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Historia de los Hebreos en el Magreb

El documento aborda la historia de la presencia hebraica en el Magreb, comenzando con el origen de los hebreos en el norte de Arabia y su migración a través de Egipto y Palestina. Se presentan diversas hipótesis sobre su llegada a África del Norte, así como las etapas de su asentamiento y relaciones con otras culturas en la región. A lo largo de la historia, los hebreos enfrentaron discriminación y migraciones forzadas, lo que influyó en su desarrollo cultural y social en el Magreb.

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Historia de los Hebreos en el Magreb

El documento aborda la historia de la presencia hebraica en el Magreb, comenzando con el origen de los hebreos en el norte de Arabia y su migración a través de Egipto y Palestina. Se presentan diversas hipótesis sobre su llegada a África del Norte, así como las etapas de su asentamiento y relaciones con otras culturas en la región. A lo largo de la historia, los hebreos enfrentaron discriminación y migraciones forzadas, lo que influyó en su desarrollo cultural y social en el Magreb.

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Aportación étnica hebráica

en el Magreb

POR

J U A N B T A . VILAR RAMIREZ

ORIGEN DE LOS HEBREOS

Los hebreos, como los derniís semitas, parecen tener su cuna en el


Norte de -4rabia.
Inteligentes pero poco numerosos, trataron siempre de medrar a la
sombra de pueblos hermanos más fuertes. Con los acadios se establecie-
ron eii el país de Sumer. En la época de Abraham. contemporáneo de Ham-
murabi, los localizainos en la región de Ur (l), pasando seguidamente a
Palestina (2) y despiiés a Egipto con los hiksos, desde donde retornarían a
las tierras palestinianas (3) como pueblo numeroso y organizado.

HIPOTESIS SOBRE SU PRESENCIA EN AFRICA MENOR

Muy diversas son las opiniones acerca de la presencia hebráica en el


N. 0 . africano.

(1) GENESIS, XI, 27-28.


( 2 ) GENESIS, XI, 31; XII, 5-6.
( 3 ) Palestina es uno de los asientos más antiguos de la Humanidad. Paso
obligado de las corrientes migratorias interafroasiáticas, cuenta con una densa
Prehistoria. Los tiempos históricos pre-judáicos podemos resumirlos en dos pe-
ríodos: a) Amorreo (predominio de las gentes del N. sobre las del S., hasta la
mitad del 11 milenio). y b) Cananeo (predominio del S. sobre el N,, hasta las
campanas de Josué). V6ase : BEIITHOLET, A. : ((Histoirr de la Civilisation d'Israel»,
Trad. J . Marty. París. Payot, imp. J . Biere. 1929. 37-130.
BRIGTH, .J. : «A Hisiory OS Israel)). Philadelpia. S h e Westminster Press. 1959.
:39-34
VELL~AUSEV, J «Israelitische und Judische Geschichte)). Berlín Imp Verlag
Walter de Gruyter 1958 1-10.
NOTH,M . «The History of Israel)) London Ed Black Imp Clark 1959, 53-96
302 J u u n Bta. Vilar EZamires

Para los analistas árabes se debe a una serie de migraciones, cinco


como mínimo, efectuadas entre los siglos XII -a. de C.- y XVI -d. de
C.-, si bien consideran que los primeros contingentes eran de amaleci-
tas y otros cananeos expusados de Palestina por Josiié. Esta hipótesis la
admite parcialmente Moisés ibn Maimon -"Maimónides7'-, cuando afir-
ma que los gergeseos vencidos por el citado jefe israelita, emigraron al
Africa del Norte.
Toledano, Laredo y otros eruditos judíos sostienen por su parte que
se trata de verdaderos hebreos. Según ellos llegaron al Africa Menor
en los tiempos de Salomón.
Finalmente, no faltan autores que, haciéndose eco del Talmud y de-
más fuentes tradicionales hebráicas, sostienen que los primeros fugitivos
no alcanzaron el Africa septentrional hasta el siglo VI -a. de C.- como
consecuencia de las conquistas de Nabucodonosor; o bien, los que consi-
deran esa emigración inicial todavía más reciente, finales del siglo IV,
época de los Lágidas egipcios (4).
Nosotros distinguimos en la Historia del Judaismo norteafricano la
existencia de las cuatro etapas que examinamos seguidamente.

LOS HEBREOS EN EGIPTO

La primera corresponde a la emigración hebrea a Egipto, efectuada


hacia 1700 -a. de C.-, en los días del patriarca Jacob, bajo los auspicios
de su hijo José y de los primeros soberanos Hiksos.
En 1550 finaliza la dominación extranjera en el Valle del Nilo y los
nuevos soberanos autóctonos inauguran una etapa de opresión 4 0 0
años- contra todas las minorías extrañas establecidas en el país a la som-
bra de los derrocados príncipes pastores.
Los hebreos, multiplicados rápidamente en la tranquila posesión de
las feraces tierras al Este del Delta, por ser los más numerosos fueron

