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Misiones Jesuiticas

1) Fray Antonio de Montesinos cuestionó el trato que los españoles daban a los indígenas americanos, considerando que no era justo someterlos a trabajos forzados y que debían recibir educación cristiana. 2) Los jesuitas llegaron a América con el objetivo de propagar el catolicismo entre los nativos de forma pacífica, estableciendo reducciones donde los protegían de los colonos y les enseñaban oficios y la fe. 3) Las reducciones jesuitas en el Paraguay tuvieron é

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Misiones Jesuiticas

1) Fray Antonio de Montesinos cuestionó el trato que los españoles daban a los indígenas americanos, considerando que no era justo someterlos a trabajos forzados y que debían recibir educación cristiana. 2) Los jesuitas llegaron a América con el objetivo de propagar el catolicismo entre los nativos de forma pacífica, estableciendo reducciones donde los protegían de los colonos y les enseñaban oficios y la fe. 3) Las reducciones jesuitas en el Paraguay tuvieron é

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Ya desde el tiempo de la primera embarcación de Colón existieron varias interpretaciones sobre

el trato hacia los indios en el suelo americano. Fray Antonio de Montesinos cuestionaba el
trato que ejercían los españoles hacia los nativos americanos

Crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia
tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a questos indios? ¿Cómo los tenéis tan opresos y
fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que
les dáis incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?
¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios, y Criador, sean bautizados,
oigan misa, guarden fiestas y domingos? Estos ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?
(Methol Ferré, p. 3).

También, junto a Montesinos estaba Bartolomé de las Casas que a contra posición de ambos
dos se encontraba Sepúlveda desconociendo plenamente la humanidad en el indio americano.
A partir de las encomiendas y las mitas se puede observar como la conquista española se basó
en lo gubernamental y administrativo (lo laico), sin embargo afirma Popescu que

La conquista y colonización española de América se lograron mediante el empleo de dos sistemas


concomitantes: laico y religioso; el uno valiéndose del sable, el otro dejándolo a la Cruz: en uno
primó la fuerza material, en el otro la fuerza espiritual. Expresión del primero fueron las
encomiendas, del último las misiones (Methol Ferré, p. 3).

Se concluye entonces que existió tanto en el Estado como en la Iglesia una unión con el fin
de dominar y conquistar en el suelo americano. Como ya se mencionó anteriormente, el Fray
Bartolomé de las Casas que reconocía la libertad del indígena plasmó la idea de la palabra
católica y de la persuasión, respetando y no forzando a los indígenas. Es por ello, que en las
Misiones del Paraguay, a partir de los Jesuitas se tendrá una dialéctica entre el Evangelio y la
Dominación.
Los Jesuitas eran una Compañía católica con el fin de llevar la palabra del catolicismo a
distintos puntos del mundo, entre ellos América. Respecto a la ideología jesuítica, podemos
transcribir lo expuesto por Loyola en 1539

Nosotros hemos juzgado soberano expediente que cada uno de nosotros se comprometa por un
voto especial, de suerte que, todo lo que el Papa actual o sus sucesores nos ordenen para
beneficio de las almas y propagación de la fe, en cualquier país que se nos quiera enviar, nosotros
iremos sin tergiversar, sin excusas, sin retardo, en tanto dependa de nosotros; nosotros nos
obligamos a obedecer, sea que se nos mande a país de Turcos o de otros Infieles, cualesquiera
sean, mismo en lo que se llama las Indias, o también con todos los heréticos y cismáticos, o entre
los fieles (Methol Ferré, p. 4).

