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Palermo, Trabajo Masculino, Protesta Femenina

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Historias de luchas,

resistencias y representaciones

Mujeres en la Argentina, siglos XIX y XX

María Celia Bravo - Fernanda Gil Lozano - Valeria Silvina Pita


(Compiladoras)

Andrea Andujar - María José Billorou - Sofía Brizuela


Juan Pablo Bubello - Ana Josefina Centurión - Débora D´Antonio
María Herminia Di Liscia - María Silvia Di Liscia - Yolanda Eraso
Karin Grammático - Pablo Hernández - María Cristina Ockier
Silvana A. Palermo - Elena T. Piñiero - Ana María Rodríguez
Alejandra Vassallo – Mirta Zink

EDUNT
Editorial de la Universidad
Nacional de Tucumán

5
Ilustración de tapa: "El vuelo" de Mercedes Naviero.

© EDUNT. Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán. Crisóstomo


Álvarez 883. (4000) San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina.
e-mail: [email protected]

I S B N 978-987-1366-06-4

Queda hecho el depósito que marca la ley Nº 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del titular del


copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o
parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la
reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de
ella mediante alquiler o préstamo públicos.

6
¿Trabajo masculino, protesta femenina? La participación
de las mujeres en la gran huelga ferroviaria de 1917 *

Silvana A. Palermo

Militantes olvidadas: la "gran huelga" desde la perspectiva de género

En el invierno de 1917, al reflexionar sobre la actividad política


del barrio Talleres de Rosario durante la huelga del Ferrocarril
Central Argentino, un editorial del periódico socialista La
Vanguardia destacaba: "[...] lo que más relieve da a este movimiento,
lo que es más sublime por lo que significa, es la participación activa
en él de las mujeres. Véselas cruzar en todas las direcciones,
recorriendo las calles del barrio. Sirven a la propaganda y a la
vigilancia, impiden el trabajo de los poquísimos crumiros, celebran
a los fines de la mejor organización y distribución del trabajo grandes
asambleas y reuniones públicas.1
A pesar de la publicación de numerosas noticias periodísticas
como ésta, el papel de las mujeres en la denominada "gran huelga
ferroviaria de 1917" cayó en el olvido. Las historias oficiales de los
gremios ferroviarios prácticamente no mencionaron el activismo
femenino.2 Tampoco la literatura académica prestó atención a la

*
Debo un profundo agradecimiento a Temma Kaplan por sugerirme que tomara en
cuenta la participación de la mujer en mi propia investigación. Mi mayor gratitud a
mi directora de tesis Barbara Weinstein por su apoyo. Agradezco, además, los
comentarios a versiones iniciales de este trabajo presentadas en la Fifteenth Labor
History Conference, Duke University y al Seminario "Trabajadores, Cultura y Política
en Argentina", Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. También
mi agradecimiento a Juan José Santos por su colaboración para la recolección de
parte de los datos. La investigación para este artículo ha sido posible gracias al
apoyo de la Fundación Antorchas y el CONICET.
1
La Vanguardia [LV], 18.8.1917.
2
CHITTI, Juan B., y Francisco AGNELLI: Cincuentenario de La Fraternidad, Buenos
Aires, Kavaschino H, 1937, y FERNÁNDEZ, Manuel: La Unión Ferroviaria a través del
tiempo, Buenos Aires, 1947, pp. 88-9.

91
acción política de la mujer.3 En suma, el análisis de la movilización
obrera se restringió a la acción sindical —es decir a la participación
política de los hombres— quedando, en consecuencia, marginada la
presencia de las mujeres y las familias trabajadoras.
El presente estudio rescata la militancia de las mujeres durante
la gran huelga basándose en la perspectiva de la historia de los
trabajadores, interesada en sus experiencias cotidianas, cultura e
identidad. Asimismo, tomando en cuenta los aportes de los estudios
de género, examina las interpretaciones culturales sobre la diferencia
sexual que influenciaron las ideas y la acción colectiva de las familias
obreras durante el primer gran conflicto ferroviario del país.4 A partir
de la información proporcionada por periódicos nacionales y la
prensa obrera, se analiza aquí, en particular, las demandas y las
formas de movilización política de las familias trabajadoras.
Es bien sabido que algunos de los reclamos obreros más
relevantes durante la gran huelga —el aumento salarial, la garantía
horaria y los beneficios sociales— surgieron de las dificultades que
los trabajadores enfrentaron debido a la recesión provocada por la
primera guerra europea. Entre 1913 y 1917, las empresas ferroviarias
suspendieron sus inversiones, redujeron la jornada de trabajo, los
sueldos y jornales y el personal en alrededor del 15% del total.

3
En una referencia aislada sobre las protestas rosarinas de 1917, Ruth Thompson
indicó que las mujeres tendieron a apoyar a sus familiares en los conflictos laborales
ferroviarios, en "Organized Labor in Argentina: The Railway Unions to 1922", D.
Phil thesis (Oxford University, 1978). Sobre la gran huelga, ver GOLBERG, Heidi:
"Railroad Unionization in Argentina, 1912-1929. The Limitations of a Working
Class Alliance", Yale University Ph. D., 1979; GOODWIN, Paul: Los Ferrocarriles
Británicos y la UCR (1916-1930), Buenos Aires, Ediciones La Bastilla, 1974; ROCK,
David: El Radicalismo argentino, 1890-1930, Buenos Aires, Amorrortu, 1977. Para
estudios de esta protesta a nivel regional o de empresa, ver GORDILLO, Mónica: El
movimiento obrero desde el interior del país (1916-1922), Buenos Aires, CEAL,
1988; y PALERMO, Silvana: "The Nation Building Mission: The State-Owned
Railways in Modern Argentina, 1870-1930" State University of New York at Stony
Brook, Ph.D. 2001, cap. VI.
4
Sobre los aportes de la noción de género, ver SCOTT, Joan: Gender and the Politics
of History, Nueva York, Columbia University Press, 1988, pp. 15-27.

92
Mientras las causas socioeconómicas que motivaron la protesta han
sido cuidadosamente analizadas, el contexto cultural en el que los
trabajadores inscribieron sus reclamos, por el contrario, no ha
recibido consideración. La primera sección de este trabajo aborda
este último aspecto al explorar las ideologías de género a partir de
las cuales los trabajadores y sus familiares mujeres concibieron sus
demandas y legitimaron la protesta. Puede afirmarse que los reclamos
de los trabajadores —hombres y mujeres— durante la gran huelga
llevaron implícitos un presupuesto sobre la diferencia sexual que
atribuía a aquéllos el derecho y la obligación de mantener el hogar.5
Sobre la base de la aceptación de la división sexual del trabajo que
asignaba al hombre el papel de jefe del hogar y a la mujer su total
cuidado, los trabajadores y las mujeres justificaron su oposición a la
racionalización empresarial, los pedidos de mejores salarios e
inclusive la militancia femenina. En suma, la gran huelga representó
un momento clave en la construcción del ideal del ferroviario como
hombre proveedor de la seguridad económica de su familia. Con su
activismo, como se demostrará, las mujeres contribuyeron a defender
estas prerrogativas masculinas y a enriquecer el debate sobre los
derechos de la familia obrera en un país democrático.
En cuanto a los modos de acción política, vale recordar que
durante la gran huelga se produjo un desarrollo y expansión de las
organizaciones sindicales, como lo han documentado, en detalle, los
historiadores del movimiento obrero ferroviario. Lo que aquí se
enfatizará, en cambio, es la existencia de una variada gama de
actividades públicas en donde se destacó la participación de la mujer.
El asombro expresado por el editorial de La Vanguardia reflejaba
bien el desconcierto de toda la prensa que insistía en destacar que
mientras los hombres abandonaban el trabajo, las mujeres se
lanzaban a la política en las calles. Paradójicamente, una huelga

5
Para un análisis de las demandas salariales desde la perspectiva de género, ver
FRADER, Laura: "Engendering Work and Wages: The French Labor Movement and
the Family Wage", en Laura FRADER y Sonia ROSE (ed.): Gender and Class in Modern
Europe, Cornell, Cornell University Press, 1996.

