Las principales causas de la pobreza
El hambre
Uno de los problemas es el hambre. Esta situación de infraalimentación afecta a
más de la mitad de la población, a lo que habría que añadir un alto porcentaje
de personas desnutridas, que son quienes aun consumiendo una cantidad de
calorías por encima de los niveles críticos, acusan deficiencias en proteínas,
vitaminas o sales minerales, a causa de una alimentación nada variada.
Si el hambre se mantiene no se debe a una incapacidad productiva para hacer frente a
las necesidades alimentarias de una población creciente, sino a las estructuras sociales
que impiden un reparto equilibrado de esas producciones.
Las técnicas relacionadas con la producción agrícola y ganadera permiten que no haya
déficit de alimentos en el mundo, el problema es el injusto reparto de esos alimentos.
En los últimos años vemos como una buena parte de los cereales producidos en los
países pobres se emplean para la fabricación de biocombustibles para el primer
mundo, ignorando las necesidades alimenticias de los países más pobres.
La precariedad sanitaria
Otro aspecto importante es la elevada morbilidad (relación entre el número de
enfermedades y el de habitantes) y la precariedad de la salud, por la flagrante escasez
de personal médico y centros sanitarios.
En unas ocasiones el clima influye en la aparición de ciertas enfermedades tropicales;
en otras las condiciones de vida (falta o escasez de agua potable, falta de
saneamiento, desinformación de la población, etc.) provocan la aparición de
enfermedades.
También influyen, en este sentido, los difíciles accesos a los centros de salud o a las
medicinas, especialmente en regiones rurales.
Por otra parte, la salud se ha convertido en un negocio para unos pocos. Para muchas
farmacéuticas les resulta más rentable invertir dinero en la producción de fármacos
para las enfermedades del primer mundo (ansiolíticos, colesterol…) que para frenar el
avance de algunas “enfermedades de los países pobres” (malaria, dengue, cólera…).
No tener acceso a la sanidad o hacerlo en condiciones muy desfavorables es otro de
los indicadores de la pobreza. La falta de salud en un colectivo humano (además de ser
un gasto importante para las familias y para el Estado) genera una mano de obra muy
precaria.
Los bajos niveles de educación
En el campo de la educación escolar es donde más se ahondan las diferencias entre
países desarrollados y subdesarrollados. Actualmente el desarrollo no se concibe sin
la elevación de los niveles educativos de un pueblo. Aunque la tasa de analfabetismo
va disminuyendo, aún se mantiene en niveles altos.
Pensemos que una población que posee acceso a la educación contará con mejor
capital humano, personas más preparadas y capacitadas para acceder a puestos de
trabajo mejor remunerados.
Además, una población educada podrá ser consciente de sus derechos como ser
humano, y podrá construir una sociedad más justa, a la vez que podrá gestionar y
dirigir mejor las políticas y la economía de su país, haciéndolo más próspero y menos
dependiente de los países rico
El crecimiento demográfico
Para poder cubrir las necesidades de la población debido a su elevado crecimiento
demográfico, que en los países subdesarrollados alcanza tasas del 2-3%, es necesario
unas tasas de crecimiento económico del 8 al 12%, cuando en esos momentos el
crecimiento económico se sitúa en tasas de alrededor del 6%.
En consecuencia, las sociedades en desarrollo en su conjunto ven reducir o no pueden
alcanzar los niveles de vida adecuados para la gran mayoría de su población.
Por otro lado, el crecimiento demográfico alcanzó umbrales dramáticos y se hizo
urgente la imposición de un vasto programa de control de la natalidad, pero que no es
efectivo si no va acompañado por un claro desarrollo social y cultural, además del
económico.
Esta explosión demográfica está acompañada de una explosión urbana (un 50,46% de
la población vive actualmente en ciudades).
Las causas del desmesurado crecimiento urbano radican en el crecimiento vegetativo
(más natalidad que mortalidad), en la pobreza y la falta de oportunidades de progreso
en las zonas rurales. Todo ello contribuye a la creación de extensos barrios marginales
en las ciudades.
Deterioro del medio ambiente
El éxodo rural, que alimenta el crecimiento urbano, no contribuye a reducir la presión
sobre la tierra. Se produce una crisis medioambiental por la agresión a la cobertura
vegetal y por el empobrecimiento y deterioro de los suelos por la falta de abonado.
Así, aparece una agricultura poco especializada y de baja productividad, que mantiene
una función primordial de subsistencia sin capacidad de ahorro y con escasas
posibilidades de progreso.
A ello se une la sobreexplotación de los bosques por parte de muchas empresas,
privando a muchos pueblos (en especial los indígenas) de su único medio de vida.
La contaminación cada vez más creciente tiene efectos como el calentamiento global y
el efecto invernadero, que acaban afectando al clima del planeta y provocando sequías
e inundaciones con más frecuencia que hace unas décadas.
Esos bruscos cambios en la meteorología afectan a las producciones agrícolas,
sustento básico de muchas personas en el mundo.
Todo ello hace que debamos trabajar más en favor de un sostenimiento
medioambiental.