Llamamiento de Eliseo
Llamamiento de Eliseo
19
Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la
última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.
20
Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar
a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?
21
Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio
al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.
5 Después el grupo de profetas de Jericó se acercó a Eliseo para preguntarle: —¿Sabías que hoy el
Señor se llevará a tu amo? —Claro que lo sé —contestó Eliseo—, ¡pero no digan nada!
6 Entonces Elías le dijo a Eliseo: —Quédate aquí, porque el Señor me dijo que fuera al río Jordán.
Pero una vez más, Eliseo respondió: —Tan cierto como que el Señor vive y que tú vives, ¡nunca te
dejaré! Así que siguieron juntos.
7 Cincuenta hombres del grupo de profetas también fueron y observaron de lejos cuando Elías y
Eliseo se detuvieron junto al río Jordán.
8 Luego Elías dobló su manto y con él golpeó el agua. ¡El río se dividió en dos y ambos cruzaron sobre
tierra seca!
9 Cuando llegaron al otro lado, Elías le dijo a Eliseo: —Dime qué puedo hacer por ti antes de ser
llevado. Y Eliseo respondió:
—Te pido que me permitas heredar una doble porción de tu espíritu y que llegue a ser tu sucesor.
10 —Has pedido algo difícil —respondió Elías—. Si me ves en el momento en que sea llevado de tu
lado, recibirás lo que pediste; pero si no me ves, no lo recibirás.
11 Mientras iban caminando y conversando, de pronto apareció un carro de fuego, tirado por caballos
de fuego. Pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado al cielo por un torbellino.
12 Eliseo lo vio y exclamó: «¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Veo los carros de Israel con sus conductores!».
Mientras desaparecían de su vista, rasgó su ropa en señal de angustia. 13 Entonces Eliseo tomó el
manto de Elías, el cual se había caído cuando fue llevado, y regresó a la orilla del río Jordán.
14 Golpeó el agua con el manto de Elías y exclamó: «¿Dónde está el Señor, Dios de Elías?». Entonces
el río se dividió en dos y Eliseo lo cruzó.
15 Cuando el grupo de profetas de Jericó vio desde lejos lo que había sucedido, exclamaron: «¡El
espíritu de Elías reposa sobre Eliseo!». Enseguida salieron a su encuentro y se inclinaron hasta el
suelo delante de él.
V. 20. Permíteme besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Es obvio que Eliseo entendía la
acción simbólica de Elías, aunque este no le había dicho nada. Al pedir que se le permita despedirse de
su familia, hacía solo lo normal y lo esperado. La respuesta de Elías ha sido enigmática para muchos:
Vé y vuelve; pues, ¿qué te he hecho yo? Pareciera, a primera vista, una forma de negar la petición. En
cambio, lo más probable es que Elías da permiso para que se despida de su familia si es que ha
entendido el significado de su investidura. Eliseo ha de seguir al profeta mayor.
V. 21. ...Luego tomó la yunta de bueyes y los mató. Eliseo ahora realiza una acción simbólica que no
admite ninguna duda. Al matar a una de las yuntas y al quemar el arado, dice que su vida anterior
termina. Al cocinar la carne para sus compañeros no tan sólo prepara una fiesta de despedida, sino
también los vocablos heb. implican que una especie de ofrenda sacrificial se está preparando para Dios.
...fue tras Elías y le servía. El verbo “servir” que aquí se emplea indica que Eliseo no servía en el
lugar de Elías sino desempeñaba el oficio del asistente principal del profeta. Es el mismo término que
se emplea para describir a Josué al servicio de Moisés (Exo. 33:11).
A raíz de la historia surgen algunas preguntas muy naturales: ¿Habría tenido Eliseo alguna
preparación antes de comenzar su ministerio profético? (ver 2 Rey. 2:8, 13, 14). También parece algo
extraño el mandato para ungir a Eliseo; hasta entonces solo se ungía a los sacerdotes y a los reyes (Isa.
61:1). ¿Hubo unción? No se sabe. Sí hubo una investidura cuando Elías echó su manto sobre Eliseo.
Algunos creen que la unción es solo el llamamiento y la investidura. Solo se sabe que después de la
fiesta de despedida, Eliseo se convierte en el ministro ayudante de Elías. Obsérvese que lo que hizo
Eliseo es muy parecido a lo que hizo Hernán Cortés en México, que quemó las naves para no tener que
volver a ellas nunca más. Y lo mismo hicieron los discípulos de Cristo: lo dejaron todo para seguirle.
Es interesante que con el nombramiento de Eliseo se pinta el penúltimo cuadro de la vida de Elías en
este libro. Lo volveremos a ver en acción en su último enfrentamiento con Acab (21:17–24).
Semillero homilético
Ni una mirada atrás
19:19–21
Introducción:
Cuando el Señor llama a alguien a su servicio, espera sumisión total. Eliseo es un ejemplo de uno
llamado a dejar lo de atrás y mirar adelante.
