UNIVERSIDAD AUTÓNOMA JUAN MISAEL SARACHO
SECRETARIA DE EDUCACIÓN CONTINUA
DIRECCIÓN DE POSGRADO
DESARROLLO SOCIOEMOCIONAL EN LA TERCERA INFANCIA
GRUPO: 2
Integrantes:
● Armella Flores Elfy Chanel
● Barros Rojas Estefania
● Estrada Jesús Eduardo
● Guarachi Yupanqui Jhoseth Alejandra
● Ortega Franco Dalma Nerea
● Quintana Cabero Veronica
INTRODUCCIÓN
La tercera infancia se considera una época en la que se combinan muchas
competencias distintas, las aptitudes para aprender, analizar y expresar
emociones y para hacer amistades se han puesto en evidencia desde la primera
infancia pero ahora se conjuntan de una forma más centrada y consistente,
configurando una personalidad mucho más fuerte unificada y segura de sí misma
La inteligencia emocional se ha convertido en una habilidad necesaria para el
buen funcionamiento de la persona, una habilidad que proporciona conocer sus
estados emocionales, comprender y controlar sus respuestas emocionales y de
comportamiento.
Durante esta etapa de la tercera infancia se va consolidando lo que es la
conciencia emocional, donde se desarrolla una notable capacidad para
comprender las emociones propias y de los demás, para ello se debe educar el
lenguaje como vehículo de identificación, comprensión y expresión emocional.
En esta etapa también se da la regulación emocional la misma que ayuda en la
interacción social, en cuanto a la autonomía emocional se da una percepción
más realista que no siempre es favorable y que pone en peligro la autoestima.
Las habilidades socioemocionales en la lucha de ser aceptados por los pares
son fundamental para el desarrollo de la autoestima y para el bienestar social.
Para la tercera infancia los niños tienen conciencia de las reglas culturales que
regulan la expresión emocional, saben que les causa enojo, miedo o tristeza y
cómo reaccionan otras personas a la expresión de estas emociones.
1. El yo en desarrollo
El crecimiento cognitivo que ocurre durante la tercera infancia permite que los
niños desarrollen conceptos más complejos acerca de sí mismos y que crezcan
en cuanto a comprensión y control emocional. Se trata de un núcleo fijo y
coherente que junto a la razón le permiten al ser humano interactuar con otros
individuos presentes en el medio. El sentido del yo no solo tiene que ver con lo
emocional, también tiene un componente social: los niños incorporan en su
autoimagen su comprensión cada vez mayor de cómo los ven los demás (Cf.
Papalia y Martorell, 2017).
Compara el yo real con el yo ideal y juzga si logra acoplarse a los estándares
sociales comparando con otras personas y con sus mismos pares. Los cambios
que ocurren ayudan al desarrollo y consolidación de la autoestima, es decir
evaluaciones de su valía personal a nivel global.
2. Desarrollo del autoconcepto
El autoconcepto es la imagen total que tenemos de nuestros rasgos y
capacidades. Es “una construcción cognoscitiva… un sistema de
representaciones descriptivas y evaluativas acerca del yo” que determina la
manera en que nos sentimos con nosotros mismos y guía nuestras acciones
(Harter, 1985).
Aproximadamente a los seis años, el niño está en la fase de los mapeos
representacionales según los conceptos neopiagetanos. Realiza conexiones
lógicas entre dos aspectos de sí mismo, como: “Puedo correr rápido y trepar alto.
También soy fuerte. Puedo lanzar una pelota muy lejos.” (Harter, 1985). A pesar
de esto, la imagen que tiene de sí mismo es expresada en términos de todo o
nada. Es casi imposible ver que puede ser bueno en unas cosas pero no en
otras.
Cerca de los siete u ocho años de edad, los juicios acerca del yo se vuelven más
realistas y equilibrados a medida que los niños forman sistemas
representacionales: auto conceptos amplios e incluyentes que integran diversos
aspectos del yo (Cf. Papalia y Martorell, 2017).
