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La Oración Efectiva Por Los Perdidos-25-32

Este documento describe varias "armas espirituales" que pueden usarse en la oración para ganar las almas para Cristo y derrotar al enemigo. Estas armas incluyen la sangre de Cristo, el nombre de Jesús, la Palabra de Dios, la alabanza, el ayuno y el amor. El documento explica cómo cada una de estas armas es poderosa según las Escrituras y cómo, al usarlas en la oración, los cristianos pueden librar batallas espirituales y ganar las almas para el reino de Dios

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La Oración Efectiva Por Los Perdidos-25-32

Este documento describe varias "armas espirituales" que pueden usarse en la oración para ganar las almas para Cristo y derrotar al enemigo. Estas armas incluyen la sangre de Cristo, el nombre de Jesús, la Palabra de Dios, la alabanza, el ayuno y el amor. El documento explica cómo cada una de estas armas es poderosa según las Escrituras y cómo, al usarlas en la oración, los cristianos pueden librar batallas espirituales y ganar las almas para el reino de Dios

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abajo; en absoluta sumisión, estar completamente subyugado”.

Con referencia a este versículo


Stott (1964, p.193) dice acerca del mundo:

Está en el maligno, en sus garras y bajo su dominio; es más, allí es donde permanece. No como si
estuviera luchando activamente para liberarse, si no como si permaneciese tranquilo; tal vez
hasta inconscientemente dormido en los brazos de Satanás. El maligno no toca al cristiano, pero
el mundo está en sus garras sin poder hacer nada.

Considero que el pasaje de Marcos 3:27 es el versículo más importante en la Biblia en lo que se
refiere a ganar a los perdidos para Cristo. En este versículo Jesús mismo dijo: “Ninguno puede
entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá
saquear su casa”. Esto quiere decir que ninguna persona podrá ser salva, a menos que alguien lo
libre de la influencia demoniaca que lo controla. Y esto es, definitivamente, lo primero que se
tiene que hacer. ¡Este proceso de liberación se logra a través de la oración!

Hay algunos aspectos elementales que debemos llevar a cabo para ganar la batalla por las almas.
La primera de éstas es usar las armas que Dios nos ha asignado. Cuando fui reclutado por el
ejército, parte de mi entrenamiento militar implicaba aprender a usar las armas que, se suponía,
usaría en la Guerra de Vietnam. Tuve que familiarizarme perfectamente con mi arma de tal modo
que pudiera desmontarla y volverla a montar en la oscuridad, ya que esta hazaña se consideraba
como algo que podría salvar vidas en la zona de guerra.

Dios nos ha provisto de armas poderosas para usar en la guerra espiritual. “Porque las armas de
nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2
Corintios 10:4). Sin embargo, el problema que tenemos es que ni conocemos nuestras armas, ni la
guerra misma.

Pero antes de que lo familiarice y enseñe como usar estas armas, permítame recordarle que el
verdadero combate es la oración: guerreamos al orar. He escuchado al hermano Mickey Bonner
decir muchas veces que: ¡toda oración es una guerra! Así que cuando no oramos, Satanás gana la
guerra por default; pero cuando oramos, pierde la batalla porque no tiene ninguna defensa en
contra de la oración. ¿Será ésta la razón por la cual Dios quiere que “oremos sin cesar”
(1Tesalonicenses 5:17)?; además de ser la razón por la cual los apóstoles “persistieron en la
oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:4).

Las armas espirituales sirven para el mismo propósito que las armas físicas de guerra; ya sean
bombas, tanques, misiles, granadas, rifles, etc.: derrotar al enemigo. Entonces, familiaricémonos
con las poderosas armas que Dios nos dio y usémoslas en oración.

Una de las armas más poderosas que tenemos es la Sangre de Cristo. Apocalipsis 12:11 dice: “Y
ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero…”. Hebreos 2:14 nos dice por qué suplicar
la sangre de Cristo es tan poderoso: “…para destruir por medio de la muerte al que tenía el
imperio de la muerte, esto es, al diablo”. El diccionario Strong define la palabra destruir como
“hacer enteramente inútil o dejar inválido”.

