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Cartas Del Pasado

Este documento narra la historia de una familia compuesta por Samiye, Mitsuri y Shinobu. Samiye encuentra una nota antigua en un libro y descubre que es del diario de juventud de Mitsuri, lo que causa vergüenza en ella. Más tarde, durante la celebración del cumpleaños de Shinobu, Samiye le regala el diario a ella para que lo lea, avergonzando aún más a Mitsuri. Al final, Shinobu le expresa a Mitsuri que se siente insegura sobre su cuerpo, a lo

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Cartas Del Pasado

Este documento narra la historia de una familia compuesta por Samiye, Mitsuri y Shinobu. Samiye encuentra una nota antigua en un libro y descubre que es del diario de juventud de Mitsuri, lo que causa vergüenza en ella. Más tarde, durante la celebración del cumpleaños de Shinobu, Samiye le regala el diario a ella para que lo lea, avergonzando aún más a Mitsuri. Al final, Shinobu le expresa a Mitsuri que se siente insegura sobre su cuerpo, a lo

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CARTAS DEL PASADO

—¿Qué tal por ahí? —preguntó rebuscando.

—Aún nada —respondió la más joven—. ¿Cómo dijiste que era ese


libro?

—Bueno, tiene un pastel en la portada, es verde y-.

—¡Kya! —la adulta escuchó un fuerte ruido detrás de ella.

Al darse la vuelta para ver lo que había sucedido, vio el estante de libros
caído frente a la joven de cabellos castaños, quien se acariciaba la
cabeza con una mueca de dolor. Varios libros estaban esparcidos por el
suelo.

—¡Samiye! ¡¿Estás bien?!

—Sí, Kaa-san, solo me he resbalando con algo... —la mayor ayudó a


Samiye a levantarse—. Siento haber hecho este desastre.

La castaña agarró entonces el pequeño prendedor, en forma de


mariposa rosada, que se le había desprendido en la caída. Rehízo
rápidamente las dos pequeñas trenzas a los lados de su rostro y las ató
una vez más detrás de su cabeza, usando el prendedor y dejando parte
de su melena suelta.

—No te preocupes por eso. Ordenaremos esto juntas.

Fue entonces cuando la joven de ojos azul celestes vio de reojo un libro
medio abierto con varias imágenes coloridas.
—No será esto... —murmuró recogiendo el escrito—. ¡Ah, Kaa-san! ¿Es
este el libro que estabas buscando?

—¿Eh? —la pelirrosa, quien terminaba de colocar bien el mueble, se


acercó.

Agarró el libro con delicadeza y empezó a ojearlo mientras le quitaba el


polvo a algunas carillas. Cada vez que pasaba una página, su sonrisa
incrementaba.

—¡Sí, este es! Explica cómo hacer el pastel favorito de Shinobu-chan.

—¡Por fin! —dijo la castaña alegre—. Después de pasar tanto tiempo en


el sótano me alegra poder salir pronto... Espera, ¿cuánto tiempo
llevamos aquí?

Samiye sacó su teléfono móvil del bolsillo. Lo encendió, mostrando una


imagen de tres personas como fondo de bloqueo, pero eso poco le
importaba en aquel momento.

«16:17
Lunes, 24 de febrero»

Eso fue lo que leyó en la esquina inferior de la pantalla. Se quedó


estática un momento y luego se dirigió a la de ojos verdes velozmente.

—¡Son ya pasadas las cuatro y cuarto! —exclamó mostrándole el


aparato—. ¡Oka-san llegará en menos de dos horas!

—¡¿Eh?!

—¡Rápido, ve a la cocina a preparar el pastel! —clamó Samiye


recogiendo los libros caídos con rapidez—. Yo ordenaré esto.
—Está bien, lo dejo en tus manos —respondió la adulta bajando las
escaleras.

Había varios escritos por el suelo, pero la castaña no tardó tanto como
pensó en recogerlos y ordenarlos. Cuando iba a acomodar el último, sin
importarle mucho el contenido, vio un trozo de papel deslizarse de una
de las páginas de la libreta entre sus manos. 

