Ensayistas Peruanas del Siglo XIX
Ensayistas Peruanas del Siglo XIX
2018
ESCRITORAS Y ENSAYISTAS: HACIA EL
RESCATE Y LA DIGNIFICACIÓN DE LA
ENSAYÍSTICA FEMENINA EN LA PRENSA
DECIMONÓNICA PERUANA
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A todo el personal de la biblioteca de California State University, Long Beach (Circulation
Desk, BeachReach y Link+), gracias a sus efectivos servicios bibliotecarios me mantuve en vilo
con mis lecturas.
Asimismo, de mi universidad, que no solo es mi centro de trabajo sino que también fue mi
centro de enseñanza superior para mis estudios de Magíster, no puedo dejar de agradecer a mis
profesoras de Literatura Peninsular y Latinoamericana; Lisa Vollendorf, Leslie Nord, Bonnie
Gasior y Claire Martin. Gracias por ayudarme a redescubrir las satisfacciones que trae consigo el
aprendizaje y a potenciar mis habilidades como investigadora.
En Lima agradezco a Sara Beatriz Guardia por apoyarme desde la primera vez que la visité
para compartir con ella mis proyectos y, a Alberto Varillas por los cafés literarios que me dio el
privilegio de compartir para seguir avanzando con la tesis.
Mi agradecimiento especial es para Ismael Pinto Vargas, que aunque ya no está físicamente
entre nosotros, quiero expresarle mi más profunda y sincera gratitud. Gracias por dejarnos como
legado un libro como Sin perdón y sin olvido: Mercedes Cabello de Carbonera y su mundo (2003)
y por ayudarme a despertar mi pasión por una autora como doña Mercedes. Gracias por el tiempo
que me dedicó para reunirnos en San Antonio a charlar cada vez que estaba de paso por Lima.
Un agradecimiento muy singular es para Claire Martin. Sin tu clase y sin tu guía académica
no hubiera nunca aprendido sobre las protagonistas de esta tesis, gracias por permitirme
redescubrirlas. También, mi eterno agradecimiento porque, aunque acababa de graduarme, creíste
en mí y me invitaste y enseñaste a trabajar por vez primera en la edición de tu antología. Gracias
por tu generosidad.
Mi gratitud infinita es y siempre será para mi directora de tesis, Nieves Baranda Leturio.
Gracias por impulsarme a no desfallecer en los momentos difíciles y por hacer crecer en mí la
dedicación y vocación por un trabajo arduo pero estimulante. Tus detalladas y minuciosas
correcciones me ayudaron a reconsiderar mis apreciaciones críticas y a articular de una forma cada
vez más clara y concisa mi escritura. Gracias por aceptar dirigir mi tesis, por tu tiempo cada vez
que estuve por Madrid y por permitirme trabajar con libertad y hacerme crecer como una
doctoranda responsable de mi propio tiempo y acciones.
Finalmente, mi reconocimiento particular es para mi familia. Primero, para mis padres,
Rafael y Nelly quienes siempre se preocuparon por darme la mejor herencia que puede darse a un
hijo, “la educación”. A mi padre por enseñarnos desde niños a amar nuestra lengua castellana. A
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mi madre por tu inmenso amor y dedicación incondicional y por ser siempre mi mejor aliada. A
mi prima, Diana Gamarra, mi gratitud infinita por hospedarme cada vez que estuve por Lima
investigando o asistiendo a alguna conferencia, no existe mejor hotel en el mundo que estar en tu
casa. Y a mis hermanos, Rafael Jesús y Juan José, por siempre arrancarme una sonrisa en los
momentos en que más necesitaba de su apoyo.
Por último, a mi esposo, Phil Goswitz. No tengo palabras para dejarte saber lo importante
que significa tener tu apoyo incondicional en todas las facetas de mi vida, especcialmente como
estudiante y como mujer. Gracias por hacer de esta tesis un motivo para viajar juntos, conocer
juntos y compartir todo lo que nos depara la vida de una forma positiva. Sin tu apoyo, nunca
hubiese dado este paso.
Gracias infinitas a todos ustedes.
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6
ÍNDICE
Introducción
Planteamientos generales: Justificación, estado de la cuestión, hipótesis y metodología 13
Capítulo 1: La ensayística femenina del último tercio del siglo XIX 22
1.1. Desempolvando el archivo. Los semanarios femeninos de la prensa limeña
1.2. Circunstancias políticas, económicas y sociales de Perú
Capítulo 2: Hacia el rescate de la ensayista peruana 36
2.1. Cuatro generaciones de ensayistas peruanas. Un repaso biográfico (Cuadro #1)
2.1.1. La Generación 1807-1821
2.1.1.1. Juana Laso de Eléspuru (1819-1905)
2.1.2. La Generación 1822-1836
2.1.2.1. Rosa Mercedes Riglos de Orbegoso (1826-1891)
2.1.2.2. Teresa González de Fanning (1836-1918)
2.1.3. La Generación 1837-1851
2.1.3.1. Mercedes Cabello de Carbonera (1842-1909)
2.1.3.2. Carolina Freyre de Jaimes (1844-1916)
2.1.3.3. Margarita Práxedes Muñoz (1848-1909)
2.1.4. La Generación 1852-1866
2.1.4.1. Clorinda Matto de Turner (1852-1909)
2.1.4.2. Juana Rosa de Amézaga Díaz (1853-1904)
2.1.4.3. María Manuela Nieves y Bustamante (1861-1947)
2.1.4.4. Amalia Puga de Losada (1866-1963)
2.2. Las ensayistas y la historia
2.2.1. Etapa nacimiento/formativa
2.2.2. Etapa nupcial/educacional
2.2.3. Etapa escritural/ pública
2.3. Las ensayistas. Una aproximación conjunta (gráficos 1, 2, 3 y 4).
2.4. El arquetipo identitario de la ensayista peruana
Capítulo 3: El centauro de los géneros en la escritura femenina del Perú del diecinueve 82
3.1. Consideraciones generales sobre el género y el texto ensayístico
3.2. El ensayo de género. Una aproximación preliminar
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3.3. Escritoras y ensayistas: un corpus en femenino
3.4. Aproximaciones a la clasificación del texto ensayístico
3.5. Hacia una propuesta de clasificación y análisis de los ensayos de la década del setenta
3.5.1. El leitmotiv en los ensayos de fundamento moralista
3.5.1.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento moralista
3.5.1.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento moralista
3.5.2. El leitmotiv en los ensayos de fundamento reformista
3.5.2.1 Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento reformista
3.5.2.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento reformista
3.5.3. El leitmotiv en los ensayos de fundamento literario
3.5.3.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento literario
3.5.3.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento literario
3.5..4. El leitmotiv en los ensayos de fundamento crítico
3.5.4.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento crítico
3.5.4.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento crítico
3.6. La prensa limeña, las Veladas Literarias de Juana Manuela y la primera red de ensayistas
del Perú decimonónico (gráficos 5 y 6).
Capítulo 4: Hacia la consolidación de la ensayística femenina 152
4.1. El entre décadas (1877-1887)
4.2. La guerra vista como elemento desencadenante en los ochenta
4.2.1. Incidencias culturales/literarias
4.2.2. Incidencias en la difusión/publicación
4.2.3. Incidencias familiares/personales
4.3. La guerra vista como elemento de resurgimiento y cambio
4.3.1. El resurgir de las escritoras en la prensa extranjera
4.3.2. El giro hacia la ficción
4.4. Hacia una propuesta de clasificación y análisis. El leitmotiv y la elocuencia discursiva en la
ensayística femenina a finales de los ochenta y principios de los noventa.
4.4.1. Los ensayos de fundamento moral/cristiano
4.4.1.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento moral/cristiano
4.4.2. Los ensayos de fundamento femenino
8
4.4.2.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento femenino
4.4.3. Los ensayos de fundamento nacionalista
4.4.3.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento nacionalista
4.4.4. Los ensayos de fundamento científico/académico
4.4.4.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento científico/académico
4.5. El Ateneo de Lima, Las veladas de Clorinda Matto y la consolidación de la red de
ensayistas del Perú decimonónico (gráficos 7 y 8)
CONCLUSIONES 210
CONCLUSIONS 215
BIBLIOGRAFÍA 219
ABSTRACT 232
APÉNDICE DOCUMENTAL:
I. Tablas de datos de los gráficos 233
II. Antología selecta 240
Índice
9
Carolina Freyre de Jaimes
“Al bello sexo” ………………………………………………… 280
“El hogar” ………………………………………………… 283
10
Introducción
La presente investigación gira en torno a los artículos publicados en la prensa
decimonónica peruana en las últimas tres décadas de la centuria. Nos proponemos recuperar los
nombres de las escritoras que publicaron sus artículos en la prensa limeña, para hacer una relectura
de estos. Nuestra intención es analizarlos no como artículos periodísticos sino como ensayos
literarios. Para tal fin, cuatro han sido los verbos que han guiado nuestra investigación. Primero,
el desempolvar; luego, el rescatar; seguidamente, el erigir; y por último, el consolidar.
En el capítulo 1 desempolvamos las revistas y semanarios de las tres últimas décadas del
siglo XIX. Es así que nuestro trabajo en este capítulo se enfoca en las revistas: El Álbum, La
Alborada, El Correo del Perú y el semanario El Perú Ilustrado. La segunda parte del capítulo,
presenta un recuento histórico de las circunstancias políticas, económicas y sociales de Perú. En
el capítulo 2 rescatamos; primero, los nombres de las escritoras que publicaron en dichos diarios,
y luego, los artículos que serán parte del corpus de este trabajo. Nuestro afán de rescatar nos lleva
a un trabajo de recuperación histórica; primero, recuperando los nombres de las escritoras que
publicaron uno o más artículos en las revistas propuestas y segundo, clasificándolas de acuerdo a
categorías generacionales (Varillas). Este capítulo se convierte así en un estudio de tinte biográfico
e histórico, se actualizan fechas y acontecimientos de la vida de las diez autoras que tuvieron
presencia literaria desde 1871 a 1892: Juana Laso, Rosa Riglos, Teresa González, Mercedes
Cabello, Carolina Freyre, Margarita Práxedes, Clorinda Matto, Juana Rosa de Amézaga, María
Nieves y Bustamante y Amalia Puga. En la segunda parte del capítulo se presenta un aproximación
conjunta de las escritoras y sus escritos, es decir, se preludia el corpus rescatado y se tabula
cuantitativamente.
En el tercer capítulo, repasamos las consideraciones generales sobre el género ensayo y el
texto ensayístico así como de la clasificación de este último. Contemplamos también lo
problemático que resulta el intentar una aproximación sobre el ensayo de género y, finalmente,
erigimos el corpus rescatado de la década del setenta para su respectivo análisis. Este se enmarca
bajo la teoría propuesta por María Elena Arenas (1997). En nuestro análisis de cada ensayo
intentamos responder a dos preguntas: primero, de qué argumentan las autoras y cómo lo hacen.
La última parte de este capítulo, intenta mostrar cómo con la ayuda de la prensa limeña y las
11
Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti las escritoras de la década del setenta pueden ser
consideradas como la primera red de ensayistas del Perú decimonónico.
En el último capítulo hacemos primero un balance de lo sucedido en el país entre los años
de 1877 y 1887, años en que se publicaron los últimos ensayos de la década del setenta y los
primeros de la década de los ochenta. Luego se presentan las incidencias que dejó la Guerra del
Pacífico y se intenta delinear cómo las escritoras vivieron esta etapa siniestra de la historia peruana.
Finalmente, se analizan, bajo la misma metodología empleada para los ensayos de los setenta, los
ensayos de fines de la década de los ochenta y comienzos de los noventa; para mostrar cómo en
estos años las escritoras de esta etapa se consolidaron como una red de escritoras y ensayistas.
Por último, la Antología selecta que anexamos al final de esta tesis, intenta ofrecer a
nuestros colegas y público interesado una muestra de los ensayos que formaron el corpus de este
estudio.
12
Planteamientos generales: Justificación, estado de la cuestión, hipótesis y metodología
La literatura femenina del siglo diecinueve latinoamericano, un campo de investigación
hasta hace algunas décadas poco estudiado, viene siendo reevaluada por la crítica desde diferentes
posturas teóricas y miradas interdisciplinarias. Uno de los aspectos que sin duda ha contribuido a
que este interés vaya en aumento es el trabajo filológico y editorial que se ha realizado para
recuperar y revalorizar la producción de este período literario. También, resulta crucial reparar en
la información que aparece en la web, la cual ayuda a difundir las obras de las escritoras
finiseculares latinoamericanas así como el trabajo crítico que se hace sobre estas.
Dentro de este grupo, las escritoras peruanas destacan y, es precisamente, en la década de
los noventa del siglo pasado, cuando atraen la atención de críticos como Francesca Denegri,
Maritza Villavicencio y Alberto Varillas, siendo el trabajo de estos transcendental para entender
la emergencia de la escritora ilustrada en el Perú. Estos inspiradores estudios reafirman la presencia
no solo de una generación femenina que descolló en el último tercio del siglo XIX peruano, sino
también, la innegable existencia de un corpus, extenso y heterogéneo, que aún no ha sido abordado
en su totalidad por la crítica contemporánea.
Ciertamente, de ese corpus, extenso y heterogéneo, resalta la diversidad de géneros
literarios que las escritoras peruanas cultivaron; siendo la novelística el género más estudiado por
la crítica. Sin embargo, las autoras peruanas fueron también prolíficas articulistas. Dichos artículos
se publicaron en la prensa decimonónica del país y, como tales, han sido abordados por la crítica
como artículos de opinión. Cabría entonces preguntarse por qué la crítica no ha cuestionado si
estos artículos en la prensa pueden ser abordados como ensayos literarios y por qué el ensayo, y
en particular, la ensayística practicada por las escritoras peruanas de finales del siglo XIX, ha
recibido menos atención de la crítica.
En un esfuerzo por llenar este vacío de conocimiento, considero válido realizar la doble
tarea de desempolvar esas joyas del ensayismo de la prensa decimonónica peruana; primero,
dándole visibilidad a sus escritoras y luego, recobrando sus textos. Es mi intención aproximarme
a estos escritos desde una doble perspectiva; la individual y la colectiva para desentrañar esa
mancomunidad de ideas que entretejieron y desarrollaron las autoras en sus ensayos dentro del
contexto histórico, social, y cultural en el que aparecieron, las últimas tres décadas del siglo
diecinueve.
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En el repaso cronológico siguiente se incluyen; libros, artículos y tesis sobre el ensayo
femenino y, en la última parte, un repaso de los tres estudios críticos ––arriba mencionados––
sobre las escritoras decimonónicas peruanas.
En 1993 se publica The Politics of the Essay. Feminist Perspectives, una antología crítica
editada por Ruth Boetcher y Elizabeth Mittman. El análisis de este libro se enmarca bajo tres ejes
temáticos: El primero titulado "Women's Essays: Genre-Crossings"; el segundo, "The Conscious
'I': Authority and Ambiguity in Women's Essays" y el último titulado "Women's Essays as Political
Intervention"1. En la presentación "An Introductory Essay" las editoras dejan entrever la intención
precursora y la perspectiva feminista del volumen:
Approaching the extensive critical literature that has been written on the essay can be daunting.
Focusing on the specificities of gender greatly simplifies the process, however, since virtually
nothing has been written on the subject of women and essays from a feminist perspective. This
volume intends to redress that lack. Our collection of articles and essays is a first attempt to examine
what it is that women undertake when they choose the essay for their own purposes, when they
appropriate the form for themselves and do with it as they wish. (Boetcher, Mittman 13-14)
Unos años más tarde Doris Meyer publica otras dos antologías dedicadas exclusivamente
a los ensayos producidos por escritoras latinoamericanas de los siglos XIX y XX: Reinterpreting
the Spanish American Essay. Women Writers of the 19th and 20th Centuries (1995) y Rereading
the Spanish American Essay. Translations of 19th and 20th Century Women's Essays (1995). La
primera antología contiene veintiún artículos. Los estudios críticos de esta antología reafirman la
existencia de una tradición femenina que se valió de la ensayística para expresar sus pensamientos:
“Indeed, one cannot appreciate their literary and intellectual history of this region without reading
its essayist” (Meyer 1). El segundo libro es una compilación de veintidós ensayos de escritoras
latinoamericanas, los cuales están traducidos al inglés por las investigadoras más representativas
de la literatura decimonónica y contemporánea norteamericana2.
1
En cada eje temático se presentan cuatro ensayos que examinan los escritos de autoras latinoamericanas y europeas.
Los estudios críticos que se presentan ofrecen propuestas teóricas que sustentan la existencia de una tradición femenina
en las letras latinoamericanas. Se examina la ensayística de Carmen Martín Gaite, Flora Tristán, Victoria Ocampo,
Virginia Woolf, Alice Walker entre otras.
2
Los ensayos que se incluyen son: "On divorce" de Flora Tristán, "The Women of Havana" de La Condesa de Merlín,
"Women" de Gertrudis Gómez de Avellaneda, "Life of the Pampas" de Eduarda Mansilla de García, "Juana Azurduy
de Padilla", "Emma Verdier" y "Chincha" de Juana Manuela Gorriti, "The Mission of the Woman Writer in Spanish
America" de Soledad Acosta de Samper, "Francisca Zubiaga de Gamarra" y "The Woman Worker and the Woman"
de Clorinda Matto de Turner, "An Old Story"," Letter to the Eternal Father", "Against Charity", "The Immigrant Girl"
y "Women and Love" de Alfonsina Storni, "Babel" y "Woman and Her Expression" de Victoria Ocampo, "About
Courage" y "Personal Pages" de Amanda Labarca Hubertson, "Platforms for Living" y "Toward the New Woman" de
Magda Portal, "The Influence of Women in the Formation of the American Soul" de Teresa de la Parra, "Victoria
Ocampo" y "Similarities and Differences between the Americas" de Gabriela Mistral, "My Books" de Nellie
14
De otro lado, en 1998 Kathleen M. Glenn y Mercedes Mazquiarán de Rodríguez editan la
antología Spanish Women Writers and the Essay: Gender, Politics, and the Self. Algunas de las
ensayistas estudiadas en la antología son: Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Carmen de
Burgos, Margarita Nelken y Rosa Chacel entre otras. Kathleen M. Glenn y Mercedes Mazquiarán,
desde la misma perspectiva feminista que Boetcher y Mittman, reconocen que el ensayo era
considerado un género para escritores y lectores varones y que no se ha estudiado como la novela
o la poesía de las escritoras. Para las editoras, este libro es un esfuerzo por cubrir esas dos
carencias: “It focuses on an all-too-often neglected genre and on the scope and variety of the
contributions that Spanish women writers have made to it” (Glenn, Mazquiarán 1).
De comienzos del siglo XXI los dos volúmenes de Cristina Arambel-Guiñazú y Claire
Emilie Martin Las mujeres toman la palabra. Escritura femenina del siglo XIX (2001) dedican un
capítulo entero al género ensayístico. En el estudio crítico, el Capítulo II: "La Prensa Feminista":
'Algunas ensayistas notables', incluye a ensayistas como la argentina Juana Manso y a las peruanas
Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera. En el segundo volumen ––la
antología–– se transcriben en el Capítulo II: "El Ensayo" algunos textos de estas tres escritoras3.
Otro estudio es el de Gloria da Cunha, Pensadoras de la nación, publicado en el 2006. La
autora incluye en su antología crítica tres ensayos de escritoras latinoamericanas como Marietta
de Veintemilla, Mercedes Cabello de Carbonera y Luisa Capetillo. En su introducción, Cunha
apunta primero a la falta de accesibilidad al corpus ensayístico en general; segundo, a la existencia
de una superficialidad valorativa en cuanto a las aproximaciones hechas a dichos ensayos y por
último, al encuadre feminista primermundista de algunos estudios sobre la ensayística femenina
latinoamericana para concluir que: “El uso de este vehículo literario tradicionalmente masculino
para tratar temas femeninos ha llevado a ciertos críticos a hablar de “cruce de géneros” o de
“discurso contestatario”. […]. Estas ideas reafirman la creencia, errónea, de que las pensadoras
Campobello, "Tropical Myths and the Costa Rican Environment" y "Protest against Folklore" de Yolanda Oreamuno,
"Mexican Customs" de Rosario Castellanos, "Cultural Crisis in Costa Rica" de Carmen Naranjo, "Two Hundred Blue
Whales” y "My Writing is ..." de Margo Glantz, "Woman's Authenticity in Art" de Rosario Ferré, "Feminist and
Political Women" de Julieta Kirkwood, "New Year's Eve at Daniel's", "The Fantasy of the Passive Object: Inflatable
Dolls" de Cristina Peri Rossi y "The Last Turkey" de Elena Poniatowska.
3
De Juana Manso: "Álbum de señoritas", "Emancipación moral de la mujer" y "Las misiones"; de Clorinda Matto
"Estudios históricos al doctor Luis Cordero" y de Mercedes Cabello "La novela moderna. Estudio filosófico".
15
decimonónicas no utilizaron el género en el mismo plano de igualdad discursiva y temática que
los hombres” (11-12)4.
A los textos antes mencionados, no se puede dejar de añadir los artículos que señalan
específicamente esta carencia de estudios sobre la ensayística femenina latinoamericana.
Volviendo a la década de los noventa, destaca el artículo "Un pensamiento alternativo en el ensayo
latinoamericano: 'Feminarios' de Julieta Kirkwood" (1992) de Patricia V. Pinto. Su texto reflexiona
sobre el porqué se debe reparar en este tipo de escritura:
El ensayo hispanoamericano ha sido asociado al cuestionamiento de la identidad, a la búsqueda del
origen y de las claves que nos permitan entendernos como seres de América Latina. Estudiarlo
sería, entonces, irnos apropiando de e irnos conociendo en lo que somos. Sin embargo, los
estudiosos de esta ensayística parecen no haber reparado que este corpus adolece de una carencia
que, por sí sola, le resta buena parte de su validez al no acoger dentro de sí las voces reflexivas de
las ensayistas, de nuestras ensayistas. (64-65)
Un año más tarde, el trabajo de Lourdes Rojas y Nancy Saporta Sternbach titulado "Latin
American Women Essayist 'Intruders and Usurpers'" incluido en la antología de Boetcher-Mittman
(1993) pone de manifiesto que: “In fact, to date, no literary critic has ever systematically studied
Latin American women’s essays […] women’s essays are virtually unknown” (176). Le sigue otro
artículo iluminador, el de Mary Louise Pratt: "Don't Interrupt Me: The Gender Essay as
Conversation and Countercanon" (1995) incluido en la primera antología de Meyer. La critica
canadiense vislumbra una categórica postura teórica feminista sobre el ensayo femenino
latinoamericano: “Para emitir juicios sobre la escritura no canónica, es necesario aprender a leerla.
Si por el contrario, este tipo de escritura se juzga con las normas literarias establecidas, se partirá
de prejuicios y se acabará por reproducir la misma estructura excluyente que originalmente
marginó al texto” (72). Por último, para cerrar la década de los noventa, Mariselle Meléndez en
1998 publica el artículo "Obreras del pensamiento y educadoras de la nación: El sujeto femenino
en la ensayística femenina decimonónica de transición", su análisis gira en torno al género
ensayístico del siglo XIX en relación a los temas de la identidad cultural, la raza, la nación y la
problemática de género sexual (574). Del año 2002, el artículo de Fanny Arango-Keeth "Del ángel
4
Gloria Da Cunha rescata los siguientes textos en la sección Antología de ensayos selectos: De Marietta de
Veintemilla: Páginas del Ecuador (Fragmentos) incluye: "Dos palabras", "El Ecuador y sus fanatismos", "Dictadura
de Urvina", "Lucha histórica", "Primeras conspiraciones", "Erupción del Cotopaxi", "La palabra dictadura", "Los
ineptos", "Madrugada del 10 de enero", "La prisión", "Los pentaviros", "En el calabozo", "El viaje", "Los pueblos
hispanoamericanos" y Madame Roland. De Mercedes Cabello de Carbonera, La religión de la humanidad y de Luisa
Capetillo: Mi opinión (Fragmentos) que incluyen: "Mi profesión de fe (París)", "A mi hija Manuela Ledesma
Capetillo" y La humanidad en el futuro.
16
del hogar a la obrera del pensamiento: Construcción de la identidad socio-histórica y literaria de
la escritora peruana del siglo diecinueve" ofrece un análisis basado en tres ensayos: el primero,
"Flora Tristán. Apuntes sobre su vida y su obra" (1875) de Carolina Freyre de Jaimes; el segundo
"La influencia de la mujer en la civilización" (1885); y el tercero, "Las obreras del pensamiento en
la América del Sud" (1895). Arango busca a través de estos: "analizar el paradigma de identidad
socio-histórica y literaria que la escritora del siglo diecinueve construye con la finalidad de
inscribir tanto su identidad genérica como su identidad creadora" (379-380)5.
Existen también estudios que se centran en la recuperación de textos de una sola escritora,
como por ejemplo la compilación de Carlos Cornejo Quesada Mercedes Cabello de Carbonera.
Una mujer en el otro margen (2009) que reproduce como el mismo autor nota: "[...] un grupo de
artículos de opinión publicados en periódicos de la época que fueron previamente leídos en las
veladas de Juana Manuela Gorriti y otros que se publicaron en revistas y periódicos entre 1874 y
1898" (23). Carlos Cornejo rescata dieciocho textos de la autora moqueguana. Asimismo, el
estudio de Christian Fernández sobre la autora Margarita Práxedes Muñoz Mis primeros ensayos
([1902] 2012) que rescata dieciséis textos. Por último, la publicación de Ismael Pinto Vargas
titulada Mercedes Cabello de Carbonera. Artículos periodísticos y ensayos (2017). El libro se
divide en dos secciones: La primera recopila sesenta y ocho artículos periodísticos que Cabello
publicó desde 1872 hasta 1899; la segunda incluye tres ensayos de la escritora moqueguana.
Por otro lado, están las antologías que recuperan textos ensayísticos de más de una autora,
como por ejemplo el estudio de la historiadora peruana María Emma Mannarelli en Las mujeres y
sus propuestas educativas, 1870-1930 (2013). Mannarelli no solo hace un estudio crítico de los
textos de escritoras, como Cabello de Carbonera, Matto de Turner y González de Fanning, sino
que rescata y transcribe en su volumen algunos de los textos ensayísticos de estas escritoras
publicados en periódicos decimonónicos limeños como: El Álbum, La Alborada, El Correo del
Perú, El Perú Ilustrado, El Libre Pensamiento, El Comercio y El Lucero 6. Siguiendo con la
5
El artículo de Fanny Arango-Keeth se publicó en la edición de Juan Andreo y Sara Beatriz Guardia Historia de las
mujeres en América Latina y aquí aparece el ensayo de Arango-Keeth. De esta última fuente proceden nuestras
citas.
6
Su antología incluye ensayos de tres de nuestras autoras; De Mercedes Cabello; "Influencia de la mujer en la
civilización" (1874), "Necesidad de una industria para la mujer" (1875), "La lectura" (1876), "Importancia de la
literatura" (1877), "Una cuestión sociológica" (1897), "Los exámenes" (1898). De Teresa González, Educación
femenina (1898) y de Clorinda Matto; "Luz entre sombras. Estudio filosófico-moral para las madres de familia"
(1889), "Necesidad de la educación física en los colegios" (1890), "Comparación de la labor materna con la del
educador" (1890), "La necesidad del trabajo para la mujer" (1890), "Defensa de la educación de la mujer" (1890),
"Educación de niños y adolescentes" (1891) y "La educación de la mujer en Estados Unidos" (1891). El libro de
17
recuperación de los textos ensayísticos la colección Ensayistas hispanoamericanas. Antología
crítica. Época Moderna de Marcela Prado Traverso en coautoría con Cathereen Coltters Illescas y
Edda Navarro Frozzini (2014), recopila los textos de once escritoras latinoamericanas (en algunos
casos solo fragmentos). La antología presenta una nota socio-biográfica de cada escritora y un
estudio crítico. Los textos recopilados abarcan desde el año1836 hasta 19057.
Finalmente, si se revisan las tesis doctorales encontramos que en el año 2001 la tesis de
Lucero Tenorio-Gavin titulada “El ensayo latinoamericano de escritoras: asuntos de género
literario, identidad femenina y concientización por la escritura” analiza los ensayos de cuatro
escritoras latinoamericanas: Zoila Aurora Cáceres (1890), Victoria Ocampo (1930), Rosario
Castellanos (1960) y Rosario Ferré (1970). Su reflexión gira sobre el uso que hacen las cuatro
escritoras de este género literario para alcanzar la emancipación femenina a través de la escritura
en su forma principalmente expositiva y persuasiva (2). Por último, está la tesis de grado de Máster
de Emily Joy Clark titulado "Addressing Women's Education in Lima in the late Nineteenth
Century: The Veladas Literarias and Beyond" (2011). En esta se revisan los ensayos de cuatro
escritoras decimonónicas peruanas: Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner,
Teresa González de Fanning y Mercedes Eléspuru y Lazo. Joy Clark se limita solo al análisis de
los alegatos de estas escritoras en favor de la educación; y la selección de los textos la circunscribe
solo a los artículos que se leyeron en las Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti (1876-1877).
Ahora bien, es importante incluir en este repaso tres estudios críticos sobre la escritura
femenina del siglo diecinueve en el Perú, los textos de Francesca Denegri, Maritza Villavicencio
y Alberto Varillas. Publicados todos en los noventa, estos estudios ejemplifican la labor
Mannarelli forma parte de la Colección Pensamiento Educativo Peruano. Los quince tomos incluidos en la colección
fueron publicados por el Fondo Editorial de Derrama Magisterial en Lima- Perú (2013).
7
Esta antología incluye a escritoras como: Flora Tristán con tres textos: "Peregrinaciones de una Paria" (fragmento),
"La Unión Obrera" (fragmento) y "Llamamiento a las mujeres de todas las clases, de todas las edades, de todas las
opiniones, de todos los países"; Gertrudis Gómez de Avellaneda con "La mujer considerada particularmente en su
capacidad científica, artística y literaria"; Juana Manuela Gorriti con Cocina ecléctica (fragmentos); Soledad Acosta
de Samper con "Misión de la escritora Hispanoamericana" y "Aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones";
Rosario Orrego de Uribe con "A Regina" y "El lujo y la moda"; Mercedes Cabello de Carbonera con "Influencia de
la mujer en la civilización" y "La novela moderna (Estudio filosófico)"; Laura Méndez de Cuenca con "El hogar
mexicano. Nociones de Economía Doméstica, para uso de las alumnas de instrucción primaria (fragmentos)"; Clorinda
Matto de Turner con "Las obreras del pensamiento en América del Sud"; Inés Echeverría Bello con "Entrevistas-
ensayos sobre la guerra, la literatura y las fuerzas espirituales"; Teresa de la Parra con "Influencia de las mujeres en
la formación del alma americana" y Gabriela Mistral con "El patriotismo de nuestra hora", "Organización de las
mujeres" y "Menos cóndor y más huemul".
18
concienzuda y cabal de sus investigadores cuya perspectiva, generacional e integradora, desveló e
incluyó a ese grupo emergente de escritoras peruanas.
Francesca Denegri es la primera crítica literaria en realizar un trabajo de exploración sobre
las escritoras decimonónicas desde una perspectiva de género. Mary Berg en su reseña a El abanico
y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú (1992)8 en la revista
electrónica EIAL (Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe) de la Universidad
de Tel Aviv nota:
This is by far the best and most extensive study to date of the concerns and public presence of
women writers in Lima in the mid-19th century. It includes excellent analysis of the overlap
between political culture and literary culture during that optimistic era of peace (before the War of
the Pacific) and prosperity (guano exports), and the various chapters describe the effects of liberal
positivism, the extensive participation of women writers in a new culture of literary periodicals and
literary gatherings, and the topics and strategies of women's writings. (n/p)
8
El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú surge como tesis de doctorado
para la Universidad de Londres en 1992 y en 1996 se convirtió en libro. La segunda edición se publicó en el 2004.
19
décadas del siglo XX)9. Del silencio a la palabra... es otra referencia bibliográfica obligatoria para
entender ese devenir histórico de las escritoras peruanas. El estudio de Villavicencio, en nuestra
opinión, complementa el trabajo de Denegri al puntualizar características propias de esta
Generación del 70, como por ejemplo que: a) las escritoras lograron hacerse de un espacio en el
campo literario, b) adquirieron voz propia e identidad pública, c) el uso público que hicieron del
lenguaje escrito les dio acceso a la esfera pública; d) fueron precursoras de una actitud
contestataria; e) y se apoderaron del acto de pensar (57).
Un tercer estudio es el bien logrado e integrador texto de Alberto Varillas titulado La
literatura peruana del siglo XIX. Periodificación y caracterización (1992), quien, luego de repasar
los acontecimientos históricos del siglo XIX en el Perú, presenta y ordena a los escritores peruanos
de ese siglo agrupándolos por generaciones. Luis Jaime Cisneros en la Introducción del libro nota:
A lo largo de la obra Varillas trabaja el concepto de generación y lo recrea: amplía su imagen y
resuelve incorporar al conjunto –distinguiendo entre la intensidad de la colaboración y la calidad
del comportamiento – a hombres totalmente ignorados, o a veces solo desdeñados por la crítica
oficial. Ese es uno de sus aciertos: exponer ante nosotros una realidad desconocida [...]. (11)
Esa realidad desconocida o desatendida que ofrece el crítico peruano en su estudio, concretamente
los nombres de las escritoras poco estudiadas, es lo que nos llevó a indagar en este monumental
trabajo histórico-literario.
La metodología que se empleará en esta investigación abarca las siguientes etapas: primero,
se hará un trabajo de recuperación histórica. Se seleccionarán las revistas literarias rescatando de
ellas los artículos que pueden ser abordados como ensayos, así como los nombres de las autoras
de esos artículos. Luego, se hará un análisis cuantitativo de las autoras y sus textos. Más tarde, se
contextualizarán estos ensayos en torno a la producción crítica que existe sobre el ensayo per se
para seguidamente, circunscribir estos textos a una teoría sobre el ensayo que nos permita
dignificarlos como ensayos y a sus autoras como ensayistas; esto nos permitirá realizar un análisis
cualitativo de los mismos. Para tal efecto, limitamos el análisis de este corpus a la postura teórica
de María Elena Arenas, es decir, ampliar los géneros naturales a cuatro para incluir la
Argumentación10, y dentro de este nuevo género, acercarnos al ensayo como una clase de textos
9
El libro está dividido en seis capítulos titulados: ser mujer en el Perú Colonial, la educación de la mujer en la
República Temprana, 1870 y el surgimiento de un grupo de mujeres intelectuales, participación de la mujer en la vida
pública: las ideas de la época, el trabajo femenino en Lima durante la etapa de modernización económica, y 1900-
1930: Configuración de las tres vertientes del movimiento urbano de mujeres en el Perú.
10
Los otros tres géneros de índole universal y transhistórica son: género lírico, épico-novelesco y dramático-teatral
(Arenas 447).
20
del género argumentativo: "Este género, como los otros tres, actúa como un marco de opciones o
principios básicos de orden expresivo, referencial, tonal y comunicativo, que son compartidos por
un conjunto de textos determinados históricamente [...]" (Arenas 447)11.
11
De su libro Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico (1997). Explicamos los
postulados de Arenas en el capítulo 3.
21
Capítulo 1
La ensayística femenina del último tercio del siglo XIX
“Las mujeres deben estar presentes como objetos
y sujetos del pensamiento. Un primer paso
es rescatar sus obras y aprender a leerlas”
Mary Louise Pratt “No me interrumpas…”
22
Comercio (1839), el Heraldo de Lima (1854), La América (1862), El Perú (1864), y La República
(1871)12.
Este repaso sobre la prensa peruana permite imaginar el lugar que ocuparon, dentro de la
prensa nacional, las revistas literarias, a las cuales, tanto Porras como Varillas otorgan una sección
especial a este tipo de publicación. Según estos críticos, aunque dichas publicaciones tuvieron una
corta existencia, fueron de transcendencia extrema en la sociedad peruana en las últimas cuatro
décadas de la centuria decimonónica. Porras les otorga importancia, por su valor historiográfico:
"Las revistas científicas y literarias tienen también importancia como fuentes históricas para
estudiar el desarrollo cultural del Perú" (79). El crítico peruano considera solamente la Revista de
Lima (1859-1863) como la que mayor influencia intelectual ha tenido en el país y afirma que sirvió
como principal órgano de expresión a los integrantes de la generación literaria romántica: Palma,
Salaverry y Cisneros. En cambio, pasa inadvertido el impacto de las revistas femeninas que
aparecen en la década de los setenta y el aporte de las mujeres que en ellas publicaron. Varillas,
por su parte, nota:
Así, tanto El Ateneo de Lima (1863), como La Bella Limeña (1872), La Alborada (1874-1875) y
El Álbum (1874) [...] cumplen con recoger la producción nacional de los escritores nacionales de
aquellos años –mostrando especial interés en la creciente participación femenina– pero aún no se
atreven a emitir consideración alguna sobre el desarrollo de nuestras letras. (45)
Varillas si bien nota la participación femenina en estas revistas no les otorga valor cultural a sus
escritos. Sin embargo, para nuestro estudio son los escritos de las escritoras decimonónicas,
sepultados en los archivos y olvidados en estas revistas decimonónicas, el derrotero de nuestra
investigación, específicamente; los textos en las revistas literarias publicadas desde inicios de los
años setenta hasta comienzos de los años noventa como: El Álbum, La Alborada, El Correo del
Perú y El Perú Ilustrado13.
12
Es importante aclarar que Porras, Gargurevich y Varillas coinciden en que La Gaceta de Madrid se reimprime en
Lima desde 1715, pero que esta fue un tipo de publicación informativa en la América española que solo traía las
noticias de lo que ocurría en España y las novedades más sobresalientes de Europa. Si se desea ahondar sobre el tema
del periodismo, el capítulo 1: "El periodismo en el Perú" (7-64) de Raúl Porras Barrenechea ofrece una cronología
detallada de todos los diarios publicados en el Perú.
13
En referencia al semanario La Bella Limeña, que llevaba como subtítulo "Periódico Semanal para las Familias",
estaba dirigido específicamente a lectoras y suscriptoras. Su fundador fue el poeta y periodista arequipeño Abel de la
Encarnación Delgado y aunque la existencia del semanario fue muy breve –solo se publicó desde el 7 de abril al 16
de junio de 1872 –, el impacto que logró para el futuro de la prensa femenina fue determinante. Es en este semanario
donde se publican las primeras novelas de folletín y poemas de las escritoras, que más tarde serán figuras prominentes
de la escritura femenina peruana. La Bella Limeña tuvo entre sus colaboradoras a Juana Manuela Villarán de Plasencia,
Juana Manuela Gorriti y Carolina Freyre de Jaimes. No es parte de nuestro estudio por no incluir textos que sirvan
nuestro propósito de análisis.
23
En cuanto a las revistas que se van a utilizar, Carlos Cornejo Quesada en su artículo
“Presencia e imagen del periodismo femenino en el siglo XIX” (2012) nota:
El Álbum fue una revista para mujeres y escrita predominantemente por mujeres […]. En su portada
siempre anunciaba los nombres y apellidos de sus colaboradores y corresponsales que tenía en
París, Madrid y Londres […] desde su primer número ya se advierte esta orientación en defensa de
la mujer. (256)
El Álbum Revista Semanal para el Bello Sexo apareció en Lima el 23 de mayo de 1874 y se publicó
hasta el 9 de enero de 1875, es decir, durante aproximadamente nueve meses. Carolina Freyre de
Jaimes y Juana Manuela Gorriti la codirigieron, desde el 23 de mayo hasta el 12 de septiembre de
1874 cuando Gorriti abandona la revista y Freyre se queda a cargo de la dirección, con la que
continuará hasta su desaparición. El Álbum se distinguió de La Bella Limeña porque fue un
semanario dirigido a mujeres y escrito, primordialmente, por mujeres. Un mes después de dejar El
Álbum, Gorriti funda con Numa Pompilio de Llona, La Alborada Semanario de las familias.
Literatura, Arte, Educación, Teatros y Modas. Se empieza a publicar en octubre de 1874 hasta
octubre de 1875. La revista siguió la misma línea que El Álbum y ambas publicaciones se
consolidan como exclusivamente femeninas durante la década del setenta 14.
El otro semanario que destacó durante el auge de publicaciones escritas por mujeres a fines
del siglo XIX fue El Correo del Perú, fundado por los hermanos Isidro Mariano y Trinidad Pérez
en 1871. Se diferenció de las revistas anteriores no solo por la duración que tuvo como publicación,
se difundió por más o menos siete años (1871-1878), sino que además llegó a ser la primera revista
artística de la década15. Isabelle Tauzin-Castellanos en su artículo "La narrativa femenina en el
Perú antes de la Guerra del Pacífico" (1995) apunta que en el número de fin de año de 1873
escribieron en este semanario ocho mujeres y en 1876 el número subió a catorce.
Un cuarto semanario que abarca la segunda mitad de la década de los ochenta, será El Perú
Ilustrado Semanario Ilustrado para las Familias – Editores Propietarios: Peter Bacigalupi & CO.
Carlos Cornejo nota:
[...] apareció el 14 de mayo de 1887, aclarando que el Sr. Dr. Abel de la E. Delgado, fundador y
director del semanario Perlas y Flores, cedía al comerciante y productor cultural ítalo
norteamericano, Peter Bacigalupi y Cía., la propiedad de la revista que circulaba con un nuevo
nombre. [...] El Perú Ilustrado tuvo varios directores durante su existencia: Abel de la E. Delgado
14
Cabe mencionar que tanto Maritza Villavicencio en Del silencio a la palabra (1992:61) como Sara Beatriz Guardia
en Una mirada femenina a los clásicos (2010 197) mencionan a Angelita Carbonell de Herencia Zevallos como la
fundadora de La Alborada.
15
A pesar de que El Correo del Perú comienza a circular desde el 16 de septiembre de 1871, antes que El Álbum y La
Alborada, la listamos como tercera en nuestro estudio dado que duró hasta 1878.
24
(1887); Zenón Ramírez y Hernán Velarde (1887); Zenón Ramírez, J.M. Amézaga (1888-89) y
Clorinda Matto de Turner que asumió la Dirección el 5 de octubre de 1889. La revista circuló hasta
1892. (Cornejo 265)
Como ha notado Carlos Cornejo, el "boom periodístico" que se vivió en la década de los
setenta, fue paralelo a la participación de las mujeres en la prensa, ya sea como fundadoras o
escritoras de esas revistas (247). Más aún, si retomamos la reflexión de Marcel Velázquez, sobre
la importancia de considerar a la prensa decimonónica como una fuente excepcional para
comprender las formas de la literatura nacional, se puede argumentar que, en las revistas literarias
antes citadas, los artículos escritos por la pluma femenina constituyen una forma de expresión
literaria elegida por las escritoras peruanas y que esta no fue otra que el ensayo decimonónico.
Desafortunadamente, la denominación que se le ha otorgado a este tipo de escrito tildándolo como
"artículo de prensa" ha contribuido a desconocer el aporte de estas escritoras como ensayistas y al
arrinconamiento de toda esa producción literaria. Es importante entonces, precisar el marco
literario al que se adscribe esta producción en prensa con el fin de no restarle valor cultural ni
prestigio a estos textos. En efecto, Arambel-Guiñazú y Martin en Las mujeres ... (2001) advertían
en su Introducción:
El silencio crítico no puede justificarse sino como resultado de prejuicios que han borrado la
presencia de estas escritoras del canon literario del siglo pasado. No intentamos aquí recuperar estas
obras con meras curiosidades literarias, sino producir una relectura que les asigne un lugar propio
dentro del contexto cultural decimonónico. (9)
Aunque somos conscientes que una parte de la crítica de hoy desestima los textos escritos
por mujeres, coincidimos con Laura Freixas, quien en Literatura y mujeres: Escritoras, público y
crítica en la España actual (2000) nota: "Si existe una tradición literaria femenina es importante
citarla y conocerla para contribuir a la comprensión de las obras que se inscriben en ella (67) 16. En
efecto, ya desde finales de los setenta, Elaine Showalter en su precursor estudio sobre las novelas
de las escritoras inglesas titulado "Toward a Feminist Poetics" (1979) señalaba que era necesario
abordarlas, pero no desde la perspectiva heredada de los modelos y teorías masculinas. Su estudio
es relevante porque enfatiza que el análisis de la literatura femenina debe de estar basado en
16
La crítica española nota que tanto escritores, como editores y críticos tienen sus propias reglas de juego, pero que
es importante definirlas. Freixas en particular respeta una: la transparencia, "Que para mí consiste en separar los juicios
de hecho y juicios de valor. El juicio de hecho es el que se formula cuando se afirma, por ejemplo, que existe una
literatura femenina con características propias. Es una opinión que versa sobre hechos sobre si algo existe o no en
realidad. El juicio de valor sería calificar positiva o negativamente ese hecho, por ejemplo, tildar a la literatura
femenina de despreciable, excelsa, etc. Ella trata de no caer en esa trampa ni en hacernos caer en ella" (26).
25
modelos originales fundamentados en el estudio de la propia experiencia femenina; y para lograrlo,
se debe de hacer a través de "la construcción de una infraestructura feminista que ella denominó
"ginocrítica". Más aún, el aporte de Showalter no solo es un estudio pionero para la crítica
feminista, sino una propuesta que sí da por sentada la existencia de esta literatura femenina. A
partir de la publicación de Showalter un sinnúmero de artículos y libros se han escrito donde la
escritura femenina es el centro de estudio de la crítica feminista 17.
Uno de esos libros es el estudio de la crítica polaca Magda Potok-Nycz quien en su artículo
"Escritoras españolas y el concepto de literatura femenina" (2003) revive el debate sobre la
existencia o no de la escritura femenina, pero no para entrar en la controversia sino con el propósito
de: "[...] pretendo averiguar cuál es la posición de los sujetos mismos de la discusión, las mujeres
escritoras, frente a la calificación de su obra; observar –dentro del panorama de la literatura
española actual– qué es lo que opinan las escritoras al respecto de la supuesta feminidad de su
escritura [...]" (2). Las respuestas que encuentra avivan aún más ese debate; un grupo de
académicos, críticos, periodistas y lectores acepta que sí existe la literatura femenina; otro grupo
la acepta también, pero le dan un valor menor; y el último grupo, el de las autoras mismas, están
en contra de la calificación de sus libros dentro de la categoría genérica (4). Ciertamente, la crítica
feminista, tanto en los países de Occidente como en Latinoamérica y Estados Unidos, ha realizado
una labor cuidadosa y sistemática con respecto a los textos escritos por mujeres 18. El rescate de las
obras, el buscar la especificidad femenina en estas y el identificar las temáticas que subyacen en
ellas facilita el trabajo de la crítica de hoy, sin embargo, es imperante ratificar, como bien lo notara
Showalter en los setenta, que primero hay que conocer esa literatura hecha por mujeres:
Before we can even begin to ask how the literature of women would be different and special, we
need to reconstruct its past, to rediscover the scores of women novelist, poets, and dramatists whose
17
María Caballero en el artículo "Género y Literatura Hispanoamericana" hace mención de textos como: The Female
Imagination (1975), de Patricia Meyer Spacks; Literary Women (1976), de Ellen Moers; A Literature of Their Own
(1977), Elaine Showalter; Woman's Fiction, (1978), de Nina Baym; The Mad Women in the Attic (1979), de Sandra
Gilbert y Susan Gubar; Women Writers and Poetic Identity (1980), de Margaret Homan y Splintering Darkness: Latin
American Women Writers in search of themselves (1990), editado por Lucía Guerra (104).
18
En el trabajo de coedición que realicé con Claire Martin de la Antología Retomando la palabra. Las pioneras del
XIX en diálogo con la crítica contemporánea (2012), compilamos en el capítulo introductorio los estudios con una
perspectiva teórica feminista. Hacemos referencia a textos de destacadas investigadoras en el ámbito de los estudios
literarios estadounidenses y latinoamericanos como: Jean Franco, Plotting Women (1988); Doris Sommer,
Foundational Fictions (1991); Sylvia Molloy, At Face Value (1991); Francine Masiello, Between Civilization and
Barbarism (1992) y Mary Louise Pratt, Imperial Eyes (1992). También se mencionan colecciones como las de Cristina
Iglesia, El ajuar de la patria. Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti (1993); Antonio Cornejo Polar, Clorinda
Matto de Turner, Novelista. Estudios sobre Aves sin nido, Índole y Herencia (1992); Francesca Denegri, El abanico
y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú (1996); Lea Fletcher, Mujeres y Cultura en la
Argentina del siglo XIX (1994) para citar algunos de los volúmenes que alcanzaron más difusión (9).
26
work has been obscured by time, and to establish the continuity of the female tradition from decade
to decade, rather than from Woman to Great Woman. As we re-create the chain of writers in this
tradition, the patterns of influence and response from one generation to the next, we can also begin
to challenge the periodicity of orthodox literary history and its enshrined canons of achievement.
(137)
Si bien no podemos, como Magda Potok-Nycz, buscar repuestas valiéndonos de la opinión de las
mismas escritoras, sí se puede hacer resonar sus voces a través de sus ensayos.
Un trabajo específico que aporta tanto a los estudios sobre la crítica feminista, así como a
nuestro tema de investigación es el lúcido artículo de Mary Louise Pratt "No me interrumpas: las
mujeres y el ensayo latinoamericano" (1992) 19. En su reflexión sobre cómo ha sido construida la
historia literaria de un género como el ensayo, Pratt repara en la reflexión hecha por la escritora
argentina Victoria Ocampo, en su ensayo titulado "La mujer y su expresión" (1936): "son esos
monólogos masculinos que desalientan o francamente prohíben que las mujeres interrumpan"
(Ocampo 3). Pratt utiliza el postulado para mostrar lo contrario: "la participación de las mujeres
en este género literario tal vez sea más vivaz y coherente de lo que pensaba Ocampo, quien quizás
nunca supo de las muchas antecesoras que tuvo"(4). El hecho de "interrumpir" – al que alude,
Ocampo en su ensayo en 1936 y que años más tarde Pratt saca a colación (1992) – debe de
continuar. Se debe de seguir con la tarea de enlazar los escritos de mujeres de década en década;
sea de un país en particular, de una región, de un continente o a nivel transnacional. Este grupo de
escritoras peruanas representan en nuestro estudio, esas antecesoras que tuvo Victoria Ocampo,
quienes, voluntariamente o no, sí interrumpieron el monólogo masculino. El analizar las temáticas
y el indagar sobre los rasgos específicos que muestra el corpus ensayístico de estas escritoras
peruanas es primordial para establecer esa tradición femenina, que en estos textos abarcó tres
décadas (1870-1900). Es pues, no solo realizar un rescate de los textos y de las escritoras que
profesaron este género literario, sino también el realizar un análisis de estos, ya que existe la
necesidad de leerlos sin prejuicios para asignarles un lugar propio dentro del contexto cultural
decimonónico.
19
Para este trabajo se cita del artículo de Mary Louise Pratt "No me interrumpas: las mujeres y el ensayo
latinoamericano” traducido al español por Gabriela Cano, que apareciera en Debate feminista en el año 2000.
27
1.2. Circunstancias políticas, económicas y sociales de Perú
Ahora bien, somos conscientes que, así como es importante precisar el marco literario al
que se adscribe la producción en prensa aquí propuesta, es también fundamental circunscribir los
ensayos y a sus ensayistas a las circunstancias políticas, económicas y sociales acontecidas en Perú
del siglo XIX. Este apartado repasa esos proyectos políticos de la historia Independiente de Perú;
enmarcándolos desde la Independencia del Perú hasta fines del siglo XIX 20. Es por eso, que
consideramos el texto de Carlos Contreras y Marcos Cueto Historia del Perú contemporáneo.
Desde las luchas por la Independencia hasta el presente (2000) un texto idóneo para entender y
reconstruir esas circunstancias:
El hilo conductor de nuestra reconstrucción histórica es la propuesta y aplicación de los grandes
proyectos políticos surgidos en la historia independiente del Perú. Entendiendo por ellos aquellos
programas cuya ambición o envergadura los hizo alcanzar un carácter "civilizatorio"; vale decir,
que estuvieron marcados por la promesa de una gran reforma orientada a cambiar el futuro del país.
Estas grandes reformas no se limitaron a considerar cambios en la organización económica y
política, sino que partieron de (o en todo caso las incorporaron) nuevas interpretaciones culturales
acerca del país y de la transformación de los valores sociales de su población. Por lo mismo,
emergieron de encendidos debates y luchas entre los diferentes actores, quienes consideraban que
sus intereses, cuando no su misma existencia, resultaban afectados. (Contreras, Cueto 21-22)
20
Contreras y Cueto apuntan que el país que se emancipó en 1821 era muy distinto del que fue conquistado por los
españoles en el siglo XVI y que es necesario entender la independencia como un proceso que entrelazó dimensiones
globales y locales de la historia.
21
Contreras y Cueto apuntan que esta era una asociación a medias, entre un órgano cultural y un club político.
28
las ideas de libertad e igualdad intrínsecas al espíritu humano" (apud Contreras, Cueto 59).
Monteagudo fue destituido de su cargo. En 1822, se instaló el primer Congreso peruano ante el
cual San Martín abandonó su cargo de Protector y se marchó del país. Finalmente, se impuso el
modelo republicano y se redactó la primera Constitución del país en 1823. José de la Riva Agüero
será el primer Presidente del Perú. Si bien la Independencia no cumplió con las promesas de
libertad e igualdad ofrecidas, sí trajo profundos cambios sociales, económicos y políticos.
Entre 1821 y 1840 se dieron cinco constituciones, a saber: las de 1823, 1826, 1828, 1834 y 1839.
[...] Los caudillos persiguieron con las nuevas Constituciones alguna legitimación de su poder. [...]
En un período de menos de cinco años (1841-1845) gobernaron al Perú seis presidentes. La
anarquía militar dejaba poco espacio a los grandes debates doctrinarios. (Contreras, Cueto 89)
Bolívar arribó al Perú y el Congreso le otorgó plenos poderes. No obstante, el caos político
se apoderó del país, Riva Agüero gobernaba en Trujillo, mientras el Congreso designó como
Presidente a José de la Torre Tagle. Enfermo en Pativilca, un pueblo al norte de Lima, el Libertador
fue premiado con dos golpes de suerte:
Uno, fue que se descubrió planes conspiradores del presidente Riva Agüero con el virrey La Serna
para expulsar a Bolívar [...] e instaurar una monarquía hispana. [...] Torre Tagle, temeroso de correr
peor suerte, se encerró en el Real Felipe [...] y ahí moriría de escorbuto. Eliminados los mandatarios
rivales, la unidad política quedaba restaurada. El otro golpe político que favoreció a los patriotas
fue la división entre las fuerzas peninsulares [...] Olañeta desconoció el mando de La Serna.
(Contreras, Cueto 64)
Bolívar nombró como ministro a José Faustino Sánchez Carrión, republicano enemigo del
monarquismo de San Martín y Monteagudo. Se libraron las batallas de Junín y Ayacucho. Después
de la victoria en la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, se firmó la Capitulación de
Ayacucho. Luego, Bolívar llamó a elecciones para un nuevo Congreso que se instaló el 10 de
febrero de 182522. Además, se promulgó en 1826 una nueva Constitución "la Vitalicia". Después
de la salida de Bolívar en 1826, la consolidación del nuevo Estado se enfrentaba a la carencia de
un grupo social que tomara el rol dirigente del país, al caos de las finanzas públicas, a los
resentimientos que existían entre los grupos sociales y a la agreste geografía del territorio nacional,
que impedía la comunicación. Por otro lado, la población bordeaba aproximadamente un millón y
medio de habitantes, de los cuales unos novecientos mil eran indígenas. Los criollos componían la
población blanca y ellos eran la población alfabeta del país. Estos toman esta ventaja para asumir
los principales cargos militares, así como los cargos burocráticos y eclesiásticos. Entre esclavos
22
Esta vez el Libertador nombró tres ministros: José de La Mar, Sánchez Carrión y el colombiano Las Heras
(Contreras, Cueto 67).
29
negros, libertos y mulatos ascendían a aproximadamente 120.000 habitantes. Según el censo de
1827 el sur era el área más poblada del país:
Los departamentos de Puno, Arequipa (que englobaba los actuales de Moquegua y Tacna, además
de Tarapacá), Cuzco (que incluía Apurímac) y Ayacucho (que incluía Huancavelica) representaban
el 52 por ciento de la población nacional. La región del centro (departamentos de Lima, Ica, Junín
—que incluía Pasco y Huánuco— y Ancash) representaba el 28 por ciento; correspondiendo al
norte (departamentos de La Libertad y Amazonas) sólo el 22 por ciento. (Contreras, Cueto 98)
A pesar de que Bolívar ya había dejado el Perú, quedó pendiente la delimitación del
territorio nacional. Sin embargo, el impacto del pensamiento bolivariano dio como consecuencia
el conflicto de la Gran Colombia y la cuestión de la Confederación Perú Boliviana 23. La Mar fue
derrocado por el cuzqueño Agustín Gamarra, pero en 1833, gracias a la reacción de los caudillos
costeños y cuando Gamarra terminó su mandato, se eligió a Luis José de Orbegoso como
presidente24. La presidencia de Orbegoso desató una guerra civil entre la élite del norte y la del
sur. El triunfo de los sureños ocasionó que se estableciera una asociación con Bolivia, la cual se
hizo realidad en 1836, creándose tres estados: Bolivia, Sur Peruano y Nor Peruano bajo la
presidencia del general Santa Cruz. Estos adoptaron el libre comercio como política económica
exterior, que favorecía a los comerciantes extranjeros establecidos en Lima y Arequipa y a los
agricultores sureños; esta política significaba civilización y progreso. Por su parte, la élite del norte
y la costa central, representada ahora por Salaverry, defendía el proteccionismo (nacionalismo
económico)25.
La disolución de la Confederación Perú Boliviana ocasionó los peores años de anarquía en
el Perú. El historiador peruano Jorge Basadre en Perú: Problema y Posibilidad (1978) afirmó: "La
conquista de la presidencia era entonces una campaña militar [...] se entraba a palacio de gobierno
después de recoger la banda presidencial de las batallas [...]" (39), es así que desde 1827 hasta
1868 se sucedieron diecisiete caudillos 26.
23
José de La Mar fue elegido presidente de la república, aunque este se encontraba como gobernador en Guayaquil.
Su gobierno duró solo dos años ya que su figura se vio desacreditada ante la derrota por la guerra de la Gran Colombia
que sufrió en la batalla de Portete de Tarqui en 1829 donde Perú tuvo que entregar Guayaquil (Contreras, Cueto 99).
24
"Hasta ese día —anotó el viajero francés Botmiliau— la mayor parte de los hombres que ascendieron al poder por
la revolución no pertenecían ni siquiera a la raza blanca" (apud Contreras, Cueto 99).
25
Chile apoyó a la elite del norte y costa central y Bolivia a los del sur. En un principio los confederados tuvieron la
victoria (batalla de Paucarpata en Arequipa en 1837 pero la batalla final la ganaron los apoyados por Chile en 1839
dando fin a tres años de gobierno de la Confederación (Contreras, Cueto101).
26
Estos fueron los caudillos militares que ejercieron la presidencia hasta 1868: Mariscal José de La Mar (1827-1829),
General Agustín Gamarra (1829-1833), General Luis Orbegoso (1833-1835), General Felipe Salaverry (1835-1836),
Mariscal Andrés de Santa Cruz (1836-1839), Mariscal Agustín Gamarra, quien muere en la Batalla de Ingavi (1839-
1841), Manuel Menéndez (1841-1842), General Juan Crisóstomo Torrico (1842), General Francisco Vidal (1842-
30
Uno de los caudillos de la época pos independentista fue Ramón Castilla quien, aunque no
tuvo orígenes ni aristocráticos ni acomodados, sí supo rodearse de intelectuales. Gobernó entre
1845 y 1851 y 1855 y 1861. Uno de sus ideólogos más sobresalientes fue el clérigo Bartolomé
Herrera, quien pensaba que: "Las tareas de gobierno correspondían a la clase ilustrada: la
aristocracia de la inteligencia. Las demás clases no debían sino obedecer [...]" (Contreras, Cueto
106). Dicha ideología produjo la reacción de los hermanos Lazo y Gálvez, pensadores liberales
que polemizarán en los Congresos Constituyentes a partir de 1855 con el clérigo Herrera. En el
aspecto económico, el gobierno de Castilla se vio beneficiado por el valioso estudio que el
investigador arequipeño, Mariano de Rivero y Ustariz, hiciera sobre las propiedades fertilizantes
del guano en la agricultura. Gracias a este fertilizante, Perú obtuvo el monopolio mundial por
varias décadas convirtiéndose el guano en patrimonio del Estado. En un comienzo, entre los años
1841 y 1849 se arrendaron las islas guaneras a compañías diversas, sin embargo, se dejó este
sistema de lado y se optó por el sistema de consignaciones. Los contratos de consignación se
hicieron con comerciantes peruanos que tenían contactos con casas extranjeras, pero luego el
gobierno mismo, prescindió de los comerciantes peruanos para tratar directamente con las casas
extranjeras. De estas, destacó la firma inglesa Gibbs and Sons. En el último año del gobierno de
Castilla, 1861, los ingresos procedentes del fertilizante alcanzaron el 79% del ingreso nacional. En
1862 los comerciantes peruanos recuperaron el negocio, pero en 1869 el presidente José Balta
pactó con la casa francesa Dreyfus el monopolio del fertilizante. Los contratos guaneros
fortalecieron la articulación economía y política y a la vez incentivaron un crecimiento desmedido
del presupuesto nacional, que desencadenó, años más tarde, enormes déficits fiscales.
Por otro lado, la participación del intelectual peruano entrará también en la palestra de la
construcción nacional. Muchos de los escritores se verán beneficiados por becas de estudio en
Europa, la reorganización de la Universidad de San Marcos y la asignación de puestos públicos,
factores que influyeron en la formación de un grupo de escritores y artistas que más tarde tendrá
injerencia en la vida nacional27. Contreras y Cueto notan que los escritores de la "generación
1843), Justo Figuerola. Encargado de la presidencia (1843), General Manuel Ignacio de Vivanco (1843-1844), General
Ramón Castilla (1845-1851), General José Rufino Echenique (1851-1855), General Ramón Castilla (1855-1862),
General Miguel de San Román (1862-1863), General Juan Antonio Pezet (1863-1865), General Mariano Ignacio
Prado (1865-1868).
27
"Los destierros en Chile, como el de la familia Pardo, trajeron nuevas ideas, y aún, nuevos hombres, desterrados a
su vez de aquel país, como [...] Manuel Amunátegui, fundador del periódico El Comercio. Con ellos convergieron
figuras del arte literario y pictórico como Ricardo Palma, Felipe Pardo y Aliaga, Manuel A. Segura, Francisco Laso
31
romántica": "ya sea con sus [...] obras históricas, literarias y plásticas trazaron una imagen del Perú
y de lo peruano, y con ello proporcionaron herramientas para la forja de una comunidad nacional"
(116). Los beneficios de la explotación del guano se vieron plasmados en el impulso a las
actividades científicas y la mejora del sistema universitario. Otro hecho que benefició a esta
generación romántica fue la aparición de la Revista de Lima (1859-1863).
Como se ha mencionado, el Presidente Balta, en pos de salvaguardar la soberanía del
Estado, otorgó a la casa Dreyfus la administración de la venta del guano (1869). El plan era que
esta enviaría al Estado peruano pagos mensuales por la venta del fertilizante, los cuales servirían
para afrontar los gastos públicos del gobierno. Además, dicha casa se encargaría también de
realizar los pagos de los intereses acarreados de la deuda externa del país.
En la década de los setenta, una nueva figura política emerge, Manuel Pardo quien realizará
la llamada Revolución en el transporte con la construcción del ferrocarril: "Convertir el guano en
ferrocarriles fue desde entonces su lema" (Contreras, Cueto 136-137)28. Teniendo como base el
plan económico con la casa Dreyfus, el Estado contrajo tres préstamos entre los años 1869-1872
en el mercado de Londres para hacerle pago a Enrique Meiggs, el empresario norteamericano que
había construido los ferrocarriles de Chile. No obstante, a lo largo de una década (1868-1878) los
ferrocarriles llegarán solo a abarcar 1.500 kilómetros de territorio.
En 1872 se da un hito importante en la historia del Perú, Manuel Pardo, el profeta de los
ferrocarriles y jefe del Partido Civil gana las primeras elecciones del país convirtiéndose en el
primer Presidente Civil de la historia peruana. Este se rodeó de terratenientes, comerciantes,
financistas de la costa, profesionales e intelectuales de tendencia liberal (Contreras, Cueto 141)29.
No obstante, los enfrentamientos entre civilistas y pierolistas prevalecieron en el quehacer político
peruano hasta entrado el siglo XX. Un hecho que desestabilizó la presidencia de Pardo fue la
debacle económica debido al compromiso contraído con Londres para la construcción de los
ferrocarriles, lo que derivó en que los ingresos del Estado se destinen a los pagos de estos
empréstitos. El régimen de Manuel Ignacio Prado, quien sucedió a Manuel Pardo, dejó sin efecto
[...]. Ellos podrían ser considerados como la "generación romántica" en el sentido que cumplieron la tarea de "inventar"
la nación" (Contreras, Cueto 114).
28
"El Perú no contaba por entonces (1860) sino con el ferrocarril de Tacna a Arica y con una pequeña línea ferroviaria
de veinticinco kilómetros que unía Lima con el puerto del Callao, de un lado, y con el balneario de Chorrillos del otro"
(Contreras, Cueto 137).
29
Según la historiadora peruana Carmen Mc Evoy, el Partido Civil se propuso relanzar la "utopía republicana"; es
decir, la construcción de una comunidad nacional de ciudadanos en congruencia con los ideales del respeto a la ley,
la búsqueda del orden, la paz y el progreso económico (apud Contreras, Cueto 142).
32
el contrato Dreyfus y entró en sociedad con la casa inglesa Raphael e hijos, quienes se asociaron
con capitales peruanos para crear The Peruvian Guano Company (1877). Por último, un segundo
hecho que dañó la demanda guanera fue la aparición del salitre. Si bien, el Perú era productor de
este fertilizante, Bolivia también lo producía y esos territorios salitreros fueron explotados por
capitales chilenos (Contreras, Cueto 146-147).
En el Capítulo 4 del libro "Guerra y Reforma, 1879-1899", los historiadores dedican el
primer apartado a La Guerra del Salitre 1879-1883 (150). Según ellos, una serie de factores
convergieron como preámbulo al estallido de la guerra: primero, la creación del impuesto por parte
del gobierno boliviano de diez centavos por quintal de salitre, el rechazo de las empresas chilenas
al pago de dicho impuesto, la ocupación chilena del litoral boliviano, la reacción de Perú ante la
ocupación y su consiguiente apoyo a Bolivia. La ambición de los tres Estados por lograr el
monopolio del fertilizante será el detonante para el estallido de la Guerra en abril de 1879
(Contreras, Cueto 151). Aunque, Perú y Bolivia superaban en número de habitantes a Chile, el país
sureño contaba con un ejército organizado y con el apoyo de Gran Bretaña:
El conflicto bélico puede dividirse en tres momentos: la campaña marítima, la campaña del sur y
la campaña de Lima. En la primera, los acorazados chilenos consiguieron deshacerse de los
principales navíos peruanos en sendos combates (Iquique y Angamos). [...] La captura del Huáscar
en Angamos dio inicio a la campaña del sur. [...] El traslado por tierra significaba el peligro del
desbande de las tropas, al amparo de la noche o aun en pleno día. [...] A veces los batallones se
perdían en la 'camanchaca' (neblina) del desierto, las órdenes no llegaban a tiempo y así se perdieron
las batallas de San Francisco (19 de noviembre de 1879), Tacna (22 de mayo de 1880) y Arica (7
de junio de 1880). Únicamente la batalla de Tarapacá (27 de noviembre de 1879) [...] significó una
victoria peruana; impidió la liquidación de su ejército y permitió retrasar por unos meses la caída
del sur. (Contreras, Cueto 152)
Sin embargo, no solo la ventaja logística jugó a favor de Chile. El caos político que reinó en el
Perú durante los años de guerra propició que el ejército chileno llegara hasta la capital peruana,
produciéndose en 17 enero de 1881, la toma de Lima30. La ocupación chilena se prolongó por tres
años y medio. Francisco García Calderón encabezó el gobierno que rechazó la entrega permanente
del territorio de Tarapacá, que los chilenos exigían. Este solo reconoció el pago de una
indemnización de guerra, hecho por el cual los chilenos lo enviaron preso a Santiago. El
contraalmirante Lizardo Montero fue designado Presidente de la resistencia en 1882, mientras
Andrés Avelino Cáceres organizaba guerrillas en el centro de los Andes con la ayuda de los
30
Mariano Ignacio Prado se había trasladado a Arica al comenzar la guerra, pero ante las consecutivas derrotas se
marchó a Europa. Nicolás de Piérola, dio un golpe de estado en contra del vicepresidente La Puerta en diciembre de
1879. Piérola se atrincheró en la sierra peruana pero después abandonaría el país.
33
campesinos peruanos. Aunque los campesinos indígenas se habían mantenido al margen de la
guerra, el apoyo que estos dieran a Cáceres en la campaña de "La Breña" despertó, a partir de ese
momento, un compromiso para con su patria, formándose así el grupo de la Resistencia en contra
de la invasión chilena: "Tras la desocupación, los antiguos guerrilleros tomaron posesión de las
haciendas de los terratenientes [...]. Dicho de otro modo, habían ganado un derecho de ciudadanía
con su entrega militar y exigían el castigo a los terratenientes 'traidores'" (Contreras, Cueto 159)31.
El 31 de agosto de 1882 el coronel Miguel Iglesias lanzó el "Manifiesto de Montán" en
Cajamarca, en un intento de pactar la paz con Chile. El 20 de octubre de 1883 se firmó el Tratado
de Ancón que otorgaba la provincia de Tarapacá a Chile y las provincias de Tacna y Arica por 10
años; y al término de los 10 años, un plebiscito decidiría la suerte de dichas provincias. Además,
el Perú se comprometía a pagar una indemnización de guerra a Chile, para lo cual los chilenos
explotarían el guano de las islas. Los últimos ocupantes chilenos salieron en agosto de 1884. No
obstante, otra guerra continuaba en el país, la guerra civil entre Iglesias y Cáceres. Fue recién en
diciembre de 1885 que Iglesias aceptó su derrota y salió de Lima. Después de siete años de guerra
Cáceres ganó las elecciones e inició su gobierno en junio de 1886.
Entre 1886 y 1890 Cáceres afrontó una serie de problemas, los cuales fueron de orden
ideológico, económico e internacional32. En el orden político el Contrato Grace, firmado en 1889,
originó una serie de debates de orden económico. Michael Grace, representante de los ingleses
argumentaba que, dado que los ferrocarriles habían sido construidos con dinero de los empréstitos
de Gran Bretaña, estos debían de ser transferidos a estas casas extranjeras, así como otros activos
para hacerse el pago de lo adeudado. Dicha propuesta fue secundada tanto por los caceristas como
por los civilistas, quienes, pensando en que el Perú debía de reincorporarse de la economía
internacional, justificaban la postura de Grace. Contreras y Cueto en referencia a este debate notan:
Finalmente, los acreedores de la deuda peruano consiguieron la entrega de los ferrocarriles por 66
años, dos millones de hectáreas en la Amazonía, la libre navegación por el lago Titicaca y una cuota
anual de 80 mil libras esterlinas [...] durante 33 años, a cambio de la extinción de la deuda. Cabe
reconocer que el controvertido arreglo finalmente resultó beneficioso para el Perú. (166)
31
Contreras y Cueto notan que, aunque son necesarios más estudios de caso, no hay duda que en la sierra central del
Perú operó un cambio en la conciencia campesina.
32
Por ejemplo: los debates que surgieron en cuanto a los problemas del pasado, como las posturas de Deustua que
culpaba a los indígenas de haber convertido en una carga pesada para el gobierno; o como la postura de González
Prada que, por el contrario, señalaba que el origen de los males de la nación radicaba en la marginación que se había
hecho al indio; o como la posición de Carlos Amézaga quien culpaba a los civilistas de todos los males del pasado.
34
A partir de 1890 la economía ya mostraba señales de recuperación; se crearon estancos como el
del tabaco, del opio, de los fósforos y de la sal y las exportaciones se solidificaron basadas en una
gama de productos.
No obstante, en el último lustro del siglo, la Revolución de 1895 y la resurrección del
Civilismo se apoderó del quehacer político. Cáceres, quien en 1890 había dejado en el gobierno a
Remigio Morales Bermúdez, tuvo que afrontar un gobierno acéfalo debido a la muerte repentina
de su colaborador en 1894. A pesar de que Cáceres ganó nuevamente las elecciones, Piérola objetó
los resultados, originándose una guerra civil de la que este último salió triunfante. En marzo de
1895 asumió el gobierno por cuatro años. Durante su gobierno se dieron algunas rebeliones
indígenas en la sierra como protesta a la instauración del estanco de la sal y como protesta a las
injusticias cometidas por el gobierno contra los indios: "Estos trabajos consistían en el uso gratuito
de los indios como mensajeros, policías, barrenderos, cargadores, operarios de construcción. Eran
justificados por el hecho de que como seres analfabetos que eran, los indios no podían desempeñar
los cargos 'concejiles' [...]" (Contreras, Cueto 178).
En 1899, Eduardo López de Romaña asumió el poder, producto de un pacto entre
pierolistas y civilistas. Los nuevos gobernantes pertenecían a un grupo reducido con ideas
liberales, dándole paso al positivismo científico y la modernización del país.
Aunque algunos de los debates ideológicos han cuestionado la ineficiencia del gobierno de
Pardo, lo cierto es que tanto Cáceres y Piérola pactaron con el Partido Civil en los años de
posguerra, quizás, como lo han reiterado Contreras y Cueto, porque además de poseer poder
económico dominaban intelectualmente las ideas que circulaban en el país.
35
Capítulo 2
Hacia el rescate de la ensayista peruana
Siguiendo la línea de los estudios antes mencionados y centrándome únicamente en el
género literario que las escritoras peruanas cultivaron al inicio de sus carreras escriturales en la
prensa periódica, rescatamos a continuación a esas joyas del ensayismo de las revistas y periódicos
decimonónicos peruanos33. Cabe señalar que, aunque la accesibilidad a repositorios digitales va
en aumento y algunos de estos disponen de colecciones de este tipo de materiales, todavía es
insuficiente, como bien lo ha notado Marcel Velázquez en La República de papel... (2009) a: "Uno
de los mayores obstáculos [...] para la multiplicación de las investigaciones consiste en la escasa
cantidad de ediciones facsimilares de las publicaciones periódicas decimonónicas" (19).
Asimismo, es importante notar que, a pesar de los obstáculos, estudios como el de
Lourdes Rojas y Nancy Saporta (1993) facilitan y abren senderos para futuras investigaciones.
Estas investigadoras señalan cinco fuentes para hallar dichos escritos:
(1) the published salon talks mentioned above; (2) working papers from academic sources; (3)
medical or scientific reports written by women doctors active in the struggle for women's rights;
(4) travel journals which analyzed and compared women's situations in distinct countries; (5) and
most frequently those found in the periodical press. (178)
Conscientes de esta realidad, nuestra tarea de desempolvar – verbo aquí usado en el sentido de
recuperar algo del olvido o de la falta de actividad o uso– consistió en revisar exhaustivamente los
materiales del archivo en prensa para seleccionar el nombre de las autoras y el de sus textos
ensayísticos. Este trabajo lo realicé en el Fondo Privado de Prensa de la Biblioteca Pedro Zulen de
la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú) 34.
El corpus seleccionado corresponde a un total de 40 artículos, los que fueron publicados
entre 1871 y 1892 en revistas y diarios como: El Álbum (1874-75), La Alborada (1874-75), El
Correo del Perú (1871-78) y El Perú Ilustrado (1887-92). Estos 40 artículos corresponden a la
autoría de diez escritoras peruanas 35.
33
Las joyas del ensayismo son tanto las autoras como sus obras. No obstante, en este apartado solo nos dedicamos a
las ensayistas.
34
Esta investigación me fue posible gracias a la Beca de Movilidad para los estudiantes de los Títulos Oficiales de
Posgrado (Másteres y Doctorado) que la Facultad de Filología de la UNED me concediera en 2014.
35
Soy consciente de que no se trata de una revisión exhaustiva de las revistas y diarios, pero se trata de un conjunto
muy extenso que necesitará más tiempo e investigación para ser totalmente agotado. Lo aquí planteado son acotaciones
relevantes. La revista La Alborada la consulté en el Instituto Riva Agüero.
36
Luego de recobrar los nombres de las escritoras las he organizado cronológicamente por lo
que se pueden establecer correspondencias con a la perspectiva generacional que ofrece Alberto
Varillas en su libro La literatura peruana del siglo XIX ... (1992). El crítico peruano fundamenta
su trabajo en los estudios de Ortega y Marías quienes:
[...] formulan tres propuestas distintas para aplicar el método: (a) ubicar la generación decisiva y,
dentro de ella, a la figura epónima; (b) identificar a las figuras representativas de una época, cuyos
nacimientos estén separados entre sí quince años, y adscribir a cada una de ellas a los nacidos en
todos los años del período; y (c) tomar años representantes y luego proceder como en el caso
anterior. (42)
Para Ortega una generación será: "una zona de quince años durante la cual una cierta forma de
vida fue vigente. La generación sería, pues, la unidad concreta de la auténtica cronología histórica,
o dicho en otra forma, que la historia camina y procede por generaciones" (apud Varillas 25). De
esta definición, la idea fundamental del método de Ortega es:
Los usos sociales, las creencias, las ideas del tiempo se imponen automáticamente a los individuos;
estos se encuentran con ellos y con su presión impersonal y anónima; no quiere esto decir que
forzosamente hayan de plegarse a los contenidos vigentes; pero tienen que contar con ellos, para
aceptarlos o para rechazarlos, y eso quiere decir tener vigencia. Cada uno de nosotros tiene que
hacer su vida dentro de un mundo definido por un sistema de vigencias. (apud Varillas 20)
Por otro lado, en cuanto al universo de trabajo, Varillas nota: "[...] se ha tratado de
identificar a todas aquellas personas que durante el siglo XIX peruano tuvieron una actuación
notoria, es decir, susceptible de ser advertida, si no por todos, al menos por una parte importante
de sus contemporáneos [...]" (47) 36.
36
En el universo completo, Varillas incluye ensayistas, oradores, periodistas, historiadores, filósofos, músicos, artistas
plásticos, científicos y tecnólogos, docentes destacados de todos los niveles, magistrados y juristas, dignidades
eclesiásticas, políticos, miembros de las fuerzas armadas, empresarios (47).
37
Es pues fundamental para mi estudio el trabajo de Alberto Varillas ya que ofrece un
precedente biográfico y generacional de las escritoras peruanas y de su participación literaria en el
quehacer nacional decimonónico; por tanto, nos da una perspectiva de estudio que no excluye a
las escritoras ni las presenta en un segundo plano, sino por el contrario, las integra a un universo
amplio, otorgándoles relevancia histórica y dimensión generacional. Además, nos permite
comprender la acción de las propias escritoras en un devenir histórico progresivo en el que su
acción intelectual y sus propuestas cobran sentido. Por tanto, nos valemos de su periodificación y
caracterización para desde esa, su perspectiva generacional, rescatar a las escritoras, analizar su
producción ensayística y dignificar sus escritos.
2.1. Cuatro generaciones de ensayistas peruanas. Un repaso biográfico
Los criterios de selección para el Cuadro # 1: Ensayistas por generaciones incluyen a las
escritoras que hayan publicado por lo menos un ensayo –– en el Perú y en los decenios propuestos:
sea el de los setenta; en El Álbum (1874-75), La Alborada (1874-75) o El Correo del Perú (1871-
1878); y en las décadas de los ochenta y noventa, representadas por El Perú Ilustrado (1887-1892).
Es así que se agrupa a las escritoras primero, de acuerdo a su fecha de nacimiento, para luego
insertar a cada una de ellas dentro de las generaciones propuestas por Varillas.
A continuación, se presentan los datos biográficos de cada una de las escritoras y las
características más relevantes de las cuatro generaciones a las que estas pertenecieron. En cuanto
a los datos biográficos que se reseñan a continuación, se ha trabajado con las siguientes fuentes
generalistas: la Enciclopedia Ilustrada del Perú (2001) de Alberto Tauro, el libro Introducción a
38
las bases documentales para la historia de la República del Perú con algunas reflexiones (1971)
de Jorge Basadre, el Diccionario Manual de Literatura Peruana y Materias Afines (1966) de
Emilia Romero, el libro La mujer peruana a través de los siglos: Serie historiada de estudios y
observaciones (1924/1925) de Elvira García y García, y el libro La literatura peruana del siglo
XIX: Periodificación y Caracterización (1992) de Alberto Varillas Montenegro. Ahora bien, a
pesar que estas fuentes generalistas nos permiten acceder a datos importantes, existen en ellas
algunos problemas de información. Situaciones particulares como los casos en que la fecha de
nacimiento de una u otra autora provoca todavía duda o debate, nos ha obligado a considerar
investigaciones específicas sobre las autoras para justificar el porqué de tal selección y de la
inclusión de la autora en tal o cual generación. Es así, que se ha recurrido a los más recientes
estudios de críticos contemporáneos, como es el caso del trabajo de Christian Fernández (2012) y
Rubén Quiroz (2014) sobre la autora Margarita Práxedes, la investigación de Ismael Pinto (2003)
sobre Mercedes Cabello, las tesis de Laura Patricia Herrera Liendo (2012) y María del Carmen
Escala Araníbar (2015) para Carolina Freyre, el artículo de César Salas sobre María Manuela
Nieves y Bustamante y la tesis de Luisa María Tudela Gubbins (2017) para Amalia Puga. Por
último; se ha consultado también la página web, ELADD (Escritoras Latinoamericanas Del
Diecinueve), que cuenta con biografías actualizadas gracias a la colaboración de críticos expertos
en el campo de la literatura femenina decimonónica hispana.
Pensamos que los datos recopilados en el Cuadro #1: Ensayistas por generaciones nos
permiten también organizar a las ensayistas y tener una mejor perspectiva de la relación que se dio
entre ellas a lo largo de sus etapas cronológicas vitales, así como establecer ciertos criterios que
nos ayuden a señalar las peculiaridades que las identificaron como un grupo orgánico. A
continuación se señalan primero, las características más relevantes que otorga Varillas a cada una
de las cuatro generaciones que estructuran nuestro trabajo. Luego, dentro de cada una de ellas, se
incluyen las biografías de las ensayistas que corresponden a cada generación. Nuestra intención,
con estas reseñas biográficas, es ofrecer datos fidedignos y actualizados sobre la vida de las autoras
de este estudio, especialmente en lo referente a sus fechas de nacimiento y eventos importantes de
la vida de cada una de ellas.
39
2.1.1. La Generación 1807-182137
La única escritora que se incluye en esta generación es Juana Laso de Eléspuru.
Los integrantes de esta generación sufrieron las consecuencias del desorden que caracterizó
los primeros años después de la independencia (141). En la generación de Juana Laso otro nombre
que resalta es el de la escritora argentina Juana Manuela Gorriti. En efecto, Varillas incluye en esta
generación a tres extranjeros: Juana Manuela Gorriti, Sebastián Lorente y Carlos Enrique Pasta. A
Gorriti la considera porque vivió muchos años en Perú y por la vinculación que tuvo con
prestigiosos escritores en sus "tertulias literarias", a Lorente por ser el portador de la prédica liberal
que comenzaba a difundirse en el Colegio Guadalupe, y a Pasta por ser el compositor de las
partituras de las grandes funciones musicales presentadas en Lima (141, 157, 150). Pertenece
también a esta generación, Enrique Meiggs constructor entre 1870 y 1875 de la red de ferrocarriles
del Perú.
En cuanto a la producción literaria de esta generación, Varillas incluye bajo la categoría de
"Teatro" a tres dramaturgos, entre ellos a Juana Manuela Laso por la comedia Amor a la libertad
estrenada en 1855 (163).
2.1.1.1. Juana Laso de Eléspuru (1819-1905)38
Su nombre de pila fue Juana Manuela Laso de la Vega y de los Ríos, pero la autora firma
sus ensayos como Juana M. Lazo de Eléspuru 39. Nació en Tacna. Fue hija del ilustre Benito Laso
de la Vega y González-Quijano, abogado, y de la dama puneña Juana María de los Ríos y Tamayo
de Mendoza. Su hermano fue el destacado pintor Francisco Laso (1823-1868). El quehacer político
de la vida de su padre marcó sus primeros años de existencia. Este, como fundador de la
Independencia, simpatizó y colaboró con San Martín y Bolívar y se desplazó por diferentes
provincias del sur del Perú (Tacna, Puno, Arequipa). Juana Manuela, se educó en Lima y, como
nota Alberto Tauro, estuvo: "[...] bajo la directa vigilancia de su padre" (1421). En 1839 contrajo
matrimonio con el General Norberto Eléspuru y Martínez de Pinillos; Sargento Mayor del Ejército
del Perú (1817-1886). Tuvo siete hijos, entre ellos: Juan Norberto y Mercedes.
37
Varillas la describe como: "La cuarta generación que aparece en el Perú del siglo XIX reúne a quienes nacieron
entre 1807 y 1821. Los integrantes de esta generación ya no pudieron apreciar el gobierno enérgico y riguroso del
virrey Abascal sino crecieron dando testimonio del desorden que caracterizó los primeros lustros de la vida
independiente peruana" (140-141).
38
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Jorge Basadre (1971) y Alberto Tauro (2001).
39
Algunas familias, hasta la actualidad, escriben el apellido Laso con "s' o con "z". Los escritos de nuestra escritora
denotan ese uso; no obstante, en las biografías de esta, el apellido está escrito con la letra "s".
40
En cuanto a su genealogía familiar, las fechas de nacimiento de sus hijos, fueron entre 1843
y 1859. Esto nos lleva a inferir que Juana Laso tuvo su primer hijo a los 24 años y el último a los
40 años de edad. Como bien lo ha notado Tauro, "[...] esta escritora frecuentó el trato con las musas
en estrecho paralelismo con sus alternativas profesionales y desvelos domésticos" (1421).
Años más tarde Laso aparecerá, desde el inicio, como "Colaboradora" de todos los números
de la revista El Álbum, y tanto ella como su hija Mercedes serán asiduas concurrentes de las
Veladas Literarias (1876-1877) de Gorriti.
2.1.2. La Generación 1822-183640
A esta generación pertenecen Rosa Riglos de Orbegoso y Teresa González de Fanning.
Palma populariza esta generación como la integrada por la bohemia romántica, y según Varillas
"Buena parte de las ideas que se tienen de esta generación derivan de la seguridad con que Palma
la describió en La Bohemia de mi tiempo"; es la generación que corresponde en la literatura al
romanticismo (166, 217). Los hechos más relevantes en esta generación son: el transporte (tanto
las personas como el correo hacia 1850-1880) promueve que muchas de las obras de estos
escritores se editen en París y El Havre. Además, es una generación que lee mucho y lee material
recién llegado a Lima desde la década de los cincuenta. Palma en La Bohemia ... nota: "Nosotros,
los de la nueva generación, arrasados por lo novedoso del libérrimo romanticismo, en boga a la
sazón, desdeñábamos todo lo que a clasicismo tiránico apestara, y nos dábamos un hartazgo de
Hugo y Byron, Espronceda, García Tassara y Enrique Gil" (apud Varillas 202 (19)). Esta
generación tuvo en El Heraldo (1854-1856) y La Revista de Lima (1860-1863) un apoyo inmenso
para expresar y circular sus ideas.
2.1.2.1. Rosa Mercedes Riglos de Orbegoso (1826-1891)41
Nació en Lima del matrimonio de don José Riglos y Lasala y San Martín, Cónsul General
de la República Argentina en Lima, y de doña Manuela de Rávago y Avella Fuertes, literata y
escritora distinguida de su época. Perdió a su padre en 1839 y a su madre en 1842 quedando bajo
la tutela de su tía materna doña Rosa de Rávago. Rosa Riglos se dedicó al estudio de las letras,
40
"La generación a la que Palma populariza como integrada por la bohemia romántica es la quinta que actúa en el
Perú durante el siglo XIX y agrupa a quienes nacieron entre 1822 y 1836. Buena parte de las ideas que se tienen de
esta generación derivan de la seguridad con que Palma la describió en La bohemia de mi tiempo, aunque siempre
conviene reparar en este breve texto del tradicionista limeño está destinado más a recordar con amabilidad sus años
mozos que a proporcionar información rigurosa sobre el romanticismo peruano (Varillas 166).
41
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Jorge Basadre y Alberto Tauro.
41
llegando a poseer gramaticalmente y con perfección los idiomas francés e italiano y a conocer
profundamente su literatura.
En 1847 se casó con el Coronel Don Pedro José de Orbegoso y Martínez de Pinillos, hijo
del Excelentísimo señor Gran Mariscal de los Ejércitos del Perú Don Luis José de Orbegoso y
Moncada, que fue Presidente de la República; Militar y Coronel del Ejército del Perú. Se casó a
los 21 años. En los Pliegos Matrimoniales del Archivo Arzobispal de Lima, en el expediente
número 9 del mes de marzo de 1876 se da cuenta que la pareja tuvo 5 hijos 42.
Comenzó a publicar bajo el seudónimo de Beatriz a partir de 1866, luego de enviudar ese
mismo año. Participó de las Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti (1876-1877) y en las
tertulias de su propia casa. Según, Carmen Potts –escritora contemporánea de su época, se le
apreció como un "modelo literario de talento" y como bien lo cita Tauro cultivó el ensayo (2252).
Fue una de las "Colaboradoras" de El Álbum.
2.1.2.2. Teresa González de Fanning (1836-1918)43
Nació en la Hacienda de San José de las Pampas provincia de Santa, Ancash. Fue hija de
Jerónimo González, profesor y cirujano español, y de Josefa del Real y Salas. Recibió una
esmerada educación, basada en la lectura de los clásicos. Se casó a los 17 años en 1853 con el
Capitán de Navío don Juan Fanning (1824-1881), de familia de la provincia norteña de
Lambayeque, marino y militar que apoyó a Mariano Prado en 1865. Tuvieron dos hijos, pero estos
murieron a temprana edad. Enviudó en 1881 cuando su marido perdió la vida en la Batalla de
Miraflores, convirtiéndose en Héroe de la Guerra del Pacífico. Viuda, sin casa ni recursos fundó
un colegio para señoritas que fue uno de los mejores de su época, el Liceo Fanning, en 1881. Sus
primeros ensayos los firmó con el seudónimo de María de la Luz y Clara del Risco, pero dejó de
usarlos después de la muerte de su marido.
2.1.3. La Generación 1837-185144
Las escritoras que integran esta generación son: Mercedes Cabello de Carbonera, Carolina
Freyre de Jaimes y Margarita Práxedes Muñoz. Cabe notar que Alberto Varillas no incluye a
42
Rosa María Toribia de Orbegoso Riglos (1849-), Manuela Orbegoso Riglos (s/f), Pedro Joaquín Eugenio Federico
de Orbegoso Riglos (1858-), María Teresa Narcisa Josefa de Orbegoso Riglos (1859-), Leonor de Orbegoso Riglos
(1861-1863).
43
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Jorge Basadre, Alberto Tauro y Emilia Romero.
44
"La sexta generación que actúa durante el siglo XIX peruano corresponde a lo que alguna vez se llamó,
erróneamente, 'la segunda generación romántica del Perú'" (Varillas 219).
42
Margarita Práxedes en su estudio. Asumimos que fue por las dificultades que hasta no hace mucho
existían acerca de la fecha de nacimiento de esta escritora.
La primera aseveración de Varillas sobre esta generación es: "La generación que agrupa a
los nacidos entre 1837 y 1851 presenta la súbita aparición de la mujer en el quehacer cultural y
literario del Perú" (219). Por otro lado, casi todos los integrantes de esta generación se dedicaron
en algún momento al periodismo. Sus elementos formativos fueron: tuvieron una gran influencia
del romanticismo, se educaron, la gran mayoría, en Lima, participaron directa o indirectamente,
en los incidentes que culminan con la Batalla del 2 de Mayo 1866, crecieron en momentos de
riqueza aparente del gobierno del Presidente Echenique y durante el régimen progresista de
Castilla. También se dan tres hechos transcendentales: la importancia que se da a la educación
nacional, las pugnas entre conservadores y liberales y el ingreso de doctrinas positivistas (Varillas
239-240). No obstante, la experiencia generacional de este grupo fue la devastadora Guerra del
Pacífico (1879-1883) y cómo esta repercutiría en el quehacer literario de estas escritoras.
