Multiculturalismo
Multiculturalismo es un término polisémico que está sujeto a diversas y a veces
contradictorias interpretaciones. En su sentido meramente descriptivo, puede
simplemente designar la coexistencia de diferentes culturas en el seno de una misma
entidad política territorial. Puede tener, asimismo, un sentido prescriptivo o normativo y
designar diferentes políticas voluntaristas. Surgió inicialmente en el mundo
angloamericano - como un modelo de política pública y como una filosofía o
pensamiento social de reacción frente a la uniformización cultural en tiempos de
globalización (Díaz Polanco, ver identidad globalización, etnofagia). Es, por tanto, una
propuesta de organización social, que se ubica en términos teóricos dentro de la filosofía
antisimilacionista del pluralismo cultural.
Con el adjetivo multicultural se suele aludir a la variedad que presentan las
culturas en la sociedad humana para resolver las mismas necesidades individuales
cuando todas ellas deberían poseer igualdad de posibilidades para desarrollarse social,
económica y políticamente con armonía según sus tradiciones étnicas, religiosas e
ideológicas. De acuerdo con el multiculturalismo, los Estados deberían articularse
institucionalmente de manera que reflejen la pluralidad de culturas existentes. Por otra
parte, el multiculturalismo es también una teoría que busca comprender los fundamentos
culturales de cada una de las naciones caracterizadas por su gran diversidad cultural.
Multiculturalidad
A diferencia del término "multiculturalismo", la noción de "multiculturalidad"
tiende a ser interpretada de una manera descriptiva que evite la carga normativa de
aquel. Así, una sociedad puede ser caracterizada como multicultural cuando en ella
conviven grupos portadores de diferentes culturas (p. ej., que profesan religiones
distintas o hablan diversas lenguas). ej: Colombia es un país multicultural
Nazismo
Nazismo es la contracción de la palabra alemana Nationalsozialismus, que
significa nacionalsocialismo, y hace referencia a todo lo relacionado con la ideología y
el régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la llegada al poder del Partido
Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP, Nationalsozialistische
Deutsche Arbeiterpartei), el autoproclamado Tercer Reich y Austria a partir de la
Anschluss, así como los demás territorios que lo conformaron (Sudetes, Memel, Danzig
y otras tierras en Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, Holanda, Dinamarca y
Noruega). La Alemania de este período se conoce como la Alemania nazi.
El término "Nazi" deriva de las primeras dos sílabas del nombre oficial del
partido: Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei o "NSDAP".[1] Los miembros
del partido se identificaban a sí mismos generalmente como "Nationalsozialisten"
(Nacional socialistas) y solo raramente como "nazis". El origen y uso de "nazi" es
similar al de "Sozi", palabra del lenguaje diario para designar a los miembros del
Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido Socialdemócrata de Alemania).[2] En
1933, cuando Hitler asumió poder en el gobierno alemán, el uso del término disminuyó
en Alemania, aunque en Austria sus oponentes lo continuaron usando con una
connotación despectiva.[2] A partir de eso, el término ha adquirido una connotación
crecientemente peyorativa
Contexto histórico
El nazismo es una ideología alemana gestada en los años 20 pero que no
alcanzará importancia hasta los años 30, momento en que las duras condiciones de paz
impuestas en el Tratado de Versalles (1919) se juntan con la grave crisis mundial del
Jueves Negro en 1929 (ver Gran Depresión). En Alemania la situación es más acuciante
aún, ya que a los devastadores efectos económicos se sumaba la obligación de pagar el
tributo de la derrota en la Primera Guerra Mundial, y el descontento popular ante la
injusta situación que hacía que las calles se llenaran de manifestaciones extremistas de
toda índole, tanto de izquierda como de derecha.[4]
Esta situación culmina con el fuerte descrédito de las democracias liberales,
dado que las dictaduras que surgieron demostraron ser capaces de controlar y resolver
las crisis más efectivamente que las democracias. [5] Tanto la URSS, como la Italia de
Mussolini (quien fue elogiado por "hacer que los trenes corrieran a tiempo", es decir,
por poner fin a las huelgas y caos económico que había dominado a ese país) y el Japón
Imperial, países todos en los que se impusieron "gobiernos fuertes", no sólo resolvieron
la crisis a mediados de los 30 sino que fueron percibidas como restaurando el "orden
social" aun con anterioridad a esa solución a problemas económicos
A esa crisis político económica hay que agregar una crisis ideológica aun
anterior que se ha sugerido se extiende desde 1890 a 1930 [7] y que ha sido caracterizado
como una “revolución contra el positivismo” (Hughes, op. cit). Tanto los valores como
las aproximaciones a la sociedad y la política que formaban la base de la civilización
occidental fueron percibidas como superadas reliquias del racionalismo proveniente de
la ilustración. Específicamente tanto el fascismo como los desarrollos intelectuales que
lo antecedieron buscaron transcender lo que se percibía como la decadencia del
occidente.[8] (ver, por ejemplo: La decadencia de Occidente)
Consecuentemente el Zeitgeist de esa época puede ser descrito como una
amalgama o mezcla de ideas caracterizado por un rechazo al racionalismo, proceso que
es generalmente percibido como iniciándose con Nietzsche, junto a tentativas de
incorporar "explicaciones científicas" a preconcepciones o incluso prejuicios
explicativos del mundo, por ejemplo, un racismo latente, que dieron origen a propuestas
tales como las de la eugenesia, etc, y en lo político, bajo la influencia de pensadores
tales como Georges Sorel, Vilfredo Pareto,[9] [10] Martin Heidegger (supuestamente[11] ),
Gaetano Mosca, y, especialmente, Robert Michels; a percepciones político elitistas
basadas en un culto del héroe y la fuerza que culminan en una versión del darwinismo
social.[12] Percepciones que adquieren connotaciones más extremas en su divulgación y
vulgarización. (Hughes, op. cit).