Despreocupada, recogió la nota y casi sin pensarlo la leyó. Se sorprendió


al ver que era un pequeño texto —o más bien una lista— escrito con
cierto descuido. No pudo evitar reír al leerlo.

—¿De qué año es esto? —pensó en voz alta, sabiendo que no hallaría


respuesta.

Sin embargo, ese pensamiento se fue al ver la fecha escrita en la otra


cara del papel. Abrió los ojos como platos.

—¡¿Eh?! ¡Esto es de antes de que me adoptaran! —exclamó—. ¡Espera,


ni siquiera había nacido en esta fecha!

Aún sorprendida, dirigió su azulada mirada al libro del que cayó la nota.
Al analizar la portada y hojearlo ligeramente, entendió el contexto y de
qué se trataba. Entonces dejó escapar una sonrisa pícara.1

(...)

La mujer de oscuros cabellos sacó una llave de su bolso y lo introdujo en


la cerradura de la entrada principal. Abrió la puerta con tranquilidad y
habló.

—Estoy en ca-.
Habló, mas no pudo completar la oración. No antes de que dos paquetes
de confeti fueran disparados frente a ella.

—¡Feliz cumpleaños! —exclamaron dos féminas a la vez.

Samiye y Mitsuri se sincronizaron para recibir a la de ojos púrpuras con


cálidas sonrisas. 

—¿Oh? ¿Y esta bienvenida? —preguntó la recién llegada, ignorando


saber el motivo.

—Ya que es tu cumpleaños, Shinobu-chan, hemos preparado pastel de


arroz —dijo la pelirrosa.

Entonces la menor se dirigió a la espalda de la pelinegra y la empujó


delicadamente para llevarla a algún lugar.

—Vamos, Oka-san —animó esta—. Kaa-san preparó el pastel y yo evité


que se quemara, así que es de parte de las dos.

—¡Ah, Samiye! —exclamó la de ojos verdes avergonzada, parecía que


quería ocultar esa parte de la historia.

—Vaya, entonces supongo que no tengo elección —aceptó Shinobu,


quien, a pesar de sus palabras, estaba encantada.

Pronto estaban las tres sentadas en la mesa comiendo el pastel


amorosamente preparado. La risueña y natural atmósfera que mostraban
sobre la mesa era un lujo del que no todas las familias gozaban como
querrían.

Los temas de conversación eran comunes, ordinarios, corrientes,


habituales. Pero no trataba de eso. En días dedicados a la familia no
importaba qué actividad hicieran. Lo importante era compartir esos
momentos.

Cuando el pastel se terminó, Samiye se levantó de la silla y puso sus


manos sobre la mesa, intentando ocultar lo que tramaba.

—¡Hora de los regalos!

—Oh, ¿También hay regalos? —Shinobu no se mostraba sorprendida,


pero no se lo esperaba—. No hacía falta.

—Solo es un pequeño detalle —sonrió la castaña burlona.

Cuando se alejó con ímpetu para buscar el objeto, no tardó ni un minuto


en volver y entregárselo con ambas manos y una sonrisa, ante la atenta
mirada de Mitsuri.

Era una un pequeño rectángulo envuelto en papel de regalo con dibujos


de flores. Tenía una adorable cinta decorativa en una esquina, dándole
una aire elegante.

—Gracias —correspondió Shinobu, aceptándolo.

Comenzó a rasgar el liso papel para ver el objeto en su interior. Por la


forma del regalo, ya era obvio que se trataba de un libro.

—"Biología Celular" —dijo Samiye—. Hace meses dijiste que te gustaría


tenerlo, ¿verdad?

La de ojos púrpuras iba a decir algo, pero la castaña alzó el dedo índice
para detener su acción.

—Mira la primera página —pidió, sin poder ocultar su sonrisa maliciosa


—. Hay otro regalo.
Shinobu, sin imaginarse de qué pudiera tratarse, abrió el libro por la
página indicada. Entonces, agarró el trozo de papel desgastado que
estaba en esta.

—¿Qué es esto? —preguntó mirándolo.