Conclusión: Eliseo sabía lo que Dios le quería decir a través de Elías. Por su respuesta adecuada y
apropriada, Dios lo bendijo en su ministerio. ¿Cómo responde usted?
2 Reyes 2:1-18
La ida de Elías al cielo y el inicio del ministerio profético de Eliseo, 2:1-18.
El fin misterioso y enigmático del ministerio profético de Elías se asemeja el desenlace sorprendente de
Enoc (Gen. 5:24) y secreto de Moisés (Deut. 34:5, 6). Se aproximaba su ida, porque ya Jehovah le
llevaría al cielo en un torbellino. Salió de Gilgal para Betel con Eliseo hijo de Safat cuando éste
insistió en acompañarlo; no solamente él sabía que Jehovah iba a llevar a su padre y líder
espiritual, sino también la comunidad de profetas en Betel lo sabía. Asimismo, después de dar rodeos
en la ruta, Elías llegó con Eliseo a Jericó cuando éste rehusó quedarse atrás. También lo sabían los 50
profetas de Jericó (v. 7), que servirían como testigos de la sucesión de Eliseo a Elías.
En el AT existen 11 referencias a los hijos de los profetas y, excepto por la primera, siempre ocurren en
relación con Eliseo. Probablemente hijo designa a un aprendiz en una hermandad en vez de un
descendiente de un profeta. De manera que se trata de personas llamadas a ser entrenadas para ser
profetas, como lo fue Eliseo. Una vez más, en Jericó, Eliseo rehusó quedarse atrás cuando Elías cruzó
el río Jordán en seco (v. 8); esto nos recuerda del éxodo con Moisés (Exo. 14:21) y la entrada en
Cananán con Josué (Jos. 3:17; 4:18). Se prueba la lealtad de Eliseo tres veces y tres veces promete y
demuestra su compromiso con su padre espiritual (vv. 2, 4, 6). (Demuestra tener la misma lealtad de
Rut [Rut 1:16, 17], y sus tres pruebas anticipan las de Simón Pedro [Juan 21:15–17] y del Hijo del
Hombre [Mat. 4:1– 11].) Su lealtad perseverante, que expresaba con la triple repetición del juramento o
promesa poderosa de ¡Vive Jehovah!, indicaba su determinación inquebrantable de seguir a su
maestro hasta el final de su jornada —costara lo que costara— y presagiaba un premio especial.
Cuando Elías preguntó a Eliseo qué quería, éste le dijo que quería una doble porción de tu espíritu (v.
9), la herencia legal del primogénito o del hijo mayor (Deut. 21:17). La palabra espíritu (ruaj) se refiere
a la energía vital que equipaba a uno con poder, sabiduría, valentía, fuerza y habilidad. De modo
que Eliseo deseaba ser el legítimo sucesor como encargado de los profetas y tener un ministerio que se
caracterizara con el poder enérgico de Elías. Elías reconoció que le pedía mucho y que no estaba dentro
de su poder concedérselo, pero le dijo que Dios le concedería ese honor solo si alcanzaba a ver a su
padre espiritual subir al cielo.
Efectivamente, fue un testigo ocular, rasgó su ropa en profundo pesar (comp. Gén. 37:34; 2 Sam. 1:11,
13:31; Job 1:20) y gritó como en desesperación, dolor y congoja (v. 12). Probablemente fuego aquí
simboliza la presencia de Dios. El carro y sus caballos de fuego que separaron a los dos hombres de
Dios nos recuerdan de la columna de fuego que guiaba a los peregrinos del éxodo. Con frecuencia el
torbellino se asocia con la venida de Jehovah como el momento cuando Dios habló con Job (Job 38:1,
40:6). Esta ida misteriosa de Elías nos prepara para su presencia en la transfiguración de Jesús (Mar.
9:2–9) y para el ministerio profético parecido de Juan el Bautista como precursor del Mesías (Mal. 4:4–
6), que conlleva una misión celosa de la predicación del arrepentimiento.
El grito de Eliseo: ¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel, y sus jinetes! (v. 12) refleja el carro y
caballo de fuego que acaba de ver y sugiere que Dios por medio del profeta fue el arma secreta
nacional contra los carros de Siria (comp. Deut. 20:1, 11, 12; 17:16, Isa. 31:1). Indica que Elías, como
representante de fuerzas espirituales invisibles, era de más valor para la defensa del país que todos sus
armamentos de guerra. Además, está claro que Eliseo completaría la misión de Elías, y como sucesor
sería el arma secreta nacional también (2 Rey. 6:8 al 7:20 y 13:14). sugieren que la parte final del grito
de Eliseo se trata de un título o un sobrenombre para Elías.
Usando la capa de Elías para partir las aguas del río Jordán, Eliseo regresó a la comunidad de profetas
de Jericó. Este acto de cruzar el río de la misma manera que Elías y Eliseo habían cruzado, fue la
primera confirmación pública de que el segundo era el heredero del poder y autoridad del primero.