2.1.3.1. Mercedes Cabello de Carbonera (1842-1909)45
Juana Mercedes Cabello Llosa nació en Moquegua el 17 de febrero de 1842. Sus padres,
don Gregorio Cabello Zapata y doña María Mercedes de la Llosa Mendoza la criaron en el seno
de una élite social y cultural privilegiada. Es importante notar, que tanto el padre de Mercedes,
Gregorio, como su tío Pedro Mariano, fueron enviados a Francia por el padre de estos, Gregorio
Cabello Zapata a cursar estudios profesionales en París. El impacto de esa educación europea se
hizo palpable en la biblioteca de su padre, quien atesoró libros, en su mayoría en francés: “Bien
podemos considerar, pues, que Juana Mercedes aprendió en el trato diario con su padre como con
su ilustrado tío Pedro Mariano, el manejo del idioma galo, para poder sumergirse en ese mundo
deslumbrante, sin límites, que le ofrecían los libros. Idioma que más tarde le serviría para acceder
a la profusa bibliografía que sobre letras y ciencias circulaba en Lima […]” (Pinto 102).
En 1864 su familia se trasladó de Moquegua a Lima y dos años más tarde contrajo matrimonio con
el doctor Urbano Carbonera, pero en 1879 se separaron y en 1885 quedó viuda.
2.1.3.2. Carolina Freyre de Jaimes (1844-1916)46
Nació en Tacna el 4 de enero de 1844. Hija de Juana Arias y Andrés Freyre Fernández,
periodista que fundó la primera imprenta de esta ciudad, Imprenta Libre en 1851. En 1858 Freyre
45
Los datos biográficos de la autora provienen del acucioso estudio de Ismael Pinto Vargas.
46
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Laura P. Herrera Liendo y María del Carmen Escala.
43
Fernández editó la revista La Bella Tacneña (1858), en la cual su hija Carolina publicó, a los
catorce años, sus primeros poemas. Carolina se casó con el cónsul en Tacna y escritor boliviano
Julio Lucas Jaimes (1840-1914), conocido también como “Javier de la Brocha Gorda” en el
periodismo satírico peruano. El matrimonio Jaimes Freyre tuvo seis hijos: Julio, Ricardo, Federico,
María Carolina, Julia Rosa y Raúl. Se trasladaron a Lima entre 1869 y 1870. En el reciente artículo
de María del Carmen Escala Araníbar, titulado "Carolina Freyre de Jaimes, a un siglo de su muerte.
Una aproximación biográfica (1844-1916)" (2017) la autora aporta un nuevo dato biográfico sobre
los Jaimes- Freyre: "Respecto a la descendencia del matrimonio, se ha sostenido que tuvo seis
hijos. Sin embargo, la investigación que se inició en el archivo arzobispal de Lima proporcionó
información que da cuenta de un vástago más sumando la descendencia a siete hijos" (201)47.
Se puede aventurar que a pesar que Carolina Freyre no representa a las primeras
generaciones de ensayistas aquí estudiadas, su entorno familiar la pone en contacto con la prensa
y la escritura a muy temprana edad. No sorprende, pues, que de ese círculo de editores y escritores
florezca Carolina Freyre, y sea esta, la primera escritora invitada a colaborar en El Correo del Perú
en 1871. Además, tanto su padre como su marido la estimulan a continuar con la tarea editorial y
escritural que continúa incluso en Buenos Aires, donde radica al final de su vida. Su vida familiar
la llevó a viajar por Bolivia y Argentina. Fue la segunda escritora, después de Juana Manuela
Gorriti invitada a disertar en el Club Literario de Lima en 1875.
2.1.3.3. Margarita Práxedes Muñoz (1848-1909)48
Como bien lo ha demostrado Rubén Quiroz en el estudio introductorio "Margarita Práxedes
Muñoz: Una aventura intelectual luminosa", que presenta con motivo de la reedición que hiciera
de la novela de la escritora peruana La evolución de Paulina ([1893] 2014), el primer dato
importante es que su nombre de pila fue María Margarita Magdalena Muñoz Seguín (16). Una
segunda referencia invaluable es el esclarecimiento de su fecha de nacimiento. Hasta la reedición
de Quiroz, el bien documentado estudio de Christian Fernández, quien reeditara de la misma autora
el texto Mis primeros ensayos ([1902] 2012) sobre la fecha de nacimiento de esta notaba: "[...] que
ni el crítico argentino De Lucía, quien ha tenido información de la familia directa de la autora, se
atrevía a dar una fecha definitiva de su nacimiento, que para algunos de sus biógrafos habría nacido
47
La autora nota que el último hijo sería Raúl, que también fue escritor, poeta y diplomático. Nació en Potosí en 1888.
Esta información proviene del estudio de Freddy Gambetta Ricardo Jaimes. Tacneño continental (1988:10- 12).
48
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Christian Fernández y Rubén Quiroz.
44
en 1862, pero según la tradición familiar habría sido en 1848" (Fernández 11). Durante el curso de
nuestra investigación, gracias al mismo Christian Fernández, pudimos acceder al trabajo de Quiroz
quien transcribe el Acta de Bautizo de la autora y con esta confirma, como ya hemos notado, el
nombre completo de la autora y el de su fecha de nacimiento:
María Margarita Magdalena Muñoz Seguín
Acta de Bautizo49
En esta iglesia parroquial de San Sebastián de la Ciudad de Lima, capital del Perú, a los diez y
ocho días de mes de marzo de mil ochocientos cuarenta y nueve, el Presbítero don José Miguel
Safra de mi licencia y facultad, exorcizó solamente, puso óleo y crisma a una niña nombrada María
Margarita Magdalena de ocho meses de edad, a quien bautizó en caso de necesidad, el señor
Canónigo don Juan José Zambrano, es hija de don José Muñoz y de doña María Seguín. Fue
madrina doña María López Salazar. Testigos, don José Aponte y Juan Puente. Y para que conste lo
firmó,
Pedro Benavente. (apud Quiroz 16)
Quiroz se vale de este dato para inferir y confirmar que la autora nació en julio de 1848. Ahora
bien, en cuanto al nombre Práxedes, Quiroz nota: "[...] al parecer es una proclama de batalla, de
elección propia y con una carga simbólica de logia masónica al cual pertenecería Muñoz" (17).
2.1.4. La Generación 1852-186650
Las escritoras que integran esta generación son: Clorinda Matto de Turner, Juana Rosa de
Amézaga, María Nieves y Bustamante y Amalia Puga de Losada.
Este grupo no solo experimenta la secuela, la miseria y la desmoralización que dejó la
guerra, sino que se vieron afectadas también por más guerras civiles. La primera entre Cáceres e
Iglesias en 1855 y la segunda entre Cáceres y Piérola en 1894. Es una época en la que surgen
ensayos de post-guerra. Además, las revistas literarias reaparecen desde comienzos de 1884.
Masivamente, sus integrantes se vuelcan al periodismo y se unen a través de las organizaciones
literarias (Varillas 296, 298).
2.1.4.1. Clorinda Matto de Turner (1852-1909)51
Grimanesa Martina Mato Usandivaras nació en la ciudad de Cuzco el 11 de noviembre de
1852 en una familia de pequeños terratenientes de sólida raigambre y alternó su vida entre dicha
ciudad y “Paullo Chico,” el pequeño fundo que su familia tenía a orillas del río Vilcanota, en la
49
Quiroz inserta la siguiente nota: (19) Esta acta se encuentra en el tomo correspondiente de Bautizos Españoles 1848-
1852 y se encuentra en el Archivo Histórico del Arzobispado de Lima. Su ubicación es: 55 (B) 16. F:84.
50
"La generación que agrupa a los nacidos entre 1852 y 1866 es la séptima que actúa en el país durante el siglo XIX
y la última que interesa específicamente en este trabajo puesto que comprende, también, a los últimos escritores que
ingresan a su período de iniciación durante el siglo pasado" (Varillas 277).
51
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Mary Berg y Ana Maria Portugal.
45
provincia de Calca (Denegri 201-202). De joven aprendió quechua y español y asistió al Colegio
Nuestra Señora de las Mercedes que después se llamaría Colegio Nacional de Educandas de Cuzco.
En 1862 fallece su madre. Cuando se casó en 1871 con José Turner, un médico y empresario inglés
que se dedicaba al comercio, se trasladó a Tinta, un pueblo del sur de la región cuzqueña. En
febrero de 1876, empezó a publicar El Recreo de Cuzco, una revista semanal de literatura, ciencia,
artes y educación, la cual incluyó muchos artículos suyos y en 1877 viajó por vez primera a la
ciudad de Lima, a la que se dirige para asistir a una velada literaria que Juana Manuela Gorriti
había organizado en su honor. En 1881 fallece su esposo (Berg s/n).
Después de la muerte de su esposo y necesitada de trabajo se traslada a Arequipa en 1883
donde dirige el diario La Bolsa. Estos años en Arequipa coincide con las fases finales de la Guerra
del Pacífico. La autora se encargó de la Jefatura de Redacción de este diario.
En 1886 Matto se fue a vivir a Lima, donde se había establecido su hermano David, que
había obtenido título de médico-cirujano en 1885 y ejercía la presidencia de la Unión Fernandina.
Matto se incorporó a las reuniones literarias del Ateneo y del Círculo Literario. El 5 de octubre de
1889 asume la dirección del prestigioso periódico El Perú Ilustrado, pero en 11 de julio de 1891
se ve obligada a dejarlo.
2.1.4.2. Juana Rosa de Amézaga Díaz (1853-1904)52
Hija de Pedro Manuel Ochoa de Amézaga y Agüero y de doña María Díaz de Celis creció
y se educó en Lima a cargo de su hermano, el abogado y escritor liberal Mariano Amézaga (1834-
1894). No obstante, la influencia racionalista que este ejerció en su formación, Rosa se inclinó
hacia las lecturas místicas. Dejó su hogar cuando su hermano publicó su heterodoxo estudio sobre
los Dogmas fundamentales del catolicismo en 1873.
Un dato importante de su vida familiar es que Rosa fue contemporánea con dos de los hijos
de su hermano Mariano: Jorge Miguel, que era siete años menor que ella, y Carlos Germán, que
lo era nueve años. El primero fue redactor de El Nacional, El Porvenir y El Correo del Perú; el
segundo asistió a las veladas de Clorinda Matto y ayudó a fundar el Círculo Literario en 1886.
Aunque no existe información sobre la relación que Juana Rosa tuvo con sus sobrinos, se
puede suponer que su temprana aparición en la prensa limeña estuvo estrechamente ligada a la
exposición que esta tuvo en su entorno familiar, donde su hermano y sobrinos fueron letrados y
periodistas cumbres de la época. Por otro lado, Elvira García y García nota que a Juana Manuela
52
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Jorge Basadre, Alberto Tauro y Emilia Romero.
46
Gorriti y a Juana Rosa Amézaga las unía una íntima y noble amistad (59). Este dato explicaría
también la aparición temprana de la autora en la prensa limeña.
2.1.4.3. María Manuela Nieves y Bustamante (1861-1947)53
Hija de Emilio Nieves Calderón, profesor de matemáticas y de doña Manuela Bustamante
y Ponce de León, nació en Arequipa el 12 de abril de 1861. Su amorosa madre fue su primera
maestra. Hija mayor de cuatro hermanas. Las imágenes de la guerra la impactaron tanto que le
escribió una carta a su padre, quien trabajaba en la ciudad del Cuzco. César Salas en
"Colaboradores y corresponsales del semanario literario El Álbum (1874-1875)" (2009) apunta a
la carta de la joven escritora donde describía la destrucción que había sufrido su ciudad, Arequipa,
a consecuencia del ataque chileno:
Desde el acaudalado ciudadano hasta el humilde obrero, desde la respetable matrona hasta la infeliz
mujer, acudieron a depositar como ofrenda su dinero, sus joyas, sus ahorros, su pan cotidiano, para
contribuir a la compra de un poderoso buque blindado que reemplazase al 'Monitor' y este llevara
el nombre del héroe Miguel Grau. (apud Salas s/n)
Esta misiva más tarde circuló en el Cuzco con el título de Noticias de Arequipa (Carta de una niña
a su Sr. padre, residente en esta ciudad).
En Arequipa, la autora formó parte de los escuadrones de ayuda en los hospitales durante
La Guerra del Pacífico. No se casó debido a su devoción religiosa. Murió de un paro cardíaco en
1947 a los 86 años. Según Alberto Tauro, colaboró en Arequipa con El Eco del Misti, La Bolsa y
La Libertad (Basadre 1785).
2.1.4.4. Amalia Puga de Losada (1866-1963)54
Amalia Natividad Puga y Puga nació en Cajamarca el 8 de setiembre de 1866. Fue hija de
José Mercedes Puga y Valera y Carolina Puga y Chávarri, ambos cajamarquinos descendientes de
españoles y dueños de las grandes haciendas "Pauca" y "Huagal". Según Luisa María Tudela,
"Amalia se educa en la hacienda y se desarrolla como una joven sensible, amante de la naturaleza
y consciente de los problemas de su entorno" (29). Tuvo cuatro hermanos hombres y tres mujeres
y ella fue la hija mayor. Recibió una educación rica en lecturas e idiomas.
53
Los datos biográficos de la autora provienen de los estudios de Jorge Basadre, Alberto Tauro, Emilia Romero y
César Salas.
54
Los datos biográficos de la autora provienen de la tesis de Luisa María Tudela Gubbins de Rosselló titulada "Amalia
Puga de Losada, el rescate de una escritora entre siglos" (2017) y de la biografía de Fanny Arango-Keeth en la
colección ELADD; http://eladd.org/autoras-ilustres/amalia-puga-de-losada/.
47
Su padre fue senador por Cajamarca en 1870 y siempre luchó por los derechos del pueblo
cajamarquino. Falleció en 1885 asesinado por orden de Iglesias. En 1891 su madre, envía a Amalia
a la ciudad de Lima. El 15 de agosto de 1891 es invitada por Felisa Moscoso de Chávez a una
velada literaria (Tudela 36).
En 1890, Ramón Mayorga Rivas, editor de La Revista Ilustrada de Nueva York, anuncia
en la revista que Puga había aceptado ser colaboradora de la misma. En 1893 contrae matrimonio
con Posada de Plissé. El matrimonio se establece en Nueva York y Puga de Losada se dedica a
hacer conocer la historia y la cultura de su país, así como también a colaborar con publicaciones
en diversas revistas de la época (Arango). Esta escritora destaca también en la traducción del inglés
y del francés, idiomas que maneja a la perfección y por un constante interés en los avances
científicos. De acuerdo con la perspectiva de García y García: “No pasó como una viajera en la
gran urbe neoyorquina; y al mismo tiempo que colaboraba en algunos diarios y revistas, haciendo
conocer la grandeza de su patria, se nutría con todos los adelantos, adquiridos en el medio de
intelectuales de nota, de que estuvo rodeada siempre” (88).
El Ateneo de Lima la incorpora como miembro en 1892. En 1894, nace su hijo Cristóbal
Roque. El matrimonio Losada Puga decide visitar Cajamarca y la muerte sorprende a Elías de
Posada. Puga decide establecerse en Cajamarca y dedicarse con esmero a supervisar la educación
de su hijo. A diferencia de otras escritoras de su generación, Amalia Puga de Losada recibe en vida
un merecido reconocimiento de su natal Cajamarca y del estado peruano. En 1931, se instala en
Cajamarca la estatua de la escritora en la plaza que hoy lleva su nombre y en 1960, el gobierno
peruano la condecora con la Orden del Sol del Perú (Arango).
2.2. Las ensayistas en la historia
Nuestra intención en este apartado es identificar los sucesos históricos que marcaron las
trayectorias de vida de nuestras autoras. El indagar la forma en que esos grandes proyectos
políticos surgidos en la historia independiente del Perú afectaron a las escritoras y/o a sus familias,
el modo en que estas participaron de la transformación social y cultural del país y el tipo de impacto
que tuvieron las distintas reformas en la vida de las autoras, ya sea en sus preferencias políticas,
inclinaciones literarias o su formación moral e intelectual, nos permitirá entender sus diferentes
posturas; como ciudadanas de una nueva nación; y más tarde, como una generación que se sucede
en su compromiso con el país.
48
Las fechas de nacimiento de estas diez escritoras abarcan cuarenta y siete años, son los
años de la primera etapa de vida que hemos denominado "Nacimiento/formativa" y abarca desde
1819 hasta 1866. Luego, sigue la etapa "Nupcial/educacional", que son los años en que las
escritoras irán contrayendo matrimonio, así como los años en que se ven afectadas por las reformas
educativas del país. Una tercera etapa, es la "Escritural/pública" que abarca veintiún años, desde
la publicación del primer texto ensayístico hasta el último (1871-1892).
2.2.1. Etapa nacimiento/formativa
Una serie de acontecimientos rigen los destinos de las escritoras peruanas y sus familias
durante estas cinco décadas. Desde las gestas por la Independencia, la llegada de Bolívar, el
predominio del caudillismo, los debates ideológicos, el liderazgo de Ramón Castilla y los primeros
años de bonanza guanera; todos, de una manera u otra, repercuten en la vida de las escritoras y sus
familias 55.
Dos familias que experimentaron de cerca estos acontecimientos fueron la de Juana Laso
y Rosa Riglos. El padre de Juana Manuela Laso, Benito Laso, fue un importante político
arequipeño, abogado y fundador de la Independencia. Este representó el liberalismo autoritario y
se declaró opositor acérrimo a las ideas conservadoras de Bartolomé de las Casas. Precisamente,
el artículo de Juan Luis Orrego Penagos "La formación del estado-nación: liberales y
conservadores, 1825-1845" define estos dos términos:
En el plano teórico, doctrinario, las diferencias entre liberales y conservadores eran claras. Los
primeros se sentían hijos del Siglo de las Luces, defendían una concepción individualista del
mundo, tributaria de las propuestas de Locke, Rousseau y Montesquieu. Por lo tanto, el origen de
la soberanía se hallaba en la voluntad popular y las leyes se originaban por el consenso de los
ciudadanos. En consecuencia, su base doctrinal no consideraba a la Providencia ni a la acción divina
como fundamentos para la delegación del poder. La afirmación de sus ideales se plasmó más bien
en la división de los poderes del Estado, el sufragio universal, la secularización de los gobiernos,
la defensa de la propiedad, la tolerancia de cultos, la igualdad entre los hombres y la abolición de
la esclavitud, de los fueros y de los gremios, expresiones del corporativismo de la sociedad del
Antiguo Régimen. Los liberales no se sentían atraídos por la tradición y miraban con anhelo los
logros políticos del mundo anglosajón, específicamente los logrados por Estados Unidos. Los
conservadores, en cambio, se vinculaban con las mejores manifestaciones del pasado asumido
como paradigma y definido como “tradición”; es decir, el conjunto de creencias, instituciones que,
además de proceder de tiempos anteriores, constituyen valores permanentes y superiores. Es por
ello que el influyente Bartolomé Herrera, defendía la obra de España y su aporte civilizador, en el
cual el cristianismo jugaba un papel fundamental. Pero la defensa de la “tradición” no estaba reñida
con el progreso, siempre y cuando no altere el “orden natural” del mundo. Los conservadores
55
Debemos aclarar que estos sucesos no siguen un orden cronológico como en el apartado 1.2., sino un orden
generacional, es decir, el orden como han sido presentadas las autoras en el Cuadro #1.
49
responsabilizaban a los liberales del caos y la anarquía, así como del empobrecimiento y la
decadencia de la joven república. (Orrego s/n)
Por otro lado, el padre de Rosa Riglos, don José Riglos y Lasala y San Martín, ciudadano
argentino, se desempeñó como Cónsul General de la República Argentina en Lima; era
emparentado con don José de San Martín. Rosa Mercedes Riglos de Orbegoso, fue nuera del
General Luis José Orbegoso y Moncada, quien llegó a la Presidencia del Perú entre los años 1833-
1835. Durante su gobierno se desató la guerra civil entre la elite del norte y del sur del Perú. El
triunfo de los sureños trajo consigo el establecimiento de la Confederación Perú-Boliviana (1836-
1839) y su disolución conllevó a los terribles años de anarquía que vivió el Perú 56. En contraste a
estas dos escritoras, el padre de Teresa González, Don Jerónimo González fue un ciudadano
español, que ejerció la carrera de profesor en la provincia de Ancash.
En cuanto a los progenitores de Mercedes Cabello y Carolina Freyre, estos representaron
a la población sureña acomodada del Perú; Gregorio Cabello moqueguano y Andrés Freyre
tacneño. Gregorio Cabello, si bien vive las épocas convulsas de la Independencia peruana, deja
Moquegua con su hermano Pedro y se embarcan a Europa a cursar sus estudios profesionales 57. A
su regreso, en 1835, Gregorio había concluido sus estudios en la Facultad de Ciencias de París y
su hermano Pedro en la Escuela Real de Ingenieros de Minas de Francia (Pinto 74). Por su parte,
Andrés Freyre se destacó como periodista en Tacna. Primero, trabajó en la Imprenta del Gobierno
en 1844 y luego, fundó en 1851 la Imprenta Libre. El padre de Carolina Freyre fue un
destacadísimo hombre de prensa, quien más tarde seguiría fundando más periódicos en la zona
sureña del país. María del Carmen Escala en su artículo antes citado "Carolina Freyre de Jaimes,
a un siglo ... " en el apartado sobre don Andrés Freyre nota:
En 1855, editó La bella tacneña; entre 1858 y 1859 entregó a Iquique su primer periódico El
Mercurio de Tarapacá. De regreso a Tacna, en 1867, fundó el semanario El Independiente
(González 1965-1966: 89) con la dirección de Ramón Rojas y Cañas, que se constituyó en la voz
del liberalismo tacneño (Porras 1970: 39). La imprenta de don Andrés Freyre continuó con otros
periódicos, el 1 de enero de 1856 salió El Correo de Tacna y el 24 de mayo, El Comercio. En
noviembre de 1866 apareció, de la tipografía La Abeja, de Carlos García, La Revista del Sur;
56
Según Contreras y Cueto: "La población blanca la componían los criollos, descendientes de los colonos españoles,
quienes fungían de comerciantes, hacendados y mineros, Virtualmente a ellos se reducía la población alfabeta del país;
gracias a este control de la escritura los criollos monopolizaban los altos puestos militares y los principales cargos de
la burocracia civil y eclesiástica. La mayor parte de esta población, que representaba poco más de un diez por ciento,
habitaba en las ciudades. [...] Solo Lima superaba los cincuenta mil habitantes; Arequipa, Cuzco y Trujillo tenían
alrededor de la mitad y una decena más (Piura, Lambayeque, Callao, Jauja, Huamanga, Cerro de Pasco, Tarma,
Cajamarca, Huánuco, Puno) entre cinco y diez mil" (79).
57
Ismael Pinto nota que Pedro Cabello Cornejo decidió mandar a sus dos hijos Gregorio y Pedro a estudiar a Europa
después de quedarse viudo (65).
50
dirigida y administrada por don Andrés Freyre (Gambetta 2001: 29); en este medio de divulgación,
los desterrados bolivianos manifestaron su rechazo contra el gobierno de su presidente, Mariano
Melgarejo. (Escala 2017: 199)
58
Consideramos el intervalo de seis años porque la edad de la adolescencia comprende desde los 12 a los 18 años.
51
Rosa Riglos, por su parte, vio en esta etapa de su vida (1838 –1844) pasar al Perú de ser
un estado confederado (1839) a ser una república que en el primer lustro de los años cuarenta fue
gobernada por seis presidentes. Contreras y Cueto sobre el tema de la anarquía militar se han
preguntado:
¿Cuál fue entonces el resultado de la implantación del modelo republicano en esa sociedad cuya
población no se ajustaba a los requisitos exigidos por él? Una república imperfecta, donde la
democracia no hallaba asideros estables, con presidentes tanto o más autócratas que los monarcas
del absolutismo. (91)
Además, Riglos experimentó a la edad de 13 años la muerte de su padre don José y a los 16 años
la muerte de su madre doña Manuela. Por otro lado, Teresa González vive esta etapa de vida entre
los años 1848 a 1854, durante los gobiernos de Castilla y Echenique. Siendo aún una adolescente,
Teresa González contrae matrimonio a los diecisiete años, en 1853, con Juan Fanning. Mercedes
Cabello (1854 – 1860), Carolina Freyre (1856 – 1862) y Margarita Práxedes (1860 – 1866) son
adolescentes durante el segundo gobierno de Castilla. Cabello y Freyre, en esta etapa de sus vidas,
están todavía en el Sur de Perú, en Moquegua y Tacna respectivamente. Práxedes por su parte, está
en Lima. En relación a Clorinda Matto (1864 – 1868) y Rosa de Amézaga (1865 – 1870), a
diferencia de las tres escritoras anteriores, no gozan de la misma estabilidad política ya que se
suceden tres presidencias; la de Juan Antonio Pezet (1863-1865), la de Mariano Ignacio Prado
(1865 – 1868) y la de José Balta (1868 – 1872). Matto vive esta etapa de su vida en Cuzco y
Amézaga en Lima. Finalmente, en los casos de María Nieves y Bustamante y Amalia Puga, no
podemos incluirlas como adolescentes en esta etapa formativa, puesto que María tenía solo cuatro
años y Amalia aún no había nacido.
2.2.2. Etapa nupcial/educacional59
A lo largo de treinta y dos años, entre 1839 y 1871, las escritoras irán contrayendo
matrimonio. El promedio de edad en que estas se casaron fue los 21 años: Laso se casó a los 20,
Riglos a los 21, González a los 17, Cabello a los 24, Freyre a los 22, Matto a los 19 y Puga a los
27 años (solo dos de las escritoras permanecieron solteras: la limeña, Juana Rosa de Amézaga y
la arequipeña, María Nieves y Bustamante). De Margarita Práxedes no hemos podido comprobar
si se casó o si simplemente fue madre soltera.
59
Hemos excluido 1893, el año que Amalia Puga contrae matrimonio. La exclusión, aunque arbitraria, está
fundamentada en que su matrimonio se produjo 22 años después del matrimonio de la última escritora, Clorinda Matto
en 1871.
52
En relación al tema nupcial, el tomo compilado por Carmen Meza y Teodoro Hampe
titulado La mujer en la Historia del Perú. Siglos XV al XX (2007) recopila quince artículos que
resultan invaluables para entender entre varias temáticas, por ejemplo, la institución matrimonial
en el Perú. Justamente, la contribución de Carmen Meza "Legislación social y familiar" examina
el rol de la mujer según las Constituciones peruanas del ochocientos: El Código binacional y el
Código Civil de 1852, los cuales tuvieron influencia directa en la vida de las mujeres casadas de
este grupo aquí estudiado. Como bien lo ha notado Silvia Loli en el artículo "Cien años de normas
sobre relaciones de pareja en el Perú: 1834-1934" (1999): "[...] el primer Código Civil puesto en
vigencia en el Perú fue el de Santa Cruz (1836-38). Mucho después, en 1852, durante el gobierno
de Echenique, fue puesto en vigencia el primer Código Civil verdaderamente peruano, que regiría
hasta 1936" (218). Juana Manuela Laso de la Vega y los Ríos fue la primera escritora de este grupo
en contraer matrimonio con Juan Nolberto Eléspuru y Martínez de Pinillos en 1839, y Rosa
Mercedes Riglos y Díaz de Rávago será la segunda, que se casará con Pedro José de Orbegoso y
Martínez de Pinillos en 1847. Ambos matrimonios, a efectos de la ley, estuvieron regidos bajo las
normas del código binacional que reconocía: "[...] la validez del matrimonio eclesiástico y confiaba
las controversias familiares al fuero de la Iglesia. La tutoría del confesor católico persistía en el
hogar" (apud Meza 372)60.
Cuatro escritoras seguirán contrayendo nupcias en las décadas siguientes; en los cincuenta
se casa González, en los sesenta lo hacen Cabello y Freyre, en los setenta Matto 61. Todos estos
matrimonios estarán legislados por el código civil de 1852, que consagra el matrimonio
monogámico e indisoluble y define que: "se unen perpetuamente el hombre y la mujer en una
sociedad legítima para hacer vida común, concurriendo a la conservación de la especie humana"
(artículo 132 apud Meza 375). Además, se dan una serie de artículos referentes a las limitaciones
que se les impone a las mujeres como que: "Las relaciones internas del grupo familiar reposan en
el principio de sumisión de la mujer al marido y de los hijos a los padres. [...] La mujer no puede
60
El código binacional: La Confederación Perú-Boliviana tuvo un Código Civil de breve vida. Este estuvo en vigencia
desde diciembre de 1836 al 17 de mayo de 1837, fecha en la que el mariscal Santa Cruz por decreto dejó en suspenso
su vigor. El Presidente Orbegoso, por decretos de 31 de julio y 3 de agosto de 1838, los declaró insubsistentes y
restableció la legislación civil española. El Código Civil del estado Nor Peruano, edición oficial, fue publicado en la
Imprenta de José Masías (Lima, 1836). Su normatividad se ceñía a las disposiciones del Concilio de Trento [...]. El
cuanto a la edad de aptitud nupcial, se había disminuido para los hombres a los 14 años y para las mujeres a los 12
años (apud Meza 372).
61
Nótese que en la década de los ochenta ninguna de las escritoras aquí incluidas contrae matrimonio; una razón
determinante fue la alta mortandad masculina debido a la Guerra del Pacífico. Amalia Puga se casa recién en la década
de los noventa.
53
dar, enajenar, hipotecar, ni adquirir artículo gratuito u oneroso, sin intervención del marido, o sin
su consentimiento, por escrito" (apud Meza 374 -375). Aunque la validez de estos códigos fue
relativa, ya que estas legislaciones podían cambiar, su implicancia quedó manifiesta en los códigos
sociales que adoptó el individuo. Más aún, el comportamiento social reforzó una mentalidad
patriarcal donde la mujer siempre llevó la desventaja. Silvia Loli en el artículo antes citado, en su
reflexión sobre el Derecho a la Igualdad nota:
Las prácticas, costumbres, ideas y valores imperantes en la época asumían como premisa que, por
naturaleza, los hombres eran iguales entre sí, y que las mujeres eran débiles e inferiores a ellos. En
consecuencia, la igualdad entre varones y mujeres quedaba descartada como premisa lógica, como
hecho y como derecho. [...] La Emancipación no consideró la jerarquía entre los sexos como parte
del conjunto de relaciones que debía redefinirse. Desde este punto de vista, la supremacía masculina
en la vida cotidiana, y a nivel político y jurídico, guardaba coherencia con el principio de igualdad
planteado. (222)
Aunque se carece de trabajos biográficos que exploren detalles específicos sobre cuáles
fueron las opciones que tuvieron nuestras escritoras antes de contraer matrimonio, salvo el
impresionante volumen de Ismael Pinto Vargas sobre Mercedes Cabello de Carbonera, lo cierto
fue que la vida matrimonial de la mayoría de estas escritoras estuvo sujetas a las prácticas y
costumbres amparadas en la ley, que no hacían otra cosa que acentuar las desigualdades para hacer
prevalecer el status quo. Margarita Zegarra en el artículo "Roles femeninos y perspectivas sociales
en las décadas iniciales de la República" (2007) nota: "[...] el matrimonio era en el XIX una
importante aspiración para las mujeres urbanas, especialmente las del sector alto, pero no solo para
ellas" (520). A pesar que siete de las diez escritoras incluidas en este estudio contrajeron
matrimonio, muchas de ellas discreparon con la ley, la cual incentivaba la subordinación y
dependencia de las mujeres. Ahora bien, aunque el lenguaje usado en la redacción de las distintas
constituciones que tuvo el país operaba en masculino, el argumento de poder denigrar a la mujer
de su condición de ciudadana no se desprendía del texto constitucional 62. En cuanto a las
referencias sobre los matrimonios arreglados en Lima, estos se dieron en gran escala, tal y como
se puede constatar en las relaciones de viajeros y textos literarios (Zegarra 521). Y son
precisamente, algunas de nuestras autoras como; Juana Laso, Rosa Riglos y Mercedes Cabello las
que experimentaron en carne propia estas prácticas sociales de la época.
62
Silvia Loli cita el artículo 17 de la Constitución de 1823 en la nota # 10: "Para ser ciudadano es necesario: 1) Ser
peruano, 2) Ser casado o mayor de 25 años, 3) Saber leer y escribir, cuya calidad no se exigirá hasta después de 1840,
4) Tener una propiedad o ejercer cualquier profesión, o arte con título público, u ocuparse de alguna industria útil, sin
sujeción a otro en clase de sirviente o jornalero" (221).
54
De nuestra primera escritora, Juana Manuela Laso de la Vega y los Ríos hemos podido
comprobar por los datos biográficos que ofrece Alberto Tauro en la Enciclopedia Ilustrada del
Perú (2001) que Benito Laso, su padre, y Juan Norberto Eléspuru y Martínez de Pinillos, su
marido; trabajaron juntos en Chile. Juan Norberto fue secretario de la legación que tuvo a su cargo
el padre de Juana Manuela, don Benito Laso en 1845 (894). Sin embargo, esta relación de trabajo
se produjo después que Juana Manuela y Juan Norberto se casaran en 1839. No hay detalles que
expliquen cómo Eléspuru conoció y cortejó a su futura esposa, solo sabemos que Eléspuru nació
en Tacna dos años antes que Juana Manuela nazca en esa misma ciudad.
En el caso de Rosa Riglos, esta se casó en 1847 con el Coronel don Pedro José de Orbegoso
y Martínez de Pinillos, hijo del Excelentísimo señor Gran Mariscal de los Ejércitos del Perú, don
Luis José de Orbegoso y Moncada, que fue Presidente de la República; militar y Coronel del
Ejército del Perú. En la nota necrológica que le dedicara Abel de la Encarnación Delgado a Rosa
Riglos, en El Perú Ilustrado el 14 de marzo de 1891, se puede extraer un dato significativo sobre
su madre y de la relación que existió entre la familia de la desposada y la familia Orbegoso:
[...] Doña Manuela de Rávago y Avella Fuertes, literata escritora distinguida de su época cuyos
opulentos salones eran arduamente frecuentados por altas notabilidades como los excelentísimos
señores mariscales Orbegoso, Santa Cruz y Necochea [...], que tuvieron la dicha de admirar y de
aplaudir en valientes estrofas, su esclarecido talento, a la vez que su real porte y el mérito de sus
virtudes [...]. (1720)
La prestancia de la que gozaba la madre de Rosa como literata y la distinción de su familia pueden
haber deleitado a la también distinguida familia del Presidente Orbegoso. Aunque no existen datos
que confirmen que Rosa y Pedro se hayan conocido en los salones de la madre de esta puede
formularse esta hipótesis. Doña Manuela muere en 184263. Rosa y Pedro se casan en 1847, Rosa
de 21 años y Pedro de 31 años. Pedro puede haber sido también, como su padre, uno de los
asistentes a los salones y saber de la existencia de la que después sería su esposa.
De Teresa González solo se dispone del dato de su matrimonio con el marino Juan Fanning
García, de la provincia norteña de Lambayeque en 1853. Ambos tuvieron dos hijos, Jorge y Emma,
que más tarde, la muerte se los arrebataría cuando ella y su marido huyen a Lima por sublevaciones
de los peones en su hacienda.
63
En el artículo de Manuel Zanutelli Rosas titulado "La tuberculosis en algunos personajes de la historia del Perú" en
el apartado 'Una señora de salones aristocráticos' nota: "La TBC envolvió fatídicamente también a Manuela Rávago
y Abella Fuertes, esposa de José Riglos Lasalle, señora muy apreciada en su entorno social. No obstante, la lucha de
los médicos para enfrentar el mal que padecía, dejó de existir el 16 de octubre de 1842, a la edad de 33 años" (72).
55
Otra escritora, de la que sí disponemos de más detalles biográficos, es Mercedes Cabello
Llosa. Su principal biógrafo, Ismael Pinto, en el apartado "El joven plebeyo y la niña Mercedes"
explica cómo Urbano Carbonera Villanueva (quien más tarde se convertirá en esposo de Mercedes)
llega a Moquegua tras ser aceptado en el Colegio Nacional La Libertad. Aquí recibe clases del
padre de Mercedes, don Gregorio Cabello Zapata y tiene como compañero de clase al primo
hermano de Mercedes, Pedro Cabello. Pinto aventura dos suposiciones sobre las circunstancias de
cómo Urbano Carbonera conoció a Mercedes:
[...] con toda la aureola que daba el ser alumno de ese plantel y el impacto que ese prestigio producía
en el elemento femenino [...], frecuentará la señorial casona de los Cabello Llosa como la de los
Zapata, [...] O bien, en reuniones sociales juveniles en donde el piano, el canto, la poesía y el
cotilleo congregaban a las niñas de los Zapata, de los Cabello [...] ¿Fue por aquellos años que el
estudioso adolescente libertano puso sus ojos en la inquieta jovencita? (90-91)
No obstante, Pinto también hace mención de la diferencia económica entre las dos familias y de la
desventaja de Urbano Carbonera, quien procedía de una familia del sur, pero sin gran fortuna64.
Lo cierto es que, 15 años más tarde, Mercedes, ya residiendo en Lima, contrae matrimonio con
Urbano Carbonera. Se puede aventurar que la amistad de Urbano Carbonera con la familia de
Mercedes medió para que sus padres lo acepten como futuro esposo de su hija; y también
preguntarnos si este fue un matrimonio arreglado o fue un matrimonio por amor.
Carolina Freyre se casó, posiblemente, en 1865 en la ciudad Tacna con el escritor boliviano
Julio Lucas Jaimes, quien llegó a Tacna en 1864 como cónsul de Bolivia. Como lo ha notado María
del Carmen Escala: "En este escenario Carolina y Julio se conocieron y más adelante se unieron
en matrimonio [...]. Con la alianza nupcial, las redes políticas y literarias se ampliaron y con ello
también la movilidad literaria de la escritora" (2017: 201)65.
64
Pinto incluye en su volumen la transcripción de la partida de nacimiento de Urbano Carbonera Villanueva inscrita
en el Arzobispado de Tacna, ciudad sureña del Perú muy cercana a Moquegua. Con este documento, Ismael Pinto
aclara la nacionalidad de Urbano Carbonera, a quien erróneamente, la crítica le ha atribuido la nacionalidad italiana.
65
Escala en la nota #13 especula que se puede deducir que el año del matrimonio fue 1865, basándose en la fecha de
nacimiento de su segundo hijo, Ricardo en 1868 y desecha la fecha que proporciona Elsa Paredes en su Diccionario
biográfico de la mujer boliviana (1965:120-121) quien afirma, sin mencionar la fuente, que el matrimonio fue en 1865
(2017: 201). Escala se basa en la documentación verificable que existe sobre Ricardo Freyre, precursor de la corriente
modernista latinoamericana. No obstante, 1865 es una fecha no verificable dado que la misma Escala nos ha
confirmado que no encontró respaldo documental sobre el hijo primogénito, Julio. Asimismo, Laura Herrera Liendo
en su tesis "La construcción discursiva de la mujer limeña desde la perspectiva de Carolina Freyre de Jaimes en la
'Revista de Lima' de 1872 a 1874" no da la fecha matrimonial de la autora (2012: 14).
56
Con respecto a Margarita Práxedes, el estudioso Daniel Omar De Lucía nota que tuvo una
hija llamada Aspasia Muñoz, pero no proporciona información sobre el padre de la niña ni si
Margarita Práxedes se casó o fue madre soltera 66.
Clorinda Matto por su parte, se casó con José Turner en 1871, médico y negociante inglés
con el que vivió en la ciudad de Tinta-Cuzco. Aunque no se ha escrito sobre la vida matrimonial
de Clorinda y su esposo, sí se puede afirmar que este la apoyó en su vida literaria. En 1877, ya
casados, ambos viajaron a Lima, y José Turner estuvo presente la noche que honraron a Clorinda
en las veladas literarias de Juana Manuela Gorriti.
Ahora bien, Juana Rosa de Amézaga y María Nieves y Bustamante permanecieron solteras.
Amézaga, limeña y proveniente de una de las aristócratas familias de Lima no solo fue una
prolífica escritora sino una mujer muy devota de la fe católica. Juana Rosa creció bajo la tutela de
su hermano mayor, Mariano Amézaga, abogado y escritor. Alberto Tauro en la reseña biográfica
de la autora nota:
[...] no obstante la influencia racionalista que aquél ejerció en su formación, se inclinó hacia las
lecturas místicas e inclusive llevó a tal grado su intransigencia religiosa, que abandonó el hogar
donde creció al lado de su hermano cuando éste publicó su heterodoxo estudio sobre los Dogmas
fundamentales del catolicismo ante el Tribunal de la razón (1873). (140)
Dicha publicación conllevó una serie de protestas y censuras ya que las ideas presentadas en el
texto constituían un reto a las creencias de la época. Se podría inferir que la actitud anticlerical de
su hermano podría haber exacerbado la religiosidad de la autora. Nieves y Bustamante, arequipeña
fue la hija mayor de cuatro hermanas. Solo una de sus hermanas se casó. Su vocación religiosa fue
también una prioridad en su vida. Ahora bien, sobre el tema del matrimonio y la soltería, En Las
mujeres y sus propuestas educativas 1870-1930 (2013) María Emma Mannarelli nota del artículo
"Educación femenina" de Teresa González 67:
González de Fanning advertía el error de las clases altas al pensar que sus mujeres estaban
destinadas a la vida matrimonial [...]. El matrimonio tendría que ser una opción, por lo que la autora
defendió la decisión de las mujeres a no casarse, y convirtió sus planteamientos en una defensa de
la soltería, con lo que quiso dejar sin sustento el estigma de la 'solterona'. (34)
66
De Lucía agradece a la Sra. Maritxu Lafert, nieta de Margarita Práxedes por haberle permitido acceder a
documentación sobre la autora (nota en el artículo de Omar De Lucía "Margarita Práxedes Muñoz. Visión del alba y
el ocaso").
67
Sobre Educación femenina (1898), Mannarelli cita en la nota #13: Esta serie de artículos fue escrita con motivo de
uno publicado por la Sra. Cabello de Carbonera y combatido por la Sra. Larriva de Llona y otros escritores nacionales.
Publicada después como Educación femenina. Colección de artículos pedagógicos, morales y sociológicos. Lima: El
Lucero: 1905 (127).
57
Finalmente, Amalia Puga de Losada contrae matrimonio con el escritor colombiano Elías
Posada Plissé en 1893. Esta escritora no solo es la última en casarse, sino que, –– como lo notamos
al comenzar este apartado–– su matrimonio se realiza 22 años después de la última de las escritoras
de nuestro estudio (Matto). Aunque no hemos incluido su fecha matrimonial dentro del intervalo
de casamientos de este apartado (1839-1871) consideramos importante referirnos a ella. Puga
había aceptado colaborar con la Revista Ilustrada de Nueva York y es así que surge, primero una
relación epistolar entre Amalia y Elías, esta amistad duraría dos años hasta que en1893 se casan y
se establecen en la ciudad de Nueva York. Retomando la cita de Mannarelli es significativo notar
la relevancia del pensamiento del Teresa González con respecto al matrimonio. Amalia Puga se
casa a los 27 años, una edad en esa época avanzada para contraer nupcias, sin embargo, se puede
afirmar que fue la dedicación y la prioridad que esta autora le dio a su carrera escritural lo que le
permitió, por méritos propios, ser colaboradora en la revista de Nueva York y ahí conocer a Elías
Posada. Puga no se dejó influenciar sobre los estigmas de la época y dejó el matrimonio para
después.
Otro aspecto relevante en esta etapa es el relacionado a la educación68. Para este aspecto
consideramos los reglamentos de Castilla y la norma jurídica de Pardo. Como bien lo notan
Cristóbal Aljovín y Marcel Velázquez en La reforma educativa liberal, 1860-1879 (2013), los
esfuerzos de la élite política por lograr la libertad de enseñanza, la educación pública primaria para
todos, la educación superior para las élites, la secularización de la educación y la difusión de teorías
y métodos científicos en la educación superior es lo que se designó con el nombre de Reforma
Educativa Liberal. Los reglamentos promulgados en el primer y segundo gobierno de Castilla, en
1850 y 1855 respectivamente, y la norma jurídica de 1876 promulgada por Manuel Pardo se dieron
gradualmente (3)69. Sin embargo, aunque existía la intención para que todos, tanto niños como
68
Cristóbal Aljovín y Marcel Velázquez en la Introducción de La reforma educativa liberal, 1860-1879 (2013) ofrecen
una aclaración sobre los términos educación e instrucción: [...] Sabemos muy bien que el término 'educación' es un
neologismo relativamente moderno, que aparece en la lengua castellana a inicios del siglo XVII, se generaliza en
Europa a fines del siglo XVIII y se instala en las sociedades con el advenimiento de la modernidad. En nuestro país,
[...] se utilizó la palabra 'instrucción' hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando se desarrolló un interesante
debate académico y político sobre la diferencia entre 'instrucción' y 'educación'; hasta que finalmente, en 1935, el
gobierno de Óscar Benavides decidió [...] diferenciar el Ministerio de Justicia, Instrucción y Culto del nuevo
Ministerio de Educación (XV-XVI).
69
Cabe señalar que En Las mujeres..., María Emma Mannarelli alude a que después que se promulgó la primera
Constitución en 1823 se estableció que la educación escolar era parte de la vida republicana, era un derecho para
todos. A partir de 1828 la escuela fue declarada gratuita para todos los ciudadanos, sin embargo, las mujeres no
gozaban de ese estatus. Se crearon colegios de educandas desde 1827 en Lima como en Ica y en el Cuzco (9).
58
niñas, de la capital o de las provincias, tuvieran acceso a la educación primaria, esto no se logró.
A las niñas –antes de Castilla– se les preparaba para conquistar un esposo y para el rol de ama de
casa; después del Reglamento General de Instrucción de 1850 el objetivo no cambió mucho, se les
enseñaba arte, labores, idiomas y cursos domésticos. No obstante, como lo ha notado Margarita
Zegarra en el artículo "Roles femeninos...": "Aun con programas de estudios dirigidos a hacer de
las mujeres buenas amas de casa, las nuevas opciones educativas, así como la educación dada por
las tutoras en las propias casas, alentaron gradualmente el crecimiento intelectual y emocional de
muchas mujeres" (533).
Por otro lado, en Las mujeres... Mannarelli apunta que, a mediados del siglo XIX, Ramón
Castilla creó una serie de colegios para educandas en once provincias del Perú. Con Manuel Pardo
en el poder desde 1874, su gobierno civilista aprobaría en 1876 el reglamento de educación donde
se instauraba la obligatoriedad de la educación primaria para niños y niñas hasta los doce años y
la creación de un colegio de mujeres en las provincias si no existiera uno. Además, en los años
previos a la Guerra del Pacífico se puso énfasis en educar a las mujeres de las clases populares.
Sin embargo, siempre se palpó esa conducta pública discriminatoria que repercutió en la cultura
de la época. La educación de las mujeres fue bastante discreta, pero no sucedió lo mismo con las
mujeres que pertenecían a los sectores privilegiados. La vida de salón y el apogeo de la prensa de
la época fueron las herramientas primordiales para el desarrollo periodístico literario de estas
mujeres (10-11).
Maritza Villavicencio en Del silencio... sobre la década de los cincuenta en particular, nota
sobre el estudio del clérigo tacneño Francisco de Paula González Vigil, titulado Importancia de la
educación del bello sexo (1858) cómo en este trabajo se condensa la posición de los liberales de
esa década sobre la mujer, pero no deja de señalar que el objetivo real de los liberales no era otro
que cuestionar el poder que el clero tenía sobre la conciencia de las mujeres. De la década del
sesenta el estudio de Mariano Amézaga (1864) sobre la educación e instrucción femenina aporta
también sobre el tema: "[...] la educación y la instrucción serían los instrumentos que viabilizarían
la independencia de las mujeres, y su salvación de las garras masculinas (apud Villavicencio 44).
De las ensayistas aquí estudiadas, Juana Laso y Rosa Riglos, aunque ya de adultas, fueron
testigos de los debates por reformar la educación. Para los años en que se aprobaron los dos
reglamentos de Castilla (1850 y 1855); Laso tenía 31 y 36 años de edad, Rosa Riglos, 24 y 29 años
respectivamente y Teresa González, 14 y 19 años. Mercedes Cabello, Carolina Freyre y Margarita
59
Práxedes eran aún pequeñas cuando se dieron estos; Cabello contaba con 8 y 13 años de edad,
Freyre con 6 y 11 y Práxedes solamente con 2 y 7 años. En cuanto a Clorinda Matto y Rosa de
Amézaga eran aún infantes; y, María Nieves y Bustamante y Amalia Puga ni siquiera habían
nacido.
Ahora bien, en cuanto a la ley promulgada por Pardo en 1876 se puede afirmar que esta sí
afectó o bien la educación o bien la condición social de las ensayistas. Las edades de las ensayistas
cuando se promulgó esta ley en 1876 fueron: Laso, 57 años; Riglos, 48; González, 38; Cabello,
34; Freyre, 32; Práxedes, 28; Matto, 24; Amézaga, 23; Nieves y Bustamante, 15 y Puga diez años
de edad. Cabe anotar que si bien el gobierno civilista de Manuel Pardo impulsó la prensa escrita y
dio el Reglamento General de Instrucción Pública de 1876 que hacía obligatoria la instrucción
primaria en todo el país y a la que tendrían acceso las niñas y los varones, su gobierno no se
pronunció sobre la instrucción media para las mujeres. En el sector privado, aumentó el número
de colegios privados para mujeres, los cuales estaban en manos de religiosas y de pedagogas laicas:
"Solo las niñas de una reducida élite tuvieron acceso a tan sofisticada formación escolar. Provenían
de familias aristocráticas, [...] y de aquel nuevo grupo que hizo su fortuna gracias al pago de la
deuda interna y al sistema de consignaciones guaneras" (Villavicencio 47) 70.
A pesar que carecemos de documentos que comprueben con exactitud el tipo de instrucción
recibida por las ensayistas de este estudio, se puede afirmar que la mayoría de ellas fueron
autodidactas o recibieron instrucción personalizada en sus hogares. Basándonos en documentos
públicos se puede confirmar que las escritoras de las dos últimas generaciones, se vieron
beneficiadas por estas reformas ––aunque lentas y muchas veces motivadas por intereses políticos.
Margarita Práxedes, por ejemplo, logró ser aceptada en la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos donde obtuvo el grado de Bachiller en Ciencias Naturales. El crítico peruano Rubén Quiroz
en la reedición que hace de la novela de La evolución... ([1893] 2014) nota:
La propia Práxedes es síndico de las tensiones y los obstáculos jerárquicos que impedían la equidad
de oportunidades en la formación universitaria. Una antigua y perversa historia de dominación
hacia la mujer, replicada en la vía educacional. Matriculada primero en Letras en 1882 en la
Universidad de San Marcos, estudia con mayoría absoluta de compañeros varones. (13)
70
Villavicencio lista las materias que estudiaban las alumnas del colegio Peruano-Francés, incluía: Gramática
Castellana, Geografía Física, Geografía Política, Geografía del Perú, Religión, Historia Eclesiástica, Historia Santa,
Historia de América, Historia del Perú, Aritmética, Geometría, Economía, Poética, Botánica, Zoología, Higiene,
Pedagogía, Música, Baile, Costura, Tejido, Bordado, Dibujo, Caligrafía, Inglés y Francés (47).
60
Práxedes primero se matriculó en la Facultad de Letras en 1882 y más tarde, en 1888 lo hace en la
Facultad de Ciencias de la misma universidad. El 18 de diciembre de 1889 inicia los trámites para
graduarse y el 14 de octubre de 1890 es aprobada y se le declara bachiller en Ciencias Naturales 71
(Quiroz, 15). Cabe notar que dicho acontecimiento fue publicado por El Perú Ilustrado el 25 de
octubre de 1890, sin embargo, el día en que fue aprobada varía, no es el 14 sino el 24, así como
también el título de la tesis. La nota de este diario, felicita a Práxedes como la primera mujer que
obtiene el diploma de Bachiller en el país, notando que, a Trinidad M. Enríquez, este título le fue
negado72.
2.2.3. Etapa escritural/ pública
La que hemos denominado como etapa escritural responde al período de vida de las
escritoras en que nos preguntamos por ejemplo sobre las circunstancias que confluyeron para que
estas autoras peruanas surjan como generación, se vuelquen en escribir y publiquen,
principalmente en la prensa limeña. Una primera hipótesis que nos planteamos es que todas las
escritoras de este estudio, al pertenecer a familias letradas, no tuvieron supervisión; ya sea, del
padre, cónyuge, o la iglesia sobre las lecturas a las que tuvieron acceso. Por el contrario, para
escritoras como, Cabello, Freyre, Amézaga, Nieves y Bustamante y Puga la figura del padre,
esposo o hermano tuvo un rol predominante en referencia a la exposición y acceso de estas a las
bibliotecas personales, salones literarios y revistas. Fanny Arango-Keeth en su artículo
anteriormente citado, sobre la lectura y las escritoras añade: "[...] La escritora del diecinueve era
también una lectora ávida y seleccionaba como base de comparación para guiar su ejercicio
literario cierto paradigma de escritura femenina y feminista [...]" (392). Asimismo, en cuanto a la
lectora como tópico de escritura Graciela Batticuore en La mujer romántica (2005) ha notado que:
"En la prensa y la literatura del período romántico la figura de la lectora constituye un tópico
recurrente y casi siempre vinculado con la preocupación relativa a la educación de las mujeres.
Cómo llevarla a cabo, por qué y en qué manos depositarla son algunas preguntas que recorren los
escritos de la época, abriendo una variada gama de respuestas y opiniones a los interesados" (35).
71
El título de la tesis fue "La identidad sustancial de los reinos orgánico e inorgánico" pero cuando se publicó en 1890
el título cambió a: "Unidad de la materia o identidad sustancial de los reinos orgánico e inorgánico". Esta fue publicada
en Lima en 1890 en la imprenta de Juan M. Gall y Compañía (apud en Quiroz 15).
72
Varillas, sobre Trinidad María Enríquez (1848-1891) afirma que fue la primera mujer en cursar estudios
universitarios en el Perú. Sin embargo, esta inició los trámites que requerían aprobación por resolución suprema para
reconocerla como alumna en las aulas universitarias en la Facultad de Letras y Jurisprudencia, pero estos fueron tan
engorrosos que ella falleció antes de que estos se aprobaran (236). No menciona que se le haya negado el grado.
61
Retomando nuestra hipótesis se puede entonces conjeturar que el acceso que tuvieron nuestras
ensayistas como lectoras las estimuló a escribir esas experiencias en sus ensayos y a promover,
como bien lo nota Batticuore, la figura de la mujer lectora como un modelo de superación
femenina.
Por otro lado, pensamos que la acogida de la prensa, por medio de El Heraldo y La Revista
de Lima, a la generación de Ricardo Palma (1822-1836) fue un precedente determinante que ayudó
a la difusión del aporte cultural de los románticos; y que las escritoras, más tarde, emularon y hasta
cierto punto superaron, al fundar ellas mismas sus propias revistas para difundir sus escritos. Por
último, es significativo notar que las primeras escritoras que florecen en la década del setenta son
limeñas o están ya establecidas en la capital peruana (nos referimos a Laso, Riglos, González,
Cabello, Freyre y Amézaga). Lima como ciudad cobró importancia desde la época de la Colonia,
y continuó siendo el centro político, económico, cultural y literario del país.
Ahora bien, si quisiéramos indagar sobre los alicientes intelectuales que tuvieron las
escritoras para iniciarse y hacerse de un espacio en la esfera pública y letrada del país, se puede
afirmar que los cambios que se dan en la educación, así como el ingreso de las doctrinas positivistas
son circunstancias que estas escritoras explotan y apropian como suyas. Johnny Zevallos en su
artículo "La educación del bello sexo en dos novelas del siglo XIX: El caso de El Correo del Perú"
(2008) nota:
Con el ascenso al poder de José Balta y el nacimiento del Partido Civil surgen en el Perú los
primeros atisbos de un discurso modernizador en la prensa política e intelectual limeñas. [...] Este
discurso modernizador tendrá como ejes fundamentales el perfeccionamiento del universo
doméstico en los sectores criollo y mestizo, así como la educación femenina, al identificar a la
mujer como madre y educadora de los futuros varones y ciudadanos. Sin embargo, esta
aproximación hacia ambos vectores socioculturales tuvo mayor éxito cuando fueron las propias
mujeres las productoras de este discurso renovador, pues constituían el agente por integrar dentro
de la comunidad imaginada y tenían un conocimiento exhaustivo de la problemática doméstica. (2)
Retomando la cita de Johnny Zevallos repasamos las primeras publicaciones que dan cuenta de
ese "discurso renovador" en los que incursionaron nuestras autoras, así como los tropiezos a los
que se enfrentaron en la esfera pública.
Juana Laso se estrenó con piezas teatrales: Amor a la libertad en 1851 (Tauro 1421), Que
nadie lo sepa, comedia de costumbres y Las muchachas engreídas, pieza cómica leída en una de
las veladas de Gorriti73.
73
Varillas nota que sus Poesías se publicaron en El Correo del Perú (1877), El Oasis (1885), Perlas y Flores (1885-
1886) y El Perú Ilustrado (1891) (146).
62
En referencia a Rosa Riglos de Orbegoso, las vicisitudes de su vida pública quedan
ilustradas en la siguiente cita:
[...] tenemos el gusto de reproducir el excelente artículo que la Señora Doña Rosa Mercedes Riglos
de Orbegoso publicó, hace largo tiempo, en un diario de esta capital, bajo un seudónimo. Perdone
la galana escritora que descorramos el velo con que la modestia ocultó su verdadero nombre, y lo
coloquemos ahora en lugar del seudónimo de BEATRIZ. (La Alborada, Año 1, Núm. 34)
La cita alude al artículo "Glorias literarias de la raza latina", publicado por vez primera en 1875.
Riglos, tuvo que sobrellevar la presión de estar casada con el hijo del Presidente Orbegoso. Por
otro lado, su ensayo "Charla Literaria", a pesar que se publicó en 1887, fue leído por la propia
autora en la quinta velada de Juana Manuela Gorriti el 19 de agosto de 1876.
Teresa González de Fanning fue socia del Club Literario y del Ateneo de Lima. Firmó sus
primeros artículos en prensa usando el seudónimo de María de la Luz. No obstante, en la séptima
velada de Gorriti, Ricardo Palma dio lectura a su ensayo "Trabajo para la mujer" el 30 de agosto
de 1876, y en el libro que recopiló el hijo de Gorriti, Juan Sandoval, y en 1892, consta bajo el título
del ensayo el nombre completo de la autora, así como su seudónimo. Por lo tanto, una hipótesis
podría ser que el hijo de Gorriti conocía que Teresa González de Fanning, desde 1881, dejó de
usar su seudónimo y por eso escribió los dos nombres, o que quizás dentro del círculo literario en
el que interactuaban las escritoras, específicamente, las veladas de Gorriti, no existían secretos
entre sus asistentes y se sabía quién era María de la Luz.
Mercedes Cabello fue una prolífica ensayista y novelista. En sus tres primeros años de su
producción en prosa (1874-1877), en sus ensayos se nota su preocupación más ferviente: la
educación de la mujer, pero también, su compromiso ––como escritora–– por cultivar al literato
de su joven nación. Después de su nutrida producción ensayística y de los dos años de triunfo en
las veladas literarias de Gorriti vendrá la debacle histórica peruana a consecuencia de la Guerra
del Pacífico (1879-1883). La autora pasó de ser una ensayista profusa a una novelista que causó
más de un revuelo en su entorno74.
Carolina Freyre fue miembro del Club Literario de Lima donde dio a conocer el 15 de julio
de 1872 el primer estudio dedicado a la personalidad de Flora Tristán (Romero, Emilia). La
74
Estudios recientes (Cárdenas, Martin-Goswitz) han aportado la correcta cronología de la obra novelística de la
autora: Los amores de Hortensia (Historia contemporánea) (1884), Sacrificio y recompensa (1886), Eleodora (1887),
Blanca Sol (1889), Las consecuencias (1889), La novela moderna. Estudio filosófico (1892), El conspirador.
Autobiografía de un hombre público. Novela político-social (1892), La religión de la humanidad (1893), El conde
León Tolstoy (1894).
63
experiencia editorial y el apoyo que recibe, tanto de su padre como su marido, le permite a Carolina
Freyre no solo escribir y publicar, sino también fundar, dirigir y colaborar en revistas de prensa en
Perú, Bolivia y Argentina.
En cuanto a Margarita Práxedes, son contadas las publicaciones de esta autora en el Perú.
Práxedes es la única de las autoras de nuestro estudio que asiste a la universidad. Si bien hemos
encontrado ensayos de la autora en El Perú Ilustrado, se podría inferir que sus ocupaciones como
estudiante universitaria la mantuvieron alejada de las revistas de prensa. Práxedes, a diferencia de
las otras escritoras de este estudio no fue una habitual colaborada en la prensa decimonónica como
sí lo fueron sus coetáneas.
En contraste, Clorinda Matto fue una fecunda escritora. Publica y dirige revistas de prensa
en Arequipa y Lima y se dedica también a publicar en diversos géneros literarios. Vanessa Miseres
en su nota biográfica en ELADD nota: "[...] Tanto las novelas, como las tradiciones y los artículos
periodísticos de Clorinda Matto se han convertido para la crítica literaria en referentes centrales
para pensar el proceso de incorporación de la mujer escritora como figura relevante dentro la
escena cultural del siglo XIX en Sudamérica" (s/n).
Juana Rosa de Amézaga publicó entre los años 1874 a 1891 un sinnúmero de artículos y
ensayos en El Álbum, El Correo del Perú y El Perú Ilustrado. En 1890 publica Reflexiones y
Máximas y en 1893 un Estudio sobre las virtudes cristianas bajo su triple aspecto religioso, social
y doméstico. Fue socia del Club Literario.
María Nieves y Bustamante, escritora arequipeña, colaboró con artículos en diferentes
diarios y revistas de Arequipa, Lima y Cusco: La Bolsa, Eco del Misti, Revista del Sur, El Pueblo,
El Deber (Arequipa); El Perú Ilustrado (Lima), La Mujer Peruana (Lima), Perlas y Flores,
Picaflor, La Opinión Nacional (Lima) y La Ley (Cusco). La religión, la patria, el arte, la amistad
y otros nobilísimos temas le dan material abundante para sus escritos. Fue miembro del Club
Literario Arequipeño.
Amalia Puga, escritora cajamarquina empezó a publicar en la década de los ochenta en El
Perú Ilustrado. A partir de la década de los noventa empieza a escribir para la Revista Ilustrada
de Nueva York. En 1892 es admitida en el Ateneo de Lima donde diserta sobre la literatura y la
mujer.
64
2.3. Las ensayistas. Una aproximación conjunta
Ahora bien, después de este repaso individual sobre las primeras obras con que se
estrenaron las autoras de nuestro estudio, presentamos en el Gráfico #1, “Publicaciones 1871-
1892” la cantidad de ensayos que cada autora publica y que representa, en su totalidad, el corpus
literario que nos interesa para este estudio. Pensamos que un primer acercamiento conjunto de las
publicaciones de estas autoras adquiere una dimensión nueva si se adopta una metodología
cuantitativa. Este gráfico ha sido construido con los datos consignados que presenta el corpus
desde una "Perspectiva cronológica". Los ensayos recobrados abarcan veintiún años, desde el
primero que se publica en 1871 hasta el último, en 1892. El total de textos asciende a cuarenta75.
75
Tabla del gráfico 1: Publicaciones 1871-1892: Perspectiva cronológica, Apéndice I: 234.
65
El Gráfico # 2, “Década de los setenta (1871-1877)” muestra los 22 ensayos que las autoras
publican en esta década. En 1871 Carolina Freyre publica un ensayo, luego siguen; en 1874, seis;
en 1875, cinco; en 1876, ocho; y en 1877, dos. Las escritoras que acompañan a Freyre en esta
década son cinco: Laso, Riglos, Cabello, González, y Amézaga. Desde una perspectiva
cronológica, la década de los setenta es cuando las autoras publican más. Además, en esta, las
cuatro generaciones de escritoras que incluimos en este estudio, tienen representación. Laso
representa a la primera generación, Riglos y González a la segunda, Cabello y Freyre a la tercera
y Amézaga a la cuarta76.
76
Tabla del gráfico 2: Autoras y publicaciones en la década de los setenta (1871-1877), Apéndice I: 235.
66
El Gráfico # 3, “Décadas de los ochenta y noventa” ilustra dos décadas de publicaciones.
En la década de los ochenta encontramos nueve ensayos; no obstante, estos se publican solo a
finales de la década, entre los años 1887 y 1889. En 1887 se publican dos ensayos; en 1888, cinco;
y en 1889, dos. En la década de los noventa, tenemos nueve ensayos, de los cuales en 1890 se
publican ocho; y en 1892, uno. Seis son también las escritoras que publican en estas dos décadas.
Aparecen nuevos nombres de escritoras como: Práxedes, Matto, Nieves y Bustamante y Puga y
las acompañan, dos escritoras que también publicaron en la década del setenta; Cabello y
Amézaga77.
77
Tabla del gráfico 3: Autoras y publicaciones en la década de los ochenta y noventa, Apéndice I: 235.
67
Finalmente, el Gráfico # 4, "Publicaciones en prensa" se aprecia que en la década del
setenta, en las tres revistas trabajadas, se publican un total de 22 ensayos. En El Álbum se publican
cinco ensayos; en La Alborada, cinco; y en El Correo del Perú, doce. De la década de los ochenta,
tenemos únicamente, las publicaciones en El Perú Ilustrado que abarcan desde 1887 a 1889 e
incluyen nueve ensayos. De la década de los noventa, también en El Perú Ilustrado, se publican
en 1890, ocho ensayos y uno en 189278.
Los cuatro semanarios y/o revistas en que publicaron las autoras son: El Álbum, La
Alborada y El Correo del Perú y El Perú Ilustrado 79.
La primera revista aquí incluida es El Álbum. Revista Semanal para el Bello Sexo.
Literatura, Bellas Artes, Educación, Teatros, Modas, Anuncios fue fundada y dirigida por las
escritoras Juana Manuela Gorriti y Carolina Freyre de Jaimes 80. Se publicó ininterrumpidamente
desde el 23 de mayo de 1874 hasta el décimo quinto número correspondiente al 29 de agosto.
78
Tabla del gráfico 4: Publicaciones en la prensa agrupadas por revistas. Perspectiva de prensa, Apéndice I: 236.
79
En el capítulo 1 de este trabajo, el apartado 1.1. "Desempolvando el archivo. Los semanarios femeninos de la
prensa limeña" hicimos una breve presentación de los semanarios en que las autoras publicaron.
80
Escala sobre el título de la revista explica: La palabra Álbum nos trae a la memoria una carpeta o libro en cuyas
hojas se escriben poemas, letrillas de canciones, dedicatorias; se conservan retratos, recortes de diarios, dibujos [...]
Una práctica social muy común, avanzado fines del siglo XIX, fue circular el propio álbum entre los familiares y
amistades. [...] Cuando nuestra escritora, junto con Juana Manuela Gorriti se embarcaron en su propia publicación
decidieron llamarla El Álbum precisamente por el propósito que pretendían cumplir, ofrecer una plataforma donde
noveles escritores pudiesen exponer sus creaciones literarias, dedicar composiciones personales y colaborar con otros
temas de interés [...] (47-48).
68
Luego, a partir del 12 de septiembre de ese mismo año, se publica solo bajo la dirección de Carolina
Freyre de Jaimes hasta el 9 de enero de 187581. La revista cuenta con ocho páginas y cada página
está divida en tres columnas, las cuales albergan seis secciones: La Revista de Lima, que incluye
reseñas a cargo de Freyre; novelas morales, leyendas, veladas de la infancia a cargo de Gorriti;
artículos literarios a cargo de los colaboradores; correspondencias literarias; la revista quincenal
de la moda y por último una gacetilla (El Álbum No. 1, 1). En la primera página, después del título
y los nombres de las directoras aparece la lista de Colaboradores. En esta lista aparecen los
nombres de las señoras Juana Rosa Riglos de Orbegoso, Juana Manuela Laso de Eléspuru y la
señorita Juana Rosa de Amézaga. Recién a partir del decimosexto número (9 de septiembre de
1874) se incorpora el nombre de Mercedes Cabello de Carbonera a la lista de los colaboradores de
la revista. César Salas en su artículo "Colaboradores y corresponsales del semanario literario El
Álbum (1874-1875)" nota que fueron 34 números los que se publicaron82. El siguiente comentario
publicado en el trigésimo tercer número, fechado el 9 de enero de 1875, corroboraría la afirmación
de Salas:
Mezclar lo instructivo y lo ameno con lo útil y provechoso, ha sido el propósito que con mayor
ahínco ha procurado realizar la dirección de El Álbum en los nueve meses que este semanario cuenta
de existencia. [...] Pero volviendo al objeto principal de estas líneas, cree la dirección que cumple
con su programa al procurar ofrecer a sus lectoras, entre artículos de amena lectura, otros de
reconocida utilidad, tales como el estudio higiénico del El Niño cuya traducción continuará desde
el próximo número. (El Álbum No. 33, 257)
En total son cuatro las escritoras que colaboraron con El Álbum: Riglos, Laso, Amézaga y Cabello.
Además de Freyre y Gorriti, que fueron las fundadoras de la revista.
La segunda revista femenina es La Alborada. Semanario de las familias. Literatura, Arte,
Educación, Teatros y Modas. Esta revista cuenta también con ocho páginas divididas en tres
columnas. Las secciones que presenta son: sumario, mosaico, esporádicamente; modas, charadas
y soluciones a las charadas. Sus fundadores fueron Juana Manuela Gorriti y el escritor ecuatoriano
Numa Pompilio de Llona. El historiador peruano Alberto Tauro nota en la Enciclopedia Ilustrada
del Perú que el primer número apareció el 17 de octubre de 1874 y se publicaron 48 números,
hasta el 11 de septiembre de 1875 (1359). Sin embargo, Tauro en este recuento, solo toma en
cuenta los números del tomo I. Gracias a la digitalización realizada por el Instituto Riva Agüero
81
No encontramos récord de publicación de la semana correspondiente al 3 de septiembre de 1874. Pensamos que esa
semana no se publicó el semanario debido al momento de transición que experimentó la dirección.
82
Aunque no hemos podido constatar física ni virtualmente el trigésimo cuarto número, Alberto Tauro nota también
que se publicó hasta el número 34 (2003: Vol. 6 884).
69
sabemos que se publicaron siete números más, los que corresponden al tomo II y abarcan hasta el
30 octubre de 1875. En efecto, este dato confirma la nota de la Redacción de la revista publicada
el 11 de septiembre de 1875:
Con el presente número completa "La Alborada" el primer tomo de su publicación. Agradecemos
muy sinceramente a nuestros suscritores el favor que nos han dispensado y procuraremos continuar
mereciéndolo en el segundo volumen. Con este motivo, suplicamos a los suscritores por año se
dignen renovar su abono. (Año 1 No. 48 388)
El número 1 del tomo II, que data del sábado 12 de septiembre de 1875, incluye un
ingenioso artículo en el que se recuenta la Historia de "La Alborada" para conmemorar el primer
año de su funcionamiento:
Sus progenitores, al ofrecerla a Minerva, impusiéronla como un deber durante su vida difundir en
los parajes donde su pie posara las ideas que ellos inspirasen a su mente y los sentimientos que
inculcasen en su corazón. Jamás doctrinas perjudiciales mancharon la pureza de su alma, ni veneno
alguno llegó a rozar, nunca los labios de la adolescente. Ella emprendió su marcha. Un día... lo sé
bien, el 17 de octubre de 1874, empezó su tarea. [...] Ella ha penetrado en los salones más suntuosos
de nuestras ciudades [...] Las madres de familia han bebido en sus labios la doctrina del deber [...]
Las jóvenes de imaginación ardiente llena de poesía, han admirado los arranques tan sublimes de
su pensamiento [...] Y con intenso placer la han escuchado [...]. (Tomo II No. 1 1875: 1) 83
En total fueron cuatro las escritoras que colaboraron con La Alborada; Riglos, Laso,
González y Cabello, además de Gorriti, quien fue una de las fundadoras. Nótese que tanto Riglos,
Laso y Cabello publican paralelamente tanto en El Álbum como en La Alborada.
La tercera revista de esta década es El Correo del Perú y a diferencia de El Álbum y La
Alborada, esta no fue fundada ni dirigida por una mujer. Este semanario cuenta con ocho páginas
divididas en tres columnas. La primera página el subtítulo recalca que es un "periódico semanal
con ilustraciones mensuales", luego se presenta el sumario con los títulos de los artículos mas no
los nombres de los autores de cada uno de ellos. Al final, se incluye la sección Industria Nacional,
que como explicitan sus propietarios, tiene la finalidad de: "Esta sección tiene por objeto dar a
conocer a los mercados de América y de Europa, el estado, crédito e importancia de sus principales
casas comerciales del Perú" (El Correo del Perú, Año 4, Tomo 4 1874: 408). Esta sección se
publicó en inglés, francés y español. Por último, la sección Avisos Generales se publicó
esporádicamente. Además, al final de año, el 31 de diciembre, se ofrece un número
extraordinario84. Este número especial incluye, en la primera página, las listas de los
83
Cabe recalcar que gracias al Instituto Riva Agüero hemos tenido acceso a todos los números de la revista menos a
los dos primeros, correspondientes al 17 y 24 de octubre de 1874.
84
Hemos tenido acceso a los números extraordinarios de los años 1873, 1874, 1876.
70
colaboradores, las cuales están divididas como sigue: Colaboradores, lista a los autores por orden
alfabético, y las listas de los nombres de las Señoras y Señoritas colaboradoras. Alberto Tauro
ilustra la trayectoria del semanario:
Su primer número apareció el 16-IX-1871, hasta concluir ese año se publicaron 15 números y una
prima para los suscriptores del siguiente; desde 1872, hasta 1877 inclusive, vieron la luz pública
51 números y una prima cada año; y en 1878, sólo hasta el número 20, correspondiente al 19-V.
Pero al mes siguiente inició una 'segunda época' en calidad de diario, y desde el No. 1,
correspondiente al 14-VI-1878, alcanzó hasta el 74, del 13-IX-1878 [...]. (890)
De las seis ensayistas de la década de los setenta, cinco escribieron en este semanario: Laso,
González, Cabello, Freyre y Amézaga, la única escritora que ya no lo hace es Rosa Riglos de
Orbegoso, escritora de la segunda generación. Además, hay una escritora nueva, Clorinda Matto,
quien aparece en el número prima de 1876.
En referencia a El Correo del Perú, aunque Tauro no menciona la colaboración de las
escritoras en este semanario, sino solo resalta los aportes de la generación romántica (desde Vigil
a Palma), es importante reconocer la presencia de las ensayistas en esta revista. Como se ha
mencionado líneas arriba, Carolina Freyre es la primera escritora en publicar en este semanario el
30 de diciembre de 1871. Además, a lo largo de la larga trayectoria de este semanario, las escritoras
van a ir consolidándose como un grupo permanente que nunca deja de tener presencia dentro de la
comunidad letrada de su época. Más aún, el que estas estén incluidas en los números
extraordinarios o primas del semanario denota el reconocimiento a sus escritos, así como también
su prominente presencia como parte de la intelectualidad limeña, a nivel nacional e internacional.
En el número prima de 1873 aparecen solo dos nombres: Juana Manuela Gorriti y Carolina Freyre.
En el número de 1874 los nombres ascienden a cinco: Además de Gorriti y Freyre, se unen Laso,
Cabello y Amézaga. En el número de 1876 suman seis las escritoras: Gorriti, Laso, González
(quien publica bajo el seudónimo de María de la Luz), Cabello, Matto y Amézaga.
Por otro lado, aunque Porras Barrenechea pasa inadvertido el impacto de las revistas
femeninas que aparecen en la década de los setenta, creemos que estas no solo fueron el núcleo
que albergó los primeros escritos de las autoras peruanas, sino que también, por medio de estas, la
mujer escritora participó dentro de una comunidad letrada; sea como fundadora, directora,
colaboradora, poeta, ensayista o novelista de la prensa nacional peruana. Además, el rol que
cumplieron estas revistas con respecto a la audiencia a la que iban dirigidas fue sumamente
relevante, Marcel Velázquez nota:
71
Esta especie gana terreno y diseña un nuevo público lector que está instalado en el hogar doméstico
y tiene a la familia, representada metonímicamente por la mujer como su figura privilegiada. Ya
no solo se lee la prensa para participar o conocer el debate público, sino también como medio de
solaz entretenimiento burgués, fenómeno que posee antecedentes en el mundo iberoamericano.
(2009, 26)
Ahora bien, el único semanario en el que las escritoras publican en la década de los ochenta
y noventa es en El Perú Ilustrado. A diferencia de la década del setenta, el protagonismo de las
ensayistas en la década de los ochenta se centra en la última generación de nuestro estudio; nos
referimos a escritoras como: Clorinda Matto, Juana de Amézaga, María Nieves y Bustamante y
Amalia Puga. En la década de los noventa publican Matto, Nieves y Bustamante y Puga; y sus
predecesoras; Mercedes Cabello y Margarita Práxedes. Como se ha mencionado antes, Práxedes
en la década de los ochenta estaba ya cursando estudios universitarios en San Marcos, por tanto,
es muy probable que por dicha razón sus ensayos hayan salido a la prensa después que se graduó
de la universidad.
El Perú Ilustrado. Semanario para las familias comenzó a circular en la ciudad de Lima el
14 de mayo de 1887. Una nota del 21 de mayo de ese mismo año alude a la acogida que tuvo el
semanario:
Nuestro agradecimiento
La generosidad de casi todos los órganos de la prensa de esta capital comenzó a dispensarnos sus
favores, desde que iniciamos la labor del primer número de nuestro semanario; y hoy, al ver que su
publicación se ha realizado dejando notar, desde luego, los esfuerzos que de nuestra parte hemos
para alcanzarlo, todos ellos se han dignado acoger favorablemente a "El Perú Ilustrado",
saludándolo con grandes manifestaciones de aprecio. La culta sociedad de Lima lo ha recibido
también con agrado; y esto empeña nuestra gratitud para con todos, siendo además un aliento
poderoso para que no desmayemos un instante en nuestra empresa y redoblemos más, cada día,
nuestros débiles esfuerzos. Los Editores. (El Perú Ilustrado Año I, Número 2, 2)
La primera página del semanario se caracterizó por mostrar retratos de hombres notables
del Perú, y a lo largo de los años, se incluirán los retratos de algunas de las escritoras más notables
tanto nacionales como internacionales. Asimismo, en el segundo número del semanario, se listan
los nombres de los "Agentes de este Semanario", los cuales eran los corresponsales tanto en Lima
como en provincias. La intención mercantil es también una prioridad del semanario, en la primera
página aparecen los diferentes precios, dependiendo de la opción que tomen los abonados.
Además, se listan los precios para publicar anuncios. Esta diagramación de la primera página
cambia a partir del 26 de mayo 1888 (número 55 del año 2, semestre I), fecha en que también
cambia la imagen de la portada. En relación a la intención de Peter Bacigalupi, Luz A. Morales
72
Pino en el artículo: "El Perú Ilustrado: las visualidades en competencia en la articulación de un
imaginario de nación" (2015) nota:
Gran importador y negociante, Bacigalupi crea con esta publicación los enlaces necesarios para
unir el mercado nacional con el internacional, ya que gracias a su capital y sus relaciones
comerciales con Europa y los Estados Unidos, [...] Bacigalupi llevó al país andino los últimos
avances industriales de las metrópolis y las novísimas tendencias en términos de bienes suntuarios.
(151)
73
Para estas escritoras y ensayistas: "[...] La palabra escrita fue el medio por excelencia que ellas
usaron para reflexionar sobre instituciones y leyes que les restaban dignidad" (apud Mannarelli
13). Asimismo, Fanny Arango-Keeth nos recuerda:
[...] que la práctica escritural de la escritora del siglo XIX no era aislada, esporádica y anecdótica,
sino que formaba parte de un proyecto cultural en el que se observaba una solidaria comunidad de
intereses. En ese sentido, la escritora era un sujeto informado que se encontraba al tanto de la mayor
parte de la producción cultural y literaria de otras mujeres europeas y norteamericanas. (392)
Ahora bien, si nos preguntamos cómo fueron percibidas nuestras escritoras en la época que
les tocó vivir y en qué medida esta percepción facilitó o no la perpetuidad de estas mujeres como
escritoras, una respuesta pueden dárnosla los retratos publicados sobre ellas en El Perú Ilustrado
y en El Correo del Perú. Para tal fin, el artículo "La imagen en El Perú Ilustrado (Lima, 1887-
1892)" (2003) de Isabelle Tauzin y la tesis doctoral de Carmen Cabrejas Almena, "El disfraz y la
máscara en el retrato fotográfico del siglo XIX" (2009) nos permitirán analizar las imágenes de
seis de las diez escritoras de este estudio: Carolina Freyre de Jaimes, Clorinda Matto de Turner,
Mercedes Cabello de Carbonera, Amalia Puga, María Nieves y Bustamante y Rosa Riglos de
Orbegoso85.
En la tesis de Carmen Cabrejas, el capítulo sobre "El retrato tradicional y su transformación
con la invención de la fotografía" la autora apunta:
Si concebimos el retrato como un género pensado para indagar en la identidad humana y un medio
para el conocimiento de uno mismo y nuestros semejantes, debemos reconocer que la fotografía
supuso desde el primer momento una aportación sin precedentes al género, ya que gracias a ella
muchas personas pudieron por primera vez contemplar su imagen en un soporte externo diferente
del espejo, con todas las implicaciones psicológicas que ello conlleva: tomar conciencia de la propia
imagen; contemplarse desde puntos de vista insólitos hasta entonces; afirmar su identidad, e incluso
su propia existencia; etc. (6)
De dicha aserción nos interesan dos de las implicaciones que menciona Cabrejas: la toma de
conciencia de la propia imagen y el hecho de la afirmación de la identidad.
Además, consideramos importante los dos factores fundamentales que definen el género
del retrato que menciona la misma autora:
[...] la intencionalidad por parte del autor y el consentimiento o voluntad por parte del retratado de
realizar un retrato. [...]La conciencia de estar realizando un retrato requería de una participación
activa por ambas partes, ya que un retrato [...] era también una imagen cifrada con la que se
transmitían valores morales, sociales e incluso políticos asociados a la persona (8).
85
El orden de los nombres de las escritoras va de acuerdo con las fechas de aparición de los retratos. La única autora
que aparece retratada en El Correo del Perú es Carolina Freyre, los retratos de las otras cinco aparecen en El Perú
Ilustrado.
74
De estos factores, nos atrae el indagar sobre la intención que tuvieron los propietarios/redactores
de estos dos medios de prensa al publicar los retratos de estas autoras.
La primera imagen es la de Carolina Freyre de Jaimes publicada por El Correo del Perú el
31 de diciembre de 1873. Al pie de la foto se lee: "Escritora peruana. Testimonio de gratitud de
'El Correo del Perú' a su colaboradora". Si bien el grabado no está acompañado de una nota sobre
la autora sino solo de un escueto agradecimiento, este gesto es relevante porque reconoce a la
autora como miembro letrado del país. Por otro lado, la foto aparece en el "Número Extraordinario"
de la revista que denominaban "Prima", la cual se publicaba el último día del año y se distribuía
gratuitamente a todos sus suscriptores, hecho que aseguraba gran difusión. En cuanto a la
ubicación del retrato este aparece en la parte superior central de la página, otorgándole un lugar de
prominencia a la retratada.
Esta galería de retratos presenta al lector un arquetipo con el cual pueda identificarse. Por regla
general, el retrato coincide con un suceso de actualidad, ya sea una elección, una nominación o un
deceso. El objetivo anunciado en el comentario que acompaña el grabado es rendir homenaje a las
personas que han destacado desde la Independencia. (138)
75
El primer retrato que aparece en El Perú Ilustrado es el de Clorinda Matto de Turner el 8
de octubre de 1887. En la primera parte de la nota se hace una reflexión al desconocimiento que
existe en el viejo continente sobre los pueblos de América. Para tal fin, citan a Emilio Castelar:
"En Europa se juzga ligerísimamente a los hombres de la América republicana. No estudiamos
aquellos pueblos. No conocemos sino sus disturbios y sus conmociones políticas" (2). Luego,
evalúan a los pueblos americanos y se les que se crítica por solo conocerse por las luchas que han
librado entre ellos. De la prensa se lamentan que esta solo recoja los nombres de los vencidos o
vencedores en las luchas, pero nunca los de los hombres de talento. Es por eso que el autor,
inspirado por la ejemplaridad histórica de escritoras como: Doña María del Pilar Sinués de Marco,
Madame Staël, Fernán Caballero, Doña Gertrudis Gómez de Avellaneda se impone como
propósito: "[...] dar a luz en el presente número [...] el retrato de la notable escritora ––" (2).
76
autora lo tomó de otro diario, el «Diario Ilustrado», de Lisboa y nota: "[...] dice refiriéndose a esta
escritora, de nosotros, los latino-americanos, [...] no nos preocupa que el viejo continente no
conozca ni aprecie los valiosos elementos morales del mundo de Colón, para las grandes luchas
de la inteligencia" (2). Antes de dejar en claro la misión del semanario, cuestiona de que a pesar
que a Cabello se le conoce en Europa y su retrato se reproduce de un diario a otro, no sucede lo
mismo en América:
Nos conocemos poco en América y lo que es más grave, negamos por regla general, estímulo y
recompensas –– [...]. Llenar en el Perú esa laguna y señalar a los demás pueblos hermanos esos
factores de progreso con que contamos, tal es, [...] la misión que nos hemos impuesto y que
procuramos cumplir de la mejor manera que nos es posible. (2)
77
a pesar que resaltan su talento establecen también una diferencia tajante colocándola como parte
de otra generación: "Publicamos dos retratos [...] en la primera cara el de nuestra joven y
distinguida colaboradora, Amalia Puga. Sin embargo, que la señorita Puga pertenece como
nosotros a la generación que comienza [...]" (720). Sus apuntes biográficos recalcan la privilegiada
inteligencia de la autora y los profundos conocimientos que esta posee a pesar de su juventud.
[...] figura ya con honor en las filas de los que dan lustre a las letras nacionales y está llamada a
ocupar digno puesto al lado de Mercedes Cabello de Carbonera, de Clorinda Matto de Turner, de
Lastenia Larriva de Llona, de Juana Rosa de Amézaga, y de tantas otras, que tan alto han colocado
su nombre y cuya reputación, salvando las fronteras de la patria y de la América, ha ido a recibir
en el viejo mundo nuevo y envidiable timbre. (720)
78
su nombre se agrega entre paréntesis la palabra (Arequipeña) por ser esta de la provincia de
Arequipa. Francisco Javier Delgado escribe la nota como corresponsal del diario en Arequipa. En
sus apuntes resalta la preocupación de la autora por los acontecimientos que vivía el país,
específicamente los años de la Guerra con Chile. Nota que los inicios de su escritura, se dieron
como respuesta a la devastación que la joven María vio en su ciudad de Arequipa:
Entonces, fue cuando, fuertemente comprometida [...], la señorita María Nieves Bustamante, para
mover el patriotismo del pueblo y demandar los auxilios que la situación exigía, por medio de la
prensa; publicó, bajo su firma, por primera vez, un artículo lleno de bélico entusiasmo, que aseguró
desde entonces su reputación literaria. (62)
79
14 de marzo 1891
El Perú Ilustrado
Se puede deducir que la intención que tuvieron los propietarios/redactores de estos dos
medios de prensa al publicar los retratos de estas autoras fue rendirles tributo como escritoras,
reclamar más difusión de estas como autoras a nivel nacional y reconocer sus talentos y sus
triunfos. Como bien lo ha apuntado Tauzin en el artículo antes citado, "Esta galería de retratos
presenta al lector un arquetipo con el cual pueda identificarse" (137).
Pensamos que una herramienta concreta que ayudó a configurar el arquetipo de nuestras
ensayistas fueron los retratos que se publicaron sobre ellas. El poder conocerlas a través de la
imagen que proporcionó la prensa se debe en gran medida al objetivo que se propuso El Perú
Ilustrado: "Así nosotros no hacemos historia sino simplemente consignamos datos, que con el
transcurso del tiempo, vendrán a servir en nuestras colecciones de un indicador a manera de
diccionario biográfico donde el historiador pueda hallar los puntos culminantes de la vida de los
individuos que ocupen un lugar en nuestra galería" (apud Tauzin El Perú Ilustrado n° 146, 22 de
febrero de 1890).
Además, la nota de agradecimiento del semanario al conmemorarse su tercer aniversario
reafirma el gran aporte de las escritoras y la deferencia y el aprecio que el semanario guardaba por
estas:
80
Y sí, para todos nuestros colabores tenemos hoy, como tuvimos ayer y tendremos siempre, una
frase de sincera gratitud; debemos una manifestación especial a Mercedes Cabello de Carbonera, a
Clorinda Matto de Turner, a Lastenia Larriva de Llona y Juana Rosa de Amézaga. Lo mismo que
a Amalia Puga, a María Nieves y Bustamante, a Eloísa Prado, y a todos esos otros felices ingenios
femeninos que nos favorecen con tan galanas prominencias y ponen tan alto el nombre del bello
sexo peruano. (El Perú Ilustrado nº 105, 11 de mayo 1889)
81
Capítulo 3
El centauro de los géneros en la escritura femenina del Perú del diecinueve 86
3.1. Consideraciones generales sobre el género y el texto ensayístico
El ensayo como género literario se ha caracterizado por su indeterminación. Estudiosos
como Gómez de Baquero en El renacimiento de la novela en el siglo XIX. El ensayo y los
ensayistas españoles contemporáneos. La enseñanza de la literatura (1924) lo definía como: "una
carpeta de varios [géneros], un cajón de sastre donde entra todo lo que no tiene clasificación en
otra parte" (140). José Reyes, por su parte, en su artículo "Genealogía del ensayo" (2004) daba un
sucinto repaso sobre las diferentes maneras con las que se ha denominado al género: "[...] prosa
didáctica, género didáctico-ensayístico, género ensayístico, género crítico-teórico y género de
argumentación. Textos de civilización, lo llaman algunos; prosa de ideas, literatura del
pensamiento o reflexión le nombran otros" (s/n).
Más aún, Belén Hernández en el prefacio del libro El ensayo como género literario (2005)
procuraba aportar a este debate cuando afirmaba:
[...] podría parecer pretencioso, al postular implícitamente que el ensayo es un género y que además
tiene un espacio propio dentro de la historia de la literatura. Partir de esas dos certezas parece
superar esa problemática largamente discutida; pues, sin duda, los debates más intensos acontecidos
en el siglo XX sobre el ensayo, [...] se han argüido por la necesidad de situar al ensayo dentro de
un sistema global de géneros y para intentar establecer características que definan las formas
ensayísticas [...]. (7)
María Elena Arenas en su monumental obra Hacia una teoría general del ensayo.
Construcción del texto ensayístico (1997) examina en el capítulo referente a la "Constitución
histórica del ensayo" cómo se da la transición de la palabra ensayo a ––lo que ella denomina––
clase de textos. Arenas repara en las circunstancias que permiten que la palabra ensayo se convierta
en una denominación de clase que: "[...] sirva para designar un tipo de acción comunicativa
convencionalizada que actuará como modelo cognitivo para la producción y recepción de un
determinado tipo de textos" (86). La estudiosa española resalta el hecho de que los nombres de las
clases de textos están basados en las diferentes interpretaciones que tanto lectores como escritores
han hecho sobre estos: "[...] pues, pueden emplearlos para designar referentes cognitivos distintos
en momentos históricos diferentes, [...] como consecuencia de ello, la decisión acerca de qué textos
son ensayos y cuáles no lo son ha estado siempre sometida a vacilaciones y desconciertos" (86).
86
El ensayista mexicano Alfonso Reyes consagró este tipo de escrito como el centauro de los géneros.
