Funciones de la Escuela en la Socialización
Funciones de la Escuela en la Socialización
BLOQUE I
LAS FUNCIONES SOCIALES DE LA ESCUELA
Educación y socialización
Para cubrir tales deficiencias surgen desde muy pronto y a lo largo de la historia diferentes
formas de especialización en el proceso de educación o socialización secundaria, que han
conducido a los sistemas de escolarización obligatoria para todas las capas de la población en
las sociedades industriales contemporáneas.
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para todos, y de que por tanto cada uno llega a donde le permiten sus capacidades y su trabajo
personal. Se impone la ideología aparentemente contradictoria del individualismo y el
conformismo.
De este modo se aceptan las características de una sociedad desigual discriminatoria pues
aparecen como el resultado natural e inevitable de las diferencias individuales en capacidades
y esfuerzo. El énfasis en el individualismo, en la promoción de la autonomía individual, en el
respeto a la libertad de cada uno para conseguir, mediante la competencia con los demás, el
máximo de sus posibilidades justifica las desigualdades de resultados, de adquisiciones y, por
tanto, la división del trabajo y la configuración jerárquica de las relaciones sociales.
Éste es pues uno de los pilares del proceso de socialización como reproducción en la escuela
¿Cómo lleva a cabo la escuela este complejo proceso de socialización? Los mecanismos
de socialización en la escuela
Los alumnos y las alumnas aprenden y asimilan teorías, disposiciones y conductas no sólo
como consecuencia de la transmisión e intercambio de ideas y conocimientos explícitos en
el curriculum oficial, sino también y principalmente como consecuencia de las interacciones
sociales de todo tipo que tienen lugar en el centro y en el aula
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Lo que el alumno/a aprende y asimila de modo más o menos consciente y que condiciona
su pensamiento y su conducta a medio y largo plazo se encuentra más allá y más acá de
los contenidos explícitos en ese curriculum.
En este sentido, puede afirmarse que algunos aspectos del desarrollo del curriculum, que
indicamos a continuación, son especialmente relevantes para entender los mecanismos de
socialización que utiliza la escuela:
En primer lugar, la vida del aula como la de cualquier grupo o institución social puede
describirse como un escenario vivo de interacciones donde se intercambian explícita o
tácitamente ideas, valores e intereses diferentes y a menudo enfrentados.
En segundo lugar, el proceso de socialización en la escuela, como preparación para el
mundo del trabajo, encuentra en la actualidad fisuras que son importantes, que se refieren
a las características plurales y en ocasiones contradictorias entre los diferentes ámbitos del
mercado de trabajo.
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En tercer lugar, la correspondencia de la socialización escolar con las exigencias del mundo
del trabajo dificulta la compatibilidad con las demandas de otras esferas de la vida social
como la vida política, la esfera del consumo y la esfera de las relaciones de convivencia
familiar en las sociedades formalmente democráticas.
En la escuela, los procesos de socialización mediante la transmisión ideológica y en especial
mediante la organización de las experiencias académicas y sociales en el aula, el estudiante
empieza a comprender e interiorizar ideas y conductas que se corresponden con la
aceptación de la segregación del mundo del derecho y del mundo de la realidad efectiva.
La función compensatoria de la escuela respecto a las diferencias sociales de origen se
disuelve en el terreno de las declaraciones de principio, pues la orientación
homogeneizadora de la escuela no suprime, sino que confirma y además legitima las
diferencias sociales, transformándolas en otras de carácter individual.
Vivir en la escuela, bajo el manto de la igualdad de oportunidades y la ideología de la
competitividad y meritocracia, experiencias de diferenciación, discriminación y clasificación,
como consecuencia del diferente grado de dificultad que tiene para cada grupo social el
acceso a la cultura académica, es la forma más eficaz de socializar en la desigualdad a las
nuevas generaciones. De este modo, incluso los más desfavorecidos aceptarán y asumirán
la legitimidad de las diferencias sociales y económicas y la mera vigencia formal de las
exigencias democráticas de la esfera política, así como la relevancia y utilidad de la ideología
del individualismo, la competencia y la insolidaridad.