(Contrasta el rey desobediente sin heredero con el profeta de Dios con uno.) La capa que Elías usó
para señalar la selección de Eliseo como discípulo y sucesor (1 Rey. 19:19) y para abrir paso por el
Jordán (2:8) no era mágica, pues fue el poder o el Espíritu de Dios que dividió el río como
efectivamente lo declararon los profetas (vv. 15, 16). Al arrodillarse delante de él, lo reconocieron
como su legítimo sucesor y líder. La capa simbolizaba su sucesión. Como Elías, se vería obligado a
continuar la confrontación entre los dioses ajenos y el Dios vivo en Israel (comp. 1:3, 6, 16; 3:11, 12;
5:8, 15 ). Los profetas pidieron el permiso de Eliseo para buscar a Elías al otro lado del río, porque no
lo vieron ascender y sabían que en otras ocasiones dicho profeta solitario e incomunicativo había
desaparecido (1 Rey. 18:12) solo para reaparecer después.
Al principio Eliseo les rehusó permiso, pero debido a su insistencia sintió vergüenza y les permitió. Sin
embargo, cuando regresaron y admitieron que no lo habían encontrado, el regaño de Eliseo no fue muy
duro. Elías se había ido definitivamente. Esta búsqueda infructuosa sirvió para una segunda
confirmación del nuevo liderazgo. Así se cumplió la palabra profética y quedó establecido Eliseo como
el líder y padre espiritual de los profetas de Jehovah
Semillero homilético
Cómo llegar a ser un siervo de Dios
2:1–18
Introducción:
Todos los cristianos somos llamados a servir a Dios. Pero algunos son llamados a ministerios
específicos. También además de ese llamado divino debe haber en todo siervo de Dios las siguientes
cualidades:
1. Seguimiento.
* Tenía que ser primeramente un discípulo.
* Tenía que seguir al maestro a todos lados y aprender de él (Betel, Jericó y el Jordán).
* El seguimiento cuesta todo (Luc. 9:23; 14:33).
* Eliseo deseó ser como Elías (v. 9) (1 Tim. 3:1).
2. Sobriedad.
* Tenía que ver cuando Elías fuera quitado de él (v. 12).
Debemos estar sobrios para ver la acción de Dios.
Debemos estar sobrios en todo tiempo (Mat. 26:41; 1 Ped. 5:8).
Debemos estar listos y vigilar porque Dios lo manda (Apoc. 3:2).
3. Servicio.
* No hay liderazgo sin una entrega al servicio.
* Hay necesidades y problemas que enfrentar (vv. 19 y 22).
* El servicio debe hacerse como para Dios. Con temor y temblor (Sal. 2:11).
* Con alegría (Sal. 100:2). )
* Con humildad (Hech. 20:19). )
* En espíritu (Fil. 3:3).
Eliseo significa “Dios es Salvación”, hijo de Safat de Abelmejola, pueblo del valle del Jordán (1 Rey.
19:16), su ministerio se extiende desde el rey Joram (852–841 a. de J.C.), y abarca los reinados de Jehú,
Joacaz hasta Joás (798–783 a. de J.C.), reyes de Israel.
Eliseo fue llamado en los últimos años del ministerio de Elías. Elías echó su manto encima de Eliseo.
El manto simboliza, en el Antiguo Oriente, la personalidad y los derechos de su dueño. Cuando se
atestiguaba en un juicio que una determinada suma de dinero pertenecía a alguien, se ligaba al borde de
su manto.
Eliseo perteneció a una familia rica (1 Rey. 19:19). Su partida no fue inmediata, pero sí total y
definitiva. Al destruir sus instrumentos de trabajo expresó su renunciamiento a esa vida y su total
consagración al ministerio profético.
En el segundo libro de Reyes vemos a Eliseo como “un hombre de Dios”. Fue un profeta que realizó
muchos milagros: curó las aguas y la tierra (2 Rey. 2:19–21); predijo la victoria de Israel y Judá contra
Moab (2 Rey. 3:4–27); multiplicó el aceite para la viuda (2 Rey. 4:1–7); resucitó al hijo de la sunamita
(4:8–37); sanó la comida envenenada (4:38–41); multiplicó los panes (4:42–44); realizó la curación de
Naamán el general de Siria (5:1–27); recuperó el hacha perdida (6:1–7).
Fue un profeta comprometido con su pueblo y sus intereses.
En el capítulo 19 se muestra “La Cura Divina para el Desaliento”. Elías se sentó debajo de un
enebro ... deseando morirse, 4. Para esta experiencia común de profundo desaliento, Dios tiene un
remedio cuádruple:
(1) Cuidado adecuado del cuerpo físico, 5–8;
(2) Una nueva revelación de Dios, oyendo del cielo “una voz callada y suave” 9–14, VM.;
(3) Una renovada misión, 15–16;
(4) Un amigo fiel, 18–21.
I. NARRATIVA DE ELIAS-ELISEO, 2 Reyes 2:1–25
El historiador abandona el relato de los reyes para prestar atención más de cerca al gran ministerio de
Elías y el principio del ministerio de Eliseo como su sucesor. Esta sección reanuda la narración de la
vida de Eliseo, a quien no se ha mencionado desde su breve introducción en 1 Reyes 19:19–21.
