Resumen de La Doctrina de La Iglesia
Resumen de La Doctrina de La Iglesia
RESUMEN DE DOCTRINAS
LA IGLESIA
Sergio Antonio Ramírez Pérez
IMPORTANCIA
A. PARA CORREGIR FALSOS CONCEPTOS
Existen conceptos de la iglesia que de alguna manera no se ajustan a la enseñanza bíblica. El catolicismo enseña que
la iglesia es la sociedad que mantiene la misma fe bajo el gobierno del sucesor de Pedro. La iglesia reformada
sostiene que la iglesia universal está formada por la totalidad de los elegidos y la visible, que está formada por las
que profesan la fe verdadera junto con sus hijos. Siguiendo al pastor chino Watchman Nee hay los que creen que no
existe tal cosa como iglesia local, sino que existe una sola iglesia por ciudad. Algunos grupos bautistas sólo creen en
la iglesia local. Otros creen que cualquier reunión de dos o tres en el nombre del Señor es ya una iglesia.
SIGNIFICADO
A. LA PALABRA “IGLESIA”
La palabra castellana “iglesia” es transliteración del griego ekklesía. Ha llegado a tener distintas connotaciones,
principalmente la de (1) el edificio dedicado a la reunión los creyentes para el culto; y (2) una denominación, como
la iglesia evangélica, la Iglesia católica. Estos significados de “iglesia” existen, están en el diccionario y no es
erróneo usarlo en este sentido, pero no es la denotación del término en el Nuevo Testamento.
La palabra griega ekkesía tiene un trasfondo en la traducción del Antiguo Tetamento al griego, la Septuaginta. Allí el
término hebreo qahal fue traducido por ekkesía. Zodhiates apunta,
En el AT, dos palabras distintas son usadas para denotar la reunión del pueblo elegido o sus representantes: edah que
significa congregación y qahal, asamblea. En la Septuaginta sunagoge es la traducción corriente de edah mientras que
qahal es comúnmente traducida ekklesía. Tanto qahal como ekklesía por su derivación indican una convocación a un
lugar de reunión, pero no existe base para la ampliamente difundida idea que ekklesía significa un pueblo o un número
de individuos llamados fuera del mundo o de la humanidad. Qahal o ekklesía es más un término sagrado que denota a
la gente en relación a Jehová, especialmente en la adoración pública. Quizá por esta razón, el término menos sagrado
sunagoge fue más comúnmente usado por los judíos en tiempo del Señor, y probablemente influyó a los primeros
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creyentes en la adopción de ekklesía para el uso cristiano. Aunque sunagoge es usado en la iglesia primitiva como un
sinónimo de ekklesía (Santiago 2:2), pronto dejó de ser usado para una asamblea cristiana, excepto entre las sectas que
eran más judías que cristianas.1
El uso de ekkesía de la Septuaginta es reflejado en Hechos 7:38 donde se traduce “congregación”, “Éste es aquel
Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros
padres, y que recibió palabras de vida que darnos”.
En la cultura griega una ekklesía era una asamblea política reunida para tomar decisiones comunitarias. En Hechos
19:32, 39, 41 se usa en este sentido para describir a los que se reunieron ante las autoridades de Éfeso para
solucionar el alboroto producido por la oposición a la predicación del evangelio y se traduce “concurrencia” y
“asamblea”, “Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían
por qué se habían reunido... Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir... Y habiendo
dicho esto, despidió la asamblea”.
Los escritores del Nuevo Testamento se apartan de los usos de la palabra del Antiguo Testamento griego y de la
cultura griega y dan un nuevo sentido a la palabra ekklesía al usarla para decribir al organismo vivo compuesto por
los redimidos por la sangre de Cristo. En los evangelios ekklesía sólo aparece tres veces. La primera vez, es la
predicción que el Señor Jesús hace de la futura edificación de su iglesia en Mateo 16:18, “Y yo también te digo, que
tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Esta es
probablemente la primera vez que la palabra “iglesia” se usa en su sentido nuevo y más común en el Nuevo
Testamento. Hace referencia a una realidad que todavía no existe, pero que el Señor edificará en el futuro.
La segunda y la tercera vez la palabra “iglesia” aparece en un mismo versículo y quizá tiene todavía el sentido como
se usa en el Antiguo Testamento. Recordemos que los evangelios describen un período de transición. Los eventos
allí narrados todavía ocurren en el contexto de la dispensación de la ley, bajo las realidades del Antiguo Testamento.
El versículo es Mateo 18:17, “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y
publicano”. El versículo estaría hablando probablemente de llevar al hermano (judío) culpable delante de la
sinagoga. Desde luego, igual que de cualquier otro pasaje, es posible derivar un principio de allí para la disciplina
hoy en la iglesia.
A propósito, algunos dicen que Mateo 18:20 es la definición más sencilla de iglesia: “Porque donde están dos o tres
congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Pero tal conclusión no hace justicia al contexto. El
pasaje está hablando de los pasos a seguir para la solución de un conflicto con un hermano siguiendo tres pasos. El
primer paso es hablar con el ofensor a solas. El segundo, hablar con el ofensor en la presencia de dos o tres testigos.
Finalmente, llevar al ofensor delante de la iglesia. Ahora bien, si la iglesia es definida como “donde están dos o tres
congregados en mi nombre”, entonces el tercer paso es innecesario, ya que hay dos o tres congregados en el nombre
del Señor en el segundo paso. De necesidad, pues, “iglesia” tiene que ser definida como más que simplemente “dos o
tres congregados en mi nombre”.
B. USOS DE “IGLESIA”
“Iglesia” se usa en el Nuevo Testamento para hacer referencia a varios aspectos de una misma realidad.
1
Spiros Zodhiates, The Complete Word Study Dictionary, “Ekklesía” (Chattanooga, Tennessee: AMG Publishers,
1992).
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2. LA IGLESIA EN UNA CIUDAD
En algunos pasajes se habla de la iglesia que está “en” determinada ciudad. Por ejemplo, se habla de la iglesia “en
Jerusalén” (Hechos 8:1; 11:22), “en Antioquía” (Hechos 13:1), “en Corinto” (1 Corintios 1:2; 2 Corintios 1:1), “en
Cencrea” (Romanos 16:1). También se habla de la iglesia de una ciudad en gentilicio, “la iglesia de los
tesalonicenses” (1 Tesalonicenses 1:1; 2 Tesalonicenses 1:1). Probablemente haciendo referencia a las iglesias en las
distintas ciudades es que Pablo dice, “Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16).
