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Beneficios de La Mentoría

Este documento describe los beneficios de la mentoría y varios ejemplos bíblicos de relaciones de mentoría. Explica que la mentoría es importante para transmitir sabiduría y experiencia a generaciones más jóvenes. También destaca que la juventud actual desea y necesita recibir consejo y guía de generaciones mayores. Finalmente, resume algunas características clave de una relación de mentoría efectiva, como modelar una vida ejemplar y aceptar a los demás a pesar de sus diferencias.
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Beneficios de La Mentoría

Este documento describe los beneficios de la mentoría y varios ejemplos bíblicos de relaciones de mentoría. Explica que la mentoría es importante para transmitir sabiduría y experiencia a generaciones más jóvenes. También destaca que la juventud actual desea y necesita recibir consejo y guía de generaciones mayores. Finalmente, resume algunas características clave de una relación de mentoría efectiva, como modelar una vida ejemplar y aceptar a los demás a pesar de sus diferencias.
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Beneficios de la Mentoría

por: Rebecca Verbeten, Coordinadora de Jóvenes-Adultos "Zealous8:2"


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Monkey Business Images/shutterstock.com

Profeta, Pastor, Mentor: «Entonces Moisés llamó a Josué y le dijo en


presencia de todo Israel: ‘Sé firme y valiente, porque tú entrarás con este
pueblo en la tierra que el SEÑOR ha jurado a sus padres que les daría, y se
la darás en heredad. El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te
dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes'» (Deut. 31:7-8).

El joven se encontraba a orillas del valle de Moab, incrédulo mientras


escuchaba con temor y temblor el discurso que sería la doxología final de
Moisés. Desde ese día en adelante, tendría que continuar sin él. Sería
Josué, no Moisés, quien llevaría a los israelitas hasta la Tierra Prometida.
¿Sería capaz de dirigir a ese pueblo, derrotar los ejércitos y finalmente
establecerlos en la Tierra que Dios les había prometido? ¡Sí, lo era!
¿Cuántas veces había tenido el privilegio de recibir de Moisés la
revelación que justamente necesitaba? ¿Cuán a menudo se había
quedado asombrado mientras Moisés reflejaba sabiduría divina en su
trato con el pueblo y bajo circunstancias muy difíciles? ¿Cuántas millas
había recorrido al lado de Moisés, observando cada movimiento,
aprendiendo de cada palabra? Finalmente, lleno del espíritu de sabiduría,
y recordando la mentoría íntima que recibió de Moisés, Josué podría
seguir adelante. Estaba listo.

Maestro, Pastor, Padre: El anciano rabino y apóstol se encontraba


sentado en la penumbra de su prisión y escribía lo que sería la última
carta de su vida. A lo largo de sus muchos años de ministerio, las cartas
de Pablo habían impartido instrucción, corrección y edificación. Cada una
fue escrita con profundo amor paternal. Ya aprisionado en Roma y
enfrentando una muerte segura, comenzó escribiendo: «Pablo, apóstol de
Cristo Jesús por la voluntad de Dios, según la promesa de vida que hay en
Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo…» (2 Tim. 1:1-2a).

Muchos eran los pensamientos que inundaban su mente: «¿Las iglesias


podrán continuar sin él? ¿Cómo crecerán en número? ¿Cómo crecerán en
el Espíritu? ¿Podrán sobrevivir la intensa persecución?» Luego se sintió
fortalecido por una repentina paz mientras pensaba en el joven a quien le
dirigía su carta final: Timoteo, su discípulo y verdadero hijo en la fe.

Beneficios de la Mentoría

Lincoln Rogers/shutterstock.com

Recientemente me he encontrado en conversaciones de distintos temas


que conducen al asunto de la mentoría. Aunque la discusión se puede
tratar de finanzas, el matrimonio o una profesión, veo el urgente deseo en
la juventud de recibir algún consejo sabio por parte de generaciones
anteriores.

De hecho, un estudio realizado en 2013 demostró que el 45% de la


juventud no-cristiana identificaba la oportunidad de recibir consejo por
parte de personas de una previa generación como muy importante,
mientras que el 68% entre la juventud cristiana identificaba esa
oportunidad como muy importante. A través de dicho estudio podemos
ver que, sean cristianos o no, los jóvenes reconocen la importancia y el
deseo de recibir mentoría.

Nota

Aún más grande que el deseo de recibir mentoría es la necesidad de


recibir mentoría.