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cultura pública se acomode a las exigencias de intereses, ritmos, motivaciones y
capacidades iníciales de quienes más distantes se encuentran de los códigos y
características en que se expresa. Así, la igualdad de oportunidades de un curriculum
común, en la escuela comprensiva obligatoria no es más que un principio y un objetivo
necesario en una sociedad democrática. Su consecución es un evidente y complejo reto
didáctico que requiere flexibilidad, diversidad y pluralidad metodológica y organizativa.
Por el contrario, para aquellos grupos sociales, cuya cultura es bien distinta a la académica
del aula, la lógica de la homogeneidad no puede sino consagrar la discriminación de hecho.
Para estos niños/as, el trato de igualdad en el aula supone de hecho la ratificación de un
fracaso anunciado a medio plazo ya que poseen códigos de comunicación e intercambio
bien diferentes a los que requiere la escuela, y manifiestan deficiencias bien claras en el
lenguaje y en la lógica del discurso racional, así como en las destrezas y capacidades que
requiere la vida académica y no disponen de apoyo familiar ni en cuanto a las expectativas
sociales y laborales que puede abrirles la escuela, ni en cuanto al clima de intereses por el
mundo de la cultura.
En el concepto de desigualdad queremos abarcar tanto la que tiene su origen en las clases
sociales como la que se genera en los grupos de marginación o en las deficiencias físicas
o psicológicas hereditarias o adquiridas. Para todos ellos, sólo la lógica de una pedagogía
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diversificada en el marco de la escuela comprensiva tiene la virtualidad de provocar y
favorecer un desarrollo hasta el máximo de sus siempre indefinidas posibilidades.
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escuela moderna está íntimamente comprometida con la vocación hegemónica de la elite
en lo que a la definición cultural nacional respecta, oficiando como la responsable de aplicar
los criterios de jerarquización cultural que dicho sector impulsa
1- La mercantilización de la cultura: uno de los primeros desfasajes que encontramos entre las
condiciones que ofrecía la modernidad y las que propone el mundo contemporáneo se aprecia
cuando intentamos pensar la dinámica actual de la cultura con categorías modernas como la
de campo cultural. La concepción bourdieuana sobre la autonomía de los campos culturales
demuestra su incapacidad hermenéutica en lo que a la lógica cultural contemporánea respecta,
pues la cultura ha perdido independencia en manos del mercado.
El valor estético o simbólico deja de ser el organizador del mundo cultural para ceder al valor
de cambio ese rol. Al tiempo que productos otrora ajenos a la esfera de la cultura son
incluidos como mercancías culturales, la lógica mercantil también penetra a las tradicionales
obras de arte. Así, el arte se “socializa” de la mano del mercado, quien, poco a poco, logra
romper la gran división que distinguía al arte elevado de la cultura de masas, desdibujándose
asimismo los límites que ceñían al arte a una esfera diferenciada, para hacerlo entrar en
todos los espacios imaginables.
2 -El descentramiento cultural: probablemente sea una de las mutaciones que más afecta a la
escuela. En primer lugar, nos presenta cómo innovaciones tecnológicas como Internet y la
telefonía celular además de desplazar los dispositivos de transmisión cultural de tecnologías
basadas en la palabra escrita en papel a tecnologías digitales, revolucionan el sentido en el que
se da el flujo de transmisión simbólica. Claramente ese sentido se invierte y tiene ahora a los
jóvenes ocupando el polo más activo del intercambio cultural que, en la representación
publicitaria, se presenta con un cariz pedagógico.
El poder subjetivante de las nuevas tecnologías, representa, también un factor determinante
de la ruptura generacional: la aparición de una comunidad mundial modifica las condiciones
en las que se forman las nuevas generaciones.
