INTRODUCCIÓN
A pesar del desarrollo de antibióticos, de la ventilación mecánica asistida, de la vacunación
antigripal y antineumocócica, la neumonía continúa siendo una causa importante de muerte en
todo el mundo, con un alcance mayor en la edad avanzada que en edades jóvenes.
La incidencia anual de la neumonía comunitaria es cuatro veces mayor en los ancianos que
en los adultos jóvenes. Asimismo, los ancianos tienen un mayor riesgo de hospitalización por
neumonía comunitaria y un mayor riesgo de fallecer por esta causa que los adultos jóvenes.
Esta entidad ocupa el cuarto lugar como causa de hospitalización en mayores de 65 años y es
la principal causa de muerte de etiología infecciosa en este grupo de edad.
La mortalidad por neumonía es de aproximadamente de 10 a 30% en mayores de 65 años
de edad. En México ocupó el séptimo lugar como causa de muerte en la población mayor de
60 años en el 2002. (OMS, 2016)
La incidencia de neumonía en asilos es mayor que en ancianos en la comunidad (99 a 912
por 1,000 personas versus 12 por 1,000 personas, respectivamente, de acuerdo a estadísticas
en EUA), siendo esta infección la principal causa de muerte en ancianos asilados.
Por otro lado, a pesar de los avances tecnológicos para hacer diagnósticos y la aparición de
nuevas y efectivas terapias, la neumonía bacteriana sigue siendo una importante fuente de
morbimortalidad en el adulto mayor. En los países industrializados, la neumonía es la cuarta
causa de muerte en las personas mayores de 65 años y es la primera causa de muerte por
infecciones en el anciano. La mitad de todos los casos de neumonía se ven en los mayores de
65 años, y esto se explica, porque tienen una menor reserva respiratoria, una mayor incidencia
de enfermedades concomitantes (Como enfisema, diabetes y enfermedad coronaria) y una
capacidad inmunológica disminuida.
En este proyecto se aborda todo lo necesario a la neumonía en ancianos, pero para ello es
necesario comprender su definición, etiología, fisiopatología, las manifestaciones clínicas, los
métodos de diagnósticos, así como los tratamientos y las formas de prevención; a fin de que
se puedan consolidar el aprendizaje y la formación del profesional en el área de la salud.
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OBJETIVOS
General
Conocer cómo se presenta la neumonía en el adulto mayor, mediante una investigación
bibliográfica con el fin de determinar las consideraciones de atención que deben ofrecerse.
Específicos
Identificar las características fundamentales de la neumonía en el adulto mayor
Caracterizar el diagnóstico, complicaciones, tratamiento y prevención que considerarse
en el adulto mayor frente a la neumonía.
Establecer mecanismos fundamentales para que el profesional de salud pueda brindar
una asistencia oportuna al adulto mayor con neumonía.
MARCO TEÓRICO
Definición.
La neumonía es la inflamación del parénquima pulmonar en respuesta a microrganismos.
Cuando las vías respiratorias también están involucradas, se puede llamar bronconeumonía.
Los alvéolos de los enfermos de neumonía están llenos de pus y líquido, lo que hace
dolorosa la respiración y limita la absorción de oxígeno.
Antes se clasificaba dentro de tres variantes pero hoy es:
• Neumonía extrahospitalaria (NAC neumonía adquirida en comunidad)
• Neumonía intrahospitalaria (NIH o nosocomial).
Factores de riesgos
Dentro de los principales factores de riesgos, según (Kasper, 2016), se determinan que los
principales son:
Cambios con el envejecimiento
Disminución de la movilidad ciliar
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Disminución de la respuesta inmune
Colonización de la orofaringe por Gram negativos
Uso de antibióticos, intubación orotraqueal, malnutrición, xerostomía por efecto
anticolinérgico de medicamentos, situación séptica de cavidad oral
Aspiración silente de secreciones orofaríngeas
Alteración del reflejo tusígeno, sedantes, enfermedad cerebrovascular (EVC),
trastornos esofágicos, uso de sonda nasogástrica
Desnutrición (deficiencia de zinc)
Deterioro de la inmunidad celular y humoral
Institucionalización (asilos, residencias, etc.)
