Patrología.
ITC 2015-2016
I. INTRODUCCIÓN GENERAL. LA PATROLOGÍA COMO
CIENCIA
1.1. La noción de «Padre de la Iglesia» en los primeros siglos cristianos
Los términos de Patrología y Teología patrística son relativamente
recientes (siglos XVI, XVII en ámbitos luteranos) y hacen referencia al
concepto de Santo Padre o Padre de la Iglesia.
Pero ¿quién es un Padre de la Iglesia? Es importante determinar este
concepto para saber a quienes nos estamos refiriendo. Hoy es prácticamente
imposible decirlo con seguridad, pero podríamos dar una definición para
saber qué es un Padre de la Iglesia y qué no lo es. Ha habido muchas
definiciones genéricas, pero no concretas; es difícil definir los períodos de la
época patrística.
La palabra padre está referida a una condición biológica generativa. Es
padre quien engendra un nuevo ser. Desde el punto de vista místico religioso
un Padre de la Iglesia es aquel quien ha engendrado a un nuevo creyente con
la elocuencia de su enseñanza y testimonio. En la paideia antigua, el filósofo
maestro se convertía en padre del discípulo, y a su vez el discípulo tenía la
obligación de mantener la descendencia dentro de la escuela. De la misma
forma el cristianismo asimiló la costumbre clásica de instruir a los individuos
y a los grupos, sólo que en lugar de escuelas los padres formaron
comunidades eclesiales, convirtiéndose en procreadores de nuevos hijos e
hijas en la fe de Jesucristo. Su personalidad pasó a formar parte de la
tradición de cada comunidad y su enseñanza en patrimonio del ecumene
cristiano.
Durante los siglos II y III, en la Iglesia, el término padre comienza a
tener otras significaciones además de la de progenitor: al principio se usaba
sólo con relación a los obispos reunidos en concilio; más tarde, al obispo por
ser tal (cfr. martirio de Policarpo). Después recibieron este nombre los que
instruyen a alguien en la fe, los maestros de la fe. A partir del siglo IV
empieza a aparecer con frecuencia el concepto de Santo Padre o Padre de la
Iglesia, siendo estos aquellos personajes con autoridad doctrinal a los que
es necesario recurrir para afianzar el recto conocimiento de la fe, la
ortodoxia.
1.1.1. La sistematización de Vicente de Lerins
El primero en definir específicamente el concepto de Padre es un monje
semipelagiano: Vicente de Lerins (primera mitad del siglo V) en una obra
conocida como el "commonitorium"; según él, el Padre debe manifestar unas
características:
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* santidad de vida: los que habiendo enseñado y vivido la fe de
Cristo, murieron en ella.
* antigüedad: deben ser personajes antiguos
* permanencia en la fe y en la comunión de la Iglesia católica:
eso les constituye en magistri probabiles (= maestros acreditados).
¿Para qué escribe esta obra Vicente de Lerins? Quiso fraguar una
definición de Padre de la Iglesia para eliminar a determinados personajes que
no quería que fuesen reconocidos como tales (S. Cipriano, Orígenes,
Tertuliano,...).
En el fondo de su corazón quería contrarrestar la autoridad doctrinal de
S. Agustín de Hipona, circunstancia un tanto paradójica cuando más tarde, S.
Agustín será considerado como el más grande de los Padres de la Iglesia.
Estos criterios de S. Vicente de Lerins fueron admitidos hasta bien
entrado el siglo XX, lo cual indica una especie de incongruencia al aceptar
los estudiosos estos criterios y al mismo tiempo aceptar la autoridad doctrinal
de S. Agustín.
