0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas8 páginas

La Catequesis en La Antigüedad

Este documento describe la catequesis en la antigüedad cristiana. Explica el proceso de catecumenado que incluía la inscripción de los candidatos, su examen, y un período de instrucción de tres años. También describe los ritos de preparación para el bautismo como el exorcismo y la renuncia a Satanás. El método catequístico se basaba en catequesis orales dirigidas por el clero o laicos educados, siguiendo consejos como los de Agustín para adaptarse a la audiencia.

Cargado por

Rory Gutiérrez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas8 páginas

La Catequesis en La Antigüedad

Este documento describe la catequesis en la antigüedad cristiana. Explica el proceso de catecumenado que incluía la inscripción de los candidatos, su examen, y un período de instrucción de tres años. También describe los ritos de preparación para el bautismo como el exorcismo y la renuncia a Satanás. El método catequístico se basaba en catequesis orales dirigidas por el clero o laicos educados, siguiendo consejos como los de Agustín para adaptarse a la audiencia.

Cargado por

Rory Gutiérrez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA CATEQUESIS EN LA ANTIGÜEDAD

Reflejos de historia sacramental en los monumentos paleocristianos

El artículo escrito por Alejandro Bertolino, joven estudioso de arqueología y guía en las catacumbas de
San Calixto, presenta el largo camino de la formación de los futuros cristianos, desde su inscripción en las
listas de los catecúmenos a las varias fases de la instrucción religiosa, hasta su admisión en la
comunidad de la Iglesia. Están descritos el método catequístico aplicado y los ritos de preparación y de la
administración del sacramento del bautismo, en base al testimonio de los datos arqueológicos de
antiguos bautisterios y de inscripciones sepulcrales. La exposición está enriquecida por una selecta
documentación bibliográfica.

1. EL CATECUMENADO

La institución de una fase preliminar que abarcaba un período adecuado de


preparación al bautismo, se halla ya plenamente desarrollada hacia fines del
siglo II. Se trataba de una catequesis prebautismal bien articulada que formaba
a quienes aspiraban a hacerse cristianos y que en este tiempo de preparación
eran llamados catecúmenos (los que son instruidos).
El catecumenado (1) empezaba en el momento en que el candidato se
presentaba a los catequistas y hacía inscribir su nombre en elencos especiales
guardados por los diáconos. Este acto de registración preveía que el aspirante
fuera acompañado por algunos fieles que atestiguaran la rectitud y el real
empeño en la instrucción cristiana; el primer paso era pues cumplido por el
catecúmeno no en soledad, sino frente y en la comunidad gracias a la
presencia de testigos que, más tarde, serán llamados "padrinos". Agustín (2)
nos informa acerca de esta práctica puntualizando sus reales funciones.

"Para asegurarse mejor sobre las disposiciones del candidato, un medio


utilísimo es el de informarse en el círculo de los amigos del catecúmeno sobre
sus disposiciones interiores y los motivos que lo impulsan hacia la religión".

La función del padrino es por lo tanto atestiguada aquí como existente en forma
institucional, subrayándose la dimensión eclesial del camino del futuro
catecúmeno. Después de la registración del nombre y la presentación del
candidato, se pasaba al examen sobre su vida, sobre la profesión ejercida y
sobre los propósitos que lo animaban. El interrogatorio a menudo riguroso,
tendía a asegurar a la Iglesia que existían las condiciones para poder
efectivamente practicar la vida cristiana sin componendas con costumbres
paganas o inmorales. Detallado es el elenco que nos provee un texto del III
siglo, la Tradición Apostólica (3), respecto de las actividades no compatibles con
el ser cristiano:

"Examínense los oficios y las ocupaciones de aquellos que son conducidos a


recibir la instrucción. Si uno administra un prostíbulo, desista o sea despedido.
Si uno es escultor o pintor, hay que decirle que no represente ídolos: desista o
sea despedido... El auriga que compite o quien participa en juegos públicos,
desista o sea despedido. Quien es gladiador o enseña a los gladiadores a
combatir, o es un funcionario que se ocupa de los juegos de los gladiadores,
desista o sea despedido... La prostituta, el lujurioso, el disoluto y quienquiera
haga cosas de que no está bien hablar, sean despedidos por impuros. El mago
no sea admitido al examen. El encantador, el astrólogo, el adivino, el intérprete
de los sueños, el charlatán, el falsario, el fabricante de amuletos, desistan o
sean despedidos.... Quien tiene una concubina, desista y cásese según la ley;
si no se aviene, sea despedido".