Cuando Satanás hizo que el hijo inocente de Dios fuera crucificado, él se destruyó a sí mismo.
Todas las demandas legales que declaró sobre la tierra y sobre el hombre a través del pecado de
Adán en ese momento fueron completamente canceladas; y a partir de entonces, no tiene ningún
derecho sobre nada ni nadie. Esto significa que todo poder que ejerce en la actualidad es nada
más ni nada menos por engaño y presuntuosidad (Billheimer, 1982).

Cuando suplicamos la sangre de Cristo, les estamos recordando a Satanás y a todos sus demonios
que ya han sido derrotados. Esto es especialmente significativo en nuestra batalla por las almas, ya
que la sangre de Cristo derramada en el calvario pagó la deuda del pecado de toda la humanidad
(1 Juan 2:2 El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino
también por los del mundo entero); por lo que hoy día Satanás tiene cautivas las almas sólo por
default: ¡porque no hemos insistido en que las ponga a libertad!

Otra arma muy poderosa es el nombre de Jesús. Los discípulos al regresar de su misión, gozosos
exclamaron: “Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17). Hoy en día,
¡ellos se sujetan a nosotros también!

Hay tres razones bíblicas que nos dicen por qué el nombre de Jesús es tan poderoso en el reino
espiritual. Primero, porque Él es el Señor sobre toda la creación: “Porque en él fueron creadas
todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles;
sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él
y para él” (Colosenses 1:16).

En segundo lugar, porque se ha convertido en el Señor a través de la crucifixión: “Así que, por
cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por
medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que
por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Y en tercer lugar, Él es el Señor por medio de la coronación: “Quien habiendo subido al cielo está a
la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1Pedro 3:22).

Puesto que actuamos en total obediencia al mandato del Señor Jesús, al interceder por los
perdidos y exigir que sean puestos en libertad; los demonios que los controlan deben de
obedecer, porque ellos se sujetan a Su nombre.

La Palabra de Dios es otra arma poderosa, la cual podemos usar en oración. Como ya hemos visto,
declarar las Escrituras es verdaderamente efectivo. Incluso a la Palabra de Dios se le conoce como:
“…la espada del Espíritu…” (Efesios 6:17).

A Satanás sólo le queda trabajar por medio de la mentira, porque en el Calvario fue totalmente
despojado de su poder y autoridad (Colosenses 2:15 AMP [Dios] despojo a los principados y a las
potestades que se iban en contra de nosotros e hizo una presentación atrevida y ejemplo público
de ellos, triunfando sobre ellos por medio de Él y en ella [la cruz]), (Hebreos 2:14 Así que, por
cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por
medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo). Podemos ver cómo
Satanás “engaña al mundo entero” al hacer uso de esta arma (Apocalipsis 12:9 Y fue arrojado el
gran dragón, la serpiente antigua que se llama el Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo
entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él). No obstante, la palabra de
Dios es “la verdad”, y la verdad SIEMPRE vence a la mentira. Por consiguiente, si continuamente
usamos la palabra de Dios en la oración de guerra, ¡venceremos cada vez que oremos, y las almas
serán puestas en libertad!
La alabanza es otra arma poderosa que podemos usar porque cuando comenzamos a alabar a
Dios, Él entra en acción (Salmos 22:3 Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas
de Israel); y ¡que maravilloso es tener al “comandante en jefe” en el lugar de la batalla! La historia
que se cuenta en 2 Crónicas 20 es un sorprendente testimonio del poder de la alabanza. El pueblo
de Judá fue atacado por un ejército integrado por varias naciones enemigas. Debido a la gravedad
de la situación, el Rey Josafat convocó a todo Judá a “orar y ayunar”. Fue entonces que:
“CUANDO comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de
Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron
los unos a los otros” (verso 22).