En Alemania específicamente esa rebelión contra el racionalismo dio origen,
entre otras cosas, a una variedad de asociaciones que promovían un retorno a visiones
romantizadas del pasado alemán (ver Völkisch) en lo cual Richard Wagner tuvo alguna
influencia[13] - y una sociedad ocultista y semi secreta, la Thule-Gesellschaft (Sociedad
Thule) -basada en la ariosofía y primeros en usar la esvástica en el contexto de la época-
que patrocinó al Deutsche Arbeiterpartei (DAP), más tarde transformado por Adolf
Hitler en el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores.[14]
Como de influencia importante en ese Zeitgeist se puede mencionar la obra de
Arthur de Gobineau, quien propuso que en cada nación hay una diferencia racial entre
los comunes y las clases dirigentes. Estos últimos serían todos miembros de la raza aria,
quienes son no solo la raza dominante pero también la creativa.[15] Posteriormente
Houston Stewart Chamberlain identifica «los arios» con los teutones. En adición a tratar
de demostrar que todos los grandes personajes de la historia (incluido Jesús, Julio César,
Voltaire, etc) fueron realmente arios agrega: «Los teutones son el alma de nuestra
civilización. La importancia de cualquier nación, en la medida que es un poder actual,
está en relación directa a la genuina sangre teutona presente en su población
También de importancia en esos desarrollos fueron percepciones que se pueden
ver ejemplificadas en la obra de, por ejemplo Benjamin Kidd, quien propuso: «Nuestra
civilización ha sido dada a luz como resultado de un proceso de fuerza sin paralelos en
la historia de la raza.. Por épocas incontables el combativo macho europeo se ha
desbordado a través de Europa en sucesivas olas de avance y conquista, venciendo,
exterminando, aplastando, dominando, tomando posesión. Los más aptos, que han
sobrevivido esas sucesivas olas de conquista, son los más aptos por el derecho de la
fuerza y en virtud de un proceso de selección militar, probablemente el más largo en la
historia, el más duro, probablemente el más elevante al que la raza ha sido sometida» (p
4-5). Para Kidd el combativo macho europeo es un pagano -que a rinde homenaje pero
no entiende ni acepta en su corazón la validez de «una religión que es la total negación
de la fuerza». Ese macho europeo ha introducido el «espíritu de la guerra» en «todas las
instituciones que ha creado» y «la creencia que la fuerza es el principio último del
mundo». Ese «macho de la civilización occidental ha llegado a ser por la fuerza de las
circunstancias el supremo animal de combate de la creación. La Historia y la Selección
Natural lo han hecho lo que es» ( p 7). «por la fuerza ha conquistado el mundo y por la
fuerza lo controla».[17]
Otros visiones de influencia en esa percepción son los de Oswald Spengler, para
quien Benito Mussolini era el parangón del nuevo César, que se levantará del occidente
en ruinas para reinar en la "era de la civilización avanzada", por analogía a los cesares
de la Antigüedad.
El nazismo transforma, sin mucha dificultad, ese culto a la fuerza del más fuerte
que es el ario en un antisemitismo puro y simple, utilizando la preexistente leyenda de
una conspiración judía para hacerse con el control mundial (ver Nuevo Orden Mundial
(conspiración) y Los protocolos de los sabios de Sion) para explicar la derrota alemana
en la Primera Guerra Mundial: el ejército de ese país fue traicionado y "apuñalado en la
espalda" -ver Dolchstosslegende[18] - por los bolcheviques y judíos. Esa traición se
extiende al gobierno (social demócrata) de la República de Weimar que permite ahora
que esos mismos judíos y otros financieros profiten de la inflación, y otros problemas
que afectan a los alemanes.[19] (ver hiperinflación en la República de Weimar).
