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Orígenes y Teología del Cuarto Evangelio

El documento resume la historia y las creencias de la comunidad del Cuarto Evangelio. Originalmente judíos seguidores de Juan el Bautista, se unieron a Jesús pero luego recibieron nuevos miembros helenistas que aportaron ideas como ver a Jesús como Salvador del mundo en lugar de solo del pueblo judío. Esto llevó a conflictos con los judíos tradicionales y la comunidad se separó del judaísmo para convertirse en una nueva religión que veía a Jesús como preexistente y la nueva alianza como una ruptura con

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Orígenes y Teología del Cuarto Evangelio

El documento resume la historia y las creencias de la comunidad del Cuarto Evangelio. Originalmente judíos seguidores de Juan el Bautista, se unieron a Jesús pero luego recibieron nuevos miembros helenistas que aportaron ideas como ver a Jesús como Salvador del mundo en lugar de solo del pueblo judío. Esto llevó a conflictos con los judíos tradicionales y la comunidad se separó del judaísmo para convertirse en una nueva religión que veía a Jesús como preexistente y la nueva alianza como una ruptura con

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EL CUARTO EVANGELIO

El cuarto evangelio presenta a los primeros discípulos de Jesús como seguidores de


Juan el Bautista. Los títulos de Jesús confesados en el capítulo 1 no son distintos de los que
podemos encontrar entre los demás creyentes (más bien son comunes a los de los otros
escritos evangélicos): Mesías, Maestro, Hijo de Dios, Cordero de Dios (víctima expiatoria).
Con todo, estos títulos son considerados por el evangelista como inadecuados. Todo esto ya
nos dice algo respecto a los orígenes. La comunidad (llamémosla juánica) comenzó entre los
judíos seguidores del Bautista, que se acercaron a Jesús y que le reconocieron sin mucha
dificultad como el Mesías que esperaban.
El evangelio habría asimilado el sustrato que procedía de los orígenes de la
comunidad porque estaba de acuerdo con él, pero las nuevas ideas juánicas serían
entendidas como la verdadera interpretación de este sustrato original. La comunidad asigna
gran importancia al "Paráclito", al Espíritu de la verdad, que los guía a la verdad completa,
permitiendo comprender las muchas cosas que Jesús tenía para decir y que sus discípulos
entonces no podían comprender (Jn 16:12-13). El Espíritu de la verdad completa en los
creyentes la revelación del misterio de la persona de Jesús.
El vínculo entre los seguidores del Bautista y la comunidad posterior pudo ser el
discípulo amado. Si bien éste fue evidentemente idealizado por la comunidad como un
modelo del verdadero discípulo, no es simplemente una figura ejemplar, sino que es una
persona histórica y un compañero de Jesús. Su posición de privilegio respecto de Pedro
confirma esto: si el discípulo amado fuera solo una figura imaginaria, esa presentación sería
contraproducente para la defensa de la comunidad frente a las otras comunidades que
fundamentan su tradición en la enseñanza de alguno de los apóstoles testigos de Jesús. La
comunidad es consciente de su enraizamiento en la tradición de algún testigo ocular. Durante
su vida, el discípulo amado habría vivido el mismo crecimiento en la comprensión de Jesús
que ahora vive su comunidad, y fue ese crecimiento lo que hizo posible para la comunidad el
identificarlo como uno al que Jesús amaba de una manera especial. Este discípulo podría ser
un antiguo discípulo de Juan el Bautista, que comenzó a seguir a Jesús en Judea cuando el
mismo Jesús se hallaba en estrecha proximidad con el Bautista (1:35). Compartió la vida de
