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Representacion Sin Poder

El documento discute la representación sin poder en el proceso civil venezolano. Explica que (1) el Código de Procedimiento Civil permite que una persona se presente en juicio como actor sin poder por otra persona debido a vínculos familiares o de negocios, y que cualquier abogado puede representar a un demandado sin poder; (2) la representación sin poder debe invocarse expresamente en cada acto procesal para que sea válida; y (3) los actos de representación sin poder incluyen defender al representado pero no disponer de asuntos como transacciones

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Representacion Sin Poder

El documento discute la representación sin poder en el proceso civil venezolano. Explica que (1) el Código de Procedimiento Civil permite que una persona se presente en juicio como actor sin poder por otra persona debido a vínculos familiares o de negocios, y que cualquier abogado puede representar a un demandado sin poder; (2) la representación sin poder debe invocarse expresamente en cada acto procesal para que sea válida; y (3) los actos de representación sin poder incluyen defender al representado pero no disponer de asuntos como transacciones

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REPRESENTACIÓN SIN PODER.

El Art. 168 CPC permite, en razón del parentesco o de comunidad de intereses,


que una persona pueda presentarse en juicio como actor, sin poder, por otra.
Asimismo, cualquier abogado en ejercicio puede presentarse en juicio por el
demandado, sin poder, aduciendo o invocando el Art 168 CPC.

La razón del precepto de la representación sin poder para actuar como actor, no
es otra que actuar en interés y beneficio del representado por los vínculos de la
sangre o relaciones de negocio.
La regla general en el ordenamiento jurídico venezolano dispone que, para que las
partes puedan gestionar en el proceso civil por medio de apoderados éstos deben
estar facultados con mandato o poder.

Sin embargo, existe una excepción a la regla, ésta se encuentra establecida en el


artículo 168 del Código de Procedimiento Civil. La misma consiste en que,
cualquier persona que cumpla la condición de ser abogado puede representar a
otra sin que exista un contrato de mandato o sin la existencia de un poder.

El propósito del legislador al establecer este supuesto excepcional, ha señalado la


doctrina, es siempre extender hasta los límites extremos la posibilidad de
representación para impedir que por obstáculos legales una de las partes pueda
quedar indefensa en el proceso.

 La norma establecida en la ley adjetiva civil vigente presenta dos (2) situaciones
diferentes:

     a) La primera parte del artículo 168 del Código de Procedimiento Civil se
refiere no a una representación judicial sino una representación civil, es decir,
cuando el heredero se presenta por su coheredero (en causas originadas por la
herencia) y el comunero por su condueño (en lo relativo a la comunidad), se
refiere a una representación civil, en cuyo caso tanto el heredero como el
comunero deben estar asistidos por un profesional del Derecho. Esta
representación sólo tiene aplicación para presentarse a juicio como actores y no
como demandados;
     b) La segunda parte de la norma consagra, específicamente,
una representación procesal sin poder, por cuanto cualquier persona que reúna
las condiciones podrá ser apoderado judicial a tenor de la Ley de Abogados; pero
esta posibilidad sólo se permite a la parte demandada y no para presentarse como
actores.

Ahora bien, la norma presenta un vacío sobre los siguientes aspectos:

     a) ¿Debe invocarse en cada acto procesal que se actúa bajo el supuesto de
representación sin poder?

      b) ¿Cuáles actos procesales se permiten bajo el supuesto de la representación


sin poder?

Respecto de la primera interrogante, basta la invocación de la representación sin


poder para que se entienda que el abogado siempre actuará con ese mismo
carácter salvo que se presente otro abogado con poder o la parte intervenga
debidamente asistido.

Por supuesto que, si el juicio se ha iniciado con un apoderado no puede otro


abogado presentarse bajo el supuesto de la representación sin poder por cuanto
esto desnaturalizaría la institución que pretende garantizar la defensa procesal del
demandado.
Con relación a la segunda interrogante, el representante sin poder puede
intervenir en cualquier acto procesal que se requiera para la defensa de la parte,
como contestar demandas, promover pruebas, evacuarlas, informar, apelar,
recurrir en casación, etc. La norma en esto no hace distinción y, en consecuencia,
no es dable al intérprete restringir la defensa de la parte con una interpretación
exclusiva. Todo esto se refiere a los actos de defensa procesal, no así en lo que
se refiere a la disposición, esto es, transigir, convenir, someter a arbitraje o a la
equidad, y en general los actos de disposición requieren poder expreso tal como lo
dispone el artículo 154 del Código de Procedimiento Civil.     

La sala de casación en sentencia de fecha 11 de marzo de 2004 con ponencia del


Magistrado Franklin Arrieche G, en base a este punto estableció:

De conformidad con lo previsto en los artículos 313 ordinal 2° y 320 del Código de
Procedimiento Civil, el formalizante denuncia la infracción, por errónea interpretación, del
artículo 168 eiusdem y por falta de aplicación, de los artículos 26, 49 y 257 de la
Constitución, con base en que el juez de alzada declaró inadmisible la apelación interpuesta
en nombre de su representada, por cuanto el abogado que ejerció dicho recurso no era su
apoderado y no invocó la representación sin poder, lo que estima es contrario a derecho, por
cuanto la Constitución ni la ley exigen el cumplimiento de ese presupuesto para la validez del
acto, para lo cual basta el título de abogado, de acuerdo con lo establecido en los artículos 3
de la Ley de Abogado y 166 del Código de Procedimiento Civil.
 
                   Por consiguiente, el recurrente afirma que el criterio expresado por el juez de
alzada es opuesto al mandato contenido en los artículos 26 y 257 de la Constitución, por
cuanto lesiona los derechos constitucionales de defensa, debido proceso, tutela judicial
efectiva y prescindencia de formalismos inútiles.
 
                   Para decidir, se observa:
 
                   No tiene razón el formalizante. El artículo 168 del Código de Procedimiento Civil
establece que:
 
 
"...Podrán presentarse en juicio como actores sin poder: El heredero por su
coheredero, en las causas originadas por la herencia, y el comunero por su
condueño, en lo relativo a la comunidad.
 
Por la parte demandada podrá presentarse además sin poder, cualquiera
que reúna las cualidades necesarias para ser apoderado judicial; pero
quedará sometido a observar las disposiciones pertinentes establecidas en
la Ley de Abogados...". (Resaltado de la Sala).
 
 
                   En aplicación de la citada norma, el juez de alzada dejó sentado que el abogado
José Briceño apeló "...con el carácter de apoderado de los demandados...", sin que conste
en el expediente el poder que acredite dicha representación y sin indicar de forma expresa
que "...procedía atendiendo a lo preceptuado en el artículo 168, específicamente en su
aparte único...", razón por la cual declaró la falta de validez de ese acto.
 
                   La Sala estima que ese pronunciamiento es ajustado a derecho, pues de forma
reiterada ha indicado que la representación sin poder prevista en el artículo 168 del Código
de Procedimiento Civil, debe invocarse de forma expresa y no surge de forma espontánea.
 
