TUTELA
REPORTE DE CONSULTA
RELEVANTE
SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA
ID : 696567
M. PONENTE : OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
NÚMERO DE PROCESO : T 1100102030002020-00016-00
NÚMERO DE PROVIDENCIA : STC3565-2020
CLASE DE ACTUACIÓN : ACCIÓN DE TUTELA - PRIMERA
INSTANCIA
TIPO DE PROVIDENCIA : SENTENCIA
FECHA : 01/06/2020
DECISIÓN : CONCEDE TUTELA
ACCIONADO : SALA CIVIL FAMILIA DEL TRIBUNAL
SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE
MANIZALES
ACCIONANTE : LUZ ERIKA CEDIEL RODRÍGUEZ
FUENTE FORMAL : Ley 54 de 1990 art. 5, 7, 8 / Decreto
1260 de 1970 art. 76, 77, 81, 106, 107 /
Código General del Proceso art. 583 núm.
2 / Código General del Proceso art. 584
núm. 2, 3, 4 / Código de Procedimiento
Civil art. 657 núm. 5 / Código Civil art.
100, 107, 152, 1321, 1820, 2530, 2535
inc. 2 / Código Civil art. 97 núm. 5
ASUNTO:
1. «¿cómo se cuenta la prescripción para demandar la disolución y
liquidación de la sociedad patrimonial entre compañeros permanentes,
cuando se declara la muerte presunta de uno de ellos por
desaparecimiento?». 2. ¿La sentencia emitida en el proceso de declaración
de unión marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad
patrimonial que declara probada la excepción de prescripción de la acción,
al contabilizar el término a partir de la ejecutoria de la sentencia
condenatoria por el delito de desaparición forzada del compañero
permanente de la accionante, vulnera su derecho al debido proceso?
TEMA: ACCIÓN DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIA JUDICIAL -
Flexibilización del principio de subsidiariedad y residualidad: prevalencia del
derecho sustancial sobre el formal (c. j.)
Tesis:
«Aunque en el sub lite, no es claro si la quejosa tenía a su alcance el
“recurso extraordinario de casación” para conjurar el yerro alegado, dado
que en el litigio fustigado no hay datos que revelen el interés para
proponerlo, la envergadura del defecto en que incurrió la Colegiatura
reprochada, como se verá, y la prevalencia del “derecho sustancial”,
permiten superar dicha omisión.
Sobre tal posibilidad, la Sala ha esbozado que
“(…) en algunos casos en los que la decisión judicial vulneró de manera
protuberante los derechos fundamentales o las normas de orden público,
[se] ha admitido que no resultaba conveniente anteponer tales exigencias
-subsidiariedad e inmediatez-, pues no constituyen un obstáculo
insuperable que impidiera otorgar la protección.
En tal sentido, en oportunidad anterior, ante la evidente vulneración de las
garantías constitucionales, la Sala concedió la tutela, a pesar de que no se
agotaron los mecanismos ordinarios de defensa judicial, ni se promovió en
forma oportuna el amparo, con el fin de ‘proteger los derechos reclamados
por la parte accionante, en aras de garantizar la prevalencia del derecho
sustancial sobre el procesal’.” (STC 12 oct. 2012. rad. 1545-01; reiterado en
CSJ STC2413-2016, STC14837-2019)».
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona: existencia legal
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia:
muerte real o presunta
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia:
presunción de muerte por desaparecimiento
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia: los
efectos legales de la muerte real o presunta no son exigibles antes del
registro de la defunción
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia:
forma de acreditar la muerte
Tesis:
«Muerte real y presunta. Prueba.
La existencia de toda persona humana, a voces del artículo 90 del Código
Civil, “principia al nacer, esto es, al separarse completamente de su madre”,
y se extingue, según el canon 94 ejusdem, con la “muerte”, la cual puede ser
“real” o “presunta”. Ambas categorías obedecen a la necesidad de regular los
eventos en que hay certeza del cese de funciones vitales, y aquellos en que
no la hay.
Es posible que a raíz de la desaparición de una “persona” se desconozca si
“vive o ha muerto”; para conjurar la incertidumbre y sus efectos en las
relaciones familiares y patrimoniales el legislador instituyó la figura de la
“presunción de muerte por desaparecimiento”, por razón de la cual se
supone que el deceso ocurrió en un tiempo determinado, y desde allí, previo
agotamiento del procedimiento consagrado en el Capítulo III del Título II del
Libro Primero del Código Civil y el canon 584 del Código General del
Proceso, se le tiene por fallecida.
Para saber si ha ocurrido la una o la otra y poder desgajar las
consecuencias legales pertinentes, es forzoso acudir al Registro Civil, pues
allí constan los “hechos, actos y providencias” que rigen el “estado civil de la
persona”, tal como lo impone el artículo 106 del Decreto 1260 de 1970, a
cuyo tenor “[n]inguno de los hechos, actos y providencias relativos al estado
civil y la capacidad de las personas, sujetos a registro, hace fe en proceso ni
ante ninguna autoridad, empleado a funcionario público, si no ha sido
inscrito o registrado en la respectiva oficina, conforme a lo dispuesto en la
presente ordenación, salvo en cuanto a los hechos para cuya demostración
no se requiera legalmente la formalidad del registro”, con lo que concuerda
el artículo 77 ejusdem, pues según él “[e]n el registro de defunciones se
inscribirán: 1. Las que ocurran en el territorio del país. 2. Las defunciones
de colombianos por nacimiento o por adopción, y las de extranjeros
residentes en el país, ocurridas fuera de éste, cuando así lo solicite el
interesado que acredite el hecho. El registro se cumplirá entonces en la
primera oficina encargada del registro en la capital de la República.3. Las
sentencias judiciales ejecutoriadas que declaren la presunción de muerte
por desaparecimiento”, así como el 76, cuandoquiera que “[l]a defunción se
acreditará ante el funcionario del registro del estado civil, mediante
certificado médico, expedido bajo juramento, que se entenderá prestado por
el solo hecho de la firma. Tan solo en caso de no haber médico en la
localidad se podrá demostrar mediante declaración de dos testigos hábiles”
(se enfatiza).
Y para la “muerte presunta”, se requiere de una “sentencia” que haga tal
“declaración”. Por ese camino, el artículo 81 ibídem precisa que “las
sentencias ejecutoriadas que declaren la muerte presunta por
desaparecimiento se inscribirán en el folio de registro de defunciones, con
anotación de los datos que expresen, y de ellas se dejará copia en el archivo
de la oficina”.