ASPECTOS
A la luz de los pasajes apuntados, podemos hacer las siguientes observaciones con respecto de la realidad de la
iglesia en el Nuevo Testamento:
El Nuevo Testamento habla de “iglesias” en plural. Estas “iglesias” particulares no tienen que ver sólo con las
iglesias en una región geográfica amplia, como Asia o Galacia. Pablo habla de la existencia en una ciudad como
Roma no sólo de la “iglesia en Roma”, como si todos los creyentes de esa ciudad conformaran un solo cuerpo, sino
de la iglesia “de su casa” (de Priscila y Aquila) como algo particular y distinto. Hay, por lo tanto, reconocimiento de
algún tipo de autonomía de iglesias dentro de una misma ciudad.
C. DISTINCIONES
Además de iglesia universal e iglesia local, también se habla de iglesia invisible e iglesia visible. Por la iglesia
invisible se entiende la iglesia verdadera y total, mientras que por la iglesia visible se entiende la congregación local
de creyentes. También se habla de la iglesia triunfante y la iglesia militante. La primera está compuesta por los
creyentes que ya están en gloria, la segunda tienen que ver con los creyentes que todavía luchan contra el mundo, la
carne y el diablo en esta tierra.
UNIDAD
La iglesia católica hace énfasis en la estructura externa como evidencia de la verdadera unidad de la iglesia. Algunos
evangélicos caen en el mismo error. Lamentan que la iglesia esté dividida porque no ven unidad estructural. El
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Nuevo Testamento hace énfasis en la unidad espiritual. Esta unidad es producida por el bautismo del Espíritu. El
ministerio distintivo de la iglesia es el bautismo del Espíritu. Según 1 Corintios 12:12-13, es el bautismo del Espíritu
el que une a todos los creyentes en Cristo en un cuerpo, “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por
un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos
dio a beber de un mismo Espíritu”. Por eso se dice que la iglesia va desde Pentecostés hasta el arrebatamiento. Fue
en Pentecostés que ocurrió por primera vez el bautismo del Espíritu según las palabras de Pedro, “Y cuando
comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé
de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el
Espíritu Santo” (Hechos 11:15-16).
La unidad de la iglesia no significa uniformidad. En el Nuevo Testamento vemos que hubo lugar para ministerios
distintos a grupos distintos. Por ejemplo en Gálatas 2:7-9 leemos, “Antes por el contrario, como vieron que me había
sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro
para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me
había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra
en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”. Gálatas 3:27-28
dice, “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Todos somos uno,
pero no todos somos iguales. Los apóstoles no cerraron los ojos a las diferencias. Dios capacitó a hombres distintos
para ministerios distintos.
Vale la pena recordar algunos conceptos vistos en otra parte.2 El bautismo del Espíritu Santo es la respuesta del
Padre a la oración del Hijo en Juan 17:20-23, “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de
creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos
sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que
sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el
mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. “Yo en ellos, y
tú en mí”: No está hablando aquí de una unidad práctica, sino en unidad en el ser. No habla de una unidad que el
hombre pueda hacer, sino a una unidad que sólo Dios puede realizar sobre la base de la recepción de la Palabra:
“porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron” (Jn. 17:8).
Por el bautismo del Espíritu Dios realiza la unidad de la iglesia. No somos llamados a crear la unidad, sino a
mantenerla (Ef. 4:3) andando “dignamente” = “equilibradamente”, es decir, balanceando la doctrina con la práctica.
El Espíritu Santo nos capacita para que mantengamos la unidad que él ya ha creado derramando en nuestros
corazones el amor de Dios (Ro. 5:3), y guiándonos a toda verdad (Jn. 16:13). El guardar esta unidad nos capacita
para la verdadera adoración.
Adorar es responder con entrega, servicio y una mente renovada a lo que Dios es, hace y revela de sí mismo: “Por
tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo,
agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento; para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”
(Ro. 12:1, 2)
¿Cómo sabemos lo que Dios es? Por medio de su Palabra. ¿Cómo entendemos lo que Dios hace? Por medio de su
Palabra. ¿Cómo renovamos nuestra mente? Por medio de su Palabra. La enseñanza de la Palabra es central para una
adoración que no sea de labios solamente: “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: «Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está
lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres»” (Mt. 15:6-9).
La tradición de los hombres abunda en el mundo pos moderno en que vivimos en que no hay verdades absolutas.
Para no dar la nota discordante somos tentados a no hacer demasiado énfasis en la doctrina. Se idoliza la tolerancia
entendida como “tu verdad es tan válida como la mía”. Pero el Espíritu nos dice en la Palabra que él ha inspirado:
“Te suplico encarecidamente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su
manifestación y en su Reino, que prediques la palabra y que instes a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende,
2
Ver notas sobre La Doctrina del Espíritu.
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exhorta con toda paciencia y doctrina” (1 Ti. 6:1-2). No es suficiente la paciencia para redargüir, reprender, exhortar;
hace falta también la doctrina.
Pablo contrasta la ley de Moisés con la obra del Espíritu hoy y dice, “la letra mata, mas el Espíritu vivifica” (2 Co.
3:6). Esta expresión se usa mal para hablar de un conflicto entre el Espíritu y la Palabra. No hay tal cosa. Toda
palabra de Dios es dada por el Espíritu (2 Pedro 1:21) y es necesaria para la adoración.
Somos instruidos a orar y cantar “con el espíritu y con el entendimiento”: “¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero
oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Co.
14:15). No es una cosa o la otra, sino una cosa y la otra. La adoración que Dios demanda debe ser hecha “en espíritu
y en verdad” (Jn. 4:24). Para adorar a Dios “en espíritu” debemos adorar a Dios “en verdad”, porque la verdad
vivifica al espíritu (Salmo 119). Las dos cosas deben ir juntas: espíritu y verdad; sentimiento y entendimiento;
fervor y doctrina. Para adorar a Dios “en verdad” necesitamos de la doctrina. “Doctrina” quiere decir, “lo enseñado”.
Enseñar la Biblia es enseñar la verdad: “Tu palabra es verdad”, dice el Señor Jesús (Jn. 17:17). Además, para adorar
a Dios “en verdad” necesitamos de la teología. “Teología” no es otra cosa sino la meditación en Dios a la luz de la
Biblia. Jesucristo es la encarnación de la verdad: “Yo soy la verdad” (Jn. 14:6).
Hay objeciones que se levantan a la “doctrina”. Por ejemplo, “Yo sólo quiero amar y adorar a Jesucristo. ¿No es esto
suficiente?”. No. No es suficiente si esto implica descuido de la doctrina, porque amar es obedecer. El Señor dice,
“Si me amáis, guardad mis mandamientos... El que me ama, mi palabra guardará... El que no me ama no guarda mis
palabras” (Jn. 14:15, 23, 24). ¿Cómo se puede obedecer aquello que no se conoce? ¿Y cómo se puede conocer si no
se estudia? ¿Cómo se puede sentir lo mismo sin obedecer lo mismo? Somos llamados a imitar a Pablo, Fil. 3:16-17,
“Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed
imitadores de mí”. Pablo vincula el sentir lo mismo al seguir la misma regla, las mismas normas, la misma doctrina.
