Mariano ARTIGAS, La mente del universo, EUNSA, Pamplona 1999,465 pp.
,
17 x 24, ISBN 84-313-1675-6.
El reciente desarrollo de los estudios metacientíficos ha producido profun-
das transformaciones en la apreciación de los componentes filosóficos presentes
en las teorías físicas y biológicas. En las contribuciones científicas propuestas por
P. C. Davies, S. W. Hawking, J. Gribbin, R. Penrose y F. J. Tipler, entre otros,
encontramos lo que Michael Heller llama "filosofía en la ciencia». Es obvio que
esta forma de filosofía falsifica la teoría positivista de la ciencia, desarrollada en
nuestro siglo por el positivismo lógico y practicada aun ahora por muchos cien-
tíficos inspirados por las normas positivistas del rigor metodológico y la fiabili-
dad epistemológica. Entre la alergia post-positivista a la filosofía y la fascinación
acrítica con ramificaciones metafísicas por las teorías científicas, Mariano Artigas
trata de introducir las distinciones epistemológicas necesarias para desarrollar su
propia filosofía basada en premisas de las ciencias naturales y al mismo tiempo
abierta a los problemas básicos de la metafísica entendida en su sentido clásico.
Con referencia obvia al libro de P. C. Davies La Mente de Dios, Artigas
titula el suyo La Mente del Universo para subrayar el papel de los componentes
racionales en nuestra visión de la naturaleza y en la descripción matemática que
de ella proporcionan las teorías científicas. El autor tiene presentes las conse-
cuencias filosóficas de los recientes cambios profundos, tanto en los descubri-
mientos científicos como en la crítica epistemológica de las teorías científicas.
Describe adecuadamente la importancia de este tipo de estudio cuando escribe
en la Introducción: «por vez primera en la historia, poseemos una cosmovisión
científica que es, al mismo tiempo, completa y rigurosa, y se encuentra estre-
chamente relacionada con las ideas de auto-organización, racionalidad, e infor-
mación. Asimismo, el desarrollo de la epistemología nos permite combinar las
perspectivas lógica, histórica y sociológica, alcanzado una visión equilibrada
acerca de la naturaleza de la ciencia experimental» (p. 9). En esta perspectiva
está justificado afirmar que «la ciencia se transciende a sí misma», porque con-
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tiene (implícitamente, al menos) supuestos de naturaleza metodológica, episte-
mológica, ética y ontológica. El análisis de esos supuestos revela importantes
ramificaciones filosóficas de la ciencia moderna y crea una oportunidad para
conectar disciplinas que parecían antaño separadas e incluso antagónicas.
En sus comentarios acerca de los aspectos epistemológicos de la ciencia,
el Prof. Artigas se refiere a las discusiones recientes en la filosofía de la ciencia.
En su estudio metafísico mira a la tradición representada por Aristóteles,
Séneca, Agustín, Tomás de Aquino o Luis de Granada; después de tomar en
consideración la herencia filosófica de estos clásicos y de hacer uso de su expe-
riencia profesional en el campo de la física, Artigas evita los modelos explicati-
vos simplistas mantenidos por muchos autores contemporáneos, quienes que-
rrían interpretar en clave panteista la pasmosa racionalidad de la naturaleza des-
cubierta por los nuevos logros de las ciencias naturales. Muchos autores con-
temporáneos pretenden explicar este fenómeno introduciendo categorías de
una «teología de la creación» en la versión formulada por Matthew Fox, mien-
tras que sus oponentes filosóficos a veces quieren defender un «creacionismo
científico» en el que se desarrolla un rechazo fundamentalista de las teorías
científicas. Superando las tentaciones intelectuales de estas dos posturas sim-
plistas, Artigas introduce un paradigma explicativo que parece cercano al con-
temporáneo panenteismo practicado por muchos adherentes del pensamiento
procesual de Whitehead. En esta perspectiva, la naturaleza no puede verse
como un sistema ontológicamente cerrado porque tanto Dios, como la persona
humana con·su actividad intelectual, introducen el elemento de transcenden-
cia en el ámbito de los fenómenos naturales.
En esta perspectiva de la cooperación de Dios con la persona humana
emergen muchas cuestiones axiológicas y éticas. La creatividad, inspirada por
nuestra búsqueda de sentido, no debe consistir, como afirma Jacques Monod,
en un juego entre el azar ciego y la necesidad rígida, ya que Dios, concebido
como un artista creador, constituye el fundamento último de toda la naturaleza
racional vista en su crecimiento evolutivo. Se puede concebir a este Dios como
«la mente del universo» porque los procesos naturales manifiestan una raciona-
lidad que, de acuerdo con el famoso comentario de Eugene Wigner, es tan
asombrosa que «ni la explicamos ni la merecemos». En los debates contempo-
ráneos sobre el significado filosófico del progreso de la ciencia física, muchos
autores ya han tratado de contestar las preguntas con las que se enfrenta Arti-
gas: ¿por qué nuestro universo muestra la racionalidad estructural que observa-
mos?, ¿por qué leyes universales cósmicas rigen los procesos contingentes, en
principio inconexos?, ¿por qué, sin usar antropomorfismos, podemos atribuir
un cierto tipo de creatividad sofisticada al proceso de desarrollo evolutivo?
