Universidad Teológica Misionera
Ramal Loíza, Puerto Rico
Nehemías
Por: Dayspring Theological University
(Dayspring Theological University)
Dictado por la Profa. Dra. Ada M. Laureano
Como requisito para el Programa de Maestría en Teología Pastoral.
Rugeily Morales Díaz
Junio 2019
Al líder le motivan las promesas de Dios y se fortalece a través de ellas
I-Introducción
La vida presente exige un movimiento constante. El ser humano y el cristiano vive todos sus
momentos atados al tiempo. Todas las tareas parecen estar limitadas dentro de un espacio
señalado por un horario y un minutero, y ejercen un empuje emocional cotidiano arrollador. Esta
modalidad de vida en el occidente ocupa a los empresarios, supervisores, líderes de
organizaciones, y también ha alcanzado a los líderes de la iglesia del Señor. El tiempo va de
prisa y las agendas no parecen tener el espacio suficiente para planificar los proyectos que se
visionan. La carga que este estilo de vida produce ha llevado a muchos líderes cristianos a
entregar sus ministerios y hasta a fracasar. Ante estos desafíos del presente, es preponderante
que el liderazgo cristiano observe de cerca a aquellos hombres y mujeres que han tenido una vida
ministerial victoriosa y que han podido permanecer firmes en la fe; sobre todo la vida de aquellos
que la Escritura presenta, y que han servido de ejemplo a muchas generaciones.
Nehemías es uno de los iconos bíblicos de mayor envergadura en cuanto a liderazgo se refiere.
Era un hombre común que estaba en una posición única. Se encontraba seguro y próspero como
copero del rey persa, Artajerjes. Sin embargo, a pesar de su comodidad, le preocupaba el destino
de Jerusalén, su amada ciudad, pues el muro estaba en ruinas. En medio de una misión casi
imposible, Nehemías ejerce un liderazgo eficaz y digno de imitar. Supo hacer de las promesas
de Dios un puente para cruzar de las ruinas al muro, motivado y fortalecido por cada palabra que
Dios había hablado a su pueblo, y en medio de ruinas, amenazas y desánimo, inició una obra
movido por la fe y sostenido en ella. A continuación, se presentan varias modalidades de
liderazgo, una alineación de Nehemías a las mismas y cómo el haberse fortalecido en las
promesas de Dios le permitieron un liderazgo eficaz.
II- Desarrollo
Ralph Lippitt y Ronald White se catalogan como los primeros exponentes en investigar de forma
empírica el liderazgo, y logran establecer o identificar tres modalidades de liderazgo a saber: el
autoritario, el democrático y el liberal.
El líder autoritario es aquel que en su ejecución fija las directrices sin participación del
grupo al que dirige. Determina pasos a seguir y técnicas que se utilizaran en la ejecución de las
tareas y quiénes las realizan. Da órdenes, no se permiten preguntas, ni se dan explicaciones. Es
el líder que piensa que el nivel productivo es bueno cuando está presente, pero es bajo en su
ausencia. Es dominante. Elogia y/o critica el trabajo de cada miembro del grupo. Este es un
ejercicio de liderazgo unidireccional, lo único que tienen que hacer los subordinados es obedecer
las directrices que marca el líder.
De otro lado, está el Líder democrático y participativo. Bajo este liderazgo la toma de
decisiones se comparte entre el líder y el grupo. Las estrategias son debatidas y decididas por el
grupo y son apoyadas por el líder. Cuando es obligatorio que el líder adopte una decisión, este
explica sus razones a los miembros del grupo. Es el grupo el que esboza las tareas que seguirán
y las técnicas para alcanzar el objetivo; el líder propone dos o más alternativas para que el grupo
escoja. En este estilo, las ideas innovadoras y las propuestas de cambio son bien recibidas. Se
desarrolla un sentimiento de responsabilidad dentro del grupo, y la calidad y productividad
generalmente son elevadas. El líder y los subordinados actúan como una unidad.
El Líder liberal es el tercer estilo de liderazgo que los investigadores identifican. Este
estilo de liderazgo se caracteriza por una libertad completa por parte del grupo en las decisiones
y una participación mínima del líder. El líder no ejerce su función, no se responsabiliza del grupo
y deja éste a su propia iniciativa. Este no establece metas para el grupo. La toma de decisiones
la lleva a cabo cualquiera que lo desee en el grupo y el líder no intenta evaluar o regular el curso
de los acontecimientos.
Al poner en perspectiva el liderazgo de Nehemías ante las modalidades empíricas de
liderazgo se observa una alineación de su ejecutoria con el liderazgo autoritario y democrático.