¿Lo imitamos?
También se dice, “La doctrina sólo ata y no da libertad al espíritu”. Pero Jesús dijo, “Si vosotros permanecéis en mi
palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31, 32).
Nuestro espíritu está atado a la tiranía de los sentimientos cuando no es liberado por la Palabra.
Otros se quejan, “La doctrina divide a los cristianos. Enfaticemos el amor, que es lo que nos une”. Lo que divide a
los cristianos es el pecado. Se nos dice, “el amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pedro 4:8), no “multitud de
doctrinas”. La verdad une. El amor cristiano no puede ser divorciado de la verdad: “El Anciano, a la señora elegida y
a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no solo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa
de la verdad que permanece en nosotros y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y
paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Jn. 1-3). “Al obedecer a la
verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido” (1 Pedro 1:22).
Es cierto que hay muchas diferencias doctrinales entre cristianos verdaderos. Algunas de esas diferencias son en
asuntos secundarios, otras no. Pero nunca alcanzaremos una unidad genuina si cerramos los ojos a la doctrina, que es
la enseñanza de la verdad: “Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina,
por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la
verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien
concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor “ (Efesios 4:14-16). Trabajaremos por la edificación y
el cultivo de la unidad que el Espíritu ya ha creado en la iglesia cuando sigamos la verdad en amor. Cuando
balanceemos la doctrina con la práctica en nuestro diario vivir. No hay que descuidar la práctica. Tampoco hay que
descuidar la doctrina. No tenemos que sentir que es nuestra obligación sonreir a todos los puntos de vista que se
expongan dentro de las iglesias evangélicas sólo para mantener la unidad. Debemos tener cuidado de no hacer de la
unidad un ídolo o una mordaza. Muchos de los que hablan de la autoridad de la Biblia en la práctica la niegan al
juzgar la Biblia a la luz de la experiencia y no la experiencia a la luz de la Biblia.3
Adorar es responder a lo que Dios es, hace y revela de sí mismo. Para que nuestra adoración se desarrolle debe antes
desarrollarse nuestro entendimiento de lo que Dios es y hace por medio de lo que él revela de sí mismo. La doctrina
correcta corrige nuestra tendencia pecaminosa a relacionarnos con un dios que nos imaginamos y a entender su obra
3
Recordemos a los que se atreven a citar fuera de contexto 2 Corintios 3:6, “la letra mata, mas el espíritu vivifica”.
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de acuerdo a nuestros deseos egoístas. También, la doctrina correcta nos dice cuál es la respuesta correcta a Dios. Un
pastor comenta:
“Imagina que alguien viviendo en inmoralidad conscientemente, voluntariamente, sin arrepentirse, asiste a un culto
en la iglesia. Se entusiasma con los bellos sonidos de las voces y los instrumentos, y canta, y levanta sus manos, y
piensa, «Estoy bien con Dios. Dios me ama, y yo también lo amo». Luego sale de la iglesia y continúa con su
inmoralidad, sin haber sido afectado por su «experiencia de adoración».
“¿Ha adorado? Quizá. ¿Ha adorado al Dios viviente? De ninguna manera. Ha adorado a un dios que se ha
imaginado. Un dios que se hace de la vista gorda de su pecado. Un dios que no es santo. Esta persona vino al culto,
cantó cantos de adoración, se sintió bien, pero adoró a un dios falso que se parece sospechosamente a él mismo”.
(Jeff Pyrswell, “Joy in the Truth” [Gozo en la verdad])
La adoración no tiene como meta “sentirme bien”, sino exaltar a Dios. No se trata tanto de buscar sentir a Dios, sino
de buscar honrar a Dios. Mi mente no debe estar centrada en lo que yo recibo, sino en lo que doy. No en si la música
“me eleva”, sino si Dios es elevado en mi corazón, pensamiento, actitud, disposición y conducta dentro y fuera del
lugar de culto en obediencia a toda su Palabra.
FORMACIÓN
Tal como se ha señalado, la iglesia comenzó el día de Pentecostés. Esto se deduce de los siguientes hechos. Primero,
en los evangelios, la iglesia todavía es futura. El Señor dice, “edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). La iglesia todavía
no existía en días del Señor Jesucristo. Y si la iglesia todavía no existía en días del Señor Jesucristo, la iglesia
todavía no existía en el Antiguo Testamento.
Es por eso que a la iglesia se le llama un misterio. En el Nuevo Testamento un “misterio” es una verdad que hasta
ese momento no había sido revelada. La realidad de la iglesia no había sido revelada en el Antiguo Testamento.
Pablo dice, “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del
misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Romanos 16:25). En Efesios explica que este
“misterio” tiene que ver con la unión de judíos y gentiles en un mismo cuerpo, “que por revelación me fue declarado
el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el
misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es
revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo
cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Efesios 3:3-6). En Colosenses 1:24-
27 añade, “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de
Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue
dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto
desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las
riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”.
Primera de Corintios 12:13 explica la manera en que la iglesia ha sido formada. Hechos 11:15-16 explica que ese
bautismo ocurrió el día de Pentecostés. Antes de Pentecostés al bautimo del Espíritu se le ve como algo futuro, “Y
estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo,
oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro
de no muchos días” (Hechos 1:4-5).
Corroboración del inicio de la iglesia hasta Pentecostés lo hallamos en la necesidad de la muerte y la resurrección del
Señor Jesucristo para ser la Cabeza del cuerpo que lo surte de los dones del Espíritu: “Pero a cada uno de nosotros
fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la
cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las
partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para
llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y
maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”
(Efesios 4:7-12).
DISTINCIONES
Frecuentemente se confunde a la iglesia con el reino y con Israel. Ryrie apunta:
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La teología cristiana reconoce este concepto de un reino universal (aunque usualmente incluyendo a los ángeles, lo cual
no hacía el judaísmo). Dios es el Gobernante de las naciones (Apocalipsis 15:3), y finalmente ellas darán cuenta a Él
cuando Él las juzgue (Salmo 110:6).
En resumen, en el reino universal Dios es el Gobernante, Él gobierna sobre todo; y lo hace en todo el tiempo y en la
eternidad.
2. El reino davídico/mesiánico. Tanto el judaísmo como la teología cristiana premilenial le dan un lugar prominente a
ese concepto del reino. Es davídico porque las promesas concernientes al reino se hicieron en el gran pacto con David
(2 Samuel 7:12-16). Es mesiánico puesto que el Mesías será el Gobernante. Se realizará en el segundo advenimiento de
Cristo, cuando Él restablezca Su reino y cumpla aquellas promesas hechas a David...