Aduciendo además que muchos de los principales líderes comunistas son también judíos
asimilan ambos conceptos en una gran «conspiración judeo-marxista»[20]
A lo anterior se ha sugerido que hay que agregar factores específicamente
alemanes. A pesar que Maurice Duverger considera tales consideraciones pocos
convincentes a fin de explicar el desarrollo del nazismo[21] se ha afirmado que no se
puede explicar el nazismo sin considerar su origen[22] y que entre los factores que
explican ese origen se debe mencionar una tradición cultural ("volkgeist" o espíritu
alemán)[23] -que se remonta a personajes tales Lorenz von Stein y Bismarck (ver Estado
Social)- en la cual el Estado adquiría poderes dictatoriales, demandando orden,
disciplina y control social estricto a fin de de garantizar crecimiento y el bienestar
económico de la población.[24]
Esa tradición se transforma, bajo la influencia de personajes tales como Ernst
Forsthoff (jurista conservador de gran influencia), quien, a partir del periodo de la
República de Weimar, postula que los individuos están subordinados ya sea al «Estado
absoluto» o al «Volk», bajo la dirección de un Líder o Führer
El nazismo se concreta como una ideología totalitario de tipo fascista en la
medida en que se caracteriza por dar una importancia central y absoluta al estado -a
partir del cual se debe organizar toda actividad nacional[26] (ver Gleichschaltung-
representado o encarnado y bajo la dirección o liderazgo de un caudillo supremo, en
este caso Hitler, y por proponer un racismo, nacionalismo e imperialismo visceral que
debe llevar a conquistar los pueblos que se consideren inferiores. (ver Lebensraum). A
partir de 1926, Hitler centralizo incrementalmente la capacidad de decisiones en el
partido. Los dirigentes locales y regionales, etc, no eran electos, sino nombrados, de
acuerdo al Führerprinzip (principio del Líder) y a ese líder respondían, demandando
obediencia absoluta de sus subordinados. El poder y autoridad emanaba del líder, no de
la base.
Economía política de los nazis
Esta es un área compleja. Los nazis no tenían un programa económico
propiamente tal, lo que creó una confusión en la práctica (ver Gottfried Feder),
especialmente cuando llegaron al poder. Hitler resume la posición así: "La característica
básica de nuestra teoría económica es que no tenemos ninguna teoría en absoluto.". [67]
Los nazis consideraban que lo realmente importante es la "pujanza" o voluntad de las
naciones: si esas tienen espíritu, decisión y dirección adecuada, tendrán éxito,
cualquiera sean las circunstancias,[68] lo que posibilita o demanda que "el líder" tenga la
capacidad de tomar las medidas adecuadas en cada situación. Para Hitler en particular,
propuestas basadas en la solidaridad son un complot para destruir esa pujanza entre las
razas superiores, por lo cual rechazaba específicamente la concepción socialista. [69] A
partir de eso, la propuesta nazi acerca de la economía política era una mezcla imprecisa
de la darwinismo social con el dirigismo,[70] en la cual el estado permite tanto la
propiedad privada como la competencia -lo que es positivo "porque promueve los más
capaces a posiciones superiores"[71] - pero reserva al Estado el derecho a establecer el
interés nacional.[72]
Cesare Santoro, un fascista que visitó Alemania en la época, lo pone así: "En la
declaración programática, ya citada al principio de nuestra obra, Adolf Hitler anunció
que el nuevo gobierno se proponía “velar por los intereses económicos del pueblo
alemán no por el camino tortuoso de una gran economía burocrática organizada por el
Estado sino por el impulso más fuerte dado a la iniciativa particular sobre la base del
reconocimiento de la propiedad privada”. El reconocimiento del principio de que, en
contraste con lo que ocurre en la Rusia soviética, el Estado tiene por misión dirigir la
economía pero no administrarla por sí mismo (función que corresponde exclusivamente
a la economía misma) no puede ser más explícitamente expresado. También así ha sido
establecido solemnemente el principio de la propiedad privada con lo que se estimula al
patrono a ensanchar más su empresa para alcanzar los mayores resultados posibles.
Estos dos principios determinan las normas directivas para la reorganización
nacionalsocialista de la economía industrial; aquellas exigen una administración
autónoma cuya misión consiste en asesorar y tutelar a las asociaciones industriales o a
los socios que forman parte de ella. Esta administración tiene el deber de transmitir al
gobierno los deseos de los patronos que toman parte en la obra de reconstrucción
económica"[73]
Hitler parece entender el papel del estado como dirigiendo pero también
apoyando la industria nacional a través de proporcionar estabilidad económica y
diversos programas específicos, tales como proporcionando "mano de obra barata",
como es ilustrado en la famosa película La lista de Schindler.
