0
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN PARA MINIMIZAR EL IMPACTO
A NIÑOS Y NIÑAS VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL. TERAPIA COGNITIVO-
CONDUCTUAL
ANDREA MELIDA GÓMEZ PALACIOS
LIDA YANET BURBANO BUITRÓN
SANDRA LILIANA RAMÍREZ SANTOS
UNIVERSIDAD LIBRE DE COLOMBIA
FACULTAD DE DERECHO
ESPECIALIZACION PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE
CALI –VALLE
2014
0
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN PARA MINIMIZAR EL IMPACTO
A NIÑOS Y NIÑAS VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL. TERAPIA COGNITIVO-
CONDUCTUAL
ANDREA MELIDA GÓMEZ PALACIOS
LIDA YANET BURBANO BUITRÓN
SANDRA LILIANA RAMÍREZ SANTOS
Investigación para Optar por el Título de: Especialista en Psicología
Jurídica y Forense
Asesor: Dr. Liliana Fernanda Vélez Botero
UNIVERSIDAD LIBRE DE COLOMBIA
FACULTAD DE DERECHO
ESPECIALIZACION PSICOLOGIA JURIDICA Y FORENSE
CALI –VALLE
2014
1
Rector Seccional
Dr. Libardo Orejuela Diaz
PresidentaDelegada
Dra..Esperanza..Pinillos Saavedra
Decano Facultad de Derecho
Dra. Hoover..Salazar..Rios
Secretaria Académica Facultad de Derecho
Dra..Ofelia..Dorado Zuñiga
Coordinadora Especialización Psicología Jurídica y Forense
Dra. Sonia Sánchez Arteaga
Asesora de Investigación
Dra Lina Fernanda Vélez Botero
0
Nota de aceptación
________________________________
________________________________
________________________________
________________________________
________________________________
________________________________
_________________________________
FIRMA DE LA ASESORA
Cali Viernes 5 de Diciembre 2014
1
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN PARA MINIMIZAR EL IMPACTO A NIÑOS
Y NIÑAS VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL. TERAPIA COGNITIVO-
CONDUCTUAL
Gómez Palacios Andrea 1
Burbano Buitrón Lida Yanet 2
Ramírez Santos Sandra3
Resumen
Este artículo aborda una revisión teórico que analiza la intervención
terapéutica en niños que han sido víctimas de abuso sexual para minimizar el
impacto psicológico que este delito deja en sus víctimas. En ese sentido se
abordara los diferentes tratamientos que brinda la escuela conductual cognitiva,
sus diferentes técnicas como la psicoeducativa, el desahogo emocional, la
escucha activa y las técnicas que se utilizan en algunas de estas terapias.
Palabras Clave: Abuso sexual infantil, Terapia Conductiva-cognitiva.
Abstract
This article discusses a review theoretical parses therapeutic intervention
in children who have been victims of sexual abuse to minimize the psychological
impact that this crime on its victims. In that sense the different treatments that
provides school cognitive behavioral, their different techniques such as the
educational, emotional relief, active listening, and techniques that are used in
some of these therapies will take
.Key words: Child sexual abuse, therapies Conductiva-cognitiva. .
1
Psicóloga. Defensoría ICBF Regional Valle. [Link]@[Link]
2
Psicóloga. Centro Zonal Macizo Colombiano ICBF Regional Cauca. [Link]@[Link]
3
Trabajadora Social Centro Zonal Sur ICBF Regional Cauca. [Link]@[Link]
0
INTRODUCCIÓN
El abuso sexual infantil es un fenómeno que tradicionalmente se ha
mantenido oculto y que, aunque en la actualidad despierta un creciente interés
y una enorme preocupación, aún permanece invisible en la gran mayoría de los
casos. “En Colombia, según datos de medicina legal, se presentaron 11.333
casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes menores de 17
años, entre enero y septiembre del 2013. Del total de los casos, el 83 %, es
decir 9.243, corresponden a niñas.” (El Espectador, 2013). Según las
estadísticas, aproximadamente cada hora dos niñas son abusadas sexualmente
y los principales agresores corresponden al 39% por parte de un familiar, el 9%
un conocido sin ningún trato, el 9% un amigo y el 8% un vecino. (El Espectador,
2013)
Entre enero y abril del 2014, Atención Integral a Víctimas de la Fiscalía
General de la Nación ha denunciado 1.364 de abuso sexual contra menores en
Colombia. (“Aumentó un 52% el maltrato infantil en Colombia. El ICBF reportó
13.670 denuncias de este tipo en lo corrido de 2014”, 2014)
Las consecuencias de este abuso se pueden observar ya sea a corto
plazo como a largo plazo, sino se hace un tratamiento efectivo, son en general,
muy negativas para el funcionamiento psicológico de la víctima, sobre todo
cuando el agresor es un miembro de la misma familia y cuando se ha producido
una violación de manera prolongada.
Si bien hay una cierta correlación entre el abuso sexual sufrido en la
infancia y la aparición de alteraciones emocionales o de comportamientos
sexuales inadaptados en la vida adulta. No deja de ser significativo que un 25%
de los niños abusados sexualmente se conviertan ellos mismos en abusadores
cuando llegan a ser adultos. El papel de los factores amortiguadores -familia,
relaciones sociales, autoestima, etc.- en la reducción del impacto psicológico
parece sumamente importante, pero está aún por esclarecer (Cortés y Cantón,
1
2011; Echeburúa y Corral, 2006; Pereda, Gallardo-Pujol y Jiménez Padilla,
2011).