En resumen, en el reino mesiánico davídico Cristo será el Gobernante; Él reinará sobre la tierra y sus habitantes durante
los mil años siguientes a Su venida.
3. La palabra misterios en cuanto al reino. En Mateo 13 Cristo reveló misterios concernientes al concepto del reino (v.
11). En cuanto a la palabra “misterios”, esto significa que Él les dijo a Sus discípulos algunas cosas acerca del reino que
previamente no se conocían. Entonces, esta idea del reino comenzó cuando el Señor estaba enseñando, y terminará en
Su segundo advenimiento (vv. 39-40). En otras palabras, es el concepto de reino utilizado para abarcar el período entre
los dos advenimientos de Cristo. El Gobernante es Dios. Los gobernados son las personas en la tierra que se han
relacionada de manera positiva, nutral, o negativa con la “cristiandad” (incluyen creyentes verdaderos, personas
profesantes, rechazadores, y aun oponentes). El tiempo es el período entre Sus venidas.
4. El reino espiritual. Espiritual puede que no sea la mejor clasificación... pero nada parece mejor para caracterizar este
aspecto del reino. Se refiere al reino dentro del cual todos los creyentes han sido colocados (Colosenses 1:13), y se
entra en el mismo por el nuevo nacimiento. El Gobernante es Cristo; en este concepto del reino Él reina sobre creyentes
solamente; y la relación existe ahora.
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b) LA RELACIÓN DE LA IGLESIA Y ESTOS REINOS
1. Con el reino universal. En el sentido de que la iglesia está en el mundo, es parte del reino universal de Dios. Él la
diseñó, la trajo a la existencia, y reinó sobre ella, como sobre todos los aspectos de Su universo.
2. Con el reino davídico/miesiánico. La iglesia no es parte de este reino en ninguna manera. Cuando se establezca este
reino, la iglesia ya habría sido resucitada y reinará con Cristo en el reino milenial.
3. Con los “misterios” del reino. Puesto que la iglesia es parte de la cristiandad, ella es parte de este concepto del reino.
4. Con el reino espiritual. La iglesia veradera, el cuerpo de Cristo, es equivalente a este concepto del reino.
Si uno trata de hacer un resumen de la relación de la iglesia con el reino, tendría que decir que está relacionada con el
mismo, pero que no es equivalente a ciertos aspectos del reino; no está relacionada con algunos conceptos; y es
equivalente a otro. El concepto del reino se tiene que definir antes que uno pueda determinar la relación de la iglesia
con el mismo.
La distinción entre Israel y la iglesia se verifica por varios hechos. (1) En el Nuevo Testamento se contrastan el Israel
natural y los gentiles despues que la iglesia fue claramente establecida (Hechos 3:12; 4:8, 10; 5:21, 31, 35; 21:19). (2)
El Israel natural y la iglesia se distinguen claramente, lo que demuestra que la iglesia no es Israel (1 Corintios 10:32).
La distinción que hace el apóstol no tuviera sentido si Israel fuese igual que la iglesia. (3) Gálatas 6:16 no aprota
ninguna prueba clara de que la iglesia se iguale a Israel. Solamente si el kai es explicativo la frase igualaría a Isarel con
la nueva creación de Dios, la iglesia. Pero el kai puede que sea enfático, y se refiera especialmente a una parte
importante (los creyentes judíos) en la bendición de la iglesia entera (como el kai en Marcos 16:7 y Hechos 1:14). O
puede que simplemente conecte a los judíos cristianos con la nueva creación. El contenido del libro de Gálatas es
contrario al uso explicativo (el único que indentificaría a la iglesia con Israel). Puesto que Pablo había atacado
severamente a los legalistas judíos, era de esperarse que destacara como objetos de una bendición especial a los judíos
que habían dejado el legalismo y genuinamente habían seguido a Cristo.4
FUNDAMENTO
El principal pasaje en controversia en relación con quién es el fundamento de la iglesia es Mateo 16:13-19:
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que
es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del
Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne
ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi
iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo
que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.
Hay tres posiciones5 principales en el entendimiento de la declaración del Señor, “Y yo también te digo, que tú eres
Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”:
La “Roca” es Pedro. Esta posición fue sostenida por Tertuliano, Ciprino, y los Concilios I y II del Vaticano. A favor
de ella se dice que (a) Cristo estaba hablando de Pedro cuando habló de la roca y que (b) Pedro (petros) significa,
“piedra pequeña”. De acuerdo al catolicismo, Pedro fue el primer papa. En contra de la posición se señala que (a)
hay una distinción en el pasaje entre petros (“una piedra pequeña”) y petra (“una piedra grande”); (b) Pedro llama a
Cristo “piedra del ángulo” (1 Pedro 2:6); (c) Pedro nunca pretendió ser el primer papa; (d) Primera de Corintios 3:11
hace imposible que Pedro sea el fundamento de la iglesia.
4
Charles C. Ryrie, Teología Básica. Trad. Alberto S. Valdés (Miami: Editorial Unilit, 1993), Págs. 455-458.
5
H. Wayne House, Charts of Christian Theology and Doctrine (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing
House, 1992). Pág. 114.
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La “Roca” es Cristo. Históricamente sostuvieron esta posición Agustín, Calvino y Zwinglio. En su favor se
argumenta que (a) Pasajes como 1 Corintios 3:11 y 1 Pedro 2:4-8; (b) Petra se usa metafóricamente de Cristo en el
Nuevo Testamento; (c) Cristo hace una distintición entre petros y petra. En contra de la posición se dice que (a)
Cristo pudo no haber dicho exactamente estas palabras, porque hablaba en arameo; (b) Cristo nunca dijo ser la roca.
La Roca es la confesión de Pedro. La posición fue sostenida inicialmente por Crisóstomo y Zahn. A favor se dice
que (a) Cristo aprobó la confesión de Pedro; (b) fue sobre la confesión de Pedro que el ministerio de predicación fue
establecido. En contra de la posición se argumenta que (1) Pedro negó la inminente muerte de Cristo (Mateo 16:22-
23); (b) el ministerio de predicación fue establecido mucho antes de la confesión de Pedro.
Probablemente se puede hacer una conciliación de las tres posturas teniendo en cuenta el resto de la información del
Nuevo Testamento sobre el tema. Los pasajes clave sobre el asunto son los siguientes:
Efesios 2:19-22, “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la
familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo
Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en
quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. La expresión “fundamento
de los apóstoles y profetas” puede significar que los apótoles y profetas son el fundamento o que ellos lo ponen.