Sin embargo, lo anterior no produce una propuesta específica acerca de cómo
resolver los problemas económicos de Alemania cuando Hitler llegó al poder. Esto fue
resuelto a través del nombramiento de algunos "profesionales" en posiciones de
responsabilidad. Esto dio a Hitler la oportunidad de poder elegir entre diferentes y
competitivas propuestas, seleccionando la que considerara más adecuada.
A partir de 1933 se implemento el llamado "Programa de Reinhardt", [74] que era
un ambicioso proyecto de fomento económico a través del desarrollo de la
infraestructura -con la construcción directa por el estado de proyectos de obras públicas
- tales como autopistas (ver Autopistas de Alemania), redes de ferrocarriles, canales
-tanto de riego como transporte (por ejemplo, reinicio de la construcción del Canal Rin-
Meno-Danubio, estadios, etc (ver Arquitectura de la Alemania nazi)- combinados con
incentivos (tales como reducción o eliminación de impuestos a la inversión) y la
expansión del gasto militar, etc. En 1936, el gasto estatal en asuntos militares excedía a
los gastos en asuntos civiles y llegaba al 10% del Producto Nacional Bruto, más que
cualquier otra nación europea en la época. [75] A nivel de los trabajadores, el "programa"
significo la eliminación de los sindicatos independientes (reemplazados por un
organismo sindical/patronal único, bajo control nazi- ver Frente Alemán del Trabajo),
aproximación que se mantuvo durante todo el gobierno nazi.
En 1934 Hjalmar Schacht fue nombrado ministro de economía, con la intención
(y bajo instrucciones secretas) de lograr el rearmamento[76] y desarrollar una política que
lograra la autarquía o independencia económica de Alemania. Para lograr eso fines
Schacht necesitaba tanto re industrializar Alemania como poder comprar materias
primas en el extranjero, evitando al mismo tiempo una vuelta a la inflación, lo cual a su
vez requería estabilizar la moneda alemana (hacerla aceptable a nivel internacional) y
reducción del déficit presupuestario del Estado. Schacht propone en un Nuevo "Plan de
cuatro años"[77] basados en el uso de "Billetes Mefo", una especie de circulante pseudo
monetario al estilo de "letras de cambio o títulos de crédito, teóricamente de una
empresa independiente (MEFO) pero que permitían al estado otorgar créditos a
industrias sin romper las reglas monetarias aceptada, dado que esas "letras de cambio"
estaban relacionados no con un lapso de tiempo sino con un resultado económico (por
ejemplo, el valor de un ferrocarril, usina, etc, a ser construida).[78] - y en lograr que
países extranjeros -especialmente en América Latina y sureste de Europa- vendieran sus
productos a Alemania pagados ya sea por medio de un intercambio directo con
productos manufacturados en Alemania o en "depósitos bancarios en Alemania", que
solo podían ser gastados en ese país, específicamente, que no podían ser retirados en
monedas extranjeras. En lo referente al proyecto autárquico, Schacht implemento el
desarrollo de productos substitutos o ersatz[
Schacht también creó un sistema financiero que permitió al estado alemán
utilizar el "dinero de extranjeros" depositado en bancos alemanes. Ese sistema
constituyó las bases del utilizado para la administración, primero, de los fondos de
judíos y, posteriormente, de los caudales en países conquistados. En 1935 todo lo
anterior lo anterior se combinó en la llamada "economía de guerra", lo que -a nivel
práctico- significó la introducción de medidas "militarizadas" de reducción del
desempleo -el llamado Reichsarbeitsdienst (o RAD: Servicio de Trabajo del Reich,
introducido en julio de 1934). Esto a su vez justifico la expansión del gasto militar bajo
la excusa que eran medidas de reducción de desempleo.
A partir de 1935-36, se desarrollo un debate entre los encargados de la política
económica general. Schacht -junto con Carl Friedrich Goerdeler, encargado de control
de precios- encabezaron una facción "pro mercado libre" que urgía a Hitler a reducir el
gasto militar, abandonar el proteccionismo implícito en el proyecto de autarquía y
reducir la intervención estatal en la economía. Esa facción fue opuesta por la
encabezada por Hermann Göring, quien proponía mantener esas posiciones. [81]
Eventualmente la posición de Göring se impuso (lo que llevó a la renuncia de Schacht).