(4) SLOUSCHZ, N . : uL'EIistoire des Juifs et du .Judaisme». Archives Marrocai-


nes. París. 1905. IV, 345-411.
-
Gouv~n.J . : ((Notes sur les origines anthiaues des israelites du Maroc)). Hes-
peris. parís. 1921, 1, 317-337.
MIESES.M.: «Les Juifs et les etablissements ~ u n i a u e sen Afriaue du Nords.
Revue des E,tudes Juives. París. 1932. XCIT, 115-135;-XCIII, 53-72 y 135-156.
ABENSOUR, L : «Les origines juives dans 1'Afrique du Nord)). L'Avenir Illustre.
Casablanca. 1926. 111 (Año 1). 39-40.
LAREDO, A. L . : ((Bereberes y Hebreos en Marruecos)). Madrid. Inst. de E. A.
1954. Págs. 105 218.
GUY-YALVOR, A.: «Les israelites et le Judaisme en 0ccident.n París. Ed. Boui-
Ilant. Imp. de 1'Hotel des Sociétes Savantes. 1899. 1-9.
.JIRKU,A . : «Le Monde de la Bible)). Trad. L. Jumel. París. Ed. Correa. Imp.
Blanchard. 1958. 61-93.
- 4 p o r t a r i h Ltnicn Iiebráica e n (4 Mogreb 303

también los más perseguidos, sufriendo en su carne, ya en época tempra-


na, los males derivados de una cruel discriminación racial (5).
-41 fin, en el reinado de Meneptah, sucesor de Ramsés 11, los israelitas
pudieron abandonar el país, conducidos por un hombre excepcional,
hloisés, el gran caudillo, taumaturgo y legislador hebreo (6).
El aislamiento israelita, voluntario y espléndido en los años de la do-
minación hiksa, forzado y duro bajo los Ramsénidas, dificultó los contactos
con el pueblo egipcio, de aquí que esta primera etapa africana del Ju-
daismo sea antropológicamente infecunda.

RELACIONES JUDEO-NORTEAFRICANAS HASTA LA


DES'VRUCCION DEL PRIMER TEMPLO

Superados los tiempos de la Judicatura y los años de Saúl, época difí-


cil en la que Israel, agobiado por problemas internos, se ve forzado a vi-
vir de espaldas al mundo exterior, una segunda etapa africanista se dará
con la Monarquía
Rajo David, Salomói~y sus sucesores inmediatos, las excelentes rela-
ciones entre Tiro y Jerusalén hiceron posible que numerosos mercaderes
hebreos se estableciese11 en los barrios tirios de las ciudades del Delta;
en las colonias que aquella y otras metrópolis fenicias iban fundando en
Cirene, hlauritania y Tharsis, así como en las de la costa africana orien-
tal -0phir- (7).
Los datos bíblicos se complementan con las leyendas judeo-españolas
de Adoniram y de Amariah; las afro-hebraicas de Joab, Hadjr Suleiman,
Zagora, Maimón ... etc.; las contenidas en el Midrash; las berberiscas de
Josué, y demás tradiciones primitivas iecogidas por diversos autores y
relativas a una posible presencia judía en el Occidente hispano-magrebí
con anterioridad a la destrucción del primer Templo (8).

(5) GENESIS: X1,VI. 1-34: X1,VII. 131.


RXODO, 1. 1-22; V, 6-22; VI, 1-13.
( 6 ) ((Partieron los hijos de Israel de Rames6s Dara Sucot en número de unos
seiscientos mil infantes,-sin contar los niños. ~ u b ' i a ,además, con ellos una gran
muchedumbre de toda suerte de gentes y muchas ovejas y bueyes y muy gran
número de animales)). ESODO XII, 37-38.
Según lo anterior, Moisés sacó de Egipto unos dos millones y medio de per-
sonas, de los cuales más de la quinta parte eran gentes de armas. Ahora bien,
estas cifras, sin duda exageradas. son producto de la tendencia bíblica a dar a
los números un sentido más simbólico que aritmético.
(7) 1. REYES:V, 1-17; IX, 10-28; XXII, 49-50.
(8) AMADOR DE LOS Ríos, J . : ((Historia Social, Política y Religiosa de los ju-
dios de España y Portugal)). 3 vol. Madrid. Imp. Fortanet. 1875. 1, 51-63.
CANTERA ORTIZDE TJRB~NA, J . : ((LOSSefardíes)). Madrid. Publicaciones Espa-
fiolas. Prensa gráfica. 1958. 5-7.
I,AREDO. A. L . : 0. cit. 107-124.
304 Juan Bta. Vilar Ramirez

La excisión de la nación judía en dos Estados: Judá e Israel (9), debi-


litó sensiblemente el poderío israelita.
Israel termino siendo subyugado por los ssirios. Tiglat-Pilesser 111,
después de devastar el país y anexionarse el territorio de la tribu de Nef-
talí, se llevó cautivas las de Rubén, Gad y mitad de la de Manasés
-734-732 a. de C.- (10). Su obra fue completada por Salmailasar IV que
conquistó el resto del reino, y tras un asedio de tres años -724-722-,
tomó a Samaría; se llevó prisionero al rey Oseas; transplantó a Asiria y
h4edja las restantes tribus y así puso fin al reino de Israel (11).
Judá sobrevivió dos siglos hasta la destrucción de Jerusalén y su Tem-
plo por los caldeos -587 a. de C.-. Los judíos supervivientes fueron lle-
vados cautivos al territorio babilónico (12).
Es indudable que numerosos israelitas, escapando a la muerte o a la
deportación, se refugiaron en el país del Nilo y en los establecimientos
púilicos de allende el mar. Esto se ha reflejado en un gran número de
tradiciones que aluden a la salvacióii parcial de las diez tribus de Israel
de un lado y de los hijos de Juclá y Benjamíii de otro, tradiciones éstas,
amorosamente conservadas en el seno de las comunidades de España y
Africa, recogidas y estudiadas por Rabbi Jacob Moshé Toledano, Ra-
pliael Encaoua, Jacob ibn Isargan, Abraham Laredo, Goulven, Abensour,
Gattefossé y otros eruditos (13) y confirmadas hasta cierto punto por la
Biblia (14), el Talmud. los estudios filológicos y etnológicos, y los hallaz-
gos de la Arqueología.