93
general en un sector donde trabajaban casi sólo hombres intensificó
la presencia de las mujeres en el ámbito público en el invierno y
primavera de 1917. Ese febril activismo femenino en los barrios y
lugares de trabajo sirvió de complemento a la militancia sindical
masculina. Fue gracias a ambas formas de participación que los
ferroviarios consiguieron llamar la atención de los poderes públicos
y la sociedad, obteniendo considerables logros para su causa.
Que en una protesta moderna, como la primera huelga nacional
ferroviaria, se destaque la militancia femenina contribuye a revisar
interpretaciones que minimizan la presencia de las mujeres en los
conflictos laborales en la sociedad capitalista. A partir de los estudios
sobre los orígenes y formación del movimiento obrero, se ha asumido
que, tras la industrialización, la protesta social tiende a transformarse
en masculina. Por un lado, porque el crecimiento económico permitió
el mejor aprovisionamiento de las ciudades y puso fin a los motines
de subsistencia precapitalistas, protagonizados, por lo general, por
mujeres. Por otra parte, como trabajadoras en la industria moderna,
su participación en la fuerza de trabajo fue restringida en
comparación con los hombres. Incluso, a pesar de su incorporación
al mercado de trabajo, las mujeres fueron marginadas del movimiento
obrero. En síntesis, en las protestas del mundo industrial,
ejemplificadas por las huelgas, las mujeres parecían no tener mayor
protagonismo.6
La literatura sobre trabajadores en Latinoamérica y en
Argentina, en particular, cuestiona, desde hace ya varios años esta
imagen. Vale recordar algunos de los muchos ejemplos. En su estudio
sobre Río de Janeiro, Teresa Meade demuestra que las acciones
colectivas de los sectores populares de mediados del siglo XIX

6
Para una crítica a estos enfoques tradicionales que, al centrarse en la acción sindical
o de los partidos políticos, ignoran la participación femenina, ver K APLAN ,
Temma:"Conciencia femenina y acción colectiva: El caso de Barcelona, 1910-1918",
en James S. AMELANG y Mary NASH (ed.): Historia y Género: Las mujeres en la Europa
Moderna y Contemporánea, Edicions Alfons El Magnanim, 1990, pp. 271-273.

94
enriquecieron las propuestas y repertorios de confrontación de las
primeras huelgas generales. Más que una clara división entre
protestas pre-políticas y sindicales existió continuidad entre ambos
tipos de movimientos. En investigaciones sobre la protesta barrial
en Buenos Aires, se ha documentado el protagonismo de las mujeres
en aquellos conflictos provocados por las condiciones de vida
desfavorables.7 Los estudios sobre mujeres trabajadoras han dado
cuenta, igualmente, de su activa participación en paros industriales.8
Por último, y lo que interesa más aquí, en industrias donde la mano
de obra era predominantemente masculina, las mujeres —según lo
ilustra un estudio reciente sobre los enclaves mineros chilenos—
también se involucraron en los conflictos del mundo del trabajo.9
En efecto, tal como se trata de demostrar a partir del caso de la
gran huelga ferroviaria, que el trabajo sea masculino no significa
que la protesta laboral también lo sea. En este sentido, este estudio,
siguiendo las contribuciones de las investigaciones recientes, propone
revalorizar el papel del activismo femenino en los conflictos sociales
de la Argentina moderna. Un análisis comprensivo de la primera
huelga general de 1917 requiere incluir, entonces, la militancia de
las mujeres y familiares de los ferroviarios.

7
Civilizing Rio: Reform and Resistance in a Brazilian City, 1889-1930, Pennsylvania
State University Press, 1997. SURIANO, Juan: "La huelga de inquilinos de 1907 en
Buenos Aires", en Diego ARMUS (comp.): Sectores populares y vida urbana, Buenos
Aires, 1984.
8
Por ejemplo, sobre las mujeres en la industria textil, ver FANSWORTH DE ALVEAR, Ann:
Dulcinea in the Factory: Myths, Morals, Men, and Women in Colombia’s Industrial
Experiment, 1905-1960, Dirham, Duke University Press, 2000. Para Argentina, v.
LOBATO, Mirta: La vida en las fábricas. Trabajo, protesta y política en una comunidad
obrera, Berisso (1904-1970) y JAMES, Daniel: Doña María’s Story. Life History,
Memory and Political Identity, Durham, Duke University Press, 2001.
9
KLUBOCK,Thomas: Contested Communities. Class, Gender and Politics in Chile’s El
Teniente Copper Mine, 1904-1951, Durham, Duke University Press, 1998. Sobre
Buenos Aires, ver D’ANTONIO, Débora: "Representaciones de genero en la huelga de
la construcción. Buenos Aires, 1935-36", en F. GIL LOZANO, V. PITA, y G. INI (comps.):
Historia de las Mujeres en la Argentina, Buenos Aires, Taurus, 2000.

95
Por supuesto, la "gran huelga ferroviaria" no fue así calificada
en mérito a la extraordinaria presencia de las mujeres en las calles.
Las razones de esta denominación han sido otras. En primer lugar,
se trató de la primera huelga ferroviaria declarada formalmente por
los tres gremios representantes de los ferroviarios: La Fraternidad,
la Federación Obrera Ferrocarrilera y la Asociación Argentina de
Telegrafistas y Empleados Postales. Representó el primer conflicto
de alcance nacional en este sector, donde participaron casi 120000
trabajadores, sin distinción de oficios.10
La segunda característica relevante de este movimiento fue su
duración, pues abarcó el invierno y la primavera de 1917. En lugar
de una huelga general, se trató más de una huelga generalizada.11 El
conflicto se prolongó 24 días. El 24 de septiembre, el comité de huelga
compuesto por representantes de los tres gremios mencionados realizó
la declaración formal. Tras la intervención del ejecutivo, la huelga
terminó oficialmente el 17 de octubre.12 Aunque la dirigencia sindical
tomó el control del movimiento en la primavera, la iniciación del
malestar laboral fue fruto de la decisión de las secciones del interior
al disponer paros parciales a fines de junio en los talleres ferroviarios
de Tafí Viejo (Tucumán) y Pérez (Rosario, Santa Fe). En
consecuencia, el paro general de la primavera se comprende sólo a
la luz de los triunfos de dichas protestas locales del invierno de 1917.
Mientras que en los Ferrocarriles del Estado, el conflicto de Tafí
Viejo se prolongó una semana; en el Ferrocarril Central Argentino,
la protesta de los talleres Pérez terminó dando lugar a un conflicto
de casi dos meses que culminó con una huelga en todo el ferrocarril.
A diferencia de las autoridades estatales, quienes rápidamente
accedieron a los pedidos de sus trabajadores de Tucumán, la gerencia

10
Así lo estiman fuentes sindicales y periodísticas. Ver. CHITTI, Juan B: o. cit., p. 323;
La Época [LE] 18.10.1917 y LV, 4.10.1917.
11
La dinámica de las huelgas generalizadas ha sido bien explicada por PERROT, Michelle:
Workers on Strike, New Haven, Yale University Press, 1987, pp. 86-96.
12
Esta síntesis del conflicto se basa en la información de junio a octubre publicada en
El Obrero Ferroviario [EOF], La Prensa [LP], LE, LV y La Protesta [LPro], además
de la bibliografía indicada en la nota 3.

96
del Central optó por una política de intransigencia.13 A mediados de
junio, los carpinteros y pintores de los talleres Pérez, cercanos a la
ciudad de Rosario, suspendieron sus tareas cuando se les redujeron
los días de trabajo debido a la recesión. Tras sucesivas asambleas, el
3 de julio todo el taller se declaró en huelga. Pasada una semana, al
comprometerse la compañía a reincorporar a los huelguistas y
aumentar la jornada de trabajo a cuatro días por semana, se
normalizó la actividad. No obstante, el ingeniero jefe de talleres
despidió a dos obreros —Casimiro Fernández y Fortunato Polizzi—
militantes acusados de liderar el conflicto. Cuando el 20 de julio los
obreros se enteraron de la represalia, abandonaron sus actividades,
arrojaron piedras a las oficinas de los talleres Pérez y quemaron tres
coches del tren que los conducía de allí a Rosario. A los pocos días,
la empresa decidió cerrar ambos talleres. Las gestiones de los
representantes de La Fraternidad y la Federación Obrera
Ferrocarrilera se multiplicaron, mientras que las comisiones de huelga
intensificaron la propaganda para lograr la adhesión del resto de los
trabajadores, el apoyo del comercio y la sociedad local. El 4 de agosto
los representantes de dichos gremios declararon el paro general en
todo el Central Argentino. Cuando, a mediados de agosto, el Ministro
de Obras Públicas exigió a la compañía que readmitiera a los
huelguistas, de lo contrario no consideraría justificada la interrupción
del tráfico, ésta accedió.14 Claro que, mientras hacia el 18 de agosto
los servicios del Central Argentino comenzaban a normalizarse, se
iniciaban, a la vez, los conflictos en el resto de las compañías.15 Como
puede verse, el malestar laboral ya se había generalizado, antes del
24 de septiembre, fecha de la declaración de la huelga general.
La intervención del Estado en las relaciones laborales constituye
el tercer rasgo destacable de la gran huelga. A fines de julio, el
Ministro de Obras Públicas, Pablo Torello, envió como delegado al
doctor Alejandro Ruzo, jefe de la división legislación del

13
LV, 11.7.1917, 19.7.1917, 20.7.1917, 28.7.1917; 10-11.8.1917.
14
EOF, Julio 1917 y las noticias de junio-agosto publicadas en LV, LPro, LP y LE.
15
LV, 24.7.1917.