su maestro durante la última estancia de Jesús en Jerusalén (13:22). Era conocido del sumo
sacerdote (18:16) y su relación con Jesús era diferente de la de Pedro, el representante de
los Doce.
Aunque en los capítulos 2 y 3 del cuarto evangelio se insiste en la necesidad de
conocer a Jesús mejor de lo que podrían garantizar las apariencias superficiales de sus
acciones, el tema de los mismos es muy similar al presentado por los otros evangelios.
Recién el capítulo 4 aparecen las diferencias. Jesús pasa por Samaria y convence a todo un
pueblo de samaritanos para que crean que él es el salvador del mundo. A partir de aquí
comienza una presentación de Jesús sumamente elevada, pero también un conflicto agudo
con los judíos. Esto hace suponer la entrada en la comunidad de otro grupo, que aportó
nuevas ideas y permitió un desarrollo más profundo de la presentación de Jesús.
En el 4:35-38 Jesús reconcilia ambos grupos, que aparecen sin hostilidad entre ellos.
Estos samaritanos habrían sido convertidos no por el primer grupo: "yo los he enviado a
segar donde ustedes no se han sembrado...". Un segundo grupo de judíos de concepciones
anti-templo habrían sido los artífices de la conversión. La afirmación de Jesús a la
samaritana de que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre
(4:21), es muy semejante a la predicación del helenista Esteban ante el sanedrín: "el Altísimo
no habita en casas hechas por manos de hombre" (Hch. 7:48). Y Hch. 8:4-8 refiere que
Felipe, uno de los helenistas dispersados de Jerusalén después de la muerte de Esteban,
llegó a Samaria y convirtió a muchos.
Si los que se sumaron al grupo original son los helenistas que predicaron en Samaria,
tal vez habrían aceptado algunos elementos del pensamiento samaritano, incluyendo un
mesianismo diferente, no centrado en un Mesías davídico. Así resulta una concepción de
Jesús, ya no como Mesías de Israel, sino como Salvador del mundo.
Estos nuevos elementos son los que hicieron odiosos a los creyentes de la comunidad
ante los ojos de los judíos más tradicionales. El estilo hostil del evangelista al hablar de los
judíos, sin duda no proviene de los samaritanos, en cuyos labios era algo natural. La
comunidad habría utilizado el término para designar a las autoridades judías de la época de
Jesús, pero también para hablar de los hostiles partidarios de la sinagoga de su tiempo.
Herederos de aquel grupo, los judíos tradicionales expulsaron a los creyentes juánicos y los
expusieron a la muerte. La batalla entre estos dos grupos fue, ante todo, una batalla
cristológica.
Los recién venidos a la comunidad juánica trajeron consigo nuevas categorías para
interpretar a Jesús, y lanzaron a la comunidad hacia una teología de arriba hacia abajo y a
una teología de la pre-existencia. El título Salvador del mundo es el mejor para esto. Pero
más significativo puede ser el título Mesías que tenía que venir, en boca de los samaritanos.
En efecto, los samaritanos no esperaban al descendiente de David, sino más bien al Taheb,
maestro y revelador (4:25). A veces este Taheb era considerado como una figura de Moisés
(que ya había visto a Dios después de partir de este mundo) que retorna (para revelar al
pueblo lo que Dios había dicho). Para la comunidad es verdad que Jesús es el rey Ungido de
la estirpe de David, pero esta concepción resulta inadecuada, es decir, baja. Esta
designación, que es el significado más usual de Mesías, se convierte en adecuada cuando
incluye la noción de que él es el que descendió desde Dios para revelarlo a los hombres.
Según la comunidad, Jesús puede hacer esto porque es uno con el Padre (10:30).
Esta nueva presentación de Jesús trae algunas consecuencias doctrinales:

 Hay una Nueva alianza, que implica una ruptura respecto de la Antigua. Este enfoque
es distinto del presentado por las otras tradiciones de los creyentes, que no se habían
separado de su pasado israelita. Ahora, para esta comunidad de judíos no conservadores,
expulsada de las sinagogas por "los judíos" (tradicionales), el auténtico Israel consta de
aquellos que reciben la revelación de Jesús (1:13).
 Para ellos, el culto judío carece de significado frente a Jesús. Las fiestas tradicionales
son ahora las "fiestas de los judíos" (5:1; 6:4; 7:2). La comunidad ha llegado a ser una nueva
religión separada del judaísmo.
 Y dado que, en esta presentación, el Hijo de hombre esperado ya había venido desde
el Padre, la escatología (el juicio de Dios sobre los hombres) se presenta como ya realizada,
aunque no de plenamente ni de un modo definitivo.
Existe una cierta continuidad entre la fe de los creyentes primitivos de esta comunidad
y aquella que profundizaron después los nuevos integrantes. Pero los nuevos puntos de vista
se colocan junto a los antiguos, la presentación alta junto a la baja, la escatología realizada
junto a la final. El escritor no pensaba dialécticamente, así que los nuevos puntos de vista,
lejos de oponerse a los primitivos, reinterpretan los antiguos.
También existen signos de un componente gentil entre los receptores del evangelio.
Un ejemplo es el detenimiento para explicar términos hebreos como Mesías y rabí. La lucha
contra los judíos llevó a la comunidad a insistir en estos elementos comunes con el judaísmo,
para demostrar que los creyentes eran el verdadero Israel. Desde el momento en que los
judíos estaban ciegos, la llegada de los gentiles constituyó el plan de Dios para el
cumplimiento y la plenitud.
Es probable que esta apertura a los gentiles haya significado también un cambio
geográfico. Jn 7:35 lo sugiere, cuando los judíos se preguntan: "¿A dónde se irá éste que
nosotros no le podamos encontrar? ¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos para
enseñar a los griegos?" La comunidad pudo haberse desplazado de Palestina a la diáspora
(la tradición señala a Efeso como cuna de este evangelio). Este contacto aportó posibilidades
universalistas al pensamiento juánico. Esta apertura estaría implicando, además, una
adaptación del lenguaje, de manera que pudiera tener una repercusión más amplia.
Sin embargo, no sólo los judíos rechazan a los miembros de la comunidad. Esta amarga
experiencia convence a los creyentes de que el mundo es opuesto a Jesús, y de que ellos no
deben formar parte de ese mundo que está bajo el poder del maligno.
Pero la comunidad no se caracteriza solamente por la oposición que encuentra en el
exterior, sino, sobre todo, por el amor interno. Su predicación no es el manifiesto de un grupo
cerrado que expresa una superioridad sobre los de fuera. El objetivo principal de su diferente
predicación es provocar a la comunidad a entender a Jesús con mayor profundidad (20:31).
Este proceso de transformación y diferenciación de la comunidad pudo llevar varias
décadas. Hacia el 90 (fecha supuesta de la redacción del evangelio), la comunidad juánica
está bien diferenciada de otros grupos. Los grupos no creyentes, y adversarios, que se
pueden detectar a través de las páginas del evangelio son los siguientes:
 El mundo. Con este término el cuarto evangelio se refiere a aquellos que rechazan la
luz, ya que los que la aceptan se encuentran en su mayor parte dentro de la comunidad
juánica. El mundo comprende a todos los paganos que no creen, pero también a los judíos.
Jesús siendo rechazado por los suyos (1:11) y por el mundo (3:16.19), se convirtió en un
extraño en la tierra (17:5). El mismo destino de repulsa se reserva inevitablemente a los
creyentes de la comunidad: si el mundo los odia a ustedes, sepan que antes me ha odiado a
mí (15:18-19).
 Incluso después de la expulsión de la sinagoga, los creyentes fueron perseguidos y
aún condenados a muerte por los judíos. En el tiempo en que fue redactado el evangelio,
los creyentes vivirían igualmente en lugares donde había sinagogas. La comunidad mantiene
todavía una actitud misionera, pero no orientada ya a este pueblo, sino a los gentiles.
 Los seguidores de Juan Bautista son otro grupo adversario de la comunidad. Hay
una lista larga de proposiciones negativas referentes al Bautista, lo cual se amolda a una
presentación de su ministerio como de alguien que solamente da testimonio de Jesús y que
le revela a Israel (1:29-34; 5:33). Se puede comprobar que seguidores del Bautista no lo
fueron inmediatamente de Jesús (Mt 11:2-6). En Hechos hay doce en Efeso (lugar que la
tradición asigna como cuna del cuarto evangelio) que habían sido bautizados sólo con el
bautismo de Juan. Apolo ya creía en Jesús, pero los otros necesitaban ser instruidos (19:4).
Y en las Recognitiones pseudo-clementinas ([Link]) partidarios del Bautista pretendían afirmar
que su maestro, y no Jesús, era el Mesías. La comunidad del evangelio sigue esperando su
conversión, y no presenta contra ellos ataques directos, como contra los judíos.
Pero hay también otros cristianos que se pueden detectar rivalizando con la comunidad.
 Los cripto-cristianos. Jn 12:42-43 proporciona la más clara referencia a un grupo de
judíos que se sentían atraídos por Jesús de forma que se podía decir que creían en él, pero
que temían confesar su fe públicamente puesto que podían ser expulsados de la sinagoga.
El ciego de 9:22ss representa a los que son expulsados al hacer su confesión de fe. Eso
significa que la comunidad habría mostrado poca tolerancia con los que no hicieron su difícil
elección. A pesar de todo, se espera de ellos un cambio de actitud. Los argumentos
escrituristicos (que únicamente oyentes judíos podrían comprender), especialmente los