Como también podemos agregar cuál era el fin último de las misiones jesuíticas, mencionado
por el mismo Loyola

El objetivo último de toda misión es la evangelización, su requisito básico es el fomento del


progreso económico y social, como tal su más poderoso instrumento es la educación en todas las
dimensiones: espiritual y temporal; rural e industriar; primera, secundaria y universitaria (Reyes y
Vázquez, 1979, p. 305).
Capitan y Lorin (1948) afirman que los jesuitas tuvieron una gran propagación por todo
América Latina, comenzando desde California hasta las zonas pampeanas y del sur de Buenos
Aires.
Los jesuitas tocan suelo americano estableciéndose tanto en el virreinato de Perú como en
territorio brasilero. En 1554 Loyola envía al primer jesuita, Padre Manuel da Nobrega
instalándose en el suelo lusitano fundando la misión de Piratininga, en la actual Sao Pablo.
Luego, desde el virreinato del Perú, los jesuitas fueron descendiendo territorialmente
llegando a las zonas de la actual Tucumán y la Asunción del Paraguay, comenzando a instalar
sus doctrinas o reducciones (Capitan y Lorin, 1948, p. 330).

Una reducción es una aldea, compuesta de casas de madera que separan calles cuadrangulares,
trazadas en línea recta; la única construcción de cierta apariencia es la iglesia, casi siempre
construida de madera, pero a veces decorada en su exterior (…); está contigua a la habitación de
los misioneros (…), en el centro de la aldea, una gran cabaña, a la que circunda una empalizada, y
que sirve de ciudadela y de arsenal (…). No hay objetos de oro o de plata más que en la iglesia.
[los indígenas] eran bautizados de oficio, asisten regularmente a ceremonias del culto, se reúnen en
oraciones de la mañana y la tarde (Capitan y Lorin, 1948, pp. 335-336).

Las reducciones contaban con un cementerio y una “casa de recogida” que servía para alojar a
mujeres viudas y las esposas jóvenes mediante la ausencia de sus maridos. Se afirma además
que las casas de los indígenas no eran diferentes sino que todas eran uniforme y que a la hora
de dormir y descansar utilizaban la hamaca paraguaya, dejando de lado la manipulación de las
sillas o las camas. También contaban con un matadero propicio para la extracción de cuero y
carne para luego consumirla. (Reyes y Vázquez, 1979, p. 310).
Como objetivo de viaje los jesuitas tenían la predicación cristiana y la conversión de nativos.
Respecto al cuidado de las reducciones, como mínimo dos padres estaban al mando de cada una
de ellas.
Los votos que debía tener el jesuita que propague su pensamiento: la castidad, la obediencia,
la pobreza y un cuarto que sería la obediencia directa al papa. El que quisiera ser jesuita debía
seguir una educación de catorce1 años más conocido como “los Ejercicios Espirituales” cuyo
fin era el de convertir a paganos y ateos o a indígenas de otras religiones hacia la cristiana.
Existía además “un jesuita líder” en América denominado el General de la Compañía2 (Cuya
sede era la Candelaria).
Un aporte que genera el tercer Concilio Limense (Lima, Perú – 1582 - ) es la implementación
de una biblia trilingüe: quechua, aymará y castellano. Sin embargo, fue el franciscano Luis
Bolaños quien traduce la biblia en guaraní para así hacerlas aplicar en las Misiones paraguayas.
La misión evangelizadora en la actual Paraguay se basó de dos principios: primero el aislar al
indio del español con el fin de alejarlo de un sojuzgamiento y el maltrato de europeos, sin la
utilización de la violencia y luego la conversión a una fe cristiana aceptando además su
1
Se “requería cualidades que además de virtud, obediencia y vocación, garantizasen la presencia de adecuados
conocimientos, resistencia corporal, abnegación y humildad. Para ser admitido en la Compañía, el candidato
efectuaba dos años de pruebas, pero para alcanzar el privilegio de salir como misionero estas pruebas se
extendían hasta diez y aún veinte años” (Reyes y Vázquez, 1979, p. 305).
2
Respecto a sus jerarquías “cada pueblo tenía la dirección de un Sacerdote, asistido por una decena de caciques,
pues los jesuitas mantuvieron la organización tradicional de los guaraníes, ampliándola en su dimensión,
transfigurándola y dándole nuevo sentido. Con el tiempo se comenzó a organizarla autoridad civil de los Pueblos,
con Cabildos electivos todos los años” (Methol Ferré, p. 9).
sumisión ante el Rey de España. Además respetaron la jerarquización de la sociedad aplicada
por los guaraníes, de tal manera que le pusieron el título de Don al cacique (Reyes y Vázquez,
1979, pp. 303-306). Se puede concluir el respeto que tenían los jesuitas hacia las costumbres
guaraníes. Además respetaron ídolos y mitos religiosos que tenían consigo en sus tradiciones
para vincular y luego inculcar la religión católica.

