Violencia de Pareja: Trastornos de la personalidad y uso de sustancias
Por Diane Troncoso Soto
Fundaterapia es un centro clínico de Bogotá, en el cual existe una atención por
psicoterapeutas con master en Terapia Familiar Sistémica. Esta institución realizó un
estudio durante 5 años en maltrato familiar dándole énfasis a la violencia conyugal. De los
casos que estudiaron refieren que el 20% tenían trastornos de la personalidad y uso de
sustancias. En este trabajo se incluyeron consideraciones teóricas del trabajo en equipo con
los psiquiatras y la institución propuso que la intervención se debía ajustar desde el
diagnostico individual y diagnósticos sistémicos (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild,
op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Varios autores le han dado una explicación a la violencia tanto familiar y de pareja:
Linares (1996, 2002/09/10/12) refiere que las personas maltratan al no sentirse amadas y
cuando se interesan más en dominar que dar amor, por lo que se crea una cadena en la que
la víctima el día de mañana será el agresor/a (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit.
Medina, Laso y Hernández, 2014).
La OMS (2003) dice que la violencia de pareja tiene factores de riesgo, como en el
social que involucra la pobreza, vivienda precaria y desempleo; en lo familiar cuando hay
una historia de violencia en la familia de origen; y en lo individual al existir baja tolerancia
a la frustración o psicopatología (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina,
Laso y Hernández, 2014).
La violencia de pareja tiene una explicación multicausal, por lo tanto no hay
características homogéneas, los agresores no presentan características homogéneas que
permitiesen realizar una prevención hacia la violencia (Fernández-Montalvo, op.cit.
Medina, Laso y Hernández, 2014). Pero encuentran una característica común asociada a los
trastornos de personalidad, la ira (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina,
Laso y Hernández, 2014).
La ira sería activada por: celos patológicos (paranoide); enfado por recibir un trato
distinto en el trastorno narcisista; miedo a la pérdida en el Trastorno Límite de la
personalidad; deseo de tener poder en el trastorno antisocial; y deseo de llamar la atención
en el trastorno histriónico (Esbec y Echeburúa, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Se analizaran tres trastornos en cuanto a la violencia conyugal, los cuales serán: TLP,
Trastorno Narcisista, TOC y el Trastorno por Uso de Sustancias.
Trastorno límite de la personalidad
El TLP es el más diagnosticado ante delitos violentos. En las mujeres predomina la auto
agresividad (Esbec y Echeburúa, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Dutton (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) dice que el TLP se caracteriza por una
inestabilidad emocional, con bastantes celos, poseen un apego inseguro y utilizan un locus
control externo. Linares utiliza su modelo de conyugalidad y parentalidad, refiriendo que
cuando hay un impacto conyugal la parentalidad se ve deteriorada.
En la intervención de este trastorno fundaterapia menciona que en primer lugar se deben
fijar objetivos terapeútico en conjunto con el usuario/a; se debe insistir en ver a la pareja del
cliente; no se deben dejar vacíos en la historia, sino indagar e ir más allá; se debe anticipar
que no se otorgarán informes a excepción de que una institución lo solicite; y no se debe
emitir informes con etiquetas psicopatológicas pues promoverían situaciones más
conflictivas hacia el cliente ya que aumentarían los expedientes jurídicos (Giraldo,
Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Trastorno narcisista
Kohut (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) dice que estas personas presentan una
autoestima disminuida y una necesidad de aprobación de los demás. Kernberg (op.cit.
Medina, Laso y Hernández, 2014) refiere que tienen escaso control de impulsividad y
dificultad en compartir metas en común con otro individuo. Valdes (op.cit. Medina, Laso y
Hernández, 2014) menciona que las relaciones que sostienen en el presente se debe a que la
pareja soporta las desconsideraciones de este/a. Cacrini (op.cit. Medina, Laso y Hernández,
2014) dice que vivieron una infancia por la que sus seres queridos idealizaban metas
grandes hacia ellos.
