Recetas económicas del Manual de cocina 1908
Recetas económicas del Manual de cocina 1908
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Luz Martín
ePub r1.0
Titivillus 04.12.2019
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Título original: Manual de cocina sencilla
Luz Martín, 1908
Ilustraciones: R. Carcedo
Retoque de cubierta: Titivillus
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
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Índice de contenido
Cubierta
Portadilla
Al lector
Capítulo preliminar
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Capítulo III: Huevos y tortillas
Huevos pasados por agua.
Huevos fritos.
Huevos revueltos con tomate.
Huevos a la nata.
Huevos al plato.
Huevos a la nieve.
Tortilla española.
Tortilla francesa.
Tortilla con jamón.
Tortilla de carne.
Tortilla de verdura.
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Paella de familia.
Arroz tostado.
Arroz blanco.
Arroz a la italiana.
Arroz para vigilia.
Arroz a la alicantina.
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Sesos huecos.
Jamón frito.
Chuletas fritas a la besamela.
Croquetas.
Capítulo X: Aves
Pollos en pepitoria.
Pollo salteado.
Gallina con arroz.
Pollo asado.
Pollo a lo chilindrón.
Pichones asados.
Pichones guisados a la parisién.
Pato con patatas.
Pavo asado.
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Langostinos.
Calamares en su tinta.
Bacalao a la vizcaína.
Bacalao frito.
Olla de pescado.
Contraportada
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AL LECTOR
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Tampoco estimamos necesario hablar sobre la manera de conducirse en la
mesa, porque los más elementales tratados de urbanidad nos lo han enseñado,
y si el convite es ceremonioso, la costumbre y los libros de buen tono lo
prescriben.
Una dueña de casa debe poseer conocimientos culinarios para poder exigir
un servicio esmerado en la confección de las comidas; así como saber la
calidad y precio de las provisiones, para no ser engañada. Es conveniente
tener una idea clara del empleo que debe darse a cada cosa, y si un plato no
está bien, poder indicar el remedio. No sólo debe ordenar lo que quiere, sino
el por qué lo quiere.
Es muy conveniente para las casas hacer aprovisionamientos de ciertas
clases de comestibles, tales como de jamones en el primer mes de la
primavera, conservándolos en sitio fresco y oscuro; los huevos deben
guardarse, los que ponen las gallinas, desde el 10 de Septiembre al 15 de
Octubre; las mantecas deben conservarse en local fresco, evitando la humedad
y el calor.
También os conveniente tener vinos de mesa y postre que sean de
excelente calidad. Para conservarlos bien, se ponen en cuevas orientadas al
Norte, teniendo en cuenta que una buena cueva hace el buen vino.
Aparte de estas observaciones, creemos oportuno advertir que cada salsa
debe tener y conservar su aroma y gusto especial; el buen acierto del cocinero
consiste en aplicar a cada manjar aquélla que mejor haya de adaptarse a su
sabor. Por nuestra parte, ya las indicamos en las fórmulas respectivas.
Daremos por bien premiados nuestros desvelos en la confección de este
manual si resulta útil y provechoso para la generalidad de las familias.
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CAPÍTULO PRELIMINAR
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no lo estropee. Aprovechando la ocasión de que el hornillo esté apagado, debe
limpiarse el depósito del agua cada tres o cuatro días, para que el agua
caliente salga limpia.
El procedimiento para encender el carbón es muy sencillo: en el fondo del
hornillo se ponen unos papeles arrugados y huecos y sobre ellos unas astillas
de madera resinosa, se les prende fuego con una cerilla y poco a poco se echa
carbón encima en forma que no apague la llama de las astillas; entonces se
abre la llave de la corriente de aire para activar la llama, y según vaya
tomando cuerpo, se echa ya el carbón necesario.
Para el cocido, estofado, legumbres y salsas debe regularse el calor de
manera que resulte lento, a cuyo objeto la llave de corriente de aire debe estar
casi cerrada, y si el fuego es aún fuerte, se tiene cuidado de cubrirle con
ceniza mojada.
Para los asados al horno, pescados fritos, frituras y demás platos
preparados en la sartén, se abre la llave del tubo para que el fuego sea muy
vivo.
Las parrillas para asados se colocan sobre ascuas ardientes, procurado
hacerlo cuando el carbón no despida ya humo a fin de evitar el mal gusto que
produce. Deben ponerse muy inclinadas, con objeto de que la grasa no escurra
sobre el carbón.
El gas como combustible para guisar en la cocina tiene muchas más
ventajas que el carbón y solamente presenta dos inconvenientes que son: el
coste y el riesgo. El primero puede disminuirse empleando baterías de cocina
apropiadas o sea de fondo plano y de metal que sea buen conductor del
calórico, y con cerrar, inmediatamente determinado el guiso, todas las llaves,
incluso la del contador, resultará tan económico o más que el carbón.
El peligro de una explosión puedo evitarse teniendo una exquisita
vigilancia con las llaves y gran cuidado al encender el gas.
La limpieza en la cocina de gas debe ser asidua para que no haya
oxidaciones y depósitos de grasa y polvo, a fin de que estén completamente
expeditas las llaves, el inyector y la cámara de combustión.
Los tubos de caucho deben lavarse cada vez que se ennegrezcan, y se les
debo inspeccionar con frecuencia para cambiarlos si se han partido o
agujereado. En este caso se debe cerrar la llave del contador antes de hacer el
cambio.
El encender instantáneamente la cocina de gas hace ganar cada día dos
horas de tiempo a la cocinera, por el que pierde para limpiar y encender la de
carbón, cuyo calor es más irregular, pues al encenderla casi no da calor; así es
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que para el desayuno, antes que la leche, el café o el chocolate están prestos,
se pierde media hora. Además, la cocina de carbón hay que encenderla por lo
menos dos veces al día, porque el entretenimiento continuo lleva un gasto
considerable de combustible. Si es cok aún es más costoso, porque si no está
lleno el hornillo se apaga pronto.
En la cocina de gas, como no necesita de más preparativos que abrir las
llaves y aplicar la cerilla, en cinco minutos se hace el desayuno o un par de
huevos. Por la noche, en los casos de indisposición repentina, se calienta el
agua inmediatamente.