El águila sagrada por los aztecas les servía para hablar del Espíritu Santo; el cacique
Condorcanqui, jefe de una insurrección contra las autoridades españolas en el siglo XVIII (…),
profesaba una religión popular en la cual las ideas cristianas se combinaban con recuerdos del
culto incaico del sol (Capitan y Lorin, 1948, pp. 331-332).

En lo que respecta territorialmente, los jesuitas se encontraron en el suelo paraguayo y en sus


alrededores con indígenas de la raza tupí-guaraní. Esta raza tenía como particularidad la
lengua que utilizaban. Eran conocidos como “los buenos salvajes”. Entre sus recursos
alimenticios y económicos podemos remarcar la pesca, la caza, agricultura rudimentaria.
Socialmente mantenían una descendencia matrilineal y la poligamia era un acto que se repetía
comúnmente. Cada tribu tenía consigo un cacique (de puesto hereditario) y religiosamente
creían en un Ser Supremo denominado Tupa (Methol Ferré, p. 5).
Como se ha mencionado anteriormente, en la época que habían llegado los jesuitas a suelos
paraguayos, la forma de trabajo que se ejercía era la encomienda. La encomienda fue
cuestionada principalmente por las ordenanzas de Alfaro, dándole un lado más “humanista” al
estilo de vida guaraní de aquella época y enfocándose principalmente en el servicio personal
ejercido del español colono hacia el guaraní. Sucede los primeros del siglo XVII. En 1617
cuando asciende a la gobernación del Paraguay Hernandarias.

Y será Bolaños el gran maestro de los jesuitas en el mundo guaraní. Hernandarias, apoyado
por los dos primeros obispos de Asunción, los frailes franciscanos Martín Ignacio de Loyola y
dominico Reginaldo de Lizárraga, llama a los jesuitas que constituyen en 1607 su Provincia del
Paraguay, poniendo al frente al Padre Diego de Torres. Lo que fue tarea emprendida por los
franciscanos adquirirá entonces una dimensión sistemática, metódica y de una envergadura
inaudita (Methol Ferré, p. 6).