Diseminación de patógenos respiratorios
Comorbilidad
Enfermedad pulmonar obstructiva crónica, tabaquismo, insuficiencia cardiaca,
diabetes, cáncer, delírium, inmovilidad, traqueostomía
Epidemiología.
La neumonía es responsable del 15% de todas las defunciones de menores de 5 años y se
calcula que mató a unos 920 136 niños en 2015.
En Sudamérica, en el año 2013, según Dirección General de Epidemiología. (2016), se
registraron 15,096 casos de defunciones por neumonía, lo que corresponde al 2.8% del total
de defunciones y con una tasa de 14.2 casos por 100,000 habitantes, colocándola en el noveno
lugar de todas las causas de mortalidad para ese año.
Conforme aumenta la edad a partir de los 50 años, la incidencia de neumonía aumenta de
forma paralela, mostrando una incidencia de casi siete veces más en los mayores de 65 años
La tasa global de NAC varía de 8 a 15 por cada 1,000 personas por año, con mayor
aparición de casos en la temporada invernal y afectación predominante en hombres, niños y
adultos mayores.
En Ecuador, la profilaxis con vacunas contra influenza y neumococo ha producido una
disminución del número de ingresos por NAC a hospitalización. En adultos mayores de 65
años, la vacuna de la influenza redujo los ingresos de 29 a 32%; por su parte, la vacuna del
neumococo demuestra una efectividad global en sujetos mayores de 65 años de 44 a 75% para
la prevención de NAC en relación con este patógeno. (Díaz, 2017)
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Fisiopatología
Las neumonías ocurren cuando un germen infeccioso invade el tejido pulmonar. El
mecanismo más frecuente es la aspiración de microorganismos desde las vías respiratorias
más altas. Las defensas del organismo pueden debilitarse por determinadas circunstancias
como el consumo de tabaco, las enfermedades pulmonares crónicas, el alcoholismo, la
desnutrición, etc. y facilitar así que estos gérmenes alcancen el pulmón y produzcan
infecciones.
Otros microorganismos alcanzan el pulmón desde la inhalación, como ocurre en las
neumonías causadas por Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae, Chlamydia
psitacii Coxiella burnetti (fiebre Q), Legionella pneumophila o virus.
Finalmente algunos gérmenes pueden provenir de otra región del organismo (vías biliares,
sistema urinario, válvulas cardíacas, etc.) y alcanzan el pulmón a través de la circulación
sanguínea.
(Garita, 2016), manifiesta que cuando fallan los mecanismos de defensa del paciente (tos,
aparato mucociliar, IgA, anatomía de las vías respiratorias y sistema inmunitario) se presenta
la infección pulmonar. O cuando es rebasada la capacidad de los macrófagos alveolares para
fagocitar o destruir los microorganismos, se manifiesta la neumonía clínica por el
desencadenamiento de una respuesta inflamatoria para reforzar las defensas de las vías
respiratorias inferiores.
La liberación de mediadores de inflamación como in IL-1 y TNF ocasionan fiebre. Las
quimiocinas, como IL-8 y el G-CSF, estimulan la liberación de neutrófilos, que son atraídos
al pulmón y así surge la leucocitosis periférica y aumentan las secreciones purulentas.
Etiología
Según la OMS (2016), diversos agentes infecciosos —virus, bacterias y hongos— causan
neumonía, siendo los más comunes los siguientes:
Streptococcus pneumoniae: la causa más común de neumonía bacteriana en niños.
Haemophilus influenzae de tipo b (Hib): la segunda causa más común de neumonía
bacteriana.
El virus sincitial respiratorio es la causa más frecuente de neumonía vírica, luego el
de la influenza.
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Pneumocystis jiroveci es una causa importante de neumonía en niños menores de
seis meses con VIH/SIDA, responsable de al menos uno de cada cuatro
fallecimientos de lactantes seropositivos al VIH.