En cuanto a la intervención no solo se observa la variable tiempo,
también existen factores determinantes. Así Arruabarrena (1996) distingue el
tipo de intervención según su grado de urgencia. No es igual una intervención
en el momento de la crisis que una intervención a medio o largo plazo. El tipo
de intervención depende también de las necesidades específicas del menor y
de la severidad de sus problemas (Arruabarrena y de Paúl, 1994). Según
Peterson y Urquiza (1993) deben tenerse en cuenta además, las características
del niño: edad, capacidad verbal, madurez emocional, etc. En cuanto a la
duración del tratamiento, Gallardo (1997) distingue los que pueden ser
desarrollados a corto, medio y largo plazo.
Desde el modelo psicodinámico, se han utilizado programas basados en
el psicodrama y la terapia de juego. Desde el modelo humanista los
tratamientos más utilizados han sido los basados en la terapia centrada en el
cliente, desde los que se intenta potenciar la auto-aceptación y autorrealización
del menor. Se han propuesto también programas denominados de soporte o de
apoyo al menor y a la familia, que son los ofrecidos de forma rutinaria desde los
servicios de atención del menor y la familia.
Las aproximaciones terapéuticas que se han investigado científicamente
para tratar a menores víctimas de abuso sexual provienen de diferentes
modelos psicológicos. De todos ellos, los tratamientos más investigados son los
basados en el modelo cognitivo-conductual, de entre los cuales cabe destacar
el tratamiento centrado en el trauma, o específico de abuso. Este modelo de
tratamiento implica la aplicación de diversas técnicas terapéuticas, entre las que
se incluyen el modelado, el entrenamiento en habilidades de afrontamiento, la
exposición gradual, el procesamiento cognitivo y afectivo y la educación sobre
el abuso sexual, sexualidad sana y habilidades de seguridad personal.
En el presente trabajo se enfocara en el modelo cognitivo- conductual
para intervención de menores violados sexualmente.
0
METODOLOGIA
El nivel de investigación que se realizara es investigación teórico o
conceptual, obtendremos la información de trabajos ya realizados, es decir, de
fuentes secundarias. Se seguirá el esquema teórico que nos sirve de guía para
la búsqueda de la información empírica en cuanto a datos concretos a niños y
niñas víctimas de violaciones sexuales y su tratamiento, para así observar los
diferentes tratamientos y el impacto que ha tenido en esta población.
APROXIMACIÓN CONCEPTUAL: ABUSO SEXUAL, TERAPIA
CONDUCTIVA-COGNITIVA
Si bien no existe un criterio inequívoco y consensuado, aceptado por
toda la comunidad científica, sobre lo que debe o no considerarse como abuso
sexual a menores, así como a las diferentes terapias que existe para intervenir
a los/as menores víctimas. Se procurara hacer una aproximación en cuanto a
su conceptualización.
La palabra abuso sexual tiene diferentes concepciones, como se planteó
anteriormente, dependiendo desde la óptica en que se observe, es decir, desde
el ámbito jurídico y psicológico, no obstante en este trabajo investigativo
entenderemos el abuso sexual desde una óptica psicológica, sin dejar de lado
los aportes que nos ha brindado los estudios institucionales como los de
medicina legal y la fiscalía en cuanto abusos a menores.
En este sentido Fernández, Fernández C., & Garrido (2008) entienden,
el abuso sexual como “una forma de violencia que atenta, no sólo contra la
integridad física, sino también psicológica del/a menor. En este sentido, un
abuso sexual constituye un acto sexual impuesto a un/a menor que carece del
desarrollo emocional, madurativo y cognoscitivo para consentir en dicha
actividad.”(pg. 5) Destacan tres importantes, sin embargo tres importantes
criterios; el primero la asimetría de la edad, el segundo hace referencia al tipo
de estrategias de coerción que pone en juego el agresor/a para someter a la
1
víctima, que implican la utilización de presión o engaño, la sorpresa e incluso la
seducción, y en un menor número de casos la fuerza física (9, 11).Por último, el
tercer criterio se refiere al tipo de conductas sexuales que se mantienen,
considerándose que deben incluirse todas las formas manifiestas de conducta
sexual con o sin contacto físico. (Fernández et al., 2008)
Por otro lado la Save The Children (2001) define como abuso sexual,
cuando hay “contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el
adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a
otra persona. El abuso sexual puede ser también cometido por una persona
menor de 18 años cuándo esta es significativamente mayor que el niño
(víctima) o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre
otro.” (Pg. 14)
Por ultimo Hartman y Burgess (1989) definen El abuso sexual infantil
(ASI) como “contactos e interacciones sexuales entre un menor de edad y un
adulto o entre menores de edad si existe una diferencia de cinco años entre
ellos, o si el niño/adolescente agresor se encuentra en una posición de poder o
control sobre la víctima, aunque no haya diferencia de edad”. (P.49)
Dentro de esta investigación abuso sexual se retomó el concepto de
Hartman y Burgess, adhiriendo así mismo, que este se puede dar por cualquier
forma de contacto físico con o sin acceso carnal, con contacto o sin contacto
realizado sin violencia o intimidación y sin consentimiento. Pude incluir:
penetración vaginal, oral, anal, penetración digital, caricias o proposiciones
verbales explicitas. (Save the Children, 2001: 14)
Para el tratamiento para este tipo de abusos se han establecido
diferentes teorías y terapias una de las más importantes, es la conductual-
cognitiva. Dentro del conductismos encontramos se debe resaltar, su principal
estudioso y fundador, fue el psicólogo estaudinense John B. Watson, el cual
plantea que el conductismo pone el énfasis sobre la conducta observable (tanto
humana como animal), que considera que ha de ser el objeto de estudio de la
0
Psicología, y las relaciones entre estímulo y respuesta, más que en el estado
mental interno de la gente (aunque Watson nunca negó la existencia del mundo
privado o íntimo). En su opinión, el análisis de la conducta y las relaciones era
el único método objetivo para conseguir la penetración en las acciones
humanas y extrapolar el método propio de las Ciencias Naturales (el método
científico), a la Psicología.
