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Del Arroyo…
Adriana Dammiel Mora
Copyright 2009
Dammiel Mora
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Edición
Dammiel Mora
Coordinación literaria
Carlos Torres
Diseño Gráfico:
Adriana Dammiel Mora
Todos los derechos reservados por la autora.
Queda prohibida cualquier forma de
reproducción total o parcial, distribución,
comunicación pública y transformación de esta
obra sin contar con autorización de la autora o
el titular de la propiedad intelectual.
La infracción de los derechos mencionados puede ser
constitutiva de delito contra la propiedad intelectual del
Código Penal.
Sí se permite cita haciendo mención expresa del título del
libro y del nombre de la autora.
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Para Salvador, un cobarde.
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Sé que cuanto te he dicho tiene una
respuesta: que tú me has querido; que
durante aquellos dos años y medio en
los que las parcas tenían en una única
muestra escarlata los separados
destinos de nuestra vida, tú
verdaderamente me querías. Sí, lo sé,
así fue. Indiferentemente a tu
comportamiento para conmigo, sentí
yo siempre que tú, en el fondo de tu
corazón, verdaderamente me
amabas…
Oscar Wilde
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Escucha atento…quedo, inmóvil el
murmullo del arroyo… ¿lo oyes?, ¿te
atormenta por las noches como a
mi?...¿oyes el murmullo del arroyo
cuando ella duerme abrazada a tu
pecho?...el sonido del arroyo no
cesa…los demonios habitan el arroyo
y yo vivo soportándolos, los
fantasmas del pasado me recuerdan
que todo pudo haberse evitado…la
tragedia de mi vida, porque así
merece ser llamada, la mayor
desgracia de mi existencia: conocerte
y amarte, nadie puede predecir los
eventos fatídicos que nos cambian la
vida de un momento a otro…esta es
nuestra historia…recuérdala…
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EL PRINCIPIO DEL DESASTRE.
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Hubo un tiempo hace ya varios años,
un tiempo en el que las noches eran
eternas y los días muy cortos, días de
combinar un trabajo burocrático con
veladas de bares y canciones de
Counting Crows. Hubo un tiempo en
que parecía que mis veintitantos años
no terminarían jamás; en el que yo
vivía soñando con encontrar un amor
inolvidable, una pasión de película…
un tipo que tuviera algo de la
personalidad de Jimmy Dean.
Recuerdo aquella fecha de
Septiembre del 2001, una noche más
en que terminaba la desgastante
rutina laboral y yo necesitaba liberar
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mis demonios, así que escuchando
alguna suave rola de los Smiths me
arrojé a los bares del centro con toda
mi salvaje ansia de diversión
juvenil…
Los sonoros rugidos de las motos se
escuchaban en la entrada del bar de la
Mutualista…noche de viernes.
Meduza tocaba Susie Q y yo,
partiendo plaza con minifalda hacia la
barra, buscaba desesperadamente una
cerveza… Las noches de fin de
semana mutualísticas eran una fuga a
los problemas habituales para todos
los parroquianos. Llegando el viernes,
darketos, rockeros, bikers, bohemios,
intelectuales y todo tipo de híbrido
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cultural apuntaba los pies a la Mutua,
y yo no era la excepción. Después de
comprarme una Indio bien fría, me
instalé a un lado del grupo de casa en
la pista de baile para hacerme la
‘’Diva antrera inaccesible’’… calculo
que en ese momento Dios tenía ganas
de divertirse, y como yo nunca he
sido precisamente de su agrado, me
mandó desde algún punto indefinido
del Cosmos la mayor desgracia de mi
vida…
-¿Adriana?
Me llamó una voz infantilona, y ya lo
tenía a un lado casi pegado a mi
hombro. Volteé a mirarlo extrañada
de que se dirigiera a mí con tanta
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confianza… “mocoso cretino” pensé,
y lo barrí con la mirada de pies a
cabeza. Imaginé que era biker porque
el disfraz lo traía completo: pantalón
de estampado militar, camiseta sucia
y chamarra negra de cuero. Pelo
engomado y cara bonita…¡con
brackets! Ahora, a años de distancia
así lo recuerdo, como un escuincle
“caguengue’’, la leche parecía
escurrírsele de los labios al
hablarme…
-¿Me conoces o qué?- Le dije con cara
de enfado, el chamaquito malandro se
encogió tímidamente de hombros, el
rostro se le puso rojo como un tomate
y sonrió mirando al suelo…
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-Sí, tú y yo nos conocemos, de hecho
la otra noche nos besamos, ¿te
acuerdas?...
Y yo me reí sonoramente, burlándome
del “choro’’ que me estaba
aventando…
-No, no me acuerdo. Según yo esta es
la primera vez que te veo y yo jamás
me he besado contigo. ¿Cómo te
llamas, niño...?
Y sonrió… ¡maldita la hora en que
sonrió…! Algo sentí entre el cogote y
el espinazo, algo muy similar a la
ternura. -Chava- le oí decir… ¡Carajo,
aunque han pasado ocho años desde
aquel momento lo recuerdo todo
como si hubiera sido anoche
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mismo…! Dijo que se llamaba
Salvatore (la tragedia de mi vida ya
tenía un nombre) y algo tenía de
James Dean, comenzando por la
chamarra biker; pero además era su
mirada, o el modo en que le colgaba el
cigarro del labio, o su sonrisa…¡ algo
de Jimmy Dean, vaya…!
Y me besó…sí, me besó en la boca
después de decirme su nombre…tuvo
el atrevimiento de besarme aunque un
momento antes me había estado
escondiendo la mirada. Y yo, cuando
un imbécil me robaba un beso sin
excepción lo cacheteaba o le tiraba la
cerveza en la cara…pero por primera
vez en la vida no lo hice. Me quedé
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inmóvil, sorprendida… sonreí. Le
sonreí y él también sonrió mostrando
los brackets de sus dientes. Ya luego
caminamos hacia la pista, Meduza
tocaba “The sunshine of your love” y
yo me puse a bailar con el escuincle
baboso menor que yo que decía
llamarse Chava, el que acababa de
robarme un beso. Después platicamos
de tonterías irrelevantes, me dijo
entonces que era un biker
“stratosférico”, y resulta que yo
conocía precisamente al grupo de los
bikers así llamados desde muchos
años atrás y ninguno de ellos me
había hablado nunca de ningún
puberto llamado Chava que formara
parte de sus filas; es más, yo nunca lo
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había visto a él con ningún grupo de
bikers. En ese momento pasó a
nuestro lado el Montana (uno de los
mentados stratosféricos) y Salvatore
lo saludó con familiaridad, como
queriendo demostrarme que
efectivamente era uno de ellos, pero el
Montana lo miró extrañado,
intentando recordar al que le hablaba
y siguió de largo. Chava puso carita
de niño que ha sido rechazado por los
compañeros grandulones del
kinder… Ocho años después de todo
eso, me doy cuenta de la inmensa
ternura que sentí por ese crío desde la
misma noche en que lo conocí. Tenía
un ángel tremendo, era humilde,
dulce y amigable, me miraba como
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cachorro asustadizo y me seguía en
silencio por el bar de la Mutualista
con la cerveza en la mano…Me dijo
además que era rockero (cosa que me
emocionó muchísimo), pensé que
aunque era un chaval no me vería yo
tan mal junto a él (en esos tiempos ser
mujer de un biker o de un rockero era
símbolo de status en el ambiente de
los bares). La desilusión se hizo
presente cuando me aclaró que decía
que era rockero porque se dedicaba a
marmolero y trabajaba con un chingo
de ‘’rocas”. Supongo que eso para él
venía a ser algo así como el chiste más
gracioso del nuevo milenio, pero
sinceramente a mí cualquier película
en blanco y negro de Viruta y
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Capulina me hubiera hecho reír
mucho más…
Chava preguntó si yo tenía novio; le
dije que no, pero que estaba
perdidamente apendejada por un
maestro que impartía Sociología en la
Univa. Pregunté entonces si tenía él
novia…guardó silencio tres segundos
y dijo que no… Recuerdo que dijo que
no y esa fue la primera de una larga
lista de mentiras por venir…
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LA MUTUA, LA ZONA, ADRIANA
Y SALVATORE…
Volví la noche siguiente a la
Mutualista. El señorito del mármol
me había invitado a salir y yo había
analizado buena parte de la tarde los
pros y los contras de tener una cita
con un polluelo verde al que todos los
bikers negaban conocer, llegando a la
conclusión de que era conveniente
salir un par de veces con él tomando
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en cuenta que traía moto, que no era
feo, que me llevaría a donde yo
quisiera y que estaría dispuesto a
pagarme las chelas con tal de lucirme
con los fulanos que lo acompañaban
siempre. Su comitiva estaba
compuesta por: 1) su cuñado:
Roberto, (novio de su hermana Mary
y Príncipe heredero de algo así como
el Imperio de los recipientes de
plástico en todo Jalisco), 2) su primo:
el Chucky, 3) su otro primo: el güero,
y 4) su inseparable hermano: el moco.
Llegué a la mutualista a las nueve y
media y Chava ya estaba
esperándome con dos cervezas en la
mano; el cigarro le colgaba en la
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comisura derecha del labio al más
genuino estilo del ya mencionado
James Dean. Me saludó con un beso
en la boca (sí, primero se sacó el
cigarrillo) e inmediatamente volteó
para cerciorarse de que sus
acompañantes hubieran checado toda
la acción…Sus cuatro fieles pegotes
sonrieron maliciosamente desde una
mesa cercana a nosotros levantando
pulgares.
-¿Lista para irnos a otro lado?- me dijo
mi pañalístico Romeo y yo, con el
mismo entusiasmo de un niño de
Biafra frente a un filete, le dije que me
sentía al borde de un orgasmo (todo
con tal de salir corriendo de ahí,
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subirnos en su poderosa y viril
motocicleta y alejarnos a toda
velocidad…) Gran decepción me
invadió cuando el parvulito me
confesó que no llevaba moto, pero
que a cambio traía “su fastuosa y
maravillosa camioneta personal…’’
Con más cara de ¡fuchi! que de ¡viva!
salí de la Mutualista a su lado, sólo
para encontrarme con que “la
fastuosa maravilla personal” era una
cafetera Ford Ranger del año en que
aún estaba vigente la Santa
Inquisición; sin parrilla ni defensa,
que daba la impresión de que podía
desbaratarse en cuanto alguien le
pusiera un pié encima…
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“Pero es mejor que andar a pata’’,
pensé y me subí rogándole a Dios que
aquella bonita chingadera no nos
fuera a dejar tirados en el camino.
Fuimos al Zona Bar, que en ese
entonces era propiedad de Sergio
Méndez ‘’el canica’’. Hangar, el grupo
de casa, tocaba Black de Pearl Jam; ahí
andaban la china Mimi, su viejo el
chino y Claudia y Lili, mejor
conocidas como “la marrana y la
gorilita”; dos hermanas gordas que le
declaraban la guerra abierta a cuanta
chica bonita se aparecía por los bares
y que siempre andaban pegadas a la
china Mimi para todos lados. Mi
nuevo galán me compró una cerveza
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y yo casi me cago de la risa cuando lo
miré alejarse hacia la barra, desde esa
perspectiva noté por primera vez que
tenía las orejas grandes, salidas y para
acompletarla: una más abajo que la
otra. Al poco rato me tomó de la
mano; yo me preguntaba para
entonces qué carajos éramos
específicamente ese chamaco y yo:
¿amigos?, ¿novios?,¿ “amigovios’’?,
¿meros “compas’’ de bar…? En el
balcón de el Zona el apuesto mancebo
puso su mejor cara de Brad Pitt en
Leyendas de pasión para luego
jalarme del cogote y decirme
seductoramente: -Te voy a dar un
beso como nunca te lo han dado. Yo
esperaba entonces nada menos que el
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beso del siglo, pero mi marmolerito se
limitó a pasear su lengua por mis
labios lentamente, dejándome la jeta
bien baboseada.
Ese día me llevó a casa a las tres de la
mañana, yo iba con mi cabeza
recostada entre sus piernas mientras
él manejaba cantando Love me tender
de Elvis Presley. Nos besamos antes
de despedirnos -Después nos vemos,
mami- me dijo y subí a mi
departamento contenta, brincando las
escaleras como mocosa de
secundaria…
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DE LA AMISTAD A LA PASIÓN.
Las dos únicas citas que yo tenía
contempladas en un principio con
Chava se volvieron fines de semana
completos de andar juntos para todos
lados, los amigos en los bares ya
sabían que a donde fuera que me
vieran a un ladito iba a estar él.
Salíamos de la Mutua y nos íbamos
derechito al departamento de mi
hermano a seguirla, a platicar y a
cantar hasta el amanecer. Después
Salvatore me dejaba en casa y se iba a
la suya, y así era cada semana… O
comprábamos caguamas y
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“pisteábamos’’ en su camioneta(la de
las épocas inquisitorias)
platicándonoslo todo; él me contaba
de su familia, de su trabajo como
obrero en el taller marmolero de su
padre; jugaba beisbol llanero los
domingos y decía ser “sencillamente
feliz”. Y yo por mi parte le contaba de
cómo me iba en mi trabajo como
notificadora fiscal del IMSS, de lo que
me gustaba escribir, de mi hermano
Carlos con quien tenía una relación
entrañable y: de que estaba
profundamente enamorada de
alguien más. Le decía que amaba al
maestro de la Univa cuando la
verdad eso ya no era cierto. Entonces
Chava a su vez me platicaba que tenía
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una novia que vivía enfrentito de su
casa pero que como era muy aburrida,
casi nunca iba a verla, -Me siento
mejor contigo- me decía…y yo era lo
suficientemente estúpida porque no
me daba cuenta de que por primera
vez en mi vida, era completamente
feliz. Podíamos estar platicando horas
y teníamos un perfecto entendimiento
el uno del otro, con todo y que
realmente éramos completamente
diferentes. Pero su compañía me daba
una paz que yo nunca antes había
sentido, sencillamente yo era feliz
cuando estaba con él y no necesitaba
ni tocarlo; su sola presencia me
llenaba por completo, y el aire que yo
respiraba a su lado era tibio y suave, y
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parecía que todo alrededor era
sencillo y agradable, perfecto, color
pastel…nunca después en mi vida he
vuelto a sentir esa sensación de
plenitud perfecta, nunca más con
nadie más. A veces lo miraba con
infinita ternura conmovida por su
vacío intelectual, sorprendida por su
sencilla manera de ser feliz; era torpe
y dulce, rudo y niño. Su falta de
preparación cultural no le preocupaba
en lo mas mínimo y era noble, atento
y cariñoso. Tenía una risa
despreocupada y serena y una mirada
tenue, atenta y curiosa; una mirada
clara y bondadosa, como la que sólo
se aprecia en niños muy pequeños, sin
vestigio de maldad.
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Suelo cerrar mis ojos para evocar y
retener esos recuerdos, ahora
benditos.
Habían pasado un par de meses
desde que nos conocimos y yo no lo
sabía, pero estaba totalmente
enamorada del mocoso “caguengue’’
que aquella vez se acercó
tímidamente a robarme un beso en la
Mutualista…
-Acompáñame al taller porque me
estoy orinando- Me dijo una noche
que andábamos por Atemajac en la
madrugada. Estacionó la camioneta
en una calle aledaña al templo de
Nuestra Señora del Rosario.
