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Ancianos

Este documento presenta un rito para bendecir a ancianos que no pueden salir de casa. Incluye oraciones, lecturas bíblicas y bendiciones para dar gracias por la vida y experiencia de los ancianos y pedir la protección y consuelo continuo de Dios para ellos. El rito puede ser llevado a cabo por un sacerdote, diácono o laico y adaptado a las circunstancias particulares.
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Ancianos

Este documento presenta un rito para bendecir a ancianos que no pueden salir de casa. Incluye oraciones, lecturas bíblicas y bendiciones para dar gracias por la vida y experiencia de los ancianos y pedir la protección y consuelo continuo de Dios para ellos. El rito puede ser llevado a cabo por un sacerdote, diácono o laico y adaptado a las circunstancias particulares.
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liturgiapapal.

org|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

VIII. BENDICIÓN DE LOS ANCIANOS QUE NO SALEN DE


CASA

260. Los ancianos cuyas fuerzas se van debilitando, tanto si viven en su propia casa como si
conviven juntos en algún hospital o residencia, necesitan de la ayuda fraterna de los demás, para
que sigan sintiéndose plenamente acogidos en la familia y en la comunidad eclesial. Esta
bendición tiende a que los ancianos reciban de los hermanos un testimonio de respeto y de
agradecimiento. Al mismo tiempo nosotros, junto con ellos, damos gracias a Dios por los
beneficios que de él han recibido y por las buenas obras que han realizado con su ayuda.

261. El rito que aquí se propone puede utilizarlo el sacerdote, el diácono o también el laico, los
cuales, respetando la estructura del rito y los principales elementos, adaptarán la celebración a
cada una de las circunstancias.

262. La bendición de los ancianos también puede hacerse, seleccionando algunos elementos de
este rito, como se indica más adelante en los núms. 280-288 dentro de la celebración de la Misa,
después de la homilía, o al final de la Misa, o cuando se lleva la sagrada eucaristía a los ancianos
que no pueden salir de casa,incluso cuando se la lleva un acólito u otro ministro extraordinario
de la sagrada comunión delegado al efecto según las normas del derecho, con los ritos y Preces
previstos para los laicos.

263. Si se ha de bendecir a uno o dos ancianos dentro de otra celebración de bendición, puede
emplearse la fórmula breve que se halla al final de estos ritos, núm. 292. plir con él lo previsto
por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

Ritos iniciales

264. Reunida la familia o la comunidad de fieles, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.
265. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los ancianos y a los demás presentes,
diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión


del Espíritu Santo estén con vosotros.
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

266. Si el ministro es laico, saluda a los ancianos y a los demás presentes, diciendo:

Hermanos, bendigamos a Jesús, el Señor, que, al ser tomado en brazos


por Simeón, el anciano lo llevaba a él, y él guiaba al anciano.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

O bien:

Amén.
267. El ministro dispone a los ancianos y a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras
u otras semejantes:

El tiempo de la vejez es un don de Dios, que ha de recibirse con gratitud.


Estos hermanos nuestros, de edad ya avanzada, pueden transmitirnos un
verdadero tesoro de experiencia y de vida cristiana. Unidos a ellos,
demos gracias a Dios y pidámosle su ayuda en favor suyo, para que su
esperanza y confianza cobren nuevo impulso.

Lectura de la Palabra de Dios

268. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada
Escritura.
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

Lc 2, 25-32. 36-38: Aguardando el consuelo de Israel

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san
Lucas.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso,


que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él.
Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte
antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al
templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo
previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
—«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu servidor irse en
paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado
ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu
pueblo Israel.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la
tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete
años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del
templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.
Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño
a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Palabra del Señor.

269. Pueden también leerse: Si 3, 2-8; Si 25, 6-8. 13-16; Sb 4, 8-9; FIp 3, 20—4, 1.

270. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto
adecuado.

Salmo responsorial Sal 125 (126), l-2b. 2d-3. 4-5. 6 (R.: 3)

R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,


nos parecía soñar:
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

la boca se nos llenaba de risas,


la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:


El Señor ha estado grande con ellos.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R

Que el Señor cambie nuestra suerte,


como los torrentes del Négueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando,


llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.

271. O bien:

Sal 70 (71), 1-2. 3-4. 5-6. 14-15

R. (12b) Dios mío, ven aprisa a socorrerme.

272. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la
lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

Preces

273. Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el ministro puede
seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con
las circunstancias de los ancianos o del lugar.

Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que en cualquier edad nos


rejuvenece con la fuerza de su gracia, y digámosle suplicantes:

R. No nos abandones, Señor.


[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

Oh, Dios, que por tu misericordia revelaste tu Hijo a Simeón y Ana, que
aguardaban la liberación de Israel,
— haz que estos servidores tuyos vean con los ojos de la fe a tu Salvador
y se alegren con el consuelo del Espíritu Santo. R.

Tú que, por medio de tu Hijo, prometiste alivio y paz a todos los que
están cansados y agobiados,
— haz que estos servidores tuyos carguen con paciencia su cruz cada
día. R.

Tú que eres la misma bondad,


— haz que a estos servidores tuyos nunca les falte el debido consuelo
de sus familiares y amigos. R.

Tú que a nadie privas de tu amor de padre y muestras un cariño especial


por los más débiles,
— haz que en nuestra sociedad se reconozca y respete la dignidad y
derechos de los ancianos. R.

Oración de bendición

274. El ministro, si es sacerdote o diácono, extendiendo, según las circunstancias, las manos
sobre todos los ancianos a la vez o sobre cada uno en particular, o haciendo la señal de la cruz
en la frente de cada uno; de lo contrario, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Señor, Dios nuestro, que has concedido a estos fieles tuyos la gracia de
esperar en ti y de experimentar tu bondad, en medio de los vaivenes de
la vida, te bendecimos por haberles concedido abundantemente tus
dones a lo largo de tantos años, y te pedimos que vivan siempre con la
alegría de una juventud de espíritu constantemente renovada, que tengan
el necesario vigor corporal y que su conducta sea un hermoso ejemplo
para todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

275. O bien:

Dios omnipotente y eterno, en quien vivimos, nos movemos y


existimos, te damos gracias y te bendecimos porque has dado a estos
servidores tuyos, largos años de vida, junto con la perseverancia en la fe
y en las buenas obras; concédeles ahora, Señor, que, confortados por el
afecto de los hermanos, estén alegres en la salud, no se depriman en la
enfermedad, y, reanimados con tu bendición, empleen en tu alabanza el
tiempo de su ancianidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R Amén.

276. O bien:

Señor, Dios todopoderoso, que has dado a estos servidores tuyos una
dilatada ancianidad, concédeles tu bendición, para que sientan la dulzura
de tu compañía; que al recordar el pasado tu misericordia los consuele,
y al mirar hacia el futuro la esperanza los sostenga. Por Jesucristo,
nuestro Señor.

R. Amén.

Conclusión del rito

277. El celebrante, si es sacerdote o diácono, concluye el rito, diciendo, vuelto hacia los ancianos,
la invitación: Inclinaos para recibir la bendición, u otra semejante, y añadiendo, con las manos
extendidas:

Jesucristo, el Señor, esté siempre a vuestro lado para defenderos.

R. Amén.

Que él vaya delante de vosotros para guiaros y vaya tras de vosotros para
guardaros.

R. Amén.
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

Que él vele por vosotros, os sostenga y os bendiga.

R. Amén.

Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios


todopoderoso,

Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo.

R. Amén.

278. Si el ministro es laico, implora la bendición del Señor sobre los ancianos y todos los
presentes, santiguándose y diciendo:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

279. Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.

B. RITO DE LA BENDICIÓN UNIDA A LA CELEBRACIÓN DE LA MISA

280. Terminada la homilía, se hace la plegaria común, en la forma acostumbrada en la


celebración de la Misa, o en la forma aquí propuesta. Entre las intercesiones que aquí se
proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más
directamente relacionadas con las circunstancias concretas de los ancianos o del momento, sin
omitir nunca la oración de bendición indicada más adelante.

Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que en cualquier edad nos


rejuvenece con la fuerza de su gracia, y digámosle suplicantes:

R. No nos abandones, Señor.


[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

Oh, Dios, que por tu misericordia revelaste a tu Hijo a Simeón y Ana,


que aguardaban la liberación de Israel,
— haz que estos servidores tuyos vean con los ojos de la fe a tu Salvador
y se alegren con el consuelo del Espíritu Santo. R.

Tú que, por medio de tu Hijo, prometiste alivio y paz a todos los que
están cansados y agobiados,
— haz que estos servidores tuyos carguen con paciencia su cruz cada
día. R.

Tú que eres la misma bondad,


— haz que a estos servidores tuyos nunca les falte el debido consuelo
de sus familiares y amigos. R.

Tú que a nadie privas de tu amor de padre y muestras un cariño especial


por los más débiles,
haz que en nuestra sociedad se reconozca y respete la dignidad y
derechos de los ancianos. R.