Probablemente, el eslabón más débil de la psicología conductista se
encuentra en la consideración del ser humano como algo parecido a una
máquina, pues si bien el principio de acción-reacción debe tenerse en cuenta, lo
mismo sucede con aspectos tan importantes e influyentes como las emociones
o los sentimientos. No obstante es uno de los procedimientos, aunque
cuestionados en algunos aspectos, más efectivos.
Por el cognitivismo podemos entender como cualquier acto relacionado
con el conocimiento, partiendo de las funciones inherentes al ser humano de
almacenar, recuperar, reconocer, comprender, organizar y utilizar la información
que se percibe a través de los sentidos. El Cognoscitivismo es de manera
simplificada, el proceso independiente de decodificación de significados que
conduzcan a la adquisición de conocimientos a largo plazo y al desarrollo de
estrategias que permitan la libertad de pensamiento, la investigación y el
aprendizaje continua en cada individuo, lo cual da un valor real a cualquier cosa
que se desee aprender. De aquí entonces se desprende el paradigma del
Constructivismo, “un marco global de referencia para el crecimiento y desarrollo
personal.” (Ferreiro, 1996)
Con respecto a la terapia conductiva-cognitiva, existe un extenso número
de trabajos tanto teóricos como empíricos, sin embargo lo que se hizo en el
presente artículo fue hacer una aproximación conceptual, sin dejar de lado los
estudios de caso que se han hecho al respecto.
Según Minici, Rivadeneira & Dahab (1996), la Terapia Cognitivo-
Conductual posee cuatro pilares teóricos básicos. El primero de ellos, surge a
1
fines del siglo pasado a partir de las investigaciones del fisiólogo ruso Ivan
Pavlov, quien accidentalmente descubre un proceso básico de aprendizaje que
luego llamará Condicionamiento Clásico. Muy sucintamente dicho, se trata de
un proceso por el cual los organismos aprenden relaciones predictivas entre
estímulos del ambiente. En el experimento típico de Pavlov, un perro aprendía a
salivar ante el sonido de un metrónomo cuando éste había sido presentado
sucesivas veces antes de la administración de comida. De esta manera, el
sonido juega el papel de una señal que anticipa la aparición de un fenómeno
relevante para la vida del organismo, el cual responde en consecuencia. Hacia
el año 1930, las investigaciones de F. B. Skinner plantean la existencia de otro
tipo de aprendizaje, el Condicionamiento Instrumental u Operante, proceso por
el cual los comportamientos se adquieren, mantienen o extinguen en función de
las consecuencias que le siguen. Hacia la década de 1960 los trabajos
encabezados por Albert Bandura comienzan a conformar un nuevo conjunto de
hipótesis, cuyo énfasis recae en el papel que la imitación juega en el
aprendizaje. “Las investigaciones llevadas a cabo en esta línea cobran cuerpo
en la "Teoría del aprendizaje social", desde la cual se afirma que el aprendizaje
no sólo se produce por medio de la experiencia directa y personal sino que,
fundamentalmente en los seres humanos, la observación de otras personas así
como la información recibida por medio de símbolos verbales o visuales
constituyen variables críticas.
La Terapia Conductual-Cognitiva le puede ayudar a cambiar la forma
cómo piensa ("cognitivo") y cómo actúa ("conductual") y estos cambios le
pueden ayudar a sentirse mejor. A diferencia de algunas de las otras "terapias
habladas", la Terapia Cognitivo Cognitiva (TCC) se centra en problemas y
dificultades del "aquí y ahora". En lugar de centrarse en las causas de su
angustia o síntomas en el pasado, busca maneras de mejorar su estado
anímico ahora. (Royal Collage of psychiatrists. Sf)
En ese sentido es importante estudiar, tanto las diferentes formas de
prevención y atención inmediata del abuso a menores, como también estudiar y
0
aplicar las diferentes formas de intervención no solo de parte de los psiquiatras,
psicólogos, sino la participación que en ese caso debe tener la familia, la
escuela, y en general del entorno del/la menor abusado/da.
Las consecuencias del abuso sexual pueden manifestarse en una
inadaptación del menor a distintas esferas de su vida cotidiana. Por lo que a la
actual temática respecta, el desarrollo de creencias y actitudes erróneas
relacionadas con la esfera sexual suele ser algo muy habitual entre las víctimas
de malos tratos. En este sentido, es importante el proceso de intervención y
terapia, tanto en el periodo de la denuncia de la agresión, como en el proceso
de tratamiento.
Es relevante entonces que en estos procesos se tenga en cuenta como
las respuestas afectivas de los niños abusados sexualmente, que suelen
relacionarse con el miedo, cólera o ira, así como con sentimientos de
autoinculpación, sensación general de indefensión o impotencia. Su continuidad
en el tiempo hará que el/la menor los estabilice e incorpore en su manera de
ser, conformando así las directrices para el desarrollo de una personalidad
insegura y ambivalente; con todo ello, y si las prevenciones no han sido las
adecuadas, la probabilidad de desarrollar trastornos psicopatológicos en la
edad adulta, tales como trastornos de personalidad antisocial, así como
comportamientos agresivos de diversa índole, se incrementaría
considerablemente.
De aquí la importancia que se estudie de manera más profunda los
efectos no solo de la violación como tal a largo plazo, sino las terapias que se
hacen a las victimas abusadas y los efectos posteriores a estas terapias.
Del Barrio (1994) hace referencia a la terapia desde la perspectiva
conductual y cognitiva. En cualquier perturbación, siguiendo esta técnica se
eligen las conductas con las que se va a trabajar en función de su relevancia,
frecuencia y facilidad para modificarla; planificando además la correcta
aplicación de premios y castigos, en el tema en concreto de los menores
1
abusados es basado en cambio de patrones de conducta o trasformación de los
mismos, para disminuir los pensamientos en eventos traumáticos.