Podemos interpretar el descentramiento cultural como la emancipación de las amarras que
unían a las nuevas generaciones a las referencias simbólicas de sus padres, ubicando a los
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jóvenes en un espacio de multiplicidad y heterogeneidad cultural signado por la homonimia
y no por la jerarquía o la subordinación simbólica.
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5- Deslizamientos que conciernen al eje de la temporalidad: al igual que ocurría en el caso de
las concepciones que marcan lo que es público y lo que es privado, cabe destacar que el tiempo
es también una categoría que varía temporal y espacialmente pues sus características se
modifican al compás de los contextos y los cambios históricos. La idea de destemporalización
alude a un tiempo al que no le es inherente el pasado ni la promesa del futuro, es un tiempo
sin tiempo porque en él, el tiempo se comprime. Es “un presente constantemente
presentificado”, un “tiempo congelado”.
Nuestro tiempo está signado por la inestabilidad social, política, cultural y económica y esto nos
exhorta a ser flexibles y versátiles en la búsqueda de las condiciones y los caminos que nos
permitan superar las adversidades y así desarrollarnos. No encontramos precedentes para las
vivencias del tiempo que hoy prevalecen y esto nos despierta muchos interrogantes en relación
a la escuela.
BLOQUE II
EDUCACIÓN Y SOCIEDAD: La educación como componente de la organización social:
Interdependencia entre escuela y sociedad.
El funcionalismo en la educación
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dogmático, desalentando el espíritu crítico, pues el disenso importa un peligro para el
comportamiento seguro del sistema.
Las teorías de la reproducción cultural también se preocupan por la cuestión del modo como
las sociedades capitalistas son capaces de autorreproducirse.
La teoría de la reproducción cultural de Bourdieu comienza con la idea de que la lógica del
dominio debe ser analizada dentro de un marco teórico capaz de vincular dialécticamente
al sujeto humano y las estructuras dominantes. La teoría comienza con el presupuesto de
que las sociedades divididas en clases y las configuraciones ideológicas y materiales que
las sustentan se encuentran mediadas y reproducidas parcialmente a través de lo que él
llama “violencia simbólica”.
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y des-confirmar otros tipos de conocimiento particularmente importantes para las
feministas, la clase obrera y los grupos minoritarios.
En los escritos más recientes de Bourdieu se examina la relación entre acción y estructura
mediante formas de acción históricas que juntan dos historias. La primera es el habitat o
historia objetivada. La segunda se refiere a la historia encarnada del habitus y se refiere a
la interiorización de una serie de competencias y necesidades estructuradas; a un estilo de
conocimiento y un modo de relacionarse con el mundo que están arraigados en el cuerpo
mismo.
Los usos del cuerpo, de los lenguajes y del tiempo son todos objetos privilegiados del control
social: innumerables elementos de la educación explícita se relacionan con el uso del cuerpo
(“siéntate derecho”, “no toques”) o usos de lenguaje (“di esto” o “no digas aquello”).
El trabajo de Bourdieu es significativo porque proporciona un modelo teórico para entender
aspectos de la enseñanza y del control social que han sido virtualmente ignorados en los
trabajos de los liberales y de los conservadores. Su politización del conocimiento escolar, de
la cultura y de las prácticas lingüísticas formula un nuevo discurso que ayuda a examinar
las ideologías asentadas en el plan formal de estudios en las escuelas.
1. Provee a las diferentes clases sociales del conocimiento necesario y adecuado para
que ocupen sus respectivos lugares en una fuerza de trabajo estratificada, formando
los cuadros necesarios para cada uno de los segmentos.
2. Funciona para distribuir y legitimar las formas de conocimiento, valores y lenguaje
que constituyen y responden a la cultura dominante y a sus intereses, preservando
la ideología hegemónica que juega en cada sociedad.