El carbón vegetal es ventajoso para el uso de las parrillas, por las
excelentes ascuas que da, las cuales ejercen acción directa sobre la vianda y
no tiene el inconveniente de los carbones de hulla y cok, que les da mal
aspecto por su calor seco. Todas las preparaciones delicadas suelen cocinarse
mejor con el carbón vegetal.
En la cocina de gas deben regularizarse las llaves a lo estrictamente
necesario. Supongamos que se trata del clásico cocido español: en los
primeros quince minutos necesita un fuego muy vivo para que resulte la
ebullición muy fuerte e intensa, con objeto de que los ingredientes que
componen el puchero suelten las impurezas en forma de espuma. Para esto se
abre el fuego a toda llave, hasta que permita espumarlo muy bien. Después se
regulariza la llama, disminuyéndola para que siga con hervor suave y
tranquilo hasta su completa cocción.
Los diversos procedimientos que suelen emplearse para los asados nos
obligan a discurrir sobre las ventajas e inconvenientes de cada sistema
haciendo algunas observaciones generales, propias de este capitulo
preliminar.
Los adelantos modernos han llegado también a la cocina, que ha sufrido
trasformaciones, motivadas por el perfeccionamiento de los utensilios, y no
han sido los menos importantes los que se refieren a la manera de asar las
viandas.
En los tiempos en que el solo combustible era la leña, el único utensilio
que se empleaba para asar era la cadena colocada a través de las altas
chimeneas rudimentarias y hacía falta una cocinera muy habilidosa para hacer
y presentar buenos asados.
En la actualidad se confeccionan utensilios que permiten asar con toda
perfección.
Los asados al horno tienen el inconveniente de que los jugos se evaporan,
las grasas se queman y las fibras se secan, con lo que pierden buena parte de
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sus cualidades nutritivas. Puede atenuarse en parte estos inconvenientes con
una vigilancia muy esmerada de la cocinera, y dando frecuentes vueltas al
asado.
El asador mecánico es muy cómodo y puede adaptarse para toda clase de
combustible. Es un mecanismo de relojería puesto dentro de una caja, que
hace dar vueltas a la vianda, con más o menos viveza, según la altura de la
clavija.
Sin embargo, el asado en parrilla suele salir más acertado que en ningún
otro aparato.
Las viandas llamadas negras requieren desde luego un fuego vivo. Se
denomina así el carnero, el venado, la vaca, la liebre, el pato y los pichones.
Se llaman blancas las perdices, pollos, codornices, pavo, conejos, cerdo,
cordero y ternera. Éstas con fuego más templado se asan perfectamente.
Hay que tener muy en cuenta que la viveza del fuego ha de ser
proporcionada al volumen del asado; un lomo de vaca de cuatro kilos debe
tener fuego menos vivo que otro de dos kilos, porque se quemaría
exteriormente si desde el principio se le sometiera a un fuego ardiente.
La sal para los asados debe echarse unos minutos, ocho o diez, antes de
retirarlos del fuego, porque si se sazonan antes, les hace salir el jugo, lo cual
es contrario a los buenos principios de cocina que aconsejan que debe
conservarse el jugo en el interior de las viandas.
Si el asado se desea tierno, puede retirarse cuando escapa un tenue vapor
de la vianda, aunque no siempre es infalible este signo; más bien lo conoce la
experiencia de la cocinera, que lo servirá más o menos hecho, según el gusto.
Muchos asados suelen mecharse con trocitos delgados de lardo fino para
neutralizar la acción secante del fuego.
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CAPÍTULO I
SOPAS Y PURÉS
Sopas de ajo.
Sopa de pastas.
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Se pone litro y medio de caldo, colado, del cocido en una cacerola;
cuando esté en ebullición se le va echando, poco a poco, la pasta de sémola,
fideos, macarrones, etc., que quede muy Clarita, teniendo cuidado de moverla
mucho y dejándola cocer hasta que se vea esponjosa y trasparente.
Si la sopa es de sémola, se añaden picatostes en el momento de servirla.
Sopa de arroz.
Se ponen a cocer en dos litros de caldo del cocido 200 gramos de arroz
limpio, retirándolo al amor de la lumbre a los veinte minutos de ebullición.
Momentos antes se le echa picadillo de jamón y al apartarlo se le añaden
cuatro huevos enteros, teniendo cuidado de que estén separados. Quince
minutos después de retirado se sirve.
Sopa de primavera.
En una cacerola se ponen a cocer con un trozo de manteca alcachofas,
espinacas y lechugas muy picadas. Se tapan hasta que se deshagan las
alcachofas, dándoles vueltas. Cuando estén cocidas se añade dos litros de
caldo del cocido o de agua sazonada, o la mitad leche. Si se echa agua, hay
que poner una yema de huevo batido para trabar la preparación. Esta sopa se
vierte en la sopera sobre rebanadas de pan sazonadas con pimiento.
Sopa de verano.
Sopa de otoño.
Se fríen ajos menuditos en 200 gramos de aceite; se quitan los ajos, y se
echa un poquito de clavo y pimienta molida y a continuación un litro de agua
sazonada. Cuando el agua esté cociendo en la sartén, se va echando en
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pequeños puñados el pan cortado en rebanadas cortas y finas. La sartén se
tendrá inclinada hacia delante y según se vaya mojando el pan se retira hacia
atrás para que vaya escurriendo el agua. Así que esté toda el agua embebida
en el pan, se añade picadillo de jamón y se da a la sopa forma de tortilla
dorada por fuera y jugosa por dentro.
Se sirve guarnecida con uvas.
Sopa de Invierno.
En una cacerola se mezcla un litro de caldo del cocido con medio kilo de
patatas cocidas muy machacadas y una cucharada de harina, añadiendo medio
cuartillo de leche que se va echando despacio; todo bien revuelto, se deja
cocer quince minutos a fuego lento, hasta que esté algo espeso.
Un pedazo de carne del cocido, frita en manteca, picadillo de jamón y dos
patatas cocidas se machacan y mezclan hasta formar una masa, y con ella se
hacen unas bolitas que se pasan por huevo y harina y se fríen, poniéndolas en
la sopera, vertiendo en la misma el caldo preparado anteriormente.
Sopa de María.
Sopa Juliana.
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Cinco minutos antes de sacarlo puede agregarse una cucharada de
guisantes verdes, y unos tostones de pan al servirlo.