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-¿Quieres conocer el lugar donde
trabajo?- Parecía niño y ahora que lo
pienso mejor eso era: sólo un niño. Le
dije que sí y bajé de la camioneta,
entramos al lugar por una vieja puerta
de madera. Salvatore se fue al baño
mientras yo me dedicaba a curiosear
entre lámparas, columnas, mesas y
fuentes de mármol. En algún
momento dado me sentí
extrañamente dichosa por poder
conocer su lugar de trabajo, mi
felicidad provenía del hecho de
empezar a entrar en contacto con sus
cosas y espacios cotidianos, eso hacía
que me sintiera más parte de todo lo
que él era. Por aquel entonces yo
escribía y publicaba poesías en un
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pequeño folleto que se repartía en
algunos bares y antros cada mes y él
lo sabía; así que aquella noche, al
llevarme a casa me preguntó:
-¿Cuándo vas a escribir algo para mí?-
No tuve que pensar mucho mi
respuesta: -Escribiré algo para tí
cuando sienta que te quiera…
Lógicamente no pasó mucho tiempo
antes de que comenzara a escribirle…
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NUNCA HAGAS EL AMOR EN
UNA FORD RANGER TINTA.
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Marzo del 2002 llegó a mi vida con
mucho trabajo burocrático, nuevas
noches de rock antrero, madrugadas
de bohemia en lo de mi hermano y
Salvatore tomado de mi mano…
Una noche calurosa en que nos vimos
como siempre en la Mutua (escenario
central de nuestro romance), Chava
me contó que tenía que llevar a su
hermana Mary a parir al hospital a la
mañana siguiente, por lo cual
debíamos ser prudentes y medidos, y
terminar la noche temprano para
ambos. Nos dedicamos a lo habitual:
saludar amigos, platicar, beber
cervezas y besarnos largamente.
Acabando nos fuimos con mi
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hermano, quien al recibirnos ya
estaba en un estado etílico nivel José
Alfredo Jiménez. Ahí seguimos
haciendo lo mismo que en la Mutua:
platicamos, cantamos y bebimos con
una sencilla variante; mi hermano se
quedó dormido en un sofá de la sala,
hasta las manitas. Entonces mi galán y
yo empezamos nuestro primer faje
formal con los ronquidos etílicos de
mi hermano como música de fondo. Y
digo nuestro primer faje formal
porque hasta ese momento no
habíamos pasado de manitas sudadas
y besitos cachondos, este era el primer
faje en la historia de nuestro amor…
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-Vamos al cuarto, al cabo Carlos ya
está dormido y ni cuenta se va a dar…
¿Sí, mami?, vamos al cuarto…
Le dije que no, que madres, que en el
depa de mi hermano nunca; pero mi
amor de barriada estaba más caliente
que Ron Jeremy en sus películas: su
boca jadeaba en mi cuello y sus
manos recorrían a sus anchas mis
protuberancias pectorales… Ya para
entonces yo compartía su mismo nivel
de calentura, por lo cual no tardamos
en salir de ahí pitando, pensando
dónde podíamos consumir nuestras
pasiones juveniles.
Chava manejó hasta el rumbo de la
entonces Comercial Mexicana de
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Avenida Américas, en una calle
aledaña a la tienda detuvo la
camioneta y prosiguió el cachondeo:
mientras mi bello mancebo buscaba
desabrocharme desesperado el
chichero, yo estaba muy ocupada
buscando algo entre sus piernas; no
tardé mucho en encontrarlo y lo hallé
en todo el esplendor de su
veinteañera firmeza. Aunque aún
eran los últimos días del invierno los
vidrios de la camioneta se empañaban
a causa de los calores que emanaban
nuestros cuerpos, nuestras lenguas no
se soltaban; estábamos fajando como
si el mundo se fuera a acabar en ese
mismo instante. Mi Romeo
marmolero intentó bajarme el
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pantalón y yo le dije que no, que
madres, que ahí en plena calle
jamás… Entonces él dijo algo que
nunca olvidaré mientras viva:
-Por aquí no pasa nadie, nunca…
Frase célebre en la tragicómica
historia de nuestro amor, célebre por
sus funestas consecuencias.
La calentura me estaba ganando y
Chava se aseguraba de convencerme
repitiéndome quince veces más que
por esos rumbos, ni el aire se
asomaría. Me bajé los pantalones
hasta las rodillas y luego las bragas,
mi pareja se puso un condón y
arremetió bruscamente en mis ya
húmedas profundidades al tiempo
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que mis uñas se clavaban en su
espalda y yo empezaba a dar
pequeños gemiditos: -¡Ay… ay, ay!…
no acababa yo de aventarme el tercer
pujido cuando una cegadora luz me
sacó de concentración. Al principio
creí que un ovni había descendido a
un lado con posibles intenciones de
abducirnos, pero seguido de la luz
escuchamos toquidos en la ventana y
vimos que quien se asomaba no era
precisamente un marciano, sino un
desgraciado cuico con su respectiva
macana en la mano. En chinga Chava
se guardó su ‘’dese” y yo me subí
como pude los “chones’’ y el
pantalón, nos bajamos de la
camioneta al tiempo que el
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representante de la ley procedía a
injuriarnos y esposarnos. En tan sólo
dos minutos habíamos pasado de
estar cogiendo en la camioneta a ir
esposados en una patrulla rumbo a la
delegación de policía…
Durante el trayecto a la comandancia
Salvatore y yo seguimos besándonos
(ni siquiera en esas circunstancias es
sencillo bajarle a la calentura).
Cuando llegamos nos quitaron
nuestras pertenencias ( mi bolsa,
nuestras llaves, mi celular ) y nos
metieron a una celda en donde se
encontraban otros detenidos. Aún en
esa situación tan seria, Dios bien sabe
que fue imposible evitar el
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carcajearme cuando de repente Chava
le dijo con cara de angustia a un
cuico: -¡¡Por piedad, oficial; quíteme
las esposas para poder sacarme el
condón, ya traigo el pito morado…!!
A la mañana siguiente, lógicamente
mi galán no pudo llevar a Mary a
parir al hospital, otra de sus hermanas
con cara de estar muy encabronada
fue a pagar nuestra multa para que
nos soltaran y los dos salimos como
cucarachas rociadas con baigón de la
celda, con actitud de “Sí, sí…sabemos
que no hicimos una gracia. Nos
subimos a un taxi en donde ya nos
aguardaba con gesto de gran burla el
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carnal de Chava apodado el moco y
su susodicha hermana, de la cual
pude sentir claramente el fuego de su
furia sobre mi lomo pecador, qué
eterno se me hizo el camino hacia mi
casa.
En cuanto llegamos le di un tierno
beso en la mejilla a mi compañero de
aventuras juveniles, no sin antes
decirle al oído maliciosamente:
-Nos vemos más al rato en la Mutua…
Llegué esa noche a la cita entre risitas
y murmuraciones de la gente, a mi
paso escuchaba cosas como: “Para
eso existen los moteles…’’ Pronto me
cayó el veinte de que la gente ya
estaba enterada del chisme, pero…
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¿quién carajos había regado la noticia
en ese lugar? La duda no me duró
mucho rato, en cuanto me dirigí a la
barra me topé con la sonrisa burlona
de Roberto, el cuñado de Salvatore,
quién había convocado en sesión
extraordinaria a los demás discípulos
de mi calenturiento novio. Ahí
estaban socarronamente congregados:
el chucky, el güero y el moco… Y él,
mi héroe en medio de todos con aire
dramático me miraba compasivo,
como purgado. Esa noche tuvimos
que contarle juntos a todo el mundo
lo sucedido, una vez que Chava había
rendido previamente su declaración
preparatoria por separado, claro está.
A eso de las once y cuarto de la noche
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yo ya había bebido suficiente cerveza
como para olvidar el mal trago del
encarcelamiento, él me tenía abrazada
por la cintura, y miraba a los bikers en
actitud retadora de “sí, cabrones: ya
saben que me la cogí, ya saben que es
mi vieja y que a partir de ahora es
intocable”. Me apuré a ponerle mi
boca en su orejota y murmuré
seductoramente:
-¿Quieres que vayamos a terminar lo
que dejamos pendiente anoche o de
plano te da miedo?
A los tres minutos ya estábamos
trepados en la camioneta, volando por
las calles zapopanas hasta el motel
Playboy…
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Consumamos del todo nuestros
ardores corporales entre latas de
cerveza y canciones de Laureano
Brizuela. Ahora sé que nuestra
historia estaba escrita, ya éramos
Chava y Adriana, Adriana y Chava en
esta vida…y nada existía sobre el
mundo que lo pudiera evitar…
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EL AMOR VEDADERO SUCEDE
SÓLO UNA VEZ EN LA VIDA…
Un arroyo…arroyo cristalino formado
de otros muchos arroyos, arroyo que
parecía sin principio ni final… ¿Por
qué nadie me advirtió que mis
plácidos días en el arroyo podían
terminar?,¿ porqué no me di cuenta a
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buen tiempo de que ese niño-hombre
sería mi perdición?
Él entró en mí vertiginosamente;
jadeaba yo con una mano en su nuca
y la otra en su nalga cuando le dije
con voz entrecortada:
-Dime algo especial, algo romántico…
De la manera más sublime mi poeta
proletario exclamó:
-¡Qué chido aprietas, mami…!
Fumábamos Marlboros tumbados en
mi cama bocarriba después del sexo…
cuando le acaricié la cara despacio
mirándolo fijamente, se puso muy
serio y me dijo: -…a veces creo que
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me quieres más que mi propia
madre…
Y yo abrí los ojos sorprendida.
-¿Por qué dices eso?...
Le dió una larga fumada al cigarro y
suspiró…
-Porque me lo demuestras a diario, tú
has hecho que este “malandro’’ pueda
sentir ternura…
Parecía verdaderamente que la
felicidad se aposentaba en la palma de
mi mano y que duraría por siempre…
pero el por siempre no existe y lo peor
estaba apenas por venir.
Yo estaba enganchada a Chava como
un adicto perdido a su droga.
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Caminaba las calles de la Zona Rosa
notificando documentos a diversas
empresas para el IMSS pero ya no era
más la mediocre burócrata amargada
por su sueldito miserable… ¡Ahora
era la burócrata feliz, con el mismo
sueldito hambreado; pero con un
amor maravilloso que la motivaba a
tratar de ser mejor persona! Así
anduve yo a diario por esos días:
cargando en el lomo doce kilos de
papel en una maleta, lo mismo a
pleno rayo del sol inclemente que bajo
los aguaceros más torrenciales… ah,
pero eso sí: nada podía quitarme la
estúpida sonrisota de satisfacción de
la jeta. Yo tenía un amor hermoso, la
gente sabía que él era mío y no existía
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dicha más grande sobre el mundo que
aquella para mí.
Una tarde al terminar de trabajar,
pasé frente a la iglesia ubicada en
avenida Vallarta esquina con Juan
Ruiz de Alarcón y sentí un impulso
bárbaro de entrar para agradecerle mi
alegría a Dios. Me senté en una banca
del templo mirando con profundo
gozo el Cristo crucificado…lloré de
dicha y gratitud, y en un privado rezo
sagrado le pedí al Señor que no me
diera lujos ni riquezas… aún recuerdo
el modo en que rematé mi ruego:
“Sólo permíteme ser la esposa de un
sencillo marmolero, sólo eso Señor, te
lo ruego…’’ Y aunque el camino de
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ese templo hacia mi casa era largo y
yo había caminado cargando
documentos todo el día, decidí
emprender el regreso a pie. Y sentí el
placer divino de ser joven, de estar
viva y enamorada… estúpidamente
enamorada. Yo volvería a tener a mi
amante en los brazos en un par de
días más, nos amaríamos como
conejos rabiosos entre las sombras de
un polvoriento taller de marmolería…
No hubiera cambiado esa dicha por
todo el oro del mundo, mi tesoro era
mi amado: mi fortuna tenía un
nombre, se llamaba Salvatore. En esta
vida yo ya había conocido el amor
verdadero y caminaba a casa
pensando por primera vez en casarme
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e imaginaba que mis hijos tendrían su
mirada…pero el destino tenía otros
planes para él y para mí.
6
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SAYULITA ROCK FEST 2002: Y LAS
PRIMERAS LÁGRIMAS DE UN
IDILIO JUVENIL…
En el motel Jardín fornicamos
alegremente como ya era nuestra
costumbre las noches de los viernes.
En una de esas ocasiones debido a la
excitación, Salvatore me embistió
bruscamente, tan bruscamente que me
hizo llorar literalmente de dolor. Al
darse cuenta se detuvo y me abrazó
realmente sacado de onda…
-¿Qué te pasa?
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-Me duele… me lo metiste muy recio,
eso es todo…
Se levantó rápidamente de la cama y
comenzó a vestirse en silencio; por un
momento creí que reaccionaría como
el típico macho egoísta: encabronado
por no terminar satisfecho, pero
encendió tranquilamente un Marlboro
y me acarició tiernamente un muslo
sentándose a mi lado en la cama.
-Quiero que de aquí en adelante me
digas con confianza cuando te esté
doliendo, o si algo no te gusta…
dímelo. Tenemos que comunicarnos,
para eso somos una pareja.
Quedé perpleja enganchada
mágicamente a esa última palabra
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mientras me abrochaba de nuevo la
blusa… ¿Pareja?…Sí, eso dijo…Chava
había dicho “somos una pareja”… ¡y
había sonado tan bonito en su boca…!
Millones de personas debían saberlo,
el mundo entero debería ser testigo de
un suceso tan irrepetible: ¡Soy su
pareja, Dios me ama…ahora lo sé…!
Pero el agrado de Dios por mí duró
muy poco… tan sólo a la noche
siguiente me encontraba yo feliz y
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realizada bebiendo una Indio en
compañía de Frida Elías, la mujer del
negro Guerrero, cuando mi malandro
amor hizo su aparición en la Mutua
con su cabello engomado, el cigarro
colgante en el labio, sus jeans
deslavados ¡y… una fulana a su
lado…! El ver a Chava con una
vagina con tetas pegada a él me causó
un efecto parecido al de un inocente
ostión cuando le cae encima el chorro
de jugo de limón: una mano invisible
me agarró los intestinos
retorciéndolos…Era una fulana
común, no se trataba de nada
extraordinario, y que conste que no
son mis celos los que la describen;
verdaderamente era una más: “réplica
59
exacta de cualquier tipeja de su
barrio’’, pensé. Vino derechito hacia
mí, y con una naturalidad similar a la
de quien te pregunta la hora me la
presentó como “una amiga”. Sonreí
con la sonrisa más falsa del mundo,
¡el cabrón que una noche antes me
había confirmado que éramos una
pareja llegaba a nuestro bar
acompañado de una vieja tan
corriente como esa…! Ah, pero eso sí:
yo no dejaba de sonreír a diestra y
siniestra aunque mil demonios
desatados encendían el infierno de
Dante en mi interior. Al poco rato el
grandísimo “hijoesú’’ salió con su
“garra’’ de la Mutualista, sólo hasta
entonces pude quitar la sonrisita
60
estúpida de mi cara y aferré
furiosamente las manos a la cerveza,
apretando la quijada…Imaginando
como la “suripantita’’ se trepaba a la
camioneta aplastando sus nalgas
pegajosas y proletarias en el mismo
asiento en el que yo me había sentado
la noche anterior, viendo en mi mente
como mi ahora novio la llevaba
manejando por las mismas calles que
a mí me llevara… y, en el colmo de la
amarga desdicha, lo imaginaba
llevándola al taller marmolero…
¡exactamente con las mismas
calenturientas intenciones con las que
a mí me había llevado! Me sentí la
pendeja más grande del mundo, con
mi cerveza en la mano caminé como
61
un zombie de la barra al frente del
escenario, en el que el grupo Meduza
tocaba alegremente un reggae de Los
Pericos…Meduza tocaba algo alegre y
a mí me estaba llevando
portentosamente la chingada…Para
acabarla de joder Robertito, el cínico
cuñadito de Chava, se me puso
enfrente con toda la intención de
hacer leña del árbol caído. Reía
complacido con mi pena al tiempo
que me palmeaba el hombro con
infinita y patética piedad…
-¡Qué poca madre de cabrón… y
todavía tuvo el cinismo de traértela y
presentártela…!