Otro estudio realizado por Thom y Jess Rainer en su libro The Millenials:


Connecting to America’s Largest Generation [Generación Milenial:
Conectándonos con la Más Grande Generación], halló que los miembros
de la actual generación joven-adulta tienen la tendencia de poseer un
sistema de fe sincretista. Eso significa que toman una porción de fe de
varias religiones o filosofías, y las mezclan para formar su propio sistema
teológico. Esa tendencia también se encuentra entre los que se
consideran «evangélicos» o «nacidos de nuevo.» Como resultado,
tenemos una generación de jóvenes cuya religión es menos
fundamentada en la Biblia que cualquiera otra anterior.

Muchos de los jóvenes-adultos hoy día creen que uno no puede saber lo
que sucederá después de la muerte, están a favor de matrimonios del
mismo sexo, creen en vivir juntos antes del matrimonio (65%) y se ríen de
un inicio reciente del globo terráqueo. Una encuesta por Pew
Researchconducido en 2015 evidenció que el 46% de la generación
milenial (nacidos entre 1979 y 2000) provienen de hogares rotos. Eso
significa que casi la mitad de la juventud en nuestras iglesias y
comunidades se ha criado sin una madre o un padre en el hogar. Eso
puede implicar que dicha generación tiene un vacío que muchos en las
generaciones mayores pudiesen llenar.

Fuimos creados para tener relación unos con otros. Cuando Dios creó al
hombre y lo puso en el jardín, vio que no era bueno que el hombre
estuviese solo, y creó a Eva como su ayuda idónea (Gén. 2:18). Dios
ordenó a Adán y Eva que fuesen fecundos y se multiplicasen (Gén. 1:28).
Dios estableció que la manera principal de aprender y preservar Sus
mandamientos es por medio de relaciones de mentoría.

Vemos el énfasis en relaciones cercanas a lo largo de la Palabra de Dios:


en el Tanaj (Génesis-Malaquías), en las enseñanzas de Jesús y en los
Escritos de los Apóstoles (Nuevo Testamento). Por ejemplo:

«Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor pago por su trabajo.
Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del
que cae cuando no hay otro que lo levante!» (Ecl. 4:9-10).

«El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro» (Prov. 27:17).


George Muresan/shutterstock.com

«Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es. Amarás al


SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las
enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes
en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te
levantes. Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre
tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas»  (Deut.
6:4-9).

Mientras continuamos estudiando las Escrituras, vemos muchas


situaciones de mentoría, relación ordenada por Dios para producir
crecimiento y la transferencia de sabiduría y experiencia a futuras
generaciones.

Veamos algunas de esas ilustraciones:

En Éxodo 18, Jetro, el suegro de Moisés, actuó como mentor luego de


observar cómo intentaba resolver todas las disputas de los israelitas por
sí solo.
Desde el principio de la jornada en el desierto, Moisés comenzó a ofrecer
mentoría a Josué (Deut. 31 y 34). Años después, Dios escogió a Josué
para ser el próximo líder para los israelitas porque tenía el mismo espíritu
de Moisés y había sido preparado para la posición de liderato.

En 1 Reyes 19 y 2 Reyes 2, Eliseo estaba preparado para su ministerio


profético debido a su cercana relación con el profeta Elías. Cuando Elías
fue llevado al cielo, su manto recayó sobre Eliseo, quien recibió una doble
porción del espíritu de su mentor.

El libro de Lucas, en los Escritos de los Apóstoles, nos dice que Elisabet,
madre de Juan el Bautista, dio mentoría a María luego de conocer que
ella sería la madre de Jesús. Elisabet, llena del Espíritu Santo, afirmó la
obra de Dios en la vida de María.

Bernabé fue mentor de Pablo (Hechos 4, 9 y 11). El apóstol Pablo llegó a


ser un gran líder espiritual, y escribió 14 libros de los Escritos de los
Apóstoles.

En Hechos 16, Filipenses 2, además de 1 y 2 Timoteo, leemos que Pablo


fue mentor de Timoteo, y describió al joven como de un mismo
pensamiento en su compromiso de servir a Dios. Su relación con Timoteo
era muy profunda, como de padre a hijo.