1. Despedida de Elías (2:1–12)
El Espíritu de Dios les había revelado a Elías, a Eliseo y a los profetas jóvenes que la partida de Elías
de este mundo estaba cercana (1, 3, 5). ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? (3)
puede traducirse: “El Señor te quitará a tu señor que va delante de ti” (Berk.). Elías y Eliseo fueron de
Gilgal (en la serranía a unos 12 kilómetros al norte de Bet-el) a Bet-el (2), Jericó (4) y un punto al otro
lado del Jordán (7). Los jóvenes profetas que habían recibido la revelación del traslado de Elías al
cielo, no tuvieron el privilegio de despedirlo personalmente: se pararon delante a lo lejos.
a. Ultimo ruego de Eliseo (2:9–10). “Que sean te ruego, dos bocas (“medidas”) en (de) tu espíritu
en mí” (9; Heb.). Este ruego ha sido a menudo mal interpretado como el pedido del doble del espíritu
que tenía Elías, de lo cual una indicación sería los milagros mayores que él realizó. Pero es más bien un
pedido basado en Deuteronomio 21:15–17, donde la misma expresión doble porción (9) se aplica a la
parte de la herencia del padre que recibía el hijo primogénito. Eliseo se consideraba como el “hijo
profeta” primogénito de Elías puesto que había sido llamado a sucederle como líder de los profetas (cf.
1 R. 19:19–21). También le preocupaba profundamente el entrar en posesión significativa de ese
espíritu que le pertenecía como primogénito. La respuesta de Elías fue que él no podía concederle su
petición; sólo Dios podía hacerlo. Pero si Dios le permitía presenciar la ascensión hacia el cielo, le sería
acordada la “doble porción” (10).
b. Elías arrebatado por un torbellino (2:11–12). Mientras caminaban los dos juntos, Elías fue
arrebatado al cielo. Los ardientes fenómenos que a Eliseo se le aparecieron como caballos y carros eran
característicos de las revelaciones especiales de Dios (cf. Ex. 19:16–25; Sal. 18:7–15). A Eliseo le fue
permitido ver este traslado, exclamando: ¡Padre mío, padre mío! (12). Fue un reconocimiento de que
Elías era su director espiritual y reverenciado predecesor.
2. Eliseo recoge el manto de Elías (2:12–25)
El manto de Elías cayó donde Eliseo pudiera recogerlo. El disponer del manto autenticaba la
recepción por parte de Eliseo de la “doble porción”. Era, en efecto, la confirmación divina de que él era
el sucesor de Elías y un símbolo de que el poder de Dios descansaría sobre él como había descansado
sobre Elías. Al regresar, Eliseo golpeó las aguas (14) del Jordán, como Elías lo había hecho antes (cf.
8). Entonces fue aceptado como el nuevo jefe de los profetas de Jericó (15). Permitió que un grupo
satisfaciera su curiosidad acerca de la partida de Elías; ellos pensaban que el anciano profeta habría
sido echado en algún monte o en algún valle (16). Usó sal para purificar un manantial en Jericó, cuya
agua era inepta para beber y regar. Hasta hoy (22) significaría hasta los días en que el historiador vivía.
Los versículos 1–15 aclaran lo de “La Doble Porción”. En este relato bíblico de la profunda experiencia
de Eliseo con Dios vemos:
(1) Un hombre de Dios que siente su necesidad frente a mayores responsabilidades, 1–3;
(2) Fue atento y persistente, 2–6;
(3) Vio el poder de Dios en la vida de otro, 7–8;
(4) Fue específico en su pedido, 9–10;
(5) Reunió las condiciones establecidas, 10–12;
(6) Ejerció fe y recibió seguridad, 13–14;
(7) Sus asociados reconocieron la diferencia, 15.
La pregunta de Eliseo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? (14) está llena de significación. El Dr. J.
B. Chapman acostumbraba decir que Eliseo tenía el manto, el símbolo de la función profética, pero que
quería tener también la presencia del mismo Señor.
Las lecciones de la vida de Elías pueden resumirse en relación con la gran frase de Eliseo.
(1) El Señor Dios de Elías es un Dios de cuidado providencial, 1 Reyes 17;
(2) El Señor Dios de Elías es un Dios que responde por medio del fuego, 1 Reyes 18:1–40;
(3) El Señor Dios de Elías es un Dios que escucha la oración, 1 Reyes 18:41–46;
(4) El Señor Dios de Elías es aún Dios “bajo el enebro”, 1 Reyes 19:4–18;
(5) El Señor Dios de Elías imparte su Espíritu a sus siervos, 2:9–12.
Volviendo a Bet-el, se acercaron a Eliseo unos muchachos que se burlaban de él (23) — ne’arim
quetannim, “niños pequeños” (BJ.) “mozuelos” (VM.). El los maldijo en nombre del Señor, después de
lo cual dos osas (VM.) salieron del bosque y los atacaron. No sabemos cómo reconciliar cabalmente
este incidente con el carácter de Dios o con la bondad del profeta. Si es posible tal reconciliación,
debemos suponer que los muchachos eran suficientemente mayores para ser moralmente responsables.