62
Se notaba a leguas que Roberto
verdaderamente estaba gozando mi
dolor, así que intenté mostrarme lo
menos indigna posible; con voz fuerte
pero entrecortada le dejé clara mi
“supuesta’’ posición:
-¡A mí me vale cien y un chingados lo
que ese cabrón haga o deje de hacer
con su pito. No es mi novio, no es mi
marido, sólo es mi amante en turno; si
le gusta esa gata que vaya y se la coja
la noche entera...!
Y solté el llanto…llanto amargo,
oleadas de mares salados; me
ahogaba yo en mis propias lágrimas.
Frida vino en mi auxilio a abrazarme
y entonces a Roberto se le borró la
63
sonrisa idiota de la jeta… ¡Cómo odié
siempre ver pendejas borrachas
llorando sus cuitas de amor ante la
vista de toda la gente en un antro…!
Odiaba eso y ahora yo estaba en esa
exacta situación absurda. Una noche
antes había sentido que todo el
mundo debía ser testigo de mi
felicidad cuando Salvatore nos había
conferido oficialmente el título de
pareja, pero nadie lo había visto…
Aquella noche en la que hice aquel
pancho horroroso toda la Mutualista
pudo atestiguar mi desgracia…
Miré a Roberto con mi mejor
expresión de psicópata nazi, lo tomé
64
de las solapas y comencé a
zarandearlo con verdadera violencia.
-¡Júrame que no le vas a decir nada
de esto a él; júramelo, cabrón...!
Bajo el dominio de mis tácticas
intimidatorias, Roberto juró hasta por
el osito Bimbo que guardaría silencio
hasta la tumba…lógicamente no
pensaba cumplir su juramento.
Por aquellos días Chava y yo
habíamos planeado irnos unos días
solos al Festival de Rock de Sayulita,
Nayarit… así que a la mañana
siguiente de que mi amorcito llevara a
la cosa esa a la Mutualista, agarré una
mochila y cruda y maltrecha como
65
estaba,me largué con un compa mío:
Axel, a Sayulita.
66
MY OWN PRIVATE SAYULITA…
Axel era un amigo “yonki’’ que me
llamó en la mañana después de
aquella negra noche de mi mal…
-¿Qué pedorrito, morra? Vámonos al
Sayulita Rock Fest. ¿O qué...?
A las dos horas de eso, cruda y
adolorida ya me encontraba yo
pidiendo “ride’’ con mi amigo en la
carretera. Un “six’’ de Modelo en la
mochila y una cajetilla de Marlboro
para el camino. Un buen samaritano
67
nos dio aventón en una troca
Chevrolet azul y en el camino
cantamos rolas de Nirvana en nuestro
pésimo inglés, bebimos, y fumamos y
reímos. Llegando a Sayulita, todo olía
a mota por todas partes, Axel preparó
una casa de campaña pero se fue de
parranda a un “toquín’’ playero
cercano, yo preferí quedarme sentada
ante el mar pensando en Chava,
preguntándome si a esa misma hora
estaría fornicando con la pinche
“guarra’’ de la noche anterior. A una
hora relativamente temprana me metí
a la casa de campaña a intentar jetear,
pero a las tres de la mañana Axel
llegó bien grifo con tres morras igual
de grifas que él. Todos se metieron a
68
la enclenque casita de tela con plástico
y quedamos más apretados que
sardinas enlatadas. Ellos se
durmieron pronto debido al estado de
intoxicación que se cargaban pero a
mí dormir me resultaba imposible;
hacía un frío de la chingada y un
batallón de mosquitos se dio a la tarea
de picotearme las nalgas a placer.
Hasta mí llegaban, provenientes de
casas de de campaña vecinas, algunos
gemidos de índole sexual, rolas
rockeras a todo volumen y un olor
recalcitrante de cannabis y tragedia.
El cansancio me venció casi al
amanecer, supongo que debí mal
dormir no más de dos horas. Al
69
despertar percibí un aroma agrio,
como de reflujo de bebé. Al ir
abriendo los ojos poco a poco
descubrí a una de las morras que
había traído Axel bocabajo, con la cara
aplastada sobre su propio vómito,
dormida sobre su asquerosidad… Salí
disparada de la casa de campaña a
volver el estómago yo misma en la
arena… Comprendí entonces que
aquel viaje había sido una decisión
equivocada, pasé la mañana frente al
mar y me di en él un baño rápido para
luego volver a aplastarme en la arena
a beberme una caguama. Saqué una
libreta que llevaba en mi mochila y
comencé a escribir una carta para
Salvatore; en ella le contaba mis
70
estúpidas aventuras en Sayulita,
estaba lista para conseguir otro
aventón y regresarme cuanto antes.
Axel se sentó junto a mí fumando un
carrujo de mota y me preguntó el
porqué no me estaba divirtiendo; le
expliqué que andaba deprimida y que
no quería estropearle el viaje a él, le
anuncié mi inminente regreso a
“Guanatos’’. No dije más, di una
honda calada a su carrujo y tomé mi
mochila. Así, con los tenis llenos de
arena me despedí de Axel. Apenas
alcancé a comer unos tacos en una
fonda cercana y caminé decidida a la
carretera, traía cinco míseros pesos
nada más. En el camino me topé con
el grupo musical de casa del Zona bar:
71
Hangar. Héctor, su vocalista, me
advirtió de los peligros de regresarme
de aventón: -Te van a dar “Bacardí’’-
me dijo y yo le contesté que esperaba
que con suerte me dieran más bien
“Johnny Walker’’. De pronto me
sentía igual a River Phoenix en
aquella película de My own private
Idaho: sola y desamparada en una
carretera desierta y polvorienta.
Comencé a utilizar mi dedo pulgar
para pedir ride, sobre todo cuando
veía acercarse un auto con niños o con
mujeres solas; les contaba que era una
pobre rockera que venía del festival
de Sayulita hacia Guanatos porque en
pleno evento me habían robado todo
mi dinero. De esa manera andaba
72
patada a patada, aventón en aventón:
recolectando lana y avanzando a mi
destino. Casi cayendo la noche me
levantó del camino una familia que
curiosamente iba a la ciudad de
Guadalajara en una camioneta
grande. Vi la luna enorme, inmensa y
bellísima iluminando la carretera;
saqué mi libreta y le volví a escribir a
Chava, esta vez que estaba pensando
en él al mirar esa luna de regreso a
casa. Le escribí que lo extrañaba y que
lo quería de corazón. Llegué cerca de
las once de la noche, la familia que me
había hecho el favor de transportarme
me dejó casualmente en Atemajac del
Valle, justo en avenida Federalismo
antes de llegar a avenida Patria. Les
73
agradecí reiteradamente el detalle y
los vi partir de regreso al periférico.
Chequé los logros monetarios
obtenidos durante el viaje de regreso:
358 pesos…paré un taxi y una vez que
finalmente llegué a mi casa corrí para
revisar los mensajes de la
contestadora telefónica: todos eran de
Chava. Me emocionó mucho escuchar
su voz repetidas veces en distintas
horas del día buscándome, en ese
momento se me olvidó el mal trago
pasado en la Mutua noches antes, me
acosté a dormir serenamente
abrazando la almohada, soñando con
volver a ver muy pronto a mi amado
salvador…
74
ACUÉRDATE DE ABRIL…
Abril llegó con un calor ardiente,
hacía calor en la calle y había un
75
infierno de llamas en mi pecho; el
amor me consumía, me devoraba, me
atrapaba y me embriagaba más que
las cervezas de la Mutua…caminaba
yo con mi amor, me bañaba con mi
amor, trabajaba con mi amor, dormía
con una sonrisa en los labios. El tres
de abril cumplí 27 años y recibí esa
misma noche una llamada de Chava,
había recordado mi cumpleaños y
pedía verme. El corazón y el clítoris
me brincaron al mismo tiempo, de
hecho podía sentir los latidos
punzantes entre las piernas. Intenté
ponerme lo más bella posible y mi
héroe de la clase obrera llegó en su
Ford Ranger a las nueve menos diez.
Como un relámpago bajé las escaleras
76
de mi edificio para abrazarlo en la
puerta. De la misma forma en la que
cualquier puberta quinceañera lo
hubiera hecho con su primer
noviecito de secundaria. Nos pusimos
a oír música en la camioneta y nos
comimos a besos por una hora. Pero
los ósculos fueron subiendo de tono y
nos pusieron como conejos en
cautiverio, de manera que Chava no
tardó en sugerir que fuéramos a
desfogar nuestros ardores al lugar
habitual para esos menesteres: el
taller de su padre y enfilamos prestos
nuestras cachondas humanidades
hacia Atemajac. Literalmente diré:
“penetré en aquel tallercito
marmolero para ser penetrada’’; el
77
amor de mi vida y yo nos abocamos a
nuestras dos posiciones favoritas:
misionero y perrito y debo agregar
que fue una faena memorable.
Después del numerazo erótico,
fumamos relajadamente bebiendo
grandes sorbos de “chela’’. Salvatore
se levantó para ir al baño a mojarse el
cabello y yo lo miré alejarse,
admirando en silencio la curva de su
espalda y la belleza natural de su
perfil… me encantaba por completo.
Camino al baño le escuché decir: -Ah,
por cierto…si ves pasar a una señora
así como con vestidito floreado, no te
asustes: es el fantasma de mi abuela.
Muchos la han visto rondar por aquí-
78
Sonreí dulcemente mientras buscaba
mi blusa en el suelo y exclamé en
silencio casi para mí misma: -¡Si
supieras que el único miedo que yo
tengo en esta vida es el de perderte…!
9
79
QUIEN SEPA DE AMORES QUE
CALLE Y COMPRENDA…
“Arroyo claro que en tu murmullo le
das arrullo al cañaveral…”
Arroyito. (Agustín Lara)
De meses atrás había yo comenzado a
vivir el amor cinematográfico que
para mí sólo hubiera podido ser
posible en cintas como Cinema
paradiso o Vanilla sky…
Podía percibir la malicia de la gente
alrededor, la envidia por la felicidad
perfecta que compartíamos Chava y
80
yo. La bola de cabrones ardidos que
nunca habían conseguido llevarme al
catre iban a decirle a él que yo era la
golfa más golfa de entre todas las
golfas de la Mutualista y sus
alrededores (el resto del planeta
incluido). A su vez, esos mismos
ardidos venían conmigo a
preguntarme qué carajos le veía yo a
ese mocoso pendejo, mugroso y, por
si fuera poco, ¡con brackets!. O me
salían con la clásica mamada de “yo
soy más hombre que ese baboso, me
cae si no…” Pero Salvatore y yo
teníamos cosas más relevantes que
hacer en la creación de nuestro idilio
y no prestábamos oídos a chillidos de
marranos.
81
Cierta vez, un viernes cualquiera; mi
galán de tianguis llegó a la Mutua con
gesto grave y expresión de inminente
apocalipsis. Varias veces le pregunté
en vano lo que le pasaba y él me decía
que nada, perdiendo la vista en algún
punto indefinido del suelo
mutualístico. Finalmente salimos de
ahí y yo me sentía cada vez más
intrigada por su actitud, cualquier
posible nube que hubiera podido
empañar el cielo que compartíamos
me angustiaba profundamente. Ya en
la camioneta, manejando rumbo a una
“vinata’’ me soltó de repente el
motivo de su pena…
82
-Mamacita, me voy a ir a Boston por
unas semanas…
Lo dijo agachando la cabeza y
escondiendo la cara de mí. Fumaba
lentamente con las manos al volante.
Nos estacionamos afuera de un
expendio de vinos y licores y
sobrevino el silencio,no dijo más; sólo
se bajó de la camioneta para comprar
unas cervezas. Yo apreté los puños
sintiendo un vacio bajo mis pies,
parecía como si un agujero negro se
estuviera abriendo en el suelo de la
camioneta y fuera a succionarme en
cualquier momento haciéndome
desaparecer del mundo. Así me
sentía, con una sensación de ahogo en
83
el cogote. Chava regresó con las
cervezas, se subió a la camioneta y me
pasó una a mí.
Aquí todo se vuelve confuso; en mi
memoria percibo las imágenes medio
borrosas y los sonidos como en un
eco. No recuerdo por cuál calle
andábamos, creo que era Cruz del sur,
lo que sí recuerdo es que desde su
estéreo los Red House Painters
cantaban Have you forgotten…
-Un amigo de mi padre fue al taller de
visita y le dijo que podía llevarme al
“gabacho’’ para que yo pruebe suerte
con los Medias rojas de Boston… ¡Es
una gran oportunidad, mamacita; esto
no pasa todos los días…!
84
Y seguía sin mirarme al hablar, sólo
manejaba y manejaba y un clima de
tensión insoportable se respiraba en la
camioneta. Comprendí que lo
adecuado hubiera sido felicitarlo y
apoyarlo, y decirle la clásica mamada
de “aquí te esperaré por siempre,
amor mío”…y toda esa mierda. Pero
en vez de eso sólo sentí que una
lágrima empezó a temblar en mi ojo
queriendo resbalar por mi jeta, y esa
lágrima amenazaba también con
animar a otras lágrimas a seguirla…
Volteé a mirar a Salvatore fijamente, y
él ni por eso me miró de frente. Lo
acepto: no pude portarme de un
modo digno y ejemplar, no supe
85
renunciar a mi egoísmo. Después de
todo, yo nunca había sido feliz y la
felicidad era para mí el “guarro’’
mugroso que estaba sentado a mi lado
en ese momento y en ese lugar…
-¡No te vayas, por favor… quédate
aquí conmigo…!
Pude sentir cómo lo segundos se
alargaban hasta casi alcanzar la
eternidad. Chava guardaba silencio, la
maldita lágrima por fin se animó a
brotar de mi ojo al cachete. Yo
hablaba bajito y temblorosamente,
intentaba tragarme mi dolor y no
podía, era como una escena sacada de
la caricatura de Candy Candy. Abrí la
boca para ponerme a sus pies como
86
tapete, para ponerme a los pies de
alguien como nunca antes lo había
hecho, como nunca jamás volveré a
hacerlo.
-Yo te amo…esto es verdadero amor.
¡Yo te amo, no te vayas…!
Y las lágrimas me resbalaban por la
jeta en silencio… En algún momento
ahí fui consciente de que nunca le
había dicho a alguien te amo
anteriormente, a nadie… y realmente
fue una revelación increíble. Observé
detenidamente su rostro de perfil, y
entonces lo reconocí; lo supe sin
asomo de dudas, me di cuenta de que
ése era el hombre que representaría el
amor para mí en esta vida. Él tomó mi
87
mano aún sin mirarme, le dio un gran
sorbo a su cerveza, suspiró hondo,
dijo…
-Voy a volver, mamacita, tú eres mi
vieja, voy a volver por ti, no llores…
¿Quieres ir al taller un rato?...