La mayoría de nosotros ni siquiera tenemos idea de lo poderosa que es la alabanza cuando se trata
de guerrear por las almas, ¿Acaso se debe a que no la hemos usado lo suficiente como para
entender su asombroso poder? Veamos lo que comparte Francias McGaw con respecto al
importante rol que jugaba la alabanza en la búsqueda de almas para John Hyde:

Recuerdo a John contarme sobre aquellos días en los que si no traía a cuatro almas a Cristo por
día, habría un gran pesar en su corazón al punto de no poder comer ni dormir. Entonces oraba al
Señor pidiéndole le mostrara cual había sido el obstáculo. Constantemente encontró que se
debía a la falta de adoración en su vida. Este mandato que se repite en la Palabra de Dios cientos
de veces es muy importante. John confesaba su pecado y aceptaba el perdón por medio de la
Sangre. Después pedía que Dios le diera un espíritu de alabanza y cambiara sus cenizas por las
guirnaldas de Cristo; su lamento, por aceite de gozo; su espíritu de pesadez, por alabanza (la
canción del Cordero: alabar a Dios de antemano por lo que hará); y conforme él adoraba a Dios,
las almas venían para así completar las que le hacían falta (Carre, p. 39).

El ayuno es otra arma de nuestro arsenal, poderosa pero muy poco usada, que hasta se le ha
llamado el “poder más potente” que tenemos a nuestra disposición. ¡En mi opinión muy personal
creo que el ayuno aumenta en por lo menos diez veces el poder de la oración!

El ayuno está diseñado para que podamos cumplir con efectividad el propósito de nuestra guerra:
vencer al enemigo. Veamos lo que se dice en Isaías 58:6 “¿No es más bien el ayuno que yo
escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los
quebrantados, y que rompáis todo yugo?”. En una ocasión, cuando los discípulos fueron incapaces
de echar fuera un demonio de la vida de un muchacho, Jesús les dijo: “… Este género con nada
puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29).

Otra arma que ejerce una fuerza mucho mayor en el reino espiritual es el amor. La persona que
ama al Señor con todo su ser y además ama a las almas como a sí misma, ¡jamás puede ser
detenida! Apocalipsis 12:11 dice: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de
la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.

A decir verdad, el amor nunca falla. El amor “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
soporta. El amor nunca deja de ser…” (1Corintios 13:7-8); y cuando usted ama a una persona lo
suficiente, está dispuesto a hacer cualquier cosa para que su alma sea librada del infierno.

Así que, ¿qué es lo que sucede cuando oramos usando las armas que Dios nos ha dado? 2
Corintios 10:4-5 nos dice: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en
Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra
el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Las armas que ejercemos en la oración están diseñadas para derribar fortalezas, argumentos, y
llevar cautivos pensamientos. Las fortalezas son modos de pensar que están en contra de la
Palabra y la voluntad de Dios. De esta manera, podemos ver que el campo de batalla de una
persona es su mente; debido a que estamos tratando con modos de pensar, imaginaciones y
pensamientos.

Es vital que entendamos esto: quien sea que controle la mente, controla a la persona misma.
Satanás es capaz de mantener a alguien lejos de la salvación si es que puede controlar su mente.
La manera en que puede lograr esto es manteniéndole cegado al evangelio, ya que, cualquier
individuo estando en su “sano juicio” ¡escogería siempre a Jesús en vez de Satanás; y el cielo, en
vez del infierno! Cuando la legión de demonios fue expulsada del Gadareno, él pudo pensar y
decidir por sí mismo; no sólo se decidió por Jesús, sino que también se convirtió en un evangelista
apasionado (Marcos 5:15-20 LBLA Y vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado
endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y
tuvieron miedo. Y los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al
endemoniado, y lo de los cerdos. Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca. Al entrar El
en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejara acompañarle. Pero Jesús no
se lo permitió, sino que le dijo*: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el
Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti. Y él se fue, y empezó a proclamar en
Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.)

