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Comprensión y Destrucción Azteca

1) El capítulo analiza la paradoja de la conquista española de América, donde la comprensión de la civilización azteca por parte de Cortés va acompañada de su destrucción. 2) Describe dos visiones de la destrucción de los indígenas: la cuantitativa, que reconoce el genocidio, y la cualitativa, basada en relatos de malos tratos. 3) Examina las doctrinas de igualdad de Las Casas e inferioridad de Sepúlveda para justificar el trato a los indígenas, culmin

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Comprensión y Destrucción Azteca

1) El capítulo analiza la paradoja de la conquista española de América, donde la comprensión de la civilización azteca por parte de Cortés va acompañada de su destrucción. 2) Describe dos visiones de la destrucción de los indígenas: la cuantitativa, que reconoce el genocidio, y la cualitativa, basada en relatos de malos tratos. 3) Examina las doctrinas de igualdad de Las Casas e inferioridad de Sepúlveda para justificar el trato a los indígenas, culmin

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TZVETAN TODOROV, CAPITULO N° 3:”AMAR”

El tercer capítulo de la obra “La conquista de América” de Tzvetan Todorov,


comienza con la pregunta acerca de por qué el esfuerzo de Cortés por
comprender la civilización azteca viene aparejado con la conquista y la
destrucción de dicha civilización, y si es posible romper con el
encadenamiento comprender-tomar-destruir. El problema es que la
comprensión de Cortés no es tal pues es incapaz de otorgar al otro el papel de
sujeto equiparable con el yo que los concibe. Los españoles hablan
mucho de los indios, con frecuencia bien, pero nunca a los indios. Ésta
incapacidad de los españoles para aceptar la diferencia, para comprender al
otro tendrá como consecuencia un catastrófico genocidio.

Aquí el autor, describe nuevos antecedentes para lograr entender la


proposición anterior. Lo que se desata es una paradoja de la comprensión-que-
mata, de la cual incluye el hecho de tomar y destruir por completo una
civilización, ya que esto va acompañado de un prejuicio negativo sobre el otro.
Ello resulta sorprendente al tomar en consideración los primeros registros de
Cortés hacia los aztecas, de los cuales, son muy favorables hacia ellos
(descripciones de la cultura). Esa admiración, siempre estuvo centrada en los
objetos pero no reconoce a las individualidades humanas dejando en claro que
“a Cortés le interesa la civilización azteca y, al propio tiempo, es totalmente
ajeno a ella”. Si la comprensión no va acompañada de un reconocimiento pleno
del otro como sujeto, corre el riesgo de ser utilizada con fines de explotación o
“tomada” haciendo que el saber quede subordinado al poder. (pag. 137)

Se clasifica la destrucción de los indios en dos visiones: cuantitativa y


cualitativa. En la primera de ellas, que es de orden numérico, denota la alta
mortalidad de indígenas en México (y América) durante el siglo XVI, y que no
duda en reconocerlo como un genocidio realizado por los españoles. “De los 80
millones que habitaban el continente americano quedan 10 a mediados del
siglo XVI. De los 25 millones que vivían en México en 1600 sólo queda un
millón” (pag. 144). La disminución de la población de debe a tres circunstancias
de la cual, la participación de los españoles es inversamente proporcional al
número de víctimas:

1) Homicidio directo,

2) Consecuencia de malos tratos (trabajos forzado y reducción a esclavitud) y

3) Por enfermedades debido al “choque microbiano”.


Llama la atención los registros del franciscano Motolinía quien narra a
México como un Egipto bíblico, o sea, el de las plagas (viruela, armas, hambre,
maltratos, impuestos, las minas de oro, edificación de México, el trabajo de las
minas, el servicio de éstas y los bandos de españoles que usaban a indios para
sus propias causas). Esta misma enumeración de hitos bíblicos termina por
reflejar una realidad. Ahora en lo cualitativo, son los mismos cronistas quienes
registran los cruentos relatos sobre el trato de los indios, como el caso de
Bartolomé Las Casas.