Keil ha sugerido que Eliseo pronunció la maldición a fin de vengar el honor del Señor que había sido
ofendido por sus insultos contra él. Luego fue al monte Carmelo (25) posiblemente para estar a solas o
para visitar a otro grupo de profetas. Eliseo retornó después a Samaria, porque Jezabel estaba allí y los
hijos de Acab eran inclinados al culto de Baal. Así se manifestó el poder milagroso de Dios por medio
de Eliseo al comienzo mismo de su liderazgo de los profetas. En esto había una sorprendente
confirmación de que era el escogido de Dios como sucesor de Elías.
Gilgal (1) fue el primer lugar donde los israelitas pararon después de cruzar el Jordán. Los israelitas
varones que habían nacido durante los años en el desierto fueron circuncidados allí y también fue allí
donde celebraron la Pascua (Josué 5).
Betel (2), a unos 24 km. dentro del área montañosa, fue el lugar donde Jacob se encontró con Dios
(Génesis 28).
Jericó (4), en el valle del Jordán no muy lejos de Gilgal, fue la primera ciudad que Josué tomó (Josué
6), y
El Jordán (6) había dejado de correr milagrosamente para permitir que Israel entrara a la tierra
prometida (Josué 3).
Aparte del desvío a Betel, la jornada tiene como foco los sitios asociados con la entrada de Israel a la
tierra prometida. El propósito de esto, o al menos el propósito que el autor tuvo para relatarlo, es atraer
la atención a los importantes papeles que Elías y Eliseo desempeñaron en la historia de Israel.
Eventos previos en la vida de Elías recuerdan aspectos del ministerio de Moisés, p. ej. igual que Moisés
Elías recibió una revelación de Dios en el monte Horeb, y la matanza de los profetas de Baal hace eco
de la tragedia del incidente de la adoración del becerro de oro (Exodo 32:25-29). Ahora lo vemos
cruzando al lado este del Jordán (de manera similar a como se cruzó el mar Rojo cuando Moisés era el
líder), donde también terminó el ministerio de Moisés.
Ciertamente, el fin de la vida de Moisés fue casi tan misterioso como el de Elías (Deuteronomio 34:6).
Las semejanzas entre las vidas de estos dos hombres se destacan en el NT cuando ambos aparecen para
hablar con Jesús en su transfiguración (Mateo 17:3). Hay un significado teológico en las semejanzas
entre Elías y Moisés.
Moisés fue el mediador del pacto en Sinaí/Horeb, también fue el profeta ( Deuteronomio 18:15;
34:10) por medio del cual Israel ocupó una relación de pacto y llamado el pueblo de Dios.
Elías fue el profeta por medio del cual el pueblo volvió al pacto del Sinaí y se salvó la posición
especial de Israel.
En breve, las semejanzas con Moisés intensifican dramáticamente la importancia de Elías en la historia
de Israel y en los libros de los Rey. en particular. Hábilmente resume la relación entre los ministerios
de Moisés y Elías: “Sin Moisés la religión de Jehovah como figuraba en el AT nunca hubiera
existido. Sin Elías habría muerto.” Si se identifica a Elías como un segundo Moisés, entonces sería
adecuado que Eliseo siguiera el molde de Josué. Tal como Josué sucedió a Moisés como líder del
pueblo, Eliseo sucedió a Elías al cruzar el Jordán sobre tierra firme y seca del este al oeste tal como lo
hizo Josué (14) y siguiendo en los pasos de Josué al pasar por Jericó (15-22). (Hasta el mismo nombre
de Eliseo nos hace recordar el de Josué.
Eliseo significa “Dios es salvación”, y Josué quiere decir “Jehovah es salvación”. La partida de Elías
demostró el poder y misterio de Dios. Eliseo y los grupos de profetas en Betel y Jericó lo sabían de
antemano (3, 5) pero finalmente ocurrió de manera imposible de describir claramente (11). La petición
de Eliseo que recibiera una doble porción del espíritu de Elías (9) refleja el derecho a la herencia que le
pertenecía al primogénito (Deuteronomio 21:17), y podemos ver una conexión entre esto y la manera
en que Eliseo se refiere a Elías como su padre (12). Viene a ser un pedido oficial de ser el heredero
del ministerio de Elías.
La condición que Elías impuso (10) probablemente se refiere a que Eliseo entendiera su partida y no
solo que fuera testigo de ella. El grito de Eliseo, carro de Israel y sus jinetes (12), demostró que él
apreció el hecho de que Elías era la verdadera fortaleza y protección del pueblo de Dios. Rasgó sus
ropas como señal de luto por la gran pérdida que esto representaba para el pueblo. Cuando Eliseo se
acercó al Jordán y éste se partió para él tal como se había partido para Elías, ese evento confirmó que el
espíritu que había sido activo en Elías ahora reposaba sobre él.