Por su parte las Teorías Cognitivas parten de que en las conductas
inadecuadas o en los síntomas existen atribuciones causales y pensamientos
distorsionados que los generan. Se trata de reestructurar los patrones de ideas
negativas. Habría que tratar al niño en técnicas de autocontrol tanto del
pensamiento como del propio cuerpo y control de las preocupaciones,
estrategias de resolución de problemas y en habilidades sociales. El
entrenamiento en asertividad, dentro del campo de las habilidades sociales,
significaría enseñar al niño a defender o establecer los propios derechos sin
agredir ni ser agredido (Del Campo y Lopez,F 1999).
Siguiendo a Echeburúa y Guerricaechevarría, (2000) la actuación iría
encaminada a los siguientes logros:
a) Reestructuración cognitiva: Esta técnica iría pues, enfocada a
detectar y a modificar los pensamientos distorsionados en relación con
la situación de maltrato y abuso.
b) Entrenamiento en habilidades específicas de afrontamiento
dirigidas en primer lugar a reducir los niveles de ansiedad por medio de
la técnica de relajación muscular progresiva; en segundo lugar, a
controlar las preocupaciones mediante las técnicas de detención del
pensamiento y de distracción cognitiva y la programación de actividades
incompatibles
c) Entrenamiento en habilidades de resolución de problemas que
se define según Rodríguez Naranjo y Gavino (1997) como un proceso
cognitivo comportamental que ayuda al sujeto a hacer disponibles una
variedad de alternativas de respuesta para enfrentarse con soluciones
problemáticas y a incrementar las respuestas más eficaces de entre
esas alternativas.
Técnicas de tratamientos Conductivas- cognitivas
0
Como se puede observar, los signos y síntomas de los menores
abusados sexualmente y en los que concuerdan los especialistas, se detecta
una afectación emocional, cognitiva y conductual. Entonces, es claro que el
proceso terapéutico, en aras de lograr la recuperación de la víctima, deberá
hacerse a través de técnicas variadas. Se puede intervenir de manera
individual, grupal y en la medida de lo posible con apoyo familiar;
independientemente de la alternativa elegida, es indispensable reconocer las
habilidades que el niño(a) tienen, su edad, su desarrollo biopsicosocial.
(Delgadillo, Gonzales & Velázquez, 2013) Así mismo, es importante que el
terapeuta cuente con un conocimiento amplio sobre el abuso sexual, como el
tener una claridad y conocimiento sobre las técnicas que aplica, contar con
habilidades para la atención con infantes.
Lo anterior, en virtud que los niños se tornan hipersensibles y en
consecuencia requieren de contactos empáticos, ya que no amenazantes, hay
que recordar que estos hechos causan vergüenza y que el expresarlos resulta
difícil para los menores; por eso, es necesario darle su tiempo para que
adquieran la confianza necesaria y puedan sentirse cómodos y tranquilos en el
los espacios que se han acondicionado para su terapia.
Para niños y niñas menores de 9 años se recomienda la terapia
cognitiva-conductiva centrada sobre todo en cuatro aspectos: sexualización
traumática, estigmatización, sentimientos de impotencia y de traición.
(Delgadillo, Gonzales & Velázquez, 2013) Mediante esta técnica el terapeuta
hará un repaso de todas aquellas distorsiones cognitivas presentes en el sujeto,
pues son estas las que propician el desarrollo de determinadas conductas que,
bajo la perspectiva del sujeto, responden a lo normal y socialmente aceptable.
Así pues, será la reestructuración cognitiva la técnica mejor catalogada para dar
cabida a las consecuencias que el abuso ha depositado en el menor. En el caso
de los niños mayores y adolescentes, la terapia de grupo suele dar resultados
bastantes esperanzadores a largo plazo, pues, la envergadura de una patología
1
suele abarcar la mayor parte de nuestra vida. Respecto al formato grupal
Aguilar (2009) advierte algunas consideraciones, teniendo en cuenta a la hora
de conformar los grupos: descartar aquellos menores con algún tipo de
trastorno emocional o conductual grave; la no inclusión en el grupo de aquellos
hermanos con los que se mantengan actitudes de distanciamiento y/o
conflictivas; la temporalidad y número de sujetos que componen cada grupo;
etc. La eficacia de este tipo de terapia se ha visto respaldada por las ventajas
que supone para el menor; a saber:
- Proporción de un contexto menos amenazante para la intimidad y más
abierto a las relaciones sociales.
- Permite al menor seguir interactuando y mantener el contacto con sus
iguales, pues saber de tal situación en otros niños les hace aceptar la causa
con mayor naturalidad y no sentirse culpables del trauma sufrido. (Aguilar,
2009, Pg. 29)
En el tema puntual de la terapia conductiva- cognitiva del Estrés
Postraumático (TEPT) en caso de violación a menor de edad, Guerra y Plaza
(2009) destacan dos métodos según sus argumentos altamente eficaces:
1. Los tratamientos que incorporan elementos de la inoculación de estrés
como la psicoeducación sobre el trauma, entrenamiento en relajación muscular,
reentrenamiento en respiración, juego de roles, modelamiento encubierto, auto-
diálogo guiado y detención de pensamiento, ya que permiten a los pacientes
comprender y controlar sus reacciones ante el trauma (Botero, 2005). 2. Los
tratamientos basados en la exposición, ya que rompen la asociación entre el
evento traumático y la respuesta emocional condicionada, favoreciendo la
extinción de esta última (Baguena, 2001. 7).
En el tema de la Psicoeducación es una técnica que consiste en la
entrega de información al paciente en aspectos referidos a su problemática, de
manera de capacitarlo en el desarrollo de estrategias que le permitan afrontar
situaciones conflictivas. Se ha elegido esta técnica, ya que combina la
educación sobre la problemática a enfrentar con la entrega de estrategias de
0
resolución de problemas (Belloso, García y De Prado, 2000). Botero (2005)
señala que la educación sobre el trauma es una herramienta útil en el abordaje
terapéutico ya que le permite a los pacientes comprender su sintomatología y
los elementos necesarios para superarla.