                   En ese sentido, entre otras, en decisión de fecha 3 de octubre de 2003, en el
juicio de Darcy Josefina Ruiz Molina De Chaves y Eloy José Ruiz Molina  c/ la sociedad
mercantil Multimetal C.A., esta Sala dejó establecido lo siguiente:
 
 
“...Sobre este asunto (artículo 168 eiusdem), la Sala de Casación Civil, en fecha
24 de abril de 1998, en el juicio seguido por Jorge Enrique Rodríguez Abad
contra Jacques Roger Buridard Hubert, señaló:
                                                                       
“En reiterada doctrina de la Sala establecida desde el 11 de agosto de 1966,
interpretando los postulados de artículo 46 en su último párrafo del Código de
Procedimiento Civil de 1916 derogado (hoy artículo 168), se expresó:
 
‘La representación prevista en el último párrafo del artículo 46 del Código de
Procedimiento Civil no surge espontáneamente por más que el sedicente
representante reúna las condiciones requeridas para ejercer poderes en juicio,
sino que debe ser expresamente invocada en el acto en que se pretende la
representación’ (Doctrina reiterada en sentencia de fecha 4 de junio de 1980.
G.F.N° 108. Vol II. 3° Etapa. Pág. 1169).
 
En reciente sentencia de la Sala, de fecha 18 de junio de 1997, ... se ratificó la
anterior doctrina de la Sala, así:
 
‘Es doctrina de este Supremo Tribunal que la representación sin poder a que
se contrae el artículo 168 del Código de Procedimiento Civil debe hacerse
valer en forma expresa y no surge en forma espontánea. Así en sentencia del
24 de octubre de 1995 (Juan Carlos Baptista José y otros contra Pan American
World Airways, Inc.) ... la Sala sostuvo:
 
‘Según el procesalista patrio Arístides Rengel Romberg, la representación sin
poder no surge de derecho, aún en quien se considere como tal y reúna las
condiciones requeridas para ejercer poder en juicio, sino que debe ser invocada o
hecha valer expresamente en el acto en que se pretende ejercer la
representación sin poder.
 
La Sala de Casación Civil, en sentencia de fecha 11 de agosto de 1966 (G.F. N°
53, 2° Etapa. Pág. 306), ha señalado que la representación sin poder no surge
espontáneamente por más que el sedicente representante reúna las condiciones
requeridas para ejercer poderes en juicio, sino que debe ser expresamente
invocada en el acto en que se pretende la representación’ ...”
Por consiguiente, los demandantes tenían que invocar expresamente en el libelo
la representación sin poder establecida en el artículo 168 del Código de
Procedimiento Civil, y no pretender que ésta surgiera de derecho o que el juez la
determinara de los documentos acompañados con el libelo...” (Negritas de la
Sala).
 
 
 
                   Este precedente jurisprudencial encuentra justificación en la prohibición
establecida en el artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, de acuerdo con el cual
“Fuera de los casos establecidos en la ley nadie puede hacer valer en juicio, en nombre
propio, un derecho ajeno”, y la representación sin poder es precisamente uno de los
supuestos de excepción, razón por la cual debe ser aplicado de forma restrictiva, respecto de
aquellos casos en que dicha representación conste de forma cierta, por haber sido invocada
de forma expresa en el propio acto por el abogado.
 
                   Por consiguiente, no basta que el representante cumpla con el requisito de ser
profesional del derecho, sino que es presupuesto necesario invocar en el mismo acto la
representación sin poder, con lo cual deja expresa constancia de que está presente la
hipótesis de excepción prevista en el artículo 168 del Código de Procedimiento Civil y asume
la responsabilidad a que hubiese lugar de conformidad con la ley, por los efectos jurídicos
causados con motivo de los actos practicados por él en nombre de otro.
 
                   Acorde con ello, Arístides Rengel Romberg ha sostenido que la representación
sin poder no surge de pleno derecho, sino que debe ser invocada o hecha valer de forma
expresa en el acto que se pretende ejercer, aunque quien se considere representante reuna
las condiciones requeridas para ejercer poderes en juicio.
 
Con base en las consideraciones expuestas, la Sala reitera el precedente
jurisprudencial y establece que el juez de alzada interpretó en su correcto contenido y
alcance la disposición contenida en el artículo 168 del Código de Procedimiento Civil, y deja
sentado respecto del alegato de infracción de los artículos 26, 49 y 257 de la Constitución,
que si bien la Sala en sus decisiones se somete incondicionalmente a los principios
consagrados en la nueva Constitución y vela por la uniformidad de la ley interpretándola a la
luz de tales principio constitucionales, no está autorizada para declarar la infracción directa
de sus normas, lo que es competencia de la Sala Constitucional de este Supremo Tribunal.
Así se decide.

Asimismo en sentencia N° 16-743, de fecha 08 de noviembre de 2016 de la Sala de Casacion Civil,


con ponencia de Guillermo Blanco, estableció´:
“…Ahora bien, esta Sala ante la actuación realizada por la profesional del derecho C.Y.R.A., la cual
interpuso recurso de casación invocando para ello el contenido del artículo 168 segundo aparte
del Código de Procedimiento Civil, relativo a la representación sin poder, en concordancia con lo
determinado por el juzgador de alzada, el cual negó interposición del recurso de casación, por no
encontrarse acreditado en los autos la representación de la mencionada abogada, considera
oportuno hacer mención al criterio sentado en decisión N° 409 de fecha 8 de junio de 2012, caso:
L.B.V. contra Royal & Sunalliance Seguros (Venezuela), S.A., en el cual se estableció, lo siguiente:
…Establece el referido  artículo 168  del  Código de Procedimiento Civil  lo siguiente:

Podrán presentarse en juicio como actores sin poder. El heredero por su coheredero, en las
causas originadas por la herencia y el comunero por su condueño, en lo relativo a la comunidad.

Por la parte demandada podrá presentarse además sin poder, cualquiera que reúna las cualidades
necesarias para ser apoderado judicial; pero quedará sometido a observar las disposiciones
pertinentes establecidas en la Ley de Abogados.

