SOCIOLOGÍA LATINOAMERICANA:
apuntes sobre un campo de saber sociológico
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SOCIOLOGÍA LATINOAMERICANA:
apuntes sobre un campo de saber sociológico
Whodson Robson da SILVA1,
Patricia Carolina Ramírez ACOSTA2,
Daniela Roldán RESTREPO3
RESUMEN
El presente texto pretende dar cuenta de algunos apuntes sobre el campo
de la Sociología Latinoamericana. El ejercicio de reflexión es resultado
de las actividades realizadas en el marco del curso de Sociología
Latinoamericana, 2016.1, del pregrado en Sociología de la Universidad
de Antioquia – UDEA/Colombia. En este contexto, tal escrito hace
consideraciones sobre las ideas principales de la Sociología de
Latinoamérica, sobretodo a cerca de su formación propiamente dicha a
mediados del siglo XX hasta una identificación de las principales
discusiones y problemas contemporáneos. La idea es, por lo tanto,
aproximar las discusiones del proceso de formación de la sociología
latinoamericana, sus contextos, sus perfiles y sus desarrollos, teniendo
como trasfondo procesos teóricos, culturales e históricos que desde
mediados del siglo XIX hasta la actualidad contribuyeron para la
configuración de la sociología latinoamericana como un campo
específico de estudio de la sociología y al mismo tiempo un locus desde
el cual estudiar la realidad latinoamericana.
Palabras clave: Sociología. Teorías Sociológicas. Sociología
Latinoamericana.
1
Estudiante de Ciencias Sociales - UPE/Brasil, Pasantía en el curso de Antropología – UDEA/Colombia, E-mail:
[email protected]
2
Estudante de Sociologia da Universidade de Antioquia e de Engenharia Financeira e de Negócios do Instituto
Tecnológico Metropolitano (Medellín- Colômbia). Pesquisadora do Grupos Estudos do Território – GET do
Instituto de Estudos Regionais –INER. E-mail: [email protected]
3
Estudante de Sociologia na Universidade de Antioquia (Medellín, Colômbia) e de Administração Pública na
Escola Superior de Administração Pública (ESAP). Participa do seminário de investigação di Grupo de Pesquisas
em História Social (GIHS) da Universidade de Antioquia. E-mail: [email protected]
Revista Idealogando - ISSN 2526-3552, v. 1, n. 1, p. 44-59, fev, 2017.
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SOCIOLOGÍA LATINOAMERICANA: Trayectoria y configuración de una perspectiva
teórica4
La sociología latinoamericana propiamente dicha es la perspectiva teórica construida
desde América Latina a partir de su experiencia histórico-cultural en diálogo crítico con los
aportes de la sociología europea y norteamericana. No sería sociología latinoamericana si se
tratara de la aplicación de una teoría general de la sociología a unos problemas y
conflictividades propios de la región de América Latina sino más bien aplicación de sociología
en América Latina, dos cosas, a nuestro juicio, radicalmente diferentes
en el sentido de que la una implica producción propia, pensamiento crítico y autocrítico,
mientras que la otra no requiere más que aplicación.
Sin embargo, antes de su consolidación como tal, la sociología latinoamericana ha
pasado por un periodo en el que primaba la simple aplicación acrítica de teorías y metodologías
foráneas al contexto latinoamericano. El sociólogo Ruy Mauro Marini da cuenta de esto al
señalar cómo bajo la dominación colonial la región no está en condiciones de producir ideas
propias y, por tanto, “las importa hechas de la metrópoli, ya sea absorbiendo las que le aportaban
los intelectuales que de allá provenían, ya sea enviando a sus hombres cultos, sus letrados, para
que se adueñaran de ellas” (MARINI, 1994, p. 6). Así, más que sociología latinoamericana en
ese entonces y hasta el siglo XX (en el que la sociología se institucionaliza como disciplina
propiamente dicha en la región), lo que se tiene es una sociología aplicada a América Latina,
en donde la imitación de los modelos europeos es preponderante, a pesar de que ya se venía
desarrollando un pensamiento latinoamericano (MARIÁTEGUI - 1979 y MARTÍ – 1891, por
ejemplo).
Señala Marini que el incremento de las relaciones comerciales y políticas entre los
países de la región, como soporte necesario para un concepto autónomo de latinoamericanismo
(1994), permitió que los intelectuales sentaran unas bases firmes sobre una tradición original e
4
En este reto es importante entender que la trayectoria del pensamiento sociológico latinoamericano se configura
en referencia al surgimiento del sistema mundo capitalista y el proyecto cultural de la modernidad/colonialidad
europea. Es decir, los procesos históricos y culturales que han marcado a América Latina propicia la configuración
de las Ciencias Sociales y de la Sociología Latinoamericana. En este ensayo priorizamos los debates en torno de
la trayectoria del pensamiento social latinoamericano durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX.