Diagnóstico
Anamnesis, y exploración física es muy importante para hacer un diagnóstico diferencial
de enfermedades infecciosas y no infecciosas como bronquitis aguda, exacerbación aguda de
bronquitis crónica, insuficiencia cardiaca, embolia pulmonar, neumonitis por
hipersensibilidad y neumonitis por radiación, etc.
Lo propuesto por (Saldías, 2014), es que ante sospecha se debe solicitar una Rx de tórax
posteroanterior y lateral para detectar opacidades en áreas lobulares o segmentarias, o bien
multilobulares, multisegmentarias o bronconeumónicas. También se puede observar derrame
pleural. Si hay algunos de esos patrones se debe solicitar una tomografía de tórax.
Radiografía de tórax neumonía multilobular.
Diagnóstico no invasivo
• Esputo menos de 10 células escamosa y más de 25 PMN por campo, cultivo.
• Exámenes de laboratorio: biometría hemática, creatinina sérica, nitrógeno ureico,
glucosa, electrolitos y perfil hepático. Considerar VIH
• Oximetría.
• Tinción GRAM.
• Otras tinciones y cultivos también son útiles (p. ej., tinción BAAR para M.
tuberculosis o argéntica para hongos).
• Detección de antígenos en orina de S. pneumoniae y Legionella .
• RT-PCR para virus.
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• Serología, utilidad limitada ya que incrementa el cuádruple de IgM es en estadios
tardíos.
• Los hemocultivos: tienen muy baja sensibilidad y están recomendados en pacientes
hospitalizados, no se recomienda.
• Biomarcadores como proteína C reactiva y la procalcitonina aumentan en fase aguda
de inflamación sobre todo contra bacterianos, puede servir para detectar falla
terapéutica
Diagnósticos invasivos
La toracentesis debe realizarse siempre ante cualquier neumonía con derrame pleural
significativo. El cultivo del líquido pleural tiene una sensibilidad baja pero es muy específico.
Se pueden detectar antígenos bacterianos, sobre todo de neumococo, en el líquido pleural.
Su fácil contaminación del esputo con gérmenes del tracto respiratorio superior da baja
confiabilidad. La imposibilidad de generar esputo puede ser consecuencia de la deshidratación
y si se le corrige, la producción puede aumentar y en las radiografías de tórax se observarán
infiltrados más evidentes.
No se recomienda realizar estudio microbiológico rutinario a los pacientes de bajo riesgo
de complicaciones manejados en el ámbito ambulatorio, los cuales evolucionarán
favorablemente con el tratamiento antimicrobiano empírico.(Juarez, 2016)
Cambios en la respuesta inmune en el adulto mayor
En estos pacientes, la función mucociliar de las vías aéreas superiores e inferiores está
disminuida. Con la involución del timo, la función de los linfocitos disminuye (tienen una
proliferación disminuida frente a mitógenos y antígenos), También presentan una disminución
de la respuesta inmune especifica, especialmente las de la inmunidad celular: hay niveles
reducidos de trombopoyetina, disminución de la hipersensibilidad retardada (menor
proliferación de linfocitos T), pérdida de la memoria inmunológica de los linfocitos T menor
número de linfocitos CD4, mayor número de linfocitos CD8 (supresores), disminución de la
producción y de los receptores de interleuquina-2, y alteraciones de la función de los
linfocitos citotóxicos.
En lo que respecta a los neutrófilos, su quimiotaxis y ataque oxidativo también
disminuyen, mientras que la función de los macrófagos no está afectada. Los niveles de
inmunoglobulinas no cambian con la edad pero se ha notado que la cantidad de respuesta
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contra ciertos patógenos específicos sí declina. Estos cambios sugieren que ]a respuesta a las
inmunizaciones es más pobre en los ancianos.