BEINART, H . : «La llegada de los judíos a Espalia)). Madrid. Publicaciones de


C. M. 1964. 1-12.
RENARD, R. : ((Sepharad)). Mons. Annales Universitaires. Imp. .J. Dieu-Brichart
(Ottignies). (S. A,). 15.
(9) 1, REYES XII, 1-24.
11. PARALIPOMENOS: X, 1-19
(10) 1, REYES: XV, 29.
1, PARALIPOMENOS: V, 26.
(11) 11 REYES: XVIII, 9-11,
(12) IT REYES: XXV, 1-30.
11 PARALIPOMENOS : XXXVI, 17-20.
JEREMIAS. LII. 1-33.
(13) CAMMY, O.: «Les juifs du Maroc descendent-ils des dix tribus perdues
dlIsrael?». Judaisme Sepharadi (Nouvelle Serie). London 1957. XIII, 580-584.
GOULVEN, J . : O. cit. 317-333.
GOULVEN, M. : «Les origines du Judaisme Marocain)). L'Avenir Illustré. Casa-
blanca. 1937. XIII (Año 11). 221-222.
LAREDO, A. L.: O. Cit. 125-153.
ABENSOUR, L . : «IAJEmpireJuif du Sahara et la decouverte de 1'Amerique)).
L'Avenir Illustree. Casablanca, 1926. IV (Año I), 60.
(14) ISA~AS, XI, 11-12; XJ-111. 5-8; XLIX, 1 2 ; LX. 9
Aportación étnicn hebráica e n el iWayreb

DE CIRO A L,4 DIASPOHA: MIGRACIONES HEBREAS


AL AFRICA SEPTENTRIONAL

En 538 -a. de C.-, Ciro, soberano de Media y Persia, depués de


conquistar el 11 Imperio babilónico, dió un decreto autorizando el retor-
no de los hebreos a su país de origen; la restauración de la ciudad y tem-
plo de Jerusalén, y, en definitiva, de la Nación judía (15).
Arruinado el Imperio Aqueménida por macedonios y griegos, los ju-
díos pasaron a la dependencia de Egipto, gobernado entonces por Ptolo-
meo Soter, uno de los generales de Alejandro. Soter encontró en las ciu-
dades egipcias una considerable colonia hebrea, que incrementó con los
100.000 judíos que trajo de Palestina, a los cuales confió en parte la cus-
todia de las fortalezas griegas del país y la seguridad de las fronteras.
La tolerancia lágida atrajo al antiguo País de Kemi incesantes olea-
das de hebreos. Son los años felices en que Alejandría arrebata pacífica-
mente a Jerusalén la primacía cultural y económica del mundo judío.
Fue tal el prestigio y autoridad del Consejo Rabínico Alejandrino, que
bajo su dirección se llevaría a efecto una obra trascendental: la versión
bíblica de los Setenta (16).
En 198 -a. de C.-, Palestina pasa a los Seléucidas sirios que des-
arrollarán una política opresora dirigida a la supresión del monoteismo y
tradiciones judáicas. Como consecuencia se incrementa la emigración a
Egipto.
Con anterioridad a estos acontecimientos, desde mediados del siglo 111
-a. de C.-, se venía dando en gran escala un expansionamiento judío
hacia el N. 0 . africano. Los israelitas se establecieron en la costa de Ci-
rene, en !as cinco ciudades de la Pentépolis, siempre en igualdad de de-
rechos con griegos y egipcios.

(15) 11 PARALIPOMENOS : XXXVI, 22-23,


ESTIRAS, 1, 1-11; 11, 1-70; V, 13-16; VII, 1-28; VIII, 4.
NEHEMTAS, 1, 1-11; 11, 1-20.
(16) «Los éxitos de Alejandro el Grande hicieron de los judíos el lazo que
unió las poblaciones helénicas, esparcidas por el Oriente cuando las conquistas
macedónicas, con las grandes razas bárbaras en cuyos territorios vivían los grie-
gos. Así se efectuó con mayor latitud la dispersión de los judíos, empezada en
la época de las conquistas asiria y babilónica. Se les encuentra en todas las re-
giones del Asia occidental, y en Egipto llegaron a alcanzar gran prosperidad y
muchos honores. Tan sólo la ciudad de Alejandría llegó a tener en su recinto un
millón de judíos. En todas partes fueron favorecidos, y, por ello se vieron odia-
dos en todas partes, y este odio se acentuó más aún por el hecho de que el judío
permaneció siempre judío en su porte, en su aspecto, en su fe religiosa, en su
presunción de que era el elegido del Señor)). HOSMER, .T. K . : ((Historia de los ju-
díos en las Edades Antigua, Medina y Moderna)). Trad. E . Toda. Madrid. Ed. El
Progreso, 1893. pág. 51.
306 Juan Bta. Vila,r Ramirez

