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Valor de La Asertividad

Claudia regresa a casa triste después de pelearse con su amiga Paula en la escuela. Su abuela nota su tristeza y le cuenta un cuento sobre una niña llamada Ruth que aprende la importancia de ser asertiva y respetar sus propios deseos, en lugar de complacer a los demás todo el tiempo. Gracias a esta lección, Claudia comprende que no actuó de forma egoísta al decirle a Paula que no quería jugar, sino que estaba siendo asertiva al expresar sus propios sentimientos.

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Valor de La Asertividad

Claudia regresa a casa triste después de pelearse con su amiga Paula en la escuela. Su abuela nota su tristeza y le cuenta un cuento sobre una niña llamada Ruth que aprende la importancia de ser asertiva y respetar sus propios deseos, en lugar de complacer a los demás todo el tiempo. Gracias a esta lección, Claudia comprende que no actuó de forma egoísta al decirle a Paula que no quería jugar, sino que estaba siendo asertiva al expresar sus propios sentimientos.

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SER ASERTIVO.

Claudia y su asertividad

Cuando Claudia entró en casa, su rostro mostraba agotamiento y


tristeza. Normalmente siempre volvía muy contenta del colegio, así
que su abuela comprendió en seguida que algo había ocurrido en el
colegio.

– Claudia ¿quieres que salgamos a merendar? Han abierto una


pastelería nueva y los pasteles tienen un aspecto delicioso – preguntó
la abuelita.

– Gracias abuela, pero no tengo mucho apetito.

– Bueno cariño, pues si quieres me cuentas primero lo que te pasa y


cuando te encuentres mejor y más alegre nos vamos juntas. ¿Qué te
parece? ¿Quieres contarme por qué estás tan triste?

Claudia estaba sorprendida, ¿cómo se habría enterado su abuela de lo


sucedido en el cole? Comenzó a ponerse muy nerviosa y su frente
empezó a arrugarse como la de uno de esos perros que tienen tanta
piel.

– Pero abuela, ¿cómo te has enterado?

– He visto tu cara y me he imaginado que algo te había pasado, porque


esta mañana estabas muy contenta y ahora has vuelto totalmente
abatida.
En ese momento Claudia se relajó, nadie había dicho nada, era todo un
alivio.

– Pues veras abuelita, es que hoy me he peleado con mi mejor amiga,


Paula, porque ella siempre me está diciendo lo que debemos hacer y a
lo que debemos jugar. Pero hoy he sido muy egoísta, porque no me
apetecía jugar al “pilla, pilla” y le he dicho que si no le importaba nos
quedábamos sentadas. Es que me dolía un poco la tripa y cuando a
Paula le sucede algo, yo siempre me quedo a su lado. Sin embargo,
ella se ha ido a jugar con otras niñas y me ha dicho que soy una
egoísta por no querer jugar.

La abuela se quedó unos segundos en silencio, respiró hondo y se


acercó a la librería.

Con el dedo seleccionó un minúsculo cuento, lo sacó y lo abrió.

Te voy a contar una historia. 

Este libro se llama “La asertividad de Ruth”

Había una vez una pequeña llamada Ruth. Todo el mundo decía de ella
que era la niña más buena de la aldea. Ruth siempre estaba dispuesta a
ayudar a los demás, aunque tuviese que dejar lo que estuviera haciendo.
Era incapaz de decir que no a un amigo y siempre hacía todo lo que la
pedían.

Un día, llego una niña nueva al colegio, se llamaba Marta. Era una niña
bastante revoltosa, pero Ruth se presentó y le ofreció su ayuda para todo
lo que necesitase.

Marta entendió que Ruth era muy buena y decidió aprovecharse de ella.
Cada vez que su mamá le mandaba a hacer un recado, ella llamaba a Ruth
y le encargaba que lo hiciera por ella.

Siempre le pedía que terminase sus deberes y no paraba de molestarla con


pedidos agotadores.