Göring tomó su cargo y en adición a la mantención en general de las políticas descritas,
introdujo (julio de 1937) un organismo (el Reichswerke) dedicado a la promoción y
construcción de fabricas y usinas, que eventualmente llegó a ser uno de los complejos
industriales más grandes del mundo, empleando medio millón de trabajadores y con un
capital de 2400 millones de marcos.[]
Varios economistas -empezando con Michal Kalecki- han descrito esas políticas
económicas como un keynesianismo militar. Si bien es correcto que Alemania Nazi fue
uno de los primeros países que -con posterioridad al abandono del patrón oro- utilizó el
déficit fiscal a fin de promover crecimiento económico, conviene recordar no solo que
Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero solo en 1936
(después de la implementación de muchas de las políticas delineadas más arriba) sino
también las palabras de Hitler mismo respecto a carecer de una política económica. Así,
parece más correcto sugerir que las políticas económicas nazis eran eclécticas,
mostrando no solo influencia "keynesiana" sino también las de otras escuelas, por
ejemplo, las propuestas económicas de los fascistas italianos, que, a su vez, se basaban
teóricamente en las propuestas de Pareto.[83] Contrastese, por ejemplo, la descripción de
las políticas nazis ofrecida por Santoro con la siguiente de las políticas de Mussolini
-proveniente de Franz Borkenau: "En los primeros años de su gobierno Mussolini
ejecutó literalmente las prescripciones políticas de Pareto, destruyendo el liberalismo
pero al mismo tiempo reemplazando en general el manejo estatal de las empresas
privadas, disminuyendo los impuestos sobre la propiedad, favoreciendo el desarrollo
industrial, imponiendo un educación (basada en la aceptación ciega de) dogmas..."[84]
Lo anterior se ha explicado de la siguiente manera: "La razón principal por esto
fue la percepción generalizada entre los nazis que la economía no era muy importante, y
que, en todo caso, estaba subordinada a los intereses del Partido o de la política del
Partido. En relación a los individuos y sus visiones, mientras que el régimen no fuera
abiertamente criticado, había un margen considerable para la discusión de economía
política y teoría económica, no habiendo una línea de partido en asuntos económicos.
Segundo, en el campo de la política (económica) práctica había un profundo nivel de
pragmatismo: si las “fuerzas del mercado” podían lograr objetivos políticos, tanto
mejor."[85]
Con posterioridad a la segunda guerra, las políticas de la "economía de guerra"
influyeron tentativas de desarrollo de países del tercer mundo. Schacht -encontrado
inocente en los juicios de Núremberg- creó un banco - Deutsche Außenhandelsbank
Schacht & Co.- y se especializó en dar aviso económico a dirigentes de esos países, [86]
especialmente aquellos en los cuales el ejército llegó a ser el instrumento de "progreso"
(por ejemplo: Egipto, Turquía, Paquistán, etc).
Uso de la economía como propaganda política
Para Hitler, su régimen había restablecido la "primacía de la política", a la cual
debía someterse la economía del Tercer Reich. Sin embargo, la legitimidad del régimen
dependía de su habilidad en proveer un nivel de vida aceptable a la población en
general. Así las demandas (por menores costos) de los industriales se enfrentaron con la
necesidad de la legitimación del régimen, dotando de cierto bienestar a los trabajadores.
Estos objetivos contrapuestos llevan a la adopción de medidas de incremento de
productividad, provisión de productos populares (de bajo costo) y algunas medidas de
bienestar públicas. Ejemplos de estas políticas se encuentran en las competencias
nacionales de destreza en el oficio, el lanzamiento de Volkswagen -el auto del pueblo- y
el establecimiento de "centros de vacaciones populares" ('Ver Prora).
Esas medidas de “bienestar” han sido denominadas por algunos como un “estado
del bienestar nazi”, financiado a través del “botín de guerra”. El régimen nazi
consideraba la propiedad del fisco y los ciudadanos de los países conquistados como
propiedad del estado alemán, lo que permitió mantener - para los “miembros de la raza
superior”- bajos niveles de impuestos y altos niveles de consumo incluso durante la
guerra misma. Por ejemplo, a pesar que al comienzo de la guerra Hitler estableció un
impuesto de guerra -50% de todos los salarios- solo el 4% de los alemanes lo pagó. Para
mantener esa situación, el régimen recurrió a la expoliación y al robo organizado desde
el estado a nivel industrial, primero de los comunistas, gitanos y judíos alemanes,
posteriormente de los países ocupados. El 70% de los ingresos del estado alemán
durante la guerra vino de la expoliación, confiscaciones y robos en los países ocupados,
algunas de cuyas empresas llegaron a tener que pagar un impuesto del 112% de sus
ganancias para un “fondo de lucha contra el bolchevismo”
Política exterior
El objetivo final de la política exterior nazi era la conquista del Lebensraum o
espacio vital alemán. Su imperialismo era a la vez económico y racial. Hitler sostenía
que el pueblo elegido (la raza superior) debía disponer de suficiente espacio, definido
como una relación entre los recursos (tierras, alimentos) y la población. Su objetivo
inmediato eran las tierras de Europa Oriental, pobladas por razas consideradas
inferiores. La política interior totalitaria del Tercer Reich estaba al servicio de su
política exterior expansionista. El totalitarismo creaba las bases materiales y psíquicas
para la conquista exterior y, al mismo tiempo, los grandes éxitos y la conciencia de la
"misión" de la raza distraerían a la población de la represión interna.