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Introduciendo la metáfora explicativa de la mente divina del Universo, el autor
se refiere tanto al fundamento divino del ser como a la participación humana
en la creatividad de Dios. De este modo evita la filosofía ingenua de Dios en la
que se introduce a Dios ex machina, al estilo de Samuel Clarke. Al mismo
tiempo supera las propuestas poéticas del panteismo contemporáneo, que
ignora completamente la gran tradición de la filosofía clásica.
En esta nueva perspectiva se obtiene una visión intelectualmente esti-
mulante de un naturalismo integral, que supera la oposición entre lo natural y
lo divino. En lugar de una oposición entre estabilidad racional y creatividad
artística, tenemos un modelo nUevo en el que los antiguos antagonistas desem-
peñan funciones explicativas importantes. En este modelo, la necesidad del diá-
logo interdisciplinar entre la Ciencia, la Filosofía y la Teología resulta tan natu-
ral como la inmanencia de Dios, quien revela su presencia tanto en la expresión
particular de la belleza de naturaleza como en las leyes universales de la evolu-
ción cósmica. Los dominios de investigación, que aparecían separados en
esquemas epistemológicos anteriores, se unen en la novedosa perspectiva filo-
sófica presentada en La Mente del Universo. En el desarrollo de este libro, el
autor se refiere a contribuciones filosóficas desarrolladas en diversas tradiciones
filosóficas. Este procedimiento debe apreciarse como una forma de «ecume-
nismo filosófico» en el cual la idea directriz subyacente en el libro de Artigas
unifica varias escuelas y corrientes que parecían estar separadas o incluso ser
antitéticas, según los esquemas de las interpretaciones tradicionales.
Además del diálogo entre Ciencia y Religión, el estudio del Prof. Artigas
también contiene una contribución importante para la defensa contemporánea
de los elementos racionales, tanto en la filosofía de la ciencia como en nuestra
cultura. Después del rechazo de los esquemas simplistas propuestos por el posi-
tivismo y el cientificismo, muchos críticos contemporáneos tienden a conside-
rar la ciencia natural como una empresa artística en la cual la racionalidad cien-
tífica no sería más que un fenómeno socio-cultural. Según el positivismo
lógico, la racionalidad y la evidencia empírica debían jugar el papel principal en
la investigación científica. Según el postmodernismo contemporáneo, la cien-
cia debería ser considerada más como una empresa artística en la que el papel
principal corresponde a la fantasía y a la imaginación. El prof. Artigas evita la
Escila del positivismo así como el Caribdis del postmodernismo. En su estimu-
lante reflexión se puede encontrar tanto el eco de los Salmos, donde la presen-
cia de Dios penetra el universo entero, como la teoría neoplatónica del Lagos,
que constituye el fundamento último de la racionalidad que se manifiesta en
los procesos físicos . Sus modelos explicativos deberían atraer la atención de
científicos, filósofos y artistas, ya que proporcionan una forma de unidad filo-
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sófica muy importante para alcanzar una cosmovisión unitaria y coherente
basada en premisas físicas .
Esta erudita presentación de los cambios profundos que han tenido
lugar en la investigación científica y metacientífica supera muchos estereotipos
populares en los que predominaba una visión simplista de la ciencia. La Mente
del Universo, escrito por un físico y filósofo, proporciona un estudio exhaus-
tivo en el que una presentación competente de los descubrimientos físicos se
combina con una búsqueda crítica y racional de los supuestos filosóficos de la
ciencia. Este libro representa una contribución muy importante al diálogo
entre Religión y Ciencia, y debería inspirar nuevos intentos de relacionar la
Ciencia y la Filosofía en su búsqueda común del significado de las nuevas teo-
rías científicas.
En la actualidad, en los ámbitos de la filosofía de la naturaleza y de la filo-
sofía de la ciencia coexisten varias tradiciones intelectuales, en las que se descu-
bre una diversidad de estilos de diálogo entre Filosofía y Ciencia. El estilo anglo-
sajón de Wheeler, Barrow o Dawkins es esencialmente diferente del estilo de
autores franceses como Manad o Teilhard de Chardin. El profesor Artigas trata
de combinar el estilo científico de los anglosajones y el de los filósofos conti-
nentales. Esta unificación confiere un estilo específico a su estudio, que merece
reconocimiento debido a su gran importancia y a que puede servir como inspi-
ración para promover el diálogo entre la Ciencia y las Humanidades.
Joseph M. ZYCINSKI
Evencio CÓFRECES y Ramón GARCÍA DE HARO, Teología Moral Fundamental,
EUNSA, Pamplona 1998, 593 pp., 15,5 x 23, ISBN 84-313-1637-3.
Basándose en uno de los libros de su maestro y amigo, Ramón García de
Haro, recientemente fallecido, Evencio Cófreces nos ofrece un manual de Teo-
logía Moral Fundamental no sólo de gran altura científica, sino también actua-
lizado con los últimos documentos magisteriales. Efectivamente, y como se
indica en el prólogo, después de haber publicado su libro La vida cristiana, Gra-
cía de Haro propuso a Cófreces la reelaboración de esta obra para reducirla a
una extensión más adecuada a aquellos que se enfrentan por primera vez con la
Teología Moral. Partiendo de esta línea, y con atención a los documentos
magisteriales aparecidos por aquel entonces -el Catecismo de la Iglesia Católoca
y la Encíclica Veritatis Splendor-, Cófreces ha realizado un manual apto para
los alumnos de primer ciclo, y para todo aquél que se acerca por vez primera a
estos temas.
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