-No… llévame a mi casa…
-
88
10
LA VENGANZA ES UN PLATILLO
QUE SE DISFRUTA FRÍO…
Después de aquello no volví a verlo
en mes y medio, ni siquiera se
89
despidió de mí un día antes de irse,
sólo desapareció.
Y yo… yo volví a ser la misma
burócrata amargada, viviendo por
vivir, chambeando por chambear; sin
motivo de vida, sin luz, sin nada. Mi
vida no tenía dirección, me perdía en
el alcohol, los amigos me llevaban
cargando hasta mi casa o mi hermano
tenía que recogerme en casa de fulana
o mengano porque yo me amanecía
chillando, ahogada de borracha.
Imaginaba a Salvatore triunfando en
el beisbol de las grandes ligas,
rodeado de una bola de putas rubias
gringas y sufría más que Marga López
en sus dramonones de la Época de oro
90
del cine nacional. Creo que yo ya
sabía de algún modo, de alguna
manera que el destino estaba en mi
contra. Sentía la fatalidad sobre mi
espalda, pesaba como una loza de
mármol…yo sabía ya que por mucho
que luchara y lo intentara él no sería
para mí.
En ese tiempo de ausencia me hice
novia de un biker: el más popular, el
más guapo, el más cotizado y anduve
con él para arriba y para abajo. Intenté
quererlo, intenté probar cosas nuevas,
distraerme…pero todo fue inútil, no
había clavo que me sacara aquel otro
clavo.
91
Chava regresó una noche cualquiera,
y con su séquito de discípulos me fue
a buscar a la Mutua, donde yo bailaba
y me besuqueaba con fingida alegría
con mi nueva pareja. Todos me vieron
con mis brazos rodeando el cuello de
mi nuevo novio, toda la Mutua me
vio; incluyendo a Roberto, y al
chucky, y al güero, y al moco…y a
Chava. Todos le vieron la cara de
desgracia dibujándose en su rostro,
todos se rieron de su pena como se
rieron de la mía aquella vez que el
desgraciado llegó con otra vieja al
mismo lugar…y yo lo había visto
llegar con sus primos, con su cuñado
y con su hermano, y me hice como
que no lo había visto; y recordé que ni
92
siquiera se despidió de mi antes de
irse, y entonces besé a mi biker con
toda mi boca y con toda mi lengua, y
pegué mucho mis senos a su pecho, y
dejé que él me manoseara el trasero, y
me di generoso vuelo con el dolor de
Salvatore, y disfruté su cara de
agonía. Lo vi de reojo sentado en una
mesa desde donde tenía perfecta
perspectiva de todo el numerazo que
yo me estaba aventando, y tomé de la
mano a mi biker y salí victoriosa de la
Mutua con el placer casi orgásmico de
una venganza consumada…
Mi reluciente galán no era tan pendejo
como lo creía, perfecta cuenta se dio
del modo en que lo utilicé para
93
despertar los celos de Otelo en Chava
y me dejó tirada en el Zona bar. Pero
a mí honestamente me valió cien
chingados su molestia…compré una
cerveza y me fui e recargar victoriosa
en el balcón del bar, nadie podía
quitarme la carota de triunfo; me
había sacado una espina del alma,
sabía perfectamente que en ese
momento a Salvatore se lo estaba
cargando la chingada y yo creía
firmemente que eso era justicia
divina… Lo que no me esperaba es
que Chava, con todo y cuñado, me
fuera a buscar hasta el mismo balcón
donde yo solita y sin súbditos
celebraba mi victoria. Roberto llegó al
94
balcón y me dijo con una seriedad que
hasta ese momento yo no le conocía:
-Ahí está el gordo, lloroso,
compungido y maltrecho… dice que
quiere hablarte…
Puse la misma cara de María Félix en
La mujer sin alma y le dije sarcástica:
-Dile que le concedo el privilegio de
acercarse…
Mi tercermundista Romeo vino
caminando hacia mí arrastrando los
pies y con las manos en los bolsillos.
Sin verme a la cara como era su
costumbre y con la jeta agachada, me
dijo con voz entrecortada y nariz
moqueante:
95
-Ya regresé del gabacho, mamacita…
Perdía yo la altanera mirada en la casa
de enfrente, fumaba como Marlene
Dietrich: imperturbable y arrogante,
le aventé el humo a la cara…
-Sí, ya me di cuenta que volviste,
aunque nunca supe bien cuando te
fuiste, ¡como ni siquiera te pasaste a
despedir…!
Me miró de frente y eso bastó para
que la sangre se me congelara…Sus
hermosos ojos oscuros me
enfrentaron… ¡cuánto lo amé en ese
momento, cuánto lo amaba! Nadie en
toda mi pinche vida me había mirado
así; respiraba yo su angustia, podía
96
casi tocar con mis dedos su
desesperación…
-Me fui a Boston; mami. Y me llevé
conmigo tus cartas y tu foto y todos
los días la miraba y todos los días las
leía… y yo sabía que ese desgraciado
con el que estabas en la Mutua te iba a
caer encima en cuanto yo me fuera, yo
sabía que ese cabrón quería cogerte…
yo…
Y se llevó las dos manos a la cabeza y
se jaló los cabellos…y yo lo miré
conmovida. Empezaba a llover pero
no nos metimos a guarecernos al bar,
nos quedamos ahí mientras la lluvia
nos caía encima. Estaba
experimentando el momento más
97
conmovedor de mi vida entera:
Robert Smith cantaba dentro del local
My pictures of you y la criatura más
bella del mundo estaba
demostrándome su amor en la calle
de Morelos casi esquina con Tolsá…
era él un ángel blanco, nítido, suave y
hermoso… ¡perfecto y luminoso
brillaba él completo frente a mí…! Un
ángel desesperado, derrotado y
perturbado. Supe que era mío,
completamente mío y que mis
lágrimas por él habían valido la pena.
Me tomó del cabello a la altura de la
nuca y empezó a jalonearme de un
lado a otro violentamente,
mirándome de frente y gritándome:
98
-¡Tú eres mía…eres mía....!
Y los jalones de pelo aquellos que casi
me dejan calva no me dolían; eran
maravillosos y eran divinos. Hubiera
deseado yo que ahí mismo me
hubiera cacheteado descargando toda
su furia y que me hubiera pateado el
estómago para dejarme bien claro que
yo era su pertenencia, su propiedad
exclusiva. Un suave vértigo me
invadía el sexo…un oleaje de placer
cálido me inundaba la entrepierna y
me hacía sonreír maravillada.
Salvatore Brook lloraba por mí, veía
yo sus lágrimas resbalando su
hermosa y amada fachada…estaba
llorando por mí, repito... y cuando ya
99
estaba segura de que no hubiera
podido existir mayor gloria abrió sus
labios gruesos en un mohín
desdeñoso y coronando por entero la
dicha de mi pecho, dijo:
-Te amo, mamacita…yo nunca he
llorado por una mujer…
¡¡Dios!! Jamás en la vida fui más
dichosa. Han pasado siete años desde
aquella noche, en seis años más
cumpliré cuarenta y puedo jurar que
nunca viví un momento de mayor
felicidad que aquel. Me lancé a sus
brazos estúpidamente, lo llené de
mimos ridículos, le besé los párpados
llorosos; absurda, cursi y
100
patéticamente le confirmé en su
orejota:
-¡Tuya soy…y tuya seré para
siempre…!
Chava le hizo una señal de victoria a
Roberto que se había aventado todo el
meloso numerito a un lado nuestro. Y
en una nobel demostración de
machismo; mi hombre amado,
secándose las lágrimas y con extrema
preocupación cuestionó:
-¿Pero verdad que no te acostaste con
ése, mami?....
101
11
ESTA ES LA HISTORIA DE UN
AMOR…
En Septiembre del 2002 la historia de
amor más intensa de mi vida estaba
en un clímax de dicha incomparable.
102
Bebíamos cerveza Indio un martes en
la Mutua cuando supe que había
llegado el momento de avanzar más
lejos en mi relación con Chava, así se
lo hice ver mientras le echábamos
monedas a la rockola para escuchar
Love me tender, de Elvis Presley…
-Corazón…quiero conocer a tus
padres…
Él me miró sorprendido, le dio un
trago a la Indio y me la hizo de
emoción unos segundos…
-Ya les hablé de ti: le dije a mi jefe que
eres artista, que eres escritora, y que
todavía no puedo creer que un pinche
albañil como yo tenga una mujer
como tú…
103
Para ser sincera: a veces trato de
escoger el pinche momento en que
sentí más amor por él, pero he llegado
a la conclusión de que siempre sentí
más o menos la misma intensidad.
Nadie me miraba con esa admiración,
nadie tenía esa serena expresión
infantil y etérea, nadie… Supe que si
no hacía mi vida a su lado jamás
podría yo ser feliz, lo supe en aquel
momento; fue una verdad que se me
reveló como un disparo de luz
abriendo las nubes del cielo, yo tuve
la certeza entonces de que su nombre
estaba escrito en mi destino desde
antes de que yo naciera, estaba en las
cartas del tarot, estaba en la línea de la
vida de mi mano. Supe con seguridad
104
que yo podía ir y venir por la
existencia, alejarme al otro lado del
mundo, conocer a todos los hombres
que hubiera y, aún así, Salvatore sería
por siempre el amor de mi vida. Y
estúpidamente quise asegurarlo, quise
capturarlo; lejos estaba de entender
que a él nadie lo ataba, que nunca ha
sabido lo que quiere, que ni leyes ni
hijos ni afectos lo amarran…
-En unas semanas van a bautizar a la
niña de mi hermana Mary. Ven
conmigo, así conocerás a mis papás,
ellos ya saben que tú eres mi vieja…
Tuve un orgasmo escuchándolo, un
orgasmo intenso pero silencioso y él
ni siquiera se dio cuenta. Hubiera
105
podido sacarme los calzones y
exprimirlos ahí mismo, el líquido
hubiera formado un charco inmenso.
Creí verdaderamente en la existencia
de un Dios; el destino estaba de mi
lado, la vida me sonreía, no podía
existir nada más perfecto que mi
dicha….
106
12
DESPIÉRTAME CUANDO
SEPTIEMBRE TERMINE…
107
En Septiembre estaba yo
nerviosamente lista para acompañar a
mi amado al bautizo de la niña de su
hermana. Paseábamos tranquilamente
en el viejo Marquís de su padre
cuando a Chava se le ocurrió que, no
teniendo nada que hacer en sábado
por la noche, el mejor plan era
meternos al taller a darle gusto al
gusto. Manejó mi amorcito del centro
a Atemajac tomado de mi mano,
había mucho trafico aquella noche
debido al Encuentro Anual de
Mariachis. A una cuadra del taller de
marmolería una camioneta de la
policía zapopana se nos vino en
reversa, dejando el cofre del auto de
mi suegrito como acordeón de los
108
Tucanes de Tijuana. Las cosas pasaron
muy rápido, recuerdo que Salvatore
se bajó del carro jalándose las greñas
y mentando madres mientras que yo
aturdida sentía un sabor caliente,
salado y metálico en la boca, que
pocos segundos después pude
reconocer como sangre. Me había roto
la nariz en el tablero del carro, pero a
mi pareja parecía importarle más el
estado del Marquís que mi estado.
Alrededor del automóvil habían
salido de no sé dónde decenas de
cabrones que le ofrecían apoyo a
Chava, pude darme cuenta que tenían
al policía de la patrulla bien cercado,
hasta ese momento me percaté de que
yo era vieja del rey del barrio…
109
Salvatore le daba vueltas al coche,
deteniéndose ante el abollado cofre y
mirando al cielo con las manos en
alto, seguramente clamando por
piedad al Todopoderoso. Me bajé del
carro apendejada y llorosa, él seguía
ignorando mi presencia: discutía con
el “cuico’’ y volvía a jalarse los pelos,
profiriendo toda clase de
exclamaciones religiosas…
De pronto todo comenzó a cimbrarse,
creí que un terremoto colosal abriría
la tierra y ante mi sorpresa, desde el
fondo de la calle pude ver aterrada a
un toro de lidia abriéndose paso entre
la gente. Las personas al mirarlo
corrían despavoridas de la misma
110
forma que en las pamplonada. Yo
quise salir corriendo también en joda
hasta donde mis patas fueran capaces
de llevarme, pero el terror me congeló
las piernas y permanecí inmóvil,
mirando al toro cada vez más cerca de
mi frágil humanidad. En el último
momento Chava volteó hacia el toro y
con una actitud de “por favor,
compadéceme” le dijo:
-Mira cómo dejaron el carro, madre…
Hasta entonces me di cuenta (cuando
el faro callejero le alumbró la cara
bufante) de que lo que a mí me había
parecido que era un imponente toro
de lidia era realmente mi suegra (y
que quede claro que la comparo con
111
un toro exclusivamente por su
carácter y actitud y por ninguna otra
razón).
Detrás de la robusta y encabronada
mujer, yacía pasivo, sereno y dócil un
amable señor con cara de santo de
iglesia. Ella volteó a mirarlo
amenazante y jaloneándolo del brazo
le exigió:
-¡Haz algo, Salvatore...!
Estaba claro: de un modo poco ideal
yo estaba ya a un lado de los que eran
mis suegros, de una fusión entre
óvulo y esperma de esos dos
personajes había salido el “malandro-
cholo’’ de mis sueños…
112
Para cuando me enteré ya se habían
dado cita en el lugar todas las
personas de apellidos Brook y Diorsia
de Atemajac y zonas aledañas.
Primos, tíos, cuñados y agregados
culturales rodeaban el carro chocado.
Ahí estaba ya Roberto, el moco y otro
cuñado de Chava que resultó ser
“támaro’’de profesión.
Salvatore seguía recordándole el 10 de
mayo al cuico mientras su propia
madre lo regañaba enjundiosamente a
grito de: “¡Pórtate como un hombre,
cabrón…!’’
Por otro lado estaba el papá, noble
como pan de dulce, fumando
tranquilo con cara de “aquí no ha
113
pasado nada’’, que le daba palmaditas
cariñosas a su hijo en el hombro
mientras le decía:
-Hijo, no te pongas bravo con la ley;
tal vez el policía tuvo la culpa, pero tú
no conoces sus problemas personales
ni sus deudas, a fin de cuentas nadie
salió lastimado…
¡Esa última frase me pareció tan
irónica…! ¿Nadie salió lastimado…?
Y …¿entonces mi nariz sangrante qué
significaba?, ¿un simple adorno del
mes patrio, tal vez? En ese momento
la que venía a ser mi suegra reparó en
mi existencia, volteó a verme y me
hizo pegar un buen brinco al
preguntarme:
114
-¿Y a ti qué te pasó?
Temblorique y tartamuda me di a
entender lo mejor que pude:
-Nada más m..e rompí la na, nariz en
el cho, choque señora…
Aquella brava mujer convocó al frente
a sobrinos, yernos y marido y se puso
a dar órdenes como a un regimiento a
diestra y siniestra, con una autoridad
y seguridad que yo antes sólo había
visto en documentales sobre la
ocupación alemana en
Checoslovaquia.