Hitler expresó desde un principio su voluntad de rearme a Alemania. Realizado
primero en secreto, se hizo público después de 1935 y fue tolerado por las naciones
europeas que estaban más preocupadas por el avance del comunismo que el nazismo. La
política inglesa y francesa fue la del "apaciguamiento", que consistía en conceder a
Hitler aquello que reclamaba y firmar nuevos pactos, apostando con esto a mantener a
los nazis bajo control. Ejércitos mayores y mejores entrenados, producción de barcos de
guerra, aviones, tanques y municiones, e investigación de nuevos tipos de armamento,
absorbieron crecientes recursos estatales. Por otro lado, el rearme permitió llegar al
pleno empleo y dejar atrás la crisis de 1929. Esto reactivó la economía alemana y trajo
un nuevo prestigio al reich.
En 1936, las fuerzas militares alemanas reocuparon sorpresivamente Renania.
Desde ese momento y hasta 1939, la táctica consistió en ataques justificados por el
derecho alemán al Lebensraum, seguido por nuevas promesas de paz. Al episodio de
Renania le siguió la intervención en la guerra civil española y la anexión de Austria en
1938. La semidictadura austríaca intentó en vano impedir la campaña de anexión de los
nacionalistas austríacos y dejó finalmente el poder a los alemanes en 1938. Un
plebiscito a favor de la "Gran Alemania" confirmó luego la Unión.
El siguiente objetivo fue Checoslovaquia, donde un conflicto con la minoría
alemana de los Sudetes le sirvió de excusa para la anexión de la región en 1938.
Inglaterra y Francia accedieron a estas pretensiones alemanas por medio de los
Acuerdos de Múnich y Chescolovaquia debió ceder. Pero Hitler invadió el resto de
Checoslovaquia en 1939. Esto puso de manifiesto su verdadera intención y el fracaso de
la política de "apaciguamiento" de Inglaterra y Francia. Cuando, tras firmar un pacto de
no agresión con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Hitler se lanzó
en septiembre de 1939 a invadir Polonia, Francia e Inglaterra le declararon la guerra.
Así comenzaba la Segunda Guerra Mundial.
Extrema derecha
Extrema derecha o ultraderecha son términos utilizados en política para describir
movimientos y partidos políticos que sostienen un discurso ultranacionalista, xenófobo
y autoritario, con una tendencia populista en defensa exacerbada de la identidad
nacional que no aboga por el mantenimiento de las instituciones y las libertades
democráticas.[1] También, se declaran democráticos y sus electores, en casos, no asocian
a estos partidos posturas reaccionarias y antidemocráticas, aunque sus dirigentes puedan
ser admiradores del fascismo, su estilo agresivo y su carácter excluyente. []Se considera
que existe un gobierno de ultraderecha cuando sobre la base de instituciones no
democráticas éste aplica políticas racistas, xenófobas, contrarias a diversas expresiones
culturales y religiosas
Historia
Podemos encontrar su origen ideológico en el pensamiento
contrarrevolucionario conservador de De Maistre que en el siglo XIX y reivindicando la
Edad Media como modelo, situaba la ruptura en 1789. De hecho esta postura podría
calificarse más exactamente de involucionista. Sin embargo, el término ultraderecha o
extrema derecha es relativamente moderno. Tiene su origen en el lugar donde se
sentaban en el parlamento francés surgido tras la Revolución Francesa. Los
monárquicos y los conservadores de la época se sentaban siempre en el lado derecho y
los liberales en el izquierdo.[5] El término extrema derecha se contrapone a la izquierda
radical, y en cierto modo es un movimiento antagónico a las prácticas revolucionarias
de la izquierda. En ese contexto aparecieron movimientos contrarrevolucionarios de
ultraderecha, especialmente en Francia e Italia.