.
Respecto al contenido de la norma jurídica precedentemente citada, la Sala ha dejado asentado
que la representación sin poder allí prevista, debe invocarse de forma expresa y no surge de forma
espontánea, por más que el sedicente representante reúna las condiciones requeridas para ejercer
poderes en juicio, sino que debe ser expresamente invocada en el acto en que se pretende la
representación sin poder, pues ésta no surge de derecho ni el juez la puede determinar de los
documentos acompañados con el libelo.
Este precedente jurisprudencial encuentra justificación en la prohibición establecida en el artículo
140 del Código de Procedimiento Civil, de acuerdo con el cual “Fuera de los casos establecidos en
la ley nadie puede hacer valer en juicio, en nombre propio, un derecho ajeno”, y la representación
sin poder es precisamente uno de los supuestos de excepción, razón por la cual debe ser aplicado
de forma restrictiva, respecto de aquellos casos en que dicha representación conste de forma
cierta, por haber sido invocada de forma expresa en el propio acto por el abogado.
Por consiguiente, no basta que el representante cumpla con el requisito de ser profesional del
derecho, sino que es presupuesto necesario invocar en el mismo acto la representación sin poder,
con lo cual deja expresa constancia de que está presente la hipótesis de excepción prevista en
el artículo 168 del Código de Procedimiento Civil y asume la responsabilidad a que hubiese lugar
de conformidad con la ley, por los efectos jurídicos causados con motivo de los actos practicados
por él en nombre de otro. (Ver sentencia Nº 175, de fecha 11 de marzo de 2004, caso: Centro
Clínico San C.H.P. C.A. representado por el abogado J.A.L.S., contra P.G. y otro, reiterada entre
otras en sentencia Nº 175, de fecha 15 de abril de 2011, caso: P.M.A.E. y otras contra A.M.A.H.).
En ese sentido conviene agregar, que por argumento en contrario, de no constar en los autos del
expediente que el profesional del derecho haya invocado el aludido artículo 168 del Código de
Procedimiento Civil, ni que éste se encuentre debidamente facultado mediante poder judicial
otorgado por quien pretende representar, la validez de sus actuaciones se encuentran
condicionadas a demostrar en su oportunidad, durante el juicio, que previamente a ellas, tenía la
representación invocada, salvo que el abogado actúe en su propio nombre, que el tribunal le haya
otorgado poder ad-litem, o que su mandante ratifique tales actuaciones antes de que el juez se
pronuncie sobre el asunto controvertido; de lo contrario, esos actos tendrían que ser declarados
ineficaces”. (Negrillas de la Sala).
Conforme con el criterio ut supra transcrito, esta Sala observa, que en la pieza 1 del expediente, en
el folio 180, corre inserta la actuación de la abogada C.Y.R.A., de la cual se desprende que
efectivamente invoca de manera expresa la representación sin poder de la accionada, en la
oportunidad de anunciar recurso de casación contra la sentencia proferida por el ad quem en fecha
24 de mayo de 2016, aduciendo en la misma que procede de conformidad con lo previsto en el
artículo 168 segundo aparte del Código de Procedimiento Civil, el cual fue negado por el tribunal
superior.
En tal sentido, la Sala evidencia que ante esa negativa del recurso de casación, compareció la
demandada asistida por la abogada C.Y.R.A., e interpuso recurso de hecho, y en dicha
oportunidad procedió a ratificar la actuación procesal realizada, se repite, el anuncio del recurso
extraordinario.
A mayor abundamiento, esta Sala observa acorde con el anterior señalamiento, que si bien la
demandada procedió a ratificar la actuación de la abogada C.Y.R.A., tal ratificación la ejerció una
vez culminado el lapso para el anuncio del recurso de casación. No obstante, se desprende que la
accionada de seguidas -en la oportunidad de interponer el recurso de hecho- procedió a corroborar
la actuación de la mencionada abogada, es decir, tal ratificación fue realizada antes que esta M.J.
procediera a emitir el correspondiente pronunciamiento con respecto a la interposición del referido
recurso de hecho ejercido contra la negativa del recurso de casación.
De manera que, la Sala al evidenciar en el sub iudice que la ciudadana C.Y.R.A., cumple con el
requisito de ser profesional del derecho, así como, invoca en la oportunidad de anunciar el recurso
de casación que ejerce la representación sin poder, con lo cual deja expresa constancia de que
está presente la hipótesis de excepción prevista en el artículo 168 del Código de Procedimiento
Civil y la actuación procesal resultó ratificada personalmente por la demandada, supra identificada,
lo cual hace evidenciar que tal actuación realizada es eficaz.
Por consiguiente, esta Sala contrario a lo determinado por el juzgador de alzada, estima que en el
sub iudice es legítima la representación sin poder de la abogada C.Y.R.A., actuando como
apoderada judicial de la demandada, mediante diligencia de fecha 20 de junio de 2016, en la cual
interpone recurso de casación, con fundamento con lo previsto en el artículo 168 segundo aparte
del Código de Procedimiento Civil, la cual además devino ratificada por la demandada, según se
demostró anteriormente.