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independiente, posibilitando de esta manera la institucionalización de las ciencias sociales en
América Latina, en especial de la sociología y la economía.
A partir de los procesos de modernización (social, político y económico),
principalmente en los años treinta hasta los años sesenta, la sociología se amplía en cuanto
campo disciplinar del conocimiento en Latinoamérica debido a que se crean los programas
universitarios de sociología. En este contexto, surge la sociología latinoamericana
contemporánea, según Marini, como un pensamiento social y como una necesidad de incluir a
América Latina en los ciclos de orden, modernización y desarrollo.
Marini señala, además, cómo las condiciones materiales impactan en el pensamiento: si
antes de la crisis del capitalismo de finales de la década de los años veinte los países de América
Latina importaban desde los centro avanzados las manufacturas necesarias para su consumo y
la ciencia y la tecnología implícitas en el proceso de producción industrial quedaban fuera de
su alcance, como también la filosofía y las ciencias sociales que estudiaban sus fundamentos y
resultados (MARINI, 1994); después de la crisis empieza en América Latina un proceso de
industrialización que permitirá, entre otras cosas, intensificar las relaciones políticas y
comerciales entre los países de la región, relacionamiento fundamental para la creación y toma
de conciencia de la idea de ser latinoamericano, idea base para el comienzo de la teorización de
(y desde) la región. Así, empiezan a producirse, desde entonces, trabajos “de alta calidad teórica
y metodológica —de autores como, entre muchos otros, Florestan Fernández, Gino Germani,
Alberto Guerreiro Ramos, Pablo González Casanova— que marcan la madurez de nuestra
teoría social” (MARINI, 1994, p. 8) y puede hablarse, en consecuencia, de una verdadera
sociología latinoamericana.
Temas y debates en el surgimiento de la sociología latinoamericana: Las perspectivas de
Gino Germani y Antonio García
Además de Ruy Mauro Marini (1994), otros sociólogos latinoamericanos como Gino
Germani (1964) y Antonio García (1972) distinguen la mitad del siglo XX como el inicio de la
configuración de la sociología en América Latina. En el desarrollo de esta señalan algunos
factores históricos que desempeñaron un importante papel en la constitución de este campo de
la sociología y de la sociología en la región.
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Germani (1964) aborda la sociología latinoamericana desde la cuestión de la realidad
social centrándose en ideas sociológicas transformadas o adaptadas para el contexto
latinoamericano y a diferencia desde Marini, que habla del pensamiento imitativo y reflejo de
Europa, caracterizando una gran divergencia de pensamiento en lo que se refiere a la recepción
de las teorías europeas en América Latina. Así, Germani (1964) es más claro en ubicar América
Latina en un contexto de pluralidad y heterogeneidad, es decir, “en el sentido de declarar
imposible toda generalización en cuanto al desarrollo de la sociología en la región” (1964, p.
16). Germani también es enfático en dividir la Sociología Latinoamericana en tres etapas,
considerando los contextos remotos, mediatos e inmediatos de la historia sociológica, son ellas:
1. Pensamiento pre-sociológico; 2. La sociología en las universidades y 3. Comienzos de la
sociología científica. En ese sentido, diverge de la propuesta de historialización de Marini y
García que se enfocan en los procesos inmediatos de la historia sociológica en Latinoamérica.
Por su parte, García (1972) esboza que la actitud pasiva de Latinoamérica frente a los
postulados importados, son garantía de la deshabilitación teórica y política de estos países.
Señala que las “elites latinoamericanas eran liberales en lo económico y conservadoras en lo
político” (1972), esto se debe a que los intelectuales que hacían parte de la élite asumían con
naturalidad los cambios económicos porque eran los mayores beneficiados, de alguna manera
podían seguir reproduciendo su capital económico, sin embargo en lo político era una oligarquía
completamente cerrada, no le convenían los cambios que implicarán transición de poder. Sin
embargo, García (1972) propone una posición similar a la propuesta de Marini (1994), pues
plantea que las ciencias sociales en América Latina aparecen en el marco de una política liberal
y como una disciplina universalista, en tanto busca establecer leyes generales de la vida social
que son validadas independientemente de la historia y la cultura.