Entonces, habrá “muerte real”, en la hipótesis en que exista seguridad que
las “funciones vitales” de la “persona” han culminado, y “presunta”, cuando
una “sentencia” así lo “declare”. De ambas se ha de saber por los registros
que para el efecto lleva la Registraduría Nacional del Estado Civil».
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia -
Presunción de muerte por desaparecimiento: fecha presuntiva y efectos de la
sentencia
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia -
Presunción de muerte por desaparecimiento: finalidad de la fecha
presuntiva
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia -
Presunción de muerte por desaparecimiento - Efectos: exigibilidad,
únicamente, a partir de la sentencia que declara la muerte presunta
Tesis:
«La fecha presuntiva de la muerte y los efectos de la sentencia que declara la
presunta.
Cuando se “declara la muerte presunta” de alguien, en la “sentencia” se
establece que el deceso acaeció en un día concreto y, por ende, desde allí se
entiende extinguida la personalidad, sin perjuicio, claro está, que se
demuestre que el “desaparecido murió verdaderamente”, antes o después,
según lo estatuido en el inciso segundo del artículo 107 del Código Civil.
Ello significaría que todos los efectos de ese hecho se han de retrotraer al
“día presuntivo de la muerte”. Empero, no es así, por las razones que a
continuación se exponen:
Lo que realmente se busca con esa “presunción”, es proteger al desaparecido
y a los terceros mientras su “situación” se define, de tal manera que,
realizada la “declaración de muerte presunta”, los actos que se hubiesen
celebrado antes de ella se consolidan, como si el óbito hubiese acaecido en
la fecha establecida en la “sentencia”, puesto que a voces del artículo 107
del Código Civil “[e]l que reclama un derecho para cuya existencia se
suponga que el desaparecido ha muerto en la fecha de la muerte presunta,
no estará obligado a probar que el desaparecido ha muerto verdaderamente
en esa fecha; y mientras no se presente prueba en contrario, podrá usar de
su derecho en los términos de los artículos precedentes” (se enfatiza).
Mas, no debe perderse de vista que, por protección a terceros, aunque al
desaparecido se le tenga por “fallecido” desde el “día presuntivo de la
muerte”, las secuelas que se causan con su “deceso” solo pueden exigirse
una vez se le haya “declarado la muerte presunta”, es decir, con la
respectiva “sentencia”, comoquiera que sin ella no existe legalmente el hecho
presumido de la muerte, del que se adquiere certeza solo cuando la decisión
judicial lo ha reconocido y, por tanto, declarado.
Nótese que tal “declaración” constituye una nueva realidad jurídica: el
desaparecido, de cuya vida se dudaba, pasa a estar muerto. Es decir, dicha
resolución varía el estado civil de la persona, de modo, que tras su
expedición, frente a la familia, la sociedad, y su patrimonio, deja de vivir;
antes no hay “muerte”, únicamente una persona cuya subsistencia y
paradero se desconocen.
Finalmente, no hay que olvidar que quien aspire derivar alguna facultad de
la “muerte de una persona”, deberá acreditar esa circunstancia, y
tratándose de la “presunta”, lo deberá hacer con el “Registro Civil” donde
figure que mediante “sentencia así se declaró”.
En conclusión, aunque por efecto de la declaración de fallecimiento se
presume que el desaparecido ha muerto en el instante que la sentencia
establece y, por tanto, sus “relaciones jurídicas” se regulan de acuerdo con
esta presunción, la sentencia es definitiva para el ejercicio de los derechos
que surgen con la muerte, pues sin ella aún no tienen forma de acreditarse.
Ejemplo de ello son, entre otros, el cobro por los beneficiarios de un “seguro
de vida” o de la pensión de sobrevivientes de una persona cuya muerte es
presunta. Ante el primer evento, el artículo 1145 del Código de Comercio
dispone que “la mera ausencia y desaparición de la persona cuya vida ha
sido asegurada, no concede derecho a la cantidad asegurada. Pero ésta
podrá reclamarse si se produce la declaración de muerte presunta por
desaparecimiento, bajo caución de restituirla si el ausente reapareciere”. Y
frente al segundo, la Sala homóloga laboral ha dicho que solo es exigible con
la “sentencia que declara la muerte presunta”, concretamente con la
ejecutoria (CSJ SL 23 oct. 12, rad. 42083, reiterada, entre otras, en SL3288-
2019)».
DERECHO PROCESAL - Ejecución y ejecutoria de la sentencia: fuerza
vinculante
DERECHO PROCESAL - Ejecución de la sentencia - Exigibilidad de los
efectos erga omnes de las sentencias por la materia sobre la que recaen:
registro de la sentencia
Tesis:
«Eficacia de la declaración de muerte presunta por desaparecimiento frente
a intervinientes en el proceso que le da origen y los terceros: ejecutoria de la
sentencia e inscripción en el Registro Civil y Publicación.
5.1. Por regla general, las “sentencias” producen efectos relativos, esto es,
respecto de los asuntos donde son emitidas y frente a quienes intervinieron
en los procesos en que se han expedido, tal como el artículo 17 del Código
Civil lo dispone al señalar que “las sentencias judiciales no tienen fuerza
obligatoria sino respecto de las causas en que fueren pronunciadas”. Mas,
obvio es, casos hay en que rigen frente a todo el mundo como acontece con
las de declaración de pertenencia que, como se sabe, tienen efectos erga
omnes.
5.2. Igualmente, en línea de principio, dado que afloran excepciones, ellas
únicamente vierten sus efectos cuando han quedado ejecutoriadas, vivo
ejemplo de lo cual es el inciso primero del canon 305 del estatuto adjetivo, a
cuyas voces “podrá exigirse la ejecución de las providencias una vez
ejecutoriadas o a partir del día siguiente al de la notificación del auto de
obedecimiento a lo resuelto por el superior, según fuere el caso, y cuando
contra ellas se haya concedido apelación en el efecto devolutivo”, o el 303
que textualmente indica cómo “las providencias proferidas en audiencia
adquieren ejecutoria una vez notificadas, cuando no sean impugnadas o no
admitan recursos… …Las que sean proferidas por fuera de audiencia
quedan ejecutoriadas tres (3) días después de notificadas, cuando carecen
de recursos o han vencido los términos sin haberse interpuesto los recursos
que fueren procedentes, o cuando queda ejecutoriada la providencia que
resuelva los interpuestos”.
Vale pues reiterar, los “efectos de las sentencias”, generalmente, se predican
desde su “ejecutoria”.