Quizá las dos cosas sean ciertas. Este pasaje también dice, “siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.
El fundamento, pues, son los apóstoles y profetas, y la enseñanza por ellos dada, y el Señor Jesucristo. El Señor
Jesucristo es la Piedra a partir de la cual el resto del fundamente es alineado.
Primera Corintios 3:5-11, “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído;
y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así
que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una
misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de
Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como
perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie
puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. Por medio de su enseñanza y en ejercicio
de su don de apóstol, Pablo ha colocado el fundamento de la iglesia, que es el Señor Jesucristo. Otros, que tienen
otros dones distintos al de apóstol pueden sobreedificar, pero no poner el fundamento.
Hechos 4:8-12, “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel:
Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido
sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien
vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este
Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún
otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Pedro
dice que el Señor Jesucristo es la Roca. Este nombre para el Mesías tiene su trasfondo en el Antiguo Testamento,
donde el título se aplica a Jehová (Dt. 32:3, 4; 2 S. 22:32; Sal. 89:26) y repetidas veces se aplica al Señor en el
Nuevo Testamento (Ro. 9:33; 1 Co. 10:3-4; 1 P. 2:4-8).
Se puede decir, entonces, que la iglesia está edificada sobre la Roca, que es Cristo. Y que los apóstoles son también
el fundamento en cuanto a que su enseñanza (de la cual la confesión de Pedro es el corazón) dejada en los escritos
del Nuevo Testamento, ha puesto el fundamento de una vez y para siempre. No sólo el apóstol Pedro colabora en la
colocación del fundamento de la iglesia, sino todos los demás. Es importante notar que lo que el Señor dice de Pedro
en singular en Mateo 16:19, “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será
atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, también lo dice al resto de los
discípulos en plural en Mateo 18:18, “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y
todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. Es interesante notar que el nombre de los 12 apóstoles
aparece en el fundamento del muro de la Nueva Jerusalén, “Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre
ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero” (Apocalipsis 21:14).
PROPÓSITO
El propósito de Dios para la iglesia tanto universal como local es determinado a partir de las declaraciones generales
de la Biblia y las instrucciones específicas del Señor. En resumen puede decirse que el propósito de la iglesia es dar
gloria a Dios por medio del desarrollo de verdaderos discípulos de Jesucristo.
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A. EN RELACIÓN CON DIOS
La iglesia existe para glorificar a Dios. En Efesios 1:11-12 Pablo nos dice, “En él asimismo tuvimos herencia,
habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a
fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo”. También en 1
Corintios 10:31 se nos recuerda, “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.
La gloria de Dios es la manifestación de sus cualidades. Glorificar a Dios es manifestar sus cualidades y atributos.
Como alguien ha dicho, la iglesia existe para hacer visible al Dios invisible.
Cada una de estas versiones de la gran comisión es fragmentaria, pero en Mateo 28:18-20 se encuentra en su forma
más completa, “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto,
id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta
el fin del mundo. Amén”.
1. EL MANDAMIENTO
En el original sólo hay un imperativo en Mateo 28:18-20: “haced discípulos”. La tarea de la iglesia es formar
seguidores del Señor Jesucristo.
2. LOS MEDIOS
En el original hay tres participios que describen la manera en que la iglesia cumple el mandato de hacer discípulos.
a) “YENDO” (“ID”)
Este mandamiento de Mateo corresponde con el “ir” con la predicación de las buenas noticias de los otros
evangelios. Debemos tomar la iniciativa en llevar el evangelio a un mundo perdido, no sólo a nuestra nación, sino a
todas las naciones.
b) “BAUTIZANDO”
No es suficiente conque una persona reciba al Señor Jesucristo en su vida. Somos también responsables de animarle
a identificarse públicamente con el Señor y con su iglesia por medio del bautismo del agua. No se contempla la
posibilidad de creyentes no bautizados en el Nuevo Testamento. El principio, desde luego, es que todos los creyentes
deben ser bautizados. El que, dentro del contexto histórico de la iglesia del Nuevo Testamento, se bautizaran
inmediatamente después de haber creído no tiene por qué ser más normativo que el que los creyentes de Jerusalén
tenían todas sus propiedades en común.
c) “ENSEÑANDO”
Un creyente no se convierte automáticamente en discípulo. Para llegar a ser discípulo necesita ser instruido en
guardar todas las cosas que el Señor manda. No es suficiente con que conozca la Palabra. Debe aprender a vivirla:
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis
verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). El ministerio del Señor con los Doce ilustra por un lado que la buena
enseñanza no garantiza el buen aprendizaje, y por el otro, que debemos enseñar la Palabra “a tiempo y fuera de
tiempo”.
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3. LA IGLESIA LOCAL
El libro de Hechos y las epístolas muestran que es por las iglesias locales que el propósito de Dios para la iglesia
universal se cumple. Es a través de las iglesias, en plural, que la iglesia lleva a cabo la tarea de glorificar a Dios
haciendo discípulos. Veamos algunos ejemplos.
Debemos notar que el evangelismo no se hace sólo por medio de actividades evangelísticas, sino por medio del
testimonio de la iglesia local que funciona como un cuerpo. Hechos 2:44-47, “Todos los que habían creído estaban
juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la
necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían
juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía
cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan
en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún
incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así,
postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. ¿Qué hay,
pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación,
tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:23-26).
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contenido la Palabra de su gracia; (7) la enseñanza produce sobreedificación; (8) la enseñanza permite obtener
herencia (recompensa).
(b) LOS CREYENTES DEBEN SER INSTRUÍDOS PARA SER PERFECCIONADOS EN EL SERVICIO
EN LA IGLESIA
Los distintos ministerios que edifican el cuerpo de Cristo no son responsabilidad del pastor, sino de cada uno de los
creyentes: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y
maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”
(Efesios 4:11-12). Quien no usa fielmente sus dones en la edificación del cuerpo de Cristo, no es un discípulo del
Señor. Todo discípulo del Señor Jesucristo está activamente involucrado en la vida de la iglesia local. Quien se
mantiene como espectador (“vengo a recibir”), o como participante selectivo (“en lo que me gusta”) o esporádico
(“cuando puedo”), no está cumpliendo el propósito para el cual fue salvado.
ORDENANZAS
El Señor Jesucristo mandó guardar ritos externos que nos ayudarían a dar testimonio de realidades espirituales. Se
les llama “ordenanzas” en el sentido de “mandatos”, y no “sacramentos”. La iglesia católica habla de sacramentos, al
igual que la iglesia ortodoxa, por creer que estos ritos son “señales sagradas” que transmiten gracia santificante a
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quienes los reciben. La iglesia católica practica siete sacramentos y la ortodoxa cinco, pero el Señor Jesucristo sólo
instituyó dos. Ya que la salvación es por gracia aparte de las obras, ninguna de estas dos ordenanzas salva de la
condenación.