Se desconoce el momento en que los hebreos pasaron al actual Ma-


greb. Ya hemos visto cómo son muchos los autores que remontan ese acon-
tecimiento a la época de Josué o a la de David y Salomón. Tales hipóte-
sis vimos como se basaban, sin embargo, en argumentos que, aunque pro-
bables, en modo alguno pueden considerarse seguros y definitivos.
Posiblemente en la última etapa de la colonización tiria se establecie-
ron en el N. O. de Africa comunidades hebreas organizadas, independien-
temente de que se dieran con anterioridad migraciones israelitas esporádi-
cas y secundarias.
Bajo Cartago florecieron varias juderias en las ciudades de su imperio.
A raíz de la destrucción de esa capital por los romanos, muchos hebreos,
unidos a otros elementos púnicos supervivientes, emigraron a Numidia,
Tingitana y Sahara Septentrional.
La noticia segura más antigua que ratifica la presencia de israelitas en
el Africa Menor es algo posterior. Se trata de la lápida de la tumba de un
tal Joussef, hijo de Mimoun, fechada en el 3.756 de la Creación, o sea, en
el año 4 antes de Cristo (17). Así pues, es seguro que los hebreos habían
alcanzado la extremidad del Occidente en el siglo 1 -a. de C.-,
lo cual pudo ocurrir mucho antes con gentes llegadas directamente de
Palestina y Egipto; a base de refugiados salidos de Cartago, o, quizás,
como sostiene Nahun Slouschz (18), con emigrantes procedentes de las
superpobladas y prósperas comunidades cirenaicas:
De la época romana se poseen abundantes datos.
Hacia la mitad del siglo 1 las colonias judías del Africa Menor eran
muy numerosas. Entre las más notables se pueden citar:
Africa Propia: Cartago, Túnez, Utica, Locus Judearum Augusti, Si-
mi ttu, Urali, Thusurus, Henchir-Djoauana Henchir-Jachir-Jahoudia,
Boriom, Naro, Oca ...
Numidia: Cirta (Constantina), Ninno-Regius, Theveste, Fesdis.. .
Mauritania: Septen, Tingi, Sitifis, Volubilis, Cesarea, Khalfon, Auzia,
Tipasa ..., así como las numerosas de la costa atlántica, Nun y
Dráa.
Al igual que las restantes comunidades hebráicas, las norteafricanas
fueron seriamente afectadas por las conmociones que sufrió el Judaísmo
en los dos primeros siglos de nuestra Era.
Pese a la llegada de agitadores y refugiados palestinos, los israelitas de

(17) GOULVEN, J . : O. cit. 375.


(18) SLOUSCHZ, N. : 0. cit., 354.
FEVREER, J . G.: ((Les decuvertes epigraphiques puniques et neupuniques)).
Studi Orientalistici in onore di Giorgio Leví della Vida. Roma, 1956, 1. 274-286.
ARRIBASPALAU,A. : «La Arqueología Púnica en el Africa Menor)). Sefarad.
Madrid. 1952. XII, 368-375.
A p o r t ~ c i ó nPinica hebráica en el M a g ~ e b 307

Africa no participaron directamente en el alzamiento nacional judío del


año 66, sofocado en circunstancias trágicas por Vespasiano y Tito (19). Sí
lo hicieron, en cambio, en la última gran revuelta, la de Bar Kochba y
del rabbi Akiba. La rebelión se inició en Cirenne y se corrió rápidamen-
te al Africa Propia, Numidia y ambas Mauritanias -115-118-, siendo
aplastada por las legiones romanas con tal rigor, que solamente en Cire-
naica se produjeron 220.000 víctimas. -4Ííos después -132-135-, el em-
perador Adriano, a raíz de un nuevo conato separatista, decretaba la di-
solución perpetua de la Nación Judía.
Buena parte de los restos de este pueblo se agruparon en España, que
en adelante, y por más de un milenio, sería la nueva Israel.

LA DIASPORA

Algunas comunidades africanas se rehicieron lentamente, y si bien ya


no recuperarían su pasado esplendor, trataron de compensar las pérdidas,
lanzándose a una campaña proselitista entre los bereberes, en dura com-
petencia con los misioneros cristianos enviados por Roma y por el metro-
poIitano de Cartago. Las conversiones fueron frecuentes y sabemos que
tribus enteras abrazaron el judaismo (20).
No tardaron en constituirse un buen númeio de pequeños estados ju-
deo-berberiscos, autónomos, regidos por linajes sacerdotales aarónidas, y
extendidos entre la Cirenaica y la costa atlántica marroquí.
En perpetua lucha con Roma y con los régulos indígenas paganos y
cristianos -a los que pretendían convertir a la fé judáica-, algunos de
aquellos lograron alcanzar un poderío respetable. Así, por ejemplo, los
Djerawa del Aures argelino, en 483, bajo su rey Gasmul, dominaban en
gran parte del N. O. de Africa (21).