1.1.2. La definición tradicional en la teología católica y sus aporías
Quasten define a los Padres como escritores eclesiásticos de la fe
cristiana que han de tener cuatro notas características:
a. Ortodoxia de doctrina
b. Santidad de vida
c. Aprobación de la Iglesia
d. Antigüedad
Si alguno no cumplía estas cuatro notas era considerado como autor
cristiano, pero no Padre de la Iglesia.
a. Ortodoxia o rectitud de doctrina
En la antigüedad no había una clara distinción entre ortodoxia y
heterodoxia, no había un Magisterio constituido y una doctrina común que
rigiera la veracidad en materia de dogma, sin embargo todos debían sujetarse
a dos principios básicos: la Sagrada Escritura como Regula veritatis, y la
Tradición Apostólica como Regula fidei. En aquel entonces casi todos los
autores estaban seguros de estos dos componentes, no obstante se tuvieron
que verificar algunos problemas a propósito de la interpretación de la
Escritura y su relación con la filosofía del momento. En realidad pocos
atentaron contra la autoridad apostólica, más bien se llegaban e exagerar
ciertas posturas de pensamiento. Así pues, un Padre ortodoxo es quien
interpreta la Sagrada Escritura bajo la autoridad de los Apóstoles.
Los Padres son testimonio de la unidad de la fe a lo largo de los siglos, y
por eso han sido custodios de la revelación. Esta nota, sin embargo, no
implica que un autor no pueda ser Padre por tener alguna imprecisión en el
modo de expresarse, o no haya entendido bien algún punto de nuestra fe, pero
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sí que haya que excluir de entre los Padres a los escritores abiertamente
heréticos, a los cismáticos y a aquellos cuyas obras contienen graves y
sistemáticos errores.
¿Cuál es el criterio para juzgar la ortodoxia: la fe de su tiempo o la del
nuestro? Lógicamente, respecto a los conocimientos de la fe de su tiempo.
b. Santidad de vida
Desde luego, en el caso de los Padres de la Iglesia no se habla de
procesos de canonización. Hasta el siglo X no empezaron las canonizaciones
en la Iglesia.
En la antigüedad, el testimonio de un cristiano estaba cifrado bajo dos
aspectos fundamentales: la piedad y el martirio, sin embargo los Padres
agregaron otros elementos. Eran hombres bíblicos, algunos de ellos vivieron
en la época de la inspiración y formación del Nuevo Testamento, más aún a
ellos les tocó formar el canon definitivo de la Sagrada Escritura. Además
vivieron de la biblia, la memorizaban y la hacían oración como el más alto
nivel de contemplación. Analizar la Palabra era situarse en las mismas
latitudes místicas de la inspiración y de la convivencia con el Espíritu Santo.
Este perfil de santidad no se quedó en el simple esfuerzo intelectual sino
que también los Padres brillaron por sus dotes pastorales, su caridad y su
amor hacia la Iglesia.
c. Aprobación de la Iglesia
Es la Iglesia quien determina si un autor es testigo de la Tradición o si,
por el contrario, sus enseñanzas no responden a la verdad católica. No es
necesario que la aprobación sea explícita –ser citado oficialmente como
Padre–: basta un reconocimiento implícito de su persona y su doctrina.
No hay casi ninguna intervención oficial de la Iglesia para decir que un
personaje es Santo Padre o no. Para A. Hamman, cuando lo cita un concilio o
un documento del magisterio, esto es criterio de garantía suficiente para decir
que es Padre de la Iglesia; sin embargo, hasta el Concilio Vaticano II se podía
dar esto como válido, pero los documentos del Concilio están llenos de citas
de los Padres (Tertuliano, Orígenes -que mantenía la preexistencia de las
almas-,...), lo que no indica que se apruebe toda su doctrina.
d. Antigüedad
Por motivos culturales e históricos, se entiende por antigüedad los ocho
primeros siglos. En concreto, se cierra la época de los Padres con la muerte
de San Juan Damasceno (año 749) para Oriente, y la de San Isidoro de
Sevilla (año 636) para Occidente. Sin embargo, se pueden incluir también
algunos autores que, al igual que San Isidoro, transmitieron el saber antiguo y
patrístico a la Edad Media. Entre otros cabe destacar a San Ildefonso de
Toledo (†669) y San Beda el Venerable (†735).
