Diálogo de Pablo y silas
Pablo - Estábamos en la ciudad predicando de la palabra de Dios y declarando que traía
salvación y Libertad para nuestras vidas, mientras estábamos en eso una niña que era esclava
nos escuchaba predicar y empezaba a decir a gritos ahí van los hijos del Dios altísimo!!
Silas - Si Pablo y cada vez que predicamos de Dios ella gritaba sin parar y nosotros sentíamos
en nuestro corazón que estaba muy triste, porque la acompañaba un espíritu malo que le hacía
adivinar las cosas que iban a pasar. Después de un momento de haber pasado todo esto
decidimos con Pablo orar por ella y hacerla libre!! así como predicamos de la libertad que Jesús
vino a traer para nuestras vidas.
Pablo - entonces en ese momento nos pusimos a orar por ella y en el nombre de Jesús ese
espíritu malo se fue y ella quedó libre, pero los amos que estaban a cargo de su vida se
enojaron mucho porque ellos ganaban dinero diciéndole a la gente las cosas que les hiban a
pasar, entonces en ese momento se pusieron muy furiosos contra nosotros y nos llevaron a la
fuerza hacia el palacio de los gobernantes de la ciudad.
Silas - ellos comenzaron a hablar mentiras de nosotros diciendo que predicamos cosas en
contra del rey y además que obligavamos a la gente a hacer cosas que estaban prohibidas y a
causa de todas esas mentiras los guardias del palacio nos golpearon y no metieron a la cárcel
más oscura que avía
Pablo - yo me sentía adolorido por los golpes y además estaba triste en esa prisión pero el
Espíritu Santo trajo una alabanza a nuestros corazones y comenzamos a adorar a Dios y
mientras cantavamos cada vez más se iva y empezamos a sentir el gozo y la libertad que nos
traía Dios
Silas - en ese momento de plena de adoración se fue el dolor completamente de nuestras vidas
y los grilletes que teníamos en nuestros tobillos se rompieron y en ese momento comenzó
temblar y tembló con tanta fuerza que se rompió la cárcel y pudimos salir hacia afuera y Dios
nos hizo completamente libres y aprovechamos esa oportunidad para no escapar de la cárcel
sino para predicarle al guardia que estaba en ese lugar de la libertad que podía traer Dios a
nuestros corazones.