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Derechos Humanos: Expresión y Honor

El documento resume los principales derechos a la libertad de expresión y al honor establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Americana de Derechos Humanos y la jurisprudencia de la Corte Interamericana. Ambos derechos son fundamentales pero no absolutos, y deben ser balanceados de manera que se respeten mutuamente. La libertad de expresión sobre asuntos de interés público tiene un margen más amplio, especialmente cuando se refiere a funcionarios públicos.

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Derechos Humanos: Expresión y Honor

El documento resume los principales derechos a la libertad de expresión y al honor establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Americana de Derechos Humanos y la jurisprudencia de la Corte Interamericana. Ambos derechos son fundamentales pero no absolutos, y deben ser balanceados de manera que se respeten mutuamente. La libertad de expresión sobre asuntos de interés público tiene un margen más amplio, especialmente cuando se refiere a funcionarios públicos.

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¿Qué dice La Declaración Universal de Derechos Humanos?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece a la Libertad de


Expresión y al Derecho al Honor como derechos humanos. La Declaración no
establece una primacía de uno sobre el otro, y es claro en indicar que ambos le
pertenecen a todo ser humano.

¿Qué dicen exactamente estos derechos humanos?

“Artículo 12

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su


domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación.
Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o
ataques.

(…)

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este


derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de
investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación
de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Es importante señalar que la Declaración Universal de Derechos Humanos


agrega el artículo 30 referido a que no se puede interpretar por parte de
Estado, grupo o persona la supresión de cualquiera de los derechos y libertades
proclamados en esta declaración, y lo expresa diciendo:

“Artículo 30

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere


derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y
desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera
de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.”
Estas construcciones aplicables a todo ser humano, más allá de su profesión, de
su condición social, de su credo religioso o político, de su filiación sindical,
tienen contrapartidas claras:

“Artículo 29

(…)2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda


persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el
único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y
libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del
orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.”

Es decir, todo derecho presume el respeto de los derechos y libertades de los


demás, en concreto el límite de los derechos propios es el derecho de los otros.

Bajo esa premisa, la libertad de expresión no tiene más límite que el respeto
del derecho de otros, entre ellos el respeto al honor de otras personas.

Si bien entendemos el ejercicio de la libertad de expresión como el poder de


expresar nuestras ideas sin mayor limitante ni censura previa ni restricción
gubernamental, dicho derecho está íntimamente ligado a que su ejercicio no
afecte los derechos de terceros como puede ser el honor.

¿Qué dice la Convención Americana de Derechos Humanos y la Corte


Interamericana de Derechos Humanos?

En esta línea de pensamiento traemos a colación lo que la Convención


Americana establece sobre Derecho al Honor y Libertad de Expresión

“Artículo 11.  Protección de la Honra y de la Dignidad

1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al


reconocimiento de su dignidad.
2. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su
vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su
correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación.
3. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas
injerencias o esos ataques.
(…)

Artículo 13.  Libertad de Pensamiento y de Expresión

1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de


expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y
difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de
fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o
artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.
2. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede
estar sujeto a previa censura sino a responsabilidades ulteriores, las
que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para
asegurar:
3. a) el respeto a los derechos o a la reputación de los demás, o
4. b) la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o
la moral públicas.
(…)”

Sin duda es claro que la libertad de expresión es un pilar básico de la


democracia al igual que el irrestricto respeto por los derechos humanos donde
se encuentra el derecho al honor.

La Corte Interamericana en su Opinión Consultiva OC-5/85 indica:

“[…] la libertad de expresión es un elemento fundamental sobre el cual se basa


la existencia de una sociedad democrática. Es indispensable para la formación
de la opinión pública. Es también conditio sine qua non para que los partidos
políticos, los sindicatos, las sociedades científicas y culturales, y en general,
quienes deseen influir sobre la colectividad puedan desarrollarse plenamente.
Es, en fin, condición para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones
esté suficientemente informada. Por ende, es posible afirmar que una sociedad
que no está bien informada no es plenamente libre”[1]

La Corte Europea de Derechos Humanos sobre la liberta de expresión en el


contexto de una sociedad democrática indica:

“[…] la libertad de expresión constituye uno de los pilares esenciales de una


sociedad democrática y una condición fundamental para su progreso y para el
desarrollo personal de cada individuo. Dicha libertad no sólo debe garantizarse
en lo que respecta a la difusión de información o ideas que son recibidas
favorablemente o consideradas como inofensivas o indiferentes, sino también
en lo que toca a las que ofenden, resultan ingratas o perturban al Estado o a
cualquier sector de la población. Tales son las demandas del pluralismo, la
tolerancia y el espíritu de apertura, sin las cuales no existe una sociedad
democrática. […] Esto significa que […] toda formalidad, condición, restricción o
sanción impuesta en la materia debe ser proporcionada al fin legítimo que se
persigue”[2]

Dicha Corte Europea de Derechos Humanos añade a lo anterior:

“Los límites de la crítica aceptable son, por tanto, respecto de un político, más
amplios que en el caso de un particular. A diferencia de este último, aquel
inevitable y conscientemente se abre a un riguroso escrutinio de todas sus
palabras y hechos por parte de periodistas y de la opinión pública y, en
consecuencia, debe demostrar un mayor grado de tolerancia. Sin duda, el
artículo 10, inciso 2 (art.10-2) permite la protección de la reputación de los
demás –es decir, de todas las personas- y esta protección comprende también
a los políticos, aún cuando no estén actuando en carácter de particulares, pero
en esos casos los requisitos de dicha protección tienen que ser ponderados en
relación con los intereses de un debate abierto sobre los asuntos políticos[3]