Sopa de pescado.
Con manteca o aceite se fríen unos ajos, una cebolla y una zanahoria,
partidos muy menudos; así que estén fritos, se echan en la cacerola dos litros
de agua, sal y pimienta; se deja cocer diez minutos, y después se agrega
medio kilo de pescado (sea mero, merluza, almejas, etcétera) y se le hace
hervir durante media hora.
Se tienen preparados en la sopera cuadraditos de pan frito, y pasando el
caldo por un colador, se echa en la sopera y se sirve muy calentito.
Puré de patata.
Puré de legumbres.
Se ponen a cocer 30 gramos de las legumbres secas que se desee con unos
pedacitos de cebolla y zanahoria. Cuando estén bien cocidos se machacan, se
les echa un poquito de caldo para que se disuelvan y se pasan por un colador.
Todo junto en una cacerola con litro y medio de caldo, se pondrá media hora
a fuego lento.
Al tiempo de servirlo, en la sopera se añade picadillo de jamón y
picatostes, si se quiere que resulte más sabroso.
Puré de cangrejos.
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Dos docenas de cangrejos muy lavados, después de practicada la
operación que se llama castrarles, se ponen cubiertos de agua con sal,
pimienta, unas raspaduras de nuez moscada y un cuarterón de manteca,
cociendo en fuego vivo durante quince minutos.
Después de cocidos se les quita las colas, que se dejan en un poco de
caldo, y la carne que se saca del resto de los cangrejos se machaca en un
mortero de piedra, y en un litro de agua y 60 gramos le arroz se pone a fuego
lento veinte minutos. Seguidamente se machacan las colas con sus cáscaras y
juntamente con el caldo en que se han guardado se pasa por tamiz y obtendrá
color rojo. Todo esto se vierte sobre la sopera, en la que habrá preparados
tostones de pan, y se sirvo.
Sopa de macarrones.
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CAPÍTULO II
SALSAS
Las salsas que se elaboran por una preparación independiente del manjar
que se guisa resultan mucho más apetitosas que las que se hacen con harina o
féculas que suelen emplearse para trabar o espesar el caldo que tiene la vianda
que se confecciona.
Las salsas pueden dividirse, principalmente, en dos clases: calientes y
frías. Éstas, a su vez, se subdividen en muchas clases.
Las salsas calientes son una mezcla de manteca, harina, féculas, etc., con
un líquido hirviendo que se combinan por la acción de un fuego moderado.
Las salsas frías tienen por base yemas de huevo trabajadas con aceite o
manteca y jugo de limón, vinagre, etc.; éstas son bastante más costosas y de
acierto más difícil.
Es condición indispensable, para que las salsas resulten bien, que las
primeras materias que se usen para su confección sean de excelente calidad,
porque si no serán desagradables al gusto.
Salsa bechamel.
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Entre la variedad de salsas de esta clase, elegimos por su sencillez la
siguiente:
Se pone a fuego suave una cacerola esmaltada, echando en ella 20 gramos
de manteca muy fresca de vacas y otros tantos gramos de harina fina
tamizada; una vez bien mezcladas, se retira la cacerola del fuego y entonces
se añade poco a poco medio vaso de leche que esté hirviendo y cuatro
pedacitos de manteca fresca del tamaño de avellanas y la sal necesaria,
revolviéndolo con una cuchara de madera.
Después de que haya formado una masa fina se agrega una cucharada de
nata y cuatro o cinco cucharadas de leche hirviendo, se vuelve a poner a fuego
suave cinco minutos y se saca, debiéndola usar inmediatamente.
Salsa castellana.
Salsa mayonesa.
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la vasija. Se prueba y sazona nuevamente de sal; si hace falta se le agrega un
poco de vinagre o limón y se mezcla todo con la cuchara hasta que esté bien
unido. Puede añadirse también una cucharada de nata, y de esta manera
resulta la salsa más fina.
Salsa española.
Salsa de tomate.
Se ponen a asar unos tomates, y así que están, se los pela, se pican muy
bien, y pasándolos por un colador, se dejan en una cacerola, se les añade un
poco de caldo del cocido, una chispita de manteca y la sal necesaria. Se
aproxima al fuego quince minutos, y se retira.
Salsa vinagreta.
Salsa tártara.
Hay quien gusta de salsa fuerte, y en este caso se hace lo siguiente: en una
taza grande se ponen dos yemas de huevo, se echa una cucharadita de vinagre,
otra de mostaza, sal, pimienta, perejil y una jícara de aceite, mezclándolo todo
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muy bien, como en la salsa mayonesa. Se aproxima al fuego y se le da unas
vueltas durante tres o cuatro minutos.
Puede añadirse también cebolletas o chalotas picadas muy menudas.
Salsa casera.
Alí oli.
Con una cuchara de palo se baten muy bien dos yemas de huevo crudo, y
removiéndolas sin cesar, y siempre para un lado, se va agregando gota a gota
el aceite hasta que la salsa se ponga muy dura. Se machacan dos dientes de
ajo, y desleídos con un poquito de aceite, y echando sal molida, se agregan a
la salsa. Se sirve fría.
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CAPÍTULO III
HUEVOS Y TORTILLAS
ADVERTENCIAS IMPORTANTES
Para freír los huevos es conveniente usar una sartén pequeña y honda,
poner abundante aceite, y no echar a freír los huevos hasta que el aceite está
tan caliente que humea. Debe tenerse también la precaución de romper el
huevo en un plato o taza, y ver si está fresco y bueno antes de freírlo.
Para hacer las tortillas debe estar muy limpia la sartén por dentro; los
huevos no conviene batirlos excesivamente, porque se ponen como una masa,
y la tortilla no resulta jugosa; en cambio, conviene, una vez batidos los
huevos, añadirles un pedazo de mantequilla del tamaño de una nuez, dividida
en trocitos por toda la tortilla, pues de esto modo resulta la tortilla muy fina y
sabrosa.
En las tortillas a la francesa, una vez echados los huevos en la sartén y en
cuanto cuajan un poco, se levanta por un lado la tortilla con una volvedera y
se dobla una mitad sobre la otra, con lo cual queda muy tierna la tortilla por el
interior, que es como la prefieren muchas personas.