(19) JOSF:FO,F . : ((Historia de las guerras de los judíos y de la destrucción


del Templo p Ciudad de Jerusalén. Trad. J. Martin Cordero. Quinta edición. 2. V.
Madrid. Imp. B. Cano. 1791 11, 153-300, 323-367
(20) Los Berghwata, Fendlawa, Fazar, Nefiisa, Djerawa, Mediuna, Bahlula,
Beni Ifrán. Ghiata, etc
(21) NAVON, A. H . : ((Grandeur, décadence et renaissance du judaisme sepha-
radin. Judaisme sephardi. Paris. 1933. XI (Año 1). 171.
BENSIMON, Ch.: «Les Israelites du Magrheb sous l'occupation romainen. Ju-
daisme Sephardi (Nouvelle Serie). London. 1965. XXX, 1296-1297.
LAREDO, A. L. : O. cit. 172-173.
RISCO,V.: tHistoria de los judíos desde la destrucción del Templo)). Barce
lona. Ed. Gloria. Graf. Llauger. 1944, 183.
ORTEGA, M. L . : ((LOShebreos en Marruecos)). 4." ed. Madrid. Ed. Nuestra
Raza. Tip. uAFn. 1934. 9-19.
FILLION, L. Cl.: ((Histoire d'Israel, Peuple de Dieu, d'aprés la Bible, les An-
ciennes Traditions et les découvertes Modernes)). 3 vol. París. Imp. Letourey et
An6. 1927. 111, 472-520.
NOTH.M. : O. cit. 430452.
J u a n Bta. Vilar R a m i ~ e z

Genserico conquistó el país con ayuda de los hebreos nativos, a los


que liberó de las restricciones conciliares a que estaban sometidos. La do-
minación vándala fue, pues, provechosa para las comunidades israelitas,
cuyo poder ya no pudieron aniquilar los bizantinos.
La influencia política hebráica norteafricana termintj por desaparecer a
raíz de la invasión sarracena, si bien algunas regiones, como las del lejano
Dráa, mantendrían por varios siglos núcleos judíos independientes (22).
Al contrario de las guarniciones bizantinas y de los berberiscos gentiles,
los neoisraelitas permanecieron aferrados a sus creencias y supieron resis-
tir la avalancha musulmana con el tesón propio del converso judaizado.
Cubriéronse de gloria los Mediuna, de la región de Muluiya; los Riata
rifefios; los Behlula, de las costas atlántica; los Fazaz, de la comarca de
Fez; los Fendelua, del Atlas, pero, entre todos, fueron los Djerawa del
Aures los que, con su formidable resistencia, pusieron en peligro el por-
venir del Islam en el Magreb. Fracasado este movimiento, acaudillado
por el rey Qocelia -686-, al que sucedió la célebre heroina Dahia la
"Cahena", la Hechicera, una Dévora herética que hizo frente a un tiempo
a los inyasores islámicos y a los hebreos ortodoxos, la oposición judeo-
berberisca terminó por ceder, abrazando muchos de aquellos la fé coráni-
ca. Grande fue la aportación de estos conversos a la conquista de Al An-
dalus: Tarif era judío de la tribu de Simeón; el cuerpo expedicionario de
los Djerawa desempeñó un papel primordial; Kaulán al "Yahudí", el Judío,
fue jefe de la columna que penetró en el valle del .Ebro..., etc.
Bajo el Islam la suerte de los hebreos norteafricanos ha sido muy di-
versa. Han conocido etapas de prosperidad -s. VIII-XII y XIV-XVII-,
y otras mas difíciles en las que su situación ha oscilado entre la franca
persecución -dominación almohade- y una tolerancia mantenida a peso
de oro -siglo XVIII en adelante- (23).
-

ROURRII I,Y, J . . ((Elements d'Etnographie Marrocaine)). París Ed. Larose. 1932.


Pág 26.
MILLASVALLICROSA,J . M.: ((España y Marruecos)). Barcelona. Ed. Barna. (s. a.1.
Págs. 61-66.
HANOTE~U, A. y LETOURNEUX, A . : «La Kabylie et les coutumes Kabyles)). Se-
gunda ed. 3 vol. París. Ed. A. Challamel. Tip. Firmun-Didot 1893. 1 380-382.
MERCIER, E.: «La population indigene de 1'Afrique sous la domination romai-
ne, vandale et bizantine)). Constatine. Imp. Braham. 1896. 12-87.
(22) « ¿ N O podríamos considerar también como una continuidad de este sis-
tema de colonización, o sus residuos, el estado autónomo de Boriom e n la re-
gión de Cartago; el de la reina judía Fanana, que mandó a las tribus d e Urich-
tana, cuyo recuerdo perdura aún entre las gentes de Gharian, en Tripolitania;
el reino de los Ephratim de Ufram, en Marruecos; los pequeños reinos que se
mantuvieron dispersos en pleno desierto del Sahara hasta el siglo XV; el de los
Dagtum y el dominio de la célebre Cahena, reina del Aurés que, como bien lo
indica su nombre, procedía de uno de esos clanes Aarónidas?)). LAREDO.: O.
cit. 157.
(23) BENSIRION, Ch. : «Les Juifs Marocaines et la Conquete Arabe)). Judaisme
Sephardi (Nouvelle serje) Loildon 1961. XXVIII, 1216-1217 y 1221
Aporlaciún Ftnica h e b ~ á i c aen el f i l a g ~ e b 309