281. El celebrante, extendiendo las manos sobre todos los ancianos a la vez, añade a
continuación:

Señor, Dios nuestro, que has concedido a estos fieles tuyos la gracia de
esperar en ti y de experimentar tu bondad, en medio de los vaivenes de
la vida, te bendecimos por haberles concedido abundantemente tus
dones a lo largo de tantos años, y te pedimos que vivan siempre con la
alegría de una juventud de espíritu constantemente renovada, que tengan
el necesario vigor corporal y que su conducta sea un hermoso ejemplo
para todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

282. Si parece más oportuno, al final de la Misa, después de la invitación Inclinaos para recibir la
bendición u otra semejante, con la que se invita a los ancianos a recibir la bendición propia, el
celebrante, con las manos extendidas sobre los ancianos, dice la bendición o la oración,
respondiendo todos:
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

Amén.

Bendición

283. El celebrante, vuelto hacia los ancianos, dice:

Jesucristo, el Señor, esté siempre a vuestro lado para defenderos.

R. Amén.

Que él vaya delante de vosotros para guiaros y vaya tras de vosotros para
guardaros.

R Amén.

Que él vele por vosotros, os sostenga y os bendiga.

R. Amén.

Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios


todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo.

R. Amén.

Oración

284. El celebrante, con las manos extendidas sobre los ancianos, dice:

Dios omnipotente y eterno, en quien vivimos, nos movemos y


existimos, te damos gracias y te bendecimos porque has dado a estos
servidores tuyos largos años de vida, junto con la perseverancia en la fe
y en las buenas obras; concédeles ahora, Señor, que, confortados por el
afecto de los hermanos, estén alegres en la salud, no se depriman en la
[Link]|BENDICIONAL | PRIMERA PARTE

enfermedad, y, reanimados con tu bendición, empleen en tu alabanza el


tiempo de su ancianidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

285. Después de la oración, el celebrante añade:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,


descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

C. RITO DE LA BENDICIÓN UNIDA A LA COMUNIÓN FUERA DE LA


MISA

286. Si el rito va unido a una más extensa celebración de la palabra de Dios, el texto de la sagrada
Escritura puede tomarse de entre los indicados en los núms. 268-271.

287. La plegaria común puede hacerse en la forma antes indicada en el núm. 273 y concluye
siempre, si el celebrante es sacerdote o diácono, con la siguiente oración, que se dice con las
manos extendidas hacia los ancianos:

Señor, Dios nuestro, que has concedido a estos fieles tuyos la gracia de
esperar en ti y de experimentar tu bondad, en medio de los vaivenes de
la vida, te bendecimos por haberles concedido abundantemente tus
dones a lo largo de tantos años, y te pedimos que vivan siempre con la
alegría de una juventud de espíritu constantemente renovada, que tengan
el necesario vigor corporal y que su conducta sea un hermoso ejemplo
para todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

288. Si el ministro es laico, dice la siguiente oración de bendición, con las manos juntas:

Señor, Dios todopoderoso, que has dado a estos servidores tuyos una
dilatada ancianidad, concédeles tu bendición, para que sientan la dulzura
de tu compañía; que al recordar el pasado tu misericordia los consuele,
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y al mirar hacia el futuro la esperanza los sostenga. Por Jesucristo,


nuestro Señor.

R. Amén.

D. RITO BREVE

289. El ministro dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

290. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura, por ejemplo:

Sb 4, 8: Vejez
venerable no son los muchos días, ni se mide por el número
de años; canas de hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida
sin tacha.

St 5, 7-8: Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor.

El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe


la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros.

Lc 9, 23: Dirigiéndose
a todos, dijo Jesús: «El que quiera seguirme, que se
niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo.»

291. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, según las circunstancias, extendiendo las
manos sobre el anciano, o haciendo la señal de la cruz en su frente, de lo contrario con las manos
juntas, dice la oración de bendición:

Señor, Dios todopoderoso, que has dado a este servidor tuyo una
dilatada ancianidad, concédele tu bendición, para que sienta ía dulzura
de tu compañía; que al recordar el pasado tu misericordia lo consuele, y
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al mirar hacia el futuro la esperanza lo sostenga. Por Jesucristo, nuestro


Señor.

R. Amén.

FÓRMULA BREVE

292. Según las circunstancias, el sacerdote o el diácono pueden usar la fórmula breve de
bendición:

La bendición ✠ de Dios todopoderoso, que a nadie abandona y que aún


en la vejez y las canas guarda a sus hijos con solicitud de padre, descienda
sobre ti (vosotros).

R. Amén.

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