Ruth siempre estaba dispuesta a ayudar, pero una mañana amaneció


enferma y tuvo que decir a Marta que no podría ayudarla con todo lo que
la pedía. También tuvo que pedir al resto de personas de la aldea que la
dejasen descansar, pues con tanto ayudar a los demás había descuidado su
salud y había enfermado.
Pasados unos días, Ruth mejoró y volvió a la escuela, pero para su
sorpresa ninguna amiga la quería dirigir la palabra.

En seguida se dio cuenta de que Marta estaba todo el rato cuchicheando a


sus espaldas. De pronto, una de sus mejores amigas se acercó y le dijo:
“Ruth, eres muy egoísta, estos días hemos tenido que jugar solas y nadie
nos ha ayudado a hacer las cosas”

Ruth no entendía como habiendo sido siempre tan buena con todo el
mundo, ahora nadie agradecía su esfuerzo.

En ese momento un niño, que siempre jugaba solo, se acercó a ella y le


dijo: yo seré tu amigo. Pero no quiero que hagas siempre lo que yo te diga,
al igual que yo no lo haré. Los amigos deben ser sinceros y tenemos que
ser capaces de decir “no” cuando algo no nos parezca bien.

Ruth sonrió; ella no estaba acostumbrada a que nadie tuviese en cuenta su


opinión. Durante toda su vida se había dedicado a complacer a los demás
y nunca nadie había tenido en cuenta si le apetecía o no hacerlo.

Y desde entonces Ruth aprendió el valor del respeto hacia uno mismo y
hacia los demás y la importancia de la amistad sin condiciones.

La abuelita dio por terminado el cuento, se quitó sus gafas y se dirigió a


Claudia diciendo:

– La moraleja de este cuento, querida nieta, es que hay que saber decir que
“no”, con respeto hacia los demás, pero también sabiendo respetar tus
propios deseos. No por complacer a todo el mundo vas a conseguir que
todos sean tus amigos.

Si alguien no es capaz de tener en cuenta tu opinión, tal vez no te interese


tenerlo como amigo o amiga.

En la vida hay que saber decir que no cuando algo no te apetece o no te


parece correcto. El respeto y las buenas formas no deben estar reñidos con
saber hacer entender cuáles son tus preferencias. Si en algún momento no
puedes ayudar a alguien porque estás muy ocupado, debes ser capaz de
decir “no”;  a veces hay que dar importancia a tus propias obligaciones.

Así que “NO” Claudia, no te has comportado como una egoísta con tu
amiga Paula. Lo único que ha ocurrido es que has encontrado tu
asertividad.-
– ¿Cómo? – preguntó Claudia con el gesto torcido.

– Pues eso, que has encontrado tú asertividad. Has aprendido a decir que
“NO” cuando ha sido necesario y sin faltar al respeto a nadie. Y lo más
importante es que al ser asertivo has aprendido a respetar tus propias
opiniones, porque ¿sabes qué? Todos tenemos derecho a dar nuestra
opinión, y a ser tenidos en cuenta.

Y ahora, ¿te apetece merendar o te prefieres descansar en casa? Ya sabes


tienes derecho a decidir, pues por fin has encontrado tu asertividad.-

– Pues veras abuela, con tanta asertividad se me ha abierto el apetito, así


que acepto tu invitación.-

Y tú ¿sabes dónde está tu asertividad? Disfruta con tus amigos y haz que tu
opinión se haga respetar.

FIN

RESPONDE LAS PREGUNTAS DEL CUENTO SOBRE


ASERTIVIDAD PARA NIÑOS:

1. ¿Por qué se había peleado Claudia con su


amiga?
2. ¿Crees que actuó bien Paula? ¿Has actuado
alguna vez como Paula?
3. La abuela le cuenta la historia de Ruth ¿Crees
que Ruth y Claudia se parecen?
4. Cuando Ruth enferma ¿qué sucede con sus
amigas?
5. El nuevo amigo de Ruth le propone ser sinceros
el uno con el otro ¿te parece correcta esta
actitud?
6. ¿Sabes decir a tus amigos/as lo que piensas
con respeto?

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