Vemos otra importante ilustración bíblica de mentoría en la relación entre


Rut y su suegra, Noemí. Rut tenía una relación tan cercana con Noemí
que por ninguna razón la quiso dejar (Rut 1:16). Como resultado, Noemí
ayudó a Rut para que comprendiese las leyes y costumbres de los
israelitas. Juntas, iniciaron una jornada de discipulado y destino; de
mentoría espiritual maternal y devoción espiritual filial; de sanidad
emocional que transformaría para siempre sus vidas.
¿Será posible que el apóstol Pablo pensara en esas dos mujeres cuando
instruyó a su ayudante de confianza, Tito, sobre cómo atender a la
necesidad de varios grupos en su iglesia (Tito 2)? En Tito 2:3-5, Pablo
claramente dijo que las ancianas deben vivir vidas santas para que
puedan enseñar a las mujeres más jóvenes. Específicamente, que
las mujeres de mayor edad instruyan a las jóvenes en
sus relaciones (que amen a sus maridos e hijos), en sus cualidades
personales (que sean prudentes, puras y amables) y en áreas
prácticas (que sean hacendosas en el hogar y sujetas a sus maridos).

Hablando con los hombres más jóvenes en la Iglesia, dijo: «Asimismo,


exhorta a los jóvenes a que sean  prudentes. Muéstrate en todo como
ejemplo de buenas obras, con  pureza de doctrina, con  dignidad,
con  palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence
al no tener nada malo que decir de nosotros» (Tito 2:6-8, énfasis añadido).

ESB Essentials/shutterstock.com

¿Cómo es una Relación de Mentoría?


1. Un mentor modela una vida deseable de imitar.

Nadie es perfecto, y nadie debe esperar la perfección de otro. Sin


embargo, lo que produce una relación de mentoría es cuando una
persona ve en otra algo que les hace declarar: «¡Yo deseo lo que tiene esa
persona!» Vemos evidencia de ello en la relación de Noemí con su nuera
Rut. Rut pudo admirar la rectitud de Noemí, y cuando Noemí trató de
enviar a Rut y Orfa de regreso a sus hogares, Rut no la quiso dejar. Se
aferró a Noemí y le rogó: «No insistas en que te deje o que deje de
seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu
pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16).

2. Un mentor no rechaza a nadie por sus diferencias.

En la historia de Rut y Noemí, vemos cómo dos mujeres de distintos


lugares, trasfondos y religiones se unieron y forjaron un pacto entre sí y
con Dios. No fueron unidas por razones de sangre, género, raza, religión
ni cultura. Noemí dio mentoría a la joven desde una religión y cultura
totalmente diferente. Tendrían muy poco en común, y Noemí
probablemente se identificaría con muy poco en la vida de Rut. Pero
Noemí se dio a la tarea de vivir el resto de sus días en una relación de
mentoría con Rut.

3. Un mentor transmite su pasión por cosas que le apasionan.

Noemí transmitió a Rut su pasión hacia Dios. Moisés transmitió a Josué


su pasión por el pueblo de Israel y su deseo de llegar a la Tierra
Prometida. Pablo instiló en Timoteo su pasión por las iglesias y la obra
del ministerio. ¿Qué le apasiona a usted?

4. Un mentor provee y fomenta oportunidades para que su discípulo


crezca.
Existe un antiguo dicho, refiriéndose al arte de la mentoría: «Dime y lo
olvidaré. Demuéstrame y lo recordaré. Actívame y lo comprenderé.» Los
mentores efectivos no tienen todas las respuestas. Pero ellos caminan
con sus discípulos por el proceso de descubrir todas las bendiciones y
los beneficios de escuchar y obedecer a Dios.

5. Un mentor ora por su discípulo.

Un mentor no sólo modela una vida santa, sino que también ora por la
persona a quien sirve en mentoría. Allí es donde las batallas espirituales
se ganan o se pierden. Pablo inició muchas de sus cartas con
comentarios de que había estado orando por los creyentes a quienes
enseñaba (Fil. 1:3-6; 1 Tes. 1:2-3, 3:10-13; etc.). Debemos orar para que
Dios nos dé una persona a quien podamos servir como mentor, además
de orar por esa persona durante el proceso.

6. Un mentor enseña a su discípulo para que enseñe a otro.

Uno de los gozos más grandes de un mentor espiritual es ver que su


discípulo también sirva como mentor a otras vidas. Pablo dijo a su
discípulo Timoteo que las cosas que él había aprendido en su relación de
mentoría las debería enseñar a otros. Pero el proceso no se detiene allí.
Pablo dijo a Timoteo que debe enseñar a sus propios discípulos para que
estos, a su vez, también sean mentores (2 Tim. 2:2).