La mayoría de casos de neumonía bacteriana según lo manifiesta (Agirrezabala, 2016) se
debe a microaspiración de la flora bacteriana que coloniza la orofaringe, algo que se ve con
mayor frecuencia en los ancianos. Estos pacientes presentan muchas condiciones neurológicas
que pueden alterar el nivel de conciencia y causar asincronía orofaríngea o alteraciones en la
deglución.
Con el uso de marcadores radioactivos, se ha encontrado, que el 70% de ancianos con
neumonía adquirida en la comunidad (NAC) tienen evidencia de microaspiración silente. Los
ancianos también tienen una mayor colonización orofaríngea causada por su alta frecuencia
de enfermedades periodontales, uso de antiácidos, desnutrición y frecuentes hospitalizaciones
o admisiones a instituciones geriátricas.
Agentes etiológicos
A pesar de los grandes adelantos en los laboratorios de microbiología, en la actualidad,
todavía es bastante difícil aislar los agentes etiológicos de una NAC. En los estudios mds
completos y exigentes, sólo se llega a identificar al agente etiológico en el 50% de los casos,
En todos los grupos de edad el agente más frecuente es el Streptococcus pneumoniae, que
causa entre el 20 al 30% de las NAC en ancianos. Otros agentes incluyen (el orden es variable
según diversos estudios) Haemophilus influenzae no tipificable, Legionella pneumophila,
Chlamydia pneumoniae y bacilos gramnegativos. Existe un número desproporcionado de
casos de neumonía por Legionella en los ancianos y que usualmente se asocia a cuadros más
severos. (Agirrezabala, 2016)
Se ha estimado que la neumonía por anaerobios ocurre en 20 a 30%4, El Mycoplasma
Pneumoniae, un agente común de NAC en jóvenes, ataca en epidemias y puede causar
enfermedad severa en ancianos. La NAC por Staphylococcus aureus puede causar enfermedad
muy severa, especialmente si aparece como una superinfección asociada a infecciones virales
(como la influenza).
Se ha observado según el estudio de (De Miguel, 2009) que aproximadamente el 90% de
los pacientes que fallecen por neumonía bacteriana secundaria a infección por influenza son
mayores de 65 años. Algunos autores consideran que los agentes gramnegativos son más
frecuentes en los ancianos debido quizás a sus hospitalizaciones más frecuentes y a su mayor
prevalencia de diabetes, alcoholismo e incontinencia urinaria o fecal.
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Consideraciones clínicas
Como sucede con otras condiciones médicas del anciano, la NAC puede presentarse de una
manera atípica. En lugar de quejarse de síntomas respiratorios, ellos pueden presentarse con
alteraciones cognitivas, con deterioro funcional, confusión, caídas, exacerbación de otras
enfermedades de fondo (Como bronquitis crónica o angina) o con anormalidades metabólicas
como hiponatremia o insuficiencia renal. En un estudio en pacientes ancianos (edad promedio
78 años), los síntomas más frecuentes encontrados fueron disnea (71 %), tos (67%) y fiebre
(64%) pero en ellos se observó una mayor incidencia de confusión aguda que en los jóvenes
(45% versus 29%).
Sólo el dolor pleurítico se asoció a neumonía causada por un agente "típico". El resto de
síntomas fue inespecífico porque no se correlacionó con ningún agente etiológico en
particular.
Debido a la baja sospecha clínica, el 40% de pacientes no fue diagnosticado en la primera
visita y en el 62% el tratamiento se retrasó 72 horas. También es importante resaltar que sólo
el 16% de los pacientes ancianos estaban bien nutridos. En otro estudio en ancianos con
neumonía bacteriémica por neumococo, solamente el 48% tuvieron síntomas respiratorios al
inicio. Cerca de un tercio de los pacientes tuvo un recuento normal de leucocitos y sin
desviación izquierda. (OMS, 2016)
Factores pronósticos
Los ancianos con NAC tienen mayores probabilidades de ser hospitalizados, de requerir
cuidados intensivos, de permanecer más tiempo hospitalizados y de fallecer. Existen
numerosos estudios que han analizado los factores que incrementan la mortalidad en pacientes
con NAC. Las guías de tratamiento británicas hacen énfasis en cuatro factores de riesgo: una
frecuencia respiratoria de más de 30 por minuto, presión diastólica menor de 60 mm Hg, urea
mayor de 19,6 mg/dL y alteración del estado mental.