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Algunos autores piensan que esta nota habría que sustituirla por cercanía
espiritual afectiva al acontecimiento inicial cristiano, porque S Ireneo era tan
antiguo como los herejes contra los que combatía.
Escritores eclesiásticos
Se aplica, en cambio, el nombre de escritores eclesiásticos a los que
carecen de algunas de las notas o características anteriores; de entre ellos,
algunos pueden ser hasta decididamente heréticos; no por eso dejan de
interesarnos, pues a menudo nos ayudan a entender no solo la ocasión, sino
aun el mismo alcance de las afirmaciones ortodoxas de la época.
Como se puede ver, la antigüedad es una característica común a unos y a
otros, y es tanto más importante cuanto mayor sea, pues a causa de ella son
testimonios de la fe y de la Tradición en aquellos primeros siglos en que se
fija el dogma y nace la teología. Cosa que ocurre, en buena parte, gracias a su
actividad; y, de manera especial, gracias a la de los Padres de la Iglesia en
sentido estricto, que, precisamente por eso, reciben este nombre.
De todos modos, hay que tener en cuenta que, al referirse de manera
general al conjunto de todos esos autores, ya pesar de su heterogeneidad, es
usual llamarlos indistintamente escritores eclesiásticos o Padres de la Iglesia;
nosotros mismos lo haremos a lo largo de este temario.
Algunos de los Padres de la Iglesia en sentido estricto reciben desde
antiguo el nombre de doctores de la Iglesia. En ellos, junto a las otras
características propias de los Padres, se da una ciencia eminente y una
declaración explícita por parte de la Iglesia. Tradicionalmente se suelen
considerar bajo este nombre ocho Padres, cuatro de la Iglesia occidental (san
Ambrosio, san Jerónimo, san Agustín y san Gregorio Magno) y cuatro de la
oriental (san Atanasio, que, sin embargo, no es considerado como tal por los
orientales, san Basilio el Grande, san Gregorio de Nacianzo y san Juan
Crisóstomo). Los cuatro latinos fueron declarados tales por Bonifacio VIII. Y
San Pío V, en su Breviario Romano, amplió este título a los cuatro griegos.
En tiempos más cercanos a nosotros han sido oficialmente declarados
doctores de la Iglesia otros santos de doctrina eximia, pertenecientes tanto a
la época de los Padres (así, san Isidoro de Sevilla, san Juan Damasceno y
muchos otros) como a otras posteriores y en los que no se da, por tanto,
aquella nota de antigüedad (así san Antonio de Padua y santa Teresa de Jesús,
por poner dos ejemplos de los muchos que se podrían elegir).
1.1.3. Recientes intentos de definición: Benoit, Ratzinger, Orbe
Por tanto, esta definición es poco esclarecedora y sin embargo se ha
utilizado hasta ahora: hemos visto que todos los puntos son problemáticos;
últimamente ha habido otras definiciones: A. Benoit, Joseph Ratzinger,...
pero son definiciones más en función del ecumenismo, y los Padres de la
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Iglesia son anteriores a la necesidad del ecumenismo, por lo que deben tener
un valor propio por sí mismos, más allá del ecumenismo, independientemente
de la teología y la vida de la Iglesia. La definición que se dé de Padre de la
Iglesia debe ser acorde con esto.
Antonio Orbe, S.I., patrólogo español reconocido universalmente, da
una definición muy apropiada: «Testigos cualificados de una tradición
heredada de los Apóstoles para transmitir e interpretar auténticamente las
verdades reveladas en las Escrituras y fuera de ellas»: es fundamental el
tema exegético, puesto que han recibido de los apóstoles las claves para
interpretar teológica y pastoralmente las Escrituras. Esto es importante,
porque también los gnósticos eran exegetas, pero tenían una fe distinta.
Luego no tiene por qué coincidir el concepto de Padre con el de gran teólogo
(hay grandes teólogos que no son Padres).
