CONCLUSIONES
A lo largo de esta monografía se ha demostrado cual ha sido la finalidad de las
reformas agrarias en Colombia antes de la Constitución Política de 1991, para lograr esto se
abordó el estudio de las Constituciones decretadas desde 1821 hasta la última década del
siglo XX, y las normas agrarias que surgieron en el mismo periodo histórico, esto con el fin
de explicar que un proceso de reforma agraria es una estrategia que va más allá del campo,
porque sus modificaciones se ven reflejadas directamente en los diferentes ámbitos de la
vida cotidiana como la salud, el trabajo, los servicios públicos y la educación. Ya que una
reforma agraria son las normas que redistribuyen la riqueza, y no solo eso, sino que
también distribuye el poder político para que los menos favorecidos tengan ingresos más
equitativos y representación en la esfera política, mejorando paulatinamente su calidad de
vida.
Primero respecto a el problema planteado a lo largo de estas páginas se pudo
evidenciar en lo referente a uno de los componentes de una reforma agraria, como lo es la
redistribución del Poder Político que: desde la Constitución Política de la República de la
Gran Colombia de 1821 se limita la representación política de todos los estamentos sociales
que formaban parte de la recién independizada república, lo cual viene a cambiar con la
Constitución Política para la Confederación Granadina en 1858, que es la que parcialmente
inicia con la redistribución del Poder Político al otorgar el titulo de granadino a todos los
nacidos en el territorio de la Confederación, quitando el concepto de “libres” que no
reconocía como tales a los esclavos, confiriendo además a todos los ciudadanos hábiles
elegir y ser elegidos bajo el cumplimiento de ser mayor de veintiún años.
La Constitución Política de Colombia de 1886 es similar a la anterior en lo referente
a la nacionalidad y ciudadanía, sin embargo, sufre un retroceso frente al reconocimiento
que la anterior Constitución había hecho sobre los territorios indígenas y a su autonomía
jurisdiccional, evidenciando ahí un conflicto por la tierra, pero por otro lado avala el voto
femenino, a este periodo se lo conoce como el periodo de la “Dictadura Constitucional”,
debido a que fue bajo estas normas que las acciones del Poder Público se concentraron en
darle poder y representación política a los hombres libres, de clase alta y letrados, más no
permitieron la redistribución del Poder Político en la totalidad de la población como es
menester. Fue bajo estas constituciones que derogaron los beneficios de las leyes de indias
por unas leyes que no reconocían los resguardos indígenas, la propiedad colectiva o las
cajas de comunidad, y mucho menos reconocían a los esclavos e indígenas como
connacionales.
Por ende, para este periodo se concluye que el objeto real de las reformas agrarias
constitucionales vistas desde la lupa de la redistribución del poder político durante este
periodo tuvo un interés focalizado en un solo estamento de la sociedad, excluyendo a los
esclavos y a los que no tenían músculo económico. Ya en el siglo XX la ley 200 de 1936 es
la que tendrá más protagonismo pues partía de la presunción de que si es suelo no es
explotado económicamente por el propietario pasaba a ser baldía, de esta manera el Estado
podía expropiar grandes cantidades de tierras improductivas, además otorgaba la facultad
de adquirir el dominio a aquella persona que si explotará económicamente el suelo de esa
propiedad.
El objeto real de esta reforma al menos en el papel si era lograr la redistribución
tanto económica como del Poder Político, no obstante, en 1944 aparece la Ley 100 que
declaraba la conveniencia pública del incremento del cultivo de las tierras y la producción
agrícola, introduciendo el contrato de aparcería entre el dueño de la tierra y el cultivador,
con el fin de incrementar la producción de abastecimiento interno y de exportación.
En complemente ordenaba también la adquisición por parte del Estado de tierras
insuficientemente explotadas pertenecientes a particulares para ser parceladas con fines
económicos y sociales, con el fin de que fueran adquiridas por trabajadores que carecieran
de tierras, pero esta ley significó un retroceso en el espacio ganado por la Ley 200 de 1936,
ya que buscaba la adjudicación a favor del Estado de los vienes insuficientemente
explotados para ser vendidos, mientras que la Ley 200 lo que pretendía era adjudicar estos
terrenos de forma gratuita siempre y cuando los posibles beneficiarios cumplieran con los
criterios que se exigían.
Por lo tanto, se puede considerar esta ley como una contra reforma que deshacía los
adelantos realizados por la Ley 200 de 1936, pues su objeto real era el fortalecimiento
económico del Estado y de la banca, del primero a través de la extinción del dominio de
tierras improductivas, y esto con el fin de adjudicarlas a la Nación y a quien demostrará que
tuviera capacidad económica para adquirir el titulo de compra y venta, arrendatario,
aparcería, entre otros, es decir sin darle uso público o social. Del segundo, la banca se
evidencia un fortalecimiento de esta, pues era la encargada de generar los prestamos con
intereses diferidos hasta cincuenta años, y también podían solicitar garantías sobre las
mejorar del predio, la cuota de derecho en predios comuneros, contratos de administración
y de arrendamiento sobre el inmueble o parcela.
Los anteriores ejemplos corroboran la hipótesis de que las reformas agrarias
realizadas antes de la Constitución Política de 1991 estaban direccionadas hacia los
intereses de las elites que ejercían el poder político y económico, cuyo fin era convertir el
cultivo y la tenencia de la tierra en un mecanismo para aumentar la producción y desarrollo
agrícola y ganadero. Por lo cual teniendo en cuenta el concepto de reforma agraria, que
incluye la redistribución del poder político se puede establecer que para el periodo histórico
abordado la elite creo el Estado, más no crearon la Nación, por lo cual concentraron el
poder político en un grupo de personas reducido entre 1821 y 1858 y una de las
consecuencias de esto fue que estas personas también concentraron poder económico.
Aunque también se debe decir que se realizaron algunas reformas agrarias que
buscaban la redistribución del poder económico a través de la extinción de dominio de los
propietarios de las tierras ociosas a favor de los campesinos que las explotaban, o a favor
del Estado, pero la elite política promulgó contra reformas que buscaban mantener la
concentración de su riqueza. Frente a esto se concluye que las reformas agrarias a través del
tiempo han sido inefectivas en la redistribución tanto del Poder Político como del Poder
Económico, y esto lo demuestra el índice Gini que entre 1931 y 1997 no ha variado
significativamente a favor de la equidad, en cambio si se observa la tendencia a aumentar
su valor mostrando la inequidad existente en el campo colombiano.
Por lo tanto es una tarea que tenemos pendiente como sociedad, pues el problema de
la tierra siempre ha sido la causa de los conflictos políticos, sociales y armados al interior
del país, conflicto que se puede rastrear a los largo del siglo XIX y XX, siendo esto la
principal razón por la cual en los Acuerdos de la Habana aun se sigue promulgando por una
Reforma Rural Integral que supere la pobreza y desigualdad, para de esta forma lograr el
bienestar de todos los habitantes rurales, siendo esta la única garantía de que el conflicto no
se repita.