RESUMEN REVISTA SIMBOLISMO, MALLARMÉ
La Francia del periodo simbolista
Entre 1850 y 1880 Francia ingresa definitivamente en la era de la revolución industrial. La Francia burguesa que estalla en
1848 es un mundo que reestructura sus clases y en medio, habrá de moverse el proletariado urbano y rural. Sobre esa
base descansa el poderío del Segundo Imperio fundado por Luis Napoleón en 1852.
El cientificismo había sentado sus bases. Los triunfos científicos más acentuados corresponden en realidad a las
matemáticas. Hacia fines del siglo, retomando una palabra y una idea de Auguste Comte, Durkheim funda la sociología.
Los progresos del maquinismo, de la banca, el avance textil y metalúrgico, paralelos a un periodo de languidez económica,
han sido posibles merced al sacrificio de una numerosa población que se siente despojada y explotada. A las miserias de
la ciudad, se suman las miserias del campo.
La población urbana crece en cantidad. Las ciudades se transforman, se imponen nuevas formas de urbanización. En París
se multiplican las avenidas, las mansiones, los grandes comercios. Los nuevos amos son los consorcios financieros o
familiares que manejan no solo la banca, sino también las líneas férreas, la metalurgia.
La Iglesia católica no tiene cabida dentro de esta revolución social. La juventud del Segundo Imperio es esencialmente
anticlerical. En 1864, se proclama el dogma de la Inmaculada Concepción, y en 1870 la infalibilidad pontificia. No obstante,
hacia 1875 se reautoriza la injerencia clerical en la enseñanza superior. Las presiones aumentan, pero la ventaja disminuye
cuando los republicanos logran la ley de divorcio y el control exclusivo del Estado en la enseñanza secundaria femenina,
el control estatal del personal docente, la suspensión de las plegarias al comenzar las sesiones parlamentarias, y la
separación absoluta del poder espiritual del poder temporal.
El cientificismo y el predominio de la razón habían desarrollado formas literarias que en algunos casos llegaron al
prosaísmo. Bajo el amparo de la objetividad científica se alineaban por igual los maestros del realismo y del naturalismo,
Flaubert y Zola, tanto como disposiciones que suprimen las subvenciones al teatro italiano y al teatro lírico, o aquella otra
como las obras de Manet, Cézanne y Renoir.
Los hombres del siglo XIX descubren la música, que habla más a los sentidos que al espíritu. Beethoven, Liszt, Schumann,
Mendelsohn, conquistan el fervor y el interés del público, pero son sin duda Chopin y Wagner quienes llegan a París, los
que han de sustituir a los viejos ídolos. La música de teatro (lirica, opera, opera bufa) encuentra en Rosini y Meyerbeer, y
más tarde en Gounod, Bizet, Délibes, expresión y transformación. Los mundos de evasión se multiplican y el “turismo
literario” descubre formas nuevas en Stendhal, Théophile Gautier y Gérard de Nerval. Al idealismo de Carlyle, al misticismo
vagneriano, al pesimismo de Schopenhauer, a las formas de rebeldía y de humor de la bohemia, al mensaje unipersonal
de Baudelaire, va a agregarse muchas otras corrientes de influencia entre las cuales el pensamiento de Bergson se revela
decisivo, tanto por sus adherentes como por las reacciones que provoca.
Frente a esta nueva forma se levantan Baudelaire en época temprana, Mallarmé y Valéry más tarde. Dentro de la música,
Debussy se une a una nueva generación de pintores que han de aportar a la plástica francesa la corriente impresionista,
se expresa también en la pintura, y se enriquece de luz, de color, de alegría de vivir y de emociones contenidas. Los
pintores rivalizan en imaginación con los poetas, con aquellos “poetas malditos” que son los más típicos exponentes de la
época.
Los nuevos caminos de la poesía
A partir de aquellas “modernidad” que Baudelaire expresa tanto en su poesía como en sus poemas en prosa o en sus
abundantes páginas críticas, han de volver a abrirse múltiples caminos. Por fin, el teatro simbolista de Maeterlinck a
Claudel representa la tentación definitiva tras la cual muchos otros caminos van a abrirse en las puertas del siglo XX. Para
Baudelaire, plantear el problema de la poesía implicó plantearse el problema del espíritu creador. Porque buscar la esencia
de la poesía es no ya buscar la verdad “en” el arte sino la verdad “del” arte; es hacer del arte el objeto de una verdadera
religión y “canonizar en cierto modo esos estados excepcionales en que el poeta conciencia de todos sus poderes”.