En lo que a Dios concierne, el hombre tiene totalmente libre albedrio, pero está esclavizado al
pecado, egoísmo y prejuicios. No oramos con el propósito de forzar su voluntad, sino más bien
liberarla de las malas influencias. Es quitarle las basurillas de sus ojos para que pueda ver con
claridad. Una vez que ha sido libre, será capaz de juzgar las cosas sin prejuicio, y es muy probable
que se incline a usar su voluntad para hacer lo bueno (…) Nuestra oración a Dios es “rescátalo del
maligno”, y como Jesús es Vencedor sobre el enemigo; el rescate tendrá lugar. Sin duda alguna,
podemos estar seguros que la conversión vendrá como resultado de orar por la carga impuesta en
nuestros corazones. La oración en el nombre de Jesús conduce al enemigo fuera del campo de
batalla de la voluntad del hombre, de tal forma, que es libre para escoger lo correcto (Gordon,
1893, p. 192-194).

Ahora que ya hemos entendido que Dios usa nuestras oraciones para derribar las fortalezas del
enemigo, veamos como Satanás usa fortalezas en la vida de la gente para mantenerlos alejados de
la salvación. La principal fortaleza y la más potente que usa en la vida de cada persona, sea
creyente o no, ¡es la INCREDULIDAD! Esta fortaleza está diseñada para que los cristianos no crean
ciertas verdades de la palabra de Dios que los harían poderosos y efectivos en el reino de Dios. Por
otra parte, esta fortaleza hace que la gente perdida no crea en Jesucristo como Señor y Salvador.

Satanás considera que la incredulidad es valiosísima, puesto que es el único pecado que condena
a la gente al infierno; así que la protege junto con otras fortalezas. Cualquier modo de pensar que
esté en contra de la voluntad del Señor será suficiente. Cuando el joven rico vino a Jesús y le
preguntó cómo podría heredar la vida eterna, Jesús EN NINGÚN MOMENTO le dijo como ser
salvo, en vez de eso, le mando a vender sus bienes y distribuir las ganancias de sus riquezas a los
pobres. Pero como el joven rico no estaba dispuesto a hacer tal cosa, se marchó de la misma
forma en que había llegado: perdido. Jesús sabía que la avaricia controlaba su mente y corazón,
manteniéndole lejos de la salvación; y no sería hasta que eso fuese quebrantado que el evangelio
sería efectivo en su vida (Marcos 10).

La fortaleza en la vida de la mujer Samaritana de Sicar era la lujuria. Ella conversó con Jesús sobre
aspectos históricos y sociales tratando de evadir el principal asunto de su vida. Pero Jesús captó su
atención cuando le declaró abiertamente que ella había tenido cinco maridos y que actualmente
vivía con un hombre, el cual no era su marido. En este caso, la fortaleza fue destruida y se salvó
gloriosamente (Juan 4).

Satanás a menudo utiliza la amargura para impedir que la verdad del amor de Dios se reciba en los
corazones. Por ejemplo, si en estos momentos una niña pequeña es acosada sexualmente, y se le
intenta compartir el evangelio algunos años después; éste no irá más allá de la amargura de su
corazón. Por lo que se debe derribar la fortaleza de amargura que hay para que pueda ser capaz
de recibir las buenas noticias del amor de Dios.

Es difícil ganar a un homosexual para Cristo, no porque Dios no lo ame ni mucho menos porque el
evangelio no sea lo suficientemente poderoso, o porque nunca le demos importancia a esta
cuestión; sino porque la fortaleza que se levanta en estas personas es de tal poder que se necesita
mucha oración, ayuno, persistencia, fe, etc., para quebrantarla; y, por lo general, nos
desanimamos y nos damos por vencidos antes de que la victoria sea ganada.

Un día estaba orando por una persona en particular, así que le pedí al Señor me revelara el por
qué esa persona aún rechazaba el evangelio. Por lo que Él resaltó en mi mente la palabra
“control”; sin embargo, realmente no sabía lo que esto significaba. Pero entre más le conocía, me
di cuenta que el controlaba todo lo que estaba dentro de la esfera de su influencia. Ahora
entiendo que la fortaleza que nos separa de Cristo es el control que uno tiene sobre sí mismo; por
lo que ¡uno debe someterse a Dios para ser salvo!