Ante aquello, resulta interesante conocer las motivaciones que los españoles
tuvieron para realizar estos actos, pero que no se puede reducir simplemente al
deseo de la riqueza. Las matanzas realizadas por los españoles (y que se
diferencian de los sacrificios aztecas, identificados como “homicidios religiosos”)
solo reflejan guerras coloniales, y que nunca son reivindicadas, ya que su
justificación se encuentra en si mismas, y que han sido catalogadas por el
historiador como un “homicidio ateo”. La premisa de la obtención de riquezas y
poder se encuentra en la medida que se pueda identificar la idea de los indios
que traerían consigo los españoles. Aquí, nos encontramos ante dos doctrinas
en relación con el otro: la igualdad (centrada en la identidad) y la desigualdad
(en la diferencia).
En la primera doctrina, Las Casas, admite desde el principio a los indios
como iguales. En lugar de inspirarse en las teorías de la desigualdad natural
de Aristóteles toma como referencia la igualdad de todos los hombres
predicada por Cristo en el Evangelio. Sin embargo, esta igualdad proyectada
por Las Casas le impide aceptar al indio en su diferencia. Al igual que Colón,
Las Casas en un principio ve en los indios sólo lo que quiere ver: mansos,
sinceros, pacíficos, humildes, etc; y defiende la anexión de los indios, pero no
con soldados, sino con sacerdotes, no con violencia sino con la palabra. Sin
embargo,él propone que para impedir el canibalismo se puede castigar a los
indios con la hoguera.

Según la doctrina de desigualdad, que sostiene Sepúlveda, la guerra contra


los indios es legítima porque son inferiores por naturaleza, son caníbales,
llevan a cabo sacrificios humanos y es necesario convertirlos a la fe
cristiana. Sepúlveda se niega a otorgar a los indios la condición de humanos:
además de lo ya dicho entierran vivas a las esposas junto a sus maridos, van
desnudos, no tienen bestias de carga… Todos estos rasgos apuntan, según
Todorov, a un atraso en el plano de lo simbólico. Un ejemplo: era típico entre
los aztecas tomar a un esclavo, tratarlo como a un dios durante meses, para
luego sacrificarlo, comerlo y vestir su piel. El problema está en que no hay
separación entre lo símbolo y lo simbolizado, sólo hay participación e
identificación. Esto le permite decir a Todorov que los españoles no sólo
estaban más “avanzados” (p. 172) técnicamente sino también simbólicamente y
que esta es la diferencia clave. Esto en el sentido de que las sociedades con
escritura son más “avanzadas” que las sociedades sin escritura. Para sostener
su doctrina de desigualdad, Sepulveda plantea una serie de antecedentes
basados en Aristóteles en su obra “La Política” y que diferencia a partir de allí a
amos y esclavos, y estos serían aquellos que no logran adueñarse de la razón.
Creerá el estado natural de la sociedad humana, que es la jerarquía. Sin
embargo, la única diferencia clara que queda es la de superioridad e inferioridad
determinada por los diferentes grados de la naturaleza humana existente para
proponer que los españoles son al bien como los indios lo son al mal, y ante esa
consideración, una guerra justa es aquella que 1) Se debe dominar ante la falta
de obediencia, 2) En la práctica de la antropofagia, 3) En la realización de
sacrificios, 4) Es justa porque permite la propagación del cristianismo. Y esto
deja entrever que se debe imponer el bien al otro, “una identificación de mis
valores con los valores”, y en fin, Sepúlveda enumera una completa lista de
diferencias entre ambos horizontes culturales que son falseadas por sus juicios
de valor y por la idea de diferencia con inferioridad.

La discusión sobre la legitimidad de la conquista de América y el trato dado


a los indios alcanzará su punto culminante en el debate organizado
en Valladolid en 1550 entre Sepúlveda y Las Casas.

Ante aquel panorama se pueden establecer dos ideas: la ideología esclavista


y la ideología colonialista. Mientras la primera reduce al otro a un nivel de
objeto, la segunda lo hace ver en un nivel intermedio, como sujetos productores
de objetos para que no sean como ellos. Colón pertenece a la doctrina
esclavista, en cambio, Las Casas y Cortés a la colonialista.

El colonialismo se opone a la comunicación. Entonces, a la triada


comprender/tomar/destruir, se relacionan
comunicación/colonialismo/esclavismo. El imponer la propia voluntad implica
negar la humanidad del otro, o al menos que sea propuesta y que se sepa
distinguir entre saber y poder para poder elegir, puesto que, en este punto, la
información cumple un rol preponderante en la comunicación (como los
conquistadores hacia los reyes españoles), debido a que es el mejor medio para
establecer el poder, y a éste le debe defender como un valor.

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