82
Asimismo nota que la falsa concepción que existe del vocablo deriva en que se le percibe
como un sinónimo de conocimiento en vez de considerársele como una clase de textos. Aunque
mi estudio no intenta profundizar en la inacabada polémica que ocasiona este género, sí considero
fundamental repasar primero los estudios sobre el origen de autoría del término "ensayo"; luego,
las investigaciones relativas a las aproximaciones teóricas sobre el género y terminar este apartado
señalando características propias asociadas al término y también al género per se.
En cuanto a su origen, gran parte de la crítica coincide en que fue el escritor francés Michel
de Montaigne el que utilizó este término por primera vez en 1580 en su obra Essais. Más tarde, en
1597 Francis Bacon emplea el término Essays a sus meditaciones y nota que si bien el uso de la
palabra para identificar este tipo de escrito es reciente, no se puede afirmar lo mismo sobre su
contenido. Bacon siembra así el germen de una segunda polémica: "La palabra es nueva, pero el
contenido es antiguo. Pues las mismas Epístolas a Lucilio de Séneca, si uno se fija bien, no son
más que 'ensayos', es decir, meditaciones dispersas reunidas en forma de epístolas" (apud Arenas
50)87. No obstante, críticos contemporáneos como Vicente Cervera y María Dolores Adsuar en el
artículo "El bosquejo como arte" (2005) en relación a esta controversia notan:
La voz 'ensayo', en efecto, fue usada y creada a tal fin por Michel de Montaigne, en uno de sus
textos emblemáticos, "De Demócrito y Heráclito", cuando confiesa que usa su 'juicio' como
'instrumento para todos los temas', a través de un medio no reglado: el de 'estos ensayos que estoy
haciendo'. Sin embargo, el arsenal de referencias clásicas de que se sirve el ilustre humanista, nos
hace pensar en la progenie grecolatina del 'método': las citas de los discursos de Cicerón, las
epístolas de Horacio, las meditaciones de Marco Aurelio o las confesiones de Agustín de Hipona
nos obligan a remitir a dicho ámbito la prehistoria del decir literario como ensayo. (11-12)
En un esfuerzo por esclarecer la etimología del término ensayo Arenas analiza tres
posturas; la primera, que asigna a Montaigne como padre y creador; la segunda, que remonta el
nacimiento del término a la Antigüedad grecolatina y; por último, las posturas que conceden a
ciertos textos contemporáneos el título de ensayos. Al final de su análisis, Arenas descarta las dos
últimas posturas argumentando que estas:
87
Robert G. Mead Jr. en Breve historia del ensayo hispanoamericano (1956) nota que en los tiempos antiguos se
escribieron ensayos pero que los escritores griegos y romanos no conocían el término (10). Por otro lado, Jesús Gómez
en El ensayo español. 1. Los orígenes: siglos XV a XVII, (1996) en el capítulo 2 sobre “Los orígenes del ensayo en
España” repasa las posibles relaciones genéricas entre el ensayo y otras formas discursivas tal y como se desarrollan
en el ámbito de la literatura castellana entre los siglos XV y XVII (epístolas, anotaciones, libros de varia lección,
discursos, digresiones). En el tercer capítulo sobre “Las implicaciones ideológicas del ensayo” nota una serie de
constantes estilísticas en el ensayo como género literario, que enlazan con las preocupaciones del humanismo y por
otro lado, como forma literaria que nace en el siglo XVI, apunta a los rasgos considerados característicos de la
cosmovisión renacentista (63-64).
83
[...] conciben al ensayo de forma muy amplia: se basan en el hecho de que la actitud reflexiva del
autor y la personalización de la materia pueden encontrarse en otras manifestaciones escritas no
ficcionales, tanto antiguas como contemporáneas a Montaigne. [...], prácticamente cualquier obra
cuya calidad estilística y contenido interesante hayan merecido la atención de lectores y críticos,
pero cuyo carácter no ficcional ha imposibilitado clasificarla bajo un marbete genérico conocido.
(50-51)
88
La RAE define el término acepción como: "Cada uno de los significados de una palabra según los contextos en que
aparece".
89
Del artículo "Historia de la palabra ensayo" publicado en el libro Ensayo de M. Alvar et al. en 1977 (13-43). Para
ver en detalle la cita completa que incluye Arenas ver nota # 106 en la página 87 de Hacia una teoría.
90
Arenas menciona también las traducciones más relevantes del vocablo. Por ejemplo, la que hizo Freytag que tradujo
los Essais al latín como 'intentos', la de Lipsio que los denominó gustus como 'catadura o paladeo del vino'. En cuanto
al sentido de conocimiento no conclusivo que le da Montaigne algunos traductores asocian la palabra a la dimensión
vivencial, tal y como lo hace Diego de Cisneros al traducirlos como experiencias o propósitos, enfatizando así la
'experiencia personal' que alude a la experimentación que Montaigne llevó a cabo de su propia vida. Por otro lado,
está el empleo de la palabra essai para dar título a un texto en prosa en el que se reflexiona libremente sobre un asunto,
lo que resultó en algo nuevo ya que antes se había usado la palabra discours para referirse a la disertación en prosa.
Un ejemplo es el uso que hace Quevedo de essai como discurso. Asimismo, Carballo de Picazo en «El ensayo como
género literario ...» anota que el término discurso entre los escritores españoles del Siglo de Oro tenía el significado
próximo al de 'ensayo' para lo cual cita a Covarrubias en su Tesoro de la lengua, donde asemeja la palabra discurso
con conversación y recuerda que Montaigne también pretendía dar a los Essais carácter conversacional. El término
discurso se relaciona también con la facultad racional donde el entendimiento pone en marcha la facultad discursiva
o razonadora, por la cual se infieren unas cosas de otras, denotando así la argumentación propiamente dicha (apud
Arenas 89-90).
84
que Montaigne utiliza "ensayo" para designar su método intelectual, que consiste en poner a prueba
sus ideas, en experimentar (17).
Por otro lado, ha resultado problemático también el adjudicar la autoría del primer texto
ensayístico en España, puesto que es un desafío el señalar con certeza cuándo apareció y quién fue
su autor. Según María Soledad Arredondo en su artículo "Sobre el ensayo y sus antecedentes: El
hombre práctico, de Francisco Gutiérrez de los Ríos" (2006) nota que:
[...] el problema se centra en la necesidad de fijar una fecha de nacimiento del ensayo español, entre
varias posibilidades: la que considera el ensayo género contemporáneo y vehículo eficaz para
desarrollar 'el problema de España' por parte de los escritores del 98; la que propone el siglo XVIII,
con la obra puntera del Padre Feijoo, y la que aboga por adelantar dicha fecha hasta el siglo XVI,
asignando el título de ensayistas a Fray Antonio de Guevara, los pensadores erasmistas, los
escritores espirituales y, en definitiva, los autores de la llamada prosa de ideas o didáctica. (167)
91
Hay una parte de la crítica que reconoce a Simón Bolívar y José Joaquín Fernández de Lizardi como los fundadores
del género en Latinoamérica, aunque también existen otros como Germán Arciniegas que postula que los orígenes de
la ensayística se remontan a las obras de la época de la colonia. Este artículo se encuentra también en el libro El ensayo
como género literario (2005).
85
Alfredo Carballo, Andrés Gómez de Baquero y José Ortega y Gasset. En efecto, estos postulados
resultan fundamentales para el análisis del crítico contemporáneo92.
Retomando el estudio de María Elena Arenas cabe destacar la división que hace de estas
posturas teóricas. Primero, trabaja con las teorías que se inclinan hacia lo reflexivo y hacen del
ensayo un método de conocimiento de carácter filosófico; y luego, con las que valoran más los
aspectos artísticos-expresivos, subrayando la condición literaria (110). De la primera postura, en
referencia a la posible consideración literaria del ensayo, cuestiona el postulado de Theodor
Adorno en El ensayo como forma (1962) quien nota que: "[...] el ensayo no es una forma estética,
sino una forma necesariamente vinculada a la teoría porque sus contenidos son conceptuales"
(apud Arenas 114). El aceptar este planteamiento es aseverar, según Arenas, la diferencia que se
ha hecho a lo largo de la historia entre los dos tipos de conocimientos:
[...] el saber de la Ciencia y la Filosofía, por un lado, y el tipo de saber de la Literatura, por otro: si
el primero aspira a ser objetivo, universal y procede de la actividad de la razón, el segundo es
subjetivo, particular y procede de la intuición y el ingenio [...]. Esta distinción ha implicado durante
siglos la minusvaloración del segundo tipo de conocimiento, de manera que cuando se sitúa el
ensayo en el ámbito de la Literatura se presupone que sus proposiciones no son portadoras de la
verdad sino meramente verosímiles o estéticas. (114)
En cuanto a las teorías que evalúan los aspectos artísticos-expresivos, de la tesis de Juan
Marichal en La voluntad de estilo (1957) destaca: "[...] J. Marichal cree que el texto es reflejo fiel
del espíritu, y, por tanto, el estilo es, como conjunto de peculiaridades lingüísticas, una
manifestación a su vez de las peculiaridades espirituales del creador [...]" (apud Arenas 116). En
esta misma línea, del texto de Lukács "Sobre la esencia y forma del ensayo" (1975) resalta que lo
define como un género artístico, aunque también deje en claro la diferencia que existe entre la obra
92
Antonio Urrello por ejemplo en su texto Verosimilitud y estrategia textual en el ensayo hispanoamericano (1986)
resume las definiciones de cada teoría: En el trabajo de Theodor Adorno "El ensayo como forma" se propone que
'escribe ensayísticamente el que compone experimentando, el que vuelve, interroga, palpa, examina y atraviesa el
objeto con su reflexión ... (partiendo) hacia él desde diferentes vertientes...'. Es pues, esta visión múltiple y personal
del pensador frente al tema filosófico, moral, literario, histórico, etc., la que va a imponerse en el texto. Al mismo
tiempo, esta posición del ensayista frente al objeto de su reflexión, no solo le presta una multiplicidad de vías de
acceso a él, sino que agrupa en su enfoque único y personal un número considerable de materiales pertenecientes a
varias ramas del conocimiento humano. La agrupación de variados materiales sobre una misma superficie textual ha
creado diferentes opiniones sobre la naturaleza del ensayo. Pascal afirmaba que el ensayo era sobre todo una evocación
poética del mundo. [...] George Lukács opina que el ensayo es una 'forma autónoma situada entre la literatura y la
filosofía'. Lo literario para el crítico húngaro pertenece al nivel de la fantasía o de lo imaginario y expresa las actitudes
coherentes del 'alma' de los individuos en situaciones particulares, concretas. Lo filosófico, en cambio, expresa esas
mismas actitudes en un proceso conceptual. Para Ortega y Gasset el ensayo '[...] es la ciencia menos la prueba
explícita'. Para el mexicano Alfonso Reyes lo que domina en la naturaleza del ensayo es su naturaleza ancilar, es decir
la congregación de múltiples fuentes en una sola voz. (7)
86
de arte y el ensayo: "[...] el ensayo se enfrenta con la vida con el mismo gesto que la obra de arte,
pero sólo con el gesto [...]" (apud Arenas, Lukács 38). Arenas, de esta afirmación de Lukács,
rescata que es precisamente ese gesto concedido al ensayista y la valoración de la forma del ensayo
como medio para expresar las ideas de un individuo lo que permite establecer una de las
condiciones de su literariedad (118).
Con respecto a las características del género ensayo, Vicente Cervera en su artículo antes
citado concede a este un carácter prioritario, necesario y dinámico y pone énfasis en el contexto
en el que surge en las naciones latinoamericanas. Para Héctor Jaimes "[...] el género ensayístico es
un género privilegiado que puede suprimir o aumentar la objetividad de lo narrado para presentar
un punto de vista determinado de una manera más directa y sugestiva" (2001:14).
Por otro lado, si se trata de señalar características propias del texto ensayístico, José Luis
Gómez Martínez en Teoría del ensayo (1992) subraya las siguientes: su carácter no exhaustivo, su
brevedad, su naturaleza dialogal y su subjetividad que expresa el yo subjetivo del autor. Del mismo
modo, consideramos importante la afirmación de Héctor H. Orjuela en Primicias del ensayo en
Colombia. El discurso ensayístico colonial (2002). El crítico colombiano subraya que deben de
existir tres condiciones indispensables en el texto:
[...] que la identificación del autor con el tema sea tan plena que el hablante proyecte un "yo"
dominante en la visión presentada; que el escritor ofrezca alguna preocupación formal, o artística,
revelándose en él cierta voluntad de estilo; y, finalmente, que la eficacia del mensaje haga que el
lector lo reciba con interés y esté alerta ante las perspectivas interpretativas que el texto pueda
ofrecer. (8)
Por su parte, María Soledad Arredondo, en su artículo anteriormente citado, establece los
siguientes rasgos del ensayo:
Propósito: comunicativo, reflexivo, didáctico; Posición del autor: subjetiva, ante el texto y ante los
receptores del mismo; Temas: muy variados, porque el ensayo no solo acoge todos los asuntos,
sino que mezcla unos con otros; Estilo: prosa literaria sin estructura prefijada, que admite la
exposición y argumentación lógica, junto a las digresiones, en un escrito breve sin intención de
exhaustividad. (168-169)
Por último, en esta misma línea resaltamos la idea de María Elena Arenas sobre la
perdurabilidad del texto como característica del ensayo:
[...] existen obras argumentativas que han durado a través de los siglos por su efectividad específica,
ya sea debido a su forma, ya porque el mensaje que contienen y que ha servido para nutrir la
reflexión de los hombres en torno a su vida y a su cultura. En este sentido, creemos que
determinados ensayos podrían considerarse literarios en la medida en que sus mensajes sean
duraderos, es decir, estén dirigidos a todos los hombres de todos los tiempos; así, entendemos que
87
la verdadera obra literaria, sea argumentativa, ficcional o lírica, es la que es capaz de provocar
respuestas en distintas fechas y oportunidades históricas. (125)
En cuanto a la naturaleza del género vale traer a colación la cita de Ernesto Mejía Sánchez
(1970), pues su reflexión está aún vigente:
Los historiadores, críticos y antólogos de la literatura no están muy de acuerdo en lo que se refiere
a su naturaleza como obra literaria, lo que vale decir que todavía no puede haber un criterio
uniforme para determinar las inclusiones en las historias y antologías; en su mayor parte, la culpa
es de la naturaleza misma del ensayo, no de los estudiosos. [...] la valoración literaria del ensayo
hispanoamericano todavía está lejana. Faltan monografías críticas sobre los grandes autores y
buenas antologías nacionales. (apud Rey de Guido 34)93
Ahora bien, nuestro estudio considera la propuesta teórica de Arenas, por lo tanto,
buscamos acercarnos al ensayo como una clase de texto del género argumentativo. Nos interesa
desentrañar en estos escritos cómo las autoras exponen y defienden con argumentos una idea, un
fundamento, una opinión o una teoría personal y persuaden a sus receptores de lo bien fundado de
estos. Asimismo, en cuanto al análisis discursivo, intentamos señalar cómo las ensayistas
personalizan sus textos, para la cual tomamos el modelo de Arenas, es decir, nos valemos de las
funciones propias de la enunciación narrativa y las aplicamos a la enunciación ensayística.
3.2. El ensayo de género. Una aproximación preliminar
Después de este escueto repaso sobre las posibles definiciones, el origen, las principales
posturas teóricas, las características, tanto del término como del género ensayo y de las dificultades
para establecer una historia literaria del género ensayístico, somos conscientes de los problemas.
Estos se agudizan si además se incorpora el rasgo género femenino a los autores, totalmente
obviado para una parte de la crítica, mientras que otra, en la que nos incluimos, busca precisamente
recobrar, analizar y dignificar estos textos ensayísticos de autoría femenina.
Asimismo, si nos preguntamos cómo se deben de estudiar dichos ensayos es importante
considerar que estos no pueden abordarse usando la misma metodología que los textos de autoría
masculina. Ruth-Ellen Boetcher Joeres y Elizabeth Mittman notaban sobre la significancia de este
escrito para el género femenino en The Politics... (1993): “The essay is in many ways the ideal
form for the presentation of feminist ideas” (19). Igualmente, el estudio sobre la escritura femenina
peruana de Maritza Villavicencio Breve historia... (1990) recalcaba que: "la perspectiva
específicamente femenina que ellas introdujeron al debate sobre la condición de la mujer no solo
93
Esta cita proviene del libro Contribución al estudio del ensayo en Hispanoamérica (1985) de Clara Rey de Guido.
88
redimensionó su tratamiento en relación a las cuestiones que ya estaban en curso, sino que
posibilitó la apertura hacia otras nuevas" (12). Mary Louise Pratt, por su parte, concluía su bien
argumentado artículo "'No me interrumpas': las mujeres y el ensayo latinoamericano" (1995) con
la siguiente afirmación: "Las mujeres deben estar presentes como objetos y sujetos del
pensamiento. Un primer paso es recatar sus obras y aprender a leerlas" (86). Por otro lado, en
referencia a las características propias del ensayo femenino, Doris Meyer en Reinterpreting the
Spanish American Essay (1995) lo calificaba como:
When one reads women's essays, the mirror of Spanish American identity reflects different kinds
of images. For the most part, the female essay tends to be more personal, more stylistically
idiosyncratic, and consequently more dramatic as it reveals, at or near the surface, the shape and
substance of female concerns. (6)
Las ideas en torno a la problemática de la mujer, la perspectiva femenina que se introduce en los
textos y el protagonismo femenino son particularidades que nos llevan a considerar una
metodología de estudio distinta a la usada para los masculinos.
Ahora bien, es precisamente Pratt quien propone cómo acercarse a estos escritos, la
estudiosa nota que es necesario hacerlo con nuevos patrones de lectura. Esta práctica permitirá
valorar la escritura de grupos subordinados o excluidos: "[...] Los lectores cuya formación
dependió del consumo exclusivo de textos canónicos, [...] no sabrán interpretar los textos, ni
disfrutarlos y es muy probable que les parezcan banales e ilegibles tanto en su forma como en su
contenido" (72). Se puede deducir que las prácticas de lectura aplicadas a la ensayística femenina
de las autoras peruanas han estado a cargo, como nota Pratt: "[...] de lectores que carecían de los
conocimientos necesarios para valorar la escritura de grupos subordinados" (ídem). Respecto a
este punto, existen numerosos artículos que apuntan a esa minusvaloración que menciona Pratt.
Por ejemplo, el artículo publicado el 19 de diciembre de 1874 en revista La Alborada titulado
“Todas contra mí. Y yo contra todas” lleva como firma las iniciales D. de V. las que corresponden
a Domingo de Vivero, conocido también bajo el seudónimo de Isnardo. Según Ismael Pinto, este
artículo es una respuesta a las ideas expuestas por Cabello de Carbonera en su ensayo “Influencia
de la mujer en la civilización” (Pinto 181-182). Se presenta a continuación el registro lingüístico
que emplea el autor: “[…] donde las mujeres han influido […] ha habido un desbarajuste completo
[…], ellas han sido la causa de las desgracias de los hombres […]. La mujer solo ha nacido para
ser presidenta de su casa y alcalde de sus hijos […]. ¿Una pedante más qué importa al mundo?”
(79). Los sustantivos desbarajuste y desgracias así como el adjetivo pedante están colmados de
89
connotaciones negativas y denota la ironía que contienen las palabras del autor, reforzadas con la
aplicación de los términos de cargo y poder "presidenta" y "alcalde" a un ámbito doméstico que
no solo muestran ese pensamiento misógino de un articulista propio de una sociedad patriarcal,
que reacciona negativamente ante cualquier intento de participación y superación del género
femenino, sino que también, muestra el rechazo con el que se recibieron las ideas de Cabello, tanto
así que lograron provocar esta reacción visceral de parte de su autor. Este es un ejemplo del porqué
tantas obras siguen todavía empolvadas en los archivos de países latinoamericanos.
Estudiosas como Ruth-Ellen Boetcher Joeres y Elizabeth Mittman (1993), Maritza
Villavicencio (1990), Mary Louise Pratt (1995) así como los estudios mencionados en los
planteamientos generales de esta tesis (Meyer, Glenn y Mazquiarán, Arambel y Martin, da Cunha,
Fernández, Pinto, Rojas y Saporta, Meléndez, Arango, Prado, Tenorio-Gavin y Clark) nos alientan
a continuar con la investigación sobre la ensayística femenina.
3.3. Escritoras y ensayistas: un corpus en femenino
Teniendo como base el corpus recobrado en el que se incluyen los cuarenta ensayos de las
diez escritoras peruanas que publicaron entre los años 1871 y 1892 y siendo conscientes de la
inacabada polémica que existe sobre el género ensayo proponemos incluir los artículos de las
escritoras peruanas. Para tal fin, limitamos el análisis de este corpus a la postura teórica de María
Elena Arenas, es decir, ampliar los géneros naturales a cuatro para incluir la Argumentación94 y,
dentro de este nuevo género, acercarnos al ensayo como una clase de textos del género
argumentativo: "Este género, como los otros tres, actúa como un marco de opciones o principios
básicos de orden expresivo, referencial, tonal y comunicativo, que son compartidos por un
conjunto de textos determinados históricamente [...]" (447)95.
94
Los otros tres géneros de índole universal y transhistórica son: género lírico, épico-novelesco y dramático-teatral
(Arenas 447).
95
Para Arenas estos son rasgos predominantes de un texto que puede orientarse bajo el género argumentativo:
[...] su referente textual está integrado por elementos semánticos procedentes de la realidad efectiva y por
interpretaciones verosímiles de los mismos (opiniones, valores, etc.), la situación de enunciación autorial es
monológica, [...]; en el enunciado sobresale el modo lingüístico de presentación expositiva-argumentativa [...]; la
construcción textual está determinada por la presencia en la macroestructura de una superestructura argumentativa
que delimita en secciones el contenido semántico y organiza las partes del texto [...]; y por último, la apelación
persuasiva determina una respuesta perlocutiva por parte del receptor. Estos principios, intuidos y aprendidos por los
lectores y escritores, actúan no como preceptos, puesto que hay casos en que no todos los rasgos funcionan a la vez
[…] sino como marco de orientación general, como un esquema básico de las opciones expresivas, referenciales y
comunicativas que determinan, en el seno de nuestra cultura, lo que G. Lukács entendía como «una vivencia
sentimental»; «la intelectualidad, la conceptualidad» (447-448).
90
Mary Louise Pratt en su artículo antes citado nos brinda derroteros de análisis que desde
una perspectiva feminista nos permitirán plantear por qué es necesaria una relectura de este corpus
en femenino. El primero es el referente a las lecturas que minusvaloran estos textos (juicio de valor/
exclusión); el segundo, el admitir que sí existe un corpus femenino que cultivó el género
ensayístico; y finalmente, el paralelismo que nota Pratt en la producción de textos ensayísticos y
que distingue como ensayos de identidad y ensayos de género96.
En cuanto a las estructuras de exclusión y las estructuras de valoración Pratt señala: "[...]
El primer paso [...] y el más sencillo, consiste en identificar obras que satisfacen los criterios de
inclusión en el canon, pero que están excluidas por razones extraliterarias. Es el caso, por ejemplo,
de los textos a los que se ha negado un estatuto canónico por estar escritos por mujeres" (71). Esta
estructura de exclusión se puede comparar a lo que la escritora española Laura Freixas denomina
como juicio de hecho, es decir, el afirmar o no que existe una literatura femenina con características
propias (26). Por otro lado, la estructura de valoración es la que muestra los criterios que se usaron
para determinar el valor literario de un texto, los cuales están en directa relación con las estructuras
hegemónicas de la sociedad (Pratt 71). Es lo que Freixas denomina como el juicio de valor y que
sería el calificar positiva o negativamente ese hecho, por ejemplo, el tildar a la literatura femenina
de despreciable, excelsa, etc. (26). Nuestra selección de textos intenta romper estas estructuras
recobrando los textos para dignificarlos como textos argumentativos, y para releerlos dejando de
lado los códigos hegemónicos que han imperado en los criterios de valoración usados para
determinar el valor literario de un texto.
Retomando la reflexión de Freixas sobre un juicio de hecho, el corpus que presentamos en
la Tabla Publicaciones 1871-1892 "Perspectiva cronológica" muestra la existencia de estos textos
y responde al segundo punto que propone Pratt; el admitir que sí existe un corpus ensayístico
femenino.
Pese a lo restringido del acceso a la educación y a la cultura impresa, una serie de escritoras
pertenecientes a las élites euroamericanas hicieron valer su posición como sujetos sociales, como
agentes de la historia y como pensadoras. Es fácil identificar un proyecto ensayístico, establecido
por mujeres, que surge como alternativa al ensayo masculino. Las intelectuales criollas crearon un
corpus textual que llamaremos el 'ensayo de género' [...] el corpus completo del ensayo de género
comprende cientos de libros y miles de páginas. (75-76)
96
Pratt plantea dos términos: Ensayo de identidad: Propongo este término para referirme a una serie de textos escritos
a lo largo de los últimos ciento ochenta años por hombres latinoamericanos, casi todos pertenecientes a las élites
euroamericanas y que abordan la problemática de la identidad latinoamericana, especialmente con relación a Europa
y Norte América y Ensayo de género: para referirme a una serie de textos escritos por mujeres latinoamericanas a lo
largo de los últimos ciento ochenta años, enfocados al estatuto de las mujeres en la sociedad (5).
91
Entre los ejemplos que cita Pratt, figuran los ensayos de la escritora cubana-española, Gómez de
Avellaneda; la argentina, Juana Manso; las peruanas, Cabello de Carbonera y Matto de Turner; y
la colombiana, Acosta de Samper, entre otras.
En la colección sobre Literatura peruana el historiador Jorge Basadre en Introducción...
(1971) incluye citas bio-bibliográficas de algunas de las escritoras del diecinueve y reconoce a
algunas como ensayistas: por ejemplo, usa el término “Ensayos” para un texto de Amalia Puga y
Juana Amézaga, pero para algunos textos de Cabello usa "Crítica Literaria y Filosofía" y para los
de Margarita Práxedes los tilda de "Memorias e Historia de las ideas".
Por otro lado, un trabajo reciente que sí realiza el rescate de ensayos de autoría femenina
es la antología Ensayistas hispanoamericanas (2014). En el prólogo del libro se advierte: "[...] se
intenta rescatar la diversidad ideológica que existe al interior de este corpus, así como mostrar los
matices y la variedad de posturas culturales, morales y religiosas que las distintas autoras
sustentan" (Coltters 16). Aunque coincidimos con Coltters en que los matices y las posturas de las
ensayistas pueden ser diversos, es fundamental considerar también las semejanzas que existieron
entre estas escritoras. Por tanto, nuestra propuesta contemplará, además del análisis individual de
cada ensayo, un análisis colectivo de los mismos. Nos interesa indagar cómo las problemáticas
comunes a las que las autoras se enfrentaron como generación originaron respuestas a esas
tensiones de su entorno y consolidaron posicionamientos ideológicos generacionales.
Coincidimos con Hernando Urriago Benítez quien en su artículo "Entre el canon y el
corpus: perspectivas de investigación para la crítica del ensayo latinoamericano" (2008) secunda
este segundo punto que postulaba Pratt:
[...] situarse frente a la historiografía literaria del ensayo latinoamericano brinda la ocasión para
revisar los procesos de periodización, selección, agrupación y caracterización de autores (-as),
obras, temas y estilos, lo cual debería conducir a la re-formulación de nuevas aristas que permitan
pensar y ejecutar una historiografía literaria del ensayo actualizada y con voluntad incluyente. (s/p)
Consideramos que la Tabla "Perspectiva Generacional", evidencia, aún más, cómo las ensayistas
peruanas van haciendo su aparición a lo largo de tres décadas. Asimismo, pretendemos con este
estudio contribuir como bien lo ha notado Urriago a: "[...] ejecutar una historiografía literaria del
ensayo actualizada y con voluntad incluyente" (s/p).
Con respecto al último punto que sugiere Pratt: "[...] el ensayo de género se desenvuelve
en forma paralela al ensayo de identidad en las letras latinoamericanas. Ambos se relacionan con
92
la figura del intelectual público, aquél que escribe obras de ficción y poesía, y también se involucra
de manera activa en el periodismo y en los asuntos públicos" (77). Convenimos con esta
apreciación. En el caso las ensayistas aquí estudiadas, los dos lugares en que estas compartieron
sus escritos, de forma escrita y oral, fueron las revistas de prensa y las veladas y clubes literarios
limeños y fue en estos recintos que se mezclaron, indistintamente, los escritores y las escritoras 97.
Ahora bien, dado que aplicaremos la teoría de María Elena Arenas para demostrar que los
artículos deben ser valorados como ensayos, considero pertinente señalar las ideas principales de
su propuesta: Primero, partir de su advertencia sobre la ambigüedad terminológica que se origina
al designar con la palabra género tanto a los géneros históricos como a los teóricos o naturales 98.
Luego, es importante notar la definición que otorga al concepto de clase, que denomina como un
conjunto de reglas de diversa índole (semánticas, sintácticas, pragmáticas...) que rigen ese conjunto
de textos, dentro del cual cada texto concreto mantiene su personalidad e individualidad. Después,
detenernos en su propuesta que define el: "[...] género como el modelo natural teórico, de carácter
esencial y transhistórico, y adopta, desde la Lingüística textual y la Semiótica literaria, la noción
clase de textos" (19-20). Y, por último, su proposición teórica de añadir una cuarta categoría
genérica, que denomina como Argumentación: "[...] con el fin de perfilar una completa teoría de
los géneros literarios que dé cuenta de ese conjunto de clase de textos no miméticos y de carácter
argumentativo, pero de esencial vocación artística que tradicionalmente han estado ausentes de la
Poética" (23).
3.4. Aproximaciones a la clasificación del texto ensayístico
Al igual que sucedía con la definición del ensayo, sucede con su clasificación. Un repaso
a los estudios sobre la tipología del texto ensayístico muestra que predominan criterios que suelen
estar mezclados indiscriminadamente, por ejemplo: el tema tratado, la forma, la finalidad, el grado
de predominio de lo conceptual o de lo expresivo, etc.
97
He tratado este tema en mi artículo “De pizarras y pupitres a borrones y bosquejos: El rol de las veladas literarias
en la escritura femenina peruana del siglo XIX” donde argumento que Juana Manuela Gorriti utiliza las veladas
literarias como una estrategia para cultivar el desarrollo intelectual de la mujer peruana en favor de un proyecto
americanista y para otorgarle a esta igualdad intelectual mediante un diálogo abierto con los escritores
latinoamericanos (Goswitz 77).
98
Arenas parte de la distinción clásica de los estudios genológicos que establece una diferencia entre los dos géneros:
[...]los géneros teóricos o naturales [...] constituyen agrupaciones de textos directamente observables en la historia
literaria [...]; son géneros históricos el cuento, la oda, el ensayo, la comedia, la epopeya, etc. Por su parte, los géneros
naturales son categorías abstractas de raíz antropológica, universales y transhistóricas [...]; son géneros naturales el
lírico, el dramático y el épico narrativo [...] (18).
93
José Luis Martínez en Teoría del ensayo (1992) divide los ensayos en diez categorías: 1.
Ensayo como género de creación literaria; 2. Ensayo breve, poemático; 3. Ensayo de fantasía,
ingenio o divagación; 4. Ensayo-discurso u oración (doctrinario); 5. Ensayo interpretativo; 6.
Ensayo teórico; 7. Ensayo de crítica literaria; 8. Ensayo expositivo; 9. Ensayo crónica o memorias;
10. Ensayo breve, periodístico.
J. E. Clemente en El ensayo (1961) distingue tres clases de ensayos:
[...] el político, callejero o sociológico, caracterizado por la documentación prolija y la claridad
demagógica; el literario, donde 'tiene mejor cabida la sensibilidad, el imperio del gusto y la
penetración estética'; y el filosófico, donde predomina el conocimiento, 'no de erudición histórica,
sino intemporal. Erudición de esencias'" (apud Arenas 128).
Para Arenas, clasificaciones como la de J.L. Martínez, J.E. Clemente y R. Mead delatan "[...] la
perpetuación de esa especie de prejuicio crítico que impide unir en un mismo texto la
argumentación conceptual y teórica con la voluntad artístico- expresiva [...]" (128).
Augusto Tamayo Vargas en La literatura peruana (1993) dedica el final de su colección a
los estudios sobre textos ensayísticos y, aunque no incluye a ninguna escritora, sí plantea una
clasificación: ensayos críticos, científicos, literarios, estéticos, artísticos, biográficos,
periodísticos, políticos e históricos. Por otro lado, el artículo de Elizabeth Vilca "La imagen
femenina: una visión contradictoria en el discurso del sujeto ilustrado en El Correo del Perú
(1872)" (2009) analiza el impacto –paradójico – que tuvieron ciertos textos en la figura femenina
peruana. La autora utiliza diversas denominaciones para referirse a los artículos aparecidos en
94
prensa, como: "ensayo de reflexión", "ensayo de carácter sarcástico", "artículo", "pequeño ensayo
crítico", "ensayo", "texto" y "manual", pero no se les definen99.
Retomando la perspectiva de género Mary Louise Pratt en lo referente a la clasificación,
esta identifica dos modelos distintos de lo que ella denomina ensayo de género: los que presentan
enumeraciones históricas de mujeres ejemplares y los que sirven como comentario analítico sobre
la condición de las mujeres (77). Ronald Briggs en su reciente publicación The Moral Electricity
of Print. Transatlantic Education and the Lima Women’s Circuit, 1876 -1910 (2017) sobre este
tipo de ensayo nota:
Arguing persuasively that what has come to be the canon of the nineteenth- century essay is
centered almost exclusively on texts ‘whose topic is the nature of criollo identity and culture,
particularly in relation to Europe and North America’, a subgenre she classifies as the ‘criollo
identity essay’, Pratt attest that female intellectuals, who were actively excluded from the identity
project, justifiably responded by creating a parallel genre, ‘a tradition that could accurately be
called the gender essay’. (Briggs 13)
Doris Meyer, por otro lado, señala que en el caso de las mujeres el ensayo fue moldeado
como ensayo-carta, ensayo-confesión, ensayo-novela o ensayo-diario de viajes entre otros (5). Un
tercer estudio, desde la perspectiva femenina, que ofrece una posible clasificación es el de Lucero
Tenorio - Gavin (2001) quien presenta cuatro tipos de ensayos:
[...] ensayos vivenciales, aquellos que se refieren a la vida, la existencia, la experiencia de ser mujer;
ensayos profundos, aquellos que tienen en cuenta diversas filosofías, como el feminismo, el
discurso o el lenguaje, la post-modernidad; ensayos de investigación, en los que la escritora recurre
a las ciencias, como la antropología, la sicología, la sociología, la historia y describe una tesis; y
finalmente, considero las mixturas o aquellos que comparten las dos temáticas anteriores, una
escritura que incluye una variedad de recursos (como la entrevista, la tradición oral, la cultura
popular, el chisme). (111)
3.5. Hacia una propuesta de clasificación y análisis de los ensayos de la década del setenta 100
Ahora bien, debido a la gran variedad de temas sobre los que escribieron las autoras,
proponemos clasificar los ensayos de acuerdo a sus leitmotivs, nos interesa descubrir qué temas
motivaron a las ensayistas a escribir y a argumentar sobre ellos.
Lourdes Rojas y Nancy Saporta sobre la elección del tema a tratar sostienen que debido a
que no existía la asunción de que las escritoras tuvieran la inteligencia para escribir un ensayo,
99
Las denominaciones que utiliza la autora corresponden a los siguientes textos: "Una costilla" de Modesto,
"Caricaturas ¡Pobres mujeres!" de Paulo Fuentes Castro, "La muger y la ley civil" de Juan Francisco Pazos, "Vestidos
y ademanes" de Muñoz, "Carolina Freyre" de Manuel Adolfo García, "Año Nuevo" de Carolina Freyre y "Una
necesidad imperiosa" de la misma autora, y por último "Armas de mujer" de María del Pilar Sinués de Marco.
100
En todas las citas de los ensayos se ha actualizado la puntuación y acentuación a los estándares modernos.
95
sino solo los escritores, esta falta de expectativa resultó beneficiosa para las mujeres ya que les
permitió como escritoras escoger sus propias temáticas y ensayar su propia forma de pensar y
escribir (175). Arenas además ha notado que debido a que el ensayo es una clase de textos que se
caracteriza por la absoluta libertad a la hora de elegir un tema y por la arbitraria mezcla de varios
asuntos en un mismo texto, estos rasgos han sido la causa de calificar y distribuir los diferentes
ensayos globalmente en "literarios", "filosóficos", "sociológicos", "políticos", "religiosos", etc.
(169). Y por último, Lucero Tenorio-Gavin sobre el uso que hicieron las autoras del ensayo como
un texto para expresarse nota:
[...] la flexibilidad del género, su naturaleza exploratoria, son las características que más le atraen
para transmitir sus pensamientos con respecto a los asuntos de mujeres: el ser mujer, su oposición
ante el hombre, su lugar en el mundo, su, cuerpo, su experiencia, las historias de otras mujeres, su
educación, su escritura, y cómo la mujer está plasmada en la literatura escrita por hombres [...].
(67)
Por otro lado, en referencia a tal como sostenemos en este estudio estos artículos deben ser
reclasificados como ensayos, deberíamos encontrar en ellos las mismas estrategias persuasivo-
argumentativas que se emplean en ese género o lo que hemos denominado la elocuencia
discursiva. Nos interesa analizar en el texto los registros que nos muestren cómo las ensayistas
elaboran su argumentación para llegar a sus receptores y transmitir esos temas que les preocupan.
Para tal efecto, primero categorizamos los ensayos por fundamentos, cabe aclarar que para
la correspondencia de tal o cual ensayo en tal o cual fundamento hemos considerado la similitud
de los conceptos abordados por las autoras. Luego, hacemos un análisis de las estrategias
persuasivo-argumentativas, las que nos permitirán mostrar por qué podemos considerar a nuestras
autoras como escritoras y ensayistas. Para tal fin nos detendremos en los registros o modos
expresivos utilizados por nuestras autoras. Nos interesa apuntar a las técnicas de las que se valieron
para mostrar ese estilo personal que cada una imprime en sus ensayos. En estos ensayos, ellas
exponen, proponen y argumentan, desde una perspectiva que las concierne como mujeres y a
algunas como madres. Finalmente, presentamos las perspectivas en común que tienen las
ensayistas en cada uno de los fundamentos estudiados.
Antes de presentar los textos por fundamentos, el respectivo análisis discursivo de estos y
las perspectivas comunes de cada grupo, puntualizamos ciertas normas particulares del ensayo y
así como algunos estilos y mecanismos lingüísticos utilizados por las ensayistas.
96
En cuanto al ensayo, como una clase de texto del género argumentativo, Arenas ha señalado
ciertas normas particulares que se manifiestan en diferentes niveles: En el nivel semántico-
inventivo apunta que predominan los elementos semánticos procedentes de lo ya sido, o sea, de la
cultura y de la historia, el derecho a la inexhaustividad en el tratamiento de los temas y que la
macroestructura argumentativa de todo ensayo se organiza según la ordenación canónica de las
categorías de la superestructura argumentativa (exordio, narración/exposición, argumentación y
epílogo). Del nivel sintáctico-dispositivo nota que la forma/estructura de cada texto ensayístico en
particular está determinada por el libre fluir del pensamiento del autor y del nivel verbal-elocutivo
indica que predomina el modo de presentación lingüística expositivo-argumentativo, que el
registro o modo expresivo básico en función de las exigencias del decoro propio de la clase 'ensayo'
es el llamado estilo bajo, humilde o familiar y que el esfuerzo en pro de un registro que permita la
comprensión rápida e inteligente de los asuntos está unido con la intención singular de cada escritor
(451-455)101.
De estas normas nos interesan las incluidas en el nivel verbal elocutivo. Valdría entonces
preguntarse a qué alude María Elena Arenas cuando menciona las palabras registro y estilo:
[...] aplicado al texto escrito, el registro es cada uno de los empleos que hace el hablante de los
niveles de estilo existentes en el uso escrito/literario de la lengua en función de las diversas
situaciones de comunicación. La noción de estilo tal y como la han definido Cicerón o Hermógenes
se puede aproximar grosso modo a la noción lingüística de registro, pues al igual que la elección
de un registro depende de factores situacionales (como la reacción del interlocutor), la elección del
estilo adecuado está condicionada por el tema y por la finalidad. Es decir, una cosa es la expresión
o estilo de la lengua, que está en función de factores contextúales y contextuales, del decoro, en
definitiva, y otra diferente la expresividad o estilo del autor, que está regido por la voluntad y la
iniciativa personal. (348)102
101
Otras normas que le atribuye Arenas a este tipo de texto son: Del aspecto del ámbito de los participantes de la
comunicación, los presenta desde el plano del sujeto de la enunciación y desde el plano del destinatario. Para el primero
nota que existe un alto grado de personalismo o subjetividad (hay una perspectiva exclusiva del punto de vista
particular del yo, se da una inclusión de contenidos emotivos procedentes de la experiencia personal e íntima del autor,
hay un rechazo de toda erudición o especialización en el tratamiento de los temas, predomina la voluntad de estilo
personal donde la argumentación se realiza no solo mediante razonamientos, sino también a través de la fantasía).
Para el segundo plano, anota que el ensayo va dirigido a un lector no especializado y que lea problematizando la
realidad. Afirma que la presencia textual del interlocutor se da con la intención de estimular la capacidad crítica del
destinatario. 3) Del ámbito de la finalidad y de la función, nota que la intención justificativa prima sobre la función
docente; el ensayista trata de establecer la justeza de un pensamiento, de una conclusión personal. El ensayista busca
motivar e inspirar al receptor para que reflexione por su cuenta. Por tanto, el ensayo intenta replantear críticamente
los fundamentos de la realidad en todas sus dimensiones (455).
102
Hermógenes plantea siete estilos o ideas: claridad, grandeza, belleza, rigor o terribilidad, estilo caracterizado,
verdad, y gravedad (teorización griega tardía). Estas responden igualmente al concepto de decoro, es decir, a la
adecuación del estilo al tema, los interlocutores y a la finalidad perseguida (Arenas 347).
97
En cuanto a los estilos de cada escritora ––no del estilo de lenguaje que emplean en sus
textos––Juan Marichal en su texto La voluntad de estilo. Teoría e historia del ensayismo hispánico
(1971) notaba: "Es manifiesto, en primer lugar, que el escritor no elige estrictamente su estilo, del
mismo modo que ningún ser vivo interviene en su propio nacimiento: 'Amigo mío –– escribía
Jovellanos a Vargas Ponce en 1799–– la naturaleza ha dado a cada hombre un estilo, como una
fisonomía y un carácter'" (15). Asimismo, citando a Unamuno, Marichal nos recordaba que: "[...]
el estilo es simultáneamente «un camino que nos lleva» y un esfuerzo del escritor por encauzarse
a sí mismo: de ahí que el concepto y la expresión de «voluntad de estilo» [...] recoja tan
apropiadamente las dos condiciones apuntadas (15-16). Además, la referencia al estilo ha
implicado hablar también de la subjetividad propia que imprime el ensayista en su texto: "Gómez
Martínez señala que aún en las más contradictorias definiciones del ensayo ha habido siempre una
característica común: su condición subjetiva [...] Es, en efecto, lo subjetivo al mismo tiempo la
esencia y la problemática del ensayo" (apud Arenas 381). Asimismo, Lucero Tenorio-Gavin
subraya que: "El ensayo es la forma por excelencia escogida por la mujer escritora para expresar
su subjetividad" (66). No obstante, Arenas cuestiona que la crítica no especifique, exactamente, a
qué se refiere cuando menciona como uno de los rasgos que caracterizan al ensayo, el del
subjetivismo103. Para ella el término "subjetividad" debería reemplazarse por el de personalismo:
[...] cuando se habla del personalismo como rasgo definitorio del ensayo se aluden distintas cosas
a la vez: Primero, es importante la perspectiva del ensayista, quien ha interpretado su realidad desde
su propio punto de vista. Segundo, le otorga relevancia a la perspectiva del sujeto de la enunciación
quien condiciona a la vez el contenido. Por ende, se articula un contenido emotivo junto a un
contenido conceptual. Tercero, se debe considerar que el personalismo del ensayo se deriva de la
intimidad y familiaridad con que se eligen y tratan los temas y, por último, que la personalidad del
autor cobra protagonismo en la manera en el que el ensayista justifica sus pensamientos. Por tanto,
el personalismo tiene también un sentido estilístico; es lo que Marichal llamaba voluntad de estilo,
que hace que las condiciones artísticas personales den lugar a las 'diversas coloraciones
individuales'. (382-385)
Aunque somos conscientes de la diferencia que existe entre lo que significa aproximarnos
al estilo del lenguaje que cada autora utiliza y al estilo personal o voluntad de estilo que imprime
103
Estos son algunos de los ejemplos que Arenas menciona: De "El ensayo como género" de M. Vitier "[...] su
naturaleza es interpretativa, pero muy flexible en cuanto a método y estilo; sus temas, variadísimos, los trata el autor
desde un punto de vista personal; la extensión, aunque varía, permite por lo común que el escrito se lea de una sola
vez; revela, en fin, las modalidades subjetivas del escritor" (46). De "El ensayo hispanoamericano como experiencia
literaria" de Peter E. Earle: "El ensayo consiste en esto: representar la experiencia personal a través de una síntesis de
la emoción, la imagen y la idea [...]. La emoción (capacidad lírica), la imagen (capacidad observadora) y la idea
(capacidad crítica) forman un estilo de comunicación directa entre el autor y el lector [...] El ensayo es, finalmente, la
forma más directa en que el escritor puede expresar su voluntad" (26).
98
cada escritora en sus ensayos, para nuestro estudio proponemos una metodología que no marque
la separación de estos dos aspectos. Por el contrario, nuestro análisis tomará a cada ensayo como
un todo, puesto que consideramos que el estilo personal o subjetividad que cada ensayista imprime
o transmite en/a sus textos lleva intrínseco de por sí un lenguaje que le permite a las autoras
expresar ese personalismo o voluntad de estilo que se refleja en sus escritos. Nos importa mostrar
cuál fue el punto de vista que tuvieron las escritoras al concebir sus ensayos y cómo el autor
implícito o "segundo yo" incursiona en el texto ensayístico para sustentar el sistema ideológico y
moral del mismo (Arenas)104. Además, señalar también si las autoras se adecuaron a un estilo
lingüístico según la finalidad que perseguían:
Para Cicerón será elocuente quien sepa utilizar cada uno de estos estilos (alto, medio y bajo) en el
momento adecuado, según el decorum, es decir, según la finalidad que busque («preciso a la hora
de probar; mediano a la hora de deleitar; vehemente a la hora de convencer», –– Orat., 69––), y
según el género de las cosas que trate («decir las cosas pequeñas con sencillez, las cosas intermedias
con tono medio y las elevadas con fuerza», –– Orat., 101––). (Arenas 346)
Por último, de los mecanismos lingüísticos a través de los que se personaliza un texto,
Arenas toma las funciones propias de la enunciación narrativa y las aplica a la enunciación
ensayística: "Encontramos así una vía teórica para analizar algunos de los mecanismos lingüísticos
a través de los que se personaliza el texto" (388). Las cinco funciones que identifica son: la función
metadiscursiva o de control, la función hermenéutica, la función de comunicación, la función
testimonial y la función ideológica y de estas nos valdremos para analizar los textos de nuestras
autoras.
En este apartado se consideran veintidós escritos de autoras como: Juana Laso, Rosa
Riglos, Teresa González, Mercedes Cabello, Carolina Freyre y Juana Rosa de Amézaga. Dichos
textos se han clasificado bajo cuatro fundamentos:
El fundamento moralista, el cómo inculcar los valores morales y el cómo guiar la voluntad
serán algunos de los cuestionamientos de estas autoras. Es así que el ensayo con una aspiración
moralista como asunto escritural, se enfocará para algunas de las ensayistas, en moldear la
voluntad de las mujeres a través del cultivo de las virtudes; para otras, realzando el importante rol
104
Lo que diferencia los discursos de las escritoras de los de sus contemporáneos es el locus de enunciación ––un
posicionamiento explícitamente marcado por el género–– y el efecto que dichos discursos tienen en el campo
intelectual [...] (apud Prado 9).
99
que tiene la mujer en la tarea de inculcar los valores morales en su hogar; y para otro grupo, lo será
a través de la relación entre ética y religión.
El fundamento reformista, estos ensayos giran alrededor de las propuestas de las autoras
por mejorar las condiciones sociales, laborales y educacionales de las mujeres.
El fundamento literario, en estos ensayos las escritoras asumen el reto de producir una
literatura centrada en las necesidades/temas nacionales del país.
El fundamento crítico, estos ensayos muestran la postura de una de las autoras (Mercedes
Cabello) sobre ciertas doctrinas filosóficas en boga en el Perú decimonónico.
3.5.1. El leitmotiv en los ensayos de fundamento moralista
La RAE define el término moralismo como "la exaltación y defensa de los valores
morales". Por otro lado, en el libro de Aljovín y Velázquez, el texto de Manuel de Osma titulado
Curso de pedagogía: Obra dedicada á los aspirantes al profesorado y arreglada para servir de
texto en los colegios de la República (1877) define ciertos conceptos relacionados a la moral,
como: "Educación Moral, es la que cultiva y dirige la voluntad [...], Voluntad es la facultad que
tiene el hombre de hacer o dejar de hacer lo que depende de él [...] y que el objeto de la moral es
'prescribir reglas a la voluntad, reglas basadas sobre la distinción del bien y del mal, de lo justo y
de lo injusto'" (343) 105.
Los ensayos en esta categoría corresponden a cuatro escritoras. De Juana Laso, se analizan
"La coquetería", "El matrimonio (Lijeras reflexiones)", "El matrimonio", "Impiedad", "Salas de
asilo"; de Teresa González, "La tolerancia" y "El lujo"; de Carolina Freyre "El hogar", y de Juana
Rosa de Amézaga "El talento de la mujer" y "La simpatía y la estimación"106.
Juana Laso por medio de cinco de sus ensayos discurre sobre el porqué la moral debe de
considerarse "la piedra de la sociedad" (282). Estos cinco textos se publican entre los años 1874 a
1876 en El Álbum, La Alborada y El Correo del Perú.
En "La coquetería"107 la autora toma como ejemplo la etapa adolescente de la vida de una
mujer para preguntarse qué desean y qué aspiran a esa edad las mujeres. Amar y ser amada ––
categóricamente, afirma (138). Estas primeras líneas del ensayo de Laso le sirven para encauzar a
sus lectores a describir qué pasa cuando la mujer confía y cree en el primer hombre sin en realidad
105
La última definición es de Avendaño (apud Aljovín-Velázquez 343).
106
La presentación de los textos ensayísticos en este apartado sigue el criterio de ordenación desde la "Perspectiva
generacional" (Cuadro # 6). En el capítulo cuatro se analizarán los ensayos de las décadas de los ochenta y noventa.
107
El Álbum 26 de septiembre 1874.
100
conocerlo. Luego, basándose en las relaciones que surgen sin amor y en la tendencia del hombre
a la vida donjuanesca medita sobre este "arte de coquetear" que surge en las mujeres, pero no las
culpa, sino nota que este nace como consecuencia de la falta de valores de los hombres: "Se
enamoran del primer hombre que las seduce. Y después, cuando se dan cuenta de que hay otras en
la vida de ese hombre y temen al desengaño surge la duda, [...] desaparece la confianza y surge así
la coquetería, como un arma de defensa, un escudo" (ídem). Al final, la autora increpa a los jóvenes
(los hombres) a formar su carácter y a cuidarse de no sembrar la semilla de la duda y la
desconfianza en las mujeres.
"El matrimonio (Ligeras reflexiones)"108, es el primero de dos ensayos en que la autora
reflexiona sobre este tema. Desde el inicio nota la clara diferencia que existe entre los matrimonios
por especulación o por razón de estado y los matrimonios verdaderos o matrimonios por amor,
recalcando explícitamente que su meditación será sobre el último (153).
Una vez más, Laso ejerce una crítica severa a la sociedad por estimular y dispensar a los
hombres al no juzgarlos por sus faltas. "Conservar el afecto mutuo, el respeto recíproco es una
ventura. Pero el hombre es el primero que desmaya y falla [...] La culpa es del hombre [...] de su
mala vida, del juego, del vicio, de su doble vida" (ídem). Laso no culpa o señala expresamente al
hombre de su falta de honestidad, sino culpa a la sociedad misma que inculca en los jóvenes, a
través del teatro, una doble moral y los incita a vivirla. La autora justifica su reflexión al reafirmar
el importante rol que debe cumplir la sociedad en propagar y consolidar los valores morales por
los que deben regirse todos los ciudadanos de una sociedad.
"El matrimonio"109 es su segunda reflexión sobre este tema y desde un principio Laso no
duda en afirmarlo: "Tal tema es el que me preocupa y que más de una ocasión, me ha dado motivo
para esgrimir mi tan sincera y humilde pluma" (301). A diferencia del primer ensayo la autora
ofrece en este una sólida definición basada en el acervo católico tradicional: "El matrimonio no
tiene ni puede tener términos medios; toca los extremos: o es la desgracia completa o la felicidad
suprema. Después que Dios formó al hombre dio vida a la mujer para completar la belleza de su
creación, y al darle vida hizo su cuerpo del lado del corazón del hombre [...]" (ídem).
Su discurrir acerca de las responsabilidades que acarrea el vivir en vida matrimonial se
observa primero con las tareas que le adjudica a la mujer: la destina a amenizar la vida del hombre,
108
El Álbum 10 de octubre 1874. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 241.
109
La Alborada 3 de julio 1875. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 244.
101
a compartir con él, a consolarlo, a sobrellevarlo, a ser su ángel eternamente, sino, la condena
(ídem). Se puede deducir que la autora busca inculcar en la mujer las virtudes como la obediencia,
la paciencia, la generosidad y el entendimiento. Sin embargo, estas tareas también se las encarga
al varón: él debe inspirar a la mujer a los más nobles sentimientos, debe de respetar su hogar y
considerarlo un templo sagrado, es decir honrarlo apoyándose siempre en la moral y en la religión.
La autora condena con palabras implacables al hombre que no cumple con los deberes sagrados
del matrimonio: "[...] entonces ese hombre, que falta tan atrozmente a sus deberes, [...] es no solo
un criminal, un monstruo, sino un espíritu malo, más claro, perdonándome la expresión, un
verdadero demonio" (302). Su reflexión final condena a la sociedad y al hombre por corromper el
corazón de las mujeres y blasfemar contra el santo sacramento del matrimonio.
"Impiedad"110 es el primer ensayo donde la autora franca y rotundamente condena esta falta
de carácter y determinación en la humanidad. Advierte que es erróneo el asociar este defecto con
el liberalismo. "Liberal encierra todo lo que hay de más grande y noble. [...] supone generosidad;
implica tolerancia; dice indulgencia" (349). Luego, describe lo malo y negativo de una persona
impía: es hija de la incredulidad, no profesa reverencia a Dios, se sirve de la mentira y la calumnia,
actúa por instinto y resalta lo malo de las personas (ídem). Al final, ella como madre de familia
invoca a las madres a mantener viva la religión. En la página 36 de nuestro estudio dimos una
definición desde el plano teórico y doctrinario de "liberales" y "conservadores" (Orrego), pero
dada la connotación positiva que la autora le otorga al vocablo "liberal" la nota de Jeffrey Klaiber
S.J. de su texto La Iglesia en el Perú: su historia social desde la independencia (1996) sirve para
situarnos en el debate de la época:
Después de la Independencia la Iglesia sufrió una serie de crisis. [...] en general no perdió su
«status» privilegiado en la sociedad. [...] Los liberales intentaron reformar la vida religiosa creando
numerosos conventos y obligando a muchos religiosos a abandonar su estado para pasar al clero
secular [...] sin embargo, el ataque liberal fue relativamente suave. Los liberales de esta época
(1821-1855) eran regalistas doctrinarios, pero no anticlericales ni mucho menos antirreligiosos. Su
propósito fue controlar la Iglesia con el fin de ponerla al servicio de la nueva República. [...] El
liberalismo, que fue la doctrina de una élite muy pequeña, no afectó mayormente a las clases
populares. [...] A mediados de la década de los años 50, los liberales se volvieron más abiertamente
anticlericales. [...] En 1867 intentaron imponer otra constitución, de corte radical, pero que tuvo
poca duración (40-41).
110
La Alborada 14 de agosto 1875.
102
El ensayo "Salas de asilo"111 fue previamente una conferencia que ofreció la autora en el
Club Literario dos días antes de ser publicado. En este texto la autora pone en práctica los valores
que defiende y para convencer a su audiencia complementa sus ideas con sus propias experiencias,
que tanto ella como sus hijos vivieron en las provincias del Perú 112. Este último hecho, reafirma la
importancia de la dimensión biográfica en la escritura ensayística que hemos venido recalcando a
lo largo de este trabajo. Explica a los "Señores" que el tema de su reflexión está basado en su
experiencia real, que le ha permitido ver y comprobar de cerca la pobreza en la que viven muchas
personas 113. "[...] quiero poner mi pequeño óbolo en beneficio de esa raza desgraciada, que, desde
la conquista, no ha tenido derechos [...]. En mi concepto, el remedio eficaz que se le puede llevar
es el establecimiento de salas de asilo como las de Santa Teresa en esta ciudad [...]" (281) 114. Las
salas de asilo eran centros de educación preescolar donde las Hermanas de la Caridad se
encargaban de formar el corazón de los niños por medio del cultivo de las virtudes y también los
ayudaban a desarrollar su intelecto. Sobre estos centros Mariano Amézaga, seis años antes, en su
artículo "Problemas de la educación peruana" (1869-1870) notaba:
Hemos dicho otra vez y no nos cansaremos de repetirlo: como cimiento de la educación popular se
presenta lógicamente la institución de las Salas de Asilo. En ellas, la versatilidad, la negligencia, la
indisciplina o el tedio, escollos que opone la niñez a todo aprendizaje, son reemplazados por la
contracción, la subordinación y el placer de ver satisfecha sin violencia la propia curiosidad de la
primera edad. Se aprovecha de la inconsistencia del niño para imbuirle las nociones más variadas.
Se le acostumbra al orden, sin más que dar regularidad a sus movimientos y acciones. Se le instruye
recreándole. Se le moraliza encaminando su inteligencia desde los primeros pasos hacia las buenas
ideas y evitando lo que pudiera agriar su carácter. Se le deja expandir dentro de un vasto círculo
donde no siente la coacción ni el rigor pedagógico. (apud Aljovín, Velázquez 145-146)
Laso, una vez más, se muestra como una autora que comprende que por medio del cultivo de las
virtudes y el respeto a los preceptos del Evangelio la sociedad seguirá su marcha hacia la
civilización. Al final, pide a las mujeres que la apoyen y la ayuden en su tarea de sembrar en los
corazones la semilla de la virtud. Para ponerla en práctica propone la creación de "Salas de asilo"
en las provincias de Perú en favor de los menos favorecidos.
111
El Correo del Perú 3 de septiembre 1876.
112
Recordemos que su esposo fue militar y como tal viajaba a lo largo y ancho del país.
113
Este tipo de fundamento, es decir, experiencia que equivale a conocimiento es típico de las autoras. La falta de un
acceso a la educación formalizada las lleva a sustentar preferentemente sus argumentos en este tipo de conocimiento
y a explicitarlo.
114
Las Hermanas de la Caridad llegan al Perú, en 1858, con 45 religiosas francesas. Fundan en 1859 en Lima, la
"Escuela Santa Teresa para párvulos" (apud M. Victoria Peralta Espinosa "Ciento cincuenta años de los inicios de la
educación parvularia pública en Chile" (2015).
103
Teresa González es otra de las autoras que articula en dos de sus ensayos una
argumentación sobre la importancia de cultivar ciertas virtudes. En el ensayo "La tolerancia" 115 la
autora explícitamente, exalta este valor y el rol que cumple la mujer en su sociedad para cultivarlo:
"Hay 'una cualidad' humilde y sencilla [...] Esta hermosa cualidad que aún no es bastante estimada
y practicada por la humanidad es, 'La Tolerancia'" (89). A lo largo del ensayo ofrece ejemplos de
algunos tipos de intolerancia que ha sufrido la humanidad:
La historia, esa muda enseñanza de los siglos que pasaron, nos muestra la Inquisición con todos
sus horrores; [...] como resultado exclusivo de la intolerancia en la religión. En política se nos
manifiesta dividiendo a las naciones en luchas fratricidas [...]. La intolerancia en las ciencias, ha
servido solo para perpetuar los errores de la ignorancia y sujetar el libre vuelo de la inteligencia
[...]. (ídem)
115
El Correo del Perú 19 de marzo 1876. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 261.
116
El Correo del Perú 12 de noviembre 1876.
104
En el ensayo se deja entrever cómo a través de una connotación banal y negativa como la
que conlleva la palabra "lujo" la autora eleva la importante labor de la mujer peruana en el cultivo
de sólidos valores morales y la hace responsable por la conducción de su hogar. La metáfora del
remedio le sirve a la autora para mostrar lo dañino que es dejarse llevar por la moda. Por último,
reitera que la mujer, y específicamente, la madre es la encargada de llevar el presupuesto
doméstico, de actuar con moderación en favor de su familia y de estar preparada para si en caso el
marido fallece o pierde el trabajo. De ella depende el buen funcionamiento de su hogar, por eso,
no debe dejarse llevar por banalidades ni modas 117.
Carolina Freyre por su parte, reflexiona en su ensayo "El hogar" 118 sobre la significación
de ese vocablo. La autora rememora cómo desde niña tenía está palabra presente, pero reconoce
que recién como adulta es que llegó a comprender la amplitud de su significación. Afirma que los
dos pilares de todo hogar deben de ser el amor y la felicidad. Además, le atribuye tanto al hogar
como la familia la ventura del hombre. Como Laso y González, Freyre reafirma que la mujer es la
encargada de contribuir a la felicidad humana, de ahí que esta como mujer virtuosa será la
responsable de inculcar en sus hijos; la bondad y la dulzura y de reprobar el vicio y el lujo. Las
cualidades de tierno, bueno y dulce son las que deben de guiar el seno de las familias para que más
tarde se extiendan a la sociedad. De la tarea del hombre en el hogar nota: "[...] todos sabemos lo
que es el padre, el esposo, el hermano en el hogar, una sombra rápida que va, viene y desaparece...
[...]" (xxv).
Juana Rosa de Amézaga en "El talento de la mujer"119 es partidaria de que la mujer
desarrolle su talento, pero este debe de ir de la mano con la religión: "El único peligro es poseer
talento y no estar acompañada de la fe, la virtud, la ilustración y la prudencia; y en la mujer sería
más peligroso dado que es de naturaleza más débil e impresionable que el hombre y que ella influye
en otros" (57). La autora recalca que solo por medio de un estudio profundo de la religión la mujer
obrará con cordura y moderación en pro del bien propio y del ajeno. Es importante que esta se
117
Carolina Freyre aludiendo al tema del lujo nota: Los aguinaldos se han multiplicado pues, en este año nuevo,
lectoras mías. Lo que en otro tiempo fue más que una mezquina imitación de las costumbres parisienses, hoy es ya
una necesidad social acogida con entusiasmo y que prepara las más dulces sorpresas a las familias. Abanicos de
nácar, álbumes de doradas tapas, elegantes cajas de música, objetos de tocador a cual más variado y bello, riquísima
perfumería, cuanto puede desear el buen gusto y el capricho, todo se ha ostentado en las lujosas tiendas de esta
capital, para llamar la atención y ofrecerse como regalos de año nuevo a las codiciosas miradas de los amigos y
enamorados (apud Herrera Liendo 39).
118
El Correo del Perú 31 de diciembre 1874. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 283.
119
El Álbum 11 de julio 1874.
105
adiestre en saber distinguir entre el bien y el mal y el actuar de acuerdo a lo que dicte su conciencia.
Para Amézaga, toda mujer debe de preocuparse por fortalecer su fe y su formación religiosa, ya
que estos son los pilares para que la mujer se desarrolle por la senda del bien y haga uso de sus
talentos en bien de la humanidad.
Por último, en "La simpatía y la estimación" 120 la autora examina ambos conceptos como
parte de toda experiencia del alma humana. Primero, analiza cada uno por separado y luego los
compara con el fin de proponer que para que una persona logre inspirar dichos sentimientos en
otros, es necesario hacerse merecedores de estos por el medio del cultivo de la virtud. Poniendo
como ejemplo como estos dos sentimientos pueden experimentarse entre los miembros de una
familia, nota: "[...] porque ni los vínculos de la sangre son bastantes poderosos, para obligar a un
alma recta á que estime a un ser perverso, ni a una piadosa, poética o tierna á que experimente
simpatía por otro impío, material o insensible [...]" (xxvi).
3.5.1.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento moralista
Juana Laso, en el primer ensayo "La coquetería" da una exposición de un modo sencillo,
claro y coloquial. A través del enunciador se presentan las primeras premisas: "[...] ¿qué es lo que
desea y qué es lo que aspira? Desea amar, aspira a ser amada"(138). Luego, con verbos de la vida
íntima que surgen del amor entre dos personas se describen las fases por las que las jovencitas
caen ante el primer hombre que se les acerca: "[...] le habla en el lenguaje de los dioses, fascina su
inteligencia, cautiva su corazón [...]. Se convence, pues, bien pronto la joven de que es amor lo
que ella siente y cree [...]" (ídem). Más tarde, la reflexión apunta a cómo ese amor lleno de felicidad
se torna muchas veces desgraciado por la infidelidad de los hombres y el desengaño que sufren las
mujeres. Seguidamente, se presenta el argumento: el desengaño provoca en la mujer una reacción
de desquite y esa reacción es la responsable de que surja en ella la coquetería: "[...] se apodera de
su espíritu la ponzoñosa duda y reflexionando con dolor en la desigualdad de afectos, se arma con
el noble, pero necesario escudo de la simulación como el único medio de precaverse de un nuevo
desengaño [...]" (ídem). Al final del ensayo, el enunciador no solo busca persuadir a los jóvenes a
obrar de buena fe, sino que además al usar el tiempo presente condiciona el tono asertivo típico de
esta clase de texto (Arenas 397). "Si supieran los jóvenes todo el mal que se hacen ellos mismos,
cuando por una ligereza de carácter inarebitan [ilegible] los bellos sentimientos de la primera edad
de la mujer, obrarían siempre con mucha circunspección y buena fe [...]" (139). Además, mediante
120
El Correo del Perú 31 de diciembre 1876. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 300.
106
esta reflexión, sutilmente se excusa a la mujer que se sirve de la coquetería y se le posiciona como
víctima de las acciones del hombre. Asimismo, se busca que los jóvenes tomen conciencia de sus
actos y se enmienden si es necesario.
El segundo ensayo, "El matrimonio (Ligeras reflexiones)" la autora se vale de la función
hermenéutica del enunciador en el primer párrafo para personalizar su escrito. Esta queda explícita
cuando comenta la finalidad que persigue con el título de su texto: "No os hablaré, no, de los
matrimonios que se hacen por especulación, ni tampoco de aquellos que, como se dice, se hacen
solo por razón de estado [...] Hablaré, pues, únicamente de los matrimonios que se hacen por razón
de amor [...]" (153). Además, Laso se expresa de una forma firme y clara sobre el tema a tratar.
Por medio del verbo "hablaré" y el adverbio "únicamente" se advierte la intención moralista que
desarrollará en su ensayo. Una segunda función que utiliza la autora para personalizar su texto es
la función ideológica, a través de la cual se transmite un determinado sistema de valores:
Y ¡qué se puede decir de los esposos que por el juego o por la relajación de su vida, abandonan
noches y días enteras a sus pobres esposas, mientras ellos gastan en impúdicas orgías su salud y su
dinero! [...] Pero, por otra parte, ¡cómo es posible esperar a que lleguen a ser buenos esposos, los
jóvenes que recién adolescentes van a perder en aires deletéreos la pureza de su corazón! Triste es
decirlo, pero hasta nuestros teatros se convierten muchas veces en fuentes inmundas en donde
nuestra juventud va a beber el veneno que mata a la familia. (ídem)
Aunque en un primer momento se victimiza a las "pobres esposas" y se cuestiona la mala acción
de los "esposos" luego, se responsabiliza a la sociedad por envenenar los corazones de jóvenes al
exponerlos a los vicios de una vida libertina. Finalmente, la autora apela a sus receptores con un
registro que denota el uso de un lenguaje que da cuenta de la realidad de una forma íntima y
sincera: "Ojalá que mis ligeras reflexiones puedan servir de alguna utilidad" (153).
En el tercer ensayo, "El matrimonio", se puede afirmar que la autora progresa en el arte de
la ensayística, es un ensayo en el que se pueden señalar las cuatro partes del discurso tal y como
era concebido por la Retórica: exordium, narratio, argumentatio y peroratio (Arenas 134). Laso
inicia su texto presentando en el exordio el tema de su ensayo: "Tal es el tema que siempre me
preocupa y que más de una ocasión, me ha dado motivo para esgrimir mi tan sincera como humilde
pluma" (301). La autora se vale, esta vez, de la función testimonial como mecanismo para
personalizar su texto. A medida que se avanza en el escrito el discurso recae en el enunciador que
explica qué es el matrimonio de acuerdo a los preceptos de Dios, cuáles son los deberes y cuáles
las obligaciones que tanto el hombre como la mujer deben de cumplir en su vida matrimonial. Al
hombre lo responsabiliza de ejecutar la misión de erigir en su hogar un templo a la religión y a la
107
moral. Luego, se da una crítica a los matrimonios que se realizan como contratos y también una
llamada de atención a los padres de familia que propician este tipo de acuerdos: "Y que se puede
decir, de aquellos padres monstruos que, como señores de vidas y haciendas, especulan
criminalmente con sus hijas, haciéndolas sacrificar su corazón, en holocausto tan solo del dinero"
(302). El enunciador se distancia del enunciado para comentar, opinar y orientar al receptor hacia
su argumentación (Arenas 391). En referencia a los registros lingüísticos, el uso de palabras como:
"monstruos", "criminalmente" y "holocausto" reafirma la crítica social a los matrimonios por
conveniencia y la función testimonial que utiliza la autora para personalizar su escrito. Casi al
final, a través de uso del imperativo, se reitera el argumento: "Contrístase, pues, profundamente el
alma al reflexionar en las terribles consecuencias de esos contratos, a los cuales no puede darse el
nombre de matrimonio, sin profanar este sacramento" (302). El sujeto enunciador no es neutral, es
un sujeto que valora, pondera, exclama, y ordena. En el epílogo, Laso apela a sus receptores y
retoma el "yo" autorial del discurso: "Concluiré, pues, por hoy, repitiendo lo que dije al principio
de este pobre artículo. El matrimonio es la vida o la muerte de la mujer, el cielo o el infierno del
hombre [...]" (ídem).
"Pero, así como el lobo nunca es oveja, la impiedad no es ni puede ser el liberalismo" (349).
A través de dos vocablos coloquiales como lo son "lobo" y "oveja", el sujeto enunciador establece
un paralelismo para exponer el verdadero significado de la palabra "liberal": "[...] encierra todo lo
que hay de más grande y noble. [...] expresa amor y respeto para los demás; [...] es sin duda el
principal fundamento, y el tesoro más precioso que contiene nuestro divino Evangelio" (349).
Luego por medio de registros sencillos se asocia el concepto de impío a la calumnia y mentira para
reafirmar la connotación negativa del término. Antes de finalizar el texto, Laso se vale de la
digresión, un rasgo propio de la oralidad, para dar cuenta de la realidad de una forma íntima y
privada:
A propósito de esto recuerdo que, en 1867, cuando las acaloradas discusiones sobre la libertad de
cultos, algunos [...] propusieron el alejamiento de las Hermanas de la Caridad. Entonces mi
hermano Francisco Laso, que siempre fue un verdadero liberal, supo defenderla como justo
apreciador de sus virtudes, como incesante admirador de todas sus obras. (ídem)
Al final del ensayo, mediante la función ideológica la autora reafirma su postura. A través de la
primera persona del plural se apela a las "madres de familia" como las responsables a tomar acción
y se reafirma la relevancia de la mujer como piedra angular de la sociedad: "A las madres de
familia nos toca, [...] Combatamos, pues, sin tregua y sin descanso a la impiedad. [...] Combatamos,
108
que en el combate, los mejores laureles están reservados a la mujer; porque ella [...] es quien forma
y quien legisla [...] en el corazón del hombre" (350).
En el último ensayo de la autora, "Salas de asilo" su registro lingüístico está lleno de
expresiones coloquiales de su vida privada y también de sus experiencias en las diferentes
provincias del Perú. Cabe notar que este ensayo se leyó primero en la conferencia que ofreció la
autora en El Club Literario antes de ser publicado. Ruth-Ellen Boetcher and Elizabeth Mittman,
en su texto antes citado, resaltan el hecho que un buen número de ensayos escritos por mujeres
fueron antes discursos (18). En efecto, este ensayo es un ejemplo de ese hecho. Por tanto, la
perspectiva o punto de vista del yo (autor) está explícita a lo largo del texto. A pesar de que el
discurso es un alegato a favor del establecimiento de las salas de asilo, la autora alude desde un
principio a la situación de la mujer pensante e ilustrada: "[...] Bendito sea Dios que ha permitido
que el progreso y la ilustración os haya hecho abriros las puertas del templo del saber,
ofreciéndonos por consiguiente un campo para que podamos medir nuestra inteligencia con la
vuestra" (281). Si bien la alusión a "medir la inteligencia" parece ser provocadora y, a pesar de que
la autora hace referencia a sus predecesoras (Gorriti y Freyre) 121, inmediatamente, ella como
escritora se empequeñece ante su audiencia:
[...] Y os presento no una pieza literaria, porque no me habría atrevido a emprenderla [...] para tratar
de una materia que requiere profundos conocimientos, y, sobre todo, una inteligencia bien
cultivada: la mía es muy raquítica y produce con gran esfuerzo. [...] lo que yo busco al manifestaros
mi juicio, es que, vosotros expertos e ilustrados me hagáis conocer si estoy equivocada, en la
inteligencia de que del cambio de las ideas viene el perfecto conocimiento de la verdad. (ídem)
Luego de este preámbulo, la autora pasa a contar sus experiencias producto de sus viajes por las
provincias del Perú. Detalla brevemente la situación de los desfavorecidos que habitan esas tierras
y aprovecha su discurso para proponer el establecimiento de Salas de Asilo en las provincias del
Perú. Para persuadirlos describe la desdichada y penosa vida de la gente que ella ha visto con sus
propios ojos. Aunque utiliza registros ordinarios y burdos, estos son parte de su estrategia para
provocar una reacción favorable a su propuesta:
[...] sus miserables chozas son más bien unas pocilgas. En sus moradas se ve un solo lecho para
toda la familia, y ya podrás imaginaros cuántos crímenes nacerán de allí. Por más repugnante que
os parezca esta descripción, me creo obligada a hacérosla, pues las enfermedades [...] tienen que
descubrirse al que puede aplicarles la medicina. (ídem)
121
Juana Manuela Gorriti fue invitada el 13 de diciembre de 1874 y Carolina Freyre de Jaimes el 14 de julio de 1875.
109
Para captar la atención de su audiencia y consolidar su argumento ofrece un ejemplo real, y relata
quiénes son las personas que realmente se comprometen a trabajar en esos lugares del país: "Los
maestros que se mandan a esos lugares no toman este trabajo. No, señores [...] puesto que este
trabajo es solo inspirado por la abnegación cristiana" (282). Luego interpela a su audiencia
preguntándoles: "Si no decidme, cuál de vosotros que tan generosamente ofrecéis vuestros
conocimientos a la juventud en Lima, os convendríais en abandonar sus encantos [...] para
soterraros en uno de estos pueblos de la cordillera [...]" (ídem). Finalmente, la autora se dirige por
separado a los señores y a las señoras para someter su proposición y pedirles que la apoyen para
ver realizada su meta: emancipar a sus compatriotas y hacerlos ciudadanos útiles para la patria.
Lourdes Rojas y Nancy Saporta, críticas antes citadas, en relación a las ensayistas que fueron
invitadas a disertar en los clubes literarios han notado:
Latin American women invaded the public sphere by converting the intimate, personal, and
anecdotal, those topics usually reserved for women's salons, into valid forms of literary discourse
through the essay. A typical trajectory would be as follows: a luminary figure such as Clorinda
Matto de Turner or Alfonsina Storni would be invited to give a talk at the Ateneo de Buenos Aires,
for example. After declaring herself unworthy of the praise she has just received, a tactic employed
to mitigate her radical message, she would then go to deliver an important speech on women's
rights. That speech, in turn, would be printed as a pamphlet and sold for twenty centavos. Many
years later, this same speech might be printed as a book. In this manner, a woman's word is
transformed into a woman's text and passed around from woman to woman, assuring a wider
readership than a single audience at the salon of the Ateneo could accommodate. (177-178)
Juana Laso si bien no centra su discurso en pro de la mujer escritora, sí elogia a los miembros del
Club Literario por la iniciativa de invitar a mujeres escritoras a disertar en este. Y como bien lo
han notado Rojas y Saporta, como ensayista utiliza sus propias anécdotas para abogar por los
menos favorecidos del país. La publicación de su discurso en El Correo del Perú le permite llegar
a una audiencia mayor y convertirse en una de las primeras escritoras en incursionar en la arena
pública por medio del ensayo.
Teresa González en "La tolerancia" presenta su punto de vista como un sujeto que observa
y emite sus conocimientos y opiniones sobre el asunto que trata. Primero, el sujeto enunciador se
vale de ejemplos para definir la tolerancia a través de lo que constituye ser intolerante. La antítesis
le sirve a la autora para exponer las premisas de su argumento. Luego,
a través de la analogía intolerancia-atraso y tolerancia-progreso se aprecia como el sujeto que
enuncia transmite un determinado sistema de valores (función ideológica). No obstante, por medio
de un ejemplo real de la época que le tocó vivir a la autora, esta retoma la enunciación discursiva
110
evocando a un distinguido personaje de la sociedad limeña: "[...] el doctor José. G. Paz-Soldán
solía decir: 'Para vivir en familia, prefiero un adarme de tolerancia, a un quintal de amor'" (89). Al
final del ensayo, en el epílogo, la autora se vale de la función comunicativa para solicitar la
atención y simpatía del receptor y reafirmar su argumento: "Para concluir, compendiaremos lo que
nos hemos esforzado en probar. Sin tolerancia, no hay unión en las familias, ni verdadera cultura
para las sociedades, ni paz para las naciones" (80). Esta cita final denota que, a pesar de que
ninguna de las autoras aquí estudiadas tilda explícitamente a estos escritos como ensayos, el
enunciado "nos hemos esforzado en probar" es un indicio del fin argumentativo y persuasivo del
texto, a González le interesa persuadir al receptor sobre lo bien fundado de su argumentación
(Arenas) y, consciente o inconscientemente, se conecta con la tradición literaria a la que su ensayo
pertenece.
El segundo ensayo "El lujo" es un alegato para encaminar a la mujer hacia las buenas
costumbres y desterrar la banalidad y todo lo que se relaciona con este defecto del sexo femenino.
En este texto la autora hace referencia a que previamente se ha ocupado de este tema, pero aclara
que en esa oportunidad su texto iba dirigido a los varones, muestra el uso de la función
hermenéutica como mecanismo para personalizar su texto. Inmediatamente, la autora hace apunta
a cómo sus registros lingüísticos cambian de acuerdo a la audiencia a la que esta se dirige: "Pero
poco habituadas y menos deseosas, de dirigirnos a un público más numeroso y más severo,
volvemos a nuestro círculo íntimo, en medio del cual nos permitimos usar de completa franqueza
y expansión como conviene entre antiguas y verdaderas amigas" (363). A través de la función
testimonial vemos como el tono confesional se apodera del discurso. Las alusiones al "círculo
íntimo" y "verdaderas amigas" pueden ser interpretadas como un testimonio verídico de la autora,
dado que, en 1876, paralelamente a las publicaciones en prensa, se llevaban a cabo también las
Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti, de la que Teresa González fue participante asidua.
En cuanto a los registros lingüísticos, como bien lo nota la misma autora, estos denotan su
franqueza y expansión de su pensamiento para transmitir a sus congéneres y amigas sus
argumentos. En efecto, el texto está lleno de referencias de la vida cotidiana en la ciudad de Lima
y en los hogares de las familias limeñas: "Si nos proponemos observar, encontraremos que solo
hay una cosa que haya crecido en Lima, en igual o mayor proporción que el lujo, y es, la carestía
de todos los artículos necesarios o superfluos para la vida" (363). A medida que la exposición
avanza, el autor real se distancia para ceder a la voz del sujeto que enuncia y transmitir ese sistema
111
de valores (función ideológica) que intenta propugnar: "Para la que lleva el título de esposa y
comprende los graves deberes que le impone, la prudencia en los gastos y la moderación de los
deseos, no deben costarle gran esfuerzo" (ídem). La crítica a la sociedad, a los hombres y a la vida
llena de superficialidad tiene por finalidad encargarle a la mujer la labor de trabajar por erradicar
dichas costumbres.
Carolina Freyre, en "El hogar" ofrece un texto que desde el inicio se puede percibir la
intención persuasiva de la autora y su misión como escritora: "¡El hogar! ¿Sabéis lo que es el
hogar, lectores?" (xxv). Vemos como por medio de la interjección "¡El hogar!" se enfatiza el título
del ensayo y por medio de la función hermenéutica del enunciador aclarará la finalidad del mismo
a lo largo del escrito. La segunda parte de la cita es una interpelación franca, precisa y directa de
una voz autorial que tienta a sus lectores y al mismo tiempo es consciente de su labor como
escritora. A través de la narración/exposición se advierte la voz de un sujeto enunciador volcado a
sus interlocutores (función de comunicación) que tiene por fin ejemplificar por medio de acciones
y palabras el verdadero significado de lo que debe de ser un hogar: "Donde se aposenta el lujo,
donde vive la disipación, donde penetra la indolencia, no hay hogar, ni puede haber felicidad [...]
El hogar y la familia son para el hombre el único puerto de refugio contra las tempestades de la
vida" (ídem). La potestad de obrar bien que tiene la mujer determinará que esta sepa guiar a su
familia y a su hogar hacia la felicidad, por eso, al final del ensayo, se enuncia a través de un yo
colectivo la tarea y la responsabilidad que tiene la mujer en pro del bienestar de su familia:
"Nosotros somos, pues, mis amadas lectoras, el único eslabón de esa cadena que une al hombre al
hogar de los amores" (ídem).
Juana Rosa de Amézaga en "El talento de la mujer" deja en claro su intención autorial en
el primer párrafo: "No vamos ni a hacer la apología de las mujeres de talento ni a vituperar de las
que no lo tienen: lo único que pretendemos es estudiar con todo el interés posible los medios de
los que pueden y deben servirse estas, para hacer de él un uso conveniente y provechoso para sí y
para los demás" (57). La intención no es otra que encaminar a la mujer en el cultivo de su talento.
Una particularidad de la enunciación en este texto es que Amézaga deja entrever que sus
reflexiones no son únicamente subjetivas, sino que estas se complementan con estudios previos
sobre el tema que trata. Es así, que con autoridad delinea las pautas que debe de seguir una mujer
para cultivar su talento y, como mujer de fe, no duda en expresar en estas sus sólidas creencias con
respecto a la religión. Para Amézaga es importante que la mujer profundice en el estudio de la
112
religión, se ilustre y practique la prudencia para poder orientar su talento por la senda del bien:
"Concluyamos pues afirmando que la mujer de talento será útil en el mundo y digna de admiración
y respeto siempre que sea sólidamente instruida, y religiosa; y que estime en más la corona de la
virtud que la del genio" (ídem).
En "La simpatía y estimación" la enunciación se presenta por medio de la función
hermenéutica del enunciador y la función ideológica. Primero, se expone y define cada
sentimiento: "Existen dos sentimientos que ninguna alma deja de experimentar alguna vez; uno de
ellos precede casi siempre a la amistad o al amor y se llama simpatía; el otro es fundamento y
apoyo de la primera, y con frecuencia resultado final del segundo, y se llama estimación" (xxv).
Luego, las premisas que se van exponiendo en el texto muestran la función del enunciador que
intenta transmitir un determinado sistema de valores e intereses ideológicos. La premisa de que la
estimación debe de fundarse en intereses comunes, específicamente en lo referente a las facultades
del alma, deja implícita la perspectiva ideológica de la autora en cuanto a los principios de una
persona:
[...] porque para poder estimar las cosas en su justo valor, es preciso comprenderlas; y así no podría
estimar el hombre torpe al inteligente, ni el egoísta al abnegado [...] la simpatía es un sentimiento
mucho más tierno e íntimo que la estimación [...] la primera simpatía se reduce [...] a una impresión
pasajera [...] para que sea duradera es necesario pues, haya en las almas que la experimentan
recíprocamente, ya que no identidad por lo menos semejanza en las cualidades, ideas y sentimientos
pero de ningún modo en los defectos. (xxvi)
En el párrafo final se reitera la importancia de la compatibilidad entre dos personas, pero basada
en méritos y cualidades que inspiren aprecio por el otro. El fin persuasivo del ensayo de Amézaga
queda explícito en el párrafo final: "[...] para convencernos de cuán necesario es el mérito para
inspirar estimación, y la semejanza de gustos, cualidades [...] para inspirar simpatía no tenemos
sino estudiar la preferencia que dan los miembros de una misma familia a aquellos de sus parientes
que poseen cualidades más apreciables" (ídem).
3.5.1.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento moralista
Ahora bien, de este grupo de ensayos incluidos bajo este fundamento que acabamos de
analizar, nos interesa señalar las perspectivas comunes que encontramos entre ellos. Primero, la
naturaleza moralista de los ensayos exalta y apuntala la idea de educar dentro de ciertas líneas de
conducta para regular el comportamiento, tanto del varón como de la mujer. A través de los títulos
de los ensayos que conllevan juicios sobre conceptos como: coquetería, matrimonio, impiedad,
tolerancia, hogar, talento, y simpatía y estimación las autoras muestran su interés por llegar al ser
113
individual y cultivarse en las virtudes del bien. Resulta interesante la postura tradicional de las
cuatro autoras en sus planteamientos. Laso, González, Freyre y Amézaga coinciden en su defensa
a ultranza del catolicismo y con él del papel que este asignaba a las mujeres ángel del hogar. Para
estas escritoras la importancia del cultivo de los valores es fundamental para la buena marcha de
la sociedad y el ideal de comportamiento que proponen, si bien está dirigido expresamente a las
mujeres no dejan de lado los deberes y obligaciones del varón. Ahora bien, si nos preguntamos
cuál es el germen que genera estos planteamientos y por qué estas autoras se toman la iniciativa al
proponerlos, se puede conjeturar que debido a la posición privilegiada (de clase) que estas mujeres
tenían en la sociedad esto las inviste de una superioridad moral –– de la que todas son conscientes–
– y que emplean en favor de la juventud, la mujer, la familia, la Iglesia y la sociedad. Pablo
Whipple en La gente decente de Lima y su resistencia al orden republicano. Jerarquías sociales,
prensa y sistema judicial durante el siglo XIX (2013) nota: "[...] el término decencia, a su vez
definido como superioridad moral, se aplicaba no solo a los españoles y sus descendientes sino
también a los indígenas y mestizos que fueron capaces de alcanzar una posición de privilegio con
respecto a sus pares" (32) 122.
Es así que nuestras escritoras se sienten en la obligación de contribuir y participar de los
debates y tensiones de su época y, para ello, utilizan sus ensayos para aportar a estos debates desde
una perspectiva femenina. Como bien lo ha notado Graciela Batticuore en "Lectoras y literatas: en
el espejo de la ficción" (1999): "El ensayo ofreció un terreno sin escrúpulos para ejercer una
retórica de la persuasión que desvaneciera las reticencias de los más conservadores" (310).
Las cuatro autoras; Laso, González, Freyre y Amézaga en ensayos como ("El matrimonio",
"El hogar", "La tolerancia", "El lujo" y "El talento...") plantean un ideal de comportamiento para
la mujer cuyo mensaje apuntala las características propias de la casa burguesa. Ulrich Mücke en
su estudio sobre Política y burguesía en el Perú. El Partido Civil antes de la Guerra con Chile
(2012) nota qué significaba ser burgués en Lima de los años setenta: "[...] contar con antepasados
europeos. Ser burgués no fue una cuestión individual sino familiar. En este sentido la burguesía
era aristocrática ya que al igual que la nobleza la posición social dependía —entre otras cosas—
de los antepasados" (33). Asimismo, delinea las características que definen la burguesía en Lima:
Las características de la casa burguesa estaban vinculadas a las de la familia. Al igual que la idea
que se tenía de la casa, también la de la familia había cambiado en el siglo XIX. El matrimonio
seguía siendo el punto de partida de una familia. Sin embargo, ahora el matrimonio era imaginado
122
En el capítulo 2 de nuestro estudio, las reseñas biográficas, confirman la procedencia privilegiada de estas autoras.
114
como una unión voluntaria que se basaba en el amor (Gestrich 1999: 1-53). El matrimonio y los
otros lazos familiares se definían como relaciones sentimentales, es decir se partía de la idea de que
hijos, padres, hermanos, etc. se amaban o por lo menos tenían un vínculo emocional especial. [...]
las casas burguesas estaban abiertas para visitas de modo que la señora de la casa tenía que estar
dispuesta a cumplir el rol de anfitriona en vez de ser una persona dedicada exclusivamente al mundo
privado. Esto significaba que una señora burguesa era una figura que representaba la casa. La vida
privada de la casa (sobre todo la crianza de los hijos) se relegaba a la servidumbre y después a
profesores o colegios privados. Con esto, la señora burguesa no se dedicaba tanto a aprender y
enseñar lo que tenían que aprender sus hijos (desde manualidades hasta música y literatura), sino
más a representar el estatus de su casa. Solo con la apertura de clubes y la fundación de asociaciones
en los años 1860 se empezaron a crear espacios fuera de la casa que permitían la reunión de los
varones. (37)123
Pero, así como la mujer era la responsable de guiar a su familia por la senda del bien era primordial
también que a esta se le cultive en las virtudes y que se aliente a conocer profundamente la religión
(Laso, Amézaga). La mujer era la encargada de transmitir valores éticos, morales y sociales, para
lograr el orden social. Estos mismos principios se aplican también a la juventud (que incluye al
varón) en ensayos como "La coquetería", "El matrimonio" y "La simpatía...".
En cuanto a las estrategias discursivas que prefieren las autoras, se puede deducir que este
grupo tiene muy en cuenta a su destinatario "femenino": "círculo íntimo", "verdaderas amigas",
"mis amadas lectoras" (González y Freyre). Además, saben que lo que escriben necesita convencer
a un público lector y que tiene que estar bien fundamentado: "nos hemos esforzado en probar"
"estudios previos" (González y Amézaga). También se valen de estrategias como la falsa modestia,
como lo hizo Laso. Antes de ser publicado su ensayo "Salas de asilo" la autora lo presenta en El
Club Literario de Lima: "[...] Y os presento no una pieza literaria, porque no me habría atrevido a
emprenderla [...] para tratar de una materia que requiere profundos conocimientos, y, sobre todo
una inteligencia bien cultivada, la mía es muy raquítica" (281).
3.5.2. El leitmotiv en los ensayos de fundamento reformista
Según la RAE el 'Reformismo' se define como la doctrina y actitud que propugnan el
cambio gradual y específico de una situación política, social, religiosa, etc.
123
Otra definición de burguesía es la que encontramos en La Guerra del Pacífico y la idea de nación (2010) de Juan
Manuel Chávez refiriéndose a la década del setenta: [...] Esa élite dirigente estuvo conformada por la burguesía
nacional. Entendiendo la burguesía como una manera de pensar y de actuar, una cultura con su propia cosmovisión,
esta logró elevarse claramente sobre los otros grupos sociales del país. Con poder político y económico, además de
la alta formación educativa y su influjo en la sociedad desde los principales cargos del aparato estatal y privado, la
burguesía tuvo las riendas del Perú en 1879 (154).