De modo que los profetas de Jericó lo reconocieron como su nuevo señor (15). Sin embargo, ellos no
habían entendido la partida de Elías tan bien como Eliseo porque insistieron en ir a buscarlo. Eliseo
sabía que eso era inútil (16-18).
En el siglo V a. de J.C., el profeta Malaquías predijo que el regreso de Elías iba a predecir “el día de
Jehovah, grande y terrible” (Malaquías 4:5). En su contexto esto indica a un profeta que repita el
ministerio de Elías, en particular llamando al pueblo a volver a Dios (Malaquías 4:6), pero condujo a
muchas especulaciones de que Elías iba a volver en persona (ver Mateo 17:10; Marcos 8:28).
Jesús indicó que el ministerio de Elías se había reanudado con Juan el Bautista, cumpliendo las
palabras de Malaquías ( Mateo 11:14; 17:11-13). Las compañías de profetas en Betel y Jericó
probablemente estaban entre los 7.000 israelitas fieles mencionados en 1 Reyes 19:18. Para más
comentario ver más adelante sobre 2 Reyes 6:1-7.
19. doce yuntas: El número de bueyes indica que Elíseo procedía de una familia acomodada, echó su
manto sobre él: El manto simboliza la personalidad y los derechos del poseedor (cf. Rut 3,9). El
manto tejido de pelo que usaban los profetas era uno de sus signos distintivos (cf. 2 Re 1,8; Zac 13,4);
echarlo sobre alguien equivalía a una investidura y una iniciación. 20. vuelve de nuevo: Es normal la
petición de Elíseo. La respuesta de Elias es enigmática; da la impresión de que éste se siente
contrariado, pero no hay razón para pensarlo, pues sus palabras únicamente significan «adelante;
¿acaso he hecho yo algo para detenerte?». 21. los sacrificó: El banquete sacrificial que se organiza en
el acto, al que son invitados los vecinos y que va acompañado de la destrucción de sus elementos de
trabajo, significa que Elíseo renuncia a su vida anterior para seguir SU NUEVA VOCACIÓN
como discípulo de Elias (cf. 1 Sm 6,14; 2 Sm 24,22-23). ayudante: Moisés tiene a Josué como
ayudante (Ex 24,13). También Elias tenía antes un ayudante (18,43-44), como lo tendrá más tarde el
mismo Elíseo (2 Re 4,12). Esta situación, aunque dependiente, debía incluir ciertas prerrogativas, pues
tanto Josué como Elíseo sucedieron en el ministerio a sus maestros; sin embargo, el ayudante de Elíseo,
Guejazí, parece haber sido un simple sirviente.
Ciclo de Eliseo (2,1-8,29). Generalmente se admite que el ciclo de Eliseo abarca de 2,1 a 13,21. Sin
embargo, como los versos entre 8,15 y 13,21, exceptuando el relato de la muerte de Eliseo (13, 14-21),
proceden de otra fuente, nosotros limitamos el ciclo de Eliseo a 2,1-8,29, incluyendo en él la historia
sinóptica de Joram y Ocozías de Judá, que se encuentra en 8,16-29.
Sea cual fuere la extensión original del ciclo de Eliseo, hay que tener en cuenta que el deuteronomista
no estaba interesado en escribir una biografía de este profeta, como tampoco lo estaba en el caso de
Elias. Ante todo quiere dejar bien sentada la autoridad de los profetas, demostrando además cómo se
cumplieron sus predicciones. Sobre esta base va seleccionando los materiales que le interesan en las
fuentes de que dispone.
1-18. Estos versos exponen la ascensión de Elías. 1. Guilgal: No es el lugar junto al Jordán que se
menciona en Jos 4,19ss, sino el que cae cerca de Betel. 3. Sobre los «hijos de los profetas», cf.
comentario a 1 Re 18,4; también Bright, Hist., 256-58. 8. golpeó las aguas: Elías reproduce los
milagros de Moisés junto al mar Rojo y de Josué en el Jordán. 2. doble parte: En Israel, el hijo
mayor recibía comúnmente doble parte de la herencia paterna. Lo que pide Eliseo es que se le
reconozca como principal heredero espiritual de Elías. 12. padre mío: Las relaciones entre el maestro
y el discípulo se expresaban mediante el empleo de los términos «padre» e «hijo» (cf. Prov, passim).
carros de Israel: Esta misma expresión es aplicada a Eliseo en 13,14 por el rey de Israel. Significa que
la fortaleza espiritual del profeta es más importante para Israel que sus carros, ya no le vio: Si bien
no se dice tal cosa, se deduce de ahí que Elías no murió. La tradición judía lo equipara a Henoc (Gn
5,24). Los escritores más tardíos hablan del retorno de Elías (cf. Mal 3,23-24; Me 6,15; 8, 28).