Empero, hay situaciones en que esa regla resulta alterada, bien por virtud
de una directriz especial, o por la naturaleza de la decisión.
Así, por ejemplo, tratándose del primer evento, la Corte Constitucional, ha
dicho que las sentencias proferidas en ejercicio del control abstracto de
constitucionalidad, tienen “efectos” desde la “adopción de la decisión”.
En el segundo de los supuestos, se encuentran aquellas “sentencias” que
por la materia sobre la que recaen, tienen “efectos erga omnes”, esto es,
frente a todo el mundo, haya o no intervenido en el proceso. De suerte que,
aun cuando alguien no haya participado en el juicio de que se trate y, por
ende, tenga la calidad de tercero respecto de lo dictaminado, quedará
sometido a lo resuelto, ante las cuales el legislador ha diseñado un
instrumento de publicidad en virtud del cual se entiende que quienes no
comparecieron al juicio conocieron o debieron conocer la providencia y, por
ende, surte efectos en su contra. Tal es el mecanismo del “registro de la
sentencia”, que variará dependiendo del asunto que dirima; por eso se habla
de los “registros públicos”, como el del “estado civil”, el de “instrumentos
públicos”, el “mercantil”, el “automotor”, entre otros, destinados todos, a dar
“publicidad a los actos que son objeto de inscripción”.
De manera que si la “sentencia” debe ser inscrita en un “registro público”,
en principio, a partir de esa inscripción producirá efectos respecto de
quienes no fueron convocados a la lid correspondiente (terceros), sin
perjuicio de normas especiales que dispongan alguna formalidad adicional
para otorgarle publicidad, o que a pesar de ese evento -la no participación
en el proceso-, hayan tenido conocimiento de ella.
Sobre el punto, importa traer a colación por su pertinencia con el tema
examinado, guardando lógicamente las diferencias que hay, lo expuesto por
la Sala en materia de caducidad del recurso de revisión cuando se alega
“indebida representación o falta de notificación o emplazamiento”:
En relación con este término ha señalado la Corte que cuando la norma
mencionada determina, en los casos en que la sentencia debe ser inscrita en
un registro público, que el recurrente dispone de dos años contados a partir
de la fecha de registro de la sentencia para impugnarla, “…está partiendo de
un conocimiento ficto, presunto, que se supone tiene toda persona de una
providencia por la sola circunstancia de la publicidad que el registro público
implica. Pero, por supuesto que ese conocimiento presunto debe ceder el
paso, debe inclinarse ante el conocimiento verdadero, material, que el
interesado obtenga de la decisión judicial correspondiente. Así, pues, si el
interesado llega a tener conocimiento de una sentencia de las sometidas a
registro antes de que este se efectúe, los dos años para recurrir en revisión
correrán, no desde la fecha del registro, como podría creerse tras una
lectura apresurada o superficial de la norma, sino a partir de ese
conocimiento real y efectivo de la providencia; y es esta la interpretación
racional de la disposición estudiada, pues lo pretendido por la ley es que la
revisión se intente dentro de los dos años siguientes al conocimiento que el
presunto agraviado tenga de la decisión que le perjudica, de tal manera que,
una vez enterado en forma cierta de ella, le corren inexorables los dos años;
con el agregado sí, de que cuando la sentencia ha sido registrada, no puede
el recurrente alegar que su conocimiento devino con posterioridad a la fecha
del registro, por cuanto en tal evento, el cómputo del término respectivo
arranca necesariamente desde el conocimiento presuntivo que suministra el
registro de la sentencia”. (Auto de 2 de agosto de 1995 citado en auto 014 de
1º. de febrero de 1999).
1.3. Respecto a la contabilización de los términos la Corte, en el auto
indicado precisó:: “…como sucede en las demás causales, también en la
séptima el término para recurrir es de dos años; la diferencia estriba,
entonces, es en el momento en que esos dos años comienzan a correr,
porque no será a partir de la ejecutoria de la sentencia, de conformidad con
la regla general, sino que se contarán, ya a partir de cuando la parte
perjudicada o su representante haya tenido conocimiento de la decisión, ora
a partir de la fecha de registro, si la sentencia es de aquellas que deben
inscribirse en un registro público; pero para deducir la oportunidad de la
impugnación extraordinaria, no basta con tener en cuenta aquellos
términos, sino también el plazo máximo fijado en la misma ley, que no
puede ser superior a los cinco años contados desde la ejecutoria de la
respectiva sentencia, como así se desprende de una visión integral del
artículo 381 en comento”. (Auto de 2 de agosto de 1995 citado en auto 243
de 16 de octubre de 1998) (CSJ SC 16 jul. 2001, rad. 7403, reiterada entre
otras, en SC550-2020).
En suma, las decisiones judiciales efunden sus efectos jurídicos, prima
facie, a partir de su ejecutoria; empero, existen casos excepcionales en que
los surten desde el momento del registro que la ley exija o desde cuando se
producen ellas o desde que se genera algún tipo de especial publicidad en
protección de terceros».
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Declaración de muerte presunta: eficacia de la sentencia frente a los
intervinientes
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Declaración de muerte presunta: eficacia de la sentencia frente a los
terceros ajenos al proceso
DERECHO CIVIL - Estatuto del registro del estado civil de las personas: los
hechos, actos o providencias relativos al estado civil o a la capacidad de las
personas, sujetos a registro, surten efectos respecto de terceros, desde la
fecha de registro o inscripción
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Ejecución de la sentencia: todas las sentencias, tanto definitivas como
interlocutorias, dictadas en el proceso deben publicarse conforme al num. 2
del art. 583 del CGP
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Ejecución y eficacia de la sentencia: la sentencia sólo produce efectos frente
a terceros, después de la inscripción en el registro civil de nacimiento de
quien se tiene por fallecido y se ha publicado, salvo que el conocimiento se
haya producido con anterioridad
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Ejecución y eficacia de la sentencia: los términos para ejercer la acción
sucesoral o liquidatoria de la sociedad conyugal, sólo corren a partir de la
publicación, siempre que antes se haya realizado la inscripción en el registro
PROCESO DE PRESUNCIÓN DE MUERTE POR DESAPARECIMIENTO -
Publicación de la sentencia: importancia y finalidad (c. j)
Tesis:
«La sentencia que declara la muerte presunta por desaparecimiento es
proferida en un proceso de jurisdicción voluntaria, es decir, sin contención,
a instancia de “cualquier persona que tenga interés en ella” (numeral 3 del
artículo 107 del Código Civil), pero con efectos “erga omnes”, porque al crear
una nueva situación jurídica en el estado civil de la persona que es objeto de
la declaración, se extienden a los que nada tuvieron que ver con la lid, es
decir, a los denominados “terceros”.