97
Departamento Nacional de Trabajo, para averiguar las causas del
conflicto en el Central Argentino y procedió conforme a las directivas
de dicho funcionario. En setiembre, habiendo fracasado la aprobación
de la ley en el congreso, el ejecutivo sancionó, por decreto, la
reglamentación del trabajo ferroviario. A diferencia de los fallidos
intentos en materia de legislación laboral del régimen oligárquico, el
gobierno radical expandió las atribuciones del estado para intervenir
en los conflictos laborales y definir los derechos de los trabajadores
en el mundo del trabajo.16
Por último, la huelga ferroviaria se caracterizó por una
significativa represión estatal y por numerosos incidentes de violencia
entre los huelguistas y aquellos enemigos del movimiento, como, por
ejemplo, "crumiros" y autoridades de las compañías. Se la ha
considerado, por lo tanto, un precedente de la Semana Trágica de
enero de 1919. Aunque el gobierno no decretó el estado de sitio, las
autoridades reforzaron el control policial y de seguridad apenas
iniciado el malestar laboral del invierno a fin de prevenir sabotajes y
defender la libertad de trabajo. Tropas nacionales, de ejercito y
marina, se trasladaron desde fines de julio a Rosario debido a la
huelga del Central Argentino. Como resultado de los enfrentamientos
entre trabajadores y las fuerzas de seguridad, mas de veinte personas
—huelguistas o sus familiares— murieron y cientos resultaron
heridas.17
El conflicto concluyó con las celebraciones de mediados de
octubre tras decretar el gobierno el reglamento de trabajo ferroviario,
permitir un aumento del 10% en los sueldos de hasta 260$ mensuales
y ordenar la reanudación de los servicios. La gran huelga dejaba en
los trabajadores sentimientos ambivalentes —en particular, debido
a la represión— y valiosas lecciones sobre la capacidad de sus

16
Sobre la intervención estatal en la huelga ferroviaria de 1912, ver SURIANO, Juan:
"Estado y conflicto social: el caso de la huelga de maquinistas ferroviarios de 1912",
Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, núm.
4, segundo semestre de 1991.
17
THOMPSON, Ruth: o.cit., p. 126.

98
organizaciones y su relación con el Estado nacional. Para comprender
qué significó la huelga para las mujeres, cabe explorar, en primer
lugar, por qué y cómo las mujeres adhirieron a la protesta.

La militancia femenina por la defensa del hogar proletario

Apenas iniciadas las protestas locales en el interior del país,


muchas mujeres participaron en asambleas donde contribuyeron a
exponer las razones de la lucha. Desde su perspectiva, el conflicto
entre las empresas y los trabajadores o "productores", como gustaban
llamarse, también comprendía a las familias obreras. Las víctimas
de la explotación no eran sólo los trabajadores, sino el hogar
proletario. El 11 de agosto, en una asamblea organizada por las
esposas de los huelguistas de Rosario, que congregó a más de
quinientas mujeres, varias de ellas hicieron uso de la palabra,
manifestando el deseo y la necesidad de que ante la forma en que se
venía desarrollando el movimiento que habían iniciado sus esposos,
participaran ellas del mismo, para procurar con ello imponerse a los
caprichos de los directores del capital ferroviario que sumían en la
miseria a los hogares obreros.18
En una conferencia en el local de La Fraternidad, con idéntica
convicción se expresaba Aída Tarija, quien instó a una audiencia de
alrededor de 4000 mil personas a llevar a sus respectivos hogares y
compañeros, la palabra de aliento para que ellos también, si era
necesario, cooperaran en todo lo que fuera posible y en la medida de
sus fuerzas en la lucha a que sus compañeros se hallan entregados
para que adquieran un triunfo que reflejara sobre la dignidad de
todos los hogares proletarios.19
Puede afirmarse que esta movilización en nombre de la defensa
y dignidad del hogar proletario daba cuenta de la conciencia femenina
de muchos familiares de los ferroviarios. Ésta, como la definió Temma

18
LV, 12.8.1917.
19
LV, 4.8.1917.

99
Kaplan en su estudio pionero sobre la acción colectiva de las mujeres,
"emana de la división del trabajo por sexos, que asigna a las mujeres
la responsabilidad de conservar la vida".20 A partir de sus rutinas
cotidianas centradas en la protección y reproducción familiar, las
mujeres conciben sus obligaciones pero también sus derechos. Es,
por cierto, en la defensa de esos principios que pueden llegar a
movilizarse y organizarse colectivamente.
Merece destacarse, sin embargo, que esta preocupación por el
hogar, no hablaba exclusivamente de una cultura o cosmovisión
femenina. No sólo las mujeres se mostraron proclives a expresar en
el ámbito público las necesidades del mundo doméstico, también los
hombres legitimaban sus demandas en nombre del hogar, sólo que
mientras aquéllas se concebían como las responsables de brindar su
tiempo para trabajar en él, cuidarlo y protegerlo, los segundos
asumían que debían trabajar afuera a fin de obtener un salario con
que garantizar su subsistencia y la de su familia. A principios de
siglo, el ideal del trabajador ferroviario que mantiene a su familia
con sus ingresos —un modelo originado entre las clases medias a
comienzos de la industrialización, que se popularizó entre los
trabajadores a mediados del siglo XIX y se convirtió en dominante
en el mundo capitalista durante la primera guerra mundial—
influenciaba, además de las demandas sindicales, el paternalismo
empresarial y las políticas públicas referidas a las relaciones laborales
en el sector ferroviario.21 De modo que, al movilizarse en defensa
del hogar y en favor de los derechos de sus familiares varones como
trabajadores y jefes de familia, las mujeres se expresaban en un
lenguaje utilizado, también, por las empresas, los ferroviarios y los
funcionarios estatales.
Los programas de beneficios extrasalariales organizados por
las compañías ferroviarias, por ejemplo, claramente asumían que el

20
KAPLAN, Temma: o. cit, p. 267.
21
Sobre los orígenes de este modelo familiar, v. SECCOMBE, Wally: " Patriarchy Stabilized:
the construction of the male breadwinner wage norm in nineteenth-century Britain",
Social History , vol. II, núm. 1, 1986.

100
ferroviario debía proveer a su familia de un mínimo bienestar
material. Para ello las empresas prósperas, como lo eran los
ferrocarriles a principios del siglo XX, podían pagar un salario
respetable y promover, inclusive, una serie de beneficios sociales.
Tal era el caso de la construcción de barrios ferroviarios que ofrecían
alquileres módicos o créditos accesibles para la vivienda y los servicios
de salud, que cubrían tanto al trabajador como a su familia. 22 En
este terreno, las compañías competían con los servicios sociales que
las sociedades de socorros mutuos, asociaciones étnicas o sindicatos
otorgaban a sus miembros. 23 Con estas políticas sociales, las
compañías buscaban generar un vínculo de lealtad en sus trabajadores
que los ligara a la empresa. Implícitamente, reconocían que parte
del compromiso de una compañía moderna era ayudar al trabajador
a cumplir las obligaciones de su género. El mensaje era claro: trabajar
en una empresa ferroviaria brindaba la posibilidad de convertirse
en un buen padre de familia. Como contrapartida, las empresas
esperaban la cooperación y agradecimiento del trabajador y de todos
los miembros del hogar.
En 1917, sin embargo, lejos de mostrarse satisfechos con estas
políticas de bienestar de las compañías, los trabajadores denunciaban
sus carencias. Cuando a causa de la recesión económica, las
compañías restringían sus inversiones, los ferroviarios exigían
servicios de mayor calidad y a costos más reducidos. De hecho, los
programas sociales, al igual que los salarios, se convirtieron en un
tema de confrontación entre trabajadores y empresarios durante la
gran huelga. En Tafí Viejo, por ejemplo, junto a la destitución de un
capataz despótico, los trabajadores incluyeron en su pliego de
condiciones el pedido de un médico diplomado fijo en los talleres,
mejoras en la infraestructura del barrio obrero, rebajas en los

22
Revista Ferroviaria, 8.1906; 4.1907; 1.1907. También ver PALERMO, Silvana: o.
cit., cap. 4.
23
Con respecto a los beneficios sociales de los sindicatos, ver Horowitz, Joel: "Los
trabajadores ferroviarios en la Argentina (1920-1943). La Formación de una elite
obrera", Desarrollo Económico, vol. 25. núm. 99, octubre-diciembre, 1985.