En la primera mitad del siglo XX, el fascismo y nazismo protagonizaron trágicos
episodios en Europa, pero acabaron siendo derrotados. Las ideas que estos movimientos
representaban han ido tenido continuidad a lo largo del tiempo, como el Partido
Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), fundado en 1964 o Falange Española fundado
en 1933 por José Antonio Primo de Rivera, este último con unas ideas basadas en el
fascismo italiano de Mussolini.
Antiguos partidos de extrema derecha
Algunos consideran como antiguo partido de extrema derecha a aquellos
partidos cuyo ideario se haya vinculado ideológicamente con el fascismo[6] a través de
referencias a sus mitos y símbolos, al seguimiento del programa fascista. También
desarrollan una activa labor de deslegitimación de la democracia mediante una
oposición antisistema.[ ]También se suele incluir incorrectamente en la antigua extrema
derecha a los grupos neonazis cuya inspiración es la ideología nazi, que es la
contracción de la palabra alemana Nationalsozialistische, que significa 'nacional-
socialista'.
La extrema derecha en la actualidad
En la actualidad hay un cierto resurgimiento de estos movimientos, exacerbado
por la actual crisis económica y la creciente inseguridad que los ciudadanos ven en su
futuro[. ]En Europa ha aparecido una ultraderecha con un gran sentimiento
euroescéptico, antiglobalización, y que lucha contra la inmigración de una forma
nacionalista y en ocasiones, xenófoba y racista.[10] Igualmente tiende a tener una
ideología conservadora, en sus vertientientes nacionalista, liberal o social. En Europa,
tienen una fuerte presencia en países como Países Bajos,[11] Austria[12] o Italia,[13] donde
son muy influyentes, y también en Francia, Reino Unido,[14] Suecia,[15] Finlandia,[16]
Bélgica[17] o Alemania. En España son grupos minoritarios, muy divididos y sin un líder
común. Sin embargo, en Europa existe preocupación por el recuerdo de los episodios de
la primera mitad del siglo XX.[18]
Entre los partidos considerados de ultraderecha en los últimos tiempos en
Europa, en la siguiente tabla se muestra su evolución electoral de los partidos con más
crecimiento.
País Partido Parlamentarios Porcentaje Evolución Europarlamentarios
porcentual
respecto
nacionales respecto
de votos al total electos en el
respecto al total a la anterior
país
elección
Partido de la
Libertad de 34 / 183 17,5% +6,5% 2 / 19
Austria (FPÖ)
Austria
Unión por el
21 / 183 10,7% +6,6% 1 / 19
Futuro (BZÖ)
Vlaams Belang
12 / 150 7,7% -4,3% 2 / 22
(VB)
Bélgica
Front National
0 / 150 0,5% -1,5% 0 / 22
(FN)
Bulgari Unión Nacional
21 / 240 9,4% +1,3% 2 / 17
a Ataque (ATAKA)
Dinam Partido Popular 25 / 179 13,9% +0,6% 1 / 13
arca Danés (DF)
Finland Verdaderos
39 / 200 19,0% +14,9% 1 / 13
ia Finlandeses (PS)
Frente Nacional 0 / 577 4,3% -7,0% 3 / 72
Francia
Movimiento por
2 / 577 1,2% +0,4% 1 / 72
Francia
Concentración
Grecia Popular Ortodoxa 15 / 300 5,6% +1,8% 2 / 22
(LAOS)
Hungrí Movimiento por 47 / 386 16,7% +14,5% 3 / 22
a una Hungría
Mejor (JOBBIK)
Liga Norte (LN) 60 / 630 8,3% +3,7% 9 / 72
Italia
La Destra-Llama
0 / 630 2,4% +1,8% 0 / 72
Tricolor
Países Partido por la
24 / 150 15,5% +9,6% 5 / 26
Bajos Libertad (PVV)
Liga de las
Polonia Familias Polacas 0 / 460 1,3% -6,7% 0 / 50
(LPR)
Ruman Partido de la Gran
0 / 334 3,2% -9,8% 3 / 33
ia Rumanía (PRM)
Partido Radical
Serbia 78 / 250 29,5% +0,9% -
Serbio (SRS)
Demócratas de
Suecia 20 / 349 5,7% +2,8% 0 / 18
Suecia (SD)
Partido Popular
Suiza 62 / 200 29,0% +2,4% -
Suizo (SVP)
Partido de la
Independencia del
0 / 650 3,1% +0,9% 12 / 73
Reino Unido
(UKIP)
Reino
Unido
Partido Nacional
0 / 650 1,9% +1,2% 2 / 72
Británico (BNP)
En el Parlamento Europeo estos partidos se suelen asociarse entre ellos y con
otros partidos de iguales características en función de su carácter euroesceptico,
nacionalista y conservador, como Unión por la Europa de las Naciones (1999-2009),
Grupo por la Europa de las Democracias y de las Diferencias (1999-2004),
Independencia y Democracia (2004-2009), Identidad, Tradición, Soberanía (2007) o
Europa de la Libertad y la Democracia (desde 2009). Luego, como partido político
europeo que agrupan a algunos de ellos están el EuroNat y la Alianza Europea de
Movimientos Nacionales.