En 1862, Mallarmé escribirá en L’Artiste que toda cosa sagrada y que quiere mantenerse sagrada y que quiere mantenerse
sagrada se envuelve de misterio”. Tal vez, y en definitiva, la historia del simbolismo no sea más que la historia de ese
descubrimiento, de sus conquistas, de sus consecuencias, de las interpretaciones individuales en la expresión de ese
misterio. Una ves conocidas Las flores del mal, toman su camino algunos jóvenes que se sienten ajenos a los grupos en
que se creía servir al arte y a la poesía encadenándola a una belleza puramente formal o a una “realidad” material y
sensible.
No se trata de un nuevo grupo, ni de verdaderos revolucionarios, ni contra qué luchan, mantienen sin embargo una
vigorosa búsqueda de sí mismos, sin intuir las posibles salidas. La obra de Baudelaire es para ellos como un llamado, y se
revelan a su vez tratando de salvar el “mundo” en peligro. Estos jóvenes han nacido por lo menos veinte años más tarde
que aquel a quien consideran el maestro, son verdaderos poetas y se sienten “malditos” dentro de un ámbito que se ha
vuelto insensible, y malditos por el destino que, sin elección, les ha otorgado la existencia dentro de una época tan cruel.
El espíritu de estos jóvenes se verá confirmado años más tarde cuando en 1883 Verlaine publica los Poetas Malditos en la
joven revista Lutèce. Los rebeldes aislados terminan uniéndose en un grupo de decadentes que se transformará en el
pórtico del simbolismo. Algunos de los poetas malditos fueron Tristán Corbière, Isidore Ducasse conocido como el Conde
de Lautréamont, y Charles Cros.
Los nuevos círculos
En esta sumaria recorrida de precursores, de hallazgos individuales, y de formas de expresión deberá dedicarse buena
parte a analizar el significado de la “bohemia”, y de los círculos de jóvenes entusiastas. A los “salones” del Segundo
Imperio, suceden los “cafés”. Bajo las manías provocadoras o las actitudes más o menos ridículas, se esconde en esas
reuniones crecidas entre 1878 y 1885 en la frecuentación ociosa de los “cabarets”.
El destino de estos “cabarets” es efímero, pero se renueva en lugares y nombres, con desaprensivo olvido de los
triunfadores de ayer. Se suceden las expresiones de un creciente nihilismo mezclado de un humor agresivo que nace,
muere y se transforma, donde se expresan los últimos aleteos legítimos de ese mundo en el cual, en pocos años, se afirmó
la libertad total de la poesía y de los poetas; se retrajo de la vista de la burguesía, en extraña mezcla; se agruparon las
fuerzas jóvenes preparado las luchas del futuro. A este período de los cabarets seguirá el de las revistas.
La poesía afectiva: Verlaine
Está desprovista del hermetismo y la incoherencia que muchas veces dificultan el acercamiento del lector a la obra de
Rimbaud y Mallarmé. Tras esa infancia feliz y burguesa va a formarse un ser hosco, inestable, de apetitos cada vez más
tiranos. Su deseo de “ser libre” lo lleva a la fuga estudiantil, al abandono de la esposa, ya los tormentosos años de vida
junto a Rimbaud en una unión que desafía agresivamente a la moral burguesa. La poesía de Verlaine encierra
espontaneidad, hecha a imagen y medida del hombre.
La instalación dentro de su hogar del joven e inquietante Rimbaud, va a destruir definitivamente el matrimonio. Verlaine
se lanza a una vida deambulante y de aventuras. En 1873 Verlaine hiere a Rimbaud de un balazo y es condenado a dos
años de prisión, le sirve como desintoxicación física y moral. Desaparece el Verlaine parnasiano para dar paso al simbolista.