-¡Tú, moco: vete al taller y trae alcohol
y algodón para que esta niña se cure,
y le traes también una coca cola para
115
que le suba la presión! ¡Tú: (al
marido) arréglate con el policía para
que podamos irnos ya! ¡Y tú, Roberto:
trae la camioneta para que te lleves a
esta niña directamente a su casa....!
Todos salían disparados en cuanto la
mujer les daba la orden y la miraban
serios y callados, como acatando
mandatos de un militar muy chingón.
Ahí el foco se me prendió y vi mi gran
oportunidad de ganarme a la suegrita
de una buena vez.
-Usted me va a disculpar señora, su
hijo y yo chocamos juntos y yo no me
muevo de aquí hasta que todo se
resuelva…
116
Me miró admirada, por breves
instantes pensé que con esa frase ya
me la había echado a la bolsa pero un
momento después me miró como si
me quisiera tragar viva.
-Tú siéntate conmigo un rato que
tenemos que hablar…
Sentí que la tierra se abría para
devorarme, creo que en ese segundo
de veras hubiera preferido que así
fuera. Caminé tras ella temblando de
miedo; si Freddy Krueger se me
hubiera aparecido ahí mismo con toda
certeza le hubiera temido menos.
Nos sentamos las dos en una banca de
madera debajo de un árbol, a escasos
metros del choque, mientras Chava
117
seguía viendo el carro con la misma
cara que hubiera puesto si alguien le
hubiera diagnosticado una
enfermedad incurable. La señora me
barrió de arriba abajo con la mirada y
me dijo:
-¿Tú eres la novia, verdad?- Asentí.
-Entonces quiero que me digas por
qué llega diario de madrugada desde
que anda contigo. Y por qué la vez
que tenía que llevar a su hermana a
parir al hospital lo metieron contigo a
la cárcel…
Era inminente que yo tenía que
pensar y actuar rápidamente; el
cerebro se me iluminó, era obvio que
lo mejor para mí era lavarme las
118
manos como Pilatos aunque tuviera
que aventar a mi amado por delante a
una segura crucifixión. Así que puse
mi mejor cara de Libertad Lamarque y
me curé en salud:
-Señora, qué bueno que toca esos
temas, yo encantada de aclarárselos;
cuando su hijo le llega tarde y de
madrugada no anda conmigo. De
hecho, a veces ni yo misma sé a dónde
anda. Me visita temprano en mi casa y
platicamos en la camioneta mientras
mi madre nos acerca una taza de
chocolate humeante y un cocol con
natas o con mermelada…se lo juro. Yo
soy una hija de familia… si a su hijo lo
conocí una tarde que caminaba yo
119
inmersa en mis rezos, rumbo a la
congregación de las Carmelitas
descalzas (de la cual soy ferviente
seguidora) y la noche que nos
llevaron a la cárcel, Chava me había
recogido de un retiro espiritual que
tomé y me llevaba a mi casa. Pero ese
malvado policía lo detuvo en el
camino y sin justificación alguna le
pidió dinero… lo que pasa es que su
hijo es tan honrado que se negó a
darle su mordida y el malvado oficial
nos llevó a una celda inventándonos
que dizque faltas a la moral y sabe
Dios cuántas cosas más… ¡hágame
usted el recab…endito favor, si yo soy
virgen todavía....!
120
La mujer me miró compasiva largo
rato. Le adiviné la simpatía en su
mirada y aproveché ese momento
para acabar de afinar detalles.
-Señora… yo amo a su hijo y quiero
casarme con él…
Doña Diorsia me miró con dulzura, y
hasta cariño sentí por ella…tenía la
misma boca de Salvatore, de ese
vientre prominente había brotado el
amor de mi vida. Parecía que todo
estaba resuelto a mi favor, Dios me
amaba, yo sería la señora de Brook,
aquella mujer sería la abuela de mis
hijos. Yo no deseaba un hombre rico,
no deseaba un hombre culto ni mega
inteligente; tenía la fortuna más
121
grande de la vida, los secretos del
universo se me revelaban como a un
ser privilegiado y elegido…Chava,
ese sencillo y hermoso obrero del
mármol me amaba y su madre me
aceptaba. Reflexionando en ello
caminé hacia él y lo tomé del brazo.
-¿Ya estás tranquilo, amor...?
Mi amado me abrazó ante los ojos
curiosos de su familia, sentí la mirada
aprobatoria de su madre sobre mi
nuca.
-Perdóname, mami… ¿Como estás
tú?...
-Estoy bien…estoy contigo…
122
Y entonces me acerqué a su padre con
toda la formalidad que el momento
exigía y le extendí la mano, el amable
señor me la apretó sonriente.
-Don Salvatore, soy Adriana; qué
pena venirlos a conocer en tan
lamentable situación…
Mi suegro (extremadamente
caballeroso) me miraba sereno: casi,
casi me recordó a Fernando Soler en
su fantástica personificación de don
Plácido Bueno…
-No te preocupes, fue un accidente,
ustedes no tuvieron la culpa. Gusto
en conocerte, mi hijo me habla muy
seguido de ti.
123
Así fue como hice mi inesperada y
triunfal presentación en la familia
Chorejotas…
13
124
ROMERÍA DE FAMILIA DE
BARRIADA EN PARQUE
HUNDIDO…
El 16 de septiembre (fecha relacionada
con el orgullo patrio) la numerosa
familia Brook decidió bautizar a la
niña de mi cuñada Mary con el bonito
nombre de Andrea Mariana. Ese
mediodía yo ya me había probado no
menos de treinta vestidos sin
decidirme por uno en particular para
acompañar a mi novio a tan
“distinguido evento’’.
125
A las tres de la tarde el hombre de mi
vida hizo sonar el claxon de su
madreada camioneta bajo mi ventana;
mi hermano salió a saludarlo mientras
yo me decidía por un vestido negro
entallado de cocktel, con zapatos de
tacón y bolsa de Carolina Herrera.
Parecía casi que iba a asistir a una
entrega de los premios Oscar. Por eso,
cuando vi a Salvatore vestido de
forma sencilla con camisa y pantalón
de mezclilla me saqué de onda, y más
cuando me advirtió:
-Mejor cámbiate y ponte unos pants o
unos tenis, la fiesta es en un parque
hundido…
126
Le dije que no, que cómo iba a ir en
fachas si se trataba de un bautizo, que
qué iban a decir los suegros, y nos
fuimos a la fiesta muy felices…
Llegando al parque hundido pude
notar que nadie iba vestido con
formalidad. Ahí había de todo como
en botica: tíos, tías, primos, cuñados,
gente de distintos tamaños y edades
(la mayoría orejones, eso sí) y todos
ellos me miraban como bicho raro,
como preguntándose de qué evento
de gala habría ido Chava a sacarme.
Mi suegro jugaba con un nieto, doña
Diorsia departía alegremente (cigarro
en mano) con algunas de sus
hermanas, mi cuñada paseaba
127
amorosamente a la bebita recién
bautizada del brazo de su esposo
Roberto.
Cuando fuimos a saludar a mi suegra,
la amable señora me sugirió que me
sentara junto a ella pero a mí me entró
pánico escénico y preferí de momento
sentarme en la mesa de junto, con mi
galán. Me sirvieron cerveza con pastel
de tres leches, la Banda del recodo
sonaba desde una grabadora cercana.
Y en la mesa contigua la conversación
que pude escuchar entre mi suegra y
una de sus hermanas, me resultó de
un gran interés.
-Oye… ¿pues quién es la güerita que
trae tu hijo?
128
-Esa es la novia.
-¡No, en serio! ¿Quién es?
-De veras, es la novia. Ya llevan
meses, es con la que chocó hace unos
días, buena muchacha…
Nunca me quedó claro el motivo por
el cual buena parte de la parentela
orejona de Salvatore dudaba de la
autenticidad de nuestro idilio.
La tarde fue transcurriendo y mi
rústico amorcito se la pasó jugando
dominó y baraja, y tomándose unas
cubas bien cargadas… Hasta que
empecé a notar la mirada molesta de
mi suegra, exigiéndome que parara de
golpe los impulsos alcohólicos de su
129
hijo. El cuñado de Chava que había
resultado ser “támaro’’ de profesión,
llegó al “huateque’’ con su uniforme
de trabajo. No sé porqué siempre me
dio la impresión de que ese güey se
sentía Pedro Infante en A toda
máquina. Toda la bola de cuñadas
(excepto Mary) me miraba feo, me
veían con cara de que yo fuera la
bruja intrusa que había ido a
despojarlas de su “tesoro familiar’’.
Una de ellas fue a pedirle cien pesos
prestados a Salvatore y no teniendo él
para dárselos se los di yo. La adorable
mujer me los quitó de la mano sin
mirarme siquiera, ¡sin decirme
siquiera gracias…Al ir cayendo la
tarde unos ya estaban más pedos que
130
otros; mi príncipe azul volteaba a
besarme de vez en cuando y yo me
hacía pendeja con el celular sin saber
con quién platicar ni qué carajos
hacer…todo parecía una escena
sacada de la película “Mecánica
nacional” de Luis Alcoriza. De
pronto, mis orejonas cuñadas se
pararon de las sillas con todo y sus
chamacos para tomarse una foto
familiar, sentí los labios de Chava
susurrando en mi oído cálidamente:
-Algún día tú posarás en una foto así,
rodeada de mis hermanas, cargando a
nuestro hijo…
Y me vi de repente a mí misma entre
todas ellas, cargando entre mis brazos
131
un bebito trompudo y orejón, con
gorra de beisbolista, y al imaginarlo
sonreí feliz, acariciando la mano de
Salvatore.
Han pasado siete años desde aquella
tarde y ahora sé con certeza que
nunca posaré realmente en esa foto
familiar, con un bebé de apellido
Brook en mis brazos.
Aquel día por la noche entré a casa de
mis suegros para mirar toda una caja
de cartón repleta de fotos familiares.
Ahí, sentada en la sala, Chava me
puso a la bebita recién bautizada de
Mary entre los brazos y retrocedió dos
pasos para mirarme cargándola.
132
-Quiero ver cómo te vas a ver cuando
tengamos el nuestro…
Se sentó a mi lado y empezó a
comentarme anécdotas sobre las fotos;
ahí pude ver a mi suegra cuando
estaba jovencita y delgada, había sido
nada menos que campeona de
natación. Fotos de la boda de mis
suegros, fotos de mi amado siendo un
bebé…y me sentí enteramente feliz.
Mi suegra se despidió de todos para
subir a dormir a su recámara con mi
suegro, no sin antes dejarme una tarea
asignada.
-Ahí te encargo que no siga
tomando…
133
Todo era bello, todo era perfecto, y…
todo estaba ya a punto de terminar.
134
14
MY PICTURES OF YOU…
Agosto del 2008 llegó a mi vida con la
depresión y el desencanto de mi
divorcio. Mi marido y yo habíamos
durado casi tres años juntos pero a
últimas fechas habíamos llegado a
niveles de violencia doméstica
verdaderamente insoportables. Las
broncas diarias entre mi madre y él
habían culminado en un
encarcelamiento fugaz de mi esposo
135
tras lo cual, tuvo que dejar de vivir
bajo el mismo techo que yo; mi vida
se colapsaba entre mi separación, los
reclamos justificados de mi madre y
mi escaso trabajo como publicista.
Como escritora ya sólo publicaba
ensayos y artículos en mi blog de
internet, algunos de ellos dedicados al
amor inolvidable de mis veintitantos
años: Salvatore; pero nunca escribía
las dedicatorias con su nombre real,
sólo ponía sus iníciales: “S.B.D” y así
los publicaba. Lo había visto por
última vez cinco años atrás, cuando
terminamos, y durante todo ese
tiempo me llegaron noticias diversas
sobre que se había casado y tenía un
136
hijo. Todo lo que conservaba suyo era
una foto vieja que me había regalado
cuando terminamos nuestra relación,
y en todos esos años yo no había
tenido el valor para romperla o
quemarla. El 12 de Agosto es el
cumpleaños de mi sobrina Lía, así que
fui al internet con la idea de poder
mandarle una postal virtual.
Cuando abrí mi blog encontré un
mensaje muy especial en un escrito
que hablaba de Chava. En mi poema
“La puerta del pasado” hallé un
recado para mí: “Pronto nos veremos,
tú sabes quién soy…S.B.D”… En un
principio me sorprendí y al mismo
tiempo me encabroné; supuse que
137
algún detractor mío, adivinando por
mis escritos el gran amor que había
vivido junto a Salvatore en el pasado,
se estaba haciendo pasar por él para
jugarme una broma pesada. Así que le
respondí que se dejara de pendejadas,
que “SBD” no sabía casi escribir, y
que mucho menos iba a andar
sabiendo como encender siquiera una
pinche computadora y que se fuera
mucho al carajo. Me olvidé del
incidente por completo pero a los
pocos días siguieron llegando
mensajes ( ya no a mi blog, sino a mi
correo ) del supuesto “SBD’’,
insistiendo en que él era Chava y
quería ponerse en contacto conmigo.
Yo seguí respondiendo lo mismo, “tú
138
no eres SBD, deja de joder, vete al
carajo”…pero los “mails’’ no cesaban.
Incluso Juan, mi mejor amigo,
coincidía conmigo en la imposibilidad
de que realmente fuera Chava quien
escribía y en un intento por evitar que
los correos siguieran llegándome, reté
al supuesto farsante:
“Escríbeme tu fecha de nacimiento, el
nombre del hospital en el que naciste,
el nombre de tu hermano y de qué
artistas fueron los dos discos que te
regalé cuando éramos novios…’’
De esa manera supuse que me
quitaría de encima de una vez por
todas al enfadoso bromista…pero
estaba equivocada, la respuesta
139
acertada y contundente llegó al
siguiente día:
“Nací el 29 de Agosto del 78, en el
hospital Ayala, mi hermano se llama
José Luis y le dicen Moco, los discos
que me regalaste fueron de Depeche
Mode…’’ Leí todo aquello de golpe y
de pronto me puse lívida; tenía
taquicardia y las manos me
temblaban y sudaban frío. Llamé
como de rayo a Juan y le dije casi a
gritos:
-¡Güey, no mames. Es él, me cae que
sí es él…!-
Juan me pidió serenidad.
140
-No mames, güey, tal vez es alguien
que lo conoce. Yo, la neta no creo que
sea el Chava. Ya pasaron muchos
años, el morro está casado y ya hizo
su vida; no te emociones, no es
posible…
Pero el diablo ya me había tentado, le
respondí el “mail’’ al que
supuestamente había sido el amor de
mi vida:
-Ok, Salvatore. Deja de jugar a las
escondidas, conozco tu voz de
memoria, la reconocería aunque
llevara años sin escucharla. Llama a
mi celular, mi número es tal. Pero
cuando yo te conteste, tienes que
decirme la frase: “¿Cuándo vuelves a
141
escribir algo para mí?”. Si de verdad
eres tú yo lo sabré sin dudas en ese
justo momento. Y si no lo haces no
vuelvas a escribirme nunca,
significará que tú no eres Chava y que
deberías intentar hacer algo de
provecho con tu tiempo.
Salí del “Ciber’’ con la excitación de
aquella intriga aún sin resolver,
caminé por la colonia Constitución
hacia mi casa. A escasas dos cuadras
avanzadas mi celular comenzó a
sonar, la pantalla indicaba número
privado; al contestar el suelo
completo trepidó bajo mis pies.
