Instituto Universitario Eclesiástico
“Santo Tomás de Aquino”
Palmira, Táchira
Carta Apostólica Dies Domini
Juan Pablo II
ensayo
Estudiante: Edicson Acosata
Materia: Eucaristía
Profesor: Mons. Lcdo. Gonzalo Ontiveros
La carta apostólica Dies Domini, escrita por Juan Pablo II, el 31 de mayo
de 1998. Es una reflexión catequética y pastoral sobre la santificación del
domingo. Es el considerado el primer documento que se centra en hablar
sobre el día domingo.
En este sentido, Juan Pablo II afirma que la reflexiones realizadas a lo
largo de esta carta, han sido fruto de su servicio en Cracovia y, su posterior,
ministerio Petrino, y en las visitas realizadas de manera a la parroquias
romanas, el día domingo. En la introducción de este documento, el Papa,
enfatiza la importancia del domingo, puesto que recuerda el día de la
resurrección del Señor, afirma que «es el día de la evocación adoradora y
agradecida del primer día del mundo y a la vez la prefiguración, en la
esperanza activa, del “último día”, cuando Cristo vendrá en su gloria y “hará
un mundo nuevo” (cf. Ap 21,5)»1. Es por ello que Juan Pablo II, se centra en
el hecho que en los últimos años se ha consolidado el fin de semana, como
un tiempo que se vive simplemente en actividades culturales, encuentros
sociales, deportivos, ciertamente no todo es inocuo puesto que se pueden
extraer los elementos positivos mientras estos contribuyan a respetar los
valores fundamentales y el desarrollo y progreso de la vida social.2
1
JUAN PABLO II, Carta apostólica Dies Domini, al episcopado, al clero y a los fieles
sobre la santificación del domingo (31 may. 1998), Librería Editrice Vaticana, Ciudad
del Vaticano, 1998, n. 1
2
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 4
Sin embargo, él hace una advertencia en relación al peligro de que el
domingo pierda su significado originario, de modo que «el hombre quede
encerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el cielo».3
Por lo que, se dirige a los discípulos de Cristo para decirles que éstos deben
estar lejos de confundir el domingo con el fin de semana, día de reposo, sino
como verdadero día del Señor. Ante la diversidad de situaciones
socioeconómicas y culturales, «parece más necesario que nunca recuperar
las motivaciones doctrinales profundas que son la base del precepto eclesial,
para que todos los fieles vean muy claro el valor irrenunciable del domingo
en la vida cristiana»4. El domingo no es otra cosa que el centro de la vida
cristiana, por tal razón, el Papa invita a no tener miedo, a abrir de par en par
las puertas de los corazones a Cristo.5
Ahora, en el desarrollo de cada capítulo destacará algunos elementos de
vital importancia. En el capítulo I, lleva por nombre Dies Domini, como el
título de esta carta, y hace alusión a la creación como obra de Dios y como
esta se recrea gracias a la obra de redención. Por tal motivo, trae a colación
el relato del Génesis en el cual destaca la impresión del hombre ante la
inmensidad de la creación de brota de su autor. Asimismo, se destaca el
descanso al final de su trabajo, de un trabajo que hizo bien, que brotó de sus
propias manos.
En este sentido, el descanso del sábado, que no es otra cosa que la
preparación para el domingo, es incluido dentro del decálogo y no dejado
como algo meramente cultural.6 Vale la pena recordar que en el libro del
Deuteronomio se recuerda el día sábado para ser santificado (Cfr. Ex 20, 8),
por tanto, este descanso cobrará un «valor sagrado fiel es invitado a
descansar no sólo como Dios ha descansado, sino a descansar en el Señor,
refiriendo a él toda la creación, en la alabanza, en la acción de gracias, en la
intimidad filial y en la amistad esponsal»7 esto tiene su fundamento en la
liberación llevada a cabo por Dios (Cfr. Dt, 5, 12-17). Ahora bien, los
cristianos reconociendo los nuevos tiempos y la resurrección de Cristo,
asumieron como día festivo el primer día después del sábado, es otras
palabras es pasar del sábado al primer día de la semana.8
3
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 4
4
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 6
5
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 7
6
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 13
7
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 16
8
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 18
El capítulo II de la carta se titula Dies Christi en el que se hace una
resumen sobre la plenitud operada por la muerte y resurrección de
Jesucristo. Así, el domingo «propone a la consideración y a la vida de los
fieles el acontecimiento pascual, del que brota la salvación del mundo»9. Por
tanto el domingo es el día en el cual el cristiano está llamando de modo
ineludible a recordar la salvación que lo convierte en criatura nueva, hombre
nuevo10. En este orden de ideas, la Iglesia cristianizó el día del sol, expresión
utilizada por los romanos para denominar este día, y lo apartó de su
significado originario para atribuirlo a Cristo el sol de la humanidad. El
domingo es, en fin, «el día del don del Espíritu»11, y «el día de la fe»12. En
definitiva, un día irrenunciable: «Incluso en el contexto de las dificultades
de nuestro tiempo, la identidad de este día debe ser salvaguardada y sobre
todo vivida profundamente»13.