115
Si se considera que la fecha de producción y publicación de estos textos se da paralelamente
a los años la Reforma educativa liberal que se inició en 1860 y terminó en 1879, es importante,
como bien lo notan Aljovín y Velázquez, reparar en tres puntos fundamentales:
En primer lugar, se debe de poner las ideas en su contexto y asociarlas a los cambios de orden
político, social y cultural que se presentan con fuerza desde la década de 1850. En segundo lugar,
hay que revisar el vínculo de las reflexiones 'peruanas' en torno a la educación con las
transformaciones político- culturales del mismo período en Europa y América Latina. En tercer
lugar, debe de enfatizarse un factor que siempre se halla implícito en la historiografía; a saber: que
la reflexión que tratamos pertenece básicamente a un mundo urbano, a lo que Ángel Rama llamó
alguna vez la 'ciudad letrada'. (4)
Se puede deducir que el período de reformas por las que atravesaron las escritoras,
especialmente, las reformas educativas, las afectó no solo en su vida como mujeres, sino que les
permitió, como escritoras, plasmar en sus primeros escritos, propuestas que favorezcan a su
género. Como bien lo ha notado Mariselle Meléndez: "[...] el tema de la educación femenina sirve
como instrumento para abogar por la inclusión de la mujer en la esfera de lo público, para así
convertirla en un elemento vital y visible para el progreso de la nación" (575). Otro estudio es el
de Joy Clark quien ha analizado los ensayos de temática educativa de las escritoras que
participaron en Las veladas de Gorriti y ha concluido que cuatro fueron los temas que emergen de
estos ensayos: "[...] the idea of women's education and work, [...] the concept of women's education
as related to religious and morality, [...] the analysis of the quality of women's education, [...] the
argument that women are intelligent and educable, and thus they should receive more access to
education [...]" (3)124.
Las autoras que escriben bajo este fundamento abogan en sus ensayos en favor de la
educación de la mujer, el respeto a sus voluntades, su derecho al trabajo o su derecho a la igualdad;
en estos se reclaman reformas para las mujeres que les permitan ser ciudadanas activas de los
cambios políticos, sociales y culturales de su nación, y ser partícipes de su derecho a elegir. La
doble tarea de bregar en sus escritos por sus propias convicciones como seres pensantes respecto
a su género convirtió a estas ensayistas en juez y parte de su propia historia y del legado histórico
que dejaron a sus congéneres. Como bien lo ha reiterado Mannarelli: "[...] las mujeres empezaron
a vislumbrar la importancia de la autonomía, del trabajo y de la educación en sus vidas. Sus
124
Tanto Meléndez como Joy Clark han sido citadas en la Presentación de este estudio.
116
posturas relativas a la educación se construyeron a la par que la palabra escrita organizaba sus
mentes y sus vínculos" (14) 125.
Rosa Riglos, Teresa González, Mercedes Cabello y Carolina Freyre son las cuatro
ensayistas incluidas en esta categoría y los ensayos que se examinan son siete: "Un momento de
expansión", "Trabajo para la mujer", "La religión", "Influencia de la mujer en la civilización",
"Necesidad de una industria para la mujer", "Patriotismo de la mujer" y "Al bello sexo".
Rosa Riglos de Orbegoso en "Un momento de expansión"126, ensayo dedicado a Juana
Manuela Gorriti, pone de relieve que la mujer está dotada de sentimientos e imaginación. Riglos
enfatiza el rol de madre y esposa de las mujeres para propugnar para estas una sólida y juiciosa
instrucción: "[...] la nación en la cual se honra a la mujer, y donde esta llega a tener conciencia de
la sublime misión que está llamada a desempeñar en los destinos de la humanidad, no puede dejar
de ser un día, grande y poderosa sobre la tierra" (42).
Teresa González, por su parte, considera en "Trabajo para la mujer"127 que una nación en
camino al progreso necesita moralidad, libertad y cultura. Basándose en esa premisa, analiza la
situación moral de la mujer en la sociedad para luego justificar su postura. Nota que no se toma en
cuenta la voluntad de la mujer, sino se le guía solo por dos caminos: el matrimonio o el claustro.
Sin embargo, el inmenso desamparo al que se enfrenta una mujer cuando ha sido criada
dependiendo de otro y no sabiendo valerse por sí misma, la hace objeto de burlas. Pedir para ella
el ejercicio del santo derecho al trabajo (refiriéndose a la clase burguesa) implica una educación
que la prepare para afrontar la vida. Mannarelli sobre este ensayo de Teresa González ha notado:
"[...] planteó la necesidad de expandir las expectativas laborales de las mujeres e ir más allá del
convento y del matrimonio. [...] Señalaba que el entrenamiento laboral femenino impactaría en la
moral pública, alejando a las mujeres de la prostitución legal ––el matrimonio–– y de la otra"(14).
En su segundo texto la autora busca explícitamente una reforma de la instrucción religiosa
que se imparte en los colegios. González en "La religión" 128 nota: "Que la religión es la base de la
moral y el orden social es una verdad universalmente reconocida" (xiv). Luego, por medio de una
crítica muy sutil deja en claro que los sacerdotes pueden enseñar la religión al pueblo, pero es la
125
Mannarelli también subraya que fue en las veladas literarias de Juana Manuela Gorriti, donde se manifestaron los
primeros manifiestos de las mujeres sobre la cuestión educativa (13).
126
El Álbum 27 de junio 1874. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 247.
127
La Alborada 30 de octubre 1875.
128
El Correo del Perú 31 de diciembre 1876. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 264.
117
madre burguesa –– a la que nos hemos referido en la cita de Mücke –– quien enseña a sus hijos,
ya que nada es comparable al amor de madre para inspirar y dar los mejores frutos. Su
argumentación apunta a que la mujer no solo debe de obedecer sino también debe de saber discernir
entre el bien y el mal, así, ella, como madre y esposa, podrá velar por el bien de sus hijos y de su
familia. Tauzin en su artículo antes citado nota: "'Religión' [...] ataca a los sacerdotes que favorecen
el misticismo en las niñas alejándolas de la realidad [...] Solo las madres deben de educar a sus
hijos, dándoles el ejemplo de la moral y de la fe. [...] González de Fanning seguirá fiel a ese punto
de vista anticlerical a lo largo de su vida" (1995: 178).
Mercedes Cabello en "Influencia de la mujer en la civilización" 129 le otorga un rol
relevante a la mujer, a quien considera la encargada de guiar su civilización hacia el progreso.
Basándose en este postulado, su propuesta gira en torno a cómo lograr una reforma en la educación
para el bello sexo. No obstante, la misma autora advierte que su propuesta será difícil de poner en
práctica. Cabello propugna desde este su primer ensayo reflexiones que evidencian un feminismo
temprano dentro de las letras femeninas latinoamericanas. Entre los meses de agosto y octubre de
1874, y a través de cinco entregas, la autora peruana publica en la revista El Álbum, el ensayo en
cuestión. Todo el alegato de Cabello, desde el principio, reafirma la idea sobre cómo a través de
las diferentes etapas de la vida de una mujer (como madre y esposa) la figura femenina ejerce una
influencia bienhechora sobre el hombre y su sociedad, siempre y cuando se cultive su intelecto.
La autora sopesa lo que considera una educación superflua y su propuesta educativa. La autora no
sólo muestra evidencia de las fallas en el sistema educativo vigente sino que se involucra como
parte de este sistema para ofrecer una solución no solo como mujer sino también como intelectual.
Como pensadora se autodefine abiertamente como una propulsora desde la perspectiva de un
feminismo temprano: “Nunca he podido explicarme el anhelo que tienen algunos padres de familia
de hacer de sus hijas una profesora de piano, o una cantatriz de primera orden.– De un adorno
supérfluo en la educación, han hecho la base y objetivo principal de ella” (105). La autora cuestiona
esta superficialidad educativa y expresa su desacuerdo para hacer oír su voz; para ella, los adornos
femeninos pueden cultivarse como tal, pero estos no deben ser el objetivo principal de un sistema
educativo nacional.
129
El Álbum 8 de agosto 1874.
118
En "Necesidad de una industria para la mujer"130 Cabello reitera con vehemencia y
convicción sus ideas con respecto a la lucha por lograr reformas educativas a favor de la mujer:
"¿La mujer debe o no recibir educación industrial? […] No será demás hacer aquí una pequeña
aclaración, puesto que, en nuestros escritos anteriores, hemos hablado extensamente de la
necesidad de la educación científica, la que miramos precursora de esta otra” (165). Luego, la
autora argumenta con ejemplos concretos sobre por qué la mujer debe de recibir también una
educación industrial: “Muchas labores industriales como la litografía, la fotografía, &, & pudieran
ser perfectamente desempeñadas por mujeres. […]” (ídem). En su propuesta no solo incluye a las
mujeres de la élite sino a las de clases inferiores. Su preocupación se funda en la falta de protección
que sufre la mujer si no está bajo la cobija del padre o esposo. Sostiene que muchas veces esa
situación de desamparo las empuja a un matrimonio por conveniencia, a la prostitución o al trabajo
de la aguja por no tener otros conocimientos. Mannarelli nota sobre esta preocupación de Cabello:
"Estableció una relación estrecha entre instrucción y moralidad, lo que a su vez la llevó a insistir
en la función civilizadora de las mujeres educadas" (21). La importancia de este segundo ensayo
es que reafirma primero el ímpetu e intensidad de una escritora que nunca se amilanó ante la crítica
y segundo, muestra la consistencia de sus argumentos en cuanto a su lucha infatigable a favor de
la igualdad y justicia para la mujer, incluyendo a la mujer de la clase obrera. Mariano Amézaga en
su artículo antes citado nota sobre la urgencia de la instrucción de la mujer:
Es tanto más precisa la inauguración de establecimientos de este género, cuanto que las mujeres de
humilde condición que no han desenvuelto sus facultades, que viven desheredadas en medio de la
oscuridad, se hallan en la terrible alternativa de aceptar ocupaciones mecánicas que agotan sus
fuerzas con escaso lucro, o entregarse al vicio que las solicita con el incentivo de la comodidad.
(apud Aljovín, Velázquez 167)
130
La Alborada 6 y 13 de marzo 1875.
131
El Correo del Perú 14 de mayo 1876. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 268.
119
Cabello cuando se dirige a su audiencia no ignora a las “señoras” sino más bien orienta todo su
discurso a un nosotros colectivo con palabras como: "reunidos", "solemnizamos", "recordamos" y
"libramos"; las que a su vez le sirven para recalcar que todos, tanto mujeres como hombres, fueron
partícipes de ese combate. El pensamiento inclusivo en su ensayo defiende esa tradición ilustrada
que mira hacia la igualdad. La autora a través de este discurso desafía ese patrimonio patriarcal
para establecer un diálogo –como intelectual de avanzada– sobre los derechos y deberes que como
ciudadanas de la patria deben de ejercer las mujeres dentro de su sociedad. La autora reitera que
solo por medio del reconocimiento del rol protagónico que tuvieron las mujeres en la historia de
sus naciones que la marca de género irá desapareciendo. Su perspectiva netamente femenina
reclama la inclusión de la mujer en la historia peruana, considerada siempre patrimonio masculino.
Carolina Freyre en "Al bello sexo"132 felicita primero al semanario El Correo del Perú
por su reciente aparición en la prensa limeña. La autora agradece a los redactores la invitación y
apunta a la carencia que existía en Lima de una publicación como esta: “[…] se necesitaba de una
publicación ilustrada que, como “El Correo de Ultramar” o “La Moda Elegante”, ofreciese en sus
columnas […] esa variada lectura que alimenta e ilustra el espíritu […] una publicación en que el
bello sexo […] hallase la verdadera fuente de poesía y de sentimiento” (120). No solo compara al
semanario con los diarios europeos, sino que al saberse conocedora de la existencia de estos se
muestra como una mujer leída e instruida ante el lector común.
Era notable 'su impecable presentación: buen papel, novedoso logotipo y grabados hechos por A.
Dreux, L. Dumont y J. Gaildreau' todo importado de Europa, y del trabajo tipográfico se encargó
Carlos Prince. En congruencia con los ideales formulados para la modernización educacional de la
sociedad limeña, los propósitos de ECP se ubicaban más allá del plano nacional. El primero de julio
de 1872, el periódico participaba, por primera vez, como parte de la industria nacional en el día de
la "Exposición Industrial Nacional". Y en la página editorial del número extraordinario publicado
para este día, Trinidad Manuel Pérez (editor y propietario) precisa que el objetivo de la revista [...]
era mostrar a Europa 'ilustraciones nacionales, que penetren en sus talleres de manufactura, un
manantial fecundo de riqueza y de trabajo' [...] también irradiar, 'tanto al nuevo mundo como al
viejo mundo, un monumento de la literatura nacional' [ECP: 3]. (apud Vilca 166)
Freyre no duda en convocar a otros talentos jóvenes y abre el camino a otras autoras de su
generación a que publiquen también: "'El Correo del Perú' fue, pues, una benéfica aparición que
realiza una de las más gratas aspiraciones de mi alma, y aunque es hoy todavía una aurora que
nace [...], puede ser con el tiempo y la cooperación de las ilustradas hijas del Rímac, un ramo de
132
El Correo del Perú 30 de diciembre 1871. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 280.
120
exquisitas flores que perfume la sociedad [...]" (120). La autora, quizás sin intención vaticina lo
que al final de la década del setenta Carlos Cornejo ha denominado como un boom periodístico de
las autoras peruanas. Si bien El Correo del Perú no fue un semanario fundado, ni dirigido por
mujeres –– como lo fueron El Álbum y La Alborada –– sí colmó las expectativas de Freyre en el
sentido que albergó a la gran mayoría de las escritoras de este estudio, las cuales publicaron en él.
Isabelle Tauzin en "La narrativa femenina... " sobre la labor de este semanario ha notado: "[...] el
periódico de Trinidad Pérez llegó a desempeñar un papel notable en la difusión de la literatura
femenina balbuciente, tanto más que acogió sin reserva las obras muy variadas de las aprendizas
de escritoras" (180)133. Freyre expone sus fundamentos sobre cómo debe de ser la mujer ideal
como arquetipo de la sociedad y pide para esta que se le abran las puertas de la educación, el
estudio y el conocimiento:
[...] No faltan hoy mismo muchos que opinan porque la mujer no debe tener injerencia alguna fuera
del hogar. ¡Qué error! Una mujer que reúna a la elevación de una inteligencia superior, al
conocimiento y al estudio del mundo; al fundamento de la moral y de los buenos principios, una
alma digna y abnegada, una constante práctica de las buenas costumbres, y la dulce tarea de las
ocupaciones domésticas que tanto embellecen el hogar, no puede ser sino un tesoro para su familia–
– la inteligencia lo prevé todo–– el talento evita los escollos de la vida, la educación dirige con
acierto el corazón de los que la rodean, y por último el estudio y el conocimiento del mundo, hacen
distinguir el bien y el mal, la verdad de error, y evitan los males funestos que son el producto de la
ignorancia. (122)
133
Véase nuestro apartado 2.3. Las ensayistas. Una aproximación conjunta (65).
121
podemos negarnos a las enseñanzas de la historia, y ella nos manifiesta, que [...] la mujer ha
correspondido, siempre, dignamente a lo que se debía esperar de ella, y ha desempeñado un papel
muy importante en el movimiento general" (41). Se inserta también la voz de la primera persona
plural con el verbo "echamos". Sobre esta voz plural, existen distintas opiniones de la crítica como;
"que las escritoras usan la primera persona del plural "nosotras" aún para referirse al sujeto singular
(Saporta-Rojas), "para solidarizarse con su género" (Tenorio-Gavin 68) o como lo ha notado
Francine Masiello "[...] que las escritoras adoptaron esta como hablantes en nombre de un grupo
y su "nosotras" no solamente las incluía a ellas mismas como una colectividad, sino también a sus
lectores a quienes ellas veían como muy ilustrados" (apud Tenorio-Gavin 528). Nosotros
concordamos con esta última afirmación de Masiello, dado que busca involucrar a todos sus
receptores para persuadirlos y a solidarizarse con su argumento.
Luego se pueden ir identificando las distintas funciones que utiliza la autora para
personalizar su texto y persuadirnos de su argumento. Primero, se vale de la función ideológica,
donde intercala al sujeto que enuncia, como también al actor de la escena contada, se pasa de la
historia al discurso: "[...] Se trata de un fenómeno de conmutación que introduce las coordenadas
de la 'historia' o mundo narrado en las del 'discurso' o mundo comentado" (apud Arenas 393). Este
mundo narrado se remonta a los tiempos de Grecia y la antigua Roma con las Espartanas y
Cornelia, luego, destaca a la reina Isabel y Santa Teresa de Jesús. De Francia, resalta a Juana de
Arco, Mme. de Longueville, Mme. Dacier, Mme. de Sevigné, Mme. Roland, María Antonieta,
Mme. de Staël, Mme. de Girardin, George Sand. De Italia nombra a Lutti y Fuà Fusinato y de
Estados Unidos a Harriet Beecher Stowe. Luego, reaparece la primera persona plural para
mencionar a las mujeres latinoamericanas: "Nuestra joven América [...] En la República Argentina,
Chile, Bolivia, Colombia y el Perú, vemos aparecer escritoras de grande importancia, a pesar del
muy poco estímulo, que entre nosotros alienta tan interesantes trabajos" (42). De la misma manera,
por medio de esta voz plural se reafirma la función ideológica de la que se ha servido la autora
para personalizar su escrito: "Nos cabe la satisfacción de ver, al recorrer tan rápidamente la vasta
escala de los tiempos; que la mujer se ha encontrado siempre, a la altura de la situación del mundo,
en tan variadas épocas" (ídem). Tauzin sobre el uso de las enumeraciones históricas en el ensayo
de Riglos nota: "[...] repasó la historia de las mujeres para apuntar con énfasis lo provechoso de la
educación femenina pues permitiría formar mejor a las buenas esposas y madres a las que tanto
122
necesita la patria" (1995: 181). Finalmente, reclama para la mujer, como madre y esposa y reina
absoluta en los dominios del sentimiento el derecho a que se le instruya.
En cuanto al registro lingüístico es elevado. Si bien, al comenzar el discurso la autora asocia
y comenta ideas como vocablos coloquiales desde un yo autorial que se apodera de las primeras
líneas del escrito, se da más tarde un giro lingüístico cuando se inserta la voz del enunciador en
primera persona plural que apuntala con fuerza los argumentos.
Teresa González, en "Trabajo para la mujer" deja en claro que se intentará examinar la
situación moral de las mujeres con el fin de pedir para estas, el santo derecho al trabajo. También
vale notar que hay un escueto comentario antes del título del texto que da cuenta de lo bello del
artículo enviado a su redacción por una señorita. Además, recomiendan su lectura a sus
suscriptoras.
Se puede afirmar que la personalidad de la ensayista cobra protagonismo en el escrito. El
"segundo yo" del autor real, habla, en este caso, de la mujer para persuadir a su audiencia del
pedido que hará para estas. Detalladamente, se presentan las fases del desarrollo humano como
premisas de la argumentación final. Las referencias a estas fases se expresan por medio de registros
lingüísticos que dan cuenta de la realidad de una forma íntima y sincera. Por medio de situaciones
imaginarias se presenta la desventaja de las mujeres, desde el momento que nacen:"[...]
observemos cómo, siendo varón, el padre lo acoge con orgullosa satisfacción, y la familia toda lo
recibe como una bendición del cielo. Mas si es mujer, ¡qué decepción! se la considera como una
nueva carga para los suyos" (50). Luego se compara la educación entre ambos sexos, donde la
mujer está también en clara desventaja. Cuando llega a la etapa matrimonial, la mujer nunca elige
sino a ella la eligen; ni tampoco puede expresar su voluntad de convertirse en madre o preferir no
serlo. Más tarde, el sujeto que enuncia no solo expone premisas sino también ejerce
cuestionamientos: "[...] los matrimonios no guardan proporción con el número de habitantes, [...].
Si a esto se agrega la mayor mortalidad de los hombres por la guerra, [...] forzosamente tiene que
quedar un gran número de mujeres en estado de viudez o de perpetua soltería" (ídem). Otro
cuestionamiento es sobre la situación de abandono en que quedan las mujeres que pierden a sus
padres aun siendo solteras. Esta exposición justificada a través del enunciador tiene por fin pedirle
a la audiencia, ––que la autora conoce muy bien–– que prepare, eduque e instruya a las mujeres
para que en cualquier estado en que se encuentren estas puedan valerse por sí mismas. Deben de
tener el derecho a acceder a un trabajo que les permita vivir independientemente.
123
"La religión" es otro ensayo de González. La autora se vale del enunciador para valorar,
comentar y orientar a su receptor hacia su argumentación. Primero reitera la importancia de la
religión como base moral y del orden social. Luego, critica a las madres que no se preocupan de
enseñar a sus hijos los verdaderos principios de la educación religiosa y cuestiona a las mujeres
que aceptan la religión sin discutirla y se dedican únicamente a obedecer a los sacerdotes. De los
jóvenes nota que, sin conocer profundamente su religión, se avergüenza de ella y de todo culto a
su Creador y, son esas acciones las que encaminan a muchos jóvenes a las más vergonzosas
pasiones. Líneas antes de terminarse el escrito, el enunciador reitera: "Estos son, ligeramente
delineados, los rasgos más marcados en el carácter de la generalidad de los jóvenes de ambos
sexos. No puede darse mayor incompatibilidad de ideas, principios y aspiraciones" (xiv). El sujeto
enunciador se distancia para comentar y valorar los prejuicios con los que crecen las mujeres y los
jóvenes con respecto a la religión y dar lugar al argumento final: si existe tanta disparidad entre
dos personas que más tarde se unen en matrimonio, esa podría ser la causa de tanta desgracia y
desavenencia de las parejas casadas (ídem). No obstante, el remedio a este mal sería reformar la
educación religiosa para que las madres, ejerciendo la razón y sabiendo discernir por sí mismas,
sepan guiar los destinos de sus hijos y de sus hogares.
Mercedes Cabello, su primer escrito, "Influencia de la mujer en la civilización" es uno de
los pocos ensayos de este estudio que se publicó en varias entregas, por ende, es más extenso que
los otros escritos incluidos en esta investigación 134. Dicha particularidad, nos permite analizarlo
bajo las cuatro categorías del discurso argumentativo.
Desde el inicio del ensayo, el sujeto de la enunciación hace eco de la reclamación de
igualdad de las mujeres, no obstante lo hace de un modo muy sutil. En los dos primeros párrafos
de las dos primeras entregas la autora utiliza el exordio, la primera categoría de la argumentación,
para presentar el asunto que va a tratar, pero la forma como expresa su punto de vista no se revela
como un reclamo abierto, sino más bien como una aserción que tiene un fundamento previo: “La
instrucción y moralidad de las mujeres ha sido todo el tiempo el termómetro que ha marcado los
134
El que un artículo sea publicado por entregas significaba que aparecía en la revista por partes, a lo largo de varias
semanas. Este ensayo se publicó en cinco entregas en El Álbum, en las siguientes fechas: sábado 8 de agosto de 1874,
sábado 15 de agosto, con una nota que aclaraba: "En homenaje a las consideraciones que la Dirección debe a la digna
autora del presente artículo, lo inserta de nuevo, pues salió notablemente desfigurado por los errores de caja" (100).
Luego, el sábado 22 de agosto, sábado 12 de septiembre, sábado 26 de septiembre y la última, el sábado 3 de octubre
de 1874.
124
progresos y el grado de civilización y virilidad de las naciones” (89). La frase “todo el tiempo”
denota que a lo largo de la historia tanto el progreso como el grado de civilización de los pueblos,
ha estado necesariamente ligado a la atención que se le haya dedicado a la instrucción de la mujer.
Ahora bien, en la segunda entrega, uno de los rasgos del personalismo que alude Arenas queda
explícito en cómo Cabello expresa su punto de vista sobre el tema de su interés:
Cuando escribimos nuestro artículo anterior […] en el que pedíamos instrucción sólida y científica
para la mujer, […] no dudábamos que la generalidad de los lectores consideraría nuestro deseo
como un imposible irrealizable, como una teoría de aquellas que deben de quedar escritas sin que
jamás puedan aplicarse a la práctica. (105).
Como bien nota Arenas: “En la narración, el autor deja constancia de su propia opinión a la vez
que disemina algunas premisas en las que buscará después el acuerdo y la persuasión del receptor”
(220). Cabello presenta los hechos que determinan que las mujeres sean juzgadas pero los
interpreta valiéndose de la función ideológica, transmitiendo sus intereses y argumentos sobre las
desigualdad que existe cuando se trata de educar a un hombre y a una mujer. La autora reflexiona
sobre esta diferencia y pone de relieve esas contradicciones en las que cayó el ideal ilustrado en
su pronunciamiento por la igualdad.
En cuanto a la argumentación, la autora sabe que para lograr la reforma que propone tiene
primero que desaparecer el concepto de desigualdad que existe en las mentes de sus
conciudadanos: “Sí, esperamos que llegará un día en que la educación de la mujer será tal vez
objeto de más grandes y serios cuidados que la del hombre” (105). Sin embargo, no solo alude a
125
borrar la diferencia en la forma como se imparte la educación a los dos géneros, sino que deja
también en claro la intención que tiene como ensayista. Cabello dialoga con su audiencia para
recalcarle que solo cuando se ilustre e instruya a la mujer al igual que al varón, sin la presión social
y cultural de mantener vivas diferencias fundadas en falsas etiquetas, será cuando se irán borrando
esos marbetes de género que dividen a la humanidad.
El deseo de lograr una reforma para la educación del bello sexo y su tarea de persuadir con
el ejemplo resaltan en la última entrega del ensayo: “Lo que hace poco, era solamente una idea
patrocinada por algunas inteligencias privilegiadas, se ha convertido hoy, en una necesidad
imperiosa, y de vital importancia para la sociedad” (145). Las palabras; “inteligencias” y
“privilegiadas”, implican a esa elite femenina, a su generación, que como ella exigen con apremio
las reformas en pro de la mujer peruana. Cabello se vale del epílogo, la cuarta y última categoría
para reafirmar su alegato y lo hace con una serie de imágenes de mujeres europeas que sí tuvieron
acceso a la educación, usándolas como ejemplo para justificar su punto de vista.
En "Necesidad de una industria para la mujer" por medio de una detallada exposición, el
sujeto de la enunciación primero advierte sobre por qué es necesaria una educación industrial:
[...] Nada hay más triste que la impotencia a la que se ve reducida una mujer, cuando llega a
comprender la dura necesidad de trabajar para vivir [...] Trabajar porque se desarrollen las
industrias en las que puedan tomar parte las mujeres, es abrir un vasto campo a la prosperidad y
riqueza pública [...] (172). Luego, por medio de la función hermenéutica, se establece la relación
directa del título del ensayo con el argumento a plantear: “Muchas labores industriales como la
litografía, la fotografía, &, & pudieran ser perfectamente desempeñadas por mujeres. […]” (ídem).
Seguidamente, el enunciador apunta a los resultados de países donde se ha implementado esta
propuesta y para fundamentar su argumento ofrece ejemplos de cómo en los Estados Unidos las
mujeres desempeñan esos puestos: "En las oficinas de correos, en las de telégrafos y en la mayor
parte de las imprentas, se da la preferencia al trabajo de la mujer sobre el hombre" (173). Después
de exponer sus premisas retoma la situación de la mujer de todas las clases sociales en el Perú y
reafirma su argumento:
Las ventajas que resultarían en nuestro país, al implantar todas aquellas industrias que pudieran
proporcionar trabajo a las mujeres, no se limitarían solamente a hacer más o menos lucrativa o más
o menos accesible tal o cual empresa: sino que también sería un gran peso colocado en la balanza
social, para igualar el desequilibrio que hay en ciertas clases de nuestra sociedad, en que las
necesidades más esenciales de la vida, y las numerosas e ineludibles que la civilización nos impone,
están en completo desnivel con los escasos y limitados recursos con que pueden contar; resultando
de aquí gran parte de nuestros males sociales. (ídem)
126
"Patriotismo de la mujer" es el último ensayo de Cabello que clasificamos bajo el
fundamento reformista. En este, la autora a través del discurso conmemorativo que ofrece en Club
Literario por el triunfo peruano en el Combate del Dos de Mayo, reconoce y exalta el patriotismo
y protagonismo de las mujeres. Cabello, desde el inicio de su ensayo, hace eco de los ideales
ilustrados de la igualdad:
Señoras y señores: Reunidos en este recinto, solemnizamos con la pompa majestuosa de la literatura
y los acordes sublimes de la música, los grandiosos y espléndidos triunfos del Dos de Mayo. […]
este día que recordamos […], este día en que libramos nuestra independencia y libertad […] “¡Dos
de Mayo! Esta gloria es nuestra, la aureola de este día nos ilumina a todos […]. (154)
Ya hemos resaltado el hecho que un buen número de ensayos escritos por mujeres fueron antes
discursos. Este ensayo es un ejemplo de ese hecho. Por tanto, el punto de vista del autor está
explícito a lo largo del texto. Cabello ignora la controversia histórica sobre los resultados del
combate y celebra llena de emoción y orgullo el triunfo peruano. Pero también, al compartir con
todos los peruanos esta conmemoración, borra toda diferencia o marca genérica. El hecho de que
el sujeto de su disertación, –en un Club Literario primariamente dominado por hombres– sea un
“nosotros” que incluya a la figura femenina y le permita a esta ser copartícipe de su acontecer
nacional, expresa el reclamo intelectual que inscribe esta pensadora basándose en esa tradición
ilustrada que busca la igualdad 135. Cabello cuando se dirige a su audiencia no ignora a la “señoras”
sino más bien orienta todo su discurso a un nosotros colectivo con palabras como: "reunidos",
"solemnizamos", "recordamos" y "libramos"; las que a su vez le sirven para recalcar que todos,
tanto mujeres como hombres fueron partícipes de ese combate. Su pensamiento inclusivo en su
ensayo defiende esa tradición ilustrada que mira hacia la igualdad.
Luego, muestra a través del protagonismo femenino el sentimiento patriótico y la
heroicidad de la mujer en el devenir de su historia. Sagazmente, Cabello incursiona en un ambiente
totalmente patriarcal y acorazada detrás de la estrategia discursiva de la falsa modestia subvierte
una vez más el discurso de alabanza al héroe patriótico y lo suplanta por uno feminista: “Yo, que
hubiera querido presentaros un trabajo digno de la cultura de este ilustrado Club, […] siento hoy
más que nunca la debilidad, mis esfuerzos y lo exiguo de mi inteligencia. Convencida de mi
135
Luisa Posada Kubissa en su artículo “Filosofía y feminismo en Celia Amorós” señala: “El feminismo de Celia
Amorós se plantea ya de entrada como ilustrado, por cuanto entiende que es posible hacer extensión de la reclamación
ilustrada de igualdad a las mujeres. Pero entiende, a la vez, que sólo es posible heredar este ideal ilustrado desde la
crítica a las insuficiencias que el mismo presentó en quienes lo enunciaron” (151).
127
pequeñez limitárseme bosquejar a grandes rasgos, aquellas mujeres heroicas […]” (ídem). Esta
forma de disculpa antes de empezar su discurso, le permite encubrirse bajo esa aparente limitación
intelectual. Seguidamente, pasa a dar cuenta de esas heroínas: “Allí tenéis a la hermosa e ideal
figura de Juana de Arco, […] En Carlota Corday y Madame Roland encontraréis también la
personificación viviente del patriotismo. […] y en nuestra querida América, […] encontraremos
al modelo más perfecto de la mujer patriota en Policarpa Salvatierra […]” (155). La autora como
ávida lectora e intelectual de avanzada ilustra el sentimiento patriótico y heroico de estas mujeres
y aunque es consciente de la falta de reconocimiento y el relego que han sufrido a lo largo de la
historia, revaloriza en estas figuras históricas el amor patrio y las virtudes cívicas que estas han
desplegado en sus naciones.
Finalmente, Cabello juega con conceptos abstractos como la libertad y la fraternidad para
reafirmar por un lado la significación histórica de éstos, pero también para usarlos como los
instrumentos vindicativos en su lucha por la igualdad y la justicia social. Primero, valiéndose de
la figura retórica de la prosopopeya, le otorga un rol femenino a los sustantivos fraternidad y
libertad personificándolos y haciéndolos sujetos protagónicos del bienestar general de la patria.
“La libertad como la fraternidad, nos hacen hermanos a todos. Ambas son hijas del cielo […] ellas
han roto las cadenas de los esclavos y los cetros de los reyes […] ellas han venido para enjugar las
lágrimas del desvalido […]” (ídem). Es importante notar el juego de palabras que emplea la autora:
el artículo “la”, la palabra “ambas” y el pronombre “ellas” recalcan la existencia de un elemento
femenino durante las guerras de la independencia americana que es imposible seguir ignorando.
Carolina Freyre es una de las primeras escritoras en publicar en la prensa limeña. En "Al
bello sexo" la autora utiliza el primer párrafo del escrito para ensalzar la aparición del periódico,
agradecerles por haberla invitado a que escriba en él y al mismo tiempo, ella se toma la libertad de
invitar a otras letradas a que formen parte de este: "Voy a hacer uso del galante ofrecimiento que
de las columnas de su apreciable periódico, me han hecho los RR. del "El Correo del Perú", para
hacerlo extensivo a todas las demás que, con mejor fortuna que yo, han cultivado las letras en este
país de la inspiración y del sentimiento" (120). Como escritora su intención es convocar a otras
autoras o a las que ella denomina "las ilustradas hijas del Rímac" a colaborar en este medio de
prensa y lograr que esa otra mitad pueda compartir y diseminar sus ideas por esta vía: "He dicho
las ilustradas hijas del Rímac porque es el bello sexo el que debe de entonar ese coro de armonías,
el que debe derramar esos tesoros de sentimiento y de ternura que siempre encuentran un eco en
128
los corazones, una palabra de aprobación en los labios" (ídem). Freyre sea por medio del yo autorial
o del uso de la primera persona plural presenta, de comienzo a fin, las premisas de su argumento.
Se vale de la función testimonial para justificar la apertura del periódico a otras mujeres nombrando
países donde se permite la participación de la mujer como agente cultural:
¿No nos ofrece Estados Unidos el ejemplo más sobresaliente [...]? ¿No son las mujeres las que
llevan la ilustración a las masas? [...] ¿Por qué no han de seguir mis nobles compatriotas las huellas
de ese ángel humano, llamado Ángela Grazzi [...]? ¿No habéis leído alguna vez [...] esos escritos
[...] de la ilustrada española Sinués de Marco? ¿No habéis leído esos cuadros de costumbres de
Fernán Caballero [...]? ¡Que mayor orgullo, que mejor aureola, que mayor recompensa para las
fatigas de la inteligencia! (ídem)
Freyre no es ajena a la realidad por la que atravesaban las primeras mujeres escritoras en el país,
de ahí que no sorprenda que ella misma comente los sentimientos que le despierta lo que escribe;
para la autora son sus compatriotas las próximas a llevar a cabo la tarea de ilustrar a otras mujeres.
3.5.2.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento reformista
Los ensayos analizados bajo este fundamento abogan por reformas que favorezcan la
inclusión de la mujer peruana para educarse y como parte activa del mundo laboral. Mariano
Amézaga, en su artículo antes citado, es terminante con respecto a las desventajas que tienen las
mujeres:
Existe un enorme vacío en nuestras instituciones. Todas ellas se refieren a la prosperidad y al
bienestar del varón, con prescindencia de la mujer. Este hecho que denuncia no solo descuido, sino
imprudencia y ceguedad, es más patente que en ningún ramo, en la instrucción pública. En todas
partes se enaltece a la mujer. En Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, en Suiza, en todos los
países donde se comprende el rol de ese ser por tantos siglos vilipendiado, se le prodigan cuidados,
se ensancha su inteligencia, se depuran sus sentimientos, se le abre un horizonte eternamente
cerrado a su debilidad. Si era un instrumento frágil puesto en manos del absolutismo o del
libertinaje, se le transforma en custodio del hogar, en soberano de la familia, en iniciador de las
grandes virtudes que conservan los imperios e impulsan la civilización. [...] La tutela bajo el techo
paterno, la tutela en la unión conyugal, la tutela en la vida civil y política, la depresión, la coacción,
la ignorancia, el servilismo, la impotencia, la degradación: este es el lote que le ha cabido a la mujer
en los beneficios sociales. Hay países 'y entre ellos el nuestro' donde no parecen apercibirse de que
a la rehabilitación de la mujer va asociado el progreso de los pueblos, la unificación de las razas, la
regularidad en las evoluciones de la especie humana. (apud Aljovín, Velázquez 166-167)
Traemos a colación el artículo de Mariano Amézaga (1869-1870) para ilustrar una de las
perspectivas de la intelectualidad masculina que se daban en los debates de la época. En este
contexto es que se insertan las propuestas de las escritoras aquí estudiadas. Primero, las autoras de
este grupo, entre 1871 y 1876, participan como Mariano Amézaga de estos debates y coinciden
129
con el pensador peruano en que la idea de progreso de un pueblo está asociada a la inclusión de la
mujer como un ser autónomo y con discernimiento propio dentro de su sociedad 136.
Por otro lado, Riglos, González, Cabello y Freyre hacen también referencia en sus ensayos
a la realidad de mujeres en otros países (tal y como lo hace Amézaga) y citan a algunas mujeres
que han contribuido con sus naciones. Se puede deducir que por medio del ejemplo extranjero se
busca que el Perú siga los mismos pasos, específicamente, en relación a las reformas educativas
y/o laborales ("Un momento...", "Trabajo...", "Influencia...", "Necesidad...", "Patriotismo..." y "Al
bello ...").
Ahora bien, así como en el fundamento moralista apuntábamos a la superioridad moral de
nuestras ensayistas, pensamos que las ensayistas que escriben bajo el fundamento reformista
perfilan una preeminencia intelectual/cultural. Asimismo, el amplio conocimiento que poseen
sobre la situación de la mujer en países desarrollados, las muestra como conocedoras de la historia
cultural y literaria de otras naciones.
En referencia a las estrategias discursivas de este grupo destacan; la enumeración de
mujeres ejemplares en Europa y Estados Unidos, a las cuales se reconocen individualmente. Sin
embargo, cuando se hace mención de las latinoamericanas ese reconocimiento es general. Esta
diferencia connota un pasado prestigioso citado y detallado (europeo) con el que legitiman un
linaje y un presente americano difuso, falto de nombres, porque no aportan ese prestigio (Riglos,
Cabello, Freyre): "Masiello explica: para defender el derecho del otro al hablar su propia lengua,
ironizar la voz del poder perteneciente al estado, y proponer otros registros para entrar en diálogo
con la oficialidad. Casi todas las autoras revaloran el pasado y reiteran la existencia de una historia
de la mujer que por su riqueza confirma una trayectoria irrefutable" (apud Arambel-Guiñazú,
Martin 54)137.
3.5.3. El leitmotiv en los ensayos de fundamento literario
Nos hemos referido en el fundamento reformista a esa acción paralela por la cual las
ensayistas al verse afectadas por una u otra reforma proponen, en pro de ellas mismas y de sus
congéneres, cambios en su sociedad. Pensamos que, en el caso de estas tres ensayistas peruanas
136
La preocupación por la educación femenina en la América hispana no es solo de interés para las mujeres. Muchos
pensadores la promueven; entre los más conocidos están el peruano Mariano Amézaga, los chilenos Manuel Montt y
Miguel Luis Amunátegui, quienes proponen planes de estudio y la creación de escuela para niñas. El más influyente
de todos, Domingo F. Sarmiento, sienta las bases de la educación en la Educación común de 1856 (Arambel-
Guiñazú, Martin 51-52).
137
De su estudio antes citado correspondiente al Tomo 1.
130
que examinamos bajo el fundamento literario, sus escritos reafirman su deseo de reformar por sus
propios medios su sociedad y, más aún, se autorizan por medio de estos escritos a hacerlo como
escritoras y ensayistas: "[...] emerge la mujer escritora como aquella que por el poder de la letra
encaminará y dirigirá la lucha hacia el avance de la mujer en la sociedad" (Meléndez 582).
Bajo esta categoría se analizan los ensayos "Glorias literarias de la raza latina", "Las literatas" y
"Meditaciones literarias" de Rosa Riglos, Teresa González y Mercedes Cabello respectivamente.
Rosa Riglos en "Glorias literarias de la raza latina" 138 repasa el origen de la literatura
moderna. En el preámbulo, los editores de La Alborada notan:
Deseosos [...] en dar la mayor publicidad posible a las producciones de las pocas señoras que
cultivan entre nosotros la bella literatura; tenemos el gusto de reproducir el excelente artículo que
la señora Doña Rosa Mercedes Riglos de Orbegoso publicó, hace largo tiempo, [...] bajo un
seudónimo. (269)
De estas líneas se deduce que el escrito de Riglos estaba altamente considerado dentro de las letras
nacionales, que a ella se le incluía y se le consideraba dentro de ese grupo selecto de señoras
cultivadoras de la bella literatura en el Perú y que la revista buscaba dar notoriedad a las mujeres
escritoras. Además, al revelar su verdadero nombre la autorizan públicamente como autora. La
referencia a "hace un largo tiempo" es porque el texto se publicó por primera vez en diciembre de
1870, o sea cinco años atrás.
El ensayo está estructurado en cinco partes. El objetivo de la autora no es otro que presentar
un ligero bosquejo de los deberes contraídos por la literatura moderna y la civilización del mundo
hacia las naciones de raza latina, las cuales han sido las primeras en iniciar tan vasta obra (270).
Para tal efecto, repasa la historia literaria de Italia, España y Francia en todos sus géneros desde el
siglo XIV hasta el siglo XVIII. En orden cronológico nota: "Veamos pues a Italia, que al principiar
el siglo catorce, es la primera en que ya su formado idioma, procura restaurar la descuidada
literatura" (269). De este país destaca las obras de Dante, Petrarca, Bocaccio, la ilustrada familia
Medici, Maquiavelo, Ariosto, El Tasso, Metastacio hasta llegar a Alfieri. Con España, inicia su
repaso con el poema del Cid, luego se detiene en el siglo XIII para resaltar la obra de Alfonso el
sabio "Las siete partidas": "[...] obra notable por la rectitud y justicia que resalta en sus
disposiciones, y que al tiempo de ser la primera publicación hecha en el idioma español, es
también, el más antiguo documento, de esta especie, en la historia de las naciones modernas" (270).
Nota que el siglo diez y seis fue la época en que la literatura española llegó a un grado de
138
La Alborada 5 de junio 1875. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 253.
131
perfección, refiriéndose a la literatura del Siglo de Oro español. Boscán, Garcilaso, Diego Hurtado
de Mendoza, fray Luis de León, santa Teresa de Jesús, Ercilla, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo,
Rioja, Calderón de la Barca, Góngora, Luzán, Moratín, Meléndez y Jovellanos son para la autora
algunos de los egregios autores que sobresalieron en la literatura española.
Teresa Gonzáles en el ensayo "Las literatas"139 exalta el hecho que cada vez resulta más
común ver que las mujeres escriban. Además, considera un gran paso adelante hacia el camino de
la civilización que "El Club Literario" invite a mujeres a disertar en sus instalaciones. En 1875 la
primera mujer invitada a disertar en el club fue Juana Manuela Gorriti, luego seguirían: Carolina
Freyre, La baronesa de Wilson, Mercedes Cabello y Juana Laso. A pesar de que Teresa González
hace pública la oportunidad otorgada a las escritoras por "El Club Literario", no deja de expresar
también su crítica a muchos de los hombres y mujeres que se burlan de las escritoras. Se apoya en
Lamartine para promover la importancia de cultivarse en la escritura: «Bendito sea aquel que
inventó la escritura, esa conversación del hombre con su propio pensamiento; ese medio de
aliviarse del peso de su alma» (319). Se adelanta a clarificar de que el hecho que la mujer escriba
no significa que deje de lado sus deberes de madre y esposa en el hogar, por el contrario, ella está
convencida de que si las mujeres lo hacen, esto las librará de caer en las banalidades de la vida:
"Dedicándose la mujer a llenar de tal manera sus ocios, se libraría del escollo de la frivolidad,
coquetería y murmuración a que con frecuencia la conduce esa incesante actividad que la devora
y que, en las clases acomodadas, casi no tiene objeto digno en que emplearse" (319).
Por último, Mercedes Cabello en "Meditaciones literarias"140 alude al movimiento
literario que se está dando en el Perú –– y en el que ella se incluye, y se muestra como conocedora
de las tendencias literarias en las sociedades europeas como: Alemania, Inglaterra y Francia con
el fin de justificar su argumento:
Dice Mr. D'Alamber, que entre los alemanes sucede, que se juzga una obra literaria, con relación a
las cosas divinas, o que tienen referencia con el infinito: no así entre los ingleses, que se le busca
el lado político o práctico, ni entre los franceses que se juzga bajo el punto de vista del interés
social. Estas manifestaciones, hechas por un escritor eminente como D'Alamber [...] manifiestan,
cuán evidente es, que cada pueblo imprime a su literatura el sello de la índole que le caracteriza.
(115)
Luego, Cabello no duda en situar a la literatura peruana en un estadio infantil, pero es firme
también en definir lo que para ella significa ese término: "[…] es la literatura, el espejo en que un
139
El Correo del Perú 1 de octubre de 1876.
140
El Correo del Perú 15 de abril 1877.
132
pueblo refleja su carácter nacional, sus necesidades, sus aspiraciones; marcando así, el grado hasta
donde han llegado sus progresos" (115). Para ella, el compromiso del escritor para con su patria
es de gran responsabilidad, ya que está llamado a colocar la base sólida para levantar el edificio,
capaz no de una literatura, pero sí de una época literaria que tendrá influencia en el futuro de las
letras nacionales. Para la autora, así como la moral actúa como el principio que rige todas las
acciones humanas; las artes y la literatura, deben de ser la realización del ideal de la belleza (116).
3.5.3.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento literario
El ensayo de Rosa Riglos "Glorias literarias de la raza latina" data de 1870, como lo
confirma la fecha a pie del nombre de la autora en la publicación de 1875 y el preámbulo que se
hace al mismo por los editores del semanario La Alborada:
[...] tenemos el gusto de reproducir el excelente artículo que la Señora Doña Rosa Mercedes Riglos
de Orbegoso publicó, hace largo tiempo, en un diario de esta capital, bajo un seudónimo. Perdone
la galana escritora que descorramos el velo con que la modestia ocultó su verdadero nombre, y lo
coloquemos ahora en lugar del seudónimo de BEATRIZ. (269)
Este preámbulo pone de manifiesto tres cosas importantes: primero, el reconocimiento que la
prensa le otorga al trabajo de la autora; segundo, expresa explícitamente el fin del semanario, que
no es otro que ofrecer lecturas instructivas a sus abonados; y, por último, el adjetivo con el que
califican a Riglos, "galana", nos da los primeros indicios de los registros lingüísticos que utiliza la
autora en su texto. Es interesante notar que los editores se refieren al texto como un "artículo";
nosotros lo traemos a colación porque precisamente nuestra relectura tanto de este texto como los
otros cuarenta incluidos en esta investigación, nos permitirá identificar esos rasgos que hacen de
estos escritos ensayos y no simples "artículos". En este ensayo su objetivo es persuadir a su
audiencia de que son las naciones de la raza latina las iniciadoras de la literatura moderna. Aunque
no vamos a repasar el nombre de todos los países y obras literarias a las que hace mención, porque
ya se ha tratado en la sección anterior, la primera persona plural se convierte en ese "segundo yo"
o sujeto que enuncia. En la primera parte del ensayo utiliza verbos como: "limitándonos",
"evoquemos"; en la segunda parte utiliza verbos como: "veamos", "admiramos", "hemos dicho";
en la tercera parte, verbos como: "volvamos", "vemos"; en la cuarta parte verbos como: "réstanos",
"nos llevaría"; y en la última parte verbos como: "hemos anticipado", "estamos", "alentados'.
Por otro lado, se puede afirmar que la función hermenéutica juega también un rol
importante en la forma como se personaliza el texto: "Limitándonos, únicamente al recuerdo de
sus glorias literarias, evoquemos esos gratos pensamientos, [...] como una garantía que nos inspire
133
fe y confianza en su porvenir" (ídem). Explícitamente, el título del ensayo es el hilo que guiará al
sujeto de la enunciación para transmitir a la audiencia la base de la argumentación. Ahora bien, en
cuanto a los registros lingüísticos utilizados en este ensayo, estos tampoco corresponden a ese
estilo bajo, propio del texto ensayístico. Pensamos que el referente semántico que utiliza Riglos
no le permite adaptar su escritura a un estilo bajo. El preámbulo al texto de los editores también
confirma cómo era considerada Riglos como escritora y, por ende, también sus escritos. La cita de
Elvira García y García en La mujer peruana reafirma la reputación de esta autora:
[...] Con una madurez que llamó siempre la atención de quienes la pudieron juzgar, escribió sobre
asuntos pedagógicos, sociales e históricos, manifestando en todos ellos; una gran erudición y una
seguridad absoluta en las doctrinas que sostenía. [...] Los más eminentes escritores de su época
como Numa Pompilio Llona, Luis Benjamín Cisneros, José Arnaldo Márquez y otros muchos, le
han consagrado escritos encomiásticos celebrando su talento y especial cultura, así como esa
distinción tan suya, que no ha encontrado quien la supere. (15-16)
Si nos preguntamos de dónde devenía esa fuente de escritos que enriquecía la vida intelectual
nuestra autora se puede inferir que el salón de su madre Doña Manuela de Rávago y Avella Fuertes,
literata y escritora distinguida de su época, fue el germen formativo de nuestra escritora 141.
Teresa González nos ofrece ensayo "Las literatas". En este el protagonismo de la autora
cobra una doble dimensión. El tema que trata y por el que aboga está en relación directa con que
se le dé tiempo a la mujer para desarrollarse en el arte de la escritura, pero manifiesta también las
tribulaciones de las escritoras de su generación. Por tanto, el sujeto que enuncia transmite el interés
ideológico que persigue el texto y su autora a través de explicaciones, justificaciones y comentarios
a lo largo de la exposición: "Día a día va haciéndose menos raro entre nosotros el que las mujeres
escriban [...], el "Club Literario", cuenta ya en su seno con algunos miembros del sexo femenino
[...]. Sin embargo, la mayoría de los hombres y, [...] muchísimas mujeres, les tienen una profunda
adversión a las escritoras" (319). La exposición continúa a través de cuestionamientos como: ¿por
qué entonces, tantos hombres se han deleitado con las obras de escritoras como Mme. Staël, de
Jorge Sand, de la Avellaneda, entre otras? ¿Por qué se piensa que la mujer intelectual tiene que
necesariamente desatender a su hogar y a sus hijos? Estas interrogantes dan paso a que el sujeto
que enuncia, por medio de la función testimonial, deja constancia de su opinión: "A la verdad si
tal cosa sucediera, razón les sobraría para anatematizar á las literatas, y nosotras seríamos las
primeras en ponernos de su parte" (ídem). La función hermenéutica del enunciador, cuyos
141
Nos hemos referido a su madre en el apartado 2.2.2. Etapa nupcial/educacional (52).
134
comentarios tienen por finalidad aclarar el título se encarga también de enfatizar la difícil labor
que ha tenido que sortear la mujer escritora para ejercer su vocación. Elvira García y García en sus
apuntes sobre Teresa González, ha notado: "[...] reproducía dando vida y movimiento con su
castiza pluma, a cuanto se presentaba a su juicio crítico, siempre inteligente y justo, especialmente,
cuando debía abordar con los problemas que rozaban con la actividad femenina"(30)142.
Precisamente, en este ensayo la vehemencia y elocuencia del discurso dan cuenta de la realidad de
las mujeres y de las escritoras en particular.
Del texto de Mercedes Cabello "Meditaciones literarias", hemos de notar que hay una
anotación a pie de página que da cuenta que: "Este conceptuoso y bello artículo fue leído por su
autora en una de las veladas literarias de la distinguida escritora argentina doña Juana Manuela
Gorriti. (Nota de los R.R.)" (115). Hacemos referencia a esta nota para apuntar que este ensayo
fue antes también un discurso que preparó la autora para una de las veladas; y aunque no dudamos
de la certeza de esta información, este artículo no está incluido en la publicación del libro Las
veladas literarias de Lima que Julio Sandoval recopiló y que se publicó en Argentina en 1892.
Una explicación sería que las veladas que se incluyeron en el tomo fueron las que se llevaron a
cabo hasta el 2 de septiembre de 1876.
En este escrito, el sujeto de la enunciación habla de otra de las grandes preocupaciones de
Cabello como escritora: la literatura y su importancia para el progreso de la nación. Este sujeto
que enuncia adopta una perspectiva exterior respecto a sí mismo, observándose desde el punto de
vista del otro: "Bello, consolador es el movimiento literario, que de poco a esta parte váse
desarrollando entre nosotros" (ídem). En el discurso oral, la autora se refería a las veladas y a las
escritoras y escritores que asistían a este salón literario; en el texto escrito, es el enunciador quien
transmite las ideas de la autora por medio de sus premisas. Una primera premisa es explicar qué
hace la actividad literaria en una sociedad: "Esta actividad literaria [...] es la que estimula y vigoriza
las inteligencias" (ídem). Una segunda premisa es la referente a la situación de la literatura en
142
Elvira García y García en su libro La mujer peruana a través de los siglos: Serie historiada de estudios y
observaciones (1925) atribuye a nuestras escritoras una serie de adjetivos que, aunque en muchos casos han quedado
olvidados en el papel, nos permiten apreciar los estilos de escritura de estas ensayistas y sus aptitudes como escritoras.
A Juana Laso le atribuye una escritura de gracia y fina ironía; de Rosa Riglos resalta su estilo castizo, su gracia y su
elegancia. A Teresa González la cataloga como una escritora sesuda, leal y justa; de Cabello resalta su talento robusto,
su roce social, el ser una lectora metódica y el poseer un estilo selecto, claro y original; de Freyre destaca su precocidad
infantil y su espontaneidad literaria; a Juana de Amézaga la describe como talentosa, fecunda y con un alma mística
y una muy fina dicción.
135
pueblos nacientes como el Perú: "[...] puesto que nuestra literatura se encuentra en un estado que
puede llamarse la infancia de un arte; puesto que por esta misma circunstancia el primer impulso
que hoy reciba habrá de influir [...] en la senda que ella debe seguir [...]" (ídem). Luego, a través
de la función ideológica el enunciador explica esa preocupación literaria que le interesa a la autora:
"La literatura, aunque está sujeta a todos los cambios y reformas, que las sociedades, las
costumbres y las diferentes épocas le imprimen, debe sin embargo conservar un sello eterno é
invariable" (115). Casi al final del escrito, el yo de la autora, la que disertó en el salón de Gorriti,
ratifica su argumento enmascarada bajo la estrategia discursiva de la falsa modestia:
Al meditar en el porvenir de nuestra naciente literatura, consuélanos, [...] la íntima convicción que
abrigamos, de que los escritores que llevan hoy el cetro de las letras peruanas, son la mayor garantía
de su brillante porvenir. Su inteligencia e ilustración nos guiarán salvando todos los escollos y
peligros. Ellos serán siempre nuestros modelos, aunque no sea más que para seguir su huella a una
inmensa y respetuosa distancia. (116)
La autora realza la figura del escritor, pero también los compromete a continuar con la tarea de
hacer surgir una literatura propia en el país; y a desempeñar un rol modélico para las escritoras de
su generación, aunque sea como sarcásticamente lo nota: "a una inmensa y respetuosa distancia"
(ídem).
3.5.3.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento literario
Las tres autoras coinciden en que el Perú como nación se beneficiaría con el desarrollo de
una literatura nacional.
En Hispanoamérica de la segunda mitad del XIX, los intelectuales de las nuevas repúblicas, pasado
ya el tiempo de acomodo político después de las guerras por la independencia, reflexionan sobre la
necesidad de reconocerse como identidades nacionales, y también como identidad continental. [...]
se recuerda a los escritores que no pueden ser indiferentes al destino de la nación; la escritura se
convierte en un 'deber' con lo que se edificará lo bueno y demolerá lo malo para crear el carácter
nacional. (Moreano 2000:3)
La cita de Cecilia Moreano al libro de Graciela Batticuore "El taller de la escritora. Veladas
literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima - Buenos Aires (1876/7-1892) (1999) resalta la
obligación o el deber que se impusieron los escritores en aras de aportar como escritores a la
configuración de una literatura de corte nacional. La literatura no es solo lo bello, sino que también
se alimenta de la herencia cultural y la tradición. Es así que las tres ensayistas Riglos, González y
Cabello, a través de sus reflexiones, sean estas apoyadas en la historia de la literatura, la posición
de la escritora o el valor estético de las letras combinan sus perspectivas para plantearnos la
136
necesidad de abrazar la concepción de la literatura como un signo de identidad nacional y la
construcción de un linaje.
Norma Barúa en su artículo "Mercedes Cabello de Carbonera y la Religión de la
Humanidad: Intercambio epistolar con Juan Enrique Lagarrigue" (2010) sobre la coyuntura
histórica de Latinoamérica nota:
[...] el siglo XIX fue crucial [...] para la consolidación de las tradiciones escriturales que podrían
denominarse nacionales. Este proceso de maduración comprende la evolución de sus escritores
hacia una identificación nacional y un alejamiento de las formas y contenidos importados para
acercarse a fuentes regionales de inspiración, aunque las corrientes de pensamiento seguían
fluyendo más allá de las fronteras continentales. (84)
Pensamos que estas tres autoras son conscientes de su labor como mujeres cultas y versadas. En
efecto, al fundamentar sus propuestas en la historia literaria europea (Riglos), al apuntar Cabello
el estadio infantil de la literatura en el Perú y al exponer González los escollos de la tarea escritural
femenina, las tres ensayistas muestran que la tarea es ardua. No se trata de separar lo nacional de
lo europeo sino de identificar las necesidades nacionales y construir no imitando modelos que
vienen de fuera pero sí aprendiendo de ellos. La historia de la literatura que se traslada desde
Europa sirve para consolidar el imaginario de la nación peruana143.
3.5.4. El leitmotiv en los ensayos de fundamento crítico
Si la 'doctrina' es definida como: la materia o ciencia que se enseña, o el conjunto de ideas,
enseñanzas o principios básicos defendidos por un movimiento religioso, ideológico, político, etc.
(RAE); en los dos ensayos de la escritora Mercedes Cabello "El positivismo moderno" y "La mujer
y la doctrina materialista" su postura es contraria a lo que tanto el positivismo moderno como el
materialismo propugnan.
En el primer ensayo "El positivismo moderno" 144 advierte a su lectoría que épocas de
transición, como las que están viviendo, no son las adecuadas para adoptar nuevas doctrinas sin
conocerlas profundamente. La autora argumenta que no se puede optar por algo que está en
proceso, el hacerlo solo conlleva que las ciencias, las bellas artes y las creencias religiosas sufran
las consecuencias de estas mudanzas: "El positivismo que todo lo reduce al oro, haciendo consistir
la gloria, el saber, la virtud, el poder, la caballerosidad en crearse una fortuna, o como se dice hoy,
una posición a cualquier precio, a cualquier costo; nos invade cada día más y más" (XXV). Según
143
Paulino Fuentes Castro, Rafael Zayas y Pedro Figueroa disertan en la misma época sobre la misma temática.
144
El Correo del Perú 31 de diciembre 1876.
137
Tauzin (1995), Cabello está en desacuerdo con: "[…] la actitud utilitarista del positivismo,
desprovista de ideal. En cambio [...] alaba una postura intermedia que reconozca los progresos
materiales y permita 'elevarse hasta el cielo del ideal'; esta seguirá siendo la perspectiva de la
escritora a lo largo de su vida" (179). Cabello ejerce una crítica feroz a esta doctrina, arguyendo
que solo comprime las inteligencias en pos de una ambición materialista. Nota, por ejemplo, cómo
en la poesía se ha dejado de lado la importancia del sentimiento moral y de lo bello para alabar
solo lo material como la industria, el vapor y la electricidad. Aclara que no se debe de adoptar algo
nuevo como reacción radical opuesta algo antiguo. Para ella, el ideal debe ser siempre el motor del
espíritu del hombre para trabajar en pos del progreso del pueblo.
"La mujer y la doctrina materialista"145 es un ensayo donde la autora analiza tendencias
que intentan civilizar al mundo. Primero se refiere a los postulados de la filosofía alemana que
proclama el materialismo y demuestra que por medio de las ciencias positivas los conceptos de:
"Dios en la naturaleza y el alma en el hombre, son concepciones añejas y superfluas; enfermedades
del cerebro, de las que un hombre pensador y resuelto debe curarse (Francia, Inglaterra y Suiza)"
(81). Luego, repara en los Ultramontanos, de los que nota que a medida que se alejan de los nuevos
progresos que ha hecho la ciencia va debilitándose su antiguo prestigio. Por último, advierte de
otro partido, el indiferentismo, «[...] como bien ha dicho Aime-Martin "El hombre no es hoy ni
creyente ni ateo: es indiferente» (82).
La autora se sirve de estas doctrinas para postular que la forma de detener esta invasión
materialista y su futura difusión es por medio de la iniciación de la mujer en el terreno de las
ciencias. Cabello justifica su propuesta en la bondad y ligereza del carácter femenino que nunca la
convertirán en una persona materialista: "Su imaginación que tiende a idealizarlo todo, y su
corazón que ama instintivamente lo bello, y lo bueno, se lo impedirán" (82). Ensalza aún más la
figura femenina proclamándola como la única que tiene la capacidad de unir la religión y la ciencia,
así como, la fe y la razón. Luego le atribuye el poder de parar el materialismo, como madre,
formando el corazón del niño; como amante, inspirando al joven; y como esposa, sosteniendo al
hombre.
145
El Correo del Perú 18 de marzo 1877.
138
3.5.4.1. Estrategias discursivas en los ensayos de fundamento crítico
Mercedes Cabello mediante los ensayos "El positivismo moderno" y "La mujer y la
doctrina materialista" no muestra su espíritu crítico. En ambos textos se expone sobre las doctrinas
que andan en boga en el mundo y se argumenta sobre el porqué rechazarlas.
"El positivismo moderno" es uno de los ensayos de Cabello que no busca deleitar sino su
finalidad es dejar en claro lo nefasto que resultaría adoptar los postulados de la doctrina positivista,
por eso, a lo largo del ensayo se puede percibir el tono crítico y convincente de la voz que enuncia.
La autora se sirve de la función ideológica para personalizar su escrito y transmitir, por medio del
enunciador, sus justificaciones sobre por qué no adoptar una doctrina como la del positivismo. La
primera premisa es que su sociedad está atravesando por una época de transición. Luego, la
referencia a la ley natural de cómo un niño se convierte en hombre; esa analogía pretende
persuadirnos de que esas mismas leyes convierten a las sociedades en civilizaciones. No obstante,
las ciencias, las bellas artes y la religión son susceptibles a las innovaciones. El tono crítico y
acusador surge en el texto para condenar y advertir todo lo malo que conlleva la doctrina
positivista: "El positivismo que todo lo reduce al oro, haciendo consistir la gloria, el saber, la
virtud, [...] en crearse una fortuna, ó [...] una posición a cualquier precio [...] nos invade cada día
más y más" (xxv). Finalmente, con un tono concluyente, el sujeto de la enunciación valora cómo
de países como China y Japón, a pesar del adelanto de esas naciones, no se puede afirmar que son
naciones civilizadas (xxv).
"La mujer y la doctrina materialista"146, desde el primer párrafo la voz que enuncia
específica de qué se tratará el artículo: "[...] vamos a tratar de investigar la influencia que ciertas
doctrinas, hoy en boga, ejercen sobre la mujer, la posibilidad que en ésta se encuentra de poderlas
combatir, y la impotencia a la que se ve reducida por falta de ilustración" (81). Las premisas giran
en torno a estos tres ejes; es así que primero se analizan las doctrinas: se justifica porque la mujer
es la persona indicada para combatirlas y porque debe de ilustrársele.
3.5.4.2. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento crítico
No sorprende que los dos ensayos bajo este fundamento pertenezcan a Mercedes Cabello
de Carbonera. Su profundo espíritu crítico y la agudeza mental que la caracterizó la despuntan
como una ensayista prolija y además con un brío analítico y cuestionador que la distinguió como
146
Este ensayo tiene la siguiente dedicatoria: "A mi querida amiga Clorinda Matto de Turner" (81).
139
escritora. Tanto en “El positivismo moderno” como en “Meditaciones literarias” la autora hace
gala de estas dotes.
Isabelle Tauzin en su artículo “El positivismo peruano en versión femenina: Mercedes
Cabello de Carbonera y Margarita Práxedes Muñoz” (1996) apunta sobre la concepción que
Cabello muestra sobre el positivismo:
Tratar del positivismo en 1893 no era una novedad para Mercedes Cabello, pues hacía tiempo que
este tema ya le atraía. En 1876 había publicado un artículo titulado ‘El positivismo moderno’, pero,
desconociendo evidentemente la teoría del filósofo francés Augusto Comte […] le daba a la palabra
“positivismo” un significado muy general y peyorativo. (86)
Si bien la apreciación de Tauzin es válida no creemos que la intención de la autora haya sido
desestimar dicha filosofía. Cabello es clara cuando advierte de lo peligroso que se torna adoptar
nuevas doctrinas sin conocerlas profundamente y, en “Meditaciones… anuncia que tratará de
investigar sobre la influencia de ciertas doctrinas para prevenir a las mujeres y ayudarlas a
combatirlas.
Ahora bien, si reparamos en el hecho que la autora escribe el ensayo en 1876, y que las
ideas positivistas fueron adoptadas casi una década después, se tendría que considerar este escrito
como uno de los pioneros sobre el tema. Sería entonces lógico y entendible que esta haya sido la
razón de que Cabello haya tratado solo una de las propuestas de la doctrina positivista147. Sabemos,
como bien lo ha apuntado Tauzin, que Cabello reflexionará, muchos años más tarde, sobre la
doctrina comteana: “Así una vez superada la primera interpretación equivocada, Cabello escribe
La Religión de la Humanidad” (1893) (81)148. Aunque esta carta/libro se publica diecisiete años
después del ensayo acá tratado citamos algunas de las ideas principales de esta con el objetivo de
mostrar cómo la autora continúa analizando y cuestionando en pro del bienestar social.
Del artículo de Norma Barúa “Mercedes Cabello de Carbonera y La Religión de la
Humanidad: Intercambio epistolar con Juan Enrique Lagarrigue” se resumen las ideas de la autora:
147
Pablo Quintanilla en “La recepción del positivismo en Latinoamérica’ nota: Perú y Bolivia perdieron la Guerra con
Chile […] Perú sufrió una ocupación traumática que obligó a sus intelectuales a plantearse con mayor radicalidad la
pregunta por su identidad. Este es el momento donde surge la primera generación de positivistas peruanos: en el ámbito
académico universitario, Javier Prado Ugarteche (1871-1921), Jorge Polar Vargas (1856-1932), Mariano H. Cornejo
(1866-1942) y Manuel Vicente Villarán (1873-1918), mientras que en la vida política externa a la universidad, Manuel
González Prada (1948-1918) (12).
148
A este ensayo le da la forma de respuesta a uno de los más conspicuos representantes del positivismo en
América, el chileno Juan Enrique Lagarrigue, pues lo edita como una carta abierta y luego en forma de libro de la
editorial Torres Aguirre (Tauzin 1996: 81). Las cartas publicadas que se divulgaron entre 1892 y 1893, son los
manifiestos ideológicos en los que ambos corresponsales exponen sus posiciones sobre los preceptos positivistas y,
especialmente, sobre la situación de la mujer en los esquemas sociales que dichos principios proponen (Barúa 83).
140
Era una doctrina basada, según Cabello en la claudicación de los derechos individuales a favor del
cuerpo social, una utópica «Humanidad» […] Cabello argumenta que el nuevo orden positivista
acabaría con las guerras, el hambre, la pobreza. Sin embargo, ella misma reconoce que su difusión
era una obra idealista [...] La agenda positivista de Cabello incluía un gobierno liderado por una
aristocracia ilustrada, en el que las mujeres también gozaban de voz cívica. Al mismo tiempo, la
escritora abogaba por la liberación femenina a través de la educación y su derecho al trabajo
económicamente remunerado. Como corolario, la sociedad entera se beneficiaría de paz, bonanza
económica y serenidad espiritual a través de la Religión de la Humanidad. (94, 101)
[…]. [D]esde el Maestro, hasta el más humilde positivista de nuestros días, todos se hallan acordes
en reconocerle a la mujer, la misión redentora, beatificante e inspiradora de las buenas acciones del
hombre […] ¡El positivismo le veda a la mujer todas las carreras profesionales y todos los medios
de trabajar para ganar por sí misma la subsistencia! Y es aquí donde esa doctrina ha incurrido en
gravísimo error […] (apud Barúa 96)
Ambos ensayos muestran no solo el espíritu crítico de esta pensadora sino como lo ha apuntado
Barúa: “[…] un extenso bagaje cultural que solo se adquiere a través de la lectura disciplinada y
del estudio riguroso” (100).
3.6. La prensa limeña, las Veladas literarias de Juana Manuela y la primera red de ensayistas
del Perú decimonónico
En el apartado 3.3. planteábamos que además del análisis aislado de cada ensayo es
necesario un análisis colectivo de los mismos. Además de mostrar las dinámicas sociales que
llevan a esta relación, a través de los gráficos que se presentan en este apartado, se fundamentará
primero, cómo las tres revistas perpetúan los trazos iniciales de una red de escritos hechos por
mujeres en la prensa limeña que se extenderá a lo largo de toda la década; y en segundo lugar cómo
los leitmotivs elegidos por las escritoras revelan un ideario colectivo que se consolidó en las
Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti.
Críticas como Francesca Denegri (1992) 149 y Maritza Villavicencio (1992) han consagrado
a este conjunto de escritoras como la Primera generación de mujeres ilustradas y también como
la Generación del 70 respectivamente. Estos pioneros estudios no solo han contribuido a visibilizar
la autoría de estas escritoras sino han erigido también los primeros planteamientos de un estudio
colectivo sobre estas. Aunque el universo de nuestras autoras está limitado solo a las que cultivaron
el ensayo y ––en este apartado–– únicamente a las que publicaron en la década de los setenta,
coincidimos con Álvaro Fernández y Claudio Maíz quienes notan el artículo “Los sistemas de
149
Ver nota # 8 de esta tesis.
141
religación en la literatura” (2009) en que es importante centrarse en los momentos puntuales en
que las redes alcanzan su más alto funcionamiento. Pensamos y nos reafirmamos en la idea de que
la década de los setenta es el período del Perú decimonónico que define a estas escritoras y los
años en los que hay que detenerse, y de los que hay que partir, para analizar no solo la producción
ensayística de esa generación de escritoras que formaron parte de un fenómeno cultural que
alcanzó la cúspide, sino también para concebirlas como la primera red de ensayistas del Perú
decimonónico que más tarde se propagará, a través de sus escritos y corresponsalías, a nivel
continental y transnacional150.
Ahora bien, dos agrupaciones culturales de la época fueron el Club Literario de Lima
(1872) y las Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti (1876-1877) que coexistieron paralelas a
las revistas El Álbum, La Alborada y El Correo del Perú.
Cecilia Moreano en "La literatura heredada: configuración del canon peruano de la segunda
mitad del siglo XIX" ofrece un excelente estudio a partir de las propuestas de las asociaciones o
academias. Sobre el Club Literario de Lima nota:
Desde su creación, en 1872, [...] (que incluía entre sus miembros a escritores como Ricardo Palma,
Manuel González Prada, Luis Márquez, Luis Benjamín Cisneros, Eugenio Larraburre y Unanue,
Numa Pompilio Llona, entre otros) se propuso la elaboración de la historia nacional; para lograrlo,
su estrategia fue, en primer lugar, recuperar y conservar los documentos históricos y literarios del
pasado, ya que solo a partir de dichas fuentes podría elaborarse la historia [...]. (8)
De los escritores citados por Moreano, Numa Pompilio Llona, por ejemplo, cofundará, años más
tarde, en 1875, La Alborada con Juana Manuela Gorriti y Ricardo Palma será un asiduo
participante de las Veladas Literarias de Juana Manuela. Cabe señalar que si bien en el Club
Literario de Lima la membresía estaba reservada para los escritores nacionales, esto no impidió
que se invitará primero, a Juana Manuela Gorriti a disertar el 13 de diciembre de 1874 y que el 14
de julio de 1875 hubiera una segunda escritora invitada, la tacneña, Carolina Freyre de Jaimes 151.
Sin embargo, si se repasan los objetivos de dicha institución, se puede inferir que estas deferencias
150
Tauzin en su artículo “La narrativa femenina en el Perú antes de la Guerra del Pacífico” (1995) hace referencia al
cosmopolitismo de algunas de estas escritoras peruanas, ya sea por medio de los lazos extranjeros europeos que
tuvieron escritoras como Cabello de Carbonera y Matto de Turner; norteamericanos como los de González de Fanning
o suramericanos como los de Freyre de Jaimes" (170).
151
Tauzin en “La narrativa… nota que: "En 1876 la Baronesa de Wilson, de paso por Lima, recibió los honores de la
nueva entidad limeña y ensalzó a su compatriota, la poetisa romántica Carolina Coronado (1823-1911) [...]" (173-
174).
142
fueron solo una apertura cortés a las escritoras, dado que, el plan de dicho club no las consideraba:
"el bibliófilo es quien rebusca, escoge y prepara los materiales: el historiador es el arquitecto que,
en vista de los elementos que se le ofrecen, traza [...] el plan del edificio y dirige su construcción.
El poeta, [...] viene después a adornar y rematar la obra" (Moreano 8).
Isabelle Tauzin en su artículo "La narrativa ..." señala también a quién apuntaba esta
institución:
[…] aquella entidad gozó del apoyo de las autoridades políticas, entre otras el general Prado
y Manuel Pardo, quien la ayudó con sus dietas a forma de mesada. Presidido por Simeón
Tejeda, ministro de Prado, y luego por Francisco García Calderón, futuro presidente de la
República, el Club Literario estaba dividido en secciones, cuya meta era alentar las artes y
las ciencias. La sección literaria contaba con treinta y dos miembros de número, por su
puesto sólo hombres, que prometían dedicarse al 'análisis constante de las obras de los
autores clásicos'. En aquel ámbito tan lejano de las novedades como cercano al poder,
difícil era admitir mujeres. Por lo mismo va a ser muy significativo anotar sus lentos
avances en el mundillo de las letras. (173)
No debe entonces asombrarnos que estas dos distinguidas escritoras irrumpan en la prensa
nacional con la primera revista liderada por mujeres y para mujeres y que ambas sean también las
primeras colaboradoras de El Correo del Perú. El trabajo conjunto en las revistas literarias
lideradas por Carolina Freyre y Juana Manuela Gorriti forjó un grupo singular de escritoras que se
fue consolidando a lo largo de los años en que estas publicaron en las diferentes revistas de prensa.
Creemos que no fue pura coincidencia que El Álbum fuera fundado por Gorriti y Freyre, que La
Alborada tuviera también a Gorriti como fundadora y que en El Correo del Perú, la primera
ensayista en publicar en 1871 fuera Carolina Freyre. Estas dos escritoras se desempeñaron como
143
promotoras directas de este grupo de escritoras y aunque Freyre no fue contemporánea de Gorriti,
su legado familiar en la dirección y edición de diarios ejercidos tanto por su padre como por su
marido, contribuyó a que la escritora tacneña fundara y dirigiera revistas literarias a muy temprana
edad.
El Gráfico # 5: "Las ensayistas en las revistas de los setenta" reafirma la presencia de las
escritoras en las tres revistas aquí trabajadas. Juana Laso y Mercedes Cabello publicaran en las
tres, mientras Rosa Riglos, Teresa González y Juana Amézaga en dos de ellas y Freyre solo
publicara en El Correo del Perú. De los veintidós ensayos publicados, cinco fueron publicados en
El Álbum, cinco en La Alborada, y doce en El Correo del Perú. Se puede deducir que la tarea que
inician Freyre y Gorriti en El Álbum surge con ímpetu y perdura a lo largo de la década, a pesar de
que Gorriti se separa de la revista. Ni siquiera la desavenencia que hubo entre ellas impidió que
las escritoras siguieran publicando hasta 1877. Esa continuidad se aprecia en los meses
consecutivos en que publican en El Álbum (desde mayo 1874 hasta enero 1875), en La Alborada
(desde enero a octubre de 1875) y en El Correo del Perú (desde 1871 hasta 1877)152.
152
Tabla del gráfico 5: Publicaciones en la prensa agrupadas por revistas. Perspectiva de prensa (solo las revistas de
los setenta), Apéndice I: 236.
144
Por otro lado, retomando la mención que hiciéramos sobre las agrupaciones en el entorno
cultural limeño de mediados de la década de los setenta, un círculo intelectual alternativo al Club
Literario de Lima que sí promovió la interacción de las escritoras peruanas fue el de las Veladas
literarias de Juana Manuela Gorriti: “La peculiaridad de las veladas fue que, además de seguir
siendo promovidas por mujeres, en está ocasión las invitadas tuvieron tanto o más importancia que
los invitados […] hablaron en primera persona y su voz se individualizó” (Villavicencio 111). De
este grupo de ensayistas que publicaron en los setenta; Juana Laso, Rosa Riglos, Teresa González,
Mercedes Cabello y Carolina Freyre participaron o colaboraron en las Veladas Literarias de
Gorriti. La única que no participó en ellas fue Juana Rosa de Amézaga. Si bien no incluimos a
Juana Manuela Gorriti en la lista de las ensayistas de este estudio, su nombre y sus huellas son
imborrables e inseparables del grupo de escritoras aquí abordadas. Villavicencio nota sobre el
salón de Gorriti:
En el año 1876 en la ciudad de Lima se inauguraron las Veladas Literarias. Este acontecimiento
cultural fue la expresión pública del avance logrado por una generación de mujeres intelectuales.
Las veladas constituyeron un momento culminante cuyo antecedente se encuentra en la historia
personal y generacional de dichas escritoras. (7)
145
La crítica argentina Graciela Batticuore en El taller de la escritora. Veladas literarias de
Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (1876/7-1892) sobre las autoras peruanas en las
Veladas Literarias ha afirmado: "[...] es interesante la confrontación con las mujeres escritoras del
’70 que no operan en política pero sí reflexionan sobre el tipo de intervención que deben tener en
la esfera pública. A través del ensayo las escritoras se convierten en sujetos (y no sólo objeto) del
debate ideológico y político" (36).
Pensamos, pues, que esa constante interacción que se dio entre la prensa y las veladas
ofreció para las ensayistas peruanas dos elementos fundamentales: el primero; la prensa, que se
encargó directa o indirectamente de su formación, su organización y su exposición pública como
ensayistas; y el segundo; las veladas, que les permitieron exhibirse en el ambiente social y cultural
de la Lima decimonónica. Ambos elementos se complementaron y tuvieron como directoras a
Juana Manuela Gorriti y/o Carolina Freyre, o como fundadora, en el caso de las veladas, a Gorriti.
Ahora bien, esta comunidad se extiende a los temas que abordaron las ensayistas, tanto
individual como colectivamente. Así lo demuestra nuestro Gráfico # 6: "Temáticas por autora"153.
153
Tabla del gráfico 6: Clasificación temática por autora (década del setenta), Apéndice I: 238.
146
Las autoras que trabajaron en sus ensayos el fundamento moralista fueron; Juana Laso, Teresa
González, Carolina Freyre y Juana Rosa de Amézaga, las que tocaron el fundamento reformista
fueron; Rosa Riglos, Teresa González, Mercedes Cabello y Carolina Freyre. Las autoras que
reflexionaron sobre el fundamento literario fueron; Rosa Riglos, Teresa González y Mercedes
Cabello y por último, la única escritora que trabajó el fundamento crítico fue Mercedes Cabello.
Pura Fernández en No hay nación para este sexo. La Re(d)pública transatlántica de las
Letras: escritoras españolas y latinoamericanas (1824-1936) (2015) nota:
[...] las preguntas en torno a cómo las escritoras redefinieron sus posiciones periféricas (socio-
culturalmente, bio-políticamente) desde la colaboración en red con otros actores culturales; a cómo
la experiencia personal de la exclusión y la falta de legitimidad estimuló un proceso de cooperación
desde las afinidades de género, de parentesco, de amistad, o de identidad ideológica, más que
resolverse originan otras incorporadas de inmediato a nuestros objetivos de reflexión colectiva en
torno a la visibilidad y normalización de la presencia de la mujer en el escenario literario y su
transformación en una categoría crítica y analítica por sus contemporáneos. (14-15)
154
Del artículo "Desencuentros de la sororidad republicana en el Perú de fin de siglo (2005).
147
algunos de mis argumentos para mostrar por qué se debe concebir a las seis escritoras de esta
década como la primera red de ensayistas del Perú decimonónico 155.
En cuanto a la prensa y las veladas como elementos determinantes de esta generación de
escritoras, es importante poner énfasis en que las tres revistas de los setenta aparecieron antes de
que Gorriti inaugurara sus Veladas literarias. Por ende, aunque las reuniones en casa de Gorriti sí
consolidaron a este grupo de escritoras, se puede afirmar que la acogida que les brindó la prensa
desde 1871 hasta 1877 dio inicio a esta red de ensayistas. Además, la continuidad en la aparición
de los ensayos que se dio en las tres revistas y el aspecto complementario que significó la aparición
de las veladas como asociación cultural a mediados de 1876, contribuyó a que estas escritoras,
cuyos nombres ya se conocían en la prensa limeña, se reafirmen como tales, a nivel individual y
también colectivo.
Si consideramos los primeros ensayos que se publicaron en El Álbum, con la excepción del
ensayo "Al bello sexo" de Carolina Freyre publicado en El Correo del Perú en 1871, llama la
atención que las cuatro generaciones de nuestras ensayistas estén representadas: Juana Laso, Rosa
Riglos, Mercedes Cabello y Rosa de Amézaga. Valdría entonces preguntarnos: ¿Cómo estas cuatro
escritoras, pertenecientes a diferentes generaciones, coincidieron en la revista El Álbum? En mayo
de 1874, Freyre y Gorriti invitan a estas cuatro escritoras a colaborar en su revista. Si bien no existe
un texto previo donde se pueda desentrañar –– según las mismas autoras–– si estas se conocían de
antes o se frecuentaban en otros ambientes, lo que sí se puede afirmar es que tanto Juana Manuela
Gorriti como Carolina Freyre publican en La Bella Limeña entre los meses de abril y mayo de
1872. El artículo de Mercedes Cabello "Linterna májica" aparece en el número del 14 de abril del
mismo año, pero está firmado solo con las iniciales de la autora: M.C. La publicación del 12 de
mayo enumera a los "Colaboradores" de la revista, pero no incluyen el nombre de Mercedes
Cabello. Aunque no dispongamos de pruebas materiales para afirmar cómo surgió la amistad entre
las escritoras de este apartado con Gorriti y Freyre, sí coincidimos con María Camboni, quien en
Networking Women: Subjects, Places, Links Europe-America nota que es importante el
desentrañar lo que se ha desvanecido del texto –esto es, las virtudes, los contactos personales, los
afectos y las emociones (2004: 5). El que no dispongamos de un texto físico, no nos prohíbe sugerir
una hipótesis para deducir, por ejemplo, qué relaciones filiales fueron entretejiéndose. Si nos
155
De mi artículo "De pizarras y pupitres a borrones y bosquejos. El rol de las veladas literarias en la escritura
femenina peruana del siglo XIX" (2012).
148
detenemos en los números extraordinarios de El Correo del Perú (Prima publicado el 31 de
diciembre), la presencia de los escritos de estas autoras es notable, el único nombre que no aparece
es el de Rosa Riglos. De los números a los que hemos tenido acceso (1873, 1874 y 1876) emergen
los nombres de Gorriti y Freyre en 1873; en 1874, aparte de Gorriti y Freyre, colaboran también
Amézaga, Laso y Cabello; y en 1876 aparecen los nombres de Gorriti, Laso y Cabello bajo la
categoría de Señoras y Amézaga y María de la Luz (González) bajo Señoritas. Retomando el
concepto de Claudio Maíz y Álvaro Fernández sobre redes de praesentia o absentia, se puede
deducir que nuestras escritoras antes de las Veladas (desde 1871 hasta 1876) fueron parte de una
red en absentia y después de las Veladas esa red se materializó como una red en praesentia.
Además, se puede también inferir que esta red absentia es a nuestros ojos, porque carecemos de
datos. Pero sobre todo que esa absentia es a ojos públicos, es decir, pudieron formar una red de
conocimiento personal, que no tuvo manifestaciones públicas.
Ahora bien, gracias a la publicación del libro de las Veladas literarias de Lima156 sí es
posible, como nota Camboni, indagar si existió o no la parte afectiva y emocional entre estas
autoras. Tal como concluí en mi estudio "Del salón finisecular y las Veladas Literarias de Juana
Manuela Gorriti al salón virtual. Escritoras Latinoamericanas del Diecinueve (ELADD)"
publicado en el libro de Pura Fernández (2015), Gorriti, desde una posición jerárquica más elevada,
hace usufructo de la admiración y el respeto que le expresan sus discípulas peruanas para
inspirarlas, organizarlas y consolidarlas en lo que se puede considerar el inicio de las letras
femeninas peruanas. En efecto, las Veladas consolidan este grupo, lo cohesionan y posiblemente
proporcionan una conciencia de identidad común, no obstante, la parte formativa a la que nos
referíamos antes, pensamos que se dio en las revistas de prensa, donde Gorriti acompañada de
Freyre, fueron las dos mujeres responsables de promover a estas escritoras. Volviendo a las
veladas, el ensayo de Alejandro Cerdeña “Las veladas literarias” reafirma la importancia
transhistórica del salón de Gorriti:
Pero faltaba en el seno de nuestra sociedad un círculo literario donde la mujer, ser privilegiado por
la naturaleza, hallara abierto el campo de sus aspiraciones a ilustrar su entendimiento por medio
del estudio de las ciencias y de la literatura. Faltaba ese centro de magnífica luz, a la vez que
desprovisto de las ceremonias de una academia, en que las hijas encantadoras del Rímac, acudiesen
156
Las Veladas Literarias como reuniones intelectuales se desarrollaron entre los años 1876-1877. Años más tarde,
Julio Sandoval, el hijo de Gorriti, recopiló lo que aconteció en dichas reuniones y publicó en Argentina el libro Las
veladas literarias de Lima, en 1892.
149
con el precioso contingente de sus labores literarias, a enriquecer la corona cívica de la patria,
encaminada por sus verdaderos hijos en la senda del progreso157. (234-235)
Cerdeña por medio de esta reflexión pone en perspectiva puntos importantes que coinciden con el
propósito de las veladas y el pensamiento de Gorriti con respecto al rol de la mujer decimonónica:
primero, el rol trascendental de la mujer latinoamericana como agente activo en la formación de
sus naciones; segundo, la aceptación por parte del género masculino de que la mujer cultivará el
arte y las letras dejando de lado las jerarquías patriarcales; y tercero, aludiendo a través de la
metáfora “las hijas encantadoras del Rímac” directamente al papel de la mujer peruana en
particular, que constituye el sujeto individual y colectivo, que más se beneficia de estas veladas
literarias limeñas y que recibe esa herencia intelectual de su madre literaria Juana Manuela
Gorriti158.
Por otro lado, críticos como Leona Martín han destacado que cada sesión de las Veladas
era un programa estructurado con gran cuidado y cierta rigidez (1997: 223). Gorriti después de
hilvanar e iniciar esta red de escritoras utilizará el programa como el instrumento que le permitirá
consolidarla. Esta mostrará su devoción por la docencia y la escritura, pero también su labor como
madre literaria de una generación de mujeres con una misma identidad americanista y con una
temática común: el debate sobre la problemática femenina. Primero, Gorriti las invita a ser parte
de la noche literaria y les pide que escriban sobre un tema específico. Luego, las integra como
generación haciendo que las escritoras reflexionen sobre las mismas preocupaciones, incentivando
en ellas una misma identidad literaria y escritural. Las escritoras invitadas responden al pedido de
Gorriti a través de un ensayo, el cual, por lo general, se torna el acontecimiento central de la noche.
Las Veladas brindan a las escritoras ese espacio para ensayar y dialogar sobre temas y
estrategias genuinamente femeninas. Leona Martin, en su artículo “Las veladas literarias de Juana
Manuela Gorriti: un momento dorado del feminismo hispanoamericano latinoamericano”, señala:
“Las veladas ofrecían un semillero muy fértil para el cultivo de la expresión literaria femenina.
[…]. El tema de mayor envergadura, que siempre estaba en primer plano, era la cuestión de la
mujer: su papel en la sociedad, su educación, y el futuro que la esperaba” (1997: 224). Gorriti
organiza sus programas con esas inquietudes intelectuales que tiene como mujer y escritora, que a
157
Cabe apuntar que si bien el ensayo “Las Veladas Literarias” fue escrito por Cerdeña no fue leído por éste sino por
J.F. Sandoval, el hijo de Gorriti y es él quien en 1892 recopilaría las veladas y las dejaría listas para publicación bajo
el título de Veladas Literarias en Lima.
158
He desarrollado este tema en un artículo previo publicado en Escritoras del Siglo XIX en América Latina (2012)
http://webserver.rcp.net.pe/cemhal/publicaciones7.html.
150
su vez transmite a sus congéneres y que, más tarde, serán el leitmotiv de la escritura de muchas de
ellas. Mirian Pino (2000: 133), en su estudio sobre el aporte del escritor uruguayo Carlos Martínez
Moreno (1917-1986) a la cultura continental, ofrece una interesante definición sobre las redes de
poder y las define como un conjunto de personas con inquietudes intelectuales y con propósitos
comunes que se reúnen en aras de un trabajo intelectual profundo y profuso. Tal como sucedió en
las Veladas y en las revistas de esta década, todas las escritoras que participaron con un escrito se
unieron por propósitos comunes. Esta coincidencia de intereses y temáticas se podría tildar como
un pacto femenino escritural. Más aún, pensamos que las ensayistas encontraron continuidad en
las veladas y esta les permitió robustecer la primera red de ensayistas del Perú decimonónico. No
solo fue un trabajo armonioso y complementario entre una y otra revista, sino que además las
veladas promovieron la asiduidad entre las escritoras y consolidaron el trabajo iniciado por Freyre
y Gorriti en El Álbum.
151
Capítulo 4
Hacia la consolidación de la ensayística femenina
4.1. Entre décadas (1877-1887)
En el último lustro de la década, específicamente desde 1887, emergen ensayos de
escritoras como: Margarita Práxedes, Clorinda Matto, María Nieves y Bustamante y Amalia Puga
y se consolidan los nombres de escritoras como: Mercedes Cabello y Juana Rosa de Amézaga 159.
Cabría entonces preguntarnos ¿Cómo se da la transición entre ambas décadas y qué
acontecimientos determinan el accionar de las ensayistas en la década de los ochenta?
Si el inicio de las reformas educativas, el ingreso de las ideas positivistas, la falsa bonanza
económica, la proliferación de diarios y revistas y el funcionamiento de agrupaciones literarias
fueron acontecimientos sociales, ideológicos, políticos, económicos y culturales que marcaron la
década de los setenta y dieron cierta estabilidad a la nación, y en particular, a las escritoras que
hemos aludido en el capítulo anterior, los inicios de la década de la ochenta trajeron el caos
político, la crisis económica, la debacle cultural del país, y por ende, afectaron directamente a las
escritoras, principalmente, de la Generación de 1852-1866 como: Matto, Amézaga, Nieves y
Bustamante y Puga.
Alberto Varillas en La literatura peruana resalta esta transición:
La experiencia generacional del grupo nacido entre 1837 y 1851 fue, ciertamente, haber vivido la
guerra de 1879 a 1884. [...] El trámite hacia los quince años siguientes se iniciaba de la manera más
penosa posible [...] los propios actores del drama de la post-guerra son perfectamente conscientes
de la situación. (255)160
En cuanto a los años previos a la guerra Varillas apunta a que el desarrollo cultural peruano estaba
centrado en la ciudad de Lima. Asimismo, destaca los elementos que cohesionaron la labor de los
escritores como: "[...] la labor compartida de redacción de diarios y revistas, la existencia de
agrupaciones literarias [...], las veladas literarias y la relación personal. Así es posible apreciar que
en Lima había no solo manifestaciones literarias aisladas, sino un 'ambiente' literario mucho más
amplio" (262-263). Asimismo, sobre este auge cultural del que se vieron favorecidas las escritoras
159
También incluimos ensayos de los dos primeros años de la década del noventa.