-¿Cuándo vuelves a escribir algo para
mí...?
142
Oí y guardé silencio, dije: -¿Qué?- y
la voz repitió divertida:
-¿Cuándo vuelves a escribir algo para
mí...?
Comencé a reírme nerviosa, aún
recuerdo vívidamente el brincoteo en
mi corazón al reconocer aquella voz
después de cinco años de ausencia.
-¿De qué te ríes, mujer?...soy yo…
¿ahora me crees?...
Yo me estaba asfixiando a mitad de la
calle…me ahogaban mis propios
latidos, el teléfono me temblaba en la
mano… Platicamos, me dijo que no
quería que yo estuviera enojada con
él, que quería verme; que hacía dos
143
años que había dejado de ser
marmolero, que ahora trabajaba en un
corporativo de eventos sociales; que
su vida había dado un giro de ciento
ochenta grados y que le había
emocionado mucho haber leído en
internet lo que había yo escrito sobre
nosotros… sobre nuestro pasado. El
pasado…el pasado, el pasado me
hablaba al celular y yo no atinaba qué
decirle, estaba algo así como
“shockeada’’ oyendo su voz. Su voz a
la que tantas veces lamenté tanto no
poder escuchar durante aquellos
últimos cinco años. Finalmente le dije
como pude que me daba gusto
escucharlo, que esperaba verlo pronto
y que se cuidara… colgamos. Parada a
144
media calle me puse a llorar de
tristeza y alegría, de emoción y
perplejidad; tuve que tomar un taxi a
casa porque de haberme ido
caminando en esas condiciones, un
carro me hubiera atropellado
seguramente. Llegando a casa me
tomé una cerveza, necesitaba un
trago; ya había pasado rato y las
manos me seguían temblando. Cómo
recordé cuántas veces en los últimos
años yo le aseguré a mi madre y a mi
amigo Juan y a otras tantas personas
que Salvatore regresaría tarde o
temprano, que volvería a buscarme
algún día… Pues ese día había
llegado, era la fecha de su
cumpleaños, un 29 de Agosto, la fecha
145
en que volví a escuchar su voz por el
teléfono.
15
LOS RENOVADOS Y SUAVES DÍAS
EN EL ARROYO…
146
A partir de su primera llamada
comencé a recibir dos o tres diarias a
mi celular. Me llamaba desde los
eventos que cubría, me llamaba desde
las oficinas de su trabajo, me llamaba
cuando iba manejando, me llamaba al
terminar su día, me llamaba desde
algún antro al que iba en calidad de
“guarura’’ de su patrón… Y yo
charlaba agradablemente con él y le
decía lo mucho que me gustaba
escucharlo. Él entonces me contaba
que estaba fuera de algún bar
charlando con los “güeyes’’ del valet
147
parking y que muy pronto
volveríamos a vernos…
En Septiembre del 2008 estampé la
última firma en los papeles de mi
divorcio y una noche cualquiera, salí
de casa hacía el centro con intenciones
de beber una cerveza y platicar con
mis amigos para “desestresarme’’ de
la rutina semanal. Una tromba terrible
había caído sobre Atemajac del valle,
a todos los pasajeros del autobús en el
que yo viajaba nos bajaron porque las
calles se encontraban completamente
inundadas. Caminé por la colonia y
de pronto me detuve en la calle
Iturbide, en el justo lugar en el que
años atrás aquella patrulla había
148
chocado el auto en el que Chava y yo
íbamos y entonces lo supe; tuve la
certeza… caminé hacia avenida
Federalismo con una idea clara en la
mente: “esta noche él y yo volveremos
a vernos”. En avenida Circunvalación
había algunos autobuses que estaban
transportando a la gente gratis al
centro, en el momento de abordar el
que me llevaría a mí el celular sonó…
era Salvatore. Me dijo que esa noche
estaba libre…
-¿Podemos vernos...?
Guardé silencio por unos por
segundos…
-Sí, claro, ¿Por qué no...?
149
Quedamos de encontrarnos en el
“7eleven’’ que queda en la esquina
donde se juntan las avenidas Juárez y
Federalismo en quince minutos; los
diez minutos que tardó el camión en
llegar frente al lugar pactado para el
encuentro me parecieron diez años,
atravesé la calle sintiendo mis piernas
guangas y las manos sudorosas.
Rápidamente entré al baño del
establecimiento para poder darle una
retocada a mi pelo y a mi maquillaje
en el espejo, salí al estacionamiento:
faltaban aún tres minutos… tres
minutos que pondrían fin a cinco años
de interminable ausencia. Juntando
ánimos y emoción, le pregunté a un
transeúnte que pasaba que cómo me
150
veía y él, mirándome de arriba abajo,
me respondió amablemente:
-Nerviosa y muy guapa- Con esa
tranquilidad volví a meterme al baño
a retocarme el “Ángel face’’… debí
haberme puesto tal cantidad de
maquillaje que debo haber parecido
aurora boreal; volví a acomodarme el
cabello y el escote y salí de nuevo al
estacionamiento.
Esperaba ver llegar a Chava en
aquella Ford Ranger tinta del pasado,
con su cabello largo engomado, sus
jeans rotos y su chamarra negra de
cuero…cuando un Malibú dorado se
detuvo junto a mí, los vidrios
polarizados bajaron y lo vi a él al
151
volante, con el cigarro colgándole del
labio… en ese momento, Morten
Harket cantaba en mi mente:
“Una vez, sólo una vez en la vida.
Sí, es sólo una vez
Que nunca vuelve a repetirse…’’
Subí a aquel automóvil, nos besamos
en la mejilla, los dos dijimos
tontamente al mismo tiempo: “¿cómo
estás?”, los dos contestamos más
tontamente a la vez : “bien”, y los dos
nos reímos como verdaderos idiotas
por eso. Lo primero que hizo
Salvatore fue hacer sonar en el estéreo
“Love me tender”, de Elvis y volteó a
mirarme checando mi reacción. Traía
152
preparado el disco compacto para
ponerme la dichosa canción que,
como él sabía muy bien, de inmediato
transportaría mi mente a algún
momento del pasado en el que
habíamos sido felices juntos. Me reí
nerviosamente, y podría jurar que él
estaba disfrutando de lo lindo mi
nerviosismo. No, no traía el cabello
largo, no llevaba ya chamarra de
cuero ni jeans… iba vestido de traje,
lo miré de reojo y noté que tenía
canas; también noté algo de arrugas y
acné…pero miraba igual que siempre,
y reía igual que antes, y sus manos
eran las mismas….y yo estaba
temblando; así que metí las manos en
los bolsillos de la chamarra para que
153
él no se diera cuenta. Fuimos a un
“Oxxo’’ en donde él se bajó a comprar
cervezas… no podría definir la
emoción que me causó mirarlo
caminar hacia el súper de traje; pero
con el mismo caminar torpe, “guarro’’
y cabizbajo con el que le conocí en la
Mutualista. Se me rasaron los ojos de
lágrimas; a lo largo de cinco años yo
no había vuelto a ver esos andares, en
cinco años yo no había vuelto a
escuchar esa voz ni había vuelto a
verlo sonreír; y en sólo un momento,
el recuerdo más grato de mis pasados
veintitantos estaba ahí de nuevo, tan
cerca de mí que podía volver a
tocarlo. Éramos los mismos que años
atrás habían amado y reído y llorado
154
juntos… los mismos pero con más
años encima. Me invadió una
sensación de eternidad, pude darme
cuenta, mientras Salvatore pagaba las
“chelas’’ en la caja del Oxxo, de que
estaba yo sintiendo exactamente lo
mismo que había sentido la primera
vez que supe que lo amaba. Y si
aquello que lo traía de regreso a mi
vida no se llamaba destino yo no
sabía que otro nombre darle, me
sequé los ojos con premura en cuanto
lo vi salir del establecimiento
volviendo al carro y empecé a
preguntarme si acaso le estaba yendo
tan bien como para haberse podido
comprar un Malibú nuevo y como
para traer un traje con corbata y todo.
155
Pero en cuanto se subió al coche,
antes de que yo pudiera preguntar
nada, me contó: -Esta noche salí
temprano y mi patrón me soltó su
carro, a veces también me presta su
camioneta Durango y tú sabes que no
estoy acostumbrado a vestir con estos
trapos, pero tengo que usar traje en
los eventos… me da gusto que el
patrón me “haiga’’ tenido la confianza
suficiente en esta chamba…’’ Yo sólo
atiné a sonreírle con ternura; el tipo
pudo haberme mentido, pudo
decirme que había logrado superarse
tanto que el carro era suyo, pudo
intentar apantallarme y contarme que
ahora vestía de traje diario… pero aún
era el mismo Chava del que yo me
156
había enamorado años atrás. Después
rolamos por la ciudad como en los
viejos tiempos: le conté mis
novedades, me contó parte de las
suyas. Se estacionó en una calle y le
pregunté qué edad tenía su hijo.
-Es una niña, tiene tres años y
medio…
Me la mostró en una foto de su
teléfono celular; era hermosa,
perfecta, idéntica a él, hasta con las
mismas orejotas…
-¿Cómo se llama?
-No puedo decírtelo…
-No seas mamón, dime cómo se
llama…
157
Se bajó del auto y antes de irse a
orinar, me dijo asomándose por la
ventana:
-Se llama Adriana…
Me quedé boquiabierta, dijo: -tú
sabes por qué le puse ese nombre-… y
me dijo que me habían engañado, que
no se había casado nunca pero que
vivía desdichadamente con la madre
de su hija. Fuimos a mi casa y
estacionados afuera le pregunté a qué
carajos había regresado, me tomó la
mano y empezó a acariciarla.
-Volví a recuperar lo que hace años
perdí por pendejo…
158
Y entró a mi casa y habló con mi
madre, y le dijo que al volverme a ver
había sentido que mariposas
revoloteaban en su panza…y de
vuelta en el coche hicimos recuerdos
del pasado. Reímos y lloramos, y yo
lo maldije y le reclamé el abandono de
tantos años y le menté la madre
llorando y le grité que me había
desgraciado la vida y él, callado
escuchó todo acariciándome las
manos. Casi amaneciendo entré
tambaleante a mi casa, me tiré en la
cama y soñé que todo había sido nada
más que eso: un sueño…
159
A la noche siguiente él volvió…
adentro del Malibú estacionado, dijo
que quería dormir conmigo…
Yo, digna y con firmeza le advertí que
no estaba dispuesta a ser su amante.
-No vengo buscando eso…
Y entramos a mi cuarto; escuchamos
música, se quejó de su vida y de su
suerte, dijo no amar a su mujer, habló
de lo muy desdichado que era: -Me
subo una cobija y una almohada a la
cajuela del carro porque prefiero
dormir con frío en el carro a dormir
con ella… no quiero volver a mi casa,
no tienes una idea de lo infeliz que
soy-. Le pregunté por qué entonces se
había ido a vivir con esa mujer y le
160
había hecho una hija. Con la misma
cara de Roberto Cañedo en “La casa
chica” se llevó las manos a la cara, se
la frotó tres veces y dijo: -Es una
buena mujer, ella me quiere. Es floja y
no es una gran ama de casa… pero me
ha sabido querer y… pobrecita… su
padre las abandonó a ella y a su
madre. Trabaja desde los once años,
ella no tuvo tu suerte; tú fuiste niña
rica hasta los veinte años, viviste en
colonias residenciales, hiciste la
escuela en colegios de paga, tu padre
nunca los dejó, murió con tu familia y
al lado de tu madre… ella es como yo:
es de mi rumbo, es sencilla, no tiene
pretensiones, me ha aguantado todo.
Además, yo durante años no supe
161
más de ti, te fui a buscar y te habías
cambiado de casa, no supe dónde
encontrarte; si el internet no existiera
no hubiera podido dar contigo… tú
has sido el amor de mi vida pero
pasaron los años y tuve que hacer
vida con alguien, no me importó con
quién, así que me junté con ella.-
Luego con firmeza dijo estar
dispuesto a abandonarla.
-¿Te irías conmigo a Canadá?,
empezaríamos juntos una nueva vida,
mi vida a cambio de la tuya. Juntos,
lejos de aquí, quiero que me cueste
trabajo comprarte un par de zapatos,
aquí todo es muy sencillo, allá hay
que partirse la madre, quiero partirme
162
la madre por ti, que tengamos hijos y
que si nos tomamos una cerveza sea
con mi esfuerzo diario para ti…
Le dije que lo que me planteaba era
muy precipitado, que yo comprendía
que ella no era el amor de su vida y
que no estaban casados. Pero que
existía una niña que no era culpable
de sus errores… suspiró profundo,
bebió un trago de cerveza y dijo:
-No será la primera niña que vive
lejos de su padre. Es mi hija y yo la
adoro, a ella no le va a faltar nunca
nada… pero mi vida quiero hacerla
contigo, recuperar el tiempo que
perdimos, quiero que me des un hijo
tú…-
163
Le dije que huiría con él al fin del
mundo…y me abrazó en la
obscuridad y rodamos en la cama
tocándonos y sintiéndonos. Yo ya
había olvidado mi convicción de no
ser su amante, Salvatore es el mejor
actor del mundo. Yo debí haber
pensado: “Este cabrón tiene a una
pobre gorda fodonga esperándolo en
su casa y viene cinco años después de
que terminamos a acostarse
conmigo… o sea que así como le es
infiel a ella de seguro me fue infiel en
el noviazgo, y de seguro si le doy
entrada algún día me botará para
regresarse con ella o para irse con otra
mujer”. Pero él era más largo que yo,
y antes de darme tiempo para meditar
164
en la posibilidad de un engaño, en
pleno faje se detuvo jadeando y me
dijo alarmado, heroicamente:
-No, así no, tengo que volvérmelo a
ganar…
Le dije que si lo prefería yo podía
irme a dormir al cuarto de mi
madre… me abrazó como buscando
refugio, como un niño asustado.
-Si me quedo aquí solo no tiene caso,
quiero dormir contigo.
Y dormimos juntos, abrazados hasta
que el sol entró por la ventana y él
dijo que se tenía que ir a trabajar.
165
16
166
ALAN SALVATORE…
Y ahí en mi vida de nuevo como
figura central, como protagonista
anhelado, como tesoro codiciado… de
nuevo él: el siempre esperado, el
siempre amado, el millones de veces
recordado. En los años sin vernos
cada noche luchaba yo por recordar
fielmente su cara, rostro bendito:
primer lugar en mis plegarias. Y
ahora el irremplazable me llamaba a
diario, el irremplazable me volvía a
buscar, el deseadísimo brillaba de
nuevo luminoso en mis noches y en
mis días.
167
Hay muchas frases de las cuales un
hombre astuto puede echar mano con
tal de salirse con la suya, sobre todo si
tiene la ventaja de saber que lo que
desea obtener viene de una mujer que
nunca dejó de quererlo realmente. Las
dos cosas que Chava venía buscando
de mí, eran:
1-Volver a tenerme sexualmente.
2-Embarazarme.
Y sus frases recurrentes para lograrlo
eran:
1-Yo nunca pude olvidarte.
2-Te dejé ir de mi vida por idiota.
3-El tiempo no me ha alcanzado para
arrepentirme de mis decisiones.
168
4-Dame una sola oportunidad.
5-Una pendejada se comete una vez,
no dos veces.
6-¡Te amo!