LA ACCION OBLICUA Y LA ACCION PAULIANA. DIFERENCIAS

La Acción oblicua:
Desde la perspectiva de Silva, J (2011) la acción oblicua conocida por la doctrina
como subrogatoria o acción indirecta, es aquella donde el acreedor ejercita las
acciones de su deudor en las cuales se subroga, para ejercerlas contra el tercero,
deudor de su deudor. En otras palabras, el acreedor asume el rol de su deudor
para ejercer sus acciones contra el tercero, actuando en nombre y lugar de su
deudor. Agrega además que, ésta acción es indirecta, porque el acreedor no
ejerce sus propios derechos y acciones, sino los derechos y acciones de su
deudor, diferenciándose de las acciones directas propias que un acreedor tiene y
ejerce en su propio nombre contra el deudor de su deudor, como sucede en el
caso de la acción que puede intentar el arrendador contra el subarrendatario
deudor a su vez del arrendador (Art. 1584 CCV), o el trabajador contra el dueño de
la obra (Art. 1643 CCV), el mandante contra el mandatario sustituyente (Art. 1695
CCV). Por ejemplo, un supuesto de acción oblicua es un acreedor que ejerce los
derechos y acciones de su deudor contra un tercero que es deudor de su deudor.
Ejemplo, un acreedor A que lo es de B, éste último acreedor de C; A ejerce la
acción de B contra C para conservar así el patrimonio de B y poder luego proceder
contra este patrimonio, en cobro de lo que se le adeuda.
Fundamento legal.
La acción oblicua está prevista en el Artículo 1278 del Código Civil Venezolano
(CCV) el cual señala lo siguiente: “Los acreedores pueden ejercer para el cobro de
lo que se les deba, los derechos y acciones del deudor, excepto los derechos que
son exclusivamente inherentes a la persona del deudor”
Requisitos para la procedencia de la acción oblicua
Dado el laconismo de la norma legal que consagra la acción oblicua, la doctrina ha
estructurado las condiciones o requisitos necesarios para la procedencia de la
acción, sistematizado en dos grandes categorías:
A) Condiciones de fondo
Se subdivide a su vez en tres categorías: 1) Condiciones relativas al deudor, 2)
Condiciones relativas al acreedor, y 3) Condiciones relativas al crédito.
1) Condiciones relativas al deudor
a) La inacción del deudor. Supone un deudor negligente en el ejercicio de sus
acciones. Los autores contemporáneos no obstante sostienen, que la negligencia
no es lo determinante. La inactividad del deudor puede deberse a dolo (para
perjudicar a su acreedor) o a simple culpa (no tiene interés, pues el resultado de
su acción solo favorecerá a sus acreedores), incluso a un propósito laudable (no
perjudicar a su amigo deudor), puede ser un abandono involuntario; ejemplo, no
presencia o enfermedad que impidan al deudor actuar. No se trata de una acción
que se fundamente en la culpa. Basta la inactividad del deudor, porque ella sola
perjudica a su acreedor, cualquiera que sea su causa.
La jurisprudencia francesa sostiene que no basta para impedir el ejercicio de la
acción oblicua que el deudor intente una acción, sin tramitarla. Caso en el cual,
solo simularía diligencia en el ejercicio de sus derechos.
b) El deudor debe estar en estado de insolvencia, ya que, de no estarlo, la
injerencia del acreedor constituye una intromisión abusiva, intolerable y contraria a
derecho. Para algunos, basta el peligro de la insolvencia, pues la inercia del
deudor ciertamente lo puede llevar a la insolvencia.
c) No es necesario que el deudor sea constituido en mora por el acreedor, pues
la acción oblicua es de naturaleza conservatoria y no ejecutoria.
2) Condiciones relativas al acreedor
a) Interés por parte del acreedor, condición que excluye el ejercicio de la acción
oblicua cuando el deudor es solvente, ya que en tal situación el acreedor no tendrá
interés en acrecentar el patrimonio de su deudor, puesto que tiene la seguridad de
ser pagado. La doctrina exige que ese estado de insolvencia del deudor sea
notorio. Tampoco tendrá interés el acreedor cuando el crédito del deudor que
aquel pretende ejercer sea inembargable, o en los casos de quiebra, pues en tales
situaciones lo hará el síndico designado.
b) Debe tratarse de un acreedor quirografario o de un acreedor privilegiado cuya
garantía resulte insuficiente para respaldar el crédito, pues si se trata de un
acreedor privilegiado o hipotecario con garantía suficiente, carecería de interés
para intentar la acción.
3) Condiciones relativas al crédito
a) El crédito debe ser cierto, líquido y exigible. El crédito es cierto cuando existe
con toda seguridad, lo que excluye a los créditos condicionales y a los eventuales.
Líquido cuando se sabe exactamente la cuantía y extensión de lo debido, y
exigible cuando el acreedor tiene derecho a exigir el pago. La liquidez y
exigibilidad del crédito no es, para buena parte de la doctrina, necesaria. En
efecto, es una acción conservatoria.
Si el crédito está sometido a término estando el deudor insolvente requisito para
ejercer la acción oblicua, caduca el término a que estuviera sometida la obligación
del deudor, tal como lo dispone el Artículo 1215 (CCV), “Si el deudor se ha hecho
insolvente…, no puede reclamar el beneficio del término del plazo”.
Algunos autores como Maduro, Pittier y Calvo, citados en Silva, J (2011) sostienen
que basta con que el crédito sea cierto, por lo que no son imprescindibles las
condiciones de líquido y de exigible, ya que la acción oblicua es de naturaleza
conservatoria y no ejecutoria. En Francia, hoy en día es requerido que el crédito
sea cierto, exigible y líquido.
Sobre si se requiere un título ejecutivo, que el crédito se soporte en un documento
público, auténtico que compruebe la obligación del demandado de pagar una cifra
líquida con plazo cumplido, o también un vale u otro instrumento privado
reconocido judicialmente por el deudor, la doctrina y jurisprudencia descartan tal
requisito fundándose en la naturaleza conservatoria de la acción.
El crédito puede ser superior, igual e inferior al derecho ejercido. Se discute si,
cuando el crédito del acreedor que intenta la acción oblicua es menor que el
derecho del deudor que se pretende ejercer con dicha acción, el acreedor tiene un
interés en ejercer tal derecho. Por ejemplo, un acreedor A, tiene un crédito por Bs.
F. 60.000,00, podría ejercer la acción por Bs. F. 100.000,00. Admiten la doctrina y
la jurisprudencia que el acreedor puede ejercer en toda su extensión la acción de
su deudor, pues como los beneficios que se persiguen con la acción oblicua
aprovechan a todos los acreedores que concurren con el acreedor que la intenta,
éste último tiene un marcado interés en que dentro del patrimonio del deudor
ingrese el mayor número de bienes posible.
b) No es imprescindible que el crédito del acreedor sea anterior en fecha al
crédito del deudor contra el tercero, aquel crédito puede ser anterior o posterior en
fecha. El derecho del acreedor a ejercer la acción oblicua no está subordinado a la
fecha de su crédito con respecto al derecho que ejerza, porque el fundamento de
la acción oblicua radica en la conservación del patrimonio del deudor,
independientemente de la fecha de los créditos y derechos que integran ese
patrimonio.
B) Condiciones de forma
Establece la doctrina estos requisitos para ejercer la acción oblicua, a saber:
1) Emplazamiento del deudor, la doctrina y jurisprudencia, en principio no exigen
que el acreedor haga citar a su deudor, no obstante, por razones prácticas, para
que no exista dudas en torno al efecto de cosa juzgada que la sentencia por lograr
pueda tener contra el deudor, convendrá al demandante llamar a juicio a su
deudor.
2) Autorización judicial para el acreedor, la doctrina y jurisprudencia afirman que
no se requiere, ya que el acreedor ejerce las acciones y derechos de su deudor en
virtud de un derecho que le atribuye expresa y directamente la ley.
Sólo en casos de aceptación de herencia es que necesita la autorización judicial,
tal como dispone el Art. 1017 (CCV).
Efectos de la acción oblicua
Silva, J (2011) señala que tradicionalmente la acción oblicua surte los siguientes
efectos:
A. El acreedor, actuando con derecho propio que le consagra la ley, ejerce las
acciones de un deudor y no las suyas propias. De este efecto surgen las
siguientes consecuencias:
1) El tercero demandado por el acreedor puede alegar contra éste todas las
excepciones que tenga contra su acreedor. El deudor puede oponer al acreedor
de su acreedor todas las excepciones que lo liberen frente a su acreedor: nulidad
de la obligación, pago, novación, compensación; puede oponerle los documentos
privados, porque el acreedor de su acreedor no es un tercero, sino que actúa en
nombre de su acreedor. Puede oponerle también las excepciones relacionadas
con el crédito en que fundamente su acción en nombre de su deudor; puede
incluso desinteresar al acreedor de su acreedor pagándole la deuda.
2) El acreedor que intenta la acción oblicua actúa en nombre del deudor. La ley
lo legítima para actuar en nombre del deudor; para algunos la ley le concede una
representación del deudor cuando se dan los supuestos de la acción oblicua,
como lo ha establecido nuestra jurisprudencia, Sentencia 14/10/1968, DFM1C1.
Jurisprudencia Tribunales de la República:
El carácter de acreedor lo que da es un derecho a obrar por el deudor, pero no
significa que lo que lo suplante y se convierta en cesionario absoluto y pleno de
los derechos que pertenecen al deudor y de ahí que éste puede disponer de
ellos…
En consecuencia, el deudor conserva, no obstante, su insolvencia e inercia, total
facultad de disponer del crédito cuyo cobro pretende ejercer quien ejerce la acción
oblicua; podrá pagar a su acreedor, podrá ratificar el acto atacado de nulidad,
llegar a una transacción con su acreedor, novar la obligación, como ejercer todos
los derechos que le concede la ley. Indudable que no puede remitir la deuda ni
disponer fraudulentamente de sus derechos en perjuicio de sus acreedores,
porque en tal caso estos tendrían derecho a ejercer la Acción Pauliana
3) El acreedor demandante puede obtener una sentencia condenatoria por un
valor mucho mayor al monto de su propio crédito. Así ocurre cuando el valor del
derecho ejercido es mayor que dicho crédito.
4) La acción oblicua se dirige directamente contra el deudor del deudor, no es
indispensable hacerlo parte en el juicio. No obstante, ello tiene un grave
inconveniente, ya que la cosa juzgada que se obtenga sin la presencia del deudor,
no hará efecto contra éste, porque a pesar de que su acreedor actúe en su
nombre, no tiene su plena representación, y por consiguiente no es parte en el
juicio para el cual no ha sido citado. Por ello, desde el punto de vista práctico, es
conveniente intentar la acción conjuntamente contra el deudor y su deudor.