Siendo así, el momento en que surte efectos dicha resolución no es uniforme
para todos; débese distinguir entre aquél que promovió el juicio y las
personas que eventualmente intervinieron en él y, por tanto, conocieron la
providencia luego de notificada, y aquellas ajenas al proceso, en cuyo primer
supuesto, como los interesados al intervenir en la lid conocieron la
“sentencia que declaró la muerte presunta”, la declaración surtirá efectos
para ellos a partir de su ejecutoria.
Mientras que frente a los “terceros”, foráneos a la cuestión, no interesa el
momento en que aquella es susceptible de ser cumplida, sino el de su
inscripción en el Registro Civil de la persona a la que se declaró
presuntamente muerta y el de la publicación de la decisión en uno de los
periódicos de mayor circulación en la capital de la República, en otro de
amplia circulación en el último domicilio conocido del desaparecido y en una
radiodifusora con sintonía con ese lugar.
Así se colige del artículo 107 del Decreto 1260 de 1970, que prevé: “Por regla
general ningún hecho, acto o providencia relativos al estado civil o la
capacidad de las personas, y sujeto a registro, surtirá efecto respecto de
terceros, sino desde la fecha del registro o inscripción” (enfatiza la Sala), y
de lo estatuido en el numeral 5° del artículo 97 del Código Civil, norma
según la cual, “[t]odas las sentencias, tanto definitivas como interlocutorias
[dictadas en el proceso de presunción por desaparecimiento], se publicarán
en el periódico oficial”.
A tono con ello, los numerales 2 y 3 del artículo 584 del Código General del
Proceso establecen que
“2. Si en la sentencia se declara la muerte presunta del desaparecido, en ella
se fijará la fecha presuntiva en que ocurrió, con arreglo a las disposiciones
del Código Civil, ordenará transcribir lo resuelto al funcionario del estado
civil del mismo lugar para que extienda el folio de defunción, y dispondrá
que se publique el encabezamiento y parte resolutiva de la sentencia, una
vez ejecutoriada, en la forma prevista en el numeral 2 del artículo
precedente.
3. Efectuada la publicación de la sentencia, podrá promoverse por separado
el proceso de sucesión del causante y la liquidación de la sociedad conyugal,
pero la sentencia aprobatoria de la partición o adjudicación que en él se
dicte podrá rescindirse en favor de las personas indicadas en el artículo 108
del Código Civil, si promueven el respectivo proceso verbal dentro de los diez
(10) años siguientes a la fecha de dicha publicación.
En la sentencia del proceso verbal, si fuere el caso, se decretará la
restitución de bienes en el estado en que se encuentren; pero si se hubieren
enajenado se decidirá de conformidad con la ley sustancial” (se enfatiza).
Significa entonces, que para los “terceros”, la sentencia de muerte presunta
tendrá efectos luego que sucedan estos dos actos: Inscripción en el Registro
Civil de la persona a quien se le tuvo por fallecida, y su publicación, salvo,
claro está, que el conocimiento se haya producido con anterioridad, pues en
tal caso, los efectos están llamados a generarse desde ese instante.
Ahora, la norma no prevé un orden para realizarlos, simplemente señala que
ambos se hagan después de ejecutoriada la sentencia, de manera que la
ejecución de uno no afecta la del otro. En todo caso, lo relevante es que los
dos se acaten a fin de que la declaración tenga eficacia frente a los extraños
al procedimiento. Ergo, si la sentencia se registra, pero no se publica, no
surtirá efectos frente a ellos, y si se publica, pero no se registra, la suerte
será la misma.
Sin embargo, los términos para el ejercicio de la acción sucesoral o la
liquidatoria de la sociedad conyugal solo pueden correr a partir de la
respectiva publicación, siempre que antes se haya realizado la inscripción
en el registro, como lo ratifica el numeral 4 del artículo 584, al señalar que
“efectuada la publicación de la sentencia, podrá promoverse por separado el
proceso de sucesión del causante y la liquidación de la sociedad conyugal”
pues nótese cómo dicho precepto supedita la ejecución de los actos
destinados a liquidar el patrimonio del causante, declarado muerto, a que se
“publique” la decisión, lo cual supone que para ese momento se haya
“inscrito” la misma, ya que para poder iniciar alguno de esos trámites,
tendrá que demostrarse la “muerte de la persona” con su Registro Civil.
En relación con la importancia de la “publicación de la sentencia que
declara la muerte presunta por desaparecimiento”, la Corte Constitucional,
al amparo del artículo 657 del Código de Procedimiento Civil, hoy 584 del
Código General del Proceso, acotó:
“De lo anterior se deduce, con claridad, que el legislador prevé la publicación
de la sentencia que crea el estado de muerte, porque éste repercute directa e
indirectamente en todas las personas y puede afectar, directamente, un sin
número de situaciones jurídicas que el Fallador no está en posibilidad de
precisar, sin que para ello cuente que solo alguno a algunos de los allegados
del desaparecido hayan participado en el proceso.
En efecto, la declaración de muerte cambia el estado civil del desaparecido,
quien se tendrá por muerto, desde el día señalado por el fallador, porque la
providencia así lo dijo, hasta tanto no se pruebe lo contrario.
Evento éste que permitirá invocar al presunto fallecido la modificación de su
estado en cualquier tiempo, y, tanto a éste, como a sus legitimarios y a su
cónyuge, según el caso, la rescisión de la sentencia aprobatoria de la
partición o adjudicación de sus bienes. Siempre que el proceso se promueva
dentro de los diez años siguientes a la publicación de la sentencia que
declaró la muerte -artículos 108 C.C. y 657 C. de P.C.-.
La publicación de la sentencia que declara una muerte presunta, entonces,
pretende i) que el conocimiento de la decisión, por parte de todos, impida la
consolidación de los efectos patrimoniales de una declaración fraudulenta,
ii) alertar al ausente, a sus posibles legitimarios y a su cónyuge respecto de
la declaratoria y de una eventual liquidación patrimonial, y iii) prevenir a
adjudicatarios y a terceros sobre la posible rescisión del acto de partición y
adjudicación de los bienes del desaparecido, y de las negociaciones que los
involucren, durante el lapso previsto en la ley.
