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Psicomotricidad y Educación Especial

Este documento describe la psicomotricidad como la disciplina que estudia al ser humano desde la articulación de los sistemas físicos, psicológicos y sociales que interactúan a través del cuerpo y el movimiento. Explica que toda actividad humana es psicomotriz y que el desarrollo infantil depende de la integración social a través del cuerpo. Finalmente, señala que las corrientes educativas actuales han dado más relevancia al cuerpo en la escuela como expresión de emociones y afectos, en contraste

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Psicomotricidad y Educación Especial

Este documento describe la psicomotricidad como la disciplina que estudia al ser humano desde la articulación de los sistemas físicos, psicológicos y sociales que interactúan a través del cuerpo y el movimiento. Explica que toda actividad humana es psicomotriz y que el desarrollo infantil depende de la integración social a través del cuerpo. Finalmente, señala que las corrientes educativas actuales han dado más relevancia al cuerpo en la escuela como expresión de emociones y afectos, en contraste

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Profesorado de Educación Especial con Prof.

Flavia Candillú
Orientación en Discapacidad Intelectual

PSICOMOTRICIDAD
UNA NUEVA MIRADA SOBRE EL CUERPO
(de Los Organizadores del Desarrollo Psicomotor- Myrtha Hebe Chokler)

¿QUÉ ES LA PSICOMOTRICIDAD?

Todos —cuando nos ponemos en actividad y también sí nos quedamos inmóviles—


ponemos en marcha, al mismo tiempo, una gran cantidad de sistemas de alta complejidad
que se articulan cuidadosamente para dar forma a la actitud, la postura, el gesto, el
movimiento con que nuestro cuerpo entra en relación con los demás, con los objetos, con el
espacio circundante. El cuerpo que somos es, está, se presenta al mundo e interactúa con
él, a través de su tono y postura, actitud y movimiento,

Para subirse a una calesita, por ejemplo, el niño mira en principio, ansiosamente, el rostro
de su madre, señalando con su dedo índice y el brazo desplegado en dirección al carrusel.
Lee en la mímica de ella, en la dureza o suavidad con que retiene su mano, en la posición
de su cuerpo, adelantado o tironeando hacia atrás, la aceptación o la negación de su
pedido. Y el propio cuerpo del niño se distiende por la satisfacción o se crispa por el
rechazo y se prepara a la insistencia con la fuerza del pataleo, Si finalmente consigue el
permiso, debe adecuar el pie que levanta a una distancia precisa, el equilibrio en el
desplazamiento, el envión para elevarse, la fuerza de las manos con las que se sostiene del
barrote, antes que la calesita se ponga en marcha.
Si es muy pequeño, la madre deberá sostenerlo, sin apretarlo demasiado, porque él no
podrá mantener el equilibrio sobre una base móvil, No habrá podido organizar todavía los
sistemas neurofisiológicos que le permitirán más adelante, ya mayor, recurrir a la memoria
de su cuerpo y saltar ágilmente. Si es pequeño, extenderá su mano todo el tiempo que dure
la vuelta para intentar arrancar la sortija. Si es mayor podrá anticipar el tiempo que dura la
vuelta y sólo extenderá la mano unos segundos antes de que esté a su alcance. Tendrá
incorporadas innumerables experiencias previas que le permitirán adecuar su cuerpo en un
tiempo-espacio porque su sistema neurofisiológico está maduro y las experiencias previas
que lo ajustaron se lo permiten.

Pero al hacerlo, ¿cómo vive ese momento de desprendimiento de la mano aseguradora,


posesiva, , tierna, insegura, de la madre? ¿Cómo se siente ante su desaparición periódica,
vuelta a vuelta, ante la inestabilidad de los objetos móviles por la velocidad con que se
desplaza su plataforma? ¿Cómo se siente ante la frustración por no alcanzar el objeto
deseado? Esta frustración, ¿acaso lo estimula alegremente para ajustar su cuerpo cada vez
más a las necesidades de la acción? ¿O lo paraliza, lo inhibe, lo desorganiza, confrontando
con su torpeza en aumento ante la mirada preocupada, alentadora, exigente, comprensiva,
desilusionada de la madre hasta reaccionar con un violento acceso de rabia?

El simple hecho de disfrutar o no de una vuelta de calesita exige la activación por un lado,
de sistemas anatomofisiológicos, que le permiten elegir de su repertorio de conductas
posibles aquellas más adecuadas para desplazarse, equilibrarse, tomarse de los objetos
con la fuerza suficiente (ni mucha como para entorpecer, rigidizar los movimientos, ni poca
como para caerse). Exige además simultáneamente la interacción de los sistemas
vinculados con el pensamiento que integran las dimensiones de tiempo y espacio, que
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proyectan la acción, junto con sistemas que tienen que ver con los afectos (el mismo deseo
de ejecutar un acto, deseo propio o deseo por y para un otro, la seguridad para abordarlo,
con miedos, las frustraciones, el placer, el displacer y las resistencias) y también, sistemas
ligados a la posibilidad misma de tener en el bolsillo lo que cuesta una añorada vuelta de
calesita.