ACCION PAULIANA:

El fundamento legal está consagrado en el artículo 1279 del código civil:

Artículo 1.279.- Los acreedores pueden atacar en su propio nombre los actos que
el deudor haya ejecutado en fraude de sus derechos.
Se consideran ejecutados en fraude de los derechos de los acreedores los actos a
título gratuito del deudor insolvente al tiempo de dichos actos, o que ha llegado a
serlo por consecuencia de ellos.
También se consideran ejecutados en fraude de los derechos de los acreedores
los actos a título oneroso del deudor insolvente, cuando la insolvencia fuere
notoria o cuando la persona que contrató con el deudor haya tenido motivo para
conocerla.
El acreedor quirografario que recibiere del deudor insolvente el pago de una deuda
aún no vencida, quedará obligado a restituir a la masa lo que recibió.
Presúmense fraudulentas de los derechos de los demás acreedores, las garantías
de deudas aún no vencidas que el deudor insolvente hubiere dado a uno o más de
los acreedores.
La acción de que trata este artículo dura cinco años a contar desde el día en que
los acreedores tuvieron noticia del acto que da origen a la acción, y la revocatoria
no aprovecha sino a los acreedores anteriores a dicho acto, que la hayan
demandado

De modo que la finalidad de la acción se consagra para que los acreedores


protejan el patrimonio de su deudor solicitando la revocación de actos dolosos o
fraudulentos que tiendan a desintegrar dicho patrimonio. Se dice que por su
finalidad es una acción conservatoria.
Requisitos para que proceda la Acción Pauliana:

Que el Acreedor tenga interés en el ejercicio de la acción (el deudor debe ser
insolvente)
El desprendimiento real de los bienes o derechos ha dejado al deudor en estado
de insolvencia o ha acrecentado la que ya existía, al no poder hacer frente a su
obligación y haber cesado en sus pagos. Es el llamado eventus damni, pues
resulta evidente el daño sufrido por el acreedor.
El crédito debe ser cierto, líquido y exigible (del deudor debe saber que debe y por
qué debe la cuantía debe estar determinada o puede llegarse a determinar en
plazo breve, la insolvencia del deudor hace caducar el termino)
El Consilium fraudis, que es el acuerdo fraudulento entre el deudor y el tercero, es
el elemento subjetivo de la acción pauliana.
Debe haberse efectuado estos efectivamente. (Venta, cesión, donación, renuncia,
hipoteca, etc.) Ya que si el acto efectuado es solo aparente, procede la acción de
simulación.
Actos que pueden ser atacados por la Acción Pauliana por parte de un Deudor
Insolvente:
Artículo 1.958.- Los acreedores o cualquier otra persona interesada en hacer valer
la prescripción, pueden oponerla, aunque el deudor o el propietario renuncien a
ella el acreedor puede hacer valer la prescripción cuando el deudor renuncie a ella
El pago realizado por el deudor, puede plantear las siguientes situaciones:
Cuando se hace un pago simulado, simulando una deuda con un tercero y le paga
a este acreedor aparente, no se debe ejercer la acción pauliana, sino la acción de
simulación.
Si la deuda es cierta, pero paga antes de su vencimiento, el acreedor está
obligado legalmente a devolver a la masa de acreedores lo que se le entrego.
Si se produce el pago de una verdadera deuda, este acto no puede ser
impugnado.
No se admite la acción cuando el acto recae sobre derechos inherentes a la
persona (reparación de daño moral).
No se admite la acción a los actos del deudor que recaen sobre bienes
inembargables (no existe interés de la acción)
Artículo 1.017.- Cuando alguien renuncia una herencia en perjuicio de los
derechos de sus acreedores, éstos podrán hacerse autorizar judicialmente para
aceptarla en nombre y lugar de su deudor.
En este caso, la renuncia se anula, no en favor del heredero que la ha renunciado,
sino sólo en provecho de sus acreedores, y hasta concurrencia de sus créditos.
Quedan excluidos los actos que no constituyan empobrecimiento (la repudiación
de la herencia es un acto que constituye empobrecimiento, por eso se le permite al
creedor su aceptación)
Los actos ejecutados en fraude de los derechos del acreedor y señalados en:
Artículo 1.279.- Los acreedores pueden atacar en su propio nombre los actos que
el deudor haya ejecutado en fraude de sus derechos.
Se consideran ejecutados en fraude de los derechos de los acreedores los actos a
título gratuito del deudor insolvente al tiempo de dichos actos, o que ha llegado a
serlo por consecuencia de ellos.
También se consideran ejecutados en fraude de los derechos de los acreedores
los actos a título oneroso del deudor insolvente, cuando la insolvencia fuere
notoria o cuando la persona que contrató con el deudor haya tenido motivo para
conocerla.
El acreedor quirografario que recibiere del deudor insolvente el pago de una deuda
aún no vencida, quedará obligado a restituir a la masa lo que recibió.
Presúmanse fraudulentas de los derechos de los demás acreedores, las garantías
de deudas aún no vencidas que el deudor insolvente hubiere dado a uno o más de
los acreedores.
La acción de que trata este artículo dura cinco años a contar desde el día en que
los acreedores tuvieron noticia del acto que da origen a la acción, y la revocatoria
no aprovecha sino a los acreedores anteriores a dicho acto, que la hayan
demandado
Efectos de la Acción Pauliana:

El acreedor obtiene la revocatoria del acto fraudulento. El acreedor tiene derecho


a embargar al tercero el bien enajenado por su deudor, como si estuviese todavía
en poder de este último, la salida de este bien del patrimonio que le servía de
garantía, deja de ser para él un obstáculo.
Esta revocación es parcial y se declara únicamente en su interés. El valor
restituido no entra en el patrimonio del enajenante y por lo mismo no se vuelve a
formar parte de la garantía común de sus acreedores, sólo puede distribuirse entre
el acreedor demandante y los que se asociaron a él en sus gestiones.
No se considera extinguido el acto fraudulento en las relaciones del tercero con el
deudor, con respecto a este debe producir todos sus efectos.

DIFERENCIA ENTRE LA ACCIÓN OBLICUA Y LA ACCIÓN PAULIANA

ACCIÓN OBLICUA ACCIÓN PAULIANA

Procede en los casos de un deudor Procede contra el tercero que


inactivo en el ejercicio de sus adquiere derechos a título gratuito u
derechos y acciones contra sus oneroso o mediante actos
respectivos deudores. fraudulentos del deudor insolvente.
El acreedor actúa en nombre propio El acreedor actúa en nombre propio y
pero ejerce un derecho ajeno, el de su ejerciendo un derecho también propio
deudor. que le es conferido por el legislador.
Los demás proveedores se Sólo se beneficia el acreedor que la
aprovechan y benefician del ejercicio intenta, con quien no concurren los
de dicha acción, por cuanto concurren demás acreedores, pues del bien
con el acreedor demandante en el recuperado sólo se aprovecha el
cobro de sus créditos. acreedor que demanda la acción.
Supone necesariamente un elemento No se requiere necesariamente el
de naturaleza intencional, como es el elemento intencional, pues puede
fraude, en el que concurren el deudor tratarse simplemente de un deudor
y el tercero. que no ejerza sus derechos y
acciones.
Es indiferente que el crédito del Es necesario que el crédito del
acreedor sea anterior o posterior en acreedor sea anterior en fecha al acto
fecha al del deudor. fraudulento.
Persigue el ejercicio de los derechos y Persigue la inoponibilidad, respecto
acciones de un deudor inactivo en el de quien intenta la acción, de actos
ejercicio de los mismos. fraudulentos efectuados por el deudor