La formación de la identidad es un proceso que comienza a configurarse a partir
de ciertas condiciones propias de la persona, presentes desde el momento de su
nacimiento, junto a ciertos hechos y experiencias básicas. A partir de lo anterior,
la identidad se forma otorgándonos una imagen compleja sobre nosotros
mismos, la que nos permite actuar en forma coherente según lo que pensamos.
La identidad humana se configura a partir de la interacción con el medio y el
funcionamiento individual propio del sujeto, formándose entre ellos una tensión
dinámica que guía la configuración de la identidad hacia una dirección
determinada. Gracias a esto es posible que el ser humano sea capaz de notar,
que más allá de lo que es, forma parte de un algo mayor fuera de sí mismo.
3. Autoestima:
Al respecto, Rosemberg (1996), señala que la autoestima es una apreciación
positiva o negativa hacia el sí mismo, que se apoya en una base afectiva y
cognitiva, puesto que el individuo siente de una forma determinada a partir de lo
que piensa sobre sí mismo. Lo que los demás ven en nosotras o, más bien lo
que nosotras pensamos que los demás ven, es crucial para determinar nuestro
grado de autoestima. Entramos en el terreno de la seguridad y la confianza en
una misma, minado por las influencias del exterior.
Pero si hay algo que determina el estado de salud de nuestra autoestima es la
infancia. El refuerzo positivo o negativo con el que hayamos contado desde los
primeros pasos de nuestra vida va a ser fundamental para nuestra seguridad
emocional en el futuro. Evidentemente, dichos cambios se ven reflejados en una
autoestima más consolidada a partir de una valoración global y no parcial, como
ocurría en años anteriores (Santrock, 2006). Es importante destacar que la
autoestima debe estar acoplada en el mayor grado posible a la realidad.
4. Crecimiento Emocional:
En la tercera infancia, los niños tienen conciencia de las reglas culturales que
regulan la expresión emocional. Saben qué les causa enojo, miedo o tristeza y
cómo reaccionan otras personas ante la expresión de estas emociones. También
aprenden a adaptarse al comportamiento de los otros, poniéndose en
concordancia con ellos
De los 8 a los 10 años sus emociones son más equilibradas (aunque se puede
enfadar con frecuencia), se forma una imagen de sí mismo y puede empezar a
compararse con los demás. Necesita el refuerzo de los adultos y su aprobación
para fomentar su autoestima.
A medida que los niños crecen, están más conscientes de sus sentimientos y de
los de otras personas. Pueden regular mejor sus emociones y pueden responder
a la angustia emocional de los demás. La autorregulación emocional implica un
control esforzado de las emociones, atención y comportamiento.
Durante la etapa escolar, el niño va tomando mayor conciencia tanto de los
sentimientos propios como de los ajenos. Es capaz de regular sus emociones y
de responder a las reacciones emocionales de otros. Aproximadamente entre los
siete y ocho años, ya se han desarrollado conscientemente los sentimientos de
vergüenza y orgullo, así como la diferencia entre culpa y vergüenza. Este logro
es importante debido a que influye en la opinión que va formando sobre sí
mismo. A esta edad, aprenden de sus padres y de sus reacciones ante las
emociones “negativas”, las reglas de la cultura relacionadas con la expresión
emocional aceptable. Conforme el niño comienza a suprimirlas voluntariamente,
su nivel de autorregulación emocional crece. Este control ocurre
simultáneamente junto con el control de la atención y la conducta. Otro
desenvolvimiento importante al respecto del crecimiento emocional es la
tendencia del niño a ser más empático y a mostrar una mayor afinidad por la
conducta prosocial. Aquellos niños, tienden a comportarse de manera apropiada
en situaciones sociales, estar más alejados de emociones “negativas” y afrontar
los problemas de modo constructivo (Papalia y Martorell, 2017).
5. Conducta prosocial
El cambio de una etapa a otra está relacionado con la maduración cognoscitiva
del individuo y con la experiencia social del mismo, aspectos fundamentales en
dicha transición. Es en ese proceso evolutivo donde comienza a desarrollar
habilidades que permiten actuar e interactuar con su mundo social de manera
significativa.