Sabido es que las insuperables barreras que separan a judíos y gentiles


desaparecen automáticamente al abrazar estos últimos la ley mosáica. Lo
cual explica que los contingentes hebreos del Magreb terminasen siendo
absorbidos por sus correligionarios bereberes, de donde podemos sacar
importantes consecuencias para la Antropología:
a,) Entre los siglos 111 y VI11 de nuestra Era, al menos una tercera
parte de la población magrebí era hebrea de religión, habiéndose mez-
clado con los judíos de raza, a los que terminó por absorber. No extraña-
ría, pues. que muchos de los elementos etnológicos y lingiiísticos semitas
que en el transcurso de los siglos han asimilado los berberiscos norteafrica-
nos, tengan una procedencia hebráica y no árabe, como hasta el presente
viene afirmándose.
b) Las comunidades judías actuales de las regiones montañosas del
Magreb son de origen preponderantemente bereber (24), hipótesis que ve-
mos respaldada por la acentuada dolicocefalia de estas gentes, casi idén-
tica a la de los tipos berberiscos más puros.
He aquí lo que nos dice Seligman a este respecto: "Los judíos del Norte
de Africa so11 mucho más dolicocéfalos que sus correligionarios de Europa.
El porcentaje se establece en el orden siguiente.

Indice cefálico Eu~opa Africa del N o ~ t e

SEFARDITAS EN EL MAGREB

A finales del siglo XV la población hebrea del Magreb estaba casi c m -


pletamente camitizada.
En los últimos años de esta centuria tuvo lugar la expulsión "total"

GOULVEN, M.: ((Israelites et Musulmans au Maroc)). L'Avenir Illustré. Casa-


blanca. 1926. 11 (año 1),22-23.
TAJOURI. R . . «Les .Juifs Marocains)). L'Avenir lllustré. Casablanca. 1927.
XXII ( A ~ O 11). 363.
IBNAZZUZ,M.: ((Historia de Marruecos)). Madrid. 1955. Págs. 3780; '103-104.
ORTEGA, M. L. : O. cit. 3345.
LAREDO. A. L . : O. cit. 179-206.
FERNÁNDEZ DE CASTROY PEDRERA, R : ((Melilla Prehispánica)). Madrid. 1945.
Págs. 18-13 ; 182-183
(24) Esto ya fue intuido por el etnólogo Moisés Nahón como única explica-
ción aceptable a la existencia de centros hebreos tan de espaldas alla tradición
urbanística judía.
Véase GOULVEN, J . : O. cit. 1, 322 I
'(25) SELIGMAN, C. G . : «La6 races de 1'Afriqu.e)): Farís. Ed. Payot 1935. Pá-
ginas 213-214. t.?
310 Juan Bta. Vilar Ramirez

-i?- (26) de los judíos de España -1492- y Portugal -1496- y el


consecuente establecimiento de buen número de ellos en Marruecos y
restantes países del Magreb.
No era la primera vez que hebreos hispanos pasaban el Estrecho. Con
ailterioridad al célebre edicto de 31 de marzo de 1492 se les veía llegar
a las costas norteafricanas cuando su situación en la Península se hacia
difícil, ora por disposiciones conciliares y reales adversas (27), ora por
francas persecuciones como la almohade o el "pogrom" a escala peninsu-
lar de 1391 (28). Con todo, normalizada la situación, la mayoría de los re-
fugiados terminaban por regresar a su vieja y amada "Sefarad".
Se calcula que la mitad de los 150.000 expulsos españoles y de los
50.000 lusitanos pasaron al Norte de Africa.
Por escapar a nuestro objeto, 110 entraremos en detalles sobre las peno-
sísimas circunstancias que rodearon a este éxodo desde el decreto de ex-
pulsión a la llegada al nuevo punto de destino (30).
En adelante la poblacióil iudáica autóctona -"Plichtim" (29) u origi-
narios de Palestina-, recibieron el nombre de "Toshabim" -"residen-
(26) CAROBAROJA se ha ocupado detenidamente del fenómeno cripto-judáico
en España y llega a la conclusión de que la aportación étnica hebráica fue
cuantiosa. Para él, de los 400.000 hebreos que habían en España en 1492, so-
lamente 160.000 abandonaron el país, y aun de éstos, no pocos retornaron de uno
u otro modo. Los judíos en la España Moderna y Contemporánea. 3 vol. Madrid.
Ed. Arion. Graf. Benzal, 1961, 1, 189.
(27) ((Acta Conciliorum et E ~ i s t o i a eDecretales. ac Constitutiones Summo-
rum Pontificum ab anno DLT, ad' Annum DCCLXXXVIID. Parissis, ex tip. Re-
gia.
- 1714. 111. 467-1823.
FUERO.JUZGO, segunda ed. Madrid. Imp. H. Pacheco, 1792, 283-296.
(28) AMADOR DE LOS Ríos, J . : O. cit. 1, E9-161, 304-324; 11, 349-449.
AMADOR DE LOS Ríos, J.: ((Estudios Históricos)). Madrid. Imp. Díaz. 1848. 468-
469.
(29) ((Plichtirn)), ~Philistinsno Palestino. Para algunos este término viene de
aPhoenicosn, Fenicios. No se olvide la común ascendencia semítica de púnicos
y hebreos y que estos últimos parece que llegaron al Norte de Africa en compa-
ñía de los fenicios tirios.
(30) BERNALDEZ, A.: ((Historia de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña
Isabel)). Madrid, B. A. E . 1878. LXX. 651-655.
MARIANA, J. de: ((Historia General de España)). Madrid. Imp. Sociedad Filoló-
gica Española. 1846. V, 263-264.
LAFUENTE, M.: ((Historia General de España)). Madrid. Imp. G. Hernández.
1874. V. 233-240.
CAROBAROJA, J.: «LOSjudíos en la España Moderna y Contemporánean. Tres
vols. Madrid. Ed. Arion. Graf. Benzal. 1961. 1. 177-190.
AZCONA, T. de: ulsabel la Católica». ~ s t u d i o ' c r í t i c ode su vida y su reinado.
Madrid. B. A. C. 1964. 639653.
BALLESTEROS Y BARETRA, A.: «Historia de España)). Barcelona. Tip. Salvat.
1922. 111, 804-806.
AMADOR DE LOS R ~ o s ,J. : 0. cit. 111, 275-519.
ORTEGA, M L.: O. cit. 73-78.
PILES, L.: uLa expulsión de los judíos en Valencia». Sefarad. Madrid, 1955,
XV, 89-101.
C m ~ z n o oASTRAIN, J.: uLa expulsión de los judíos zaragozanos». Sefarad. Ma-
drid. 1955. XV, 103-136.
Aportación étnicn hebráicn e11 el iliiayreb 31 1