El primer problema con que se encuentran los cristianos de la época es
¿cuál de los textos de la Escritura es canónico, es Palabra de Dios y el
segundo cómo se interpreta (porque de un mismo texto había interpretaciones
distintas y, a veces, antagónicas: ¿cuál era la válida?). Los Padres nos
descubren las claves con que la Iglesia leía la Revelación: no son teólogos
sino transmisores de algo que han recibido.
Esta definición no soluciona todo; la exégesis de los Padres plantea
también problemas: hay exégesis de corte platónico (por ejemplo Filón de
Alejandría), un mismo autor puede dar hasta cinco interpretaciones distintas,
y hay que descubrir cuál es la auténtica.
Para Congar, «un Padre sólo habla como Padre si restituye a la
Iglesia lo que ha recibido de ella, es decir, como testigo de la fe, no sólo
como poseedor de ella».
Quizás sea más conveniente hablar de época patrística; en ella
incluimos no sólo los teólogos ortodoxos, sino también a los heterodoxos
(porque no han sido heterodoxos en todo lo que han defendido: en algunas
cosas han sido elementos de tradición verdadera, y ayudan a determinar con
mayor claridad la exégesis de algunos ortodoxos, como S. Ireneo, y la
situación histórica que les implica).
1.1.4. División metodológica de los autores
a) Lingüística
Los cristianos de los primeros tiempos escribieron casi exclusivamente
en griego. Todos los originales del Nuevo Testamento fueron escritos en esta
lengua, con la excepción del evangelio según san Mateo, que se redactó
primero en arameo.
El griego fue la lengua exclusiva de los Padres hasta finales del siglo II.
A partir de esta fecha, en Oriente se le añadió el sirio, el copto (la lengua de
Egipto) y el armenio. El sirio era un dialecto del arameo, que a su vez había
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sido la lengua común en el territorio de imperio asirio entre los siglos IX y
VII (antes de Cristo, naturalmente); el arameo debía de seguir estando muy
extendido en los primeros siglos de nuestra era, pues, a finales del primer
siglo de ella, escribía Flavio Josefo que su primera versión sobre la Guerra
judía, escrita en arameo, había servido para informar a los partos, babilonios,
árabes del sur, judíos de Mesopotamia y asirios. En Occidente, la evolución
fue distinta y el griego fue completamente substituido por el latín.
Así pues existen Padres griegos y latinos y ulteriores tradiciones de los
mismos en lengua siriaca, copta, árabe, armena, gótica, etiópica, e ibérica.
Posiblemente en lengua celta y púnica pero de estas no se tienen testimonios.
b) Los límites cronológicos de la época patrística
¿Cuáles son los límites cronológicos de la época patrística?
Tradicionalmente, se establecen unas fechas en las patrologías clásicas: S.
Isidoro de Sevilla (muerto en 636) para Occidente, y S. Juan Damasceno
(muerto en 749) para Oriente.
Sin embargo, no es correcto fijar fechas históricas concretas, porque no
están en función de estos hechos históricos extraeclesiales (la caída del
Imperio Romano no tiene porqué marcar un final de una época patrística y un
principio de otra).
Los datos de Basil Studer señalan que el fin de la época patrística se
colocaría al final del Concilio de Calcedonia (451 d. C.); Studer señala 4
elementos de la nueva situación producida:
1º) En esta segunda mitad del siglo V se dan cuenta de que Oriente
y Occidente comienzan andaduras paralelas, aunque aún no hay una
separación definitiva y radical de Oriente y Occidente.
2º) Las grandes decisiones teológicas se han tomado en los cuatro
primeros concilios: Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia; es lo que se
llama los concilios: todas las decisiones trinitarias importantes ya han sido
definidas.
3º) Comienza una nueva manera de hacer teología: hasta ahora era
comentar la Escritura, pero ahora comienza a recopilarse y repetirse lo dicho
por los teólogos anteriores. El máximo exponente en Occidente será S.
Agustín, mientras que en Oriente será Cirilo de Alejandría. A ellos copian y
de ellos comentan.
Es frecuente el uso de la lógica aristotélica tal como había sido
comprendida por los neoplatónicos, especialmente Porfirio, para hacer
teología.
