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ENsayo Liderazgo Nehemias

Este documento resume el liderazgo de Nehemías y cómo se motivó y fortaleció a través de las promesas de Dios. Nehemías ejerció un liderazgo situacional, a veces autoritario y a veces democrático. Aunque oraba constantemente y trabajaba con misericordia, su principal motivación provenía de las promesas de Dios en la Biblia de restaurar a Israel. Estas promesas le dieron la fuerza para reconstruir los muros de Jerusalén a pesar de estar solo, sin apoyo. Las promesas

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ENsayo Liderazgo Nehemias

Este documento resume el liderazgo de Nehemías y cómo se motivó y fortaleció a través de las promesas de Dios. Nehemías ejerció un liderazgo situacional, a veces autoritario y a veces democrático. Aunque oraba constantemente y trabajaba con misericordia, su principal motivación provenía de las promesas de Dios en la Biblia de restaurar a Israel. Estas promesas le dieron la fuerza para reconstruir los muros de Jerusalén a pesar de estar solo, sin apoyo. Las promesas

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Universidad Teológica Misionera

Ramal Loíza, Puerto Rico

Nehemías

Por: Dayspring Theological University

(Dayspring Theological University)

Dictado por la Profa. Dra. Ada M. Laureano

Como requisito para el Programa de Maestría en Teología Pastoral.

Rugeily Morales Díaz

Junio 2019
Al líder le motivan las promesas de Dios y se fortalece a través de ellas

I-Introducción

La vida presente exige un movimiento constante. El ser humano y el cristiano vive todos sus

momentos atados al tiempo. Todas las tareas parecen estar limitadas dentro de un espacio

señalado por un horario y un minutero, y ejercen un empuje emocional cotidiano arrollador. Esta

modalidad de vida en el occidente ocupa a los empresarios, supervisores, líderes de

organizaciones, y también ha alcanzado a los líderes de la iglesia del Señor. El tiempo va de

prisa y las agendas no parecen tener el espacio suficiente para planificar los proyectos que se

visionan. La carga que este estilo de vida produce ha llevado a muchos líderes cristianos a

entregar sus ministerios y hasta a fracasar. Ante estos desafíos del presente, es preponderante

que el liderazgo cristiano observe de cerca a aquellos hombres y mujeres que han tenido una vida

ministerial victoriosa y que han podido permanecer firmes en la fe; sobre todo la vida de aquellos

que la Escritura presenta, y que han servido de ejemplo a muchas generaciones.

Nehemías es uno de los iconos bíblicos de mayor envergadura en cuanto a liderazgo se refiere.

Era un hombre común que estaba en una posición única. Se encontraba seguro y próspero como

copero del rey persa, Artajerjes. Sin embargo, a pesar de su comodidad, le preocupaba el destino

de Jerusalén, su amada ciudad, pues el muro estaba en ruinas. En medio de una misión casi

imposible, Nehemías ejerce un liderazgo eficaz y digno de imitar. Supo hacer de las promesas

de Dios un puente para cruzar de las ruinas al muro, motivado y fortalecido por cada palabra que

Dios había hablado a su pueblo, y en medio de ruinas, amenazas y desánimo, inició una obra

movido por la fe y sostenido en ella. A continuación, se presentan varias modalidades de


liderazgo, una alineación de Nehemías a las mismas y cómo el haberse fortalecido en las

promesas de Dios le permitieron un liderazgo eficaz.

II- Desarrollo

Ralph Lippitt y Ronald White se catalogan como los primeros exponentes en investigar de forma

empírica el liderazgo, y logran establecer o identificar tres modalidades de liderazgo a saber: el

autoritario, el democrático y el liberal.

El líder autoritario es aquel que en su ejecución fija las directrices sin participación del

grupo al que dirige. Determina pasos a seguir y técnicas que se utilizaran en la ejecución de las

tareas y quiénes las realizan. Da órdenes, no se permiten preguntas, ni se dan explicaciones. Es

el líder que piensa que el nivel productivo es bueno cuando está presente, pero es bajo en su

ausencia. Es dominante. Elogia y/o critica el trabajo de cada miembro del grupo. Este es un

ejercicio de liderazgo unidireccional, lo único que tienen que hacer los subordinados es obedecer

las directrices que marca el líder.

De otro lado, está el Líder democrático y participativo. Bajo este liderazgo la toma de

decisiones se comparte entre el líder y el grupo. Las estrategias son debatidas y decididas por el

grupo y son apoyadas por el líder. Cuando es obligatorio que el líder adopte una decisión, este

explica sus razones a los miembros del grupo. Es el grupo el que esboza las tareas que seguirán

y las técnicas para alcanzar el objetivo; el líder propone dos o más alternativas para que el grupo

escoja. En este estilo, las ideas innovadoras y las propuestas de cambio son bien recibidas. Se

desarrolla un sentimiento de responsabilidad dentro del grupo, y la calidad y productividad

generalmente son elevadas. El líder y los subordinados actúan como una unidad.