Pese a las diferencias entre los autores, estos confluyen en señalar al liberalismo y al
positivismo como corrientes económicas y políticas que influencian el pensamiento social
latinoamericano. También se preocupan con la institucionalización de la sociología en el marco
de este panorama y de cómo esta se ubica en el campo académico latinoamericano, asimismo,
procuran ubicar a los pensadores latinoamericanos fruto de este contexto. Finalmente, plantean
que es necesario el avance de esta ciencia dentro de este periodo, al mismo tiempo que señalan
la importancia del quehacer sociológico y de la necesidad de recuperación, actualización,
profundización y renovación de esa tradición teórica frente a América Latina en un proceso
constante de cambio.
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Aportes del pensamiento crítico latinoamericano en la formación teórica y en la definición
de temas y problemas de la sociología latinoamericana.
Mucho se problematiza sobre la pertinencia de los aportes del pensamiento
latinoamericano en la formación teórica y en la definición de temas y problemas de la sociología
latinoamericana. Para reflexionar sobre estas cuestiones nos detendremos a observar más
detalladamente cómo ha sido el desarrollo del pensamiento social latinoamericano. Esta
observación se hará recurriendo a algunos de los autores más reconocidos en el tema, aquellos
que han direccionado el rumbo de la sociología latinoamericana y han concebido como
fundamentales algunos temas para los que, sin duda, existe un correlato en la acción.
a. El pensamiento social Latinoamericano que representan Alberdi y Caro, de acuerdo
con Jaime Jaramillo Uribe (1977).
Antes de empezar a explicar la tradición del pensamiento social de Alberdi y Caro, es
necesario aclarar que estas dos direcciones surgen después de las batallas de independencia que
harían autónomas política y administrativamente a las naciones americanas a comienzos del
siglo XIX.
A partir de la disolución del imperio español, los americanos quedan expuestos ante el
hecho de la independencia, y es aquí donde surge un problema, y se preguntan ¿sobre qué bases
jurídicas, políticas y espirituales deberían organizarse los nuevos Estados-Nación?, es decir, no
se referían tanto al nuevo orden político, sino más que todo al ideal del ser latinoamericano, de
mirar cuál sería la forma ideal de vida para este. Fue entonces cuando surgió en el pensamiento
hispanoamericano el análisis de la herencia espiritual legada por España, y en este proceso de
toma de conciencia de la realidad histórica, se propusieron las dos grandes direcciones de su
orientación espiritual.
Estas dos formas de pensamiento son representadas por dos élites que son opuestas: la
primera, propuso como solución a los problemas la orientación de América sobre la base de una
educación fundada en los valores propios de la conciencia burguesa y del hombre moderno tal
como lo concebían los distintos matices del positivismo, es decir, ésta élite se inclinaba al
pensamiento liberal ilustrado, le apostaba a la idea de desarrollo y progreso, buscaba por decirlo
así, un Estado más moderno y liberal y una cierta autonomización de la sociedad civil frente al
Estado.
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Esta es la tradición del pensamiento social latinoamericano que representa Juan Bautista
Alberdi, siendo el que caracterizó con mayor pureza la tendencia hacia la “desespañolización”
de América según Jaramillo (1977). Él no contrapone lo hispánico y lo sajón, sino lo europeo
y lo bárbaro, incluyendo lo hispánico dentro de lo europeo. Para Alberdi la idea de civilización
se encuentra en la industrialización, y su referencia son los pueblos anglosajones, tales como
Estados Unidos e Inglaterra. El tipo de ser ideal suramericano para Alberdi era el de un ser
formado para vencer al enemigo del progreso, que según él era la despoblación, por tal razón
relacionaba la idea de progreso con poblar, pero tal poblamiento no se debía hacer con cualquier
tipo de personas, sino con europeos anglosajones, pues según él eran superiores a cualquier otra
estirpe europea.
La segunda tradición de pensamiento es la que proclamaba una continuidad de la
tradición hispánica cómo única manera de conservar la autenticidad espiritual y de mantener
una equilibrada organización política. Esta élite consideraba a España como su referente más
importante y el pensamiento conservador es su referente.
Según esta tradición de pensamiento, sí debían haber una independencia político
administrativa de España, pero no se debía romper y renunciar a la tradición conservadora que
conformó a América culturalmente. A este pensamiento pertenecía Miguel Antonio Caro: este
personaje representa “la fidelidad a la tradición Española” (JARAMILLO, 1977, p. 59), es el
máximo representante de la idea de conservarla, pues para él, ésta significa una concepción
típica de la vida personal y de la organización del Estado, y porque simboliza una gestión
histórica.