En la población de América en esa zona, se estima que hubo 40.000 españoles y 500.000
indígenas3. Aunque la diferencia entre ambos es totalmente abultada esto no fue problema para
los jesuitas, pues “sin armas, internándose de más en más la selva, comienzan un sorprendente
y vertiginoso proceso de atracción evangélica de los indios, superando todo género de
dificultades” (Methol Ferré, p. 6).
Las Misiones generaron sus frutos demostrado en la cantidad de indígenas reducidos con el tiempo.
Un posible argumento de esta masividad indígena es que al compararse su trato en las encomiendas,
en las misiones se encontraban más protegidos y no explotados 4. En 1700 tuvieron a 100.000
indígenas (el doble que hacía cincuenta años) y en 1732 llegaron a la cifra de 150.000. Al ampliarse
la población también se amplían los radios territoriales. A principios lo que fue la ubicación en el
3
“Durante el ciclo de la Estabilización de las Misiones, que duró más de un siglo, éstas reunían un total de 30
pueblos de dos a cinco mil habitantes cada uno” (Methol Ferré, p. 9).
4
“Los aventureros, desbordándose del Perú minero; descendieron hacia la provincia de Tucumán, donde existía
una colonia agrícola desde 1580, bastante numerosa para que el obispo, un dominicano, se lamentara de carecer
sacerdotes” (Capitan y Lorin, 1948, p. 333).
Paraguay las Misiones llegaron hasta el norte del Río Negro (hoy territorio uruguayo). Menciona
Methol Ferré que a causa de dicho suceso “tuvieron un papel decisivo en la toma de la Colonia del
Sacramento (…) así como en la fundación de Montevideo” (p. 7).
Los jesuitas tuvieron dos contrincantes demasiados fuertes. Por una parte los
encomenderos, que a causa de las misiones aplicadas por la compañía cada vez perdían más
mano de obra y por otro lado los bandeirates, encargados de proveer indígenas y negros que
cazaban desparramos en las selvas. “Bandeirantes y encomenderos, con la complicidad de
autoridades lusitanas y españolas, tendrán alianza implícita y explícita para la destrucción y saqueo
de las Misiones” (Methol Ferré, p. 7). El gran conflicto con los bandeirantes tuvo su fin en 1641. En
ese año, las reducciones ubicadas en Mbororé (cerca del Ibicuy), presentaron batalla y armados
pudieron desarticular y eliminar a los bandeirantes. Esto produjo que las reducciones pudieran
trasladarse hasta la Banda Oriental, actual territorio uruguayo. Se le conoce al suceso como la
victoria de la batalla de Mbororé. Comienza en esta fecha el gran apogeo de las reducciones
jesuíticas. (Reyes y Vázquez, 1979, p. 309).
A partir del III concilio Limense se muestra a la evangelización como herramienta para que el
indígena pueda vivir políticamente en sociedad. Se remarca la importancia de enfocarse primero
en lo corporal y animal para luego basarse en lo espiritual.

Dejadas sus costumbres bárbaras y de salvajes se hagan a vivir con orden y costumbres políticas,
como es, que a las iglesias no vayan sucios y descompuestos, sino lavados aderezados y limpios;
que las mujeres cubran con algún tocado sus cabezas (…) que en sus casas tengan mesas para
comer y camas para dormir (…), lo cual todo no se ha de executar haciendo molestia y fuerza a los
indios, sino con buen modo y con cuidado y autoridad paternal (Methol Ferré, p. 8).

Se suele relacionar el vínculo de los españoles con los indígenas como el choque de dos
culturas, y en efecto fue así. Afirma Methol Ferré que no solamente se trataba de la
implementación de un nuevo idioma hacia los pobladores americanos sino que también
brindarles una “promoción de desarrollo”. Eran abismales las diferencia de planificación,
cálculo y previsión que cada cosa que hacían los españoles era visto de forma impresionante
por los nativos. Se puede resumir entonces que “para los europeos los indios eran como
‘niños’5, dada su peculiar inconsistencia ‘infantil’. Azara los definía como: ‘no se ocupan ni del
pasado ni del porvenir’” (Methol Ferré, p. 8). Esto llevó a que los jesuitas se basen en brindar
nuevas herramientas a los indígenas para que pudieran sacar provecho de la naturaleza y de su
forma de vida para que la sociedad que se quería inculcar fuera fructífera. Se centró tanto en
esta idea las misiones en un principio que tuvieron que dejar lo espiritual en segundo lugar para
enfocarse en lo material (o denominado también lo temporal)

Si lo temporal está bueno, lo espiritual va muy adelante; si malo, lo espiritual muy malo;
vense a los montes, bosques y campos, por caza y frutas silvestres y a las estancias de los ganados.
De ahí que los misioneros tuvieran necesidad de realizar una verdadera Asistencia Técnica en gran
escala, con una sistemática planificación económica (Methol Ferré, p. 8).