Aunque el alcance de este libro no permite un estudio profundo acerca de las fortalezas, quiero
hablar brevemente a las personas que están orando por alguien que se encuentra en problemas
de adicción; tales como las drogas o el alcohol. Estas adicciones son sólo mascaras que cubren el
problema real. Por lo general, el verdadero problema radica en que el ego de la persona ha sido
destrozado, y en donde la autoestima y la imagen que uno tiene de sí mismo han sido dañados de
alguna forma; ya sea por rechazo, abuso o por alguna desilusión en la vida. Por lo que las
adicciones sólo encubren y complican más la situación. Así que, para obtener la victoria pida al
Señor le muestre la raíz del problema.

Cuando Eddie Smith necesitaba saber cómo ayudar a una persona que estaba aconsejando, le
pidió al Señor que le mostrará lo que debía saber al respecto. Así que Dios le recalcó a Eddie que
tenía que preguntar sobre “el baile”. Y cuando lo hizo, la mujer irrumpió en llanto y preguntó:
“¿quién le dijo acerca de esto?”, entonces ella le contó que a la edad de 15 años acompañó de
mala gana a una amiga a un baile. Ahí vio a su maestro de escuela dominical tambaleándose de
borracho. Así que se dirigió a Dios y le dijo: “si esto es lo que hay para un cristiano, entonces no lo
quiero”; y en ese momento le confesó a Eddie: “desde ese entonces, mi vida ha sido un infierno,
soy una adicta al alcohol y a las drogas ilegales. He estado casada en varias ocasiones, y vivo
totalmente infeliz”. Pero cuando Eddie supo la raíz del problema, fue cuando al fin pudo orar con
ella, y Dios la hizo libre (Smith, 1998).
Supongo que hay cientos de fortalezas que Satanás usa para mantener la incredulidad; pero lo que
realmente debemos entender es que hay una fortaleza principal en la vida de cada persona que
aún no es salva, y que les impide recibir el evangelio. ¡La batalla NUNCA se pelea sobre una
multitud de pecados (aunque realmente haya muchos), sino que se pelea sobre uno solo! Esa
fortaleza en específico es la armadura de la cual el hombre fuerte depende, pero cuando es
destruida, entonces el hombre fuerte es derrotado, y la persona está lista para recibir la salvación
(Lucas 11:21-22 Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están
seguros. Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las
cuales había confiado y distribuye su botín).

El ejercitar nuestra autoridad en Cristo es otro de los elementos absolutamente esenciales en la


guerra espiritual por ganar almas. Él nos ha dado su asombrosa autoridad (Mateo 16:19 Yo te daré
las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates
en la tierra, será desatado en los cielos), pero debemos utilizarla.

Tal como un policía que está en la esquina de la calle, y dirige la circulación del tráfico porque
tiene la autoridad para hacerlo; así mismo, un cristiano puede orar por un alma atada y cegada por
Satanás, y hacerla libre. Las potestades de las tinieblas descubren que su fuerza es quebrantada
por la sangre de Jesucristo; y cuando ejercitamos nuestra autoridad en Jesús, los demonios ya no
se pueden resistir (…) Dios nos ha llamado instrumentos suyos, a través de los cuales puede
ejercer su autoridad. Aceptemos por fe esta posición y permanezcamos firmes sin importar cuál
sea la oposición (Epp, 1965, p.108-110).

Legalmente hablando, todas las almas pertenecen a Cristo porque Él pagó por sus pecados en la
cruz del Calvario (1 Juan 2:2 El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los
nuestros, sino también por los del mundo entero). Pero Satanás, ilegal y forzadamente, sigue
reteniéndolas cautivas; y se rehúsa rotundamente a dejarlas en libertad. Y a menos que tomemos
el lugar que legalmente nos pertenece, ejerciendo nuestros derechos y exigiendo que las almas
sean libres por la sangre de Cristo y por la autoridad que Él nos ha delegado; Satanás seguirá
manteniéndolas atadas a las tinieblas. No existe ninguna razón por la que una sóla persona muera
y vaya al infierno, debido a que Cristo ya ha pagado el precio de su rescate.