Apenas está en libertad, corre en busca de Rimbaud e intenta en vano convertirlo. En 1885 cumple un mes de prisión
luego del intento de estrangular a su madre durante una crisis. La muerte de su madre pone fi al ultimo germen de vida
regular y lanza a Verlaine al desasosiego y la miseria.
Durante sus ultimo años oscila entre la inspiración espiritual y la exaltación carnal. La relación con Rimbaud le revela
mundos desconocidos, incluso el de su propio ser íntimo. La influencia de Rimbaud libera a Verlaine, definitivamente, de
la poesía paranasiana o romántica, y lo orienta hacia ritmos más variados e ingenuos y hacia formas tan poco literarias
como cuentos de hadas y refranes populares. La esencia de este nuevo Verlaine desprovisto de retórica será la música.
Por este camino Verlaine alcanza sus objetivos esenciales: musicalidad y expresión directa, de sentimientos y sensaciones.
Primer manifiesto del simbolismo
El romanticismo, después de haber tocado a rebato las más ruidosas campanas de la rebelión, abdicó, se volvió formal,
escéptico, se deja desposeer por el naturalismo al que seriamente o se puede acordar más que un valor de protesta, contra
las insipideces de algunos novelistas entonces de moda. Y ¿qué se puede reprochar, ¿qué se reprocha a la nueva escuela?
El abuso de artificio, lo extraño de las metáforas, un vocabulario nuevo donde las armonías se combinan con colores y
líneas: las características de todo renacimiento.
Charles Baudelaire debe ser considerado como el verdadero precursor del movimiento actual; Mallarmé le concedió la
gracia de dotarlo del sentido de misterio y del de lo inefable; Paul Verlaine quebró en su honor las trabas rígidas del verso
que la mano prestigiosa de Théodore de Banville había suavizado en otro tiempo; una tarea pertinaz y celosa espera a los
recién llegados.
Enemiga de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva, la poesía simbolista busca vestir a
la Idea de una forma sensible que, no obstante, no tendría su finalidad en sí misma, sino que mientras ayudase a expresar
la Idea, permanecería subordinada. La idea, de ningún modo debe dejarse privar de las suntuosas vestiduras externas,
porque el carácter esencial del arte simbólico consiste en no llegar nunca a la concentración de la Idea en sí. Es así como
en este arte, ni los cuadros de la naturaleza, ni las acciones humanas, ninguno de los fenómenos concretos podría
manifestarse por sí.
El Simbolismo necesita un estilo arquetípico y complejo: vocablos impolutos, el periodo sostenido alternando con
onduladas vacilaciones, los pleonasmos significativos, las elipsis misteriosas, el anacoluto en suspenso, el tono muy audaz
y multiforme; por el ultimo el mejor lenguaje, la noble, riquísimo y vivaz lengua francesa anterior a Vaugelas y los Boileau-
Despréaux.
La poesía fantástica: Rimbaud
Rimbaud da un adiós definitivo a la poesía antes de los 20 años, será un “aventurero del ideal”, “el poeta de la imagen
pura”, el “creador de la alquimia del verbo”, el “vidente”. Es capaz de una completa definición espiritual e ideológica, al
punto de admirar la independencia política y el fervor literario. Frecuentes fugas del hogar le van formando el gusto por
las caminatas interminables, los cabarets y la miseria. En 1871 descubre que el Poeta no debe ser un artista, sino un
vidente. Y a partir de entonces pone todo su empeño en evadirse de lo real, y en la penetración del universo inexplorado
de las sensaciones. Escribirá “El barco ebrio” como afirmación de su idea.
Cuando regresa a Francia, enfermo, es para morir en un hospital de Marsella. Su gloria literaria se inicia en 1886 dentro
de un grupo reducido de iniciados de vanguardia, pero en la posguerra de 1918 se agranda y se extiende como una guía y
una fuente de la escuela surrealista. Resulta innegable que dejó una obra de originalidad extraña, y que ésta ejerció
fascinación real sobre cultores y creadores de la poesía moderna. La respuesta que da a su vida está en el silencio, más
elocuente que toda palabra.