5
“Se encontraron con una profunda nulidad intelectual; se preguntaron durante largo tiempo si no habría que
considerar a estos desdichados como pertenecientes a una humanidad inferior (…). De esta concepción de
mentalidad indígena procedían reglamentos reales que definieron al estado civil de los indígenas como el de
minoridad perpetua” (Capitan y Lorin, 1948, p. 332).
En las Misiones jesuíticas se intentaba inculcar la cultura del trabajo. Esto va enmarcado en la
idea de la holgazanería6 presente en el indígena en aquel entonces. “[Los guaraníes] son
glotones, borrachos; se requiere arte para interesarlos en un trabajo del que ellos no perciben el
beneficio inmediato. La regla es tener constantemente su atención despierta, y no permitir
ningún instante de ociosidad social” (Capitan y Lorin, 1948, p. 336). Azara menciona que a la
hora de trabajar el guaraní lo tomaba como un jolgorio y hasta a veces iba cantando o haciendo
música. También son descritos como grandes habilidades a la hora de trabajar con madera y
hueso.
Los guaraníes pudieron ser grandes trabajadores dominando muchas materias primas
diferentes, “herreros, carpinteros, tejedores, estatuarios, pintores, doradores, torneros,
rosarieros, plateros, materos – o que hacen mates, que es la vasija en que se toma la yerba del
Paraguay -; y hasta carpinteros y organeros en algunos pueblos” (Reyes y Vázquez, 1979, p.
311).
Tenían una base económica agropecuaria basada principalmente a la yerba mate y la ganadería
bovina. La tierra7 era de propiedad del Tupambaé (propiedad de Dios). Era trabajada por todos
los indígenas y lo producido era distribuido para ellos racionándolos. También se utilizaba para
la exportación, generando así una entrada monetaria que servía para el pago del tributo a la
Corona, que consistía en “un peso por año y por indio que hubiera cumplido los dieciocho años
hasta los cincuenta años de edad, exceptuando sólo los caciques y mayorazgos” (Reyes y
Vázquez, 1979, p. 313). El sobrante era utilizado para la compra de herramientas necesarias
para un buen trabajo de la tierra como también manutención de los gastos religiosos. Se asume
que tienen rasgos “socialistas” o “comunitaria”. Sin embargo existía además el Abambaé
(posesión del indio) que se basaba en una pequeña parcela o chacra en la111 cual el indígena la
usufructuaba para el consumo personal y el de su familia. No era heredable. Constaba de un
trabajo de cincos días semanales. Pero el indígena solamente podía consumir lo suficiente para
tres meses. El resto era guardado en almacenes. En dicho almacenes iban a parar todas las
reservas pero no se confundían porque estaban etiquetadas con sus respectivos nombres.
Aunque la cosecha era del indio, tanto las semillas como el transporte eran de la comunidad. Se
intentó dejar de lado la tradicional poligamia introduciendo la monogamia. Había además un
itinerario que cumplir
Aunque algunas veces consideran que a la división de tierras se le debe agregar la tierra
Tavambae. La utilización de lo producido por esta tierra tenía fines públicos, ya sea el
mantener a las viudas, enfermos y huérfanos, se vendía para luego comprar materiales para la
construcción de carreteras y medios de transportes y gasto para la defensa de las reducciones.
Se concluye entonces que tenemos tres tipos de tierras: “la tierra del indio”, “la tierra de Dios”
y la “tierra del pueblo”.
Las herramientas de trabajo eran propiedad del indígena (instrumentos de labranza, arreos de
caza y pesca, lanzas, hondas, arcos y flechas). Los animales de tracción y transporte eran de la
6
“Jamás consiguieron el ritmo de ese trabajar tuviera la celeridad del europeo. Lo que un español harían sin
prisas en una hora, el indio requería tres horas, si estaba solo, y cinco en compañía de otros, pues son grandes
conversadores entre sí y grandes materos” (Methol Ferré, p. 9)
7
“Todas las tierras se consideran comunes; las cosechas repartidas bajo la vigilancia de los padres; más tarde, los
lotes se asignan a cada familia, para sus cultivos de plantas alimenticias; los comunales son reservados y sirven
para pagar los impuestos debidos al rey, para el mantenimiento de los misioneros y conservación de la iglesia y
para introducir de fuera los artículos usuales que la reducción no producía (…), todas las reducciones cultivaban la
yerba mate, que llegó a ser el objeto de una considerable exportación” (Capitan y Lorin, 1948, p. 336).
comunidad. Aunque se consideraba la semilla como propiedad del indio que la plantaba,
cuando había escasez de ellas se repartían.
Sobre la educación inculcada por los jesuitas se basaba en: lecciones de catecismo mediante la
ayuda de láminas ilustrativas (estampillas religiosas) y a los niños se le enseñaba la lectura y la
escritura de su lengua. No dejaron de lado además los cuidados higiénicos y se lamentaban la
carencia de recursos para la implementación de hospitales (Capitan y Lorin, 1948, p. 337).
Observaron los jesuitas que los indígenas tenían grandes dotes artísticos que se desarrollaban
tanto en la escultura como en la orfebrería. Estos obras creadas por los nativos eran utilizados
como adornos de las iglesias. Respecto a eso, los guaraníes desarrollaron grandes habilidades
para la creación de estampas religiosas. En los Colegios jesuitas también se daba la instrucción
del baile y la música. Se dieron cuenta los misioneros las grandes habilidades que tenían los
guaraníes manipulando instrumentos musicales, principalmente el arpa, la guitarra y los
violines. (Reyes y Vázquez, 1979, p. 312).
Existía un comercio entre pueblos basado en el trueque pues no se aplicaba la moneda en aquel
entonces. En síntesis

