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Racionalidad y Acción Social

El documento discute diferentes modelos de acción y la relación entre actores y intérpretes. Presenta cuatro modelos de acción - acción estratégica, acción regulada por normas, acción dramatúrgica y acción comunicativa - y cómo cada uno implica diferentes relaciones con el mundo que deben ser válidas tanto para los actores como para los intérpretes. También plantea que la comprensión de las acciones requiere una interpretación al menos inicialmente racional por parte del intérprete.

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Racionalidad y Acción Social

El documento discute diferentes modelos de acción y la relación entre actores y intérpretes. Presenta cuatro modelos de acción - acción estratégica, acción regulada por normas, acción dramatúrgica y acción comunicativa - y cómo cada uno implica diferentes relaciones con el mundo que deben ser válidas tanto para los actores como para los intérpretes. También plantea que la comprensión de las acciones requiere una interpretación al menos inicialmente racional por parte del intérprete.

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Los distintos modelos de acción presuponen cada uno de ellos distintas relaciones

del actor con el mundo; y estas relaciones con el mundo no solamente son
determinantes de los aspectos de la racionalidad de la acción, sino también de la
racionalidad de la interpretación de esas acciones por un intérprete (por ejemplo, un
sociólogo).
Pues al hacer uso implícito de un concepto formal de mundo, el actor da por sentadas
determinadas presuposiciones de comunidad o intersubjetividad que desde su
perspectiva van más allá del circulo de los inmediatamente afectados y pretenden
también ser válidas para el intérprete que se acerque desde afuera.
La presuposición en que este modelo de acción se funda, de un mundo objetivo en que
el actor puede intervenir teleológicamente tiene que ser válida lo mismo para el actor
que para cualquier intérprete de sus acciones.
Este caso típico-ideal puede ser construido por el intérprete sin arbitrariedad porque
el agente se relaciona de forma subjetivamente racional con arreglo a fines con un
mundo que por razones categoriales es idéntico para el actor y para los
espectadores.
Cuando mas unívocamente responde una acción a un discurso objetivamente racional
con arreglos a fines, tanto menos será la necesidad de recurrir a ulteriores condiciones
psicológicas para explicarla.
En el caso de la acción con arreglos a fines, tanto menor será la necesidad de recurrid
a ulteriores condiciones psicológicas para explicarla.
En el caso de la acción objetivamente racional con arreglo a fines, la descripción de la
acción tiene a la vez una fuerza explicativa en el sentido de una explicación intencional.
Con todo, la constatación de la racionalidad con arreglo a fines objetiva de una acción
no significa en modo alguno que el agente haya tenido también que comportarse
subjetivamente de forma racional con arreglo a fines.
Una acción pude ser interpretada como más o menos racional con arreglo a fines si
existen estándares de enjuiciamiento que tanto el agente como su interprete
aceptan como válidos.
Al proponer, como weber dice, una interpretación racional, el intérprete está tomando
postura frente a la pretensión con que las acciones racionales con arreglo a fines se
presentan; abandona la actitud de tercera persona para sustituirla por la actitud de un
implicado que somete a examen una pretensión de validez problemática y que, si es
menester, la crítica.
En las acciones reguladas por normas, el actor al entablar una relación interpersonal,
se relaciona con algo objetivo. Se comporta de forma subjetivamente “correcta” el
actor que cree sinceramente observar una norma de acción vigente. No se plantea
todavía la cuestión de una interpretación racional, ya que un observador puede