Verlaine nos asegura que “iluminaciones” significaba, partiendo del contenido inglés de la palabra, grabados coloreados,
ilustraciones. Para Pierre Martino y muchos otros, fuegos nocturnos y centelleo de cohetes. Guy Michaud afirma con una
lucidez inusual dentro de las valoraciones conocidas, que se ha puesto en la explicación del misterio y del mito de Rimbaud
la misma precipitación de que éste hizo gala al construir a ambos.
"El poeta se vuelve evidente por un largo, inmenso y razonado desequilibrio de todos los sentidos". Salta a lo que él
mismo denomina la "alquimia del verbo". Afirma que el vocabulario es insuficiente y es necesario un instrumento nuevo,
palabras que no hayan sido aún desenmohecidas por las sucesivas generaciones, una construcción fluida que conceda a
las imágenes el mayor brillo, una lengua rica y dócil y capaz de adaptarse de inmediato a la escenografía feérica.
Las cosas adquieren sentimientos; los sentimientos, formas, colores, perfumes. este tipo de concepción suprime las
metáforas que implican una ligazón lógica: el poema está compuesto por la yuxtaposición de imágenes independientes
unas de otras pero capaces de convergencias hacia una impresión determinada.
Baudelaire había intentado liberarse de la métrica tradicional, pero Rimbaud multiplica sus rebeliones rítmicas;
construye rimas inciertas, asonantes; ignora las reglas de alternancia de las rimas masculinas y femeninas; emplea el
verso impar pero sin la nitidez cuidadosa de Verlaine.
Su preocupación por liberar a la poesía, la misma de Baudelaire, la misma de Verlaine, la misma que intenta Mallarmé,
encontrará en los simbolistas su expresión formal.
La poesía intelectual de Mallarmé
Pocas vidas podrían ofrecer un contraste mayor que las de Rimbaud y Mallarmé. En Rimbaud, sueños y aventuras
extraordinarias jalonan su existencia, mientras Mallarmé, que se revela en la obra como un artífice obstinado y riguroso,
pasa su existencia en la opacidad estudiosa, monótona y sedentaria de los profesores. Contesta dualidad difícil de
explicar ha de estrellarse la crítica.
La lectura de Las flores del mal define su gusto por la poesía y lo aleja definitivamente de los románticos. Prosigue en su
búsqueda usando cada vez más de la prosa y la elocuencia, del "mármol parnasiano", y acercándose a la creación de una
forma sutil, musical y oscura que desconcierta por la audacia y el refinamiento de las analogías.
Cuando Verlaine lo incluye en su galería de Poetas malditos, la gloria de Mallarmé ha conquistado al gran público. Si la
obra de Rimbaud provoca encontradas y contradictorias apreciaciones, igual efecto, incluso más acentuado, se
desprende de la de Mallarmé. Ya calificado de poeta místico, ya de metafísico, de negador del lirismo o de "lírico
integral", de su lectura nace un evidente malestar que obliga a la búsqueda desesperada de "su" verdad.
Esta verdad se presenta mutable, sujeta a una metamorfosis que arranca del iniciar rechazo lírico y de rechazo de si,
hasta llegar a un modo de lirismo que niega lo instintivo, porque sólo se logra en el esfuerzo desesperado de la
conciencia artística. necesita desterrar la idea de que la auténtica poesía puede ser leída por todos, sin preparación
previa. Necesita, en su opinión, devolverle su dignidad, preservarla de la admiración fácil, trivial y tonta. Y busca un
sistema de medios capaz de defender la de los inoportunos: procedimientos estilísticos, elipsis, inversiones.
La poesía de Mallarmé busca la explicación del mundo y la pureza ideal pero esos fines podrán alcanzarse tras un largo y
dificultoso camino. Los medios pueden sintetizarse en 6:
• Pintar el efecto: pintar no la cosa, sino el efecto que produce. el verso no debe componerse de palabras, sino de
intenciones, y todas las palabras se borrarán ante la sensación.
• Sugerir: nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del placer del poema, qué consiste en la felicidad
de volverse tal poco a poco; sugerir, he ahí el sueño.
• Proceder por analogías: instituir una relación entre las imágenes exactas, y que de allí se desprende un tercer
aspecto fundible y claro presentado a la adivinación. Analogías que permitirán el descubrimiento de los
recíprocos significados. En este tipo de Concepción la estética se vuelve una proyección de la metafísica, pero,
recíprocamente, la sintaxis es elevada al mismo rango.
