"Héme aquí".
Las mismas palabras que te dijo Moisés en el Horeb
te decimos hoy a Ti Señor cada uno de nosotros. En una actitud
dispuesta a dejarte hacer: Aquí estoy como la respuesta de María.
Dispuestos humildemente quitándonos nuestros calzados de
rutinas, prejuicios y miedos, damos nuestra disponibilidad de
consentimiento de humildad y de pobreza ante tu llamado.
Renunciando a todas nuestras seguridades y protecciones,
difuminándonos ante Ti.
Reconocer que estás aquí, Dios de fuego que enciende y no
destruye, Dios que quema, purifica, transforma, transfigura, pero
no mata ni aniquila. Dios vivo y para la vida.
Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob; no de las montañas, no de
los ríos, no de los ángeles sino; Dios, de los hombres.
El que es y el que está, el que ve el que oye, el que se fija y libera.
Un Dios que se fija en nuestros sufrimientos, un Dios que actúa
para liberarnos. Un Dios que se hace Presente. Alabemos y
cantemos a este Dios que nos dice: “No teman que estaré con
Ustedes!”
Amado Señor nuestro: queremos darte gracias por esas semillas
que sembraste en el campo de tu Iglesia, semillas que han
madurado y eligieron servirte en sus hermanos y hermanas.
Tú nos prometiste dar siempre pastores, sabemos que tus
promesas siempre se cumplen. Inspira a muchos jóvenes a
responder a tu llamado, abre los oídos de tus elegidos. Haz que
surjan entre los cristianos numerosas y santas vocaciones al
sacerdocio, suscita en nuestra Iglesia una nueva primavera de
vocaciones.
Te pedimos que envíes sacerdotes según tu corazón que nos
alimenten con el Pan de Tu Palabra y en la mesa de tu Cuerpo y
de tu Sangre; consagrados que, por su santidad, sean testigos de tu
Reino; laicos que en medio del mundo, den testimonio de ti con
su vida y su palabra.
Fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a crecer en el amor y
santidad para que respondan plenamente a tu llamada.
María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.-
Te damos gracias Señor Padre Santo
Dios Todopoderoso y Eterno,
por habernos entregado a Tu Hijo Amado,
aunque solo somos frágiles pecadores
nos alimentas con su Cuerpo y con su Sangre.
Que este alimento de vida eterna sea para nosotros
Causa de perdón y salvación y no ocasión de castigo.
Que sea armadura de fe, escudo de buena voluntad,
que nos libre de todos los vicios,
que nos ayude a superar nuestras pasiones desordenadas
que aumente nuestra caridad y nuestra paciencia,
nuestra obediencia y humildad,
nuestra capacidad para hacer el bien
Que sea defensa inexpugnable contra todos nuestros enemigos
Visibles e invisibles y guía de todos nuestros impulsos y deseos.
Que nos una más a Ti, Único y Verdadero Dios
Y nos conduzca con seguridad al banquete del cielo,
Donde Tú con tu Hijo y el Espíritu Santo
Eres luz verdadera satisfacción cumplida
Gozo perdurable y felicidad perpetua.
Por Cristo nuestro Señor .Amén.