A. EL BAUTISMO
1. TRASFONDO
Hay varias clases de bautismo. Algunas religiones paganas de misterios lo practicaban en días del imperio romano.
En el judaísmo se practicaba el bautismo de los prosélitos, es decir, de los gentiles que se convertían al judaísmo. En
este bautismo la persona no era bautizada por otro, sino que ella misma descendía al agua y se sumergía para hacer
pública su identificación con el pueblo de Israel. En los evangelios leemos del bautismo de Juan el Bautista. Juan
describe el significado de su bautismo con las palabras, “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento”
(Mateo 3:11). Las personas que eran bautizadas por Juan estaban expresando identificación con su mensaje diciendo
simbólicamente, “Yo me arrepiento”. El Señor mismo participó del bautismo de Juan (Mateo 3). De esta manera el
Señor se identificó con el mensaje de Juan, pero en un sentido distinto al resto de los que eran bautizado por él. Al
bautizarse el Señor Jesús no estaba diciendo “yo me arrepiento”, sino “este también es mi mensaje”. Es significativo
que cuando el Señor empezó a predicar, usó exactamente las palabras de Juan, “Arrepentíos, porque el reino de los
cielos se ha acercado” (Mateo 3:2; 4:17). Probablemente la identificación con este mensaje fue el significado del
bautismo que los primeros discípulos del Señor practicaron cuando Juan el Bautista todavía vivía, “Después de esto,
vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. Juan bautizaba también en
Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque Juan no había sido aún
encarcelado. Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y vinieron a
Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y
todos vienen a él. Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo” (Juan 3:22-
27)
2. SIGNIFICADO
Es claro, pues, que el significado primario del bautismo es identificación. Apunto a continuación las instrucciones
que doy a las personas que se quieren bautizar. En ellas hablo también de otros significados que también están
presentes en el bautismo cristiano.
En segundo lugar, el bautismo del agua es una ilustración visual del bautismo del Espíritu Santo. El bautismo del
Espíritu Santo es algo que pasa en nosotros en el momento en que recibimos a Cristo como Salvador. A través del
bautismo del Espíritu Dios nos hace miembros del cuerpo de Cristo. El cuerpo de Cristo es el organismo espiritual
que está compuesto por todas las personas en todos los tiempos en todas partes que han sido salvadas de sus pecados
al recibir por medio de la fe a Cristo como único y suficiente Salvador. El cuerpo de Cristo también se conoce como
la iglesia universal. Lee 1 Corintios 12:13. ¿Cuántos creyentes han sido bautizados por el Espíritu? Si todos hemos
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sido bautizados, entonces el bautismo del Espíritu tiene que suceder en el momento de creer en Cristo. ¿Has sido tú
bautizado con el Espíritu? ¿Cómo lo sabes? ¿En qué momento ocurrió? ¿Cómo lo sabes?
En tercer lugar, el bautismo del agua, a la luz de la Biblia, es un acto de obediencia. Lee Mateo 28:18 al 20.
¿Quiénes deben de ser bautizados? ¿Quién lo manda? ¿Estás dispuesto a obedecerlo? ¿Qué dice el Señor Jesús
acerca de la obediencia? Lee Juan 14:21; 13:17. No somos salvos por obedecer, sino para obedecer. Lee Efesios 2:8-
10. Por medio del bautismo se dice a los demás que estamos dispuestos a obedecer al Señor Jesús. ¿Cómo estás
mostrando ya esta obediencia en tu vida? Recuerda que no es la voluntad de Dios que participemos en ceremonias
externas si nuestra intención no es cumplir con aquello que representan. Hacer esto sería hipocresía. El bautismo es
una ceremonia externa que expresa una realidad interna que ya estamos viviendo.
En cuarto lugar, el bautismo del agua es una profesión pública de fe en Jesucristo. Cuando nos bautizamos estamos
diciendo por medio de un acto simbólico lo que ocurrió en nuestro corazón en el momento en que recibimos a Cristo
como Salvador. Lee Romanos 6:3 y 4. Aquí está hablando de lo que sucedió cuando fuimos bautizados con el
Espíritu Santo en el momento en que creímos en Cristo. Esto es algo que ocurrió en nuestro corazón y que nadie vio
sino sólo Dios; los demás pueden verlo ilustrado cuando nos bautizamos con el agua. ¿Qué dice aquí que pasó
cuando fuimos bautizados por el Espíritu? ¿Crees que el bautismo del agua es un buen medio para ilustrarlo? ¿Por
qué?
Además, quien se bautiza debe de estar listo para dar testimonio público de su salvación en frente de todos los que
vengan a ver el acto de bautismo. De esta manera obedecemos al Señor. Lee 2 Timoteo 1:8; Juan 12:42-43. El
testimonio debe de ser de unos 5 minutos de duración. Debe de decir cuatro cosas: (1) lo que eras antes de recibir a
Cristo, (2) cómo fue que entendiste que debías de recibir a Cristo como tu único y suficiente Salvador y en qué
circunstancias lo hiciste, (3) qué cambios has visto en tu vida desde que lo recibiste como Salvador, y (4) por qué
quieres bautizarte ahora.
Finalmente, como el bautismo es un acto de identificación con la iglesia. Se espera que quien se bautice esté
dispuesto a cumplir no sólo con el acto externo, sino con su significado: ser fiel en la parte que le corresponde en la
edificación de la iglesia: asistir regularmente a los cultos, servir a la iglesia con los dones que Dios te ha dado, orar
por los otros miembros de la congregación, sostener la obra con sus diezmos y ofrendas, mantener un buen
testimonio, seguir creciendo espiritualmente y testificar de la fe a otros. ¿Estás dispuesto a hacerlo de corazón? Si es
así, haz por medio de una oración privada, antes de bautizarte, el compromiso con Dios de cumplir con estos
requisitos y pide su ayuda para cumplirlo (lee Eclesiastés 5:4-5).
4. MODO
Las iglesias han bautizado por aspersión o rociamiento, por derramamiento o por inmersión. Parece ser que el
bautismo fue desde el principio por inmersión. Con el correr de los años se hicieron concesiones para otras maneras
en circunstancias especiales como enfermedad de parte del que era bautizado. Luego, por conveniencia, fue
haciéndose en algunos iglesias más por aspersión o derramamiento y menos por inmersión. Con el tiempo,
explicaciones a estas otras formas fueron desarrollándose. La inmersión hace más justicia al significado primario de
la palabra griego baptizo, que es “sumergir”. Un significado secundario de esta palabra es “teñir”.