160
"Nuestra riqueza, nuestro poderío, nuestro régimen legal, la integridad de nuestro territorio y hasta nuestra honra,
todo ha sucumbido bajo el paso de los desastres que ha originado esta lucha funesta" (apud Varillas 255). Dichas
palabras fueron expresadas por el Presidente de la Asamblea Constituyente, don Antonio Arenas el 1 de marzo de
1884 y publicadas en el diario El Comercio.
152
en los años setenta, Isabelle Tauzin-Castellanos en "La narrativa femenina en el Perú antes de la
Guerra del Pacífico"(1995) nota:
Fue el momento en el que el Perú había llegado a cierta estabilidad política y todavía gozaba de
una engañadora prosperidad gracias a la explotación del guano y a la extensión de los cultivos de
algodón y caña de azúcar. [...] Los escritores habían aprovechado los puestos creados en la
administración pública. [...] Otro factor importante fue la expansión de la prensa. Habían nacido
muchos periódicos. [...] Así antes de la guerra se había constituido un público de lectores bastante
amplio [...]. (171)
Ahora bien, este auge cultural y literario del que gozaron las ensayistas de la década del
setenta desaparecerá con el estallido de la Guerra del Pacífico 161. Si la guerra fue como lo ha
anotado Varillas un "elemento distractor" para la Generación de 1837-1851, para la Generación de
1852-1866 será un elemento determinante/desencadenante.
Para analizar el fenómeno de la guerra como elemento determinante/desencadenante en la
vida de las escritoras, primero reparamos en las incidencias en el ámbito de la cultura y la prensa;
luego, se exponen las incidencias literarias y escriturales que la guerra tuvo en las ensayistas que
publicaron a finales de los ochenta y principios de los noventa; y por último, se señalan las
incidencias familiares, es decir, cómo este nefasto acontecimiento histórico afectó a cada una de
las escritoras de nuestro estudio.
4.2. La guerra vista como elemento desencadenante en los ochenta
4.2.1. Incidencias culturales/literarias
Retomando el estudio de Alberto Varillas, nos interesa reiterar la idea de la interacción que
hubo entre las escritoras de la década del setenta, sea por medio de las revistas en que publicaron
o por medio de las reuniones literarias en las que participaron; nuestro objetivo es contrastar dicha
interacción con el fenómeno que postulamos como disgregación, el cual afectó a las escritoras en
la década de los ochenta.
Un primer aspecto que promovió la interacción de las escritoras fue la aparición de revistas
y periódicos femeninos que proliferaron en los setenta, en contraste, a la existencia de un solo
161
El resultado de la guerra de 1879 se define en algo más de un año (ocupación del puerto boliviano de Antofagasta,
14 de febrero; declaración de guerra, 5 de abril; combate de Angamos y fin de la campaña marítima, 8 de octubre de
1879; batalla de Arica, 8 de junio 1880); se toma conciencia del riesgo que se cernía sobre Lima (bombardeos del
Callao de 23 de abril, 10 de mayo, 30 y 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre, y de Chorrillos de 22 de setiembre de
1880); llegan los informes de cómo la expedición Lynch depredaba el norte del país (setiembre y octubre de 1880) y
de los desembarcos enemigos en Pisco, Chilca y Lurín (noviembre y diciembre de 1880). La ocupación de Lima cubre
desde el 17 de enero de 1881 al 22 de octubre de 1883; Arequipa padece una fugaz ocupación entre el 27 de octubre
y el 21 de diciembre de 1883; los tratados de Ancón son ratificados el 10 de marzo de 1884; Lynch se retira de
Chorrillos en abril del mismo año (Varillas 254-255).
153
diario, el del oficialismo ––La Patria–– y el de una sola autora en esta tribuna. Se transiciona así
de varios diarios y revistas a uno solo en los ochenta; y de un abánico de nombres a los que estaba
acostumbrada la lectoría limeña a una sola voz femenina, la de Carolina Freyre que para el diario
La Patria se desempeñará como reportera de guerra.
Se trataba de que los escritores concibiesen y difundieran premisas de unidad política y social
orientados a la consecución de un fin común apelando a un pasado compartido. [...] En este contexto
se introduce la escritora tacneña Carolina Freyre de Jaimes en el año previo a la Ocupación de
Lima:1880. El diario La Patria, fue portavoz del pierolismo ante la opinión pública nacional e
internacional. Desde esta tribuna Carolina Freyre en su columna sabatina la “Revista de Lima”, se
dirigió especialmente a su lectoría femenina con una retórica patriótica, nacionalista y
conservadora, como un caudillo arengando a su contingente ante la inminente batalla en defensa de
la capital. [...] En clave maternal, recurrió a la provocación emocional de la naturaleza femenina
para que defendiese a su familia y a la patria invocando victorias pasadas. Con su retórica prometió
el éxito de los soldados peruanos, alimentó ansias de venganza, y aseguró que los atributos de la
pequeña fuerza nacional eran suficientemente poderosas para enfrentar la superioridad del
enemigo. (Escala 4)162
Por otro lado, otro elemento que favoreció a la apertura de diferentes revistas y diarios en
los setenta fue el respeto a la libertad de prensa en contraste al cierre de estos medios transmisores
de cultura que se practicó en los ochenta:
Uno de los excesos de Piérola involucra a los directores de los diarios. Según el Estatuto Provisorio
sancionado por su gobierno el 27 de diciembre de 1879 que amparaba el ejercicio de libertad de
expresión en el séptimo punto, exigía que todos los artículos publicados, incluso los editoriales,
que tradicionalmente reflejaban la opinión del diario, debieran ser suscritos por sus autores. La
disposición fue controversial, no pasó un día de su publicación y apenas inaugurado el gobierno
pierolista, cuando los directores de los diarios de Lima, entre simpatizantes, oficialistas y
opositores, fueron detenidos por desacato a la orden el 28 de diciembre y enviados a la prisión de
Guadalupe. (Escala 80-81)163
162
El ingreso de Carolina Freyre en el espacio público como escritora, se explicaría por el impulso inicial suministrado
por el soporte de su esposo, el escritor y político Julio Lucas Jaimes y sus relaciones de grandes amigos al poner en
funcionamiento la dinámica relacional "padrino-ahijado/cliente". Este tipo de "amistad" de dispar condición, el
padrino poderoso y el ahijado se unen por un fuerte lazo activado por el intercambio de servicios. En este caso, Julio
Lucas es el "hilo conductor" en la maraña de poder cuando atiende confrontaciones políticas, entre anticivilismo y
propierolismo del que también fue parte. Al hacer uso de sus relaciones encontró respaldo que alcanzó a la propia
Carolina Freyre en el medio político a través del diario La Patria. (Escala 55). Aunque la conclusión a la que llega
Escala es válida no debemos olvidar que Carolina Freyre se inició en la prensa gracias a su padre, el reconocido
periodista tacneño Andrés Freyre Fernández.
163
"[...] Sin más, fueron detenidos los civilistas Chacaltana (El Nacional), Aramburú (Opinión Nacional), Tovar (La
Sociedad), Miro Quesada y Luis Carranza (El Comercio), Zegers (La Tribuna), Villena (El Independiente); no escapó
del Solar del gobiernista La Patria" (apud Escala nota # 288). Por otro lado, Alberto Varillas en su artículo "Diarios
y revistas y la Ocupación de Lima" (1979) nota sobre el cierre paulatino de los diarios limeños: Lentamente, a La
Tribuna, que había suspendido su aparición el 16 de agosto de 1879 y, a El Comercio, clausurado el 20 de enero de
1880, siguieron La Sociedad, que se publicó hasta junio del mismo año, y por último La Patria, El Nacional, La
Opinión Nacional y El Peruano, que desaparecieron en las semanas anteriores a la ocupación de Lima y fueron,
durante breves días, reemplazados por distintos boletines oficiales del ejército que comandaba Piérola (110).
154
Asimismo, otro factor nocivo que afectó a la prensa nacional fue el tema desinformación
que sufrió la población peruana. La información que circulaba en Lima en los primeros años de
guerra se manipuló de acuerdo a los intereses chilenos.
Basadre cuando se ocupa del ambiente de Lima invadida, refiere que además de los periódicos
chilenos como La Actualidad publicado desde la imprenta de El Peruano, '[h]ubo otros periódicos
durante la época de la Ocupación chilena: La Patria. Diario de la mañana y El Comercio. Los
nombres de la prensa más representativa de la capital se re-asignaron a los medios informativos
que los chilenos establecieron en Lima, pretendiendo crear un clima de normal desarrollo de las
actividades en ese contexto. Es innegable que, sin imprenta y sin peruanos que la manejen La Patria
original no pudo seguir operando [...]. (Escala 61)
Pero la manipulación de la noticia se ejerció también desde el diario La Patria, acorde con
lo que el gobierno oficialista de Piérola quería que llegase a la población peruana y con el fin de
ejercer control sobre el pánico y el nerviosismo que se vivía en la ciudad:
El estado de guerra que vivía el país, requería mantener en calma a la población, dentro de lo
posible. En este sentido, se hizo necesario crear un clima emocional adecuado en el que cada una
de las personas se convierta en retro-transmisora y reguladora social. De cara a este propósito,
Piérola pondría en ejecución una estrategia en la que los medios de información debieran cumplir
su función cívica a través del manejo de la atmósfera emocional con el fin de evitar el incremento
del nerviosismo existente en la población. De tal manera que las noticias debían publicarse
condicionadas, cual paliativo, de lo que realmente sucedía en el campo de batalla, debiendo el
común de las personas elaborar su propia opinión con la información que les era alcanzada. Se
trataba de ganar tiempo, mantener a la población en calma, ocupada, y en cierto modo
desinformada. (Escala 73-74)
La prensa que en la década de los setenta había servido como medio de desarrollo cultural se
convirtió en un instrumento controlado por el interés político de los invasores y del propio gobierno
peruano. Un segundo aspecto que nos permite contrastar la interacción frente a la disgregación de
las autoras en las décadas en las que les tocó vivir es el referente a las organizaciones literarias.
En cuanto a la importancia de los clubes literarios y las veladas en los setenta, aunque
hemos tratado este tema en el Capítulo 3 de este estudio, destacamos una vez más la trascendencia
que la prensa nacional le dio a las Veladas de Juana Manuela Gorriti: “[…]. El miércoles próximo
darán lectura á algunos trabajos las conocidas escritoras: Mercedes Cabello de Carbonera, Manuela
Villarán de Plascencia y la señora Laso de Eléspuru” (El Nacional, 54). Por otro lado, como bien
ha notado Cecilia Moreano la labor que tuvo El Club Literario de Lima desde su creación en 1872
apuntaló al clima intelectual de esa década: "[...] se propuso la elaboración de la historia nacional;
para lograrlo, su estrategia fue, en primer lugar, recuperar y conservar los documentos históricos
y literarios del pasado [...] el escritor desempeña un rol fundamental en la figuración de lo nacional
[...]" (8). Estas reuniones literarias se verán interrumpidas y desaparecerán en los ochenta. Las
155
Veladas de Juana Manuela dejan de funcionar en 1877 y las actividades de El Club Literario de
Lima se suspenden en 1880 y no se reanudarán hasta 1885 (Moreano 11) 164.
4.2.2. Incidencias en la difusión/publicación
En cuanto a las publicaciones per se, nos preguntamos: ¿Cuáles fueron las causas
materiales, si las hubo, por las que se publicó tan escasamente a comienzos de la década de los
ochenta? ¿Qué otros elementos confluyeron en esta coyuntura literaria, periodística y editorial?
Para responder a estas interrogantes, retomamos las reflexiones de Alberto Varillas en La
literatura peruana...
Según el estudioso peruano un primer elemento fue la carencia de papel de imprenta y el
alto costo de este después de las interrupciones en el puerto del Callao: "[...] la guerra misma, en
un inicio, y la ocupación de Lima, después, perjudican el normal desarrollo de la literatura en el
Perú [...]. Desde que comenzó el bloqueo del Callao (abril 1880), aparecen las dificultades para la
importación tanto de libros cuanto de papel" (261-262)165. Por su parte, Carmen Escala corrobora
la apreciación de Varillas, refiriéndose a los bloqueos que los chilenos ejercieron en el litoral, nota:
"Una de esas actividades fue la impresión de periódicos y revistas por la carencia de papel y tinta,
los implementos básicos de impresión, eran importados" (59).
Un segundo elemento fue la censura que se impuso por parte del General Lynch el 3 de
junio de 1881:
Juzgando peligrosa la libertad de imprenta y siendo incompatible con las restricciones naturales de
la Ley Marcial, cuyo absoluto imperio es indispensable en toda ocupación militar, sobre todo
cuando es transitoria, expedí el decreto de tres de junio, en que se prohibe la publicación de
periódicos, folletos, hojas sueltas, sin permiso de este cuartel General. (Lynch 1882: 78 apud
Varillas 262-263)
164
Alberto Varillas recapitula sobre la existencia de las organizaciones literarias en el Perú: [...] en 1872, se constituye
el Club Literario, que tuvo una activa vida en los años anteriores a la guerra y que publicó sus Anales; hacia 1876 se
establece en Lima el Club Talía, destinado a promover la actividad teatral; por esos años surge, también, 'la bohemia
literaria' que encabeza Luis E. Márquez, la misma que emplea a La Sabatina como órgano de expresión político-
satírico-literaria. La guerra da termino a todas estas actividades (298).
165
"De esto último da cuenta, en mayo de 1880, el editor al dirigirse a los suscriptores de la Revista Peruana: "... hoy
nos encontramos muy escasos de papel especial que empleamos en 'La Revista', y el que esperamos no podremos
recibirlo pronto por el bloqueo y consiguientes dificultades. Estos motivos nos obligan a dar este número, con el que
termina el tomo IV, con menor número de páginas que prometimos. 'La Revista' será eventual hasta que venga mejor
tiempo ..." (Paz Soldán 1880 apud Varillas 262).
156
Según Escala el motivo principal por el que el diario La Patria dejó de funcionar fue por el saqueo
del que fue víctima: "Es decir, el taller-imprenta del diario ‘se evaporó’; la infraestructura del local
permaneció en su lugar porque los chilenos no pudieron embarcarlo hacia su país" (60) 166.
Ahora bien, si se combina el elemento material ––el no tener dónde publicar–– con la
facultad del hombre de ejercer su derecho a la libertad de expresión, se puede inferir que en el
primer lustro de los ochenta los escritores no solo tuvieron que experimentar la invasión del
ejército enemigo sino algo aún más profundo; la impotencia de no poder expresar sus ideas
libremente. La incertidumbre y el recelo de vivir, en un ambiente maniqueo ––bien sea por la falsa
información de los chilenos o bien por la manipulación de la información del propio gobierno
peruano–– afectaron el quehacer escritural femenino que resurgirá después de terminada la guerra.
4.2.3. Incidencias familiares/personales
Si la guerra impactó en un primer momento a la prensa y a las organizaciones culturales,
el trastorno que causó en la élite letrada (los escritores) provocó lo que Varillas ha denominado el
efecto de dispersión:
[...] todos tuvieron que alistarse en el ejército regular y, posteriormente, en el movimiento de
resistencia que guiaba Cáceres. De los románticos, participan en la defensa de Lima Juan Sánchez
Silva y Juan de los Heros, quien es tomado prisionero; entre los eclécticos, Polo, Acisclo Villarán,
Carranza, González Prada, Luis E. Márquez, González de la Rosa ––como capellán––, Buxó ––
como médico–– y Carlos Paz Soldán –– a cargo de los telégrafos––; Modesto Molina participó en
la defensa de Tacna y Rosendo Melo en el Callao. En la Campaña de la Breña intervienen Carranza,
posiblemente Aureliano Villarán y, de los jóvenes, Gamarra; salen del país, como consecuencia de
la ocupación de Lima, y se dirigen a Europa Salaverry, Cisneros, González de la Rosa y Buxó; a
Buenos Aires se encamina Mariano F. Paz Soldán; a Caracas, Simón Camacho; a Panamá, José T.
Polo y Lorenzo Fraguela; en Cartagena estuvo Flores Galindo; en Guayaquil se reúnen Manuel A.
Fuentes, Numa P. Llona, Luis E. Márquez. De los que permanecen en la capital, dos presencian el
incendio de sus bibliotecas: Ricardo Palma y Acisclo Villarán. El grupo que había animado la vida
literaria limeña quedaba, por lo tanto, desmembrado, disperso.
De este balance que presenta Varillas se deduce que algunos de los escritores pasaron a ser parte
de los batallones para defender la patria y otros salieron del país, unos a Europa y otros a países
aledaños de la nueva América 167.
166
La autora hace un balance de lo sucedido con la prensa: [...] los periódicos y revistas que en su momento albergaron
a los escritores, ya no existían, fueron cerrando uno a uno a 1880 ya sea por falta de insumos; saqueo del local; porque
quienes los dirigían o manejaban los equipos se enlistaron en los batallones correspondientes; murieron en batalla;
cayeron presos y trasladados a Chile; o porque salieron del país aguardando que la guerra termine para regresar.
(Escala 61)
167 Ismael Pinto da cuenta también lo que sucedió con algunos de los escritores de la época: El poeta Numa Pompilio
Llona perdió a su joven hijo Numa Genaro en la terrible carnicería desatada por los invasores, en Miraflores. [...] Otro
personaje muy cercano al grupo, amigo entrañable y ahijado de Cabello de Carbonera, el poeta, autor teatral y
periodista don Abelardo Gamarra –– El Tunante o El Último Haravec –– estuvo entre los defensores del Callao y
157
Por otro lado, Ricardo Palma, quien se quedó en Lima, sufrió en carne propia los desmanes
del conflicto. La carta entre este y Gorriti ilustra su pesar sobre el incendio de la biblioteca y su
compromiso con el gobierno por lograr la reconstrucción de la misma:
Cuando la guerra, vivía en Miraflores, me batí en los reductos y los chilenos me quemaron, sin
abrirla, la casa y mi biblioteca personal bastante valiosa. Durante la ocupación, viví de mis
correspondencias a periódicos extranjeros, especialmente a La Prensa de Buenos Aires. (José) Paz
me hizo proposiciones muy ventajosas para que me trasladara a Buenos Aires como redactor de su
periódico; acepté; (el presidente) Iglesias y (el ministro) Lavalle me hicieron caer en la tentación
de reconstruir la Biblioteca; si los hubiera desairado; no sería hoy pobre de solemnidad. (Palma
1917:79 apud Batticuore 8)
Además de lo sucedido a la Biblioteca los invasores incendiaron también el local donde funcionaba
el Club Literario que se hallaba situado` en los altos de la misma.
Ahora bien, retomando la larga pero detallada cita de Varillas nos preguntamos si ese efecto
de dispersión se dio también con las escritoras de nuestro estudio y/o qué sucedió entretanto con
las mujeres. Si bien nuestras escritoras no salieron del país como fue el caso de la mayoría de los
escritores, deducimos que sí se produjo un efecto similar entre ellas. Ya hemos mencionado cómo
el cierre de los periódicos y las organizaciones literarias perjudicó directamente su labor como
escritoras.
En este apartado nos interesa rastrear qué tipo de participación tuvieron nuestras escritoras
en el quehacer diario del país durante los años de guerra. Maritza Villavicencio en su artículo
"Acción de las mujeres peruanas durante la Guerra con Chile" (1985) aunque en su artículo no
apunta específicamente al rol que cumplieron nuestras escritoras, su estudio es relevante porque
es uno de los pocos trabajos que pone atención a la labor que tuvieron las mujeres peruanas durante
la guerra. La historiadora peruana nota que lo poco que se sabe sobre la participación de las mujeres
proviene de las mujeres de las clases altas que ejercían algún tipo de acción social (154). Por su
parte, Susanna Tavera en su artículo “Las mujeres y las guerras”: aspectos de una temática
heterogénea (2016) nota sobre la participación de las mujeres en Primera Guerra Mundial y la
Guerra Civil española cómo se manifestó el efecto de movilización:
La movilización fue […] muy amplia manifestándose mediante lo que Françoise Thébaud llama
«la fiebre del servicio» o lo que es lo mismo, la aceptación de aquellos papeles activamente
asumidos por las mujeres […] Muchas mujeres se transformaron en activos agentes de cuidado,
refugio y cooperación solidaria con la población más directamente afectada por los llamados
«desastres de la guerra». (25)
combatió en San Juan y en Miraflores. [...] se estableció en Arequipa el 83 y allí empezó a publicar su periódico La
Integridad, haciendo una fuerte campaña contra la paz con cesión territorial (422).
158
En efecto, las escritoras de nuestro estudio se involucraron activamente en la defensa del suelo
patrio por medio de los diferentes servicios que prestaron como voluntarias en los hospitales de
campaña, a través de organizaciones caritativas para recaudar fondos para el Estado y haciendo la
labor de reporteras de guerra.
Por ejemplo, escritoras como Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner
y María Nieves y Bustamante se alistaron como voluntarias en hospitales o albergando ellas
mismas a los heridos en su casa 168.
Mercedes Cabello de Carbonera. Gracias al invaluable trabajo de Ismael Pinto se puede
dar cuenta detallada de la labor que ejerció la autora moqueguana y de las vicisitudes que enfrentó
a nivel familiar. Fue voluntaria activa en el Hospital Santa Sofía y su marido, Urbano Carbonera,
se enlistó como cirujano al batallón de Justo Pastor Dávila asistiendo en las Batallas de San Juan
y Miraflores 169 (Pinto 418). En cuanto al peligro al que se exponía la autora, para trasladarse de su
casa al hospital, Pinto incluye una semblanza de Guillermo Thorndike sobre la escritora como
voluntaria:
No sólo Hermanas de la Caridad y cirujanos asistían a rotos combatientes. Sofocada por un hedor
a pus, vómitos y cloral la señora Mercedes Cabello parecía a punto de desmayarse, cuando el
general entró a la sala de gangrenosos. ¿Se siente bien, señora? La escritora moqueguana había sido
una de las primeras en ceñirse el brazalete de la Cruz Roja. A sugerencia de los médicos británicos
de la cañonera Penguin, sustituían cataplasmas por lavados con pasta de Viena o cloruro de zinc.
Aunque partidario del cauterio y el bisturí Alarco ordenó aplicar el nuevo tratamiento. Ese día la
señora Cabello había hecho catorce curaciones. Insoportables tufaradas, repugnantes supuraciones,
súbitos aullidos, nada borró de su rostro la animosa sonrisa con que contestó al General: No se
preocupe usted, ahora termino con este muchacho. Retes la recuerda después, apoyada en una pared
y buscando fósforos para encender un tembloroso cigarrillo puesto en sus labios. (Thorndike 1979
apud Pinto 419-420)
Clorinda Matto de Turner vivió la guerra desde el sur del país. En la ciudad de Tinta
permaneció hasta 1881 y desde ahí colaboró convirtiendo su hogar en un centro ambulatorio:
En cuanto a la todavía juvenil Clorinda Matto, la desgracia de la guerra le llegó por partida doble.
Primero la gran tragedia que vivía el Perú y luego, inmediatamente, la muerte de su esposo, el 3 de
marzo de 1881. No obstante, convirtió su casa de Tinta en hospital de sangre, ya que estaba en el
camino de las tropas que iban a la campaña del sur, incluso formó una ambulancia con su propio
168
Hemos consultado el estudio de Ismael Pinto Vargas Sin perdón y sin olvido... (2003) y el texto de Graciela
Batticuore Juana Manuela Gorriti. Cincuenta y tres cartas inéditas a Ricardo Palma (2004) para reconstruir la labor
que cumplieron nuestras escritoras durante la guerra.
169 "[...] Santa Sofía fue el centro hospitalario donde se había concentrado una gran parte de los heridos traídos de San
159
peculio. Y allí recibió y alivió a muchos heridos que escaparon con vida de los descalabros peruanos
de Moquegua (Los Ángeles), Tacna (Pampa de la Alianza) y Arica. (Pinto 422)
María Nieves y Bustamante vivió los horrores de la guerra desde su ciudad natal,
Arequipa. Formó parte de los escuadrones de ayuda en los hospitales. Afectada por los destrozos
de su ciudad, narró lo vivido a su padre en una carta que le envió a la ciudad del Cusco y que más
tarde se publicaría en la prensa cusqueña170.
El artículo de Ana Peluffo "El yo femenino y sus 'otros': sobre la beneficencia y la
construcción de identidades en el siglo XIX" sobre las recomendaciones de San Vicente de Paúl
que se conocieron en Perú nota: "La frase del santo 'seguiréis a los ejércitos, hijas mías, los
hombres van para matar, vosotras iréis para curar', les sirvió a las mujeres republicanas para
legitimar, desde una perspectiva religiosa, sus incursiones como enfermeras y organizadoras de
ambulancias en los campos de batalla (12)171.
Paralelo al trabajo de voluntarias, otro grupo de escritoras participó activamente
recaudando fondos para el Estado. Angélica Bernal en su artículo “Mujeres y guerras en
Colombia” (2001) nota: “La vinculación de las mujeres estuvo condicionada por la posición, el
parentesco, los medios económicos, la clase social y la edad […] Los roles fueron múltiples y entre
los asumidos por las mujeres de mayor rango, inclusive ‘señoras distinguidas’ fueron comunes la
entrega de dinero e insumos […]” (17).
Después de declarada la guerra la Cruz Roja Peruana se impuso como tarea la adquisición
y equipamiento de las ambulancias y las voluntarias que trabajaron para dicha organización fueron
las damas limeñas lideradas por la señora Mercedes González Vigil de Rospigliosi. Paralela a esta
organización, se creó la Sociedad Patriótica "Santa Rosa" con la finalidad de recabar fondos para
el Estado peruano. Otra forma de contribuir con el país económicamente fue por medio de
tómbolas organizadas por las damas limeñas y por la propia Magdalena Ugarteche de Prado,
esposa del Presidente (Pinto 415-416). Dentro de este clima caritativo que urgía a la voluntad de
los peruanos, las mujeres de la élite se unieron a la causa. Una de esas damas que colaboró con
objetos personales para la tómbola fue nuestra escritora Rosa Riglos de Orbegoso: "Entre las
primeras damas que concurrieron al llamado quedó registrado el nombre de doña Mercedes Riglos
de Orbegoso [...] quien obsequió un reloj de oro esmaltado (Ramontoir) para dama, más una
170
Ya nos hemos referido a esta en el capítulo 2.
171
El libro del Abate Orsini fue traducido al castellano en 1857 y es un estudio biográfico sobre la vida de San Vicente
de Paúl (apud Peluffo 12).
160
canasta de filigrana de plata" (Pinto 416) 172. Cabello de Carbonera colaboró en las actividades
de recaudación de fondos para el Estado donando objetos personales para tal causa. Carolina
Freyre apoyó a la Sociedad Musical Patriótica en sus funciones en el teatro Politeama con la
presentación de varias piezas de su autoría, relacionadas con el espíritu patriótico con el propósito
de recaudar fondos para los combatientes. Pensamos que las escritoras Juana Laso de Eléspuru y
Juana Rosa Amézaga participaron también de estas actividades debido al modo cómo operaban
sus familias; por ejemplo sabemos que el marido de Juana Laso, Juan Norberto Eléspuru participó
en la reunión donde se eligió a Francisco García Calderón como Presidente Provisional del Perú
el 22 de febrero de 1881 y hemos comprobado que algunos miembros de la familia de Juana Rosa
de Amézaga participaron activamente en el conflicto. Por ejemplo, su sobrino: "Carlos Germán
Amézaga estuvo entre los combatientes de San Juan y Miraflores [...] se alistó inmediatamente en
las huestes del taita Cáceres, y con los breñeros hizo toda la campaña de la sierra, [...] por su
valentía y arrojo alcanzó el grado de coronel" (Pinto 422).
Otro tipo de servicio de nuestras escritoras fue el que prestaron como reporteras de guerra.
Dentro de este grupo dos escritoras ejercieron ese importante rol. Carolina Freyre de Jaimes
colaboró como reportera de guerra desde La Patria, diario en el que su esposo se desempeñaba
como redactor principal. La tesis "El ángel del hogar y el ángel de la guerra. El discurso patriótico
maternal de Carolina Freyre de Jaimes y su afirmación nacionalista desde el diario La Patria, ad
portas de la Ocupación de Lima (1844-1880)" (2015), de la historiadora peruana María del Carmen
Escala, ha revelado una nueva faceta periodística de la autora:
[...] la tarea de Carolina Freyre de Jaimes se fusionó con la del diario oficialista La Patria para
evitar que la situación bélica adversa al Perú avive el nerviosismo de la sociedad limeña; secundo
las decisiones del gobierno pierolista con la construcción de una retórica autónoma, patriótica,
maternal y nacionalista transmitida a la población. (9-10)173
La otra escritora que realizó la misma labor fue Clorinda Matto de Turner quien se trasladó del
Cusco a Arequipa después de la muerte de su esposo. La incertidumbre que deja a muchas mujeres
el estado de viudez parece verse reflejada en el comentario de Juana Manuela a Ricardo Palma en
la carta # 16: "Recibí las nuevas tradiciones de Clorinda, y con el libro, la noticia del regreso de
172
Ismael Pinto entre la lista de colaboradoras para la tómbola menciona el regalo que envió Juana Manuela Gorriti
desde Argentina, un volumen de su libro Panoramas de la vida (416).
173
Después del cierre de La Patria, el 11 de septiembre de 1880, se presume que Julio Lucas Jaimes se enroló al
ejército y Carolina se dedicó a la crianza de sus hijos con quienes permaneció en Lima hasta febrero de1881, fecha en
que envían a J. L. Jaimes como preso político a Chile (Escala 2015: 59).
161
ésta a Arequipa; regreso que mucho he desaprobado. En la vida como en el combate, la retirada es
fatal. ¡Adelante! Aunque sea al abismo" (31). Ahora bien, aunque Gorriti expresa su desacuerdo
con la decisión de Clorinda, su estadía en Arequipa le permitió trabajar. Ana María Portugal en su
artículo "El periodismo militante de Clorinda Matto de Turner" (1999) ha notado: "Un segundo
momento está dado por su incursión, durante la ocupación chilena en Arequipa (1883), como jefa
de redacción de La Bolsa, donde analiza los dramáticos acontecimientos de la Guerra del Pacífico,
poniendo de relieve la figura del general Andrés Avelino Cáceres" (319). Por su parte Mary G.
Berg, sobre los años de Matto en Arequipa ha afirmado: "Gran número de sus primeros artículos
y editoriales en La Bolsa son exhortaciones patrióticas dirigidas a todos los peruanos, pidiendo la
unión y la solución de sus problemas" (s/n). De Arequipa, la autora pasó a Lima recién en 1886.
Por otro lado, hubo dos escritoras que la guerra afectó directamente a nivel familiar; Teresa
González de Fanning quien sufrió la pérdida de su esposo, el Capitán de Navío, Juan Fanning
García, herido el 15 de enero de 1881 en la Batalla de Miraflores que murió un día después junto
a su esposa. La autora tuvo que afrontar repentinamente, la viudez y también el desamparo
económico. Y la joven Amalia Puga quien residía en Cajamarca durante los años que duró la
guerra. Luisa María Tudela en su tesis "Amalia Puga de Losada …” (2017) antes citada da cuenta
de los avatares que pasó la familia Puga y cómo el padre de la autora fue otra víctima de la guerra:
El padre de la autora, quien fue senador por Cajamarca en 1870 y siempre luchó por defender los
derechos del pueblo cajamarquino, nunca estuvo de acuerdo con la firma del tratado de Ancón en
1883, fue colaborador del ejército rebelde del 'demonio de los Andes', el coronel Andrés Avelino
Cáceres, lo que motivó su asesinato en una emboscada por las fuerzas iglesistas después de un
combate en Huamachuco, el 15 de marzo de 1885 [...]. (31)
Por último, de Margarita Práxedes se ha confirmado, gracias a Rubén Quiroz, que estaba
matriculada como estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos durante la guerra.
Específicamente, en 1882 Práxedes cursaba cursos en la Facultad de Letras 174. Ahora bien, un
panorama de cómo la universidad y sus estudiantes vivieron la guerra nos lo ofrece Julio C.
Buenaño en su artículo: “La Universidad Mayor de San Marcos y los sanmarquinos durante y
después de la guerra con Chile” (2010). El artículo apunta a la postura estudiantil durante la guerra,
a las contribuciones económicas de la universidad como institución, resalta también la
participación de sanmarquinos notables, y los nombres de los estudiantes de medicina que
174
"Los recibos originales y los datos de la autora se encuentran en el Archivo Histórico de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, en el Libro de Matrícula de la Facultad de Letras 1880-1885 y cuya ubicación es: Sala (caja
71) 166/216" ( 13).
162
participaron en las batallas terrestres. Aunque no se incluye nombres de estudiantes mujeres se
puede deducir que Práxedes se debe de haber identificado como estudiante sanmarquina con los
preceptos de su centro de estudios. Citamos uno de los discursos a la juventud del profesor de
Historia, Pablo Macera que denota, aunque muchos años después, el pensamiento de uno de sus
catedráticos más destacables del país con respecto a la Guerra del Pacífico:
No repetir los errores que nos llevaron al desastre de 1879. Armar al país con armas físicas,
económicas y morales. Las guerras se ganan antes de las batallas en el curso de los combates por
el desarrollo económico y la integración nacional. Un país pobre es un país débil, un país con
grandes diferencias entre las clases sociales es un país falto de integridad, primer requisito para la
actuación bélica. Un país en el que prosperan de defender adecuadamente sus fronteras. Aprender,
junto con Cáceres, que en las horas difíciles cuando todo está al parecer vencido, el último recurso
valeroso de un país suele ser sus gentes más pobres que lo ofrecen todo en su defensa. (Macera
1981 apud Buenaño 162)
163
Federico Barreto y Víctor González Mantilla la Cofradía Lírica, y en 1886 fundaron la Bohemia
Tacneña (63-64)175.
A comienzos del siglo XX Carolina Freyre se instaló en Buenos Aires donde colaboró con
varias revistas: La Nación, La columna del hogar y fundó la Revista Argentina (1902-1905) con
Carlota Garrido de la Peña. También colaboró con otras revistas en las ciudades de San Miguel de
Tucumán y Salta (66).
Clorinda Matto publica en una serie de periódicos en Perú y en el extranjero. Después de
su trabajo en La Bolsa, publica en el periódico Los Andes y en El Perú Ilustrado donde además es
la directora del diario desde el 5 de octubre de 1889 al 11 de julio de 1891. En Buenos Aires,
cuando se exilia en Argentina colabora en los diarios La Nación, La Prensa, La Ondina de Plata,
La Alborada y El Álbum. En 1896 funda la revista bisemanal Búcaro Americano (Arning s/n)176.
De la tesis de Tudela sabemos que Amalia Puga publicó en diarios y revistas
internacionales de Nueva York, La Habana, Barcelona, Buenos Aires, Bogotá y Panamá. En 1893
la Revista Internacional de Nueva York publicó su poema “El descubrimiento”. Tal pieza poética
había ganado el primer premio del concurso en conmemoración a los 400 años del descubrimiento
de América (47).
4.3.2. El giro hacia la ficción
Otro cambio que experimentan las escritoras en esos años de tribulación y adversidad se
manifiesta a través de los géneros literarios que eligen. Si bien se les privó de publicar en la prensa
y de reunirse como lo hacían en las veladas, el aguijón de la escritura lo llevaban dentro y estaba
plantado. Pensamos que esos momentos de solitud y congoja no fueron desaprovechados, sino por
el contrario se convirtieron en el germen de una segunda fase escritural de estas ensayistas. Muchas
de ellas ––entre 1884 y 1886–– se estrenarán en otros géneros como; la novela, el drama y las
tradiciones.
175
El objetivo de la Bohemia Tacneña fue hacer una contra campaña a los chilenos y preparar a la comunidad para el
voto en el plebiscito que definiría la suerte de la ciudades de Tacna y Arica. Se tenía que decidir si quedaban ambos
con Chile o regresaban al Perú.
176
El resumen sobre los diarios con los que colabora Matto en Argentina proviene del estudio de Ursula Arning
“Clorinda Matto de Turner: las contradicciones de una identidad en un universo acotado” (2010) en la Biblioteca
Virtual de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/obra/clorinda-matto-de-turner-las-contradicciones-de-una-
identidad-en-un-universo-acotado/
164
Teresa González publica Ambición y abnegación y Regina en 1886. Esta última novela
fue premiada en el concurso internacional promovido por el Ateneo de Lima. Más tarde, publica
Lucecitas, fue una compilación de narraciones y ensayos y se publicó en 1893 con prólogo de
Emilia Pardo y Bazán (Tauro 1082) Educación femenina. Colección de artículos pedagógicos,
morales y sociológicos ([1898]1905) es un manifiesto de la autora donde ella misma se autoriza,
basándose en su propia experiencia, a reflexionar sobre las carencias y necesidades de la educación
femenina en el Perú. En el exordio la autora explica su intención, citamos los dos primeros párrafos
de este:
Las páginas que van a continuación, escritas a vuela pluma, estaban destinadas a tener la vida
efímera de las publicaciones periodística; mas la buena acogida que ellas han tenido; el afán de
muchas madres de coleccionarlas; y la indicación de personas cuya opinión apreciamos, nos han
decidido a reunirlas en un solo volumen que hoy ofrecemos a nuestros amigos y al público sensato.
En ellas no hay, como algunos ilusos o mal intencionados han pretendido, ataques a la religión; si
no es que se pretende entronizar como verdades anexas a ella, ciertos abusos que la desvirtúan y la
dañan. Hay, sí defensa de la Moral y propósito decidido de procurar una reforma radical en la
educación que hoy se da a la mujer y cuyo resultado sea la unión de la familia que,
desgraciadamente y con daño positivo de la sociedad, se va perdiendo.
Teresa González de Fanning
Lima, mayo 4 de 1898
Cabe notar que Teresa González de Fanning paralelo a su actividad como escritora fundó en marzo
de 1883 un colegio para señoritas: “Teresa González de Fanning y sus hermanas Elena y Enriqueta
fundaron en plena guerra, y en la misma ciudad tomada por el ejército chileno en 1881, el Liceo
Fanning […]” (Mannarelli 14). En 1892 se lo traspasó a Elvira García y García.
Mercedes Cabello: "En medio de todo este alterado y difícil tiempo, [...] tenemos a
Mercedes sumida en silencio y trabajando intensamente, sin tener medios donde publicar en el
Perú hasta la apertura del año 84 [...] lo que no quería decir que no publicara en el extranjero"
(Pinto 429). Otro hecho que muestra que Mercedes Cabello, aunque no publicara, nunca dejó la
escritura de lado es la carta fechada el 21 de septiembre de 1880. En esta misiva Juana Manuela
Gorriti le da respuesta a su discípula peruana: "[...] Tú sabes cuán hondo es ese mi sentimiento por
ti, junto a la admiración que me merece tu genio literario. Me siento por lo tanto autorizada para
decirte sin ambages lo que pienso de tu último libro [...]" (apud Pinto 431).
Hemos comprobado en la Biblioteca Nacional de Francia el volumen de su primera novela,
Los amores de Hortensia, publicado en El Correo de Ultramar. Parte Literaria Ilustrada de París
165
en 1884177. Este hecho, explicaría por qué los primeros estudios críticos sobre su novelística
presentaron tantas inexactitudes en referencia a la cronología de sus novelas.
Los amores de Hortensia (1884)178 no solo se publicó a finales del conflicto con Chile, sino
que muestra cómo la autora internalizó la barbarie del invasor que irrumpe y violenta lugares
idílicos:
El hermoso y pintoresco pueblo de Miraflores, es hoy como Chorrillos y como el Barranco, un
montón de ruinas y de ennegrecidos escombros. Sus suntuosos ranchos, amenos jardines y lujosos
malecones, todo ha sido destruido e incendiado. Lo que el fuego no pudo destruir destruyólo la
formidable dinamita. Por todas partes las huestes chilenas dejaron, en esos que fueron hermosos y
florecientes pueblos, la huella de su bárbara ferocidad y rabiosa envidia. (83)
Cecilia Moreano sostiene que, a pesar de que Cabello fue distinguida con dos premios por
su ensayística otorgados en 1885, dejó los géneros “menores”, ––el ensayo y la poesía–– para
dedicarse a la novela realista (34).
Margarita Práxedes después de graduarse de la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos se fue a Chile (1885) gracias a la beca de estudios que le concedió el Presidente Andrés
Avelino Cáceres. En Chile trabajó junto al Doctor Augusto Orrego Luco como Auxiliar de su
clínica de enfermedades nerviosas. En Santiago se vincula con el Apostolado Positivista orientado
por los hermanos Juan y Enrique Lagarrigue. Muñoz mantendría siempre una gran admiración por
el líder de los comteanos chilenos, Lagarrigue, con el que seguiría manteniendo una relación
epistolar y de colaboración intelectual luego de radicarse en Buenos Aires. La evolución de
Paulina. Novela sociológica fue publicada en Santiago en 1893 y Mis primeros ensayos en Buenos
Aires en 1902.
Clorinda Matto, además de su trabajo en La Bolsa continuó con su trabajo literario: “La
primera serie de ensayos y bosquejos históricos de Matto, Perú-Tradiciones cuzqueñas (1884), se
publicó en Arequipa en 1884, con prólogo de Ricardo Palma. “Hima-Sumac El Secreto de los
177
Publicado en París entre 1842 y 1886, el Correo de Ultramar se presenta como órgano de comunicación entre
España, Francia y sus respectivas colonias. La larguísima vida de la publicación, excepcional en el contexto
contemporáneo, despierta el interés en la medida en que supone a la vez un lectorado fiel y unas bases económicas
suficientes para sostener una empresa arriesgada. La línea editorial, claramente conservadora al principio, evoluciona
y se hace más moderada ya a mediados de siglo. El contenido, esencialmente informativo en cuestiones políticas y
comerciales, no descarta temas culturales. Así, los folletines, las noticias de la vida parisiense, de los teatros, los
últimos descubrimientos científicos encuentran cabida en el periódico (Catherine Sablonniere 2008).
178
La novela se publicó por entregas entre los meses de marzo y mayo de 1884.
166
Incas. Drama histórico” se estrenó con buen éxito en el Teatro Principal de Arequipa, el 16 de
octubre de 1884 y después en Lima en 1888.179
Una nota sobre la reputación literaria de Clorinda Matto se publicó en El Perú Ilustrado el
15 de septiembre de 1888 que da cuenta de la incorporación de la autora a la Academia de Letras
de Sevilla.
La Academia de Letras de Sevilla, a propuesta del señor Márquez de Bondad Real, don Francisco
Bravo y de Liñán, ha aceptado como su socio y por unanimidad de votos, a nuestra distinguida
amiga e ilustrada colaboradora, la señora doña Clorinda Matto de Turner, quien viene a ser la
primera escritora americana que es admitida en una Academia de la madre patria. (343)
Juana Rosa de Amézaga publica en 1890 Reflexiones y máximas y en 1893 Estudio sobre
las virtudes cristianas bajo su triple aspecto religioso, social y doméstico.
María Nieves y Bustamante publicó también la novela Jorge, el hijo del pueblo en 1892,
novela de tipo histórico: "Jorge Flores es hijo de una aldeanita de Yanahuara que se dejó́ seducir
por un joven rico de la ciudad, se casan apresuradamente y luego sobreviene el olvido. El mérito
particular de la novela de María Nieves está en que liga el sueño de legitimidad del protagonista
con la realidad profunda del mestizo [...]" (Salas s/n). De su otra novela, La sombra de Morán no
existe rastro, pero considera que la escribió 180.
El escritor y crítico literario arequipeño, César Delgado Díaz del Olmo se refiere con cierto
detalle a la consideración que guardaba Clorinda Matto por María Nieves y Bustamante en el
prólogo de la reedición de Jorge, el hijo del pueblo (2010)181:
María Nieves debió haber conocido a la escritora cuzqueña en el periódico “La Bolsa”, cuando esta
se hizo cargo de la jefatura de Redacción. Clorinda Matto hace dos menciones a la escritora
arequipeña en el propio periódico. La primera, del 10 de septiembre de 1883 en la sección “Lunes”,
habla de una misa en la iglesia de San Antonio, a la que asiste la escritora cuzqueña en compañía
de nuestra querida hermana de letras”, como llama a María Nieves. La segunda mención es el 8 de
octubre, en la que hace una amable descripción de nuestra escritora: “Todo es gracioso y agradable
en María Nieves. Su misma conformación física, manifiesta esa especie de esmero que la naturaleza
en los cuerpos que llevan un alma privilegiada, poética, delicada como las filigranas en que rivaliza
el arte […]. (VIII)
179
Himac-Sumac es un conmovedor melodrama de amor y traición, lleno de simpatía por los indios, que son oprimidos
y torturados por los ambiciosos españoles que buscan oro.
180
Según Salas, su familia la presionó tanto para que no publicara esa obra que un día la quemó en el patio de su casa.
Se dice que en esta había incluido datos comprometedores de familias arequipeñas.
181
Aunque no he tenido acceso al libro físicamente he podido acceder a esta información gracias a la colaboración
de Ana María Portugal.
167
Los dieciocho ensayos que se analizan en este apartado corresponden todos a un solo diario,
El Perú Ilustrado. Si bien algunos de los textos pertenecen a la década de los ochenta, estos recién
se empiezan a publicar a partir de 1887; de los textos de la década de los noventa, estos abarcan
desde 1890 a 1892. Los ensayos recobrados corresponden a seis autoras: Mercedes Cabello,
Margarita Práxedes, Clorinda Matto, Juana Rosa de Amézaga, María Nieves y Bustamante y
Amalia Puga.
Ahora bien, en cuanto al estudio de los ensayos per se, en este capítulo el análisis de los
textos se hará de forma conjunta (leitmotivs y elocuencia discursiva). Primero, se describirán los
temas que motivan a las ensayistas a escribir y a argumentar sobre ellos; los cuales aparecerán
categorizados bajo fundamentos. Luego, bajo cada fundamento, se presentan los ensayos siguiendo
el orden de la "Perspectiva generacional" (Cuadro # 4). La metodología de análisis se hará primero
presentando un breve resumen del argumento de cada ensayo y luego se seleccionarán las partes
del escrito pertinentes para mostrar los mecanismos lingüísticos de los que se valen las autoras
para personalizar sus textos. Después de completar el análisis se presentará, como en el capítulo
3, los elementos en común o perspectiva conjunta que nos dejan estos ensayos.
4.4.1. El ensayo de fundamento moral cristiano
La etapa de posguerra trae consigo “[…] la aparición de un discurso público laico acerca
del ejercicio de la sexualidad y de la organización de la sociedad en general” (Mannarelli 25).
Dichas propuestas desafían el poder absoluto que tenía la Iglesia. No obstante, en los ensayos que
presentamos bajo este fundamento las autoras se sirven de este fundamento para mostrar la
importancia de una sólida moral cristiana en el hombre como ser individual y como parte de su
colectividad182. Juana Rosa de Amézaga y María Nieves y Bustamante fueron dos de las autoras
más conservadoras y católicas de esta última generación aquí estudiada y ambas no dudaron en
exteriorizar sus creencias a través de su ensayística.
Corresponden a esta clasificación siete ensayos. De Juana Rosa de Amézaga se analizan
los ensayos: "Estudios sociales. Amigos y protectores", "Estudios sociales. Visitas y bailes", "La
envidia", "El carácter", "Las mujeres suicidas" y de María Nieves y Bustamante, "La Patrona de
armas del Perú" y "Los espejos".
182
El contexto histórico, en particular el de la posguerra, ha sido desarrollado en el capítulo 1 de nuestro estudio,
específicamente en el apartado 1.2. Circunstancias políticas, económicas y sociales de Perú.
168
Juana Rosa de Amézaga, en "Estudios sociales. Amigos y protectores"183 plantea lo que
significan las palabras: "amistad y protector" a través del cuestionamiento del mal uso que se le da
a los términos en la sociedad.
Un amigo es algo tan noble y bello, tan suave y precioso, que difícilmente puede encontrarse en
toda su perfección en un mundo de miserias y defectos; sin embargo, nada es más común, que oír
llamarse amigos a seres que no están ciertamente dotados de las cualidades indispensables para
sentir ni aún comprender la amistad. (6)
183
El Perú Ilustrado 15 de octubre 1887.
169
explícitamente por medio del "yo" gramatical la enunciación, se deja sentir tenuemente para
disuadir a su audiencia que, aunque son pocas, existen ciertas protecciones desinteresadas y estas
son el fruto del cultivo de las virtudes y la amistad entre los hombres: "[...] estas tienen una dulce
y superior compensación, en el íntimo goce del alma, que no podría compararse con dinero ni
retribuirse de un modo material" (ídem). La dimensión que le otorga a las palabras “amistad” es
propia solo de la persona con una alma elevada y pura y con una sólida formación moral. Un
verdadero amigo es capaz como bien lo nota Rafael Altamira en su libro de Máximas y reflexiones
(1948) de: “[…] son pocos los amigos que resisten a la prueba de una pérdida de fortuna, de un
estado de desgracia, de una persecución injusta o de un triunfo de los que con tanta facilidad
despiertan la envidia” (104).
En "Estudios sociales. Visitas y bailes"184 la autora explica y comenta estas dos prácticas
sociales para articular, que más allá de la connotación social, ambas costumbres cumplen en la
sociedad un rol más importante.
El ensayo se inicia con una metáfora: "Las visitas son en relación a las costumbres, lo que
el lenguaje en relación con el pensamiento [...] ellas revelan como ningún otro acto social, la
cultura, las disposiciones morales, la inteligencia, las virtudes y los defectos de las personas que
mutuamente se las hacen" (6). Luego se vale de la función ideológica para transmitirnos por medio
del enunciador ese carácter filosófico y moral que caracterizó el pensamiento de la autora
(Gutiérrez de Quintanilla). El acto o costumbre de visitar a un amigo o familiar se transforma en
un instrumento con el que se pueden medir todas las dimensiones de una persona, como ser
individual y social. Sin embargo, su reflexión más allá; a través de la antítesis las clasifica como:
frívolas y serias, perniciosas e inocentes, necesarias e inútiles, pesadas y agradables, reservadas y
amistosas. Esta clasificación, le permite elegir y afirmar, por medio del sujeto que enuncia, su
juicio valorativo al aseverar que son las visitas amistosas las que resumen el fin social de las
personas.
El segundo subtema de su ensayo es sobre los bailes, otra manifestación social de la
humanidad, pero se les otorga a estos una connotación negativa como expresión de las costumbres
sociales: "Un baile no es solo un placer: es un conjunto de placeres; asistir a él es la primera ilusión
de la niña al convertirse en mujer [...]. De un baile depende con frecuencia el porvenir de una mujer
y, por consiguiente, la felicidad o desgracia de su vida" (7-8). Si bien se expone el rol pasivo que
184
El Perú Ilustrado 12 de noviembre 1887.
170
la sociedad asigna a las mujeres, se cuestiona también el sistema, que es el que termina rigiendo
el verdadero destino de las mujeres. Amézaga retoma la enunciación discursiva para persuadir a
su audiencia ––a las madres en particular ––en la tarea de formar a sus hijas dentro de los dones
de la virtud (función comunicativa) –– y para advertir a la juventud de los peligros de la vida. El
epílogo le sirve para solicitar la atención y simpatía del receptor y para reafirmar su argumento:
Sin otro título, pues, que un sincero interés por la bien entendida felicidad de la mujer, nos
atrevemos a hacer algunas indicaciones tan afectuosas como sencillas. La primera es que las
madres, antes de engalanar a sus hijas con todo lo que puede realzar su belleza física, la enriquezcan
con las joyas de una sólida virtud, y las adornen con el vestido de una seria y esmerada educación.
[...]. La última, que los jóvenes, en guarda de su propia dicha, piensen en sus horas de baile que,
así como en las rosas hay espinas y en la naturaleza defectos, en los halagos hay hiel, en las
amistades falsía y en los amores inconstancia. (8)
185
El Perú Ilustrado 21 de julio 1888.
171
preciosos y fecundos brotes de un genio naciente y desolando los últimos con crueles y fratricidas
guerras" (ídem). Se puede inferir que el ensayo no solo está dirigido a las jóvenes sino a un público
imaginado que es también masculino. El último párrafo muestra el fin persuasivo y argumentativo
del ensayo: se expuso lo malo de cultivar esta pasión, el daño que puede hacer a la humanidad, el
daño que ha causado en la nación, y luego, después de exponer sus argumentos, la voz que enuncia
pide: "Deber es de los que tienen a su cargo la educación de la juventud, perseguirla sin descanso
y corregirla sin debilidad [...]" (ídem).
"El carácter"186 es un ensayo en el que la autora expone detalladamente lo que significa
este rasgo distintivo en una persona, lo que toma de nuestras facultades, las circunstancias que lo
resienten, los estadios del mismo y sus contribuciones que brinda a la sociedad.
"Aunque el carácter sea el distintivo de las personas, en muchos casos no revela con entera
verdad, las cualidades y los defectos, las pasiones y los sentimientos que constituyen al ser moral"
(s/n). El sujeto de la enunciación advierte desde el primer párrafo lo capcioso que resulta el
interpretar o ejercer un juicio valorativo sobre este término en las personas. No obstante, por medio
del uso de vocablos coloquiales se explica los diferentes tipos de carácter en una persona y lo que
estos pueden inspirar en otras personas:
[...] cuando conocemos un carácter recto y austero sentimos una estimación mezclada con cierta
timidez o alejamiento, cuando lo conocemos reservado, experimentamos desconfianza y aún
frialdad; por el contrario, los caracteres ingenuos y comunicativos inspiran confianza y afecto, los
suaves y benévolos simpatía, los mordaces y maldicientes temor y aversión, los volubles desdén y
los dominantes fastidio. (ídem)187
186
El Perú Ilustrado 8 de septiembre de 1888.
187
Esta clasificación que propone la autora y que asocia a diferentes tipos de reacciones de la personalidad humana
denota el bagaje cultural e intelectual de Amézaga. Isabel Caro en “El estudio de la personalidad en el modelo
cognitivo de Beck. Reflexiones críticas” (2013) apunta a los estudios de Harré (2000) para describir la visión del ser
humano en las ciencias humanas en el siglo XIX: Existían dos visiones sobre el ser humano, la primera, la suma de
mecanismos individuales entre ellos y con el ambiente y, la segunda, en el que la vida humana es una actividad
colectiva en la que los individuos trabajan los unos con los otros […] (Caro 24-25).
172
sus planteamientos por inculcar en las personas una pura y cristiana moral, tema recurrente en su
escritura ensayística. Al final, el sentido caviloso que encierra el texto se transmite por medio del
enunciador: "Siendo pues el carácter un agente tan poderoso, [...] debemos hacer un serio estudio
de sus tendencias, cualidades y defectos, gobernándolo con la razón, para que él no nos gobierne
indiscreta y fatalmente" (ídem).
El epílogo le sirve a la autora para reforzar dos ideas principales: primero, por medio de
"debemos hacer un serio estudio" se muestra como una ensayista sensata (phrónesis) y con un
intelectual poder sobre lo que dice y lo que propone. Invita así a su audiencia a abrirse a nuevos
conocimientos y por medio del ejercicio de nuestro raciocinio controlar este rasgo distintivo que
todos poseemos y que se llama carácter.
En "Las mujeres suicidas"188 la autora reflexiona sobre este hecho y busca encontrar
algunas de las causas por las que las mujeres se están quitando la vida. En su recorrido, descarta
cada una de ellas y termina condenando esta acción. En este ensayo se pueden identificar las cuatro
partes de su discurso tal y como era concebido por la Retórica: exordium, narratio, argumentatio
y peroratio (Arenas 134). En el primer párrafo del ensayo a través del sujeto enunciador se ofrecen
los motivos que la llevan presentar el asunto a tratar (exordio):
Una nueva desgracia y un nuevo extravío, viene conmoviendo desde hace algunos meses a nuestra
sociedad, tan abrumada ya, por la amargura de las últimas, que fueron para ella envenenado fruto
de las primeras: Las mujeres suicidas. Qué extraña frase, que repugnante epíteto y que menguada
acción [...] sean cuales fueran las formas [...] con las que nos quieran presentar a las infelices
protagonistas de esta terrible tragedia social. (ídem)
Luego, a través de una serie de preguntas que se establecen con los interlocutores (función
de comunicación) se intenta exponer las premisas. A la pregunta: "¿Cuál es en primer lugar la
misión que está llamada a desempeñar en el mundo la mujer?" El sujeto que enuncia responde:
"[...] es conservar el tesoro de las buenas ideas, de las puras costumbres, [...] la de aliviar dolores
y tolerar defectos, la de sufrir por abnegación, y gozar por grandeza del alma, [...] la de ser en fin
moralmente fuerte, lo mismo para resistir el mal que para consumar el martirio" (ídem). La misión
de la mujer a los ojos de la autora acentúa las funciones de la domesticidad y reafirma su
conservadurismo. Asimismo, se propugna la idea de resistencia, sufrimiento y resignación en la
mujer, pero siempre ejercitándola en la fortaleza moral y del espíritu. Luego a la pregunta sobre,
¿Cuáles pueden ser entonces las causas que la lleven al crimen o a la locura del suicidio? El sujeto
188
El Perú Ilustrado 22 de septiembre 1888.
173
que enuncia presenta otra serie de preguntas con el fin de exponer más premisas que irán siendo
descartadas a medida que el enunciador emite sus propias justificaciones (función ideológica):
"¿Será la desgracia? Triste decepción que no sepa resistir el infortunio [...] ¿Será el escepticismo?
Ingrata causa que jamás debió existir en el mundo y mucho menos, en el sexo más favorecido por
la Religión Cristiana, que lo prohibe como un delito. ¿Serán los vicios? Vergonzosa suposición
[...]"(ídem). Expuestas y descartadas las premisas, por medio de la narración/exposición el
enunciador muestra como en sociedades paganas se reprobaba el suicidio:
[...] refiere Cantú 'que en una ciudad antigua [...] tomaron las jóvenes la funesta manía de suicidarse
[...] pero un sabio legislador, tuvo la feliz idea de ordenar que fueran expuestos completamente
desnudos los cadáveres de todas las mujeres que se quitarán la vida [...] el sentimiento del pudor
pudo más que el amor de la vida, en las sobrevivientes; porque no volvieron a suicidarse' [...].
(ídem)
Esta historia le sirve a la autora para hacer la transición a su argumentación. La voz que enuncia
afirma que el alma debe de hacerse superior a las desgracias, sino a dónde iríamos a parar, se
pregunta. Las familias serían las que más sufrirían. Luego, cuenta la historia de una princesa de
Gales que al succionar de la herida de su esposo la sangre envenenada para salvarlo, ella muere.
Esta metáfora sirve para propugnar que la esposa está llamada a: "[...] extraer el veneno del dolor
y la desesperación con dulzura de su afecto, el bálsamo de la resignación y el valor de un oculto
pero dolorosísimo martirio" (ídem). La historia que interpola en el ensayo exalta a la figura de la
mujer sacrificada y valerosa, en contraste a la “menguada acción” de la mujer suicida. Ese martirio,
que puede bien ser moral o corporal, enlaza la moral cristiana con el dolor humano que debe
superar a las desgracias; de ahí que en el epílogo se apele a prevenir que la fiebre del suicidio
llegue a las mujeres y se proponga que la cura efectiva es cultivarlas en la religión. Si bien la autora
no condena la acción suicida como un acto grave de ofensa a Dios, sí retoma en este ensayo sus
convicciones sobre el rol de la mujer en la sociedad y la importancia de inculcar en esta la Religión
Cristiana, remedio para cualquier enfermedad del alma.
En el ensayo de la autora arequipeña, María Nieves y Bustamante "La Patrona de armas
del Perú"189 se plantea cómo ni las ciencias humanas, ni la filosofía, ni la razón pura expresan la
verdad ni pueden guiar el accionar de la humanidad como lo hace la fe encendida por la Verdad
Suprema.
189
El Perú Ilustrado 29 de septiembre 1888. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 308.
174
De principio a fin resalta la función testimonial de la que se vale la autora para personalizar
el texto. El enunciador a medida que presenta los enunciados deja expresa su opinión afectiva
sobre lo que acaba de decir. En su cuestionamiento sobre la verdad se pregunta si ese ser superior
será la ciencia o la razón pura, pero como para que uno exista es necesario negar al otro, entonces
no podemos obtener respuesta. Luego, una serie de nuevos cuestionamientos para los que no son
sabios ni filósofos, ni poetas, ni artistas, sino que son los forman parte del vulgo le permiten
establecer una comunicación directa con el sujeto receptor. Después de captar la atención de su
receptor introducirá el concepto "conciencia":
¿Qué idea tenéis de vuestro ser, del mundo en que vivís, de vuestro destino? ¿Cuál es la regla de
vuestras acciones, la norma de vuestra conducta? ¿Qué relaciones os unen con vuestros semejantes?
¿Hay algún vínculo entre vosotros? Tenéis una especie de culto a la virtud, un secreto amor a la
justicia; pero el vicio os domina, la injusticia marca vuestros actos. (371)
La autora involucra a sus lectores a través de la segunda persona plural con el fin de persuadirlos
y de influir en ellos. Es importante resaltar la intención de la ensayista al dirigirse a un vosotros
colectivo y no un tú individual. Se puede inferir que hay una intención de auto reflexión y
redescubrimiento del hombre como ser individual y social.
Seguidamente, aunque se define la conciencia como "la ley que sostiene el equilibrio
social" también se le cuestiona: “Pero ¿qué es la conciencia?, ¿de dónde proviene?, ¿quién la da?
¡Oh ciencia! explícanos cómo se forma [...] Es demás interrogarla. Ha enmudecido" (ídem). Luego,
por medio de la interjección "¡Oh Fe divina! Álzate esplendorosa como el sol en el primer día de
su creación" (ídem) la autora utiliza la función ideológica para transmitir por medio del enunciador
todo un sistema de valores y creencias religiosas que se ven reflejadas en sus explicaciones
argumentativas. Es la sabiduría infinita la que dicta las leyes universales, es el poder infinito el
que liga el espíritu y la materia, es la misericordia infinita la que repara el ultraje inferido a la
Divinidad y solo siendo conscientes de estas verdades, la ciencia y la filosofía pueden avanzar. Es
pues, la fe encendida por la Verdad Suprema llena de luz todos los ámbitos de la inteligencia (372):
[...] y bajo la forma más dulce, más poética, más comprensible, más amable, bajo la forma de una
mujer celeste, de una tierna madre, de una virgen candorosa que protege la ciencia, inspira el arte,
alienta la virtud, socorre la desgracia, precede a las naciones y domina todos los mundos visibles e
invisibles. A su nombre toda frente se inclina, todo corazón se conmueve. Todas las generaciones
pasan doblándole la rodilla. (ídem)
175
los sagrados libros (Isaías, Salomón, Elías), en el libro del Génesis, en el del Apocalipsis, en el de
San Juan, así como en los libros Santos de la Iglesia Católica: "Aquí está su propio nombre: María
Madre de Dios. Ella es la ‘Patrona de las Armas del Perú’". En el epílogo la consagración que el
enunciador hace del pueblo peruano a Nuestra Señora de las Mercedes la comparte para convencer
a sus lectores que a unirse y confiar en la santa madre: "Ella protege a la República: nada se debe
temer" (ídem).
En "Los espejos. (Para «El Perú Ilustrado»)" 190 la autora establece una relación entre las
creaciones de Dios y las del hombre. Por medio de la personificación, medita sobre lo que significa
un objeto material como el espejo para persuadirnos que el espejo más importante para el hombre
es el que refleja nuestra conciencia.
No son esos magníficos cristales azogados donde la mujer hermosa contempla sus atractivos, el
circunspecto diplomático estudia su fisonomía, el actor ensaya su actitud y el orador su ademán,
los únicos ni mejores espejos de cuyo invento pueda gloriarse la civilización; no; el hombre ha
hecho otros muy superiores. (1206)
Seguidamente, la autora se vale del enunciador para dejar claro cómo la aparente
superioridad del hombre queda relegada cuando se compara a este con la creación divina: "Dios
es el primer autor del espejo; el hombre no ha hecho otra cosa que una imitación" (ídem). Para
mostrar la galería de la creación humana y divina se orienta a la audiencia por medio de una tenue
invitación imperativa: Revisitémoslos. Los espejos de la creación divina: "El océano, Gran espejo
del firmamento. Para describirlo la autora se vale de una serie de metáforas insertando la naturaleza
del Perú andino: "Desde la elevada cordillera, hasta el pequeño picaflor, desde el bosque secular,
hasta la diminuta violeta; desde el águila, hasta la mariposa; desde la fiera, hasta el hombre, todo
mira su propia forma y la de sus semejantes fielmente reproducida" (1206). La repetición de las
preposiciones "desde-hasta" (polisíndeton) marcan la inmensidad de la creación divina como lo es
la del Océano. El siguiente espejo es el de la imaginación; espejo de la fantasía. Se transita ahora
de la naturaleza al hombre: "[...] con todos sus imposibles y absurdos; lo encantador, lo deforme,
lo bello, todos los delirios del espíritu, son reproducidos" (ídem). El tercer espejo es el de la
memoria que es el espejo del pasado y que reúne a todos los protagonistas de la historia: "Las
épocas y los lugares, las acciones y los personajes. ¡Oh! ¡Cuántos querrían romper en astillas este
espejo! Por último, está el espejo de "El arte que es el espejo del pensamiento. [...] donde podéis
190
El Perú Ilustrado 4 de enero 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 314.
176
apreciar, sin temor de equivocaros a causa de la expresión, su belleza o deformidad, su brillantez
o profundidad, su grandeza o pequeñez" (ídem). Luego, para presentar los espejos de la creación
humana la primera persona plural se apodera del discurso para invitar a su audiencia a: "Más,
dejemos la divina la galería, y veamos la del hombre. Aquí está el drama; el espejo del corazón:
"Las pasiones, los dolores, las momentáneas alegrías, los desencantos, las tristezas, las esperanzas
[...]" (ídem). Interrumpe de nuevo: "Pasemos adelante. La novela; espejo de la sociedad. Mirad
como la copia en toda su extensión, con todos sus caracteres, todos sus tipos, todos sus entes, y las
costumbres que los envuelven, y los lazos que los unen y los resortes que los mueven y el círculo
en que se agitan" (ídem). Por último, termina con: "La historia; gran espejo de la humanidad: En
él se contempla a si misma con sus nieblas y sus esplendores, sus progresos y decadencias, sus
mártires y verdugos, sus héroes y monstros [...]" (1207). Las digresiones en el texto como; dejemos
la divina y veamos la del hombre, y pasemos adelante, son indicios de la importancia que tiene la
audiencia para la ensayista. Pero también se observan exhortaciones y apelaciones directas al lector
(apóstrofes). Por otro lado, los espejos humanos muestran las virtudes, mezquindades,
sentimientos, costumbres, cultura e historia en la que se desenvuelve el ser humano como ser
individual y social. Después de exponer las premisas de su argumentación el autor real se distancia
para cederle la voz al sujeto que enuncia y transmitir ese sistema de valores que defiende (función
ideológica):
Muchos creen que se ennegrece, pero es un error; porque su inmutable limpidez jamás puede
disminuir; la mancha que los oscurece no está en él, sino en el ser que reproduce [...] ¡Desgraciados!
Ignoraban que más allá de la tumba aún lo encontrarían. Porque este es el gran espejo del alma. Y
se llama conciencia. (ídem).
177
por llegar al ser individual de cada persona para cultivarse en las virtudes del bien y desterrar las
pasiones que conllevan al mal. Por otro lado, vocablos como: “amigos”, “protectores”, “visitas”,
“bailes”, “suicidas” están orientadas al ser humano en relación a sus acciones como parte de una
colectividad. No olvidemos que la gran diferencia ––para las ensayistas de esta década–– será que
llevan consigo el recuerdo aún latente de la Guerra del Pacífico y esta realidad es la que las motiva
a proponer cambios personales en sus ensayos que puedan después mostrarse en acciones del
hombre para contribuir al desarrollo de la sociedad y específicamente del país. Rafael Altamira en
su libro Máximas y reflexiones (1948) sobre "Lo interno y lo externo en la conducta" nota:
En dos factores reside principalmente la felicidad o la infelicidad de los hombres: es uno el medio
ambiente social; otro, las propias cualidades y defectos de cada individuo. Propendemos hoy a
exagerar demasiado la influencia del primero y aminorar excesivamente la del segundo; y el doble
resultado de este error es declararnos irreformables por propio esfuerzo en no pocas cosas, y aflojar
el sentimiento de la responsabilidad individual. (38)
Es precisamente ese error el que tratan de advertir tanto Amézaga como Nieves y
Bustamante en sus ensayos, que buscan persuadirnos de la importancia de formar al hombre bajo
las normas de la moral cristiana. Nieves y Bustamante es explícita al centrar su argumento en
postular la existencia de la Virgen y además se posiciona en las confrontaciones ciencia-teología
para predicar que la primera no tiene respuestas y la segunda sí. Amézaga, en contraste, encubre
su defensa de la moral cristiana bajo vocablos de la vida diaria que le permiten llegar a su público
lector. Sin embargo, no por eso, se aparta de su propósito: la práctica de las normas de la moral
cristiana tienen como fundamento la fortaleza del alma y el cultivo de la fe y las virtudes.
Una hipótesis final, se puede inferir que este grupo de ensayos tienen también un trasfondo
sociológico. Si por medio del moralismo ambas autoras postulan "una doctrina del obrar humano
que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y
los deberes que implican" (RAE) y si se considera que la puesta en práctica de esta conducta
individual se ve reflejada en la conducta colectiva del ser social, se puede entonces colegir que se
está postulando también la noción de "orden social":
El diccionario de Sociología de Gallino (2005) menciona dos concepciones de orden social en la
sociología: la decimonónica, que describe la coexistencia armónica y en equilibrio de las distintas
partes de la sociedad, y la de la "organización social", que refiere a las estructuras sociales
existentes que garantizan el funcionamiento de un sistema social. (apud Gonnet, Juan Pablo 290 8)
Gonnet en su artículo "Durkeim, Luhmann y la delimitación del problema del orden social" (2014)
nota que la interrogante no está en cómo se constituye el orden sino en la posibilidad de su ausencia
178
(286). Ahora bien, esta ausencia de orden que nota Gonnet puede entreverse en el ensayo de
Amézaga "Las mujeres suicidas". Un gran número de mujeres perdieron a sus esposos después de
la guerra, y dado que ni el Estado, ni la familia, ni la educación que recibieron las había preparado
para afrontar una realidad tan cruel la posibilidad de todo orden desapareció por completo. Sobre
el tema de la viudez en el Perú después de la guerra, Mannarelli, refiriéndose a Teresa González
de Fanning nota: “Ser viuda en esas condiciones la invistió de autoridad para enfrentarse a la élite
de la época y a los grupos clericales que dominaban ––negativamente, según ella–– las vidas de
las mujeres” (14). Por otro lado, Evelyn Sotomayor en Las veladas literarias de Clorinda Matto
(1887-1891) (2017) añade: “[…] la figura dramática de la viuda de guerra, mujer asociada al
sacrificio por la patria y ahora pobre y desamparada junto a sus hijos huérfanos, se unirá al ya
considerable contingente de mujeres de letras que […] buscan trabajo, enfrentándose en el proceso
a los prejuicios vigentes de la época […]” (24).
Las mujeres, en el ensayo de Amézaga, se suman a la realidad que la viuda tiene que
enfrentar, pero estas resultan en una nueva desgracia para una sociedad totalmente abatida por las
secuelas que dejó la guerra y que lucha por establecer un orden social en el Perú decimonónico.
4.4.2. El ensayo de fundamento femenino tiene como motor de reflexión a la mujer y todo
lo que gira sobre su entorno, como ser individual y social. Ya no solo se piden reformas sino se
defiende y exige, por ejemplo, el derecho al trabajo, la educación, la salud, entre otros.
Corresponden a esta clasificación seis ensayos. De Clorinda Matto se analizan: "Luz entre
sombras", "El corsé", "La necesidad del trabajo para la mujer", y la "Defensa de la educación de
la mujer"; de Juana Rosa de Amézaga, "Las tres edades de la mujer" y de Amalia Puga "La literata
en la mujer".
Clorinda Matto. "Luz entre sombras. Estudio filosófico - moral para las madres de
familia"191. Este ensayo antes de ser publicado fue leído por su autora en el Ateneo de Lima. Como
bien lo especifica el subtítulo es un estudio que hace la autora sobre las mujeres peruanas y el rol
de estas en sus hogares y para con la sociedad.
En la primera parte la autora expone sus premisas. Primero, muestra su posición dejando
en claro desde el uso de la primera persona singular "yo" que no simpatiza con tres tipos de
191
El Perú Ilustrado 6 de enero 1889.
179
mujeres: las que no son femeninas, las beatas y las incrédulas. Luego, medita que si la mujer ha
nacido para ser madre con un corazón profundo para lograrlo, pide para el varón el bullicio de la
política y para la mujer el altar de la familia. No obstante, deja en claro que, según las condiciones
y las costumbres locales, el rol de las mujeres y su esfera de acción se expandirán en la sociedad.
A ellas, las mujeres peruanas las exalta, pero también les recuerda sus responsabilidades:
Entiendo que en todo orden, para sentar un principio social hay que estudiar las utilidades de la
mayoría; y acatando esta regla me dirijo a la mujer en general a quien le concedo los mejores
atributos de un alma nutrida en la fe, dirigiendo las pulsaciones de un corazón exquisito en
sensibilidad, tierno y generoso corazón de mujer peruana [...]. (814)
En la segunda parte del texto la autora explícitamente nota "Voy a buscar fundamentos".
Es pues consciente de sus interlocutores y es a quienes buscará persuadir. A través de la voz de
enunciador hace un examen de las causas de la decadencia del país: señala la desunión de ideas
que conduce a la debilidad de las fuerzas morales. Por otro lado, el escepticismo que destruye los
principios morales y religiosos y hasta los lazos familiares (ídem). Advierte también a las mujeres
que la virtud no significa acudir al templo y consultar todo al confesor: "Error, lamentable error
que la ilustración de la madre cristiana está llamada a rectificar" (ídem)192.
Para apoyar su argumento se vale de las palabras del autor de Religión Religiones 193 que
muestran tres síntomas de una sociedad en decadencia: "la mayor o menor intensidad de la idea
religiosa, la mayor o menor fuerza del sentimiento nacional en el pueblo o la mayor o menor
profundidad en el egoísmo de cada individuo" (815). Luego, retomando el protagonismo autorial
interpela a su audiencia: "Ruego a los que me dispensan la honra de escucharme, que, poniendo la
mano sobre su corazón, extiendan la mirada hacia nuestro país y juzguen de su estado actual y de
su porvenir, en presencia o ausencia de esos síntomas" (ídem). La autora aprovecha para que todos
los asistentes entonen un mea culpa y examinen sus conciencias. Enseguida presenta una serie de
cuadros como parte de los fundamentos para reforzar su argumentación. Critica a la sociedad
patriarcal que trata a la mujer como una letra de cambio: "Nuestros abuelos preguntaban antes de
los esponsales: ¿es virtuosa? –– nuestros padres: ¿es bella? –– y nuestros hijos: ¿tiene dote?"
(ídem). No obstante, esta crítica le sirve para culpar a la mujer por no preocuparse por ilustrarse y
192
Es importante relacionar esta reflexión de la autora con el hecho que una de las razones que se esgrimió en España
para cuestionar el voto de las mujeres fue que estaban muy influenciadas por los curas y votarían siguiendo sus
dictados.
193
La autora no indica el nombre del autor en el texto original. Hemos agotado todas nuestras búsquedas y no
encontramos información fidedigna.
180
por no enseñar al varón que el corazón no es una mercancía. En la tercera parte, se dirige otra vez
a su audiencia para proponer que dado que se han identificado los males se debe buscar un remedio.
Deja claro que mucho se habla, pero poco se hace por eso. Su argumento final es que en el orden
social se necesita adoptar una religión y practicar sus mandatos. Les encarga a las madres de
familia armar los corazones de sus hijos con fe: "El astro rey de las creencias cristianas aún no ha
desaparecido en los horizontes peruanos. Eclipsado por las sombrías nubes [...] tornará a alumbrar
con luz benéfica el Perú adorado. Más la labor de disipar aquellas sombras que oscurecen nuestro
sol [...] es de la mujer, de la madre peruana" (ídem). La mujer peruana es la encargada de iluminar
la patria con la luz divina.
Clorinda Matto se desempeñaba como directora del periódico cuando se publicó "El
corsé"194. El ensayo está divido en seis partes. La autora se refiere a este accesorio de belleza de la
antigüedad para presentar su argumento en contra del uso de esta prenda femenina. En este texto
se identifican las cuatro partes del discurso retórico. Por medio del exordio la autora se vale de una
leyenda para validar su hipótesis sobre la aparición de dicha prenda y de la época de la que pudo
derivar este atuendo femenino.
Un sabio alemán supone, y si no es él lo supongo yo, que existió en los tiempos prehistóricos y
antediluvianos una gran doncella llamada Adori, hija de Adán y Eva, de la que se enamoraron en
una misma estación Caín y Abel, sus hermanos, y que, las disputas y rivalidades de entrambos,
tuvieron el trágico desenlace de que Abel fue despachado al otro barrio [...] Uno de los encantos de
Adori era su turgente seno con olor a carnes puras virginales, la esbeltez de su cuerpo, sujeto entre
redecillas de los hilos que produce el ámbar; y por esto, presupongo también que el corsé tiene su
origen en respetable antigüedad, y lo recibo como un accesorio a la belleza. Pero, contra lo que
protesto, y paso a dar razones, es contra aquella modificación que la mujer del siglo ha introducido
en el corpiño primitivo, convirtiéndolo en instrumento de martirio y también en la fuente de las
más feas decepciones. Contaré el caso. (s/n)
Luego, narra a través de una anécdota cómo un amigo de su esposo, otro ciudadano inglés,
conoció en su casa a una amiga de ella, pero se desanimó de esta después de la primera cita: "El
gentleman fue presentado, y a los tres minutos teníamos hombre en el agua, pues estaba
verdaderamente enamorado [...] el partido era ventajosísimo para mi amiga, pues sabía por
experiencia propia la dicha infinita de casarse con un inglés de ojos cielo y patillas doradas" (ídem).
No obstante, algo pasó entre ellos que hizo que el inglés se desanime de la joven. La autora se vale
de función testimonial insertando, tanto la leyenda como la anécdota en el texto para por medio
194
El Perú Ilustrado 24 de mayo 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 293.
181
del sujeto que enuncia manifieste su actitud hacia lo enunciado. A medida que continúa con la
narración la autora explota aún más la función testimonial pero esta vez lo hace por medio de
recuerdos íntimos; describe al detalle el paisaje, la rutina en su hogar, a los enamorados y hasta
introduce una muy suave crítica al realismo en boga.
Era una noche de luna, clara y perfumada por las matas de albahaca colocadas en los surcos de la
espaciosa plataforma que da entrada al salón de recibo. Yo acababa de servir el mate que, de
costumbre, se consumía en casa. Ella ocupaba su asiento favorito junto a la ventana [...]. Serían las
diez de la noche cuando apareció él, que venía a paso desmesurado, colorado como un rábano, entró
sin cumplimiento, y arrodillándose in continenti a los pies de la chica le dijo: ––María Luisa, no
vuelva usted a ponerse corsé, y dentro de seis meses será usted mi esposa. Tome usted mis
esponsales. Al decir esto, puso en el dedo [...] un rico aro de oro en el que brillaba una piedra blanca
con los rayos de la envidia y la codicia. Era un solitario de diez y nueve quilates. Como los tintes
del realismo han contaminado las acciones más sencillas de la vida, yo misma me di a pensar
pecaminosamente sobre la causa de tan extraño comportamiento del Míster y el rol que podrá
tocarle al corsé en una cita de amor para arreglos matrimoniales. (ídem)
Llegada la fecha Míster Thomas cumplió su promesa y se casó con María Luisa.
Casi al final, la autora retoma su protagonismo para reiterar su argumento:
Llamé a Míster Thomas y le pedí una confidencia a cerca del misterio en que había envuelto su
primera cita matrimonial. Y él sacando de la cartera un recorte de la gaceta medical me dijo con
toda la franqueza de un novio que ya es marido: ––Aquel día, señora, estuve loco de amor [...]
acerqué mis labios para beber el néctar de su boca, y ... caí sin sentido desmayado por un aliento....
envenenado. [...] Este papel, y la docilidad de mi novia me han salvado de una tragedia [...]. (ídem)
El epílogo le permite dirigirse a sus lectoras para despertar en ellas un cambio. La autora
interpola otro texto, la carta del médico alemán que le lee Míster Thomas: "Copiaré el contenido
del papel para conocimiento de mis lectoras que, por desgracia, no tuviesen olor a rosa o a clavel”
(s/n). El documento es una recomendación para que las mujeres no usen el corsé porque al
apretarles el hígado produce en ellas un aliento fétido.
En el ensayo "La necesidad del trabajo para la mujer" 195 la autora alega que por medio del
trabajo y una profesión la mujer podrá ayudar a cimentar las virtudes sociales y podrá encaminarse
en la senda del progreso universal. Su conocimiento sobre el tema a tratar se ve expresado a través
de la función testimonial: "[...] Esto escribimos ha [...] poco tiempo, con motivo del ingreso de una
distinguida señorita a la Escuela de Medicina de Santiago. Hoy nos toca repetir nuestras mismas
palabras, para ocuparnos de una respetable matrona [...]" (ídem). La señorita a la que se alude en
la cita no es otra que una de las escritoras de nuestro estudio: Margarita Práxedes Muñoz. La
195
El Perú Ilustrado 20 de septiembre 1890.
182
aclaración le otorga más credibilidad a la ensayista sobre el tema tratado, por eso en este ensayo
reitera su compromiso con las mujeres que se embarcan en estudiar una profesión en el Perú:
Hoy nos toca repetir nuestras mismas palabras, para ocuparnos de una respetable matrona que
hallándose viuda y sin medios de subsistencia honrada, supo inspirarse en las sublimes
irradiaciones de una índole educada en una ley evangélica, que tiene por mandato el sacrificio
propio por el bien ajeno [...] la Sra. Ana S. viuda de Mac Sorley, la primera en el Perú que después
de estudios concienzudos, y notables pruebas ha optado el diploma de Cirujana-Dentista. (ídem)
Además de la exaltación de la proeza lograda la autora se vale del enunciador para transmitir un
determinado sistema de valores e intereses ideológicos (función ideológica). Se rescata la acción
de la mujer por buscar medios de sobrevivencia sin caer en la prostitución o casarse por necesidad
económica. Además, la mención a "la ley evangélica" que da cumplimiento a la ley divina sirve
también para señalar las fallas en la enseñanza de la Iglesia. Más aún, condena actos de
intolerancia: "Ya se ve; todavía somos tan desgraciados que presenciamos la quemazón de una
infeliz india en Andamarca y las quemazones de periódicos civilizadores como El Educador
Popular y otros" (ídem)196.
No hay leyes ni sacerdotes que puedan suplantar la labor que hace una mujer, ella es la
educadora. Si no se le educa, el progreso se estanca.
La mujer educa al hombre, es verdad; en su regazo aprende a balbucear los benditos nombres de
Dios y Patria; y arrodillado el niño ante la madre, aprende a pedir pan nuestro de cada día. Por esto
mismo, repetimos que si no educamos a la mujer, en vano se conmoverán las naves de los
parlamentos ante la voz del legislador que pide reformas de leyes, en vano crujirá la bóveda de los
templos con la voz del orador proscribiendo los vicios. (ídem)
Para cimentar su argumento expone todas las ventajas que puede traer al hogar el que una
mujer opte por estudiar una profesión: "[...] no es solamente una parte consumidora del capital,
sino se convierte en un socio productor para labrar el bienestar de los hijos [...] estará preparada
para casos de enfermedad, ausencia o viudedad" (ídem). Por eso estimula a las mujeres a cobijarse
detrás de los muros de una profesión. El epílogo le sirve para felicitar a la señora Mac Sorley y
advertirle que, ahora más que nunca, ella será juzgada con más rigor por la sociedad: "Entre
nosotros, la mujer que sobresale, es como la oropéndola de vistoso plumaje: todos los moscones
van a picarla, todas las miradas devoran su belleza y pocos muy pocos perdonan el grave delito de
"no ser nada" (ídem). Además, la advertencia se puede ver como una crítica de Matto a la sociedad
196
Las palabras quemazón y quemazones provienen del verbo quemar que significa destruir algo o alguien con fuego.
183
limeña, ya que ella, experimentó en carne propia lo que significaba ser una escritora en la esfera
pública.
"Defensa de la educación de la mujer" 197. En este ensayo la autora sostiene lo importante
que es atender a la ilustración de la mujer, si no lo hacemos ––advierte––: "[...] los que creíamos
sólidos edificios, serán débiles castillos de naipes" (s/n). Por medio del sujeto que enuncia se
expresa un juicio valorativo sobre los que profesan que la mujer debe de ser cosa y no persona,
maleando así la enseñanza de Dios-Hombre que fue el defensor de la mujer y el niño. "[...] si Cristo
redimió al varón, salvó doblemente a la mujer a quien entregó el hogar, santificado por la castidad
y fortalecido por el heroísmo. Jesús selló con su divina palabra la personalidad de la mujer dando
al varón compañera y no sierva" (ídem). La mención de mujeres como Omfala, María Luisa y
Carlota Corday refuerzan el argumento sobre la importancia del rol que puede tener la mujer si
cumple realmente la misión de compañera y no sierva que Dios le dio. El protagonismo del yo
autorial retoma la enunciación discursiva para dar paso al argumento del ensayo que aparece como
casualidad: "Todas estas pinceladas las trazamos al acaso, sin estudio deliberado, para acercarlos
en lo pequeño a lo que en estos momentos pasa en el Perú con mengua de la civilización de
América" (ídem). En tono cuasi biográfico denuncia los atropellos a la prensa, a la libertad de
pensamiento con el objetivo de pedir que los hombres dejen de lado su actitud pasiva. Luego valida
su argumento:
Estamos en horas de transición semejantes a las que determinaron la gran reacción moral de la
Francia, cuando Michelet publicó su libro El Sacerdote, la mujer y la familia. La sociedad sufrió
una conmoción que no podemos calificar sino de saludable, puesto que la verdad brilló con mayores
fulgores después de la fenecida tempestad. (ídem)198
197
El Perú Ilustrado 1 de noviembre 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 297.
198
Estanislao Cantero en su artículo: “La ideología anticatólica de un historiador: Jules Michelet” hace la siguiente
reflexión: “En 1845, en otro panfleto anticatólico, lleno de mentiras, medias verdades y falsedades históricas, Du
prêtre, de la femme et de la famille –obra calificada por Jules Simon como ‘una novela, una escena de comedia, de
comedia implacable’– , pretendió demostrar que la Iglesia es contraria a la familia al apoderarse del alma de la mujer
por medio de su confesor. Escrita tres años después de la muerte de su amiga Adele Dumesnil, de cuyo lecho de
muerte fue apartado por la influencia de un sacerdote, Michelet, ‘herido de celos y deseoso de venganza’, no solo
arremete contra el sacramento de la confesión y la dirección espiritual, núcleo de su plúmbeo discurso, sino contra la
religión católica en su conjunto” (Cantero 104).
184
hermanos, y propender a que la religión predicada por Jesús Nazareno brille con todos los
resplandores de su Divino Fundador en la pureza de sus ministros; tocándose fundamentalmente
un punto que, en la iglesia católica, es puramente de disciplina y no de dogma: el matrimonio de
los curas. (ídem)
Para luego, distanciándose aún más ese segundo yo exponer la situación de la autora de
Aves y sin nido:
La autora está con todos los anatemas que han podido lanzarle los que, tal vez, se han sentido
vulnerados en sus costumbres; porque para honra del clero peruano, también el libro tiene brillantes
juicios a favor emitidos por sacerdotes tan virtuosos como ilustrados, verdaderos sacerdotes de la
religión del Cristo. (ídem)
Sus palabras finales sintetizan su intención persuasiva pero también su postura crítica:
"Instruyamos a la mujer y más tarde no se quemarán nuestros libros, ni nuestros sacerdotes nos
anatematizarán pues irán guiados por la ciencia y la caridad" (ídem).
De Juana Rosa de Amézaga tenemos "Las tres edades de la mujer"200. Este ensayo es un
estudio social y filosófico de la autora referido a tres períodos de la vida de la mujer: la primera
edad (de los quince a los veinticinco), la segunda edad (a los veinticinco) y la tercera edad (de los
cuarenta a los cincuenta). Detalladamente, se presentan las fases del desarrollo humano como
premisas de la argumentación final. Las referencias a estas fases se expresan por medio de registros
lingüísticos que dan cuenta de la realidad de una forma íntima y sincera. El ensayo está divido en
199
El 23 de agosto de 1890, El Perú Ilustrado publicó (sin autorización de Matto, según aclaró posteriormente, pues
ese día había estado enferma) un cuento basado en la vida de Cristo, escrito por el brasileño Henrique Maximiano
Coelho Netto, que enfureció a muchos lectores quienes opinaron que se había difamado a Cristo pues se decía que
sentía una atracción sexual por María Magdalena. El arzobispo de Lima, bajo amenaza de pecado mortal, prohibió
que se leyera, vendiera o hablara de la revista. Se acusó a la revista y luego también a Aves sin nido de haber difamado
a la Iglesia. La controversia fue creciendo. El arzobispo excomulgó a Matto, empezaron las demostraciones públicas
a su favor y en su contra, en Cusco y Arequipa fue quemada su efigie, y Aves sin nido quedó incluido en la lista de
libros prohibidos por la Iglesia católica. Pero Matto y El Perú Ilustrado tenían muchos defensores y el 7 de julio de
1891 la prohibición que el arzobispo había impuesto con relación al periódico fue retirada ante las múltiples promesas
de Pedro Bacigalupi, dueño de la revista, comprometiéndose a vigilar más estrechamente el material que se publicara.
Cuatro días después, Matto renunció a su cargo de editora y directora de El Perú Ilustrado (Berg s/n Biblioteca
Cervantes Virtual).
200 El Perú Ilustrado 6 de julio 1889. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 303.
185
tres partes y en cada una el sujeto enunciador expone las características de cada período de la vida
de la mujer, transmitiendo y cimentando un determinado sistema de valores por medio de
explicaciones (función ideológica) así como también espontáneos sentimientos que despierta lo
que escribe (función testimonial).
Primera edad (es salir de la infancia y entrar a la primavera de la vida):
Una joven o mejor dicho una niña de quince años está sujeta a tantos cambios como la atmósfera,
y es como un caudaloso río, a cuyas aguas se puede dar la dirección más conveniente, o más
peligrosa, según sea la pericia y buena voluntad de las personas llamadas a gobernarla. ¡Ay de ella
si da en falso sus primeros pasos, en la escabrosa senda de la vida! La influencia de una mala amiga,
el ejemplo de una madre liviana o la impresión producida en su alma, por una lectura inmoral o
apasionada, basta, muchas veces para hacerla infeliz o culpable. (282)
El uso de figuras retóricas como el símil le permite a la autora expresar por medio de las imágenes
de la naturaleza su recto y maduro juicio sobre la inocencia de una niña de esa edad y lo indefensa
que está ante el mundo. Por eso, advierte sobre la responsabilidad que tienen otras personas que
influyen en ella. Los adjetivos "mala" amiga, madre "liviana", lectura "inmoral o apasionada"
denotan el elevadísimo carácter moral de sus pensamientos. La interjección, por otro lado, no solo
advierte sino intenta alertar y persuadir de una forma que sugiere espontaneidad y naturalidad.
Retomando la función ideológica queda claro las mujeres a esa edad no actúan por
convicción sino por instinto, “imitación ligereza, sentimiento o costumbre” (ídem). La reflexión
sobre esta primera edad denota que no se puede emitir un juicio exacto sobre si las tendencias
buenas o malas de las mujeres se revelan en este período de su vida.
Segunda edad (veinticinco años)
"[...] brilla con todo su esplendor el ser moral de la mujer; [...] comprende lo grande y siente
lo tierno, ama lo bueno y desea lo bueno y lo perfecto; [...] ama el bien porque siente su necesidad
y [...] lo juzga como lo mejor y está convencida de que es la vida de su alma y el fin de su destino"
(ídem). Esta segunda parte del ensayo el concepto "mujer" adquiere voz e independencia. La mujer
actúa por sus propios impulsos y ya no hay, ni madre ni amiga que la puedan desviar, ella depende
de sí misma y ya no puede culpar a nadie.
