Los Fundamentos de la técnica psicoanalítica / Etchegoyen (Parte 2)
La situación analítica
Situación quiere decir acción y efecto de situar, es poner a una persona o cosa en
determinado sitio o lugar. Cuando hablamos de situación analítica lo que
queremos decir es que el tratamiento analítico tiene un sitio, un lugar. El análisis
tiene lugar en la situación analítica.
La situación analítica se ha definido como una particular relación entre dos
personas que se atienen a ciertas reglas de comportamiento para realizar una
tarea determinada que destaca dos papeles bien definidos, de analizado y
analista.
La situación analítica como campo dinámico
El punto de partida de los Baranger es que la situación analítica no puede ya
entenderse como la observación objetiva de un analizado en regresión por un
analista-ojo. Semejante descripción peca de unilateral dado que, más allá de su no
discutida neutralidad, el analista interviene de hecho y de derecho en la situación
que él mismo contribuyó a crear.
La idea básica de los Baranger es, pues, que la situación analítica constituye un
campo que debe ser explicado por la líneas de fuerza surgidas en esa especial y
novedosa configuración entre sus dos protagonistas, cada uno en su papel y con
sus objetivos. Lo que distingue al campo psicoanalítico, dicen los Baranger, es que
se configura como una fantasía inconsciente. Estas dos teorías, el campo y la
fantasía inconsciente, quedan conectadas cuando se afirma que la fantasía
inconsciente que aparece en el campo es siempre una fantasía en la cual
participan sus dos integrantes.
Sobre el concepto de campo
El mérito de los Baranger es haber entendido la situación analítica como un
campo, un campo de interacción y de observación, un campo en que no está
solamente el analizado sino también el analista, un campo en que el analizado no
está solo ya que lo acompaña el analista como observador participante.
El narcisismo primario de la situación analítica
El analista debe constituirse estrictamente en el alter ego del paciente, espejo
cuya única función es la de dejar que le paciente se vea allí reflejado. Para cumplir
su misión, el analista debe ser sólo una función, sin soporte material, invisible y
siempre detrás del analizado, ya que de otra manera expulsa al analizado de la
posición narcisista que le es propia. En la situación analítica el analizado está solo,
sin estarlo totalmente, ya que la situación analítica contiene virtualmente la
relación de objeto, que se irá estableciendo gradualmente. El analizado es para
Grunberger un Narciso contemplándose en el agua, que tiene atrás al analista
como su ninfa Eco.
El encuadre
El encuadre es el marco que alberga un contenido, el proceso. Entre el proceso
analítico y el encuadre se da, pues, una relación continente/contenido en términos
de Bion.
También podemos decir que el contenido que estamos considerando configura la
neurosis de transferencia y contratransferencia. Este contenido es esencialmente
variable, cambiante, nunca igual; por esto Freud comparaba el análisis a la partida
de ajedrez, donde sólo la apertura y el final podrán ser pautados, nunca el medio
juego.
De la actitud analítica
Los consejos de Freud no sólo se refieren a las constantes del encuadre sino
también a la actitud mental del analista que, en última instancia, les da a aquellas
su sentido y valor.
Freud tipificó la actitud mental del analista en dos normas, la regla de abstinencia
y la reserva analítica, condensada en la famosa metáfora del analista espejo.
La regla de abstinencia se refiere a que el analista no debe gratificar los deseos
del paciente en general y desde luego particularmente sus deseos sexuales.
Dela naturaleza del proceso analítico
Cuando tratamos de indagar cuál es la naturaleza del proceso psicoanalítico, esto
es, cuál es su esencia o su raíz, llegamos a un punto donde aparecen dos
concepciones opuestas y al parecer inconciliables. Para una de ellas, el proceso
psicoanalítico surge espontánea y naturalmente de la situación analítica en que
analizado y analista quedan ubicados; para la otra, en cambio, el proceso es un
artificio, por no decir un artefacto, de las rigurosas condiciones en que se
desarrolla el análisis y a las cuales el paciente se tiene que adaptar (o “someter”).
Cuando se sostiene que el proceso psicoanalítico es natural y se niega todo tipo
de artificio, se está pensando en que la trasferencia es un proceso básicamente
espontáneo.
En general, todos los analistas admitimos que el análisis es un proceso de
crecimiento y también una experiencia creativa.
La regresión terapéutica
El proceso analítico es de naturaleza regresiva, que tal regresión se produce como
respuesta al setting y es la condición necesaria para que se constituya una
neurosis de trasferencia analizable.
La teoría de la regresión terapéutica de la psicología del yo es la afirmación de
que el encuadre en que se desarrolla el tratamiento psicoanalítico promueve el
fenómeno de la regresión.
La regresión como proceso curativo
La teoría de la regresión terapéutica (o trasferencial), según la cual el setting
analítico promueve un proceso regresivo que instaura la neurosis de trasferencia y
hace posible el tratamiento psicoanalítico.
Breve repaso de las ideas de Winnicott
Winnicott llegó al psicoanálisis desde la pediatría y, durante la Segunda Guerra
Mundial, se dedicó a analizar psicóticos, de los que obtuvo una gran experiencia.
A partir de esta práctica, Winnicott distingue tres tipos de pacientes en su valioso
trabajo “Primitive emotional development” publicado en 1945. Esta clasificación
tripartita va a mantenerse a todo lo largo de su obra y se irá gradualmente
precisando. Los pacientes del primer tipo son los clásicos neuróticos que Freud
describió, comprendió y trató. Son capaces de relacionarse con las personas
como objetos totales y presentan fantasías conscientes e inconscientes que
enriquecen y dificultan esa relación y están siempre ligadas al complejo de Edipo.
Los pacientes del segundo tipo están preocupados por su mundo interno y su
organización interior; son los que estudió Melanie Klein en sus trabajos sobre el
duelo, donde la depresión y la hipocondría ocupan el lugar más saliente. Si bien la
estructura de estos pacientes es distinta a la de los otros, la técnica sigue siendo
la misma para Winnicott, no es necesario para nada cambiarla.
Una cosa bien distinta son los pacientes del tercer tipo, donde las relaciones de
objeto preedípicas, anteriores a la posición depresiva de Melanie Klein (o etapa de
concern, de Winnicott), y la técnica clásica ya no se adapta. Son los pacientes en
que falla el desarrollo emocional primitivo y que tienen una estructura básicamente
psicótica.
De las visitudes del proceso
El Acting out perturba la tarea analítica, que es también la tarea de lograr insight,
la reacción terpéutica negativa, como su nombre lo indica, no impide la tarea pero
perturba los logros del insgiht, que se pierde o no se consolida. En la reversión de
la perspectiva, por fin, el insight no se alcanza porque el paciente no se lo propone
y en realidad busca otra cosa. En resumen, el acting out opera sobre la tarea, la
reacción terapética negativa sobre los logros y la reversión de la perspectiva sobre
el contrato. Al menos esta es la forma en se ven las cosas y he procurado
sistematizarlas.
Pienso, también, que cada vez que uno de estos procesos se mantiene y resulta
imposible resolverlo se llega al callejón sin salida del impasse. En ese sentido, la
impasse no es un fenómeno de la misma clase de los señalados, es distinto
(Etchegoyen, 1976).