• Renovar el vocabulario: por medio de poemas en versos clásicos, armonizados e instrumentados, según el
empleo sabio y seguro de las palabras. también habla de rescatar palabras enmohecidas para restituirles su
significación.
• Liberar las palabras de la lógica prosaica
• Buscar la melodía: el simbolismo se mostrará frecuentemente favorable a estas interrelaciones. dentro de esta
búsqueda de la libertad absoluta, Mallarmé no se dejará tentar por camino formales aparentes como verso libre.
Desde el centro del movimiento simbolista, la figura de Mallarmé irradia su influencia a todo el ámbito de la poesía
Europea. Por otra parte, su tentativa de otorgar autonomía y trascendencia poco menos que metafísica al lenguaje
poético, ha tenido honda gravitación en todo el proceso posterior de la poesía occidental.
Balance del simbolismo
Con Baudelaire comienza la despersonalización de la lírica moderna, afirma Hugo Friedrich, y, en verdad, Las flores del
mal rechazan toda identificación temática o cronológica. El empirismo desaparece. La preocupación formal de los
parnasianos se muestra insuficiente o artificial. El "yo" se confunde y se diluye en un cuerpo temático que concentra la
obra y le confiere singular unidad. Las ideas se resumían en su soneto "Correspondencias": 1° unidad de creación; 2°
materialidad y espiritualidad de la criatura; 3° correspondencia entre el mundo material y el mundo espiritual por medio
de símbolos; y 4° correspondencia entre los diversos órdenes de sensaciones.
En 1861 de este bosque de símbolos creado por Baudelaire surgirán desigualmente fecundas tres ramas que se definen
y se prolongan: a) la tendencia efectiva que elige Verlaine seguido por los "decadentes" y que, más tarde, forma a la
filosofía de Bergsen e influye en Proust; b) la tendencia fantástica de los "videntes poetas", se encarna en Rimbaud, para
tomar una primera derivación en la poesía cósmica, y una segunda en Apollinaire, los surrealistas, Max Jacob, y otros; c)
tendencia intelectual de los "orfebres poetas" qué sigue principalmente Mallarmé.
La batalla del simbolismo no fue larga pero sí difícil. Sus premisas fueron la rebelión contra los naturalistas y los realistas,
y especialmente contra la "lógica" positiva. Un nuevo y misterioso lenguaje fuera contraseña a través de la cual se
comunicaron los nuevos poetas. A penas impuestas y difundida la escuela simbolista, a fines del siglo XIX, nace entre sus
filas la reacción. las llamadas escuela romana y la escuela naturalista se oponen al rechazo del conocimiento del mundo
real, y a la excesiva inclinación por las sutilezas y el hermetismo. La escuela romana trataba de alcanzar una nueva forma
de clasicismo, y la naturalista celebra Las alegrías vitales y el colorido fuertemente contrastado que caracterizan, desde
antiguo, la literatura provenzal.
Ya idealistas, decadentes, o simbolistas puros, ya fluctuantes, los escritores de entonces mantienen sin embargo entre sí
la unión que se desprende del hallazgo de un nuevo y revolucionario descubrimiento. En su búsqueda a un mundo
poblado de símbolos y de elementos metafísicos. Así descubren un universo sobrenatural, de misterio, desconocido para
los profanos y a él le invitan a los lectores de buena voluntad guiándolos a través de un "bosque de símbolos". El
simbolismo fue esencialmente un movimiento del siglo XIX. La reacción anti científica y anti burguesa vino a coincidir
contra la de otros grupos estetizantes en las letras y las artes. muchos de los simbolistas de la primera hora continuaron
creando sus obras en el siglo XX, a menudo alejados del ideario del movimiento y aún negándolo explícitamente.
El reclamo simbolista de pureza y autonomía poéticas no fue olvidado por las generaciones de poetas que le siguieron, y
su preocupación absorbente por el lenguaje se convirtió, a través de metamorfosis sucesivas, en la clave de la
interpretación de toda la poesía posterior.