De él se dice según Jaramillo (1977) que fue el más grande pensador político que tuvo
Colombia con una postura consecuente toda su vida, pues Caro nunca sucumbió a otros
presupuestos que se daban en su época, como sí lo hicieron otros de sus contemporáneos.
Siempre sostuvo que no habían otras expresiones culturales superiores a los hispanos y nunca
vio problema o criticó que España no hubiera traído a América lo que la mayoría consideraban
la civilización: la gran industria y la técnica, la economía de libre Mercado, las libertades
individuales etc.
Como se mencionó anteriormente, Caro sí estaba de acuerdo con la independencia
política, pero no contra la ruptura del espíritu de la tradición Española, porque significaría una
catástrofe. Para Caro todas las ideas y concepciones de un ideal de individuos libres que buscan
su propio interés y logran el beneficio de todos, no es un tipo o estilo de vida español, sino que
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iba en contravía de este, y según su pensamiento, para América ser fiel a su propia esencia,
tenía que ser fiel a la tradición española.
Por medio de estas dos corrientes de pensamiento que se establecieron en América luego
de las batallas de independencia, se puede evidenciar que no había un consenso en las élites de
como encausar a la nueva sociedad, y tanto la una como la otra tenían en su imaginario de
sociedad referentes extranjeros, no lo autóctono y propio de nuestro contexto y nuestra realidad,
tomando una actitud acrítica sin mucha intención de revisar y crear, sino de copiar.
b. José Martí “Nuestra América” y la crítica a la tradición eurocéntrica del pensamiento
social latinoamericano.
En el discurso “Nuestra América” de José Martí (1891), se condensan una serie de
elementos que dan razón de un pensamiento disidente del régimen implementado a partir del
colonialismo europeo. Es un discurso disidente porque denuncia abiertamente los desmanes,
promueve una forma particular de ser latinoamericano, y sirve además de referente, inclusive
teórico, para legitimar la idoneidad de la persona latinoamericana, en la asunción de las riendas
de su continente pero en particular en la apropiación de su ser.
De otro lado, hay un llamado apremiante a la unidad en América. José Martí reconoce
que América ha sido devastada, pero plantea que lo que queda de ella debe despertar. Dice que
“estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la
almohada” (1891, p. 31). Además de ser un llamado a la unidad, es un llamado a la lucha en
función del restablecimiento de lo propio, de lo autóctono, de la dignidad de estas razas que
convergen en América.
Otra gran significación del texto “Nuestra América” la hallamos en la carga metafórica
que tiene, y ello nos resulta significativo justamente porque expresa toda una cosmogonía, una
relación con la tierra que da el sustento, un modo particular de ser, estar, tener y hacer en un
continente que no solo ha sostenido a sus aborígenes sino que ha sido devastado por los
colonizadores: “hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la
patria que los nutre” (2005, p. 32), pero que en medio de las cenizas se dispone a resurgir y a
resistir, porque tiene los medios para hacerlo.
Aquí debemos plantear el asunto de la tradición europea y la postura de José Martí frente
a ella:
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Resolver el problema después de conocer sus elementos es más fácil que
resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y
fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra
en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver
(MARTÍ, 2005, p. 34).
Esta frase logra dar razón en buena medida de las dificultades respecto de una tradición
eurocéntrica, tiene que ver con que los postulados de ése pensamiento no tenían asidero en la
realidad de América, luego, el pensamiento social latinoamericano parte del principio de
realidad, es decir, de transformar la teoría en praxis.
Finalmente, planteando el tema de la identidad podemos dar razón también de la
importancia y la prevalencia del pensamiento social latinoamericano sobre el europeo porque
representa una cultura que invita a asumirse, reflexivamente, y a propiciar el diálogo con otras
culturas. Siguiendo de cerca las ideas de Darío Botero: “Recibir y entregar. No hay culturas
subalternas; hay más bien individuos y sobretodo dirigentes políticos subalternos. Las culturas
son formas de una espiritualidad mundana que establece mediaciones con el cosmos, con la
interacción social” (BOTERO, 2000, p.10).
c. Darío Botero Uribe, el “Manifiesto del pensamiento latinoamericano” y la crítica a la
universalidad proyectiva.