101
alquileres de las casas o reducción en el boleto del tren obrero a
Tucumán para poder residir allí y pago de sueldos del primer al quinto
día de cada mes.24 Los ferroviarios del Central Argentino exigían la
publicación de los balances de la sociedad de socorros mutuos y la
libertad para elegir los médicos y farmacias que desearan. Para
defender a los jefes de familia de la competencia de los menores
pedían que no se contrataran aprendices menores de 16 años,
establecían una escala de sueldo y el compromiso de ascenso a la
categoría de oficial en el quinto año de trabajo.25 En síntesis, los
trabajadores definían sus demandas basándose tanto en la experiencia
del ámbito de la producción como la reproducción. Los pliegos no
sólo incluían pedidos vinculados a mejoras en el espacio laboral,
sino que exigían una serie de beneficios a fin de cumplir sus
responsabilidades como padres de familia. Claro que pocos
ferroviarios lograban alcanzar el ideal del trabajador capaz de
proporcionar el bienestar económico para su familia. El periódico
anarquista La Protesta expresaba dicha frustración, argumentando
que "[…] los movimientos huelguísticos, no son como ellos dicen
(los capitalistas) la labor de ‘agitadores de oficio’ sino el resultado
de las necesidades de los hogares del que todo lo produce [...]. Cuando
en los hogares se ven criaturas que a fuertes gritos piden pan, y más
pan, y cuando el padre sudoroso y cansado, llega a este cuadro y
siente pedir pan, y más pan, le sugiere la impresión de un hierro
candente en los oídos, quemándole los tímpanos". 26
Del mismo modo, los funcionarios estatales asumieron que los
trabajadores ferroviarios debían responsabilizarse por el sustento
del hogar. Por lo tanto, sugirieron a los poderes públicos que el Estado
apoyara a los trabajadores a cumplir con sus legítimas obligaciones
como jefes de familia, tal como la legislación protectora de la
trabajadora buscaba que la mujer cumpliera satisfactoriamente su

24
LP, 25-27.6.1917.
25
LP, 23.9.1917.
26
Lpro, 22.9.1917.

102
misión de madre. Al explicar las causas de la protesta en el Central
Argentino en su informe presentado al Ministro de Obras Públicas,
el doctor Alejandro Ruzo indicó que los trabajadores se solidarizaban
con Polizzi y Fernández, por un lado, por tratarse de un despido
injustificado de dos artesanos de oficio, con años de experiencia en
el taller. No menos importante era, por otro lado, el hecho de que se
trataba de esmerados jefe de familia, una imagen con la cual muchos
obreros se identificaban. Para describir la situación de Polizzi, el
doctor Ruzo no necesitaba mas que mencionar que éste "ganaba un
salario de 35 centavos por hora y mantiene a su esposa y siete
hijos."27
Aunque con un tono diferente al utilizado por las mujeres en las
asambleas o la prensa obrera, el funcionario coincidía en destacar el
impacto negativo que la racionalización empresarial había tenido
sobre las familias de los trabajadores. Durante la crisis económica,
en general, el salario de los oficiales de los talleres se había reducido
a la mitad, aún para aquéllos más calificados que enfrentaban una
menor competencia. De modo tal que en Rosario y Pérez, "un obrero
que gana 39 centavos por hora, que es el salario medio, en 16 días
de labor al mes obtiene 41.02 $ con lo cual debe mantener a su familia,
porque en esta zona las mujeres no tienen ocupación."28
La situación de la familia obrera no podía ser más apremiante.
En las ciudades del interior y los pueblos ferroviarios las
oportunidades de empleo para las mujeres y los jóvenes eran escasas.
Pocos contaban con salarios fijos para complementar los ingresos
del jefe de familia. Inclusive para los jóvenes, con mejores
posibilidades dado que la demanda de trabajo era masculina, las
perspectivas eran pesimistas. El mismo doctor Ruzo señalaba con
preocupación no sólo que el Ferrocarril Central le pagaba muy poco
a los 500 niños que empleaba como aprendices, sino que aún no

27
LE, 15.8.1917.
28
LE, 16.8.1917. El subrayado es mío.

103
había ascendido a ninguno de ellos tras tres años de trabajo. Es decir,
el presupuesto de la familia obrera dependía del salario del hombre,
que desafortunadamente disminuía. No obstante, los gastos en salud,
alquiler y alimentos aumentaban por la carestía. De esos magros
salarios, la empresa deducía el pago de asistencia médica y con
frecuencia las multas por infracciones a los reglamentos. Los
alquileres, según el informe de Ruzo, resultaban tan caros como en
la capital, por lo cual, muchas familias tenían atrasado al menos un
año de sus pagos. Lo mismo ocurría con las deudas por el consumo
de alimentos básicos. A punto tal que, durante la huelga de julio y
agosto, el Centro de Almaceneros de Rosario recomendaba a los
comerciantes del barrio Talleres que abrieran créditos ilimitados a
los trabajadores.
Como lo ilustra este informe, al evaluar las condiciones de vida
del trabajador ferroviario, los funcionarios estatales procedían
influenciados por ideas muy bien definidas respecto a las
responsabilidades que el trabajador de una sociedad moderna debía
cumplir para con su familia. Si la crisis económica o las políticas
empresarias impedían a los ferroviarios el desempeño de esos deberes
correspondía al Estado intervenir y legislar para corregir esas
distorsiones y garantizar la subsistencia del hogar, evitando despidos
de padres de familia injustificados y exigiendo un aumento salarial
en todo el sector ferroviario.
Es evidente que las familiares de los ferroviarios al movilizarse
en el nombre del hogar y defender el derecho de los trabajadores a
mantener a sus familias, respetaban una ideología de género con la
cual empresarios, trabajadores y burocracia estatal también
coincidían. Tras comprobar que en los países occidentales el proceso
de proletarización se asoció a la figura del varón cuyo salario
garantiza la manutención familiar, recientemente algunos
historiadores señalaron que es preciso comprender el papel
desempeñado por las familias y las mujeres en este proceso. Sobre
todo porque, como se sabe, este tipo de organización familiar, que
reasegura el patriarcado doméstico, representa una de las causas
más importantes de la subordinación femenina en la sociedad

104
industrial. 29 Podría pensarse que al defender el hogar proletario, las
familiares de los ferroviarios, en última instancia, favorecieron la
consolidación de un modelo familiar que conducía a su exclusión del
mercado de trabajo y su opresión en el ámbito privado. ¿Al
solidarizarse con los intereses de clase de los ferroviarios, no
comprometían estas mujeres la defensa de sus intereses de género?
Para contestar esta pregunta, las decisiones de estas mujeres de
familias ferroviarias no pueden juzgarse en abstracto sino en el
contexto de condiciones socio-económicas específicas en el marco
del cual optaron por apoyar a sus familiares varones.
En este sentido, es necesario tomar en cuenta su situación como
trabajadoras y sus posibilidades en el mercado de trabajo local. Una
vez más, el informe del doctor Ruzo resulta revelador. Tal como lo
explicara, si las mujeres se encontraban totalmente dedicadas al hogar
no era porque los ingresos de sus familiares varones lo permitían,
sino porque la demanda de empleo femenino era muy escasa. En
1917, la movilización femenina en favor del derecho del trabajador
a ganar un salario para afrontar las necesidades básicas de su familia,
más que probar la expectativa de las mujeres de convertirse en amas
de casa y limitar su incorporación al mercado de trabajo —es decir
la adopción de normas burguesas— revelaba en cambio su
dependencia del salario masculino dada las pocas oportunidades para
las mujeres en la economía local. De hecho, el predominio de hogares
con varones responsables de la manutención familiar —un modelo
que debía dar cuenta de la prosperidad de los trabajadores
industriales— indicaba, en vísperas de la gran huelga, la pobreza de
muchas familias ferroviarias. En suma, el mercado de trabajo local
favorecía la segregación ocupacional de la mujer y su dependencia
de los familiares varones, un hecho que probablemente se agravara,
primero, por tratarse de un país agro-exportador —donde el trabajo
rural y estacional también estaba en manos masculinas— y, segundo,

29
JANSSENS, Angélique: "The Rise and Decline of the Male Breadwinner Family? An
Overview of the Debate," International Review of Social History, núm 42, Supplement,
1997.