tes"-, en contraposición a los "Meghorashim" o "expulsados". Los "cas-


tellanos" recién llegados consideraban extraños, "forasteros", a los autóc-
tonos.
Se plantearon interesaiitísimas cuestiones jurídico-religiosas entre am-
bos sectores correligionarios. Las "Tagganot" u "Ordenanzas" de los de
Castilla encontraron en general una solución justa y duradera.
Es verdad que algunos grupos "Plichtim" se mostraron reacios a todo
contacto con los recién llegados. No así la mayoría que terminó siendo ab-
sorbida por los "castellanos" -particularmente en los centros urbanos-, y
que ~upieronimprimir nuevo vigor étnico y espiritual al decaído sionismo
magrebita; siendo los verdaderos promotores del progreso norteafricano,
papel éste que han desempeñado casi exclusivamente hasta los años, to-
davía no lejanos, de la ocupación franco-española (31).
Se ha tratado de valorar cuantitativamente el elemento hebreo de Ma-
rruecos a base del estudio de la onomástica judeo-marroquí. El profesor
Abraham L. Laredo, contando con algunos precedentes de escasa impor-
tancia (32), viene haciendo un estudio exhaustivo sobre el asunto, que, se-
gún nos informó recientemente (33), pronto verá la luz como "Diccionario
Onomástica Jndeo-marroquí", del que ya en una obra anterior adelantó
algunos datos. Después de examinar mil doscientos apellidos diferentes,
llega a la conclusión de que más de la mitad de los hebreos del país pro-
ceden de los sefarditas expulsados de la Península Ibérica (34).
El censo de hebreos magrebíes, que oscilaba alrededor del medio millón
eii 1940, ha disminuído vertiginosamente por causas que veremos después.
En 1947, la población israelita del Marruecos francés, evaluada con
ocasión del reparto del pan ázimo, era de 246.891 almas, que unidas a las

(31) BREASTED, .T H «La Conquete de la Civilisation)). París Payot 1945


169-178.
RERTHOLET, A. . O. cit. 37-130
GOULVEN, J. : O. cit. 1, 336.
ROTH,C.: ((Una vuel?a completa de la Historia El mundo de Ios Sefaradimx
Buenos Aires Macagno, Landa y Cía (s. a.), 17.
SASSON, S. D.: «The spiritual E-Ieritage of the Sephardim)). London. The Ry-
da1 Press. 1057, 2-3.
(32) T.EVY, S : «L1ononlastique sephardite)). .Judais~'eSephardi. París, 1935,
XXV (año IV), 6-7.
ARBOU,1. D.: ((Histoire des noms et prenoms des Israelites du Maroc)) Ju-
daisme sephardi. (Nouvelle serie). London, 1966. XXSII, 23-26.
(93) E n una conversación que sostuvimos en Tánger el verano de 1967.
34) ((Apellidos que indican el nombre o el origen ,
de un lugar de España . . . . . . 214
Apellidos que indican el nombre o ei origen
de un lugar de Portuga! . . . . . . . 7
Apellidos derivados de la lengua castellana . 192
Apellidos derivados del dialecto judeo-español. 36 f

449 : 36,BO 6 '


312 Juan Bta. Vilar Rarnirez

28.000 del Protectorado Español y a las 11.250 de la Zona Internacional


de Tánger, daban un total de 286.141 individlos para todo el país.
He aquí su distribución:
Casablanca : 86.375 - comprendido Djerada -
Oujda : 8.000 - )) Bulhaut, Bucheron
y Ziane.
Fes : 18.0'20
Port-1,yautey : 2.087
Salé : 4.000
Beni-Mellah : 2.875
Marrakés : 18.750
Tarudant : 2.000 - comprendidos sus «Mel-lahs» me-
nores.
Nlequines : 15.842 - Comprendidos Khenifra-Khemismet
y Petit-.Jean.
Bujad 973
Berguent 625 - Comprendido Tiuli.
Kasba-Tadla 812
Inergane 400 - Comprendido Huara.
Mazagán : 4.250 - Comprendido Adir.
Taza 737 - Comprendidos sus «Mel-lahs» me-
nores.
Debdu : 1.062
Berkane 700
Taurirt : 1.000
El Aiún 550
Martimprey 625
Missur 762 - Comprendido Ksabi.
Sefru : 6.95s
Guercif 550 - Comprendido M'Ridja y M'Sun.
Utat El Hadj 562
Uerrane : 3.312
Habat : 14.250

Apellidos árabes . . . . . . . . . . . 372 : 30,50 %


Apellidos bereberes y judeo-bereberes . . 85 : 6,95 %
Apellidos hebreos . . . . . . . . . . . } 17,85 %
Apellidos arameos . . . . . . . . . . .
Apellidos hebreos-arameos . . . . . . . 7.90 %
Apellidos varios no identificados . . . . . .