Una mujer de veinticinco años, honrada, inteligente y culta, es como el estío que tiene días
brillantes, tardes hermosas y noches claras y templadas; porque une al ardor de juvenil entusiasmo
el rico tesoro de los juiciosos pensamientos y la tranquila práctica de suaves e ilustradas virtudes:
niña, por las gracias y mujer por las obras, inspira a la vez simpatía y estimación, confianza y
respeto. (ídem)
186
Si posee cualidades que la hacen un ser moral, será como la estación del verano, siempre irradiando
luz y alegría a los que la rodean. Siempre debe de cultivarse en la prudencia, la discreción y la
lealtad.
Luego, el enunciador atrae la atención a través de la siguiente digresión (función
metadiscursiva o de control):
Forman las excepciones en la edad que vamos estudiando, aquellas mujeres que por causas
especiales no han podido llegar a un completo desarrollo moral, o se han anticipado a él. La
desgraciada influencia de una educación más rigorista que perfecta, hace que la joven oprimida en
sus más inocentes expansiones y privada de sus goces más lícitos, adquiera un gran apocamiento
de espíritu, y un temor irracional, que la convierta en una especie de autómata, sin que llegue a
adquirir ni la conciencia de sus deberes, ni el valor de sus derechos en la sociedad. (283)
La opinión formada que caracteriza a la autora le permite sopesar no solo cómo debe conducirse
una mujer sino también si estas han sido víctimas de sus entornos familiares, educacionales o
sociales.
Tercera edad (de los cuarenta a los cincuenta).
"[...] es el último período en que se puede estudiar a la mujer, porque después de esta edad,
todo está desarrollado en ella, y ya no hay nada nuevo que observar, ni descubrir; de manera que
cuanto haga, o deje de hacer, no será sino el natural desarrollo de lo que ha sido antes" (ídem).
El sujeto que enuncia es firme cuando apunta que en esta edad le será difícil a la mujer
encontrar la dicha, ya no podrán experimentar las ilusiones de la primera edad ni los halagos de la
segunda. Esta es la edad en la cual la mujer "necesita de algo más elevado, de los pensamientos
graves y de las amistades serias. Si no sentirá un doloroso vacío" (ídem). Enseguida, la reflexión
sobre cómo se trata a las mujeres en otros países que son más adelantados que el Perú sirve como
consuelo y estímulo para que las mujeres sigan cultivándose:
En países más adelantados que el nuestro, en los que predomina lo serio y práctico, una mujer de
cuarenta años tiene más importancia social, que una joven de veinticinco, porque se la estima como
una útil y experimentada colaboradora en todas aquellas obras que requieren más delicadeza que
fuerza, más finura que talento, y más reflexión que gracia. (ídem)
La claridad con la que se describe cómo se trata y se aprecia a las mujeres después de los cuarenta
en el país pinta la realidad de la sociedad, pero como está insertada dentro del estudio social y
filosófico de la autora, sus reflexiones no desatan críticas como si estuvieran en una novela:
[...] entre nosotros la mujer de cuarenta años hace un papel muy relativo; si es la esposa querida de
un político influyente, o de un magistrado poderoso, se hace con ella lo que con la llave de un
tesoro, esto es se la guarda porque se la necesita; si es madre de preciosas jóvenes, se la convierte
en escabel, porque dispensarle ciertas atenciones es el único medio de acercarse al objeto deseado;
187
si es viuda opulenta y ofrece a los que se llama sus amigos, esplendidos bailes y suntuosos
banquetes, se hace con ella lo que con la copa que contiene un vino generoso; esto es, se la acaricia
con aparentes distinciones, por gustar el contenido, si no está en ninguna de las anteriores
condiciones, pero tiene un verdadero y reconocido mérito, se la admira, como uno de esos muebles
antiguos y preciosos, que todos estiman como buenos, pero que muy pocos compran, por costosos
o pesados. (ídem)
La galanura discursiva empleada en la cita anterior deja expresa la actitud afectiva del sujeto que
enuncia (función testimonial).
Por medio de la frase "Sintetizando pues, a la mujer en cada uno de los períodos que hemos
estudiado..." la autora se vale de la primera persona plural para persuadir al receptor de que a través
de su estudio la mujer tiene un rol que cumplir en su sociedad. Si bien en las primeras etapas
Amézaga expresa su posición conservadora sobre los roles que deben cumplir las madres para con
sus hijas, y luego asocia a las jóvenes con pasiones no racionales principalmente y a la vida del
alma; se puede ver un giro en su pensamiento cuando se refiere a la última etapa de la vida de la
mujer. Su referencia a cómo son consideradas las mujeres de cuarenta en otros países denota
primero su esperanza por lograr un cambio para que la mujer peruana sea mejor considerada y,
segundo, su abierta crítica a la sociedad limeña en que se desenvuelve. No olvidemos que a finales
de los ochenta las escritoras están ya publicando novelas y valiéndose de estas para ejercer una
crítica social a la sociedad en que viven.
De Amalia Puga tenemos el ensayo "La literata en la mujer" 201. Este ensayo se leyó en El
Ateneo de Lima con motivo de la incorporación de la autora a ese club literario.
Desde el primer párrafo la autora acepta la nominación como socia, se dirige al "Sr.
Presidente y los Señores" con la solemnidad que exige ser parte de una asociación literaria como
esta y comienza su disertación: "Desde aquí he de dirigirme a vosotros, mis amigos siempre y mis
colegas ya; a la deslumbradora sociedad en estos salones reunida; y, de una manera especial, a las
mujeres hispano-americanas adorables compatriotas mías" (8171). La autora se homologa con los
miembros del Ateneo y antes de iniciar su discurso deja en claro que son las mujeres, sus
compatriotas las que merecen su atención. A ellas, las mujeres de la sierra y selva del Perú, a ellas
les dedica este mensaje:
[...] vosotras, cuya cuna mecieron a porfía los vientos helados de nuestras sierras y balsámicas
brisas de nuestros hondos valles; para vosotras, cuyos sueños infantiles arrullaron en concierto el
ronco mugir de dos océanos y los mitológicos rumores de vírgenes selvas [...] escuchadme
201
El Perú Ilustrado 9 de enero 1892. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 317.
188
propicias; no me pidáis sabios consejos, no exijáis de mi erudición profunda; ni mi corta edad ni
mis escasas dotes los consienten. (ídem)
Estos ingenios femeniles han marcado ya un camino, por ende la autora cuestiona: ¿cuál es el papel
de la mujer en el terreno de la literatura? Sin dejar de mencionar a escritoras como Pardo Bazán y
Carolina Coronado se centra en las escritoras latinoamericanas: "[...] no hablaré de todas las
mujeres que han descollado en nuestros países en el cultivo de las letras, no me referiré
particularmente sino a dos: a la ilustre anciana Juana Manuela Gorriti, [...] y a Gertrudis Gómez
de Avellaneda, la más grande y glorificada de nuestras poetisas" (ídem). La referencia a Gorriti
como ilustre anciana muestra la solemnidad de una escritora joven como Puga hacia la figura de
madre literaria que fue Gorriti para escritoras de generaciones anteriores. Su argumento final no
busca que todas las mujeres se vuelvan literatas, ella como tal, sabe que se necesitan estudios,
aptitudes y dotes especiales para llegar a serlo, no obstante, insiste en que no por eso se les debe
de dejar de cultivar. "Yo me tomo la libertad de invitar a mis queridas compatriotas a que tributen
culto a las bellas letras, sea organizando pequeños círculos donde ensayar sus fuerzas, sea
fundando amenas publicaciones con el propio objeto [...] y ojalá mi voz, desautorizada pero llena
189
de buena intención, hallara resonancia en el pecho de todas” (8233). La invitación de la autora
hace eco de la relevancia que tuvieron en la década anterior las veladas y las revistas literarias e
indirectamente pide que se emulen: “Preciso es tejer una red de oro y seda para aprisionar en ella
tantas inteligencias separadas aún [...]" (ídem).
Para concluir se dirige expresamente a los "Señores" reconociéndolos como letrados, pero
también responsabilizándolos de la tarea que tienen por delante: "Tócame ahora dirigiros la
palabra, de modo particular, a vosotros, ilustres compañeros míos, que sois los sacerdotes de la
Idea en el Perú. [...] Mostraos siempre generosos con la mujer que descuelle por su inteligencia y
su corazón" (ídem). Y para hacerlos pensar les deja una cita del escritor español don Severo
Catalina202: “En nuestro actual sistema de educación y aún de vida, dice, es muy difícil que broten
mujeres de vocación directa hacia los estudios serios; pero si brotan y se dan a conocer, serán por
extremo cobardes los críticos que las desalienten y por extremos egoístas los sabios que las
menosprecien” (ídem). Amalia Puga aprovecha el estrado que le brinda un club literario como el
Ateneo de Lima para hacerse oír y, lo más importante, hacer resonar su argumento: honra y respeto
a la mujer literata.
4.4.2.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento femenino
Los ensayos estudiados bajo este fundamento nos permiten identificar algunas
coincidencias en las propuestas de las autoras. Primero, en los ensayos "Luz entre sombras" y "Las
tres edades de la mujer" se advierte, ya sea en el subtítulo, en el caso del texto de Matto, o en el
exordio, en el caso del texto de Amézaga, las palabras estudio filosófico-moral y estudio social-
filosófico. Ambas ensayistas aclaran y hacen saber a su audiencia de la formalidad de sus
propuestas. Además, en estas disertaciones queda expuesto el carácter filosófico del pensamiento
de estas estudiosas peruanas. Como bien lo ha notado Mannarelli, aunque la Guerra con Chile
desbarató los logros en la posición de las mujeres un rasgo constitutivo de la posguerra fue la
presencia de estas: "Fue el caso de Teresa González de Fanning y su Liceo Fanning destinado a la
educación de las mujeres de la ciudad. La fundación de esta institución en 1881 fue expresión de
un impulso alimentado por el boom literario previo a la guerra, y a la vez una poderosa señal de lo
que sería la actuación de las mujeres en la cultura pública de la posguerra" (29). Estos dos ensayos
202
Escritor y periodista español cuya obra más famosa y popular es “La Mujer en las diversas relaciones de la
familia y de la sociedad. Apuntes para un libro” (1858) y es de la que cita la autora.
190
insisten en la importancia del rol de la mujer peruana para con su sociedad y, por otro lado, apuntan
a la responsabilidad directa que tienen la madre, el Estado, la Iglesia y la sociedad en la formación
de la mujer peruana desde su infancia. Ante la decadencia que vivía el país, tanto Matto como
Amézaga exponen sus argumentos para considerar a la mujer como un sujeto actuante de cambio
y no solo en su rol pasivo de madre republicana. Sobre la influencia de la madre, Teresa González
de Fanning reforzaría años después el argumento de Amézaga: "El pensamiento decimonónico en
el Perú subrayó la influencia educativa de las madres en los hijos varones. En contraste, para
González la asociación madre-hija adquiere una importancia fundamental [...]" (Mannarelli 33).
Un segundo grupo de ensayos son los que alegan en pos de nuevas oportunidades para la
mujer. Fanny Arango en su artículo en su artículo antes citado hace referencia a autoras como
Freyre, Cabello y Matto ha apuntado a: "[...] cómo la diferenciación del hacer literario del hombre
y la mujer contribuyen a crear el paradigma de la escritora como sujeto socio-histórico que
contribuye con su actividad literaria en la transformación de la realidad social" (9). De esta misión
son conscientes Matto y Puga en sus ensayos "El corsé", "La necesidad del trabajo para la mujer",
y la "Defensa de la educación de la mujer" y "La literata en la mujer".
Los tres ensayos de Matto denotan tres realidades a las que se enfrenta la mujer: Si se
medita sobre la connotación del vocablo corsé y se le asocia a: “la limitación o constricción
impuesta a una forma de actuar” (RAE), se puede inferir que este sirve como una metáfora a la
autora para denunciar el martirio físico (como en el caso de las mujeres que lo usan) así como el
martirio moral de las mujeres que por dependencia económica se casan por salvar la reputación de
sus familias. La necesidad alega por una carencia que es menester para la conservación de la vida
(RAE) en este caso, el trabajo. Y, por último, la defensa de la educación es un alegato en pro de
que la mujer debe preocuparse por ilustrarse. En la literata en la mujer, Puga sostiene y refuerza
la idea de que toda mujer debe de cultivarse en el estudio, asistir a tertulias, fundar revistas y más.
Se puede inferir que en estos ensayos las tres autoras se autorizan como voces probas sino
también como ensayistas que propugnan, a una década de un nuevo siglo, una agenda cuya
prioridad es lograr la independencia de la mujer. En cuanto a la consideración que se tenía sobre
las escritoras en este siglo, Fanny Arango ha recalcado:
Recordemos que la práctica escritural del siglo XIX no era aislada, esporádica y anecdótica, sino
que formaba parte de un proyecto cultural en el que se observaba una solidaria comunidad de
intereses. En este sentido, la escritora era un sujeto informado que se encontraba al tanto de la
mayor parte de la producción cultural y literaria de otras mujeres europeas y norteamericanas. La
191
escritora del diecinueve era también una lectora ávida y seleccionaba como base de comparación
para guiar su ejercicio literario cierto paradigma de escritura femenina y feminista. (10-11)
Los títulos de los ensayos bajo el fundamento femenino reafirman lo expresado por Arango.
Asimismo, coincidimos con la estudiosa peruana en que las escritoras fueron parte de una
comunidad letrada, de ahí nuestra propuesta de analizar el corpus de ensayos de esta tesis de una
forma individual pero también colectiva.
4.4.3. El ensayo de fundamento nacionalista, son los escritos en los que las autoras
meditan sobre las secuelas que dejó la Guerra del Pacífico en el país, ya sea para enaltecer las
acciones de los que participaron en ella o para ejercer una crítica social. Corresponden a este
fundamento el ensayo “Los héroes peruanos” de Mercedes Cabello de Carbonera y el de Juana
Rosa de Amézaga “La miseria con guantes”.
Mercedes Cabello de Carbonera en "Los héroes peruanos"203 articula un ensayo en el
que no solo exaltará los nombres de las glorias peruanas, sino que basándose en lo que denomina
deducciones lógicas ––cómo ella ve las tendencias del siglo––, pronostica acciones futuras que
obedecen a los preceptos de la justicia. La autora se vale del exordio y por medio del enunciador
busca captar la atención de sus interlocutores con una serie de preguntas retóricas como: “¿Qué es
el heroísmo y qué constituye al héroe? ¿Serán héroes de una época, de una nacionalidad o de un
acontecimiento? ...”. Luego, la autora se vale de la función ideológica, intercalando al sujeto que
enuncia, como también a los actores de la escena contada, se pasa así de la historia al discurso.
¡Ah! Digámoslo muy alto; ellos pertenecen a la estirpe de los héroes de la idea; son los sostenedores
de los principios que el espíritu del siglo ha proclamado; son los representantes de la integridad
territorial, de la autonomía nacional, del afianzamiento de las nacionalidades en el Nuevo Mundo,
del equilibrio sud-americano; [...]. (4320)
Son héroes no solo de una nación, sus actos heroicos tocan a todo un continente, ellos son el
cimiento de la historia del Nuevo Mundo. "Los héroes están llenos de ideas, principios, que llevan
a la justicia y a la moral, por eso se hacen inmortales" (ídem). En alusión directa a la barbarie
perpetrada por las tropas chilenas en las batallas de San Juan y Miraflores, la autora –– quien fue
voluntaria en la Cruz Roja–– recurre al enunciador (función ideológica) para expresar su condena
a los que se hacen llamar vencedores: "El valor colectivo de los ejércitos que llevan por móvil la
conquista y el pillaje, acompañados del fatídico séquito de incendios, asesinatos y toda suerte de
203
El Perú Ilustrado 19 de julio 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 276.
192
vandalismos, ese valor está ya proscrito del templo de los héroes como del templo de la gloria"
(ídem). Por medio de la narración/exposición la autora se vale de la (función testimonial) para
ensalzar a los verdaderos héroes peruanos. El enunciador repasa cada acto de heroísmo de estos,
así como las batallas que libraron:
Entre ellos no hallaréis el valor individual de un Bolognesi, que convencido de la esterilidad de
toda resistencia, resuelve morir en holocausto a la gloria de su patria, cumpliendo su palabra de
quemar el último cartucho. Allí no hallaréis un Alfonso Ugarte, héroe de talla homérica, que
cuando hubo perdido la esperanza de la victoria, espolea su fogoso caballo, y desde lo alto del
morro de Arica, lanzase al abismo [...]. Allí no hallaréis un Leoncio Prado héroe espartano que,
herido y prisionero, pide dar él mismo las órdenes de mando a los soldados enemigos que deben
fusilarlo por el crimen de haber amado a su patria más que a sí mismo, y la señal de fuego fue dada
por su propia mano. Allí no hallaréis esa pléyade de bizarros y caballerosos guerreros, de la cual,
con fulgores de astro de gran magnitud se destaca Miguel Grau, que como el adalid legendario, si
media las fuerzas del enemigo era solo para ser clemente y magnánimo con ellas y jamás las midió,
para desafiarlas o resistirlas. Entre ellos está Palacios, ese héroe, cuasi inverosímil y sobrehumano
que, herido mortalmente, caído y exánime, viendo escapársele la vida por las anchas desgarraduras,
producida por la metralla, continuaba dando las voces de mando, hasta que la muerte apagó su
voz……(ídem)
La autora, como ávida lectora e intelectual de avanzada ilustra el sentimiento patriótico y heroico
en este ensayo y basándose en los preceptos de la justicia, anticipa acontecimientos futuros. Si bien
es cierto que la historia después de la guerra sigue escribiéndose, no se puede negar que el pueblo
peruano ha sido testigo de la más reciente devolución que ha hecho Chile este año (2018): una
serie de libros que fueron saqueados de la Biblioteca Nacional. Bajo el título de "Memoria
recuperada. Libros devueltos por Chile a Perú" estos libros son motivo para que actualmente la
biblioteca promueva una serie de conversatorios: "[...] estos giran en torno al valioso material
bibliográfico que se perdió durante la ocupación de Lima en la Guerra del Pacífico y que han
regresado a casa gracias a gestiones bilaterales realizadas por ambos países". El argumento de la
193
autora coincide con un acto real que el Estado peruano ha experimentado, pero al margen de la
devolución lo relevante del pensamiento de la autora es el cómo ella veía a la nueva Civilización
americana; una civilización despojada de toda mezquindad y llena de virtudes, siendo la justicia
un principio vital de los hombres. Isabelle Tauzin, sobre este ensayo ha notado: “En un artículo
titulado “Los héroes peruanos” que publicó […], con motivo de la devolución de los cuerpos de
los héroes muertos en el conflicto con Chile, se percibe claramente la influencia de Comte.
Mercedes Cabello comparte su fe en un futuro de paz y orden social basado en el progreso y la
moralización” (1996:81).
Juana Rosa de Amézaga en el ensayo "La miseria con guantes"204 rememora los tiempos
aquellos en el que los peruanos vivían bien para compararlos con la situación que viven sus
compatriotas hoy (después de la Guerra del Pacífico). En ese contexto, el accesorio "los guantes"
le sirve para articular un ensayo que deja ver los estragos que la guerra ha ocasionado en todas las
esferas del país.
"Desde que esta tierra de los Incas adquirió el título de nación civilizada, no ha pasado por
una crisis monetaria como la que hoy agobia en mayor o menor escala a todas sus clases sociales
[...]" (104). Primero, rememorando el pasado a través del sujeto que enuncia la autora transmite
ese sentimiento desmoralizador y de miseria que se ha apoderado del Perú (función ideológica).
Luego compara, el ayer y el hoy, para presentar su primera premisa: "Dos cosas fueron inherentes
a la antes opulenta y hoy decadente República Peruana; sus riquezas y sus anomalías: las primeras
se han convertido en un recuerdo, las últimas se sostienen aún en los acontecimientos y las
costumbres [...]" (ídem). Explotando aún más la función propia del exordio nos deja saber la
relación que va a establecer entre una de esas anomalías y su texto: "[...] una de ellas, que tiene la
particularidad de haberse generalizado [...], es la que nos ha dado tela para delinear, sea con poco
o ningún ingenio, pero con absoluta imparcialidad el presente artículo [...]" (ídem). No solo espera
la benevolencia del auditorio sino acapara su atención. La función hermenéutica permite al
enunciador explicar qué se pretende al escoger un determinado título: "La miseria con guantes es
pues, una de las más singulares anomalías" (ídem). Y es precisamente, de esta mala costumbre que
la voz que enuncia buscará advertir a su audiencia. Seguidamente, se expone una segunda premisa:
como en los tiempos de antes el uso de los guantes era un accesorio que denotaba riqueza: "Allá
en los felices tiempos, en que la plata y hasta el oro, estaban al alcance de todos los peruanos ––
204
El Perú Ilustrado 30 de junio 1888.
194
aunque no en la misma proporción–– los guantes eran un artículo de lujo [...]" (ídem). Esta premisa,
aunque de una manera implícita, revela también los estratos de clase que existían en la sociedad
peruana.
Una tercera premisa es el cuestionamiento que hace el enunciador sobre las personas que
usan estos guantes para presentar su argumento: "Muchas veces el ver cubiertas con pulcros y
costosos guantes ciertas manos, nos hemos preguntado si estarán tratados con el mismo regalo y
delicadeza los estómagos de las que los llevan" (ídem). El uso de la primera persona plural "nos
hemos preguntado" tiene por finalidad persuadir a sus receptores a que se hagan esa misma
pregunta.
En el epílogo la autora se vale de la (función ideológica) para, por medio del enunciador
transmitir su juicio valorativo sobre esta costumbre que se ha generalizado en la sociedad "[...] que
los usen las que no tienen ni dinero que desperdiciar ni rango que sostener; es la más absurda de
las anomalías, la más ridícula de las pretensiones sociales, y la más imperdonable de las tonterías
que puede concebir un cerebro mal organizado" (ídem). Esta vez, la autora, a través del uso del
imperativo y de su condena por medio de adjetivos como: “absurda”, “ridícula”, “tonterías” deja
explícito el concepto de clase y rango en la sociedad. Su sentencia final es sugerente, si
pretendemos volver a los tiempos en que el oro y la plata brillaban en el horizonte peruano,
actuemos cabalmente y contribuyamos como verdaderos ciudadanos de la patria. Se puede inferir
que lo que era un artículo de distinción, al extenderse ha dejado de serlo. Una marca de las élites
que se han apropiado las clases inferiores devaluando su significado. Su condena también advierte
a estas que los usan de que no deben mostrar aspiraciones o traspasar los límites de su grupo. En
tanto que no se atiene al orden anterior, puede ser una signo de descomposición de la patria y de
sus valores previos a la guerra, ahora idealizados como una esencia de la nación.
4.4.3.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento nacionalista
Los ensayos incluidos bajo el fundamento nacionalista pertenecen a las dos autoras más
prolíficas y sesudas de nuestro estudio. Mercedes Cabello y Juana Rosa de Amézaga articulan dos
ensayos diferentes que buscan restaurar el orden social. Cabello lo hace reanimar en los peruanos
el vínculo que los una con su patria “sus héroes” y Amézaga a través de la crítica que intenta
reavivar ciertos valores que se han perdido a raíz de la guerra. Ambas autoras responden a esa
demanda literaria de trabajar para hacer resurgir su nación: "El literato y el sabio en el Perú no
puede, no debe malgastar sus fuerzas en trabajos que no se relacionen directa o indirectamente con
195
su patria; ella es la que necesita de todos los esfuerzos y de todas las voluntades para surgir cuanto
antes gloriosa de su pasajera postración" (apud Moreano 12)205. Si bien el país está aún abatido,
ambas autoras son conscientes que es importante infundir ánimo y valor a sus compatriotas. Es
pues, el referente textual de la guerra el elemento común de estos ensayos. Este referente les
permite a las dos autoras: Primero, comparar un antes y un después en la historia peruana; segundo,
estudiar ––una por medio de la ejemplaridad de valores que exhiben los héroes y la otra por medio
de las imperfecciones del ciudadano peruano–– diferentes tipos de comportamiento y, finalmente,
animar a sus lectores a pensar por sí mismos con el fin de persuadirlos a imitar las cualidades de
un verdadero héroe y desterrar las miserias humanas de la sociedad.
Para Cabello el amor a la patria está arraigado en las ideas y en los principios que llevan a
un hombre a actuar bajo el precepto de la justicia y la moral, un accionar de ese tipo lo
inmortalizaría como héroe. Por otro lado, Amézaga, hace gala de su inteligencia para persuadirnos
de que toda patria será mejor si sus ciudadanos se guían por la verdad y no encubren la realidad.
Para dejar de lado tiempos nefastos como los que trajo la guerra, no se pueden encubrir anomalías
de ningún tipo. El accionar de cada individuo engrandecerá su patria si destierra y deja de lado
costumbres tan perniciosas como la expresada en su artículo.
4.3.4. El ensayo fundamento científico/académico
Hemos denominado este fundamento como científico/ académico porque estos ensayos se
originan durante los años en que la autora termina su tesis de grado de bachiller en Ciencias
Naturales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y como se analizará más adelante,
estos escritos reflejan esos conocimientos y creencias.
Rubén Quiroz sobre el recorrido de Práxedes en San Marcos, antes de obtener el grado,
nota:
En la Facultad de Ciencias luego de haber llevado los cursos de Física General, Teorías Analíticas
Fundamentales, Física General: magnetismo, electricidad, calor, Química General Orgánica,
Química Analítica Cualitativa, el 18 de diciembre de 1889, de puño y letra, solicita iniciar los
trámites para graduarse. Ello sucede meses después, cuando el 14 de octubre de 1890 es aprobada
por mayoría de votos y con nota de 11 su tesis: “La identidad sustancial de los reinos orgánico e
inorgánico” con la cual se le declara bachiller en Ciencias Naturales. Sin embargo al publicarse en
1890 la tesis se llama “Unidad de la materia o identidad sustancial de los reinos orgánico e
inorgánico”. El tema de la ciencia es una declaratoria de principios 206. (15)
205
De la nota # 28: Coronel Zegarra, Félix Cipriano (Ateneo de Lima t. II, 1886, p. 175).
206
Sobre la tesis, Quiroz nota: Con fecha 2 de agosto de 1890 hemos encontrado un manuscrito inédito en el
Archivo histórico de la Universidad de San Marcos, un breve informe científico sobre el cloruro de sodio que era la
prueba práctica, previa a la fecha correspondiente a la sustentación de la tesis.
196
La cita de Quiroz nos permite inferir que efectivamente, los ensayos publicados que incluimos en
este fundamento, y que fueron publicados a los dos meses siguientes a la sustentación de la tesis
de la escritora (noviembre y diciembre) pueden bien haber sido extractos de esta. Christian
Fernández sobre estos escritos nota: “De esta tesis se derivan otros ensayos cortos publicados en
revistas y periódicos de la época que a veces amplían o vuelven sobre los mismos temas ahí
tratados […]” (30). Asimismo, Isabelle Tauzin da cuenta también de la tesis, en su estudio antes
citado, “El positivismo peruano…” ( 1996):
Titulada Unidad de la materia o identidad sustancial de los reinos orgánico e inorgánico, aquella
memoria empieza con un dedicatoria reveladora del vínculo intelectual que la une a Mercedes
Cabello. Expone la adhesión a las teorías evolucionistas de Práxedes Muñoz quien se refiere a
Spencer y Darwin pero nunca cita a Augusto Comte, lo que parece indicar que aún no lo había leído
[…] Luego Práxedes Muñoz (así firma las solicitudes que dirige a las autoridades sanmarquinas,
escamoteando el nombre muy femenino de Margarita) colaboró con tres artículos científicos en el
Perú Ilustrado […]. (85)
Son tres los ensayos de la autora que incluimos bajo este fundamento.
En el primer ensayo "Atracción universal"207 la autora se vale de la analogía para establecer
relaciones de similitud entre dos conceptos claves de su discurso: “ciencia” y “hombre”: “Giran
los astros en sus […] órbitas, […] cambian recíprocamente calor y luz, efluvios vivificantes del
amor universal, el cual, […] va elevándose […] en la escala de los seres, hasta ostentar en el tipo
humano todos sus […] tesoros de abnegación, ternura y sacrificio” (XX). La autora pasa de un
discurso científico a otro coloquial para explicar cómo ciertos elementos como el “calor” y la “luz”
alcanzan al ser humano y son la causa de grandes sentimientos en este. Luego establece una
secuencia ascendente donde atribuye a la familia la primera etapa del estado social, para luego
pasar a los pueblos y ciudades hasta llegar a las naciones. Y en esta última etapa, califica al hombre
como el único motor de su destino: “Es que el hombre, síntesis del reino orgánico y también del
inorgánico, realiza admirablemente por el instinto de la sociabilidad, lo que en la materia sería solo
un caso particular de la atracción universal” (1053). Al final del ensayo la autora reafirma sus
argumentos a favor de las Ciencia moderna y el lugar del ser humano en la Naturaleza:
Hoy el atento estudio de los seres que nos rodean y con los cuales tenemos numerosas analogías,
nos ha indicado ya nuestro verdadero lugar en la Naturaleza, y esta es precisamente la más brillante
y transcendental conquista es la Ciencia moderna. Gegenbaur y Haeckel con sus estudios de
anatomía comparada, son mil veces más acreedores a la gratitud de la humanidad que todos esos
207
El Perú Ilustrado 8 de noviembre 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 287.
197
fundadores de fantásticos sistemas filosóficos que con sus vagas y caprichosas teorías, solo
consiguieron ofuscar el espíritu y dificultar la marcha del progreso. (ídem)
Con respecto a los conceptos de este ensayo “espíritu y materia” nota: “Ahora que sabemos
que […] lejos de excluirse, son entidades tan inseparablemente unidas, que no puede ni aun
concebirse la una sin la otra, […] reconocemos que la materia es eterna e indestructible […]”
(ídem). Seguidamente, resalta que la concepción del Universo vislumbrada por Demócrito de
Abdera, el inmortal fundador de la teoría atómica, ha hecho eco en el nuevo Prometeo de la Ciencia
contemporánea, el pensador alemán, Eduardo Haeckel:
La observación y las experiencias laboriosas, han realizado en nuestro siglo progresos admirables
en el estudio de nuestra organización […] El atento estudio de nuestro organismo nos ha develado
las causas de muchos fenómenos que solo apelando a lo sobrenatural y milagroso podían explicar
nuestros antepasados. (ídem)
En su último ensayo "Progresos de la teoría evolutiva"209 posa la gran tarea a la que se enfrentan
los investigadores y denota el carácter académico del escrito: “Grandiosa tarea abarca el espíritu
de la investigación de los difíciles problemas que la Ciencia moderna estudia y resuelve con
lucidez halagadora” (1283). No obstante, dicha tarea se convierte en desafío, el cual tiene su mejor
aliado en un ávido y joven investigador. Luego, señala cómo han ido progresando algunas de las
teorías (Geoffrey-Saint-Hilaire, Cuvier, Lyell) hasta llegar a Darwin:
Darwin al emprender su titánico trabajo de la evolución de las especies, quizá no sospechaba
cuantos nuevos horizontes abría al espíritu filosófico, y cuantas fecundas enseñanzas su doctrina
entrañaba para el porvenir de esa Ciencia […] Hoy la ilustre pléyade de sabios naturalistas que se
glorían de reconocerlo por maestro, […] se afanan con generoso ardor por solucionar el grandioso
problema de la evolución, no ya de solo el reino orgánico, sino de la Naturaleza toda, única e
indivisible, de la nodriza eterna de todos los seres, causa y efecto de todo cuanto existe. (ídem)
Ahora bien, aunque los escritos de Margarita Práxedes el carácter persuasivo de los ensayos
no está totalmente explícito, consideramos que estos ensayos sí pueden calificarse como textos del
208
El Perú Ilustrado 29 de noviembre 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 289.
209
El Perú Ilustrado 20 de diciembre 1890. Ensayo recuperado en la Antología, Apéndice II: 291.
198
género argumentativo, y como tales, los incluimos en nuestro estudio. Si tenemos en cuenta que
nuestra autora fue la única de las diez escritoras que asistió a la universidad y se graduó como
Bachiller en Ciencias Naturales es lógico que sus ensayos tengan su origen en sus escritos
universitarios, de ahí la denominación de “académicos”. Asimismo, el vocabulario utilizado por
la autora, refleja pos sí mismo, las materias de estudio a las que Práxedes estuvo expuesta. Por otro
lado, es importante recalcar y rescatar una característica propia del texto ensayístico, como lo es
el fin de sus ensayos y la función social que estos intentan cumplir. Estos escritos le sirven a la
autora como medio para lograr ciertos fines (Arenas 430). Estos, no son otros que el transmitir las
diferentes posturas teóricas que esta propugna con respecto a conceptos en los que ella cree y de
los que tiene un conocimiento previo.
4.3.4.1. Perspectivas comunes de los ensayos de fundamento científico/académico
Como ya lo hemos adelantado en la introducción a este fundamento la pecualiridad de estos
tres escritos es que según la historia universitaria de la autora y estudiosos de su obra (Fernández
y Quiroz), estos ensayos pueden considerarse ensayos derivados de su tesis y por lo mismo ser
considerados como ensayos académicos. Como tales, se puede inferir que estos textos muestran
las diferentes posturas teóricas de la autora y su evolución en su modo de pensar con respecto al
“Universo”, “la Ciencia”, y “el Ser humano”. Además es importante resaltar que Práxedes es la
precursora de un discurso científico como mujer y como escritora.
Ahora bien, aunque parte de su obra se ha venido revaluando en las últimas décadas gracias
a estudios como los de Fernández y Quiroz, sus ensayos publicados a comienzos de los noventa
casi no han recibido atención alguna de la crítica 210.
Para entender cómo Margarita Práxedes adoptó los principios de la doctrina positivista en
sus obras (1893 y 1897) citamos de Rubén Quiroz cómo dicha doctrina se afianza y logra su auge
en el Perú:
[…] el positivismo, cuya presencia es rastreable en el Perú desde la década de 1870, se convirtió
en principio obligatorio y consistente para una generación alarmada por el naufragio nacional que
ponía en serio peligro la propia viabilidad de la patria imaginada. De esta manera era urgente
modernizar el país y, por supuesto, legitimar teóricamente su ascenso a las representaciones del
poder político, institucional, y textual. Se equipara así la salvación del Perú a través del progreso
científico. Esa legitimidad teórica permitía justificar estretegias de demolicion de los circuitos
210
Nos referimos a la reedición de sus dos obras: Mis primeros ensayos a cargo de Christian Fernández (2012 y La
evolución de Paulina (1893) de Rubén Quiroz (2014).
199
colonialistas profundamente enraizados en nuestro país. En pocas palabras, el positivismo fue un
movimiento de liberación. (12)211
4.4. El Perú Ilustrado, las agrupaciones literarias y la consolidación de la red de ensayistas del
Perú decimonónico
Pasada la guerra se ha señalado que la literatura resurge, así como resurgen las revistas y
semanarios de la prensa nacional y las instituciones literarias. Nos interesa en ese apartado indagar
en qué medida volvieron a crearse redes de escritoras y, si existieron, cómo fueron, quién las
formó, y cómo y dónde se expresaron.
A diferencia de la década del setenta, El Perú Ilustrado. Semanario para las familias se
convierte en la herramienta principal para difundir los ensayos de las escritoras desde 1887 hasta
1891.
Isabelle Tauzin en su artículo "La imagen en El Perú Ilustrado (Lima 1887-1892)" ofrece
una concisa y clara reseña sobre los antecedentes antes de la aparición del semanario así como el
proyecto editorial de Peter Bacigalupi & CO 212.
Después de la tragedia de la Guerra del Pacífico y con el antecedente de El Correo del Perú en los
años 1870, El Perú Ilustrado comenzó a circular en Lima en mayo de 1887 sucediendo a Perlas y
Flores, un folleto gratuito que en la inmediata posguerra no llegó a cumplir la doble vocación
"literaria y comercial" que se asignara [...] El proyecto editorial llevado a cabo por Peter Bacigalupi
[...] fue un desafío económico tanto más arriesgado cuanto que el Perú se hallaba aún postrado por
la derrota. El proyecto de convirtió rápidamente en una alianza de intereses gracias a la aparición
del taller de litografía de Evaristo San Cristóval, encargado de construir el fondo iconográfico.
(134-135)213
En el renacer de las revistas ilustradas de la segunda mitad de la década de los ochenta aparece El
Perú Ilustrado el 14 de mayo de 1887. El semanario se publicará hasta el 17 de septiembre de
1892. Emma Victorio en el artículo “Arte y publicidad en El Perú Ilustrado (1887-1892)” (2015)
sobre el contexto en el que aparece este y la importancia del semanario nota:
211
Ver sobre este punto la presencia del positivismo en el Perú: Augusto Salazar Bondy, Historia de las ideas en el
Perú contemporáneo (1965) (apud Quiroz 12).
212
La misma Tauzin en otro de sus artículos titulado "La vida literaria limeña y el papel de Manuel González Prada
(1885-1889) nota sobre la reaparición de las revistas: Después de la firma del Tratado de Ancón el alivio se impuso
momentáneamente luego de tres años de ocupación chilena. Renació la vida en Lima, renació la cultura y nacieron
revistas literarias cuyos títulos simbolizaban la esperanza. Era el caso de El Progreso, fundado por Alberto y Félix
Pérez, los hijos del director de El Correo del Perú, publicado antes de la guerra; éstos abrieron sus páginas a autores
veinteañeros como ellos. También salió El Oasis dirigido por el colombiano Simón Martínez Izquierdo [...]. En mayo
de 1885 José Antonio Felices, quien salvó los archivos del senado del saqueo chileno y denunció el entreguismo de
Iglesias, editó un semanal, La Revista Social, enfrentada enseguida a un poderoso enemigo, La Revista Católica [...].
Más adelante El Perú Ilustrado correspondería a la misma voluntad de progreso y adelanto del país (2-3).
213
En el apartado 2.3. se alude a la descripción del semanario.
200
La segunda mitad del siglo XIX se caracteriza por el nacimiento de las revistas ilustradas en las
que los aspectos cultural, literario y artístico fueron predominantes. El Perú Ilustrado es,
probablemente, la publicación semanal más sobresaliente que se conserva del período de la
posguerra con Chile, a través de sus páginas se intentó mirar al país con un enfoque propio,
producto del interés de conocerlo y revalorizarlo. El programa editorial estaba estrechamente
vinculado y comprometido con la difusión de imágenes del país: Lima y las ciudades del interior,
personajes ilustres y los héroes de la Guerra con Chile, tipos populares, entre otros. Sus litografías
no sólo fueron utilizadas para reforzar gráficamente el texto sino que se convirtieron en el elemento
distintivo del semanario. Poco a poco, a medida que se incrementaba su tiraje, la publicación se
perfiló como un factor de unidad nacional, cuyo aporte apuntó a la construcción de la nacionalidad,
en un momento crucial en la historia del Perú. (s/n)
Clorinda Matto se desempeñó como directora desde 5 de octubre de 1889 hasta 11 de julio
de 1891. Jorge Miguel Amézaga y Zenón Ramírez compartieron con Clorinda la dirección del
semanario. Los tres escritores estaban también vinculados con el Círculo Literario (Tauzin 1990:
201-203). Se puede afirmar que, en esta segunda década, Matto continúa con la tarea realizada por
Freyre y Gorriti en los setenta, para seguir liderando a las escritoras de su generación, las cuales,
sin excepción, publican en El Perú Ilustrado. Miguel Vargas, en Las empresas del pensamiento.
Clorinda Matto de Turner (1852-1909) (2013) sobre la relación entre prensa y literatura nota:
“Matto hace un llamado unificador a los literatos peruanos y cuestiona a los escritores que
fomentan la dispersión cuando la meta común debería ser la consolidación de la literatura nacional,
con vínculos fraternos entre sus escritores” (146-147).
El Gráfico 7: “Las ensayistas en El Perú Ilustrado” muestra los nombres de las autoras que
publicaron en este semanario entre 1887 y 1891. Aparecen los nombres de Mercedes Cabello, que
publica un ensayo, y Margarita Práxedes, que publica tres, ambas de la Generación de 1837-1851.
Tienen más presencia las autoras de la Generación de 1852-1866: Clorinda Matto ofrece cuatro
ensayos, Juana Rosa de Amézaga, siete; María Nieves y Bustamante, dos y Amalia Puga, uno. En
total son dieciocho los ensayos rescatados214.
214
Tabla del gráfico 7: Publicaciones en la prensa agrupadas por revistas. Perspectiva de prensa (solo en El Perú
Ilustrado), Apéndice I: 236.
201
Ahora bien, aunque la prensa sirvió de herramienta pública para difundir el pensamiento
de las escritoras, no fue el único aglutinante de las escritoras, porque así como Las Veladas
Literarias de Juana Manuela Gorriti fueron el centro literario de la élite letrada en la capital peruana
a mediados de la década del setenta, el Club Literario de Lima y El Círculo Literario fueron las
agrupaciones que contribuyeron al resurgir de la escritura nacional después de la guerra.
En cuanto al Club Literario de Lima, aunque en este apartado nos interesa su rol en la etapa
de posguerra, tuvo sus inicios en la década del setenta 215. Hacia 1880, la noble tarea de esta
asociación se vio interrumpida por la Guerra del Pacífico que estalló en 1879. Después de
terminada la guerra en 1883, Alberto Varillas ha afirmado que no es hasta diciembre de 1884 que
se cita a una Junta General. En esta, se elige de presidente a Larraburre y Unanue y de
vicepresidentes a Rosell y González Prada (Varillas 298-299)216.
Retomando el estudio de Cecilia Moreano "La literatura heredada…” la estudiosa peruana
nota que además de replantearse los objetivos del club, en los ochenta se da también otro cambio:
"Tres meses después de su reinauguración, el Club Literario decide cambiar su nombre por el
215
Ver cita de Cecilia Moreano en el apartado 3.6. sobre los objetivos de la institución y la metodología de trabaja que
se impusieron sus miembros (142).
216
Tauzin en su artículo "La vida literaria limeña y el papel de Manuel González Prada (1885-1889)" nota que los
miembros de la sección literaria del Ateneo como Larraburre, Lavalle, Palma, Cisneros, García Calderón, es decir de
los escritores consagrados de 1879, habían sido cercanos a Iglesias [...] (apud Tauzin 4).
202
Ateneo de Lima 'por corresponder mejor a su carácter y fines, según el acuerdo de la Junta General
de socios celebrada el 11 de noviembre de 1885'" (Moreano 12). Por su parte, Isabelle Tauzin en
su artículo "La vida literaria limeña y el papel de Manuel González Prada (1885-1889)" (1998)
sobre los nuevos objetivos del club nota:
[...] en adelante sería el Ateneo de Lima, inspirado en el Ateneo de Madrid, con el fin de
"cultivar y fomentar las Ciencias, Letras y Bellas Artes". [...] La literatura dejaba de ser la
única meta de la nueva entidad que ampliaba sus intereses. A pesar de los discursos
anteriores, la colaboración en la reconstrucción nacional no figura en las bases de la nueva
agrupación; el Ateneo se presentaba como un lugar de consagración más que de discusión.
(4)
Nos sorprende que no se dé una fecha exacta de cierre del Ateneo de Lima, Moreano ni
Varillas la mencionan en sus escritos. Sin embargo, sabemos por las publicaciones de esta
institución y gracias al estudio en Handbook of Learned Societies and Institutions (1908) que el
Ateneo de Lima. Publicación mensual abarcó desde 1886-1888 y que la publicación de El Ateneo
(órgano del Ateneo de Lima) tuvo una duración desde 1899 a 1906 (526).
En esta segunda etapa de posguerra, dos escritoras más de nuestro estudio serán invitadas,
la cuzqueña, Clorinda Matto en 1889 y la cajamarquina, Amalia Puga en 1891 218.
Una segunda asociación que tuvo relevancia en la posguerra fue el Círculo Literario y su
nacimiento surge cuando en la tarea de la reconstrucción nacional los "jóvenes bohemios"
empiezan a cuestionar las ideas de los miembros del Ateneo 219. Cecilia Moreano sobre este grupo
nota:
En realidad, esta insatisfacción se venía forjando desde 1882 aproximadamente, cuando desde su
voluntario encierro durante la ocupación chilena, González Prada prologa el libro Notas literarias
y Hojas para el pueblo de Paulino Fuentes Castro. Allí criticaba el academicismo de algunos
217
Del discurso del Presidente de la Sección de Literatura y Bellas Artes, César Goicochea en la velada del 3 de agosto
1887.
218
En el apartado 3.6. ya hemos notado los nombres de las dos escritoras que participaron como invitadas a esta
institución (142).
219
Manuel Moncloa y Covarrubias les da esa denominación (apud Moreano 14).
203
miembros del Ateneo, quienes olvidaban 'el alto ministerio de escribir' para educar al pueblo, y
establecía la distinción entre 'académicos' y 'vulgarizadores' del conocimiento; González Prada se
declara partidario de estos últimos, pues su trabajo es uno de los medios para imaginar la nación.
(14)
Este descontento lleva a los jóvenes escritores a fundar el Círculo Literario en octubre de 1886.
La nueva asociación literaria nace como respuesta a la diferencia de perspectivas que tuvieron sus
miembros con respecto a la literatura nacional220:
Según Luis E. Márquez, miembro del Ateneo de Lima y primer director del Círculo, el objetivo de
la nueva agrupación era crear 'una verdadera escuela de literatura nacional', lo que no se podía
realizar desde el Ateneo debido al academicismo de la generación anterior. (Moreano 15)
Las propuestas de esta agrupación buscaban; asociar la idea de progreso a las humanidades,
apuntaban a la necesidad de crear una literatura nacional que no imitara los modelos europeos y
consideraban a la raza indígena y otras razas peruanas como tema literario (ídem). La Revista
Social será la encargada de difundir las ideas del Círculo Literario221.
En el segundo aniversario del Círculo Literario González Prada, como Presidente de la
institución, planteó dos nociones claves, la propaganda y el radicalismo: "[...] no era el radicalismo
teórico de Mariano de Amézaga sino la actuación de los republicanos y radicales franceses en los
80s, artífices de la instrucción pública laica y adversarios del clero" (Tauzin 21). El ímpetu de la
juventud de este grupo que cambió sus objetivos por otros más politzados no dio resultado:
González Prada [...] la radicaliza en extremo y por falta de recursos o por conflictos internos
desaparecen tanto el Círculo cuanto La Revista... dando paso al partido Unión Nacional y a su
vocero El Radical (Varillas 300).
Así como los escritores asistían a uno u otro de los clubes literarios, las escritoras
participaron también en ambos, ya fuera disertando como invitadas o incorporándose como socias.
Sobre la presencia de las otras autoras en esta institución, Alberto Tauro (1993) consigna que Juana
Rosa de Amézaga fue socia del Círculo Literario y que Amalia Puga fue incorporada también en
1887 (2140)222. La actividad literaria después de la guerra volvió a encenderse y el grupo de
220
"Los escritores de la nueva agrupación pretendían vengar el agravio de la derrota militar; liberarían la literatura de
las influencias extranjeras conquistando así al menos un nuevo espacio, el territorio libre de las letras" (Tauzin 9).
221
Ricardo Palma y Manuel González Prada entraron en contrapunteo; el primero, defendiendo a los academicistas y
el segundo, a los "jóvenes bohemios". Para ahondar en este tema véase el capítulo 1: "Las academias literarias y el
espejo de la nación" del estudio de Morano. También se puede consultar: En Nuestras vidas son los ríos el artículo
"Palma y Prada personificaban el antagonismo entre Club Literario y Círculo Literario" de Luis Alberto Sánchez:
1976 98 (apud Tauzin 12).
222
Tauro nota también que Amézaga fue socia del sucedáneo Ateneo de Lima (1993: 140) y que María Nieves y
Bustamante fue socia honoraria del Club Literario (1993: 1785).
204
nuestras ensayistas participó de esta a la par de los escritores. Sin distinción, todos, tanto las
antiguas como las nuevas generaciones, intentaron perfilar la nueva literatura nacional. Alberto
Varillas ha apuntado sobre la temática de los escritos de la Generación de 1852-1866: "En su
actividad literaria, todos los escritores tienen a la guerra presente, bien sea rimando venganza, bien
sea exaltando patriotismo" (296). En el caso de las escritoras, no fueron partícipes de los debates
que se dieron entre los miembros de uno y otro club, sino que contribuyeron por medio de sus
ensayos a dar continuidad a un ideario colectivo femenino que se forjó en los setenta.
Otro de los foros en los que participaron las escritoras y la comunidad letrada del país fue
en las Veladas literarias que organizó y lideró Clorinda Matto, estas serán de gran importancia
para la vida cultural limeña223. La compiladora peruana en la sección: "Una Salonnière Andina en
Lima" deduce cómo la escritora cuzqueña logró un posicionamiento privilegiado en el espacio
público: nunca perdió de vista la red de relaciones que ella misma hiló, así como la red social de
compartió con su hermano, el médico David Matto (33). Sotomayor apunta también ideario que
Matto vislumbró para sus reuniones:
La nación peruana a través de los ojos de Clorinda se reconstruye apelando a la fraternidad entre
ciudadanos, integrando a los subalternos, como a la mujer y el indígena, conciliando con los bandos
políticos y literarios, pero sobre todo dignificando el espacio doméstico [...] la calle Calonge
número 58 (altos) fue visitada y transitada por diversos personajes, tanto de la esfera política como
del ámbito académico y artístico224. (35-36)
En sus palabras inaugurales, Clorinda retrocede en el tiempo para apropiarse del discurso
de apertura que Juana Manuela brindó en 1876 en su primera velada. Se puede deducir que Matto
rememora este momento para infundir en sus congéneres un sentimiento esperanzador y lleno de
optimismo. Transcribimos a continuación parte del discurso inaugural de Matto y la carta de Juana
Manuela:
[...] Hago mía estas palabras; 225 y al mismo tiempo os recuerdo que vosotros sois testigos del éxito
magnífico que las veladas obtuvieron para el engrandecimiento de nuestra literatura nacional;
223
Gracias al reciente aporte de Evelyn Sotomayor Martínez es que podemos incluir en esta tesis un análisis sobre
estas. Pensar en público. Las veladas literarias de Clorinda Matto en la Lima de la posguerra (1887-1891) (2017)
será nuestro texto de referencia. De esta compilación se extraen los siguientes datos. En total fueron siete las veladas
que se realizaron entre 1887 y 1891. A continuación, damos la relación de estas de acuerdo a las fechas en que se
llevaron a cabo. La primera velada acaeció el 12 de noviembre y la segunda el 31 de diciembre de 1887. La tercera
velada aconteció el 2 de marzo, la cuarta el 2 de junio, la quinta el 3 de septiembre y la sexta el 17 de noviembre de
1888. En 1889 y 1890 no se registra ninguna velada y en 1891 solo una, la séptima velada el 30 de enero.
224
La casa de Clorinda Matto, que compartía con su hermano David Matto, se encontraba en la calle Calonge, hoy
denominada Cailloma (Centro de Lima). Este dato lo obtuvimos de una nota periodística de El Perú Ilustrado, 21 de
junio de 1890: 315 (apud Sotomayor 36).
225
Se refiere a las siguientes palabras: “SEÑORAS Y SEÑORES: Vuestra presencia, es la más elocuente respuesta á
mi anhelo por congregaros en este recinto familiar, á fin de que podáis estrechar los lazos de fraternidad que deben de
205
habiendo sido la fuente de sus progresos, la cordialidad, unión y fraternidad existentes entre los
distiguidos literatos que respondieron al llamamiento de la novelista.
Yo carezco de la autoridad moral de la autora de «Sueños y Realidades», pero, tengo la voluntad,
igual entusiasmo para el trabajo, y por eso os llamo con la palabra de hermana en el arte, en el
pensamiento escrito y en el afecto; invocando aquel nombre para vosotros y para mí querido. Y
cumpliendo especial encargo que he recibido en la comunicación que conoceréis en seguida, os
suplico que el comenzar la segunda época de las veladas toméis nota de las siguientes palabras que
las puntualizo con la sinceridad de mi alma: Existen tres asociaciones literarias en esta capital.
Todas tienen carácter público y están organizadas por Estatutos y formalidades oficiales. Nos falta
un centro de intimidad, donde cada uno lleve las producciones de su ingenio, como a la consulta de
familia. Ahí tenemos para el voto al maestro, al que con merecidísmos títulos ha ocupado la
poltrona de la ausencia del ilustre Vigil a las regiones de la luz, dejó vacante en los salones de la
Biblioteca.
En este modestísimo recinto anhelo pues que reine la confraternidad del espíritu, la palabra franca
del consejo, el entusiasmo genuino del recíproco estímulo y el cariño del compañerismo; todo lo
cual no suele hermanarse con la etiqueta obligada.
Nos reuniremos toda vez que tengamos material y motivos que, como al presente aviven nuestro
entusiasmo, haciendo, desde este instante un llamamiento a la juventud para que nos favorezca
también con sus trabajos de pintura, música y dibujo.
Queda instalada la segunda época de las Veladas literarias, bajo el ámparo de vuestros talentos.
(51-52)
En cuanto al encargo, al que hace referencia Matto, es el que le encomienda la misma Juana
Manuela a través de la siguiente misiva:
Querida hija de mi alma:
Para ti y para Mercedes van estas letras. Por el amor que las tengo, estréchense cada día más y más,
a fin que cuando yo vaya a vosotras formemos esa trinidad envidiable del afecto, impulsando la
literatura, esa fuente de consuelos, de luces y de progresos. Y mientras llego, trata de organizar
nuestras veladas, esas reuniones tan fraternales cuyo recuerdo lleva mi alma a cada momento a esa
Lima suspirada y por la que, en mi propio país, siento la nostalgia del proscrito! Lima! donde anhelo
ir a dormir el sueño eterno, junto a esos ángeles, tus hermanos, para cuyo sepulcro pídote que lleves
con frecuencia algunas flores naturales.
En las veladas cuando las organices, como deseo y te pido, sigue el mismo plan que yo impuse a
las del 76 interrumpidas por la guerra. (53)
De la primera carta nos interesa recalcar la inmensa deferencia que los escritores peruanos
guardaban por la escritora argentina. El acatamiento de Clorinda Matto al pedido de Juana Manuela
la autoriza para otorgarse un papel similar y reconocible en su función. El pedido de Gorriti se
ejecuta como ella lo exige en su carta, no se cuestiona ni se objeta, solo se sigue el plan que ella
impuso. Matto, amparada en dicho plan, lo presenta en nombre de la maestra "Yo carezco de la
autoridad moral de la autora de «Sueños y Realidades»". De estas palabras se puede inferir que el
unir entre sí los hijos de la inteligencia, llamados a desempeñar la misma misión de progreso y de grandeza en la vida
de las naciones. Os doy gracias por la generosa benevolencia con que habéis acudido a mi llamamiento y os anuncio
inauguradas nuestras veladas literarias sin más celebridad ni más pompa, señoras, que la aureola de vuestra belleza"
([1892] 1992: 20).
206
acogerse bajo la protección de la maestra argentina le permite a Clorinda que sus veladas alcancen
prestigio y sean bien aceptadas por la comunidad literaria limeña. La autora cuzqueña abre así las
puertas de su hogar, distinguiendo su salón de las otras agrupaciones literarias y haciendo un
llamado para que el compañerismo, la confraternidad, el entusiasmo y la generosidad entre los
miembros reemplacen a las reglas o los estatutos que guían otras instituciones. Pensamos que el
apoyo que le brinda Gorriti a través de la misiva es el elemento que le da el impulso, la seguridad
y el convencimiento para inaugurar sus veladas. Pero es el ingenio de la autora peruana lo que la
autoriza a continuar las ya consagradas veladas de los setenta en los ochenta: "Queda instalada la
segunda época de las Veladas literarias". De la lista de asistentes a la primera velada tenemos:
Los asistentes a la primera velada fueron: Clorinda Matto, David Matto, Mercedes Cabello, Flora
Orihuela, Victoria Orihuela, Sara Jiménez, María Rosa Jiménez, Carlos Tovar, Fernando
Guachalla, Julio Salazar, Joaquín Lemoine, Ricardo Palma, Luis Benjamín Cisneros, Luis
Márquez, César Goicochea, Rebeca Villar, Josefina Villar, Dr. Jiménez, Emilio Germán Amézaga,
Carlos Germán Amézaga, Sr. Zevallos y Carlos Rey de Castro. (apud Sotomayor 49)
No obstante, esta segunda época quedará expresada a través no solo de las Veladas, sino también
del trabajo de Clorinda de como directora en El Perú Ilustrado (1889-1891). Desde estos dos
escenarios, nuestras escritoras contribuirán con sus ensayos a la reconstrucción del país.
Elvira García y García, en su texto antes citado, ha descrito a las escritoras de este período:
De Margarita Práxedes destaca el que haya abordado temas científicos basados en la condición de
la mujer, la sociedad y la familia; de Matto distingue su carácter observador y su alma exquisita y
sensible; a Juana de Amézaga la describe como talentosa, fecunda y con un alma mística y una muy
fina dicción; de María Nieves y Bustamante nos recuerda que sus preferencias fueron los estudios
filosóficos, históricos y literarios y, finalmente, de Amalia Puga destaca su atrayente simpatía
personal, la riqueza de los conceptos de sus escritos, la gracia de su expresión y su infinita modestia.
(38-39, 59-61, 86-90, 91- 94, 463-465)
En el Gráfico 8: “Temáticas por autora (década del ochenta y noventa)” ilustramos los
temas sobre los que escriben las autoras, los que muestran sus preocupaciones y sus respuestas por
hacer renacer su sociedad 226. Juana Rosa de Amézaga continúa distinguiéndose en los ensayos de
fundamento moral/cristiano y la acompaña, la escritora arequipeña María Nieves y Bustamante.
De los ensayos de fundamento femenino destacan Matto, Amézaga y Puga. Los ensayos de Cabello
y Amézaga se insertan bajo el fundamento patriótico y Margarita Práxedes diserta sobre ensayos
de fundamento cientificista.
226
Tabla del gráfico 8: Clasificación temática por autora (décadas del ochenta y noventa), Apéndice I: 239.
207
Nos parece importante notar que si bien la Guerra del Pacífico crea un quiebro en las
instituciones y revistas, ya que paraliza las reuniones en los clubes literarios y las publicaciones
periódicas, esta interrupción no se produce entre las ensayistas de nuestro estudio. Por el contrario,
las seis ensayistas de esta década continúan afianzándose en sus carreras escriturales. Un
característica peculiar de este grupo y –– basándonos en el corpus estudiado–– es que casi todas,
a excepción de Amézaga, se interesan en un solo tema. Se perfilan nuevos nombres como el de
Clorinda Matto, Margarita Práxedes, Nieves y Bustamante y Amalia Puga y otros como; el de
Mercedes Cabello y Rosa de Amézaga se reafirman.
Aunque en la segunda década (de posguerra) la temática escritural es distinta, pensamos
que la primera red de ensayistas del Perú decimonónico, que se gesta en los setenta, se extiende,
se reafirma y se consolida en la década de los ochenta. Para algunas ensayistas significará continuar
con la tarea que se propusieron en la década de los setenta y, para otras, la tarea se traducirá en
aprender de sus predecesoras y afianzarse como escritoras para lograr consolidarse como una red
de ensayistas peruanas finiseculares. La dedicatoria de Margarita Práxedes, muestra no solo la
admiración de una escritora joven a otra más experimentada como Mercedes Cabello de
Carbonera, a quien le dedica su tesis de bachíller, sino que pone en perspectiva la existencia de
una red literaria entre las escritoras, y vislumbra quizás, como la mujer profesional ––a quien
208
representa Práxedes–– tendrá a entrado el nuevo siglo una generación entera a quien emular y de
quien aprender:
209
Conclusiones
En este apartado final respondemos a nuestra hipótesis inicial, resaltamos nuestros aportes
sobre el vacío de conocimiento identificado en nuestro planteamiento inicial y reflexionamos sobre
las limitaciones existentes a las que nos hemos enfrentado para sugerir algunas líneas de análisis
de futuros escritos.
Las palabras de María Louise Pratt, citadas en el epígrafe en nuestro capítulo 1, me
motivaron a hacer una relectura de los artículos de las escritoras peruanas, y particularmente, me
animaron a interesarme en el género ensayo y el ensayo de género. La relectura cuidadosa de estos
artículos me permitió ir identificando ciertos rasgos argumentativos y discursivos en ellos.
Por lo tanto, podemos afirmar que nuestro análisis cuantitativo y cualitativo de los textos,
más el trabajo de recuperación histórica ––de las ensayistas como de sus ensayos–– nos permite
reiterar que las escritoras del siglo XIX en el Perú en algún momento de su carrera escritural
publicaron artículos en prosa en la prensa de esa época con características atribuíbles a la de un
texto ensayístico. Es así que nuestro estudio recuperó los nombres de las siguientes ensayistas:
Juana Laso de Eléspuru, Rosa Riglos de Orbegoso, Teresa González de Fanning, Mercedes
Cabello de Carbonera, Margarita Preaxedes Muñoz, Clorinda Matto de Turner, Juana Rosa de
Amézaga, María Nieves y Bustamante y Amalia Puga de Losada.
El rescate de las ensayistas nos permitió realizar también un trabajo de tinte biográfico. La
peculiaridad de nuestro trabajo radicó en que categorizamos los nombres de las diez ensayistas
bajo las generaciones propuestas por Varillas y, al tenerlas categorizadas en estos grupos, pudimos
hacer un estudio biográfico individual y colectivo. Este se presentó a través de las etapas vitales
de su existencia en relación con el devenir histórico del país. Se puede afirmar que esta perspectiva
generacional nos permitió darle una dimensión colectiva a nuestro estudio y de este modo
desentrañar esa mancomunidad de ideas que entretejieron y desarrollaron las autoras en sus
ensayos dentro del contexto histórico, social, y cultural en el que aparecieron, las últimas tres
décadas del siglo XIX.
Consideramos esencial también el repaso de la historia literaria que realizamos sobre el
ensayo ––como género y como escrito–– y sobre la clasificación de los textos ensayísticos
propuestas por estudiosos que nos preceden. Comprobamos además, que el ensayo femenino por
su parte, además de no tener presencia en los cánones literarios se ve afectado, como género, por
la polémica de un sinnúmero de estudios que buscan definirlo y esclarecer sus orígenes. Esta
210
realidad, así como el estado de la cuestión presentado en nuestro planteamiento, nos alentó a
interesarnos por este género y escrito literario para intentar remediar el escaso conocimiento del
molde genérico.
Nuestro aporte, que complementa los estudios previos, es precisamente el haber abordado
estos artículos enfocando nuestro análisis en la naturaleza persuasiva y argumentativa de estos
escritos. Esto nos llevó a inclinarlos por la propuesta teórica de María Elena Arenas en Hacia una
teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico (1997), que distingue un nuevo
género, el argumentativo y examina los ensayos como una clase de texto de este nuevo género.
El corpus de análisis lo constituyeron los cuarenta artículos recobrados de las revistas y
semanarios de prensa como: El Álbum, La Alborada, El Correo del Perú y El Perú Ilustrado. A
través de este contribuimos a erigir el corpus de la ensayística escrita por mujeres en el Perú
decimonónico.
El corpus se estudió en dos capítulos. Uno dedicado a los ensayos publicados en la década
de los setenta y el otro a los ensayos publicados a fines de los ochenta y principios de los noventa.
El análisis de estos escritos nos proporcionó dos respuestas; la primera relativa a cómo las
escritoras vislumbraron en el texto ensayístico un espacio para hacer circular sus ideas y la
segunda, sobre las estrategias de que se valieron para hacer llegar estas ideas a su público lector.
Nuestra tesis analizó cómo las autoras expusieron y defendieron con argumentos una idea, un
fundamento, una opinión o una teoría personal y también, cómo persuadieron a sus receptores de
lo bien fundado de sus argumentos. Asimismo, en cuanto al análisis discursivo, nos valimos de las
funciones propias de la enunciación narrativa y las aplicamos a la enunciación ensayística con el
objetivo de mostrar cómo las ensayistas personalizaron sus textos.
Una diferencia importante en el ideario colectivo que percibimos en los ensayos es que los
de la primera década expresaron la reacción de las escritoras como grupo con leitmotivs
relacionados con su condición de mujeres como seres individuales; en cambio, en los ensayos de
las últimas décadas los leitmotivs giraron en torno a su compromiso como escritoras como la
sociedad y el país. En sus ensayos defendieron sus intereses de clase (aristócrata/burguesa), de
género (mujeres) y como ciudadanas (nacionalismo), como escritoras (literario), como críticas
(doctrinal) entre otros.
Asimismo, podemos afirmar que la sucesión paulatina en que emergieron los nombres de
las escritoras siguió, en la mayoría de los casos, un orden cronológico y generacional (con la
211
excepción de Juana Rosa de Amézaga) y perfiló los nombres de las ensayistas más prolíficas,
siendo estas Mercedes Cabello y Juana Rosa de Amézaga. Es también interesante notar que sea en
los setenta, ochenta, o noventa se mantuvo el mismo modus operandi, las autoras siguieron
publicando en las revistas de la época y escribiendo ensayos. Nos atrevemos a sugerir que no hubo
rupturas entre una generación y otra, sino una continuación lógica donde se siguieron y emularon
a las escritoras que publicaron antes. Además, si bien las revistas estudiadas se publicaron en la
ciudad de Lima, estas tuvieron por colaboradoras a escritoras de Lima y provincias y fueron
precisamente las escritoras de provincias las que tomaron el protagonismo en las dos últimas
décadas (nos referimos a Matto, Nieves y Bustamante y Puga). Por último, otro punto importante
fue que las autoras como colaboradoras de la prensa nacional se fueron afianzando en sus tareas
como escritoras y a través de sus escritos nos legaron sus ideas. Y es precisamente, esa
característica de perdurabilidad que atribuye Arenas a los textos ensayísticos, la que está presente
en el corpus estudiado y este rescate refrenda este valor.
La redes que se fueron forjando a través de la interacción de las escritoras se pueden
apreciar a través de su prominencia en la prensa del país. La participación de las escritoras en
revistas y periódicos decimonónicos peruanos significó un avance para estas como mujeres que
trasgredieron la esfera privada. Se puede aseverar –– y sin titubear–– que la década de los setenta
fue el período que vio surgir a la escritora peruana y más aún, a la ensayista decimonónica, que en
este estudio contribuyó con veintidós ensayos en la prensa nacional.
Paralelo al trabajo de publicación en las tres revistas de esta década, escritoras como Juana
Laso, Rosa Riglos, Teresa González, Mercedes Cabello, Carolina Freyre y Juana Rosa de Amézaga
se destacaron también como participantes de las Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti, otras
asistieron a disertar en el Club Literario como invitadas del mismo (Freyre y Cabello). La
interacción que demostraron en su época y lo prolífico de su escritura ensayística nos lleva a
reconocerlas como la primera red de ensayistas del Perú decimonónico, pensamos que el análisis
colectivo que hemos realizado y los gráficos 2, 5 y 6 ilustran estas conclusiones y corroboran
nuestra apreciación.
En cuanto a los ochenta y noventa es importante rescatar los nombres de Mercedes Cabello
y Juana Rosa de Amézaga. De Cabello, en particular, su rol modélico para ensayistas más jóvenes
como Margarita Práxedes. Se puede afirmar que el que las ensayistas más jóvenes leyeran a sus
predecesoras supuso también una revolución, ya que tuvieron modelos femeninos en que mirarse
212
desde pequeñas. Además, cabe resaltar la presencia total de las cuatro escritoras de la última
generación de nuestro estudio en estas décadas: Matto, Amézaga, Nieves y Bustamante y Puga,
así como el protagonismo de las escritoras provincianas. De esta última generación destacó
Clorinda Matto, quien se desempeñó como directora del único semanario en que publicaron las
autoras El Perú Ilustrado (para este estudio) y como la gran anfitriona de la segunda versión de
las veladas de Gorriti, Las veladas literarias de Clorinda Matto. Asimismo, Amalia Puga y Clorinda
Matto fueron, las que disertaron en el ahora Ateneo de Lima (antes el Club Literario), la primera
con motivo de su incorporación al club y la segunda, como invitada.
Es evidente que las ensayistas de este período continuaron con la tarea iniciada por sus
predecesoras en la década anterior. Algunas de ellas extenderán su labor a la prensa internacional
(especialmente Cabello, Práxedes, Matto y Puga) y otras dirigirán sus carreras escriturales hacia
otros géneros literarios. La consolidación de estas autoras tuvo un aliado en El Perú Ilustrado. La
difusión que se dio a las ensayistas, como lo hemos mostrado en el capítulo 2 de nuestro estudio,
a través de sus retratos, contribuyó a que el legado de la escritora perdure. Además, el otorgarles
reconocimiento como mujeres de letras a nivel nacional las llenó de prestigio, acrecentando así su
reputación literaria a nivel internacional.
Finalmente, somos conscientes que existen otros periódicos y revistas nacionales y
extranjeras en las que las autoras publicaron más ensayos. Nosotros hemos empezado con cuatro
revistas y cuarenta textos. Pero si bien es cierto que nuestra estadía en los archivos peruanos, en el
año 2014, tendría que haberse extendido muchísimo para consultar las otras publicaciones,
pensamos que en la actualidad se puede sacar provecho de la cada vez mayor accesibilidad de
materiales primarios que ofrecen los repositorios digitales. Además, considero importante
continuar con la tarea de multiplicar trabajos orientados a un solo tipo de texto. Una de las
características de las escritoras del siglo XIX hispanoamericano es que fueron muy prolíficas y
que publicaron desde crónicas hasta novelas. La crítica contemporánea se ha enfocado en la
novelística, la literatura de viajes, la correspondencia epistolar, por citar algunos géneros, pero
queda mucho por hacer en otros. Todo ese material espera ser desempolvado. Es importante
también que se continúe con la investigación de redes literarias que hoy realizan investigadores
como Pura Fernández y Claudio Maíz. El establecer redes nacionales, continentales y
transatlánticas nos permitirá redescubrir la verdadera dimensión de la escritora decimonónica
hispanoamericana. Estamos convencidas de que en vez de aislar en los estudios a una escritora en
213
particular se debe de reconsiderar un análisis colectivo y generacional. Por último, en cuanto al
texto ensayístico, si bien es un escrito que inspira respeto, es importante continuar con la tarea de
encontrar nuevos derroteros para su análisis. En especial, queda muchísimo por hacer en cuanto a
la ensayística femenina del siglo XIX. Se necesitan estudios que rescaten a las autoras y las
redescubran como ensayistas para no solo desentrañar los idearios colectivos que se entretejieron
a nivel generacional, sino también para en un futuro, que esperemos sea cercano, poder releerlas a
la par con los escritores que descuellan en este género literario. Una tarea inicial es rescatar a las
escritoras como ensayistas y dignificar sus escritos como ensayos. Una teoría específica sobre el
ensayo femenino hispanoamericano está todavía pendiente por lograrse.
214
Conclusions
María Louise Pratt’s words, cited in the epigraph in chapter 1, motivated me to continue
with my research on Peruvian women writers. Particularly, to investigate about the essay as a genre
and as a text. In addition, rereading the articles published in the press by the Peruvian writers
allowed me to identify certain argumentative and discursives traits in these pieces of writing. Our
next step was to recover the names of these women writers and their essays. Therefore, our study
revived the following essayist: Juana Laso de Eléspuru, Rosa Riglos de Orbegoso, Teresa
González de Fanning, Mercedes Cabello de Carbonera, Margarita Preaxedes Muñoz, Clorinda
Matto de Turner, Juana Rosa de Amézaga, María Nieves y Bustamante y Amalia Puga de Losada.
The recovery of the names of the essayists also permitted us to do a study with biographical
connotations. The particularity of our work is that we categorized the names of the ten essayists
under the generations proposed by Alberto Varillas. This methodology allowed us to approach
each writer individually as well as a collectively. Also, to apply a quantitative and a qualitative
analysis of the corpus. We correlated the phases of these women’s lives in relation with the
historical events of the country. In addition, the generational perspective highlited the collective
dimension of our study and as a result, unearthed the manifest of ideas that the authors evolved in
their essays in their common historical, social and cultrural contexts in which they were inmersed
during the last three decades of the nineteenth century in Peru.
It is also essential the literary history review presented in chapter 2 about the essay as a
genre and as piece of writing, as well as the classification proposed by literary critics. The feminine
essay, on the other hand, besides its nonexistence in the literary canon, was affected as a genre by
the constant debates that efforted to define the genre and its origins. This reality, in addition to the
research presented in our literary overview, inclined us to plumb the depths of this genre and
literary text with the purpose of rectifying the scarce knowledge of the female essay. Our research
indentified that one of the significant issues when these articles were studied was that they were
approached as a periodicals articles but not as an essays. The contribution of our approach is to
reread these articles as essays, analyzing the persuasive and argumentative nature of this type of
essay writing. For this purpose we adopted the theory of Maria Elena Arenas in Hacia una teoría
general del ensayo. Construcción del texto ensayístico (1997) who proposed to add a new genre,
the argumentative, and examine the essays as a class of text of this new genre.
215
The corpus included forty essays from periodicals such as El Álbum, La Alborada, El
Correo del Perú, and El Perú Ilustrado. This collection of essays was analyzed in two chapters.
In this analysis we obtained two answers: the first one relates to how the writers glimpsed in their
essays a space to circulate their ideas; and second, the strategies that they used to transmit their
ideas to their audiences. An important difference between the essays of the seventies and the essays
of the eighties and nineties was that in the first decade the essays express the reaction of these
writers as a group through leitmotivs that correlated with women issues as individuals. In contrast,
in the other two decades, their leitmotivs manifested their compromise as writers with the
community and the country. Their essays argued about class, gender, nationalism, literary writers,
and doctrines.
Moreover, we can affirmed that the gradual sucession in how the names of the authors
emerge followed a chronological and generational order (except for Juana Rosa de Amézaga), and
elevated the names of the most prolific essayists such as Mercedes Cabello y Juana Rosa de
Amézaga. Is also worth noticing that in the seventies, eighties, and nineties the authors maintained
the same modus operandi, they continued to write essays and kept publishing in the press. We can
assert that there were not ruptures between one generation and another, but instead a logical
continuation whereby the youngest writers followed and emulated the writers that published before
them. Also, even though the magazines published in Lima have collaborators from Lima and other
provinces of Peru, the women from the provinces were the protagonists (we are referring to Matto,
Nieves y Bustamante y Puga).
Lastly, one important point for the essayist of our study is their great legacy, as they
gradually consolidated themselves in the Peruvian newspapers as writers, and contributed through
their essays to bequeath their ideas to the generations to come.
A great literary network was established with the interaction of these women writers. The
active presence of women in the press in the nineteenth-century, and especially in the seventies
helped make this the period that witnesses the coming of the Peruvian women writer. Moreover,
in our opinion, the emergence of the nineteenth-century Peruvian women essayist. In our study we
incorporated twenty two essays that were published in the press by six authors: (Laso, Riglos,
González, Cabello, Freyre y Amézaga). In addition, besides their prolific work in the press, the
majority of the authors also attended the Veladas Literarias organized by Juana Manuela Gorriti
while others were invited to lecture in the Club Literario as guest lecturers (Freyre and Cabello).
216
The interaction that these women demonstrated in that era and their prolific essay writing compel
us to recognize them as the first essayists network of the nineteenth-century in Peru. Our collective
analysis and graphics 2, 5, and 6 illustrates our assertion and corroborates our conclusion.
In regards to the eighties and nineties, the names of Mercedes Cabello and Juana Rosa de
Amézaga are worthy of mention. Cabello was a role model for such younger essayists as Margarita
Praxedes. We strongly believe that the fact that younger essayist could read their predecessors
works created a revolutionary jump in feminine literature since they for the first time had feminine
literary models to emulate and admire from their youth. Also, worth of note are the whole presence
of the last generation of authors (Matto, Amézaga, Nieves y Bustamante y Puga) and the role that
they took as the second generation of writers in Lima. From this generation, the prominent figure
of Clorinda Matto emerged as a director of El Peru Ilustrado and as a host of the second version
of the Veladas Literarias en Lima. She also lectured in the new Ateneo de Lima (before el Club
Literario) as well as Amalia Puga, who accepted to be incorporated to this club.
Evidently, the essayists in these last two decades of our study continued with the work
initiated by the essayists in the seventies. They internationalize their work by publishing in other
countries as did Cabello, Praxedes, Matto y Puga; and others would venture into new genres. The
consolidation of their work had an ally in El Peru Ilustrado. The distribution given by this
newspaper contributed to the legacy of the authors, as we have demonstrated in Chapter 2 of this
thesis. In addition, by including these authors on the cover, the newspapers recognized them as
“women of letters” and gave them prestige in the country as well internationally.
Finally, we are aware of the existence of more periodicals in Peru and overseas where these
women authors published more essays. Even though, we were constrained to time limits in the
archives in 2014, nowadays is important to consider the new digital repositories that are available
to researchers in our field. Then secondly, I strongly believe that is important to aim to do more
research in a specific type of text. If we acknowledge that the women on this era, were prolific
writers that have published texts ranging from chronicles to novels. And also if we admit that most
of the critics have centered their studies in the novel, the travel literature, and the epistolary
correspondence, just to cite some genres, then we can assert that there is a lot to be done in
researching the other genres. Thirdly, it is also important to continue with the research about
women networking that researches like Pura Fernández and Claudio Maíz conduct in the present
to discover the real dimension of the nineteenth-century women writers in Spanish-American.
217
Lastly, even though the essay as a genre is a piece of writing that inspires respect, it is
important to find new ways to analyze it. We believe there is a lot to be done in reference to the
recovery of women essayists and their texts. We need more research to rediscover these women
and hope that in the near future we can reread their essays and compare them to the essays written
by canonical male essayist. The first task is to recover the names of the writers as essayist and to
dignify their writings as essays. An specific theory about the Spanish-American gender essay has
yet to be achieved.
218
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Periódicos consultados:
La Bella Limeña (1872)
El Álbum (1874-1875)
La Alborada (1874-1875)
El Correo del Perú (1871-1878)
La Patria (1871-1880)
El Perú Ilustrado (1887-1892)
230
Corpus ensayístico de las autoras ordenado desde la Perspectiva Generacional:
231
Abstract
Nineteenth-century Spanish-American women’s literature is a field of research that a few
decades ago received little attention from academics. However, the literary production of these
women writers has been attracting literary critics, historians and cultural studies researchers in the
recent years. Among these women, previous studies have highlighted the emergence of the
Peruvian women writers in the last three decades of that century (Denegri, Villavicencio). This
doctoral thesis examines the articles published in the last three decades of nineteenth century in
the Peruvian magazines and newspapers such as: El Álbum, La Alborada, El Correo del Perú y El
Perú Ilustrado. However, our argument does not consider these writings as articles of opinion but
instead as pieces that can be analyzed as literary, argumentative and persuasive texts of the genre
essay. We are aware of the difficulties in establishing a literary history of the essayist in the context
of the genre’s polymorph and eclectic nature. In addition, it is evident that these difficulties
increase as we incorporate gender to the equation; gender, however, constitutes the building block
of our research which aims to recover, analyze and give a prominent place to the essay production
by female authors.
Methodologically, we set out to recover these texts front a historical approach; we dust off
the periodicals from the archives and recover the authors, that in our judgement, wrote articles that
can be reread as essays. Then, we analyze each of the authors as well as their essays from an
individual (biographically), and collective perspective (by generations). Given the argumentative
and persuasive nature of the genre, our study is partly guided by the theories developed by Maria
Elena Arenas in Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico (1997).
The scholar proposes to add a new genre to the existing categories: the Argumentative, and to
examine the essay as a one type of text of this new genre.
The corpus that has been recovered includes forty essays published between 1871 and
1892. These essays belong to ten Peruvian women writers born between 1819 and 1866. Our
research unearths in these essays the ways in which women essayists propose, defend and argue
their ideas, philosophies, opinions; we also study the rhetoric of persuasion they utilize with their
audience as well as the logic of their arguments. Likewise, the discursive analysis points out to
how the essayists personalize their essays by applying the model that Arenas proposed using the
functions of the narrative enunciation (testimonial, metadiscursiva, ideologic, etc) and applying
them to the essays.
232
APÉNDICE DOCUMENTAL
233
Tabla del gráfico 1: Publicaciones 1871-1892
Perspectiva cronológica
Década Autora Título
1871 Carolina Freyre de Jaimes Al bello sexo
1874 Rosa Riglos de Orbegoso Un momento de expansión
1874 Juana Rosa de Amézaga El talento de la mujer
1874 Mercedes Cabello de Carbonera Influencia de la mujer en la civilización
1874 Juana Laso de Eléspuru La coquetería
1874 Juana Laso de Eléspuru El matrimonio
1874 Carolina Freyre de Jaimes El hogar
1875 Mercedes Cabello de Carbonera Necesidad de una industria para la mujer
1875 Rosa Riglos de Orbegoso Glorias literarias de la raza latina
1875 Juana Laso de Eléspuru El matrimonio
1875 Juana Laso de Eléspuru Impiedad
1875 Teresa González de Fanning Trabajo para la mujer
1876 Teresa González de Fanning La tolerancia
1876 Mercedes Cabello de Carbonera Patriotismo de la mujer
1876 Juana Laso de Eléspuru Conferencia en el Club Literario
1876 Teresa González de Fanning Las literatas
1876 Teresa González de Fanning El lujo
1876 Teresa González de Fanning Religión
1876 Juana Rosa de Amézaga La simpatía y la estimación
1876 Mercedes Cabello de Carbonera El positivismo moderno
1877 Mercedes Cabello de Carbonera La mujer y la doctrina materialista
1877 Mercedes Cabello de Carbonera Meditaciones literarias
22
1887 Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales
1887 Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales
1888 Juana Rosa de Amézaga La miseria con guantes
1888 Juana Rosa de Amézaga La envidia
1888 Juana Rosa de Amézaga El carácter
1888 Juana Rosa de Amézaga Las mujeres suicidas
1888 María Nieves y Bustamante La patrona de armas del Perú
1889 Clorinda Matto de Turner Luz entre sombras
1889 Juana Rosa de Amézaga Las tres edades de la mujer
9
1890 María Nieves y Bustamante Los espejos
1890 Clorinda Matto de Turner El corsé
1890 Mercedes Cabello de Carbonera Los héroes peruanos
1890 Clorinda Matto de Turner La necesidad del trabajo para la mujer
1890 Clorinda Matto de Turner Defensa de la educación de la mujer
1890 Margarita Práxedes Muñoz Atracción universal
1890 Margarita Práxedes Muñoz Espíritu y materia
1890 Margarita Práxedes Muñoz Progresos de la teoría evolutiva
1892 Amalia Puga de Losada La literata en la mujer
9
40
234
Tabla del gráfico 2: Autoras y publicaciones en la década de los setenta (1871-1877)
235
Tabla de los gráficos 4, 5 y 7: Publicaciones en la prensa agrupadas por revistas
Perspectiva de prensa
REVISTA Autora Título
El Álbum Rosa Riglos de Orbegoso Un momento de expansión
El Álbum Juana Rosa de Amézaga El talento de la mujer
El Álbum Mercedes Cabello de Carbonera Influencia de la mujer en la civilización
El Álbum Juana Laso de Eléspuru La coquetería
El Álbum Juana Laso de Eléspuru El matrimonio
5
La Alborada Mercedes Cabello de Carbonera Necesidad de una industria para la mujer
La Alborada Rosa Riglos de Orbegoso Glorias literarias de la raza latina
La Alborada Juana Laso de Eléspuru El matrimonio
La Alborada Juana Laso de Eléspuru Impiedad
La Alborada Teresa González de Fanning Trabajo para la mujer
5
El Correo del Perú Carolina Freyre de Jaimes Al bello sexo
El Correo del Perú Carolina Freyre de Jaimes El hogar
El Correo del Perú Teresa González de Fanning La tolerancia
El Correo del Perú Juana Laso de Eléspuru Conferencia en el Club Literario
El Correo del Perú Teresa González de Fanning Las literatas
El Correo del Perú Teresa González de Fanning El lujo
El Correo del Perú Teresa González de Fanning Religión
El Correo del Perú Juana Rosa de Amézaga La simpatía y la estimación
El Correo del Perú Mercedes Cabello de Carbonera Patriotismo de la mujer
El Correo del Perú Mercedes Cabello de Carbonera El positivismo moderno
El Correo del Perú Mercedes Cabello de Carbonera La mujer y la doctrina materialista
El Correo del Perú Mercedes Cabello de Carbonera Meditaciones literarias
12
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga La miseria con guantes
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga La envidia
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga El carácter
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga Las mujeres suicidas
El Perú Ilustrado María Nieves y Bustamante La patrona de armas del Perú
El Perú Ilustrado Clorinda Matto de Turner Luz entre sombras
El Perú Ilustrado Juana Rosa de Amézaga Las tres edades de la mujer
El Perú Ilustrado María Nieves y Bustamante Los espejos
El Perú Ilustrado Clorinda Matto de Turner El corsé
El Perú Ilustrado Mercedes Cabello de Carbonera Los héroes peruanos
El Perú Ilustrado Clorinda Matto de Turner La necesidad del trabajo para la mujer
El Perú Ilustrado Clorinda Matto de Turner Defensa de la educación de la mujer
El Perú Ilustrado Margarita Práxedes Muñoz Atracción universal
El Perú Ilustrado Margarita Práxedes Muñoz Espíritu y materia
El Perú Ilustrado Margarita Práxedes Muñoz Progresos de la teoría evolutiva
El Perú Ilustrado Amalia Puga de Losada La literata en la mujer
18
40
236
Tabla “Autoras ordenadas según su generación con fechas de sus publicaciones en revistas por
orden cronológico”
Perspectiva generacional
Autora Título Año Total
Generación 1807-1821
Juana Laso de Eléspuru La coquetería 1874
Juana Laso de Eléspuru El matrimonio 1874
Juana Laso de Eléspuru El matrimonio 1875
Juana Laso de Eléspuru Impiedad 1875
Juana Laso de Eléspuru Salas de asilo 1876 5
Generación 1822-1836
Rosa Riglos de Orbegoso Un momento de expansión 1874
Rosa Riglos de Orbegoso Glorias literarias de la raza latina 1875 2
Teresa González de Fanning Trabajo para la muger 1875
Teresa González de Fanning La tolerancia 1876
Teresa González de Fanning Las literatas 1876
Teresa González de Fanning El lujo 1876
Teresa González de Fanning Religión 1876 5
Generación 1837-1851
Mercedes Cabello de Carbonera Influencia de la mujer en la civilización 1874
Mercedes Cabello de Carbonera Necesidad de una industria para la mujer 1875
Mercedes Cabello de Carbonera Patriotismo de la mujer 1876
Mercedes Cabello de Carbonera El positivismo moderno 1876
Mercedes Cabello de Carbonera La mujer y la doctrina materialista 1877
Mercedes Cabello de Carbonera Meditaciones literarias 1877
Mercedes Cabello de Carbonera Los héroes peruanos 1890 7
Carolina Freyre de Jaimes Al bello sexo 1871
Carolina Freyre de Jaimes El hogar 1874 2
Margarita Práxedes Muñoz Atracción universal 1890
Margarita Práxedes Muñoz Espíritu y materia 1890
Margarita Práxedes Muñoz Progresos de la teoría evolutiva 1890 3
Generación 1852-1866
Clorinda Matto de Turner Luz entre sombras 1889
Clorinda Matto de Turner El corsé 1890
Clorinda Matto de Turner La necesidad del trabajo para la mujer 1890
Clorinda Matto de Turner Defensa de la educación de la mujer 1890 4
Juana Rosa de Amézaga El talento de la mujer 1874
Juana Rosa de Amézaga La simpatía y la estimación 1876
Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales 1887
Juana Rosa de Amézaga Estudios sociales 1887
Juana Rosa de Amézaga La miseria con guantes 1888
Juana Rosa de Amézaga La envidia 1888
Juana Rosa de Amézaga El carácter 1888
Juana Rosa de Amézaga Las mujeres suicidas 1888
Juana Rosa de Amézaga Las tres edades de la mujer 1889 9
María Nieves y Bustamante La patrona de armas del Perú 1888
María Nieves y Bustamante Los espejos 1890 2
Amalia Puga de Losada La literata en la mujer 1892 1
40
237
Tabla del gráfico 6: Clasificación temática por autora (década del setenta)
238
Tabla del gráfico 8: Clasificación temática por autora (décadas del ochenta y noventa)
239
APÉNDICE II: Antología selecta
Los escritos de esta antología incluyen veinte artículos publicados entre 1871 y 1892 en
los semanarios El Álbum, La Alborada, El Correo del Perú y El Perú Ilustrado.
En los textos que se ofrecen a continuación hemos modernizado la ortografía ya que
consideramos que no hay nada que salvaguardar en el aspecto lingüístico o histórico que no se
respete con la actualización de la ortografía. Nuestro objetivo es facilitar la lectura de estos textos
al lector moderno. En lo que concierne a la puntuación hemos corregido la falta de los signos de
interrogación y exclamación al inicio de las oraciones o frases.
El criterio de selección ha atendido a incluir los escritos menos asequibles, a la par que
ofrecer una presencia equilibrada de las autoras, por lo que se han recuperado dos artículos por
escritora, excepto en los casos de Margarita Práxedes Muñoz en que seleccionamos los tres textos
estudiados en esta tesis y el de Amalia Puga de Losada en que incluimos el único texto trabajado
en nuestro estudio. Por último, el criterio de ordenación de esta antología sigue el utilizado para el
estudio de nuestros escritos en la tesis, es decir, seguimos una ordenación generacional. Solo los
escritos de Mercedes Cabello de Carbonera y Juana Rosa de Amézaga incluyen textos de dos
décadas diferentes, no siendo así con las otras escritoras, cuyos textos pertenecen a una sola
década.
Es nuestra intención, no solo difundir los escritos de estas escritoras, sino también
continuar con la misión de estudiosas que nos precedieron como Doris Meyer (1995), Gloria Da
Cunha (2006), María Emma Mannarelli (2013) y Marcela Prado Traverso (2014). Pensamos que
el brindar acceso a materiales que antes estuvieron empolvados en los archivos de las bibliotecas
sudamericanas es una tarea que todavía está pendiente por hacer.
240
Juana Laso de Eléspuru
"El matrimonio (Ligeras reflexiones)"
El Álbum
10 de octubre 1874
No hablaré, no; de los matrimonios que se hacen por especulación, ni tampoco de aquellos
que, como se dice, se hacen solo por razón de estado: en ambos casos no es posible exigir de los
cónyuges ningún sentimiento bueno, ninguna acción noble; porque cuando no es la mala fe la que
reina entre ellos, es, sin duda, el más completo indiferentismo.
Hablaré, pues, únicamente de los matrimonios que se hacen por razón de amor; de aquellos
que antes de consumarse hacen la fusión de dos almas, la unión de dos corazones, en medio de
continuas ansiedades, de horribles zozobras, de penosos desvelos: hablaré, pues, en una palabra,
del verdadero matrimonio.
Cuando este se realiza, entran las dos mitades en un camino de flores, descubriendo por do
quiera los horizontes de la dicha, embriagados con la felicidad indecible de su presente y con la
esperanza de su porvenir sea risueño. Ya se ve, el colmo de los más puros y más ardientes deseos,
la satisfacción de las más nobles aspiraciones, la ascensión de los propósitos más constantes, la
realidad de los sueños queridos, de las ilusiones, en fin, corren un denso velo a los sinsabores del
pasado y muestran un Edén para el futuro.
El tiempo mismo carece de medida cuando se realiza el matrimonio que cimentó el amor:
la intensidad de los purísimos goces de una pasión santa, hacen deslizar insensiblemente las horas
y los días; y si el tiempo tiene alguna medida entonces, solo puede ser la de los minutos, sino que
la de los segundos.
Pero, por desgracia, no siempre es largo el camino de flores muchas veces y a poca
distancia, se convierte en horrible senda de abrojos; pues, no todos los esposos saben conservar
ese afecto mutuo, ese respeto recíproco, en que se basa la verdadera aventura.
El hombre desde luego es el primero que desmaya: acostumbrado desde que se inicia en
los placeres del mundo a vagar de uno en otro afecto, parece que no puede fijarse por mucho
tiempo en uno solo. Además, cuenta con que la sociedad es más benigna con él, y tiene la
certidumbre de que si ella emplea su severidad es solo estrictamente con el sexo débil.