4º) En esta segunda mitad del siglo V, ya se han constituido las tres
grandes tradiciones: asiática, alejandrina y agustiniana.
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Dentro del periodo patrístico (siglos II–VIII) se puede establecer una
subdivisión cronológica que contribuye al desarrollo de la labor teológica, de
tal modo que se pueden catalogar los autores en los siguientes apartados: 1.
Padres prenicenos: considerado el periodo postapostólico hasta el año 325
con la celebración del Concilio de Nicea; 2. Padres postnicenos: desde el
mismo 325 hasta el 451; 3. Padres postcalcedonences: posteriores al Concilio
de Calcedonia (451), en este mismo período se localiza el esplendor
patrístico; 4. Últimos Padres: colocados hacia finales del siglo VII, principios
del VIII. Esta división está puesta en función del desarrollo del dogma
trinitario y cristológico.
c) Temática
Aunque los padres escribieron sobre el único tema del misterio de Dios
y no tuvieron una especialización técnica como en la ciencia moderna, otra
posible división está definida por los temas abordados por los autores. Por
ejemplo, los Padres Apostólicos, quienes continuaron con la enseñanza y el
estilo de los Apóstoles; Padres Apologistas, defensores del cristianismo en
diálogo con la cultura pagana; Padres heresiólogos, principales opositores del
error doctrinal al interno de la Iglesia, poniendo en alerta a la comunidad del
veneno de la herejía; Padres Catequistas, como Clemente de Alejandría,
Cirilo de Jerusalén, Juan Crisóstomo, pioneros en la formación de los
cristianos; Padres Exegetas, Ambrosio, Jerónimo, Crisóstomo; Escritores
Historiadores como Eusebio de Cesarea, Sócrates, Zozomeno; Biógrafos,
Teólogos, Filósofos, Poetas, etc. Por otro lado, cada uno de los padres abordó
un sin número de temas y se encuentran dispersos en la totalidad de sus
escritos.
d) Regional
La localización geográfica determinaba el estilo de cada autor. En la
antigüedad patrística son importantes las zonas de procedencia de los
escritores por su influjo cultural, así pues encontramos: Padres Palestinos
como Justino, Eusebio de Cesarea, Juan de Jerusalén; Padres Sirios, todos los
escritores antioquenos y aquellos provenientes de la zona del Eufrates; Padres
del Asia Menor, los Capadocios como ejemplo emblemático; Padres
Asiáticos, procedentes de la zona occidental de Anatolia (actual Turquía)
destacándose las ciudades de Constantinopla, Éfeso, Esmirna, Laodicea,
Hierápolis, Sardes, etc.; Padres Romanos, propiamente de la península itálica:
Jerónimo, Ambrosio; Padres Africanos, latinos de origen proconsular como
Tertuliano, Cipriano, Agustín; Padres Galos (Francia actual), Hilario de
Poitiers, Eucherio de Lyon; Hispánicos, Osio de Córdoba, Isidoro de Sevilla,
Ildefonso de Toledo; Británicos, Patricio, Beda. La división geográfica
general es aquella de Padres Orientales Griegos y Padres Occidentales
Latinos, por razón de la lengua.
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e) Escuelas
También los padres responden a una agrupación ideológica según los
estilos exegéticos y teológicos. Hasta el momento se pueden detectar algunas
escuelas predominantes: la Alejandrina y la Antioquena (antagónicas entre
ellas), la Romana, la Asiática, la Africana. Estas destacarán por los teólogos
principales, por la secuela de sus discípulos y el estilo de la comunidad.