La libertad de prensa proporciona a la opinión pública uno de los mejores


medios para conocer y juzgar las ideas y actitudes de los dirigentes políticos.
En términos más generales, la libertad de las controversias políticas pertenece
al corazón mismo del concepto de sociedad democrática”[4]

Es en base a lo antes indicado que la Corte Interamericana de Derechos


Humanos ha establecido en relación a la Libertad de Expresión y el Derecho al
Honor, en el marco de la  Sentencia Herrera Ulloa vs Costa Rica, lo siguiente:

“116. Existe entonces una coincidencia en los diferentes sistemas regionales de


protección a los derechos humanos y en el universal, en cuanto al papel
esencial que juega la libertad de expresión en la consolidación y dinámica de
una sociedad democrática. Sin una efectiva libertad de expresión, materializada
en todos sus términos, la democracia se desvanece, el pluralismo y la
tolerancia empiezan a quebrantarse, los mecanismos de control y denuncia
ciudadana se empiezan a tornar inoperantes y, en definitiva, se empieza a
crear el campo fértil para que sistemas autoritarios se arraiguen en la sociedad.

(…)

120. Es importante destacar que el derecho a la libertad de expresión no es


un derecho absoluto, este puede ser objeto de restricciones, tal como lo señala
el artículo 13 de la Convención en sus incisos 4 y 5. Asimismo, la Convención
Americana, en su artículo 13.2, prevé la posibilidad de establecer restricciones
a la libertad de expresión, que se manifiestan a través de la aplicación de
responsabilidades ulteriores por el ejercicio abusivo de este derecho, las cuales
no deben de modo alguno limitar, más allá de lo estrictamente necesario, el
alcance pleno de la libertad de expresión y convertirse en un mecanismo
directo o indirecto de censura previa. Para poder determinar responsabilidades
ulteriores es necesario que se cumplan tres requisitos, a saber: 1) deben estar
expresamente fijadas por la ley; 2) deben estar destinadas a proteger ya sea
los derechos o la reputación de los demás, o la protección de la seguridad
nacional, el orden público o la salud o moral pública; y 3) deben ser necesarias
en una sociedad democrática.
(…)

128. En este contexto es lógico y apropiado que las expresiones concernientes


a funcionarios públicos o a otras personas que ejercen funciones de una
naturaleza pública deben gozar, en los términos del artículo 13.2 de la
Convención, de un margen de apertura a un debate amplio respecto de asuntos
de interés público, el cual es esencial para el funcionamiento de un sistema
verdaderamente democrático. Esto no significa, de modo alguno, que el honor
de los funcionarios públicos o de las personas públicas no deba ser
jurídicamente protegido, sino que éste debe serlo de manera acorde con los
principios del pluralismo democrático.

129.  Es así que el acento de este umbral diferente de protección no se asienta


en la calidad del sujeto, sino en el carácter de interés público que conllevan las
actividades o actuaciones de una persona determinada. Aquellas personas que
influyen en cuestiones de interés público se han expuesto voluntariamente a un
escrutinio público más exigente y, consecuentemente, se ven expuestos a un
mayor riesgo de sufrir críticas, ya que sus actividades salen del dominio de la
esfera privada para insertarse en la esfera del debate público.”[5]
De lo expresado por la Corte Europea de Derechos Humanos y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos podemos entender que el quehacer
social y el ejercicio del poder delegado por los ciudadanos en determinadas
personas, en determinados funcionarios públicos, implica reglas especiales para
el ejercicio de ambos derechos (Libertad de Expresión y Derecho al Honor).

¿Qué dice la Constitución Política del Perú?

La Constitución Política del Perú de 1993 tomando la Declaración Universal de


Derechos Humanos y la Convención Americana de Derechos Humanos establece
el Derecho al Honor y la Libertad de Expresión de la siguiente manera:

“Artículo 2°.- Toda persona tiene derecho:

(…)

4. A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del


pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier
medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni
impedimento algunos, bajo las responsabilidades de ley.
Los delitos cometidos por medio del libro, la prensa y demás medios de
comunicación social se tipifican en el Código Penal y se juzgan en el fuero
común.

(…)

7. Al honor y a la buena reputación, a la intimidad personal y familiar así


como a la voz y a la imagen propias.
Toda persona afectada por afirmaciones inexactas o agraviada en cualquier
medio de comunicación social tiene derecho a que éste se rectifique en forma
gratuita, inmediata y proporcional, sin perjuicio de las responsabilidades de
ley.”

La Constitución Peruana no hace distinción directa de quienes tienen estos


derechos, es más es bastante clara al iniciar el artículo segundo al decir que
“toda persona tiene derecho”, siguiendo las líneas de no discriminación. Sin
embargo si seguimos lo expresado por las Cortes Europeas e Interamericana de
la condición de funcionarios públicos y de políticos se pudiera indicar que
debemos interpretar los artículos 2.4 y 2.7 en un delicado equilibrio que deberá
reflejarse en la jurisprudencia nacional e interamericana para establecer de
manera fehaciente los límites y sistemas de equilibrio de ambos derechos.

¿Qué dice el Código Penal Peruano?

La vía establecida por la legislación peruana para la protección del derecho al


honor y la sanción al mal uso del derecho de libertad de expresión es la vía
penal.

El Código Penal Peruano recoge la protección del honor a través de varias


figuras penales, siguiendo una línea de establecimiento de acción penal para la
persecución de estas acciones.

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