Pero las noches con él eran hermosas:
llegaba del trabajo con dos docenas de
rosas para mí, le regalaba una a mi
mamá, nuestra felicidad era completa.
Una noche retozábamos felizmente en
mi cama, cuando le dije en el colmo
de la desesperación erótica:
-¡Házmelo, amor... ya no puedo, ya no
puedo…por favor, házmelo…!
Y me lo hizo… hay un momento que
marca claramente un antes y un
169
después de todo lo que se vive y se
conoce; momentos que parten las
historias de nuestras vidas en pasado
y futuro, y de esos momentos muchas
veces depende una vida entera. Yo
había vivido media década esperando
a que ese hombre volviera… y ese
hombre regresó y me tocó, y yo supe
entonces que no existía modo alguno
de decirle no, ¿quién piensa
honestamente en terceros con la
felicidad a un lado?, ¿quién se detiene
cuando el ser más amado de toda una
vida te besa después de años de
distancia y te dice que tú eres el amor
de su vida…?
170
Yo no, yo estoy hecha de carne y
hueso, yo no pensaba en lo correcto y
en lo equivocado, yo no pensaba en el
infierno ni en Cristo ni en las leyes
divinas o morales; yo no pensaba en
mi ex-marido ni en la concubina de
Salvatore… yo sólo vi cómo se abría
ante mis ojos el cielo claro, radiante,
hermoso; ofreciéndose a mis antojos y
a mis deseos frustrados por tantos
años…y entré en el cielo más azul y
más glorioso de toda mi vida…Y
después de estar haciéndolo por un
par de horas maravillosas, Chava
terminó dentro de mí reiterando su
deseo de tener un hijo conmigo.
171
Durante las noches siguientes
hacíamos el amor planeando el
nombre para nuestro bebé, las dos
docenas de rosas rojas aún las
conservo ya marchitas en una vieja
caja de cartón. Le pedí un hijo a
Dios…un hijo suyo y mío, con sus
ojos hermosos y sus cejas pobladas,
con la boca de su madre y las grandes
orejotas… y ese fue el deseo más
grande de mi vida. Bromeaba él
diciendo que era importante que ni
un solo meco se me saliera… Era
importante que uno solo entre
millones pegara…era nuestra ilusión
(eso decía) era nuestro sueño. Lo
llamaríamos Alan Salvatore, sería
beisbolista, sería el niño más hermoso
172
del mundo, sólo un meco tenía que
pegar… ¡y pegó…!
173
17
TEJIENDO PAÑALES E
ILUSIONES...
En Noviembre comencé a levantarme
diario con vómitos y náuseas, tenía
sueño todo el día y se me había
atrasado la regla. Una prueba de
sangre me despejó todas las dudas:
tenía cinco semanas de embarazo…
Se lo anuncié a Chava por correo
electrónico y él corrió a verme,
tranquilo pero notoriamente
174
encantado. Le serví enchiladas de
mole con pollo para cenar, me tomó
las manos con dulzura, las besó y en
la actuación dramática más
convincente de su vida, exclamó:
-Dios te bendiga, hace mucho que
nadie me servía un plato de comida
caliente al llegar cansado del trabajo.-
Le dijo a mi madre que se sentía
ancho y feliz por mi embarazo y que
no le importaba lo que fuera (niña o
niño), pero que deseaba que naciera
sano y completo. Por esas fechas, mi
sobrina y su mamá viajaron para
visitarnos desde el “gabacho’’ una
semana y yo aproveché para
anunciarles mi embarazo, me era muy
175
difícil disimular mi emoción, quería
compartirla con todo el mundo.
Salvatore me llevaba fresas con crema
por las noches y me las daba en la
boca mirándome el vientre, extasiado
de dicha. En una de esas ocasiones me
tomó del brazo y me atrajo hacia él;
me abrazó por la cintura y dijo que
quería que supiera que aunque me
pusiera gorda y llegara a arrastrar la
panzota por el suelo, me seguiría
amando igual que siempre. Le
pregunté cuándo vendría a vivir
conmigo y con su hijo…puso cara de
gran aflicción.
-Pronto, mami, muy pronto. Déjame
hacer las cosas a mi modo. De por sí
176
ya casi todo mi tiempo y todas las
noches las paso contigo, toda la
semana duermo aquí. Ya le dije a mi
madre que volvimos a vernos, mis
padres ya saben que me he estado
quedando aquí a dormir, puedes
hablar con mi madre cuando quieras
para comprobarlo… ¡ya nos
merecemos ser felices juntos, te amo a
tí y a nuestro niño…!
Yo por amor, lógicamente le creía…
pero algo en el fondo me olía a felino
en cautiverio. ¿Por qué cuando una
mujer se enamora gran parte de su
inteligencia queda obstruida?
177
Una mañana soleada decidí tomarle
la palabra y marqué al teléfono de mi
amada suegrita…
La dulce y tiernísima señora no tardó
en ponerme como lazo de cochino, me
expresó claramente su tajante rechazo
a mi relación con su hijo y me exigió
dejarlo: -“El amor de ustedes está
maldito”-. Esta última frase parecía
francamente sacada de cualquier
villana de telenovela tipo Catalina
Creel, ya podía imaginarme en ese
momento a doña Diorsia con todo y el
parche en el ojo, profiriendo
maldiciones contra mí.
Al momento de estar discutiendo con
la señora los pros y los contras de mi
178
relación con su hijo: un leve pero
punzante dolorcito se me clavó en el
bajo vientre, preferí terminar la
llamada por temor a que tantas
maldiciones telefónicas fueran a
provocarme un aborto.
Tras el coraje con la “Ñora’’ le llamé a
su hermoso hijito, el encantador
mentiroso contestó su Nextel en un
tono agradable y cariñoso.
-¿Qué pasó, mami?, ¿cómo va mi
muchachito...?
Cuando escuché aquella voz cínica y
relajada, ganas me sobraron de
meterme por los agujeros del teléfono
para ahorcarlo…. ¡Le recordé el diez
de mayo hasta en lenguas muertas…!
179
Le exigí que me diera la cara para
aclararme el porqué su bendita
madrecita quería comerme entera, por
qué me había mentido diciéndome
que ella estaba en la mejor disposición
de hablar conmigo, y le pregunté que
hasta dónde creía que le iba a durar el
teatrito de tener dos mujeres a la vez.
Sin perder ni por un instante la
desquiciante serenidad que lo
caracterizaba, Chava me dijo que esa
misma noche iría a darme la cara y a
aclararme todas mis dudas; con
mucha tristeza le respondí que al
parecer sólo se había estado burlando
de mí y de toda mi familia, a lo que él
respondió tajantemente indignado:
-Eso nunca…-
180
Llegada la noche lo esperé con mi
mejor actitud de león enjaulado: daba
yo vueltas del cuarto a la sala, de la
sala al comedor y del comedor a la
cocina mordiéndome las uñas y
sobándome la panza. Mi madre me
miraba con la misma cara de doña
Prudencia Griffel en La tercera
palabra.
Mi azote llegó puntualmente con
semblante de gran conflicto interno y
lo hice pasar al comedor. Se sentó con
aire grave a fumar un cigarrillo a
grandes bocanadas enfrente de mi
madre y de mí.
181
-Te dije que me dejaras hacer esto a
mi modo. ¿Qué fue lo que te dijo mi
mamá...?
-Tu madre me dijo hasta de lo que
voy a morirme en las próximas veinte
reencarnaciones, podía sentirse su
furia emergiendo del teléfono. Me
dejó muy en claro que tu familia no
está en lo más mínimo de acuerdo con
lo que tú y yo tenemos, que nuestro
amor está maldito y que ojalá que las
nubes del cielo se abrieran y un rayo
inclemente me calcinara el culo…
Tras despejarle tan claramente sus
dudas, Chava tomó su celular y me lo
puso frente a la cara…
182
-Ahorita mismo voy a marcarle a mi
madre y me vale una chingada si la
despierto. Tú misma vas a oír ya lo
que le voy a decir…
Y yo, por estúpida, le pedí que no lo
hiciera; por babosa le rogué que no la
fuera a mortificar más; ahora me doy
cuenta de que en aquel momento él
trataba de darme un lugar, de dejar
las cosas bien claras de una vez por
todas con su madre encendiendo el
altavoz para que yo pudiera
escucharlo todo… pero yo no se lo
permití. No quise que tuviera un
enfrentamiento con ella por causa
mía.
183
Mi propia madre ya compartía para
entonces conmigo la angustia de mis
renovados conflictos con la familia
Brook y fue testigo de toda la
discusión que habíamos tenido
Salvatore y yo, en una sola sentada se
había terminado la pobre toda una
cajetilla de Benson´s mentolados y
había bebido más tazas de café que en
un velorio. De forma que me metí con
él a mi cuarto con la idea de poder
hablar con más serenidad sobre lo que
haríamos, para que mi madre no
siguiera mortificándose con mi
rosario de desgracias. Cerré la puerta
tras de mí: bufaba yo apretando los
puños; tenía ganas de madrearlo, de
arañarlo, de volverlo hombre a punta
184
de putazos; nos separaba metro y
medio de distancia, los dos
permanecíamos callados, yo lo
observaba con un infinito rencor. Él
continuaba muy serio mirándome en
la semi-obscuridad; con las manos en
los bolsillos como niño regañado y de
pronto… sin saber por qué, un mismo
impulso nos arrojó a uno en brazos
del otro y con una furia animal nos
besamos apasionadamente; mesé sus
cabellos, lo estrujé contra mi pecho…
hubiera querido fundirlo conmigo ahí
mismo para siempre, comérmelo
entero, ¡devorarlo antes de dejarlo irse
a otra cama obligado por chantajes
familiares! Nos arrancamos las ropas
mordiéndonos los labios, sin
185
detenernos un solo instante; una
urgencia de tenernos nos quemaba la
carne. Me dijo al oído que me amaba,
me tocó como nadie jamás lo había
hecho y yo lo amé como a nadie en
toda mi vida. El tesoro invaluable una
vez más estaba entre mis piernas…
Nunca olvidaré el sonido de su voz
esa noche, cuando me besó los
hombros y el cuello: “Te amo, mami…
soy dichoso cuando estoy contigo, lo
nuestro viene de otras vidas…’’ El
tema de fondo, como “soundtrack’’
cinematográfico, era “Quiero saber”,
de los Gipsy kings…
Nos amamos toda la noche, como lo
habrán hecho seguramente las
186
grandes parejas tormentosas de la
historia a través de distintas épocas.
Así debieron haberse amado John y
Yoko, Oscar Wilde y Bosie, James
Dean y Pier Angeli…Yo había soñado
con la llegada del amor inolvidable
desde que era una niña y aquella
noche ahí, en la obscuridad de mi
cuarto, el hombre que he adorado en
esta vida me estaba amando con toda
su febril virilidad de “guarrito’’ de
barriada… ¡Cuánto valor necesitaría
yo después de aquello para dejarlo ir
de mi vida una vez más, después de
probar el placer inigualable de su
entrega completa, después de
escucharlo repetirme al oído que yo
era la mujer de su vida…! Lloré en sus
187
brazos, se conmovió como un
chiquillo, me pidió que no llorara. Le
dije que lo amaba más de lo que
nunca me había amado a mi misma, le
reiteré que siempre sería el amor de
mi vida…
No volví a verlo en los siguientes
noventa días.
188
18
HAY GOLPES QUE EL DESTINO DA
SIN COMPASIÓN…
En los meses que siguieron pude
constatar el gran poder de
manipulación y chantaje que unos
padres pueden ejercer sobre un
hombre al que siguen tratando como
a un niño. Salvatore sólo me llamaba
189
con frecuencia para preguntarme
cómo iba mi embarazo, me escribía
“mails’’ en los que me reiteraba que
me amaba. También, debido a la
misma presión dejó el trabajo que le
dejaba tan buen dinero a ganar (sus
padres sabían bien que ese trabajo le
daba pretextos perfectos para seguir
pasando mucho de su tiempo
conmigo). Lamenté mucho comprobar
que a su edad, el hombre de mi vida
sólo era un pobre títere manipulado
por la voluntad de sus papitos. Poco a
poco aquel entusiasmo y aquella
seguridad que le había visto a Chava
al reencontrarnos en Septiembre
desaparecían: por teléfono lo notaba
intranquilo, triste, frustrado, hastiado;
190
y yo me preocupaba por su suerte, no
quería ser motivo de una tormenta
espantosa en el interior de una astrosa
grey como la de la “muy honorable”
familia Brook. Pero también estaba
perfectamente consciente de la
infelicidad que sufría mi gran amor y
me entristecía mucho no poder hacer
nada para mitigar su desdicha.
Doña Diorsia había sido muy tajante
con él al respecto: “El desacato a su
autoridad materna ponía en grave
riesgo la unión de toda su familia’’.
Cuando lo dejé de ver años atrás
Salvatore era un muchachito alegre,
sano, fuerte, deportista… hermoso.
Cinco años después, los Brook me
191
habían regresado una versión
cansada, grasienta, chimuela,
chamagosa, canosa y enflaquecida del
mismo joven aquel de la época mas
feliz de mi vida. En el casi medio año
que duró su regreso conmigo mi
madre y yo lo procuramos, lo
atendimos, lo obligamos a comer bien
y a descansar. Cuando tuve aquel
pleito telefónico con su señora madre,
me hubieran dado ganas de
preguntarle:
-Y si es tan buena la concubina de su
hijo y ustedes lo cuidan y quieren
tanto: ¿por qué ahora que vuelvo a
verlo lo encuentro todo ojeroso,
desnutrido y avejentado...?
192
Pero el respeto me frenaba, yo debía
mostrar a toda costa (aunque no me
gustara) consideración por una señora
que tenía una venda de egoísmo en
los ojos, que se comportaba de forma
injusta y grosera (no dejaba de ser la
madre de Chava). No exagero al decir
que, enfrentándola, yo me sentía igual
que Oscar Wilde debió sentirse
sentado en el banquillo de los
acusados, soportando las infamias y
las calumnias de su suegro, el
Marqués de Queensberry. Sólo que yo
no estaba dispuesta a pagar por mi
amado el mismo precio que Wilde
pagó por enamorarse de Lord Alfred
Douglas…
193
En el pasado yo ya lo había perdido
todo por él y clara cuenta me daba de
la escasa voluntad y la nulidad de
personalidad y poco carácter que
Salvatore tenía ante su madre; ante la
cual, todos los rasgos de valor,
carisma y entereza que pudiera haber
él tenido se volvían no más que una
patética caricatura de lo que
alardeaba en mi casa y en mi cama; el
amor que sentía por ella resultaba ser
más grande que su amor por
cualquiera.
Una noche, mientras pasamos algo de
tiempo juntos en la camioneta, le pedí
que me jurara por la vida de su hija
que se alejaría de los excesos que lo
194
tenían tan acabado y consumido; él
me miró a los ojos y me tomó la
mano, y con la voz más grave que le
haya podido escuchar, sentenció:
-No te lo juro por la vida de mi hija, te
lo juro por la vida de mi madre.