105
dada la coyuntura desfavorable provocada por el impacto de la
primera guerra mundial.
Resulta entendible, entonces, que las mujeres se movilizaran
por los derechos del trabajador ferroviario. Lo cual no implicaba
que, junto con esta defensa de las prerrogativas masculinas a un
trabajo mejor remunerado, no intentaran ellas también emplearse,
compartiendo de este modo el mismo universo de preocupaciones
que sus familiares hombres. Que las mujeres se solidarizaran con las
demandas de sus parientes varones no significaba que se concibieran
como amas de casa pero no como trabajadoras. Es probable que
tras la defensa mancomunada de hombres y mujeres por el hogar
proletario existieran también tensas negociaciones en el seno familiar
respecto a cómo garantizar la subsistencia. Quizá, por este motivo,
los trabajadores del taller Tafí Viejo solicitaron la reducción de los
alquileres en Tafí o bien que se los compensara con la reducción del
boleto en el tren obrero para viajar desde Tucumán. Esta alternativa
parecía dar cuenta del calculo económico de una familia que o bien
sacrificaba los ingresos del trabajo de la mujer o los hijos en pos de
vivir en Tafí —un lugar donde seguramente sólo el hombre tenía
trabajo—, o bien demandaba a la empresa otro tipo de concesión,
pero que le brindara al trabajador la posibilidad de vivir en Tucumán,
donde el resto de la familia obtuviera, tal vez, empleo. Evidentemente,
aún en el marco de importantes limitaciones socio-económicas y
culturales, el comprometerse con la defensa del hogar y los intereses
de sus familiares varones no les impedía a las mujeres contemplar
sus propias opciones, sobre todo cuando, al parecer, la mayoría de
ellas también debía trabajar para mantener el hogar.

Las mujeres como organizadoras de la protesta

Durante la gran huelga, muchas mujeres tomaron la iniciativa


en todo lo relacionado a la organización de la protesta. Como se
mencionara, asistieron con entusiasmo a los eventos públicos e
inclusive figuraron entre los oradores de las asambleas. En general,
se las convocó especialmente a las actividades organizadas por los
sindicatos ferroviarios, tal como lo hacía la circular de la comisión

106
de la Federación Obrera Ferroviaria de Alianza que invitaba "a los
trabajadores del riel y sus compañeras a la gran conferencia pública"
en la estación de Santos Lugares, para escuchar, el domingo por la
tarde, disertaciones sobre temas de actualidad. 30 El 11 de agosto en
Rosario, "4000 obreros y 1000 obreras acogieron con aplausos la
declaración de la huelga general". Tras los discursos de los delegados
del Consejo Federal de la Federación Obrera Ferrocarrilera, varias
mujeres hablaron a los asambleístas.31 Igualmente, a las reuniones
de los comités de huelgas concurrían familiares, como en el caso de
Avellaneda, donde entre los 120 asistentes había varias mujeres y
niños.32
También las mujeres organizaron actos y manifestaciones
independientes. En el salón Ariossi, frente a los talleres en Rosario,
el 12 de agosto se reunieron cerca de mil mujeres para escuchar a
las obreras Felisa Romani y Emma Rola, quienes "señalaron la
necesidad de intensificar la propaganda".33 Para demostrar que la
huelga se mantenía firme, La Vanguardia informó que en San Martín,
provincia de Buenos Aires, "las mujeres dieron también ayer la nota
simpática y altiva, presentándose espontáneamente medio centenar
de ellas en el local de La Fraternidad, pidiendo se organizara una
manifestación con el propósito de exteriorizar públicamente la
adhesión del elemento femenino al movimiento de huelga".34
Cuando sobre este acto, el corresponsal de La Protesta afirmaba
que reinaba en todas partes "gran entusiasmo", no se equivocaba.
La exitosa demostración contó con la presencia de 2000 personas,
convirtiéndose en una de la más importante realizadas en dicha
localidad.35 Lo mismo ocurrió en el pueblo ferroviario de Junín, donde
una manifestación que reunió 1200 mujeres recibió la atención de la

30
Lpro, 16.9.1917.
31
LV, 12.8.1917.
32
LE, 28.9.1917.
33
LV, 13-8.1917.
34
LV, 17.8.1917.
35
Lpro, 16.8.1917.

107
prensa, que destacó que "varias usaron de las palabras" y recorrieron
las calles "vitoreando a la huelga".36
Quizá aún más llamativa que la presencia de mujeres y familiares
en actos públicos, resulte su militancia para hacer efectiva la protesta.
La complejidad del mundo del trabajo ferroviario exige que las
actividades se realicen en diferentes lugares: talleres, estaciones,
depósitos de locomotoras, oficinas. Paralizar el trabajo en todos los
departamentos no resultaba sencillo. Los huelguistas debían
convencer a los indecisos y evitar que los rompehuelgas o "crumiros"
pudieran trabajar. Para impedir el funcionamiento de los servicios
apelaron al sabotaje contra la propiedad de las compañías y a
diversos tipos de demostraciones para obstaculizar el tráfico. Aunque
a primera vista, las actividades de los huelguistas puedan parecer
espontáneas, lo cierto es que para tener éxito debieron contar con
un mínimo de planificación al menos en el ámbito familiar y barrial.
La militancia femenina facilitó la propaganda entre las familias
de quienes no adherían al movimiento. Apenas iniciada la huelga en
Rosario, se constituyó un comité de mujeres de huelguistas con el fin
de convencer a las demás para que instaran a sus esposos a que
abandonaran el trabajo.37 A medida que se prolongaba el conflicto,
ya unas ciento veinte esposas de obreros nombraron comisiones para
continuar visitando las casas de los indecisos.38 En esos encuentros,
el límite entre la persuasión y la intimidación fue fácil de traspasar.
Desde el inicio de las protestas locales florecieron las denuncias de
amenazas contra aquellas familias y trabajadores que no adherían.39
De hecho, las mujeres además de protagonistas fueron víctimas de
la protesta. Las familias de los superiores se encontraban entre los
principales blancos de la animosidad de los huelguistas, dada las
ambivalencias de ingenieros, administrativos y jefes de estación frente
al conflicto. Aunque algunos intentaron sumar sus propias demandas

36
LE, 1.10.1917; LPro, 2.10.1917.
37
LOO, 1.8.1917.
38
LV, 11.8.1917.
39
Loro, 15.8.1917.

108
a los pliegos de condiciones, sus compromisos con las empresas y su
responsabilidad por la seguridad de los bienes los obligaba a
mantenerse en los lugares de trabajo. Las intimidaciones no se
hicieron esperar. Atemorizada, la gerencia de la empresa Central de
Buenos Aires hacía saber que "los huelguistas siguen amenazando
con represalias a las esposas del personal en servicio". 40 En el
Ferrocarril Pacífico, a la señora de Anchordazi, un jefe de estación,
la habían amenazado con incendiar el edificio si este empleado no se
plegaba a la huelga.41
Las militantes, merece notarse, no interpelaron sólo a las mujeres
sino también a los ferroviarios que continuaban trabajando. A su
activismo en los hogares y en el seno de las redes barriales femeninas,
sumaron una intensa propaganda en los lugares de trabajo. Para
intimidar al personal leal a las empresas, manifestaban en grupo, en
varias ocasiones armadas con palos, o bien hacían circular rumores
amenazantes. Por ejemplo, huelguistas del Ferrocarril Central
Córdoba exigieron a tres obreros de un galpón, que abandonaran su
trabajo. Ante su negativa y la de las autoridades, "acudió una
manifestación femenina para afianzar la exigencia entre gritos
hostiles a la empresa". 42 Como consecuencia, los huelguistas se
aglomeraron y la policía respondió con disparos dejando como saldo
cuatro heridos. Una noticia de la misma compañía indicaba que el
señor Davas, inspector de telégrafos, había sido agredido por varias
mujeres huelguistas.43 En la línea de la Compañía General, cuando
unas mujeres intentaban convencer de plegarse al movimiento a dos
"crumiros" que oficiaban de señaleros, fueron atropelladas por el
escuadrón a cargo y para defenderse, ellas "repelieron la acción a
pedradas".44 Debido al intenso patrullaje de las tropas custodiando
la propiedad de las empresas, era frecuente que las mujeres, en estos