Una élite sacerdotal tuteladora y servicial basada en el consentimiento indígena, racionalizaba y


planificaba la economía, cuya motivación no era el lucro sino el establecimiento de las bases
sociales de sustento, relativamente constantes, para la incorporación del indio a una vida cristiana.
Esta extraordinaria experiencia de jesuitas y guaraníes, que fueron de una excepcional solidaridad
mutua, señala uno de los más grandiosos intentos del hombre para promover el desarrollo de un
pueblo primitivo, dentro de la justicia social y el respeto, a tal puma que no existió la pena de
muerte. Pero los sistemas de dominación iban a aplastar pronto esta singular comunidad
evangélica, que ha hecho evocar en la literatura todas las utopías comunistas imaginadas
(Methol Ferré, p. 10).

Para evitar tentaciones y desarmar el comercio del trueque entre las reducciones, los
comerciantes que venían de otros tambos para comprar (con dinero metálico) lo que producían
las misiones no podían permanecer más de tres días en ellas. Eran controlados por el Padre
Procurador (Reyes y Velázquez, 1979, p. 314).
Las misiones jesuíticas son reconocidas por sus grandes aportes administrativos. Tras su
obediencia y disciplina pudieron comandar a grandes números de guaraníes. También aplicaron
una reglamentada jerarquía. Eran traídos desde Europa personas capacitadas de muchas
ramas: psicólogos, ingenieros y arquitectos, y en lo que respecta a la medicina doctores y
farmacéuticos. Y no dejaron de lado la rama artística, exportando del viejo continente
escultores y pintores. (Reyes y Vázquez, 1979, p. 305). Todo lo expresado anteriormente
aportado por los jesuitas produjo inclusión e identidad hacia el indígena

La fuerza motora del solidarismo de estos pueblos, estaba constituida por el amor fraternal
cristiano y la magnánima Paternidad de Dios. Al pasar los años, el apego de los indios a los Padres
se volvió más fuerte del que sentían por sus caciques. El ejemplar comportamiento de los Padres,
bajo todos los aspectos, impresionó extraordinariamente (…) sobre todo al contrastar tan
radicalmente en el brutal sistema de los encomenderos (Reyes y Vázquez, 1979, p. 306).