Sin embargo, la única razón por la que cualquier persona irá al infierno es el hecho de
que no tomemos la autoridad que nos ha sido delegada y atemos al hombre fuerte; insistiendo
que las almas sean salvas. El diablo no librará a las almas, a menos que nosotros lo hagamos.

El General Jonathan Wainwright, junto con otros prisioneros de guerra, fue encarcelado en la Isla
de Formosa. Aunque la guerra ya había terminado y el comandante japonés lo sabía, él no les dijo
a los prisioneros, ni tampoco los liberó. Pero en poco tiempo, un avión aliado aterrizó en la isla con
la noticia de la victoria; fue entonces que el General Wainwright le anunció al comandante
japonés: “Mi comandante en jefe ha derrotado a su comandante en jefe. Y ahora, yo estoy a
cargo” Esto es lo que hacemos, anunciarle al hombre fuerte (el demonio en jefe en la vida de una
persona): “Mi comandante en jefe ha derrotado a su comandante en jefe. Demando la liberación
inmediata de estos prisioneros que se encuentran ilegalmente en cautiverio” ¡Y si insistimos, la
liberación tendrá lugar!
El último elemento, pero increíblemente, el más importante al orar por los perdidos es RESISTIR al
diablo continuamente. En Efesios 6:10-18 (Efesios 6:10-18 LBLA Por lo demás, fortaleceos en el
Señor y en el poder de su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar
firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para
que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estad, pues, firmes,
CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, y
calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; en todo, tomando el escudo de la
fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomad también el YELMO
DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Con toda oración y súplica
orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los
santos) se nos enseña a ponernos la armadura de Dios: “para que podáis estar firmes contra las
asechanzas del diablo (…) para que podáis resistir en el día malo”. Cuando realmente tomamos en
serio la salvación de las almas, Satanás utiliza circunstancias difíciles, ya sea en nuestras vidas o en
las de aquellos por los que estamos orando, como un intento para hacernos retroceder y desistir.
Esa es la razón por la cual la situación de un conyugue o un adolescente, por quienes una
esposa(o) o una madre (padre) oran, empeora en vez de mejorar. Lo que Satanás desea es que
ellos dejen de orar porque ¡con la oración pierde el dominio de las almas!

De modo que resistir al diablo significa que uno no permite que actitudes o circunstancias
negativas, etc., detengan nuestro apasionado y continuo esfuerzo por orar. Cuando algo es
resistente al fuego, significa que no podrá ser afectado por el fuego. Y algo que es resistente al
agua, significa que no podrá ser dañando por el agua. Ser resistente a Satanás significa que: no
importa lo que haga, él no nos dañara. Sólo, continúe orando para que sus seres queridos que aún
están perdidos tengan salvación.

La demostración más asombrosa de resistir al diablo por un alma es el siguiente testimonio que
escuche de Charles Blanchard (1934, p. 94-95), quien fue presidente de Wheaton College por 43
años. Él comprobó que la siguiente historia fue verídica y la redactó en su libro Getting Things
From God (Recibiendo las cosas de Dios):

“Amigos, alrededor de hace dos años y medio o tres, estaba en el hospital de Filadelfia, era
ingeniero de la compañía Pensilvania Lines; y a pesar de que tenía una esposa de oración, toda mi
vida había sido un hombre pecador. En ese tiempo, me encontraba muy enfermo, estaba casi ciego
y pesaba menos de 45 kilos.