Esta crítica proyectiva inicia en el debate del pensamiento autóctono, ¿cómo una sola
corriente de pensamiento puede determinar todos los contextos? Es algo que plantea el autor en
el desarrollo de su argumento acerca de los límites que tiene el pensamiento, es una discusión
que se ha dado durante años, especialmente del pensamiento y cultura occidental que ha
permeado fuertemente la cultura latinoamericana, convirtiéndose en modelo a seguir.
El pensamiento es algo localizable y determinable, posee un topos y responde a las
dinámicas de un contexto, así que es impreciso analizar otros contextos bajo la lupa exacta de
un pensamiento predeterminado, como señala Darío Botero “un pensamiento que sin renunciar
a la universalidad es expresión de un ethos particular determinado” (BOTERO, 2000, p.8). No
obstante no se plantea ignorar lo que ya se ha elaborado en otros espacios, sino hacer una
revisión de lo que se ha dicho, observarlo críticamente con el fin de determinar qué se puede
acoger y rechazar de este; en vez de retomar, como simple copia, sin análisis.
Teniendo presente lo anteriormente expuesto y bajo el eje de análisis de Botero, resulta
importante poner bajo estudio el papel que ha jugado la identidad en Latinoamérica, una cultura
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donde han confluido otras como: la occidental, la negra y la indígena, las cuales han aportado
desde diversos ámbitos en el nacimiento y desarrollo cultural de América Latina.
Tres culturas que se amalgaman, se fusionan, se interpenetran en el arte, en el folclor,
en el lenguaje, en los usos, en la idiosincrasia, en la política. Nuestros dirigentes
quieren parecer occidentales, pero nuestro ser, nuestra vida, nuestra imaginación,
nuestra ambición de realización humana, nuestras formas de sentir, de pensar y de
plasmar pertenecen a una fragua nueva y son producto de una larga convivencia
(BOTERO, 2000, p.12).
En Latinoamérica, el papel de la identidad y el pensamiento ha estado atado al progreso
de Europa, dado que los intelectuales y políticos se ligan a corrientes de pensamiento e intentan
implementar aquí las medidas de aquellos, repiten esquemas sin comprensión de las dinámicas
propias. Esto se ha generado debido a que se subestima lo autóctono y propio pues se ha
generalizado la idea de la riqueza cultural de Europa. La crítica proyectiva del autor pone bajo
juicio esto, para él, es necesario reconocer la importancia de occidente y su valiosa contribución
a la sociedad con el proyecto de modernidad y los derechos humanos, y su influencia en otras
culturas, sin embargo el efecto que ha causado en América Latina, no ha sido una
retroalimentación o intercambio, sino un plan a seguir de su modelo, tomándolo como suyo,
dejando a un lado el juicio crítico, la interpretación, la huella latinoamericana, para ser una
copia mal realizada y convertirse en una cultura mentalmente colonizada, ya que el pensamiento
social de occidente responde a las demandas de sus topos y aunque en algunos aspectos coincida
con los requerimientos nuestros, no son idénticos “en América Latina hay una conciencia
enajenada filosófica y científica ¿mente?. Pensar en filosofía y ciencia es repetir” (BOTERO,
2000, p.18).
En síntesis esta crítica proyectiva se basa en algunos puntos o acciones en las cuales
debe concentrarse América Latina para mostrarse como una cultura propia pero que no vive al
margen del contexto internacional, sino que lo utiliza como guía en el proceso de construcción
de su cultura, para apoyarse en lo que le beneficia y no repetir errores. La crítica proyectiva del
autor va encaminada al proyecto a seguir de América Latina que se basaría en la autolimitación
de la razón, no asumir la modernización igual a occidente, implementar una economía
comunitaria hecha a la medida de las personas, donde las formas de acción y producción no
sean individualistas sino que se efectúen en conjunto. América Latina como cultura
esencialmente híbrida, recoge valiosos elementos de diferentes topos que aunque en el trascurso
histórico no se le ha visto con esplendor como sí ha pasado con occidente, posee un gran cúmulo
de características y gran potencial para sobresalir en el pensamiento social (BOTERO, 2000).
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d. La crítica al marxismo Eurocéntrico- Latinoamericano, desde la reflexión de Edgardo
Lander y los aportes de Mariátegui.
Esta crítica al marxismo eurocéntrico se fundamenta en el carácter hegemónico que ha
logrado construir sobre el pensamiento social latinoamericano, con el objetivo de replicar la
visión eurocéntrica al contexto del sur para leerla bajo la misma perspectiva. La base de las
sociedades latinoamericanas ha sido el apartamiento y el despojo, para convertirse en la
democracia ideal que se plantea en occidente. La discusión que se genera aquí va en la línea de
someter a juicio el carácter universalista de la modernidad, dado que desde el contexto de
América Latina se vive otro sentido de la modernidad, el lado colonial, esa perspectiva olvidada
según la cual el progreso del centro es el sometimiento de las periferias.