Y este cuerpo, donde se articulan y se expresan esos múltiples y complejos sistemas que
interactúan, no puede entenderse fuera de la historia personal y social de cada sujeto.

Entonces partimos de que toda actividad humana es esencialmente psicomotriz y que para
su puesta en marcha se articulan diferentes sistemas anatomo fisiológicos, psicológicos y
sociales de gran complejidad que determinan una particular manera de ser y estar en el
mundo, de relacionarse con la realidad y los otros para satisfacer las necesidades
biológicas, culturales, espirituales y sociales, La psicomotricidad es entonces la disciplina
que estudia al hombre desde esa articulación, decodificando el campo de significaciones
que el cuerpo y el movimiento en relación generan y que constituyen las señales de salud, y
desarrollo, de sus posibilidades de aprendizaje e inserción social, y también de la
enfermedad, la discapacidad y la marginación.

Este cuerpo, nuestro, tan propio, exclusivo e individual, está determinado, inclusive
biológicamente, por las condiciones de vida creencias religiosas, las teorías científicas, la
tecnología y el poder de la clase social o el grupo en e cual se desarrolla. Basta pensar en
los pies de las antiguas mujeres chinas, en las mutilaciones tribales, en la circuncisión, en
las perforaciones de las orejas, en los vientres prominentes y los ojos apagados de los
pueblos subalimentados, en las deformaciones congénitas por embarazos no cuidados, en
las amputaciones por no acceder a la medicina reparadora en centros de tecnología
avanzada, en las modas de la piel clara u oscura y la aceptación o rechazo que producen
en ciertos medios y culturas. En el cuerpo que se muestra, en el que se oculta, el que al
mostrar oculta y el que ocultando muestra, el cuerpo que se expresa en una gestualidad
abierta, o el que privilegia la contención, la inexpresividad como marca de distinción y
status.

LA PSICOMOTRICIDAD TIENE UN LUGAR DE IMPORTANCIA EN LA ESCUELA.

La toma de conciencia de la complejidad de la realidad y sus relaciones determinantes,


plantea a la psicomotricidad, que parte de una concepción del hombre como unidad corporal
afectivo-cognitiva-social histórica y en transformación una reubicación del lugar del cuerpo y
el movimiento en la adquisición y desarrollo de la identidad, del pensamiento y la
inteligencia, de la comunicación, de las posibilidades de interacción, de la creatividad. Si es
con su cuerpo que el niño se integra socialmente y aprende, la educación, especialmente
durante los primeros años no puede ser sino psicomotriz, Educación entendida como el
desarrollo de las potencialidades creadoras y productivas y no como el enchalecamiento
represivo al servicio de un supuesto “orden” que fabrica sujetos sumisos, individualistas y
competitivos, repetidotes memorísticos de informaciones que no cuestionarán jamás, y que
en el mejor de los casos olvidarán inmediatamente,
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Las habilidades motoras, la manipulación y las praxias, la utilización del espacio real, la
organización del espacio representado y simbólico, del espacio gráfico, por ejemplo, están
en relación directa con las más profundas vivencias donde está presente una intensa
implicancia emocional que se expresa, por el tono muscular (tono y emoción son las dos
caras de una misma moneda, decía Wallon), la mirada, el gesto, la distancia y la velocidad
se cargan de significados entrando en interjuego con los instrumentos biológicos,
funcionales y emocionales que se influyen mutuamente. Por ejemplo, cuando estamos
alertas y ansiosos, el tono muscular de todo el cuerpo aumenta: las manos y rostro se:
crispan, necesitamos ' 'descargar” en movimientos, caminar, tamborilear, rascarnos.
Pensemos por un momento que todo aprendizaje, que supone entonces un contacto con lo
desconocido, necesariamente implica un aumento de la vigilancia y de la ansiedad, y por lo
tanto del tono muscular.

La escuela tradicional, aunque enunciando objetivos generales de formación de la


personalidad, supuestamente basados en un profundo conocimiento del desarrollo
psicológico infantil; desconoce este hecho tan simple y de comprobación corriente. Allí, la
pedagogía tradicional ha recortado al niño y al joven, privilegiando un supuesto desarrollo
intelectual con un intercambio exclusivamente verbal, inclusive bipersonal entre docente y
alumno. Prueba de ello es la disposición en hileras de Ios bancos, muchas veces
atornillados al piso, dónde el cuerpo queda aprisionado durante horas, inhibiendo el
movimiento, la gesticulación, el intercambio y el aprendizaje grupal, prohibiendo hablar con
el compañero o darse vuelta. El contacto con sus pares queda implícita y explícitamente
anulado, constituyéndose entonces, el docente, con una difícilmente sostenida, en única
fuente de información y único modelo válido, que el niño para ser premiado, debe imitar lo
más acabadamente posible.
Se reserva un lugar para el cuerpo en las clases de Educación Física donde —ahí
también— se privilegia, generalmente, un cuerpo desatectivizado, que debe reprimir sus
emociones para competir con eficiencia

No es extraño entonces, que en los recreos y en toda oportunidad donde encuentren un


resquicio, los niños se lancen compulsivamente unos contra otros, se empujen, se tiren al
suelo intentando recuperar, rearmar —de alguna manera— como pueden, esa unidad del
cuerpo , que representa la unidad del "ser"; unidad perdida,fragmentada por una educación
que no lo comprende y que lo somete.

