Niño cambiado
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Troles con el niño cambiado que han criado, John Bauer, 1913.
En diversas leyendas y creencias populares europeas, un niño cambiado es el hijo de
un hada, xana, trol, elfo u otra criatura fantástica, dejado secretamente en el
lugar de un niño robado. La supuesta motivación para este cambio varía entre el
deseo de tener un sirviente humano, el amor hacia los niños o la simple malicia.
La realidad que se esconde tras muchas de estas leyendas es el nacimiento de niños
deformes o retrasados. En la antigüedad, la gente creía que una criatura
sobrenatural había cambiado a estos niños antes de que los padres hubieran tenido
tiempo de bautizarlos. Incluso en Irlanda, la explicación a la zurdera era la del
niño cambiado.
Índice
1 Historia
2 Adaptaciones literarias
3 Adaptaciones cinematográficas y series
4 Véase también
5 Referencias
6 Enlaces externos
Historia
El tema del niño cambiado aparece ya en el Satiricón de Petronio, uno de cuyos
personajes (Trimalción) narra la siguiente historia de horror:
—También yo os voy a contar algo espeluznante: ¡un asno en el tejado! Cuando
todavía llevaba el pelo largo (pues desde niño he llevado una vida de Quío)
falleció un día el esclavo favorito de nuestro patrón, una perla, por Hércules,
mimoso y cumplido en todo. Mientras su pobre madre lo estaba llorando y muchos de
nosotros la acompañábamos en el velatorio, de repente la emprendieron con él las
Estriges. Se diría que un perro perseguía una liebre.
Teníamos a la sazón un hombre de Capadocia , grande, que era bastante atrevidillo y
tenía fuerza: era capaz de alzar en vilo un buey furioso. Entonces éste, audaz, con
la espada desenvainada salió corriendo por la puerta, su izquierda cuidadosamente
envuelta, y atravesó por la mitad a una de estas mujeres, más o menos por esta
parte (¡salvo me sea lo que toco!). Oímos un gemido y (no voy a mentir) no pudimos
verlas. Nuestro fortachón, apenas entró, se echó a la cama, y todo el cuerpo lo
tenía amoratado, como herido a latigazos, porque (no cabía duda) lo había tocado
una mano nefasta.
Nosotros cerramos la puerta y regresamos a nuestra tarea, pero cuando la madre fue
a abrazar el cuerpo de su hijo, toca y ve un fantoche relleno de paja: no tenía
corazón ni intestinos ni nada; las Estriges, en efecto, ya habían escamoteado al
niño y habían dejado en su lugar un monigote de paja. Os lo ruego, es preciso que
creáis que hay mujeres que saben más de la cuenta, que hay Nocturnas, y lo que está
boca arriba lo vuelven boca abajo. En fin, el fortachón tras este suceso no recobró
nunca más el color; es más, a los pocos días murió en pleno delirio.1
En Escandinavia los padres solían poner un par de tijeras o un cuchillo sobre la
cuna de un bebé no bautizado, dado que se creía que la mayoría de los seres del
folclore escandinavo tenían miedo al acero. Si a pesar de todo el cambio ocurría,
las creencias populares aconsejaban tomar medidas mucho más drásticas. Una
tradición, que en la actualidad es bastante horrenda, era que la madre humana podía
obligar a la madre trol a devolver al niño si el niño trol era tratado con
crueldad. Así, había métodos tales como flagelar al presunto niño cambiado, tirarlo
a un montón de basura, e incluso meterlo en un horno caliente. En al menos una
ocasión una mujer fue juzgada por haber matado a su hijo en un horno.
En ciertas leyendas es posible detectar al niño cambiado porque este, aunque tiene
apariencia infantil, es en realidad una criatura centenaria. Cuando se les
descubría a tiempo, los elfos tenían que llevárselo de vuelta. Los cuentos de los
hermanos Grimm relatan cómo una mujer que sospechaba que su hijo había sido
cambiado empezó a preparar cerveza en la cáscara de una bellota. El niño cambiado
exclamó: «Aunque soy tan viejo como un roble del bosque, nunca he visto preparar
cerveza en una bellota» y desapareció. A lo largo de las leyendas europeas se
encuentra otra variante de esta estratagema: la madre pone a hervir al fuego
cáscaras de huevo, y el supuesto bebé, sorprendido, se delata diciendo «Cien años
va que nací, y nunca tantos pucheros vi» (versión asturiana),2 o «He visto la
primera bellota anterior al roble, ¡pero jamás había visto cocer en cáscaras de
huevo!» (versión británica).3
En un cuento sueco, el niño trol crece en una granja mientras el niño crece entre
los troles. Todo el mundo aconseja a la madre humana que maltrate al niño cambiado
para que los troles vuelvan a cambiarlo otra vez. Sin embargo, la mujer rehúsa
tratar al inocente pero inadaptado niño trol cruelmente y se empeña en tratarlo
como si fuera su propio hijo. Al final, su marido intenta quemar al joven trol,
pero la mujer lo rescata, así que el hombre se lo lleva a dar un paseo para matarlo
en el bosque. De alguna forma se arrepiente de su decisión y perdona la vida del
trol. De repente, su propio hijo regresa y cuenta a su padre que su amabilidad
rompió el hechizo y le liberó. La moraleja es que cada vez que alguien intenta ser
cruel con el trol, la madre trol tratará al niño de la misma forma.
En otro cuento sueco (como se muestra en la imagen), una princesa es secuestrada
por troles y reemplazada por su propia hija (bastante en contra de los deseos de la
madre trol). Las niñas cambiadas crecen con sus nuevos padres, y ambas se
convierten en hermosas jóvenes, pero encuentran difícil adaptarse. La chica humana
está disgustada con su futuro prometido, un príncipe trol, mientras que la chica
trol está aburrida como una ostra con su vida y su aburrido futuro novio humano.
Por casualidad ambas se pierden en el bosque enfadadas con las circunstancias de
sus vidas, y se cruzan sin darse cuenta. La chica humana llega al castillo, donde
la reina inmediatamente la reconoce, y la chica trol encuentra a una mujer trol que
maldice a gritos mientras trabaja. La chica trol se ríe, pues la mujer trol es
mucho más divertida que cualquier otra persona que haya visto, y su madre ve feliz
cómo su verdadera hija ha regresado. Ambas se casan el mismo día.
Las leyendas sobre niños cambiados abundan también en el folclore asturiano, en el
que se atribuye con frecuencia a las xanas o injanas, criaturas feéricas hermosas
pero no siempre benévolas, el cambio de bebés humanos por xanines, para que una
madre humana bautice y amamante a sus criaturas. El folclorista Aurelio del Llano
recoge, entre otras, esta leyenda:
Una mujer de Vidiago, concejo de Llanes, estaba sallando [limpiando de malas
hierbas] maíz junto a la cueva de Santa Marina. Y a la orilla de la finca donde
sallaba, tenía un niño acostado en una macona [cesto grande] a la sombra de un
cerezo. Cuando anocheció, la mujer cogió la macona con el niño, la puso encima de
la cabeza y se dirigió hacia su casa. Pero antes de llegar a ella se dio cuenta de
que le habían cambiado el hijo. Entonces fue a la cueva de Santa Marina y dijo:
—Injana mora, dame el mió críu y toma el tuyu. La injana contestó:
—Tráelo acá, mala mujer, no te lo di para que me lo criaras, dítelo para que me lo
bautizaras.4