241
La mujer, pues, comprende y adivina pronto, con aquella viveza de imaginación que la
naturaleza le ha dado, el término de su ventura; y desengañada en el principio, tal vez, de su nueva
vida, no tiene otro recurso que el de gemir y llorar.
Cuántas mujeres, arrancadas en temprana edad de los brazos maternos, como la tórtola de
su nido, se forman un cielo de delicias en su nuevo recinto y lo encuentran después convertido en
un verdadero infierno. Porque fuera del hogar doméstico, sin duda que es imposible la felicidad;
cuando en él no se encuentra no hay, no puede haber nada que llene el corazón.
El verdadero mundo de la esposa está en su casa y su felicidad se resume en una sola
palabra: cariño. Si este falta, es segura la desgracia.
¿Cuántos esposos hay que, por contar algunos años de matrimonio, se creen eximidos de
toda galantería y aun de ciertos actos de civilidad para con sus esposas? ¡Error funesto, que solo
puede llevar la desgracia al matrimonio!
¿Cuántos lazos rotos habrá nada más que por la causa de este error?
El trato seco e indiferente es un soplo de hielo para el corazón de la mujer, que, no puede
ser tan insensata, que exija después de algún tiempo que se le ofrezca siempre el violento fuego de
los primeros años; se contenta seguramente con la ternura y si se quiere con la compasión que
inspira su debilidad.
Y ¿qué se puede decir de los esposos que por el juego o por la relajación de su vida,
abandonan días y noches enteras a sus pobres esposas, mientras ellos gastan en impúdicas orgías
su salud y su dinero? ¡Ah! causa horror el contemplar el abismo que este género de conducta pone
a los pies de la mujer… ¡Cómo se desgarra su corazón entonces!, ¡cuánto gime en su abandono!,
¡cuánto maldice la causa de su desgracia!, ¡cuántos esfuerzos hace por volver a sí a su esposo!,
¡cuántas lágrimas derrama, esperando que los surcos que dejan en su pálido semblante conmuevan
a ese espíritu extraviado! ¡No hay medio entonces, no hay recurso que ella no ponga en juego, para
embriagar a su esposo con el puro aliento de su alma, y para arrancarlo para siempre de los lugares
malditos que frecuenta!
¡Dichosa la mujer que obtiene el premio de sus afanes y más dichosa aun la que, merced al
cielo, se ve libre de esos momentos aciagos en que lleva al precipicio la violenta mano de la
desesperación! Porque si puede haber timidez en el amor, jamás falta la resolución en la venganza.
Pero, por otra parte, ¿cómo es posible esperar que lleguen a ser buenos esposos, los jóvenes
que recién adolescentes van a perder en aires deletéreos la pureza de su corazón? Triste es decirlo,
242
pero hasta nuestros teatros se convierten muchas veces en fuentes inmundas donde la juventud va
a beber el veneno que mata la familia. No puede ser sino corruptor el espectáculo de ciertas
representaciones, de ciertos bailes por demás impúdicos y que solo pueden agradar a los que
estragados por los vicios, buscan como los borrachos de profesión no los licores finos, sino el ron
de quemar.
Ojalá que mis ligeras reflexiones puedan servir de alguna utilidad.
JUANA M. LASO DE ELÉSPURU
243
Juana Laso de Eléspuru
"El matrimonio"
La Alborada
3 de julio 1875
I
Tal es el tema que siempre me preocupa y que más de una ocasión, me ha dado motivo para
esgrimir mi tan sincera como humilde pluma.
¿Qué es el matrimonio? La vida o la muerte de la mujer, el cielo o el infierno del hombre,
el equilibrio o el desorden de la sociedad. El matrimonio no tiene ni puede tener términos medios;
toca los extremos: o es la desgracia completa o la felicidad suprema.
II
Después que Dios formó al hombre dio vida a la mujer por completar la belleza de su
creación y al darle vida hizo su cuerpo del lado del corazón del hombre para que ella fuera todo
amor y tuviera en este afecto el único móvil, el único guía de su existencia.
La mujer, pues, desde su origen, está destinada a amenizar el camino del hombre, a
consolarlo en sus amarguras a compartir con él los infortunios, a sobrellevar con él sus
contratiempos, a secar el sudor de su frente, a ser eternamente su compañera, algo más: a ser
eternamente su ángel. La mujer que falsea esta misión, que olvida este deber, es un ángel rebelado.
¡Pobre, desgraciada de ella!
III
El hombre, a su vez, destinado a sostener y a dirigir a la mujer, a inspirarla los puros
sentimientos, las más santas ideas, tiene todavía un deber más sagrado y, necesariamente, ante
Dios y ante el mundo, una responsabilidad mayor si él lejos de erigir sempiternamente en su hogar
un templo a la religión y a la moral, donde solo resuenen los dulces y deliciosos himnos del amor,
de la paz y la concordia, lo convierte en asqueroso atrio de corrupción y de maldad, en foco de
desorden, o en oficina de bolsa, donde la mujer, en la apariencia esposa, en vez de estar en el libro
del corazón, se encuentra solo en el de caja, o más bien en el de ganancias; entonces ese hombre,
que falta tan atrozmente a sus deberes, que insulta y menosprecia todo lo santo y todo lo bueno, es
no solo un criminal, un monstruo, sino un espíritu malo, más claro, perdonándome la expresión,
un verdadero demonio.
244
IV
El matrimonio de origen divino, no podía dejar de ser elevado a la categoría de sacramento;
pues significando la unión de dos almas, que solo puede realizar el amor, la pasión más pura y más
noble, debía ser, como lo es, santificado por el mismo Dios.
Del verdadero matrimonio al contrato para casarse hay una inmensa diferencia; en este
entra el cálculo, mientras que en aquel solo el amor. No es pues, ni puede ser el matrimonio un
contrato.
Hay entre ambos un abismo, y abismo que no se puede salvar: el uno es de institución
divina, el otro de institución humana: es el uno la santa voluntad de Dios, es el otro la caprichosa
voluntad del hombre.
V
Pero, por desgracia, vemos que el día se ha falseado también esa institución divina. Ya no
busca el hombre, hay sus excepciones por supuesto, para esposa la mujer a quien su corazón se
inclina y a quien verdaderamente pudiera llamar su cara mitad; no, ahora, no se fija ni en los
defectos físicos, ni en la vejez, ni en los antecedentes que puedan imprimir un sello de deshonra
en la frente de la mujer; por todo pasa, con tal de que el oro sea el velo nupcial con que ella se
cubra.
¿Y qué se puede decir, de aquellos padres monstruos que, como señores de vidas y
haciendas, especulan criminalmente con sus hijas, haciéndolas sacrificar su corazón, en holocausto
tan solo del dinero? ¡Cuántos padres hay, para mengua de la humanidad, que para nada tienen en
cuenta las santas afecciones de sus hijas y ponen fuera de su casa, únicamente por pobreza, al
hombre con quien la hija sacrificada hubiera conseguido una felicidad perfecta! ¡Cuántos padres
hay, que, solo dan acceso en sus salones, a aquellos que por su fortuna prometen, palacios y tesoros,
sin fijarse que sean libertinos o aventureros, que muchas veces resultan casados; sin cuidarse de
que por su aspecto, por su trato, o enfermedades causen aversión y repugnancia a la mujer y pasan
y atropellan por todo y entregan a la pobre víctima, sin que por ella aparezca un ángel que como a
Isaac la libre del sacrificio!
VI
Todos estos desórdenes, todas estas anomalías, todos estos sacrificios y todos estos
crímenes, tienen al lujo como causa más poderosa; al lujo, que corroe nuestra sociedad y que como
una vorágine amenaza aniquilarla en lo más santo de sus fundamentos. Y no se diga que la mujer
245
únicamente, es la autora de tanta calamidad: es el hombre todavía más responsable, el que en gran
parte, fomenta el lujo por donde quiera. Siempre vasallo de su vanidad quiere presentarse al mundo
con un boato deslumbrador y por esto luce a su esposa con las joyas y las telas más preciosas,
ostentando en sus hermosos carruajes, los más soberbios caballos y los mejores arneses. La
esplendidez de su casa deja, en fin, absortos a cuantos penetran en ella. ¿Y esa esposa y esas hijas
respirando continuamente esa atmósfera, qué especie de sentimientos pueden tener? ¿Y cómo
tendrá su corazón el día que por un vaivén tan frecuente en esta miserable vida, se encuentre
desposeída de ese boato y de esas comodidades? Tienen que sucumbir, si no son unas heroínas, ya
física o moralmente, porque con gran dificultad se acostumbrarán a la desgracia. Y esas hijas
habituadas antes con el lujo, y viviendo en la desgracia, tratándose de un enlace, buscarán también
engañosamente la felicidad en el interés y no en el amor…
VII
Contrístase, pues, profundamente el alma al reflexionar en las terribles consecuencias de
esos contratos, a los cuales no puede darse el nombre de matrimonio, sin profanar este sacramento.
La mujer que está obligada a vivir con un hombre a quien tal vez aborrezca y por quien
siente repugnancia, violentando su naturaleza, teniendo que aparentar un afecto que está muy lejos
de abrigar, corroe su corazón; busca, necesariamente, por combatir su indecible desgracia, todo
género de distracciones y apela en consecuencia al lujo, único recurso que le queda para aplacar
la violencia de su corazón. Feliz mil veces la que llega a atolondrarse con el oro y el bullicio, y no
se doblega a la desesperación de una existencia en la cual jamás brilló el fuego del amor.
En cuanto al hombre que sacrifica su corazón al dinero, se hace tan solo digno de desprecio,
como en su casa la mujer de compasión.
De cualquiera suerte, el fruto de estos enlaces tiene que ser como el de la higuera del
Evangelio; ––no puede menos que corromper la sociedad.
VIII
Concluiré, pues, por hoy, repitiendo lo que dije al principio de este pobre artículo.
El matrimonio es la vida o la muerte de la mujer, el cielo o el infierno del hombre, el
equilibrio o el desorden de la sociedad. La desgracia completa, o la felicidad suprema.
JUANA LASO DE ELÉSPURU
246
Rosa Riglos de Orbegoso
"Un momento de expansión"
El Álbum
27 de junio 1874
A la distinguida escritora Señora doña Juana M. Gorriti
Sobremanera reconocida a la bondadosa insistencia, con la cual se ha servido honrarnos la
muy ilustrada señora redactora de este interesante periódico, estimulándonos a faltar al propósito
que habíamos formado, de no dar de nuevo publicidad a nuestras desautorizadas producciones,
tendríamos una verdadera satisfacción, si nos fuera posible corresponder dignamente a ella.
Empero, nos retrae de tal intento, por una parte, la convicción de carecer de las dotes
necesarias para llevarla a buen término, y por otra, la persuasión, en que nos encontramos, de que
el período que venimos atravesando de tan desolador positivismo, no es por cierto el momento
más propicio para entregarnos a esos gratos goces de la inteligencia, deliciosos ensueños que
proporcionan solaz a nuestro espíritu, y lo elevan hacia más nobles esferas.
La ciencia práctica de la vida, llevada hasta sus más exagerados extremos, es el fin al cual
se encaminan los constantes desvelos de la presente sociedad, y no seríamos ciertamente nosotras,
las que podríamos halagarnos con la grata idea de cautivar su atención, siquiera fuese por breves
instantes, pues bien se nos alcanza, que nos encontramos para tal objeto, en condiciones
sobremanera desventajosas.
¡La mujer que da publicidad a sus opiniones, es considerada como planta exótica, que
invade un campo que no le pertenece, en el cual se la recibe con manifiesta desconfianza, y donde
ni tan siquiera alienta su aparición ese misterioso afecto, ese filtro divino, la benéfica simpatía que
tan grata confianza infunde en aquel que tiene la dicha de inspirarla, y a cuya influencia, por una
fatalidad de nuestro destino, somos tan susceptibles! Según la bella y acertada imagen empleada
por una muy ilustre escritora: “Las mujeres que al sentirse dotadas de cualidades superiores, se
dejan dominar por el deseo de hacerse conocer, se asemejan a Erminia, revestida de las armas del
combate; los guerreros al ver el casco, la lanza, el brillante penacho, creen encontrar la fuerza,
atacan con violencia y desde los primeros golpes llegan al corazón”.
Sin embargo, a pesar de tan desconsoladora convicción, juzgamos de nuestro deber no
dejarnos desalentar por ella, pues así como del choque de dos electricidades opuestas salta la luz,
247
así el concurso de la mujer dotada de tan exquisita delicadeza de sentimientos y de tan brillante
imaginación, es necesario para el perfeccionamiento de la sociedad.
Créese generalmente, que no debe proporcionarse a la mujer los medios de adquirir una
notable ilustración, porque se considera que abusaría de ella; y al discurrir así no se reflexiona,
que la verdadera ilustración no puede producir jamás ese resultado.
Diremos con el venerable y sabio Mr. Dupanloup, obispo de Orléans: “el mal consiste en
proporcionar a la mujer solo una frívola instrucción; que se le faciliten los medios de instruirse
profunda y sólidamente, y entonces desaparecerá ese temor”.
Toda persona verdaderamente inteligente, a medida que va avanzando en ese misterioso
campo, donde contempla ensancharse a su paso vastísimos y nuevos horizontes , no puede menos
de comprender, cuan verdadero es el dicho del filósofo “solo sé, que no sé nada” y este
convencimiento eleva su espíritu y lo hace superior a mezquinas sugestiones.
La mujer, cuya secreta y misteriosa influencia está llamada a ejercer inmenso poderío en
la vida de las naciones, debe encontrarse dignamente preparada para tan importante y delicada
misión.
Si echamos una retrospectiva mirada a los tiempos que fueron, no podemos negarnos a las
enseñanzas de la historia, y ella nos manifiesta, que en todos los brillantes períodos, que en el
transcurso de los siglos, forman época en los anales de la humanidad, la mujer ha correspondido,
siempre, dignamente a lo que se debía esperar de ella y ha desempeñado un papel muy importante
en el movimiento general.
En los tiempos en que Grecia y la antigua Roma eran únicas representantes de la
civilización universal, vemos a las Espartanas, exigiendo de sus maridos e hijos, morir antes que
volver a sus hogares deshonrados por la derrota; a Cornelia, heroica madre de los Gracos, Virginia,
Lucrecia y muchas otras, protestando aun a costa de su propia existencia, contra las ideas que
respecto a las mujeres dominaban y manteniendo así latentes, en esas grandes naciones, los nobles
sentimientos de amor patrio, honra y libertad, a los cuales debieron su sorprendente dominación.
Más tarde, en el dichoso momento de la regeneración universal, aparece una divina mujer,
como el iris de paz, ante cuya benigna influencia, debía cambiar por completo la faz de la
humanidad.
El Salvador del mundo, divinizando así a una mujer, y adjudicándole un puesto tan
brillante, en el sublime drama de la Redención ha roto sus cadenas y regenerándola, ha dejado una
248
prueba palpitante que nos manifiesta, cuan digna ha encontrado a la mujer, de ser asociada a tan
divina obra.
II
Elevada del polvo en que por tantos siglos había vegetado, y principiando bajo tan sublimes
auspicios su nueva existencia, la mujer fue durante los siglos de oscurantismo que denominamos
Edad Media, la fúlgida estrella, que guiaba los pasos de los andantes caballeros.
En esos heroicos tiempos en los que los lances más esforzados se realizaban al grito de
“Dios y mi dama” el tierno afecto de una mujer era el dulce galardón, que premiaba las ínclitas
hazañas, de los más famosos campeones.
La civilización del mundo se había refugiado a la sombra de dos principios salvadores : la
divina religión del Crucificado cobijaba bajo su excelso amparo a muchos ínclitos varones, que en
la soledad del claustro se entregaban a los más áridos estudios; y el Papa, augusto representante de
Dios sobre la tierra, daba unidad y fuerza, a esa denodada falange, que así pudo resistir el embate
de las más furiosas tempestades y que debió un poderoso apoyo a las heroicas cruzadas, sublime
acontecimiento de la Edad Media, sobre la cual refleja un misterioso encanto.
La Cruz, pues, representaba un principio divino e inmortal; la mujer, simbolizaba la
encarnación de los principios más tiernos y afectuosos, únicos que suavizaron la aspereza de las
costumbres en esos tempestuosos tiempos, y sin cuyo dominador influjo, ¿qué habría sido del
mundo y de la civilización universal?
Así vemos, a los inspirados trovadores, entonando tiernos cantares, en loor de alguna
melancólica beldad, y confiados en el prestigio que les daban tan arrebatadoras melodías recorrer
los campos y penetrar en los soberbios castillos, residencia de los despóticos señores, llevando una
centella de civilización, y desafiando sus iras, por contemplar los encantos de la dama que reinaba
en sus pensamientos, y por cuya influencia realizaban las más famosas hazañas.
Luego, en los últimos confines de la Edad Media, al concluir ese siglo quince que señala
el principio de los tiempos modernos, es a una mujer, a la ilustre Isabel, a quien debemos la
realización del magnífico descubrimiento de América, de esa sublime epopeya, que ocasionó tan
ventajoso cambio en los destinos del mundo.
El gran Colón, no hubiera llevado a cabo su grandioso intento, si la magnánima alma de
una mujer, reina por dicha de la humanidad, no se hubiera encontrado a su altura, y comprendido
toda la inmensa significación de su sublime empresa.
249
Esta mujer extraordinaria, realizaba, al propio tiempo, otros grandiosos hechos, que han
influido muy notablemente, en los destinos del mundo.
III
Grande en su realización, e inmenso en sus resultados, fue el descubrimiento de América,
y la España, esa nación en cuyos Estados no se ponía el sol, debió a una mujer el extraordinario
poder, cultura y civilización, que la distinguen en el siguiente siglo, en el cual fue para toda Europa,
un distinguido modelo.
En época tan brillante en los anales literarios, vemos a la par de muy eminentes autores, a
la sublime Santa Teresa de Jesús, cuya inspirada prosa, le ha conquistado un puesto inmortal entre
los más notables escritores, así como lo había conseguido ya, en la patria de Dante y Petrarca, la
célebre poetisa Victoria Colonna.
Al principiar ese mismo siglo, apareció una prodigiosa mujer, la cual realizó las más
sorprendentes proezas, Juana de Arco cuya historia se asemeja a un fantástico romance.
Asimismo no podemos dejar en olvido un notable período en la historia de Francia, en el
que se distinguieron célebres guerreros y políticos eminentes, pero en el cual, luce en primer
término, la figura notable de una interesante mujer Mme. de Longueville, personifica la Fronda;
ella fue el esplendente astro, a cuyo rededor giraban tan importantes satélites.
Durante el célebre reinado de Luis XIV, tan brillante para la Francia, vemos el prestigioso
influjo que ejercieron sus mujeres, siendo muchas de ellas, ilustres Mecenas, que prestaban un
poderoso apoyo a muy eminentes escritores, al tiempo que ocupaban un puesto importante en la
república de las letras, como la erudita Mme. Dacier, célebre traductora de los antiguos clásicos,
Mme. de Sevigné y muchas otras que sería difuso enumerar.
Después, en los tempestuosos tiempos de la importante revolución que agitó a la Francia,
y cuyo solemne eco repercutió sobre todas las naciones, contemplamos con asombro, la sublime
actitud que asumieron sus mujeres, en medio de aquel pueblo, ebrio de horrores y de sangre,
realizando, no solo, los más heroicos episodios de ternura y abnegación, en las lóbregas prisiones,
sino viéndoseles marchar intrépidas al último suplicio, ya con el sorprendente estoicismo de un
alma espartana, como Mme. Roland, o sostenidas por la influencia de más tiernos sentimientos, y
por la fe de una mártir cristiana, como la muy interesante María Antonieta, y su ilustre hermana la
princesa Isabel.
250
En la actual época, en el siglo llamado del progreso y las luces, ¡cuántas distinguidas
mujeres vemos lucir en la arena literaria! En los primeros años, apareció una célebre escritora,
mujer por su brillante imaginación y delicados sentimientos, hombre por la energía de sus
concepciones, la rectitud de sus juicios y la elevación de su estilo Mme. de Staël ha sido
considerada por la posteridad, como uno de los primeros escritores que cuenta la Francia.
Últimamente hemos visto a Mme. de Girardin, llamada por sus contemporáneos la décima
musa, a George Sand, cuya varonil inteligencia y brillante estilo, la colocan en primera línea entre
los escritores modernos, y a la no menos célebre, señora de Avellaneda, notable poetisa, y cuya
castiza prosa hace lucir los encantos de nuestro hermoso idioma.
La Italia que no puede olvidar su primitivo derecho a la supremacía literaria, cuenta
asimismo actualmente muy brillantes escritoras; entre otras la Lutti y la Fuà Fusinato.
Cúmplenos observar, que en los Estados Unidos, como ha dicho ya un escritor
contemporáneo, el primer golpe, aquel que influyó notablemente en la extinción de la criminal
esclavitud, fue debido a la generosa alma de la autora de La Cabaña del tío Tom.
Nuestra joven América, se encuentra al propio tiempo brillantemente representada por muy
distinguidas escritoras, a las que asedia la ingrata tarea, de verse obligadas a combatir añejas
preocupaciones. En la República Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y el Perú, vemos aparecer
escritoras de grande importancia, a pesar del muy poco estímulo, que entre nosotros alienta tan
interesantes trabajos.
IV
Nos cabe la satisfacción de ver, al recorrer tan rápidamente la vasta escala de los tiempos;
que la mujer se ha encontrado siempre, a la altura de la situación del mundo, en tan variadas épocas.
Réstanos pues, al presente, un deber que desempeñar, si queremos ser lógicas en tan
importante misión.
Achaque es de la juventud, y por consiguiente de la inexperiencia, dejarse alucinar por todo
lo nuevo que se presenta a su vista. Nuestra adolescente sociedad, arrebatada por el vertiginoso
torbellino de las especulaciones mercantiles; que de súbito se le han presentado, y sin la
experiencia necesaria para comprender que hay un dique salvador, que la prudencia enseña no
debe traspasarse jamás, se ha dejado dominar por la maléfica fiebre que corroe sus entrañas.
En tiempos no muy remotos, esta bella capital, era considerada como la Atenas
sudamericana. Hombres eminentes, hacían el encanto de la sociedad y la delicia de sus salones,
251
dedicándose al estudio de las ciencias y las letras, solo por satisfacer una inspiración de su alma,
y encontrábanse suficientemente recompensados con la estimación y la simpatía, con la cual eran
acogidos sus trabajos, por la inteligente atmósfera que los rodeaba.
En el momento presente, exagerando hasta el más lamentable extravío el cuidado que
demanda el bienestar material, se pretende dirigir a este único fin todos los esfuerzos de la
inteligencia y de la voluntad, aparentando desconocer, que el espíritu tiene también sus exigencias,
y que una nación donde solo se rinde culto a la materia, es un cuerpo sin vida, en el cual falta la
chispa eléctrica que pone en juego todos los más nobles sentimientos, a los que debe su custodia
y su honra.
Deber de la mujer es, pues, procurar contener el torrente invasor. Ella, reina absoluta en
los dominios del sentimiento, debe emplear noblemente el tierno ascendiente que su posición de
esposa y madre le concede, y para que este pueda ser dirigido con acierto, cumple el proporcionarle
los medios de adquirir una juiciosa y sólida instrucción, que enaltezca su espíritu, a fin de que llene
debidamente la elevada misión que está llamada a ejercer.
No es por cierto una paradoja lo que venimos manifestando, puesto que tenemos en nuestro
apoyo un irrecusable testimonio.
Nuestra primogénita hermana la gran República, cuyos rápidos adelantos y sorprendente
poder hacen la admiración del presente siglo, con el admirable talento práctico que la distingue,
ha comprendido esta gran verdad. Allí, la mujer recibe un voluntario culto: el respeto por ella y la
importancia que se le concede, es uno de los caracteres dominantes en esa gran nación, ¿y por qué
no ha de ser también, uno de los misterios secretos que constituyen su fuerza?
Hemos dicho alguna vez, y la experiencia de los siglos lo demuestra; la nación en la cual
se honra a la mujer, y donde esta llega a tener conciencia, de la sublime misión que está llamada a
desempeñar en los destinos de la humanidad, no puede dejar de ser un día, grande y poderosa sobre
la tierra.
ROSA M. RIGLOS DE ORBEGOSO
252
Rosa Riglos de Orbegoso
"Glorias literarias de la raza latina"
La Alborada
5 de junio 1875
Deseosos los E.E: de “La Alborada” de ofrecer a sus abonados lectura instructiva a la par
que amena, e interesados, por otra parte, en dar la mayor publicidad posible a las producciones de
las pocas señoras que cultivan entre nosotros la bella literatura: tenemos el gusto de reproducir el
excelente artículo que la Señora Doña Rosa Mercedes Riglos de Orbegoso publicó, hace largo
tiempo, en un diario de esta capital, bajo un seudónimo. Perdone la galana escritora que
descorramos el velo con que la modestia ocultó su verdadero nombre, y lo coloquemos ahora en
lugar del seudónimo de BEATRIZ.
I
En estos graves momentos, en los cuales la desastrosa guerra franco-prusiana, ha puesto en
tela de juicio a la tan ilustre, aunque al presente infortunada, raza latina, profundamente conmovido
nuestro espíritu, por el afecto de tierna simpatía, que a ella nos liga, contempla reflejarse cual sobre
un mágico cristal las mil gloriosas reminiscencias que iluminan su brillante historia.
Esa raza, que desde los tiempos de la heroica Roma, dominó e ilustró al mundo
civilizándolo más tarde; aquella a la cual pertenecieron Pelayo, Carlos Magno, Isabel la Católica,
León X, y más recientemente Luis XIV, y en la cual el heroísmo es un elemento constitutivo de su
ser, no puede, no debe ser subyugada. Pasará por un fatal momento, sufrirá contrastes que servirán
únicamente para manifestar los magnánimos sentimientos que la distinguen, pero al fin, se
proclamará vencedora, y dominará al mundo con sus luces e ilustración, nunca desmentida, como
lo tiene reconocido la historia.
Limitándonos únicamente al recuerdo de sus glorias literarias, evoquemos esos gratos
pensamientos, como un lenitivo a los disgustos presentes, y más que todo, como una garantía, que
nos inspire fe y confianza en su porvenir.
A fin de llenar nuestro objeto, siquiera sea a grandes rasgos, remontémonos a esos primeros
tiempos, que siguieron a la destrucción del famoso imperio romano.
La enseña divina de la cruz, cuya conservación y propagación, ha sido confiada por la
Providencia a la raza latina, es el faro luminoso que brilla únicamente en tan luctuosa época.
253
Sabido es, que después de la irrupción de los bárbaros del Norte, la civilización y la
ilustración hallaron su refugio en los claustros. Un San Bernardo, un Santo Tomás de Aquino, y
otros eminentes varones conservaron a la vez, el brillante depósito del saber y de la fe.
En medio de la general ignorancia, la lira de los Trovadores hacía resonar únicamente sus
sentimentales notas, y vemos el notable contraste que presentan estos despóticos señores, dando
tregua a sus continuos combates, solo al armonioso acento de aquellos mágicos cantares.
Más tarde, poco antes de concluir esa época de transición que denominamos Edad Media,
¿cuál es la nación, a la que le debemos la primera obra literaria, que ha abierto ese brillante camino
a tantos ilustres campeones?
La raza a la cual perteneció Cicerón, Virgilio, Tácito, era la llamada a tan grandioso cargo,
y en ella, la nación cuna de tan eminentes hombres, debía providencialmente continuar tan noble
obra.
II
Veamos pues a Italia, que al principiar el siglo catorce, es la primera en que su ya formado
idioma, procura restaurar la descuidada literatura, y sin detenernos en mencionar a varios
distinguidos escritores que en el siglo anterior, se habían hecho notables por algunos importantes
ensayos, principiaremos por aquel que inició la era de la literatura moderna, el tan célebre
florentino, Dante Alighieri.
Este gran hombre y ardiente patriota, a consecuencia de haber tomado parte en las
conmociones políticas que agitaban su patria, fue desterrado de ella, y, en las amarguras de su
peregrinación, compuso su inmortal obra, verdadero reflejo de las ideas dominantes en aquella
época, en la cual las cuestiones teológicas, y la poesía de los trovadores, formaban toda la vida
literaria.
Dante, obedeciendo a una necesidad generalmente sentida desde entonces, se trasladó a
Paris, donde su brillante Universidad atraía ya a todos los hombres ilustrados, y allí vemos aparecer
su nombre, distinguiéndose por su vasta erudición.
Más tarde, en la necesidad de hacerse comprender de todos sus conciudadanos, se decidió
a escribir su sublime poema, no en latín, idioma entonces universal en el mundo literario, sino en
italiano, el cual, Dante, con su inmenso genio, contribuyó poderosamente a fijar.
Fue tan grande la influencia del Dante, y tal el ascendiente sobre sus contemporáneos, que
el brillo de su nombre y de su gloria eclipsan completamente el recuerdo de muchos escritores
254
notables, que se conocían ya en toda Europa, y solo en este hombre extraordinario comienza la
historia de la literatura moderna.
Así, pues, este genio inmortal, en su “Divina Comedia” se ha colocado a tal altura, que será
considerado siempre, por las naciones civilizadas, como un maestro para todas ellas, y como el
digno sucesor de Homero y Virgilio.
Poco después, admiramos a Petrarca, el cual en sus bellos sonetos y canzone hace ver los
rápidos adelantos de su hermoso idioma.
En ese mismo siglo aparece Bocaccio, quien nos presenta el primer ejemplo, en las lenguas
modernas, de una prosa, cuyo estilo elegante y culto, se considera hasta el día como un modelo del
más puro lenguaje.
Más tarde, la célebre e ilustrada familia Médicis, y en ella, especialmente, el distinguido
Papa León X, que mereció el insigne honor de dar su nombre al siglo en el cual existió, reúne, bajo
su poderosa protección, esa inmortal falange de hombres tan eminentes, en letras y artes, ante los
cuales es forzoso detenernos.
Ese siglo XVI en el cual la Italia poseía tan brillantes modelos, no solo en las obras clásicas
de la antigüedad, completamente conocidas y estimadas entonces, sino en sus propios escritores,
que siguiendo el ejemplo del Dante, fundador, como hemos dicho, de la literatura moderna, se
habían distinguido tanto en ella, ha formado época en la historia literaria.
Maquiavelo, cuyo nombre ha llegado a ser sinónimo de las perfidias diplomáticas, fue un
grande hombre, por su extraordinaria inteligencia que le hizo notable en tan variados géneros, pues
poeta, historiador, y sobre todo político, se distingue por la energía de sus concepciones y la belleza
de su estilo.
Ariosto, el cual en su hermoso poema nos deleita con su bella poesía.
El Tasso, cuyo brillante ingenio, creó una tan bella epopeya, y cuyos armoniosos versos,
nos conmueven deliciosamente, recordándonos esos tiempos, de fe y ardiente entusiasmo, que
dieron por resultados las brillantes y romanescas cruzadas; y tantos otros distinguidos escritores,
que sería muy difuso enumerar, han impreso su bello e indeleble sello, sobre ese siglo tan
distinguido en la literatura, tanto italiana como española, según lo veremos a su vez.
Quedó Italia, al parecer fatigada de sus prematuros trabajos, que habían abierto tan extenso
campo a las demás naciones, y después de varios ensayos dramáticos, de no grande importancia,
255
vio aparecer en ella, al elegante Metastacio, y más tarde al patriota Alfieri, cuyo enérgico estilo
admiramos en su hermoso teatro.
No siendo nuestro objeto ocuparnos de la literatura contemporánea , sino presentar,
únicamente, un ligero bosquejo de los deberes contraídos por la literatura moderna y la civilización
del mundo, hacia las naciones de raza latina, que han sido las primeras en iniciar tan vasta obra,
debemos detenernos en el último siglo, que tan brillantemente concluye para Italia, en le célebre
Alfieri.
III
Volvamos, pues, nuestras miradas a España, la primera en seguir tan luminosa huella.
Ya esta nación se había hecho notable desde los primeros de la Edad Media, por sus
romances, espejo fiel de su caballeresco carácter, distinguiéndose, especialmente, el poema del
Cid, tan célebre en la historia literaria de aquella lejana época.
Más tarde, un rey, Alfonso el Sabio, tomando por base el “Fuero Juzgo”, antiguo código
de leyes visigodas, redactó y dio a España en el siglo XIII, “Las siete partidas”, obra sumamente
notable por la rectitud y justicia que resalta en sus disposiciones, y que al tiempo de ser la primera
publicación hecha en idioma español, es, también el más antiguo documento, de esta especie, en
la historia de las naciones modernas.
La literatura de España, en ese largo período, se limita, pues, a sus romances, y si no fue
tan variada como la de Italia y Francia, en ese mismo, hay en ella un sello de patriotismo e
independencia, que la hace mucho más interesante y original.
A consecuencia de las excepcionales circunstancias en que se encontró España al finalizar
el siglo XV, habiendo dado cima a la expulsión de los moros, y realizado el magnífico
descubrimiento de América, y encontrándose, al frente de sus destinos , una reina tan ilustrada y
magnánima, como la gran Isabel, muchos notables literatos , a los cuales atraía su inteligente
protección, pasaron a ella, y difundieron las luces debidas al Renacimiento, lo que dio lugar a una
notable revolución literaria que hizo de España la digna émula de Italia en las letras.
Ya, al fin del siglo anterior, habían aparecido algunos notables escritores, como el infante
D. Juan Manuel, el cronista Ayala y otros; mas, entonces, impulsado el estudio de la literatura, por
el magnífico ejemplo del Dante y de Petrarca, se hizo tan general, que muchas personas notables
por su alta posición social se dedicaron ardientemente a ella.
256
Vemos, pues, al ilustre D. Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, tan esclarecido
como erudito y como poeta.
A Hernando del Pulgar, secretario y cronista de los Reyes Católicos, y a muchos otros
eminentes escritores.
Pero cuando la literatura española llegó un grado de perfección, al cual solo Italia había
alcanzado, fue en el siglo dieciséis, al que tan justamente se ha llamado el Siglo de Oro de su
literatura.
Los estrechos límites de estos ligeros apuntes, no nos permiten hacer una nomenclatura tan
extensa como desearíamos, de aquellos egregios escritores; procuraremos, pues, señalar tan solo
aquellos que sobresalen en tan brillante período apareciendo como maestros de las generaciones
venideras.
Boscán inició la reforma de la poesía, introduciendo el metro italiano; pero el que completó
y llevó a cabo, fue el malogrado Garcilaso de la Vega, genio privilegiado, que en sus dulcísimos
versos, dio principio a la nueva era de la literatura española.
Apareció, en la misma época, Don Diego Hurtado de Mendoza, elegante poeta, pero aún
más admirado por su bella prosa, en la cual como en su “Lazarillo de Tormes”, pinta tan fielmente
las costumbres españolas, en esos remotos tiempos, y su original carácter.
Lo siguió en breve Fray Luis de León, cuyo estilo sencillo y sublime a un tiempo, nos
conmueve profundamente.
El elegante Herrera, que ha merecido se le llame “el divino”.
El notable historiador Mariana, la sublime Santa Teresa de Jesús, y Ercilla, el cual nos
encanta en su “Araucana”.
Pero al que más que a todos admiramos, es al gran Cervantes, el cual en su inmortal Quijote,
ha llegado a ser el encanto y constante estudio de las generaciones que le han sucedido y que ha
alcanzado a tal perfección que ha sido inimitable en su género.
Casi simultáneamente apareció Lope Félix de Vega Carpio, insigne poeta, y más aún
célebre, por ser el fundador del arte dramático en España; pues si bien antes se habían hecho ya
brillantes ensayos, Lope creó el género llamado de capa y espada, en el cual se distinguió tan
noblemente, legándonos admirables y numerosos ejemplos, debidos a la prodigiosa fecundidad de
su ingenio, y que han sido brillantemente seguidos, no solo por importantes autores españoles, sino
aún por extranjeros de gran nombradía.
257
La literatura fue entonces en España tan rica y variada, que nos cuesta un esfuerzo no
extendernos más, a fin de no salir de los estrechos límites que nos hemos trazado; pero, ¿cómo
dejar de recordar al satírico Quevedo y a Rioja, cuya hermosa canción “a Las Ruinas de Itálica “ha
merecido tan grande aplauso?
¿Y qué diremos del sublime Calderón de la Barca? Este célebre poeta, en su hermoso teatro,
es al par que Lope y Cervantes, el más distinguido representante de las letras españolas, en época
tan brillante.
A pesar de que, en el siglo diecisiete, aparecieron algunos otros notables escritores, ya la
literatura se encontraba en España en decadencia, pues por un error lamentable del brillante
Góngora, el culteranismo la había invadido y herido de muerte, tanto, que ni aun Calderón pudo
verse enteramente a salvo del contagio.
Siguió, pues, en lamentable postración hasta el último siglo, en el cual Luzan, Moratín,
Meléndez y Jovellanos, al tiempo que otros notables escritores, fueron los restauradores del buen
gusto, inaugurando un nuevo período de grande esperanza para España.
Al tratarse de la literatura de las naciones de la raza latina, no es posible dejar de consignar
un recuerdo a la literatura portuguesa, la cual ocupará siempre un lugar distinguido en sus anales,
contando en el siglo dieciséis, un tan ilustre poeta como Camoens, el cual en su “Lusiada” ha
conquistado un envidiable puesto en la historia literaria.
IV
Réstanos solo hablar de la tan ilustrada Francia, la cual viene en postrer término, en estas
mal trazadas líneas; porque a pesar de haber sido desde los tiempos de Carlo Magno, ya notable,
por su universidad de Paris, ciudad que desde entonces parecía destinada a ser el centro de la
ilustración del mundo; y de ser la vecina Provenza, el país, cuna de los brillantes Trovadores ,
cuyas canciones, junto con los romances españoles y los libros de caballería, constituían toda la
literatura popular de aquellos remotos tiempos, no se dio a luz en ella, en esos primeros siglos,
obra alguna de aquellas que forma época en los anales de la historia literaria.
Francia, pues, que ya en el siglo catorce tuvo un buen historiador en Froissart, y poco
después otro en Felipe de Commines, y cuyo poeta Marot, llegó a alcanzar algún renombre, parece
que al no haber pretendido hasta más tarde al predominio literario, que ha ejercido constantemente
después, hubiese cobrado mayores bríos; pues el siglo diecisiete, que abraza el magnífico período
258
denominado “de Luis XIV”, nos manifiesta con esto, bastante claramente, cuan omnipotente fue
en su poderío e influencia literaria.
El gran Corneille, aparece el primero entre esos tan ilustres escritores. Anteriormente se
habían hecho algunos ensayos, imitando el teatro español, tan justamente admirado entonces, pero
solo Corneille, con sus altas dotes y sublime poesía, mereció ser considerado como el fundador de
la tragedia en Francia, y como un digno modelo para el porvenir.
Racine nos encanta, después, con sus armoniosos versos, en su más perfecto teatro, en el
cual, si no excede en sublimes rasgos a su digno antecesor, lo sobrepasa en la dulzura de su poesía,
y en la perfección admirable de los caracteres que pinta, sobre todo, al expresar los más íntimos,
y tiernos afectos del corazón, en cuyo lenguaje, es tan perfecto como inimitable.
Al mismo tiempo aparece Moliére, fundador de un nuevo género cómico, tan justamente
admirado por la extraordinaria maestría con la cual retrata los defectos y ridiculeces humanas.
La Fontaine, el más distinguido fabulista de los tiempos modernos.
Pascal, cuyo hermoso estilo lo eleva al primer rango entre los más notables escritores de
aquella época, en la cual se ha inmortalizado, a pesar de sus lamentables errores jansenistas, por
sus “Provinciales” y sus célebres “Pensamientos”, notable bosquejo de una obra que no pudo llegar
a publicar.
Bossuet, el sublime Bossuet, ilustre maestro en la oratoria sagrada, historiador distinguido,
a cuya alta inteligencia da mayor realce la magnificencia de su estilo.
Boileau, en su “Arte poética”, modelo de gusto y buen sentido.
Madame de Sévigné, cuyas interesantes cartas son un distinguido modelo, y en las cuales
se encuentran muy interesantes y verídicos detalles sobre la historia de personas que figuran en
primera escala, en una época tan digna de un detenido estudio.
Fenelon, ilustre autor del “Telémaco”, obra maestra y única en su género, y en cuyo
encantador estilo y liberales máximas, se revela la noble alma de tan sabio y virtuoso escritor.
Massillon, cuyos sermones son un modelo de elocuencia cristiana.
La Rochefoucauld, La Bruyère, célebres moralistas, y otros muchos excelentes escritores
que contribuyeron, tan notablemente a ilustrar tanto la literatura francesa como a servir de brillante
estímulo al adelanto y cultura intelectual de toda la Europa.
El siglo XVIII, en el cual ocupa un puesto culminante Montesquieu , por su célebre
“Espíritu de las leyes”, fue sumamente importante para Francia, por el notable número de literatos
259
que aparecieron en él, y, especialmente, porque su influencia literaria dominó al mundo, haciendo
que las disolventes y funestas doctrinas, que sus escritores habían preconizado, conmovieran a
todas las naciones.
Los escritos de sus filósofos, Voltaire, Rousseau, Diderot, Alembert y demás, causaron una
conmoción general que dio por consecuencia, al fin del último siglo, su tan importante revolución.
Nos llevaría lejos del plan que nos hemos trazado, el ocuparnos más detenidamente de este,
por tantos títulos, importante período, el cual ha sido de tan inmensos resultados para todo el
universo.
V
Como hemos anticipado, nuestro objeto se ha limitado a recordar el brillante origen de la
literatura moderna, cuyos difíciles y primitivos ensayos han sido principalmente debidos a las
naciones de raza latina.
Estamos muy distantes de abrigar el mezquino propósito de tratar de deprimir la literatura
teutónica y germánica en beneficio de la latina. Lejos de eso: tenemos el más grande placer en
justicia al mérito, donde quiera que se halle y bien sabemos que en esas naciones se encuentran
escritores que pertenecen a muy elevada jerarquía; pero fieles a la historia literaria reconocemos,
con verdadera satisfacción, que no puede dejar de tributarse a la raza latina el homenaje que le es
debido, por los gloriosos títulos que la hacen acreedora a la gratitud de las naciones civilizadas,
habiendo sido desde los tiempos brillantes de la antigua Roma, la primera en marchar al frente de
la civilización del mundo, iniciando con su heroico y magnánimo esfuerzo, el brillante sendero
que las demás naciones se han apresurado a recorrer, tan dignamente, después.
Alentados por tan gratos recuerdos, esperamos confiadamente en que la terrible prueba,
por la cual pasa tan ilustre raza, en estas angustiosas circunstancias, será el crisol que la purifique,
presentándole ocasión para repetir esa serie de heroicos hechos, a los cuales debe su alto renombre,
al que ha dado aún mayor brillo, el haber sido en las regiones literarias, durante el transcurso de
los siglos, la vestal sagrada a cuyos cuidados ha estado constantemente confiado el fuego divino
de la civilización y del saber.
ROSA MERCEDES RIGLOS DE ORBEGOSO
Lima, diciembre de 1870
260
Teresa González de Fanning
"La tolerancia"
El Correo del Perú
19 de marzo 1876
Hay “una cualidad” humilde y sencilla, pero que sin escrúpulo llamaríamos “una virtud”
en vista de los benéficos y provechosos resultados que produce a los que la practican.
De ordinario se acompaña con la discreción, el buen juicio y la benevolencia.
Son sus consecuencias naturales, la prosperidad, el progreso y la paz.
Esta hermosa cualidad que aún no es bastante estimada y practicada por la humanidad es,
“la Tolerancia”.
Así como la vid con su lozano follaje, preserva de los ardientes rayos del sol y en sus
dorados frutos ofrece al que la cultiva un grato refrigerio y un fortificante y saludable licor, de
igual manera la tolerancia es, para las sociedades que la practican, un escudo que preservándolas
de aviesas pasiones, las une, las fortifica y las levanta del común nivel.
Para valorizar como es debido el inapreciable mérito de la tolerancia y el papel que
desempeña en los destinos humanos, basta fijar ligeramente la atención en los males inmensos que
la carencia de ella ha producido en todo tiempo al mundo.
La historia, esa muda enseñanza de los siglos que pasaron, nos muestra la Inquisición con
todos sus horrores; la sangrienta hecatombe de la noche de San Bartolomé en Francia; y el suplicio
de millones de mártires, como resultado exclusivo de la intolerancia en religión.
En política, se nos manifiesta dividiendo a las naciones en luchas fratricidas y siendo causa
de sangrientas guerras que llevan por funesto séquito, la desolación, los odios inextinguibles, el
terror y la muerte.
La intolerancia en las ciencias, ha servido solo para perpetuar los errores de la ignorancia
y sujetar el libre vuelo de la inteligencia, poniendo una rémora al progreso.
Que se examine en grande o en pequeña escala, siempre se encontrará que donde reina la
intolerancia, enmudece la razón y sufre o desaparece la libertad.
La tolerancia es compañera inseparable de la civilización que sin ella no puede avanzar
sino muy lentamente.
261
Y, cómo todas las virtudes, tiene su nacimiento en la familia; en ese pequeño terreno donde
deben germinar todos los granos selectos que han de producir más tarde abundoso y saludable
fruto a la sociedad.
Allí es también a donde se hace más necesaria e imprescindible, por lo mismo que el trato
más íntimo pone más relieve los mutuos defectos.
Uno de nuestros más notables hombres de estado y distinguidos jurisconsultos, cuya
reciente pérdida deploran todos los buenos patriotas, el doctor don José G. Paz Soldán, solía decir:
“Para vivir en familia, prefiero un adarme de tolerancia, a un quintal de amor”. No podía ocultarse
a su ilustrado talento y perspicacia, que la falta de recíproca tolerancia rebaja los más sagrados
vínculos y destruye, o por lo menos entibia, el santo amor de la familia, ese bálsamo consolador
de las penalidades de la vida.
Y quién mejor que la mujer que es la sacerdotisa del hogar, está llamada a inspirarla y
cultivarla en el corazón de sus hijos y de todos los que forman su pequeño reino, por medio de la
palabra y por el aún más persuasivo y eficaz del ejemplo?
Ciertamente que es a ella a quien de preferencia le compete desempeñar esta tarea de tanta
transcendencia y de tan proficuos resultados.
No basta ser bueno y cumplir estrictamente sus deberes; es menester hacer amable la virtud
y atraerle prosélitos por medio de la indulgencia, la persuasión y la benevolencia.
Son verdaderamente insoportables aquellas hurañas virtudes que encastilladas en su
superioridad, miran con orgulloso desdén las fragilidades de la humanidad; y a quienes solo hastío,
odio y repulsión, inspiran las faltas ajenas.
¿De dónde proviene si no, la preferencia que no pocas veces se acuerda a ciertas personas
cuyos remarcables defectos están en evidencia, sobre algunas otras que no solo están exentas de
ellos, sino que aún suelen ser poseedoras de un mérito indisputable?
Es que las primeras conceden de buen grado la indulgencia que para sí mismas necesitan,
en tanto que las segundas pretendiendo sujetar a la humanidad a cierto modelo especial que su
fantasía ha forjado, no toleran la más mínima discrepancia erigiéndose arbitrariamente en
directores y jueces de los demás.
Ni la amistad, ni el amor, ni las relaciones de familia pueden subsistir con tan grave
obstáculo. La naturalidad, la confianza, y ese ingenuo abandono que forman el mayor encanto de
262
las relaciones íntimas, son prontamente sustituidas por el recelo, la tirantez y la reserva, que traen
por obligadas consecuencias el alejamiento y la desunión.
El individuo que más olvidado se encuentra de las nociones del bien, será siempre sensible
a la benévola indulgencia, al prudente consejo, que traten de apartarlo de la senda del vicio o del
error.; pero rechazará con indómita altivez las más saludables doctrinas, si se pretende
imponérselas con humillante dureza.
Jesús, el más acabado modelo de virtud que al hombre le sea dado imitar, dio constantes
ejemplos de tolerancia durante su vida terrenal, viviendo entre los pecadores, conversando con los
publicanos, salvando a la mujer adúltera de las iras populares, y concediéndole su divina amistad
a la pecadora Magdalena.
El Evangelio, ese admirable código moral que nos legó, más perfecto y sabio que todas las
leyes humanas, tiene por bases la tolerancia y el amor. Siempre que su benéfica influencia se deja
sentir en la familia y en la sociedad, se afirma la paz, se acrecientan las fortunas y florecen las
industrias y las artes dando por resultado la abundancia, el bienestar y el progreso; uniéndose así
los bienes morales a los materiales.
Para concluir, compendiaremos lo que nos hemos esforzado en probar. Sin tolerancia, no
hay unión en las familias, ni verdadera cultura para las sociedades, ni paz para las naciones.
MARÍA DE LA LUZ
Lima, marzo de 1876
263
Teresa González de Fanning
"Religión"
El Correo del Perú
31 de diciembre 1876
Que la religión es la base de la moral y del orden social, es una verdad universalmente
reconocida.
Más, para que tales frutos produzca, es menester que en la práctica esté acompañada de la
ilustración, la buena fe y la prudencia. De lo contrario, es como los alimentos o las medicinas
adulteradas que, en vez de nutrir, vigorizar y devolver la salud al que los toma, producen efectos
diametralmente opuestos.
Por desgracia, entre nosotros aunque nos duela el confesarlo, las personas ilustradamente
piadosas, están en muy sensible minoría.
En cambio abundan las irreligiosas, aún más las indiferentes y las fanáticas, sin que falten,
si bien en menor número, las que burlándose interiormente de los sencillos creyentes, especulan
con su credulidad y la explota, formando de la religión un escalón para alcanzar los favores de la
fortuna o para llegar a elevados puestos.
La instrucción religiosa deben darla, el sacerdote al pueblo y la madre de familia a sus
hijos.
La que esta última da, es la que de un modo más seguro e indeleble se graba en el corazón
y la que produce más óptimos frutos cuando es bien dirigida.
Pero este deber que es el primero entre los que está llamada a cumplir la que goza del
augusto título de madre, para dar vida a la inteligencia, (si se nos permite expresarnos así), como
antes le diera al cuerpo de su hijo, es, con sobrada frecuencia, desatendido o totalmente
abandonado.
Madres conocemos, y no pertenecientes al bajo pueblo sino a la llamada buena sociedad,
que no se cuidan de dar a sus hijos ni la más ligera instrucción religiosa; y otras muchas que se
circunscriben a la rutinaria enseñanza de prácticas y oraciones que el niño repite sin comprender
y que lo fastidian y narcotizan.
La idea sensible de Dios manifestándose por medio de sus obras y de sus beneficios, justo,
misericordioso y bienhechor para con sus criaturas; que es la más adecuada para interesar la
264
atención de los niños, formarles por decirlo así el corazón, e inspirarles rectos y elevados
sentimientos, es casi desconocida, y menos practicada.
Se cree que el maestro es el llamado a desempeñar esta tarea y sobre él se descarga toda la
responsabilidad ¡grave error!
El maestro le enseñará la historia sagrada, los dogmas y fundamentos de la religión, le
referirá en lenguaje más escogido y con un método claro e irreprochable, todo lo que deba aprender
y conservar en la memoria, pero sus palabras no llegarán al corazón del niño, a este santuario solo
le es dado penetrar a la madre, solo ella es el oráculo de la infancia.
Los frutos de esta punible descendencia son bien amargos. Un ligero examen de lo que
pasa en nuestra sociedad, nos los pondrá de manifiesto.
El joven, cuando se ocupa de religión, es únicamente para hacer alarde de que se burla de
ella y para buscar argumentos para combatirla.
Poseyendo de ordinario conocimientos muy superficiales en la materia y contando con
igual insuficiencia por parte de sus contendientes o, bien se sirve de ideas ajenas que se apropia
sin rubor o, lo que es más frecuente aún, presenta como cargos contra la religión las faltas y abusos
de algunos de sus ministros.
Se avergüenza de practicarla y de rendir de alguna manera culto al Creador.
Considerándola como preocupaciones dignas cuando más de ser aceptadas por espíritus
débiles, la deja a cargo de mujeres y niños.
En cambio, él que se atribuye la fuerza moral y la superioridad intelectual, se entrega al
más grosero materialismo y el culto que le niega a Dios, se lo rinde a las pasiones más vergonzosas
y degradantes.
La mujer, que por su especial organización siente la necesidad de creer y amar, acepta la
enseñanza religiosa que se le da, sin discutirla, con entusiasmo y respeto.
Llega el día en que, por consejo de su madre, se acerca al confesionario y las palabras del
sacerdote mostrándole una dicha eternal en recompensa de pasajeras privaciones, seducen su
imaginación impresionable y fácil de exaltar.
Sin más porvenir que el claustro o el matrimonio, llega a considerar este como un peligro
para su salvación. Rechaza el innato deseo de agradar y la inocente coquetería de su edad, como
sugestiones maléficas.
265
Un confesor imprudente, la sojuzga fácilmente y le hace perder hasta el libre albedrío. Las
relaciones de familia, los afectos más santos, todo lo pospone al ascetismo riguroso por medio del
cual se propone llegar a la perfección y santidad.
Sujetando por completo su inteligencia a otra inteligencia que considera no solo superior
sino casi divina, la limita impidiéndole todo desarrollo, con lo cual cree contraer nuevos méritos
para obtener el cielo.
No pocas veces la naturaleza recobra sus fueros y, sacudiendo el yugo de este misticismo
tan exagerado como indiscreto, se despierta más imperiosa cuanto más contenida estuvo, la
inclinación a los placeres, al lujo, a los paseos y a las amorosas conquistas, renacen con mayor
fuerza.
Entonces, como el prisionero que después de prolongada cautividad ve rotas sus cadenas,
goza sin medida y sin restricción de su ansiada libertad. Más tarde copiará este extravío pasajero
con nuevos y mayores riesgos.
La falta de principios fijos y de ideas propias, la hacen fluctuar entre ambos extremos, sin
llegar casi nunca a obtener un justo término medio.
De aquí provienen la versatilidad que en el carácter de algunas mujeres se observa; las
cuales alternativamente son damas elegantes que van de paseo o beatas estrictas y escrupulosas.
Estos son, ligeramente delineados, los rasgos más marcados en el carácter de la generalidad
de los jóvenes de ambos sexos.
No puede darse mayor incompatibilidad de ideas, principios y aspiraciones.
Y ambos están destinados a hacer juntos el viaje de la vida. A ligarse tan íntimamente por
medio del matrimonio, que formen, según la expresión del apóstol, dos cuerpos y un alma.
Y, ¿cómo podrá formarse tan íntima alianza con tan marcada disparidad de ideas?
¿No será esta la explicación natural, la causa principal, de que haya tantos matrimonios
desavenidos y desgraciados?
Les sucede seguramente lo que a los dos viajeros que debiendo reunirse en un punto dado,
marcharon siempre en opuestas direcciones.
Son incalculables los males de esta divergencia de ideas y aspiraciones se derivan. Para
presentarlos detalladamente, sería necesario poseer mayores luces y tener más espacio del que
podemos disponer.
266
Una reforma en la instrucción religiosa; una buena y empeñosa dirección de parte de las
madres de familia y acaso estaría salvado el abismo, y la sociedad y la familia recogerían el fruto.
MARÍA DE LA LUZ
Diciembre 12 de 1876
267
Mercedes Cabello de Carbonera
“Patriotismo de la mujer”
El Correo del Perú
14 de mayo 1876
PATRIOTISMO DE LA MUJER
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA FIESTA DEL “CLUB LITERARIO” DADA CON
MOTIVO DEL 2 DE MAYO
Señoras y señores:
Reunidos en este recinto, solemnizamos con la pompa majestuosa de la literatura y los
acordes sublimes de la música, los grandiosos y espléndidos triunfos de Dos de Mayo.
El Club Literario, que tan dignamente preside uno de los hombres más ilustrados y
progresistas de nuestro país, ha organizado esta fiesta literaria , comprendiendo , sin duda, que los
nuevos progresos, y la cultura que cada día se difunden más y más en el Perú, exigen otras
manifestaciones en los grandes días de la patria.
El estampido atronador del cañón, el ruido confuso de las campanas y las mil y variadas
luces de los fuegos artificiales, no satisfacen ya el entusiasmo patriótico, de un corazón nutrido
con la savia de la moderna civilización. Todos necesitamos, algo que fuera tan bello como la
literatura y tan grandioso como la música, para solemnizar este día, que recordamos llenos de
emoción y de justo orgullo; este día, en que libramos nuestra independencia y libertad al azar de
la guerra, para reconquistar nuestro honor mancillado. España olvidó que la raza americana, raza
de héroes y de esforzados campeones, es bastante valerosa para sepultarse en las ruinas de la patria,
con sus libertades y su vida, antes que sufrir un afrentoso yugo; olvidó, que así como la naturaleza,
escondió en las entrañas de este suelo privilegiado, tesoros riquísimos de valiosos y preciados
metales, del mismo modo ha escondido en el corazón americano, tesoros inmensos de patriotismo
y de amor a sus libertades. Olvidó que la nacionalidad peruana retemplada en el patriotismo e
inspirada en la resignación heroica del sacrificio, evocaría las sombras veneradas de la
independencia, para ofrecer a la admiración del mundo, uno de esos inmortales acontecimientos
que se llaman, Ayacucho, Junín y Dos de Mayo.
¡Dos de Mayo! Esta gloria es nuestra, la aureola de ese día, nos ilumina a todos, pues , aún
nosotras débiles mujeres, mandábamos al combate , a nuestros esposos, a nuestros hijos, a nuestros
hermanos, a morir envueltos en el pabellón nacional.
268
Justo es, pues, que todos solemnicemos este día con el corazón henchido de júbilo y de
verdadero entusiasmo.
Yo, que hubiera querido presentaros un trabajo digno de la cultura de este ilustrado Club y
de la selecta sociedad que aquí se ha congregado, siento hoy más que nunca, la debilidad de mis
fuerzas y lo exiguo de mi inteligencia. Convencida de mi pequeñez, limitáreme a bosquejar a
grandes rasgos, a aquellas mujeres heroicas que sacrificaran su vida en aras de la libertad. Al
presentaros este trabajo, heme propuesto manifestaros cuán exaltado y ardiente existe el
sentimiento patrio, en el corazón de la mujer, será además un tributo de mi admiración por aquellas
víctimas de la libertad; una flor pálida e inodora, que en este glorioso día de la patria, deposito con
veneración sobre sus tumbas inmortales.
Nuestra gratitud está siempre obligada para con aquellos mártires que regaron con su
sangre redentora los altares de la libertad, ora sean de allende los mares y se llamen Mdme. Roland,
ora sean de aquende, y se llamen Policarpa Salavarrieta. No importa su nacionalidad. La libertad
no tiene patria y sus héroes tienen derecho a la gratitud y a la veneración de la humanidad. La
libertad, lo mismo que la fraternidad, nos hacen hermanos a todos. Ambas son hijas del cielo, y
han descendido a la tierra, como un privilegio concedido al hombre, para su engrandecimiento.
Ellas han roto las cadenas del esclavo y los cetros de los reyes; ellas han redimido el pensamiento
de las trabas odiosas que absurdas preocupaciones, y una opresión tan inicua como interesada, le
habían forjado, intentando en vano cortar sus poderosas alas. Ellas han venido para enjugar las
lágrimas del desvalido, para santificar y enaltecer el trabajo del artesano y para ceñir a los pueblos,
que luchan heroicamente por su independencia, como nuestra hermana la valerosa Cuba, la aureola
resplandeciente e inmortal, con que ellas coronan a sus mártires.
Todos vosotros sabéis, señores, que por la organización civil y política y por la fuerza de
la costumbre, la mujer hállase relegada al santuario del hogar doméstico, donde es el ángel del
amor, del consuelo y de la virtud; pero ángel que no puede remontar su vuelo a las altas regiones
donde brilla el genio y se desarrollan los sentimientos que manifiestan la grandeza de un alma bien
templada.
La mujer, aunque se halle dotada de ese poder del cielo, que electriza el patriotismo en las
grandes conmociones sociales, que entusiasma y arrebata a las muchedumbres, para destrozar las
cadenas de la servidumbre y conquistar su libertad y sus derechos; la mujer, decimos, no puede
269
lanzar el rayo de su elocuencia, de la tribuna política, ni presidir las deliberaciones de la plaza
pública.
Este modo de ser de las sociedades, si bien está de acuerdo con la índole del carácter de la
mujer, ha contribuido a que se la juzgue exenta de los arranques patrióticos que enaltecen al
hombre; se la cree tal vez incapaz de sentir el amor patrio, a ella que tiene un corazón que se
estremece de entusiasmo al solo nombre de la patria…..a ella, para quien este nombre simboliza
todo lo que hay de más caro, de más bello, de más grande en la vida; a ella, para quien la patria
guarda ese recinto sagrado, donde por primera vez oyó pronunciar ebria de felicidad, el dulce de
nombre de madre por su primer hijo pequeñuelo.
Ese recinto que guarda la historia de su corazón, que es la historia de su vida; ese pedazo
de tierra, único en el mundo, donde reina como soberana y donde alcanza la verdadera gloria de la
mujer y la única felicidad que le está reservada en el mundo, ese recinto, señores, se llama hogar
doméstico.
Mas no es allí, en el hogar doméstico, donde buscaré el tipo de la mujer patriota, por más
que yo esté convencida que allí y solo allí es donde su amor a la patria, ejerce su verdadero influjo,
enseñando al niño a amar y a venerar el suelo natal, y siendo para el hombre, el ángel que lo
impulsa en aquellos actos de valor que se inspiran en el más acendrado patriotismo. La buscaré,
sin embargo, al pie de los altares de la patria y en medio del fragor del combate, rivalizando con
el hombre en valor y heroísmo, cuando la patria ha necesitado de su brazo para salvar su libertad.
Al diseñar los tipos que voy a presentar, para mostraros a la mujer patriota, no me
remontaré a buscarlos hasta los tiempos de la hermosa Judit, y de la valerosa reina Ester, esto sería
largo y fatigoso; los tomaré en los tiempos modernos, y en mujeres que más conocidas, nos son
más simpáticas.
Allí tenéis la hermosa e ideal figura de Juana de Arco, que se levanta como una estrella
brillante y luminosa en el cielo sombrío y borrascoso de su patria; más que una mujer inspirada
por un sentimiento patriótico, parece un ángel enviado del cielo, uno de esos ángeles bíblicos que
bajaban a la tierra con una espada de fuego, para guiar sus huestes y exterminar al enemigo.
El nombre de patria es para ella un talismán, que la impulsa para llevar a cabo sus
extraordinarias y maravillosas empresas. Allá va, con su armadura de guerra, hendiendo el aire
con su bridón fogoso, devorando en su ansiedad las distancias y lanzando sus escuadrones, por
entre lagos de sangre y montones de cadáveres.
270
En Carlota Corday y en Mdme. Roland encontraréis también la personificación viviente
del patriotismo. La una, exaltada por el sagrado fuego de la patria, y anhelosa de hacer lucir la
aurora de la libertad en el hermoso cielo de Francia, no vacila en armar su mano del puñal
homicida, y hundirlo en el corazón del miserable y vil Marat. Sublime y noble sacrificio de este
“ángel del crimen” como la ha llamado un poeta.
La otra, Mdme. Roland, es una brillante personalidad, que se destaca majestuosa, de las
páginas de la historia para admirarnos con su elevado talento; con sus virtudes cívicas y con la
pureza de sus costumbres.
Alma y oráculo del simpático partido girondino, Mdme. Roland infundía su entusiasmo y
ardoroso patriotismo, en las deliberaciones en que se resolvía el porvenir de la naciente república
francesa.
Mdme. Roland no es solo una mujer cuyo patriotismo se ha exaltado con los grandiosos
acontecimientos que a la sazón se desarrollaban en Francia, sino también era el filósofo que
meditaba sobre el complicado problema de la felicidad humana; es decir, instituciones justas y
liberales, igualdad de los ciudadanos ante la ley, y un amplio ejercicio de los derechos individuales,
que fuese compatible con la seguridad de los intereses sociales.
Pero dejemos a París, a esa segunda Atenas de la moderna civilización, que se nos presenta
siempre, como el modelo donde podemos tomar todos los tipos del más puro patriotismo y del
heroísmo más abnegado. Dejemos a París y volvamos los ojos a nuestra querida América, a este
suelo privilegiado por la mano del Hacedor, bajo cuyo cielo siempre límpido y sereno, nacen las
inteligencias claras, y se robustecen los corazones valerosos, con la misma precocidad vital, que
crecen y se desarrollan los coposos y gigantescos árboles en medio de sus vírgenes selvas.
Aquí encontraremos, como la figura más colosal y el modelo más perfecto de la mujer
patriota a Policarpa Salavarrieta, conocida generalmente con el nombre de la Pola. Ángel divino
que quiso bajar a la tierra, y al rozar sus alas por entre los abrojos de la vida, dejar un reguero de
su sangre redentora, y una huella luminosa, que guiará a la gloria a todos los próceres de la
independencia. Víctima infeliz del furor sanguinario del tirano Sámano, no había cometido más
delito que sentir en el pecho el fuego sagrado del patriotismo.
Mujer valerosísima, que pone en juego, su belleza, su noble alcurnia, su amor, su inmenso
amor por el joven y simpático Sabaraín.
271
Nutrida con el juego amargo del despotismo y de la tiranía, su alma juvenil se subleva, cual
si estuviera impulsada del espíritu inmortal que animó a las hijas de Esparta, a aquellas mujeres
extraordinarias que después de perder a todos sus hijos en la guerra, daban gracias a los dioses y
creían no haber perdido nada, si la patria se había salvado.
Arrancada Policarpa de su hogar doméstico, se ve conducida al suplicio al lado mismo del
adorado Sabaraín, condenado como ella a ser fusilado, y en vez de espantarse ante la presencia de
la muerte y llorar la de su amado, pide sentarse cerca de él para dirigirle la última mirada junto
con el último suspiro, y cuando vuelve los ojos y ve a su amante palidecer perdiendo su energía,
le pide que tenga serenidad, y se haga digno de ella por su valor.
Seca la garganta por las emociones y desgarrado el pecho por el sufrimiento, pero el alma
siempre llena de altivo coraje, pide un vaso de agua para templar la sed que la devora; cuando uno
de los sicarios le presenta el agua, la rechaza y alzándose altiva, cual si fuera la estatua animada
del patriotismo, le dice “Gracias, ni un vaso de agua quiero beber a los enemigos de mi patria”.
¡Sublimes palabras!, ¡supremo heroísmo!, que la hacen de un solo paso franquear los umbrales del
templo de la gloria, para elevarse a la cima de la inmortalidad...
Así, aquella mujer joven y bella, cuyos ojos negros parecían encendidos, con el fuego del
majestuoso Cotopaxi, y cuyo cuello erguido era blanquísimo, como las espumas del caudaloso
Tequendama, aquella mujer cuyo pecho turgente era el sitio donde las gracias y la belleza habían
hecho su nido, fue condenada a ser fusilada por la espalda como los más viles traidores. Y para
que todo fuera extraordinaria en ella, cuando la señal de muerte fue dada desde los balcones de
palacio por el inhumano Sámano, cubriose los ojos con la suya dejando ver su basquiña, en la que
bordadas con letras de oro se leían estas palabras “Viva la Patria”, cual si hubiera querido que
cuando su cuerpo inerte, no pudiera decirlas, se levantara su espíritu inmortal, para repetirlas al
mundo de Colón. Muere la muerte de los mártires, en holocausto, como todos los héroes de la
libertad, en holocausto a la salvación de la humanidad.
Los tiranos de América al cortar la hermosa cabeza de la heroica Policarpa creyeron segar
de raíz el árbol de la libertad, sin comprender que ese árbol joven y viril, que había echado sus
raíces en el suelo virgen y feraz de América, brotaría con nuevo vigor y lozanía; sin comprender,
que es en vano destruir los hombres y los pueblos si no se destruyen los principios, cuando esos
principios son tan grandes coma la autonomía de un pueblo. Porque como ha dicho uno “se acaba
con un hombre, con mil, con un millón, pero no se acaba con una verdad; cuando se hiere a un
272
hombre, brota sangre, cuando se hiere una verdad brota luz”. Así al sentirse la libertad herida en
la cabeza de la hermosa Pola, brota luz; luz purísima que iluminó a todos los pueblos esclavos de
América, haciéndoles conocer sus derechos y su grandioso porvenir. La sangre de Policarpa fue el
agua lustral con que lavó América la mancha ignominiosa del coloniaje, fue el riego fecundante
que hizo fructificar el árbol de la Libertad.
Bien pronto el ejemplo de la Pola había de tener una imitadora tan heroica como Antonia
Santos: mártir como Policarpa de la libertad de Colombia, y víctimas de la sed de sangre de los
opresores de América. Antonia Santos fue conducida al suplicio con el heroico valor de la que
muere por una causa justa y grande, y con la frente serena, de la que cree, que su muerte, es la vida
de un pueblo, que lucha con denuedo por salvar su autonomía y sus instituciones democráticas.
El Perú, nuestra querida patria, este suelo colmado con los dones de la naturaleza, en el
que, los caudalosos ríos, los fértiles valles, y las escarpadas montaña, parecen que se hubieran
disputado el privilegio de embellecerlo; el Perú, que parece por un lado levantara con los Andes
su cabeza majestuosa hasta esconderla entre las nubes, y por el otro abriera sus brazos, cual si
quisiera abarcar el océano entero; el Perú , señores, también vio regado su suelo con la sangre de
una heroína tan grande como Andrea Bellido; mujer extraordinaria, que después de haber rodeado
su noble frente con la aureola resplandeciente de los héroes, quiso ceñirse la corona de los mártires.
Nacida bajo el cielo hermoso de Huamanga, tenía la tez bronceada, y la belleza ruda, de
las hijas de Atahualpa. Acusada, del entonces tremendo crimen de patriota, y de prestar activa y
eficaz protección a los valientes guerrilleros, que destrozaban el ejército español en el territorio;
es conducida prisionera ante la presencia del temible tirano Carratalá.
Allí, se le ofrece su libertad, su vida y toda clase de beneficios, si divulga los nombres de
los que por su conducto protegían al diminuto; pero denodado ejército patriota. Se la amenaza en
caso de no hacerlo con incendiar su casa, donde lloraban solitarios sus infelices hijos, pequeñuelos,
y también de pasarla a ella por las armas. Incontrastable, como el destino que había decretado la
independencia de América, Andrea niega obstinadamente tener otros cómplices y confiesa con
valor asombroso, ser ella sola la que protegía a los patriotas.
Con esto quedó decretada su sentencia de muerte.
Doce horas después, el nombre de Andrea Bellido, quedaba inscrito entre los mártires de
la independencia del Perú y su alma bañada con la luz inmortal de los héroes, volaba de este
mundo, a reunirse con las de Juana de Arco, Mdme. Roland y Policarpa Salavatierra.
273
Los hijos de esta mujer heroica apuraron el amargo cáliz de la más espantosa orfandad, y
esta circunstancia realza más las virtudes cívicas de la heroína peruana.
Largo, muy largo, sería señores, enumerar a todas las mujeres que se han elevado hasta el
heroísmo, en la gran epopeya de la independencia, en esa Ilíada, en que las luchas eran de gigantes
y los héroes de leyenda.
Una más y concluyo.
Esta fue una gloriosa peruana, cuando el Perú como un águila real, extendía sus alas,
teniendo a un lado el Alto Perú y al otro el Bajo Perú. Juana Azurduy, la Juana de Arco americana
conocida con el nombre de la viuda de Padilla, es una de esas mujeres cuyo nombre guardará
eternamente la historia. Es un sol refulgente que brillará luminoso en el cielo de las generaciones,
sin que puedan empañarlo, ni las injurias del tiempo, ni el olvido de los hombres. Ella se ha
colocado fuera del alcance de estos dos enemigos de falsas glorias.
Vedla blandiendo la espada en la diestra, altiva la mirada, varonil el ceño, lanzándose a la
refriega con un puñado de valientes, sin más disciplina militar que su valor, ni más guía en el
combate que sus inspiraciones patriotas.
En uno de los combates al que asiste al lado de su esposo, cuando las fuerzas realistas
quieren cortarle la retirada, a este, ella sale a su encuentro, las bate, las rechaza, matándoles muchos
hombres y llevándose como trofeo, una bandera tomada al enemigo, que ella misma presenta a su
esposo. Más tarde, esta valerosa matrona, fue premiada por el gobierno con el grado y el sueldo
de teniente coronel.
Oigamos lo que dice de ella la eminente e ilustre escritora señora Juana Manuela Gorriti
que tuvo la felicidad de conocerla personalmente. Refiriéndose a una de sus hazañas dice. “Sitiada
por los enemigos en un cerro airado, sufrió durante un mes los horrores de la sed y del hambre,
dando a los suyos el ejemplo de las más estoica abnegación.
“Algunos caudillos que como ella combatían, tuvieron envidia de aquella gloria femenina
y comenzaron contra ella una hostilidad que la desalentó.
Un día dio a sus tropas un nuevo jefe y ella se retiró a las Provincias Unidas del Río de la
Plata, donde mi padre que mandaba entonces en Salta, la recibió con los honores que se tributa a
los héroes.
“Allí siendo yo muy niña tuve el honor de conocerla. El loor de sus hazañas flotaba ante
mis ojos, como un incienso en torno de aquella mujer extraordinaria, y formábale una aureola. Su
274
recuerdo está vivo en mi mente, cual si ahora la viera, con sus largos vestidos de luto y su semblante
sereno y meditabundo”.
La América, señores, con una modestia que me atrevo a calificar de punible, no ha hecho
sonar la trompeta de la fama, para ensalzar las hazañas de sus héroes. Por esto los nombres de
Policarpa Salavarrieta, de la viuda de Padilla, y de Andrea Bellido, aunque están escritos en el
corazón de todo americano, no resuenan en los ámbitos del antiguo continente. Por eso yacen en
el olvido, hechos tan memorables, como los de las mujeres de Cochabamba, que reunidas en
guerrilla presentaban batalla al ejército español. Más tarde fueron tomadas prisioneras, en número
de doce y condenadas a morir en la horca. Cuando las conducen al suplicio marchan serenas e
impasibles gritando entusiasmadas “Viva la Patria” y cuando el cordel tronchaba su cuello se les
oye decir aún viva….quedando el nombre de la patria ahogado con el último aliento de vida.
“Para conmemorar el heroísmo de los cochabambinos y conservar siempre encendida la
llama del patriotismo, un ayudante de cada cuerpo del ejército del Perú a la lista de la tarde llamaba
“Las mujeres de Cochabamba, a lo que contestaba todo el batallón “murieron en el campo del
honor”.
Además de Andrea Bellido, el Perú guardará con gran gratitud en los anales de su historia
los nombres de las señoras Guisla y Larrea, de Estacio, de Nogardo, de Ávila, de Palacios, y otras
muchas a quienes el gobierno condecoró con unan banda bicolor, de la que pendía una medalla de
oro con esta inscripción-Al patriotismo de las más sensibles.
Loor eterno, señores, a estas patriotas y valerosas matronas, que junto con Bolívar, Sucre,
y San Martín, nos dieron a nosotros una patria y a la América su libertad.
MERCEDES CABELLO DE CARBONERA
Lima, 5 de mayo de 1876
275
Mercedes Cabello de Carbonera
“Los héroes peruanos”
El Perú Ilustrado
19 de julio 1890
¿Son ellos héroes? ¿Qué es el heroísmo y qué constituye al héroe? ¿Serán héroes de una
época, de una nacionalidad o de un acontecimiento?...
Discurramos, ya que debemos glorificar a nuestros muertos.
No sea que el mundo diga que aquel pomposo título lo discernimos, no como expresión de
los loables hechos y los grandes merecimientos de ellos; sino como generoso brote de nuestra
gratitud, o quizá más bien, como creación ficticia de nuestro apasionado amor patrio.
No son los grandes hechos sino las grandes ideas las que crean a los héroes.
Para llegar al heroísmo precisa la fe ardiente del mártir, el valor sereno del guerrero y la
abnegación sublime del patriota.
Un héroe, es un ser que súbitamente se ilumina, para brillar eternamente en el cielo de la
historia.
Es un espíritu convertido en astro, y cuyo cuerpo se agiganta para posar sus pies en la tierra
y su frente allá, en el mundo de las ideas inmortales.
El héroe, para ser digno de admiración y respeto, no debe ser creación de nuestras pasiones,
ni aun de nuestros afectos, que entonces sería héroe de una nacionalidad, de una época o de un
acontecimiento.
Solo los héroes que simbolizan ideas o principios sancionados por la justicia y la moral,
son héroes inmortales.
En el momento presente, más que nunca, los heroísmos del pasado han sido restringidos y
ajustados a las transformaciones de las modernas ideas; ellas al ensanchar el radio de sus
aspiraciones, han estrechado el campo de acción de los héroes de ayer; y los principios que el
espíritu del siglo nos presenta, como sus mejoras conquistas y sus más inquebrantables preceptos,
nos han amurallado contra los héroes de flamígeras espadas, de avasallador ímpetu, de destructor
coraje, conquistadores de pueblos y naciones; ellos no son hoy, más que soles apagados, ídolos
momificados que pasarán con sus bustos y medallas a enriquecer la arqueología y numismática,
como testimonio de la antropolatría de esta nuestra época de guerras, de autocracias, y teocracias.
Restos del pasado.
276
La antigüedad desde Homero endiosaba a sus héroes, comparándolos con leones, con tigres
y hasta con hienas; eran héroes caníbales con clámide romana.
Los héroes que pasaron por el mundo como un huracán de fuego, dejando en pos de sí un
largo rastro de cenizas y de sangre, no deben ser glorificados en esta tierra joven de América,
donde solo debe fructificar el árbol de la vida y de la libertad; aquí, donde por todas partes vemos
el cerebro que piensa, el brazo que obra, la materia obedeciendo al hombre, la máquina al servicio
del industrial, la electricidad al servicio del pensamiento; y todas estas fuerzas activas, todos estos
grandes elementos, que son los componentes de las modernas sociedades, siéntense heridos, se
retraen y claman, contra los héroes guerreros, sangriento sarcasmo ante los héroes de la ciencia,
de la industria y el trabajo, los únicos que estas cultas sociedades deben reconocer.
Pues bien, si los héroes de la espada, y del rifle, son hoy un paracronismo y si la fuerza de
las ideas hanlos desquiciado, estando próximos a caer como cayeron los dioses del Olimpo…. ¿por
qué, nosotros nación civilizada, rendimos ferviente culto a estos restos de héroes traídos de campos
de batallas?...
¡Ah! digámoslo muy alto; ellos pertenecen a la estirpe de los héroes de la idea; son los
sostenedores de los principios que el espíritu del siglo ha proclamado, son los representantes de la
integridad territorial, de la autonomía nacional, del afianzamiento de las naciones en el Nuevo
Mundo, del equilibrio sudamericano; son el testimonio tangible, la desesperada y sangrienta
manifestación de la protesta que el progreso ha dado al espíritu de la conquista, esa tradición de la
barbarie; ellos simbolizan todos los principios sobre los cuales descansarán en lo por venir, la paz
y la armonía de estas Repúblicas llamadas a colocarse a la cabeza de las naciones civilizadas.
Postrémonos pues, ante nuestros héroes y con entera convicción, entonemos loores a sus
hazañas y su grandeza; ellos son merecedores no solo de nuestra admiración y cariño, sino también
de la sanción de los hombres que trazan el rumbo a nuestros progresos.
No importa que hayan sido exhumados de los campos de batalla y quizá estén tiznados con
el humo de la pólvora; pues que están purificados con el óleo sagrado de la civilización y traen la
corona del martirio alcanzada en cruento sacrificio. No importa que la victoria no premiara sus
esfuerzos; el heroísmo está más próximo de los vencidos que de los vencedores y la aureola del
héroe se desprende más hermosa del valor desgraciado, que de la intrepidez afortunada El
valor colectivo de los ejércitos que llevan por móvil la conquista y el pillaje, acompañados del
277
fatídico séquito de incendios, asesinatos y toda suerte de vandalismos, ese valor está ya proscrito
del templo de los héroes como del templo de la gloria.
Entre ellos no hallaréis el valor individual de un Bolognesi, que convencido de la
esterilidad de toda resistencia, resuelve morir en holocausto a la gloria de su patria, cumpliendo su
palabra de quemar el último cartucho. Allí no hallaréis un Alfonso Ugarte, héroe de talla homérica,
que cuando hubo perdido la esperanza de la victoria, espolea su fogoso caballo, y desde lo alto del
morro de Arica, lanzase al abismo, como si aquella muerte fuera digna de su altivo valor, mejor
que el bárbaro repose del rifle chileno; que fue siempre implacable con los prisioneros. Allí no
hallaréis un Leoncio Prado héroe espartano que, herido y prisionero, pide dar él mismo las órdenes
de mando a los soldados enemigos que deben fusilarlo por el crimen de haber amado a su patria
más que a sí mismo y la señal de fuego fue dada por su propia mano.
Allí no hallaréis esa pléyade de bizarros y caballerosos guerreros, de la cual, con fulgores
de astro de gran magnitud se destaca Miguel Grau, que como el adalid legendario, si media las
fuerzas del enemigo era solo para ser clemente y magnánimo con ellas y jamás las midió, para
desafiarlas o resistirlas. Entre ellos está Palacios, ese héroe, cuasi inverosímil y sobrehumano que,
herido mortalmente, caído y exánime, viendo escapársele la vida por las anchas desgarraduras,
producida por la metralla, continuaba dando las voces de mando, hasta que la muerte apagó su
voz……
Cuando en no lejano porvenir, la guerra sea totalmente proscrita se estudiarán nuestras
batallas con el creciente asombro con que estudiamos hoy, los anales de la Inquisición; entonces,
fundándose, no ciertamente en el conocimiento de la carcomida táctica militar, sino acertadamente,
en el conocimiento del corazón humano, se fallará el gran problema de nuestra época y se disipará
el bárbaro error de concederles suma preeminencia a las naciones vencedoras con detrimento de
las vencidas; entonces la historia, ese libro abierto a todas las deducciones y comparaciones, dirá
que los ejércitos invasores, en todo tiempo y en todas las zonas del orbe, han sido, con escasas
excepciones, siempre vencedores; no debido a su pericia y valor, sino a causas peculiares a la
genialidad humana, que la filosofía de la historia esclarecerá, derramando luz, en el fondo de los
sucesos; y se verá, que lo que hemos llamado valor, ha sido miedo a la muerte que por todas partes
rodea al soldado invasor; entonces con sano e ilustrado criterio se juzgarán estas luchas sin mengua
para los vencidos, ni gloria para los vencedores; ellas no son más que las últimas convulsiones de
278
ese gigante que se llama la guerra y que la Civilización lo tiene asido por el cuello, próxima ya a
estrangularlo.
Entonces (y esto lo digo con entera convicción), Chile, despojado ya de las pasiones que
hoy la extravían y ofuscan, nos devolverá espontánea y pacíficamente los territorios usurpados;
esta idea que hoy excitará la risa incrédula de los políticos de Chile, como de los del Perú, es
sencillamente la deducción lógica de las tendencias que claramente se manifiestan en el espíritu
del siglo.; negarse a esta convicción, es tener la miopía de los que no ven el alto vuelo de las ideas
modernas; es desconocer los fueros que de día en día, son más respetados entre los hombres y
pasarán a serlo también entre las naciones; y entonces lo que hoy llama Chile su página más
gloriosa, será a su propio juicio, la única página oprobiosa de su historia; entonces llegará hasta
nosotros, y con el arrepentimiento del hermano extraviado por sus malas pasiones dirále al Perú: -
Te devuelvo tus riquezas; la Guerra con el derecho del más fuerte te las arrebató, la Civilización
bajo el mandato de la Justicia, te da posesión de ellas.
Entonces y solo entonces, sépalo bien Chile, la reconciliación del Perú será sincera y la
unión de dos naciones que hoy se dan la mano, sin poder darse el afecto, será la gloriosa
consagración de los Estados Unidos de la América del Sur.
MERCEDES CABELLO DE CARBONERA
Lima,- julio,1890
279
Carolina Freyre de Jaimes
“Al bello sexo”
El Correo del Perú
30 de diciembre 1871
Voy a hacer uso del galante ofrecimiento que de las columnas de su apreciable periódico,
me han hecho los RR. de “El Correo del Perú” para hacerlo extensivo a todas las demás que, con
mejor fortuna que yo, han cultivado las letras en este país de la inspiración y del sentimiento.
Hace mucho tiempo que en esta parte de la América, se dejaba sentir la necesidad de una
publicación ilustrada que, como “El Correo de Ultramar” o “La Moda Elegante”, ofreciese en sus
columnas a la vez que esa variada lectura que alimenta e ilustra el espíritu, que pasea la
imaginación por las elevadas regiones de la ciencia, ese entretenimiento dulce y festivo que solaza
el alma y distrae el ocio, esas armonías fugitivas que resuenan en el oído y se pierden en el
murmurio del espacio, como las blandas notas de un himno religioso.
No es eso solo; aquí mismo donde la política lo invade todo y donde apenas si se deja oír
otra voz que la de las pasiones y los odios hablando desde las columnas de nuestros diarios,
necesitábamos y debíamos tener una publicación en que el bello sexo, esa tan justamente llamada
preciosa mitad del género humano, hallase la verdadera fuente de la poesía y del sentimiento que,
desarrollando la exquisita sensibilidad, ofrece tantos encantos al mundo. Y no es por cierto en los
debates apasionados de la política, en los gérmenes del odio y de la malevolencia, donde se puede
encontrar ese dulce y bienhechor alimento.
“El Correo del Perú”, fue pues, una benéfica aparición que realizaba una de las más gratas
aspiraciones de mi alma y aunque es hoy todavía una aurora que nace, que apenas se levanta en
los dinteles de nuestro horizonte literario, puede ser con el tiempo y la cooperación de las ilustradas
hijas del Rímac, un ramo de exquisitas flores que perfume la sociedad con sus gratas esencias. He
dicho las ilustradas hijas del Rímac, porque es el bello sexo el que debe entonar ese coro de
armonías, el que debe derramar esos tesoros de sentimiento y de ternura que siempre encuentran
un eco en los corazones, una palabra de aprobación en los labios.
¿Por qué las elevadas inteligencias con que cuenta Lima, no han de ofrecer el hermoso
contingente de sus esfuerzos para levantar una publicación que puede darnos honor y gloria y
ofrecernos tantos ignorados encantos, tan preciosos frutos? No nos ofrece Estados Unidos el
ejemplo más sobresaliente en ese orden? ¿No son las mujeres las que llevan la ilustración a las
280
masas? ¿Las que siembran los gérmenes de la moral, de la justicia, del buen sentido en el corazón
de un pueblo? Si no nos es dado aspirar a tan honrosos resultados todavía, séanos permitido al
menos levantar nuestra voz en homenaje a los principios religiosos, a la moral, a todas esas
creencias que vierten en el corazón, con la fe, las semillas de la paz y del bien futuro-séanos
permitido pulsar el laúd del sentimiento para despertar el alma de nuestros semejantes, a las
dulzuras de la poesía, a los arranques de la ternura, a las nobles aspiraciones que se elevan al cielo
en alas de la armonía.
No se habla en vano al corazón de la mujer invocando tan sagrados principios en que su
alma rebosa de continuo. ¿Por qué no han de seguir mis nobles compatriotas las huellas de ese
ángel humano, llamado Angela Grazzi, que consuela al que llora, que sufre con el que sufre, que
vierte tesoros inmensos de consuelo y de amor sobre el desdichado? ¿No habéis leído alguna vez
en las dulces horas de una velada, esos escritos llenos de unción, de poesía y de creencia de la
ilustrada española Sinués de Marco? ¿Y no es verdad que el corazón conmovido ha bendecido la
mano bienhechora que derrama tan inefables consuelos, que aclara los horizontes de la duda, que
hace pensar en el Dios de las misericordias? ¿No habéis leído esos cuadros de costumbres de
Fernán Caballero que presentan a la sociedad tan dignos modelos, ejemplos tan sencillos, tan
fáciles de imitar, y que los padres ofrecen complacidos a sus hijos, los esposos a sus esposas? ¡Qué
mayor orgullo, qué mejor aureola, qué mayor recompensa para las fatigas de la inteligencia!
Si los hombres nos ilustran con sus conocimientos y su ciencia, si ellos descorren el velo
de la verdad, si ellos asientan principios inmutables y nos enseñan los arcanos infinitos de la
justicia y de la eternidad, solo nosotras podemos ofrecer solaz al alma fatigada, dar expansión al
espíritu que sufre y enseñar la resignación que cura los dolores de la vida.
Un día llegará en que el estudio y la ciencia robusteciendo la inteligencia de la mujer, le
ofrezca vastos horizontes de luz, donde su espíritu iluminado por la verdad, fortalecido por sólidas
creencias y por principios, constantes, trasplante el árbol santo que ha de dar el fruto apetecido: es
decir, la ilustración para las masas, la gran confraternidad social, el espíritu religioso en su
verdadero sentido, todo aquello , en fin , a que hoy aspira el hombre y que realizará la mujer con
su inspirada palabra, con la dulce influencia de sus encantos, con la firme y abnegada aspiración
de su alma sublime.
Las columnas de “El Correo del Perú” están abiertas por sus amables RR. a todos los
productos de la inteligencia. La literatura, la moda, los artículos de costumbres, los ejemplos
281
morales y religiosos tienen allí su lugar. ¿Quién mejor que el bello sexo puede llenarlo
cumplidamente? En este país donde son tan comunes los brotes de la inteligencia, donde la mujer
ha dado ya tantas pruebas de su claro ingenio, de su magnífica disposición para las letras, no se
necesita más que un estímulo cualquiera para alentarla, para elevarla sobre el nivel de las demás,
para hacerla destellar brillantes chispas, donde irradie la luz de la creencia y de la poesía en todo
su esplendor.
Elévese en buena hora el coro de reprobaciones con que algunos hombres obcecados
todavía, miran el adelanto y la ilustración de la mujer. No faltan hoy mismo muchos que opinan
porqué la mujer no debe tener injerencia alguna fuera del hogar. ¡Qué error! Una mujer que reúna
a la elevación de una inteligencia superior, al conocimiento y al estudio del mundo; al fundamento
de la moral y de los buenos principios, un alma digna y abnegada, una constante práctica de las
buenas costumbres, y la dulce tarea de las ocupaciones domésticas que tanto embellecen el hogar,
no puede ser sino un tesoro para su familia –la inteligencia lo prevé todo- el talento evita los
escollos de la vida, la educación dirige con acierto el corazón de los que la rodean, y por último el
estudio y el conocimiento del mundo, hacen distinguir el bien del mal, la verdad del error y evitan
los males funestos que son el producto de la ignorancia.
Nadie más enemiga que yo de una mujer que aspira al renombre de literata y que hastía al
mundo entero con su incansable charla, con la ostentación de sus conocimientos y con el eterno
fastidio de sus rebuscadas palabras. Ese tipo es una verdadera plaga para la sociedad, es un
enemigo implacable para la familia y es muy distinto del que ofrece la mujer realmente ilustrada,
el verdadero ángel del hogar.
Ofrezcamos pues, nuestra humilde cooperación a los que tan dignamente llenan su tarea,
para que en medio de los progresos de la civilización, de los debates de la política, de los adelantos
de la industria, encuentren los lectores una flor perdida que perfume el santuario de su corazón.
CAROLINA FREIRE DE JAIMES
282
Carolina Freyre de Jaimes
“El hogar”
El correo del Perú
31 de diciembre 1874
Cuando yo era muy joven todavía, oía repetir a cada paso una palabra cuya gran
significación solo ahora comprendo en toda su amplitud.
¡El hogar!
¿Sabéis lo que es el hogar, lectores? Es un nido rodeado de flores donde se albergan dos
seres a quienes une el doble vínculo del amor y de la felicidad.
O un retiro ignorado que elige el alma, engalana la fantasía, que alegra el sol de la bondad
y la ternura y donde se encierran con todos los objetos amados, las esperanzas, los sueños y los
delirios del corazón.
¡El hogar y la familia constituyen la única ventura del hombre. El primero representa el
descanso, la quietud del alma, las comodidades de la vida material –la segunda representa ese
conjunto de amores tan tranquilos como bellos, tan puros como imperecederos, la satisfacción de
la existencia moral!
Un hogar feliz en medio de las tempestades de la vida, es una perla entre las tumultuosas
olas del Océano, es un diamante entre las escabrosidades de un camino.