Como se ve, la práctica de diversas profesiones que de algún modo están


relacionadas con la religión pagana, impedía recibir el bautismo. La
intransigencia que se transparenta de las fuentes, se explica con el intenso
deseo de la primera comunidad cristiana, de distinguirse al máximo de las
costumbres paganas circundantes. Superado el examen, aun antes de la
recepción del sacramento, el catecúmeno es ya considerado como miembro de
la comunidad eclesial. El tiempo de la instrucción catequística realizará su
progresiva integración en la Iglesia que culminaba en el bautismo.

Seguía el período de preparación, que generalmente tenía una duración de tres


años; la extensión de la catequesis podía ser abreviada en casos
excepcionales en los que se constatara la loable aplicación y el celo del
catecúmeno. Era en este tiempo cuando los catecúmenos en lugares
determinados eran instruidos adecuadamente acerca de la doctrina cristiana;
los catequistas encargados de esta tarea, podían ser diáconos o presbíteros,
pero de tal servicio no eran por cierto excluidos los laicos más dotados, como
fue en el caso de Orígenes quien dirigía, por cuenta del obispo de Alejandría,
una verdadera universidad de teología y exégesis bíblica. Durante los años de
formación, los catecúmenos podían empezar ya a tomar parte en la asamblea
litúrgica dominical, si bien con algunas limitaciones fundamentales: en la iglesia
había lugares reservados para ellos y separados de los fieles; participaban tan
solo de la liturgia de la Palabra y eran admitidos a escuchar la homilía, después
de la cual eran alejados y debían aguardar el final de la Misa en un local
separado del edificio de la iglesia: el nartex, un aula rectangular ubicada en
dirección transversal al eje de la iglesia y adosada a la fachada.

Terminado el período de la preparación, el catecúmeno llegaba a vivir


intensamente el período cuaresmal que precedía al bautismo previsto para la
noche de Pascua. El era examinado una segunda vez para verificar cuál había
sido su comportamiento durante el período formativo, luego su nombre era
registrado por el mismo obispo en el "libro de la Iglesia", y con este acto el
catecúmeno viene a ser electus, elegido para ser inscripto entre los ciudadanos
de la Jerusalén celestial. En este momento toda la Cuaresma era vivida por el
catecúmeno participando de las reuniones, catequesis casi diarias, vigilias de
oración y ayunos de purificación. Juan Crisóstomo (4), obispo de Antioquía en el
siglo IV, dirigiéndose a los electi de su diócesis, concluye con palabra de
intenso lirismo, una de estas reuniones prebautismales:

"Ya les llega el perfume de felicidad, oh elegidos. Ya ustedes recogen las flores
místicas para con ellas entrelazar coronas celestiales. ¡Tiempo de contento y
alegría el que nosotros vivimos! He aquí llegado, en efecto, el objeto de
nuestro deseo y de nuestro amor, los días de las bodas espirituales".

En el ámbito de la preparación cuaresmal, algunos ritos se destacaban por su


plenitud de significados simbólicos. Entre estos figuraba el exorcismo, que
consistía en formular algunas oraciones insuflándolas sobre el rostro del
candidato y en marcarlo en la frente; de tal manera se evidenciaba que la
persona era arrancada a las fuerzas del mal y siempre más ligada a Cristo. Un
relieve particular asumía la entrega del Símbolo, que contenía los puntos
fundamentales del Cristianismo; este era explicado para poder ser aprendido
por los catecúmenos, quienes debían recitarlo solemnemente ante el obispo el
domingo de Ramos, en la ceremonia de la restitución del Símbolo. Toda la
preparación concluía con el rito final de la renuncia a Satanás y de la adhesión
a Cristo, que se desarrollaba el Jueves Santo o bien en la misma noche
pascual. Vuelto hacia occidente, lugar donde moran las potencias de las
tinieblas, el catecúmeno manifiesta su primitiva condición de esclavo del
pecado, después volviéndose hacia oriente, sede del Paraíso y lugar de donde
brota la luz de Cristo, hace una solemne profesión de fe trinitaria.