referidos a la divinidad de Jesús, se explican si se los considera como un arsenal usado para
persuadir a los creyentes secretos. A ellos se los alienta a desgajarse de una vez del pueblo
judío.
 Las comunidades judías de creyentes en Jesús, pero con fe inadecuada. Serían
los judíos que dejaron las sinagogas (o fueron expulsados), conocidos públicamente como
creyentes. Hacia ellos la comunidad del evangelio mantuvo una actitud hostil por su falta de
fe. En 6:60-66 tenemos un claro ejemplo: no comparten la concepción juánica del partimiento
del pan. Se trataría del grupo de Santiago y los que le sucedieron en el gobierno de la
comunidad de Jerusalén. Estos creyentes se atribuían la protección de Santiago y de los
parientes de Jesús, que insistían en la importancia de la descendencia de Abraham y que
poseían una presentación muy terrena de la persona de Jesús.
Estos creyentes judíos también rechazaban una concepción del partimiento del pan
altamente sacramental. Conviene tener presente que los pasajes paulinos y evangélicos
acerca de la última cena asocian las palabras eucarísticas de Jesús con la conmemoración
de su muerte (haced esto en conmemoración mía..., proclamad la muerte del Señor hasta
que él venga). Y así los judíos podían entender un banquete que recuerda o hace presente
nuevamente una gran acción salvífica del pasado, porque el banquete pascual recordaba de
este modo la liberación de Egipto. Pero el cuarto evangelio separa la eucaristía del contexto
de la última cena y la interpreta como un alimento y una bebida que dan la vida eterna (6:51-
58). El agua del bautismo es, para este evangelio, un nuevo nacimiento que da la vida
eterna; el comer la carne y el beber la sangre de Jesús alimenta esa vida. La comunidad
juánica encaminó a los creyentes hacia una teología sacramental distinta (que es la que
nosotros manejamos hoy), donde unos elementos visibles son signos que comunican
realidades divinas.
 Finalmente están los creyentes de las comunidades apostólicas: Están
representados por Pedro y otros miembros de los Doce. Probablemente no había ninguna
diferencia étnica entre ellos y los juánicos: unos y otros eran tanto judíos como gentiles. Jn
6:60-69 no considera a estos creyentes como a los del grupo de Santiago; ellos tienen una fe
más adecuada: "¿a quién vamos a ir? Tú sólo tienes palabras de vida eterna" Y, por la
escena de ese texto, podemos entrever que la actitud hacia ellos de los creyentes juánicos
es fundamentalmente favorable. También, por la presencia de ellos en la última cena (13:6).
Sin embargo, los creyentes juánicos, representados por el discípulo amado, se consideran a
sí mismos más cercanos a Jesús y más perceptivos de su mensaje.
Esta superioridad se halla centrada en su presentación del misterio de Jesús, debido a
la concepción de la preexistencia de Jesús y de sus orígenes de arriba. Los creyentes de las
comunidades apostólicas, en cambio, conocían a un Jesús que es Rey, Señor y Salvador
desde el momento de su nacimiento en Belén. Y aunque lo ven como Hijo de Dios sin padre
humano, no hay indicios de preexistencia, por ejemplo, en los relatos de la infancia de Mt y
de Lc. En cambio, la falta de interés que muestra Jn por los orígenes davídicos de Jesús y
por su nacimiento en Belén, como se refleja en los debates con los judíos (7:41-42), puede
constituir una corrección del tipo de cristología que encontramos en Mt y en Lc, una
cristología que pone demasiado énfasis (a los ojos de Juan) en una cuestión que interesa a
los judíos. De una manera similar, la exaltación por parte de Juan de Jesús en la cruz
relativiza la importancia de las apariciones del Resucitado, y así, implícitamente corrige una
cristología que asocia la filiación divina con la resurrección (Hechos 2:32.36; 5:31; Rom 1:4).
Pero también puede haberlos separado una
distinta en lo referente a la fundación y la sucesión apostólicas, los oficios de la
comunidad o las prácticas sacramentales. Así, podemos encontrar algunas peculiaridades
propias de la comunidad juánica que no están presentes en el resto de las comunidades
apostólicas:
 la continuidad con Jesús está dada en Juan, no por los apóstoles, sino por el discípulo
amado (19:35; 21:24).
 no comparte la insistencia en lo institucional, que en cambio vemos presente en las
demás comunidades hacia finales del siglo I.
 el punto de interés es la relación individual con Jesús, como se ve en la alegoría de la
vid y los sarmientos. En esto se distingue de la presentación corporativa de las comunidades
de Pablo en 1 Cor 12 (el cuerpo y sus miembros; diversidad de carismas). La categoría del
discipulado basado en el amor hace que en Juan cualquier otra distinción en la comunidad
sea relativamente poco importante.
 además, se puede notar la diversa actitud respecto del tratamiento de la tradición. La
función del Paráclito como iluminador de la enseñanza de Jesús le da a la comunidad juánica
la tranquilidad de permanecer en la verdad, por más que desatienda las tradiciones de los
Doce.
Si bien el rechazo de la alta cristología de la comunidad por parte de los judíos
creyentes (el grupo de Santiago) fue interpretado como una falta de fe, y llevó a la ruptura de
la comunión con ellos, con respecto a los creyentes apostólicos hubo una constante
búsqueda de comunión con esperanza de lograr la unidad. Este deseo lo expresa Jesús en
su oración al Padre en favor de los suyos: No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos
que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno (Jn 17:20-21). Y
también en el discurso del Buen Pastor: También tengo otras ovejas que no son de este redil;
también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño y un
solo pastor (Jn 10:16-17).

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