Todos y todas al formar una familia, creemos haber realizado ese sueño venturoso, creemos
haber edificado ese nido al que las flores forman dosel, sombra las nubes de color de rosa, solidez
el amor de nuestros corazones y luz y esplendor la esperanza y la fe.
¡Qué bello ese día!
A ese, se suceden otros muchos……..y ¿después?
No acusemos al hombre si ese castillo de naipes cae al primer impulso, si esa nube rosada
se disipa al primer soplo del viento…………..
El hombre es como la pasajera golondrina que se posa al borde del nido para aspirar un
instante su aroma, cambiar una mirada con su compañera y emprender el vuelo; como el rayo del
sol que penetra un momento para dorar los objetos, calentar la atmósfera, embellecer la habitación
y repartirse después por la extensión del mundo –– como……pero, ¿a qué multiplicar los
ejemplos? todos sabemos lo que es el padre, el esposo, el hermano en el hogar, una sombra rápida
que va, viene y desaparece……
283
Penetremos, pues, con los ojos del alma en ese santuario donde la mujer es la única
encargada de realizar el difícil problema de la felicidad humana.
Subamos por esa lujosa escalera de mármol a cuyo término se extiende un hermoso
pabellón ––bellas plantas le rodean, variadas flores lo perfuman-cuadros y paisajes lo decoran. El
salón está abierto. El gusto oriental, el lujo y la riqueza parecen haberse dado cita en ese retrete
misterioso.
Una mujer bella, de frente nacarada, de cabellos sedosos y rizados, de mejillas de nieve,
golpea con la punta de su pulido pie en el pavimento.
Se prueba uno y otro vestido, pide consejos a su tocador, ocupa a su modista, y el
descontento sube de punto, y el insaciable deseo de brillar, de ofuscar a las demás, murmura
siempre a su oído.
¡Aún es posible estar mejor!
Y esa diosa de la moda se impacienta, arroja el oro a torrentes y no dejando nada para las
desgracias de la vida, se abandona a un estéril pesar por tan pequeñas penalidades.
En cambio en una cámara contigua, hay un hombre de mediana edad, pero con la frente
cargada de sombríos pensamientos, con la negra cabellera sembrada de plateados hilos; la mujer
piensa en un baile, él en una bancarrota; el espectro del deshonor se presenta delante de su vista –
el esplendor de su casa, el lujo que hace tan feliz a su esposa, todas las grandes comodidades de
esa vida de disipación, van a hundirse en la nada –– y el desgraciado esconde la cabeza entre las
manos con desesperación y cruza por su mente un horrible pensamiento… tal vez la idea del
suicidio…..
¡Qué mano amiga viene entonces a enjugar sus lágrimas! ¿qué palabras de resignación y
de valor vienen a calmar las tempestades de su alma?
Sus hijos están entregados a manos mercenarias, su esposa confeccionando sus galas y sus
lujosos prendidos.
Y diremos ¿qué estos desgraciados tienen hogar?
Donde se aposenta el lujo, donde vive la disipación, donde penetra la indolencia, no hay
hogar, ni puede haber felicidad.
En cambio dirijamos la vista hacia ese cuadro de ventura doméstica que se nos presenta en
otro lugar.
284
En una casita modesta, escondida entre flores y verdura, vemos un retrete donde parece
aposentarse la alegría –– un hada misteriosa ha colocado los objetos- la coquetería y la ternura se
han enlazado para poblar ese santuario de arrullos y de perfumes ––un rayo de sol, penetrando a
través de un vaporoso cortinaje, refleja sobre la frente apacible de un joven que con un lienzo
delante y una paleta en la mano, da forma y vida a una hermosa creación.
Entretanto, una joven bella colocada cerca del alféizar de una ventana canta y borda,
animando con su dulce mirada al novel artista.
De repente, en medio de esa soledad tan llena de encanto, resuena una voz infantil que
exclama: ––¡Mamá, mamá!–– y un niño de cabellera de ángel y de ojos de cielo se lanza en brazos
de la joven que deposita en su frente un ruidoso beso.
Y la bella personificación del trabajo y de la virtud representada por esos seres, ha servido
de pedestal a ese hogar, de sólido cimiento a esa envidiable felicidad.
¡El hogar! el hogar y la familia son para el hombre el único puerto de refugio contra las
tempestades de la vida.
El guerrero audaz que desafía los peligros, que se lanza sin temblar entre el fragor de una
batalla, que, quizás, se distingue por su fiereza y crueldad, llega con emoción a las puertas de su
hogar, pone los laureles de su victoria a los pies de su compañera y os entre sus hijos, el tímido
corderillo que solo sabe obedecer y amar.
El perdido caminante que avanza en medio de las soledades de la noche, sin ruta, sin guía,
sin faro ni esperanza, siente a lo lejos el aullido de un perro, mira entre las sombras una lucecilla
vacilante y su corazón se estremece de alegría, porque se acerca a un hogar.
La mujer del gran tono que acaba de recibir ovaciones, que se ha visto rodeada de una nube
de lisonjas, que ha sentido en medio de un baile todos los ensueños de esa felicidad artificial que
nos ofrecen los fugitivos goces, se hastía al fin, abandona los salones del mundo, se despoja de sus
galas y solo encerrada en el santuario misterioso de su hogar, halla la tranquilidad, el más precioso
bien de su corazón.
Pero el hogar no está representado solo por la familia, por esas apariencias que dan las
comodidades de la vida ––el hogar está representado por la ternura, por la bondad, por la dulzura
del carácter, por esa resignación que nos hace soportables todas las vicisitudes de la vida y la cual
nos da también valor para consolar al ser amado, cuando acaso mayor consuelo necesita el alma.
285
Por eso no hay hogar donde se levanta el fantasma despiadado del lujo, no hay hogar donde
se entroniza el vicio, no hay hogar donde la ociosidad y todos sus defectos adherentes sientan sus
reales ––no hay, y no puede haber hogar donde la mujer, al colocarse la corona de desposada, no
se ciñe también el sayal de la virtud.
Nosotras somos, pues, mis amadas lectoras, el único eslabón de esa cadena que une al
hombre al hogar de los amores.
La indulgencia pasa sus faltas, el olvido pasa sus errores, la dulzura en sus momentos de
mal humor, la ternura siempre, son los únicos lazos de atracción que debe emplear la mujer, son
las únicas armas que debe esgrimir en esa lucha misteriosa de la vida.
¡Cuánto debemos compadecer a esos seres que, como aves fugitivas, no tienen donde
reclinar su cabeza fatigada, no tienen un hogar calentado por el sol de la ternura!
CAROLINA FREIRE DE JAIMES
286
Margarita Práxedes Muñoz
“Atracción universal”
El Perú Ilustrado
8 de noviembre 1890
El encumbrado genio del inmortal Newton, al conquistar para la Ciencia moderna la más
grandiosa de las verdades que enorgullecer pueden la inteligencia humana, formulaba al mismo
tiempo el más fecundo y trascendental axioma tanto en el orden físico como en el moral.
Giran los astros en sus inconmensurables órbitas y a través del infinito espacio, cambian
recíprocamente calor y luz, efluvios vivificantes del amor universal, el cual, despertando en la
materia atómica por las afinidades electivas, va elevándose gradualmente en la escala de los seres,
hasta ostentar en el tipo humano todos sus inagotables tesoros de abnegación, ternura y sacrificio.
Al vivificante calor del sentimiento nació la familia, primera etapa del estado social.
Agrupándose las familias por naturales simpatías, formáronse los pueblos, las ciudades, las
naciones y el hombre pudo realizar su destino, y las Ciencias y las Artes surgieron y se ensancharon
en el seno de las sociedades, mediante el concurso de multiplicados y mutuos esfuerzos.
Es que el hombre, síntesis del reino orgánico y también del inorgánico, realiza
admirablemente por el instinto de la sociabilidad, lo que en la materia sería solo un caso particular
de la atracción universal.
Desgraciadamente el buen sentido humano ha tenido, a veces, tales extravíos, que genios
eminentes han llegado a condenar como criminal al individuo que, quizá mejor organizado que la
vulgaridad, ostentaba en más alto grado el tesoro que la más magnánima Naturaleza regala a todos
sus hijos.
Sin embargo, no culpemos a la humanidad entera de tales aberraciones. Los grandes genios
reciben las influencias de la sociedad en que se desarrollan y la más clara inteligencia no puede
sustraerse al imperio de las preocupaciones con que se ha nutrido desde niño, y en medio de las
cuales se han despertado sus actividades mentales.
Si el autor de la nueva Heloisa hubiese sido nuestro contemporáneo, su ideal de pasión y
heroísmo personificados en Julia, habría ofrecido caracteres muy diversos.
Antes que todo se encuentran las leyes de nuestra organización; las sociales deben calcarse
en este modelo: jamás el hombre podrá despojarse de la naturaleza humana y siempre que lo
intente, solo logrará hacerse miserable y desgraciado.
287
La misma fuerza que aproxima los átomos de los cuerpos simples para formar las
moléculas compuestas, en virtud de las afinidades electivas, se manifiesta en todos los organismos,
y en vano pretenderíamos sustraernos a esa ley de atracción y amor universal que es el alma
misteriosa del mundo.
Felizmente para la humanidad, pasaron ya esas épocas de luctuoso recuerdo, en que el
pensamiento humano vagaba perdido en las brumas del misterio, absorto en los desvaríos de un
estúpido e irracional idealismo; épocas en que, como ha dicho muy bien un ilustre escritor, el
hombre soñando con hacerse ángel, solo conseguía hacerse bestia.
Hoy el atento estudio de los seres que nos rodean y con los cuales tenemos numerosas
analogías, nos ha indicado ya nuestro verdadero lugar en la Naturaleza, y esta es precisamente la
más brillante y transcendental conquista es la Ciencia moderna. Gegenbaur y Haeckel con sus
estudios de anatomía comparada, son mil veces más acreedores a la gratitud de la humanidad que
todos esos fundadores de fantásticos sistemas filosóficos que con sus vagas y caprichosas teorías,
solo consiguieron ofuscar el espíritu y dificultar la marcha del progreso.
Además, mediante el profundo estudio de las leyes biológicas, no solo sabemos que sería
pretensión exagerada y vana el matar los afectos cuya perenne fuente se deriva de nuestra misma
organización sino que antes, por el contrario, la verdadera sabiduría y la ilustrada moral nos
prescriben esforzarnos por alcanzar la mayor suma posible de goces legítimos como son todos los
que están en armonía con nuestra naturaleza y la realización del grandioso plan que persigue el
Universo en sus perpetuas y misteriosas evoluciones.
MARGARITA PRÁXEDES MUÑOZ
Octubre 30 de 1890
288
Margarita Práxedes Muñoz
“Espíritu y materia”
El Perú Ilustrado
29 de noviembre 1890
Reservado estaba a la Ciencia moderna unificar lo más inconciliable, armonizar las teorías
más opuestas y realizando los sueños de la escuela ecléctica, reunir en cuerpo de doctrina opiniones
que parecían excluirse, no para formar con ellas un amalgama informe y monstruosa, si para echar
las bases de ese grandioso edificio de nuestra personalidad, de ese yo, tan desconocido, o tan
monstruosamente concebido.
Hale cabido, esta gloria a nuestro siglo, iniciando los estudios psicofisiológicos, que nos
darán la clave de multitud de fenómenos que parecían enigmáticos, según la antigua concepción
dualista.
Ahora que sabemos que espíritu y materia lejos de excluirse, son entidades tan
inseparablemente unidas, que no puede ni aun concebirse la una sin la otra, pues vemos a todo
átomo dotado de una fuerza que le es peculiar, que es condición indispensable de su existencia y
por consiguiente reconocemos que la materia es eterna e indestructible, siendo solo pasajero y
efímero el trabajo creador de esa materia para formar moléculas y plastídulas orbes y universos.
Contemplamos llenos de asombro la fuerza organizadora de esa materia viva que, en sus
constantes y misteriosas evoluciones, reviste formas infinitas, permaneciendo su esencia
inmutable, adornada siempre de eterna juventud como la bellísima escanciadora del Olimpo.
Espíritu y materia no son pues ya para nosotros entidades que se excluyen, son atributos
de un todo armónico que, encerrados en una concepción única y sublime, realizan el ser en sus
innúmeras modalidades y en sus cambiantes metamorfosis.
Esta grandiosa concepción del Universo vislumbrada ya por Demócrito de Abdera, el
inmortal fundador de la teoría atómica, adaptada con entusiasmo por Campanella y Giordano
Bruno , hasta hacerle el sacrificio de sus preciosas vidas en la hoguera inquisitorial y que los
enciclopedistas del siglo XVIII no pudieron ampliar según las exigencias del espíritu humano,
mediante el nuevo progreso realizado en las Ciencias Naturales le ha cabido la gloria de hacerlo
en nuestros días al nuevo Prometeo de la Ciencia contemporánea, al colosal genio del profundo
pensador alemán Eduardo Haeckel, dando así este agigantado paso en la filosofía de la Naturaleza,
289
para reconciliar al materialismo estrecho y limitado con el espiritualismo vacío y fantástico,
fusionándolos en un monismo racional y positivo.
La observación y las experiencias laboriosas, han realizado en nuestro siglo progresos
admirables en el estudio de nuestra organización, hoy ya sabemos el rol que nos ha cabido entre
los demás seres y nos congratulamos, de no vivir en el mundo de las ilusiones. El atento estudio
de nuestro organismo nos ha develado las causas de muchos fenómenos que solo apelando a lo
sobrenatural y milagroso podían explicar nuestros antepasados.
La circulación de los líquidos nutritivos, el crecimiento y la asimilación, considerados antes
como resultados de una fuerza misteriosa y enigmática, hoy estamos persuadidos que solo son
trabajos fisicoquímicos de la materia organizada y aún los más complicados fenómenos de nuestro
organismo mecánicamente se nos explican, pues no ignoramos que hasta las elucubraciones de
nuestro espíritu, los procesos de nuestro yo consciente, en una palabra nuestro pensamiento, solo
es una manera de actuar de la célula nerviosa, que tiene la propiedad de reflejar las impresiones
del mundo exterior, así como las superficies pulidas reflejan las imágenes de los cuerpos.
El problema pues, que tanto preocupaba al sabio naturalista Du Bois- Reymond, formulado
por él en estos términos. ¿Qué cosa es la materia y la fuerza y cómo pueden pensar? resuelto está
en parte por la antropogenia y la físico fisiología modernas.
MARGARITA PRÁXEDES MUÑOZ
Noviembre,16 de1890
290
Margarita Práxedes Muñoz
“Progresos de la teoría evolutiva”
El Perú Ilustrado
20 de diciembre 1890
Grandiosa tarea abarca el espíritu de la investigación de los difíciles problemas
que la Ciencia moderna estudia y resuelve con lucidez halagadora.
Libre de trabas y temores, hoy el pensamiento humano arranca a la Naturaleza sus
secretos con increíble osadía, y se promete solucionar en el porvenir todas las cuestiones
que nuestros antepasados juzgaban envueltas en las brumas de lo sobrenatural y
misterioso.
Pero cuando una nueva teoría se presenta en el ameno campo de la ciencia,
enriquecida con el caudal fecundo de la observación y realzada por el brillo de la
juventud, el estacionarismo rutinario y perezoso, es el más fiero adalid que intenta cerrarle
el paso; bien es cierto que solo consigue apresurar su triunfo, pues los fulgurosos destellos
de la verdad, jamás podrán ser eclipsados por las nieblas del error y la mentira.
Así la teoría transformista, herida de muerte en la persona de uno de sus más
ilustres progenitores Geoffroy-Saint-Hilaire, cuando se retiraba de la lid, destronada al
parecer por la brillante palabra de Cuvier, solo era para robustecer con la observación y
la experiencia sus luminosos principios, ampliándolos aún más, y reforzándolos
poderosamente, las leyes por Darwin descubiertas de la selección natural en la lucha por
la existencia; y ese mismo Cuvier que se alzaba cual coloso altanero en el templo de la
Ciencia, caía a poco anonadado por la poderosa palabra del geólogo Lyell, que más
filósofo y más escrutador, sin dejarse aturdir por la doctrina de los cataclismos y con el
horror legítimo que todo genial cerebro, siente por el sobrenaturalismo, valla insuperable
del progreso humano, demostraba con irrefutables argumentos el trabajo lento y
organizador de la materia cósmica, en virtud de leyes invariables, pequeñas causas,
produciendo por su acumulación los más grandes efectos; “la gota de agua horadando la
piedra”.
Destronando Cuvier de su glorioso pedestal y sustituido el milagro, fruto de la
infantil imaginación, por la ley inflexible y ciega, descubriendo por analogía el pasado de
nuestro planeta por su presente y atendiendo a las fuerzas todas de que la Naturaleza
dispone para realizar sus cambios y evoluciones en períodos de incalculable duración; la
Geología pudo construir sobre bases sólidas el vastísimo edificio de las ciencias naturales,
de las cuales ella con orgullo puede titularse el cimiento, la piedra angular.
291
Pero los seres organizados no podían formar una excepción en la Naturaleza;
nuestro siglo tiene horror al dualismo mitológico y trata de unificar todos los fenómenos
de la materia; procura explicar los procesos vitales refiriéndolos a una causa primitiva, de
innúmeras modalidades e incesante desarrollo, pero cuya esencia inmutable y sometida a
una sola ley, ostenta ante nuestros absortos sentidos los riquísimos tipos de sus
inagotables creaciones.
La molécula viva de ese proteo infatigable que llamamos carbono, ora nos encanta
con los perfumados ambientes de una bellísima pradera, ora nos aterra con la enorme
masa de un feroz hipopótamo, o nos extasía con las sublimes concepciones del cerebro
de un Gegenbaur, de un Haeckel de un Luys; y todo es obra de un trabajo evolutivo, lento,
oculto, misterioso de esa fecunda madre de los seres para quien no hay vallas ni
obstáculos, pues dispone de fuerza omnipotente en la eternidad infinita para llevar a cabo
sus titánicas obras.
El más grandioso timbre de gloria será siempre para nuestro siglo esa unidad de
la Naturaleza, entrevista por la antigüedad, demostrada hoy después de laboriosos
estudios y observaciones.
Darwin al emprender su titánico trabajo de la evolución de las especies, quizá no
sospechaba cuantos nuevos horizontes abría al espíritu filosófico y cuantas fecundas
enseñanzas su doctrina entrañaba para el porvenir de esa Ciencia, a la cual había
consagrado todos sus desvelos y los días más hermosos de su vida.
Hoy la ilustre pléyade de sabios naturalistas que se glorían de reconocerlo por
maestro, ampliando y generalizando sus doctrinas, se afanan con generoso ardor por
solucionar el grandioso problema de la evolución, no ya de solo el reino orgánico, sino
de la Naturaleza toda, única e indivisible, de la nodriza eterna de todos los seres, causa y
efecto de todo cuanto existe.
MARGARITA PRÁXEDES MUÑOZ
Diciembre, 1 de 1890
292
Clorinda Matto de Turner
“El corsé”
El Perú Ilustrado
24 de mayo 1890
Difícilmente puede explicarse el cariño que la mujer ha llegado a tener por este
mueble formado de las barbas de una fiera acuátil como es la ballena.
Más difícil todavía es encontrar el nombre de la inventora del corsé, al que vemos
aprisionando el talle de la Pompadour, la Valliere y la Montespan, en la época de las
privanzas del rey más mujeriego que tuvo Francia, bajo la chaqueta de Luis XV o equis
be, como leía una señorita mi vecina.
Un sabio alemán supone, y si no es él lo supongo yo, que existió en los tiempos
prehistóricos y antediluvianos, una gran doncella llamada Adori, hija de Adán y Eva, de
la que se enamoraron en una misma estación Caín y Abel, sus hermanos, y que, las
disputas y rivalidades de entrambos, tuvieron el trágico desenlace de que Abel fue
despachado al otro barrio, no con puñal ni revólver, sino con una quijada de burro.
Uno de los encantos de Adori era su turgente seno con olor a carnes puras
virginales, la esbeltez de su cuerpo, sujeto entre redecillas de los hilos que produce el
ámbar y, por esto, presupongo también que el corsé tiene su origen en respetable
antigüedad y lo recibo como un accesorio a la belleza. Pero, contra lo que protesto, y paso
a dar razones, es contra aquella modificación que la mujer del siglo ha introducido en el
corpiño primitivo, convirtiéndolo en instrumento de martirio y también en la fuente de
las más feas decepciones.
Contaré el caso,
II
Un joven inglés, amigo de mi esposo conoció en casa, una adorable criatura de
ojos rasgados, fosforescentes, tez aterciopelada, cabello onduloso, perlas por dientes, dos
hojas de rosa té por labios, mano pequeñita y diminuto pie. El gentleman fue presentado,
y a los tres minutos teníamos hombre al agua, pues estaba verdaderamente enamorado.
Yo miraba las cosas sin verlas, porque el partido era ventajosísimo para mi amiga,
pues sabía por experiencia propia la dicha infinita de casarse con un inglés de ojos de
cielo y patillas doradas.
293
Mi Míster, o más propiamente dicho el Míster de mi amiga, llevaba el camino
muy recto a la vicaría; y entre estas y aquellas, resuelto ya a soltar prendas con iniciales,
obtuvo de la chica una cita, pero con toda la seriedad sajona.
Debajo de los emparrados del jardín, a las doce del día, debían verse los futuros
esposos, y por supuesto que, excusando la puntualidad proverbial del inglés, también ella
estuvo antes de la hora.
Todo hacía suponer que el arreglo de partes se haría sin reparo; pero el caballero
o Míster salió taciturno y caviloso limpiándose los labios con su blanquísimo pañuelo y
sonándose las narices sin cesar.
Desde aquel día disminuyó sus visitas, y se entregó a la misantropía más crónica
de cuantas he conocido en mi vida.
Ella tenía los ojos coloreados por las lágrimas.
¿Había llorado de despecho, de ira, de tristeza?
¿Qué ocurrió entre ellos?
Era un misterio al que los largos de lengua y picantes de frase le daban vuelta y
media, sacándose en limpio solo que la chica no se casaba y el inglés se volvió adusto
como un conejo.
III
Un año transcurrió del suceso triste que dejo narrado.
Todos respetamos el dolor de ellos sin atrevernos a pedir razones donde no
brotaban confidencias.
Era una noche de luna, clara y perfumada por las matas de albahaca colocadas en
los surcos de la espaciosa plataforma que da entrada al salón de recibo.
Yo acababa de servir el mate que, de costumbre, se consumía en casa. Ella
ocupaba su asiento favorito junto a la ventana, dirigiendo su mirada melancólica a
aquellos emparrados que eran testigos acaso de una fatalidad, o de un atentado del que
muy lejos estoy de acusar al formalote Míster, por mucho que la experiencia demuestre
que esos seriotes también hacen travesuras de calidad.
Serían las diez de la noche cuando apareció él, que venía a paso desmesurado,
colorado como un rábano, entró sin cumplimiento y arrodillándose in continenti a los pies
de la chica, la dijo:
-María Luisa, no vuelva usted a ponerse corsé y dentro de seis meses será usted
mi esposa. Tome usted mis esponsales.
294
Al decir esto, puso en el dedo cordial de María Luisa un rico aro de oro en el que
brillaba una piedra blanca con los rayos de la envidia y la codicia. Era un solitario de
diecinueve quilates.
Como los tintes del realismo han contaminado las acciones más sencillas de la
vida, yo misma me di a pensar pecaminosamente sobre la causa de tan extraño
comportamiento del Míster y el rol que podrá tocarle al corsé en una cita de amor para
arreglos matrimoniales.
IV
María Luisa abandonó el corsé resueltamente.
¡Cuánto la criticaban sus amigas! Cómo la compadecían creyéndola víctima de una
excentricidad sajona! Pero, visiblemente fue cambiando su talle de avispa para tomar las
formas de mujer. El Míster, por su parte, cada día se mostraba más contento, más asiduo
y en el mismo día que expiraba el plazo hizo su esposa a María Luisa.
V
Días después de realizada la ceremonia y gustado por ellos el pan de la boda, llamé
a Míster Thomas y le pedí una confidencia a cerca del misterio en que había envuelto su
primera cita matrimonial.
Y él, sacando de la cartera el recorte de una gaceta medical, bastante apachurrada
y sucia, me dijo con toda la franqueza de un novio que ya es marido:
-Aquel día, señora, estuve loco de amor y creyendo ya mía a la mujer adorada
acerqué mis labios para beber el néctar de su boca y…caí sin sentido desmayado por un
aliento……envenenado.
Casi estaba resuelto a suicidarme, viendo la desventura de María Luisa y mi eterna
pesadumbre. Este papel y la docilidad de mi novia me han salvado de una tragedia y hoy
puedo besarla aspirando el ámbar de una boca tan linda y voluptuosa como es su boca.
VI
Copiaré el contenido del papel para conocimiento de mis lectoras que, por
desgracia, no tuviesen olor a rosa o clavel.
“Mis largos estudios ginecológicos (habla un médico alemán) me llevaron a otra
observación importante sobre las funciones del hígado, cruelmente torturado por el ajuste
del corsé y descubrí como causa única del aliento fétido en las mujeres, la comprensión
dada a la cintura que estanca la bilis y degenera las funciones anexas a la circulación de
la sangre”.
295
Desde que leí esto, cuando veo una muchacha bien empaquetada en el teatro, en el paseo
o en el baile, pienso seriamente sobre si embalsama o no embalsama la atmósfera.
CLORINDA MATTO DE TURNER
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Clorinda Matto de Turner
“Defensa de la educación de la mujer”
El Perú Ilustrado
1 de noviembre 1890
Si no atendemos a la ilustración de la mujer, cuanto hagamos en pro de los
adelantos modernos será sin éxito, y los que creíamos sólidos edificios, serán débiles
castillos de naipes.
La mujer, como dijo el autor de La montaña, en su libro consagrado al hogar,
donde pide que la mujer debe ser toda exclusivamente del esposo por el pensamiento y la
voluntad, la mujer es el verdadero punto vulnerable de la tenebrosa etapa de los siglos
refractarios de la luz.
En el mundo pululan todavía algunos pobres entes que sostienen la doctrina
pagana de que la mujer debe ser cosa y no persona, maleando así la sublime enseñanza
del Dios-Hombre que fue, durante el tiempo de la predicación de su doctrina, el defensor
de la mujer y del niño, seres débiles para los que imploraba ya el perdón, ya la caridad.
En efecto, si Cristo redimió al varón, salvó doblemente a la mujer a quien entregó
el hogar, santificado por la castidad y fortalecido por el heroísmo. Jesús selló con su
divina palabra la personalidad de la mujer dando al varón compañera y no sierva.
Y, desde el advenimiento de la sublime enseñanza evangélica, cuanto ha ganado
la humanidad con los adelantos de la mujer, soberana del corazón sin otra arma que la
ternura, sin más código que el amor mismo, que ya desde los tiempos prehistóricos le
concedió triunfos parciales.
Hércules el invencible, se humilla a los pies de Omfala e hila con su rueca para
ahorrar trabajo a los dedos sonrosados de la que adora; el otro Hércules de la gran etapa,
Danton, el gigante de la voluntad y de la palabra que había herido en el corazón a la
Iglesia, se prosterna a los pies del sacerdote porque es la condición impuesta por la mujer,
por la bella Luisa, para otorgarle su cariño; la sanción de los derechos del hombre y del
ciudadano se decide por el índice de una mujer.
Los hombres más decididos, los grandes oradores del Parlamento y los más
valientes en las barricadas huyen temblorosos. La Francia está aterrada. Solo hay un ser
que no tiembla, es una mujer: Carlota Corday.
Todas estas pinceladas las trazamos al acaso, sin estudio deliberado, para
acercarlos en lo pequeño a lo que en estos momentos pasa en el Perú con mengua de la
civilización de América. Por todas direcciones se esgrime el arma favorita del siglo XIII
297
para cortar el torrente de las libertades de la prensa, del pensamiento y de la idea: todos,
aun los que en no lejana época fueron esforzados adalides de la gran lucha de la verdad
contra la invasión del error, se encogen de hombros; y queda en pie para soportar todas
las iras, ¡una mujer!
Empero, para los que tenemos fe en los destinos de la patria, nacida al empuje de
la espada de Bolívar, el aliento vital de los Sucre y San Martín, este no es mal síntoma;
en vez de señalar la decadencia, marcará el verdadero progreso en el momento en que los
hombres comiencen a avergonzarse de su actitud pasiva, como no puede dejar de suceder
en vista de la actitud levantada y enérgica que ha tomado la prensa en las repúblicas
americanas.
Estamos en horas de transición semejantes a las que determinaron la gran reacción
moral de la Francia, cuando Michelet publicó su libro El Sacerdote, la mujer y la familia.
La sociedad sufrió una conmoción que no podemos calificar sino de saludable, puesto
que la verdad brilló con mayores fulgores después de la fenecida tempestad.
La segunda edición del libro citado trae en su prólogo los siguientes párrafos.
“Este libro ha causado en nuestros adversarios un efecto que no habíamos previsto. Les
ha hecho perder toda mesura, el respeto de sí mismos y hasta el de la religión que ellos
deberían enseñarnos”.
En medio de la Iglesia, en el púlpito se predica contra un hombre vivo aún, se le
llama por su nombre y se expone el libro y el autor al odio de los que no saben leer, de
los que no sabrán nunca leerlo. Para lanzar contra los otros estos furiosos predicadores,
preciso es que los hombres de autoridad dentro del clero se hayan sentido profundamente
vulnerados. Según se ve hemos puesto el dedo en la llaga.
Parece este acápite trazado al frente de la tercera edición de Aves sin nido, libro
escrito sin otra mira que la de reformar las costumbres viciosas, de salvar una porción
desheredada de nuestros hermanos, y propender a que la religión predicada por Jesús
Nazareno brille con todos los resplandores de su Divino Fundador en la pureza de sus
ministros; tocándose fundamentalmente un punto que, en la iglesia católica, es puramente
de disciplina y no de dogma: el matrimonio de los curas.
La autora está con todos los anatemas que han podido lanzarle los que, tal vez, se
han sentido vulnerados en sus costumbres; porque para honra del clero peruano, también
el libro tiene brillantes juicios a favor emitidos por sacerdotes tan virtuosos como
ilustrados, verdaderos sacerdotes de la religión del Cristo.
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No rehuimos responsabilidades, pero a la vez pedimos, que si no debe confundirse
dos asuntos al parecer completamente diferentes; la publicación del artículo del señor
Netto Magdala, que hemos lamentado como un desgraciado incidente, sobre el que
llevamos nuestra sincera explicación ante el Jefe de la Iglesia, explicación rechazada y la
actitud de los prelados contra el libro Aves sin nido, debemos reconocer que Magdala ha
sido el pretexto, tal vez preparado por mano intencionada y la novela el objetivo de toda
persecución .
Y , así en globo, debemos referirnos al escándalo de las hogueras encendidas, de
los pueblos ignorantes amotinados y de las excomuniones lanzadas por aquellas manos
que debían levantarse solo para dar bendiciones de paz y absolver pecados confesados.
Instruyamos a la mujer y más tarde no se quemarán nuestros libros, ni nuestros
sacerdotes nos anatematizarán pues irán guiados por la ciencia y la caridad.
299
Juana Rosa de Amézaga
“La simpatía y la estimación”
El Correo del Perú
31 de diciembre 1876
Existen dos sentimientos que ninguna alma deja de experimentar alguna vez; uno
de ellos precede casi siempre a la amistad o al amor y se llama simpatía; el otro es
fundamento y apoyo de la primera y con frecuencia resultado final del segundo y se llama
estimación.
La simpatía y la estimación no siempre están unidas y difieren bastante entre sí;
porque la una nace en un momento y cuando las personas que la sienten no han hecho
sino verse o hablarse una sola vez, mientras que la otra es la consecuencia justa y natural
del mérito de aquellas que la inspiran y podemos llamarla el más racional de todos los
sentimientos, porque no fundándose en ninguna pasión, se experimenta muchas veces por
personas que no se aman, y cuyos actos se examinan solo con la luz de la inteligencia y
el criterio de la rectitud.
La estimación no necesita de la simpatía para existir y prevalecer; pero esta sí,
necesita de ella, para no convertirse en una impresión pasajera, que no deja otra huella en
el espíritu y en el corazón, que la que deja en los sentidos el perfume de una flor, o la
vista de un objeto gracioso o bello, pero no imponente, extraordinario ni sublime.
En lo que más se parecen la estimación y la simpatía es en que muchas veces
sentimos una u otra por aquellos que no conocemos personalmente, pero que poseen
cualidades o practican virtudes que apreciamos en alto grado, llegando a interesarnos
tanto como nuestros mejores amigos, no sufriendo que se diga en nuestra presencia nada
que manche su reputación y procurando, por el contrario, que todos conozcan su mérito
para que contribuyan a admirarlo y ensalzarlo.
Podemos sentir estimación por personas que no tienen nuestros gustos y carácter;
pero sí es indispensable que haya algo de común entre las facultades de su alma y las de
la nuestra, porque para poder estimar las cosas en su justo valor, es preciso
comprenderlas; y así no podría estimar el hombre torpe al inteligente, ni el egoísta al
abnegado, ni el que ha llegado a embrutecerse por los vicios al que vive solo del espíritu
practicando virtudes sublimes; aunque en este último punto debemos hacer una salvedad,
porque sí es cierto que el hombre corrompido no concibe todo el valor de la virtud, es
verdad también que rara vez llega a tal estado de abyección, que pierda por completo el
sentido moral, que lo obliga [quizás a pesar suyo] a estimar y respetar a los que la
300
practican, aunque sea en el fondo de su corazón y menos por supuesto de lo que los
estimaría si fuera más capaz de practicarla.
La simpatía es un sentimiento mucho meas tierno e íntimo que la estimación y por
eso no pueden experimentarlo mutuamente sino los que tienen iguales gustos e
inclinaciones; de manera que muchas veces simpatizan de pronto dos personas,
engañándose recíprocamente y sin quererlo, por ciertas apariencias brillantes; pero al
descubrir en el trato íntimo inclinaciones que no llegan a entenderse y defectos que no
pueden juntarse sin chocar, la primera simpatía se reduce, como hemos dicho ya, a una
impresión pasajera, o lo que es peor, se convierte en invencible alejamiento: para que la
simpatía sea duradera es necesario pues, que haya en las almas que la experimentan
recíprocamente ya que no identidad por lo menos semejanza en las cualidades, ideas,
sentimientos, pero de ningún modo en los defectos.
Hay personas que tienen generalmente la fortuna de ser simpáticas sin estar
dotadas de un mérito sobresaliente; y otras que poseyendo cualidades relevantes no
inspiran a duras penas otra cosa que la fría y racional estimación, este es un problema
bastante difícil de resolver; y solo puede explicarse porque rara es el alma bastante
generosa y elevada que perdona a otra la superioridad y, si hay alguna bastante justa para
reconocer, es difícil que sea al mismo tiempo tan perfecta que llegue a amar a la persona
que inocente e involuntariamente la impone esta humillación; es indudable que los que
son generalmente simpáticos tienen siempre algún mérito, pero de esos méritos comunes
que no constituyen superioridad y que son por tanto comprendidos por todos; resultando
de aquí que agradan a las inteligencias vulgares, porque no saben concebir nada mejor y
no excitan la envidia de las que valen algo, porque no pueden llegar a eclipsarlas jamás.
Por último, para convencernos de cuán necesario es el mérito para inspirar
estimación y la semejanza de gustos, cualidades e inclinaciones para inspirar simpatía, no
tenemos sino estudiar la preferencia que dan los miembros de una misma familia, a
aquellos de sus parientes que poseen cualidades más apreciables, o a los que le son más
semejantes en ideas y sentimientos, concediendo su decidida estimación a los primeros,
o su entusiasta simpatía a los últimos; porque ni los vínculos de la sangre son bastantes
poderosos, para obligar a un alma recta a que estime a un ser perverso, ni a una piadosa,
poética o tierna a que experimente simpatía por otro impío, material o insensible; una u
otra podrán compadecer y hasta amar al hijo culpable y al hermano o al pariente vulgar,
necio o egoísta, pero no estimarlos ni simpatizar con ellos, porque la compasión la inspira
la bondad del corazón y el amor la naturaleza; pero la simpatía nace espontáneamente y
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no es compasión, así como la estimación proviene del mérito de aquello que se estima y
no es simpatía ni amor.
Lima, noviembre de 1876
JUANA ROSA DE AMÉZAGA.
302
Juana Rosa de Amézaga
“Las tres edades de la mujer”
El Perú Ilustrado
6 de julio 1889
Tres son las edades o períodos en que se presta a estudios sociales y filosóficos la
mujer: a los quince años, esto es, al salir de la infancia y cuando se inicia para ella, la
risueña primavera de la vida; a los veinticinco años, cuando se encuentra en su brillante
y ardoroso estío; y a los cuarenta años, época en que han caído ya su alma, no solo las
flores de la ilusión, sino las hojas de la esperanza sin que, se haya agotado por eso la savia
de su vida, porque aún están vivas también sus raíces y por lo cual es su verdadero otoño.
Primera edad
De los quince a los veinticinco años es la mujer el verdadero tipo de la frivolidad:
su cabeza es un mundo de ilusiones y su corazón un mar de deseos que ella misma no
puede muchas veces definir: con la misma facilidad se impresiona que olvida, acaricia
que rechaza, llora que ríe; se juzga desgraciada, porque no la llevan a un baile, o dichosa
porque le hacen un vestido, que por la novedad y primor de la forma no ha lucido otra
antes que ella; se burla de todo y rarísima vez se da cuenta de la desgracia ajena, pues
todo lo ve con el prisma de una imaginación, que no concibe, sino los vivos y hermosos
colores de la dicha.
Una joven o mejor dicho, una niña de quince años, está sujeta a tantos cambios
como la atmósfera y es como un caudaloso río, a cuyas aguas se puede dar la dirección
más conveniente, o más peligrosa, según sea la pericia y buena voluntad de las personas
llamadas a gobernarla. ¡Ay de ella si da en falso sus primeros pasos, en la escabrosa senda
de la vida!
La influencia de una mala amiga, el ejemplo de una madre liviana, o la impresión
producida en su alma, por una lectura inmoral o apasionada, basta, muchas veces para
hacerla infeliz o culpable, porque es a manera de un árbol tierno, que puede recibir el
injerto de otro árbol, de calidad superior o inferior a la suya.
Es muy raro que la mujer obre por convicción en la primera juventud: en el mayor
número de casos, lo hace por instinto, por imitación, por ligereza, por sentimiento, o por
costumbre y he aquí porque es tan necesario habituarlas, no solo a lo bueno sino a lo
delicado y conveniente, de tal modo que aunque no comprenda al principio toda la
elevación moral de la virtud y todo el mérito y necesidad de la discreción y el decoro se
le hagan estas cosas como una segunda naturaleza, de la que no podrá fácilmente
303
despojarse y que la librará de costosas violencias, cuando desarrollada por completo su
inteligencia, llegue a convencerse de que ellas son el secreto de su dicha y
engrandecimiento.
Aun cuando sea cierto que las tendencias buenas o malas de la mujer se revelan
en ella desde muy temprano y que un observador atento y hábil puede conocer lo que ella
será más tarde en el orden del bien o del mal, es indudable también, que nadie puede
formar un juicio exacto acerca de esto, porque antes de los veinte años, es un problema
que solo los acontecimientos se encargan de resolver.
Segunda edad
A los veinticinco años brilla con todo su esplendor el ser moral de la mujer; en
esa edad comprende lo grande y siente lo tierno, ama lo bueno y desea lo bueno y lo
perfecto; o mejor dicho, ama el bien porque siente su necesidad y la practica porque lo
juzga como lo mejor y está convencida de que es la vida de su alma y el fin de su destino.
Dice un autor, “Toda mujer tiene su novela a los veinticinco y esta es una gran
verdad, de la que tenemos que excluir las excepciones, porque estas verdaderamente no
conocen regla”. Hay, sin embargo una profunda diferencia entre la novela de las mismas
personas que la tienen la novela de unas sintetiza un casto y delicado sentimiento, en tanto
que la de otras es el más repugnante desarrollo de pasiones culpables, ruines intrigas y
desordenados apetitos; las primeras inspiran una simpatía mezclada de lástima si ––como
generalmente sucede ––han tenido por recompensa la ingratitud y la desgracia; las últimas
producen una especie de asco, que en algunos casos llega hasta el horror; estas buscan
compensación en nuevos extravíos cuando se las ofende u olvida, aquellas se consuelan
con la noble práctica de todas las virtudes: la mujer culpable derrama la sangre de sus
semejantes, porque hace llorar a muchos, la inocente; respeta la sangre ajena, porque es
incapaz de venganza, pero vierte la propia, porque derrama las lágrimas de su corazón,
para expiar las debilidades de su ternura.
Una mujer de veinticinco años, honrada, inteligente y culta, es como el estío que
tiene días brillantes, tardes hermosas y noches claras y templadas; porque une al ardor de
juvenil entusiasmo el rico tesoro de los juiciosos pensamientos y la tranquila práctica de
suaves e ilustradas virtudes: niña, por las gracias y mujer por las obras, inspira a la vez
simpatía y estimación, confianza y respeto.
Cuando una mujer llega a los veinticinco años y no es esposa prudente, madre
discreta ni amiga fiel, casi se puede asegurar que no alcanzará nunca estas buenas y
necesarias cualidades, porque así como antes de esa edad, hay gran peligro en confiarle
304
un secreto, o encargarla de asuntos que requieren discreción y prudencia, sin que se la
ofenda, por una desconfianza que solo tiene por origen la ligereza propia de la primera
juventud al llegar a ella , se la juzga muy desfavorablemente si no se la cree capaz de todo
lo bueno, trascendental y serio.
Forman las excepciones en la edad que vamos estudiando, aquellas mujeres que
por causas especiales no han podido llegar a un completo desarrollo moral, o se han
anticipado a él. La desgraciada influencia de una educación más rigorista que perfecta,
hace que la joven oprimida en sus más inocentes expansiones y privada de sus goces más
lícitos, adquiera un gran apocamiento de espíritu, y un temor irracional, que la convierta
en una especie de autómata, sin que llegue a adquirir ni la conciencia de sus deberes, ni
el valor de sus derechos en la sociedad. No es extraño pues, que en tales condiciones, y
encontrándose al fin emancipada de tiránico yugo, practique los actos más inconvenientes
o culpables, dominada por esa vertiginosa embriaguez que produce todo cambio
demasiado brusco, cuando no se cuenta, para resistirlo, con una organización
ventajosamente dotada; así queda explicado el triste fenómeno de esas transformaciones
de seres que han llegado casi al otoño de la vida, observando arregladas costumbres, y se
entregan repentinamente a una vergonzosa licencia; esto prueba también, indudablemente
que había en ella un germen del mal, que no necesitaba para desarrollarse, sino el pequeño
golpe que necesita para caer del árbol, un fruto ya maduro.
La perniciosa costumbre de anticipar los placeres de la juventud, convirtiendo a
la niña en mujer, instruyéndola en lo que puede sentir sin comprender ––ni mucho menos
gobernar–– hace que llegue a los veinticinco años con el alma hastiada por la saciedad y
con la frescura del sentimiento marchita por el abuso de impresiones más fuertes de lo
que su tierna naturaleza podría resistir; convirtiéndola en mísera planta que no conserva
sino un pálido y escaso follaje, cuando debía ser lozano y magnifico arbusto, fecundo en
bellas y perfumadas flores.
La desgracia, gasta también, anticipadamente, las fibras delicadas de la
organización de la mujer; es cierto que en algunos casos el dolor la santifica y engrandece,
desarrollando en ella virtudes sublimes, o elevada inspiración, pero en lo general no hace
sino convertir su vida en estéril martirio y prolongada agonía.
Tercera edad
De los cuarenta a los cincuenta años, es el último período en que se puede estudiar
a la mujer, porque después de esta edad, todo está desarrollado en ella y ya no hay nada
305
nuevo que observar, ni descubrir; de manera que cuanto haga, o deje de hacer, no será
sino el natural desarrollo de lo que ha sido antes.
A los cuarenta años la dicha es más difícil para la mujer, que en la primera
juventud, pues ya no tiene ilusiones como a los quince años, esperanzas ni halagos como
a los veinticinco; además, ya no puede gozar con los frívolos triunfos de la vanidad,
sintetizados en un lindo traje, un bonito rostro, o un alegre baile; en esta edad necesita de
algo más elevado y verdadero, por eso es este el tiempo de los pensamientos graves y de
las amistades serias; pero cuando no tiene la buena suerte de encontrar estas, ni en la
sociedad ni en la familia, siente un doloroso vacío, que solo puede llenar con la práctica
constante de difíciles pero salvadoras virtudes.
Los cuarenta años son el otoño en la vida de la mujer, de manera que han caído
ya las hojas de su frescura, pero quedan aún en su alma las pálidas flores del recuerdo y
los dulces frutos del sentimiento; si hasta entonces no ha formado una familia ni
alcanzado una posición ventajosa en la sociedad, es seguro que ya no la formará, pues lo
contrario es un raro fenómeno social.
Cuando una mujer ha llegado a los cuarenta años sin revelar ninguna dote
superior, ni ningún defecto grave, o violenta pasión, está probado que será en el mundo
un ser inofensivo pero inútil, constituyendo una honrada vulgaridad.
En países más adelantados que el nuestro, en los que predomina lo serio y práctico,
una mujer de cuarenta años tiene más importancia social, que una joven de veinticinco,
porque se la estima como una útil y experimentada colaboradora en todas aquellas obras
que requieren más delicadeza que fuerza, más finura que talento y más reflexión que
gracia; entre nosotros la mujer de cuarenta años hace un papel muy relativo; si es la esposa
querida de un político influyente, o de un magistrado poderoso, se hace con ella lo que
con la llave de un tesoro, esto es se la guarda porque se la necesita; si es madre de
preciosas jóvenes, se la convierte en escabel, porque dispensarle ciertas atenciones es el
único medio de acercarse al objeto deseado; si es viuda opulenta y ofrece a los que se
llama sus amigos, esplendidos bailes y suntuosos banquetes, se hace con ella lo que con
la copa que contiene un vino generoso; esto es, se la acaricia con aparentes distinciones,
por gustar el contenido , si no está en ninguna de las anteriores condiciones, pero tiene un
verdadero y reconocido mérito, se la admira, como uno de esos muebles antiguos y
preciosos, que todos estiman como buenos, pero que muy pocos compran, por costosos o
pesados.
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Por regla general a los cuarenta años, es cuando la mujer desempeña en el mundo
y en la familia la misión más útil y elevada, porque es entonces cuando sin la frivolidad
de la niña y sin las ambiciones de la joven, se ocupa más de las otras que de sí misma; si
es madre no vive ya sino para sus hijos; si aún tiene la dicha de ser hija, se convierte en
apoyo y consuelo de los que le dieron el ser; si es hermana se torna en ángel del hogar.
Sin celos de esposa, ni exigencias de hija, pero con desvelos de madre y afectos de amiga,
es el centro de todos los consuelos y el alivio de todos los dolores, siendo ella toda para
todos, sin exigir que ninguno sea todo para ella y esto sin que deje de sentir la necesidad
del afecto y la ambición de la dicha, o por lo menos de la amistad y el consuelo.
A los cuarenta años es también cuando la mujer hace esos prodigios de caridad
que le cuestan muchas veces el sacrificio de su reposo, de su fortuna y aún de su vida,
aliviando dolencias y socorriendo miserias que sin su auxilio se convertirían en
verdaderas plagas para la sociedad.
Sintetizando pues, a la mujer en cada uno de los períodos que hemos estudiado,
puede clasificársela así: de los quince a los veinticinco años, frivolidad, incertidumbre e
ilusión; de los veinticinco a los cuarenta, ambición, goce y esperanza; de los cuarenta a
los cincuenta, sufrimientos, lucha y realidad.
A los quince años es la aurora con sus tintes suaves e indecisos, que así puede
anunciar bonanza, como tempestad; a los veinticinco el día con su luz, bullicio y
hermosura; a los cuarenta la tarde con su melancolía, sus sombras y su apacibilidad.
JUANA ROSA DE AMÉZAGA
Lima, 1889
307
María Nieves y Bustamante
“La patrona de las armas del Perú”
El Perú Ilustrado
29 de septiembre 1889
La Patrona de las Armas del Perú
Apaguemos por algunos instantes la antorcha de la fe.
¿Qué palpamos?
Tinieblas
¿Qué nos rodea?
El caos.
La ciencia humana ha avanzado intrépida hasta los umbrales de una estancia de implacable
oscuridad, y se ha detenido.
En vano sumerge la vista en la densidad de aquellas masas de sombra; cuanto más intenta
penetrarlas, tanto más le abruman con su peso.
No hay principio ni fin lógico en ningún orden; sin embrago, la misma existencia los
prescribe ineludiblemente.
En vano la filosofía hace gimnasia. Semejante a los grandes equilibristas de circo, jugará
con admirable destreza en el estrecho círculo en que se agita; pero nunca, jamás lanzará su vuelo
a los espacios que cruza ligera y segura la más pequeña de las aves del cielo.
Dejémosla meditabunda y anonadada ante las puertas del misterio.
Bella es la naturaleza; soberbia, estupenda, grandiosa.
¡Qué variedad, qué orden, qué caprichos, qué combinaciones!
¿No bastan la multiplicidad de sus encantos para llenar el corazón de un hombre?
No.
Mirad al poeta.
¿Qué quiere, qué anhela, con qué sueña?
Ni él mismo sabe definirlo.
No ha venido de otras regiones, no conoce un mundo mejor y no obstante presiente una
perfección, una belleza, un goce inconcebible que le inspira desdén por cuanto le rodea; pretende
transmitir a sus creaciones ese ideal que se ha formado; mas, la ejecución dista mucho del ensueño
y la obra solo es bella en cuanto se aproxima a la naturaleza.
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“Hay algo superior capaz de satisfacer plenamente tu corazón”, le dice una voz secreta;
pero ¿en dónde? ¿Quién habla de esta manera? ¿Quién hace palpitar con esta esperanza un corazón
inquieto que busca un centro que no conoce?
¿En la ciencia?
No son estos sus dominios, y condena lo que no alcanza, sin que por eso se interrumpa la
marcha de los sucesos.
¿Es la razón pura?
No tiene la clave de este idioma, y niega lo que no comprende, sin que por eso renuncie a
su existencia lo que es.
Combinad si podéis la inflexibilidad del razonamiento, con los ensueños del poeta; el fuego
del alma del artista con el hielo de los trabajos científicos.
Todos hablan diferente idioma.
La existencia de cada uno es la viva refutación del otro. ¿Dónde está la verdad?
No la busquéis con el lente del sabio, ni con el prisma del poeta; porque las tinieblas nos
envuelven, nos abisman en sus negros senos. Se necesita una luz muy brillante para disiparlas y la
única que tenemos es la linterna filosófica, que en esta región no alumbra.
Y vosotros los que no sois poetas, ni filósofos, ni artistas, ni sabios; los que formáis el
vulgo, la gran masa de los pueblos, decidnos. ¿Qué idea tenéis de vuestro ser, del mundo en que
vivís, de vuestro destino? ¿Cuál es la regla de vuestras acciones, la norma de vuestra conducta?
¿Qué relaciones os unen con vuestros semejantes? ¿Hay algún vínculo entre vosotros?
Tenéis una especie de culto a la virtud, un secreto amor a la justicia; pero el vicio os
domina, la injusticia marca vuestros actos.
La moral universal. ¿Quién ha sido capaz de dictarla? ¿Quién se ha atrevido a prescribirla?
¿Por qué no romper con sus trabas cuando estorban?
Porque la conciencia se subleva y el remordimiento mata.
¿Y quién tiene el poder de sublevar la conciencia de cada hombre contra aquello que el
mismo hombre haga?
El ignorante que no sabe la definición de la conciencia, la experimenta tan terrible, tan
inexorable, como el que ha encanecido en el estudio y aun el niño se turba cuando ella le advierte
que ha cometido una mala acción.
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La conciencia es la ley que sostiene el equilibrio social; suprimidla, y habréis precipitado
a la sociedad en el abismo de una destrucción violenta y espantosa.
Pero. ¿Qué es la conciencia?
Una voz cuyo sonido escapa a las percepciones acústicas. ¿De dónde proviene? ¿Quién la
da? ¡Oh ciencia! explícanos como se forma, de que manera se deja sentir.
Es demás interrogarla.
Ha enmudecido.
Entretanto, ved a las naciones sujetas a un dominio desconocido; contemplad al hombre
aún en el estado de salvajismo obedeciendo leyes que nadie le ha impuesto.
Recorred con el pensamiento esas turbas de generaciones que se suceden. ¿De dónde
vienen? ¿A dónde van? ¿Para qué nacen?
¡Oh! El caos nos envuelve; montañas de tinieblas se arremolinan en torno nuestro y nos
sepultan en oscuros senos de insondables abismos.
Todo es noche; y en esta noche pavorosa la humanidad duerme, sueña y a veces se agita
con las convulsiones de horrenda pesadilla.
¡Luz, luz aquí!
¡Ciencia! Nada distingues.
¡Filosofía! Tu linterna no alumbra.
¡Oh Fe divina! Álzate esplendorosa, como el sol en el primer día de su creación.
Todo es claro.
La cuna del mundo surge bañada por los esplendores de aquel fíat que produjo la luz.
La Sabiduría infinita dicta las leyes universales y toda criatura se apresura a cumplirlas.
El Poder infinito liga el espíritu y la materia y el hombre se alza con la corona del mundo
en la frente.
El hombre cae en el funesto lazo del rebelde arcángel, la Bondad infinita le perdona y el
bien y el mal lidian en el corazón humano.
La Misericordia infinita repara el ultraje inferido a la Divinidad y se abren las puertas de
ese mundo inmortal que el alma presiente.
Ahora la ciencia auxiliada por tanta luz puede indagar con su penetrante mirada todos los
secretos de la naturaleza.
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Ahora la filosofía puede avanzar intrépida para descubrir los hilos misteriosos que ligan
todas las cosas, y fallar acertadamente sobre los principios.
Discurra la poesía como le plazca sobre ese mundo ideal que la fascina, imperceptible
bosquejo del que vamos a habitar.
Inflámese el artista con el fuego sagrado de la inspiración; porque de arriba se le envía un
destello divino, el genio.
Adelante generaciones; un lazo fraternal os une y todas sois viajeras a una región inmortal,
donde el que con más grandeza de espíritu haya sufrido la aspereza del camino y más haya
auxiliado a sus hermanos y más haya amado al Divino tutor de su ser, obtendrá recompensa mayor.
Todo se ha hecho perfectamente inteligible; el orden todo lo domina, la verdad en todo
resplandece, la armonía lo embellece todo.
La fe encendida por la Verdad Suprema con la luz revelada, irradia en un foco esplendoroso
que llena de claridad todos los ámbitos de la inteligencia.
Y ese reverbero de esplendores, refracta como en límpido espejo, el tipo acabado de la
belleza en toda su plenitud, y bajo la forma más dulce, más poética, más comprensible, más
amable, bajo la forma de una mujer celeste, de una tierna madre, de una virgen candorosa que
protege la ciencia, inspira al arte, alienta a la virtud, socorre la desgracia, precede a las naciones y
domina todos los mundos visibles e invisibles.
A su nombre toda frente se inclina, todo corazón se conmueve.
Todas las generaciones pasan doblándole la rodilla.
Las ciudades y los campos, las cumbres y los valles, las costas y las islas, los bosques y los
desiertos están plagados de los monumentos elevados a su gloria.
La multitud de sus imágenes inunda los palacios y las cabañas, los templos y los navíos; y
a su pie están depositados los lauros del conquistador, las coronas de los reyes, la espada de los
libertadores, las cadenas del redimido, los estandartes de los pueblos, los pinceles del artista, la
pluma de los doctores, el velo de las vírgenes, el anillo nupcial de los desposados, las joyas de la
emperatriz, las flores de la campesina, el celeste listón del niño.
Se la invoca en las encrucijadas de un camino extraviado, y en el fragor de las batallas;
cuando el mar encrespa sus olas y el terremoto estremece la tierra; en el horror de la tempestad y
en la asolación de la epidemia; en el fondo de los calabozos, a bordo de las embarcaciones, en las
311
místicas armonías de las solemnidades religiosas, en el silencio de la noche, junto a la cuna del
recién nacido, cerca del lecho del moribundo, sobre la tumba de los cristianos.
La azucena tiene perfiles de su candor, el firmamento semeja un jirón de su manto; camina
sobre los velos diáfanos que la aurora tiende a su paso; se puebla de cantares la mañana por el roce
de su traje; se tiñe de rosa al alba, porque sonríen sus labios; enciende su antorcha el día, porque
ella alza su mirada. El iris es arco triunfal de las victorias; los celajes purpurinos, cortinajes de sus
palacios; las constelaciones, centelleros de su morada, las flores, huellas de sus pisadas.
Así habla la poesía, en el afán de hallar destellos suyos sobre la tierra y sin poder encontrar
los más bellos rasgos de la obra estupenda que hizo lujo de ciencia la sabiduría de Dios.
Busquémosla a través de los siglos, en los sagrados libros y en la historia.
Los antiguos no la conocen sino en figuras; pero la aguardan como a la aurora del nuevo
día.
¿Quién es esta criatura tan extraordinariamente hermosa?
Isaías señala una azucena sobre la que desciende el Espíritu de Dios.
Salomón afirma que es una reina cuya vestidura es de oro.
Elías indica una nube que se levanta del mar. Abramos el Génesis.
Moisés refiere que es una mujer que con planta victoriosa aplasta la cabeza del Espíritu del
mal; según la promesa de Jehová.
Recorramos el Apocalipsis.
San Juan la ha visto en divina visión: es una mujer vestida del sol, coronada de estrellas y
que asienta sus plantas sobre la luna.
Examinemos los libros santos de la Iglesia Católica.
Estrella matutina, Redentora de los cautivos, Causa de nuestra alegría: así la llama.
Busquemos en el Evangelio.
Aquí está su propio nombre.
MARÍA MADRE DE DIOS.
Ella es la excelsa Patrona de las armas del Perú.
Un Congreso peruano, fiel intérprete de la voluntad nacional, puso al Perú bajo el amparo
de Nuestra Señora de las Mercedes, pues con este título se la invoca, como libertadora de los
oprimidos bajo el yugo de la servidumbre.
312
Ella protege a la República: nada se debe temer. Las armas de una nación no solo consisten
en los cañones y los rifles. El espíritu de justicia que las anima, la fuerza del derecho que las asiste,
la legitimidad de una causa que defienden, el inmaculado honor de su bandera que jamás cubre el
botín usurpado, son sus verdaderas y potentes armas.
Los contrastes materiales que hemos sufrido son duras lecciones para depurar viciosas
costumbres contraídas; enérgica advertencia para detener a la República al borde del abismo y
obligarla a volverse sobre sus pasos y emprender el camino que debe conducirla al alto puesto que
la divina Providencia le ha señalado en el rol de las naciones.
Mas, las armas con que ha lidiado permanecen en todo su esplendor; su brillo ofusca a los
que han vencido en el campo de la fuerza, atrae la simpatía universal y promete la victoria completa
para un tiempo más o menos cercano.
A ella nos conducirá seguramente la que es llamada Ejército formado en batalla, y que se
titula “Patrona de las armas del Perú”
MARÍA NIEVES Y BUSTAMANTE
Arequipa, septiembre de 1888.
313
María Nieves y Bustamante
“Los espejos”
El Perú Ilustrado
4 de enero 1890
No son esos magníficos cristales azogados donde la mujer hermosa contempla sus
atractivos, el circunspecto diplomático estudia su fisionomía, el actor ensaya su actitud y el orador
su ademán, los únicos ni mejores espejos de cuyo invento pueda gloriarse la civilización; no; el
hombre ha hecho otros muy superiores.
Dios es el primer autor del espejo; el hombre no ha hecho otra cosa que una imitación. Dios
no ha formado uno solo, tiene una espléndida galería; el hombre tampoco se ha contentado con
uno, posee una serie de gran mérito.
Revistémoslos ligeramente en el magnífico palacio de la creación.
Ellos la embellecen aún más reproduciéndola indefinidamente y devolviéndola en
diamantinas refracciones toda la luz esparcida por la divina sabiduría y por la humana inteligencia.
¡El Océano! ¡Gran espejo del firmamento!...
En él contempla su faz la tormenta, cuando suelta su caballera de fuego despliega sus
ardientes alas en el espacio; en él hace reverberar el sol sus rayos y la luna mira su melancólica
frente; en él admiran su dorado brillo las estrellas y sus blancos cendales las nubes y sus tintes de
rosa la aurora y sus pálidos velos la tarde.
Como fragmentos de otro gran espejo dela naturaleza, que al caer se hubiese hecho
pedazos, por doquier reproducen sus bellezas, sus deformidades o sus caprichos, millares de
pequeños espejos de líquidos cristales.
Desde la elevada cordillera, hasta el pequeño nido del picaflor, desde el bosque secular,
hasta la diminuta violeta; desde el águila, hasta la mariposa; desde la fiera, hasta el hombre, todo
mira su propia forma y la de sus semejantes fielmente reproducida.
El hombre ha visto en las aguas este fenómeno y lo ha imitado muy bien en el cristal, aun
cuando el más gigante de sus espejos jamás pueda competir con uno de esos pequeños fragmentos
del sublime de Dios, llamados lagos.
Subamos de la naturaleza física a las regiones del espíritu.
La imaginación; espejo de la fantasía.
314
Esta crea las formas ideales; aquella las presenta en su caprichoso conjunto, como en un
solo cuadro.
Ese mundo de quimeras, esos momentos de ilusión, esos colores de magia evocados por la
fantasía con todos sus caprichos, con todos sus imposibles y absurdos; lo encantador, lo deforme,
lo bello, todos los delirios del espíritu, son reproducidos en el gran espejo de la imaginación.
La memoria; espejo del pasado.
En él aparecen los hechos reales que fueron, aunque no hayan dejado ni una leve huella.
Las épocas y los lugares, las acciones y los personajes ¡Oh! ¡Cuántos querrían romper en
astillas este espejo! ¡Cuántos no desearían otra cosa que estar perpetuamente ante él!
Este es el más frágil de los espejos. De continuo se empaña y en vano se le interroga.
Cuando Dios quiere hacer del pasado un misterio, tiende sobre él un espeso velo.
El arte; espejo del pensamiento.
Contemplad un monumento, una estatua, un cuadro, escuchad una armonía, ahí tenéis el
pensamiento o la serie de pensamientos de un hombre que no ha necesitado de la palabra para
manifestarlos.
Más aún: la palabra os los hará comprender con más o menos perfección; pero no los veréis
irradiar como en el arte, donde podéis apreciar, sin temor de equivocaros a causa de la expresión,
su belleza o deformidad, su brillantez o profundidad, su grandeza o pequeñez.
Estáis delante del espejo donde no solo su dueño ve reflejado su propio pensamiento, sino
donde todos pueden contemplarlo.
Más, dejemos la divina galería y veamos la del hombre.
Aquí está el drama; espejo del corazón.
Las pasiones, los dolores, las momentáneas alegrías, los desencantos, las tristezas, las
esperanzas de este, copia aquel, las transparenta, las hace visibles con todas sus palpitaciones; más
aún, reproduce las convulsiones de su agonía, y el mismo instante en que se paraliza su
movimiento…
Pasemos adelante.
La novela; espejo de la sociedad.
Mirad como la copia en toda su extensión, con todos sus caracteres, todos sus tipos, todos
sus entes y las costumbres que los envuelven y los lazos que los unen y los resortes que los mueven
y el círculo en que se agitan.
315
La historia; gran espejo de la humanidad.
En él se contempla a sí misma con sus nieblas y sus esplendores, sus progresos y
decadencias, sus mártires y verdugos, sus héroes y monstros, lo grandioso de sus conquistas, la
sublimidad de sus concepciones, la enormidad de sus errores, el sin número de sus delirios, vicios,
lágrimas y risas.
Por doquiera que el hombre va, lleva consigo su espejo.
Es una inclinación natural la que le arrastra a su propia contemplación; acaso Dios se la
dio para doblegar su orgullo.
Los espejos de Dios siempre son perfectos, aunque no de iguales dimensiones.
Los del hombre, como todas sus obras, adolecen de más o menos defectos; cuando son
muchos, pueden comparárseles a los vidrios ordinarios que reproducen los objetos deformemente;
cuando llevan el sello del genio, son como las lunas de Venecia que copian sin alterar la forma, el
matiz ni la expresión.
Pero aún hay otro espejo superior a todos los enumerados, perteneciente a la divina galería.
Su temible trasparencia reproduce hasta la más ligera bruma que empaña el pensamiento.
Muchos creen que se ennegrece, pero es un error; porque su inmutable limpidez jamás
puede disminuir; la mancha que lo oscurece no está en él, sino en el ser que reproduce; del mismo
modo que no es el fino cristal el tenebroso, sino el negro dominó que en él se mira.
Su testimonio es irrecusable. ¡Cuántos por huir de él han puesto fin a sus días!...
¡Desgraciados! Ignoraban que más allá de la tumba aún lo encontrarían.
Porque este es el gran espejo del alma.
Y se llama conciencia.
MARÍA NIEVES Y BUSTAMANTE
Arequipa, noviembre 20 de 1889
316
Amalia Puga de Losada
“La literatura en la mujer”
El Perú Ilustrado
9 de noviembre 1892
DISCURSO DE LA SEÑORITA AMALIA PUGA EN SU INCORPORACIÓN AL ATENEO
DE LIMA227.
SR. PRESIDENTE,
Señores:
Altamente favorecida por el brillante centro intelectual peruano que se denomina Ateneo
de Lima con el nombramiento de su socia activa, hallábame obligada a incorporarme en él con la
solemnidad de estilo, escalando, como trémula de emoción y gratitud acabo de hacerlo, esta
honrosísima tribuna, a donde solo ha subido antes de ahora el verdadero mérito, guiado por los
amables genios de la modestia y la dignidad. Desde aquí, he de dirigirme vosotros, mis amigos
siempre y mis colegas ya; a la deslumbradora sociedad en estos salones reunida; y, de una manera
especial, a las mujeres hispano-americanas, adorables compatriotas mías. Antes de resolverme a
ello, en vez de consultar con mi cabeza, he puesto mi mano sobre mi pecho y sus latidos me han
dado un SÍ enérgico e irresistible; ya sé que para hablar con las personas de mi sexo y de mi raza,
solo he menester el lenguaje del sentimiento y la fraternidad.
Para vosotras, pues, he escrito de modo particular, ¡oh preciosas hijas del suelo latino-
americano, risueñas ninfas de sus encantados bosques, dulces sirenas de sus tranquilos mares!
¡Para vosotras que ostentáis en el alma, límpida y transparente como su incomparable cielo, tesoros
de ternura mayores que guardan sus montañas, más primorosas flores de virtud que lucen sus
jardines tropicales, para vosotras, cuya cuna mecieron a porfía los vientos helados de nuestras
sierras y balsámicas brisas de nuestros hondos valles; para vosotras, cuyos sueños infantiles
arrullaron en concierto el ronco mugir de dos océanos y los mitológicos rumores de virgíneas
selvas! Y puesto que para vosotras he escrito, escuchadme propicias; no me pidáis sabios consejos,
no exijáis de mi erudición profunda; ni mi corta edad ni mis escasas dotes los consienten. Más si
llamáis a mi corazón, por quedo que llaméis él os responderá.
227
El discurso se publicó originalmente en tres entregas.
317
Que estiméis mis palabras, que otorguéis el último lugar de vuestra memoria a alguna de
mis frases y que me honréis con el título de “amiga” es todo lo que os pido. Si me complacéis,
habré recibido una recompensa superior a mis esfuerzos y me juzgaré dichosa.
La literatura en la mujer
Los partidarios intransigentes de la rueca
y de la aguja que se fijen en un libro
cualquiera de Fernán Caballero,
que se dignen en leer una escena de
Alfonso Munio o un capítulo de la Sigea.
[S. Catalina, La mujer]
El alma de la mujer, delicada y sensible, retrata , cual si fuera bruñido espejo, la imagen
divina del arte, sin dejar olvidados ni el más menudo pliegue de su manto, ni el más débil rayo de
su brillante nimbo. Como hay en el hombre aptitudes para las investigaciones científicas, hay
extraordinaria idoneidad en la mujer para entregarse a las estéticas lucubraciones del arte, y si bien
el poder de su inteligencia, en un todo semejante a la de aquel, alcanza a abarcar ambos, en el
asiduo cultivo del segundo es donde ella haría prodigiosos adelantos, que acaso dejarían muy atrás
los triunfos de su compañero en tan vasto campo; porque, accesible a lo grande, a lo noble, a lo
sublime, cuenta, además, con esa sensibilidad y ternura en que abunda su carácter.
Como no es ni puede ser hoy mi ánimo buscar a la mujer en todas las fases de la humana
historia, callaré sus merecimientos como hábiles mandatarias, valerosas guerreras e insignes
personalidades en la vida política y religiosa de los pueblos. Por consiguiente, no tocaré sino de
paso los nombres de Semíramis, la famosa fundadora de Babilonia; de Artemisa, cuya heroicidad
en su renombrada expedición contra los griegos dio lugar a que se dijese que en el campo de
Salamina los hombres se condujeron como mujeres y las mujeres como hombres; de Judit, la
salvadora de Betulia; de la Doncella de Orleans, en fin, que ya en nuestra era, arrojó de su patria
las huestes enemigas. Tampoco me detendré en recomendar la memoria de las Berenguelas y
Blancas de Castilla; y me contentaré con bendecir el recuerdo de esa dama grande entre los grande,
Isabel la Católica, codescubridora del Nuevo Mundo. Para conocer a las mujeres notables de todas
las épocas, allí está la Historia, allí están, más concretamente, los Diccionarios Biográficos
Femeninos, las Galerías de Mujeres Célebres.
Lo repito, no siendo mi intención buscar a la mujer sino por el lado de la literatura, a él
debo contraerme.
318
Es, en verdad, lamentable que antiguamente la ignorancia de los pueblos opusiera funestas
preocupaciones, escrúpulos infundados, temores sin motivo, como otros tantos atajos, al genio de
la mujer y la obligará a inclinar su frente que propendía a levantarse, ansiosa de copiar las
imponderables bellezas del firmamento; razón por la cual, harto pocas con resolución
inquebrantable y profunda fe en los comunes y elevados destinos de la humanidad, lograron
destacarse sobre las multitudes, fabricándose, merced a sus propios giganteos esfuerzos, un
pedestal sobre que mostrarse a las generaciones posteriores, para señalarles, como faros benditos
en medio de revueltos mares, la ruta que debían seguir.
Ni eran estos los únicos obstáculos alzados en el camino de la mujer: también el hombre,
deseando tornarse de su compañero en su señor, le niega el paso a las regiones donde se solaza el
espíritu, y presa de criminal egoísmo, penetra en ellas solo, cerrando tras sí la puerta. Pero la mujer,
que las más veces vuelve resignada a esconder su vergüenza y su dolor en los rincones de un hogar
que casi no puede llamar suyo, a verter su llanto sobre la tosca labor, a arrastrar, en suma,
tristemente su existencia, salta otras indignada, resuelta, valerosa, y haciendo mil pedazos, sin más
armas que sus finas manos, los cerrojos que la entrada al paraíso le vendaban, llega a él, se enamora
de sus encantos y ora coge el pincel para copiarlos, ora remeda los trinos de las aves; ora, en fin,
descolgando de alguna rama una lira, se pone a pulsarla con arte y maestría…Mas a poco llegaban
a sus oídos la protesta del hombre, que le pedía cuenta sobre la profanación de ese suntuario, que
estimaba solo suyo, y el clamoreo del vulgo, que, o torpe o envidioso, la befaba y escarnecía desde
afuera. ––“Inclínese norabuena la mujer a todo ––dijeron al convencerse de que era imposible
cortar el vuelo de su espíritu y poner trabas a sus poderosas y nobles propensiones; ––pero no se
haga escritora; renuncie a la literatura como el más repugnante de los vicios”— Por consiguiente,
se le negó toda voz autorizada, toda frase a los demás; cuando mucho, se le permitió cantar a las
fuentes y a los prados; de suerte que la mujer ––al modo de la filomela en la enramada, que apenas
oye un leve rumor se impone el silencio y váse–– expresaba escondida sus sentimientos, en tono
elegíaco, plañidero, casi siempre: ¿qué mucho, si su situación la tenía esclavizada, oprimida, sujeta
a despótico yugo? Y así humillada, abatida la más bella mitad del humano linaje, siguió largo
tiempo caminando a tientas en medio de espantosa oscuridad; ¡y cuántas veces, necesitando
lazarillo como el ciego, se apoyó en brazos pérfidos que la empujaron al abismo gozándose en su
desesperación!
319
Para inspirarle aversión hacia el saber y, señaladamente hacia la literatura, no se
perdonaron medios.
Por mostrarle tan pura y cristalina fuente de goces inefables como fétida laguna de aguas
estancadas, se inventaron mil repugnantes anécdotas, tendentes todas a desacreditar los nombres
de poetisas y escritoras que aparecían de tarde en tarde entre la masa grosera de los pueblos. En su
incansable afán de desprestigio, se echaron a buscar tipos antipáticos en demasía y hasta vistieron
de ridículas ropillas a las ilustres mujeres de la antigüedad. Sienten algunos historiadores y no es
improbable ––que la Safo mitilinesa, la inmortal poetisa imitada por Horacio, la décima musa de
los griegos, haya sido confundida en la dilatada serie de los tiempos–– quizás intencionalmente en
un principio–– con la Safo cortesana de Ereso, cuyos vicios se exageraron, cuyas licenciosas
costumbres se ponderaron al efecto, acaso más de lo justo. Aún a la inspirada Corina, émula feliz
de Píndaro, su vencedora en los concursos poéticos, donde por cinco veces “le arrebató el laurel
para ornar sus negras trenzas”, ya la vituperaban unos, ya achacaban otros a su extraordinaria
hermosura sus triunfos, ya por último, no pocos se atrevieron posteriormente a negar su existencia,
a declararla apócrifa228. Por fortuna, a despecho del espíritu de egoísmo que se empeñaba en
afirmar la doble incapacidad moral e intelectual de la mujer, monumentos quedaron para eternizar
su gloria.
Tarea inaccesible a mis fuerzas, amén de inoportuna ahora, sería la de seguir enumerando
una a una las mujeres que, habiendo acertado a descubrir su gran talento en aquellos siglos de
relativa ignorancia, fueron víctimas de verdadera persecución y se vieron acosadas por
incalculables sufrimientos; básteme decir que corrieron la misma suerte que las tempranas rosas
en el campo; el viento de las preocupaciones las deshojó y apenas uno que otro marchito pétalo,
fragrante aún y suficiente a perfumar la ráfaga toda, ha llegado hasta nosotros, arrastrado por esa
misma devastadora corriente. El nombre de las ilustres poetisas y escritoras antiguas, por más que
bien poco conozcamos de ellas, es adorno y esmalte de su época.
No obstante que en nuestros días las luces, difundiéndose con maravillosa profusión, han
iluminado ya el mundo entero, los fantasmas han huido y la mujer sonríe dulcemente al persuadirse
de que por vanas sombras se dejó asustar, como la odiosa tiranía aún no ha desaparecido todavía
y quedan de ella rezagos, no falta quienes intentan ponerle miedo, improvisando, ni más ni menos
que el labrador peleles, espantajos ridículos en medio de la senda y a la claridad diurna;
228
Cantú, “Historia Universal”.
320
consiguiendo muchas veces arredrar a la de poco espíritu o carácter tímido y pusilánime. Esas
figuras enseñan casi siempre la máscara horrible de la crítica baja y mordaz. ¡Cuántas finas
cuartillas, llenas de hermosos pensamientos, no habrán sido rasgadas por la misma pulcra mano
que los trazara, a la sola vista de los colmillos y de las negras fauces del monstruo!......
Ni escasean tampoco hombres que con mengua propia, no de la civilización a la que no
debe hacerse solidaria de tamaño desatino ––repitan la maliciosa contestación dada por el capitán
del siglo a Mad. Staël y se empeñan en concederle una importancia axiomática, un valor
archisentencioso que no tuvo nunca; el grande hombre solo se propuso castigar la vanidad en que
rebosaba la pregunta de la notabilísima mujer. Pero que así no fuera; ya que tanto respeto les
inspiran las frases napoleónicas, no deben olvidar otra, en que mostró Napoleón ser el primer
admirador de la insigne escritora: recuerden que en un rapto de entusiasmo supo exclamar. ––“Esta
mujer es mucho hombre” –– palabras más dignas que aquellas de eterna celebridad, así por la bella
novedad de la expresión como por su lato significado.
Como decíamos ––cumple repetirlo,–– ya han cambiado tanto las costumbres, se han
ensanchado de tal modo las sociedades, viene extendiéndose de tan rápida manera la ilustración,
que la mujer, por punto general, ha cesado de ser la oscura sierva la sumisa esclava de ayer. Antes
se le vedaba, si no el pensar, a lo menos el manifestar su pensamiento y hasta ¡horror de los
horrores! se la confundía con el bruto, profesándose la tosca idea de que su alma, infinitamente
inferior a la del hombre, sucumbía junto con la materia: así se le negaba hasta el derecho a los
goces espirituales de ultratumba, se le quitaba, con su esperanza, el único alivio poderoso a hacer
llevaderos sus males vitalicios. Pero en el día, lejos de ser rechazada, encuentra a su paso la mujer
nobles corazones que acrecienten su entusiasmo, robustos brazos que le brinden apoyo, varoniles
manos que la aplaudan y puesto que casi han desaparecido los inconvenientes y la marcada
oposición que de espinas llenaban su sendero, de ella sola depende ganarse lauros y rodear de
honor su nombre, o perderse para siempre en las penumbras del olvido. ¡Raro prodigio de la
civilización en el cual toca la mayor gloria al cristianismo, a la sublime religión del amor y la
igualdad, a la que produjo, aun fuera del mundo en la estrechez y soledad de la clausura, las Teresas
de Jesús, las Marías de Agreda, las Ineses de la Cruz y otros cien privilegiados ingenios femeniles,
arrogantes flores del rosal monástico, llamadas a impregnar de celestial aroma sus tiempos y los
venideros y cuyas obras gala son y prez en la biblioteca del sabio profano como en la del místico!
321
Y en la época actual, en nuestro siglo, que es la edad de oro del genio, donde así caben las
más sorprendentes conquistas de la ciencia, como los más refinados progresos del arte, ¿cuál es el
papel de la mujer en el terreno de la literatura? Sin ir a buscarla allende los mares, sin elevarme
hasta Emilia Pardo Bazán, el águila de los espacios intelectuales, ni hasta Carolina Coronado, la
más fúlgida estrella del horizonte poético, separadas de nosotros por el tormentoso Atlántico, si
bien unidas por los lazos de la sangre y el idioma, os diré, señores, que aquí, en nuestra joven
América, bajo la sombra de los cocoteros y al calor de los andinos volcanes, hemos visto nacer y
desarrollarse sorprendentes talentos en el bello sexo. Como no me es posible fatigar vuestra
atención sobrada amable, no hablaré de todas las mujeres que han descollado en nuestros países
en el cultivo de las letras, no me referiré particularmente sino a dos: a la ilustre anciana Juana
Manuela Gorriti, que en el crepúsculo de su vida sigue asombrando al mundo con la fecundidad
de ese genio que ha sabido convertir en un laurel cada dolor del alma- según la galana expresión
de nuestro inspirado Amézaga ––y quien encantó en ya lejano día al público limeño desde la misma
tribuna que tengo la dicha de ocupar en este momento y a Gertrudis Gómez de Avellaneda, la más
grande y glorificada de nuestras poetisas. ¿Quién no conoce a esta insigne cantora? Nacida en esa
isla gentil llamada por Grilo “la Jerusalén del mar” y a la que José Joaquín Palma nombra “del mar
adorada esposa”, recorrió el mundo hollando flores, aspirando el incienso del aplauso y
escuchando por doquiera salvas de fervientes vítores; y aun después de muerta ella, apagado ya
ese foco de vívida luz que llevaba en la frente, su lira rota descansa sobre palmas y es lozano,
lauredal lo que señala su sepultura. Sus versos derramarían entusiasmo y despertarían ambición en
un corazón de mármol, pues nadie acaso mejor que ella comprendió la eternidad de la gloria, tan
calumniada de precaria, cuando dijo en su canto EL GENIO:
La gloria de Marón el orbe llena:
aún suspiramos con Petrarca amante;
aún vive Milton, y su voz resuena
en su querube armado de diamante:
rasgando nubes de los tiempos, truena
el rudo verso del terrible Dante;
y desde el Ponto hasta el confín íbero
el son retumba el clarín de Homero.
322
Parece que al escribir así, la inmortal Avellaneda hubiese entrevisto las inmarcesibles
coronas que le guardaba el porvenir y que se hubiese propuesto alentar con tan halagadoras
promesas a quienes adoraron los mismos ideales suyos.
Temerario sería exigir que todas las mujeres de cierta condición social se dedicasen a la
carrera literaria, convirtiéndose en escritoras de oficio; no digo exigirlo, pensarlo solamente,
envolvería tamaña necedad; pues ni todas tienen la inclinación grande, profunda, que el estudio ha
menester, ni en todas hay las aptitudes y dotes indispensables, ni todas, en fin, pueden consagrar
su vida entera al trabajo intelectual; pero no lo es el aconsejarles que la cultiven, siquiera como
cultivan la música y el dibujo; no lo es el desearles gusto y amor por ella. De ese modo, aun cuando
por si nada produzcan, encontrarán goce comprendiendo e interpretando lo producido por otros: si
para el sordo son iguales, o mejor dicho no son nada, todos los sonidos, si para el ciego son
idénticos, son la lobreguez misma, todos los colores, no habrá cosa bella para el que desconozca
la belleza.
En muchas de nuestras ciudades ––sobre todo en las que carecen de teatros y paseos
públicos–– suelen reunirse las familias amigas en tertulia semanal; y ora se entregan a los
gratísimos ejercicios de la música y el baile; ora a la charla, casi siempre insustancial y más que
todo, casi siempre no muy santa; ora, mientras las señoras conversan monótonamente en un ángulo
del salón, las señoritas se entretienen en tediosas laborcicas a la vuelta de la mesa. ¿No sería mejor
preferir a alguna de estas ocupaciones ––que tales deben llamarse, antes que diversiones,–– o al
menos entreverar con ellas, una que otra reunioncilla literaria, donde se lean y reciten, alternándose
con piezas de música, escogidas obras de mérito; donde se conozca y haga familiares a los grandes
escritores e insignes poetas; donde se descubran pequeños trabajos inéditos, que no han de faltar;
donde, en suma, se vaya formando el gusto y cobrando alas que quizá más tarde puedan llevar alto,
muy alto, el nombre de su dueño? Tal vez me equivoque al pensarlo; pero yo creo que a todos los
entretenimientos debiera anteponerse este, tan dulce como provechoso; porque sucede con
frecuencia que si hoy se da un paso con dificultad, siendo florido el camino, mañana se darán dos
fácilmente; y así, progresando con rapidez, llegarán a recorrerse grandes extensiones. ¿Quién
negará que la crisálida de hoy tiene que ser la brillante multicolora mariposa que mañana atraviese
los jardines en raudo vuelo, libando miel en el cáliz de las flores?........................
Entre nosotros, solo en los grandes centros y eso no en todos, ven la luz periódicos
meramente literarios: porque, afectos como somos por lo general a la política, ocioso es decir que
323
casi todas nuestras publicaciones no tienen otro principio ni otro fin que encomiar a sus respectivos
ídolos. ¡Cuánto bien no harían y cuán benévolamente no serían acogidos en nuestras sociedades
los periódicos amenos y recreativos, solaz del espíritu fatigado en mil luchas, oasis de reposo en
medio del arenal! Segura estoy de lo bien recibidos que, no cabe dudarlo serían y que aumentaría
notablemente el entusiasmo de sus fundadores ––entre los cuales descollarían bellos nombres
femeninos–– y por poco que adelantaran, algo ganarían en ilustración y cultura con tan delicado
ejercicio, moderada gimnasia de la inteligencia. A buen seguro que más de lo que ganan con fútiles
pasatiempos y frívolas conversaciones.
Yo me tomo la libertad de invitar a mis queridas compatriotas a que tributen culto a las
bellas letras, sea organizando pequeños círculos donde ensayar sus fuerzas, sea fundando amenas
publicaciones con el propio objeto. Bien merece esa deidad que se le formen sectas y se le erijan
templos y se le consagren oraciones; y ojalá mi voz, desautorizada, pero llena de buena intención,
hallara resonancia en el pecho de todas.
Cuanto a las bien dotadas, que descuidan el precioso cultivo de las buenas letras, ¿qué
decir? Son como el avaro, que ni goza ni deja gozar de su tesoro: de nada le vale poseer riquezas
a quien viste un traje hecho guiñapos y come tan pobremente como el último de sus siervos.
Mujeres hay en nuestra raza cuya imaginación, unida a las prendas del alma, serían parte a
engrandecerlas, engrandeciendo a la Patria común, con su dedicación a los estudios; mujeres que
elevarían hasta lo infinito los ejemplares de egregias escritoras y dulces poetisas.
Desgraciadamente, su exagerada modestia o la timidez de su carácter unas veces, el temor a la
crítica otras, la falta de estímulo muchas, son otras tantas fatales rémoras, que plegue a Dios
desaparezcan pronto: importa ya que la mujer se sobreponga a todas las dificultades; que rompa
ya las ligaduras que le estorban lucir su majestuoso andar, su regio talante; en una palabra, es
menester que siga ya el digno ejemplo, que aproveche las hermosas lecciones de las que,
respetando las aspiraciones del alma, han honrado y siguen honrando con su valioso concurso
nuestra joven literatura. Sí, las que poseen aptitudes, no deben contrariar tan noble vocación: antes
cumple que la fomenten y encausen, que la dejen ir, cual sesgo arroyuelo, a fecundizar los valles
serenos del Pensamiento.
Poco hace, queriendo demostrar la necesidad imperiosa de establecer una sociedad literaria
en una de nuestras más importantes ciudades, escribí un artículo de donde extracto los siguientes
párrafos, que, en mi humilde concepto, caben aquí:
324
“Las inteligencias que se hallan dispersas ––decía, hablando de los literatos–– deben
reunirse en un gran cuerpo; tanta chispa que revolotea sola, en un núcleo luminoso; y de esta suerte,
prestándose recíprocos favores, avanzarán resueltos por el camino que conduce a la gloria”.
“Al que vacila se le ayuda y se le proporciona apoyo decidido; al que se yergue majestuoso,
se le aplaude, y así, grandes y pequeños, fuertes y débiles, se enlazan en estrecha y fraternal unión”.
Sobre todo, los talentos femeniles, al hallar extensa órbita, embalsamarían el proyectado círculo
literario con el aroma de su alma, comunicando a la institución esa gracia y gentileza propia de sus
producciones, y salpicando de perlas los serios estudios de sus compañeros, como las trepadoras
y matizadas campanillas visten de galas los gruesos troncos que las sostienen, y les dan, en cambio
de su amiga sombra y eficaz auxilio, colores y fragancia.
“Ha de tenerse en cuenta que si bien es verdad que en el campo, en medio de la virgen
naturaleza y sin otros cuidados que los sabios que ella prodiga, nacen y se desarrollan las más
bellas y lozanas plantas, también es indisputable que encantan y seducen con magia irresistible los
magníficos jardines donde la mano del arte ha derramado el esmalte de su primoroso esmero”.
Siempre llamará más nuestra atención el fresco ramillete de aristocrática dama, en el cual se ven
combinados con arte y maestría los colores más variados, que la flor silvestre que abre su corola
entre las grietas de una peña.
“Preciso es tejer una red de oro y seda para aprisionar en ella tantas inteligencias separadas
aún; y de cuerdas de liras debe fabricarse una jaula destinada a encerrar mil ruiseñores de
armoniosas gargantas, a fin de que no se pierdan en el espacio tan gratos sones; sino que, al
contrario, unidos, formen himnos de incomparable melodía” 229.
Aparte de los mil beneficios que reporta la mujer de su progreso en el camino de la
literatura, de suficiente estímulo le serviría, si pudiese conocerlo de antemano, el cielo de supremos
goces que esa diosa espléndida y pródiga sabe reservar como recompensa a sus adoradores. Nada
son las amarguras que, como en toda humana empresa, hacen llorar al que la acomete, y que
asoman en ocasiones bajo el nombre de la crítica desalmada, o de rabia sorda, o de alevosa envidia,
nada: todo desaparece ante la dulzura de un aplauso, que, hijo de la justicia o de la indulgencia,
levanta aurora de dicha dentro del pecho, suena como música divina e indemniza al alma de todos
sus pesares. Puede decirse de él que es gota de ambrosía en copa de oro, a cuyo sabor delicioso
229
“El Álbum” de Trujillo ––1890.
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desaparecen todas las amarguras; rayo del cielo que alumbra las oscuridades de la vida y que,
rodeándonos de una atmósfera clara como el Sol, ¡nos sabrá guiar, como al pueblo escogido, a
través de los desiertos!
¡Ah! si yo pudiera comunicar esta bendita sed de aplausos a todas las mujeres de mi raza,
si marchando unidas nos fuera dado descubrir los inagotables manantiales de la inspiración y el
saber, ¡cuán opimos frutos no llegaríamos a cosechar! Aunque mis fuerzas son casi nulas, creo que
no por débil he de abandonar el campo; antes bien, procuraré correr, volar, siguiendo otras
peregrinas huellas, tras el soñado tesoro; y cuando me sienta desfallecer, buscaré a mi lado brazos
que me sostengan. Por eso quiero caminar bien acompañada: yendo asidas de las manos, nos
ayudaremos mutuamente, constituiremos una liga formidable y, acaso después de la cruzada, por
ruda y fatigosa que ella sea, podamos besar el polvo de los lugares sagrados.
Tócame ahora dirigiros la palabra, de modo particular, a vosotros, ilustres compañeros
míos, que sois los sacerdotes de la Idea en el Perú. La inmensa gratitud que vuestros favores han
derramado sobre mi pecho y la solemnidad del presente exaltan en este instante de tal suerte mi
fantasía, que yo os veo en ese estrado como en el Tabor de vuestra grandeza, transfigurados,
radiantes, envueltos en la irisada nube de la gloria. Veo vuestra sien ornada de apolíneas ramas y
decorado vuestro pecho con las insignias honrosas que os distinguen; y veo también que mientras
con el índice de la siniestra mano extendido señaláis el libro, el mapa, el telescopio, la cítara o el
cuadro, los atributos en fin, de las ciencias y las artes, en la diestra sostenéis la milagrosa ampolleta
de las consagraciones. Pródigos en demasía, acabáis de ungir mi humilde cabeza; y aunque
anonada, confundida con tan inmerecida distinción, llamo, no obstante, en mi auxilio el recuerdo
de que ese óleo santo comunica luz y gracia, inspiración y talento: es semejante al que en los
mejores días de Israel hizo de un pastor ignorado el gran monarca autor de los salmos inmortales.
Continuad, pues respetables colegas, en vuestra proficua labor; seguid como hasta aquí deslizando
alentadoras frases al oído del principiante y coronando de mirtos el talento ejecutoriado; pero,
singularmente, mostraos siempre generosos con la mujer que descuelle por su inteligencia y su
corazón: si al derrumbarse los templos paganos se destrozaron las trípodes y enmudecieron las
pitonisas; si ya las palmeras de Arabia no dan sombra a Déboras que administren justicia al pueblo
hebreo; si el fuego sagrado del pensamiento no exige imperiosamente que vestales romanas o
vírgenes indias lo sustenten; quédele a la mujer siquiera el derecho de seguir el mismo camino que
el hombre; y que con la luz de su cerebro o la ternura de su pecho, pueda conquistarse honores y
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fama imperecederos, devolviendo al mundo sus aplausos en la bendita forma de fecundas y
consoladoras enseñanzas.
Con una cita del autor español don Severo Catalina, abrí este modesto trabajo, séame lícito
cerrarlo con otra, también suya, no menos bella e interesante y sírvanle ambas de áureo broche.–
“En nuestro actual sistema de educación y aun de vida, dice, es muy difícil que broten mujeres de
vocación directa hacia los estudios serios; pero si brotan y se dan a conocer, serán por extremo
cobardes los críticos que las desalienten y por extremos egoístas los sabios que las menosprecien”.
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