de los cientos de textos relativos a este
periodo.
Una teoría de los autores de El enigma sagrado intrigante y que incita a la reflexión
es que la historia recogida en el Nuevo Testamento sobre las Bodas de Caná, en la
que Jesús realiza el milagro de convertir el agua en vino, podría ser, en realidad, un
relato distorsionado de la propia boda de Jesús. Esta teoría tiene mucho a su favor y
bien puede ser una de las pistas principales para zanjar esta polémica. Esto y el hecho
de que en aquel tiempo se habría esperado que Jesús, como judío que era, se hubiera
casado, son caminos que merecen ser seguidos por el investigador en ciernes.
Nos quedamos, pues, con las siguientes conclusiones:
• El personaje de María Magdalena en el Nuevo Testamento bien podría haber
tenido una relación más íntima con Jesús de lo que se pensó en principio.
• María estaba con Jesús en momentos clave de la historia, particularmente en Su
muerte, entierro y resurrección.
• No hay pruebas directas en los textos que hoy por hoy conocemos, ni tampoco
en los Evangelios,
que corroboren la hipótesis de que Jesús y María estuvieran casados. Ni siquiera los
Evangelios hallados en Nag Hammadi (en 1945) se pronuncian con pruebas (o
carecen de ellas) respecto a este tema, salvo una referencia de Felipe a una posible
consorte. ¿Qué le ocurrió a María después de la muerte de Cristo? Según la tradición
católica, María Magdalena murió en Éfeso, donde vivió junto con María, Madre de
Jesús, y Juan, el supuesto autor del cuarto Evangelio. Sin embargo, esta tradición
cuestiona una leyenda del siglo vi, mencionada por Gregorio de Tours, que establece
que un documento aún más antiguo ofrece la versión de que María Magdalena viajó a
Aix-en-Provence, en Francia, con el séquito de San Maximino. Esta historia parece
ser la catalizadora de las teorías de la Sang Real («sangre real» o linaje de sangre real
de Cristo) de nuestro tiempo. En los círculos gnósticos también se conoce a María
Magdalena como la «amada», con lo que, de nuevo, se la relaciona con la hipótesis
de una unión con Jesús. Si se quiere averiguar más acerca de las ideas sobre las que
se basa esto, merece la pena leer La mujer de la vasija de alabastro, de Margaret
Starbird. Esta misma autora, en su libro de 1993 La diosa en los Evangelios, afirma
que, según el antiguo sistema hebreo de la guematría, o simbolismo numérico, el
nombre «María Magdalena» y su correspondiente cifra en este sistema «153» indican
que, en este contexto, María era la «diosa». Starbird también cree que María pasó
mucho tiempo en la floreciente y pujante ciudad cosmopolita de Alejandría. De
nuevo, esto explicaría los muchos mitos y leyendas que han surgido en torno a este
personaje, como podemos ver por los numerosos cultos a la Magdalena que surgieron
por todo el Mediterráneo en los primeros siglos de nuestra era.
Como se puede ver, la teoría de un linaje de Cristo no es muy innovadora en sí
misma, pero la de que fue María Magdalena la que le dio un hijo parece ser
ciertamente muy moderna (véase la entrada Enigma sagrado, El para obtener más
información sobre esto). Ha surgido también toda una industria en torno a la
Magdalena vista como encarnación de la Divinidad Femenina, que representa, en
cierto modo, el espíritu de la Madre Diosa. Este es un acercamiento totalmente
diferente a la teoría de la línea de sangre, en la medida en que está basado más en la
metáfora y en el simbolismo que en la auténtica realidad material. Parecería lógico
que el papel de María Magdalena fuera o bien el de consorte de Jesús o el de
personificación de la Divinidad Femenina. Sería difícil cumplir con ambos papeles, a
no ser que sean atributos muy posteriores, como parece ser el caso.
La historia de María Magdalena está envuelta en mitos, leyendas y simbolismos. Ella
ha llegado a representar y sostener el papel del mismísimo espíritu de la antigua diosa
venerada por todo Oriente Medio y Europa hace miles de años. Que estuviera casada
con Jesús o que le diera un hijo son cuestiones que, simplemente, no se pueden
probar por lo que sabemos a día de hoy. Estas historias permanecen envueltas en
mitos, pero están llamadas a ganar fuerza con el paso del tiempo. Los dos mil años de
represión de lo femenino velarán porque así sea.