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3. Funge como aparato estatal para producir y legitimar los imperativos ideológicos y
económicos que subyacen al poder político del Estado, para mantener una
consistencia entre la enseñanza escolar y las pautas que marca el Estado.
Una cita de Bowles y Gintis que muestra la relación dialéctica entre educación y sociedad
capitalista, «el carácter cambiante del conflicto social, enraizado en los cambios de la
estructura de clase y en otras relaciones de poder y privilegios, ha dado por resultado la
reorganización periódica de las instituciones educativas. Al mismo tiempo, el sistema
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educativo ha evolucionado en formas que intensifican y politizan las contradicciones y
conflictos básicos de la sociedad capitalista».
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que es necesario estudiar desde dentro y de manera relacional con lo estructural. Se trata
de un nuevo enfoque que huye de concepciones mecanicistas de la reproducción y la
contradicción, y que acude a la etnografía como metodología de estudio. El resultado de ello
será la afirmación de un espacio para la reproducción cultural alternativa en el interior
mismo de la escuela, y la posibilidad de emergencia de prácticas de resistencias y
alternativas.
BLOQUE II
EDUCACIÓN Y SOCIEDAD: La educación como política de Estado. Perspectiva histórica y
transformaciones a del Sistema Educativo
La noción de Estado
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El Estado es un instituto porque su autoridad se extiende sobre un territorio y porque su
capacidad de obligarnos a obedecer sus disposiciones mientras permanezcamos en el
territorio que controla es independiente de nuestra voluntad o nuestro consentimiento.
Para profundizar en el concepto de Estado tomaremos el análisis efectuado por Oszlak, la
estatidad, es decir la “condición para ser Estado”, puede definirse por la adquisición de los
siguientes atributos:
1. La ciudad como forma de organización social y política fue uno de los rasgos distintivos
de las grandes civilizaciones clásicas. La urbanización favoreció el crecimiento de los
incipientes poderes estatales a través de la coalición entre reyes y burgueses
2. El desarrollo de la economía de intercambio. El debilitamiento de los poderes locales y
la pacificación consecuente de la centralización del poder de coacción, redujeron los
costos de las comunicaciones y de los intercambios, favoreciendo el desarrollo del
comercio y minando así, paulatinamente, las bases económicas del orden feudal.
3. La Reforma Protestante. La difusión de la Reforma contribuyó al fortalecimiento del
poder de los Estados en tres sentidos distintos. En primer lugar, la consolidación de una
estructura institucional paralela a la de la jerarquía católica acabó con el monopolio de
los bienes espirituales que el papado había ejercido con singular eficacia durante
dieciséis siglos. En segundo lugar, el conflicto entre Protestantes y Católicos derivó en
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largas y sangrientas guerras de religión en diversos países europeos. En tercer lugar, la
Reforma también produjo una transformación en las ideas y las identidades.
La caída del monopolio espiritual y el ocaso del poder político de la Iglesia dejaron dos
grandes vacíos en los sistemas sociales europeos.
De la urbanización, el desarrollo de la economía de intercambio y la Reforma nació una
nueva forma de sociedad. A esta nueva forma correspondieron nuevas imágenes y nuevas
identidades.
El momento clave en la articulación de Estados y naciones es el siglo XIX. Este es el
momento en el que los símbolos de identidad nacional comienzan a institucionalizarse: los
himnos, las banderas, las gramáticas de los lenguajes nacionales. En este siglo se
constituyen los grandes ejércitos de masas nacionales y éstos adoptan sus uniformes
característicos. Este es también el siglo en el que los Estados se abocan a la tarea de
constituir sistemas de educación pública de alcance nacional. Todas estas tareas persiguen
el mismo propósito: homogeneizar y estimular el sentido de pertenencia común entre los
individuos sujetos a la autoridad del Estado.