El Líder liberal es el tercer estilo de liderazgo que los investigadores identifican. Este

estilo de liderazgo se caracteriza por una libertad completa por parte del grupo en las decisiones
y una participación mínima del líder. El líder no ejerce su función, no se responsabiliza del grupo

y deja éste a su propia iniciativa. Este no establece metas para el grupo. La toma de decisiones

la lleva a cabo cualquiera que lo desee en el grupo y el líder no intenta evaluar o regular el curso

de los acontecimientos.

Al poner en perspectiva el liderazgo de Nehemías ante las modalidades empíricas de

liderazgo se observa una alineación de su ejecutoria con el liderazgo autoritario y democrático.

Muchas de las iniciativas de Nehemías fueron una determinación propia luego de orar al Señor.

El identificó técnicas y estrategias a utilizar. En su ejercicio tomó decisiones y simplemente las

comunicó. Todo esto debido a que al llegar a Jerusalén el pueblo estaba desanimado y a pesar de

llevar allí algunos años no habían tenido la iniciativa de levantar el muro. No obstante, no se

observa criticando el trabajo de los demás, si no incluyéndolos en el proyecto y motivando al

pueblo a trabajar por sus familias y por su ciudad, desarrollando así un sentimiento de

responsabilidad ante el grupo, que son características propias del liderazgo democrático. Todas

estas cualidades demuestran que Nehemías operó un liderazgo situacional, en el que ante cada

situación particular ejerció un tipo de liderazgo que le permitió alcanzar grados óptimos de

eficiencia en la construcción de los muros, en ocasiones autoritativo y en ocasiones participativo.

Ahora bien, el éxito ministerial de la vida de Nehemías no se reduce a una modalidad de

liderazgo. Fueron muchas las herramientas y competencias espirituales que utilizó para cumplir

con su objetivo. Nehemías fue un líder constante en la oración. Antes de iniciar y durante todo

el proyecto Nehemías se mantuvo en comunicación con Dios pidiendo dirección y justicia. Pero

su ejercicio no se limitó a la oración, si no que la misericordia lo movió a trabajar de manera

voluntaria en favor de su ciudad y sus hermanos. Estas y otras competencias formaron el

liderazgo de Nehemías, sin embargo, el énfasis de este escrito es la motivación que este líder

desarrolla por las promesas de Dios y su fortalecimiento a través de ellas.


Trece años habían pasado desde que Esdras había regresado a Jerusalén y ayudado al

pueblo con sus necesidades espirituales. Sin embargo, aún existía un problema de seguridad

nacional, los muros estaban destruidos. Cuando Nehemías se entera demudó su rostro, oró y

decidió hacer algo al respecto. Dios obró por medio de él para llevar un despertar espiritual al

pueblo de Judá. Durante su liderazgo Nehemías mostró que las promesas de Dios lo motivaban

y fortalecían en medio de su ardua tarea. Desde que su corazón fue movido a piedad ante el

problema de seguridad que había en Jerusalén, Nehemías en su oración a Dios declara:

“Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros

pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardaréis mis

mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los

cielos, y de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre."

(Nehemías 1:8-9) Uno de los primeros pasos de Nehemías fue un movimiento a la oración, no

existían razones externas que motivaran a este hombre de Dios a abandonar su puesto en la corte

real para irse a un país en ruinas a realizar un trabajo que nadie iba a reconocer; sin embargo,

Nehemías busca una motivación intrínseca en su espíritu alineado con el Padre mediante la

oración, y esa motivación la produce la Palabra. Esa promesa que Dios de antemano había hecho

a su pueblo Israel era razón suficiente para que este emprendedor sintiera la responsabilidad de

responder a la necesidad de su nación. No existía un grupo de apoyo, ni una junta de ancianos

que planificaran con Nehemías como construir la muralla; sin embargo, existían en la memoria

de este emprendedor las promesas que Dios había hecho a su pueblo.

Deuteronomio treinta expresa: “Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas,

la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las

naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo

que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová
hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los

pueblos adonde te hubiera esparcido Jehová tu Dios.” Nehemías en su oración en el capítulo uno

le recuerda a Dios lo que él había prometido. Dios dispersaría a Israel si eran infieles y

restauraría a la nación de su exilio si regresaban a él. Nehemías creyó que Dios restauraría a

Israel porque así ya Dios lo había prometido. Esa promesa le bastó para lanzarse a esta obra de

fe.

En ocasiones los líderes y ministros del tiempo presente gustan de iniciar sus proyectos y

emprendimientos con un gran grupo de personas, patrocinadores y ministerios, porque tal parece

que ese andamiaje le produce cierto grado de seguridad en la misión a la que son llamados; sin

embargo este líder judío no necesitó de una estructura de personal para creer en la consumación

de su propósito, su fe se fundamentó en lo que Dios había dicho, y teniendo esa promesa en su

mente y corazón inicia solo esta jornada de construcción. En medio de esa soledad, la Palabra de

Dios y sus promesas fueron los mejores aliados de Nehemías, esa palabra estaba en su boca y en

su corazón. De esa misma forma, los ministros deben empoderarse de lo que Dios ha prometido,

para que en medio de cualquier escenario de soledad, calumnias y batallas puedan sacar fuerzas

de debilidad y vencer en el nombre de Jesucristo.