Por ello, en tanto no se publique el mandato proferido en la sentencia, el
registro civil que prueba la muerte presunta no puede extenderse, ni el
proceso que liquida el patrimonio del causante iniciarse, porque la
inscripción en el registro civil y el proceso de sucesión afectan,
necesariamente, todas las situaciones jurídicas relacionadas con el
desaparecido. De modo que los afectados tienen derecho a contradecir la
declaratoria, o a prevenir sus efectos.
Dentro de este contexto, para la Sala es menester distinguir, en punto a las
consecuencias de la falta de publicidad de la sentencia de declaración de
muerte, ésta de la liquidación y adjudicación de los bienes del causante, en
cuanto el estado de muerte va más allá de los intereses particulares que la
liquidación y adjudicación del patrimonio del causante comportan.
De suyo la muerte real o presunta es cuestión de estado civil, en tanto el
reparto de los haberes del causante, y la cancelación de sus obligaciones
son asuntos que bien pueden anularse o permanecer, según lo decidan los
interesados.
Pero aún hay más. El debido proceso, que se debe observar en todas las
actuaciones judiciales y administrativas, como lo prevé el artículo 29
constitucional, se concreta, entre otros aspectos, en que los jueces están
obligados a hacer conocer de todo aquel que de una u otra manera resulta
afectado con sus decisiones, oportunamente, la existencia del asunto;
conocimiento que se entiende una vez adelantados los trámites previstos en
el ordenamiento, los que permiten establecer, en cada caso concreto que la
notificación ordenada fue efectuada.
Y, en la declaración de muerte presunta el desaparecido debe ser emplazado
en los términos del numeral 2° del artículo 657 del Código de Procedimiento
Civil y la sentencia tiene que ser publicada, de conformidad con lo reglado
en el numeral 5° de la misma disposición” (C.C. T-1124/02).
5.4. Finalmente, para culminar este punto, es importante aclarar, que
aunque el numeral 5 del artículo 97 del Código Civil se refiera a la
“publicación en el periódico oficial” (diario oficial), esta expresión fue
derogada tácitamente.
Así, el Código de Procedimiento Civil (Decretos 1400 y 2019 de 1970),
además de suprimir expresamente varias de las disposiciones del Capítulo
III del Título II del Libro Primero del Código Civil (artículos 98 y 99, 101 a
106), reguló el procedimiento de muerte por desaparecimiento, dejando sin
valor varias de sus instituciones.
Véase que el numeral 5 del artículo 657 de ese compendio dispuso: “(…) el
juez dictará sentencia, y si declara la muerte presunta del desaparecido en
ella fijará la fecha presuntiva en que ocurrió (…) y dispondrá que se
publique el encabezamiento y parte resolutiva de la sentencia, una vez
ejecutoriada, en la forma prevista para el edicto de que trata el numeral 2º”.
Y la norma que antecedía, que correspondía al 656, en lo pertinente preveía
(inciso final del numeral segundo): “La publicación se sujetará a lo dispuesto
en el artículo 318 pero deberá hacerse siempre en uno de los periódicos de
mayor circulación que se editen en la capital de la República, y en un
periódico y una radiodifusora locales, si los hubiere”.
El Código General así lo corroboró si en cuenta se tiene que dispuso
publicar el encabezamiento y la parte resolutiva de la sentencia como lo
ordena el numeral 2 del artículo 583, que impone la “publicación” en “un (1)
día domingo en uno de los periódicos de mayor circulación en la capital de
la República, y en un periódico de amplia circulación en el último domicilio
conocido del ausente y en una radiodifusora con sintonía en ese lugar”.
En fin, la publicación ha de realizarse como lo impone hoy el Código General
del Proceso en sus cánones 583 y 584».
DERECHO CIVIL / OBLIGACIONES - Prescripción - Prescripción extintiva:
finalidad (c. j.)
DERECHO CIVIL / OBLIGACIONES - Prescripción - Prescripción extintiva -
Prescripción de las acciones judiciales: la prescripción no corre para quien
no puede ejercitar la acción
DERECHO CIVIL / OBLIGACIONES - Prescripción - Prescripción extintiva:
cómputo del término
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia -
Presunción de muerte por desaparecimiento - Prescripción de la acción para
reclamar los derechos que nacen de la muerte: cómputo del término desde
la ejecutoria de la sentencia, cuando el titular del derecho ha participado en
el proceso, y después de la inscripción de la sentencia en el registro civil y se
ha publicado, cuando no intervino en él
DERECHO CIVIL / FAMILIA - Unión marital de hecho - Régimen
patrimonial - Prescripción de la acción para disolver y liquidar la sociedad
patrimonial entre compañeros permanentes, cuando la causal es la muerte
de uno de ellos: cómputo del término
DERECHO CIVIL / FAMILIA - Unión marital de hecho - Régimen
patrimonial - Prescripción de la acción para disolver y liquidar la sociedad
patrimonial entre compañeros permanentes, cuando la causal es la muerte
de uno de ellos: la muerte presunta declarada judicialmente disuelve la
sociedad desde la fecha que se indique del fallecimiento, pero desde allí no
se cuenta el término de la acción para liquidarla
DERECHO CIVIL / PERSONAS - Persona - Extinción de la existencia -
Presunción de muerte por desaparecimiento - Exigibilidad de los derechos
que nacen de la muerte presunta: derecho a pedir la disolución y liquidación
de la sociedad patrimonial
Tesis:
«La prescripción extintiva y la declaración de muerte presunta.
Para reclamar ciertos derechos, el ordenamiento jurídico ha establecido
unos plazos, cuya inobservancia genera su extinción, por el fenómeno de la
“prescripción” Ello, en palabras de esta Corporación, a fin de “brindar
certeza y seguridad jurídica” a prerrogativas subjetivas, de modo que no
quede al antojo de su titular ejercerlas en cualquier tiempo, en desmedro de
intereses de terceros.
Al respecto, el artículo 2535 del Código Civil contempla que “la prescripción
que extingue las acciones y derechos ajenos exige solamente cierto lapso de
tiempo durante el cual no se hayan ejercido dichas acciones”.
El legislador castiga entonces, la abulia de “los acreedores indolentes en
ejercer oportunamente sus derechos” (…) a través de la ´pérdida de la acción
relativa, ocasionada por la inercia del acreedor durante todo el tiempo y bajo
las condiciones determinadas por la ley`” (CSJ SC de 13 de oct. de 2009,
rad. 2004-00605, reiterada en SC19300-2017 y SC5515-2019).
Ahora, si lo que la ley sanciona es la indiferencia del titular para exigir su
derecho, claramente parte del supuesto de que aquél tiene acción para
ejercerlo. De allí, ese principio, conforme al cual, “la prescripción no corre
para el que no puede ejercitar la acción" (non valenti agere non currit
praescriptio). En otras palabras: no hay prescripción sin acción.