40
LP, 27.9.1917.
41
LE, 25.9.1917.
42
LP, 25.9.1917.
43
LP, 27.9.1917.
44
LPro y LV, 22.9.1917.

109
casos, se enfrentaran con las autoridades de las compañías y las
fuerzas de seguridad.
Otras estrategias familiares, donde las mujeres adquirieron
protagonismo, fueron las ocupaciones de estaciones y las
manifestaciones para impedir la circulación de los trenes. Para
entorpecer el trabajo de los "crumiros" y ganar la atención del
público, los huelguistas de los Ferrocarriles del Estado se instalaron
en la principal estación del Central Norte, en Santa Fe y la de
Ledesma, Jujuy, desde donde fueron pacíficamente desalojados.45 Con
más frecuencia, se organizaron demostraciones para obstaculizar el
tránsito, un método que resultó de suma eficacia. En Santa Rosa, La
Pampa, mujeres y niños se acostaron sobre los rieles para evitar que
el tren donde viajaba el gobernador interino arribara a General Pico,
forzándolo a llegar a la ciudad a pie.46 Igualmente, un tren lechero
que se aproximaba a Liniers fue amenazado por unos mil huelguistas
"acompañados por mujeres y niños", quienes impidieron su arribo
destrozando las vías que conducían a la estación.47 Al menos en el
invierno, durante las protestas parciales, la presencia masiva de las
familias en las marchas rindió frutos. No obstante, ésta no fue
suficiente para impedir la represión, una vez que la huelga general
fue declarada formalmente. A fines de septiembre, San Francisco de
Córdoba, Rosario y Villa Mercedes lamentaron víctimas por los
enfrentamientos con las tropas, mientras que, en octubre, episodios
similares se vivieron en Tafí Viejo y Lanús, donde murieron varios
trabajadores.48
Cabe destacar aquí los incidentes en la ciudad de Mendoza donde
dos mujeres fallecieron a causa de la represión. El 25 de setiembre,
cerca de la ciudad capital de esta provincia, una manifestación
organizada por La Fraternidad "encabezada por varias mujeres, con

45
LP, 8.10.1917 y 12.10.1917.
46
LP, 1.10.1917.
47
LE, 10.10.1917; LP, 10-11.10.1917.
48
LP 22.9.1917; LPro 22.9.1917, LE 22.9.1917; LP 26.9.1917; LP 8.10.1917; LP
12-14.10.1917.

110
banderas rojas, seguidas de un grupo de 400 obreros" marchó a la
estación gritando y destruyendo señales, para evitar la salida de un
tren. Mientras que los diarios nacionales, La Prensa y La Época,
informan que los manifestantes atacaron al capitán de infantería
primero con una piedra y luego con una serie de balazos; la prensa
obrera, en cambio, argumenta que los oficiales dispararon sus armas
frente a una manifestación de trabajadores indefensos.49 En cualquier
caso, tras el tiroteo, cayeron muertas dos mujeres: Josefina Brandano
de Gómez, de 23 años argentina y Adela Montaña, de quien no se
detalló más información que su nombre. Entre los 16 manifestantes
heridos, también fueron trasladadas a la asistencia pública dos
mujeres españolas, Eudosia Rojas y Rosalía Pérez y dos argentinas,
Mercedes de Lezcano y Esther Lidia Jiménez de 19 años. De algunas
de ellas sólo sabemos que eran jóvenes y que un par estaban casadas,
por incluirse los apellidos de sus esposos.
La ciudad de Mendoza se paralizó por el duelo. El imponente
ritual fúnebre perseguía como objetivo ganar la adhesión de la
sociedad local y condenar la represión estatal. En este evento, una
vez más la prensa destacó la presencia de las mujeres. La Federación
exigió la reapertura de sus locales, clausurados a raíz del episodio
para velar allí a las trabajadoras. El gobernador debió acceder. El
27 de setiembre, una multitud se reunió para acompañar el sepelio y
escuchar los responsos de despedida, algunos de los cuales estuvieron
a cargo de obreras, compañeras de las víctimas.50
Esta síntesis de las múltiples formas de movilización de los
ferroviarios y sus familiares mujeres durante la gran huelga indica
que los huelguistas planeaban de forma conciente cómo organizarse
para hacer más eficaz la protesta. Es evidente que la eficacia
dependía, en gran medida, de la participación de la mujer. Se ha
argumentado que la violencia que caracterizó a la gran huelga se
debió a la baja organización de los huelguistas pero también a la

49
LOO, 4.10.1917; Lpro, 27.9.1917; LV, 27.9.1917.
50
LOO, 4.10.1917.

111
agitación de militantes anarquistas, instigadores del sabotaje.51 La
evidencia de los modos de propaganda, las ocupaciones y
demostraciones —que, en ocasiones, incluían ataques a la propiedad
de las empresas e impedían la libertad de trabajo— sugiere que la
tensión social y la represión estatal no pueden atribuirse a dichos
factores. En primer lugar, demostraciones, como las detalladas,
revelan que la presencia masiva de jóvenes y familiares no puede
asociarse con desorganización. De hecho, los testigos y protagonistas
del conflicto no lo interpretaban así. Según el diario La Época, la
presencia de mujeres y niños para evitar el funcionamiento de los
trenes constituía "una táctica utilizada por los huelguistas". El
comentario no parecía desacertado, a pesar de sus tonos
condenatorios. Sobre la manifestación de Mendoza, las autoridades
de La Fraternidad explicaron que "se había resuelto encabezarla
con las mujeres de los huelguistas para que éstas obligaran a las
demás familias a hacer causa común con las otras obreras".52 Como
puede verse, no eran, en modo alguno, irrupciones de malestar
descontroladas. Las demostraciones estaban deliberadamente
coordinadas con el propósito de que la presencia de sus familias
sirviera para generar la adhesión de los indecisos y de otros sectores
sociales, al hacer evidente la honorabilidad de los huelguistas y la
justicia de sus reclamos.
En segundo lugar, cabe aclarar que tampoco el entusiasmo por
la acción directa puede identificarse, exclusivamente, con la militancia
anarquista masculina. En lo que respecta a los ataques contra la
propiedad de las empresas, la presencia de las mujeres dependió de
los métodos utilizados, pero de ningún modo estuvo ausente. Una
táctica empleada con frecuencia, aunque —en general— en manos
de los ferroviarios, fueron los cortes de hilos telegráficos, la voladura
de puentes y rotura de alcantarillas. No existen referencias sobre la
cooperación de las mujeres en la fabricación y uso de bombas caseras.

51
ROCK, David: o. cit., p. 152.
52
LP, 26.9.1917.

112
En cambio, al menos una mujer, Marina Villegas, fue detenida como
incendiaria entre otros trabajadores responsables de prenderle fuego
a un tren local de Gálvez, siendo liberada a los pocos días por el juez
federal a cargo de la causa.53 La colaboración femenina siempre se
incrementaba en actividades a cargo de grupos más numerosos como
la destrucción de señales, casillas o vías, y las cuantiosas ocasiones
en que los huelguistas y sus familiares arrojaban piedras a los trenes
que transportaban rompehuelgas o personal para supervisar y
reparar los daños ocasionados por los huelguistas.
Tras documentar la extraordinaria militancia femenina parecería
innecesario indagar si ellas apoyaron la vuelta al trabajo, tras la
represión y la intervención presidencial. No obstante, es una cuestión
que debe considerarse para evitar simplificar las posiciones de las
mujeres frente al conflicto. Naturalmente, no todas las familiares de
ferroviarios fueron militantes. Más aún, de hecho, algunas mujeres
demostraron también una inusitada firmeza para proteger a sus
familiares rompehuelgas. Tal fue el caso, aunque quizá demasiado
extremo, de la esposa de un "crumiro" que disparó contra un
huelguista de la Federación Obrera de Caballito por intentar disuadir
a su esposo para que abandonara el trabajo. 54 Lo que interesa
subrayarse aquí, sin embargo, es que aún reconociendo la diversidad
de posiciones individuales, quienes se movilizaron en el espacio
público fueron aquellas mujeres que apoyaban la huelga. Aquellas
que quisieron expresar su temor, oposición o crítica pueden haberlo
hecho en forma privada, pero no existieron acciones colectivas
femeninas orientadas a poner fin al conflicto. Cuando las mujeres
actuaron juntas, dentro de instituciones masculinas o bien organizando
sus propios eventos y asociaciones, lo hicieron para expresar, de las
mas variadas maneras, su solidaridad con la huelga.
Dado su sostenido compromiso no es casual que las mujeres
compartieran las celebraciones por el fin del conflicto. Los actos por
los triunfos de las protestas parciales en el Ferrocarril del Estado y