En reiteradas decisiones en cuanto a este tipo de acciones, la Jurisprudencia


Patria ha establecido al respecto:
“…En el caso in comento, el juzgador de alzada evidenció que el demandante en su escrito libelar
acumuló las acciones pauliana y de simulación de conformidad con lo establecido en los
artículos 1.279,  1.280 y  1.281 del Código Civil. De tal modo, indicó con respecto a dicha
acumulación que la acción de simulación es distinta a la acción pauliana consagrada en el artículo
1.279 eiusdem, en razón, que la figura del fraude es requisito sine qua non en este tipo de
acciones y no de la acción de simulación, por cuanto, en ésta no se requiere para su procedencia
la complicidad de las partes que suscriben el negocio simulado.
Asimismo, determinó con respecto a la pretensión de la acción pauliana, que ésta admitiendo la
existencia del acto, persigue dejarlo sin efecto, mientras que la acción de simulación está dirigida a
obtener un pronunciamiento judicial en el que se constante la existencia del acto.
En tal sentido, el ad quem estableció que no es razonable en derecho declarar que un acto existe y
que no existe al mismo tiempo, razón por la cual, indicó que las acciones interpuestas se excluyen
una de otra, y en consecuencia, al tratarse la demanda contentiva de las acciones pauliana y de
simulación incoadas en forma conjunta, resulta inadmisible por inepta acumulación conforme a lo
establecido en el  artículo 78 del Código de Procedimiento Civil.
Ahora bien, el  artículo 1.279  del  Código Civil  denunciado como infringido por errónea
interpretación, establece lo siguiente:
…Los acreedores pueden atacar en su propio nombre los actos que el deudor haya ejecutado en
fraude de sus derechos…

Dicha normativa consagra la acción que puede ejercer el acreedor para revocar o deshacer los
actos fraudulentos celebrados por el deudor con terceros, en fraude y perjuicio de aquél.
En este sentido, respecto a la acción pauliana el autor E.M.L., en su obra “Curso de Obligaciones
Derecho Civil III”, señala lo siguiente:
…El supuesto de la acción pauliana es el de un deudor que, con el fin de dejar al acreedor en la
imposibilidad de cobrar su crédito, liquida totalmente su patrimonio o lo reemplaza con bienes que
pueden ser fácilmente ocultados a fin de librarse de la persecución del acreedor.

Naturaleza de la acción pauliana.


…En general puede afirmarse que la acción pauliana es una acción conservatoria, autónoma,
personal y de inoponibilidad.

a) Es una acción conservatoria en el sentido de que no tiene como fin inmediato la ejecución del
patrimonio del deudor sino la disolución del acto efectuado entre el deudor y el tercero, de modo
que los bienes por aquel enajenados reingresen nuevamente en su patrimonio.

b) Es una acción autónoma con caracteres típicos que el acreedor ejerce en su propio nombre y
que además le es propia, a diferencia de la acción oblicua, en la cual el acreedor no ejerce una
acción propia sino la de su deudor.

c) Es una acción personal porque su finalidad principal consiste en la revocación de las


obligaciones que nacen de un acto jurídico, circunstancia característica de las acciones
personales.

(…Omissis…)

e) En los últimos tiempos se sostiene que la acción pauliana es una acción de inoponibilidad, en el
sentido de que con ella el acreedor persigue que el acto efectuado entre el deudor y el tercero no
le sea oponible a él, pero subsiste y es oponible a los demás acreedores (criterio de los hermanos
Mazeaud).

Caracteres de la acción pauliana.

1) La acción pauliana es una acción destinada fundamentalmente a conservar el patrimonio del


deudor frente al acreedor que la intenta; del acto disuelto mediante la acción pauliana sólo se
aprovecha dicho acreedor y no los demás acreedores; al contrario de lo que ocurre con la acción
oblicua, que aprovecha a todos los acreedores del deudor.

2) El acreedor que intenta la acción pauliana, actúa en nombre propio y ejerce un derecho propio,
al contrario del acreedor que intenta la acción oblicua, que actúa en nombre propio y ejerce
derechos ajenos, los del deudor.

3) La acción pauliana requiere del fraude, es decir, la necesaria intención del deudor de hacerse
insolvente o de disminuir su patrimonio. Por ello, la simple disminución del patrimonio por actos
efectuados por el deudor din la intención de hacerse insolvente, no es una circunstancia suficiente
para que pueda intentarse la acción pauliana.

4) El acto que se impugna mediante la acción pauliana debe ser real, sincero, efectivamente
realizado. Si el acto no se ha efectuado realmente sino sólo se ha aparentado efectuar, lo
procedente es la acción por simulación, pero no la acción pauliana.

5) La acción pauliana se ejerce directamente contra el tercero que celebró con el deudor el acto
que se quiere impugnar, y no contra el deudor, si bien conviene citar a éste el juicio para que la
sentencia produzca también efectos contra él.

Efectos de la acción pauliana.

…el objeto fundamental que persigue la acción pauliana es la restitución por el tercero del bien que
ha salido del deudor por haber sido fraudulentamente enajenado. La acción tiene por finalidad
reponer las cosas a su estado anterior, pero sólo por lo que respecta al acreedor demandante.
Ahora bien, puede ocurrir que la reposición al estado anterior no fuere posible de lograrse por
cuanto el tercero adquirente hubiese enajenado la cosa a un subadquirente a título oneroso de
buena fe que puede ser afectado por la acción. En esta situación el tercero adquirente no podrá
ser obligado a restituir la cosa pero sí al pago de una indemnización de daños y perjuicios
equivalentes al valor del bien por su complicidad en el fraude. En este caso, el tercero queda
sujeto a una verdadera acción de responsabilidad civil

.
En este orden de ideas, el artículo 1.281 eiusdem, delatado por falsa aplicación, dispone lo
siguiente:
…Los acreedores pueden también pedir la declaratoria de simulación de los actos ejecutados por
el deudor…

.
Al respecto, esta Sala ha indicado acerca de la acción por simulación, lo siguiente: “…la doctrina y
la jurisprudencia son contestes en afirmar, que un acto simulado es una declaración de voluntad no
real, emitida conscientemente y por acuerdo de partes, para producir con fines de engaño la
apariencia de un negocio jurídico que en verdad no existe o que es distinto del que realmente se
ha llevado a cabo”. (Sentencia N° 155 de fecha 27 de marzo de 2007).
De igual modo, el autor E.M.L., en su obra “Curso de Obligaciones Derecho Civil III”, señala con
respecto a dicha acción, lo siguiente:
…La simulación supone la realización de dos actos o convenciones: uno ficticio, aparente o
simulado, y otro real o verdadero pero que es mantenido en secreto por las partes. El acto
simulado aparente y ficticio recibe generalmente en doctrina la denominación de acto ostensible,
mientras que el acto verdadero o real se denomina comúnmente contra-documento.

Naturaleza de la simulación.

La acción por simulación tiene una naturaleza declarativa y conservatoria. Es declarativa por
cuanto persigue fundamentalmente demostrar la realidad jurídicamente objetiva. Es de naturaleza
conservatoria, por cuanto no persigue la ejecución del patrimonio de un deudor cuando los actos
de éste son impugnados por simulación por parte de sus acreedores, sino hacer declarar que
determinado bien o derecho no ha salido en realidad del patrimonio de su deudor, con lo que
conserva o mantiene la integridad de dicho patrimonio, el cual es prenda común de sus
acreedores.