constatar descriptivamente si una acción concuerda o no.
Una interpretación racional de la acción regulada por normas habrá de basarse en u
cotejo entre la vigencia social y la validez, construida contra fácticamente, de un
contexto normativo dado.
Modelo de acción dramaturga: aquí el actor, a descubrir algo de si ante un público se
relaciona con algo en su mundo subjetivo. el concepto formal de mundo ofrece una
base de enjuiciamiento que comparten agente e interprete. El intérprete puede
interpretar racionalmente la acción poniendo de manifiesto en ella elementos de
engaño y de autoengaño. Puede mostrar el carácter latentemente estratégico de una
auto representación, comparando el contenido manifiesto de la expresión, o sea
aquello que el actor hace o dice con aquello que el actor piensa.
El autor plantea que con el acceso en términos de comprensión al ámbito objetual de
la acción social se plantea la problemática de la racionalidad.
Las acciones comunicativas requieren siempre una interpretación al menos
incoativamente racional. En principio, las relaciones del agente estratégico, del agente
que cumple normas y del agente dramaturgo con el mundo objetivo, con el mundo
social o con el mundo subjetivo, son accesibles a un enjuiciamiento objetivo.
En la acción comunicativa, incluso el inicio de la interacción se hace depender de que
los participantes puedan ponerse de acuerdo en un enjuiciamiento
intersubjetivamente valido de sus relaciones con el mundo. Según este modelo de
acción, la interacción solo puede tener lugar si los implicados llegan entre si a un
acuerdo que depende de tomas de postura de afirmación o negación.
Las acciones comunicativas no pueden interpretarse de otro modo que racionalmente.
El científico social se encuentra con objetos estructurados ya simbólicamente.
El sentido propio de esa realidad estructurada ya simbólicamente con que el científico
social se topa cuando trata de constituir su ámbito objetual, radica en las reglas
generativas conforme a las cuales los sujetos capaces de lenguaje y de acción que
aparecen en ese ámbito objetual producen directa o indirectamente el plexo de su
vida social.
El ámbito objetual de las ciencias sociales comprende todo lo que puede caer bajo la
descripción elemento de un mundo de la vida.
4 observaciones del autor:
a) La problemática de la comprensión lleva en si el germen de una concepción
dualista de la ciencia. Giro post-empirista de la teoría analítica de la ciencia.
Debate suscitado por Kuhn, Popper, y otros acerca de la historia de la física
moderna habría demostrado que: 1) los datos con que hay que contratar la
teoría no pueden ser descritos con independencia del lenguaje teórico de cada
caso y 2) que las teorías no se eligen normalmente según los principios de
falsacionismo, sino en la perspectiva de paradigmas que se comportan entre sí
de forma parecida a como lo hacen las formas particulares de vida.
Giddens insiste con razón en que las ciencias sociales plantean una tarea
específica a saber: una doble tarea hermenéutica: “la mediación de paradigmas
o de esquemas teóricos muy discrepantes en la ciencia es una tarea
hermenéutica parecida a la que implican los contactos entre los otros tipos de
marcos de pensamiento. Pero la sociología versa sobre un mundo
preinterpretado en que la producción y reproducción de los marcos de sentido
es condición esencial de aquella que ella trata de analizar, a saber, la conducta
social humana.
Giddens habla de una doble hermenéutica porque en las ciencias sociales los
problemas de comprensión no solo entran en juego a través de la dependencia
de la descripción de los datos respecto de los paradigmas; en las ciencias
sociales se da ya una problemática de la comprensión por debajo del umbral
del desarrollo teórico, a saber: en la obtención y no solo en la descripción
teórica de los datos.