7. Mentoría y la «Ley de Multiplicación»

El resultado concluyente de relaciones de mentoría debe ser más


relaciones de mentoría. Vemos esa ley de multiplicación en función
desde el mismo principio del mundo. Luego de terminar de hacer la
corona de la creación, al hombre y a la mujer, Dios les dijo: «Sean
fecundos y multiplíquense…» (Gén. 1:28). Vemos ese mandato por toda la
Escritura. Luego del diluvio en Génesis 9:1, Dios bendijo a Noé y a su
familia, y les dijo que fuesen fecundos y se multiplicasen. Jacob recibió el
mismo mandato dos veces: una vez cuando su padre Isaac lo envió a
buscar una esposa (Gén. 28:3), y por segunda vez cuando Dios le cambió
el nombre a Israel: «Sé fecundo y multiplícate» (Gén. 35:11).

ESB Professional/shutterstock.com

Siempre que había un «nuevo comienzo» en la historia bíblica, Dios


ordenó al pueblo que fuese fecundo y se multiplicara. Cuando llegamos a
la vida y el ministerio de Jesús, vemos una vida libre de pecado, el
cumplimiento de toda profecía bíblica, el cumplimiento pleno de la Ley,
además de Su muerte, entierro y resurrección. ¿Qué mandó a hacer antes
de que ascendiera al cielo? Continuó el tema de la multiplicación. Las
palabras son diferentes, pero el mensaje es el mismo:

«Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra.  Vayan, pues, y


hagan discípulos  de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que
les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta
el fin del mundo» (Mateo 28:18-20, con énfasis añadido).

Aquí vemos el mandato de que fuesen fructíferos y se multiplicasen más


allá de la unidad familiar, llegando hasta los extremos de la tierra, y
finalmente alcanzándome a mí y a usted.

El Reto

Hace varios años me hablaron del Reto 20/20. Esta es la manera en que


funciona: identifique a una persona (preferiblemente de su propio sexo)
que tenga como 20 años más usted, y planifique pasar algún tiempo con
él o ella. Pregúntele sobre la lección más grande que haya aprendido en
su vida. ¿Qué buenos hábitos le ayudaron a fortalecer su camino en el
Señor? Aprenda intencionalmente de esa persona. A la misma vez, usted
puede conocer a una persona que tenga 20 años menos que usted, con
quien usted pueda pasar algún tiempo de calidad. Enséñele a esa
persona la principal lección que usted ha aprendido en su vida. ¿Dónde
vio éxito? ¿Dónde fracasó? ¿Qué le apasiona? Páselo para adelante.

Cuando usted se encuentre con su mentor, pregúntele: «Si usted tuviera


mi edad, ¿qué le hubiera gustado saber? Cuando usted sea el mentor,
comparta lo que a usted le hubiera gustado saber a su edad.
Usted está Cualificado

Hoy tuve mi última sesión con una jovencita a quien he estado dando
mentoría por los pasados 10 meses. Nos habíamos reunido cada semana
por una hora. Discutimos cosas de la vida, la familia y el trabajo. Durante
los últimos meses, ella me dio un leve vistazo de quién es y porqué es
como es. Vi que es una luchadora, y comprendo por qué es una
luchadora. Conozco sus esperanzas y ansiedades respecto al futuro.
Reconozco, quizás mejor que ella, que su futuro está lleno de cosas
grandes. A cambio de su vulnerabilidad, yo le ofrecí la mía. La aconsejé
desde mi propia experiencia, y fui transparente para compartir mis
debilidades con ella.

Hoy cuando me encontré sentada ante una mesa, vi a una joven cuyo
trasfondo es completamente opuesto al mío. La lógica me decía que no
tenía nada que ofrecerle, que nunca podríamos relacionarnos, mucho
menos tener una amistad cercana. Pero sentí que Dios había ordenado
nuestra amistad. Él sabe que me dará las palabras apropiadas al
momento apropiado. Él sabe que yo escucharé cuando sea el momento
de escuchar, orar cuando sea el momento de orar y llorar cuando sea el
momento de llorar. Es así de sencillo. Y Dios sabe que necesito que ella
me enseñe un grado más profundo de compasión y amor.

Debemos recordar que Dios nos ha llamado con un gran propósito, y


parte de ese propósito, aunque nos sintamos cualificados o no, es de ser
fructíferos y de multiplicarnos.
Esta actitud de mentoras y de hermandad que encontré en diferentes mujeres
me recuerda la historia bíblica de Noemí y Rut quienes, aunque no tenían un
parentesco de sangre, desarrollaron un vínculo tan fuerte entre suegra y nuera
que fue capaz de llevarlas a un lugar seguro. Es una historia hermosa de dos
mujeres que debieron soportar un dolor y una pena muy grandes que las dejó
vulnerables y las llevó a viajar juntas de regreso al país de Noemí. En ese viaje
Noemí se convirtió en la mentora de Rut quien aceptó confiadamente seguir las
sugerencias de Noemí.

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