El desarrollo de estas instituciones acontece en un contexto de intensa competencia entre
los Estados del sistema europeo. Esta competencia tiene lugar tanto en los terrenos
económico y militar como en el terreno cultural. La sistematización de las actividades de las
instituciones educativas fue la respuesta política que encontraron los estados más
rezagados en la competencia económica y militar para compensar su desventaja,
estimulando a la vez que controlando la producción cultural.
El desarrollo de los sistemas públicos de educación comenzó por las instituciones que hoy
componen el nivel inicial. Existía la convicción, vigente hasta nuestros días, de que los
primeros años de la socialización jugaban un rol clave en la formación de los individuos.
Controlar los contenidos y las modalidades de la educación inicial resultaba de vital interés
para los incipientes estados, toda vez que se suponía que la lealtad y adhesión de los adultos
dependía de la motivación que recibieran cuando niños. La escolarización resultó así una
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de las herramientas institucionales más eficaces en el proceso de homogeneización
indispensable para la constitución de la nacionalidad y el fortalecimiento del poder estatal.
En América Latina, cada uno de los modelos de Estado en distintos períodos históricos ha
adjudicado funciones diferentes al sistema educativo. En torno a ellas han concebido sus
estrategias de articulación con la sociedad. Muchas de estas funciones todavía hoy se han
cumplido sólo en forma parcial. Es por ello por lo que redefinir las relaciones entre Estado
y sociedad en materia educativa requiere del análisis de las funciones prometidas y aún no
cumplidas por la educación, como de las nuevas exigencias que demandan las actuales
transformaciones.
En este marco, el objetivo es analizar cuál es el papel que han ido desempeñando los
sistemas educativos en nuestro país en el último siglo.
Distintos autores han señalado que el activo rol que el Estado ha ejercido históricamente
en torno a la educación en distintos países latinoamericanos, y en particular en Argentina a
partir del siglo XIX, correspondió a la matriz de pensamiento que se comenzó a implementar
a partir de la Revolución Francesa. El surgimiento y posterior consolidación del Estado -
Nación liberal estuvo íntimamente vinculado a la posibilidad de desarrollar sistemas
educativos nacionales.
A medida que se fueron conformando como Estados nacionales, las sociedades europeas
generaron sistemas educativos que se constituyeron en uno de los principales factores de
integración política, de identidad nacional, de cohesión social, de transmisión de los valores
de las clases dirigentes y selección y legitimación de las elites. El modelo educativo del
Antiguo Régimen, que suponía instituciones educativas desarticuladas y superpuestas, en
su mayoría en manos de autoridades eclesiásticas y locales, fue dejando lugar a la
construcción de un verdadero sistema. Sistema que, en la concepción de M. Archer,
corresponde a "un conjunto de instituciones diferenciadas, de ámbito nacional, destinadas
a la educación formal, cuyo control e inspección corresponden al Estado y cuyos elementos
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y proceso están relacionados entre sí". Fueron las autoridades de los Estados liberales
quienes crecientemente financiaron y ejercieron la conducción de este sistema.
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Educar para el crecimiento económico: el Estado benefactor
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de las políticas Keynesianas en 1930, no era posible salir de la crisis a partir de una
intervención más activa del Estado.
En Argentina, el conjunto de los gobiernos que condujeron el Estado en este período priorizó
la función política de la educación en detrimento de su papel económico.
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vez que un gobierno militar fijó un mecanismo institucionalizado de sucesión presidencial
sin recurrir a los civiles ni a las formas democráticas.
La educación jugó un papel político trascendente en este período: aportar a garantizar el
orden social necesario para poder realizar las transformaciones planteadas.