La problemática específica de la comprensión consiste en que el científico social


no puede servirse de ese lenguaje con que ya se topa en el ámbito objetual
como de un instrumento neutral.

b) Skjervheim dice que la comprensión es un modo de experiencia. El análisis de la


percepción de emisiones o manifestaciones simbólicas permite ver en que se
distingue la comprensión de un sentido y la percepción de objetos físicos.
La teoría perceptiva del significado explica el concepto de experiencia
comunicativa y al hacerlo se topa con la intersubjetividad que en la acción
comunicativa se establece entre ego y un alter ego.
El proceso de comprensión esta retroalimentativamente conectado de una
forma que dista mucho de ser transparente, con un medio de producción.

c) Si se entiende la comprensión del sentido como un modo de experiencia y si la


experiencia comunicativa solo es posible en la actitud realizativa de un
participante en la interacción, el científico social en su calidad de observador
que recoge datos dependientes del lenguaje, ha de tener un status similar al
del lego en ciencias sociales.
El sistema de acción en que el científico social se mueve como actor se
encuentra a otro nivel; se trata por lo general de un segmento del sistema de la
ciencia, y en todo caso no coincide con el sistema de acción observado. En este
último, el científico social participa despojándose de sus atributos de actor y
concentrándose exclusivamente en el proceso de entendimiento.
Participar en el proceso de entendimiento que es la llave para la comprensión
de las acciones de los otros actores.
Si el intérprete se limita a la observación en sentido estricto, solo percibe los
sustratos físicos de las emisiones o manifestaciones, sin entenderlas. Para
hacer experiencias comunicativas tiene que adoptar una actitud realizativa y
tomar parte en los procesos de entendimiento, siquiera sea de forma virtual.
El intérprete observa bajo qué condiciones son aceptadas como válidas las
manifestaciones simbólicas y cuando son aceptadas o rechazadas las
pretensiones de validez que esas manifestaciones llevan anejas, viendo cuando
los planes de acción quedan coordinados mediante la formación de un
consenso y cuando quedan rotas por falta de consenso las conexiones entre las
acciones de los diversos actores.

Pero si el intérprete, para entender una manifestación ha de representarse las


razones con que un hablante, si ello fuera menester y en las circunstancias
apropiadas, defendería la validez de su manifestación, se verá arrastrado,
también el, al proceso de enjuiciamiento de pretensiones de validez. El
intérprete no podría entender que es una razón si no la reconstruyera junto
con su pretensión de validez.

El método de la comprensión pone en cuestión el tipo habitual de objetividad


del conocimiento, ya que el intérprete, aunque sin intenciones de acción
propias, tiene que participar en la acción comunicativa y se ve confrontado en
el propio ámbito objetual con las pretensiones de validez que allí aparecen.
Tiene que hacer frente a la estructura racional interna de la acción orientada
según pretensiones de validez, con una interpretación incoativamente racional.
El intérprete solo podría neutralizar está a costa de adoptar el status de un
observador objetivante, pero desde ahí no hay acceso posible a los nexos
internos de sentido. Se da una conexión fundamental entre la comprensión de
las acciones comunicativas y las interpretaciones incoativamente racionales.
Las acciones comunicativas no permiten ser interpretadas en dos etapas;
primero entendiéndolas en su decurso factico, y solo después comparándolas
con su decurso típico ideal.

d) Cuando describimos un comportamiento como acción teológica suponemos


que el agente hace determinadas presuposiciones ontológicas, que cuenta con
un mundo objetivo, que puede intervenir para realizar sus propósitos.
La elección entre una interpretación descriptiva y una interpretación racional
estriba en que optamos o bien por ignorar o bien por tomar en serio como
pretensiones de validez accesibles a un enjuiciamiento objetivo la pretensión
de verdad que el actor vincula a sus opiniones y la pretensión de éxito,
relacionada con la de verdad, que vincula a sus acciones teleológicas. Si las
ignoramos como pretensiones de validez, estamos tratando las intenciones y
opiniones como algo subjetivo.
Las categorías de acción teleológica, acción regulada por normas y acción
dramatúrgica aseguran un desnivel metodológicamente relevante entre el
plano de la interpretación de la acción y el plano de la acción interpretada. Pero
en cuanto describimos un comportamiento en términos de acción
comunicativa, nuestros propios presupuestos ontológicos no son más
complejos que los que tenemos que atribuir al actor.

En cuanto atribuimos a los actores la misma competencia de juicio de la que


nosotros hacemos uso como intérpretes, renunciamos a la inmunidad que
hasta ese momento nos venía metodológicamente asegurada.

