Biografia
Santo Tomás de Aquino
Nació en 1225 en Roccasecca, Italia y falleció el 7 de marzo de 1274, Teólogo y filósofo
italiano. Máximo representante de la filosofía escolástica medieval, abordó brillantemente una
profunda y perdurable reformulación de la teología cristiana, que apenas había recibido
aportaciones relevantes desde los tiempos de San Agustín de Hipona, es decir, durante los ocho
siglos anteriores.
Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en
Montecassino, en cuyo monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera
eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y teología y
entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores. En 1243 manifestó su deseo de
ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso firmemente, e incluso su madre consiguió el
permiso de Federico II para que sus dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a
Tomás. Ello ocurrió en Acquapendente en mayo de 1244, y el santo permaneció retenido en el
castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras una queja de Juan el Teutónico, general de los
dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en libertad. Luego se le
permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que obtuvo el
título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de San Alberto Magno, con quien entabló una duradera
amistad. Les unía -además del hecho de pertenecer ambos a la Orden dominica- una visión
abierta y tolerante, aunque no exenta de crítica, del nuevo saber grecoárabe, que por aquellas
fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura occidentales. Tras
doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los dominicos, tarea que compatibilizó con
la redacción de sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica
mayoritaria, derivada de las enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al servicio de la corte pontificia en
calidad de instructor y consultor del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos
años redactó varios comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los
gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y teologías presentes a lo largo de
la historia, e inició la redacción de su obra capital, la Suma Teológica, en la que estuvo ocupado
entre 1267 y 1274 y que representa el compendio último de todo su pensamiento.
Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida en el
pensamiento cristiano por el averroísmo, interpretación del
pensamiento aristotélico que arranca del filósofo
árabe Averroes (1126-1198). El averroísmo resaltaba la
independencia del entendimiento guiado por los sentidos y
planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la
contradicción de las verdades del entendimiento y las de la
revelación.
En oposición a esta tesis, defendida en la Universidad de
París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de que
ambas fueran compatibles, pues, procediendo de Dios, no
podrían entrar en contradicción; ambas verdades debían ser, además, complementarias, de
modo que las de orden sobrenatural debían ser conocidas por revelación, mientras que las de
orden natural serían accesibles por el entendimiento; filosofía y teología son, por tanto, distintas
y complementarias, siendo ambas racionales, pues la teología deduce racionalmente a partir de
las premisas reveladas.
A medio camino entre el espiritualismo agustiniano y el naturalismo emergente del averroísmo,
defendió un realismo moderado, para el cual los universales (los conceptos abstractos) existen
fundamentalmente in re (en las cosas) y sólo formalmente post rem (en el entendimiento). En
último término, Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la revalorización del mundo
material que se vivía en Occidente con los dogmas del cristianismo, a través de una inteligente
y bien trabada interpretación de Aristóteles.