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Se lavan en agua fría a fin de presentarlos limpios en la mesa, después se
ponen en un cazo con agua hirviendo, se tapan y se retiran inmediatamente de
la lumbre; a los siete minutos de retirados pueden servirse.
Huevos fritos.
Hacerlos parece cosa sencillísima que todo el mundo sabe; sin embargo,
vamos a decir cómo resultan bien hechos. Esto se consigue tomando una
sartén honda y pequeña con bastante aceite y dejando que se ponga muy
caliente; cuando humea se echa el huevo con cuidado que no se rompa la
yema y se va rociando la clara con el aceite. En cuanto está cuajada la clara se
sacan en seguida con una volvedora, antes de que se pongan demasiado
tostados, porque el huevo quemado es de mal digerir.
Huevos a la nata.
Huevos al plato.
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cuando la clara está coagulada se les saca. Se les echa por encima una poquita
de sal y pimienta molida.
Huevos a la nieve.
Se baten las claras de doce huevos frescos, con medio kilo de azúcar en
polvo, y dos cucharadas de agua de azahar o esencia de naranja, limón o café.
Póngase a cocer en una cacerola medio litro de leche y un cuarto de kilo de
azúcar, y cuando empiece a hervir se van echando en ella, por cucharadas, las
claras antes batidas, que así que han cocido un poco se sacan, dejándolas
escurrir sobre un tamiz. En seguida se aparta la mitad de la leche, y en la
mitad que queda al fuego se echan, después de batidas, las yemas
correspondientes a las doce claras, formando una crema con la que se rocían
las claras, que se han colocado en una fuente de porcelana, en la que se sirven
a la mesa los huevos a la nieve.
Tortilla española.
Tortilla francesa.
Se baten media docena de huevos con perejil muy picado, sal y una
poquita de agua. Se echan en la sartén, que tendrá un poco de manteca muy
caliente, y cuando esté hecha la tortilla, por un lado se dobla y se saca muy
pronto a fin de que quede muy jugosa por dentro.
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Tortilla de carne.
Tortilla de verdura.
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CAPÍTULO IV
PATATAS, VERDURAS
Y LEGUMBRES
Patatas fritas.
Mondadas y lavadas las patatas, se parten en rodajas o en tiras largas y se
ponen a freír en sartén honda y con abundante aceite muy caliente, dándoles
vueltas para que se vayan dorando; cuando están a medio freír se les echa la
sal. Se sirven de la sartén a la mesa.
Si se quieren tiernas, se cortan más gruesas y una vez fritas se ponen en
una cazuela, se tapan y se aproximan a fuego suave diez minutos.
Patatas en salsa.
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Entre tanto se cortan patatas en rodajas gruesas y en varias veces se van
echando en la sartén, que tendrá manteca de cerdo muy caliente; cuando
empiecen a dorarse por un lado se las vuelve y se quitan antes de que estén
fritas; según se vayan sacando de la sartén se echarán en la salsa preparada, y
así que estén todas, se dejará cocer veinte minutos.
Patatas en tortilla.
Se cuecen patatas enteras, un kilo; así que lo están se mondan con cuidado
y se machacan hasta que resulte una pasta fina, con la cual se mezclan dos
cucharadas de leche, dos yemas de huevo y una chispita de manteca de vaca.
Se incorpora picadillo de lomo de cerdo o jamón y se hace en la sartén con un
poquito de aceite, dándole forma de tortilla.
Patatas souflées.
Después de mondadas se cortan las patatas en rodajas del grueso de un
duro, se las limpia con un paño y se ponen a freír en una sartén con mucho
aceite que esté muy caliente; así que están fritas se sacan para que se enfríen
un poco; se vuelve a calentar el aceite y se echan otra vez, se hinchan y se
sirven en seguida.
Pimientos asados.
Coliflor rebozada.
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Repollo.
Lombarda.
Espinacas a la andaluza.
Las espinacas deben lavarse muy bien, por la tierra que suelen tener
adherida. Se ponen a cocer en agua y sal, y cuando estén cocidas se las
escurre y se dejan en una cacerola. En aceite caliente se fríen unos ajos y un
picadillo de jamón y con el aceite se echan en la cacerola.
Antes de sacarlo a la mesa se adorna con unos huevos duros cortados muy
menudos, que se rehogan en la sartén con un poquito de aceite y sal.
Alcachofas.
Se quitan las hojas de fuera y las puntas; córtense en pedazos, con los
tallos más tiernos, y se lavan. Se ponen a cocer en agua y sal, y así que están
se escurren muy bien. Se hace una salsa con piñones picados, una cucharada
de harina tostada, un poquito de clavo, unas raspaduras de nuez moscada y
manteca. Esta salsa cuece quince minutos con las alcachofas, y ya está el
guiso.
Espárragos.
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Se quita la parte dura de los espárragos, se lavan y se ponen a cocer en
agua hirviendo con sal, sacándolos cuando estén cocidos.
Se tiene preparada salsa a la mayonesa, o si gusta más salsa hecha con
aceite crudo, vinagre y sal muy mezclados; se sirven en una esparraguera o
fuente.
Cardo en salsa.
Cardo al natural.
Pisto manchego.
Se fríen unos cuadraditos finos de patata y antes que se doren se les echa
en una cacerola. Con el mismo aceite o manteca se fríen cebollas y berenjena
cortadas muy finas, y se agregan a la patata con el aceite o manteca en que se
han frito. Se asan, se mondan y se cortan muy menudos tres pimientos verdes
y se añaden a la cacerola. Y por último se fríen muy menudos dos tomates, y
se mezclan bien en la cacerola, echándoles una poquita de agua y de sal y se
deja cocer quince minutos.
Este pisto puede servirse con carne guisada de antemano o con jamón
frito.
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Se limpia y escalda medio kilo de judías, quitándoles las puntas y los
hilos, y se ponen en agua cociendo; cuando estén a medio cocer se les añade
dos o tres patatas partidas en pedazos y la sal necesaria. Cocidas ya, se les
escurre el agua y puestas en una fuente se les echa cebolla menuda y zumo de
tomate muy fritos.
Se cuecen 750 gramos de judías en agua, y se echa sal cuando casi estén
cocidas. En una cacerola se prepara una salsa con manteca, una cucharadita
de harina tostada, hierbas finas y un poco de caldo, poniéndola al fuego.