La presencia de dos o más de estos factores al ingreso aumentan la mortalidad 36 veces.
Otros factores que aumentan el riesgo de muerte son hipoxemia, presencia de infiltrados
bilaterales o multilobares, hipotermia, enfermedades concomitantes (neurológicas, diabetes,
neoplasia) y bacteriemia. Se han creado sistemas que cuantifican (con puntos) estos síntomas
y otros factores de riesgo, y ayudan a redecir la mortalidad de los pacientes con NAC13
Algunos estudios como el de (Díaz, 2016) indican que la edad avanzada en forma aislada
podría contribuir negativamente al pronóstico, y esto después de reajustar por la presencia de
otras enfermedades concomitantes. En un metaanálisis de 85 estudios acerca de riesgo de
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muerte por NAC, se estimó que el riesgo, de morir por neumonía aumentaba 1,05 veces por
cada década más de vida14. En un estudio prospectivo de más de 10 000 personas mayores de
65 años, se asoció a una mayor mortalidad la edad, Diabetes mellitus, insuficiencia cardiaca,
tabaquismo, alteración cognitiva y un deterioro en las actividades de la vida diaria.
Tratamiento de la NAC en el anciano
Para muchos autores, como (Garita, 2016), el tratamiento de la NAC debe ser empírico,
debe administrarse muy temprano y debe basarse en factores epidemiológicos, edad,
comorbilidades y exposición. En principio, las guías de tratamiento para el anciano son
iguales que las usadas en adultos más jóvenes. Es importante recordar que el administrar
tempranamente los antibióticos, dentro de las primeras 8 horas, en el hospital se asocia a una
menor mortalidad a los 30 días. El tratamiento empírico debe ser administrado de inmediato y
con antibióticos que tengan buena penetración pulmonar y una alta biodisponibilidad.
Siempre se recomienda que todos los médicos tratantes deben estar familiarizados con el
patrón de resistencia bacteriana de su comunidad. La prevalencia del neumococo resistente a
penicilina se ha incrementado exponencialmente en los últimos 15 años tanto en los países
industrial izados como en América Latina, con cifras que varían entre 20 y 50% según el
país). Estas cepas tienen mutaciones de las proteínas ligadoras de penicilina y como no son
productoras de betalactamasas, ellas son resistentes a los antibióticos asociados a inhibidores
de betalactamasas. Los factores de riesgo para adquirir cepas resistentes de neumococo
incluyen edad mayor de 65 años, uso de antibióticos betalactámicos en los últimos 3 meses,
alcoholismo, inmunosupresion, corticoterapia, tener otras comorbilidades y haber estado
expuestos a niños en guarderías infantiles. Diversas sociedades de neumólogos e infectólogos
han establecido, pautas de tratamiento para el paciente con NAC.
La vacuna multivalente contra el neumococo debe administrarse a todas las personas
mayores de 65 años y a todo, adulto con diabetes y/o enfermedad cardiopulmonar crónica. Se
recomienda una segunda dosis después de 5 años. La vacuna contiene antígenos de 23 cepas
de neumococo responsables del 80% de las neumonías por este agente. La eficacia clínica de
la vacuna en los ancianos es moderada pero comparable epidemiológicamente con la eficacia
que se ve en la población general. (OMS, 2016)
Las escalas de severidad de la enfermedad son útiles para determinar tanto la severidad
como el sitio más apropiado para la atención de la neumonía (Cuadro II). Las más utilizadas
son la Escala de Severidad de la Neumonía (PSI por sus siglas en inglés) y el CURB 65 de
(siglas en inglés confusion, urea nitrogen, respiratory rate, blood pressure). Tanto el PSI como
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en el CURB 65 coinciden en considerar a la edad como un factor de severidad de la
enfermedad.
