https://www.vancecenter.
org/wp-content/uploads/2020/06/Lawyers-Council-Peru-Junta-
Nacional-de-Justicia.pdf
El Lawyers Council ha identificado que el proceso que lleva a cabo el Perú para la primera
integración de la Junta Nacional de Justicia (JNJ), es un acontecimiento relevante para el
estado de derecho en este país y en la región. Creada mediante una reforma constitucional,
luego de la desactivación del Consejo Nacional de la Magistratura, la JNJ será el órgano
encargado del nombramiento, ratificación, evaluación parcial y procedimientos disciplinarios
de jueces, fiscales, jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales y del jefe del Registro
Nacional de Identificación y Estado Civil.
El proyecto del Lawyers Council reconoce que el bienestar de una sociedad depende del buen
funcionamiento del estado de derecho, como elemento fundamental para el ejercicio de los
derechos civiles y económicos y para una economía nacional próspera. Las empresas existen
solo como resultado de las leyes que permiten su establecimiento y les otorgan poderes y
responsabilidades. Sus actividades prosperan en estados en los que "todas las personas,
instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, son responsables de
las leyes que se promulgan públicamente, se aplican de forma igualitaria y se juzgan de forma
independiente, y que son compatibles con las normas y estándares internacionales de
derechos humanos".
JUSTICIA EN LAS
AMÉRICAS
Blog de la Fundación para el Debido Proceso
https://dplfblog.com/2020/07/27/junta-
nacional-de-justicia-jnj-una-nueva-
oportunidad-para-la-justicia-en-el-peru/
Junta Nacional de Justicia (JNJ): Una
nueva oportunidad para la justicia en
el Perú
Según la experta Linn Hammergreen la reforma judicial en el Perú es una de las
más antiguas en América Latina. Debe ser por el mal servicio de justicia que
desde siempre han recibido y percibido los peruanos y peruanas: un sistema
judicial lento, engorroso, poco confiable y sospechoso de una extendida y poco
disimulada corrupción que parece formar parte del paisaje urbano.
Sólo la justicia de paz no ejercida por abogados sino por ciudadanos y
ciudadanas de sus propias comunidades en zonas rurales se ha salvado de este
descrédito republicano de la justicia y, a partir de la recuperación de la
democracia a fines del año 2000, un puñado -cada vez más grande, felizmente-
de jueces, juezas y fiscales valientes y honestos, decididos a cambiar esa historia
gris de la judicatura.
Primero fueron los jueces y juezas de la asociación “Jueces por la justicia y la
democracia” (JUSDEM) y los primeros jueces, juezas y fiscales anticorrupción
que, con firmeza, investigaron y condenaron a la mafia que había gobernado el
país durante la década de los noventa, no sólo por actos de gran corrupción sino
también por graves violaciones de derechos humanos. Hoy en día, son los
valientes jueces, juezas y, sobre todo, fiscales anticorrupción de emblemáticos
casos como la conocida trama internacional conocida como “Lava Jato” o “Los
cuellos blancos del puerto”,[1] en los cuales no les ha temblado la mano
investigar incluso a ex presidentes de la República y a los empresarios más
poderosos del país.
Estos bolsones de independencia e integridad judicial y fiscal son sin duda
alentadores, pero persiste el temor que son avances aún no consolidados y que en
cualquier momento pueden retroceder o perderse, pues esa nueva forma de hacer
justicia choca contra una muralla amalgamada, por un lado, por una cultura de la
corrupción aún muy extendida entre operadores de justicia y abogados y, por otro
lado, por la existencia de activas y resilentes redes de corrupción judicial.
La lucha contra la corrupción cuenta con amplio y decidido respaldo ciudadano,
expresado en movilizaciones como la de la noche del 31 de diciembre del 2018
-la noche de año nuevo- en la que miles de limeños y limeñas tomaron
pacíficamente las calles del centro de la ciudad para protestar por la indebida
destitución del equipo especial de fiscales del caso Lava Jato por parte del
entonces Fiscal de la Nación, hoy acusado de pertenecer precisamente a “Los
cuellos blancos del puerto”. Pocos días después dicho equipo especial fue
repuesto. Por su parte, las redes de corrupción judicial cuentan con la
complicidad de muchas autoridades en todos los Poderes de Estado, en órganos
constitucionales y tanto a nivel nacional, regional y municipal. Muchos gremios
profesionales y universidades también son controlados por estas redes.