2. EL METODO CATEQUISTICO

Como ya se ha señalado, la instrucción catequística estaba confiada al clero o


a laicos bien formados. Afortunadamente, la tradición manuscrita nos ha
conservado algunas de estas catequesis, redactadas por algunos entre los
espíritus más cultos de la época, dirigidas a los catecúmenos o a los neófitos.
Entre estas se han de recordar las Catequesis mistagógicas de Cirilo de
Jerusalén, el De mysteriis de Ambrosio y particularmente el De catechizandis
rudibus de Agustín. Este último es un verdadero tratado de metodología
catequística, todavía hoy sumamente válido y lleno de sugerencias útiles para
la reflexión. Fue escrito para satisfacer el pedido de un diácono cartaginés,
cierto Deogratias, desalentado por estar convencido de que aburría a sus
oyentes en vez de iluminarlos en la fe (5):

"Me has escrito, hermano Deogratias, que te escribiera algo que pueda serte
útil sobre el modo de catequizar ... Tú experimentas casi siempre dificultad en
encontrar el método a propósito para presentar la doctrina ... Tú dices que
durante las largas y enervantes reuniones te sucede, y de ello te lamentas, de
sentirte humillado frente a ti mismo y de estar disgustado de ti, muy lejos por lo
tanto de instruir a tus oyentes y a los demás que te escuchan".

Agustín se explaya después en una serie de consejos pedagógicos a fin de que


la catequesis esté siempre inmersa en un clima de gozo, hilaritas, procurando
encontrar las condiciones mejores para amoldarse a los diversos oyentes
eventuales. Toma en examen todas las posibles situaciones en que un
catequista se puede hallar y brinda soluciones a los diversos problemas y
obstáculos que los catecúmenos pueden ocasionar. El obispo africano advierte
que en algunos casos el auditorio no comprende sus palabras y enseña
entonces cómo descender dulcemente a los corazones de sus oyentes. Se da
cuenta de que en otras situaciones el catequista puede mostrarse reticente en
expresarse abiertamente por temor de ofender o enfrentar a la asamblea, y
luego aconseja cómo evitar semejante riesgo. Agustín sabe que a veces el
auditorio no reacciona y permanece indiferente; a raíz de eso le sugiere al
docente una mayor introspección del pensamiento de quien escucha. Es
siempre oportuno adaptarse al tipo de oyente que está delante de uno, habida
cuenta del sexo, del número de las personas y de su origen social y cultural.
Otras dificultades que el catequista puede encontrar son posibles distracciones
que los oyentes pueden experimentar, y por lo tanto será preferible permitir a
los catecúmenos sentarse a fin de evitar que, cansados, alejen su pensamiento
de las palabras del maestro y, en todo caso, Agustín (6) sugiere que cuando se
percibe cansancio, es menester sintetizar:

"Apresurémonos en el resto de la exposición, prometiendo una conclusión


inmediata, y mantengamos la palabra".

3. BAUTISMO - CONFIRMACION - EUCARISTIA

El bautismo cristiano se remonta a Cristo, en el sentido de que se administra


por mandato de él y es distinto de otros tipos de bautismo, en uso entre los
judíos. No es de carácter ritual - en tal caso sería repetible-; en cambio, una
vez recibido, no admite repeticiones, porque es signo del perdón de los
pecados y del nuevo nacimiento en Cristo.

Sobre la base de las fuentes literarias podemos reconstruir el rito bautismal así
como se desarrollaba en la antigüedad. Normalmente el catecúmeno llegaba a
obtener el bautismo administrado por el obispo, después del largo período de
preparación, la noche de Pascua. Primeramente se ungía al candidato varias
veces; luego, después de la renuncia a las tentaciones del mundo y de los
exorcismos, seguían diversas bendiciones del agua; finalmente, venía la triple
inmersión o infusión que implicaba el pedido de adhesión al Símbolo
pronunciado por el diácono al cual el catecúmeno debía responder con la
afirmación "¡Creo!". La larga ceremonia concluía con el rito del intercambio del
beso de paz de parte de toda la comunidad presente. Pero estos ritos
fundamentales fueron enriquecidos y ampliados en algunas comunidades
dando origen a liturgias algo diferenciadas, conservándose, sin embargo, la
unidad sustancial.