En el contexto de la sociología alemana de los años veinte fue Schütz quien


desarrollo implicaciones del acceso en términos de comprensión a la realidad
simbólicamente preestructurada. En primer lugar, la decisión de describir la
realidad social de modo que se la entienda como una construcción del mundo
de la vida cotidiana, que brota de los rendimientos interpretativos de los
directamente implicados. La comprensión es el modo privilegiado de
experiencia de los integrantes de un mundo de la vida. Sin embargo, también el
científico social tiene que servirse de este modo de experiencia. A través de el
obtiene el científico sus datos.
Los conceptos teóricos con que el científico social forma sus hipótesis tienen
que conectar en cierto modo con los conceptos pre teóricos con que los
miembros de un mundo social interpretan su situación en el contexto de acción
en que intervienen.
Schütz piensa que el observador científico adopta una actitud teorética que le
permite desligarse así de la perspectiva de su propia praxis individual como de
la práctica cotidiana que el investiga, que son perspectivas ligadas siempre a un
determinado mundo de la vida.
La actitud teorética es caracterizada como la actitud de un observador
“desinteresado”, su función es la de distanciar al científico de los intereses
cotidianos, de los intereses de raíz biográfica. Pero el científico tendrá que
introducirse las condiciones de objetividad de la comprensión para averiguar si
el conocimiento de esas condiciones le permite cerciorarse reflexivamente de
las implicaciones de su participación.

El intérprete, o bien tiene que conocer ya como participante en la interacción el


contexto en que se apoya el hablante o bien tiene que pedir al hablante que
formule explícitamente sus supuestos implícitos.
En las comunicaciones cotidianas una manifestación nunca tiene significado
completo por sí misma, sino que recibe parte de su contenido semántico del
contexto cuya comprensión el hablante supone en el oyente. También el
intérprete tiene que penetrar en ese plexo de referencias como participante en
la interacción.

Tampoco el observador científico goza de un acceso privilegiado al ámbito


objetual, sino que ha de servirse de los procedimientos de interpretación que
domina intuitivamente y que adquirió de forma no reflexiva como miembro de
su grupo social.
Lo que persigue Garfinkel es cumplir el programa proyectado por la sociología
fenomenológica, de una aprehensión de las estructuras generales del mundo
de la vida, buscando en las actividades interpretativas que caracterizan a las
actividades rutinarias cotidianas los procedimientos con que los individuos
renuevan la apariencia objetiva de un orden social.
Garfinkel trata también los estándares de racionalidad, al igual que todas las
demás convenciones, como resultado de una práctica comunicativa
contingente, que ciertamente puede ser descrita, pero no puede ser evaluada
sistemáticamente por medio de una explicitación de los criterios que los
propios participantes aplican intuitivamente.

La etnometodologia (El término Etnometodologia de acuerdo con las raíces


griegas, se refiere a los métodos que las personas utilizan cotidianamente para
vivir una vida satisfactoria. Se considera que las personas son racionales, pero
usan un “razonamiento practico” para vivir su vida cotidiana. La
Etnometodologia se centra en lo que hace la gente, se hace una pregunta por la
acción realizada por las personas) se interesa por la competencia interpretativa
de los hablantes adultos porque trata de investigar cómo se coordinan las
acciones por vía de procesos cooperativos de interpretación.

La hermenéutica se ocupa de la interpretación como labor de excepción, que


solo es necesaria cuando fragmentos relevantes del mundo de la vida se
vuelven problemáticos, cuando las certezas del propio trasfondo cultural se
vienen abajo y los medios normales de entendimiento fracasan.

La tarea de la interpretación puede delimitarse en los siguientes términos: el


intérprete aprende a distinguir su propia comprensión contextual, que al
principio creía compartir con el autor, pero que en realidad se había limitado a
suponérsela a este, de la comprensión contextual del autor. La tarea consiste
en alumbrar las definiciones de la situación que el texto recibido presupone, a
partir del mundo de la vida del autor y de sus destinatarios.

Un mundo de la vida constituye el horizonte de procesos de entendimiento


con que los implicados llegan a un acuerdo o discuten sobre algo perteneciente
al mundo objetivo, al mundo social que comparten o al mundo subjetivo de
cada uno.
Un intérprete solo puede aclarar el significado de una manifestación opaca si
explica cómo pudo producirse esa opacidad, porque ya no nos resultan
aceptables las razones que el autor podría haber dado en su contexto.
Contribución metodológica de la hermenéutica filosófica pagina 23 , gadamer

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