f) Importancia según la tradición
Las sedes eclesiásticas privilegiaron el patronato de los apóstoles. Por
ejemplo, Roma bajo la protección de San Pedro, Constantinopla bajo la
protección de San Andrés, Alejandría se consideraba fundada por Marcos
evangelista. Hubo otras sedes que se hicieron famosas por sus personajes y
mantuvieron la tradición. La diócesis de Cesarea de Capadocia exaltó la
figura de Basilio el Grande quedando marcada por el estilo pastoral del
campeón de la caridad. Todo el Oriente asumió la fuerza doctrinal y el
testimonio de Juan Crisóstomo, de modo que hasta la fecha, la espiritualidad,
la doctrina y la liturgia que se practica en dichas iglesias es atribuida a la
creación del Doctor de la elocuencia. En Milán se mantiene la tradición de
san Ambrosio y en Irlanda la de Patricio. Las más sobresalientes a nivel
teológico son la tradición oriental origeniana, y la occidental agustiniana,
considerados estos dos autores, Orígenes y Agustín, los dos grandes genios
de la patrística.
1.1.5. Contextos del desarrollo patrístico
El pensamiento de un autor brilla por sí solo. Dentro del rico campo de
la cultura clásica antigua nada respondía a una invención casual, toda
creación se colocaba dentro de un entramado de condiciones y de leyes
humanas. Los Padres de la Iglesia debieron asimilarse a estas condiciones
para aparecer en el escenario cultural pagano, por tanto ellos también son
receptores del impacto de su ambiente intelectual, histórico, social y
filosófico. Por eso es de vital importancia comprender el contexto de cada
autor y de cada una de sus obras. Este constituye el estatuto metodológico
propio de la patrología; la concurrencia crítica de los datos y la aproximación
técnico-científica de cada una de las áreas del contexto permiten aclarar la
personalidad, el pensamiento, los motivos históricos, los estilos literarios, las
repercusiones eclesiales y sociales de la actividad de cada autor cristiano.
a) La historia antigua
La base de la comprensión patrística es la historia. El carácter científico
histórico del cristianismo surgió hasta el siglo IV con Eusebio de Cesarea. No
fue una preocupación para la primitiva comunidad cristiana catalogar los
acontecimientos en torno a sí misma, sin embargo en la sensibilidad de los
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creyentes se construyó una gesta histórica portentosa que se hace doblemente
interesante porque se fue construyendo a través de la búsqueda de la verdad.
La antigüedad clásica irradia por su propia fuerza un resplandor de enigma y
de verdad. El cristianismo antiguo está inmerso en ese halo esplendido de la
historia; el cristianismo se hizo historia con la práctica de la caridad y con el
testimonio, con la predicación y con las ideas. La Iglesia se constituyó una
institución en conjunción con la vida del Imperio. Los protagonistas
cristianos vivían en un triple mundo cultural judaico-griego-eclesial y fueron
renombrados representantes de los cambios políticos y religiosos de una
sociedad pagana que se hizo sacra. Los Padres de la Iglesia vivieron esa
historia, la escribieron y la interpretaron. En este campo conviene consultar
los manuales de historia de la Iglesia conocidos y otras obras especializadas.
b) Las lenguas clásicas y la literatura
La cultura antigua no era tecnológica como la de nuestros días sino fue
una cultura eminentemente literaria. En el origen del pensamiento estaba la
lengua hablada y escrita, conocida hasta su esencia como necesidad para
demostrar la verdad con elocuencia. En un mundo regido por la ley de la
razón y de las leyes, el empeño lingüístico fue la guía de la educación y de la
producción de las ideas. La gramática, la métrica, la retórica eran expresiones
de este esfuerzo metódico por fijar la cultura, enraizarla para darle validez.
Todo dependía de la paideia antigua y de los sistemas de asimilación de las
sentencias de los sabios, filósofos y poetas. El proceso iniciaba en la infancia,
desde el magister ludi, pasando por la schola grammaticae, hasta llegar al
retor. La capacidad de cada individuo para dominar el lenguaje y generar la
persuasio lo hacía destacar dentro del arte de la exégesis y la glosa (es decir
de la interpretación y del comentario). Los Padres estaban enraizados en este
ambiente cultural y se supieron colocar en el nivel de persuadir y cambiar el
debate filosófico de la cultura clásica por la profundidad del Evangelio. La
literatura patrística está asimilada al nivel de la poesía y retórica de los
grandes como Homero, Platón, Cicerón, Quintiliano y otros. El nombre de
Tertuliano, Ambrosio, Agustín, Gregorio Nacianzeno, Crisóstomo, representa
una estrella más dentro de la pléyade de intelectuales clásicos. Por tanto, el
factor lingüístico grecolatino es otro de los contextos importantes para el
estudio de los Padres.