Y lo dijo con una firmeza tal, que
pude confirmar que ni yo ni mujer
alguna sobre la faz de la tierra
(incluyendo a su hija) tendríamos
para Salvatore más valor que su santa
e idolatrada madrecita…
Anochecía otro día cualquiera cuando
recibí una llamada suya a mi celular;
cada vez podía yo notar más enfado,
una especie de hastío de la vida
empezaba a colorear su voz. Ahora
195
creo que estaba dando “patadas de
ahogado’’, intentaba los recursos más
desesperados y las ideas más
descabelladas para poder quedarse
conmigo y con su hijo. Por ejemplo:
esa vez me pidió que fuera a verlo a la
misma casa que compartía con la
madre de su hija… Me quedé
boquiabierta cuando lo escuché
proponerme algo tan vil, simplemente
no pude decir nada, y él repetía
desesperado una y otra vez: -ven a mi
casa, me vale madres todo… ven a
verme-… ¡Dios, cuánta piedad me dio
su caso! Lo que él sentía por aquella
mujer lógicamente no era amor. Al
mismo tiempo no pude evitar
sentirme profundamente asqueada;
196
en resumidas cuentas él me estaba
demostrando que no tenía los
pantalones para defendernos ni a mí
ni a su hijo. Tal vez efectivamente nos
amaba y deseaba estar con nosotros,
pero quería echarme a mí por delante
para cargar con la responsabilidad de
resolverle el conflicto… ¡Así que por
esa razón me había traído trepada en
la camioneta, paseándome a diestra y
siniestra por su casa y por su barrio
en meses anteriores…! Estaba
tratando de evitar darle la cara a su
concubina para no tener que decirle
claramente que la iba a dejar por mí,
no tenía el valor. Lo que quería es que
todos nos vieran juntos para que
alguien corriera a decírselo a ella,
197
quería que ella se enterara de esa
manera para así poder sólo bajarle la
cabeza y confirmarle nuestra relación
del modo más cobarde del mundo…
Por vez primera sentí verdadera
lástima por esa pobre mujer que
compartía su vida con él y que le
había dado una hermosa hija… ¿qué
sabía yo si ella no le zurcía ni la ropa
porque ya estaba harta de sus
cabronadas. Cómo recordé unas
palabras que mi ex-cuñada Mary me
había dicho seis años atrás en la
Mutualista: “Si yo fuera tú me casaría
con el primer tipo que se me cruzara
en el camino, cualquiera menos con tu
novio. Es mi hermano y lo quiero
198
mucho, pero es inestable y nunca ha
sabido lo que quiere…’’
Me di cuenta de la total cobardía de
Chava, de sus maneras inmaduras y
torpes de proceder, de su
irresponsabilidad y la forma
elemental e infantil que tenía para
justificar sus errores y sus pendejadas.
Le dije que no, que jamás pisaría la
casa que compartía con aquella mujer,
que me daba verdadera lástima su
caso y que le pedía mucho a Dios por
que lo ayudara…derrotado, con la
voz de alguien que está realmente
harto de la rutina en la que vive, me
dijo:
199
-Gracias por todo lo que hiciste por
mí, cuida mucho a nuestro hijo…
Y seguí adelante con mi vida con la
dulce resignación del bendito ser que
llevaba en mi vientre.
Salvatore volvió a trabajar en el taller
marmolero de su padre y a mí no me
quedó de otra que volverlo a dejar ir
para no seguirle causando más
problemas.
200
19
THIS IS THE END…MY ONLY
FRIEND, THE END…
201
Para el mes de Marzo la acción
combinada de la depresión, las
deudas y el “stress’’ me hicieron
tristemente perder a mi bebito…
Era un niño, ya estaba bien
formadito… y sus orejitas estaban
levantadas, como las de su padre.
Adelgacé rápidamente agobiada por
las tristezas y las angustias, tomaba
cinco gotas diarias de Clonazepam
para ayudarme a conciliar el sueño.
Una noche de tantas él llamó a mi
celular, estaba yo platicando con Tere
(una señora muy intelectual) en la
cantina La fuente, cuando el muy re-
cabrón pidió verme por última vez en
202
su inconfundible estilo
“grandielocuente.’’
Llegué a los departamentos en los que
vivía, aún traía puesta una batita de
maternidad y me senté en las
escaleras de mi edificio para esperarlo
tranquilamente.
Aquel hombre tan repuesto y
saludable que se había alejado de mí
meses atrás; regresaba siendo el
mismo viejo prematuro, mugroso y
acabado que yo había vuelto a ver en
el último mes de Septiembre. Me
observó largamente antes de bajarse
de la jodida camioneta azul
propiedad de la marmolería de su
padre, se sentó junto a mí sin mirarme
203
a la cara, agachando la cabeza; como
la primera vez que terminamos siete
años atrás, no tardó mucho en
comprender que había perdido a
nuestro hijo…se llevó las manos a la
cara en gesto de gran pesar emocional
y suspiró mirando al frente. Abrió sus
labios gruesos y toscos, debió costarle
mucho decir aquello que dijo…
-No volveremos a vernos…
Lo escuchaba perpleja…desencajada,
no sabía qué decirle… ¿Qué podía
decirle que hubiera podido alcanzar a
englobar la decepción y la impotencia
que sentía por él en esos momentos?...
Le pedí que entráramos a mi cuarto
para hablar más calmadamente, se
204
notaba a leguas su ansiedad por irse
rápidamente. Entramos y nos
sentamos en mi cama, le pedí que me
mirara a los ojos, ya no podía hablarle
con la calidez ni el amor de siempre;
lo miraba inquisidora, hurgando y
rascando, buscándole en los ojos el
motivo de tanta chingadera. Quería
llorar, como aquella noche en la que
me dijo que se iba a Boston, quería
llorar como aquella madrugada en la
que terminamos nuestra relación
cinco años atrás a bordo de la Ranger
tinta, esa noche en la que le predije
que algún día regresaría derrotado a
buscarme. Quería llorar pero sabía
que no se merecía una más de mis
lágrimas… y no lloré. Pregunté por
205
qué, por qué era un cobarde, pregunté
por qué se le había olvidado tan
rápido todo lo que habíamos
planeado y soñado, él sólo guardó
silencio agachando la cabeza. Le
levanté la cara sosteniéndole la
barbilla, nuestras miradas se
encontraron, una gota de sal traidora
bailaba en mi ojo pero yo no la podía
dejar caer, esta vez no, no delante de
él…
-Me usaste, cabrón, no tienes madre…
y yo volví a caer contigo…me
utilizaste, desgraciado, lo que hiciste
no tiene madre, ¡¡dime por qué me
juraste entonces que yo era el amor de
tu vida...!!
206
Y sus ojos lloraban sin lágrimas.
Vencido y resignado susurró en voz
muy baja:
-…Porque sí lo eres…
-¿Entonces… por qué no hiciste tu
vida conmigo...?
Tragó saliva dos veces, bajó la mirada
y luego volvió a enfrentarme a los
ojos…
-¡Porque soy un imbécil…!
Y nos contó a mi madre y a mí que ya
no tomaba, que estaba trabajando de
nuevo como empleado de su padre,
que ahora solo bebía agua, que ya no
se desvelaba y que estaba dispuesto a
llevar una vida más sana porque su
207
papi y su mami lo cuidaban, y que se
iba a andar en bicicleta los domingos
con su hermano… y yo escuchaba su
voz como algo muy lejano, y me
sentía como petrificada. Podía
percibir la culpa en sus palabras, todo
nos lo decía a ambas con la cabeza
baja, sin mirarnos, con la vista fija en
la botella de agua con la que jugaba
entre las manos. Mi madre que tanto
lo adoraba (realmente había llegado a
apreciarlo bastante) lo desconoció
tanto como yo en aquel instante, ya no
sabíamos a quién teníamos a un lado
hablándonos de su vida perfecta y
feliz. ¿Y qué había pasado con lo que
nos había contado antes?,
honestamente yo lo veía igual de
208
fregado y sucio que cuando lo había
vuelto a ver en Septiembre; igual de
cansado, igual de jodido, con los
pantalones manchados de pintura o
de mezcla, con los ojos rojos por el
desvelo y la carne pegada a los
huesos.
Rugió mi madre, visiblemente
afectada por mi pena:
-Tú no eres un hombre, tú jamás te
mereciste el amor que ella te ha
tenido…
Y él en silencio soportando aquello…
cargando con su culpa.
Y de pronto, al permanecer los tres
callados con los segundos corriendo
209
en medio de aquella tremenda tensión
que se respiraba, en algún momento
dado ya no lo vi más, ya no pude
seguir viéndolo ni escuchándolo,
incluso cuando continuó hablando. Lo
oía como se le oye a un tipo
cualquiera que se sienta en el asiento
delantero del autobús en el que uno
viaja, que va platicándole sus cosas a
alguien más sin que uno lo escuche en
verdad. Así se despidió y así se fue…
ya no nos abrazamos ni nos dimos un
último beso, lo escuché decir que
volveríamos a vernos: estaba tan
desorientado que ya no se acordada
que al llegar me había dicho
exactamente lo contrario.
210
No le dije nada, me quedé callada…
lo único que deseaba era verlo fuera
de mi casa y de mi vida…
Así terminaron mis renovados y
suaves días en el arroyo…
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211
PASA LA GENTE, PASAN LAS
COSAS… ¡Y PASAN TAN
RÁPIDAMENTE…!
La vida sigue, el Show continúa: mis
planes, mi trabajo y mi rutina no se
colapsarían una vez más por
Salvatore. Para bien o para mal
nuevamente él había decidido hacer
su destino lejos de mí. Una tarde
nublada me visitó un amigo en
común, el cuadro con una foto mía
abrazando a Chava aún estaba
colgado en la pared de mi
212
recámara, mi amigo la vio y sonrió
con tristeza:
-Ese cabrón no es feliz: la otra tarde
pasó a saludarme a mi taller; iba todo
mugroso, mal vestido, chimuelo; traía
los ojos rojos, perdidos, como
inyectados…’’
Y sentí una profunda melancolía,
rabia de no poder ayudarlo ya. Desde
el fondo de mi corazón le pedí a Dios
que perdonara a su familia porque
queriendo lo mejor para él lo habían
fastidiado, haciendo que él viviera su
vida resignado a una suerte que lo
encallejonaba…sin salidas. Sentí
piedad por Salvatore Brook que no
había tenido valor, ni coraje y que por
213
esa razón nos había condenado a los
dos a la desdicha.
Y otra tarde cualquiera atravesé el
barrio de Atemajac en carro para salir
a avenida Federalismo rumbo al
centro. A un lado del templo de la
colonia, no pude evitar voltear hacia
la calle en donde se encontraba el
taller de marmolería en el que él
trabajaba y ahí estaba: el amor de mi
vida…con los pantalones guangos
estilo “cholo’’, la barba crecida,
descamisado; con una escoba entre las
manos frente a la mirada justiciera de
su padre, quien lo miraba con
aprobación recargado en un muro
mientras Chava ( aquel animal sexual
214
que pocos años antes me había hecho
el amor en mi cama ) barría mansa y
resignadamente el frente del negocio.
Los Brook se habían salido con la
suya: lo habían domesticado. Casi,
casi podía imaginármelo con una
argolla en la nariz y una correa en el
cuello…sentí que el corazón se me
desgarraba de pena y recordé aquella
frase de la canción Tú no tienes alma,
de Alejandro Sanz:
“…te abandonas cansado a un destino
que te marca…”
Y me detuve un momento en el auto,
a un lado de su calle, y lo miré unos
segundos con triste resignación por su
suerte, y sentí una furia intensa
215
dentro del pecho: me lo habían
arrebatado los prejuicios y los
egoísmos de toda una familia unida
con el único propósito de desgraciar
nuestro amor. Aferré las manos a la
puerta del carro y con todas mis
fuerzas, grité:
¡¡Te amo, Salvatore…!!
Volteó de inmediato sorprendido al
escuchar mi voz a la distancia, al
tiempo en que yo arrancaba a toda
prisa para alejarme de ahí. Aquello no
lo había gritado mi voz, no lo había
gritado mi boca… lo había gritado mi
alma, lo había gritado mi corazón, lo
había gritado sea lo que sea lo que me
hace moverme y seguir respirando.
216
Él tuvo a su alcance todo lo grande y
bueno de la vida: un empleo de muy
buen nivel que perdió por presiones
familiares para volver a ser un triste
empleado de su padre; tuvo una
mujer sobre la cual él mismo dijo que
no creía merecerse, pero decidió
quedarse con algo que no lo hiciera
sentir inferior. A la vuelta de siete
años vi claramente lo que todo el
mundo me había estado avisando
desde que lo conocí: que él no tenía
aspiraciones, que era demasiado
sencillo, inculto, costumbrista, rústico,
minimalista…que (debido a su
terrible inseguridad) si conseguía algo
bueno en la vida tarde o temprano lo
acabaría cambiando por algo menos
217
bueno, porque a eso estaba
acostumbrado. Y lo bendije en
silencio. Chava obrero, Chava
humilde, Chava lumpen, Chava
proletario, un chico cualquiera que se
había llegado a convertir en la gran
pasión de mi vida. Y volvió a
parecerme entonces un muchachito
más de barriada, uno como muchos
del rumbo; un chico de “compas’’ y
caguamas, de música de banda y
palabras soeces, de maneras y
acciones torpes; un hombre resignado
a “lo que Dios quiera darle”.
Elemental, ignorante, animalito de
monte; salvaje, impulsivo,
“chambeador’’y noble, ordinario… un
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chico cualquiera, común… ¡del
arroyo…!
Guadalajara Jalisco, México
Agosto 26 de 2009.
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ENSAYOS DEL ARROYO EN
MAYÚSCULAS
ARROYANDO
HACE 3 AÑOS PASAMOS NUESTRA
ÚLTIMA NOCHE JUNTOS, Y ESA NOCHE
ENCERRÓ EN MI PUÑO UN UNIVERSO
DE MOMENTOS, DE NOCHES
COMPARTIDAS, DE SONIDOS Y FRASES
QUE YA JAMÁS OLVIDARÍA. UNA
NOCHE PARA GRABARME CADA
MÍNIMO DETALLE TUYO...LA MANERA
COMO TE CONMOVISTE CUANDO TE
DIJE LLORANDO CUÁNTA FALTA ME
HABÍAS HECHO, EL CALOR
INOLVIDABLE DE TU CUERPO ESA
NOCHE EN MI CAMA, TU MANÍA POR ACOMPAÑAR NUESTROS MOMENTOS CON CERVEZAS, TUS
GRANDES OREJAS, TUS LABIOS GRUESOS Y LA PÉRDIDA FINAL DE TU PRESENCIA...HUBO ALGUNA
NOCHE TIEMPO ATRÁS, EN ABRIL DEL 2002, EN MI CAS; CUANDO COMENZABA NUESTRO AMOR Y
NO PODÍAS PASAR LA NOCHE CONMIGO, PUES ERAS UN HIJO DE FAMILIA Y TU MADRE SE
ENFADABA, Y OÍAMOS A ERICK RUBÍN CANTAR "CONTIGO ESTARÉ", ENTRE LOS PRIMEROS
FLIRTEOS EN MI CAMA, ESA PRIMERA NOCHE TE DI LA PRIMER CARTA, DIJISTE QUE SENTÍAS QUE
YO TE QUERÍA MÁS QUE TU MADRE, Y YO NO QUERÍA DEJARTE IR...EMPEZABA A AMARTE, Y NO
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SABÍA ENTONCES QUE ESTABA VIVIENDO EL PRINCIPIO DEL MEJOR TIEMPO DE MI VIDA...TENÍAS
UNA BONDAD MUY INOCENTE, UN
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