Este pensamiento desde la perspectiva europea de productores de la modernidad generó
grandes consecuencias para Latinoamérica. Como lo menciona Edgar Lander, la raza como
categoría mental jugó un papel fundamental dado que se concibieron las diferencias entre estas
culturas como determinantes de su capacidad como seres humanos, lo que ubicó a nuestra
cultura como inferior y por debajo de la europea. Dentro del argumento del marxismo, se
observan puntos problemáticos entorno a la legitimación de la epistemología que se pretende
hacer, ya que se intenta validarla desde el marco de pensamiento que se quiere someter a crítica,
lo cual pone sobre una base débil los fundamentos de esta corriente que tiene como fin avanzar
frente a la sociedad que ponen bajo tela de juicio, “a partir de las estructuras coloniales del
poder, se naturalizan las diferencias culturales entre los grupos humanos, mediante un
sistemático régimen de codificación y clasificación de estas diferencias” (LANDER, 1990,
p.215). Lo que se genera con esto es cierre de la visión y no ir más allá de su marco de
pensamiento, el cual se encuentra limitado por las determinaciones de su topos.
Otro aspecto de la crítica al marxismo desde la perspectiva de José Carlos Mariátegui,
es la similitud que tiene en cuanto a la mirada que también hace del tema de la historia universal,
en donde en la relación con América Latina, es Europa quien está determinando todos estos
procesos de desarrollo y de capitalismo mundial y es la referencia o espejo proyectivo de las
nuevas naciones: por tal razón no aplica el dogma marxista propio del mundo europeo moderno
en Latinoamérica tal cual está, sino que hace un marxismo crítico adecuándolo a la realidad
latinoamericana, en especial en el Perú.
El autor, muestra su interés en cuanto a esta doctrina, utilizando solo lo que le es útil y
expresando que se debe discernir la realidad y el contexto en el cual se vaya a aplicar, en otras
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palabras, lo que hace es adecuar el marxismo críticamente, interpretar desde un marxismo vivo
la realidad peruana, no copiar lo que ya las élites venían realizando, sino ir construyendo un
conocimiento nuevo que se pudiera nutrir de la riqueza cultural Latinoamericana.
Desde su formación marxista, Mariátegui rompió con el dogma interpretando el
problema de la tierra en su país, expresando que la propagación en Perú de las ideas socialistas
había traído como consecuencia un fuerte movimiento de reivindicación indígena, indicando
que la solución del problema del indígena tiene que ser una solución social, y pasar a
reconocerlo como un problema económico y político, no administrativo, ni como problema
étnico y moral, y los realizadores de esta revolución socialista debían ser los propios indígenas.
Su pensamiento estaba en consonancia con la acción, dejando aparte las razones
doctrinales, iba encaminado en cómo hacer la revolución socialista indoamericana. El considera
fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar al problema
agrario en Perú: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la
agricultura y la vida indígenas. No era una apuesta por el progreso como la planteaban las élites,
pues la visión de Mariátegui era anti-imperialista.
Como se vio, son varios los temas y, tras ellos, los llamados a la acción que hacen los
distintos actores desde perspectivas también muy diferentes. Unos temas clave, sin duda, son
los de la identidad y la unidad. Temas desde los que el pensamiento latinoamericano se erigió
como autóctono. Pero no deben dejarse de lado temas más concretos relacionados con la
dirección que debe tomar la sociedad en general, con su destino y su modelo de desarrollo.
¿Es posible hablar de una sociología latinoamericana a partir de un proceso de ruptura
teórica con la tradición eurocéntrica del pensamiento social latinoamericano?
La tesis según la cual sólo es posible hablar de sociología latinoamericana a partir de un
proceso de ruptura teórica con la tradición eurocéntrica del pensamiento social latinoamericano
se explica a partir de la historia misma de la sociología en esta región, una región marcada por
el proceso de colonización y por la posición de desventaja frente a Europa: la posición de
dependencia.
De acuerdo con Marini, durante la colonización y bajo la dominación colonial que siguió
imperando en los países de América Latina aún mucho después de independizarse, la región no
estuvo en condiciones de producir ideas propias, ni siquiera ideas propias sobre sí misma.