Cocidas y escurridas las judías, se ponen a cocer en esta salsa, sazonándolas
con sal y pimentón. Después se mezclan dos yemas de huevo y una poquita de
nata, se echa en la cacerola y poco después se sirve.
Con medio kilo hay bastante para cuatro personas. Se dejan a remojo en
agua caliente, y junto a la lumbre unos quince minutos. Después de
escurridas, se ponen a cocer en agua fría, en cantidad que las cubra nada más,
pues si hace falta, se va añadiendo agua fría. Deben hervir en fuego suave,
para que no se les vaya la piel. Cuando están a medio cocer, se les echa un
chorizo de buena clase, y la sal cuando están cocidas.
Con el caldo de las judías blancas se puede hacer sopa de pan que resulta
de un gusto agradable; pero en este caso se han de cocer con mucha más agua.
Lentejas.
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Con las lentejas hay que tener cuidado al limpiarlas, por las piedrecitas
que suelen llevar. Se lavan, y puestas a cocer en agua fría, se las quita cuando
empiezan a hervir. Se ponen otra vez a cocer con agua fría que las cubra
solamente, y así que estén cocidas, se las adereza con cebolla frita, una
cucharadita de harina tostada y sal.
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CAPÍTULO V
COCIDO
Y PLATOS REGIONALES
Cocido español.
En un puchero de regular tamaño que contenga dos terceras partes de agua
templada, se ponen a cocer 200 gramos de garbanzos, puestos a remojo toda
la noche anterior, y con sal, para que cuezan bien. Cuando hayan hervido
unos minutos, se les echa un cuarto de kilo de buena carne de vaca, y si no
hay de ésta, de carnero; además, una pechuga o pierna de gallina y un poquito
de cebolla. Cuando esté a medio cocer, y después de bien espumado, se
agrega 100 gramos de codillo de jamón y un chorizo, y media hora antes de
quitar el caldo para hacer la sopa, échense unas patatitas enteras mondadas.
Según vaya haciendo falta, se añade al cocido agua templada para que haya
bastante caldo. Si se sirve con verduras, éstas se cuecen aparte y se mezclan,
una vez aderezadas.
Olla podrida.
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La olla podrida os un cocido más sustancioso que el anterior. Se hace lo
mismo, y no hay más diferencia que la de los ingredientes que se le echan. Al
poner la carne, se pone también orejas y pies de cerdo y ternera, despojos de
aves y relleno de carne. Con el jamón se echa también un pedazo de tocino, y
al echar la patata, también se agrega una morcilla.
Cocido francés
Pote gallego.
Para este plato se pone a cocer con medio kilo de judías blancas un
pedazo de lacón, tocino añejo y nabos partidos. Se escaldan unas berzas
partidas y cuando esté a medio cocer el pote se echan las berzas, y un poco
después se añade unas patatas partidas en canteros y una morcilla.
Fabada asturiana.
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CAPÍTULO VI
PLATOS DE ARROZ
Paella de familia.
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Arroz tostado.
Tiene muchos aficionados por lo apetitoso que resulta, y debe hacerse con
muy buen caldo de cocido.
Para cuatro personas se ponen tres tazas de arroz de las de café y seis
tazas de caldo; cuando éste hierva, se echa el arroz, cuidando de moverlo con
frecuencia en los primeros momentos; así que el arroz se quede sin caldo por
haberlo adsorbido, pónense sobre la tapadera varias ascuas de carbón de
encina o leña, y en cuanto esté dorada la parte superior, se sirve.
Arroz blanco.
Arroz a la italiana.
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Después de lavadas, se cuece por espacio de 20 minutos medio kilo de
almejas con sus conchas, que se quitan después; el caldo se pasa por una
servilleta y se deja en la cacerola donde haya de hacerse el arroz. Se fríe
medio kilo de mero cortado en filetes y una anguila partida en pedazos,
echándose en la cacerola una vez fritos. En el mismo aceite se fríe ajo picado,
y de antemano se tendrán casi cocidos unos pedazos de coliflor que se
rehogarán en el aceite con un poquito de pimentón, y también se agrega a la
cacerola. El arroz, lavado en agua fría, se echa en el caldo hirviendo con los
demás ingrediente, añadiendo antes de estar hecho unos pedacitos de pimiento
asado.
Este arroz debe comerse jugoso, no seco.
Arroz a la alicantina.
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CAPÍTULO VII
PLATOS DE CARNE
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ajo y hierbas aromáticas. Entonces se hace cocer a fuego lento poco más de
cuatro horas, dándole algunas vueltas.
Cuando la carne esté tierna, que se conoce en que el tenedor penetra sin
dificultad, se retira unos momentos del fuego para que repose, y se acerca otra
vez para que se reduzca el caldo.
Este guiso puede servirse con la pata de ternera, o también puede
presentarse ésta separada con salsa picante.
Vaca asada.
No todos los trozos de carne de vaca son buenos para asar; solamente
sirven los de contextura bastante fina para soportar el asado sin endurecerse.
Para esto se prefieren el lomo y el solomillo.
Antes de ponerlo en el asador o parrilla, se quita la piel, la grasa, los
tendones y los nervios, se extiende a lo largo y se unta con una poquita
manteca de cerdo.
La fuerza del fuego debe ser proporcionada al grueso de la vianda; es
decir, que si el trozo de vaca es grande, no debe ser muy vivo el fuego, porque
si no, se quemaría por fuera sin estar asado por dentro.
Si ha de servirse como asado, se deja tierno; pero si ha de añadirse alguna
salsa, entonces debe estar más hecho.
Vaca en estofado.
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La carne más apropiada para este guisado es Ja que llaman de aguja y
también es buena la falda magra. Se parte en pedazos no muy grandes y se
pone en un puchero de barro de boca estrecha; se adereza con dos jícaras de
aceite crudo, otras dos de vino jerez seco, una cabeza de ajos, una cebolla
pequeña entera incrustada con clavos y granos de pimienta, dos tomates
asados y colados y sal.
En la boca del puchero se pone un papel doblado de estraza y una
cazuelita con agua. Debo cocer a fuego lento y moverlo con alguna
frecuencia. Quince minutos o más antes de que esté pueden echarse unos
canteritos de patata.
Chuletas empapeladas.
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Beafteck con patatas.
Filetes a la madrileña.