Muchas de las iniciativas de Nehemías fueron una determinación propia luego de orar al Señor.
El identificó técnicas y estrategias a utilizar. En su ejercicio tomó decisiones y simplemente las
comunicó. Todo esto debido a que al llegar a Jerusalén el pueblo estaba desanimado y a pesar de
llevar allí algunos años no habían tenido la iniciativa de levantar el muro. No obstante, no se
observa criticando el trabajo de los demás, si no incluyéndolos en el proyecto y motivando al
pueblo a trabajar por sus familias y por su ciudad, desarrollando así un sentimiento de
responsabilidad ante el grupo, que son características propias del liderazgo democrático. Todas
estas cualidades demuestran que Nehemías operó un liderazgo situacional, en el que ante cada
situación particular ejerció un tipo de liderazgo que le permitió alcanzar grados óptimos de
eficiencia en la construcción de los muros, en ocasiones autoritativo y en ocasiones participativo.
Ahora bien, el éxito ministerial de la vida de Nehemías no se reduce a una modalidad de
liderazgo. Fueron muchas las herramientas y competencias espirituales que utilizó para cumplir
con su objetivo. Nehemías fue un líder constante en la oración. Antes de iniciar y durante todo
el proyecto Nehemías se mantuvo en comunicación con Dios pidiendo dirección y justicia. Pero
su ejercicio no se limitó a la oración, si no que la misericordia lo movió a trabajar de manera
voluntaria en favor de su ciudad y sus hermanos. Estas y otras competencias formaron el
liderazgo de Nehemías, sin embargo, el énfasis de este escrito es la motivación que este líder
desarrolla por las promesas de Dios y su fortalecimiento a través de ellas.
Trece años habían pasado desde que Esdras había regresado a Jerusalén y ayudado al
pueblo con sus necesidades espirituales. Sin embargo, aún existía un problema de seguridad
nacional, los muros estaban destruidos. Cuando Nehemías se entera demudó su rostro, oró y
decidió hacer algo al respecto. Dios obró por medio de él para llevar un despertar espiritual al
pueblo de Judá. Durante su liderazgo Nehemías mostró que las promesas de Dios lo motivaban
y fortalecían en medio de su ardua tarea. Desde que su corazón fue movido a piedad ante el
problema de seguridad que había en Jerusalén, Nehemías en su oración a Dios declara:
“Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros
pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardaréis mis
mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los
cielos, y de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre."
(Nehemías 1:8-9) Uno de los primeros pasos de Nehemías fue un movimiento a la oración, no
existían razones externas que motivaran a este hombre de Dios a abandonar su puesto en la corte
real para irse a un país en ruinas a realizar un trabajo que nadie iba a reconocer; sin embargo,
Nehemías busca una motivación intrínseca en su espíritu alineado con el Padre mediante la
oración, y esa motivación la produce la Palabra. Esa promesa que Dios de antemano había hecho
a su pueblo Israel era razón suficiente para que este emprendedor sintiera la responsabilidad de
responder a la necesidad de su nación. No existía un grupo de apoyo, ni una junta de ancianos
que planificaran con Nehemías como construir la muralla; sin embargo, existían en la memoria
de este emprendedor las promesas que Dios había hecho a su pueblo.
Deuteronomio treinta expresa: “Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas,
la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las
naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo
que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová
hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los
pueblos adonde te hubiera esparcido Jehová tu Dios.” Nehemías en su oración en el capítulo uno
le recuerda a Dios lo que él había prometido. Dios dispersaría a Israel si eran infieles y
restauraría a la nación de su exilio si regresaban a él. Nehemías creyó que Dios restauraría a
Israel porque así ya Dios lo había prometido. Esa promesa le bastó para lanzarse a esta obra de
fe.
En ocasiones los líderes y ministros del tiempo presente gustan de iniciar sus proyectos y
emprendimientos con un gran grupo de personas, patrocinadores y ministerios, porque tal parece
que ese andamiaje le produce cierto grado de seguridad en la misión a la que son llamados; sin
embargo este líder judío no necesitó de una estructura de personal para creer en la consumación
de su propósito, su fe se fundamentó en lo que Dios había dicho, y teniendo esa promesa en su
mente y corazón inicia solo esta jornada de construcción. En medio de esa soledad, la Palabra de
Dios y sus promesas fueron los mejores aliados de Nehemías, esa palabra estaba en su boca y en
su corazón. De esa misma forma, los ministros deben empoderarse de lo que Dios ha prometido,
para que en medio de cualquier escenario de soledad, calumnias y batallas puedan sacar fuerzas
de debilidad y vencer en el nombre de Jesucristo.