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Producía realidades tal como producía materias primas y alimentos: para la exportación. E
importaba de Europa y las grandes metrópolis los productos manufacturados y las ideas
acabadas sobre las realidades que tenían lugar en este suelo. En palabras de Marini “se
consumían ideas como se consumían telas, rieles y locomotoras” (1994, p. 239).
Tanto era así que la medida de lo culto, de lo correcto, de lo válido se hacía con relación
a lo europeo. El recurso a la literatura de origen europeo y anglosajón era cada vez mayor: se
recurría a “autores de medio pelo, como aval de teorías sociales para interpretar la realidad
latinoamericana” (ROITMAN, 2008, p.31). Esta era la marca del colonialismo cultural en el
pensamiento latinoamericano, la dependencia cultural que no lo dejaba ser, que no le permitía
al latinoamericano pensarse a sí mismo y a sus realidades: su pensamiento era imitación y
reflejo del pensamiento que sobre él se hacía en otras latitudes.
Con todo lo que hay en el interludio, de la colonia a la independencia y de ésta al siglo
XX, es decir, después de pasar por la copia de las ideas a la toma de conciencia de que América
Latina está en relación de dependencia con Europa, y de esta conciencia al proyecto de
“emancipación mental” que conduciría, según Leopoldo Zea (1986) al absurdo de partir de cero
respecto de las experiencias del pasado, negando el pasado para, a través del liberalismo y el
positivismo “regenerar” a esta América; con todo esto, o mejor, después de ese camino
equivocado en el que se renuncia a la historia, en el siglo XX se toma conciencia no sólo de la
posición de dependencia frente a las grandes metrópolis, sino también de los errores del pasado
que significaron renunciar a la propia identidad.
Es entonces a principios de este siglo que empieza a consolidarse una verdadera ruptura
teórica con la tradición eurocéntrica del pensamiento social latinoamericano y, por tanto, que
empieza a vislumbrarse en el horizonte un pensamiento propio, la posibilidad de una sociología
latinoamericana propiamente dicha. De allí que algunos de los grandes temas de este primer
pensamiento latinoamericano sean la autonomía cultural y la identidad nacional, que
originalmentel desarrollo de la sociologia latinoamericanae se propusieron contra las ideas
conservadoras de España y después como respuesta a la necesidad de un pensamiento crítico
(CASANOVA apud JIMÉNEZ, 2013) Al respecto, los nombres de Martí y Mariátegui, cobran
gran relevancia.
Con este antecedente, sumado al contexto, mencionado en líneas precedentes, de “crisis
capitalista, que desorganiza el mercado mundial basado en la división simple del trabajo y que
acabará por conducir a la guerra de 1939-1945” (MARINI, 1994, p. 242) se abre en los países
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de América Latina la posibilidad de que comience un proceso de industrialización, dependiente
de la creación de mercado interno. Esto impactará enormemente la diferenciación de las clases
y la toma de conciencia por éstas de sus intereses a la vez que significará la consolidación de
un soporte indispensable para que se pueda hablar de un latinoamericanismo autónomo:
estrechas relaciones comerciales y políticas entre los países de la región (MARINI, 1994).
El pensamiento social propio, autónomo y crítico se impulsará en esa coyuntura
económica, pero, a su vez, se consolidará fuertemente valiéndose de, entre otras corrientes, el
marxismo:
En buena medida del marxismo, aunque no sólo de él, los intelectuales
latinoamericanos tratarán de establecer sobre bases firmes una tradición original e
independiente en la teorización de la región. Luego, se irá a la institucionalización de
las ciencias sociales, en particular la sociología y la economía. (MARINI, 1994,
p.243).
La sociología latinoamericana empezará a caminar por cuenta propia, sin renunciar por
ello a los aportes europeos o anglosajones. La producción de trabajos de alta calidad de autores
latinoamericanos, entre los que Marini destaca a Florestan Fernández, Gino Germani, Alberto
Guerreiro Ramos, Pablo González Casanova, sin dejar de lado a los pensadores de la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la teoría de la dependencia, son la
muestra de que se ha llegado a una cierta madurez y, sobre todo, a una independencia respecto
a la producción de pensamiento social propio. La ruptura necesaria para que esto pudiera llegar
a ser la constituyó la toma de conciencia (histórica, porque no se renuncia al pasado) de la
posición de dependencia de América Latina frente a Europa: “la difícil gestación de una ciencia
social crítica, centrada en la problemática de nuestras estructuras económicas, sociales, políticas
e ideológicas, había finalmente concluido” (MARINI, 1994, p. 244).