En ese sentido es que el inciso segundo del artículo 2535 ibídem establece
que el tiempo para que la “prescripción extintiva” opere “se cuenta (…) desde
que la obligación se haya hecho exigible”, y el 2530 (inciso final) establece,
que “no se contará el tiempo de prescripción en contra de quien se
encuentre en imposibilidad absoluta de hacer valer su derecho, mientras
dicha imposibilidad subsista”.
Sobre el particular ha dicho la Sala:
“El fenómeno de la prescripción extintiva de derechos y acciones, como se
sabe, opera sobre dos presupuestos básicos: el transcurso de un
determinado lapso de tiempo sin la debida actividad de su titular.
En cuanto a lo primero, cabe observar que el abandono o negligencia del
titular del derecho o acción de que se trate, solo se le puede imputar cuando
pudiendo obrar, omite hacerlo. Por tal razón, el tiempo necesario para
configurar la prescripción, solo corre a partir del momento en que esté en
posibilidad de ejercitar el respectivo derecho o acción, conforme al principio
según el cual la prescripción no corre contra quien no puede valerse para
actuar (contra nom valentem agere prescriptio non currit). Dicho en otras
palabras, no puede condenarse a sufrir la extinción de sus derechos o
acciones a quien no cuenta con la posibilidad de ejercitarlos” (CSJ SC 30
sep. 2002, rad. 6682).
Bajo estos lineamientos, tratándose de los “derechos derivados de la muerte
de una persona”, cuando ésta es “presunta”, es claro, que el tiempo que la
ley haya consagrado para demandarlos solo puede empezar a contarse en el
instante en que la “sentencia que la declara” produce efectos, pues es desde
ese momento, que surge la posibilidad de hacerlos valer.
Memórese, que con antelación a la “sentencia” la personalidad del
desaparecido no se ha extinguido, de suerte que, no es factible intentar
acción alguna basada en su fallecimiento, como tampoco, si no se tiene
conocimiento de ella. De ahí que, para esclarecer si el fenómeno extintivo se
consolida, resulta imprescindible determinar la época en que la
“declaración” irradió sus efectos frente a quien pretenda reclamar una
prerrogativa a raíz de la presunción de muerte de alguien, lo que,
dependerá, como quedó descrito líneas atrás, de si participó en el consabido
proceso o si es un tercero a quien se extienden las consecuencias de la
“sentencia”.
Por lo que, en armonía con esas directrices, es dable inferir, que el plazo de
prescripción de la acción para reclamar los derechos que nacen de la muerte
de una persona, cuando ésta se presume por desaparecimiento, se contará
desde la ejecutoria de la sentencia que así lo declara, si su titular participó
en el proceso respectivo; y luego de la inscripción de la sentencia en el
Registro Civil, desde su posterior publicación, si no intervino en él.
7.- La prescripción de la acción para disolver y liquidar la sociedad
patrimonial entre compañeros permanentes cuando la causal es la muerte
de uno de ellos.
El artículo 8 de la Ley 54 de 1990 señala que “las acciones para obtener la
disolución y liquidación de la sociedad patrimonial entre compañeros
permanentes, prescriben en un año, a partir de la separación física y
definitiva de los compañeros, del matrimonio con terceros o de la muerte de
uno o ambos compañeros” (resalta la Sala).
Ello, en armonía con lo consignado en el artículo 5 de ibídem, según el cual
tales “sociedades” se disuelven por las siguientes causas:
1. Por mutuo consentimiento de los compañeros permanentes elevado a
escritura pública ante Notario.
2. De común acuerdo entre compañeros permanentes, mediante acta
suscrita ante un Centro de Conciliación legalmente reconocido.
3. Por sentencia judicial.
4. Por la muerte de uno ambos compañeros.
De modo que, cuando se acude a la administración de justicia para que se
declare la disolución y liquidación de sociedad patrimonial de hecho entre
compañeros permanentes por “muerte” de uno de ellos o ambos, el plazo
aludido despunta cuando esa causal se configura.
Como la regla no excluye la “real” o la “presunta”, debe entenderse que
puede ser cualquiera de ellas, amén que según el artículo 7 de la Ley 54 de
1990, “a la liquidación de la sociedad patrimonial entre compañeros
permanentes se aplicarán las normas contenidas en el Libro 4 Título XII,
Capítulos I a VI del Código Civil”, y esta remisión permite aplicar las
disposiciones del régimen matrimonial sobre el tema, según las cuales, “el
matrimonio civil se disuelve por la muerte real o presunta de uno de los
cónyuges o por divorcio judicialmente decretado” (art. 152); y por su lado, el
artículo 1820 precisa que “la sociedad conyugal se disuelve: 1. Por la
disolución del matrimonio”.
Bajo esta perspectiva, como los plazos de prescripción se echan a rodar
cuando la “sentencia que declara la muerte presunta produce efectos” frente
al interesado en demandar la declaratoria de disolución y liquidación de la
sociedad patrimonial, el cómputo del año para demandar iniciará desde la
“ejecutoria de la providencia”, si participó en el procedimiento, y si no lo
hizo, a partir del “registro y su publicación”. En otros términos, la anualidad
no arranca sino desde cuando ha germinado para los legitimados la
posibilidad de incoar la acción.
Por otra parte, y para zanjar cualquier discusión al respecto, es cierto, como
lo indica la doctrina, que la “muerte presunta declarada judicialmente, con
base en el desaparecimiento (…) disuelve la sociedad, no desde la fecha de la
sentencia sino de la que se indique como el fallecimiento”, empero, de ahí no
se sigue, que el plazo de “prescripción” de la “acción” para liquidarla
despunta a partir del “día presuntivo de la muerte”.
En efecto, lo que eso significa, es que desde allá, a partir de la data en que
se presumió la muerte, se entiende que la “sociedad patrimonial” terminó y,
por ende, será esa la fecha que servirá como referente para “liquidarla”. En
otras palabras, el régimen de bienes de la sociedad se regirá por ese
instante, de modo que, para esos precisos fines, se da por sentado que
desde la “fecha presuntiva de la muerte” no hay “sociedad patrimonial”. Lo
que, por demás, guarda armonía con los fines de la “presunción de la
muerte”, que se repite, consiste en blindar las “situaciones” que se hubiesen
concretado mientras el “declarado muerto” tenía el estatus de
“desaparecido”.