Samiye miró a Mitsuri, quien también estaba extrañada, antes de hablar.

—Es una «carta del pasado».

Las dos adultas intercambiaron miradas sin saber.

—Léela —pidió Samiye riendo.

Shinobu volvió a dirigir su violácea mirada a la nota.

«Qué debe tener mi futura pareja:


-Confianza en sí mismo.
-Debe hacerme reír.
-Que sea amable.
-Serio cuando se necesita.
-Que sea apuesto.
...»1

Eso fue lo que Shinobu leyó en voz alta. Cuando terminó alzo una ceja.

—¿Qué es esto?

—Lo encontré aquí.

La castaña alzó el brazo donde cargaba un cuaderno de tonos rosas. En


la portada había varias decoraciones de colores claros y cálidos, además
de una "M" escrita como atracción principal.

—¡¿Eh?! ¡E-eso es...! —exclamó la pelirrosa mientras los tonos de su


rostro enloquecían.
—Es el diario de Kaa-san cuando era niña —Samiye le sacó la lengua.

—¡Espera, Shinobu-chan, déjame eso!

El rostro de Mitsuri estaba cada vez más rojo. Movió sus manos con
nerviosismo antes de intentar agarrar avergonzada el escrito que tenía
Shinobu.

Sin embargo justo cuando iba a alcanzarlos, la pelinegra esquivó sus


manos y siguió leyendo con una risita.

—¡Shinobu-chan! —clamó la de ojos verdes.

—Vaya, Mitsuri-san. Esto es de antes de que nos conociéramos.

—¡Y-yo era una niña en ese momento!  —trató de excusarse—. ¡No lo


tomes en cuenta!

Samiye las observaba con la cara apoyada sobre sus manos en la mesa.
Una brillante sonrisa surgía de sus labios mientras veía a ambas mujeres
teniendo aquella pequeña e infantil discusión.1

(...)

Era ya de noche. Bajo una pequeña lámpara, Samiye escribía en su


cuaderno unos apuntes para sus próximos exámenes.

—Ah~, esto es aburrido.

Dejó de lado su bolígrafo y se levantó de la silla estirando su espalda.

—Bien, hora de la distracción número ocho: quiero un vaso de agua.2

Salió de la habitación lentamente, muy lentamente. Bajó las escaleras y


se dirigió a la cocina.

— ¡... me lo recuerdes!
Paró en seco al escuchar la voz de la pelirrosa viniendo de ese lugar. Se
quedó cerca de la puerta, pero no se movió.

—Pero, debiste ser muy adorable, Mitsuri-san —esa era la voz de la de


ojos púrpura.

—Da lo mismo, ¡No me lo recuerdes! —dijo aún con vergüenza.

—... ¿Y bien?

— ¿Eh?

Al no escuchar nada más, la castaña decidió asomarse por la puerta.


Tuvo suerte de que ninguna estuviera viendo hacia esa dirección.

— ¿A qué te refieres, Shinobu-chan? —preguntó la pelirrosa sin mirarla.


Estaba ordenando algunos platos.

— ¿Acaso yo... —comenzó a decir—. Pude cumplir tus expectativas?

Los ojos de Shinobu no parecían ver a ningún lado en particular. Sin


embargo, no pudo disimular un pequeño eje de tristeza. Fue entonces
cuando la castaña recordó a la de ojos verdes mencionar una vez que
Shinobu solía tener problemas de autoestima por no poseer su cuerpo
deseado.6

Mitsuri detuvo sus movimientos unos eternos segundos al escuchar lo


dicho por la de ojos púrpura. Entonces se volteo a verla.

—Shinobu-chan...

La pelirrosa se acercó a ella con tranquilidad. Cuando llegó a su lado


sonrió con cariño y la abrazó.

—Las superaste.5
Samiye miró con ternura la escena por algunos segundos. Entonces
Shinobu la separó y le habló.

—Mitsuri-san, hagamos un pastel juntas el primero de junio.

Samiye sonrió de nuevo.

—Entonces..., distracción número nueve: necesito ir al baño —susurró,


alejándose en silencio.

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