Por su parte, el capítulo III, Dies Ecclesiae, el día de la Iglesia, está
dedicado a la celebración eucarística, centro del domingo. Por tal razón,
«entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es
tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del
día del Señor y de su Eucaristía»14. Dentro de la celebración, entonces, la
proclamación de la Palabra de Dios, es no simplemente la meditación y
catequesis, es un diálogo entre Dios y su pueblo, en el que se hace
proclamación de las grandes maravillas obradas por Dios para la salvación
de todo el género humano15.
Por otra parte, se destaca en este capítulo el aspecto comunitario
manifestado en el banquete pascual de la Eucaristía. De ahí la recomendación
de la Iglesia, a todos los fieles de participar, con las debidas disposiciones.
Recibir la comunión no termina en la recepción como tal del sacramento,
sino que se prolonga en la comunión con los hermanos. Por lo tanto, «la
asamblea eucarística dominical es un acontecimiento de fraternidad»16. Por
lo que los pastores están en la obligación de ofrecer todas las posibilidades
efectivas para que los fieles cumplan con precepto dominical. Es tarea de la
9
JUAN PABLO II, Dies Domini, n 19
10
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 25
11
. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 28
12
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 29
13
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 30
14
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 35
15
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 41
16
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 44
Iglesia facilitar la participación en la misa dominical, incluso desde sus
vísperas (sábado por la tarde).
El capítulo IV de su carta Dies hominis (el día del hombre), pone el
acento en que el domingo es día de alegría, descanso y solidaridad. Para el
cristiano es una fiesta, un día que Dios regaló al hombre para que creciera
humana y espiritualmente. De ahí la relación que existe entre el día de Dios
y el día del hombre. Este día domingo, dedicado al Señor, no es un mandato
que hace pesada la vida del hombre, por el contrario, es una ayuda para que
se haga consciente de su dependencia total de Dios, del Creador de todas las
cosas, y del llamado que le ha hecho Dios para que coopere con su obra y
acoja su gracia.
Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias
pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos
inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que
convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero
rostro. Las mismas bellezas de la naturaleza -deterioradas muchas veces por una
lógica de dominio que se vuelve contra el hombre- pueden ser descubiertas y
gustadas profundamente. Día de paz del hombre con Dios, consigo mismo y con
sus semejantes, el domingo es también un momento en el que el hombre es
invitado a dar una mirada regenerada sobre las maravillas de la naturaleza17.
Para que este descanso sea fructífero, los cristianos tienen que buscar que
sea un día en el que se alimente el alma y la vida espiritual se enriquezca,
recurriendo a diversiones que estén informadas por los valores y principios
del evangelio. Asimismo, las actividades de caridad deben llenar el día
domingo, a través de las cuales se haga apostolado en fraternidad y
comunidad, puesto que el cristiano está llamado a reconocer «que no se
puede ser feliz solo».18
Finalmente en el último capítulo, Dies dierum, (el día de los días), el
Papa vuelve sobre el sentido del tiempo, que se revela en el domingo. «No
hay equivalencia con los ciclos cósmicos, según los cuales la religión natural
y la cultura humana tienden a marcar el tiempo, induciendo tal vez al mito
del eterno retorno». El descanso dominical que hunde sus raíces en la
resurrección, va más de los tiempos humanos, puesto que lo penetra todo
hasta la parusía. En otras palabras, el domingo es prefiguración del tiempo
final, anticipado el día de la resurrección19.
17
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 67
18
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 72
19
Cfr. JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 75
En definitiva, el documento cierra destacando, la novedad y originalidad
del domingo, exhortando a vivir el domingo en plenitud, por lo que «el
cristiano se siente en cierto modo solidario con los otros hombres en gozar
del día de reposo semanal; pero, al mismo tiempo, tiene viva conciencia de
la novedad y originalidad del domingo, día en el que está llamado a celebrar
la salvación suya y de toda la humanidad»20
20
JUAN PABLO II, Dies Domini, n. 82