El Tratado de Límites en 1750 modificó las zonas conquistadas principalmente para los
imperios españoles, lusitanos e ingleses, relegando terreno el primero nombrado. Es por ello
que existió el desalojo de varios pueblos que aplicaban estas misiones ante una indemnización.
Es obvio que se vio con malos ojos esta situación pues “los obliga a un perpetuo destierro de
su patria, a perder sus tierras nativas, cultivas y singularmente fecundadas (…), habiendo
perdido el fruto de su sudor, industria y afanes” (Methol Ferré, p. 10). Ante tal situación, los
indígenas fueron reglamentados por el Rey español la portación de armas, generando así, con el
paso del tiempo una creación de infantería, mosqueteros y honderos (Capitan y Lorin, 1948, p.
340). Esto se pudo revertir ante el ascenso de Carlos III en 1760. Aunque volvieron los
guaraníes a las zonas de anteriores donde se ejercían las Misiones, la cantidad fue la mitad.
En Europa tampoco las cosas pintaban bien para los Jesuitas. La pérdida de intelectuales a
causa del “siglo de las luces” junto a la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico
hicieron meya tanto en el Papa como en los que le dieron su voto de eterna obediencia. En
América se ejercían panfletos propagandísticos en contra afirmando que eran “un Estado
dentro del Estado”

El hecho cierto, era que los Jesuitas por estar sujetos directamente al Papado no dependían tan
estrechamente del Estado como los episcopados y demás órdenes, en el tiempo de las formaciones
nacionales y europeas y del Patronato Regio de la Corona de España. No eran tan domesticables
por los poderes temporales (Methol Ferré, p. 11).

Con la supremacía burguesa puesta en Europa se propaga a América. En este contexto existe la
pelea para librar a indios (hacerlos consumidores y compradores) y los jesuitas que fueron
sustituidos por los franciscanos no tuvieron demasiada preparación administrativa y los
correntinos como los paraguayos de esa época ya tenían como influencia el comercio y la
antigua encomienda. “La libertad de comercio terminó por descomponer todo el sistema
misionero, en complicidad con los burócratas” (Methol Ferré, p. 12).

José Artigas es el último gran capítulo de la historia de las Misiones. El primer caudillo de los
orientales fue el último de los guaraníes. Quizás allí resida la más profunda originalidad y fuerza
del artiguismo, la de haber conjugado dos tradiciones que parecían antitéticas: la existencial
de las Misiones y el mejor espíritu de las viejas Leyes de Indias, con las nuevas corrientes de la
Ilustración española. Lo que Azara no comprendía, fue lo más vital de Artigas. Por eso, el
artiguismo fue un profundo movimiento social revolucionario, el más grande que conociera la
Cuenca del Plata. De tal modo, las oligarquías lo rodearon con sus tenazas desde Buenos Aires
y Río de Janeiro. Y así, con la derrota de Artigas, se consuma también la tragedia definitiva de
las Misiones (Methol Ferré, p. 12).

Se ha descrito de una muy buena manera las misiones jesuíticas en lo que va de este
trabajo. Sin embargo existen otras versiones al respecto. Paso (1963) afirma que se tenía la
idea de feudo cuando se refería a la forma de trabajo de las misiones jesuíticas y hasta de sus
actitudes hacia los nativos americanos

En cuanto a la verdadera conducta y trato a los indios dados por los jesuitas, debemos decir que no
se diferenciaba del resto de los encomenderos. En el informe de don Gonzalo de Doblas está
explicada la repugnancia hacia las comunidades jesuíticas (Paso, 1963, p. 152).
También el autor remarca que existía siempre la explotación hacia los indígenas por parte de
los jesuitas, lo que dejaban de lado lo organizativo virando hacia el comercio. Respecto al
comercio, Paso (1963) afirma que los jesuitas tenían dominado el puerto de Santa Fe y que
además tenían una gran parte del cultivo de mate en América en su poder.
BIBLIOGRAFÍA
Capitan, L y Lorin, H (1948). El trabajo en América antes y después de Colón. Buenos Aires.
Argos. REP 18.
Methol Ferré, A (S/F). La conquista espiritual: Las misiones. Recuperado Agosto del 2019.
Disponible en [Link] REP 70.
Paso, L (1963). De la Colonia a la Independencia nacional. Buenos Aires. Futuro. REP 82.
Reyes, W. y Vázquez, A. (1979). Crónica general del Uruguay. Vol. 1. Montevideo. Banda
Oriental

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