5. SUJETO
¿Quién ha de ser bautizado? Primera de Pedro 3:21 deja clara que quien se bautiza debe tener conciencia de lo que
hace, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la
aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. Si el bautismo es una forma
consciente y voluntaria de identificación por parte del que ha creído, y el orden en la Biblia siempre es cree y luego
ser bautizado, entonces sólo deben ser bautizados los que han creído.
6. REBAUTISMO
Hay evidencia en la Biblia que apoya el rebautismo de personas que han sido bautizadas antes de haber confiado en
la suficiencia de la obra del Señor Jesucristo para salvación. En Hechos 19:1-5 leemos, “Aconteció que entre tanto
que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos
discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay
Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo:
Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él,
esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”.
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7. TIEMPO
Los ejemplos de bautismo del Nuevo Testamento indican que éste se realizaba inmediatamente después que la
persona creía. La justificación de este hecho debe hallarse en las circunstancias históricas. Las personas bautizadas
por Juan, por ejemplo, eran en su mayoría visitantes de Palestina que habían acudido allí de lugares distantes para la
celebración de alguna de las grandes fiestas judías. Si no eran bautizadas en el momento, no se bautizaban, porque
partían. El caso mencionado de los discípulos que Pablo encontró en Éfeso lo ilustra. Lo mismo puede decirse de los
creyentes bautizados en día de Pentecostés y subsiguientes. El caso del eunuco etíope es claro. Si no hubiera sido
bautizado en ese momento, no hubiera sido bautizado, porque Felipe fue llevado de inmediato lejos y él siguió su
camino.
Debemos tener cuidado de no hacer normativa una práctica que responde a circunstancias únicas, así como no
hacemos normativas otras practicas también circunstanciales de la iglesia del Nuevo Testamento. Prácticas como el
tener todos los bienes en común o el empezar la predicación del evangelio en una ciudad yendo directamente a la
sinagoga judía y hablando allí, o no reunirnos en locales dedicados a los cultos, sino sólo en casas. Quizá algunas de
estas prácticas puedan ser imitadas, pero no de forma automática, sino razonada y respondiendo a una necesidad de
nuestro día. Hay que distinguir entre lo que es circunstancial y lo que es normativo. Nuestras circunstancias son
distintas. El contexto en el cual nos movemos hace prudente que en la mayoría de los casos el creyente no sea
bautizado sino hasta después de un período de discipulado en el que entienda mejor el significado de su fe y del paso
del bautismo, tal como las instrucciones apuntadas arriba sugieren. Además, como el bautismo es un testimonio a los
no creyentes, es bueno evitar la piedra de tropiezo que puede representar el bautismo de niños que han creído en un
contexto donde se practica habitualmente el bautismo de infantes en un sentido no bíblico.
Un comentario parecido puede hacerse en relación con los que practican el bautismo sólo en el nombre de Jesús
basados en la narración de Hechos 8:16 más que en la instrucción precisa de labios del Señor de Mateo 28:18-20,
donde dice que debe hacerse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es mucho más seguro basar
nuestras prácticas en las instrucciones claras de la Biblia que en las narraciones de acontecimientos que de dieron en
circunstancias puntuales. Narraciones, además, que por diversas razones pueden no ser exhaustivas.
1. SU INSTITUCIÓN
Aparentemente el Señor instituyó la Santa Cena en conexión con la comida de la Pascua antes de Su crucifixión,
aunque esto plantea un problema cronológico. Suponiendo que la crucifixión fuera un viernes, el Evangelio de Juan
parece afirmar que la Pascua no se celebró hasta después de la muerte y sepultura de Cristo (18:28; 19:14). Sin
embargo, algunos piensan que los galileos y/o los fariseos comían la Pascua el jueves por la noche, mientras que los de
6
Teología..., Págs. 488-490.
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Judea y/o los saduceos la celebraban el viernes por la noche. (El tiempo imperfecto, “estaban sacrificando” puede que
indique que los sacerdotes ofrecían los sacrificios ambos días).
2. SU ORDEN
La ordenzanza sola (sin la comida) consistió en que Cristo tomara el pan sin levadura, diera gracias, lo repartiera a sus
discípulos, e hiciera lo mismo con la copa.
Durante los primeros siglos el servicio, ampliado, incluía un banquete de amor, varios oraciones de gracias y confesión,
lectura e instrucción de las Escrituras, la Santa Cena misma, una colecta para los huérfanos, las viudas, los enfermos,
los necesitados, y un beso santo (Véase Didaché, 7´15; Justino Mártir, Apología, c. Lxvii, y c. Lxv.).
La primera referencia arriba, de Justino Mártir declara que el vino se mezclaba con agua. Las Escrituras no usa la
palabra “vino” en conexión con la Santa Cena, sólo “la copa” o “el fruto de la vid”. Por supuesto, se trataba de jugo de
uva, pero no declaran si era fermentado o no. El vino sin fermentación se usaba más en el tiempo de Cristo de lo que la
gente supone. Sin embargo, si este era fermentado aparentemente estaba diluido con agua. Pero el bien de los
alcohólicos convertidos o aun para evitar que alguien comience a consumir alcohol, el jugo no fermentado es preferible
a la luz del problema mundial del acoholismo hoy en día.
3. SUS SIGNIFICADOS
1. Es un recordatorio de Cristo (1 Corintios 11:24). Conmemora Su vida (el pan), Su muerte (la copa), Su resurrección
y Su presencia viva (el culto mismo).
2. Es una proclamación de Su muerte (1 Corintios 11:26). El culto mismo declara el mensaje del Evangelio como
también las demandas del Evangelio sobre la persona redimida...
¿En qué sentido está presente Cristo en la Santa Cena? La Iglesia Católica Romana enseña que el cuerpo y la sangre
literales de Cristo están presentes en el pan y la copa, y que en el momento de la consagración los elementos son
realmente transformados (transubstanciación). La Iglesia Luterana enseña que el individuo participa del cuerpo y de la
sangre verdaderos de Cristo en, con, y bajo los elementos. Los elementos permanecen sin mutación, pero la oración de
consagración comunica a Cristo a los participantes (consubstanciación). El punto de vista reformado (Calvino) enseña
que, aunque los elementos son solamente símbolos, participar de ellos implica participar de Cristo en Su presencia
redentora. Zwinglio, sin embargo, enseñó que la Santa Cena era solamente una conmemoración. Es una
conmemoración, pero también es un culto donde la presencia de Cristo en Su pueblo efectúa una comunión real.
4. SUS REQUISITOS
1. Regeneración. Solamente los creyentes pueden experimentar la Comunión.
2. Comunión con una iglesia local. Creyentes no arrepentidos que estaban bajo disciplina se excluían de la Santa Cena
(1 Corintios 5:11-13; 2 Tesalonicenses 3:6, 11-15).