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En manteca de cerdo se pone a freír el hígado, partido en pedazos,
sacándolo de la sartén en cuanto esté frito. En la misma manteca se fríe una
poquita de cebolla, cortada menuda, y una miga de pan del tamaño de una
nuez, y se machacan después con ajo y perejil; esto se alarga con agua
templada y una cucharada de vinagre, poniéndose a cocer el hígado en esta
salsa.
Manos rebozadas.
Limpias previamente, se cuecen en agua hirviendo con sal. Así que estén
cocidas se deshuesan, poniéndolas a freír rebozadas en huevo batido y harina.
Se adornan con perejil al servirlas.
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Lavados los sesos con agua templada, se les quita la membrana que los
envuelve y todas las fibras. Se ponen a cocer media hora en una cacerola con
manteca de cerdo, echándoles una hoja de laurel, unos pedazos de zanahoria y
cebolla, perejil, caldo y vino blanco por mitad. Se los sazona con sal y
pimentón.
Antes de sacarlo se añade un poco de vinagre que habrá cocido aparte con
sal y pimienta, y al ir a servil lo, se le echa manteca hirviendo, que habrá
obtenido un color muy oscuro en la sartén.
Son preferibles para este plato las de lomo, y se arreglan para que estén de
buen ver. Se pasan ligeramente por manteca fresca de cerdo, que estará muy
caliente. En seguida se ponen en una cacerola, con buen caldo de cocido,
picadillo de jamón, zanahoria, clavo, ajo y un vaso de buen vino seco. Se deja
cocer hasta que se vaya mermando el caldo.
Se sirve con judías u otra clase de legumbres cocidas y aderezadas aparte.
La salsa se vierte sobre las legumbres.
Pierna de carnero.
Para que resulte buena y tierna es preciso que el carnero sea fino y gordo
y no viejo Por diferentes sitios se le hacen pequeñas incisiones,
introduciéndole unos trocitos de tocino y algún grano de pimienta negra. Se le
echa la sal y después de muy untada con manteca de cerdo se pone a asar en
una cacerola apropiada, de modo que no esté muy holgada; se pone al horno,
tapándola hasta que se haya calentado muy bien; entonces se deja ya
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destapada, untándola, con una pluma de ave, con aceite, perejil y ajo picados
en un mortero y unas gotas de limón. El fuego estará muy vivo, y cuando se
vea dorada por un lado se vuelve.
Para servirla se monda la punta del hueso y se le pone un papel picado,
atándole con una cinta.
Al propio tiempo se sirve ensalada.
Cordero a la aragonesa.
Cordero asado.
Beaftecks a la Colbert.
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un fuego vivo en la parrilla por espacio de siete a ocho minuto, dándoles
vuelta continuamente. Se echan en una cacerola seis cucharadas de gelatina
derretida y cuando haya hervido se retira del fuego, incorporándole
lentamente 100 gramos de buena manteca, sin dejar de agitar la mezcla hasta
que esté perfectamente trabada, añadiéndole unas gotas de zumo de limón y
un poco de perejil menudamente picado. Esta salsa se echa muy caliente sobre
los beaftecks, que se colocan en una fuente plana.
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CAPÍTULO VIII
PLATOS DE CERDO
La matanza del cerdo constituye en muchos pueblos un verdadero
acontecimiento en cada casa, porque es la defensa más verdadera de la
despensa durante mucho tiempo, lo mismo con la carne fresca que con el
matapuerco, conservas y salazón.
En las ciudades no es muy fácil proporcionarse este gusto, y como por
otra parte los embutidos se comen a veces con desconfianza, por ser
operación que requiere mucha limpieza y esmero en su confección, además de
carne sana, nos decidimos a explicar después de los platos de cerdo, la manera
de hacer el clásico matapuerco de Aragón, que resulta muy exquisito.
Lomo en rosca.
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Se hace un picadillo fino de lomo de cerdo, echándole un diente de ajo y
jamón; para que adquiera consistencia, se echa pan rallado, y en una cacerola
untada de manteca se va colocando en forma de rueda, dejando un hueco en el
centro, en el cual se pondrá una cebolla entera incrustada de clavos de
especia, pimienta en grano y pedacitos de laurel. Se cubre de agua, se agrega
una cucharada de vinagre y un vaso de vino; se deja cocer, y cuando haya
absorbido el caldo, se pone al horno destapada para que se tuesto por encima,
y se saca con cuidado a una fuente para que no pierda la forma.
Se sirve con patatas fritas y se adorna con pedacitos menudos de pimiento
encarnado asado.
Lomo en conserva.
Morcillas de arroz.
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Para tres kilos de arroz se pone a hervir doble cantidad de agua con sal,
una rama de laurel y una naranja partida, sin las pipas. Cuando el agua cueza,
en la caldera, se echa el arroz limpio y lavado, que sea de muy buena clase; se
le va dando vueltas, teniendo cuidado de llegar con la paleta hasta el fondo
para que no se pegue. En cuanto esté a medio cocer se saca y se vierte sobre
una vasija grande de barro barnizado; se quitan la naranja y el laurel, se tapa
con una servilleta limpia y se aparta del fuego para que enfríe.
Así que el arroz está casi frío se le van echando los ingredientes que
siguen:
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va pinchando para que salga el aire y no se revienten. Como el arroz está ya a
medio cocer, no hace falta que estén mucho tiempo, teniendo en cuenta que
las morcillas de intestinos anchos tardan en cocer un poco más que las
estrechas. Una vez cocidas, que es fácil conocer por el color del intestino, se
retira el caldero de la lumbre, dejándolas en él media hora, después de la cual
se extienden en una mesa cubierta de mantel o paño blanco y se tapan con
otro paño. Al día siguiente se cuelgan en sitio ventilado para que se
conserven.
Morcillas de cebolla.
Bolas o tortetas.
Con la sangre sobrante se hacen unas bolas del tamaño de las naranjas
mandarinas. Como se conservan algún tiempo, suele echarse una cada día en
el cocido. De tiernas son muy agradables; se cortan en rodajas y se fríen en
manteca de cerdo.