Como consecuencia de esta doble naturaleza, se observa que entre las partes la acción por
simulación es imprescriptible, pues como persigue hacer declarar una realidad jurídica, sería
absurdo que el solo transcurso del tiempo fuese suficiente para impedir tal declaración. Igualmente
se observa, por su carácter conservatorio, que puede ser intentada por los acreedores, aun los
eventuales, aquellos cuyos derechos de créditos están sometidos a un término o a una condición,
pues dichos acreedores tienen derecho a ejercer las acciones conservatorias de ese crédito que
constituye una verdadera expectativa de derecho.

Caracteres de la simulación.

Primero: La simulación es la resultante de una divergencia consciente o deliberada entre la


voluntad real y la voluntad declarada. Deliberadamente las partes manifiestan una voluntad distinta
de la realmente deseada por ellas. Nuestro Código Civil  otorga primacía a la voluntad real sobre la
declarada y por ello se explica que el acto secreto o confidencial prive sobre el acto ostensible o
ficticio.
Segundo: La simulación constituye una excepción al principio de oponibilidad del contrato, es decir,
al principio rector en materia de efectos externos, conforme al principio de oponibilidad, todo
contrato es oponible erga omnes y por tanto el acto secreto o confidencial debería ser oponible a
todos, no sólo entre las partes, sino también frente a los terceros. Sin embargo, en materia de
simulación el acto secreto no produce efectos contra los terceros que de buena fe hubiesen
adquirido derechos de la persona que aparezca como titular según el acto ostensible; el acto
secreto no es oponible a los terceros de buena fe. Así lo expresa el tercer párrafo del  artículo
1281  del  Código Civil. “La simulación, una vez declarada, no produce efectos en perjuicio de los
terceros que, no teniendo conocimiento de ella, han adquirido derechos sobre los inmuebles con
anterioridad al registro de la demanda por simulación”.

Tercero: La simulación no es necesariamente un negocio jurídico ilícito, porque puede estar


fundada en motivos loables e incluso nobles. Ello explica la existencia de la simulación lícita, la
cual debe reunir las condiciones indicadas anteriormente. Desde este punto de vista, es
conveniente observar que la simulación no debe confundirse ni con el dolo ni con el fraude. Si bien
como elemento común con estas nociones la simulación presenta el ánimo de engañar (animus
decipiendi), no necesariamente este ánimo de engañar puede confundirse con el dolo ni fraude. El
dolo está constituido por maquinaciones de una de las partes o de un tercero con su conocimiento,
dirigidas contra la otra parte para que ésta contrate; supone que una de las partes es engañada
por la otra; en cambio, en la simulación ninguna de las partes es engañada por la otra; en cambio,
en la simulación ninguna de las partes se engaña, porque ambas conocen el carácter ficticio del
acto ostensible que están realizando. Respecto del fraude, la simulación puede no ser
necesariamente fraudulenta.

Efectos de la simulación.

La doctrina estudia los efectos de la simulación desde dos puntos de vista:

1) Efectos de la simulación entre las partes:

a) La nulidad del acto ostensible o ficticio para prevalecer el acto real o verdadero.

El acto ostensible desaparece en caso de simulación total o absoluta, y lo mismo ocurre en caso
de simulación parcial o relativa. El acto real o verdadero subsiste y produce sus efectos normales
regulando las relaciones ulteriores de las partes.

b) Cuando el acto simulado consiste en una enajenación de bienes o derechos, estos bienes o
derechos vuelven a su titular con sus frutos y productos, excepto los gastos de conservación.

c) La acción por simulación ejercida entre las partes del acto simulado es imprescripctible.

Entre las partes, la acción por simulación es imprescripctible, ya que tratándose de una acción
mero declarativa destinada a constatar una real situación jurídica, se consideraría absurdo que el
simple transcurso del tiempo fuese suficiente para extinguirla.

2) Efectos de la simulación respecto de terceros.

La doctrina los califica así:

a) Respecto de los terceros de buena fe.


La simulación declarada no produce efectos en perjuicio de terceros de buena fe, no teniendo
conocimiento de ella, han adquirido derechos o bienes de las partes del acto simulado. Este efecto
no es más que una excepción al principio de la oponibilidad del contrato.

b) Respecto de los terceros de mala fe.

La declaratoria de simulación sí produce efectos contra los terceros de mala fe, contra aquellos
terceros que hayan adquirido bienes o derechos de una de las partes a sabiendas que dichas
partes habían celebrado un acto simulado. En este caso, sus adquisiciones sin comprendidas por
la acción de simulación y por lo tanto los actos caen. Igualmente quedan dichos terceros expuestos
a la acción por indemnización de daños y perjuicios

En tal sentido, el referido autor en dicha obra señaló las diferencias entre la acción por simulación
y la acción pauliana, indicando lo siguiente:
…Dado que existen algunas similitudes entre la acción pauliana y la acción de simulación
intentada por los acreedores, la doctrina se ha ocupado en establecer diferencias entre una y otra
noción que podemos sintetizar así:

1) La acción pauliana tiene por objeto impugnar un acto real o verdadero del deudor, es decir, un
acto sinceramente efectuado por el deudor. La acción por simulación tiene por objeto impugnar un
acto ficticio o aparente del deudor, un acto que realmente no ha sido deseado por él sino sólo
simulado.

Como consecuencia de lo anterior, la acción pauliana persigue reintegrar al patrimonio del deudor
un bien o derecho que efectivamente había salido de su patrimonio, mientras que la acción por
simulación tiende a constatar que el bien o derecho nunca ha salido del patrimonio del deudor.

2) La acción pauliana se intenta contra los actos efectuados por un deudor insolvente, requiere
como condición sine quea non la insolvencia del deudor. La acción por simulación no requiere que
el deudor se encuentre en estado de insolvencia.

3) La acción pauliana requiere la prueba del fraude, el cual se presume de modo absoluto en los
actos a título gratuito del deudor insolvente, o de modo relativo en los actos a título oneroso. La
acción por simulación no requiere la demostración del fraude, porque éste no es un elemento
esencial a la simulación.

4) La acción pauliana sólo puede ser intentada por los acreedores anteriores del acto fraudulento,
pero no por los acreedores cuyo crédito sea posterior en fecha a dicho acto. La acción por
simulación puede ser intentada por todos los acreedores, anteriores o posteriores al acto simulado.

5) La acción pauliana aprovecha sólo al acreedor que la intenta; la acción por simulación
aprovecha a todos los acreedores, aun a los que no la hubiesen intentado.

6) La acción pauliana aprovecha al acreedor que la intenta sólo hasta la concurrencia o importe de
su crédito; en la acción por simulación no se toma en cuenta el monto de dicho crédito, el acto cae
totalmente y no de modo parcial.

7) La acción pauliana no puede ser intentada por el acreedor cuyo crédito éste sometido a
condición suspensiva. La acción por simulación sí puede serlo, porque sólo tiende a conservar el
patrimonio del deudor, y ese crédito bajo condición suspensiva es susceptible de tutela, ya que
configura una expectativa de derecho
. Ahora bien, conforme a las anteriores consideraciones y a los criterios doctrinales y
jurisprudenciales supra transcritos, la Sala observa en el caso bajo decisión que el ad quem al
declarar la inadmisibilidad de la demanda por existir inepta acumulación de acciones, por motivo,
que las pretensiones invocadas por el demandante en su escrito libelar se excluyen mutuamente y
son contrarias entre sí, aparte de haber sido instauradas en forma conjunta y no en forma
subsidiaria, en modo alguno incurrió en las infracciones delatadas por el recurrente.