Y cuando se trata del “derecho a pedir la disolución y liquidación de la
sociedad patrimonial”, se está en un terreno distinto, en el de la exigibilidad
de los “derechos que nacen de la muerte”, que surge con la “declaración de
la muerte presunta”.
Refuerza lo anterior, lo que ocurre con los “herederos del muerto presunto”.
Al igual que en la “sociedad patrimonial”, desde el “día presuntivo de la
muerte” se generan consecuencias. Así, el artículo 100 del Código Civil
establece que “se entienden por herederos presuntivos del desaparecido los
testamentarios o legítimos que lo eran a la fecha de la muerte presunta. El
patrimonio en que se presume que suceden, comprenderá los bienes,
derechos y acciones del desaparecido, cuales eran a la fecha de la muerte
presunta”. Pero, si se trata de que el “heredero” inicie la “sucesión” o
promueva la “acción de partición” (art. 1321 C. C.), nada más podrá hacerlo
con ocasión de la “sentencia que declara la muerte presunta”, pues con
antelación, como el causante no ha sido “declarado muerto”, no hay
“patrimonio” que pueda “suceder”, ni acción que pueda emprender.
Para finiquitar, relieva recordar, que el cómputo del año se hará bajo las
condiciones anotadas (ejecutoria de la sentencia o registro y publicación),
cuando la causal que se invoque con el fin de extinguir la sociedad
patrimonial sea la muerte de uno o ambos compañeros, pues si se trata de
otra circunstancia, el año correrá desde que se estructuren las otras
hipótesis del artículo 8 de la Ley 54, esto es, “la separación física y definitiva
de los compañeros” o “el matrimonio con terceros».
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial: el
cómputo del término de la prescripción de la acción efectuado por el
Tribunal Superior de Manizales, a partir de la ejecutoria de la sentencia
condenatoria por el delito de desaparición forzada, del compañero
permanente de la accionante, vulnera su derecho al debido proceso
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial: los
efectos de la declaración de muerte por desaparecimiento del compañero
permanente de la accionante, quien no intervino en el proceso, se generan
después de la inscripción en el registro civil de nacimiento y su posterior
publicación
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
imposibilidad de contabilizar el término de prescripción de la acción a partir
de las sentencias penales por el delito de desaparición forzada
DERECHO PROCESAL - Pruebas - Prueba trasladada: valoración probatoria
(c. j.)
Tesis:
«La protesta sugiere el siguiente problema: ¿cómo se cuenta la prescripción
para demandar la disolución y liquidación de la sociedad patrimonial entre
compañeros permanentes, cuando se declara la muerte presunta de uno de
ellos por desaparecimiento? ¿Desde la sentencia que la declara? ¿Desde la
fecha fijada por el juez como el día presuntivo de la muerte? O ¿Desde otro
momento con incidencia en la controversia?
Para resolverlo, es necesario que la Sala aborde los distintos aspectos que
regulan la materia, a saber: (i) La muerte: la real y la presunta. (ii) Los
alcances de la fecha presuntiva de la muerte y los efectos de la sentencia
que declara la muerte presunta por desaparecimiento. (iii) La eficacia de la
declaración de muerte presunta frente a los intervinientes en el proceso que
le da origen y los terceros ajenos a él. (iv) La prescripción extintiva y la
declaración de muerte presunta. (v) La prescripción de la acción para
disolver y liquidar la sociedad patrimonial entre compañeros permanentes
cuando la causal es la muerte de uno de ellos.
[…]
8.- El caso concreto.
El Tribunal de Manizales computó el año a partir de la “ejecutoria de los
fallos que declararon la responsabilidad penal por el delito de desaparición
forzada en la persona de Oscar Montalvo Escobar”, arguyendo allí se
“comprobó su muerte”, pues explicó
“Memoremos, que respecto del atroz delito de desaparición forzada, de que
fue víctima el señor Oscar Montalvo, se profirieron sendas sentencias,
primera y segunda instancia, que se encuentran ejecutoriadas desde el 31
de mayo de 2013, en la que se declaró la responsabilidad penal de sus
autores materiales. Y si bien en esas piezas procesales no se alude a la
comisión del delito de homicidio en la persona del señor Montalvo, pues su
cuerpo no fue encontrado, sí se establecen de manera clara, circunstancias
que aparecen efectivamente probadas, en este caso, allá se indican o se
señalan, como hechos indicadores, de los que se deduce de manera clara, y
lógica su deceso, leyéndose como hechos indicadores, ‘que abren paso al
indicio grave y contingente de responsabilidad penal por el injusto de
desaparición forzada’, los siguientes: “Que el procesado prestara una
camioneta negra, que como se evidencia fuera la misma observada por el
señor Wilson Medina Parra en el muelle de Puerto Salgar, arrojando el
referido bulto al Río Magdalena, con una altísima probabilidad de que se
trataba de Oscar Montalvo, de conformidad con las pruebas de sangre
halladas en el lugar’. A esa conclusión arribó el Tribunal con fundamento en
el siguiente acápite que también se lee en esa pieza procesal. ‘A folio 19 del
cuaderno de evidencia de la Fiscalía se emitió respuesta por parte de
Medicina legal, en donde se indica que ‘dos de las pruebas remitidas, las del
vehículo, por la escasa cantidad de la misma no se pudo detectar como
sangre, pero a renglón seguido se refirió que la evidencia radicada con el
36008LBF, la recolectada en el muelle, se registraron como positivas para
sangre humana, lo cual se remitió para cotejo genético, surgiendo así el
informe que allí se enumera, en el que la perito Sandra Liliana Córdoba
Morocho, tras efectuar el análisis con muestras de sangre de la familia de
las víctimas y en especial con las de la señora Myriam Margoth Escobar
Caballero, madre de Oscar Montalvo (…), concluyó que: ‘Myriam Margoth
Escobar no se excluye como madre biológica del individuo al que le
corresponde la sangre de los escobillones recolectados en un tubo de
plástico rotulado 360-2, probabilidad de maternidad 99,99%, es 40.905.794
de veces más probable, que Myriam Margoth Escobar Caballero sea la
madre biológica del individuo al que corresponde la sangre de los
escobillones recolectados en un tubo plástico rotulado 360, a que sea otro
individuo al azar en la población de la referencia’. Eso, lo encontramos a
folio 48 del vuelto del cuaderno de segunda instancia.”