De pan del día anterior se cortan unas rebanadas como para hacer sopa, se
moja con caldo de las morcillas y se echa en la misma vasija en que éstas se
embutieron. Se mezcla la sangre y los ingredientes citados, con una poquita
más de pimienta. Se agrega harina de trigo, revolviéndolo bien hasta que se
forme una pasta dura. Hecho, esto se va sacando a una tabla y con ayuda de
una poquita de harina se hacen las bolas.
En fuego muy vivo se pone la caldera en que cocieron las morcillas y con
el mismo caldo, al que se añadirá agua si hay poca; cuando hierva a
borbotones se le echan las bolas, pasando con mucho cuidado la paleta para
que no se peguen. Una vez cocidas se sacan, poniéndolas separadas entre
paños como las morcillas, extendiéndolas al día siguiente en sitio ventilado.
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Longanizas.
Se corta y pica muy menudo lomo de cerdo con sus partes gordas, o
también magro y gordo de cadera. Se prepara un cocimiento con hojas de
laurel, unos palos de hinojo, orégano fresco, tomillo, algunos ajos y un vasito
de vinagre, todo esto en un litro de agua. Cuando esté hirviendo y cocido, se
escalda bien el picadillo anterior, procurando que se moje toda la carne, pero
que no sobre líquido; si es necesario, se hace la operación sin usar más que
una parte de él. En la carne se echa una poquita de pimienta, clavo y canela
fina molidos, rociándose la carne, además, con un poco de aguardiente; se
mezcla bien y se embute en intestinos de los estrechos; se los va haciendo
bastante apretados, pinchándoles con alfiler muy fino. No se atan hasta el día
siguiente que se vuelven a apretar y se atan por las dos puntas.
Después de ocho o diez días de hechas, también pueden ponerse en
conserva las longanizas, como el lomo, partidas en pedazos de diez
centímetros, y con este objeto se fríen un poco, con igual procedimiento.
También se conservan en aceite crudo.
Chorizos.
Por cada kilo de carne se ponen seis pimientos dulces morrones secos; se
lavan y se dejan en agua tres o cuatro días para que se ablanden. La carne de
cerdo para los chorizos se elige entre gorda y magia, se pica muy bien, y se lo
echa sal, pimiento dulce y picante en proporción a la que se echó en las
morcillas, tres dientes de ajo machacados por cada un kilo de carne, pasados
por el colador con una poquita de agua. Los pimientos morrones también se
machacan y se pasan con otra poquita de agua por el colador, echándose sobre
la carne; ésta, con los ingredientes, se deja en una vasija de barro barnizada, y
se tiene allí ocho días, dándolo una vuelta diaria. Pasados estos días, se hace
el embutido y se atan, procurando que esté muy apretado.
Después se cuelgan como los demás embutidos.
Salazón.
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boj en un cajón grande de madera con la piel hacia abajo. A los dos días, los
cuartos que quedaron encima se ponen debajo, pero siempre la piel hacia
abajo. A los ocho días se vuelve a echar otra poquita de sal, y se tienen en ella
quince días más si el cerdo no era grande, y si lo era, tres semanas. Después
se cuelga, procurando que sea un día despejado, porque si no, es preferible
tenerlo algún día más en el cajón.
Salchichas a la canela.
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CAPÍTULO IX
FRITOS
Ya en algunos capítulos hemos explicado platos fritos; así es que en éste
sólo escribiremos algunos de los que no están incluidos en su capítulo
correspondiente.
Riñones.
Para freír son preferibles los de cordero joven. Después de muy limpios y
lavados se parten en rodajas del grueso de un duro, se untan con manteca y se
rebozan con pan rallado, ajo y perejil picados. Se ponen a freír en abundante
manteca caliente y se sirven sobre una servilleta de refresco.
Sesos huecos.
Quitadas la piel y las fibras, se ponen a cocer con sal y unos granos de
pimienta negra. Para un seso de cordero se baten dos claras de huevo a la
nieve. Se deslíe en agua cucharada y media de harina, hasta que forme una
crema espesa y fina, echándole sal y unas gotas de limón; esto se mezcla con
las claras batidas y se van rebozando pedazos de seso con esta pasta y se fríen
en abundante aceite muy caliente.
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Jamón frito.
Croquetas.
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CAPÍTULO X
AVES
Pollos en pepitoria.
Pollo salteado.
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Gallina con arroz.
Pollo asado.
Para que resulte tierno se elige gordo y fino.
Después de limpio se unta con ajo machacado, aceite crudo, unas gotas de
limón; se embadurna muy bien de manteca y se sazona con sal. En la parte
interior se pone una nuez de manteca y una cebolla pequeña. Se arregla en
una cacerola, donde quepa bien, y se deja en el horno, tapándolo; se destapa
para que se dore, teniendo cuidado de volverlo para que no se queme.
Si el pollo se quiere relleno, se asa como se ha dicho, pero en los huecos
del vientre y entre las pechugas se introduce un picadillo de jamón, higadillos
del pollo y carne de ternera, todo muy bien picado, y se cose para que no se
salga.
Pollo a lo chilindrón.
Para este plato deben ser muy tiernos y jóvenes. Se parten en pedazos y se
fríen en aceite o manteca.
Separadamente se hace una salsa de tomate y añadiendo pimientos asados
se mezclan con los pollos, dejándoles cocer quince minutos en fuego suave.
Pichones asados.
Limpios ya, se les quita el cuello, se abren por el espinazo, se sazonan con
sal, y rociados con vinagre, se les deja así dos horas; después se ponen a asar
al horno untados de manteca, hasta que se doren.
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Se limpian y chamuscan dos pichones o palominos que sean gordos. Se
les quita el cuello y se atan las patas cruzadas sobre el vientre. Se les pone en
agua hirviendo quince minutos, se los saca, y con un paño limpio se los seca
muy bien. Se prepara una cacerola con aceite, un pedazo de tocino y una
cucharada de harina, dejándola freír hasta que adquiera un color dorado;
seguidamente se le echa un cuartillo de agua templada, medio vaso de vino
blanco, pimienta, tomillo, una hoja de laurel, perejil, un poco de jamón y unas
setas menudas. A los pichones se les echa unas gotas de limón, y se les pone a
cocer con las pechugas hacia arriba. Una hora antes de servirlos se añade una
cebolla grande partida en dos pedazos.
Pavo asado.
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CAPÍTULO XI
CAZA
Perdices a la cazadora.