Administrado el bautismo, el catecúmeno ya había entrado a formar parte con


pleno derecho de la comunidad eclesial. Ahora podía ser llamado neófito, y
como tal, llevaba la túnica blanca, signo de la regeneración realizada. También
obtenía el sacramento de la confirmación administrado exclusivamente por el
obispo. Consistía en la unción con una señal de la cruz sobre la frente,
empleándose un aceite perfumado -el crisma-, y en la imposición de las manos.
Tan solo a partir del siglo V, por iniciativa de algunas diócesis de las Galias la
confirmación comenzará a adquirir una autonomía propia y cada vez más
raramente será conferida juntamente con el bautismo. La misma eucaristía era
administrada, por vez primera, como conclusión de las ceremonias con las que
el catecúmeno se había transformado en un verdadero fiel. Como tal, el
candidato, después de ser bautizado y confirmado entraba en la iglesia para
poder participar de la Misa, por vez primera en su vida, donde tomaba parte
también en el banquete eucarístico, juntamente con la totalidad de la
comunidad cristiana.

4. LOS DATOS ARQUEOLOGICOS: LOS BAUTISTERIOS

Un silencio casi total hay que registrar con respecto a la existencia de


bautismos en la época anterior a la paz religiosa (7). La única excepción la
provee el ejemplo descubierto en Dura Europos, en Siria, donde en el interior
de un edificio particular datado a comienzos del siglo III, se han reconocido
algunos ambientes utilizados con certeza para oficiar el culto cristiano. El
complejo presenta diversas habitaciones, dispuestas alrededor de un patio
descubierto, destinadas a la celebarción eucarística y a las reuniones litúrgicas.
Una de estas aparece como bautisterio: las dimensiones son reducidas
respecto de los otros ambientes, pero las paredes muestran una decoración
pictórica de notable hechura. Las escenas, sacadas del Antiguo y del Nuevo
Testamento, aluden a la dimensión espiritual del bautismo y abarcan el centro
más significativo de la habitación, constituido por una pila poco profunda para
la inmersión de los catecúmenos. Sobre ella se levantaba un baldaquín
sostenido por cuatro columnas; la sala contigua estaba quizás destinada a la
administración del sacramento de la confirmación. La falta de datos relativos a
ambientes bautismales para el período I / III siglo, hace suponer que el
bautismo, en esta época, era administrado en sitios donde los elementos
naturales se prestaban a la necesidad y que por lo tanto se bautizaba junto a
los ríos, las fuentes y los manantiales, o bien se adaptaban edificios
preexistentes que podían ser transformados en bautisterio, tales como los
baños, las fuentes o las piscinas.
Solamente a partir del siglo IV, después de la paz religiosa obtenida por
Constantino, podemos registrar el nacimiento y la difusión en todo el Imperio
Romano de edificios proyectados y construidos a propósito para el rito
bautismal.
El bautisterio, generalmente levantado junto a la basílica catedral, podía ser
constituido por un único ambiente, o bien podía disponer de varias
dependencias cuya función, si bien no determinable con certeza, parece haber
sido la de acoger los diversos ritos y las múltiples fases que componían la
ceremonia bautismal. Un ejemplo monumental y bien articulado de semejante
bautisterio con diversos locales anexos, cuyas funciones pueden ser
reconstruidas con suficiente seguridad, fue hallado en Salona en Croacia. En
este caso afortunado podemos seguir paso a paso las varias etapas que
llevaban al catecúmeno en su camino espiritual hasta la administración de los
sacramentos. Los bautizandos, reunidos en el nartex en el exterior de la
basílica, pasaban a través de un ingreso (A) a una amplia aula llamada
catecumenia (B), donde recibían las últimas catequesis y se preparaban
espiritualmente al encuentro con el sacramento. Desde allí, a través de un
pórtico situado entre la iglesia y el bautisterio, entraban en una gran sala de
espera (C) provista de grandes bancos adosados a las paredes, donde
aguardaban el momento de la ceremonia; después, llegado su turno, pasaban
a un pequeño local (D), el vestuario, donde dejaban los vestidos, para entrar
luego en el bautisterio octogonal (E) en el cual se sometían al exorcismo y a la
triple inmersión en la pila bautismal en forma de cruz (F). Una vez bautizados
se trasladaban a un pequeño ábside, donde estaba la cátedra episcopal (G)
para ser confirmados: después revestidos con hábitos blancos, salían del
bautisterio recorriendo el pórtico en sentido longitudinal y eran admitidos en la
basílica (H) para participar de la eucaristía.
En muchos otros casos de bautisterios descubiertos por las excavaciones
arqueológicas, no es siempre posible reconstruir este sugestivo itinerario
catecumenal, y nos podemos limitar, a lo sumo, a señalar la variedad de sus
tipologías arquitectónicas que a veces asumen también cierto grado de
simbolismo místico. Simbolismo que es todavía más acentuado por las
decoraciones musivas o por las formas de las pilas bautismales. Estas, más o
menos profundas según sirvieran para la inmersión o la infusión, y provistas a
veces de instalaciones para traer o sacar el agua, se pueden presentar en
forma cuadrada o rectangular evocando así la tumba de Cristo, las cuatro
partes del mundo, los cuatro Evangelios o el tetragrama de Yahvé; en los casos
de forma de cruz es fuerte la alegoría de la muerte del Redentor, que alude a la
muerte del pecado en el neófito; las pilas octogonales y hexagonales proponen
un lenguaje sacado del misterio del Ogdoas, el día octavo, el de la
Recapitulación y de la Resurrección final.