3. Limpieza antes de participar (1 Corintios 11:27-32).7
5. SU FRECUENCIA
Las Escrituras no especifican acerca de este punto. Después del Pentecostés los creyentes partían el pan en las casas,
pero esto no comprueba una observancia diaria de la Santa Cena (Hechos 2:46)... En Troas los creyentes evidentemente
7
La práctica de requerir que las personas que participen de la mesa del Señor sean creyentes bautizados es
importante. En el Nuevo Testamento no se contempla la posibilidad de que haya creyentes no bautizados en agua. La
práctica de los primeros cristianos suponía el bautismo antes de la participación de la mesa del Señor (cf. Hechos
2:47). Un creyente no bautizado necesita ser recordado que su comunión con el Señor (de la cual la mesa del Señor
es un símbolo) depende de su obediencia al Señor. Y el bautismo es un acto prioritario de obediencia al Señor. Si no
hay relación entre la realidad de la experiencia y el rito externo, todo se convierte en una ceremonia vacía y
formalista. No queremos fomentar esto en la iglesia.
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incluían la Santa Cena en su reunión de primer día de la semana (20:7). Sin importar con cuánta frecuencia una iglesia
observe esta ordenanza, deben dársele suficiente tiempo para que no sea simplemente “agregada” a un culto.8
DIRIGENTES
A. LOS PASTORES – ANCIANOS – OBISPOS
1. EL NOMBRE
Tres términos describen a las personas que han de dirigir la iglesia del Señor en términos de su don, su carácter y su
función. El término “pastor” para el dirigente de la iglesia nace del nombre del don (Efesios 4:11). Quien dirige la
iglesia tiene que ser una persona en quien se reconoce el don de pastor. El término “anciano”, del griego presbúteros,
tiene que ver con el carácter. Hace referencia a la madurez necesaria para dirigir la iglesia. Esto es subrayado con el
requisito en 1 Timoteo 3:6, “no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo”. El tercer
término, “obispo”, subraya la función del dirigente de la iglesia, “sobrever”, “vigilar”.
Los requisitos
1 Timoteo 3:1-7, “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea
irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino,
no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa,
que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de
la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es
necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”. Tito 1:6-
9, “el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución
ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no
iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo
bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que
también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”.
2. RESPONSABILIDADES
a) PASTOREAR Y CUIDAR
1 Pedro 5:2-3, “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino
voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están
a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. 1 Timoteo 3:5, “(pues el que no sabe gobernar su propia casa,
¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)”. Santiago 5:14-15, “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los
ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al
enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.
b) SER EJEMPLO
1 Pedro 5:3, “no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”.
c) ENSEÑAR
Hechos 20:28, “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos,
para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”. 1 Timoteo 3:2, “apto para enseñar”. 1
Timoteo 5:17, “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que
trabajan en predicar y enseñar”.
8
En las Asambleas de Hermanos la práctica de la mesa del Señor cada domingo obedece al deseo de hacer la
conmemoración de la muerte del Señor una parte central de la adoración. Si el propósito de la reunión de la iglesia es
“estimularnos al amor y a las buenas obras”, ¿qué mejor motivación que la meditación en la obra de la cruz?
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e) GOBERNAR
1 Timoteo 5:17, “los ancianos que gobiernan”. Tito 1:7, “administrador de Dios”.
B. DIÁCONOS
La palabra diácono significa “siervo”. Aunque no se usa la palabra en Hechos 6:1-6, el pasaje parece describirlos,
“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos,
de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud
de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad,
pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a
quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó
la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a
Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles,
quienes, orando, les impusieron las manos”.
1. REQUISITOS
Además de los requisitos mencionados en el pasaje de Hechos, también otros aparecen en 1 Timoteo 3:8-13, “Los
diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas;
que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces
ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias,
fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los
que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús”.
2. RESPONSABILIDADES
En términos generales, los diáconos parecen ser oficiales de la iglesia llamados a servir en todo lo que les fuere
delegado por los ancianos.
ESTRUCTURA
Aunque la iglesia es un organismo, para que funcione ha de hacerlo de manera organizada. En el Nuevo Testamento
no hay una sola forma de organización de la iglesia y esto ha dado lugar a varias estructuras a lo largo de la historia.
A. JERÁRQUICA
También llamada “episcopal”, porque entiende que la autoridad en las iglesias locales reside en “obispos” que
supervisan varias iglesias locales. Estos obispos sí tienen la autoridad sobre los ancianos locales a quienes designan.
Siguen este tipo de organización la Iglesia Católica, las iglesias estatales, como la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia
Episcopal, y varias otras denominaciones que incorporan algún aspecto de esta organización. El apoyo bíblico lo
encuentran en la manera en que los apóstoles delegaban autoridad en otros, como Timoteo o Tito. Pero los apóstoles
del Nuevo Testamento no tienen una contraparte en la iglesia hoy. Esto debilita esta posición.
B. FEDERAL
Esta forma de gobierno de la iglesia también es llamada de gobierno por los ancianos. Aquí la autoridad reside en los
ancianos de la iglesia local que son elegidos por la iglesia o designados por otros ancianos. Las iglesias
presbiterianas y reformadas siguen esta organización, aunque también están organizadas a un nivel denominacional
también. Muchas iglesias independientes siguen esta forma en mayor o menor medida, entre ellas, las Asambleas de
Hermanos. El apoyo bíblico es hallado en la autoridad que en el Nuevo Testamente se reconoce a los ancianos.
C. CONGREGACIONAL
Este punto de vista sostiene que la asamblea de los creyentes tiene la autoridad final. El pastor u otros dirigentes son
elegidos por la congretación para ser dirigida por ellos. Esta forma es seguida también en mayor o menos medida por
la mayoría de las iglesias protestantes. Las iglesias bautistas y algunas independientes siguen esta forma muy de
cerca. El apoyo bíblico para esta posición es hallado en el hecho de que sólo Cristo es la Cabeza de la iglesia, en el
sacerdocio universal de los creyentes, y en que a veces en el Nuevo Testamento algunas decisiones son efectuadas en
parte por la iglesia (Hechos 6; 1 Corintios 5).
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Como es obvio, ninguna estructura monopoliza el apoyo bíblico. La federal parece tener el mayor apoyo bíblico,
pero es evidente que hay cosas que fueron resueltas por la congregación. No obstante, en algunos casos, cuando se
habla de la “iglesia” puede que no se esté hablando de todos los hermanos, sino de los dirigentes, por ejemplo
Hechos 13:1-3, cf. Hechos 11:22, etc.
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