En muchas ocasiones la fatiga espiritual en el liderazgo eclesial viene a causa de un manejo

errado de la vida ministerial. Es el punto en el que un ministro procura hacer la obra de Dios

usando solamente los recursos de la carne, y no los abundantes recursos del Espíritu Santo. 

Cristo mismo dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5). Ser líder requiere coraje,

disciplina y determinación. Un gran líder puede traer gran éxito, a costa de ser juzgado y

abrumado. La Biblia habla de muchos líderes exitosos que fueron motivados y fortalecidos por

las promesas de Dios. Un hombre como Abraham creyó en una promesa y cambió el curso de su

vida entera: “Yo haré de ti una gran nación”. Moisés enfrentó todo un imperio hostil a causa de
una promesa; Pablo dedicó su vida al evangelio creyendo las promesas del Señor y evangelizó el

mundo que conocía fortalecido en ellas. Hoy los ministros son igualmente llamados por Dios a

ejercer un liderazgo en la iglesia y para el mundo. Dios no ha dejado desprovista a esta

generación de servidores de sus promesas. Hay muchos versos en la Escritura que tienen el

propósito de motivar, fortalecer y sostener a los hombres y mujeres de Dios en sus ministerios.

Dios habló para alentar a los valientes que eligen subir y liderar. Es imposible sostener la fe sin

las promesas de su Palabra. Gálatas 6 reza: No nos cansemos, pues de hacer el bien, pues a su

tiempo segaremos”. Santiago 1 expresa: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación….

Porque recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman.” El Salmo 37

dice: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él y él hará.” Esas promesas de cosechar en

su tiempo el fruto del esfuerzo y trabajo; de recibir recompensa por la fidelidad; y de la potencia

de Dios ante los desafíos de las misiones que los líderes trabajan, son solo unas pocas de las

muchas que existen en la revelación escritural. Dios las dejó ahí porque sabía que cada hombre y

mujer de llamado las necesitaría para ser motivado y fortalecido. Teniendo presente los tiempos

de gloria y los tiempos de oscuridad Dios en su propósito deja una provisión escrita para sus

hijos. Esa Palabra escrita junto a la obra poderosa del Espíritu Santo equipan y revisten a los

ministros para servir, tal y cual sucedió en la vida de Nehemías. El vivir proclamando y

creyendo las promesas de Dios es un ejercicio que debe mantenerse en los tiempos de intimidad

con Dios, que debe expresarse en las enseñanzas y que debe “gritarse” en los sermones. Hacer

activa y viviente cada palabra que Dios ha dejado en su voluntad es una herramienta de la cual

no se puede prescindir. Cristo es la porción de los levitas y sacerdotes, y el remedio ante el

desaliento y la debilidad espiritual: “venid a mí, llevad mi yugo, aprended de mí, porque soy

manso y humilde de corazón.” Hay un descanso prometido con tan solo ir a él y aprender de él,

el verdadero líder humilde, ese que aún frente a la tentación utilizó la palabra para vencer a
satanás, y fue fortalecido por ella. Cristo en el corazón del hombre y la mujer que han sido

llamados es la garantía de un reposo.

III. Conclusión

El llamado al ministerio es en su forma y origen muy distinto al llamado a liderar en cualquier

empresa humana. Aunque conocer las estrategias humanas necesarias para liderar es una buena

ventaja y preparación, de nada sirven si no están sustentadas por la fe y por la Palabra de Dios.

Los desafíos espirituales en la vida de un líder no se pueden enfrentar con modalidades terrestres.

Precisamente por eso, Dios dejó las promesas de su Palabra como un arma poderosa para

mantener de pie a sus siervos. Nehemías en su liderazgo fue sensible a las necesidades de los

demás, estratégico, un brillante proyectista, organizado, perseverante, íntegro, hombre de fe y

valor. Pero sobre todo, fue un hombre que creyó a las promesa de Dios y sostenido en ellas

emprendió una tarea que culminó en victoria. En medio de las batallas que enfrentó ante los

enemigos, fue a Dios en oración y le recordó sus promesas, lo cual demuestra que siempre las

tuvo presente en su mente y corazón. En este tiempo tan adverso confiar en las promesas de Dios

no es opcional, es necesario. Creerlas por fe llevan a cualquier ministro a crear camino donde no

hay, a ver milagros donde había enfermedad y liberación donde había opresión, porque a pesar

además de ruinas, en Jerusalén quedaban las promesas de Dios, solo hacía falta un líder que las

creyera.
Bibliografía

Agüera, E. Liderazgo y compromiso social. Mexico: Fomento Editorial, 2004

González, Justo. Diccionario Teológico Manual. Barcelona, Espana: Editorial CLIE, 2010.

La Biblia, Edición Reina Valera 1960. Editorial Vida.

Najera, Adrián. Liderazgo Bíblico. Dayspring Theological University. 2019.

Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente. Tyndale House Foundation, 2010.

Nelson, Wilton M. Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia. Estados Unidos: Editorial

Caribe, 1998.

Willmington, Harold l. Compendio Manual Portavoz. Gran Rapids, Michigan: editorial

Portavoz, 2011.

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