5. LOS DATOS ARQUEOLOGICOS: LAS INSCRIPCIONES

Las lápidas sepulcrales, latinas y griegas, encontradas en las catacumbas o en


los cementerios a cielo abierto proporcionan, también ellas, cierto número de
indicaciones relativas a los sacramentos, y de modo especial al bautismo (8).
Frecuentes son los casos en que los cristianos quisieron recordar en sus
epitafios la propia condición en el seno de la Iglesia.  Para expresar el concepto
de haber obtenido el perdón de los pecados mediante el bautismo, el cristiano
de los primeros siglos acude a formularios sintéticos, pero incisivos
definiéndose natus (nacido), renatus (renacido), luce renobatus (renovado en la
luz), o bien usa la locución gratiam accepit (recibió la gracia); más raras las
afirmaciones explícitas como bapdiatus-a (bautizado-a). Frecuentes también
son los casos en que los cristianos recuerdan haber fallecido poco antes de
alcanzar el bautismo, apareciendo entonces en las lápidas los títulos
cathecumenus (catecúmeno) o bien candidatus in Christo (candidato a ser
cristiano); así como si el cristiano murió apenas obtenido el sacramento, las
inscripciones lo recuerdan como neophita (neófito) o neophotistos
(recientemente iluminado). Bien explícita, a este respecto, la inscripción (9) de
un niño muerto a mediados del siglo V, en la que se recuerda la fecha de
nacimiento, el día de Pascua en que recibió el bautismo, el nombre cristiano
asumido por el niño y la fecha de la muerte ocurrida en el subsiguiente
Domingo in Albis:

“Aquí yace Pascasio, nacido con el nombre de Severo, en los días de Pascua,
jueves 4 de abril ... vivió seis años, recibió la gracia el 21 de abril y dejó su
blancas vestiduras en el sepulcro en la octava de Pascua”.