La utilidad de esta técnica ha sido descrita por Canessa y Guerra (2009)
destacando que ayuda para el afrontamiento de situaciones altamente
amenazantes, ya que contribuye a modificar pensamientos pesimistas y les
permite planificar estrategias de afrontamiento a las situaciones difíciles.
(Guerra y Plaza, 2009, Pg.29)
Las técnicas de “detención del pensamiento” consisten en que, ante la
aparición de un síntoma intrusivo, el paciente utiliza una clave verbal dirigida a
detener el pensamiento displacentero (Cía, 2001). Agrega que utilizar esta
técnica en exceso contradice los principios de la exposición al evento
traumático, ya que se constituye como una estrategia de evitación que perpetúa
la sintomatología del TEPT.” (Guerra y plaza, 2009, Pg.9) A juicio de Wolpe
(1958), “esta técnica resulta útil sólo en aquellos momentos en que al paciente
le resulte imposible exponerse al pensamiento traumático.
Por su parte, la técnica de “control del pensamiento” es una derivación de
la detención de pensamiento. Su diferencia radica en que permite que la
persona detenga la cognición perturbadora, que luego la evoque
voluntariamente y que finalmente la detenga o cambie por otra, también de
forma voluntaria (Caballo y Buela-Casal, 1998). De esta manera el paciente
puede detener y luego exponerse de forma voluntaria al pensamiento sin
perpetuar la sintomatología evitativa. Es por estos que Guerra y plaza solo
recomiendan la técnica de control de pensamiento.
“La relajación” como forma de entrenamiento, permite a los pacientes
adquirir el dominio de una respuesta incompatible con la ansiedad, que
favorece la exposición gradual a los estímulos aversivos. La elección de esta
técnica se justifica ya que es una herramienta útil para el control de la activación
1
fisiológica asociada al estrés (Trujillo, 2007). “El procedimiento básico consiste
en entrenar al paciente en el control de su propia tensión corporal mediante la
realización voluntaria de una secuencia de ejercicios en que se tensan y luego
se relajan diversas zonas musculares que habitualmente se asocian al estrés.”
(Guerra y Plaza, 2009)
Por ultimo esta la “desensibilización sistemática”, corresponde a una
técnica de intervención terapéutica, orientada a disminuir sintomatología
conductual de miedo y evitación. “En términos generales, consta de dos
componentes centrales. El primero se orienta a enseñar al paciente una
respuesta contraria a la ansiedad. El segundo componente se orienta a la
elaboración, y posterior exposición progresiva del paciente a estímulos
provocadores de miedo.” (Guerra y Plaza, 2009)
El origen de la técnica corresponde a Wolpe (1958), el cual ideó la
Desensibilización Sistemática, con la finalidad de reducir las reacciones de
ansiedad.
Guerra y Plaza exponen que el fundamento central del procedimiento
está basado en el condicionamiento clásico pavloviano. La hipótesis de base es
que una respuesta de ansiedad ante un estímulo provocador de miedo puede
eliminarse o debilitarse desarrollando una respuesta contraria a ésta (la
relajación). De acuerdo a Wolpe (1976, 1981), el mecanismo que explicaría la
desensibilización sistemática es la inhibición recíproca.
Por otro lado cuando el abuso es intrafamiliar, Echeburúa y
Guerricaechevarría (2014), entregan algunas herramientas, lo primero que
sugieren es proteger a la al niño/a, ya sea por medio de la familia, y separarlo
de ella solo si es necesario, es decir, si se encuentra en peligro el/a infante,
para que no exista una re victimización. Esto lo determinarían los servicios
sociales de infancia, policía, fiscalía. La segunda, sugerencia el terapeuta debe
ayudar a los familiares a comprender lo sucedido, sobre todo cuando se trata de
un abuso crónico intrafamiliar que ha tenido lugar sin su conocimiento o
sospecha. Se trata de explicar la dinámica del proceso abusivo, la ambivalencia
de la víctima respecto al abusador (el pacto de silencio establecido) y las
0
motivaciones del agresor, a efectos de evitar los sentimientos de culpa por no
haber cumplido con su función protectora y de facilitar la toma de decisiones
adecuadas.
Dentro de la intervención terapéutica, propone Echeburúa y
Guerricaechevarría (2014) realizar una evaluación exhaustiva del estado
psicológico de los miembros de la familia y de las estrategias de afrontamiento
utilizadas. Los ejes del tratamiento son los siguientes:
-Negación del abuso por parte de los familiares; la utilización de la
negación como estrategia inadecuada de afrontamiento y sustituirla por otras
que favorezcan la aceptación del abuso como paso previo para adaptarse a la
nueva realidad.
-Sentimientos de culpa, de fracaso e incapacidad y de estigmatización;
La sensación de fracaso como padres en su función de protección del menor y
su temor ante el futuro generan un profundo malestar emocional y una
percepción como padres defectuosos e incapaces.
- Rabia, resentimiento y deseos de venganza: El rencor, la ira y los
deseos de venganza surgen con frecuencia en estos casos y son de difícil
manejo a nivel clínico. Por todo ello, es importante abordar estas emociones
negativas a través de una serie de pasos. En primer lugar, el familiar
afectado debe aceptar que constituyen emociones lógicas tras un impacto
semejante y que son habituales en muchas personas en sus mismas
circunstancias. En segundo lugar, el familiar no debe resistirse a la hostilidad y
la rabia, que son reacciones esperables, sino aprender a canalizarlas
adecuadamente. Y, por último, en consonancia con lo anterior, se debe llevar a
cabo un entrenamiento específico en control de impulsos y una reestructuración
cognitiva para hacer frente a las ideas disfuncionales que el sujeto irá poniendo
en práctica de forma habitual en su vida cotidiana.