Esta relación denota a las claras que, por lo menos, más de una tercera parte
de los apellidos estudiados proceden, sin la menor duda, de la Península Ib6rica.
Si añadimos a ellos una proporción prudencial de apellidos árabes que llevaban
muchas de las familias que vivían en la España musulmana y parte de los ape-
lativos hebreos y arameos que s e usaban comúnmente en España y Marruecos,
podremos admitir con bastante objetividad que una buena mitad de la actual
población hebrea en este último pais representa la descendencia de los inmi-
grados de la PenInsula Ib6rica~.
O. cit., 212-213.
Aportación étnica hebrdica en el Magreb 313

Suk El Arba Comprendido Mechra Be1 Ksiri.


Midelt
Berrechid
Ben Ahmed
Azemur
Ued Zem
Fedala
Settat
Agadir Comprendidos Ifran, Akka, F. El-
Hassan, Trinquet y Tinduf.
Tiznit Comprendidos Illigh, Tillil y Ta-
hala.
Uauirarht
Imintanut Comprendidos «Mel-lahsn de Chi-
chaua y Argana.
Tendrara
Figuig Comprendido Bu Arfa
Tafilete Comprendida su región.
Safi
Mogador
Demmat
Sidi Pahal
El Kelaa
Urika
Aguiem

Juderías de la Región de Marralces.

Angiez, Talet 530 Tamzert


Aghrisse, Tizqu y Tinghir : 425 Isirs
Bakka y O Mumen 722 Idehrt
El Kelaa de los M'buna 672 Tafga
Skura y Maghram : 1.716 Ait Tarhalt
Umnas 125 Tiza1
Aura1
Amizmiz Zerekten
Takassut
Laorba
Amizmiz : 1.028
Ait Tagan
Talaat N'Yacub 175
Briza
Ait Khim
Tazert
Ait Sadhelli
Ait lirir 26 Iguinismen
314 Juun Bta. Vilar Ramirez

A i t - ,W'fIammed Taunza 653


Tanant : 2.204
Aitt Abbes 147
Tamereukt 69
Ait Buguemmez 372 Tifnot e Iguidi, Amzargo,
Ait Thamsalem 10
Isarag y Uarzarat : 2.700
2lit A ttab Tazanakht

Bridia 178 Total : 246.891

En la Zona Española, en 1953, último año de Protectorado:


Población de hecho
Territorio Total Varones Mujeres

Total de la zona: 1.010.117 499.771 510.348

Población de derecho
Territorio Total Varones Muje~es

Total de la zona: 1.003.817 498.433 505.384

De los cuales, según sus confesiones:


iVIusalmanes : 955.403
Católicos : 91.190
Israelitas : 18.217
Protestantes 62
Otros 106

Aproximadamente el 80%de los judíos de los países musulmanes viven


en el Magreb, y más de un 50 W en Marruecos:

En 1963:
Marruecos : 159.806 israelitas
Argelia : 150.000 ))

Túnez : 58.000

Total : 367.806 ))

A los que hay que añadir unas 20.000 en Libia -16.000 en Tripolitania
y 4.000 en Cirenaica- (35).
(35) ULTIMO ANUARIO ESTADISTICO (1955) de la Zona de Protectorado y
de los Territorios de Soberanía de España e n el Norte de Africa. Madrid. Inst.
Nacional de Estadística. Imp. M. Gómez, 1957.
CHOURAQUI, A. : «La Condition Juridique de llIsraelite hlarocaine)). París.
Alliance Israelite Universelle. Press. d u Livre Francaice. 1950, 211-213.
RESUMEN ESTADISTICO AGOSTINI, 1965, págs. 395-396, 440-441, 469-470.
Aportación étnica hebrdica e n el Maoreb 315

Este número decrece incesantemente por el actual éxodo de hebreos


hacia Israel, Europa y América, motivado preferentemente por la instau-
ración en Palestina de un "Hogar Nacional Judío" como Estado soberano,
y el considerable empeoramiento de la situación de los israelitas del Ma-
greb a raíz re1 cese de la tutela europea. Hechos estos tan complejos que
escapan a la brevedad de unas líneas.
Según todo lo anterior el elemento hebreo magrebí, cuya presencia en
el Africa Menor es anterior a la Era cristiana, fue primeramente absorbi-
do por una población camítica berberisca más o menos judaizada, recupe-
rando sólo parcialmente sus caracteres pristinos tras recibir el cuantioso
contingente sefardita.
La aportación semita hebráica, dentro de sus limitaciones ha sido, pues,
relativamente considerable y en algunas regiones superior a la árabe.

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