14. las aguas se dividieron: Al repetirse el milagro de Elías mediante la aplicación de su manto, Eliseo
queda confirmado por heredero de aquél, y el gremio de profetas lo reconoce inmediatamente por tal
(v. 15). 19. Se realiza un segundo milagro que confirma a Eliseo como heredero de Elías. La fuente ha
sido identificada como Ain es-Sultan, llamada también popularmente «Fuente de Eliseo». 23. calvicie:
No está claro si se refiere a un rasgo físico de Eliseo o a una especie de tonsura que distinguiría a los
profetas. 24. Los osos no dejaban de ser frecuentes en la antigua Palestina (cf. 1 Sm 17,34; Os 13,7-8).
Se narra este suceso para inculcar la reverencia debida a los profetas y, al igual que los dos
anteriores milagros, tiene por objeto confirmar la sucesión de Elías en la persona de Eliseo, como lo
demuestran los poderes milagrosos transferidos a éste.
Biblia del peregrino
19,19-21 El manto parece representar la dignidad profética: Elias acoge personalmente a Eliseo. Es
una elección.
2 El arrebato de Elias es un relato tras- cendental. Algún comentarista ha querido ex- plicarlo como una
tormenta de polvo, un simún ardiente que se lleva al profeta; o co- mo desarrollo de un título del
profeta, "carro y auriga". No ha faltado quien ha visto en estas páginas la reelaboración de un mito: el
caballo es animal solar; o bien el mito del fénix. Pienso que no es ése el camino para entender este
magnífico relato. Examinemos sus elementos fundamentales.
a) Ante todo el verbo Iqh = tomar, llevar- se, arrebatar. En 19,4 pedía el profeta a Dios: "Quítame la
vida" o llévate mi vida, llévame; en hebreo qah napshi. La petición se cumple ahora. El mismo verbo
con Dios por sujeto enuncia la liberación en Sal 18,17 y una sal- vación final y misteriosa en Sal 49,16
y 73,24.
El verbo hebreo ha sido traducido en griego por ¡arribano y en latín por assumere, de donde procede el
sustantivo assumptio, que origina nuestro término técnico "asunción". En cambio la subida o
"ascensión" se dice en el relato con el verbo 'Ih. Dios toma y se lleva lo que es suyo, la vida de su
profeta, cuando quiere y donde quiere; y no permite interferencias humanas.
2,1-18 La desaparición de Elias está contada en una tonalidad misteriosa, con un ritmo casi litúrgico.
Crean ese tono los rumores de las corporaciones proféticas, el presentimiento de Eliseo, la extraña
condición "si me ves"; misterioso es el desenlace, mientras que el intento de los profetas de buscar una
solución simple fracasa, subrayando el misterio. El ritmo convierte el viaje casi en una procesión que
podría terminar en un sacrificio: Betel - Jericó - el Jordán, paso del Jordán como rito de pasaje,
arrebato al cielo.
Lo podemos comparar con el otro gran viaje del profeta hacia el Sinaí, con etapas en Berseba, el
desierto, la montaña, hasta la teofanía, y el mandato de volver. Esta vez el paso del río sustituye al paso
por el desierto, y Dios está en el fuego; en cuanto a volver, eso le toca al sucesor. También lo podemos
comparar a una peregrinación y procesión litúrgica: subida al monte, paso por los atrios; al entrar en la
nave los dos elegidos, los demás quedan fuera; en el último reducto, donde está presente el Señor, sólo
entra el sumo sacerdote. Elias no vuelve a salir, porque ha visto al Señor; Dios se lo acerca y el profeta
sube en el fuego como un sacrificio vivo. Sólo que todo sucede en paisaje abierto y casi sin palabras.
No es que el autor haya utilizado expresamente un esquema litúrgico para su relato; se trata de una
analogía estructural basada en experiencia profundas. La liturgia quiere expresar dramáticamente, en
acción, el acercarse del hombre a Dios, o la atracción misteriosa e irresistible de la divinidad.
Al último encuentro el hombre llega sólo. Al principio encuentran grupos de profetas, después quedan
solos maestro y discípulo, al final se aleja Elias.
Y así el relato se carga de valencias simbólicas. Porque tenemos que recordar a Moisés y Josué ante
el Jordán: Josué pasará, para vivir, Moisés se quedará, para morir. Los israelitas podrán leerlo en el
futuro pensando en la marcha al destierro y el retorno, con las figuras proféticas de Jeremías, Ezequiel
y Baruc. Ensanchando el horizonte, el relato puede simbolizar la muerte del justo, arrebatado por
Dios aunque muera a manos de hombres violentos. De ellos dirá Sab 3,6 "los recibió como sacrificio
de holocausto"; y 4,10 "Dios se lo llevó, lo arrebató".
La historia se concentra en el maestro y el discípulo, los profetas hacen de coro y de testigos lejanos.
Algo así como el traspaso de Moisés a Josué: Moisés muere en el monte Nebo, y Elias desaparece en la
misma zona. Eliseo le sucede en el escenario de la historia: ¿llega Elias a crear una dinastía? La
naturaleza del carisma profético no permite la sucesión rigurosa y asegurada de maestro y discípulo.