- Ansiedad, depresión y baja autoestima
La sintomatología ansioso-depresiva es la más habitual en estos casos y
tiene como consecuencia un cambio en la autoestima, que conlleva una
1
percepción más negativa de sus propias capacidades y cualidades. El clínico
debe considerar todas estas variables y abordarlas a nivel terapéutico mediante
técnicas de relajación y reestructuración cognitiva, así como mediante
estrategias orientadas a reforzar la autoestima en la vida cotidiana y a recuperar
un ritmo de vida adaptativo y gratificante.
- Deterioro de las relaciones familiares y de pareja: las relaciones familiares
pueden verse afectadas por una multitud de sentimientos encontrados. Así,
la víctima puede sentirse culpable por haber mantenido oculto el abuso, pero
al mismo tiempo responsabilizar a las figuras cercanas por no haberse
percatado de la situación abusiva y no haberla protegido. (Pg. 471)
Para tratar el abuso en la victima, proponen diferentes fases. La primera
es la psicoeducativa, objetivo inicial en esta fase con la víctima es poner
nombre a lo sucedido. El menor debe conocer el significado de la sexualidad de
una forma eficaz, objetiva y adaptada a su nivel de edad. Se utilice o no el
término abuso en función de la edad o del nivel de comprensión de la víctima, lo
que resulta fundamental es recalcar que se trata de una experiencia impuesta,
bien sea por la fuerza o, en la mayoría de las ocasiones, por el abuso de poder
y el engaño.
La segunda fase es la terapéutica esta debe abarcar tanto el desahogo
emocional y la expresión de los sentimientos experimentados como la
intervención específica sobre las secuelas cognitivas, emocionales,
conductuales y sexuales sufridas.
a) Elaboración cognitiva y emocional del abuso: Los menores tienden a
utilizar la disociación o la negación de la experiencia como mecanismos
inapropiados de superación del trauma. Una y otra protegen a la víctima de un
trauma que no puede ser procesado adecuadamente en la conciencia. En estos
casos, es necesario ayudar al menor a re-experimentar las emociones habidas,
a reconocer la intensidad de las mismas y a discriminarlas adecuadamente. Se
trata de enseñarle que son reacciones normales a una situación fuera de lo
normal. El objetivo último es facilitar que el menor digiera adecuadamente el
0
atracón emocional que ha experimentado y que es responsable de los síntomas
existentes (Echeburúa y Guerricaechevarría, 2000).
En este sentido el terapeuta puede recurrir a técnicas como la escucha
activa, la narración dirigida y/o cualquier estrategia que facilite la expresión
emocional del menor (dibujos, fichas, cuentos, juegos, etcétera), todo ello en
función de su desarrollo evolutivo y de sus capacidades y recursos.
b) Sentimientos de culpa y vergüenza
La eliminación de los sentimientos de culpa y de vergüenza del menor se
aborda mediante técnicas cognitivas encaminadas a reevaluar y modificar las
ideas distorsionadas que los producen para ajustarlas a la realidad de los
hechos. El menor debe comprender que el único responsable de lo sucedido es
el agresor y ser consciente de los motivos que le han llevado a permanecer en
silencio hasta ahora. Todo ello puede llevarse a cabo mediante la discusión
racional, la exposición a ejemplos o relatos representativos y la lectura de
materiales o de cuentos específicos y juegos. La intervención de la víctima en el
proceso judicial requiere una preparación específica.
c) Sentimiento de estigmatización, tristeza y baja autoestima En primer
lugar, el terapeuta debe hacer consciente al menor de que el abuso sufrido
constituye una experiencia negativa de su pasado y de que, sin embargo,
puede recuperarse y lograr una vida normal. Y en segundo lugar, hay que
modificar los pensamientos distorsionados y favorecer una imagen personal
positiva y no estigmatizada de la víctima. El objetivo es integrar los aspectos
positivos y negativos que forman parte de su forma de ser, así como potenciar
la atención selectiva a las cualidades mientras se abordan las debilidades o
defectos que puedan solucionarse. Se trata, en definitiva, de ayudar a la víctima
a continuar adelante con su vida (estudios, relaciones interpersonales, vida
familiar, etcétera), proyectándola hacia el futuro con una visión positiva
(Echeburúa, 2004).
e) Ansiedad, miedos y conductas de evitación
1
La reducción del nivel de ansiedad, se puede incluir una técnica de
relajación, debido, principalmente, a que, además de disminuir la ansiedad y
facilitar el sueño, favorece la sensación de control en las víctimas y propicia una
autovaloración más positiva. De hecho, se cuenta en la actualidad con un tipo
de relajación progresiva adaptado a niños de diferentes edades (cfr. Echeburúa
y Corral, 2009).
A veces la ansiedad se refiere al temor a acostarse (sobre todo cuando el
abuso tuvo lugar en la cama o en la habitación del menor), que supone soledad
y oscuridad. En estos casos se requiere una adaptación del tratamiento para
esta situación.
Pautas para el tratamiento de los miedos asociados al irse a dormir:
1. Crear un ambiente seguro para el niño: retirar detalles que generen
ansiedad y proporcionar objetos que le ayuden a ejercer un cierto
control sobre el ambiente (lámpara de noche accesible, un juguete
favorito, etc.).
2. Instaurar un ritual tranquilizador a la hora de acostarse (tomar un
baño caliente, escuchar un cuento favorito, cantar una canción).
3. Proporcionar al menor una serie de conductas incompatibles con la
ansiedad, con el fin de que las ponga en marcha en el momento en que
empieza a sentir desasosiego (ejercicios de relajación, auto
instrucciones, leer un cuento, etc.).