En los ancianos, expresa (Rodríguez, 2016) que los principales factores de riesgo de
mortalidad son: el estado funcional previo del paciente (dependencia para las actividades de la
vida diaria), edad muy avanzada, grado de comorbilidad, demencia, aspiración presenciada,
insuficiencia cardiaca, leucocitosis marcada (> 15,000 leucocitos/mL), taquicardia, taquipnea,
tratamiento con sedantes, cambio en el estado mental, fiebre (> 38.2 o C) o hipotermia (< 36.1
o C), hipotensión arterial, linfopenia, hipoalbuminemia, hipocolesterolemia, anemia,
hipoxemia, hiponatremia y malnutrición. Por otra parte, entre los criterios biológicos y
radiológicos para decidir la hospitalización de un paciente destacan la leucopenia (< 4,000
leucocitos/mL) o leucocitosis severa (> 20,000 leucocitos/mL), empeoramiento de la función
renal, hipoxemia, alteraciones de la coagulación indicativas de coagulación intravascular
diseminada, afectación multilobar, derrame pleural o cavitación en la radiografía de tórax.
Por otro lado manifiesta (Kasper, 2016) expresa que la necesidad de cubrir empíricamente
los gérmenes atípicos en neumonías no graves sin clara sospecha clínica se encuentra
actualmente en discusión, ya que tanto los metaanálisis como una revisión Cochrane46 no
demuestran una mejor supervivencia o eficacia clínica con esta cobertura, a excepción del
subgrupo de pacientes con neumonía por L. pneumophila.
En cambio, un estudio retrospectivo con más de 13.000 pacientes de Estados Unidos,
mostró mejor supervivencia entre los pacientes tratados con fluoroquinolonas o betalactámico
y macrólido, respecto a la monoterapia con betalactámicos. No queda claro si realmente esta
respuesta es atribuible a la cobertura de gérmenes atípicos o a las propiedades
antiinflamatorias de algunos antibióticos.
Las guías de práctica clínica americanas recomiendan la cobertura empírica frente a
gérmenes atípicos incluso en pacientes ambulatorios, mientras que las guías británicas la
recomiendan únicamente en pacientes ingresados moderadamente graves. En las neumonías
graves se recomienda la combinación de antibióticos como mínimo durante las primeras 48h o
hasta obtener los resultados microbiológicos
Prevención
Vacuna antiinfluenza.
La vacuna antigripal ha demostrado su eficacia en la población anciana,
independientemente de su grado de salud. La principal función de la vacuna es evitar las
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complicaciones de la enfermedad. Disminuye las tasas de hospitalización por neumonía y
gripe en 50-60% y disminuye la mortalidad hasta en 80%. (OMS, 2016)
Está indicada su aplicación anual en otoño o invierno en todas las personas mayores de 65
años, especialmente en las que presentan enfermedades cardiovasculares o pulmonares
crónicas, ancianos institucionalizados y personal que los atiende. En los pacientes
institucionalizados, la vacunación del personal ha sido valorada en algunos casos como la
intervención más efectiva para evitar la morbilidad y mortalidad de la gripe en los pacientes
ingresados.
Está disponible en una vacuna parenteral de virus inactivados. La única contraindicación es
la alergia a la vacuna o al huevo.
El efecto secundario más frecuente es el dolor en el brazo (10-64%) que raramente
interfiere con las actividades diarias. En el caso de epidemia por influenza A en la comunidad,
se recomienda el uso de amantadina o rimantadina para los pacientes ingresados a residencias.
La eficacia de la vacuna antineumocócica es controvertida. Aunque los estudios
retrospectivos indican una disminución de las hospitalizaciones y muertes por neumonía,
tanto en pacientes de la comunidad como en los institucionalizados, esto no se ha comprobado
en estudios prospectivos aleatorizados.