Una de dichas habilidades más estrechantes con la prosocialidad es el altruismo
definido por Shaffer (2000) como “la preocupación desinteresada que se siente
por el bienestar de otras personas, expresada a través de actos prosociales o
altruistas como compartir, cooperar y ayudar a los demás”.
En general, los niños en edad escolar adquieren más empatía y están más
inclinados a la conducta pro social. Los niños pro sociales suelen actuar de
manera apropiada en situaciones sociales, estar relativamente libres de emoción
negativa y afrontar los problemas en forma constructiva. Los padres que
reconocen los sentimientos de angustia de sus hijos y que les ayudan a lidiar
con su angustia fomentan la empatía, el desarrollo pro social y las habilidades
sociales. Cuando los padres responden con desaprobación o castigos, las
emociones como el enojo y el temor se pueden volver más intensas y quizá
obstaculicen la adaptación emocional o el niño puede volverse receloso y
ansioso acerca de estos sentimientos negativos. A medida que los niños se
acercan a la temprana adolescencia, la intolerancia parental hacia las emociones
negativas puede elevar el conflicto entre padres e hijos.
La conducta pro social como alternativa a la conducta antisocial. En las dos
últimas décadas se han buscado nuevas explicaciones acerca del fenómeno de
la delincuencia, búsqueda motivada tanto por factores sociales, la sociedad
demanda explicaciones satisfactorias y útiles como por factores profesionales,
los investigadores lograron avances en la comprensión del proceso individual de
la socialización.
6. Atmósfera familiar
Las influencias más importantes del ambiente familiar sobre el desarrollo de los
niños provienen de la atmósfera dentro de la casa. Un factor que contribuye es
qué tan bien manejan los padres las necesidades de crecimiento de sus hijos en
edad escolar y su capacidad para permitir que éstos tomen sus propias
decisiones. Otro factor es la situación económica de la familia.
La manera en que los padres e hijos resuelven los conflictos quizá sea más
importante que los resultados específicos. Si el conflicto familiar es constructivo,
puede ayudar a los hijos a ver la necesidad de reglas y normas. También
aprenden qué tipos de temas valen la pena de discutirse y qué estrategias
pueden ser eficaces. Bronferbrenner indica que las capas más amplias de
influencia ayudan a moldear el ambiente familiar y por lo mismo, el desarrollo de
los niños.
7. Estructura Familiar
La familia como primer contexto en el que el ser humano cubre sus necesidades
básicas, tanto biológicas como afectivas y de crecimiento personal; tiene una
serie de funciones: Cuidado, desarrollo personal, socialización, custodia de la
identidad familiar. Desarrollo afectivo y social, el desarrollo afectivo y social,
desde una perspectiva evolutiva, se refiere a la incorporación que cada niño
hace a la sociedad donde vive; y para ello se producen una serie de procesos de
socialización. La formación de vínculos afectivos la adquisición de los valores,
normas y conocimientos sociales. El aprendizaje de costumbres, roles y
conductas que la sociedad transmite y exige cumplir a cada uno de sus
miembros y la construcción de una forma personal de ser, la identidad propia.
La familia, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el
elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de
la sociedad y del Estado. Existen diferentes tipos de familias, algunas son:
● Familia nuclear: padres e hijos.
● Familia extensa: además de la familia nuclear, incluye a los abuelos, tíos,
primos y otros parientes.
● Familia monoparental: en la que el hijo o hijos vive(n) sólo con uno de los
padres.
La base de la familia es el matrimonio, si el matrimonio falla, la familia falla.
Actualmente hay muchos factores que dañan a los matrimonios causando
desintegración familiar, algunos son:
● Influencia de los padres de algún conyugue.
● Violencia intrafamiliar.
● Vicios de los padres-
● Infidelidad por parte de uno de los conyugues.
● Problemas económicos.