4. Enseñar a los padres a reconocer conductas de miedo inadecuadas y
a reforzar pautas de actuación apropiadas en el niño para el control de
la ansiedad. (Echeburúa y Guerrica, 2009,441)
g) Hostilidad, rabia y agresividad
Al igual que en el caso de sus familiares, el menor también puede desarrollar
reacciones de ira como resultado de la decepción, la frustración y la impotencia.
(Cuadro 1)
CUADRO 1
0
Técnicas Terapéuticas Frecuentemente Utilizadas en el Manejo de la Ira
Fuente: Echeburúa y Guerricaechevarría, 2009
En los casos en los que se considera adecuado tratar directamente a la víctima, es
conveniente intercalar ambas intervenciones (con el menor y con sus familiares).
La secuenciación de los tratamientos va a venir marcada inevitablemente por las
características y circunstancias propias de cada caso, así como por la toma de
decisiones derivadas de la revelación.
Una propuesta de guía de actuación a nivel clínico. Se trata de un programa
terapéutico amplio y flexible. La amplitud del programa está en función de la
cantidad de aspectos psicopatológicos generados por la situación.
Para los autores existen maneras de intervenir a la víctima por eso
proponen catorce sesiones las cuales tendrán los siguientes pasos:
1ª sesión;
-Se establece una relación terapéutica positiva.
-Plantear los objetivos generales de la intervención
1
-Proporcionar pautas urgentes de actuación
2ª y tercera sesión
- Fase educativa preventiva
4ª sesión
- Evaluación psicológica
5ª 6ª
- Deshago emocional
- Elaboración cognitivo- emocional del abuso
7ª 14ª sesión
- Intervención sobre secuelas específicas y sesiones conjuntas.
Finalmente el/a autor/a plantean que si bien se dan pautas para el tratamiento de
víctimas de abuso, no quiere decir que estas sean homogéneas y que se deban
aplicar a todos y todas la pacientes, que cada uno tiene características
específicas, en cuanto al trauma, la edad, el entorno etc. Por lo tanto se debe
analizar cada caso por separado y que estas son solo algunas pautas para aplicar
en las terapias.
Conclusiones
El abuso sexual no es, en sí, un cuadro clínico ni supone necesariamente
su existencia (Ramírez y Fernández Parra, 2011). Cuando sí hay un trastorno,
las propuestas terapéuticas para menores víctimas de abuso sexual infantil son
muy variadas (terapia de procesamiento cognitivo, terapias dinámicas de juego,
psicodrama o la desensibilización y el reprocesamiento por medio de
movimientos oculares rápidos), pero solo el enfoque cognitivo-conductual ha
mostrado resultados terapéuticos eficaces, tanto con el menor como con la
familia, para hacer frente a los síntomas postraumáticos y a los problemas de
conducta.
0
En algunos estudios que se hicieron en México con niños abusados
sexualmente y donde se utilizó la terapia conductual-cognitiva donde su
conclusión fue la siguiente:
Este tipo de intervenciones psicológicas favorecen que las poblaciones
vulnerables o con recursos económicos restringidos puedan recibir un
tratamiento eficaz, aprovechando al máximo la inversión económica y
de tiempo que realizan al acudir a terapia. Para cualquier tipo de
maltrato infantil, se requiere de un tratamiento integral, no sólo de la
víctima sino de su agresor y de la familia (Trujano, Copado & Cruz ,
2001).
Los datos permiten identificar que los niños y adultos que participaron en
este estudio lograron tener una disminución significativa en la sintomatología de
depresión y ansiedad. De igual forma se observó un incremento en el número
de cogniciones optimistas en los niños, lo que de acuerdo con la literatura
funciona como un escudo para amortiguar el impacto del estrés y genera
cambios clínicamente significativos como mejorar la interacción en la diada
cuidador-niño. Estos resultados concuerdan con lo reportado en otros estudios
sobre la efectividad de las intervenciones cognitivo conductuales. Se resalta
que esta propuesta de intervención favorece que los niños y sus familias
desarrollen recursos psicológicos importantes para el manejo del abuso sexual
y el recibir atención que les permita ver los resultados del proceso a corto y
largo plazo. (Chávez, 2010, Parr.8)
Lo mismo sucedió con diferentes estudios realizados en Brasil con
menores abusados, y develan la superioridad relativa de la terapia conductiva-
cognitiva, en comparación a otras modalidades terapéuticas para reducción de
sintomatología del estrés postraumático. Si bien la terapia conductiva-cognitiva
reduce la sintomatología de estrés postraumático en un 33% en comparación a
otras modalidades terapéuticas. Mostrando la eficacia de esta terapia.
1
El tratamiento psicológico en el abuso sexual infantil debe ser integrador
con respecto a las personas tratadas (el menor y los familiares) y las áreas
abordadas (las cogniciones, las emociones y las conductas alteradas). A su
vez, el tratamiento puede llevarse a cabo, a veces, de forma inmediata al
suceso traumático, pero, en otras circunstancias, se rompe el pacto de silencio
y se solicita ayuda tiempo después del abuso por diversos motivos (conciencia
del alcance de lo ocurrido, problemas de conducta, intento de protección de
hermanos menores, etcétera). Hay veces, incluso, en que la búsqueda de
ayuda tiene lugar ya en la vida adulta, cuando la víctima se percata de las
dificultades emocionales existentes, por ejemplo en el ámbito de la relación de
pareja (Echeburúa, 2009)
No obstante es preciso anotar a modo de conclusión, que esta terapia,
como todas las demás, a pesar de tener evidencias empíricas que la sustenten,
no se debe tomar como una verdad o como una formula a aplicar y así como
han afirmado otros autores lo pertinente en este sentido es observar cada caso
particular, y ver qué clase tratamiento es pertinente para cada paciente teniendo
en cuenta las implicaciones futuras a los niños y niñas víctimas de abuso
sexual.
0
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Aguilar Carceles M.M. (2009). Abuso sexual infantil. Recuperado
[Link]
o%20(3).pdf 21
Anderson, H. (1997). Conversation, language, and possibilities. A postmodern
approach to therapy. New York: Basic Books.