53
Loro, 14 y 17.8.1917.
54
LV, 27.9.1917.

113
el Central Argentino se convirtieron en fiestas comunitarias y
familiares. El 3 de julio, tras conocerse la aceptación de las demandas
obreras por parte de las autoridades, los trabajadores de Tucumán
se trasladaron a pie a Tafí Viejo y salieron al camino a esperar los
obreros de dicho taller acompañados de las mujeres y los niños.55 En
Rosario, las festividades comenzaron con una manifestación
femenina, que desde las seis de la mañana recorrió varias cuadras
de la ciudad hasta llegar al cruce donde los obreros del taller Pérez
tomaban el tren. Una vez que los despidieron, media hora más tarde,
se dirigieron a las puertas del taller de Rosario para saludar a los
que recomenzaban el trabajo allí. 56 Incluso otras localidades
brindaban su reconocimiento a la militancia femenina. En la asamblea
de Victoria, una estación cercana a Tigre del Ferrocarril Central
Argentino, para celebrar el fin de la protesta de agosto, "se dieron
vivas a Polizzi y Fernández [los dos trabajadores injustamente
despedidos], a La Fraternidad y a la Federación Obrera
Ferrocarrilera, a las mujeres de Rosario,y a todos los compañeros
de la sección Victoria."57
La resolución de la huelga no trajo aparejado el fin de las
actividades políticas de las familiares, aún cuando la militancia
sindical masculina declinara al volver los obreros al trabajo. La
liberación de los presos, por ejemplo, continuaba siendo motivo de
preocupación familiar. Colectiva o individualmente, también las
mujeres asumieron estas tareas. En Santa Fe, las compañeras de los
obreros ferroviarios organizaron el comité femenino "Luisa Michel"
encargado, además de hacer propaganda durante la huelga, de
reclamar la liberación de los presos políticos.58 Aquellas que sabían
escribir, podían continuar agitando esta causa en la prensa, como
Libertad Ferrini, quien desde General Pico, comunicaba al periódico
anarquista La Obra que, su padre el compañero Juan Ferrini,
conjuntamente con algunos menores y otros camaradas ha sido preso

55
LV, 3.7.1917.
56
LP, 19.8.1917.
57
La cursiva es mía.
58
LPro., 20.9.1917.

114
y conducido a la cárcel en Santa Rosa de Toay, bajo la acusación de
haber escrito un manifiesto durante la última huelga ferroviaria.59
En síntesis, no cabe duda que durante la gran huelga, los
ferroviarios contaron con la sostenida colaboración de sus familiares
mujeres, quienes encontraron en el conflicto una oportunidad
privilegiada para participar en la protesta social y hacer política.

Los legados de la gran huelga para las mujeres: la conciencia práctica


de las militantes

Tras varios meses de movilización y agitación en el invierno y


la primavera de 1917, las mujeres obtuvieron una valiosa experiencia
política, que muy probablemente afectó su conciencia e identidad.
El análisis del lenguaje y las acciones de muchas de las participantes
sugiere que, en muchos de estos casos, su conciencia femenina y
solidaridad de clase parecían reforzarse mutuamente. Desde la
perspectiva de muchas de estas militantes, una buena esposa, madre
o familiar de un ferroviario debía participar para proteger los intereses
de los trabajadores. Así lo entendía la esposa del ferroviario Siccardi,
quien en la manifestación en San Martín, Buenos Aires, pidió a las
"madres, esposas y hermanas de los huelguistas" que contribuyeran
con sus familiares "en defensa del pan de sus hogares".60 Inclusive,
al expresarse en estos términos, las mujeres justificaban su
incorporación a la política, un ámbito predominantemente masculino,
sin cuestionar abiertamente los criterios que justificaban su exclusión.
En el nombre de la solidaridad con los trabajadores y sus familias,
ellas confiaban que aún asistiendo a asambleas, organizando
demostraciones, o manifestando en las calles no menoscabarían su
dignidad femenina y maternal. Por el contrario, en tales
circunstancias excepcionales, ésta parecía la única manera de realizar
el deber ser femenino. Si, siguiendo a Mirta Lobato, el concepto de

59
La Obra, núm. 11, 11.1917.
60
LV, 17.8.1917.

115
necesidad servía a las mujeres trabajadoras para justificar su ingreso
al trabajo asalariado fuera del hogar, como lo expresan algunas
mujeres durante la huelga ferroviaria, también este argumento les
permitía salvar las contradicciones que surgían cuando se lo dejaba
para hacer política.61
El problema consiste, como se anticipó en la primera parte, en
que la aceptación del principio de la división del sexual del trabajo,
sobre el que se basa la conciencia femenina podía articularse con la
defensa de un modelo familiar que ha sido definido como patriarcado
doméstico. Este sistema familiar daba al hombre autoridad para
hablar por el bienestar de la familia y la comunidad, ejercer la
supervisión del trabajo de los miembros de la familia, la custodia
sobre los hijos y su educación. Asimismo, le garantizaba los derechos
a la propiedad y bienes de consumo durables, puesto que el era quien
procuraba los ingresos. Su esfuerzo fuera del hogar lo liberaba de
las ocupaciones domésticas, por lo que para el hombre la casa
representaba un espacio de descanso y recreación. Por último,
también contaba con la prerrogativa a la fidelidad de la mujer para
asegurar sus derechos de paternidad.62 Es necesario indagar, entonces,
si existieron discrepancias entre la conciencia de las mujeres y el
ideal de organización familiar que atribuía al hombre trabajador el
goce de todos estos derechos.
Es posible que el concepto estructuras de sentimiento propuesto
por Raymond Williams —que alude a aquellos significados y valores
tal como son vividos, pero que no cristalizan en una cosmovisión
sistemática y formal—, sirva aquí para dar cuenta de cómo se
manifestaban tales disidencias, las que —por mínimas o
insignificantes que sean— transparentan la complejidad de la
subjetividad de las militantes.63 Que las mujeres defendieran un ideal

61
LOBATO, Mirta:"Lenguaje laboral y de género en el trabajo industrial: primera
mitad del siglo XX," en F. GIL LOZANO, C. PITA, y G. INI (comp.): o. cit, pp. 100-01.
62
SECCOMBE, Wally: o. cit, pp. 8-59.
63
WILLIAMS, Raymond: Marxismo y Literatura, Barcelona, Ediciones Península, 1977,
pp. 150-58.

116
familiar, donde el hombre era el jefe de la familia, no implicaba que,
en la práctica —mediante su lenguaje y acciones— expresaran
sentimientos y experiencias para los cuales los principios formales
de la ideología que concibe al trabajador como único sujeto con
derechos en el ámbito público y poder en el espacio privado no ofrecía
términos posibles. Es decir, por un lado, la conciencia femenina de
estas militantes no puede ser entendida, como se ha mencionado en
la primera sección, sin referirse a la ideología del trabajador como
proveedor del bienestar familiar. Por otro lado, es preciso reconocer
que la identidad de las mujeres trabajadoras no puede ser totalmente
reducida a los supuestos básicos de la ideología formal. De hecho,
existía una tensión entre el modelo ideal formalizado y las vivencias
de las mujeres. Esas disidencias, sin embargo, no constituían un
contra-discurso, que articulara una crítica radical al patriarcado
doméstico, es decir el germen de una conciencia feminista. Como lo
explica Williams, la relación entre la conciencia práctica y la ideología
formal es compleja. Esa tensión revela sólo un malestar, un
desplazamiento de una cosmovisión que es aceptada, en teoría, sin
contradicciones, pero vivida, en cambio, con ambivalencias.
En primer lugar, merece mencionarse que para justificar su
presencia en los eventos públicos, las mujeres no se refirieron
solamente a las necesidades del hogar, sino que también manifestaron
su interés personal por hacer política. Tal como lo explicaba la
oradora en la asamblea de Rosario, citada al comienzo, las mujeres
manifestaban el deseo y la necesidad de participar. En su estilo de
participación, asimismo, ellas no reprodujeron en el ámbito público
los roles del ámbito privado. Actuaron en pie de igualdad con los
hombres: tomaron la palabra en las asambleas, hicieron propaganda,
organizaron sus propios actos, participaron en las demostraciones y
manifestaciones. 64 No hay evidencia que demuestre que sólo

64
Sobre el papel de las mujeres como asistentes, ver PENN LASKY, Marjorie: "Where I
was a person: The Ladies ‘Auxiliary in the 1934 Minneapolis Teamsters’ Strikes," en
Ruth MILKMAN (ed.): Women, Work and Protest. A Century of US Women’s Labor
History, Boston, Routledge, 1985.