A partir de ese momento las ideas de América Latina también viajan a Europa y a
Norteamérica, posibilitando el surgimiento de nuevas corrientes de pensamiento y de amplias
perspectivas desde las cuales comprender la compleja realidad social de la región.
La tesis de que la ruptura es la que da inicio a una producción de pensamiento social
propio y, por tanto, a una sociología latinoamericana propiamente dicha, nos parece acertada.
Sin la toma de conciencia del lugar que se ocupa en el sistema mundo no podría hablarse de un
pensamiento propio, pese a que las ideas que se producen en Europa siguen alimentando las
que se producen en este lado del mundo, porque, ahora, también ocurre en el otro sentido:
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Europa es también construida, es también leída y comprendida por el pensamiento
latinoamericano.
Es evidente, sin embargo, que la dependencia frente a lo europeo y frente a su
producción de ideas (que se siguen importando como productos terminados) no se ha superado
del todo: su peso sigue siendo colosal en el pensamiento que se intenta construir como propio.
Como ya hemos dicho, no se trata de renunciar o ignorar lo que se produzca en Europa, sino de
producir pensamiento, al menos, a su misma escala y con su mismo peso y significación. En
los países de América Latina, en las facultades de ciencias sociales, a menudo se observa cómo
es muy poca la producción de conocimiento y como, al contrario, el afán por su aplicabilidad
es abrumador. Si no se produce desde la propia región el pensamiento que estos países tienen
tanto afán por aplicar, no estamos haciendo más que “practicar lo que piensa la Europa” como
dijera Alberdi en su época (ZEA, 1986), independientemente del grado de conciencia que ahora
se tiene.
CONSIDERACIONES FINALES
Este escrito se enmarca en un proceso de aproximación de los estudiantes del campo de
las Ciencias Sociales al campo del saber de la sociología latinoamericana. Esta perspectiva
teórica nos permite tener no sólo una visión más integral en el área de las teorías Sociológicas,
sino también contar con la posibilidad de construir una perspectiva propiamente
latinoamericana desde la cual interpretar y valorar críticamente los aportes de las teorías
sociológicas procedentes de otras experiencias histórico-culturales (como Europa y EEUU),
con las cuales se pueda entablar un diálogo creativo y enriquecedor en las lecturas de la propia
realidad.
Dejando claro qué entendemos por sociología latinoamericana queda una pregunta por
resolver ¿se trata de un campo específico de problemas objeto de tratamiento sociológico, es
decir, de una rama sociológica específica dentro del universo de problemas y campos de la
sociología general? De acuerdo a lo que venimos planteando consideramos que se trata de una
manera de abordar la sociología más que de un campo específico de problemas, sin embargo,
al adjetivarse como latinoamericana se entiende que carga con una marca distintiva ¿qué es lo
que la hace diferente? Sin duda, las problemáticas que aborda, al ser las propias de los países
de la región y al ser, por tanto, diferentes que las de los países del centro; pero, además, la forma
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de abordar esas problemáticas: las teorías que crea y acoge (o adapta), las metodologías que
utiliza, las preguntas que se hace, las críticas que hace de las teorías eurocéntricas, entre otras
cosas. La sociología latinoamericana no pierde la visión de la sociedad como totalidad y de la
interconexión de los fenómenos sociales (económicos, políticos, culturales) por lo que
constituirse como campo específico de problemas, como campo de especialización de la
sociología “en general” podría limitarla.
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05/2016.
RESUMO
O presente texto pretende dar conta de alguns apontamentos sobre o
campo da Sociologia Latino Americana. O exercício de reflexão é
resultado das atividades realizadas no marco do curso de Sociologia
Latino Americana, 2016.1, da graduação em Sociologia da
Universidade de Antioquia – UDEA/Colômbia. Neste contexto, tal
escrito faz considerações sobre as ideias principais da Sociologia de
Latino América, especificamente sobre sua formação propriamente dita
em meados do século XX até uma identificação dos principais debates
e problemas contemporâneos. A ideia é, portanto, aproximar os debates
do processo de formação da sociologia latino americana, seus
contextos, seus perfis e seus desenvolvimentos, tendo como cenário os
processos teóricos, culturais e históricos que desde meados do século
XIX até a atualidade contribuíram à configuração da sociologia latino
americana como um campo específico de estudo da sociologia e ao
mesmo tempo um lócus a partir da qual estudar a realidade Latino
Americana.
Palavras-chave: Sociologia. Teorias Sociológicas. Sociologia
Latinoamericana.
Recebido em 26.10.2016
Aprovado em 01.12.2016
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