Por motivo, que el juzgador de alzada atendiendo al mandato contenido en el artículo 78 del
Código de Procedimiento Civil, no podía admitir la presente demanda, en razón, que la acción
pauliana tiene por objeto impugnar un acto real o verdadero del deudor, mientras que la acción por
simulación tiene por objeto impugnar un acto ficticio o aparente del deudor, evidenciándose de este
modo, que dichas acciones se excluyen mutuamente y son contrarías entre sí, por lo cual, las
mismas no pueden ser instauradas en forma conjunta, razón por la cual, esta Sala considera, que
no hubo en el sub iudice la infracción por falsa aplicación de la normativa anteriormente relatada.

Asimismo, esta M.J. observa que el ad quem conforme a lo establecido en el artículo 1.279 del
Código Civil, determinó que la acción pauliana contenida en dicha norma es muy distinta a la
acción de simulación, por lo cual, concluyó que dichas acciones al excluirse una de la otra y al
haber sido incoadas en forma conjunta, conforme a lo establecido en nuestra Ley adjetiva y al
análisis de cada una de las acciones incoadas generaban una inepta acumulación de acciones.

De tal modo, evidencia esta Sala, que la errónea interpretación que se le imputa a la recurrida no
puede ser declarada procedente, dado que dicha infracción tiene lugar cuando se modifica su
sentido y se desconoce su significado, haciendo derivar de ella consecuencias que no resultan de
su contenido, por lo cual, conforme a lo establecido por el juzgador de alzada con respecto a la
acción pauliana, en modo alguno se evidenció que se le haya otorgado ha dicha normativa
denunciada como infringida una interpretación contraria a lo dispuesto en ella.

En tal sentido, la Sala constata, con respecto a la delatada infracción por falta aplicación del
artículo 1.281 del Código Civil, que mal podía el ad quem aplicar al caso in comento dicha norma,
por cuanto, al declararse la inepta acumulación de acciones, en modo alguno dicha normativa era
aplicable a la situación de autos.

Es claro pues, que la aludida infracción por falta de aplicación del artículo 77 del Código de
Procedimiento Civil, no existe, por cuanto, si dicha norma dispone que el accionante podrá
acumular en su libelo distintas pretensiones, las mismas no pueden excluirse mutuamente o ser
contrarias entre sí, por motivo, que ante tal circunstancia el juzgador por mandato de nuestra Ley
adjetiva se encuentra en el deber de declarar la inadmisibilidad de la pretensión incoada, tal y
como aconteció en la presente causa.

Por todas las consideraciones anteriormente expuestas, esta Sala, declara la improcedencia de la
presente denuncia. Así se decide...”

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The key difference lies in the creditor's role and the action's objectives. In acción pauliana, the creditor acts on their behalf, seeking to invalidate a debtor's act that diminishes their asset value through fraudulent means, requiring proof of debtor’s fraud intent . Conversely, in action oblicua, the creditor acts using the debtor's rights, typically against a third party, without necessarily discerning fraudulent intent since it aims to activate dormant rights of the debtor . This distinction arises from the differing requirements of demonstrating fraud and the nature in which these actions benefit the creditors involved .

Acción pauliana uniquely requires a demonstration of fraudulent intent by the debtor or complicity with the third party in diminishing the debtor’s estate, which differentiates it from other asset recovery actions like action oblicua. While action oblicua allows for the activation of dormant debtor rights, acción pauliana specifically aims to nullify fraudulent transactions, necessitating proof of conscious fraudulent intent (consilium fraudis) to defraud creditors . This stringent requirement ensures that the jab prioritizes equitable justice over procedural expediency by targeting deliberate asset depletion .

The articulation of procedural laws, such as those concerning representation without power, ensures compliance with constitutional principles by mandating transparency, explicit consent, and adherence to legal standards, thus upholding due process and fair representation. Procedural laws reinforce constitutional rights by prescribing explicit legal frameworks for representation, thereby safeguarding against unauthorized legal actions and ensuring all parties receive fair treatment under the law. This alignment with constitutional principles is crucial for maintaining the legitimacy and fairness of judicial proceedings .

The precedent provides legal justification for the restrictive application of representation without power by underlining Article 140's prohibition against exercising another’s rights without explicit legal provision. It is noted that representation without power constitutes an exception to this rule and must therefore be applied restrictively to prevent potential misuse or unauthorized representation in legal proceedings. This ensures that each act of representation is both deliberate and justified under the explicit terms of legal provision, protecting the interests of all involved parties .

Establishing the doctrine of representation without power as needing explicit invocation underscores the judiciary's responsibility to maintain procedural integrity and prevent unauthorized actions in legal cases. By insisting on explicit acknowledgment, the courts ensure that any legal practice conducted on behalf of another party is not only authorized but also publicly documented, protecting against unforeseen liabilities and maintaining due process standards . This approach reinforces the principle that legal actions and representation must conform strictly to procedural codes, safeguarding against misuse or unauthorized representations .

Failure to explicitly assert representation without power risks invalidating legal actions undertaken on behalf of another party. This procedural oversight can lead to the nullification of legal proceedings, denial of claims, or loss of appeal opportunities. Courts require strict compliance with procedural norms to affirm the validity of legal representation; thus, non-compliance could result in dismissal of claims or rejection of filings, impacting case outcomes significantly and potentially incurring legal liabilities for unauthorized acts .

Judicial precedents have consistently reinforced the requirement that representation without power must be expressly invoked, as seen in various rulings of the Sala de Casación Civil. This includes decisions from as far back as 1966 and 1997, where the courts repeatedly emphasized that such representation is not inherent or presumed, even if the individual seemingly fulfills all qualifications to represent in court . These decisions underline the judiciary's firm stance on adherence to procedural norms and the explicit invocation required by Article 168, preventing any misinterpretation that such representation could be derived from implied circumstances or existing documents .

Explicit invocation of representation without power is imperative to ensure the legality and legitimacy of the representation under the Código de Procedimiento Civil. It prevents unauthorized individuals from exercising legal powers unless clearly stated, thus safeguarding the rights of the represented party and maintaining procedural integrity. This requirement provides a safeguard against unauthorized legal actions and ensures that all parties involved are aware of and consent to the representation in question .

Article 168 of the Código de Procedimiento Civil requires that representation without power be expressly invoked in the same act in which it is intended to be used. This representation does not arise spontaneously or by right; it must be asserted explicitly at the moment it is to be exercised. Furthermore, even if an individual meets the qualifications to exercise powers in legal proceedings, they must still invoke representation explicitly and not rely on documents intent alone . This strict interpretation ensures compliance with Article 140, which stipulates that no one can assert a right in their own name on behalf of another unless specifically permitted by law, underscoring the restrictive application of such exceptions .

The jurisprudence around representation without power aligns with constitutional principles by ensuring that legal representation maintains transparency and adherence to procedural rights as outlined in the Código de Procedimiento Civil. However, potential conflicts can arise when interpretations of procedural norms are perceived as restrictive, potentially limiting access to justice, contrary to broad constitutional guarantees of fairness and due process. The Sala emphasizes adhering to constitutional principles but defers the direct resolution of constitutional conflicts to the Sala Constitucional, ensuring legal interpretations remain consistent with broader legal frameworks .

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