117
cumplieron tareas de auxiliares, como ordenar los locales sindicales
o hacer la comida en las ollas populares. Por el contrario, lo que más
llamaba la atención de la prensa era su visibilidad en todos los
lugares, inclusive en los espacios de trabajo. En suma, algunas mujeres
además de arrogarse el derecho de hablar por la comunidad y por
sus familias —es decir de hacer lo que, de acuerdo al modelo
patriarcal, correspondía sólo a los hombres— pudieron expresar que
lo hacían, en parte, porque lo deseaban.
Por cierto, ese deseo y voluntad personal que las movió durante
la gran huelga, hizo que muchas mujeres ampliaran sus
conocimientos sobre la cuestión social, adquirieran experiencia
política y capacidad para plantear sus propias reivindicaciones como
trabajadoras y mujeres. Vale notar que dada la nutrida asistencia de
mujeres y niños a las conferencias, algunos oradores decidieron
referirse a cuestiones que afectaban específicamente a las mujeres y
los jóvenes. Siberiano Domínguez, representante de la FORA del V
Congreso ante una concurrencia de familias en Mechita, una estación
cercana a Bragado, tras condenar las leyes de residencia y defensa
social, encontró pertinente destacar la ineficacia de las leyes
protectoras de la mujer y el niño.65 Al fundarse la Federación Obrera
Local Santafecina con la adhesión de 17 sociedades de resistencia,
entre las que sobresalía la Federación Obrera Ferrocarrilera Local,
también se encontraba una sociedad de resistencia femenina, que
contaba con 200 socias.66 Es preciso reconocer, inclusive, que algunas
mujeres aportaron su propia experiencia gremial a la movilización
de los ferroviarios. En particular, las que eran militantes reconocidas,
como Emma Rola, primero socialista y luego integrante del partido
Comunista o Felisa Romani, una joven de 24 años, reconocida por
su fogosa oratoria. Más aún, muchas de quienes desconocemos sus
nombres, contaban con alguna experiencia sindical. Al recordar el
activismo femenino en Rosario, el dirigente comunista Florindo

65
Lpro, 8.9.1917.
66
LPro., 20.9.1917.

118
Moretti, de familia ferroviaria y residente por entonces en aquella
ciudad, notaba que muchas mujeres recogían la tradición de
organización y movilización barrial de los conflictos laborales de
principios de siglo.67
En segundo lugar, cabe destacar que algunas mujeres utilizaron
el espacio público para denunciar la discriminación social que sufrían
en tanto mujeres. En la asamblea celebrada tras el triunfo de la huelga
del Central Argentino en Rosario, luego de los líderes de La
Fraternidad y La Federación Obrera, se dirigieron a la audiencia
dos mujeres y al referirse a la acción femenina afirmaron que "si los
obreros se preocuparan de instruir a sus esposas e hijas, éstas en
todos los momentos habrían de secundar a sus esposos y padres."68
Tal alusión a la educación femenina quedaba subordinaba a la
preocupación por una causa ulterior: el éxito de los trabajadores.
Sin expresar el más mínimo antagonismo entre los sexos y con el
fundamento explícito de contribuir al triunfo de sus familiares
varones, estaban, de hecho, reclamando por una causa propia. Ante
casi 5000 obreros, estas oradoras se manifestaron sobre la educación
de las mujeres, una atribución que, en teoría, poseían los jefes de
familia. De hecho, algunos ferroviarios juzgaban esta cuestión desde
una perspectiva patriarcal. Así lo ilustra el pedido —incluido en el
pliego de condiciones presentado por los trabajadores de los talleres
del Central Argentino— de un salario mínimo para los aprendices y
la instalación de una escuela técnica gratuita. Para los ferroviarios,
el bienestar de la familia obrera se defendía reclamando mejoras
salariales para los adultos y educación para los niños a fin de que
adquirieran un oficio, que les asegurara trabajo y un salario digno
con el cual contribuir a la familia y, eventualmente, conformar la
propia. Para sus esposas, en cambio, la defensa del hogar proletario
incluía el derecho de las mujeres a capacitarse.

67
LOZZA, Arturo M.: Tiempo de Huelgas. Los apasionados relatos del campesino y
ferroviario Florindo Moretti, Buenos Aires, Anteo, 1985, p. 163.
68
LP, 19.8.1917.

119
Por último, podría argumentarse que la gran huelga trajo
aparejado un relajamiento de las rutinas diarias tanto en mundo del
trabajo como en el hogar. Durante varios días, los ferroviarios
pasaron, quizá, más tiempo en sus casas, aún cuando se ocuparan
de la militancia sindical. Algunas mujeres, por el contrario, pudieron
haber estado más fuera de sus hogares, asistiendo u organizando
diferentes eventos públicos. La anormalidad no radicaría en que la
mujer saliera, puesto que probablemente muchas de ellas debían
trabajar para sobrevivir. Lo novedoso era que mientras los hombres
estaban desocupados, las mujeres se ocupaban con sus actividades
políticas. Es difícil saber hasta qué punto estas alteraciones generaban
conflictos y disputas dentro de la familia. La crítica pública que recibía
la participación femenina, inclusive por las propias fuerzas de
izquierda, hace sospechar que los hombres temían que la participación
de la mujer acarreara una transformación en la división del trabajo,
que amenazara sus prerrogativas patriarcales. Mientras que los
trabajadores y militantes de izquierda elogiaron el activismo femenino
puesto que los beneficiaba, como hombres, en cambio, condenaron
dicha participación cuando los obligaba a dedicarse a tareas que
consideraban exclusiva responsabilidad de la mujer. En 1919, el
periódico anarquista La Protesta insistía en recordar que ante todo
las mujeres debían comprometerse con el hogar y no con la política:
"En dos sitios al mismo tiempo es imposible encontrarse. [...] Si la
hembra quiere salir a la calle, el macho debe quedarse forzosamente
en la casa [...] sino, ¿quien cuida el hogar y para qué un hombre se
une a una compañera si esta experimenta mas predilección por un
garrote que por la eficaz escoba?"69
En verdad, durante la gran huelga, muchas mujeres se pasearon
con sus compañeras por los barrios "palo en mano" o amenazando
con "garrotes" a quienes no adherían al movimiento. Tanto los
principales diarios nacionales como la prensa obrera utilizaron con
frecuencia esta imagen para describir el fervor de la propaganda

69
Citado en LOBATO, Mirta: o. cit., p. 104.

120
femenina. Sólo puede especularse si las mujeres abandonaron sus
obligaciones domésticas por su militancia o más bien intentaron
cumplir en la medida de lo posible con ambas. Lo que sí puede
demostrarse es que los ferroviarios militantes consideraban las tareas
del hogar, actividades indignas de su sexo, como lo prueba el hecho
de que para castigar a los crumiros se los obligaba a barrer o hacer
la limpieza de los locales sindicales. En Gálvez, Santa Fe, por ejemplo,
un sereno, que custodiaba los depósitos de vía y obras, fue llevado a
la fuerza por un grupo de 40 huelguistas al local de la Federación
para que lavara los vidrios y el piso.70

En conclusión, durante la gran huelga ferroviaria, muchas


mujeres tomaron conciencia de que, en nombre de su compromiso
con la familia y la causa de los trabajadores, antes que limitarse a
cumplir con su tradicional papel de amas de casa, podían involucrarse
en la protesta. Como resultado, obtuvieron una valiosa experiencia
de participación política. Sus actividades públicas acarrearon, sin
duda, alteraciones en el territorio privado. Hombres y mujeres se
movilizaron por la defensa del hogar proletario, coincidiendo en
aceptar como natural la división sexual del trabajo y definiendo sus
derechos en consecuencia. No obstante, como se ha visto, tras este
acuerdo, sus expectativas sobre el lugar y las posibilidades que el
hogar podía brindarle a cada uno de ellos pueden haber sido
diferentes. Tras colaborar con la lucha por los derechos del trabajador
a mantener a sus familias, algunas mujeres podían presumir que, a
su turno, todos los miembros del hogar —no sólo los hombres—
contarían con apoyo familiar para demandar y realizar sus propias
aspiraciones. Al sumarse a la protesta durante la gran huelga en
nombre de la solidaridad con los de su clase, algunas de las mujeres
que reclamaban con entusiasmo por las necesidades del hogar,
lograron también expresar necesidades propias y ensayar estilos de
vida de acuerdo a sus anhelos de integración social —fuera y dentro
del hogar— en términos más igualitarios.

70
LP, 16.8.1917

121

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