2.8 El manto, en vez de vara milagrosa, como instrumento del poder taumatúrgico del profeta.
2.9 Dos tercios es la herencia del primogénito, la sucesión legítima. Nm 11.
2,13-14 Después de un rito de luto, recoge el manto del maestro; y al recogerlo, recoge su herencia,
queda "investido" de su misión. El mar Rojo fue dividido por el viento, el Jordán lo fue por el arca,
ahora es dividido por el manto del profeta.
Su acción política se extiende a los monarcas de Israel, Judá y Damasco; mediatamente al rey de Moab.
Las relaciones entre Israel y Judá son en un primer momento amistosas (cap. 3); las relaciones con Siria
son más bien hostiles. Asiría todavía no asoma en el mapa internacional.
Eliseo va desapareciendo. En el cap. 9 asume el protagonismo Jehú; en Judá será protagonista el
sacerdote Yehoyadá. es significativa la noticia inserta en 13,5 "El Señor dio a Israel un salvador que lo
libró de la dominación siria": ese salvador no es Eliseo. Tampoco literariamente el ciclo de Eliseo se
puede medir con el de Elias. No hay nada que pueda compararse con el juicio del Carmelo (cap. 18), el
viaje al Horeb (cap. 19).
2,19* Dudoso.
2,21 Puede recordarse el milagro de Moi- sés en Ex 15,25 y la gran trasposición del motivo en Ez 47,1-
12.
2,23-25 El episodio nos resulta desconcer- tante. Si la calva o tonsura era signo de su ofi- cio profético,
la burla tenía carácter blasfemo.
DEFINICI ÓN DE PERSISTENCIA
Para poder conocer a fondo el significado del término persistencia que ahora nos
ocupa, lo primero que hay que hacer es proceder a determinar su origen
etimológico. En este sentido, podemos decir que emana aquel del latín, y más
exactamente del verbo persistere, que puede traducirse como “mantenerse firme y
quieto”.
DEFINICI ÓN DE HUMILDAD
La humildad es la virtud que consiste en conocer las propias limitaciones y
debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento. El término proviene del
vocablo latino humilitas.
Podría decirse que la humildad es la ausencia de soberbia. Es una característica
propia de los sujetos modestos, que no se sienten más importantes o mejores que
los demás, independientemente de cuán lejos hayan llegado en la vida. Por
ejemplo: “El campeón del último Grand Slam de la temporada mostró su humildad
al pelotear durante más de dos horas con los niños que se habían acercado al
estadio”, “La estrella de Hollywood hizo gala de su humildad al saludar a cada uno
de los presentes”, “La humildad no es una característica propia de este cantante,
quien siempre critica a sus pares”.
Resulta interesante notar que, según se entienda la actitud de una persona, hay
una línea muy delgada entre la humildad y la ostentación. Conceptos de esta
naturaleza requieren de la observación del comportamiento ajeno para existir, y
esto da como resultado que un mismo hecho pueda ser percibido de diversas
formas. Cada uno carga con una historia, con una serie de experiencias positivas
y negativas que han colaborado en la construcción de una personalidad única e
irrepetible. Al mirar a los demás, no podemos evitar juzgarlos y, para ello, sólo
contamos con nuestra memoria.
Ante la necesidad de mostrar los propios logros surge un juicio por parte de su
entorno, y no todo el mundo está preparado para enfrentar los méritos ajenos. Si
observamos los fenómenos mediáticos, tiene muchas más posibilidades de ser
ampliamente aceptado un artista mediocre que uno talentoso, y más aún si finge
sentirse cerca de su público. No recibe tanto odio una adolescente que deja sus
estudios para criar a sus hijos, los cuales concibió como producto de su rebeldía y
su irresponsabilidad, como una científica que realiza un descubrimiento
revolucionario.
Esto nos demuestra que el común de la gente distorsiona el concepto de humildad,
convirtiéndolo en un servicio que consiste en no compartir con los demás aquellos
logros que puedan herir su orgullo por no haber conseguido algo semejante.
Retomando los dos ejemplos anteriores, seguramente nadie se enfadaría si un
programa de televisión regalara un coche a la joven madre para ayudarla en su día
a día; pero el Premio Nobel otorgado a una mujer que dedicó su vida entera a la
investigación puede generar un mar de envidia y ataques infundados.
La palabra humildad también puede utilizarse como sinónimo de pobreza, de falta
de recursos. Esto se puede apreciar en las frases «una persona humilde» o «un
barrio humilde». Cabe mencionar que este uso suele tener una connotación
positiva.
Las religiones suelen asociar la humildad al reconocimiento de la superioridad
divina; todos los seres humanos son iguales ante los ojos de Dios y deben actuar
en consecuencia. Para el budismo, la humildad es la conciencia respecto al
camino que se debe seguir para liberarse del sufrimiento.
Desde la filosofía, Immanuel Kant afirma que la humildad es la virtud central de
la vida ya que brinda una perspectiva apropiada de la moral. Para Friedrich
Nietzsche, en cambio, la humildad es una falsa de virtud que esconde las
decepciones que una persona esconde en su interior.