Por ello, en la actualidad se ha abierto una nueva oportunidad para la justicia
independiente y confiable en el Perú. En enero del 2020 entró en funciones la
Junta Nacional de Justicia (JNJ),[2] órgano constitucional autónomo que
reemplaza al disuelto ex Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), que
precisamente hace dos años, en julio del 2018, se vio envuelto en un gran
escándalo de corrupción judicial conocido como los “CNM-audios” o “Lava-
juez”[3] y que dio inicio a las investigaciones fiscales y judiciales actualmente en
trámite sobre la red de corrupción “Los cuellos blancos del puerto”. Ante la
unánime indignación ciudadana, el Parlamento modificó la Constitución,
desapareció el CNM y lo sustituyó por la JNJ; esta reforma constitucional fue
ratificada por referéndum en diciembre de ese año.
Pese a que el proceso de selección y designación de los integrantes de la nueva
JNJ fue mal conducido por la Comisión especial de altas autoridades encargada
de ello, al punto que tuvo que realizar dos concursos, finalmente fueron
designados algunos abogados y abogadas cuya trayectoria generan expectativas
que la JNJ cumplirá las potestades constitucionales que le fueron confiadas, en
especial, revisar y eventualmente dejar sin efecto algunas decisiones del ex CNM
cuya graves irregularidades sean comprobadas y destituir a jueces y fiscales
claramente vinculados a redes de corrupción.
Para ello, al inicio de sus labores la JNJ dio unos pasos positivos en esa
dirección: dio a conocer un plan de trabajo de los primeros 180 días priorizando
algunas acciones urgentes[4] y abrió procesos disciplinarios a algunos jueces y
fiscales supremos cuestionados. Sin embargo, la cuarentena por el COVID-19
frenó este buen impulso inicial y recién a mediados de junio del presente año la
JNJ ha vuelto a reactivar estos y otros casos emblemáticos.
En ese marco, los pasados 14 y 20 de julio del presente año la JNJ suspendió
provisionalmente de sus cargos a los fiscales supremos Tomás Gálvez y Pedro
Chávarry, acusados por su propia institución, el Ministerio Público, de pertenecer
a “Los cuellos blancos del puerto”. De esta manera, por el momento ya no podrán
obstruir las investigaciones que se vienen realizando sobre este caso. Estas
medidas cautelares son, además, el anuncio que -muy probablemente- ambos
fiscales supremos serían destituidos definitivamente de sus cargos en los
próximos meses por la propia JNJ. También están en trámite otros procesos
disciplinarios contra otros jueces y fiscales supremos cuestionados.
La JNJ tiene aún un largo camino por recorrer en el encargo principal que recibió
de la ciudadanía en el referéndum de diciembre del 2018: contribuir
decididamente a extirpar del sistema de justicia las redes de corrupción que aún
operan. Ciertamente, ello debe hacerlo respetando los estándares constitucionales
e interamericanos sobre debido proceso. Al respecto, una buena decisión
adoptada por la JNJ ha sido un inicial acercamiento a la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH), cuyo actual presidente -que estuvo en visita no
oficial en Lima en febrero último- ofreció asesoría técnica a la JNJ al amparo del
artículo 41° de la Convención Americana.
Dicha asesoría técnica es clave porque el Perú ya tiene un antecedente en el
sistema interamericano sobre el particular: la no ratificación sin motivación ni
derecho de defensa por parte del ex CNM de alrededor de doscientos (200)
jueces y fiscales entre los años 2001 y 2003, lo que motivó pocos años después la
suscripción de varios acuerdos de solución amistosa en los que el Estado peruano
reconoció que había violado el artículo 8° de la Convención americana.
Hoy en día el corpus iuris interamericano ha evolucionado. A la luz de algunas
sentencias de la Corte Interamericana y de algunos informes de la Comisión
Interamericana, en especial, el reciente informe sobre corrupción y derechos
humanos (2019)[5], los Estados ahora no sólo tienen la obligación internacional
de respetar los derechos fundamentales de los acusados, como el debido proceso,
sino también deben tomar en cuenta el efecto corrosivo de la corrupción en la
realización de derechos sociales y en la vigencia de la democracia y el Estado de
derecho.