“Finalmente, quien me estaba atendiendo le dijo a mi esposa que yo ya había fallecido; a lo que
ella respondió: “No, él no puede estar muerto. He orado por él alrededor de 27 años y Dios me
prometió que sería salvo. ¿Usted creé que Dios le dejaría morir ahora, 27 años después de que he
orado por él, además de la promesa de Dios; y con todo ello, no ser salvo?”. “La verdad”, dijo el
doctor, “no tengo la menor idea de lo que usted dice, pero si sé que él está muerto.” Y colocaron un
velo sobre mi cama, el cual separa a los vivos de los muertos en un hospital.

“Para convencer a mi esposa, mandaron llamar otros médicos, uno tras otro, hasta que hubo un
total de siete alrededor de la camilla; cada uno de ellos al acercarse y examinarme confirmaron el
diagnóstico hecho con anterioridad. Los siete médicos aseguraron que yo estaba muerto. Mientras
tanto, mi esposa permanecía arrodillada a un costado de mi camilla insistiendo que yo no estaba
muerto, y que si lo estuviera, Dios me resucitaría; porque Él le había prometido que yo sería salvo,
y yo aún no lo era. Conforme pasaba el tiempo, le comenzaron a doler las rodillas como
consecuencia de estar arrodillada sobre el duro piso del hospital; por lo que le pidió un cojín a la
enfermera, a lo cual accedió.

Pasaron una, dos y hasta tres horas, y el velo permanecía sobre mi camilla. Yo aún permanecía ahí,
aparentemente muerto. Cuatro, cinco, seis, siete, hasta que pasaron trece horas; tiempo en el que
mi esposa estuvo arrodillada al costado de mi camilla; cuando la gente comenzó a quejarse,
deseando que mi esposa se marchase, ella dijo: “No, porque él tiene que ser salvo. Dios le va a
resucitar. Él no está muerto. Él no puede morir a menos que sea salvo”.

Al final de las trece horas, abrí mis ojos, y ella dijo: “¿Qué es lo que quieres, cariño?”; yo dije:
“Quiero ir a casa”, ella me respondió: “Iremos a casa”. Pero cuando me propuso esto, los doctores
levantaron sus manos horrorizados y dijeron: “¡Qué!, eso lo mataría. Sería suicidio”; a lo que ella
respondió: “Dijeron que él estaba muerto. Ustedes tuvieron su turno. Así que ahora me lo llevaré a
casa”.

Hoy en día peso 111 kilos, y todavía conduzco un tren de la compañía Pennsylvania Lines. Es más,
estuve de vacaciones en Minneapolis diciéndole a los hombres lo que Dios puede hacer, y estoy
feliz de poderle compartir lo que Jesús puede hacer.

Existen sólo dos motivos por los cuales una oración quedaría sin respuesta; que haya pecado o
incredulidad en la persona que esta orando, o que Satanás este impidiendo que la respuesta
llegue. Así que, sí usted mantiene su vida en integridad (Juan 15:7 Si permanecéis en mí, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho) y en oración, vendrá
la respuesta; ya que Satanás no podrá resistir el ataque de ¡una oración de guerra que es osada y
ferviente!

En una guerra tiene que haber un plan de combate. Los soldados no corren a todos lados
disparando a cualquier cosa. Esto mismo sucede en la oración de guerra por los perdidos:
necesitamos una estrategia. Así que permítame darle varias de ellas, las cuales son sumamente
efectivas.

La estrategia fundamental es que la iglesia entera se dé constantemente a la oración, tal como lo


hizo la iglesia primitiva. ”Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres,
y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14), y obtuvieron resultados
sorprendentes: “…y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41); “Pero muchos
de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”
(Hechos 4:4).

En otra ocasión, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos
fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31); con
una continua cosecha de gran cantidad de almas: “gran número así de hombres como de mujeres”
(Hechos 5:14); “…y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén…”
(Hechos 6:7); Y… todos los que habitaban en Lida y en Sarón, (…) se convirtieron al Señor” (Hechos
9:35). Encontramos muchos pasajes similares en el libro de los Hechos describiendo cosas
semejantes. Si hoy en día la iglesia siguiera el ejemplo de oración de la Iglesia primitiva,
experimentaríamos el mismo tipo de resultados.

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