También el sacramento de la confirmación es citado por los epígrafes, pero con


una incidencia más bien escasa, generalmente con las fórmulas un poco
estereotipadas de unctus-a est crismate (fue ungido-a con el crisma) y
consignatus-a o bien consecratus-a (fue confirmado). Un sarcófago de Espoleto
recuerda a una mujer, neófita, Picentia Legitima consignata a Liberio Papa
(Picencia Legítima confirmada por el papa Liberio) que fue pontífice entre el
352 y el 366 (10). Un texto particularmente rico de informaciones acerca de la
administración de los sacramentos, lo trae el epígrafe grabado sobre el noble
sarcófago de los cónyuges Flavio Julio Catervio y Septimia Severina,
encontrado en Tolentino (11); en él, además de las citas del bautismo y la
confirmación, se añade el recuerdo del sacramento matrimonial con un
formulario entretejido de formas poéticas, impregnadas de una fe radiante en la
resurrección.
“El Señor Omnipotente, que con méritos iguales los unió a ustedes en el dulce
vínculo del matrimonio, custodia para siempre su sepulcro. Oh Catervio,
Severina es feliz por estar unida a ti: puedan ustedes resurgir juntos, con la
gracia de Cristo; oh felices ustedes a quienes el sacerdote del Señor, Probiano,
lavó con el agua bautismal y ungió con el sacro crisma”.

Las alusiones a la eucaristía, en la epigrafía cristiana, no son muchas, pero


tienen un gran valor sobre todo por el fuerte aspecto dogmático que revelan. En
la basílica de San Lorenzo en Roma se descubrió un epitafio (12) en el que se
afirma que verus in altari cruor est vinum (el vino en el altar es auténtica
sangre), evidenciando una explícita alusión al dogma de la transubstanciación.
Otras menciones del sacramento eucarístico se pueden encontrar en algunos
poemas sepulcrales largos y complicados, redactados en griego. El primero
proviene de Autun, Francia.  En este texto (13) cierto Pettorius que coloca el
sepulcro para los propios parientes fallecidos, retomando la conocida
simbología cristológica paleocristiana del pez, con acentuados toques de
lirismo, teje una alabanza eucarística muy conmovedora:

“Recibe el alimento dulce como la miel del Salvador de los Santos, come
hambriento, teniendo el ‘pez’ en tus manos. Nútreme, pues, del pez, te ruego,
oh Señor Salvador.  Que mi madre descanse en paz, te suplico, oh luz de los
muertos. Y tú, oh padre Ascandio, carísimo a mi corazón, con la dilecta madre
y mis hermanos, tú que estás en la paz del pez, acuérdate de tu Petorio”.

Igualmente importante es el epígrafe (14) de Abercius, obispo de Frigia, que


vivió en el siglo II. Evocando un viaje suyo a Roma, afirma haber sido asiduo en
comulgar. En el texto se vuelve a encontrar el mismo simbolismo del pez ya
encontrado en la inscripción precedente.

“Cristo me envió a Roma para que contemplara el palacio real ... y en todas
partes me preparó como alimento el pez de fuente, grandísimo, puro, que la
santa virgen toma y lo entrega a los amigos para que se nutran siempre,
teniendo un vino agradable que nos ofrecía mezclado con agua, juntamente
con el pan”.

El sentido es bastante claro: a Abercio, en cualquier parte adonde fuera, le era


dado como alimento el pez, las carnes divinas, ofrecidas por la Iglesia a los
fieles a fin de que se nutran siempre; y tal banquete divino comprendía las
especies eucarísticas, vino mezclado con agua y pan, cuerpo y sangre de
Cristo. Este último testimonio que nos dejó Abercio, cierra nuestra breve
exposición panorámica sobre el catecumenado en la Iglesia de los primeros
siglos.
El nos permite despedirnos, estableciendo un sugestivo paralelo entre la
llegada de Abercio a Roma, enviado por Cristo, y el camino de todos nosotros
los cristianos que, si bien a distancia de siglos, se despliega en la misma
ciudad adonde Abercio arribó, siempre bajo la amorosa guía del Divino
Maestro. Esa inscripción nos exhorta por lo tanto a perseverar en la Fe, no
obstante las mil peregrinaciones que la vida nos impone, y a permanecer
constantes en los sacramentos que la comunidad de la Iglesia de Roma, hoy
como ayer, nos administra.
BIBLIOGRAFÍA