La estructura familiar ha cambiado de manera notable. En generaciones
anteriores, la gran mayoría de los niños crecían en familias con dos padres
casados. En la actualidad, cerca de dos de cada tres niños menores a 18 años
viven con dos padres biológicos, adoptivos o con padrastros y madrastras. En
igualdad de condiciones, los niños tienen resultados más favorables en familias
con dos padres casados que en familias con padres en concubinato, divorciados,
de un solo padre o con un padrastro o madrastra, o cuando el niño nace fuera
del matrimonio.
La distinción es incluso mayor en niños que crecen con dos padres que están
felizmente casados. Estos niños experimentan un nivel de vida más alto, padres
cuyas técnicas de crianza infantil son más eficientes, una cooperación mayor
entre ambos padres, relación más estrecha con sus padres. La participación
frecuente y positiva del padre en la vida de sus hijos, desde la lactancia en
adelante, se relaciona directamente con el bienestar del niño y su desarrollo
físico , cognitivo y social.
Según Barudy (2005) “Los buenos tratos de niños y niñas el buen desarrollo y el
bienestar infantil son la base del equilibrio mental de los futuros adultos de toda
la sociedad”
8. El niño en el grupo de pares
En la tercera infancia las relaciones de pares adquieren mayor importancia, en
esta etapa los niños se relacionan en grupos de manera natural entre niños que
viven unos cerca de otros y que van juntos a la escuela, los niños tienden a jugar
juntos con niños de su misma edad y el mismo sexo Relaciones entre Pares "Las
relaciones de los niños con sus compañeros son esenciales para su adaptación
psicosocial en la infancia temprana y mucho después, y desempeñan un papel
clave en su desarrollo general. Promover las competencias sociales y
emocionales, e intervenir en casos de dificultades en los primeros años parecen
ser particularmente efectivos para fomentar experiencias positivas entre los
niños. “Enciclopedia sobre el desarrollo de la primera infancia”.
La popularidad: Según una investigación realizada por expertos de la
Universidad de Estocolmo y el Instituto Karolinska, la popularidad infantil
garantiza adultos más saludables. Los niños que son populares, tienen más
poder o estatus social y menos riesgos de sufrir problemas de salud, sean físicos
o psíquicos. “Reuters”
A esta edad la popularidad se vuelve importante, cuando los niños demuestran
afecto con sus pares tengan una buena adaptación en su adolescencia.
Intimidación escolar y sus víctimas: la intimidación escolar se convierte en eso
cuando va dirigido a una persona en especial y ya sucede más de una vez, la
víctima por lo general es débil y vulnerable a las burlas de los demás. La
agresión de estas personas puede ser física, o agresión psicológica, la mayoría
de los intimidadores son niños, que suelen ser víctimas de otros niños
9. Efectos positivos y negativos de las Relaciones con pares
Los niños se benefician de interactuar con sus compañeros. Desarrollan las
habilidades necesarias para la sociabilidad e intimidad y adquieren un sentido de
pertenencia. Están motivados a alcanzar logros y obtienen un sentido de
identidad.
Aprenden habilidades de liderazgo y comunicación, roles y reglas. A medida que
los niños comienzan a alejarse de la influencia de sus padres, el grupo de
compañeros abre nuevas perspectivas y les libera para tomar juicios
independientes.
Al compararse con otros de su edad, los niños pueden evaluar de manera más
realista sus capacidades y adquirir un sentido más claro de su propia eficacia. El
grupo de pares ayuda a los niños a aprender cómo llevarse con los demás en
sociedad; es decir, cómo adaptar sus necesidades y deseos a los de los otros,
cuándo ceder y cuándo mantenerse firmes.
El grupo de pares ofrece seguridad emocional. Para los niños resulta
tranquilizador descubrir que no están solos en albergar pensamientos que
podrían ofender a un adulto.