En muchas ocasiones la fatiga espiritual en el liderazgo eclesial viene a causa de un manejo
errado de la vida ministerial. Es el punto en el que un ministro procura hacer la obra de Dios
usando solamente los recursos de la carne, y no los abundantes recursos del Espíritu Santo.
Cristo mismo dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5). Ser líder requiere coraje,
disciplina y determinación. Un gran líder puede traer gran éxito, a costa de ser juzgado y
abrumado. La Biblia habla de muchos líderes exitosos que fueron motivados y fortalecidos por
las promesas de Dios. Un hombre como Abraham creyó en una promesa y cambió el curso de su
vida entera: “Yo haré de ti una gran nación”. Moisés enfrentó todo un imperio hostil a causa de
una promesa; Pablo dedicó su vida al evangelio creyendo las promesas del Señor y evangelizó el
mundo que conocía fortalecido en ellas. Hoy los ministros son igualmente llamados por Dios a
ejercer un liderazgo en la iglesia y para el mundo. Dios no ha dejado desprovista a esta
generación de servidores de sus promesas. Hay muchos versos en la Escritura que tienen el
propósito de motivar, fortalecer y sostener a los hombres y mujeres de Dios en sus ministerios.
Dios habló para alentar a los valientes que eligen subir y liderar. Es imposible sostener la fe sin
las promesas de su Palabra. Gálatas 6 reza: No nos cansemos, pues de hacer el bien, pues a su
tiempo segaremos”. Santiago 1 expresa: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación….
Porque recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman.” El Salmo 37
dice: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él y él hará.” Esas promesas de cosechar en
su tiempo el fruto del esfuerzo y trabajo; de recibir recompensa por la fidelidad; y de la potencia
de Dios ante los desafíos de las misiones que los líderes trabajan, son solo unas pocas de las
muchas que existen en la revelación escritural. Dios las dejó ahí porque sabía que cada hombre y
mujer de llamado las necesitaría para ser motivado y fortalecido. Teniendo presente los tiempos
de gloria y los tiempos de oscuridad Dios en su propósito deja una provisión escrita para sus
hijos. Esa Palabra escrita junto a la obra poderosa del Espíritu Santo equipan y revisten a los
ministros para servir, tal y cual sucedió en la vida de Nehemías. El vivir proclamando y
creyendo las promesas de Dios es un ejercicio que debe mantenerse en los tiempos de intimidad
con Dios, que debe expresarse en las enseñanzas y que debe “gritarse” en los sermones. Hacer
activa y viviente cada palabra que Dios ha dejado en su voluntad es una herramienta de la cual
no se puede prescindir. Cristo es la porción de los levitas y sacerdotes, y el remedio ante el
desaliento y la debilidad espiritual: “venid a mí, llevad mi yugo, aprended de mí, porque soy
manso y humilde de corazón.” Hay un descanso prometido con tan solo ir a él y aprender de él,
el verdadero líder humilde, ese que aún frente a la tentación utilizó la palabra para vencer a
satanás, y fue fortalecido por ella. Cristo en el corazón del hombre y la mujer que han sido
llamados es la garantía de un reposo.
III. Conclusión
El llamado al ministerio es en su forma y origen muy distinto al llamado a liderar en cualquier
empresa humana. Aunque conocer las estrategias humanas necesarias para liderar es una buena
ventaja y preparación, de nada sirven si no están sustentadas por la fe y por la Palabra de Dios.
Los desafíos espirituales en la vida de un líder no se pueden enfrentar con modalidades terrestres.
Precisamente por eso, Dios dejó las promesas de su Palabra como un arma poderosa para
mantener de pie a sus siervos. Nehemías en su liderazgo fue sensible a las necesidades de los
demás, estratégico, un brillante proyectista, organizado, perseverante, íntegro, hombre de fe y
valor. Pero sobre todo, fue un hombre que creyó a las promesa de Dios y sostenido en ellas
emprendió una tarea que culminó en victoria. En medio de las batallas que enfrentó ante los
enemigos, fue a Dios en oración y le recordó sus promesas, lo cual demuestra que siempre las
tuvo presente en su mente y corazón. En este tiempo tan adverso confiar en las promesas de Dios
no es opcional, es necesario. Creerlas por fe llevan a cualquier ministro a crear camino donde no
hay, a ver milagros donde había enfermedad y liberación donde había opresión, porque a pesar
además de ruinas, en Jerusalén quedaban las promesas de Dios, solo hacía falta un líder que las
creyera.
Bibliografía
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