La vacuna ha demostrado ser efectiva para la prevención de bacteremia, pero no para
prevenir la neumonía no bacterémica. Otros estudios, en cambio, han demostrado que la
vacuna reduce el riesgo de enfermedad invasiva en ancianos.
Se ha recomendado que los pacientes asilados reciban la vacuna antineumocócica al menos
una vez, independientemente de su edad. No se ha definido claramente el papel de la
revacunación a los cinco años. Se acepta volver a vacunar a los pacientes que han recibido la
vacuna antes de los 65 años, los esplenectomizados, los inmunodeprimidos y en pacientes con
insuficiencia renal crónica.
Otras medidas preventivas, según (Agirrezabala, 2016), es la quimioprofilaxis para
influenza H1N1 con oseltamivir o zanamivir se debe considerar en pacientes que han sido
expuestos a contactos o están en alto riesgo de complicaciones por influenza.
Casi la tercera parte de los pacientes ancianos con neumonía tienen antecedente de
tabaquismo, así que el suspender este hábito es particularmente importante para prevenir la
neumonía en los ancianos.
Hay evidencia que muestra que la mejoría de la higiene de la cavidad oral reduce el riesgo
de desarrollar neumonía por aspiración. Se ha propuesto que el mecanismo por el que se altera
el reflejo de la deglución y tusígeno es por un descenso en la llamada «sustancia P».
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Sustancias como la capsaicina y la amantadina pueden ser estimuladoras de la «sustancia
P». También se ha propuesto que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, al
aumentar la sensibilidad del reflejo de la tos y mejorar la deglución, podrían disminuir el
riesgo de neumonía en ancianos propensos a la broncoaspiración.
En este sentido, otras medidas para prevenir neumonía por aspiración incluyen la correcta
higiene oral, prevención del EVC y del reflujo gastroesofágico, así como evitar sustancias
psicotrópicas previas al sueño, potenciar la inmunidad. Las sondas para alimentación no
previenen la aspiración de pacientes con disfagia y demencia avanzadas, por lo que deben
utilizarse sólo cuando son estrictamente necesarias.
CONCLUSIONES
La neumonía es una complicación frecuente en pacientes con enfermedades crónicas
evolucionadas con pronóstico de vida limitado y en muchas ocasiones es la causa final de
muerte en estos pacientes. Por tanto, es necesario hacer un esfuerzo para identificar a estos
pacientes y ofrecerles el tratamiento paliativo adecuado. Se recomienda para ello realizar
valoraciones por equipos multidisciplinares.
En conclusión, en la última década se han podido identificar importantes factores
diferenciales de la neumonía del anciano como la aspiración o el contacto con el ámbito
sanitario. A su vez, disponemos de nuevas evidencias en torno a la estratificación del riesgo,
el diagnóstico y el tratamiento. El tratamiento de la neumonía en el anciano es a menudo
complejo, siendo necesaria la valoración integral del paciente para la correcta toma de
decisiones tanto para la elección del antibiótico, como para guiar el tratamiento adyuvante,
preventivo o incluso paliativo.
Por lo tanto se puede afirmar que la incidencia de la neumonía aumenta con la edad, y
contribuye a la morbididad y mortalidad de los ancianos. En nuestro medio la neumonía
supone la sexta causa de muerte y el cuarto diagnóstico más frecuente al alta de los hospitales
de agudos.
RECOMENDACIONES
Evidentemente, los índices ayudan en el proceso de la toma de decisiones, pero deben
complementarse con el juicio clínico. Recientemente, la presencia de hipoxemia se ha
validado como un criterio de ingreso independientemente de la estratificación de riesgo e
incluso se ha sugerido utilizar saturaciones menores al 92% como punto de corte de mayor
seguridad. En los ancianos, el importante peso que confieren las escalas de gravedad a la edad
12
biológica puede llevar a sobreestimar el riesgo de algunos pacientes, por lo que deben
considerarse otros factores como el cumplimiento terapéutico, la correcta ingesta vía oral o el
apoyo social y, muy especialmente, el estado funcional
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