Una vez limpias se colocan en una cacerola, en forma que no estén muy
holgadas, se les pone hasta su mitad de agua sazonada, echándoles además
dos cucharadas de vinagre, dos jícaras de aceite crudo, dos o tres granos de
pimienta, clavos y una hoja de laurel, una cebolla partida en pedazos y unas
rodajas de zanahoria. Se dejan cocer hasta que el caldo haya mermado
bastante, se cuela éste y se sirven.
Perdices escabechadas.
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Codornices cubiertas.
Conejo asado.
Quitada la piel y lavado con cuatro o cinco aguas, se seca muy bien con
un paño, se le sazona con sal y untado de manteca, se pone en la parrilla,
cambiándole de lado hasta que se vaya dorando.
Se sirve con la salsa ali-oli.
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Con los higadillos de la liebre, unos pedazos de cebolla y una miga de
pan, muy machacados y con una poca de agua se hace una salsa que se
mezcla con la liebre y cuece con ella una hora antes de servirla.
Liebre a la española.
Pájaros fritos.
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CAPÍTULO XII
PESCADOS
Merluza a la mayonesa.
Merluza guisada.
Lenguado frito.
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Los lenguados se fríen enteros, en abundante aceite y sazonados con sal.
Al sacarlos a la mesa se les cubre con pan rallado frito y unas rodajas de
limón.
Salmón.
Besugo asado.
Besugo en salsa.
Besugo a la vizcaína.
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cuando la cebolla adquiere un bonito color dorado se pone en la besuguera,
colocando encima el pescado. La besuguera se mete en el horno, dándole
vuelta de vez en cuando para que el pescado cueza muy por igual. Cuando
está suficientemente cocido y momentos antes de servirlo a la mesa se rocía
con una jícara de buen vinagre.
Anguila a la tártara.
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Pescadillas.
Bonito a la asturiana.
Se elige medio kilo de bonito de la parte del centro, que en la costa de
Asturias llaman ventresca, y partido en filetes se fríen en aceite, untados de
harina y sazonados con sal. Después de fritos se dejan en una cacerola. En el
mismo aceite se frío una cebolla grande partida y sin dejar que se dore se echa
en la cacerola con el bonito, añadiendo aceite, una cucharada de vinagre y un
poquito de pimentón, y se deja cocer unos minutos.
Congrio en salsa.
Un pedazo de congrio que pese medio kilo se fríe en aceite, sazonado con
sal y envuelto en harina. Una vez frito, se pone a cocer un rato con la salsa
española hecha con nueces.
Al servirlo se añade una yema de huevo desleída en poca agua y se
mezcla con la salsa.
Mero.
Siendo este pescado muy sustancioso, resulta muy bien como la merluza
guisada o con arroz, o bien se cuece con poca agua y se sirve con cualquiera
de las salsas propias de los pescados. También es agradable frito en filetes en
abundante aceite.
Langosta al natural.
Atadas las patas, se pone a cocer en agua templada, en una vasija que
quepa bien; a los veinte minutos está cocida y se sirve con salsa tártara o
mayonesa.
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Langostinos.
Se dejan cocer diez minutos en agua y sal con unos granos de pimienta.
Después de cocidos se sirven con salsa mayonesa.
Calamares en su tinta.
Deben ser frescos y de regular tamaño; se limpian quitándoles las telitas y
la bolsita de la tinta; partidos en pedazos se ponen en una cacerola. Se fríe una
cebolla y una miga grande de pan, se machacan con una poquita de agua y se
echan en la cacerola. Las bolsitas de la tinta se rompen con una cuchara de
palo y con una poquita de agua pasan por un colador a la cacerola para que
cuezan con los calamares.
Bacalao a la vizcaína.
Bacalao frito.
Olla de pescado.
(Bouillabaisse marsellesa).
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El plato que vamos a explicar, además de ser exquisito y de tener fama
universal, resulta económico y muy a propósito para las familias en días de
Cuaresma. Reúne, además, la ventaja de que con él se forma una comida con
dos platos, esto es: la sopa, que se hace con el caldo previo, y el plato de
pescado, que se sirve luego con salsa mayonesa, salsa verde, vinagreta u otra
salsa a elección.
Cantidades para ocho personas (para cuatro personas se pone la mitad de
estas cantidades): Kilo y medio de pescado, esto es: 1/4 de kilo de almejas sin
conchas, y lo demás de merluza o mero, o ambos pescados a la vez.
Para el caldo previo: Dos litros de agua, 100 gramos de cebolla cortada
en rodajas, 60 gramos de zanahorias cortadas en el mismo sentido, 4
pedacitos de clavo, 1 hoja de laurel, 1 tallo de tomillo, 4 o 5 ramitas de
perejil, 1 diente de ajo, 1 pedazo de corteza de limón del tamaño de un duro, 4
granos de pimienta, 15 gramos de sal en grano.
Para la olla o Bouillabaisse: Un vaso de aceite, o sea 2 decilitros; 1 vaso
de vino blanco, 1 decilitro de puré de tomate, 30 gramos de cebolla picada, 50
centigramos de azafrán, una cucharada bien llena de perejil muy picado, 2
trozos de limón con sus cortezas, 1 diente de ajo pequeño.
Manera de operar.
Se deja cocer el caldo previo unos veinte minutos con la tapadera puesta.
Mientras tanto, se pone en una cacerola medio vaso de aceite y se mete en
ella la cebolla picada hasta que se dore un poco. Una vez conseguido esto, se
retira la cacerola y se arregla en la misma el pescado.
Se le echa el otro medio vaso de aceite, el perejil cortado y el azafrán. Se
añade el tomate, los pedazos de limón, el ajo, vino blanco, y se echa por fin el
caldo previo sobre todo esto. Hay que advertir que este liquido ha de cubrir
suficientemente el pescado.
Se pone al fuego, y a los cinco minutos debe empezar a hervir
francamente por todos los lados de la cacerola. Es preciso que esta ebullición
produzca una espuma parecida a la de la leche cuando subo, y durante todo el
tiempo de la cocción.
Con sólo diez o doce minutos de hervor el plato está pronto a ser servido,
y se efectúa: el caldo aparte con rodajas de pan del tamaño de la palma de la
mano, y el pescado en otra fuente.
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Luego, cada comensal se echará sobre el pescado la salsa que crea
conveniente.
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