El retorno a la función política de la escuela, ahora en el sentido inverso al del período
1973/74, estuvo planteado en torno al mecanismo que Foucault define como "modalidad
disciplinaria". Esta modalidad se implementó sobre los dos órdenes que, según B. Beistein
conforman la cultura escolar: el orden instrumental (que hace referencia al conocimiento
educacional públicamente validado y se expresa en la definición del currículum y en las
formas de transmisión pedagógica) y el orden expresivo (que se refiere a la transmisión de
valores y se encuentra más vinculado a las formas de disciplina que se definen en la
organización de la escuela, en la relación de las instituciones con el exterior y en los ritos
que rigen su comportamiento cotidiano)
Las principales políticas desarrolladas en función del orden expresivo en este período
fueron: a) la clausura de los mecanismos de participación social en la orientación y
conducción del sistema de enseñanza, b) el disciplinamiento autoritario de todos los agentes
comprometidos en la actividad educativa y c) la transferencia de la lógica burocrática (en el
sentido weberiano) al ámbito escolar.
En cuanto al orden instrumental, las estrategias estuvieron centradas, en a) la exclusión de
los docentes y contenidos curriculares que no brindaban garantía ideológica, b) el
vaciamiento de los contenidos socialmente significativos y de los modos procesuales de
construcción del conocimiento imprescindibles para una participación social plena, y c) la
distribución, a través del currículum oculto, de pautas de socialización individualistas y
falsamente meritocráticas.
La combinación de las estrategias hacia ambos órdenes permitió vaciar la escuela de
contenidos sustantivos para reemplazarlos por formas que tendían a socializar niños y
jóvenes de manera autoritaria, jerarquizada y discriminatoria. En otras palabras, el rol
político de la educación en este período estuvo centrado en la concepción de que el orden
y la disciplina debían convertirse en funciones mucho más importantes que el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
De ninguna manera los aspectos vinculados a la participación y a la mejora pedagógica
fueron tenidos en cuenta.
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Educar para la democracia
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servicios, la generación de nuevas formas de vinculación con otros actores sociales, el
desarrollo de mecanismos de evaluación de la calidad educativa, los acuerdos inter
jurisdiccionales sobre contenidos de la enseñanza, etc., no fueron llevadas a la práctica, se
implementaron sobre el final de la gestión o sólo abarcaron el espacio de experiencias piloto.
Una situación similar puede señalarse respecto del importante proceso de debate educativo
que significó el Congreso Pedagógico Nacional. El gobierno democrático supo generar un
amplio espacio para la discusión, sin embargo, no logró comenzar a implementar los
acuerdos allí alcanzados.
Cabe destacar que esta parcial intervención del Estado Nacional en torno a la
transformación de la educación fue complementada en algunas jurisdicciones con
profundos cambios en los contenidos y en las prácticas educativas. La Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza. La Pampa. Santa Fe y Río Negro, entre otras,
desarrollaron importantes procesos de mejora de la calidad educativa.
En síntesis, la recuperación de la democracia significó también la recuperación del rol
protagónico del Estado docente en los discursos oficiales. Sin embargo, el electo
democratizador de la intervención estatal en la realidad escolar fue solo parcial. Ello se debió
a que el importante rol desempeñado en el desmantelamiento del orden autoritario no
estuvo acompañado de políticas educativas dirigidas a retomar su responsabilidad en torno
a brindar reales posibilidades de acceso a una educación de calidad para todos los
argentinos.
El Estado post-social
Como suele ocurrir respecto de los fenómenos sociales que se desarrollan en los países
latinoamericanos, este proceso de deterioro del papel del Estado de bienestar se presentó
como un correlato de la crisis de los Estados que emergieron en los países centrales a partir
de la post-guerra. Sin embargo, existió un conjunto de características distintivas que exigen
un análisis particular que permita dar cuenta de las especificidades del proceso.
En primer lugar, la crisis del Estado benefactor se produjo en los países desarrollados en
momentos en que se habían cumplido los principales desafíos para los cuales este tipo de
Estado había sido creado. En segundo lugar, en el caso de un conjunto de países
desarrollados, la crítica a la intervención del Estado en la economía no significó
necesariamente una crítica similar al papel del Estado en lo que respecta a su rol
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redistribuidor. En tercer lugar, en estos países, el sostenimiento de las políticas sociales a
partir del retiro de la acción estatal de un conjunto de esferas de la vida pública tiene que
ver, precisamente, con la necesidad de atemperar el impacto social que genera la
racionalización y el repliegue del Estado respecto de la intervención económica directa.