Al respecto, la CIDH ha sido muy clara en sostener que “… los Estados tienen el
deber de adoptar las medidas eficaces destinadas a investigar y sancionar los
actos de corrupción tanto de agentes estatales como de personas, entes u
organizaciones privadas…”[6] De esta manera, si los Estados no combaten la
corrupción, están incumpliendo el deber de respetar y garantizar los derechos
humanos consagrado en el artículo 1.1º de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (CADH): “Si los Estados no adoptan todas las medidas a su
alcance para erradicar el fenómeno de corrupción, están incumpliendo con su
deber de respetar y garantizar los derechos humanos y de esta forma están
incumpliendo sus obligaciones internacionales en la materia, y en consecuencia
tienen el deber de reparar los daños causados.”[7]
En ese sentido, es de destacar que la resolución N° 125-2020-JNJ del 10 de julio
del 2020,[8] que por unanimidad suspendió provisionalmente al fiscal supremo
Tomás Gálvez, entre otros argumentos, desarrolle una interesante ponderación
constitucional e interamericana entre los derechos fundamentales en juego, esto
es, no sólo tomando en cuenta los derechos del investigado sino también otros
bienes jurídicos como la autonomía fiscal, la independencia judicial y el deber
estatal de combatir la corrupción.
Asimismo, cabe destacar que la referida resolución N° 125-2020-JNJ incorpora
un valioso argumento desarrollado tanto por la Corte como por la Comisión
Interamericanas en torno a que el grado de motivación exigido para un acto
administrativo es distinto al exigido en materia penal: “el grado de motivación
exigida para el dictado de un acto administrativo, de acuerdo con los estándares
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, “es distinta a aquel exigido en
materia penal, por la naturaleza de los procesos que cada una está destinada a
resolver”.[9] Así, la motivación exigida “[…] es aquella, que debe permitir
conocer cuáles fueron los hechos, motivos y normas en que se basó la autoridad
para tomar su decisión, a fin de descartar cualquier indicio de arbitrariedad”.
[10] [11] Sin duda, es el camino correcto para no incurrir en errores del pasado y
evitar que a futuro sus decisiones sean revocadas tanto a nivel nacional como
interamericano.
*Profesor principal PUCP, Asesor legal DPLF
El autor publicó el 4 de Octubre del 2018 una nota para este mismo blog
“Justicia en las Américas” sobre la reforma constitucional que creó la Junta
Nacional de Justicia (JNJ) en el Perú, como respuesta a la crisis judicial e
institucional que se generó a partir de los “CNM-
audios”: https://dplfblog.com/2018/10/04/sistema-de-justicia-en-el-peru-para-
entender-la-reforma-constitucional-y-el-referendum/
[1] “Los cuellos blancos del puerto” es una red de corrupción judicial que viene
siendo investigada por el Ministerio Público y el Poder Judicial, a partir de la
revelación, por parte del periodismo de investigación, de llamadas telefónicas
-interceptadas por orden judicial- entre jueces y fiscales supremos, integrantes
del ex Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y otras autoridades del
sistema de justicia, que dejaron al descubierto graves actos de corrupción. Mayor
información en el web site de IDL-reporteros, el grupo de periodistas de
investigación que destapó esta red criminal: https://www.idl-
reporteros.pe/especial-lava-juez/
[2] La JNJ tiene como funciones la selección y nombramiento, evaluación y
ratificación y el control disciplinario de jueces y fiscales de todas las instancias
(Artículo 154° constitucional).
[3] https://www.idl-reporteros.pe/especial-lava-juez/
[4] https://www.jnj.gob.pe/jnj-presenta-plan-de-trabajo-para-los-primeros-180-
dias/
[5] http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/CorrupcionDDHHES.pdf
[6] CIDH (2019): Informe “Corrupción y derechos humanos. Washington DC,
párrafo 268.
[7] CIDH (2019): Informe “Corrupción y derechos humanos. Washington DC,
párrafo 274.
[8] https://img.lpderecho.pe/wp-content/uploads/2020/07/Resoluci%C3%B3n-2-
2020-jnj-LP.pdf
[9] Corte IDH, Caso Flor Freire vs. Ecuador, Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2016.párrafo 191.
[10] CIDH (2019): “Corrupción y derechos humanos”. Washington DC, párrafo
356.
[11] Resolución N° 125-2020-JNJ, p. 17.