Arruabarrena, Mª.I. (1996). Evaluación y tratamiento familiar. En J. de Paúl y
Mª. I. Arruabarrena (Eds.), Manual de protección infantil (pp. 312-324).
Barcelona: MASSON.
Arruabarrena, Mª.I. y de Paúl, J. (1994). Maltrato a los niños en familia.
Evaluación y tratamiento. Madrid: Pirámide.
Baguena, M. J. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para el estrés
postraumático. Psicothema, 13(3), 479- 492.
Belloso, J., García, B. y De Prado, E. (2000). Intervención psicoeducativa en un
centro de rehabilitación psicosocial. Revista de la Asociación Española
de Neuropsiquiatría 20(73), 23-40.
Botero, C. (2005). Efectividad de una intervención cognitivo conductual para el
trastorno por estrés postraumático en ex combatientes colombianos.
Universitas psicológica, 4(2), 205- 219.
Caballo, V. y Buela-Casal, G. (1998). Técnicas diversas en terapia de
conducta. En V. Caballo (Comp.). Manual de técnicas de terapia y
modificación de conducta (pp.- 777- 818). Madrid: Siglo XXI de España
Editores.
1
Cantón-Cortés, D., Cantón, J., Justicia, F. y Cortés, M.R. (2011). Un modelo
de los efectos del abuso sexual infantil sobre el estrés postraumático: el
rol mediador de las atribuciones de culpa y afrontamiento de evitación.
Psicothema, 23, 66-73.
Corral D. P. Echeburúa, E. Sarasua1, B. Zubizarreta1, I. (2013).
Psychological treatment of adult female survivors of childhood sexual
abuse: long term results. En: Anales de psicologia. Vol. 29. N° 1. (S.P)
Cada hora, dos niñas son víctimas de abuso sexual en Colombia. El Paí[Link].
Recuperado [Link]
dos-ninas-son-victimas-abuso-sexual-colombia
Cía, A. (2001). Trastorno por estrés postraumático: Diagnóstico y tratamiento
integrado. Buenos Aires: Imaginador.
Delgadillo, L. Velásquez Velázquez, M. & Villanueva, L. (2013). Child Sexual
Abuse, Basic Techniques For Its Attention. Universidad Autónoma de
Mexico. Rev. Reflexiones 92 (1): 131-139, ISSN: 1021-1209
Del Río MT (2002). Psychological aspects of sexual abuse. Medwave. 10-
102014. Recuperado de:
[Link]
Del Campo, A., López, F. (1999). Prevención de abusos sexuales a menores.
Unidad didáctica para educación primaria (6 a 12 años). Madrid: Amaru y
Ministerio de trabajo y asuntos sociales.
0
El Espectador. “Aumentó un 52% el maltrato infantil en Colombia.” Recuperado
de [Link]
maltrato-infantil-colombia-articulo-488833
Echeburúa, E. y Guerricaechevarría, C. (2000). Abuso sexual en la
infancia:victimas y agresores. Barcelona: Ariel.
Fernandez L.M, Fernandez C.B & Garrido F.M.J, (2008). Abusos Sexuales A
Menores: Estado de la Cuestión a Nivel Nacional e Internacional. En:
Revista de estudios de la violencia. Recuperado 13 de agosto 2014.
[Link]
0/[Link]/[Link]
Ferreiro Gravié, R. (1996). Paradigmas Psicopedagógicos. ITSON.
Gallardo, J.A. (1997). Intervención y tratamiento en el maltrato infantil. En M.
Jiménez (Ed.), Tratamiento psicológico de los problemas infantiles
(pp.291-307). Málaga: Aljibe.
Guerra, C. y Plaza H. (2009). Tratamiento Cognitivo-Conductual del Estrés
Postraumático en un caso de violación infantil. En: Revista de Psicología,
Vol. XVIII, Nº 1.
Hartman, C.R., y Burgess, A.W. (1989). Sexual abuse on children: Causes and
consequences. En D. Cichetti y V. Carlson (comps.): Child Maltreadment:
Theory and research on the causes and consequences of child abuse
and neglect. Cambridge: Cambridge University Press.
Chavez, C.R (2013). Intervención Psicológica para Familias con un Niño
Abusado Sexualmente. Universidad de las Américas, División de
Ciencias del Comportamiento y el Desarrollo. Puebla 223, Col. Roma,
México, D.F. 06700.
Losaya, J. (2013). Qué es psicología cognitiva conductual: definición y
psicoterapia. Rescatado 23- 10-2014. [Link]
psicologia-cognitiva-conductual-concepto-y-definicion-a25244
1
Minici, A. Rivadeneira., Rivadeneira, Carmela & Dahab, J. (1996). ¿Qué es la
Terapia Cognitivo Conductal? En centro de terapia conductivo conductual
y ciencias del [Link].5-09-2014.
[Link]
Perteson M.S. y Urquiza, A.J. (1993). The role of mental health professionals in
the prevention and treatment of child abuse an neglect. US Government
Printing Office. US Department of Health and Human Services, National
Center of Child Abuse and Neglect, Washington.
Royal Collage of psychiatrists (2014). Cognitive Behavioural Therapy.
Recuperado de:
[Link]
Save the Children (2001). Abuso Sexual Infantil: Manual de Formación para
Profesionales. 1ª edición Save the Children.
Trujano P, Copado MA, Cruz P. Varones sexualmente abusados en la niñez:
¿un atentado a su masculinidad? Estado de México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 2001; 22(2): 94-102.
Trujillo, H. (2007). Hacia una mejor comprensión psicológica de las catástrofes.
Psicología Conductual, 15(3), 339-371.
Wolpe, J. (1958). Psychotherapy by reciprocal inhibition. Stanford: Stanford
University Press.