Tomando en cuenta estas diferencias, es posible afirmar que en nuestro país estamos
asistiendo a una profunda transformación en el modelo de Estado.
En este marco es necesario poner en discusión dos elementos centrales: el primero de ellos
es cómo generar estrategias de desarrollo que impliquen procesos de integración social. El
segundo de los elementos está relacionado con el papel de las políticas sociales.
Para abordar la problemática educativa es pertinente realizar tres aclaraciones previas.
La primera de ellas es que no es posible concebir al sistema educativo sólo desde una
perspectiva de política social.
La segunda aclaración es que el cambio en el tipo de Estado está acompañado de
transformaciones profundas en el conjunto de los órdenes de la vida social.
La última aclaración hace referencia a que junto con los cambios producidos en la estructura
y papel del Estado y en la nueva relación que se plantea éste con la sociedad, han ocurrido
transformaciones que es necesario tomar en cuenta a la hora de definir las actuales
funciones de la educación.
BLOQUE III
REFLEXIÓN SOBRE LOS FINES Y OBJETIVOS DE LA POLÍTICA EDUCATIVA LA
INSTITUCIÓN ESCOLAR: REFLEXIONES ACERCA DE LOS LÍMITES Y POSIBILIDADES DE
LA ACCIÓN ESCOLAR
La modernidad del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX asumió una forma escolar y
un modelo de socialización que se caracteriza como un programa institucional. La palabra
programa debe ser entendida como una estructura estable de la información, pero cuyos
contenidos pueden variar de manera infinita. De este modo, las escuelas religiosas, las
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escuelas republicanas francesas o chilenas, como la escuela soviética han compartido el
mismo programa.
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3. El fin del santuario. Ya no hay protección contra el mundo. A su vez, la producción
masiva de diplomas modifica su naturaleza, surge la competencia en el "mercado
escolar".
4. La autonomía del individuo. Se da una paradoja: "se espera que la escuela de masas
tome en cuenta la singularidad del individuo" porque justamente, ahora hay
individuos en la escuela, niños y adolescentes, sujetos que preexisten al trabajo de
socialización escolar.
Entonces, ¿se trata de la culpa del neoliberalismo que destruye la escuela o más bien de un
cambio endógeno? Dubet responde que la crisis escolar se debe a una mutación
institucional. Su postura es clara: si no se observa lo que sucede y se "domina el cambio",
el neoliberalismo con su lógica de mercado seguirá obrando como solución.
Es interesante el planteo del autor en tanto insta a empoderar a la escuela frente a sus
problemas. Depender de los cambios en la sociedad para solucionar los problemas
invisibiliza las causas internas de las desigualdades y la exclusión, evitando así reformarlas.
Sin lugar a dudas, la escuela debe reposicionarse como una interlocutora de la cultura. Solo
desde un diálogo con la cultura puede pensarse una escuela de cara a la vida de sus
alumnos y construir un sentido para ellos.
Esto nos lleva a interrogarnos acerca de qué enseñamos y transmitimos en la escuela, y
cómo pensamos su lugar en la transmisión de la cultura.
Habría que repensar qué entendemos por escuela: si es un lazo hacia el pasado,
primeramente, o es una construcción que enlaza pasado, presente y futuro de maneras más
abiertas e impredecibles, que permitan que surja lo nuevo y lo creativo. El qué puede hacer
la escuela tiene que ver, entre otras cosas, con repensar lo que ofrece la escuela. Porque
muchas veces el problema no está en el afuera, sino en los límites de la invitación que
estamos haciendo para alojar, proporcionar y proyectar otros vínculos con el conocimiento
y con la sociedad
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