10. Amistades
Los niños manifiestan desde una edad temprana, bien sea la afinidad o el
desagrado por una o varias personas, esto se conoce como nominación positiva
y negativa, respectivamente. Cada niño cuenta con una nominación tanto
positiva como negativa del resto del grupo, no obstante, algunos niños tienen
una nominación positiva muy por encima de la negativa, es decir, son niños
populares. Éstos se caracterizan por poseer buenas habilidades cognoscitivas,
logros importantes, facilidad para resolver problemas sociales, ser solidarios con
sus compañeros, ser asertivos, amables, cooperativos y dignos de confianza;
además de brindar apoyo emocional (Papalia y Martorell, 2017).
Por el contrario, aquellos niños que se muestran insensibles a los sentimientos
de otros niños y no se adaptan bien a las nuevas situaciones, que presentan
conductas agresivas, hiperactivas, cuentan con una nominación negativa mayor
a la positiva y tienden a ser rechazados o ignorados por el resto. La popularidad
adquiere más importancia durante la tercera infancia. La familia y el ambiente
que ésta provea, así como la cultura inciden en la popularidad, puesto que
pueden fomentar o dificultar el desarrollo de la competencia social (Papalia y
Martorell, 2017). Es importante hacer una distinción entre la popularidad y la
amistad. Los niños populares reciben una valoración positiva del resto del grupo,
pero esto no quiere decir que tengan una relación establecida de amistad, pues
para que exista, la valoración positiva debe ser recíproca. Las amistades más
sólidas involucran un intercambio mutuo, que nace con base en la capacidad de
comunicarse y de cooperar el uno con el otro. Durante la etapa escolar, los niños
alcanzan la madurez cognoscitiva suficiente para considerar las opiniones y
necesidades de otros, y también las propias, lo que les permite establecer
relaciones de amistad más profundas y estables (Santrock, 2006). Cabe
mencionar que tanto el concepto de amistad no es algo estático, al contrario, es
algo que se desarrolla conforme el crecimiento del niño. De acuerdo con Selman
(1980).
11. Agresión e intimidación escolar
La agresión disminuye y cambia de forma durante los primeros años escolares.
Después de los seis o siete años, la mayoría de los niños se vuelven menos
agresivos a medida que son menos egocéntricos, más empáticos, más
cooperativos y más capaces de comunicarse.
Ahora pueden colocarse en los zapatos del otro, pueden comprender los motivos
de otras personas y pueden encontrar maneras positivas de afirmar su punto de
vista.
La agresión instrumental, que es distintiva del periodo preescolar, se vuelve
mucho menos común. Sin embargo, a medida que la agresión general
declina,aumenta en forma proporcional la agresión hostil, las acciones cuya
intención es causar daño a otra persona , que a menudo asume una forma
verbal más que física. Un alto nivel de agresión física puede conducir a un alto
nivel de agresión social, que tiene menos probabilidad de recibir castigo.
Una pequeña minoría de niños no aprende a controlar la agresión física. Estos
niños tienden a tener problemas sociales y psicológicos, pero no es claro si la
agresión causa estos problemas o es una respuesta a ellos, o ambos. Con
frecuencia, los niños sumamente agresivos se incitan entre sí a realizar actos
antisociales. Por consiguiente, los niños en edad escolar que son físicamente
agresivos pueden convertirse en delincuentes juveniles en la
adolescencia.
BIBLIOGRAFÍA
1. González, E. (2002). Psicología del ciclo vital. Madrid: CCS.
2. Harter, S. (1985). Manual del Perfil de Autoconcepto para Niños. (Revisión de
la Escala de Percepción de la Competencia para Niños). Denver, C.O.:
University of Denver.
3. Papalia, D., y Martorell, G. (2017). Desarrollo humano. México: McGraw Hill.
4. Rosemberg, M. (1996) Counseling The Self. Basic Book. New York..
5. Shaffer, D. (2000). Psicología del Desarrollo. Quinta edición. México:
Thompson
6. Santrock, J. (2006). Psicología del desarrollo: el ciclo vital. Madrid: Mc. Graw
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CITAS ELECTRÓNICAS
1. Reuters,M (4 diciembre, 2016) Edit “3.3.1 Estructura y estabilidad familiar”
Recuperado
de:[Link]
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