Ideología
El término extrema derecha ha sido utilizado por diferentes estudiosos de
manera un tanto contradictoria debido a las diferentes configuraciones ideológicas. No
existe un consenso sobre una la ideología concreta que defina a todos los grupos
enmarcados en la extrema derecha, especialmente si tenemos en cuenta las variaciones
ideológicas sufridas a lo largo del tiempo. Así, en opinión del profesor mexicano
Rodríguez Araujo, el término derecha "...es también un concepto que ha variado según
las tradiciones y el tipo de sociedad y de poder que se han defendido a lo largo de la
historia. Muchas de las posiciones políticas que ahora consideramos de derecha fueron
de izquierda en otro momento".
En consecuencia, podemos afirmar que no todos los grupos de extrema derecha
comparten los mismos ideales, pero la mayoría tiene una visión del mundo conspirativa
y ultranacionalista, que les permite recoger el voto de protesta contra las imperfecciones
de la democracia. Tiene en común al menos alguna de las siguientes características:
Nacionalismo: La idea nacional es una característica común a todos las
ideologías de extrema derecha. La nación se concibe como una unión étnica
frente al nacionalismo político de origen francés.
Pero el nacionalismo también es la idea que separa a estos movimientos. Así por
ejemplo, la extrema derecha española siempre estará enfrentada con su homóloga
británica a causa de Gibraltar y estos últimos, a su vez, con los nacionalistas irlandeses a
causa de Irlanda del Norte. Más allá, también tienen diferencias en su concepción de la
realidad nacional. La Liga Norte italiana, por ejemplo, busca la independencia de su
región, mientras la extrema derecha española busca la cohesión de su nación.
Antiliberalismo: Se abarca en general, una oposición al capitalismo liberal. Por
otra parte, no existe ninguna tendencia económica clara entre estos grupos.
Mientras algunos como el nazismo y el fascismo defendían cierta intromisión
del estado en la economía, hubo otros totalmente liberales en lo económico, tal
como el Gonzaleismo, e incluso algunos como el franquismo no tenían un
programa definido y su política económica evolucionaba en función de las
circunstancias. Existen también los defensores de la meritocracia.
Tradicionalismo: No debe entenderse con esto una defensa de los valores
religiosos tradicionales. En la mayoría de los casos es así, pero existen algunos
episodios históricos en los que ha sucedido todo lo contrario. Por ejemplo, la
Alemania Nazi se caracterizó por la instauración de una moral y unos ideales
neopaganos, que rompían con el cristianismo tradicional.
La religión puede ser un nexo de unión para un grupo y a su vez puede ser motivo
de enfrentamiento con un grupo de extrema derecha rival. Esto sucede en Irlanda del
Norte, donde los nacionalistas católicos irlandeses se enfrentan a los unionistas
protestantes británicos. Ambos son grupos de extrema derecha porque comparten la
característica de su nacionalismo (evidentemente, desde una perspectiva muy diferente)
a diferencia de la extrema izquierda que tiene una visión universal, como sucede con los
extremismos islamistas.
Conservadurismo: Es un término que se usa para describir a aquellos
conservadores que defienden promover la cultura y la identidad étnica nacional,
como forma de promover el crecimiento de la sociedad. Existen grupos
hegelianos que defienden que el orden instituido ha sido propuesto directamente
por Dios y no se puede ni debe cambiar. Por ello defenderán la forma de estado
existente por el mero hecho de que es la que se ha impuesto.
Valores verticalistas: Exaltación de los valores que se consideran adecuados para
la sociedad. En general, son movimientos que se sirven de los símbolos para
desarrollar su política. Suelen tener cierta tendencia militarista y de mantención
de los valores de la sociedad o una recuperación de estos. Las políticas
nacionalistas y expansionistas son muy comunes, puesto que muestran el poder
que ha alcanzado la propia nación frente al extranjero decadente.
Anticomunismo: Es la oposición al comunismo y especialmente al Marxismo.
Ideológicamente se basa en el rechazo al concepto de materialismo histórico, y a
la diferencia de clases propias de la sociedad civil. Como ejemplo podemos citar
a la agrupación "Flashes Culturales" liderada por el uruguayo Alexander Torres
Mega.
Xenofobia: Es el rechazo al extranjero. Estos movimientos rechazan a los
extranjeros, defendiendo la pureza nacional e incluso racial.
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