c) Las culturas presentes en el imperio romano
El cristianismo surgió en el seno del judaísmo y se propagó en el campo
de los gentiles, es decir de los extraños al mensaje de la salvación. Y aunque
el orbe estaba permeado por el helenismo, las relaciones institucionales del
Imperio romano permitieron que la fe en Cristo se introdujera en las
estructuras de la cultura latina. Otras culturas estaban presentes. Los pueblos
africanos del norte, los góticos, armenos, siriacos, germánicos, hispánicos,
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gálicos recibieron el mensaje y lo hicieron propio con el paso del tiempo. La
cultura de cada pueblo interpretó y asimiló a sus tradiciones la expresión del
Evangelio. El cristianismo primitivo floreció en la base de la cultura de los
pueblos. Para descubrir el mundo greco romano se debe incursionar desde
diferentes fuentes: la misma historia del Imperio y otras antigüedades.
d) La herejía
La religión cristiana debió pasar por un proceso de purificación y
definición delante de otras tendencias que amenazaban con desvirtuar el
verdadero mensaje de la fe. Durante los primeros años no se tenía una
definición entre ortodoxia y heterodoxia, de hecho todos los autores antiguos
arriesgaban fuertemente con el error doctrinal. Más aún, la idea de Magisterio
o de Derecho canónico no aparecía en la práctica. Los padres descubrieron
estos errores como verdaderos sistemas filosóficos integrados al ejercicio de
la fe. Muchos de estos se convirtieron en tendencias invisibles y otros en
manifestaciones más organizadas. Herejía es sinónimo de opinión alternativa
y no tiene nada que ver con cuestiones demoniacas o paranormales, es una
respuesta mítica o filosófica al problema del mal, a la realidad antropología, a
la divinidad y a la salvación. Los creadores de estas corrientes fueron
geniales fundadores de satisfactores espirituales para una sociedad
acostumbrada a la novedad religiosa. Los griegos y romanos practicaban
religiones mistéricas, iniciaciones y misterios, emanados de sus teogonías y
artes adivinatorias, por este motivo la herejía alcanzaba un alto grado de
aceptación ante el público pagano, ofreciéndose como una versión atractiva
de la nueva religión. Al darse cuenta del error conceptual sobre la Trinidad,
los Padres combatieron frontalmente la herejía haciendo surgir la claridad de
la verdad teológica, la cual se transformaría en formulación dogmática.
Herejías como el docetismo, gnosticismo, maniqueísmo, arrianismo,
monarquianismo, montanismo y una centena más, son elementos necesarios
dentro del análisis patrológico.
e) La historia de la teología
La historia de la Iglesia no sólo se compone de la cronología de
acontecimientos y de las gestas de los personajes, más bien se mueve por las
ideas. Ante la nueva doctrina de Jesucristo predicada por un grupúsculo de
seguidores surgió una línea de pensamiento que transformó la historia. La
teología surgió por esta necesidad de definir el dogma desde su más
originaria formulación y a partir de sus repercusiones en la vida de la Iglesia.
Un debate invitaba a otro generando la composición eclesial y la
recomposición social. Por eso la teología se hizo historia para demostrar la
importancia del dogma como intervención del Espíritu Santo en el tiempo,
como hito de la revelación al hombre de todos los tiempos. Los Padres de la
Iglesia son testigos de esta tradición y principales protagonistas de la
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formulación del dogma en el devenir del cristianismo desde la antigüedad.
Cuando se habla de historia eclesial se debe hablar de concilios ecuménicos,
corrientes de pensamiento, escuelas, controversias y representantes
ideológicos de cada una de ellas.
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