(1) Sobre la organización del catecumenado ver esencialmente B. CAPELLE, L’introduction du


catéchuménat à Rome à la fin du second siècle en RTAM (Recherches de théologie ancienne et
médiévale - Louvain) 5 1933 p. 129-154; V. MONACHINO La cura pastorale a Milano, Cartagine e Roma
nel secolo IV  Roma 1947; A. TURCK Evangélisation et Catéchèse aux deux premiers siècles París 1962;
G. KRETSHMAR Die Geschichte des Taufgottesdienstess in der alten Kirche. Leiturgia, Handbuch des
evangelischen Gottesdienstes Kassel 1966; P. RENTINCK La cura pastorale in Antiochia nel IV secolo
Roma 1970; V. MONACHINO S. Ambrogio e la cura pastorale a Milano nel secolo IV Milano 1973; I.
DANIELOU – R. DU CHARLAT La catechesi nei primi secoli Torino 1982; G. FILORAMO – S. RODA
Cristianesimo e società antica  Bari 1992. Para las fuentes literarias antiguas ver AMBROGIO Des
Sacrements. Des Mystères. Explication du Symbole. Cuidado del texto, introducción y notas por Bernard
Botte en CS ( CS = CSEL Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum) Paris 1961; AGUSTIN De
catechizandis rudibus. Texto latino con traducción y notas de Combes y Fragues en BA (Bibliotheca
Augustiniana) Paris 1949; CIRILO de JERUSALEN Catéchèse. Traducción de L. Bouvet Namur 1962;
DIDACHÉ Instruction des Apôtres. Cuidado del texto e introducción por J. P. Audet Paris 1958;
GREGORIO de NISA Discours catéchétique. Cuidado del texto, traducción y notas por L. Meridier en MD
(La Maison Dieu) Paris 1908; HIPOLITO La Tradition Apostolique Cuidado del texto, traducción y notas
por B. Botte en SC (Sources Chrétiennes) Paris 1953; TERTULIANO Traité du Baptême Texto latino con
traducción y comentario de R. F. Refoulé en SC Paris 1952.
(2) AGUSTIN De catech. 9.
(3) TRADICION 16.
(4) JUAN CRISOSTOMO Catech. 1.1.
(5) AGUSTIN De catech. 1.
(6) AGUSTIN De catech. 19.
(7) Para los testimonios arqueológicos ver P. TESTINI Archeologia cristiana Bari 1980; para los
bautisterios en particular ver A. KHATCILATRIAN Les baptistères paléochretiens Paris 1962; B.
GABRICEVIC Piscine battesimali cruciformi scoperte recentemente in Dalmazia en Akten des VII
Internationalen Kongress für histliche Archäologie Città del Vaticano – Berlin 1969 p. 539 ss. ; I.
NIKOLAJEVIC Les baptistères paléochretiens en   Zbornik radova visantoloskog Instituta 9 1966 p. 223 ss.
Para la iconografía ver A. MARTIMORT L’iconographie des catacombes et la catéchèse antique en
Rivista di Archeologia Cristiana 25 1949 p. 105-114; G. BELVEDERI La catechesi di S. Pietro Città del
Vaticano 1950; L. DE BRUYNE L’initiation chrétienne et ses effects dans l’art paléochretien en VR 36
1962 P. 27-85.
(8) Para los formularios epigráficos relativos a las testificaciones sacramentales y al catecumenado en
particular ver P. TESTINI Archeologia cristiana  Bari 1980 p. 416-428. Ver además C. CARLETTI Iscrizioni
cristiane a Roma. Testimonianze di vita cristiana (secoli III-VII) Firenze 1986, en particular p. 85-102.
(9) ILCV (Inscriptiones Latinae Christianae Veteres) 1541.
(10) ILCV 965.
(11) ILCV 98 b.
(12) Nuovo Bullettino di Archeologia Cristiana 1921 p. 106.
(13) Ver M. GUARDUCCI Nuove osservazioni sull’iscrizione eucaristica di      Pektorios en Rendiconti
della Pontificia Accademia Romana di Archeologia 1947-49 p. 243 ss.
(14) Ver A. FERRUA  Nuove osservazioni sull’epitaffio di Abercio en Rivista di Archeologia Cristiana  1943
p. 279 ss; A. FERRUA – D. BALBONI Epitaphium Abercii Fano 1953.

También podría gustarte