Esbec y Echeburúa (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) refieren que se enfadan
con sus parejas por recibir un trato distinto al que ellos esperaban.
Cuando el otro conyugue busca anular la complementariedad, el narcisista restablece la
posición up mediante violencia (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso
y Hernández, 2014).
En la psicoterapia cuando llegan por derivación se muestran esquivos y pocos
adherentes hacia el tratamiento, y si van a la sesión sólo lo hacen para mostrar superioridad.
En la intervención se debe ser bastante empático; se debe trabajar en las pautas redundantes
para comprender las reglas implícitas y explícitas para trabajar en la ruptura que mantiene
los actos violentos (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y
Hernández, 2014).
Trastorno obsesivo compulsivo
En la relación de pareja existe una posición up y la pareja acepta esto, la regla explícita
dice que los dos construyen la relación y la regla implícita refiere que uno de los conyugues
mantiene la idea de hacerlo todo a su modo. El maltrato físico se hace presente cuando hay
complementariedad (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y
Hernández, 2014).
Bagarozzi y Anderson (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) refieren que cuando se
unen los conyugues la elección de uno de los dos comienza con el mito de la pareja ideal, y
si esta perfección se conserva habrá armonía. En situaciones cuando uno de los miembros
de la pareja se da cuenta que su conyugue no es el ideal existen tres posibilidades: ponen
fín a la relación y buscan a otra persona; o bien modifican al ideal ajustándose a la realidad;
o provocan cambios en la pareja para que sean como el ideal.
Curiosamente suelen optar por la última opción, y la violencia aparece cuando este/a se
frustra porque la pareja no se acomodo al ideal. En general el conyugue se acomoda a la
perfección que este le solicita manteniendo una posición down (Giraldo, Montejo,
Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
En la intervención se debe realizar un contrato para que se detenga y se ponga fin a la
violencia conyugal, se hacen sesiones alternadas para trabajar de forma individual y en
pareja (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014). En
las sesiones individuales debe existir un tono comprensivo hacia el usuario, invitarlo a la
flexibilidad para que amplíe el repertorio personal, se deben hablar sobre los temas de
preocupación recurrente, es característico que el usuario actúe de forma defensiva por
temor a la crítica del terapeuta, por esto las sesiones no deben convertirse en un peso para la
persona (Selvini, (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Campos y Linares (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) dicen que en las sesiones
con la pareja se renegocian las reglas explícitas e implícitas. De esta manera ambos
conyugues respeten sus ideas y necesidades, a la vez se trabajan los temas parentales en esa
misma dirección (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández,
2014).
Cuando la pareja se da cuenta que ya no pueden seguir juntos se da énfasis en los
recursos que poseen para que sigan trabajando como padres por el bienestar de sus hijos
(Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Trastorno por uso de sustancias
Existen distintas variables en cuando al uso de sustancias: en el plano individual las
sustancias actúan en el circuito de regulación del sistema límbico y neo corteza, lo que
favorece los impulsos (Fishbane, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014); en el contexto
sociocultural mantienen facilidad en cuanto a la disponibilidad de la sustancia, existiendo
aprobación tanto grupal como familiar, el consumo empieza a una temprana edad (Giraldo,
Montejo, Valderrana y Wild, op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014); y según Cancrini y
La Rosa (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) en el contexto familiar predomina la
familia monoparental, hay mayor riesgo cuando existe una economía baja en el hogar.
Según Haber y Jacob (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) confían en que el
alcohol puede ayudar a que resuelvan sus conflictos matrimoniales.
Khantzian (op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014) la persona que consume sustancias
la utiliza como una automedicación, pues alivia los síntomas del sufrimiento relacional.
En la intervención se ve la vulnerabilidad neurobiológica que tiene el usuario, y se
aborda el tema del poder en la relación de pareja (Giraldo, Montejo, Valderrana y Wild,
op.cit. Medina, Laso y Hernández, 2014).
Bibliografía
Medina, R., Laso, E., & Hernández, E. (2014). Pensamiento Sistémico. México: Litteris.