Con base en ello remató que
“(…) sin lugar a dudas equivale a que esté comprobado el deceso del señor
Montalvo Escobar (…), si bien nunca se encontró su cadáver, se infería
lógicamente, ese fatal hecho, sin que fuera dable intuir circunstancia
distinta. En este orden de ideas, al existir una sentencia en firme por el
injusto de desaparición forzada sobre la persona de Oscar Montalvo
Escobar, en la que se estableció ‘con una altísima probabilidad’ que el ‘bulto
que fuera arrojado al río Magdalena fuera el cuerpo del señor Montalvo’,
forzado es entender, que aquél murió, situación que conlleva a que se
entienda que para la fecha de la ejecutoria de las sentencias penales se
levantó la interrupción de los términos y plazos procesales que benefician
tanto a la víctima como a sus familiares, dentro de los que ubicamos
también a la demandante por tener o haber tenido la calidad de compañero
permanente. Pese a lo anterior la actora dejó que transcurrieran 5 años y
unos meses para instaurar la acción que nos ocupa, luego de que se
entendiera levantada esa interrupción, lo que deviene de manera
consecuencial en su extemporaneidad” (enfatiza la Sala).
Olvidando que:
(i) La “situación” generada a raíz de la “desaparición forzada” de Oscar
Montalvo, como revela su Registro Civil, fue definida por el Juzgado Primero
Promiscuo de Familia de La Dorada, quien en “sentencia de 23 de mayo de
2018”, dispuso:
“[p]rimero: Declarar la muerte presunta por desaparecimiento del señor
Oscar Montalvo Escobar (…), fijando como fecha presuntiva de la muerte el
día 12 de mayo de 2010, de conformidad a lo señalado en el numeral 6 del
artículo 97 del C.C.
Segundo: Disponer que la muerte presunta ocurrió en el municipio de La
Dorada, Caldas, el día 12 de mayo de 2010.”
(ii) La aludida resolución surtía efectos en contra de Luz Erika Cediel “luego
de su inscripción en el Registro Civil, desde su posterior publicación”, ya
que tiene la calidad de tercera frente al “proceso donde se declaró la muerte
presunta de su compañero permanente”, pues no intervino en él.
(iii) La mencionada providencia se registró, según da cuenta el Registro Civil
de Montalvo Escobar el 20 de junio 2018.
(iv) Las “sentencias penales” no podían ser tenidas en cuenta a efectos de
contabilizar la prescripción, ya que ninguna de las partes exigió derechos de
la “muerte” verdadera de Oscar Montalvo; ambos extremos del litigio
partieron de la “presunción de muerte” del causante.
Así, en el libelo que dio origen a la litis confutada se expuso que “(…) entre el
causante (…) y Luz Erika Cediel Rodríguez existió una unión marital de
hecho por el periodo comprendido entre el 5 de noviembre de 2001 y el 12
de mayo de 2010, fecha fijada como la presunta muerte del señor Oscar
Montalvo Escobar (…)”; y el demandado, detenido en la “sentencia de 23 de
mayo de 2018”, aseveró que el año corría desde la “data presuntiva de la
muerte”, en mayo de 12 de 2010, y no, a partir de la “fecha de la sentencia
que la declaró”.
De otro lado, las “sentencias penales” no acreditan que ocurrió la “muerte
real”; las consideraciones allí realizadas en torno a la “probabilidad” que el
flujo sanguíneo hallado en la camioneta del “procesado”, correspondieran a
Oscar Montalvo, se hicieron para concluir que tal delito se cometió y que
existían elementos para atribuirle responsabilidad a aquél y, no, para colegir
que efectivamente “murió”.
Y si bien esta Sala ha dicho que “la apreciación de una sentencia como
prueba en un proceso distinto a aquel en que fue proferida, no está
circunscrita, como regla inquebrantable de conducta, a (…) su parte
dispositiva (…), sino que, por el contrario, puede comprender la causa de la
decisión (…)”, tal valoración debe hacerse “de la relación entre ésta (la
causa) y lo resuelto” (SC 22 ag. 2000, rad. 6734), y en este caso, lo que tal
conexidad revela, es la comisión del delito de desaparición forzada en la
persona de Oscar Montalvo, nada más. De hecho, si hubiera existido certeza
de su deceso, el proceso de muerte presunta por desaparecimiento no
habría sido necesario.
Por otra parte, en realidad, que su “desaparición” haya sido “forzada” no
determinaba la suerte del litigio, si en cuenta se tiene que la causal alegada
para finiquitar la sociedad patrimonial Montalvo Rodríguez fue la “muerte de
uno de los compañeros”; y probado como estaba que lo que se “declaró fue
la muerte presunta” de Montalvo Escobar, el Tribunal debía detenerse en la
“sentencia” que en ese sentido se expidió, y no en las “sentencias penales”.
Es que forzada o no la “desaparición”, no debe perderse de vista, que lo que
en últimas zanja la incertidumbre que suscita ese hecho, es la “sentencia
que declara su muerte presunta”. De allí que, normas como el artículo 13 de
la Ley 986 de 2005 y el parágrafo del artículo 1° de la Ley 1436 de 2011, que
establecen beneficios para las víctimas de desaparición forzada y sus
familiares, simplemente ratifiquen la idea según la cual, los “derechos que
nacen de la muerte presunta de un desaparecido solo pueden hacerse valer
una vez la sentencia que la declara surta efectos”, de manera que hasta que
ello no acontezca “no hay acción para ejercerlos”.
Total, al margen del origen de la “desaparición”, cuando se ha declarado el
fallecimiento presunto del que no se sabe a ciencia cierta si vive o murió, lo
importante, a fin de establecer si se configura la prescripción, es el momento
en que la sentencia produce efectos.
9.- Entonces, como lo probado en el decurso fustigado, es que a Oscar
Montalvo Escobar se le “declaró la muerte presunta”, en sentencia cuyos
efectos no le eran oponibles a la gestora sino desde su “inscripción y
publicación”, por no haber intervenido en el proceso de muerte por
desaparecimiento que se adelantó ante el Juzgado Promiscuo de Familia de
la Dorada, el Tribunal se equivocó al calcular la prescripción de los efectos
patrimoniales de la unión marital de hecho suplicada desde la ejecutoria de
los referidos fallos penales.
Por lo tanto, el auxilio instado debe prosperar, a fin que la Magistratura de
la capital de Caldas emita un nuevo pronunciamiento, acorde con los
parámetros aquí expuestos».
JURISPRUDENCIA RELACIONADA: Rad: CC A-521/16, T-1124/02, CSJ
SC, 16 jul. 2001, rad. 7403, SC, 13 oct. 2009, rad. 2004-00605, SC, 30 sep.
2002, rad. 6682, SC, 22 ago. 2000, rad. 6737