LAS CORRIENTES EDUCATIVAS ACTUALES HAN DADO UN LUGAR DE RELEVANCIA


AL CUERPO COMO EXPRESIÓN LAS EMOCIONES Y LOS AFECTOS.

La nueva pedagogía otorga un lugar de privilegio no sólo al cuerpo, racionalmente


constituido como instrumento básico de los aprendizajes, sino al cuerpo expresivo que
comunica las emociones, los sentimientos, los miedos, las fantasías. Es, tal vez en los
jardines de infantes; y en los primeros grados de la Escuela Primaria, donde la pedagogía
se ha permitido mayor libertad y creatividad. Sin embargo esto no se ha generalizado, y,
además, se sigue trabajando con modelos de un NIÑO ABSTRACTO, ideal, planteando
—en el mejor de los casos— una didáctica para las áreas psicomotoras, elaborada sobre
escalas hechas en Europa o [Link]., que demuestran que, con aquellos parámetros, la
mayoría de nuestros niños (como los del Tercer Mundo, salvo los de las capas medias y
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altas urbanas) no llegan a los niveles medios "deseables". Se utilizan técnicas y


modalidades que habitualmente provienen de aquellos mismos centros para "estirar"
educativamente a nuestros chicos intentando que se parezcan lo más posible a aquéllos,
desconociendo y desvalorizando las características del grueso de nuestra población infantil,
sus maneras de interacción y comunicación corporal que tienen que ver con nuestra cultura,
con las formas que los vínculos y los contactos corporales con la madre y el grupo familiar,
con los espacios donde deambula, con la estabilidad y seguridad de esos espacios.

Las nociones abstractas de grande y chico que el niño debe adquirir objetivamente están
—en principio y por bastante tiempo en su vida- cargados emocionalmente. Un espacio es
grande porque allí nos sentimos perdidos o poderosos; y un espacio es chico porque nos
protege o nos sofoca. Lo mismo pasa con el adentro y el afuera, con lo rápido —que nos
excita, asusta o divierte— y lo lento —que nos tranquiliza nos relaja o nos inquieta. Se lo
vive de manera diferente en cada situación, en cada contexto y de manera diferente,
también, en Buenos Aires y en Santiago del Estero. Y esto no está contemplado en las frías
e indiferentes escalas tipo de desarrollo psicomotor.

Por eso es importante llevar nuestra mirada atenta para descubrir las características
psicomotoras de nuestros chicos, a quienes dirigimos nuestra ciencia y profesión.

LA PSICOMOTRICIDAD DEBE INCORPORARSE A LA FORMACIÓN DE TODOS LOS


MAESTROS Y EDUCADORES.

Los trastornos psicomotores inciden en el aprendizaje escolar, por eso la escuela cumple un
papel primordial en la prevención y en la detección temprana de muchas alteraciones,
Pensamos entonces que los docentes deben tener una buena formación en psicomotricidad
para estar en condiciones de realizar esa tarea preventiva, y para la orientación adecuada
cuando los trastornos son inevitables o ya se han manifestado.

Como muchas otras disciplinas del hombre, la psicomotricidad se originó en la observación


de las alteraciones de los comportamientos (movimientos inadecuados, inarmónicos,
incoordinados, inhabilidad generalizada o en algunas áreas, torpeza en la marcha y en los
juegos, en el grafismo, en la prensión y la manipulación de los objetos, en la impulsividad o
inhibición excesiva, tics, etc.), que aparecían frecuentemente en niños con problemas de
aprendizaje y también en algunos con trastornos del lenguaje y la palabra. Por ellos es por
lo tanto que generalmente se nos consulta.

El estudio de estas manifestaciones patológicas, apoyado inicialmente en la neurología y


psiquiatría infantil, dieron nacimiento a una cantidad de técnicas reeducativas.
Posteriormente, con el aporte de las ciencias psicológicas y psicosociológicas, entre otras,
la psicomotricidad se constituyó como un abordaje privilegiado, desde el cuerpo, en muchas
patologías tanto en el lactante (cuando se detectan afecciones sensoriales, motoras o
madurativas) como en el adulto y en la tercera edad.

Cada vez se incluyen más psicomotricistas en los equipos interdisciplinarios que trabajan en
centros asistenciales y reeducativos. Pensamos que el auge de esta disciplina requiere sea
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incorporada a la formación sistemática de los profesionales que operan en el campo de las


dificultades del desarrollo y del aprendizaje.

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